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sábado, 16 de mayo de 2026

MANHATTAN BABY

"Manhattan Baby" luce igualita que todas las películas del periodo de oro en la carrera de Lucio Fulci, básicamente porque está facturada a la par que el resto. ¿Y a qué periodo me refiero? ¿de verdad son tan ingenuos? pues ya saben: "Nueva York bajo el terror de los zombi", "Miedo en la ciudad de los muertos vivientes", "El más allá", "Aquella casa al lado del cementerio" y "El destripador de Nueva York". Teniendo ello en consideración, y el hecho de que muchos de los individuos presentes en aquellas (delante y detrás de la cámara) repiten aquí (véanse la pareja de guionistas Elisa Briganti + Dardano Sacchetti, el productor Fabrizio De Angelis, el compositor Fabio Frizzi quien, por cierto, recicla bastantes temas de "El más allá" o el niño cabezón de "Aquella casa al lado del cementerio", Giovanni Frezza, del que, curiosamente, rulan fotos promocionales luciendo un escorpión negro en su interminable cabolo, aunque aluego no veamos nada parecido en el film), ¿Cómo es posible que "Manhattan Baby" sea menos popular, peor, y "la fea" del pack según las artes del José Frade distribuidor? aquella que, aún luciendo el inconfundible diseño de la caratula propia del periodo -incluido ese cutroso L.Fulzy-, y un dibujo del gran E.Sciotti, rara vez alquilamos. Y si lo hicimos, la devolvimos raudos al día siguiente suplicando a nuestro cerebro un pronto borrado. Pues porque a "Manhattan Baby" le falta una cosa muy importante, esencial: las generosas, retorcidas y exageradas sanguinolencias propias de aquel Fulci. O, como lo llamaban los franchustes, el hard-gore. Y así, una vez más, se demuestra que sin semejante elemento, el cine del italiano carece de ningún otro atractivo e interés (venga va, voy a ser generoso, añadan cierta capacidad de crear atmósferas macabras... ausente también en el caso que nos ocupa) y, claro, sus muchas limitaciones (sobre todo la falta de ritmo, dinamismo y progresión) pesa más que agarrar a Sergi López por la cintura para elevarlo un palmo del sucio suelo. Por ello "Manhattan Baby" es la más olvidable, prescindible y aburrida película de horror de Fulci, a la altura de furruños posteriores como "Aenigma" o -la abominosa- "Murderock" (queda pendiente revisar otra incorporable al mismo espacio-tiempo, "El gato negro", pero, según recuerdo, tampoco mejoraría mucho el panorama).
Yendo de exploraciones por Egipto, la hija de un arqueólogo (Christopher Connelly, todo un astro del exploit italianini al que han visto en indigestiones de Enzo G. Castellari, Ruggero Deodato o Bruno Mattei, ¡¡menudo máquina!!) recibe un medallón chungo por parte de una autóctona ciega y malrollera, uno con forma de ojo, lo que dará alas a Fulci para saturar su película de primeros planos de los globos oculares del reparto al completo, pero hasta la náusea, justo al ladito de los zooms y los paneos indiscriminados. El caso es que la familia regresa a Nueva York y la niña pues comienza a comportarse raro. Aquellos que investiguen el origen de sus berrinches, terminarán palmando... aunque, como avisaba hace unas líneas, no esperen nada granguiñolesco. Quizás el final-final, y aún así, tampoco tanto.
El resultado, pues eso, un tostón tremendo, anti-recomendable y que incluye la desagradable muerte real de una cobra frente a la cámara... panda de sucios bastardos desalmados... ya saben como las gastaban entonces. Prefiero quedarme con tonteridas y fricadillas como ese mítico póster de Mordillo decorando una pared, los churumbeles leyendo "Crazy" (una de las imitaciones más célebres de "Mad Magazine") y el enfermero (asistiendo a Fulci en su inevitable cameo), que se parece mucho a mí.... o al yo de hace quince años.
¿El resto? habas con diarrea de mono.

sábado, 15 de enero de 2022

CUCHILLOS EN LA OSCURIDAD

La vida está lleno de misterios. No existe una razón lógica para mi reciente ataque de "Lambertobavaitis" seguido de unas ganas irrefrenables por ver o revisar algunos títulos de su filmografía (como irán sufriendo las próximas semanas). Sobre todo aquellos inéditos y/o olvidados -por y para mí-. Cierto que el hijo de Mario Bava es un habitual de este blog. Hemos reseñado un puñado de sus creaciones: "Disturbios en el cementerio", "Cena con el vampiro", "El devorador del océano", "Demons", "Demons 2" o "Crímenes en portada", pero eso no significa que nos apasione. Ni siquiera que nos guste. No. Lamberto Bava era (y, suponemos, es) bastante limitado. Pero ya saben lo pernicioso de la vil nostalgia. Uno no puede evitar sentir cariño por estos personajes que le acompañaron durante su crecimiento como aficionado al cine de género. Esa es la razón de que me enfrente de nuevo a "Cuchillos en la oscuridad", un seudo-giallo tardío de 1983 que, alquilado y visto en su época, únicamente logró hacerme caer rendido de sueño.
Cuenta la historia de un músico que se instala a vivir en una casita aislada del mundanal ruido porque necesita crear, concretamente la banda sonora de un film de terror. En eso que por el lugar ronda una misteriosa figura que va asesinando a todas las chicas que le visitan. Porque sí, aunque se supone que en esa casa se está muy tranquilo, lo cierto es que no para de entrar y salir peña, casi parece el "Mercadona" en fin de semana. Como es de ley, el músico se pondrá a investigar toda la movida.
Bien, lo divertido de consumir estas italianadas ochenteras está en, obviamente, el personal implicado. Nombres y rostros que has visto en otras de su misma condición. Así, localizamos en las letras al eterno guionista Dardano Sacchetti, acompañado por otra que tal, Elisa Briganti. La música, de gran importancia -por la trama y tal-, la firman otro par de eternos, Guido y Maurizio De Angelis. En tareas de asistente de dirección, un grande, Michele Soavi que, además, se marca un papel bastante potente. Ya saben que al hombre le iba eso de actuar. Sigo diciendo que algún día alguien debería dedicarle un libro, con extensa entrevista incluida. Este caballero es historia viva del -para mí- mejor cine de género italiano (Nota: Resulta que sí existe uno, editado por el Festival de Sitges. Me hice con el y, recién leído, puedo afirmar que, sí, está un rato bien. Te deja satisfecho). Y ya que hablamos de actuar, también aquí hay agradables sorpresas, como el prota Andrea Occhipinti, que anduvo en sendas películas de Lucio Fulci, lo mismo que el niño rubio cabezón Giovanni Frezza. Sin olvidarnos de Fabiola Toledo.
Una vez visto y dicho esto (recuerden: la parte divertida), queda lo aburrido: Ver "Cuchillos en la oscuridad" (nacida "La casa con la scala nel buio"), una peliculita de inevitables tintes Darioargentianos (eso de que el prota sea un artista enfrentado a un misterio) pero únicamente en el concepto, porque estilísticamente es sosa, mortecina y perezosa. Y narrativamente, aburrida y sin sorpresas. Gran parte de las escenas consisten en largos paseos de sus protagonistas por la casa, con un nivel cero de suspense. Y los crímenes están dentro de lo común y corriente. Nada especialmente ingenioso o, al menos, truculento. No me extraña que me quedara sopa viéndola en su día... lo único llamativo es el final, por quien sale y cómo sale, pero para eso le dan al avance rápido y se ahorran la modorra previa.