Forma parte de la historia de Madrid, el célebre barrio conocido popularmente como Corea —el nombre se lo pusieron los vecinos, el barrio en realidad no se llamaba así— y la calle que atravesaba las zonas de La Castellana y el Santiago Bernabeu. Esa calle, la del Doctor Fleming, fue la seleccionada para edificar una serie de apartamentos que se le venderían a los soldados americanos que operaban en la base militar de Torrejón de Ardoz. A los soldados americanos allí instalados les quemaba el dinero yankee en las manos, por lo que pronto la calle se convertiría en zona lúdica donde se construyeron toda suerte de discotecas, bares de alterne y pisitos que servían para que, una vez los soldados se ligasen a una churri en los bares, se subieran a esos pisos para realizar la transacción comercial con la señorita de turno. Hablando en plata, la calle Doctor Fleming se convirtió en un putiferio.
Pronto, la bohemia madrileña fijaría su sede allí, y en los años 60 no había zona más golfa en todo Madrid que la calle Doctor Fleming.
El régimen de Franco, por supuesto, no comulgaba con semejante zona de puterío e intentó cerrar todos los bares y locales de la zona con el fin de convertir aquello en un barrio decente, pero por miedo a que esa situación se extendiera a otras zonas de Madrid y que el libertinaje campara a sus anchas, Franco, decidió hacer la vista gorda siempre que lo que ocurriera en la calle Doctor Fleming no saliera de la calle Doctor Fleming. Y esto duró prácticamente hasta bien entrada la democracia.
En consecuencia, el periodista Raúl del Pozo, bautizó al barrio para la prensa bajo el sobrenombre de Costa Fleming, y así se le conoce hasta nuestros días, sólo que los tiempos han cambiado mucho y ahora la zona ya no es un lupanar sino un lugar de encuentro para las clases pudientes madrileñas, que visitan los mejores restaurantes y las mejores coctelerías. El tiempo convirtió un barrio marginal en zona pija para turistas y foraneos.
Sin embargo, el ambiente de la zona fue muy sonado en la época, por eso, el escritor Ángel Palomino ambientó una de sus novelas en ese barrio y la tituló “Madrid, Costa Fleming”. Más que por la calidad del libro, por lo morboso de la propuesta, era cuestión de tiempo que el cine quisiera adaptar este material y en 1976 José María Forqué adquirió los derechos de la novela para su versión cinematográfica, que él mismo produciría y dirigiría.
La película, comedia con ramalazos dramáticos y bastante mala baba, no cuenta en realidad nada de esto que les acabo de explicar, sino que centra su trama en la especulación inmobiliaria de la zona, y la sobreexplotación de esas viviendas para ser utilizadas como prostíbulos. De las fiestas de los famosos, las orgías y las peleas de las que tanto se habló durante años, nada de nada. Y, por supuesto, no aparece en la película ni un solo soldado americano.
Según esta premisa, “Madrid, Costa Fleming” es una suerte de historias entrecruzadas ambientadas en este barrio, que van desde la de una joven estudiante de económicas que se gana la vida como agente inmobiliario, que tiene que luchar contra el machismo y el ninguneo de sus jefes, los especuladores inmobiliarios, mientras que por otro lado tenemos a los vecinos “decentes” de uno de los inmuebles donde sucede la acción, que se oponen a que los pisos del edificio hayan sido adquiridos con el fin de convertirse en prostíbulos. Por otro lado, tenemos las vicisitudes de las prostitutas que trabajan allí, y los chanchullos de los constructores con los arquitectos, la mano de obra, etcétera.
“Madrid, Costa Fleming”, que por cuestiones históricas se ve obligada a adscribirse a la corriente del destape, aunque este sería un elemento secundario, resulta una película condenadamente entretenida, pero no tan desmadrada como a priori se nos propone, que según va avanzando va perdiendo algo de fuelle y va dejando cabos sueltos. Son tantas las historias paralelas que nos van mostrando, que antes de los títulos de crédito olvidan cerrar un buen número de tramas. Aun así, resulta una película estimable, en parte, porque no es la típica comedita española de los años 70 (esta tiene algo más de enjundia), en parte, por un elenco de actores en estado de gracia que da gusto verlos.
Una jovencísima Verónica Forqué, hija del director, protagoniza la película dando vida a la estudiante de económicas con apenas 20 años de edad y lo cierto es que está muy bien, muy comedida en su actuación con respecto a lo que haría en sus años de bonanza en los 80 y 90. La secundan un estupendo Agustín González, que haciendo el papel de jefe cabrón no hay ninguno como él, un descacharrante Juanjo Menéndez, que hace chanchullos con medicamentos y les hace el toco mocho a las prostitutas con las píldoras anti-baby, o Paco Cecilio en un papel, más tirando a dramático que a cómico, entre un montón de secundarios absolutamente geniales.
Por supuesto, la película fue un éxito de taquilla congregando a casi un millón de espectadores, sin embargo, por algún motivo que desconozco, es una de las más olvidadas de la época. Yo la recomiendo.
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lunes, 20 de diciembre de 2021
viernes, 6 de noviembre de 2020
A LA LEGIÓN LE GUSTAN LAS MUJERES... (...Y A LAS MUJERES LES GUSTA LA LEGIÓN)
Rafael Gil, director de marcada —y orgullosa— trayectoria franquista, conocido sobre todo por adaptar con éxito a la gran pantalla las novelas de Vizcaíno Casas (“…Y al tercer día resucitó” o “Hijos de papá”), hace su aporte a la comedia española de toda la vida con desiguales y mediocres resultados. Se trata de “A la Legión le gustan las mujeres... (…Y a las mujeres les gusta La Legión)”.
Cuenta la historia de un grupo de legionarios que, en plena guerra civil, tienen que ir a rescatar a la novia del Alférez. Esta ha caído en zona roja, por lo que deberán infiltrarse y, mientras cumplen con su gloriosa hazaña, se desarrollarán las más variopintas situaciones, con la prostitución y la juerga como telón de fondo. Un poco de todo esto, quizás inintencionadamente, tomaría prestado Luis García Berlanga para “La Vaquilla”, con la que guarda sutiles similitudes.
Verdaderamente, la película es una puta mierda. Pese a vendernos una propuesta picantona, su humor acaba tornándose blanco, siendo el único elemento verdaderamente cómico la relación que mantiene el personaje interpretado por Ricardo Palacios y una cría de oso común, que ataviada con gorrito de legionario, habla en off soltando socarronas puyitas a su amigo militar y a los que le acompañan. Intuyo que este elemento cómico, además, no fue premeditado, sino ideado e incluido en la sala de montaje, espontáneamente e in situ, como ya era menester en la época. Erotismo soterrado pre-destape (recuerden que Franco daba sus últimos coletazos) y anacronismos criminales, completan el pack. Pero no deja de ser curiosa la historia que hay detrás: Rodada en 1975 pero retrasado su estreno por problemas de distribución, la película no conoció vida comercial hasta ya bien pasados los primeros meses de 1976 y la muerte de Franco, por lo que fue recibida de manera bastante fría por parte del respetable; no era muy adecuada, a comienzos de la transición, una película con mensaje claramente fascista. Su estreno en salas fue accidentado: En Barcelona, y en clara protesta hacia un título con reminiscencias machistas, grupos feministas arrojaron cubos de pintura a la fachada del cine dónde se estrenó. A eso hay que añadirle los altercados que sufrieron las inmediaciones de la misma sala, días más tarde, cuando la CNT decoró el cine a base de pintadas con tan mala suerte que se personaron en el lugar los grises, gasearon la zona, y acabó aquello como el rosario de la aurora. El cine la retiró de cartel para proyectar cualquier película americana y evitar así los altercados. Aun así, resultó ser un éxito de taquilla reuniendo a casi un millón de espectadores durante su periplo.
En el reparto tenemos nombres secundarios del cine español como puedan ser Luis Varela, Paco Cecilio, Manolo Codeso y un largo etcétera, que si bien ninguno destaca más que otro al ser esta una película coral, también es cierto que todo el reparto está más que correcto.
Como anécdota, comentar que en su edición videográfica en los años ochenta, y como ocurría con muchas de estas películas de los sesenta o setenta a la hora de editarlas, “A la legión le gustan las mujeres (…y a las mujeres les gusta la legión)” sufrió una metamorfosis en la caratula de la cinta de alquiler: Estando en boga por aquellos días las películas de Mariano Ozores interpretadas por Andrés Pajares y Fernando Esteso y co-protagonizadas por Antonio Ozores y Juanito Navarro, esta aprovecha un dibujo contemporáneo de cualquier otra película con Juanito Navarro, para colárnoslo en la misma como protagonista absoluto junto a Codeso. En realidad la aparición de Navarro en la misma se reduce a una escena de menos de un minuto, pero en aquellos años, sin duda, vendía mucho más la presencia de Juanito Navarro que la de cualquiera de los verdaderos protagonistas, así que, sin escrúpulo alguno, se convirtió a Juanito en protagonista. Entrañables los años del videoclub español que engañaba al público con total descaro y sin consecuencias al respecto.
Por lo demás, bueno, una españolada dentro de un saco.
Cuenta la historia de un grupo de legionarios que, en plena guerra civil, tienen que ir a rescatar a la novia del Alférez. Esta ha caído en zona roja, por lo que deberán infiltrarse y, mientras cumplen con su gloriosa hazaña, se desarrollarán las más variopintas situaciones, con la prostitución y la juerga como telón de fondo. Un poco de todo esto, quizás inintencionadamente, tomaría prestado Luis García Berlanga para “La Vaquilla”, con la que guarda sutiles similitudes.
Verdaderamente, la película es una puta mierda. Pese a vendernos una propuesta picantona, su humor acaba tornándose blanco, siendo el único elemento verdaderamente cómico la relación que mantiene el personaje interpretado por Ricardo Palacios y una cría de oso común, que ataviada con gorrito de legionario, habla en off soltando socarronas puyitas a su amigo militar y a los que le acompañan. Intuyo que este elemento cómico, además, no fue premeditado, sino ideado e incluido en la sala de montaje, espontáneamente e in situ, como ya era menester en la época. Erotismo soterrado pre-destape (recuerden que Franco daba sus últimos coletazos) y anacronismos criminales, completan el pack. Pero no deja de ser curiosa la historia que hay detrás: Rodada en 1975 pero retrasado su estreno por problemas de distribución, la película no conoció vida comercial hasta ya bien pasados los primeros meses de 1976 y la muerte de Franco, por lo que fue recibida de manera bastante fría por parte del respetable; no era muy adecuada, a comienzos de la transición, una película con mensaje claramente fascista. Su estreno en salas fue accidentado: En Barcelona, y en clara protesta hacia un título con reminiscencias machistas, grupos feministas arrojaron cubos de pintura a la fachada del cine dónde se estrenó. A eso hay que añadirle los altercados que sufrieron las inmediaciones de la misma sala, días más tarde, cuando la CNT decoró el cine a base de pintadas con tan mala suerte que se personaron en el lugar los grises, gasearon la zona, y acabó aquello como el rosario de la aurora. El cine la retiró de cartel para proyectar cualquier película americana y evitar así los altercados. Aun así, resultó ser un éxito de taquilla reuniendo a casi un millón de espectadores durante su periplo.
En el reparto tenemos nombres secundarios del cine español como puedan ser Luis Varela, Paco Cecilio, Manolo Codeso y un largo etcétera, que si bien ninguno destaca más que otro al ser esta una película coral, también es cierto que todo el reparto está más que correcto.
Como anécdota, comentar que en su edición videográfica en los años ochenta, y como ocurría con muchas de estas películas de los sesenta o setenta a la hora de editarlas, “A la legión le gustan las mujeres (…y a las mujeres les gusta la legión)” sufrió una metamorfosis en la caratula de la cinta de alquiler: Estando en boga por aquellos días las películas de Mariano Ozores interpretadas por Andrés Pajares y Fernando Esteso y co-protagonizadas por Antonio Ozores y Juanito Navarro, esta aprovecha un dibujo contemporáneo de cualquier otra película con Juanito Navarro, para colárnoslo en la misma como protagonista absoluto junto a Codeso. En realidad la aparición de Navarro en la misma se reduce a una escena de menos de un minuto, pero en aquellos años, sin duda, vendía mucho más la presencia de Juanito Navarro que la de cualquiera de los verdaderos protagonistas, así que, sin escrúpulo alguno, se convirtió a Juanito en protagonista. Entrañables los años del videoclub español que engañaba al público con total descaro y sin consecuencias al respecto.
Por lo demás, bueno, una españolada dentro de un saco.
lunes, 20 de abril de 2020
4 LOCOS BUSCAN MANICOMIO
Rafael Gordon, director, podríamos decir, independiente, ha
desempeñado una carrera siempre amparado bajo su propia productora con la que
ha realizado numerosos cortometrajes además de sus largos de corte histórico
(“La Reina Isabel en persona” o “Teresa, Teresa”), que ha llevado a cabo sin
recibir ni una sola subvención por parte de ninguna institución gubernamental,
con la excepción de su documental sobre Ouka Lele, por el cual si la recibió. Y
ha compaginado sus labores de dirección con las de guia turístico o asesor cinematográfico en Antena 3. Si
revisamos su filmografía podemos decir, sin despeinarnos, que nos encontramos
ante un autor, a priori, formal, serio e incluso aburrido. Sin embargo, no todo
en su carrera es tan sobrio como estas películas ya que es el autor de una de
las comedias españolas más desmadradas de cuantas se hicieron en los 80. En ese
sentido, sus primeros pinitos para la gran pantalla no pudieron ser más
afortunados, ya que esta “Cuatro locos buscan manicomio”, bien podría ser un equivalente
a los “chistes de locos”. ¿Ustedes han escuchado chistes sobre locos? Esta
película es exactamente eso. Y es que este film, accidentalmente, incluso
podría pecar de experimental en tanto a que no tiene un argumento definido. La
cosa va de cuatro locos (loquísimos) que se escapan de un manicomio. Eso sucede
durante los primeros cinco minutos de metraje y, a partir de ahí, tan solo una
sucesión de secuencias cómicas. Sin más. Todo muy a saco y con un gran
predominio del slapstick. Así, los títulos de crédito serían una serie de dibujos
tipo cómic de Bruguera, con letreros que incluyen faltas de ortografía
(impagable ver en el reparto a Bigote Arrocef… si, si… Arrocef, terminado en F),
que dan paso a una secuencia inicial en
la que vemos una especie de hotel-residencia que hace ver que es un manicomio,
y que, no necesita más atrezzo que un cartelón pintado a mano donde reza
“clínica psiquiátrica”. Todo muy precario y zetoso. Pronto entrará en cuadro un
Paco Cecilio con la energía de un “Looney Toone”. A partir de ahí, ya solo irá
en aumento la locura a una velocidad de vértigo, y ya todo serán persecuciones,
caídas y chistes malos sin descanso. No se trata de una película buena en
absoluto, pero es imposible aburrirse porque dentro de que en la misma no pasa
nada destacable, pasan muchísimas cosas. Y cuando termina uno se queda con buen
sabor de boca, entre otras cosas porque
tiene la sensación de haber visionado una película extraña de cojones.
Blanca hasta la extenuación (en una época en la que lo que predominaba era el
destape), una fotografía alegre con muchos y vistosos colores, y un ir y venir
de los personajes a ningún sitio, convierten a esta película en una rara avis.
El cómo los cuatro locos del título hacen trampa para ganar al bingo, es tan
hilarante como cutre y el espectador se descubre a sí mismo esbozando una gran
sonrisa.
Lo bueno también es que todo es barato, rodado con lo
puesto, es como una película casera rodada en 35 mm. y, en definitiva algo que
llama poderosamente la atención. Desde luego, una de las muestras más curiosas
de la serie Z española.
Con todo, la película asimismo tiene fama de maldita. Se ve
que una vez rodada, la distribución de la misma es pauperrima, casi inexistente
y pese a que se editó en vídeo —de manera también muy precaria— y se ha pasado
en alguna televisión autonómica a horarios intempestivos, no la ha visto casi
nadie. Por suerte, rula por la red un ripeo de la película para que eso se
solucione.
No me malinterpreten, “Cuatro locos buscan manicomio” es una
película espantosa… pero dentro de lo chunga que es ¡mola mucho!
En el reparto, junto a Paco Cecilio (mira que me cae mal
este actor) tenemos a Silvia Aguilar, Jenny Llada (vestidas…), Tom Hernández,
Blaki, Aldo Sambrell y Bigote Arrocet… perdón, ArroceF, cada cual más loco y
enfebrecido.
Hay que echarle un ojillo.
lunes, 9 de enero de 2017
LA MASAJISTA VOCACIONAL
En pleno destape y, quizás, como consecuencia de las
“Comedias Sexy” Italianas –ya saben, las protagonizadas por Lino Banfi y AlvaroVitali mayormente-, o al menos con ese tono, y como revulsivo a los reyes del
género que por aquél entones eran Pajares y Esteso, Francisco Lara Polop se
pone a dirigir, con muy poquitas ganas, esta “La Masajista Vocacional” que a su
vez es, probablemente, la película más zafia y de mal gusto de la historia de
nuestro cine de tetas y culos. Al menos en intenciones, que mostrando carne
tampoco es que destaque en calidad o cantidad. También se adscribe a ese género que en los ochenta fue recurrente, las comedias que transcurren en hospitales.
Es una película de meter mano. Eso es. Porque al final lo
que tenemos aquí es a un puñado de señores salidos metiendo mano a una
masajista titulada, que va vestida como una puta, ya sea en el hospital, o en
el lecho dónde deja que un babeante Quique Camoiras le pegue unos sobos de
órdago. Todo ello en pro del humor, pero a pesar de la presencia de grandes del
género como Juanito Navarro o Raúl Sender, la cosa no termina de cuajar. Y es
que el protagonismo cae en Paco Cecilio que no tiene carisma alguno.
La cosa va de un famoso pelotari que recibe un pelotazo en
los cojones, por lo que tendrá que ir al hospital completamente quebrado.
Allí, recibirá los servicios de una masajista que tiene unas
manos maravillosas, y un culo esplendido, por lo que la cosa se complicará, ya
que escayolado como está, en salva sea la parte, las erecciones que le pueda
provocar la mujer con su sola presencia pueden ser fatales. Así que su
mejor amigo se pasará la mayor parte de la película intentando evitar que este
se ponga palote, cosa difícil porque la masajista es una cachonda de tomo y
lomo, además de una idiota que se deja manosear y meter mano, ya que ni se
entera, ni tiene voz, ni voto, y permanece pasiva ante el acoso sexual al que
es sometida por todo macho que aparece la historia.
Como ven, pura poesía, firmada, en el guion, por Juan José
Alonso Millan.
Miren que soy fan de la españolada, del destape y de todo
aquel cine español de los ochenta, pero que quieren que les diga, con “La
Masajista Vocacional”, no puedo. Me parece una película estúpida y me caen muy
mal sus personajes, Además, es especialmente mala y puede confundir a los
neófitos para creen que todas las películas de destape eran así de
estúpidas. Nada más lejos de la realidad.
El ver a Quique Camorras haciendo de sátiro, detrás del culo
de la masajista, a la que da vida Adriana Vega (ella estupendísima, eso si),
corriendo en gayumbos con topos mientras masculla obscenidades, puede resultar
gracioso, pero también da mucha, mucha grima.
lunes, 4 de enero de 2016
BAJO EN NICOTINA
“Bajo en nicotina”, basada libremente en la novela “El Angel
Triste” de Carlos Pérez Merinero cuenta la historia de un cinéfilo totalmente
metido en el mundo del vídeo domestico, que alquila sin orden ni concierto
cintas betamax en el videoclub y que mantiene una relación un tanto turbia con
la dependienta de una perfumería, mientras maldice su suerte porque las
continuas peleas de la pareja del piso de al lado, no le permiten ver las
películas tranquilamente. Un buen día, sin motivo aparente, la cosa se va complica
de manera sorprendente en la vida de este individuo, y no puedo seguir contando
más porque esto daría lugar a spoilers que destrozarían la película, cuya
manera ideal de disfrutarla, es verla sin saber muy bien de que va la cosa, tal
y como a mí me ocurrió.
Podemos decir que se trata de una película amateur rodada en
35 mm. y con posterior distribución en cines. Cine aficionado realizado por un
currela del cine, que utiliza muy bien utilizados sus casi inexistentes medios
para crear una obra que se acerca a la vanguardia por como se utilizan esos
pocos medios; sería vanguardia accidental, por llamarlo de algún modo. La
ambientación, la inquietud que trasmiten muchos de sus planos, nos recuerdan al
“Arrebato” de Zulueta, sin pretenderlo en absoluto Artigot, ya que, nada más
lejos de su intención, esto sería una suerte de melodrama, quizás de comedia
negra cuyas influencias más inmediatas, no son, desde luego, el cine de
vanguardia y/o experimental; son en cine de género. Pero la pobreza de medios,
la hacen parecer una turbia película experimental, casi underground, meramente
“Trash”.
Aquí no hay más que
una cámara de 35 mm., las facultades como director de fotografía de Artigot y
una serie de actores trabajando en su película prácticamente gratis.
Claro, Artigot, tras tantísimos años trabajando en el cine
español, hizo amistad con sus estrellas más rutilantes, y al rodarse la
película en 1984, en Madrid y con papeles protagonistas para Oscar Ladoire,
Silvia Munt, Antonio Resines o Asumpta Serna, actores estos asociados a aquel
movimiento ochentero y medio intelectualoide que llamaron “Nueva Comedia
Madrileña” y que cultivaban directores como Fernando Trueba o Fernando Colomo,
le colgaron a “Bajo en nicotina” el San Benito de pertenecer a dicho
movimiento, cosa que cabreó a Artigot negándolo rotundamente, afirmando que
todo eso son gilipolleces, y que su película en todo caso, sería una comedia
despiadada y carente de toda moral, una exhibición de cinismo con las miras más
puestas en Fassbinder que en cualquier comedia Madrileña contemporánea.
Sea como fuere, el aprovechar de esa manera los pocos medios
de los que disponía, el no querer abarcar más en una producción con tres
pesetas (un mal muy común en las pelis españolas de bajo presupuesto), esa
coherencia, y lo entretenida y fascinante que resulta visualmente la película,
le otorgan un estilo único y propio difícil de ver en cualquier película
española de cualquier época.
Artigot, cuando escribía el guión, tenía en mente que la
protagonizara José Sacristán – que finalmente aparece en la película, a través
del televisor donde el personaje de Ladoire devora películas alquiladas en un
videoclub-, pero el actor, que ya iba adquiriendo prestigio y pedantería,
rechazó el papel alegando que no le gustaba el personaje, que, en definitiva,
era muy cruel, misógino e hijo de puta y no quiso interpretarlo. Yo creo que
mejor con Ladoire.
La película consiguió discreta distribución en salas de
Madrid y Barcelona donde la vieron cerca de 80.000 espectadores, lo que ya
resultó rentable, y más todavía en su explotación en vídeo donde funcionó más
que bien.
Junto a los ya citados, tenemos en el reparto a un
inquietante Paco Cecilio, Luis Ciges, Chus Lampreave, Guillermo Montesinos o Emilio Fornet. Ahí es nada.
Una auténtica maravilla.
martes, 19 de marzo de 2013
DON CIPOTE DE LA MANGA
Extraña y ochentera película española que, con serios
problemas para desarrollar un argumento tontísimo, nos cuenta la historia de un
individuo atacado por un vampiro. En consecuencia, las noches de luna
llena le entran irrefrenables ganas de folleteo. Durante el resto del
tiempo, va con su socio a vender motivos religiosos por la manga del mar menor,
mientras emprende su particular cruzada contra el sexo y el pecado, lo que dará
lugar a supuestas situaciones cómicas.
La película es muy mala. Si aquellos percebes que se creen
doctos en temas cinematográficos desprecian lo que viene a ser una comedia
común de los años ochenta, deberían ver esto para que se revolvieran en sus
propios vómitos, porque lo grande de “Don Cipote de la
Manga” es un atentado a todo lo establecido en la realización de cine. Una
rareza de las que hay pocas, dos o tres a lo sumo, como pasaba con “El Violador
violado” de J.J. Porto.
Y es que, la película es soportable únicamente gracias a ese
tono de comedia española que desprende, pero, indudablemente, estamos ante una
serie z de la peor calaña, donde el poco sentido de la trama se pierde al no
tener absoluta idea, su director, de cómo hilar unas escenas con otras.
Curiosamente, tras ver varios de sus carteles, la película
nos vende el estar adscrita a la cosa esa del “destape” ¡Menuda engañifa! Se
utiliza el sexo como elemento cómico en el guión (el sexo de siempre ha sido el
más importante de los elementos cómicos), pero no vemos ni una mísera teta, lo que
teniendo en cuenta el concepto de la película, y la época en la que se rodó, la
convierte en una cosa más rara todavía.
Lo curioso, también, es que el guión fue
co-escrito por Antonio Mayans, uno de los cuatro que firmó, junto
con el de la película porno “Detectives del placer”, del que también es
director, o la última de Jess Franco “Al Pereira vs. Alligator Ladies".
Tiene así mismo un papelito secundario sin mayor relevancia.
Los actores de aquella época eran
todos muy buenos, y unos currelas, por eso no es de extrañar que
aceptasen hacer cualquier tipo de película. Así pues, el reparto no es nada
desdeñable, teniendo como protagonistas al eterno secundario Carlos Lucas, Paco
Cecilio, Gracita Morales, Rafael Hernández y Azucena Hernández.
En cuanto al que da la voz de acción, Gabriel Hernández, cuenta con una filmografía reducida a tres títulos dirigidos y dos producidos, uno de
ellos es, precisamente, “El tío del saco y el inspector Lobatón”, ignota secuela de
la ya de por sí ignota “El Violador violado” arriba mentada.
Solo par curiosos.
miércoles, 31 de agosto de 2011
EN BUSCA DEL HUEVO PERDIDO
Javier Aguirre, fiel a su estilo (impuesto por los productores, lógicamente) de cine comercial, le saca máximo partido al trío de humoristas femeninas “Las hermanas Hurtado”, muy populares en la época, sobretodo tras sus apariciones como personajes fijos en el “Un, dos, tres”.
Lo primero de todo, mencionar que en mi recuerdo, Las hermanas Hurtado, no gozaban de alta estima por mi parte. Tras ver EN BUSCA DEL HUEVO PERDIDO, mi concepción del humor de estas tres, cambia.
La película, un absoluto disparate, cuenta como tres paletas de pueblo, en su afán por triunfar en el mundo del espectáculo, se ven envueltas en un entramado con espías de distintas nacionalidades que se pelean por la formula que un científico Israelí ha inventado, que puede hacer cambiar el clima de todo un país. Obviamente, Americanos y Rusos, se pelearán por conseguir esta formula.
La peli, fue un fracaso en su época, no obstante, a mí me parece, con mucho, la película mas enloquecida y surrealista de cuantas filmó Aguirre para lucimiento de alguien del mundo del espectáculo. Son tantas y tan numerosas las chorradas, que unidas a un exceso de ritmo poco habitual, la propia película impide al espectador hacer un seguimiento de las mismas. Básicamente la película es una sucesión de escenas de gente pegándose en plan niño pequeño, aderezado con numeritos musicales de las Hurtado de lo mas políticamente incorrectos, y, sobretodo, el humor de estas tres mujeres, basado mayormente en chistes de mierda, de follar, de coños y de pollas.
Me han sorprendido gratamente. En un país donde el humor lo desarrollan casi en su totalidad los hombres, en una época en que su competencia era Beatriz Carvajal con sus insufribles parodias con acento de gallega –pero que se llevaba el gato al agua con esto-, Las Hurtado ofrecían un humor grueso y brutal, siendo mas guarras y bestias que los tíos.
Como muestra, una de las canciones que interpretan en la película, en la que Paloma Hurtado, ruega y suplica a su títi, que le pegue con la mano abierta, con su bota en el culo, con su mazo en la sien, sentir su puño en el rostro y que le arranque la piel. Hoy nadie tendría huevos para componer una letra como esa.
El plantel de secundarios que aparentan pasárselo de puta madre rodando esto, es sensacional; Manolo Gómez Bur, José Lifante, Paco Cecilio, Florinda Chico, Rafaela Aparicio, o Antonio Gamero, en un desmadre de principio a fin que va a setecientos mil por hora, y que no da descanso al espectador. Un festival de carcajadas.
Y por supuesto, la referencia a EN BUSCA DEL ARCA PERDIDA, no vas mas allá del título. Tampoco andan buscando un huevo.
martes, 10 de mayo de 2011
EL CHISTE
No hay cosa más española, ni con más aceptación popular, que los chistes. Y también es cierto que el chiste como tal es un tipo de humor en claras vías de extinción. Ya no hay cuentachistes, hay monologuistas.
Hasta bien entrados los noventa, muchos eran los que se ganaban la vida, y además a base de bien, contando chistes. Cintas de gasolinera (incluso C.D,s), galas en televisión… Hay contadores de chistes cuya fama y humor les llevó a protagonizar películas. Arévalo, sin ir más lejos, apareció en unas cuantas, Eugenio protagonizó la lisérgica "Un genio en apuros", y ni que decir que uno de los últimos bastiones del chiste, aún en activo, Chiquito de la Calzada, protagonizó sus buenas películas.
Pero en la actualidad el contador de chistes ha quedado relegado a infectas y añejas salas de fiestas, o escenarios de público casual como pueda ser el de los cruceros, donde los cuentachistes siguen siendo la guinda del pastel.
Por todo ello, una película como esta sería impensable en nuestros días. Sin embargo, hace escasas tres décadas sí era viable e incluso, pudiera ser, un gran negocio. Un largometraje centrado en contar chistes al espectador.
Tras esta reflexión, pasamos a la película de marras que data de 1976, época en que los chistes eran una cosa popular; de la tasca, y del café Gijón, del analfabeto y del aristócrata. Un tipo de humor totalmente democrático.
"El chiste" es un homenaje a esa forma de humor. El invento consiste en escenificar una serie de idems que, intercalados con otros contados por actores y cómicos más o menos populares de la época, van dando forma a la película. Obviamente, ante tanta ristra de chistes, algunos son resultones, otros rozan lo patético y es curioso comprobar como funciona mucho más el chiste contado que el escenificado. Digamos que en lo que a escenificación de chistes se refiere, esto es como las películas de "Jaimito", pero de otra manera más directa. A cada chiste le precede un cartel con el título del mismo.
Si me he de quedar con alguno, sin embargo, es con uno escenificado, en el que Manolo Zarzo al teléfono dice: -“ Mañana voy a hacer una matanza. Tengo al cerdo aquí en mi alcoba”. –“¿Que lo tienes en tu alcoba?”- responde el individuo al otro lado de la línea. – “Entonces olerá muy mal”. – A lo que Zarzo responde: -“Que se joda”. En fin, en este caso, seguro que visto, es mucho más gracioso que contado. Pero es que yo no tengo ninguna gracia a la hora de contar chistes. Mucho menos, escribiéndolos.
Por esa pantalla van desfilando, actuando o contando chistes, gente de la talla de Juanito Navarro, Tip y Coll, Antonio Garisa, Paco Cecilio, Lusson y Codeso, Zori y Santos, Rafael Hernández, Emilio Laguna, Tono, Alfredo Mayo, Manolo Zarzo… en fin, una ristra de cómicos considerable.
Como película, el hecho de que cada chiste ficcionado requiera de un escenario distinto, me lleva a pensar lo costoso y jodido de rodar que fue esto.
No obstante, lo raro del asunto (¡hacer una película de chistes!) y lo simpático de la propuesta, a lo que añadimos una duración más que escueta, si tienes una noche tonta y quieres ver algo que pase ligerito, no conlleve mucho esfuerzo y se te olvide con la misma facilidad con la que te pones a verlo, "El chiste" es la película adecuada.
Hasta bien entrados los noventa, muchos eran los que se ganaban la vida, y además a base de bien, contando chistes. Cintas de gasolinera (incluso C.D,s), galas en televisión… Hay contadores de chistes cuya fama y humor les llevó a protagonizar películas. Arévalo, sin ir más lejos, apareció en unas cuantas, Eugenio protagonizó la lisérgica "Un genio en apuros", y ni que decir que uno de los últimos bastiones del chiste, aún en activo, Chiquito de la Calzada, protagonizó sus buenas películas.
Pero en la actualidad el contador de chistes ha quedado relegado a infectas y añejas salas de fiestas, o escenarios de público casual como pueda ser el de los cruceros, donde los cuentachistes siguen siendo la guinda del pastel.
Por todo ello, una película como esta sería impensable en nuestros días. Sin embargo, hace escasas tres décadas sí era viable e incluso, pudiera ser, un gran negocio. Un largometraje centrado en contar chistes al espectador.
Tras esta reflexión, pasamos a la película de marras que data de 1976, época en que los chistes eran una cosa popular; de la tasca, y del café Gijón, del analfabeto y del aristócrata. Un tipo de humor totalmente democrático.
"El chiste" es un homenaje a esa forma de humor. El invento consiste en escenificar una serie de idems que, intercalados con otros contados por actores y cómicos más o menos populares de la época, van dando forma a la película. Obviamente, ante tanta ristra de chistes, algunos son resultones, otros rozan lo patético y es curioso comprobar como funciona mucho más el chiste contado que el escenificado. Digamos que en lo que a escenificación de chistes se refiere, esto es como las películas de "Jaimito", pero de otra manera más directa. A cada chiste le precede un cartel con el título del mismo.
Si me he de quedar con alguno, sin embargo, es con uno escenificado, en el que Manolo Zarzo al teléfono dice: -“ Mañana voy a hacer una matanza. Tengo al cerdo aquí en mi alcoba”. –“¿Que lo tienes en tu alcoba?”- responde el individuo al otro lado de la línea. – “Entonces olerá muy mal”. – A lo que Zarzo responde: -“Que se joda”. En fin, en este caso, seguro que visto, es mucho más gracioso que contado. Pero es que yo no tengo ninguna gracia a la hora de contar chistes. Mucho menos, escribiéndolos.
Por esa pantalla van desfilando, actuando o contando chistes, gente de la talla de Juanito Navarro, Tip y Coll, Antonio Garisa, Paco Cecilio, Lusson y Codeso, Zori y Santos, Rafael Hernández, Emilio Laguna, Tono, Alfredo Mayo, Manolo Zarzo… en fin, una ristra de cómicos considerable.
Como película, el hecho de que cada chiste ficcionado requiera de un escenario distinto, me lleva a pensar lo costoso y jodido de rodar que fue esto.
No obstante, lo raro del asunto (¡hacer una película de chistes!) y lo simpático de la propuesta, a lo que añadimos una duración más que escueta, si tienes una noche tonta y quieres ver algo que pase ligerito, no conlleve mucho esfuerzo y se te olvide con la misma facilidad con la que te pones a verlo, "El chiste" es la película adecuada.
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