Esto va a sonar fatal, pero siempre que pienso en Wes Craven no puedo evitar acompañarlo de una sensación lastimera. Tal vez sea por esa eterna mueca de tristeza que gastaba... o, más probable, la causa esté entre las páginas del libro "Sesión Sangrienta", donde se le dedicaba un buen pasaje narrando sus arranques como hippie aspirante a pintor y/o poeta. Luego se encoñó, tuvo hijos y, aunque intentó dejarlos de lado para seguir sus elevadas inclinaciones artísticas, al final le tocó pringar. Y de ahí, pues ya saben, a rodar porno y luego terror ultra-violento, donde quedó encasillado de por vida gracias a su éxito y, por ende, una posterior integración en el mainstream (incluido fracasado intento de pasarse al drama de alto standing) que le iría desprendiendo progresivamente de gracia y espíritu. Es decir, la fama y las riquezas hicieron aflorar, ya de modo total y definitivo, al hombre de negocios oculto tras el "auteur", y no digamos "el artista". Por eso, seguramente, sus películas iban sumando elevadas dosis de mediocridad a medida que acumulaba años de profesión, porque el interés invertido iría de casi cero a casi menos cien. Y eso, amigos, se nota. Si a todo este cocktail amargo añadimos un rodaje super-caótico y problemático con los terribles gerifaltes Weinstein y su "Dimension Films" al frente (subproductora destinada a confeccionar cine puramente de género, considerado basura por los hermanos), que acabó de traumar a Craven hasta el punto de decidir no aceptar ningún proyecto más únicamente motivado por el montante (promesa, opino, incumplida), pues apaga y vámonos.
Y eso es "La maldición (Cursed)" una película que hacía honor a su título. Se suponía una nueva y llamativa colaboración entre el director de "Pesadilla en Elm Street" y Kevin Williamson, sobrevalorado guionista de "Scream, vigila quien llama", desde la primera secuela de esta última. De hecho, diría que intentaron repetir un poco la jugada. Es decir, aplicar a los hombres lobo en "Cursed" lo aplicado al slasher en "Scream". Porque sí, de eso va el film reseñado, de licántropos. En realidad nada nuevo bajo el sol. La trama es super-trillada y convencional. Dos hermanos son atacados por un enorme lobo. Ambos comenzarán a notar sus respectivas y progresivas mutaciones, obteniendo mayores capacidades físicas, sensoriales y un desarmante sex appeal. Todo esto a la par que el licántropo original anda por ahí jodiendo la marrana. Los protagonistas deberán detenerle para, así, acabar con su propia maldición.
Ahora imaginen todo ello narrado a lo Kevin Williamson, con adolescentes como eje central (de esos sin familia e inadaptados que habitan enormes casoplones -instalados en medio de suburbios llenos de gente bien pálida- y cuya estabilidad económica resulta todo un misterio ), altas dosis de posmodernismo (aunque eso ya lo hiciera, y mucho mejor, Joe Dante en "Aullidos"), referencias cinéfagas (por ahí vemos figuras de "Pinhead", "Jason" y, claro, "Freddy") y unos toques de humor absolutamente patéticos y fuera de lugar (lo de provocar a un licántropo citando sus defectos físicos -en forma humana- y que este responda haciéndote una peineta, da vergüenza ajena), coronados con el peor desenlace imaginable. Lo que comúnmente llamamos un final de mierda.
Desde el momento de su gestación a mediados de los 2000, "Cursed" no arrastró más que mala prensa. El rodaje fue eterno, repleto de refilmaciones, cambios bruscos en el guion y personal entrando y saliendo con pasmosa facilidad. Sorprende descubrir qué actores de renombre participaron para, finalmente, ser borrados de un plumazo (consulten "Imdb", bitches). Lo mismo que los efectos especiales. Primero se fichó al grande y adecuadísimo Rick Baker, luego sustituido por los no menos talentosos Howard Berger y Greg Nicotero. Todos ellos se habían currado sendos hombres lobo a base de látex y animatronic, además de unas cuantas buenas dosis de gore salpicante. Sin embargo, los Weinstein decidieron que preferían CGI y una peli apta para jovencitos. De esta manera, eliminaron la mayoría de escenas de trucos prácticos (dejando solo unos cuantos primeros planos, o planos medios, del monstruo, realmente logrados, sustituyéndolos por auténtica incompetencia. Los retoques informáticos son pura y dura basura), así como toda las mutilaciones y zarandajas truculentas. Con decirles que hubo hasta TRES versiones completas y listas de "Cursed" se lo digo todo, siendo la última y, según testigos, la peor aquella finalmente elegida / estrenada y, obvio es, fracasada a la hora de recolectar billetes verdes. No era pa menos, y no es pa menos. Sin embargo, asumido todo ello, y sabiendo a lo que uno se expone, la película termina siendo una mediocridad tontuna lo suficientemente dinámica y amena como pa rellenar un ratete estulto.
Los actores que sí asoman en el largometraje son una Christina Ricci cada vez menos "chubby" -y, por ende, menos apetecible-, el insufrible Jesse Eisenberg (mira que me cae mal este tío, lo siento), Joshua Jackson, Judy Greer, Shannon Elizabeth, Derek Mears -futuro "Jason" oculto bajo el disfraz de hombre lobo- y Scott Baio como Scott Baio.
Por supuesto, la carrera de Wes Craven seguiría haciendo aguas ya de forma irremediable. Lo intentaría con un thriller convencional de espíritu telefílmico -"Vuelo Nocturno"-, otra de terror con frustradísimas y dolorosas aspiraciones a nueva franquicia -"Almas Condenadas"- y, en un desarmante caso de cierre circular y puesta en evidencia, la tardía y cuarta entrega de "Scream". En el fondo, su epitafio ideal.
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sábado, 10 de enero de 2026
sábado, 18 de febrero de 2023
PHANTOMS
En sus primeros pinitos, Ben Affleck daba el pego como jovenzuelo sufriendo alguna clase de crisis romántica o de identidad, pero si lo metías encabezando un reparto en plan estrella o semi-héroe de acción, comenzaban a aflorar todas sus limitaciones. Una sosería, una falta de carisma, y una limitadísima colección de expresiones faciales que daban grima. Es algo que detecté recientemente tras revisar la flojita-pero-pasable "Operación Reno". Viéndola se me despertó el recuerdo de "Phantoms", producidas ambas por la discutible "Dimension Films", compañía creada por los hermanos Weinstein y centrada exclusivamente en producir un tipo de cine que detestaban (de género, básicamente)
Pasé de consumir "Phantoms" en salas y fui directo al alquiler. Como ya ocurría con muchas, y sigue ocurriendo, arrastraba fama de ser un mojón de cuidado, risible. Una vez apretado el "Play", lo que vi no me pareció tan terrible. Especialmente esos primeros 30 minutos con los que, incluso, pasé algo de miedo. Miedito, si lo prefieren. Luego sí, la cosa se desmadra y pierde enteros. Pero el arranque molaba. Con tal idea anclada en el cerebelo, volví a verla unos años después y, esa vez, no me funcionó. Así que, como se suele decir, a la tercera va la vencida. Y eso ocurrió ayer noche.
Un par de jovenzuelas, y un grupo de policías, recalan en un pueblo inexplicablemente desierto situado en medio de las montañas. A este misterio hay que añadir la presencia de algún que otro cadáver, de imprevistos apagones, extraños ruidos en plena noche y un bicho de aterrador aspecto. ¿¿Qué demonios está pasando??. Puede que la clave resida en el nombre que alguien dejó escrito en un espejo y hace referencia a, por un lado, una maldad infinita de abstracta presencia y, por otro, el tipo que habló de ella en una sucia revista sensacionalista.
Normalmente el cine norteamericano adscrito al terror hace gala de un mismo defecto: Comienza muy bien, con una trama interesante que te atrapa y entretiene a lo largo de, pongamos, 45 o 60 minutos, hasta que, llegado un punto, los autores del guion, el director y demás peña implicada se ven incapaces de seguir. Cuando toca aclarar el misterio, resolverlo, todo cae en picado y te deja mal sabor de boca. Bien, el caso de "Phantoms" es ese mismo, salvo por un detalle: Se desploma bastante antes de lo habitual. La respuesta al enigma es un pelo confusa y no funciona. Los estallidos de efectos especiales -tan inevitables ya entonces- cargan las tintas de lo que en principio era suspense puro. Y la resolución es de manual. Vamos, que sin alcanzar el nivel de ñorda, queda como una cosilla tirando a mediocre, visible si no tienes nada mejor que hacer.
Siendo como era una producción de 1998, su estreno coincidió con el auge del "nuevo slasher" impulsado por el éxito de "Scream, vigila quien llama", no en balde parida por "Dimension Films" (y compartiendo parte del reparto) Cosa esta delatada por el póster original. Los que estuvieron allí recordarán que el film de Wes Craven impuso ese diseño basado en anteponer el -guapo- rostro de los protagonistas a cualquier otro elemento.
Escribe el reconocido autor de terrores Dean R. Koontz, quien adapta su propia novela. Dirige Joe Chapelle, que venía de rodar la espantoide "Halloween: La maldición de Michael Myers" y no haría gran cosa más, terminando con sus huesos en la tele. Si se fijan en los créditos finales, descubrirán un agradecimiento a Peter Jackson y "un tal" Bud Cardos como uno de los transportistas. Según "la secretaria" sí se trata de ESE Bud Cardos, quien se supone ejerció como tal en una larga lista de títulos. Curioso.
Las influencias en "Phantoms" de otras películas previas y mejores cantan como una almeja, tenemos "La Cosa", "El terror no tiene forma" y el "gag" final parece la combinación perfecta entre los desenlaces de "Aullidos" y "En los límites de la realidad".
Completan el reparto un cargante Liev Schreiber, una morbosa Rose McGowan y un Peter O´Toole totalmente desubicado (más incluso que en esta ocasión). En cuanto a Ben Affleck, la madurez le ha beneficiado en todos los aspectos, tanto física como interpretativamente.
Pasé de consumir "Phantoms" en salas y fui directo al alquiler. Como ya ocurría con muchas, y sigue ocurriendo, arrastraba fama de ser un mojón de cuidado, risible. Una vez apretado el "Play", lo que vi no me pareció tan terrible. Especialmente esos primeros 30 minutos con los que, incluso, pasé algo de miedo. Miedito, si lo prefieren. Luego sí, la cosa se desmadra y pierde enteros. Pero el arranque molaba. Con tal idea anclada en el cerebelo, volví a verla unos años después y, esa vez, no me funcionó. Así que, como se suele decir, a la tercera va la vencida. Y eso ocurrió ayer noche.
Un par de jovenzuelas, y un grupo de policías, recalan en un pueblo inexplicablemente desierto situado en medio de las montañas. A este misterio hay que añadir la presencia de algún que otro cadáver, de imprevistos apagones, extraños ruidos en plena noche y un bicho de aterrador aspecto. ¿¿Qué demonios está pasando??. Puede que la clave resida en el nombre que alguien dejó escrito en un espejo y hace referencia a, por un lado, una maldad infinita de abstracta presencia y, por otro, el tipo que habló de ella en una sucia revista sensacionalista.
Normalmente el cine norteamericano adscrito al terror hace gala de un mismo defecto: Comienza muy bien, con una trama interesante que te atrapa y entretiene a lo largo de, pongamos, 45 o 60 minutos, hasta que, llegado un punto, los autores del guion, el director y demás peña implicada se ven incapaces de seguir. Cuando toca aclarar el misterio, resolverlo, todo cae en picado y te deja mal sabor de boca. Bien, el caso de "Phantoms" es ese mismo, salvo por un detalle: Se desploma bastante antes de lo habitual. La respuesta al enigma es un pelo confusa y no funciona. Los estallidos de efectos especiales -tan inevitables ya entonces- cargan las tintas de lo que en principio era suspense puro. Y la resolución es de manual. Vamos, que sin alcanzar el nivel de ñorda, queda como una cosilla tirando a mediocre, visible si no tienes nada mejor que hacer.
Siendo como era una producción de 1998, su estreno coincidió con el auge del "nuevo slasher" impulsado por el éxito de "Scream, vigila quien llama", no en balde parida por "Dimension Films" (y compartiendo parte del reparto) Cosa esta delatada por el póster original. Los que estuvieron allí recordarán que el film de Wes Craven impuso ese diseño basado en anteponer el -guapo- rostro de los protagonistas a cualquier otro elemento.
Escribe el reconocido autor de terrores Dean R. Koontz, quien adapta su propia novela. Dirige Joe Chapelle, que venía de rodar la espantoide "Halloween: La maldición de Michael Myers" y no haría gran cosa más, terminando con sus huesos en la tele. Si se fijan en los créditos finales, descubrirán un agradecimiento a Peter Jackson y "un tal" Bud Cardos como uno de los transportistas. Según "la secretaria" sí se trata de ESE Bud Cardos, quien se supone ejerció como tal en una larga lista de títulos. Curioso.
Las influencias en "Phantoms" de otras películas previas y mejores cantan como una almeja, tenemos "La Cosa", "El terror no tiene forma" y el "gag" final parece la combinación perfecta entre los desenlaces de "Aullidos" y "En los límites de la realidad".
Completan el reparto un cargante Liev Schreiber, una morbosa Rose McGowan y un Peter O´Toole totalmente desubicado (más incluso que en esta ocasión). En cuanto a Ben Affleck, la madurez le ha beneficiado en todos los aspectos, tanto física como interpretativamente.
lunes, 11 de mayo de 2020
ATRAPADA ENTRE DOS HOMBRES
John Cassavetes dejó muchos proyectos sin realizar antes de
su muerte. De hecho, “Atrapada entre dos hombres” (estúpido título castellano
para “She’s so lovely”) es una película que a finales de los 80 tenía previsto
rodar con Sean Penn, pero justo antes de ponerse manos a la obra, Cassavetes fallecía
aquejado de una cirrosis hepática.
El guion se quedó aparcado entre tantos otros proyectos
durante más de diez años durante los cuales, Nick, el hijo de John, se forjaba
como cineasta. Debutó en el cine con la su primera película, “Volver a vivir”
para después pasar a formar parte de la escudería de Miramax y rodar “Atrapada
entre dos hombres” bajo el auspicio de los hermanos Weinstein que en principio
recibieron el proyecto con los brazos abiertos.
Nick Cassavetes, ofreció rodar la película a Sean Penn, que
iba a haberla protagonizado con su padre y este aceptó de buen grado, aunque
debían esperar que su agenda le permitiese poder incorporarse al rodaje. Entre
tanto, Nick, adaptaba el guion al temperamento de los 90 y reescribia
parcialmente algunas cosillas.
Un matrimonio un tanto desarraigado con claras muestras de
trastorno mental por parte de ambos, se quiere con locura. Pero él es un
estafador y suele desaparecer de casa por periodos largos de tiempo durante los
cuales, debido a los celos y la impotencia, ella entra en crisis consumiendo
alcohol sin medida. En una de estas, un buen día, se pondrá a tontear con el
vecino que, emborrachándola, intenta tener sexo con ella. Esta al negarse, recibe una paliza. Esa misma noche
regresa su marido y verá que su mujer tiene la cara golpeada y, aunque ella le
dice que esos golpes son consecuencia de una caída, al día siguiente él se
imagina que ha sido cosa del vecino y entrará en una crisis esquizofrénica que propiciará que, enloquecido y buscándole para matarle, dispare accidentalmente
a un cuidador social que ha acudido tras la llamada de su mujer. Entonces, es
detenido e ingresado en un manicomio.
Pasan 10 años y ella ya ha rehecho su vida con otro hombre que la ha convertido
en una ama de casa convencional, pese a que ella desde el primer momento le ha
dicho que amaba a su marido que estaba ingresado. Sólo que ahora, su marido
está recuperado de su enfermedad y ha salido del sanatorio dispuesto a reunirse
con su mujer querida, cosa que al actual marido no le parece nada bien. Se
complicará la cosa.
“Atrapada entre dos hombres”, que en un principio levantó
gran expectación por tratarse de un guion no realizado de John Cassavetes que,
por primera vez, iba a ser filmado, fue maltratado por Harvey Wenstein que en
ese momento tenía proyectos que le interesaba más mover que esta pequeña
película del hijo de Cassavetes, por lo que tras someterle a diversos cortes
con el fin de reducir su duración, hizo con la película una autentica
escabechina. Y además fue un destrozo en balde puesto que, para cuando la
película se fue a estrenar, el desinterés era total y se estrenó en poquísimas
salas y sin apenas promoción. Digamos, que destrozó lo que podía haber sido una
de las mejores películas de los 90. No obstante, y con ganas de poder ver algún
día el corte del director, el resultado no se resiente demasiado en el sentido
que estamos ante una película estupenda. “Atrapada entre dos hombres” es una de
las historias de amor más bonitas y menos babosas de cuantas he visto, amén de
tratarse de una comedia negra, negrísima con momentos verdaderamente
hilarantes. Es comenzar su visionado y quedar embobado con esta extraña y
divertida historia de gente histérica.
La mano de Cassavetes padre se ve en todo momento, ya sea en
el retrato de esos personajes desquiciados, ya sea en la presencia de las
enfermedades mentales que solían ser recurrentes en su filmografía, ya sea en
su extraña estructura de dos bloques donde predominan las diálogos y donde se
dan muy poquitos detalles sobre los personajes.
En España, como todo lo de Miramax de la época, se estrenó
en cines, pero el maltrato al que la película fue sometida en los USA, de
rebote, alcanzó a la película por aquí también ya que se estrenó deprisa,
corriendo, de tapadillo y en apenas un par de semanas de exhibición tan solo
llegó a interesar a 149.000 paupérrimos espectadores del año 1998. Después
apareció en vídeo de alquiler y ya no ha vuelto ha tener una edición en
condiciones, quedando la película, hasta el día de hoy, inédita en DVD en
nuestro país. Una autentica pena.
El siguiente paso de Nick Cassavetes, lejos de abrazar el
cine independiente, fue abrazarse al sistema de estudios, facturando pequeños
bodrietes mainstream como la infame “John Q” o la rematadamente edulcorada “El
diaro de Noah”. Volvería a lo independiente con la correcta “Alpha Dog” y
después, digamos que Cassavetes se convirtió en un director impersonal que
facturaba toda suerte de peliculitas sin ninguna enjundia. No siguió los
derroteros marcados por papá.
Junto a Sean Penn, tenemos a su mujer Robin Wrigth, a la que
enchufó para la ocasión, un histriónico y descacharrante John Travolta, y las
presencias del gran Harry Dean Stanton, Debi Mazan y James Gandolfini
Muy, muy, muy recomendable.
lunes, 16 de septiembre de 2019
ADIOS, EMMANUELLE
Si hay que oficializar hasta lo purista la saga de
“Emmanuelle”, esta “Adiós Emmanuelle” sería la ultima película oficial de lo
que podríamos considerar una trilogía
con Sylvia Kristel a la cabeza (a partir de la cuarta película,
“Emmanuel IV”, la Kristel aparece de manera testimonial, en pequeños cameos,
nunca más como protagonista).
Para ese año de producción 1977, el personaje de Emmanuelle
ya era un fenómeno del erotismo que encontró en las pequeñas salas de barrio de
medio mundo y en el subproducto (las “Emanuelles negras” y derivados) su campo
de acción, por lo que ante el erotismo rancio, violento y a la italiana de los
apócrifos italoparlantes, la saga original no era más que un producto de escaso
interés para el pajillero. Ante los objetivos aceitosos de esos productos, la
sofisticación —y la superioridad moral— swinger del personaje creado
teóricamente por Emmaniuelle Arsan, no era más que morralla soft para ancianos
aburguesados que continuaban masturbándose ante la visión de una ya ajada y contrahecha
Sylvia Kristel.
Pero al margen de su público natural, lo verdadero es que,
no me tiembla la voz al aseverar que, probablemente, “Adiós Emmanuelle” se
encuentre entre las dos o tres peores películas de la saga, incluidas las
apócrifas. Está a la altura, incluso, de la de Jess Franco. Nada. Ni puta
gracia. Celuloide desechable.
Y es que en esta ocasión, lo que cambia es el escenario
dónde Emmanuelle se pasa por la piedra todo lo que se mueve; nos plantamos en
las islas Seychelle y, venga, a follisquear.
Sin embargo, esas islas Seychelle salen muy mal paradas en la película,
porque salvo por algunos planos de recurso exteriores, la integridad de la
película sucede en interiores. Con lo cual tenemos un folletín tremendamente
aburrido donde las parejas hablan y hablan y, de vez en cuando, echan algún
polvete muy soft y recortado —dicen que existe una versión X de la cinta cuyos
derechos pertenecieron al mítico exploiter Jerry Gross, quien en su momento
exhibiera cintas tan célebres como “Me bebo tu sangre/ Perros rabiosos” o
llevara el Mondo a salas americanas—. Un pestiño de los de padre y muy señor
mío.
En esta ocasión, Emmanuelle, casada, suponemos, que por
enésima vez, hace uso de su sexualidad acompañada por su marido en las Islas
Seychelle. Económicamente bien posicionados, no dudan en montárselo con el
servicio, o con otros matrimonios afines mientras se les llena la boca con
discursos trasnochados (a día de hoy) sobre la libertad sexual. Lo malo es que
un director de cine acude a la zona en busca de localizaciones para su próxima
película, una película de folleteo y de temática, como no, swinger, del que
Emmanuelle acabará encaprichándose y al que, lógicamente, se tirará sin atisbo
de culpa. Por supuesto, el lío se montará cuando el marido, al cual se le ha
llenado la boca con lo de la libertad cuando se ha puesto las botas con su
mujer y la criada negra, le entran unos celos terribles al ver que el del cine
se la trajina mejor que él, por lo que
Emmanuelle, querrá poner pies en polvorosa.
“Adiós Emmanuelle” debía ser rancia incluso para los
estándares de 1977.
Nada, una película muerta cuya única razón de ser consiste
en ser parte de una saga mítica. Más allá de eso, es una película muerta.
Fílmica y eróticamente.
Dirige la película, poniendo, eso sí, mucho empeño en la
fotografía que es muy bonita, el franchute Françoise Leterrier, conocido por
ser el protagonista del clásico de Robert Bresson “Un condenado a muerte se ha
escapado” y que posteriormente se granjeó una carrera como director en la que
su película más popular, sin duda, es la que nos ocupa.
Como anécdota contar que en año 1980, dos individuos
desaliñados con unos pocos dólares en el bolsillo, se paseaban por el mercado
de films del festival de Cannes de 1980 buscando alguna película que distribuir
en los Estados Unidos. Compraron “Adiós Emmanuelle” pasa su exhibición en las
américas y la estrenaron en circuitos reducidos, pero supieron sacarle
beneficio a la película con las ventas a las televisiones, que la programaban
en pases de madrugada. Estos individuos eran Bob y Harvey Weinstein y su
compañía, se llamaba Miramax. Ergo, la primera película que distribuiría la
Miramax en su tortuosa existencia, fue esta “Adiós Emmanuelle” que, por
supuesto, les reportaría unos buenos cuartos.
martes, 11 de junio de 2013
EQUILIBRIUM
Sin temor a equivocarme como lo hacen los elefantes, enormemente, me atrevería a decir que "Equilibrium" fue en su momento la primera película beneficiada por los supuestos horrores de la piratería digital, de cuando esta aún estaba en pañales.
Dicho de otra manera, demostró que eso de bajarse películas por la red no siempre es malo... no cuando es el único modo de disfrutar de un producto que, por diferentes cuestiones, no ha llegado a nuestro país. Y, de hecho, once años después de su parimiento, todavía no lo ha hecho. El único modo de consumirlo es con doblaje latino... o subtítulos. Hay quien incluso se flipa afirmando que si "Equilibrium" no ha tenido una mayor difusión, es por su mensaje revolucionario. Vamos, que los poderosos temen que el pueblo la vea y decida tomársela demasiado a pecho. Permítanme que me descojone los próximos 25 segundos. Sí claro, seguro que la sociedad moderna decidiría agarrar las armas después de echarle un ojo... ¿cuando, durante el descanso del próximo Barça/Madrid o al terminar la edición cinco mil de "Gran Hermano"?. Por favor, seamos serios.
Y es que no deja de resultar sorprendente que un film producido por los hermanos Weinstein desde su errática "Dimension Films", con Jan De Bont, director de "Speed", echando una mano, un reparto bastante sólido encabezado por el entonces en alza Christian Bale, un presupuesto respetable de 20 millones de dólares y un contenido versado en la ciencia ficción y el cine de acción, a día de hoy siga tan escondido y poco difundido. Según la teoría oficial, los Weinstein sacaron tal tajada de las pre-ventas internacionales, que decidieron no jugársela y dejarla huérfana de una distribución por todo lo alto. Eso, para mi, tiene más sentido.
Total, que a inicios de los 2000 corrió el rumor de que "Equilibrium" molaba mucho y merecía verse, para lo cual había que recurrir al amigo del amigo que se la había descargado con subtítulos hechos por algún mindundi. En esencia se trata de un "exploit" de la entonces afamada "The Matrix" con toques del "1984" Orwelliano, entre otras muchas ideas prestadas.
Estamos en el futuro, poco después de la tercera guerra mundial. El poder decide erradicar el mayor mal de la humanidad, los sentimientos. De este modo, se acabaron las guerras, los conflictos, los celos, las envidias, etc.... pero, claro, también las emociones positivas. Para ello se inventa una medicina que hay que inyectarse diariamente. Solo la resistencia se niega a tomársela y vive oculta, traficando con todo lo que el poder ha prohibido, los libros, la música, la pintura, el cine... cualquier cosa capaz de crear alguna clase de emoción. Un cuerpo especial de policía se encarga de buscar y cazar a todos esos rebeldes, que son automáticamente ejecutados. El mejor de estos hombres, John Preston, es tan eficiente y obediente que no tuvo problemas en aprobar el exterminio de su propia mujer, cuando se descubrió que no ingería la medicina, y tampoco en matar a su compañero/amigo al pillarlo leyendo a escondidas poesía confiscada.
Pero un día, accidentalmente, no se inyecta su dosis y lo que comienza a sentir le gusta... tanto, que decide seguir adelante. Poco a poco, irá abriendo los ojos ante los abusos del poder y, claro está, se pondrá de lado de la resistencia para que cambien las cosas de una vez por todas.
Siguiendo la estela "fantasmil" de "Matrix", hay que resaltar la capacidad de estos super-polis (clérigos, les llaman) a la hora de entrar en combate. Gracias a una técnica nueva, son capaces de enfrentarse cara a cara con 20 tíos armados, esquivar balas y golpes y matarlos a todos. Sí, es un tanto exagerado, un poco "too much", pero mola que te cagas. Está muy bien ejecutado en imágenes y cada vez que Bale hace demostración de ello, cuesta mucho no fliparse con las posturitas, el montaje dinámico, la generosa violencia y el macarrismo general de todo ello. Especialmente en el clímax final, directamente de infarto.
"Equilibrium" es una peli muy muy potable. Perfectamente ambientada, con un notorio diseño de producción, bien fotografiada, bien interpretada, en fin, que está muy bien, carajo, y viene repleta de aciertos, aunque mi parte favorita es aquella en la que Christian Bale comienza a despertar y sentir. El actor transmite estupendamente bien lo que representa para él experimentar las cosas bellas por primera vez. Saber que "haces mal", pero no poder evitarlo y vivir entre el puro placer sensorial y el tormento de la culpa. Ver salir el sol. Escuchar música. Oler perfume. Salirse del orden impuesto. Descubrir el individualismo. Entre todo ello destacan la contenida y reprimida mini-historia de amor trágico que mantiene con una rebelde y el inesperado afecto que siente por un hermoso perrito, por el que, literalmente, es capaz de matar.
Junto a Bale encontramos un puñado de rostros bien reconocibles, como son los de Sean Bean, Sean Pertwee en plan Mariano Rajoy, Emily Watson, David Hemmings, Dominic Purcell, Angus Macfadyen o el siempre lacónico William Fichtner. El director y guionista, Kurt Wimmer, luego lo intentaría de nuevo con otro film de ciencia ficción de regusto "Matrixiano" medio-chanin, pero esta vez no funcionó -artísticamente digo, comercialmente sería un "tampoco funcionó"-, les hablo de "Ultraviolet", el vehículo para Milla Jovovich. Aunque lo realmente curioso es descubrir cual fue su primera película, justo antes de "Equilibrium", nada menos que la segunda parte de "Frío como el acero", aquel tardío muestrario de capacidades para el "action hero", que nunca acabó de despegar del todo, Brian Bosworth. Aunque el fuerte de Wimmer está en los guiones, suyos son los de "Esfera", "El secreto de Thomas Crown", "La prueba", "Dueños de la calle", "Un ciudadano ejemplar", "Salt" o el remake de "Desafío Total".
Sin ser perfecta ni redonda, "Equilibrium" sí ofrece un buen puñado de grandes momentos y 107 minutos de notoria evasión. Muy recomendable.
Dicho de otra manera, demostró que eso de bajarse películas por la red no siempre es malo... no cuando es el único modo de disfrutar de un producto que, por diferentes cuestiones, no ha llegado a nuestro país. Y, de hecho, once años después de su parimiento, todavía no lo ha hecho. El único modo de consumirlo es con doblaje latino... o subtítulos. Hay quien incluso se flipa afirmando que si "Equilibrium" no ha tenido una mayor difusión, es por su mensaje revolucionario. Vamos, que los poderosos temen que el pueblo la vea y decida tomársela demasiado a pecho. Permítanme que me descojone los próximos 25 segundos. Sí claro, seguro que la sociedad moderna decidiría agarrar las armas después de echarle un ojo... ¿cuando, durante el descanso del próximo Barça/Madrid o al terminar la edición cinco mil de "Gran Hermano"?. Por favor, seamos serios.
Y es que no deja de resultar sorprendente que un film producido por los hermanos Weinstein desde su errática "Dimension Films", con Jan De Bont, director de "Speed", echando una mano, un reparto bastante sólido encabezado por el entonces en alza Christian Bale, un presupuesto respetable de 20 millones de dólares y un contenido versado en la ciencia ficción y el cine de acción, a día de hoy siga tan escondido y poco difundido. Según la teoría oficial, los Weinstein sacaron tal tajada de las pre-ventas internacionales, que decidieron no jugársela y dejarla huérfana de una distribución por todo lo alto. Eso, para mi, tiene más sentido.
Total, que a inicios de los 2000 corrió el rumor de que "Equilibrium" molaba mucho y merecía verse, para lo cual había que recurrir al amigo del amigo que se la había descargado con subtítulos hechos por algún mindundi. En esencia se trata de un "exploit" de la entonces afamada "The Matrix" con toques del "1984" Orwelliano, entre otras muchas ideas prestadas.
Estamos en el futuro, poco después de la tercera guerra mundial. El poder decide erradicar el mayor mal de la humanidad, los sentimientos. De este modo, se acabaron las guerras, los conflictos, los celos, las envidias, etc.... pero, claro, también las emociones positivas. Para ello se inventa una medicina que hay que inyectarse diariamente. Solo la resistencia se niega a tomársela y vive oculta, traficando con todo lo que el poder ha prohibido, los libros, la música, la pintura, el cine... cualquier cosa capaz de crear alguna clase de emoción. Un cuerpo especial de policía se encarga de buscar y cazar a todos esos rebeldes, que son automáticamente ejecutados. El mejor de estos hombres, John Preston, es tan eficiente y obediente que no tuvo problemas en aprobar el exterminio de su propia mujer, cuando se descubrió que no ingería la medicina, y tampoco en matar a su compañero/amigo al pillarlo leyendo a escondidas poesía confiscada.
Pero un día, accidentalmente, no se inyecta su dosis y lo que comienza a sentir le gusta... tanto, que decide seguir adelante. Poco a poco, irá abriendo los ojos ante los abusos del poder y, claro está, se pondrá de lado de la resistencia para que cambien las cosas de una vez por todas.
Siguiendo la estela "fantasmil" de "Matrix", hay que resaltar la capacidad de estos super-polis (clérigos, les llaman) a la hora de entrar en combate. Gracias a una técnica nueva, son capaces de enfrentarse cara a cara con 20 tíos armados, esquivar balas y golpes y matarlos a todos. Sí, es un tanto exagerado, un poco "too much", pero mola que te cagas. Está muy bien ejecutado en imágenes y cada vez que Bale hace demostración de ello, cuesta mucho no fliparse con las posturitas, el montaje dinámico, la generosa violencia y el macarrismo general de todo ello. Especialmente en el clímax final, directamente de infarto.
"Equilibrium" es una peli muy muy potable. Perfectamente ambientada, con un notorio diseño de producción, bien fotografiada, bien interpretada, en fin, que está muy bien, carajo, y viene repleta de aciertos, aunque mi parte favorita es aquella en la que Christian Bale comienza a despertar y sentir. El actor transmite estupendamente bien lo que representa para él experimentar las cosas bellas por primera vez. Saber que "haces mal", pero no poder evitarlo y vivir entre el puro placer sensorial y el tormento de la culpa. Ver salir el sol. Escuchar música. Oler perfume. Salirse del orden impuesto. Descubrir el individualismo. Entre todo ello destacan la contenida y reprimida mini-historia de amor trágico que mantiene con una rebelde y el inesperado afecto que siente por un hermoso perrito, por el que, literalmente, es capaz de matar.
Junto a Bale encontramos un puñado de rostros bien reconocibles, como son los de Sean Bean, Sean Pertwee en plan Mariano Rajoy, Emily Watson, David Hemmings, Dominic Purcell, Angus Macfadyen o el siempre lacónico William Fichtner. El director y guionista, Kurt Wimmer, luego lo intentaría de nuevo con otro film de ciencia ficción de regusto "Matrixiano" medio-chanin, pero esta vez no funcionó -artísticamente digo, comercialmente sería un "tampoco funcionó"-, les hablo de "Ultraviolet", el vehículo para Milla Jovovich. Aunque lo realmente curioso es descubrir cual fue su primera película, justo antes de "Equilibrium", nada menos que la segunda parte de "Frío como el acero", aquel tardío muestrario de capacidades para el "action hero", que nunca acabó de despegar del todo, Brian Bosworth. Aunque el fuerte de Wimmer está en los guiones, suyos son los de "Esfera", "El secreto de Thomas Crown", "La prueba", "Dueños de la calle", "Un ciudadano ejemplar", "Salt" o el remake de "Desafío Total".
Sin ser perfecta ni redonda, "Equilibrium" sí ofrece un buen puñado de grandes momentos y 107 minutos de notoria evasión. Muy recomendable.
miércoles, 19 de octubre de 2011
HELLRAISER: REVELATIONS
Partamos de la base que tampoco tengo la franquicia de "Hellraiser" en muy alta estima. A ver, la primera es la primera, sí, en su época la última muestra de cine de terror crudo y adulto. La vi en pantalla grande, y me gustó, pero no me flipó. En una revisión reciente, localicé su mayor error: el desenlace, atolondrado y zopenco. Pero como digo, la primera es la primera, fue original, rompedora, salvaje (cómo dolían esos garfios hundidos en la carne, ¡ouch!) y creó el estupendo concepto de los cenobitas, con "Pinhead" a la cabeza (llena de clavos). Pero luego están las secuelas. La segunda la vi en vídeo, no me gustó. La tercera en un cine vacío, y me pareció horripilante. Luego le perdí la pista, aunque vi alguna alquilada con resultados dolorosos para el alma. Hasta que me olvidé del tema por completo. Ya les digo... no creo que, salvo por su título de partida, la saga "Hellraiser" merezca un puesto de honor en el catálogo del cine de horror moderno.
Entonces llega la era del remake, y se anuncia uno. Tras varias trifulcas con diferentes directores (franchutes) que abandonan el proyecto por verse impedidos a darle el tono brutal que requiere, le pasan el tema a un español, nuestro Víctor García, especializado en rodar secuelas para DVD más o menos majas. La diferencia es que ahora ya no será un remake, sino una continuación más... aunque el verdadero fin de su parimiento consiste en que "The Weinstein Company" no pierda los derechos de explotación de los que es dueña. Los fans del título original se cabrean. Sale una foto del nuevo "Pinhead", y aún se cabrean más. Sale Clive Barker, padre putativo de la saga, y en su "twitter" condena el film sin tan siquiera verlo. Así no vamos bien. Es pues lógico y normal que "Hellraiser: Revelations" únicamente reciba duros y sangrantes palos... pero mucho me temo que a todas esas críticas malas habrá que quitarles parte de su fiereza, ya que muchas están motivadas por nostalgia mal enfocada. ¿Significa eso que la peli de Víctor García no es tan mala?... vayamos por partes.
Unos chavales hiper-idiotas y salidos se las piran a México a follar y emborracharse. Allí dan con la caja/puzzle clásica de todo "Hellraiser" y uno de ellos, el más malo, queda atrapado en el mundo de los cenobitas. Como pasaba en la primera peli, logra escapar y convence a su colega para que mate putas y le de la sangre con el fin de recuperar su aspecto humano. Todo esto nos lo cuentan a través de flash-backs y mientras los padres de ambos chavales se reúnen para superar el trauma de su inexplicable desaparición. Entonces, entra en escena uno de los dos, pero se comporta raro, ¿será quien dice ser?, ¿estará huyendo de los cenobitas, que irán pallá dispuestos a recuperarlo?. Misterio.
De entrada te asustas cuando los primeros minutos de "Hellraiser: Revelations" están contados rollo "found footage". Y de verdad, aunque la intención es loable en su afán por dotar a la saga de un algo distinto, no le pega nada. Queda fatal. Suerte que solo es un ratillo, pronto vemos las cosas desde un punto de vista cinematográficamente estándar. ¿Y están bien esas cosas?, pues a ver, reconozco que este "Pinhead" no mola demasiado... no tiene carisma. Y que esperaba mucho más gore, la original sigue superándola en cuanto a crueldad y mala hostia. Con el afán de dotar al pack de algo de mal rollito, hay un poco de aparente incesto, y son descubiertos los sucios secretos de una familia "bien". Buen intento, limitados resultados. Sin embargo, y ahí quería yo llegar, "Hellraiser: Revelations" no es PEOR que todas las secuelas del primer "Hellraiser"... de hecho, es muy superior a la tercera, la cuarta... a todas. Técnicamente está muy bien acabada y en general es solvente. No digo que sea una maravilla, ni la entrega que la creación de Clive Barker merece... solo digo que no es tan terrible como la pintan y para un visionado, basta y sobra.
Como dato curioso, decir que el guión corre a cargo de Gary J. Tunnicliffe, que en su faceta de director es responsable de la simpática "Dentro de la roca".
miércoles, 27 de julio de 2011
EL DEMONIO DEL DESIERTO
A inicios de los 90, Richard Stanley parecía la gran promesa del nuevo cine fantástico. Había encandilado a muchos -a mi no- con su largometraje de debut "Hardware, programado para matar" y además lucía un aspecto muy peculiar que le daba un "plus" a la imagen de director atípico. Cuando se anunció el rodaje de su segundo largo en 1992, "Dust Devil" ("El demonio del desierto" en paletolandia), todos se frotaban las manos convencidos de que automáticamente sería un nuevo clásico del fantástico. Sin embargo, al poco de terminarse, la peli entró en una espiral de problemas, desde su remontaje en manos de los temibles hermanos Weinstein (los de "Miramax") a las dificultades para su estreno. Total, que prácticamente no tuvo difusión y pronto, la curiosidad y el interés se diluyeron. Finalmente, y tras mucho deambular, Richard Stanley logró hacerse con el negativo y realizar su versión, "The final cut". Esa es la que, por fin, vi ayer noche.La peli nos cuenta la historia de un especie de demonio enviado del mal cuya misión es acabar con la vida de aquellos que, inconscientemente, lo reclaman... personas perdidas, solas o, directamente, suicidas. La chica prota es una de esas. Pronto, se cruzará con el demonio en cuestión, nacerá una historia de amor y, llegado su momento, las cosas se pondrán feas cuando el muchacho intente cumplir con su cometido. De por medio hay un policía que investiga el caso pero, sinceramente, tampoco aporta mucho... de hecho, fue una de las partes extirpadas en el remontaje de los Weinstein y, oye, ni tan mal.
"Dust Devil" se anunció en su momento como una mezcla de spaguetti western y peli de terror con ciertas gotas del cine de Alejandro Jodorowsky (concretamente de "El Topo"), algo que le pegaba mucho al amigo Stanley, al que le tira el misticismo y todas esas cosas tan jipis. Y sí, la peli a nivel visual es la leche, tiene momentos realmente bonitos y llamativos, en ese sentido el empaque es excelente y el director logra crear una potente atmósfera que nos mantiene en vilo mirando a la pantalla. El problema es que, al mismo tiempo, pretende contarnos una historia... y aquí es donde descubrimos el punto débil de "Dust Devil" (y de Richard Stanley), ya que esta resulta, además de típica en su fondo, algo plomiza. Así, la peli se desenvuelve muy bien en su primera hora, para volverse algo plasta en la parte final. En realidad nada nuevo, en los 90 era muy habitual encontrarse con directores de video-clips que, al pasar al largometraje, denotaban mucho talento para el envoltorio, pero poco interés (y poca capacidad) de cara al contenido. Stanley era uno de esos.
Está claro que la fama de maldita de "Dust Devil" ayuda a su mitificación... pero, siendo prácticos, no hay para tanto.
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