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sábado, 17 de octubre de 2026

COHEN 87 (LA ISLA DE LOS VIVOS + BEST SELLER)

LA ISLA DE LOS VIVOS: Tercera, tardía y última entrega de la famosa saga del bebé asesino (Ya saben, "Estoy vivo" y "Sigue Vivo") perpetrada, como todas, por el inefable Larry Cohen (en 2009 hubo un remake de la original por parte de otro mindundi. Que no se la recuerde resulta altamente sospechoso).
Aquí, el afligido padre de una de las criaturas convence a las autoridades de que en realidad son inocentes y merecen disfrutar de la vida en lugar de ser cazadas. Se decide pues que habitarán una isla solo para ellas. Todo va bien hasta que, pasados cinco años, una expedición acude al lugar con el fin de estudiar su evolución. Los monstruos han crecido, se han relacionado e incluso parido sus propias crías. Tras la consabida escabechina pondrán rumbo a la civilización donde... en fin, todo se volverá aún más delirante.
Aunque para delirios, los interpretativos de un habitual del clan Cohen, Michael Moriarty (lo lógico es que el padre traumado fuese el mismo de las entregas previas, John P. Ryan, pero por entonces Larry Cohen le debía tanta pasta que no se atrevía a llamarle, mucho menos proponerle un nuevo proyecto), al que el director deja improvisar y soltarse alegremente, sobre todo durante la segunda mitad del film, donde casi parece otro personaje (uno muy irritante y estúpido al que no querrías a tu lado) si lo comparamos con sus intervenciones previa y posterior, mucho más comedidas y dramáticas. ¿Afecta ello al film? No demasiado. En realidad tenía muy pocas esperanzas cuando me senté frente a "La isla de los vivos" (no lo hacía desde mi primera vez, con resultados altamente decepcionantes, cortesía del vídeo-club y "Warner Home Video") y, sin embargo, lo pasé bastante bien y, en fin, me funcionó. Larry Cohen pone toda la carne en el asador y aplica su incontestable capacidad de -haciendo otra metáfora alimenticia- dar la vuelta a la tortilla hasta tropecientas veces, logrando que el petate quede razonablemente imprevisible, nunca sepas muy bien por donde te llevará y con qué te descolocará, evitando así el inmisericorde aburrimiento que, sin dudarlo, habría sido en manos de cualquier otro cineasta.
No esperen altas dosis de sexo y violencia, porque no. De lo primero, prácticamente nada. De lo segundo, en sus justas dosis. Los efectos especiales se resuelven como buenamente pueden. A ratos los bebés son puro stop-motion y, a otros, tíos disfrazados. Pero eso es lo de menos, como digo el fuerte de Cohen son las letras y las exprime para compensar todas las carencias propias de un montante ajustado.
Sí hay ciertas cosas que llaman la atención, desde luego. Por ejemplo, la escena de introducción, con el crudo parto dentro de un taxi. Volveremos a verla no mucho después en la quinta aventura de "Harry Callahan" -"La lista negra"- como una de las terribles películas que firma el personaje de "Peter Swan". También hay helicópteros que estallan en medio del aire solo porque el piloto es atacado por uno de los monstruos bebé. Y un club punk la mar de hilarante, donde suenan dos coplas medianamente decentes -de autoría desconocida- y vemos nada menos que a Dawn Wildsmith, entonces pareja y musa de Fred Olen Ray, y a Gladys Portuguese, futura Doña Van Damme, luciendo ambas pintas de esas ridículas propias del que confunde punk con new wave y goticismo, otorgando a tan extraña mutación la capacidad de expandir la maldad injustificadamente, porque así es como debía ser entonces.
El reparto principal está a la altura de una empresa tan medianamente marciana. Karen Black interpreta a la madre del monstruo. Gerrit Graham (RIP) es un fiscal que se pirra por exterminar a los bebés. Laurene Landon una prostituta que ejerce con camisón -adelantándose a algo muy común en el cine actual-. Desconozco si entonces todavía era pareja de Larry Cohen, lo que daría sentido al dato. La guinda la pone papelito para el famoso director y guionista de comedia, Neal Israel, medio-oculto tras el alias de Neal Isreal.
BEST SELLER: El mismo año que Larry Cohen dirigía "La isla de los vivos", 1987, se estrenaba este thriller de John ("El ex-preso de Corea", "Encerrado", "Buscando Justicia", "Juego Mortal") Flynn basado en un guion de aquel. Y se nota su mano, ya lo creo, jugando con sendas ambigüedades que le dan al todo cierta frescura y razonable originalidad. Aquí la cosa va de un policía que, paralelamente y a raíz de una mala experiencia, muta en novelista de éxito. Un día se le aproxima un tipo con intención de protagonizar su siguiente obra ya que, explica, fue el despiadado sicario de un ahora famoso, respetado y poderoso gerifalte de una gran corporación al que desea desenmascarar y/o eliminar. La mitad de la película se centrará en los intentos que hace el asesino por convencer al poli/novelista de que dice la verdad y las consecuencias de todo ello cuando el magnate de doble cara se entere y decida pararles los pies.
Bien, a la simple y cruda realidad de que estamos ante un thriller intenso, sobrio, vibrante, muy de su época y perfectamente consumible, hay que incorporar -como virtud extra- las ya mentadas, aplaudidas y siempre admiradas -por mi- capacidades de Cohen a la hora de romper ciertos esquemas. En "Best Seller" el sicario es retratado en toda su humanidad (cuando visita a su familia) y casi como un auténtico héroe justiciero (sobre todo el clímax final), a la par que nos muestran lo hijoputa y despiadado que puede llegar a ser en secuencias de las que únicamente es testigo el espectador. El poli protagonista nunca tiene noticia de ellas, ni las tendrá a lo largo del metraje.
Completan el cuadro actorazos tan únicos y carismáticos como Brian Dennehy (poli/escritor), James Woods (asesino) y sendos segundones perfectamente reconocibles del calibre de Paul Shenar (luciendo la maravillosa voz de Constantino Romero), Charles ("El legado del diablo") Tyner, el todoterreno Branscombe Richmond o Mark Venturini (cabecilla de los punks en "El regreso de los muertos vivientes" y demente con malas pulgas en el quinto "Viernes 13").

lunes, 13 de noviembre de 2023

RATBOY

“Ratboy” es el delirio de una mujer pre-menopausica que, tras dejarle la cabeza como un bombo a su poderoso, célebre y querido novio, se materializa en forma de película que no interesa a nadie y es boicoteada desde dentro —probablemente también por parte de este mismo novio— con el fin de, una vez montada, llegue al menor número de cines posibles.
Efectivamente, “Ratboy” es el debut en la dirección de Sondra Locke, pareja durante un buen puñado de años de Clint Eastwood, quien hace las veces de productor ejecutivo, aunque por algún extraño motivo —que nos imaginamos— no aparece acreditado en modo alguno.
Y es que, desconozco si por los problemas internos durante el mes de rodaje, la tiranía de la que la Locke como directora hacía gala (persiguiendo al actor Robert Townsed diciéndole que si era negro, se comportase ante las cámaras como un negro), o el hecho de que, justo durante la producción, a Eastwood le nombraron alcalde de Carmel y estaría más a eso que al capricho de su novia. Pero “Ratboy” es una de las películas más espantosas que he visto en lustros. Y así debió parecerle también a Warner Brothers que la distribuía y, lejos de potenciar las virtudes de la cinta para conseguirle un gran estreno comercial, prefirió silenciarla.
“Ratboy” tiene una historia insulsa y está fatalmente contada. Podríamos decir que no tiene final, que deambula entre géneros sin un objetivo claro y, sobre todo, es tan aburrida, pero tan, tan aburrida, que en los escasos cines donde se exhibió en Los Angeles y Nueva York el público abandonaba las salas en bandada.
Unos rednecks tienen un híbrido de niño y rata encerrado en un cobertizo. Con el fin de venderlo al mejor postor, avisan a una periodista para que vaya a verlo y le de cobertura en la presa. Esta se apunta a un bombardeo y, lejos de pedir un porcentaje por lo que los paletos saquen, les exige los derechos de explotación comercial del bicho, con el fin de convertir al desgraciado en un espectáculo viviente. En adelante, ella se hará cargo de la horrible bestia y la llevará para arriba y para abajo, viviendo situaciones surrealistas supuestamente cómicas, con personajes que aparecen y desaparecen de escena a antojo (incluida la propia Locke dando vida a la periodista) y sin que nada de esto tenga ningún sentido. “Ratboy” es claramente la obra de una persona que no ha realizado en su vida una película, y lo que es peor, tampoco tiene la más mínima idea de cómo hacerla.
Por supuesto, durante el breve periplo de la cinta, la Locke tuvo que andar negando que esta viera luz verde gracias a la involucración de Eastwood, alegando que ella quería otro estudio y otro productor ejecutivo para su ópera prima y que Clint no quería ni hablar del tema —quizás porque era consciente de que como no se metiera él por medio, ese proyecto no vería la vida ni en mil años. El amor…— y mangoneó todo lo que quiso y más, negando a la directora cambios de escenario o retoques de guion.
Por supuesto, la película se presentó en algún festival europeo (el Festival de Cine de Deaville, por ejemplo) donde de primeras los franchutes le comían el ojete a Clint por su nueva producción, pero, tras los primeros pases, callaron como putas ante lo que era un absoluto espanto. Las críticas fueron feroces con “Ratboy” y la taquilla se quedaba impávida ante las andanzas del niño rata, suponiendo así uno de los grandes fracasos de la Warner Brothers que, probablemente, la estrenó por hacerle un favor a Eastwood quien, a su vez, se lo estaba haciendo a su novia.
Como anécdota, resaltar el hecho de que en Turquía, en un periódico de gran tirada, se publicó en portada una foto del niño rata junto a Sandra Locke. No era un anuncio del rodaje ni nada de esto; se ve que un periodista turco, que andaba por el plató, pensó que el niño rata era real y publicó la noticia diciendo que ese extraño ser había aparecido en un bosque estadounidense, y que la mujer que lo acompaña (la Locke), era una trabajadora social que estaba ayudando al bicho a adaptarse al entorno humano. Es mejor esta anécdota que la película entera.
Los maquillajes, sin ser nada del otro mundo, lo firma un Rick Baker que, probablemente, estaba rebajando su caché como favor a Eastwood —y en consecuencia, se esmeró lo justo—, mientras que en el apartado actoral, además de los anteriormente citados Sondra Locke y Robert Townsed, tenemos a Larry Hankin, Sydney Lassick o el mítico Gerrit Graham.
Como les digo, “Ratboy” es lo peor de lo peor. Una película sin alma. Ni para unas risas. Nada.

sábado, 26 de marzo de 2022

WALKER (UNA HISTORIA VERDADERA)

No hay discusión posible respecto a la naturaleza política de "Walker (Una historia verdadera)". Lo que ocurre es que, a mi, es un tema que no me interesa nada. Y no me suelen gustar las películas panfletarias. En orden cronológico: me aburre y me aburren. Así pues, evitaré enfocar mi reseña por esa vertiente. No sabría qué decir y, seguramente, metería la pata. Si les llama todo esto, busquen por ahí que hay peña mucho más puesta que yo escribiendo de forma asombrosamente lúcida y profunda (siempre extranjeros, por supuesto, no se fíen nunca de los gacetilleros patrios) En mi caso, solo me atraen dos cosas: el factor entretenimiento y el factor extravagancias. Asín de simple soy. Del primero no hay mucho en esta película, lo cierto es que resulta bastante palizas. Pero de lo segundo, ¡ay madre!, tienen para dar y regalar. Eso fue lo que, en su día, me encandiló.
Estamos ante un biopic sobre las hazañas de William Walker, el primer norteamericano que fue a Nicaragua por ahí 1850ypico y se auto impuso presidente a hostia pura. Una historia que en el año de producción de la peli, 1987, le iba como un guante al normalmente "radicalmente político" -y británico- Alex Cox para condenar la intervención de los USA en aquel mismo país. Lo asombroso del asunto es cómo logró que "Universal Pictures" le financiara semejante locura, la distribuyese y que el gran Ed Harris diera vida al protagonista. Encima, se piraron a Nicaragua a rodar, asegurando así cierta ayuda económica. Muy subversivo, diría alguien sesudo. Aunque no todo se limita al elemento político, también al creativo. La película comienza muy modosita, muy normal. Incluso prometedoramente. Pero a medida que avanza, y que Walker va metiendo mano a Nicaragua más y más, todo se torna delirante. Anárquico. Caótico. Incluso surrealista. Un poco como otra peli de Alex Cox que quiero revisar, "Directos al infierno". La diferencia es que aquella era más modesta y el riesgo menor. Con "Walker" el cineasta puso fin a su relación con los grandes estudios, los poderes fácticos de Hollywood. Hizo añicos toda posibilidad de ganarse el rol de filmmaker joven y arriesgado-dentro-de-un-orden.
Como decía, ese caos impide que haya una historia coherente y, por tanto, nos aburrimos. Pero a ratos despertamos gracias a arrebatos desquiciantes. Destacando los muchos anacronismos que, poco a poco, van poblando la peli. Revistas modernas, botellas de Cocacola, tabaco Marlboro, automóviles y más que no desvelaré. Pero esos son los "normales", prefiero centrarme en los otros. Entre mis favoritos están la escena en la que, mientras unos señores hablan de política, al fondo un niño toca un violín de manera infernalmente desafinada. Cuando los Nicaragüenses reciben a Walker con una pancarta en la que aparece mal escrito su nombre. El momento que unos mercenarios huyen de dinamita apunto de estallar, y lo hacen a cámara rápida, en plan slapstick. O, el rey de todos, William Walker arrancando un trozo de carne a un herido y ¡¡¡devorándolo con delectación!!!!. Obviamente, todo ello tiene su metáfora... pero a mi me la suda. Molan porque son instantes que rompen la monotonía... y de que manera.
Luego tenemos la inevitable influencia de Sam Peckinpah con esos tiroteos ultra-sangrantes (o, directamente, viendo como a uno le arrancan el brazo de cuajo), detalle con mucho sentido si consideramos que el guionista de "Walker" es el prestigioso Rudy Wurlitzer, quien curró en su momento con Peckinpah. Alex Cox se marca la machada de destacarlo en los créditos por encima de él. Aunque habría que ver si no era un modo de compensarle al haberse pasado su guion por el forro de los cojones. Porque lo parece.
Tal vez debamos alabar o culpar de toda esta locura al productor ejecutivo, Edward R. Pressman, un tipo acostumbrado a lidiar con proyectos un poco arriesgados, como hiciera en su momento con "El fantasma del paraíso", "Crimewave. (Ola de crímenes, ola de risas)", "Teniente Corrupto" o "American Psycho". No siempre se saldaba con éxito -como "Walker", mismamente- pero valía la pena vivir la aventura.
Hay muchos otros nombres la mar de interesantes. Ya saben que me pirra enumerarlos. En el reparto localizamos a Richard "La Cosa" Masur, Rene Auberjonois, Peter Boyle (tirándose sonoros cuescos), Marlee Matlin o Gerrit Graham. Mucho hispano ilustre: Alfonso Arau, Pedro Armendáriz Jr., Roberto López Espinoza, Blanca Guerra (la mamá diabólica de "Santa Sangre") y Miguel Sandoval. Y los habituales de Alex Cox: Sy Richardson, el músico punk Edward Tudor-Pole, mister Joe "The Clash" Strummer himself (autor también de la banda sonora), Zander Schloss (bajista de los "Circle Jerks") y Dick Rude. La mayoría de ellos -especialmente Harris- hipersobreactuados (aunque tal vez también eso forme parte de la locura reinante buscada de modo expreso)
Ya comenté en su momento que llegué a ser muy fan de Alex Cox. Pero a medida que me hago vieja, y reviso sus películas, me percato de que era un cineasta bastante mediocre y no tiene nada que realmente merezca la pena. Es así. Me encantaban mucho esos delirios suyos, presentes en gran parte de su filmografía, pero me temo que nada más. Y "Walker (una historia verdadera") no va a modificar esa impresión, desde luego. Aún así, como rareza, como anomalía dentro del cine mainstream ochentoso, se deja ver.

lunes, 6 de septiembre de 2021

UNA FAMILIA DE LOCOS

Una joven abrumado por las excentricidades de su familia, acude a una especie de coach motivacional llamado “El Maestro” que le convence de que él no es el protagonista de su vida, si no tan solo un extra. Le plantea que filme el día a día de su familia en películas caseras, que se plantee su existencia como si fuera parte de una película y, de este modo, retomará las riendas de su vida y dejará de ser un secundario para convertirse así en el protagonista. De este modo, el muchacho tomará su tomavistas y comenzará a filmar los desmadres de la gente con la que le ha tocado convivir: Un padre adultero que persigue a todas las chicas, una madre histérica y despechada, y un hermano al que siempre se le ha tratado mejor que a él.
Firmada por Brian de Palma, y al margen de que a este no se le da demasiado ben la comedia (“Dos tipos geniales" era horrorosa), “Una familia de locos” no es una película al uso, ni tampoco es exactamente una película de Brian de Palma.
El director, que había estudiado cine en el Sarah Lawrence College, pese a estar ya metido de lleno en el mainstream y con éxitos a sus espaldas, entre “La Furia” y “Vestida para matar”, ejerce como profesor de cine en las aulas de la misma escuela en la que él se formó, y decide, en lugar de dar insustanciales clases con las que poco podrían aprender sus alumnos, orquestar lo que sería el proceso habitual para hacer una película. En lugar de enseñarles cómo se hacen películas, les ofrece la oportunidad de, directamente, hacerla, siguiendo todos los procesos habituales a la hora de afrontar una producción. Esto va desde buscar la financiación hasta exhibir en salas, con lo que los alumnos salieron de esa escuela habiendo aprendido algo mucho más práctico que si tan solo recibieran clase. Así,  “Una familia de locos” es, en realidad, una película producida, rodada, montada y distribuida por alumnos del curso que De Palma impartía en el Sarah Lawrence College.
La dirección corre a cargo de muchos alumnos, aunque De Palma llevaba la batuta y, quizás por eso, la película aparece firmada con su nombre. De todas formas no es raro que las películas de escuela las acabe firmando el propio profesor.
Desde luego, Brian de Palma hizo bien su trabajo, pues no fueron pocos los alumnos participantes en esa producción que acabarían dedicándose al cine. Por ejemplo, tenemos a Mark Rosman, que debutaría un par de años después de acabar este ejercicio, con la película “Siete mujeres atrapadas” que es un clásico de "serie B" y por la que se convertiría en un director de culto. También participó en “Una familia de locos”, Charlie Loventhal, que levantaría su primera producción al año siguiente con la sex comedy “The First Time” para unos cuantos años después marcarse la simpatiquísima (y ninguneada) “Mi diabólico amante”. De aquella experiencia salieron más directores, pero estos serían los más reseñables.
Por otro lado, esta producción prácticamente amateur (aunque entre unas cosas y otras su producción se fue inflando hasta pasar del medio millón de presupuesto) se pega la machada de contar en su haber incluso con estrellas, ya que uno de los protagonistas, el que interpreta al gurú “El Maestro”, sería nada más y nada menos que Kirk Douglas  que aunque no veía muy claro si aparecer ahí o no, fue convencido por De Palma, al que le unía una gran amistad, y no solo no cobraría ni un duro por su intervención, sino que, además, se convertiría en uno de los principales inversores de la cinta. Por otro lado tenemos a Nancy Allen, que tampoco vería un duro, pero que se vio en la obligación moral de intervenir en la película, ya que por aquel entonces la actriz estaba saliendo con Brian de Palma, por eso aparece en la película como una de las protagonistas principales. Vincent Gardenia sería uno de los actores que vería un dinerillo simbólico del mismo modo que lo vería el principal protagonista, Keith Gordon, que años después sería un habitual de las películas adolescentes de los 80, destacando en su filmo títulos como “Christine” de Carpenter, “Regreso a la escuela” o “Loca academia de combate” y que aparecería en el siguiente film de De Palma, “Vestida para matar”. También tenemos a Gerrit Graham, habitual de De Palma en aquella época,  al que tendrán ustedes fichado en películas como “Terrorvision” o “Kill Bots: Robots asesinos”.
Por supuesto, no sin cierto esfuerzo, estos estudiantes lograron distribuir su película, por lo que se exhibió en salas. Eso sí, sin importarle un carajo a nadie su existencia por mucho Brian de Palma que se acreditara como director. No recaudaron ni uno por ciento de lo que se gastaron en hacerla.
Todo esto que les cuento es la mar de interesante, pero, ¿Cómo es la película? Pues una puta mierda pinchada en un palo, naturalmente.  Al margen de que se la ve relativamente pobretona (no más que cualquier producción de la Crown International de la época) y tosca, esto es una comedia desfasada en el tiempo (parece una sitcom de los años 50) en la que un puñado de personajes corretean para arriba y para abajo, en un caos argumental de difícil seguimiento. Aburrida y tediosa como ella sola. No obstante, ver a Kirk Douglas haciendo el cafre en una producción de factura tan pequeña —y tomándose la película y a sí mismo más en broma que en serio— es lo suficientemente curioso como para que le dediquemos un visionado. Por lo demás, caca.
Para incluir en el pack junto a “Greetings”, “The Wedding Party” y las películas primerizas de naturaleza amateur de su director.
A nuestro país llegó en VHS y DVD, presentada con unas carátulas que provocan, en primer lugar rechazo, cachondeo en segundo, como pueden ver.

domingo, 29 de diciembre de 2013

BLOB, MASA MORTAL

La primera vez que tuve conocimiento de una edición videográfica española de "Blob, masa mortal", fue yendo de mercadillos. Allí la localicé, pero por desgracia su formato no era VHS, ni tan siquiera Beta, sino Video-2000. Y el precio un tanto exagerado, así que ahí se quedó. Tiempo después, mi amigo Enorm, que también fue testigo de aquella primera vez, la encontró en VHS, la compró a cambio de una suma muy razonable y, conocedor de mi deseo y morbo enfermizo, me la prestó (¡gracias querido!). Esperé al momento adecuado para disfrutarla, consciente de su condición de rareza y de que tenía que consumirse y consumarse con todos los sentidos activados. Quedé con mi otro amigo videoadicto Mr.Pajarillo y, aquella misma noche, la metimos en el reproductor y le dimos al "play". Bien, al terminar, y a pesar de las tremebundas ganas que arrastraba desde hacía tiempo, no sabía qué coño podía decir/escribir sobre ella. Estaba lo que se dice totalmente desarmado.
Después de reflexionarlo mucho, llegué a la conclusión de que la única manera posible de comenzar un ¿análisis? de "Blob, masa mortal" era a través del film original que motivó su existencia, es decir, "The Blob", la primera, el clásico, la de 1958. En teoría su título oficial español es "La masa devoradora", pero yo la conocía como "La burbuja del terror". La primera vez que la vi fue  en Super 8. Mis padres tenían una de esas versiones resumidas que uno podía comprar o alquilar antes de la aparición del vídeo, y fueron unas cuantas las ocasiones en las que la vimos proyectada en la pantalla. A veces marcha atrás, lo que la hacía especialmente divertida. No pasaron muchos años hasta que supe que existía también una secuela de aquella vieja película, pero la verdad es que desconocía por completo que había llegado a estas tierras y tampoco tenía especial interés en consumirla.
Por lo visto el productor de la original, Jack H. Harris (impulsor también del posterior remake y de títulos tan atractivos pal fan como "Equinox", "El monstruo de las bananas" -la primera peli de John Landis, "Dark Star" -la primera de John Carpenter-, "Ojos" -de Irvin Kershner, con guión de Carpenter- y "Prison Ship" -¡¡de Fred Olen Ray!!-) llevaba tiempo queriendo parir esa segunda parte, ya que la primera había sido un exitazo, pero por alguna razón no lo logró hasta pasados 14 años y en parte fue gracias al interés que en ella puso un actor y director televisivo joven y hambriento de éxito, Larry Hagman, sí, el legendario "J.R." de la no menos legendaria serie "Dallas".
Todo eran buenas intenciones por parte de Harris y Hagman, el problema fue que, en 1972, las cosas habían cambiado mucho para Estados Unidos. Aún andaba calentita la revolución hippie y el cine se encontraba en plena convulsión. Larry Hagman apenas contaba con 30 tacos, así que imaginaos el percal. Resumiendo, "Blob, masa mortal", conocida en v.o. como "Beware! The Blob" o "Son of Blob", terminó convertida en una comedia altamente improvisada. Según declaraciones del guionista original, se pasaron su libreto por el forro de los cojones. En general la improvisación es un sistema que me mola, pero no cuando se resuelve a base de interminables diálogos y monólogos que los actores sueltan para rellenar el silencio de forma desesperada (como es el caso). Todo acabó resultando muy caótico, anárquico y, ¡¡yes!!, muy hippie. De hecho estos tienen una notable presencia en el film, o se les ve en plena fiesta psicodélica o son motivo de chistes y chascarrillos. Y, acorde a todo eso, la peli está rodada muy toscamente, con una cámara nerviosa que se pasa casi todo el metraje apoyada en el hombro del operador y una fotografía algo cerda y oscura. En este campo merece la pena destacar la presencia nada menos que de Dean Cundey, futuro colaborador de John Carpenter y Steven Spielberg (!!!), que aquí, joven e inexperto, limitó sus tareas (como bien se indica en los títulos de crédito) a las "secuencias con animales", que no son muchas (??).
Pero el de Dean Cundey no es el único nombre (+ o -) famoso asociado a este descalabro, hay más. Tenemos a Robert Walker Jr. (quien recientemente asomó en este blog por su protagonismo en "Olivia: Dulce asesina"), Carol Lynley, el gran Gerrit Graham en un rol muy pequeño, Dick Van Patten (sí, el de "Con ocho basta") y otros que tampoco necesitan presentación como Burgess Meredith (el entrenador de "Rocky Balboa") o Sid Haig (la última musa de Rob Zombie, haciendo casi de extra). Como vemos, muchos de ellos eran -y serían- rostros habituales de la caja tonta, entorno natural del mismo Hagman, que venía de dirigir algunos capítulos de una serie y, tras "Blob, masa mortal", no volvería a comandar nada más (y no me extraña). Él también se marca un papelillo como vagabundo. Y no podemos olvidarnos de Doug Wesbick encargándose de ciertas escenas de animación, quien no mucho después repetiría en tan sórdidos ámbitos con "Las aventuras de Flesh Gordon". Poco imaginaba él entonces que terminaría involucrado en algunos de los films más legendarios e importantes de la historia del cine fantástico (mira "Imdb" si te pica la curiosidad).
Para hablar del argumento de "Blob, masa mortal", tenemos dos opciones. O leemos y hacemos caso a lo que dice en la parte de atrás de la caratula, o directamente le damos al "play" para percatarnos de que todo lo ahí descrito es, en cierto modo, falso. Dice así: "El geólogo GODFREY CAMBRIDGE, trae a su casa de una expedición en el Polo Norte un interesante trozo de roca rojiza dentro de un envase herméticamente cerrado. Por extrañas circunstancias, la tapa del envase se abre cayendo la roca al suelo a la vez que se convierte lentamente en una repugnante masa gelatinosa..." bla, bla. Bien, el tal GODFREY CAMBRIDGE (¿por qué en mayúsculas?) es un "nigga" algo tonto y gordo que va desesperado por tirarse a su injustamente atractiva mujer. Para demostrarnos que es científico (apellido aparte), vive en una tienda de campaña montada en su propia sala de estar (??). Eso de que es geólogo y que viene del Polo Norte se me escapó. Lo que está claro es que "las extrañas circunstancias" que liberan al "blob" son, simplemente, que la palurda de su esposa encuentra el frasco en el congelador, lo abre y lo deja expuesto al aire, de ahí que la masa se descongele y comience a devorar. El amigo GODFREY no tarda en caer en sus pringosas zarpas, justo cuando estaba sentado frente al televisor viendo... ¡¡el "The Blob" de 1958!!.
Sigamos con el texto de la caratula, termina así: "¿Qué es esa extraña "cosa" que les ataca vorazmente?, ¿de dónde procede?, ¿quién lo envía?". En fin, ninguna de estas preguntas son respondidas a lo largo de la película, así que ¿¿qué demonios importa??. Lo que sigue a la liberación de la criatura son un puñado de escenas, sin verdadero hilo narrativo o estructura, en las que, por un lado "the blob" se come a alguien, y por otro, la pareja prota y sus amigos hippies se lo pasan bien, corren de aquí para allá y, en fin, no sé, que todo es muy desquiciante y aburrido.
"Blob, masa mortal" apesta a "locuras de juventú", a gamberrada de la que, años después, todos sus implicados se avergonzarían. Eran tiempos de desfase y cachondeo, ¿quién podría culparles?. Bueno, para comenzar los admiradores del film original, claro, cuyo clasicismo, calidad y convencionalidad queda a millares de kilómetros de distancia de lo aquí comentado. Seguidamente, cualquier fan del cine de ciencia ficción con un mínimo gusto. Tercero, cualquier cinéfilo que se precie. Y cuarto, yo, que me cago en las muelas y los premolares de Larry Hagman.
Más allá de sus efectos especiales más o menos potables (aunque los del film original, o los de su imitación italiana, "Caltiki, el monstruo inmortal", son incluso mejores, a ratos esta burbuja del terror en color parece directamente zumo de tomate), no hay nada salvable en "Blob, masa mortal". Como comedia es terrible, no hace puta gracia. Y como peli de ciencia ficción, no hay por donde cogerla. Digamos que toda la parte final intenta centrarse más en ese apartado, cuando el invasor se cuela en una bolera, y vienen los agentes de la ley a detenerla y tal y pascual (obviamente, el sheriff es especialmente malcarado y antipático, ¡hey, man, es la autoridad, y la autoridad no mola!), pero a esas alturas estás tan aturdido por su estridencia, que ya todo te la sopla y solo quieres que la jodida peli termine cuanto antes, y lo hace con un gag tan malo como los previos.
Sí amigos, "Blob, masa mortal" es horrible. Así de simple, no tiene ni encanto. Pero por rara, merecía la pena que apareciera en este blog, masa mortal. Y aquí la tienen. Créanme si les digo que esto ha sido un auténtico sacrificio para mi, ¡aunque sepa a ciencia cierta que ninguno de ustedes lo merece!.

jueves, 14 de noviembre de 2013

KILL BOTS

Sin duda, la mejor etapa del amigo Jim Wynorski, fueron los ochenta, valga el tópico y la nostalgia, y mi película favorita de su extensa filmografía es esta “Kill Bots”.
A nuestro país llegó en vídeo gracias a la franquicia española de la “Vestron Vídeo” que al igual que “Lightning Vídeo”, nos abasteció, en territorio bastardo, de muchos clásicos de serie B, hoy imprescindibles históricamente hablando.
Se la conoce también como “Choping Mall”, ya que por lo visto, en el momento de su estreno con “Kill Bots” en el póster, no captó muchos espectadores, por lo que deprisa y corriendo se cambió el título por el de “Choping Mall”, que traducido sería algo así como “centro comercial chungo”, que era más acorde con los tiempos que corrían, dónde lo que de verdad estaba de moda en 1986 era ir al centro comercial. Y así lograron recaudar algo de pasta. No obstante, son muchos los países Europeos a los que la película llegó como “Kill Bots”, el nuestro incluido, y cada póster promocional era más engañoso…en la edición española, vemos una mano zombie robotizada sujetando una bolsa con partes del cuerpo humano en su interior. Bien, pues jamás llegamos a ver esos zombies robotizados en la película,  puesto que los robots asesinos que aparecen, son pequeños robotitos de corte clásico, a lo “Nono” de “Ulises 31” o el robotito de la serie animada de “Los 4 Fantásticos”. No obstante, el resto de carteles son igual de engañosos, variando únicamente la mano robotizada que sujeta la bolsa de partes humanas pero, jamás, apareciendo las pinzas que usan los robots auténticos para sujetar las cosas.
Que el engaño “caratulil” no sea óbice para dejar de ver la película. Con todas sus carencias, sin robots monstruosos, ni partes humanas en bolsas, es harto disfrutable.
La tecnología ha conseguido que se diseñen unos robots para un centro comercial que detendrán a los cacos gracias a un súper ordenador que los controla y que hace distinguir a los trabajadores de los ladrones. La mala suerte quiere que la noche en que debutan estos policías mecanizados, una tormenta joda el ordenador, por lo que los robots fallan, convirtiéndose en asesinos en potencia. Un grupo de jóvenes que se queda dentro del centro comercial celebrando una fiesta, tomará las armas y se enfrentará a ellos, antes de que se cobren más víctimas.
Un divertimento fuera de todo precedente, con un ritmo endiablado y buenos efectos especiales en según que momentos – el reventamiento de cabeza de una de las jovencitas protagonistas, no tiene mucho que envidiar ni a los de “Scanners” ni al de “Maniac”- que además de una duración escueta, como era habitual en estos productos, proporcionan entretenimiento inofensivo y eficaz. No existe película menos pretenciosa que esta.
Desde luego, si Wynorsky es lo que es, es por películas como esta, por la ingenuidad (a la hora de rodar, que no en el resto de los aspectos que supone hacer una película… de hecho decía que si se metió a esto del cine era para hacer pasta y follar… y vaya si lo consiguió) que destila, por lo que hoy es lo que es este hombre, porque lo cierto es que con sus películas actuales, no solo se le ve el plumero, sino que además, las carencias están ahí de forma expresa, por lo que su cine actual ya carece de sentido. Tomen como ejemplo “Pirañaconda”. No así con este “Kill Bots”.
Como curiosidad frikosa, decir que la película entera está llena de pósteres de las films de aquella época en las que Wynorsky o Corman tenían algo que ver, como, reconocibles por mi, “Los Rompecocos”, “La reina de barbaria”, etc, etc…
En el reparto destaca la “Scream Queen” por antonomasia Barbara Crampton, que está especialmente histérica en esta peli, y que nos regala un destete –que era por lo que, primordialmente, se la contrataba- de lo más edificante. Aunque la prota femenina es otra "Scream Queen" de segunda, Kelly Maroney, que actuaba en esta cosa. Así mismo, asoman el careto otros personajes tan cormanianos (no en balde la peli la produce Julie Corman) como Paul Bartel, Mary Woronov, Dick Miller y Mel Welles. También están el gran Gerrit Graham y nada menos que Angus Scrimm. La banda sonora la firma todo un clásico de la serie B/Z, Chuck Cirino.
Muy buena para pasar el rato.

martes, 21 de septiembre de 2010

LOS ANIQUILADORES

Gran título y gran cartel. Cuando de chaval, y en plena fiebre justiciera, vi semejante caramelo anunciado en las páginas de alguna revista del gremio, comencé a echar babas y no dejé de hacerlo hasta que logré localizarla y alquilarla. Aquello se prometía un film oscuro y ultra-violento al borde de lo moralmente permitido como en aquellos tiempos fue "El Exterminador". ¿Y que me encontré?, algo bastante lejano a tan jugoso concepto.
Si en la serie del "Equipo A" la gente muriese, sería igual que esta peli. Sí amigos, alguien por la red describe "Los Aniquiladores" como la perfecta mezcla entre tan afamado producto televisivo y "El justiciero de la ciudad". Cuanta razón. Y es que tras la cámara tenemos a Charles E. Sellier Jr., o lo que es lo mismo, un realizador que convirtió la sosería, la escasez de todo y la estética de lo simple y estático en todo un arte, como había demostrado un año antes en su película más famosa, "Noche de paz, noche de muerte" (y penúltima, al tío le va más lo de producir). Sellier venía de la televisión, y en su cine se nota, por el modo de planificar, encuadrar y rodar. Todo ello hace que el parecido de "Los Aniquiladores" y "El Equipo A" sea aún mayor, a lo que tenemos que sumar los siguiente elementos: Los justicieros de este film son cuatro, todos veteranos del Vietnam, uno es más mayor y astuto, hay otro algo alocado y sí, uno "de color". Van en una furgo negra (sin raya roja) y les encanta planear emboscadas (para que salgan bien). Siempre actuando al margen de la ley y con la loable intención de ayudar al inocente y al necesitado (a los dos, vamos). Mola.
Terminada la guerra del Vietnam y ya en casa, un veterano descubre que su barrio se ha convertido en un hervidero de mala gente, bandas, tráfico de drogas y violencia. Harto, decide plantar cara, pero le sale mal. Tanto es así que, en fin, muere. Sus ex-compañeros de armas van al lugar y ajustan cuentas con el asesino y, ya de paso, arreglan el barrio por completo.
Charles E. Sellier Jr. intenta dotar al film de una violencia sórdida e impactante, pero su pasado telefílmico le puede y el resultado, por mucho que se esfuerce, termina siendo tan forzado y antinatural que, en fin, no impacta, ni ofende, ni molesta. De todos modos, y a pesar de la apreciación, no os penséis que la violencia salvaje rula a sus anchas en "Los Aniquiladores", porque no (y de los tipos de la carátula olvidaros, ¡no sé ni quien son!).
En el reparto tenemos algunos entrañables rostros ligados a la "serie B" y las cult-movies como Gerrit Graham ("El fantasma del paraíso", "Terrorvision"), Christopher Stone ("Aullidos", donde interpretaba a un personaje de idéntico nombre), Lawrence Hilton-Jacobs (todo un clásico de la caja tonta y el video-club y que, ¡oh!, en "El justiciero de la ciudad" ¡hacía de matón!) y Andy Wood quien, justo después, se dejaría ver en "Rambo". El malo lo interpreta Paul Koslo (con una cabellera digna del Mel Gibson de "Arma Letal"), al que hemos visto en "El último hombre... vivo" y "Xtro 2" y que, curiosamente, también intervino en algún episodio del "Equipo A". Joder, ¡solo falta Jan-Michael Vincent y tenemos a la familia al completo!.
A pesar de su sosería y su ritmo zarrapastroso se puede ver si te lo propones, especialmente toda la parte final, lo más dinámico del conjunto. Después de todo ¡a duras penas llega a los 80 minutos, oiga!.

jueves, 8 de octubre de 2009

EL FANTASMA DEL PARAÍSO

En sus años mozos, y antes de ser el expoliador oficial de Alfred Hitchcock, Brian De Palma era un director cargado de buenas ideas y con un sano espíritu transgresor. Sus primeros pasos fueron en el cine "underground" imperante de la época para, poco después, dar el salto al "mainstream" con toda suerte de películas fantásticas que le harían famoso. Del mondongo destaca una por extravagante y sumamente atrevida, "El fantasma del paraíso", la que para muchos sigue siendo su mejor obra.
"El fantasma del paraíso" cuenta, en clave de musical-rock, la eterna historia del hombre que vende su alma al diablo, es decir, el mito de "Fausto", bañado con unas gotas de "El fantasma de la Ópera" y los ya por entonces habituales guiños a Hitchcock, en concreto con una escena que parodia el famoso crimen de la ducha de "Psicosis". El tono de la película es absolutamente desquiciado, posee un arranque casi de dibujos animados y a lo largo de la aceleradísima narración nos vamos cruzando con los más extraños personajes. Los actores son geniales y todos encajan perfectamente en su respectivo rol: William Finley, al que viéramos en "Trampa Mortal" de Tobe Hooper, como el atormentado fantasma de look deliciosamente cutre-disco. La encantadora Jessica Harper, posteriormente protagonista del "Suspiria" de Dario Argento, como musa del deformado compositor. El inimitable Gerrit Graham, actor de peculiar rostro al que hemos visto en incontables "series B" del género, como histérica estrella Glam y el diminuto Paul Williams encarnando a un demoníaco mecenas de la música rock y autor, a su vez, de las tremendas canciones que ilustran los números musicales.
"El fantasma del paraíso" chupa del pop, del glam rock, de la psicodelia, se nutre de intrincadas secuencias metódicamente filmadas así como de otras rodadas cámara al hombro en las que los extras miran al objetivo sin rubor, y mezcla alegremente comedia, drama (mejor dicho, tragedia), terror, thriller, romanticismo y, claro está, musical, dando como resultado una de las películas más inimitables de la historia del cine.

sábado, 16 de mayo de 2009

CLASS REUNION / REUNIÓN DE CLASE

El caso de "Class Reunion" es un poco extraño. El día que siendo chaval la alquilé en uno de los vídeo-clubs de mi barrio fue toda una sorpresa, nunca había oído hablar de ella, y lo más curioso es que desde entonces no he vuelto a hacerlo. "Class Reunion" continúa aletargada entre la oscuridad a pesar de -y ahí está lo raro- tener en sus créditos algunos nombres destacados, con el actualmente muy valorado John Hughes entre ellos, el director de un montón de clásicos ochenteros del cine adolescente ("Dieciséis velas", "El club de los cinco", "La mujer explosiva"... o "Mejor solo que mal acompañado") y productor de tantos otros éxitos ("Solo en casa"), se encarga aquí exclusivamente del guión, uno no excesivamente inspirado. Más atributos... hablamos de una producción de "National Lampoon", la famosa revista (hoy productora) cuyo nombre ha ido y va encima de los títulos de comedias bastantes respetadas, siendo "Desmadre a la americana" la mayor de todas ellas (como bien se indica en el cartel). Sin embargo, el aspecto más interesante de "Class Reunion" es que, en esencia, se trata de una parodia -no muy desmadrada- del cine slasher... de hecho, su estructura es idéntica a muchos films del estilo, pero poniendo más énfasis en la comedia y mucho menos en el terror... por no decir el gore, que es totalmente nulo, a pesar de incluso contar con la aparición de una sierra mecánica.
En el reparto encontramos nombres tan apetitosos como los del carismático Gerrit Graham (el cantante glam de "El fantasma del paraiso"), Stephen Furst (precisamente lo vimos en "Desmadre a la americana" y en "Los albóndigas en remojo"), la mítica Anne Ramsey (la vieja fea de "Los Goonies"), Michael Lerner (el psycho obsesionado con los ojos de "Angustia") haciendo una simpática parodia del "Dr.Loomis" -el eterno perseguidor de Michael Myers- (en un momento dado le preguntan: "Si sabía que iba a morir, ¿por qué no lo impidió?" a lo que él contesta "No encontraba aparcamiento") y el malogrado Blackie Dammett como psycho-killer (puede que le recuerdes interpretando al traficante / vendedor de árboles navideños en "Arma Letal"). También asoma el careto el rey del rock and roll, y de los pederastas, Chuck Berry.
Como decía, "Class Reunion" juega con todos los tópicos del slasher: Un grupo de alumnos se reencuentran tras diez años en su lúgubre -y abandonada- escuela para celebrar una fiesta. No se imaginan que un estudiante al que gastaron una broma de muy dudoso gusto en el pasado, también estará presente, solo que dispuesto a vengarse matándolos a todos. El aspecto de este es francamente simpático, vestido de colegiala y con una bolsa de papel en la cabeza... pero ya digo que el interés de los realizadores no está en hacer un "spoof" del género de acuchillamientos, este es una mera excusa para reírse de las situaciones típicas asociadas a reencuentros de viejos estudiantes, que son un nido de hipocresía, rencores y envidias. Todo ello sazonado con un humor muy discretito, lo que da como resultado, pues eso, un film discretito, de ver y tirar.
Al final lo mejor es la canción de los créditos, cortesía de Gary U.S. Bonds.