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domingo, 19 de febrero de 2012

LAS TRES CARAS DEL MIEDO

Todos conocemos de sobras el estatus del realizador italiano Mario Bava. Es el absoluto maestro del terror en su tierra. Y sigue siéndolo hoy día, a pesar de llevar enterrado un buen montón de años. Dario Argento, que tomó buena nota de su trabajo, vendría después. A Lamberto Bava ni me lo menciones. El caso es que Mario Bava hizo grandes cosas por mi género favorito, no lo pongo en duda, pero para nada convertía en oro todo lo que tocaba. En realidad, creo que su fama es un tanto exagerada. También hizo mierda... y sí, incluso en sus más purulentos excrementos habían sutiles destellos de genialidad, eso es cierto, pero para nada su obra completa se puede tildar de ejemplar. Hay grandes títulos ("La máscara del demonio", "Terror en el espacio"), cosas simpáticas ("Diabolik"), cosas mediocres ("Gli orrori del castello di Norimberga", "Un hacha para la luna de miel"), cosas aburridas aunque pioneras ("Bahía de sangre") y tochitos considerables ("Shock").
"Las tres caras de miedo" es uno de sus films más populares, y un auténtico muestrario de las capacidades e incapacidades de Bava. Al ser una peli de episodios, en concreto tres, vemos tres modos bien distintos de hacer a tres niveles muy diferenciados. La primera historia es la de una tia acosada vía telefono por un supuesto psicópata, en realidad su ex-novia lesbiana que quiere recuperarla. Al final resulta que sí habrá psicópata de verdad. Vale, esta es la peor del pack, la más plana, aburrida, sosa y carente de interés o cualquier tipo de suspense. Su poso pseudo-erótico lesbiánico es lo que ha calado en muchos críticos que la ponen en las nubes, pero yo no solo no soy crítico, sino que tampoco me dejo impresionar por semejantes muestras de morbo añejo y trasnochado.
La siguiente historia cuenta con protagonismo absoluto de Boris Karloff, que también hace de "host" al anodino inicio del film y al ingenioso final. Esta va de vampiros, tiene una ambientación cojonuda, una atmósfera solvente, un arranque inquietante y alguna buena idea suelta... pero en su clasicismo acaba aburriendo y tornándose algo casi folletinesco. Narra los avatares de un abuelete que llega al hogar familiar y se comporta raro, tanto que por la noche se larga con el retoño y le chupa la sangre, lo que desencadenará más drama.
Llegados a estas alturas te dices "Joder, ¿y por qué tengo yo esta peli en dvd si no me mola nada?". Buena pregunta, y la respuesta es bien sencilla: por "La gota de agua", la última historia. Una auténtica obra maestra en sí misma. O una obra de arte. El mejor Mario Bava condensado en... no se, ¿20 minutos?. La verdad es que no es esta una apreciación exclusivamente mía, para algo "La gota de agua" es lo más famoso de "Las tres caras del miedo" y, también, uno de los títulos de cabecera de su realizador. En ella, una enfermera acude en plena noche tormentosa a casa de una medium que ha muerto durante una sesión, dejándole grabada una mueca terrorífica en la cara. El fin de la visita es vestirla y prepararla para el velatorio o lo que sea, pero en plena faena se fija en un jugoso anillo que lleva la muerta, y se lo roba. ¡¡Maaaala idea!!. ¿Qué puedo decir de esta pequeña maravilla?, su ambientación, su tremenda atmósfera opresiva, la estupenda utilización de colores primarios para iluminar, el tremendo suspense, la banda sonora minimalista, los sonidos escalofriantes, el tempo calmado y absolutamente efectivo en su cometido, los gatos maulladores de la gótica mansión de la medium, el gramófono que se detiene lentamente, la luz parpadeante que entra por la ventana.... y claro está, el cadaver, su terrible aspecto, su aparición en casa de la ladrona y esa imagen que pasará a la historia, la del fantasma vengador deslizándose en dirección a su víctima mientras eleva los brazos lentamente. Pura pesadilla de la que tomó buena nota James Wan. Algo de esa vieja aterradora puede verse en "Insidious", pero de modo mucho más evidente en "Dead Silence" (donde, literalmente, "se mueve" igual que en la peli de Bava). La primera vez que vi "La gota de agua" estaba solo, y me cagué de miedo. Ayer noche no me cagué tanto, pero me sigue resultando fascinantemente inquietante y digna de museo.
Es por ese motivo que "Las tres cara del miedo" está en mi colección de dvds, y debería estar en la tuya. "La gota de agua" es puro cine de miedo en su máximo exponente, perfecto, ideal, redondo.

sábado, 29 de enero de 2022

LA MÁSCARA DEL DEMONIO 1990

En 1990 la carrera de Lamberto Bava alcanzó cotas de absoluta infamia cuando se atrevió a dar el paso que todos temían: Remakear la legendaria y ultra-valorada película de su sagrado padre, "La máscara del demonio". Y encima, para televisión (en coproducción con España, que la estrenó en una especie de serie llamada "Sabbath". Ojo a la frase promocional del cartel aquí expuesto: "Sufrieron una posesión infernal..." ¡JA!). Claro que uno podría justificarlo diciendo que lo que hizo Bava Hijo fue readaptar la historia escrita por Nikolai Gogol en la que se inspiró Bava Padre. ¡Paparruchas!, que no nos chupamos el dedo, leñe. La cuestión es que cuando la nueva "Máscara del demonio" se anunció en las páginas de la francesa "L´Ecran Fantastique", echando mano de sendas creaciones del bueno de Sergio Stivaletti para las fotos, todo pintaba medio decente. Puro espejismo.
Unos jóvenes esquiadores caen por una fosa y llegan hasta una especie de iglesia subterránea donde encuentran a una tipa hecha un cubito de hielo luciendo una máscara adherida al rostro. Cuando la extraigan, liberarán al mal bicho, que se dedicará a poseerlos en piña e intentar tirarse al más guapo de todos.
¿Cómo llamar a esto? Los yankis usan la palabra "dreck". Tras mirar el diccionario y descubrir que se traduce en "bazofia", la encontré muy adecuada. No ya por el efecto comparativo con respecto a la película de Mario Bava (que me cae en gracia, pero para nada me deslumbra) o el texto de Nikolai Gogol (que ni he leído, ni leeré), el problema es que esta "Máscara del demonio 1990" es absolutamente insoportable. Los efectos especiales están bien, el diseño de producción luce bonito, e incluso hay una escena de sexo con una bruja con patas de gallo que podría destacarse por bizarra... pero lo cierto es que toda ella -la peli, no la bruja- es taaaaan jodidamente sosa, aburrida y pesada que, en fin, nada la salva. Pero nada. Horrorosa, repetitiva, cargada de diálogos de mendrugo, ese surrealismo cansino tan típico de los italianos cuando no saben qué coño hacer (como ocurría en la parte final de "El engendro del diablo", conocida en Japón como "Demons 3", mientras que a la reseñada como "Demons 5", tiene su gracia y sentido) y, en fin, dura, dura de sufrir.
En el reparto destacan las presencias de Mary Sellers y Michele Soavi. Hay que tener en cuenta que tres años antes ambos habían coincidido en el rodaje de "Aquarius", con la curiosidad añadida de que, allí, Michele era el dire que daba órdenes a la actriz. También merece la pena mentar a Debora Caprioglio, pero más que nada por sus abundantes y sabrosas carnes. Al año siguiente se haría famosilla como la "Paprika" de Tinto Brass.
Tras esta "Máscara del demonio 1990", no sé quien debió revolverse más en su tumba, si Mario o Nikolai.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

AQUARIUS

Durante mucho tiempo consideré "Aquarius" como "la última película buena del cine de terror moderno italiano". Revisada recientemente, cambio el slogan a: "La -casi- única película buena del cine de terror moderno italiano".
Seamos prácticos, visto hoy, el trabajo de gente como Lucio Fulci, Sergio Martino, Umberto -papanatas- Lenzi o, especialmente, Lamberto Bava, resulta bastante aburrido. O, mejor, totalmente mortecino. Sin embargo, "Aquarius" no solo mantiene el tipo, además logra algo casi imposible de encontrar en un producto ítaloparlante adscrito al género de mis amores: No aburre. Y no solo no aburre, ¡entretiene!. Eso sí que es un milagro. Dentro de tal elitista tendencia también cabe el amigo Dario Argento, especialmente en sus mejores tiempos. Y no es puta casualidad, pues los lazos entre el padre de "Inferno" y Michele Soavi, director debutante en "Aquarius", eran bien fuertes. De hecho, la gracia de esta película es que se erige casi como testamento de la era dorada del terror italiano post-Mario Bava por así decirlo, el de los 70 y, muy especialmente, los 80. Y lo firma el pupilo más aventajado posible, el amigo Soavi, en cuyo curriculum previo encontramos el famoso documental que dedicó a su maestro Argento con "Il mondo dell'orrore di Dario Argento" para quien, antes de currar como director, lo hizo como asistente y actor (en "Tenebre", "Phenomena" y "Ópera"). Pero Argento no fue el único, también dio lo suyo para Lamberto Bava en idénticas funciones ("Cuchillos en la oscuridad", "Demons", el remake de "La máscara el demonio" y "Blastfighter, la furia de la venganza", en la primera hacía de -si la memoria no me falla- asesino travesti y en la segunda era el tipo de la media-máscara que reparte propaganda del estreno del film diabólico en el metro). Su vinculación al horror italiano no se queda ahí, ya que Soavi ha ejercido exclusivamente de intérprete en films tan característicos como "Alien 2", "Miedo en la ciudad de los muertos vivientes" (la de Fulci, para quien también colaboró en "El destripador de Nueva York"), "El día del cobra" (de Enzo G. Castellari), "Los invasores del abismo" (de Ruggero Deodato) o "Il gatto nero" (de Luigi Cozzi -amigo de Víctor-). Y aunque curiosamente su nombre siempre va asociado al de Argento, en realidad otro para quien curró a destajo en sus inicios fue el no menos legendario Aristide Massaccesi, más conocido como Joe D´Amato. Michele fue actor, co-guionista no acreditado y asistente en títulos tan variados y demenciales como "Bronx lucha final", "2020 Los rangers de Texas", "Terror sin límite", "Calígula 2" o "Ator el poderoso". Tal vez por ello fue Massaccesi, y no Argento, el primero en producirle un largometraje comercial, es decir, este mismo "Aquarius" que Aristide apadrinó desde su flamante "Filmirage" y que, como guinda del pastel, cuenta con un guión original de Luigi Montefiori, más conocido como George Eastman, el caníbal de "Gomia, terror en el mar Egeo" (dirigida por D´Amato, of course), que pal caso se esconde tras el alias de Lew Cooper. Ahí es nada. Visto lo visto, está claro que solo Michele Soavi podía cerrar el círculo aplicando lo aprendido y, encima, tan bien (y americanizando su nombre a Michael, como debe ser).
Un puñado de actores hambrientos, y su director, ensayan desesperadamente un espectáculo teatral de danza moderna sobre un anónimo asesino. Todo pinta que va a ser un desastre. Esa noche, la prota de la función, aquejada de dolores en el tobillo, hace caso omiso al jefe y se marcha al hospital más cercano para que le venden la pupa. Su presencia motivará la huida de un peligrosísimo psicópata que se le cuela en el coche, se carga a la chica de guardarropía del teatro y desaparece. Llega la policía, registra el lugar, no encuentra nada y se marcha dejando únicamente dos agentes que de poco servirán (uno de ellos encarnado por el propio Soavi). El director decide aprovechar el suceso y convierte su obra en un inesperado biopic del psycho-killer visitante... así que, pa meterse caña con los ensayos, se encierra a si mismo y a los actores en el teatro, escondiendo la llave. Poco saben todos ellos que el homenajeado también ronda por allí, dispuesto a cargárselos y, para más inri, la primera persona a la que asesina es la única que sabe dónde está escondida la llave de la puerta principal. La noche que les espera será de órdago.
"Aquarius" fui a verla el día de su estreno, al cine. Lo recuerdo muy bien porque los Viernes por la tarde solía reunirme con los idiotas de mis ex compañeros de EGB para acudir a las películas. En aquella ocasión, elegí yo. Naturalmente entonces ya sabía mucho sobre la peli de marras gracias a mis queridas revistas francesas, aunque la reconocía más por el título que allí recibió, "Bloody Bird". Al entrar, un sensacionalista cartel que el mismo cine se había sacado de la manga, nos advertía que lo que íbamos a ver era muy fuerte porque resultaba "totalmente verosímil". Menuda chorrada!!. De hecho, y aunque lo pasamos muy bien durante el visionado, al terminar uno de mis "amigos" criticaba el desenlace del film aludiendo, justamente, a su falta de verosimilitud. En fin, jóvenes presuntuosos. A mi todo aquello me daba igual, me la sudaba, había disfrutado como un enanito y salí bien saciado, ya que por entonces lo que buscaba con desesperación en un film de horror era la más generosa y gráfica truculencia y, en ese sentido, "Aquarius" iba la mar de bien servida. ¡Qué tiempos aquellos en los que el cine de terror incluía gore valiente y gráfico, pero en sus justas dosis, sin caer en el exceso por el exceso, ni el humor, ni la estilización en busca de la aprobación de las élites políticamente correctas!, preocupándose más por ser "una de miedo con gore" que "una gore con miedo" o, peor, "una gore con gore" o, ya de pesadilla, "una gore con risas".
El caso es que, menos experimentado en estas lides, consideraba "Aquarius" una muestra moderna de "giallo". Bien cierto es que guarda algunas características propias de esa clase de cine, pero en realidad la obra de Michele Soavi encaja mucho mejor en la etiqueta de "slasher". ¿Una mezcla de lo mejor de ambos bandos?, pues sí, me parece bien. Por parte "slasher" tenemos a un asesino mudo e imparable ataviado con un uniforme negro y una máscara de lo más chanante. Esa cabeza de búho gigante es ya legendaria. Tenemos el grupo de jóvenes servidos para ser asesinados con las más variadas armas y los crímenes más impactantes y sangrientos, que incluyen cosas tan clásicas como hachas o una surrealista pero efectivísima sierra mecánica. Y tenemos el climax en el que la "final girl" y el malo se enfrentan cara a cara, así como la aparente invulnerabilidad del segundo. En el terreno del "giallo" encaja el mini-puzzle que resolver del final, el asesinato enfocado como todo un arte (los cadáveres de las víctimas reunidos es algo muy "slasher", pero no lo de presentarlos de forma tan artística) y, en general, la concepción elegante, bonita y estilizada que Soavi tiene del terror, algo directamente heredado de su amigo y vecino Dario y que destaca especialmente con la hipnótica y pomposa banda sonora, así como con esas plumas flotantes o los números musicales de la obra que ensayan los protagonistas (el sumum de lo cual viene cuando la que conoce la ubicación de la llave es asesinada brutalmente delante de todos, convencidos de que el agresor es el actor disfrazado. Ese es uno de los momentos más "giallo", más Argento, de la fiesta, a base de soundtrack orquestal e iluminación azulada).
Hace unas líneas hablaba de los asesinatos truculentos y salvajes. Déjenme volver a ello. En la época se consideraba "Aquarius" como una película "fuerte" y seguramente en 1987 sí encajaba en la etiqueta. No estábamos tan acostumbrados a ver de modo claro y sin disimulos cómo una sierra mecánica abría el estómago a un tipo, y aquí es algo que está bien presente y, además, rodado de modo muy efectivo, muy tétrico, con una linterna como única fuente de luz, el asesino con la máscara salpicada de sangre y la víctima, gritando agónicamente, rodeados de oscuridad y asentados sobre un Argentiano suelo inundado de agua. Brillante. En posteriores entrevistas Soavi decía que no se consideraba muy amigo del gore (¡ni del terror de los ochenta!, al que acusa de poco imaginativo), pero que aceptaba que un film de terror iba ligado a la muerte y la sangre, y que en cierto modo esta última era lógicamente inevitable. También comentaba que el presupuesto con el que contaron para "Aquarius" era mínimo, y que lo efectos especiales se resolvieron del modo más rudimentario. Hay una chica -embarazada!- que es partida por la mitad y cuando se revela su medio-cuerpo, nos damos cuenta que se trata de un auténtico maniquí al que han pegado unas tripas. No digo que cante hasta el extremo de resultar risible y chapucero, para nada, pero sí es verdad que el momento pasa fugazmente ante nuestros ojos evitando resultar demasiado evidente. Lo mismo que la decapitación del director de la obra de teatro. Pero que nadie se confunda, porque esa pobreza queda totalmente compensada por la inmensa capacidad de Michele Soavi, que se muestra como un cineasta de lo más talentoso a la hora de dotar de ritmo a su película, de sacar buen partido del montaje y, en fin, de jugar con el suspense. "Aquarius" es impactante y sangrienta, sí, pero también emocionante. Digamos que podríamos partirla en cuatro cachos. Arranque, masacre (donde mueren el 90% de los personajes secundarios, sin descanso), enfrentamiento y desenlace. El enfrentamiento es el segmento más delicado porque, casi sin diálogos, y a base de sonido e imagen, el director se centra en el puro suspense, cuando el psycho-killer tiende una trampa a la "final girl" que debe agenciarse la llave de la puerta sin que su agresor se de cuenta, aunque lo tenga a medio metro. Muy logrado momento de puro cine, que eclosiona con el inevitable bis a bis de la  pareja, destacando el instante de él colgando del techo y deslizándose por un grueso cable hacia ella. De infarto.
Quizás uno de los puntos más flojillos de la película sean algunos de sus actores, ya sabemos que en la mayoría de las pelis de terror italianas suelen ser muy malos, ridículos. Aquí se salvan de la pura quema por los pelos, aunque queda sitio para algunas sobreactuaciones notables. Sin embargo, la mayor de todas ellas da el pego, porque se trata del director de la función teatral, un tipo ególatra, cruel y manipulador al que el rollo histriónico le va como anillo al dedo. De hecho, es uno de los personajes que más recuerdo dejan y para mi significó descubrir al actor que le da vida, David Brandon y sus notables orejones. Había protagonizado "Caligula 3" para el mismo Joe D´Amato (un evidente exploitation de la de Tinto Brass, donde ya coincidió con Soavi), y luego también saldría en el "Crímenes en portada" de Lamberto Bava. Pero su rol más extraño y atípico es el primero, haciendo de ángel "Ariel" para Derek Jarman en su epopeya arty-punk "Jubilee" (connotaciones de una carrera paralela en el teatro y otras artes más elevadas y respetadas).
Barbara Cupisti es la guapa "final girl" de rigor que has visto también en películas de algunos clásicos como Fulci ("El destripador de Nueva York", ¡su debut!), Argento ("Ópera"), o el fucking Lenzi ("La porte dell´inferno"), así como en "El engendro del diablo" y "Mi novia es un zombie" del mismo Soavi (a lo tonto él y la moza llevaban años coincidiendo en la pantalla, así que será verdad eso de que son o fueron pareja, apunte este que no he podido corroborar).
Sin embargo, el rostro más mítico de todo el film es el de un -habitualmente- sobreactuado Giovanni Lombardo Radice (alias John Morgen) haciendo de supergay. La fama a nivel fandom le llegó cuando Fulci decidió taladrarle la cabeza en "Miedo en la ciudad de los muertos vivientes" y Lenzi castrarlo para "Caníbal Feroz". Lo vi in person en su visita a un festival patrio, pero -paradójicamente- era más soso que una cocacola con solo cinco cucharadas de azúcar.
Terminamos este repasito con la fea Mary Sellers (sin vínculos con el inspector Clouseau) y que también mostraba su poca atractiva faz en el temible remake de "La máscara del demonio", cortesía de Bava hijo de... Mario, "Contamination .7" (de D´Amato) y "Ghost House", de -oootra vez- Umberto Lenzi currando para "Filmirage". Curiosamente esta costrosa peliculita que consumí en un cine porno justo cuando probaba suerte proyectando otra clase de productos menos grumosos (¡¡vamos, ni el puto "deuce" y sus cutre-cines!!), reciclaba el soundtrack completo de "Aquarius" que -como ya he señalado- está muy bien y tiene un peso importante en la película. Uno de sus tres responsables, probablemente el más reconocible, es Simon Boswell, inevitablemente ligado al universo de Dario Argento y que también ha puesto su talento al servicio de una ralea de films sin desperdicio: "Phenomena", "Demons 2", "Crímenes en portada", "Karate Kimura" (!), "Santa Sangre" (estupenda su partitura para este clásico de Alejandro Jodorowsky producido por el hermano de Dario), "Hardware, programado para matar" y "Dust Devil" (Richard Stanley siempre se ha declarado admirador del dire de "Suspiria"), "El señor de las ilusiones" (de Clive Barker) y, muy recientemente, "The Theatre Bizarre" (obviamente en el capítulo firmado por Stanley) y la horrenda e incomprensiblemente reputada "The ABCs of death".
¿Y qué le pasó a Michele Soavi después?, pues que Terry Gilliam vio "Aquarius" y le gustó tanto, que decidió ficharlo como director de segunda unidad en "Las aventuras del barón Munchausen". Contaba también Gilliam que el amigo dio bastantes problemas durante el rodaje a la hora de agenciarse más dinero del acordado por obra y gracia de cierto "grupo de presión" de poca recomendable casta. Con todo, Soavi declaraba en "L´Ecran Fantastique" que había decidido subirse al carro para vivir la experiencia y aprender. Movidas raras pero, al parecer, no tan graves porque años después Gilliam y el italiano volverían a encontrarse, repitiendo roles, en la espantoide "El secreto de los hermanos Grimm"... así que, nunca se sabe.
Luego llegaron "El engendro del diablo" y "La secta" (esta vez, sí, producidas por su querido Dario Argento, que metió bastante la mano en ambas) y la peli que le consagró, la bonita, curiosa, chorra y rara "Dellamorte Dellamore", subnormalmente titulada en España "Mi novia es un zombie" de la que Martin Scorsese posee una copia en su colección privada. Cuando parecía que Soavi iba a alcanzar la cima (le llegaban ya propuestas desde Hollywood, como dirigir la vomitosa "Abierto hasta el amanecer"), movidas de corte personal/familiar le retiraron del cine durante cinco largos años, truncando su prometedora carrera. Retomó la silla del director para la televisión italiana, donde dirigió algunos telefilms policíacos que ni he visto, ni me apetece ver. Hace poco leí que el muchacho tenía intención de regresar a la big screen y con una de terrores, pero habrá que ver qué pasa, porque los tiempos han cambiado mucho y tal vez su creatividad haya caducado. O no, veremos. De momento y hasta entonces, podremos gozar ad infinitum de este "Aquarius", clásico del terror moderno mundial que, como dicen los yankees, es "highly recomended". Sin duda alguna.

miércoles, 24 de abril de 2013

DEMONS

Dudaba si reseñar esta película, clásica del horror italiano dónde las haya, porque ¿Qué voy a decir nuevo de una película ya de sobras conocida por todos?
Sin embargo en este ultimo visionado, ya en una edad en la que el entusiasmo por los efectos gore (solo por el hecho de que sean gore) y demás parafernalias desaparece, me hace ser más subjetivo, e incluso, más justo a la hora de valorar la –sobrevalorada- película.
Y es que la película más famosa del hijo de Mario Bava, Lamberto Bava (cuya incapacidad profesional queda más que patente en esa pedazo de mierda que es “Disturbios en el cementerio”) y producida por Dario Argento, es un producto de total entretenimiento, pero está muy lejos de ser una buena película. Está fatalmente dirigida, discretamente montada y la fotografía es espantosa. Motivos estos, por otro lado, que son un punto a su favor.
Ya saben la historia. Un individuo con media cara de aluminio, va repartiendo localidades para un nuevo cine, el  “Metropol”, donde se proyectará una película de terror. Los acontecimientos que ocurren en pantalla se irán trasladando  a la realidad de los espectadores, llenándose el cine de poseídos que Irán dando cuenta de los vivos que tratan de escapar del cine.
Así, a bote pronto, se me ocurren dos títulos de los que “Demons” mama, si no plagia descaradamente en según que momentos: “Zombi” y “Posesión Infernal”.
Similitudes a un lado, he de decir que la gracia de la película, lo que la convierte en un clásico incuestionable, serían, únicamente, su gore y su artesanía. El recital de sangre, desmembramientos y sustancias verdes, es descomunal y súper divertido.
Por lo demás, se trata de una película a la que el tiempo ha jugado una mala pasada; se la ve más cutre que hace unos años, sin embargo, la velocidad a la que ocurre todo, impide que nos aburramos. Así que sí, es disfrutable. O al menos, aún con todas sus carencias y chapuzas, no seré yo el que diga que “Demons” es una mierda de película. ¿Sobrevalorada? Muchísimo, pero hay películas de la época mil veces peores.
La siguieron una secuela oficial, esta sí, mala de solemnidad, y un montón de imitaciones y secuelas bastardas, que le confieren un lugar de honor en el género.

sábado, 15 de enero de 2022

CUCHILLOS EN LA OSCURIDAD

La vida está lleno de misterios. No existe una razón lógica para mi reciente ataque de "Lambertobavaitis" seguido de unas ganas irrefrenables por ver o revisar algunos títulos de su filmografía (como irán sufriendo las próximas semanas). Sobre todo aquellos inéditos y/o olvidados -por y para mí-. Cierto que el hijo de Mario Bava es un habitual de este blog. Hemos reseñado un puñado de sus creaciones: "Disturbios en el cementerio", "Cena con el vampiro", "El devorador del océano", "Demons", "Demons 2" o "Crímenes en portada", pero eso no significa que nos apasione. Ni siquiera que nos guste. No. Lamberto Bava era (y, suponemos, es) bastante limitado. Pero ya saben lo pernicioso de la vil nostalgia. Uno no puede evitar sentir cariño por estos personajes que le acompañaron durante su crecimiento como aficionado al cine de género. Esa es la razón de que me enfrente de nuevo a "Cuchillos en la oscuridad", un seudo-giallo tardío de 1983 que, alquilado y visto en su época, únicamente logró hacerme caer rendido de sueño.
Cuenta la historia de un músico que se instala a vivir en una casita aislada del mundanal ruido porque necesita crear, concretamente la banda sonora de un film de terror. En eso que por el lugar ronda una misteriosa figura que va asesinando a todas las chicas que le visitan. Porque sí, aunque se supone que en esa casa se está muy tranquilo, lo cierto es que no para de entrar y salir peña, casi parece el "Mercadona" en fin de semana. Como es de ley, el músico se pondrá a investigar toda la movida.
Bien, lo divertido de consumir estas italianadas ochenteras está en, obviamente, el personal implicado. Nombres y rostros que has visto en otras de su misma condición. Así, localizamos en las letras al eterno guionista Dardano Sacchetti, acompañado por otra que tal, Elisa Briganti. La música, de gran importancia -por la trama y tal-, la firman otro par de eternos, Guido y Maurizio De Angelis. En tareas de asistente de dirección, un grande, Michele Soavi que, además, se marca un papel bastante potente. Ya saben que al hombre le iba eso de actuar. Sigo diciendo que algún día alguien debería dedicarle un libro, con extensa entrevista incluida. Este caballero es historia viva del -para mí- mejor cine de género italiano (Nota: Resulta que sí existe uno, editado por el Festival de Sitges. Me hice con el y, recién leído, puedo afirmar que, sí, está un rato bien. Te deja satisfecho). Y ya que hablamos de actuar, también aquí hay agradables sorpresas, como el prota Andrea Occhipinti, que anduvo en sendas películas de Lucio Fulci, lo mismo que el niño rubio cabezón Giovanni Frezza. Sin olvidarnos de Fabiola Toledo.
Una vez visto y dicho esto (recuerden: la parte divertida), queda lo aburrido: Ver "Cuchillos en la oscuridad" (nacida "La casa con la scala nel buio"), una peliculita de inevitables tintes Darioargentianos (eso de que el prota sea un artista enfrentado a un misterio) pero únicamente en el concepto, porque estilísticamente es sosa, mortecina y perezosa. Y narrativamente, aburrida y sin sorpresas. Gran parte de las escenas consisten en largos paseos de sus protagonistas por la casa, con un nivel cero de suspense. Y los crímenes están dentro de lo común y corriente. Nada especialmente ingenioso o, al menos, truculento. No me extraña que me quedara sopa viéndola en su día... lo único llamativo es el final, por quien sale y cómo sale, pero para eso le dan al avance rápido y se ahorran la modorra previa.

domingo, 10 de mayo de 2009

CALTIKI, EL MONSTRUO INMORTAL

Estamos ante uno de los "clásicos menores" del cine fantástico Italiano en su época dorada (50/60.... aunque para mi esta se prolongó hasta finales de los 80, dato que no comparto con los auto denominados entendidos en materia), popular también porque Mario Bava, en principio director de fotografía (inconfundiblemente suya) y responsable de efectos especiales (algunos cutre-salchicheros, pero los de la criatura están muy potables), acabaría sustituyendo al director original (y acreditado), Riccardo Freda (bajo su seudónimo habitual, Robert Hamton) cuando este abandonó la dirección del proyecto por motivos que, al menos yo, desconozco.
"Caltiki, el monstruo inmortal" bebe de tres fuentes, la ciencia ficción de "serie B" yanki contemporánea (usando sus mismos esquemas y personajes -científico trajeado de intachable moral-), "The Blob" en particular y cositas de la producción británica "Quatermass". Con este mejunje tan sabroso, y esa mentalidad tan Italiana, Freda/Bava se saca de la manga una peliculilla maja, con indiscutible encanto, pero que, como sus hermanas, a ratos resulta algo plasta y almidonada. Lo mejor, las apariciones del monstruo, los extravagantes discursos para-científicos, la exhibición final de maquetillas, en especial con la introducción de los tanques, francamente divertida, y esa mítica y horripilantemente maravillosa caratula española del VHS.
¿La historia?, unos expedicionarios en busca de tesoros Mayas se topan con un bicho, una gran masa gelatinosa que les ataca. Uno de ellos se lleva un cacho pegado al brazo, que naturalmente pillará autonomía y, coincidiendo con la llegada de no se qué cometa, ampliará su tamaño y hará la puñeta a los protas. Resulta curioso destacar que, para la época, "Caltiki, el monstruo inmortal" cuenta con algunos detallitos que se podrían calificar de "gore" y encima, mu apañaos.
Una curiosidad agradable de ver.

jueves, 14 de enero de 2016

EL ENTE DIABOLICO

Las pasadas Navidades fui alegremente bendecido por mi pareja con el estupendo blu-ray que ha sacado “A Contracorriente Films” del clásico de Dario ArgentoSuspiria”. ¡¡Hay que ver qué bien luce la cabrona tras semejante lavado de cara!!. ¡Y qué gran película!… duele ver cómo ha acabado el italiano (la gente de "A Contracorriente ya se habían puesto una medalla previa con la cuidada edición de "La matanza de Texas", también en mis estantes).
El caso es que en los extras va un reportajillo en el que un grupo de supuestos expertos dicen sandeces sobre "Suspiria". Todas con sentido “laureador” aunque algo desorbitadas (que citen el look como pionero cuando todos sabemos que Argento tomó buena nota de las artes de Mario Bava tiene delito, y que lo diga una gótica con un tatuaje de Barbara Steele en “La máscara del demonio” aún tiene más). El único genuino “hombre de cine” que aparece por ahí hablando resulta que es ¡Norman J. Warren!, el entrañable artesano británico capaz de cosas simpáticas como “Inseminoid”, de cosas muy mediocres como “GunPowder” o de auténticas basuras infumables como “Muerte en año nuevo”. ¿Y por qué él?, ¿a santo de qué?. Si has visto “El Ente Diabólico” (o “Terror” en versión original), conoces la respuesta al dedillo.
La peli no es que se esfuerce mucho a nivel narrativo. Nos cuenta la venganza de una bruja, ejecutada en la edad media, sobre los pringados que están dedicándole un biopic en formato celuloide. Una de las actrices es poseída a través de la hipnosis y arranca la escabechina.
A partir de aquí todo es bastante rutinario. Los personajes van y vienen sin hacer gran cosa (tal vez lo más gracioso sea el supuesto rodaje de una peli erótica, con el director luciendo camiseta de “Harry el sucio”) y da la sensación de que Norman J. Warren solo pone interés cuando llega la hora de los crímenes, rodados y planificados muy Argentianamente. ¡Voila!.
Dichos asesinatos sobrenaturales son sangrientos, se pretenden espectaculares y a veces están iluminados de rojo y verde. Hay uno que recuerda a “Rojo Oscuro” y otro que me sonaba haber visto en “Inferno” y que incluye degollación por cristal. Pero, ¡eh!, “Inferno” es de 1980 y “El Ente Diabólico” viene fechada un año después de “Suspiria”, es decir, 1978. ¿Podría ser que Argento viese la peli de Warren y decidiera vengarse?, en plan "Voy a demostrarle a este berzas que soy bien capaz de mejorar esa escena"… ¡¡quién sabe!!.
En el reparto destaca Milton Reid, que además de hacer de malo en algunos títulos clásicos y prestigiosos, también intervino en “Nº1 del servicio secreto”.
Chuminadas aparte, y salvo algunas muertes y el contundente -aunque chorril- final, “El Ente diabólico” es un rollete y se digiere mejor si le das al avance rápido entre crimen y crimen o miras el móvil con el ojo tonto.

viernes, 8 de febrero de 2013

THE SHRINE

La gracia de "The Shrine" consiste en que arranca como un "torture-porn" al uso, para derivar en algo más sobrenatural, un cruce entre "El Exorcista" y "Posesión infernal" que termina resultando bastante simpático y la aleja unos pocos metros de la mediocridad propia de todo producto segundón adscrito al género de mis amores. 
La movida comienza con un sacrificio humano que recuerda algo al inicio del clásico de Mario Bava "La máscara del demonio" ya que, como aquella, el sacrificado recibe por parte de un encapuchado culto religioso una máscara con pinchacos vía mazazo. Pasado ello, nos encontramos con los protas de la historia, dos ambiciosas periodistas y el ex-novio fotógrafo de una de ellas (el único rostro reconocible de la función, Aaron Ashmore, al que has visto en "The Thaw" y unas cuantas series), que haciendo oídos sordos a las demandas de su jefe, deciden encontrar al chaval sacrificado/desaparecido. La última vez que se le vio, fue de viaje por la vieja Europa... y ya sabéis cómo las gastamos aquí, que nos pone eso de secuestrar y torturar jovencitos americanos. Sin embargo, cuando todo parece que va a perderse por esos derroteros, entra en la ecucación una misteriosa niebla y una no menos misteriosa estatua demoníaca que pondrán la guinda al pastel. El trio heróico es capturado por el culto del principio... una de ellas la palma, pero dos consiguen escapar. Y es aquí donde la peli se reserva alguna sorpresilla jugosa y bastante divertida que, sin ser la repanocha, y ni convertir a "The Shrine" en un peliculón, impide que te quedes sopa.
De producción Canadiense, viene dirigida por un señor llamado Jon Knautz en cuyo curriculum encontramos una cosilla tan simpática como es "Jack Brooks: Cazador de Monstruos", lo que hace más comprensivo que "The Shrine" no sea después de todo una absoluta caca.
Visible.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

DETRAS DE LA PUERTA

Siendo justos, hoy no debería hablarles de esta película. La vi ayer noche y me aburrí bastante. Sin embargo, la muy jodía arrastra consigo una serie de características lo suficientemente extrañas y curiosas como para motivarme a escribir esto. De entrada, su carátula... la que tienen aquí al lado es la misma -salvo por el idioma- que la Española... y ante un dibujazo así, ¿quién puede resistirse?. Una vez la adquieres, el primer susto gordo es descubrir el nombre de su productor, el legendario Ovidio G. Assonitis, responsable (como producer, pero a veces también como director) de tochitos tan reconocibles como "Piraña 2: los vampiros del mar", "Tentáculos" o "Poder maléfico". Justamente, esta última, un oportunista remedo -como casi todo lo que hacía Assonitis- de "El Exorcista", es más conocida por su título británico, "Beyond the door". Su éxito esputó un "Beyond the door 2" y un "Beyond the door 3". La coña es que la primera de ellas era en realidad el -aburrido- "Shock" de Mario Bava y la segunda esta de la que hablamos a continuación. Evidentemente ninguna tiene relación alguna, ni entre sí ni respecto al film original... pero vamos, no hay que ofenderse por semejante jugarreta, es algo muy común en el "exploitation", como ocurrió con la saga "Curse" , cuyo título de partida llevaba también el sello Assonitis.
Un grupo de estudiantes americanos parten para Yugoslavia -creo- a hacer culturilla. Lo que no saben es que la chica rara de la panda está destinada a convertirse en la esposa del príncipe de las tinieblas... y nada ni nadie podrá evitarlo. A menos, claro está, que aparezca un santo y se la folle antes... ya que la chica es virgin. Acuden a una aldea en la que casi son aniquilados. En su huída subirán a un tren que, automáticamente, quedará maldito. El fin es llegar a su destino, donde la esperan el demonio y cía.
"Beyond the door 3" es una co-producción del año 1989 entre Italia, Yugoslavia y Estados Unidos. El título "real" por el que más se la conoce es "Amok Train". Se trata de un atípico cruce entre peli de terror y peli de catástrofes. Entre "La Profecía" e "Imparable". Más de la mitad de su metraje se desarrolla en un tren desbocado que los pasajeros y las autoridades se esfuerzan en parar, sin éxito. Claro que esto no es lo único que hace el transporte... en mi escena favorita, se sale a voluntad de las vías para adentrarse en un lago, atropellar a una pareja que va en barca, y encarrilarse de nuevo para continuar el viaje. Alucinante.
También de alucinante podemos calificar el nivel de gore del film. Casi todas las muertes se desarrollan en plan "La Profecía" o "Destino Final", es decir, supuestos accidentes en realidad ocasionados por la intervención del maléfico. Y todos ellos resultan jugosamente sangrientos y truculentos, con decapitaciones, cuerpos partidos por la mitad y empalamientos. Cuando no, presenciamos a una churri que expulsa gusanos por la boca y se arranca la piel. Todo ello bastante bien facturado para lo que es la peli... aunque a ratos los cuerpos mutilados apesten a maniquí. El resto de efectos, los del tren descarrilando o chocando contra otros vehículos y transportes, tiran de maqueta y son algo cutres, pero con su sutil gracejo.
Ya os digo, en realidad la peli es aburrida... lo que pasa es que cada vez que hay una sangrienta muerte, te despiertas. Así vas soportando la jugada hasta que termina. A nivel estético-formal está bastante bien hecha. Y por ahí pulula un Bo Svenson haciendo de siervo del diablo.
En fin... solo recomendable para adictos a la truculencia simpática.


Mi visionado previo fue "Mega Python vs. Gatoroid", popular producción Asylum con Mary "Cementerio Viviente" Lambert a los mandos. Esta peli arrastra consigo el estatus de ser más entretenida y simpática que la mayoría de insufribles tochazos del asilo. Bien, en realidad la única diferencia es que para la ocasión tiraron más del elemento comedia, pero por lo demás, sigue siendo la tiiiiiiipica mierda insufrible de "The Asylum", incluidos sus efectos especiales horribilis y ese look frío y deprimente que les caracteriza. Vamos, que no pude con ella y acabé tirando de "fast forward". Una ñorda inmensa. Sin más.

martes, 27 de julio de 2010

SPLICE: EXPERIMENTO MORTAL

El problema de Vincenzo "Cube" Natali es el mismo que tienen Sam Raimi, John McNaughton o, ¿por qué no?, Mario Bava. Sus óperas primas pusieron el listón tan arriba que durante el resto de sus carreras nunca lograron (o están logrando) ya no superarlas, ni tan siquiera igualarlas.
"Splice" narra la historia de una pareja de científicos que, pasando de toda moralidad y ley que valga, deciden crear un ser -más o menos- humano genéticamente. Al principio todo va bien pero, poco a poco, y como era de esperar, las cosas se irán poniendo feas.
Hay dos modos de tratar un argumento de este calibre, a lo "Syfy Channel" o a lo "serio". Natali apuesta por esto segundo, basándose sobre todo en los dos personajes protas (muy bien interpretados por sus respectivos actores) sin escatimar momentos de género puro, reforzados por unos efectos especiales casi perfectos. No es que haya mucho miedito, muchos sustos o mucha sangre... que va, en eso la peli es comedida, pero sabe crear cierto suspense, sobre todo de tipo psicológico. Es decir, más que explotar cómo la creación de esta criatura afecta a su entorno, se centra en cómo lo hace emocionalmente en los dos protas que, poco a poco, y lógicamente, se van quebrando.
Si uno de los temas de "Splice" es los peligros de jugar con la genética, el otro se centra en cómo los hombres nos convertimos en petimetres delante de una mujer / vagina, respondiendo a todos sus deseos / caprichos a pesar de que sepamos que la estamos cagando.
Pues na, que está potable, se aguanta bien, está decentemente facturada y, aunque el final es un tanto convencional / previsible, la cosa termina llevándose un aprobado... justo, pero aprobado.

miércoles, 8 de mayo de 2013

VIERNES 13

Hay películas que tienen un peso histórico dentro de los parámetros de su género. Marcan un antes y un después. Pero también es bien cierto que algunas de ellas no resisten el paso del tiempo y, vistas hoy día, pierden. Eso es exactamente lo que me pasa con "La noche de los muertos vivientes" original, por ejemplo. Y con el primer y genuino "Viernes 13", también. A la hora de reseñar y/o comentar un film de esta clase, ¿qué haces?, ¿tienes en cuenta su pesado curriculum o te dejas de pamplinas y opinas libremente, sin condicionantes?. 
Últimamente paso las horas muertas releyendo un estupendo tochito que les recomiendo a todos ustedes, "Making Friday the 13th, the legend of camp blood", según las artes del Sr.David Grove (estupendo salvo por algún descuido). Es el segundo libro dedicado al universo "viernestreciano" que tengo en mis sagrados estantes. Y es que da la casualidad que soy fiel seguidor de la franquicia y tengo a su indiscutible protagonista, "Jason Voorhees", como uno de mis personajes de ficción predilectos. Son varios los muñecotes del interfecto los que adornan mi refugio, destacando el que luce junto a la tele, de palmo y medio y con el vestuario hecho de tela auténtica. Un regalo de mi primera ex.
De hecho, soy de los que opinan que la saga "Viernes 13" se puso realmente interesante a partir de la segunda entrega, es decir, cuando "Jason" se convierte en el protagonista. Pensamiento este más generalizado de lo que cabría esperar pero no compartido con muchos de los puristas. Y oigan, les entiendo, claro que sí. El primer "Viernes 13" era la "seria" del pack, la que lucía crímenes bien sangrientos y que -se supone- daba verdadero miedo. También es la que se parió desde la independencia, sin intrusión por parte de ningún estudio. Vamos, muy deudora del espíritu libre y transgresor de los 70. El caso es que comprendiendo todas estas razones, sigo pensando que el "Viernes 13" original, el de Sean S. Cunningham, es un tostón. Ayer noche la revisé, impulsado por la lectura del mentado libro, y así pude corroborarlo a pesar de su siempre fascinante "look" semi-setentero a base de grano y proto-realismo.

Por desgracia no es una aprecicación reciente, viene de lejos. Ya conté aquí en una ocasión lo especial que fue el día que la vi por primera vez. Emocionado, me senté frente al televisor, puse el vídeo a grabar y.... errr, me dormí como una marsopa. ¡¡Menudo rollazo!!. Lo más traumático de todo fue descubrir que el de la máscara de hockey ni tan siquiera aparecía. Bueno sí, un poco, pero no con el aspecto de las espectaculares fotos que hasta entonces había visto en el "Fotogramas" o en las mismas caratulas de las consiguientes secuelas que descansaban en los estantes del vídeo club y que tanto me fascinaban a la par que atemorizaban. Francamente, lo único bueno que para mi tuvo "Viernes 13" fue que me animó a alquilar todas las continuaciones y, ahí sí, comenzó a forjarse el mito.
El botón de "start" lo apretó "Psicosis". Luego vino el "giallo". Y "Bahía de sangre". Apareció "La noche de Halloween" que se llevó unos méritos que, después de todo, tal vez no merecía, porque antes estuvieron "Noche silenciosa, noche sangrienta" y, muy especialmente, "Navidades negras". Sin embargo, Sean S. Cunningham, que siempre fue un hombre de negocios desesperado por lograr un "hit" al que, digámoslo claramente, el género del terror le importaba tres pimientos (como al 95% de los cineastas que han parido algunos de los clásicos modernos), prefirió fijarse en el film de John Carpenter y, sobre todo, su tremendo éxito. Hay quien dice que también tomó buena nota de la peli de Mario Bava, lo que es muy posible. En todo caso, y sin quererlo, Cunningham sentó las bases de la consiguiente fiebre "slasher" gracias a que su pequeña y sucia peliculita fue un bombazo, un fenómeno social no exento de cierta polémica. Aportó tres cosas al firmamento del psycho-killer enmascarado que hasta entonces nadie había tenido en cuenta, un campamento veraniego como emplazamiento, la venganza como motivador del asesino y, sobre todo, el gore. No todos los "slashers" que le siguieron tomaron nota de esto último (ahí tenéis "Examen Final" y "Prom Night", por ejemplo), pero los que sí lo hicieron, son los que acabaron dejando huella, como "La quema" o "El Mutilador". Y es que es esto último, los truculentos trucajes escalofriantemente realistas de un Tom Savini en plena forma, lo único que realmente mola de "Viernes 13". Así de sencillo y así de cierto. 
Si te pones en el lugar de aquellos que acudieron a verla en su estreno, puedes comprender perfectamente el impacto que tendría. Envidias su posición. Su suerte. Imagínatelo, sería la leche asistir virgen a una proyección de "Viernes 13". Pero si lo miras hoy día, con toda la retahíla de imitaciones, copias, tributos, homenajes y, sobre todo, secuelas, la peli fundacional de Sean S. Cunningham es un puto rollazo tremendo repleto de momentos involuntariamente contemplativos. Es decir, un montón de material muerto que no sirve para nada más que pasar el rato hasta el siguiente asesinato. Esto es lo que ofendió a muchos críticos de la época, la estructura casi-porno de la película. "La noche de Halloween", o incluso "Navidades negras", aún contaban algo de interés entre crimen y crimen. Pero "Viernes 13", ¿qué?, larguísimas escenas de peña preparándose un café... paseando por el bosque... hablando de gilipolleces... paseando por el bosque (¡esta ya la has dicho!), etc, etc... la nada más absoluta. Y no me vengan con el cuento de la atmósfera o el suspense, porque NO LO HAY. Cunningham es incapaz de crear nada de todo eso, únicamente se le da bien rellenar metraje e inmortalizar los esfuerzos creativos de Savini. That´s all (bueno joder, y la estupenda partitura de Manfredini).
Hey, y me sabe mal hablar así... pero es lo que pienso. Ayer noche le di una oportunidad esperando cambiar de parecer, esperando aprender a apreciarla. Pero no. Hoy me levanto y digo más seguro que nunca aquello de: Sí, la primera es la primera, pero la franquicia no se puso realmente interesante y divertida hasta que el hijo de la Sra.Voorhees agarró los mandos. Y Michael Bay lo sabía cuando produjo el remake, que para algo limita el contenido de la peli de Cunningham a los 15 minutos del prólogo. Tio listo.

domingo, 23 de enero de 2011

EL DEVORADOR DEL OCEANO

Cuando era chaval, esta peli me llevó loco durante un tiempo. Había leído sobre ella en algún "Mad Movies" donde la ponían a bajar de un burro, y destacaban burlonamente el aspecto de su criatura submarina porque, decían, ¡parecía la versión hardcore del Pacman!. Sabía que su director era Lamberto Bava, y que cuando rodaba pelis no estrictamente de terror, usaba el pseudónimo de John Old Jr. (simpática coña esta dado que su respetado padre, Mario, usaba el de John Old), como ya hiciera con "Blastfighter". El día que la localicé en un video-club cortesía de José Frade (entonces usaba cajas rojas más pequeñas, formato este que también lucía "Descanse en piezas") se me cayeron las pelotas al suelo cuando en tareas de dirección no estaba ni Lamberto, ni John... sino Martin Dolman. ¡¿Martin Dolman?!, ¿pero ese no es Sergio Martino?. Las cosas no cuadraban. Obviamente, en aquellos lejanos times no conocía la especialidad del sello Frade en meter la pata de esta y de otras maneras. Pero hoy sí puedo asegurarles de que este "El devorador del oceano" lo firma Lamberto Bava/John Old Jr. (básicamente porque lo pone en los créditos, nos ha jodido) y que Martino/Dolman comparte tareas de idea/guión con otros monstruos del cine popular italiano de los 80 como Luigi Cozzi/Lewis Coates o Dardano Sacchetti. ¡Que maravilla!... es decir, a priori, porque "El devorador del oceano" no es ni por asomo el más interesante trabajo de ninguno de estos estetas. ¿El peor?, nah, tampoco (de hecho, de Bava hijo hay cosas mucho más horripilantes, como "Disturbios en el cementerio" sin ir más lejos).
Aquí no hay truco: Un monstruo tremebundo (que sí, se parece a Pacman) ataca a bañistas e incautos en el típico pueblo costero de turno. La experta de turno, con ayuda del experto de turno, deciden unir fuerzas para pararle los pies... o los tentáculos, sin saber que hay "algo más" oculto tras el bichejo.
En fin, pues rutina pura. Genuina escuela del exploit italiano con sus pros y contras (algo parecido a lo que ocurre con "Destroyer"). Hay que decir que en el Imdb muchos merluzos se ceban excesivamente con esta peli. Yo no creo que sea TAN mala. A decir verdad, casi la prefiero a los productos actuales de engendros marinos producidos por Syfy Channel o Asylum. sobre todo el monstruo, que tiene su gracia y hasta da el pego en algunos momentos (por cierto, muy feos esos primeros planos de un pulpo real retorciéndose ante el efecto de las llamas, ¡¡que hijosdeputa estos fetuccini!!). Es verdad que el montaje resulta algo atolondrado y que muchas secuencias terminan abruptamente, como si aún les quedara algo más que mostrar. Pero no se hagan ilusiones, no creo que sea ni sexo (que no hay ni gota) ni violencia (que sí hay, pero poca y sobre todo recogida en la parte final, con alguna sutil dosis de gore), simplemente estamos hablando de cine de bajo presupuesto de los 80 con un corazón amplia y genuinamente italoparlante!.

martes, 28 de junio de 2011

GIALLO

Que el Sr.Dario Argento lleva años sin atinar, es un hecho bien reconocido y demostrado. El otrora rey del terror italiano hace tiempo que nos decepciona y/o tortura con los más notables ñordos (empezando por el primero de ellos, "El fantasma de la opera"). Cuando no son cacas insufribles, el colega se escuda en el "gore porque sí" para entusiasmar a esos panolis que habitan el fandom a los que, cual perro con hueso, se les contenta mediante una tripa o un hachazo en primer plano. Todos ellos, y algunos de nosotros, han olvidado que en la buena época, el abuso de truculencia de Argento no era su único mérito, tampoco su único atractivo, disponía de un lenguaje visual muy propio y reconocible (bueno, vale, en parte prestado de Mario Bava) e incluso un modo, a veces zopenco pero inconfundible, de mandar la lógica al traste. Hace lustros que el italiano no nos sorprende -para bien- con nada... aunque, muy de vez en cuando, aún es capaz de parir peliculillas que, sin ser nada del otro Jueves, por lo menos resultan soportables y, hasta en el mejor de los casos, potables. Pasó con "Insomnio", pasó con "La madre del mal", pasó con sus aportaciones a "Masters of horror" y ha pasado con "Giallo".
Ayer noche la vi esperando lo peor, y aún hoy me pregunto "¿Por qué tanta crueldad con ella por parte de unos y otros?". Vale, lo de Adrien Brody no cuenta. Eso tiene una explicación (no oficial, pero a mi me mola creer que es la auténtica). En aquellos tiempos el actor estaba liado con nuestra Elsa Pataky y todo apunta que cuando esta fue contratada para actuar en la película, convenciera a Brody -no me pregunten cómo- para que la protagonizara. Ya sabemos cuánto tiran dos tetas, más que dos... perdón, mil carretas. El actor se metió de lleno en el negocio (figura incluso como co-productor) y... en fin, ¿cómo sigue el culebrón?, pues que hoy día Brody y la Pataky ya no son pareja (se dice que rompieron justo después de "Giallo") y él puso una demanda a los otros productores para que el film resultante no se estrenara en USA y, así, no mancillar su "envidiable" curriculum. Bueno... pues lo dicho, con tanta mala prensa, y lo patoso que últimamente andaba Dario, me esperaba un auténtico estropicio sin nombre... y no, no lo es.
Un asesino con la piel de color amarillo (de ahí el ingenioso título, con el que Argento manda un guiño al afamado y añorado subgénero inconfundiblemente italiano que él mismo popularizó) secuestra a una modelo con intención de desfigurarla. Su hermana y un efectivo pero desencantado poli, harán todo lo posible para dar con ella antes del momento fatal (y no hay historia de amor, lo que se agradece mucho).
Está claro que "Giallo" no es una obra maestra, y ni está a altura de los mejores tiempos de Argento (ni los mejores, ni los regulares). De hecho, ni tan siquiera parece dirigida por él... vamos, la podría haber firmado Perico de los Palotes y nos lo creíamos. Sin embargo, tampoco es una basura. "El fantasma de la opera", "El jugador" o "¿Te gusta Hitchcock?" son muchísimo peores. "Giallo" se desarrolla de un modo tan lineal, tan a,b y c, tan simple, que funciona. Digamos que, al contrario de lo habitual en Dario Argento, todo avanza según la lógica más absoluta. Te pasas la peli esperando el "punch" que jamás llega y cuando termina, pues bueno, resulta que el viaje ha sido tranquilo, sin excesivas estridencias, relajado (casi todo el mundo en esta peli habla entre susurros), con la truculencia justa (gore hay, aunque poco) y algún momento entrañablemente risible (el asesino parece el primo más feo y más tonto de "Rambo"), pero lo dicho, sin malos rollos ni un regusto demasiado amargo.
Puede verse perfectamente, entretiene lo justo y... en fin, ¡¡que no hay quien entienda a la peña!! (empezando por Adrien Brody, claro).

jueves, 26 de septiembre de 2013

EN EL OESTE SE PUEDE HACER... AMIGO

Conscientes ya del éxito que tenían tanto Terence como Bud juntos o por separado, y ya con el estilo característico de mamporros y humor, se explota aquí otra formula que sería exitosa dentro de las películas de estos dos; la de juntar a Spencer con un niño. En “Zapatones” o “El Sheriff y el pequeño extraterrestre” así fue o con un adolescente en “Aladino”, pero el precedente es esta divertidísima “En el Oeste se puede hacer… amigo”. Aquí, al niño repelente que va con Bud no le gana ningún otro. Renato Cestié, visto más de pequeño todavía en “Bahia de Sangre” de Mario Bava,  da vida a Chip, el joven que tras morir su tío es semi-adoptado por el  bueno de Coburn (Bud Spencer), cuando de casualidad estos le salvan la vida. Por otro lado tenemos a Sonny (inmenso Jack Palance), que convencido de que Coburn ha desvirgado a su hermana, le persigue por todo el Oeste con el fin de, primero, hacerle esposar con ella, y matarle por deshonrarla de segundas.
De mientras el Sheriff-Reverendo del pueblo (Paco Rabal, aún prestigioso, adscrito a los géneros hasta el fin de sus días), chantajea a Coburn y a Chip, porque quiere quedarse con las tierras del muchacho que, intuimos, valen más de lo que ofrece por ellas.
En co-producción con España –el magnífico guión es nada menos que de Rafael Azcona, firmando, no obstante, como “Raphael” Azcona-  nos enfrentamos a un muy divertidísimo “Spaghetti Western” donde la verborrea juega un papel vital en la trama, ya que, por el contrario a muchas producciones similares, su humor se aleja notablemente del “slapstick” habitual en favor de unos diálogos, contra todo pronóstico, brillantes, sin dejar de lado, por supuesto, las cada vez más famosas hostias del Spencer ( ¡¡Esa mano abierta!!).
Nunca Bud Spencer había estado tan bien en otra película, ni tan Bud Spencer (jamás, si exceptuamos alguna de sus películas de ultima hornada o aquellos telefilmes de “Big Man”, dejó de interpretar su propio estereotipo). Sin embargo, la presencia de un decadente y, sin embargo en estado de gracia –está graciosísimo- Jack Palance, le hace una sombra terrible, convirtiéndose Palance, sin duda, en lo mejor de la película.
Paco Rabal, con tremendo sentido del humor, haciendo de malo de la función y a la vez, de caricato, cumple mucho mejor que en sus películas prestigiosas, e incluso, llegas a partirte el culo con sus apariciones.
En definitiva, una de las mejores comedias del Oeste italianas de las que llevo vistas.
Dirige Mauricio Lucidi, quien, al igual que Jess Franco en España se encargó de montar “Don Quijote de Orson Welles”, él lo montó en su versión Italiana.

miércoles, 18 de julio de 2007

RE-ANIMATOR

Llevo varios días con la intención de actualizar este blog hablando de alguna película curiosa, extraña y oscura, pero últimamente no hago más que tragarme mierda insufrible que no me dice nada y únicamente me aburre hasta la desesperación. Ayer, cansado de tanta basura, le propuse a mi pareja desembolsar el recién adquirido dvd de "Re-Animator" y verla. Joder, amigos, como cambian las cosas cuando una película es buena... o, en este caso, cojonuda.
¿Y que puedo decir yo de "Re-Animator" que no se haya dicho ya?, pues básicamente mi punto de vista al respecto, que para eso existen los blogs personales y los fanzines. "Re-Animator" entra en la misma categoría que "Posesión Infernal", "La matanza de Texas" o "Pesadilla en Elm Street", el del clásico moderno que demuestra incluso a los críticos más sesudos que el horror puede aportar grandes títulos. Ese típico film oscuro y desconocido que sale de la nada, y sorprende hasta al más pintado, dejando una huella indeleble en la historia del séptimo arte, versión pringosa. De esas hay pocas, pero cuando aparecen, todo se pone patas para arriba.
Ya conocéis la cantinela: Adaptación muy sui géneris de los relatos de H.P.Lovecraft dedicados a narrar las desventuras de su científico loco particular, Herbert West, en la que éste se lía a reanimar toda clase de seres vivos engatusando para ello al médico más prometedor del hospital de turno, y llenar este de sangre y más cadáveres. Todo orquestado con mucho sentido del humor (voluntario, of course) y toneladas de higadillos.
En su momento "Re-Animator" era el no va más del gore, la típica película sangrienta que se infiltra entre las carteleras más mainstream y pilla a todos con la guardia baja. Genuinamente transgresora, sorprenden sobre todo las secuencias de sexo aberrante, ya tan famosas, en las que la cabeza del Dr.Hill lame sin compasión el cuerpo desnudo de Barbara Crampton (que a partir de ese momento, pasó a formar parte del sagrado panteón de las scream queens), incluido grotesco intento de cunnilingus totalmente antológico. No es un gore realmente desagradable, está más cerca de la caricatura de un "Braindead" (que no en vano, es el homenaje personal de Peter Jackson a "Re-Animator" y otros films de parecido calibre) que del rollo insano de un, digamos, "Hostel".... y para los tiempos que corren, la cantidad no es tan excesiva como nos lo pareció a los que la vimos en los sagrados años 80.
"Re-Animator" posee una estructura narrativa envidiable, un ritmo acelerado y la duración justa (menos de 90 minutos) para que resulte vibrante, divertida y muy entretenida. También hace gala de su pátina de originalidad, el humor negro no era entonces tan recurrente en el horror, y la historia casi de culebrón romántico entrelazada con las cuantiosas dosis de gran guiñol eran hasta cierto punto innovadoras. No está muy claro QUÉ tiene "Re-Animator" para ser un film tan eficaz, pero lo tiene, y si no, echar un ojo a las secuelas que siguieron ayuda a entenderlo.
Brian Yuzna es a "Re-Animator" lo que John Russo a "La noche de los muertos vivientes", la rémora que, sí, puso su grano de arena en la confección del original, pero que desde entonces no ha hecho más que vivir del cuento exprimiendo una obra que, en esencia, no le pertenece y cuya paternidad suele atribuirle erróneamente la prensa indocumentada. ¡Falso!, el verdadero genio tras "Re-Animator" es Stuart Gordon que, como Mario Bava, dejó el listón de su carrera demasiado alto, y nunca supo igualarlo, aunque aún rodaría algunos films más altamente recomendables, como "From Beyond", "Dolls", "Fortaleza Infernal" o "King of the Ants".
Yuzna se encargó de estropear la saga dirigiendo "La novia de Re-Animator" y "Beyond Re-Animator", dos pestiños horribles, aburridos, gratuitos y sin gracia alguna... y encima, en el caso de la que hace tres, con Elsa Pataki (BUARGH!) y Santiago Segura (RE-BUARGH!)
Otro rostro inseparable de la saga es Jeffrey Combs, el inquietante Herbert West, que desde entonces no ha hecho más que interpretar el mismo papel, pero que, como Bruce Campbell, y siendo ambos actores limitaditos, caen en gracia por su ineludible parentesco con el género que más nos gusta.
"Re-Animator" es, en resumen, un absoluto clásico moderno, una película de esas que surgen casi de forma milagrosa y que uno nunca se cansa de ver, lastimándose porque "Ya no se hacen como esta" y recordando que ser fan del género del terror es un camino duro y difícil pero que. a veces, la recompensa a tanta paciencia bien merece la pena.

sábado, 31 de diciembre de 2016

EL FANTASMA DE LA OPERA DE DARIO ARGENTO

He contado la siguiente anécdota un porrón de veces. Puede que incluso lo haya hecho por estos lares. Pero, dadas las circunstancias, es del todo necesario que recurra de nuevo a ella. Festival de Sitges, 1999. Dario Argento viene en persona a presentar su nueva película, una versión muy suya del clásico de Gastón Leroux "El fantasma de la ópera". Son los tiempos en los que tengo gran respeto por el cineasta Italiano, así que acudo genuinamente interesado.
Arranca la película y poco a poco me voy dando cuenta de que... en fin, muy buena no es. De hecho, hacia la mitad el público presente comienza a descojonarse de risa. Y no en las afortunadamente escasas escenas de comedia voluntaria, sino en los momentos más románticos y dramáticos. ¡Pero bueno!, ¿cómo se atreven?, ¡¡que es Dario Argento!!. Indignado sigo viéndola... y no, no mejora. Nada. Finalmente acepto lo que hay y me dejo llevar por la corriente. Vamos, que yo también empiezo a descojonarme de ella. Y así hasta el final.
Luego, acudo a la rueda de prensa en la que Dario suelta las mil monsergas cultas de rigor sobre los clásicos, el arte, etc. Incluso osa referirse a sí mismo en tercera persona, como toda una etiqueta y se sitúa junto a Mario Bava. Vaya, pienso, el amigo no necesita abuela. Más que "El fantasma de la ópera de Dario Argento", igual debería haberse titulado "El fantasma... de Dario Argento".
Desde entonces había evitado revisarla de nuevo, consciente de que, probablemente, sea esta la peli que marcó el inicio de su extensa decadencia (si dejamos de lado las notables aportaciones que hizo para la serie "Masters of Horror"). Pero el otro día leí algo sobre ella, me dieron ganas de verla y... bueno, aquí estoy, tecleando.
¿La trama?, ya saben, la puñetera historia de "El fantasma de la opera" solo que contada por el delirante director de "Suspiria", "Tenebre" o "Phenomena" (la peli, no el desafortunado evento). No he leído el original de Leroux, así que desconozco qué es cosa suya y qué del italiano. Aunque puedo hacerme una idea. Aquí el fantasma no es un músico con la cara desfigurada, sino un bebé abandonado y criado por ratas de alcantarilla (quienes se tomaron la molestia de enseñarle a hablar con pomposa perfección) que, por algún misterioso designio, adquiere fuerza casi sobrenatural. Hasta que le vemos con el aspecto de Julian Sands, pensamos que teniendo en cuenta lo que hace a sus víctimas (partirlas por la mitad o lanzarlas por los aires) debe de ser un monstruo horrible. Pues no. En realidad es un tipo sensible y romántico por el que las chicas se vuelven locas, a pesar de que sea tan bruto, mantenga una relación zoofílica con los roedores y mate con tanta facilidad a personas inocentes. Salvo en el caso de la niña acosada por un pederasta. Aquí es este último el que acaba con el cuello rebanado en una de las escenas más regocijantes de la peli.
Otros momentos seguramente ausentes en la novela son cuando el fantasma se sienta en un tejado a lo Batman y tiene visiones, destacando una muy grotesca con un montón de hombres-rata atrapados en una trampa. Aunque quizás la joya de la corona sea esa secuencia ridícula del automóvil caza-roedores digno de "Los Picapiedra".
En una ocasión Sergio Stivaletti, afamado técnico de efectos especiales que para la ocasión -suyos son los de la peli reseñada- se luce bastante, comentaba que si el cine de Argento había perdido tanto fuelle se debía a que el hombre, ya mayor, estaba cansado de terror y quería rodar bonitas historias de amor, solo que no le dejaban. Tampoco es de extrañar si tenemos en cuenta su sentido del romanticismo: cutre, pasteloso y digno de karaoke. Suerte que el tipo es consciente de lo que su audiencia espera de él y a ratos nos deleita con unas agradecidas gotas de buen gore... y de tetas. Tetas como las de la protagonista, su hija, la inevitable Asia Argento que, by the way, actúa con el culo. Ese tan hermoso que tiene. Siempre pone la misma cara, sus reacciones melodramáticas son harto exageradas y no te crees ni por el forro que sea capaz de cantar como los ruiseñores.
Para no ser tan negativos, citar otro buen momento de la peli: La caída sobre el público de la macro-lámpara que cuelga del techo de la ópera. Muy Argento en su sádico detalle. Claro que 24 horas después ya está arreglada, se ha limpiado todo y la gente no tiene ningún reparo en volver al recinto como si nada. ¡Qué eficientes y osados eran en el siglo XIX!.
A pesar de mi sarcasmo, y de que toda la parte romántica y pseudo-erótica me sigue resultando absolutamente penosa, no encontré "El fantasma de la opera de Dario Argento" TAN mala como la recordaba. Dejémosla en un poco triste pero con sus momentos majos.
De hecho, Argento haría después cosas aún peores... por increíble que parezca. Así que, quien no se consuela es porque no quiere.

sábado, 9 de febrero de 2019

SESIÓN DOBLE : LEATHERFACE + PESADILLAS

LEATHERFACE : Alexandre Bustillo y Julien Maury alcanzaron cierto renombre tras su más que potente primera película, "Al Interior". Pero ya saben lo que pasa cuando despegas tan arriba, que lo que viene después, por norma general, es todo caída libre. Y, también por norma general, rara vez se consigue igualar ese iniciático gran momento. Le ha pasado a Mario Bava, a Sam Raimi, a Stuart Gordon y a unos cuantos más. Bien, añadan a la pareja de gabachos en esta lista, porque sus siguientes aportaciones no solo no molaban tanto, es que resultaban bastante decepcionantes. Y mucho me temo que este "Leatherface" es, en ese sentido, una más.
Tras casi lograr reconducir las riendas de la franquicia "Hellraiser", Bustillo y Maury dan por fin su ansiado paso al cine Hollywoodiense con esta pre-cuela de la secuela del remake de "La matanza de Texas". ¿La adolescencia de "Cara de cuero"?, ¿y a quién demonios le importa?, ¿no han pensado que haciendo algo así se cepillan por completo la gracia del personaje?. La idea daba grima y, por desgracia, una vez vista puedo afirmar aquello de "¡cuánta razón tenía!".
"Leatherface" narra una especie de historia a lo "Bonnie and Clyde" con una panda de criminales jovenzuelos sembrando el terror en la norteamérica profunda. Uno de ellos, el que menos te esperas, y al que menos le pega, acabará convertido en "Leatherface". Asistir al proceso se supone que es parte de la coña. Y está contado de la manera más anodina. No hay suspense, no hay miedo, no hay inquietud. Bien rebañado en ese gore limpio y bonito tan típicamente mainstream y que era, por triste que suene, lo que justificaba la elección de sus directores. Al final, ni es todo lo truculenta que la pintan (de hecho, hay una escena de necrofilia tan desesperadamente transgresora que termina resultando incluso ridícula) ni consiguen que los devotos del género quedemos cegados ante las ingentes cantidades de líquido rojo. No nos vendemos tan fácilmente, amigos (tampoco deja de resultar irónico recordar que el film padre, el original de Tobe Hooper, lograba ser efectivo sin mostrar prácticamente ni una gota de sangre).
Mala y muy prescindible. "Leatherface" confirma lo poco recomendable que es seguir manoseando y mancillando a los clásicos modernos del cine fantástico. Que los dejen en paz de una puñetera vez. Únicamente logran empañar los curriculums de los grandes títulos (de terror o no) que pusieron color a nuestras adolescencias.
PESADILLAS : Originalmente concebida como serie de televisión, pero finalmente trasladada a la gran pantalla al considerarse "demasiado intensa", "Pesadillas" es una de aquellas películas que si no veías en los estantes de todos los video-clubs a los que acudías, es que no eran buenos video-clubs. Se trata de una antología compuesta por cuatro historias, sin ningún nexo de unión salvo pertenecer todas ellas al género que más nos gusta. La primera narra las desventuras de una mujer que sale de noche a por tabaco justo cuando un asesino muy peligroso ha escapado del sanatorio. La verdad es que es bastante sosita y el suspense no abunda tanto como se pretende, pero ni ofende ni molesta. En un momento dado me pareció ver en un papel muy fugaz, pero determinante, a Lee Ving, cantante del famoso grupo punk-pose "Fear" y actor ocasional. Intentaba aún discernir al respecto cuando comienza la segunda historia y, ¿qué es lo que se oye en la banda sonora?, ¡una canción de "Fear"!. ¿Casualidad?, pues no, porque efectivamente Ving era el tipo al que creía haber visto escasos minutos antes.
Dicha canción da inicio a la mejor historia del pack. En ella, un punkito aficionado a las máquinas recreativas, y que es todo un experto en lo suyo, vive obsesionado con superar el último nivel de un juego. Ello le llevará a colarse una noche en el salón donde está la máquina y conseguirlo... lo que no se espera son las temibles consecuencias. Este capítulo, además del halo nostálgico propiciado por el tema video-juegos, destaca al incluir varias canciones de bandas punk de la época como los mentados "Fear", "Black Flag" o "Negative Trend". Entrañable.
Habiendo dejado el listón tan arriba, las historias que siguen lo iban a tener complicado. La primera, es decir, la tercera, narra los avatares de un cura que ha perdido la fe y decide pirarse de su iglesia. En la huída topará con una siniestra furgoneta negra que de malas maneras le impide avanzar. Inevitablemente recuerda a "El diablo sobre ruedas" o a "Asesino Invisible", pero a pequeña escala. Está maja.
Cierra el sarao una de rata gigante. La típica familia yankee estupenda comienza a sufrir los desmanes de un enorme roedor que vive oculto entre sus paredes. Hay que reconocer que mientras este no sale y únicamente somos testigos de las consecuencias de sus actos, la peli alcanza niveles de inquietud potables. Sin embargo, es asomar la rata e irse todo un poco a tomar por saco. Primero por la resolución narrativa y segundo por unos bastante penosos efectos visuales. Lástima.
Con todo, el producto se disfruta bastante, ni que sea por su variedad y por todo lo que implica, a nivel estético y formal, el estar hecho en la época que se hizo.
El reparto es una delicia: Emilio Estevez, Lance Henriksen, Richard Masur, Veronica Cartwright, William Sanderson y Albert Hague (uno de los profes de la serie "Fama").
Entre los especialistas localizamos a Byron Quisenberry, director de la infame "Sábado 14 / Scream" (probablemente el slasher más aburrido de la historia).
Los guiones corren a cargo de Christopher Crowe (su nombre va asociado a "Susurros en la oscuridad", "Saigón" o "El último mohicano") y Jeffrey Bloom (director de "Playa Sangrienta").
Dirige el veterano Joseph Sargent ("Pelham 1.2.3." o "Tiburón, la venganza").

miércoles, 20 de marzo de 2024

"CREEPSHOW", A DOS GRADOS DE SEPARACIÓN

Desde los albores de este blog, escribir maravillas con respecto a "Creepshow" ha sido una obsesiva constante. Hasta hartar. Bien, lo que igual desconocen es que el clásico de George A. Romero guarda una serie de conexiones muy particulares con otros asuntos de índole igualmente apasionante, al menos para el que suscribe.
Tan apasionantes como mi otra película favorita (y que cae un puesto por delante de "Creepshow"), "Posesión Infernal". Ambas vienen emparentadas por un mismo nombre, el del agente Irvin Shapiro y, más gracioso aún, un pedazo de tema musical "vintage" de naturaleza "stock". Concretamente "Jazz Traditional - Charleston" de Erik Markman.
Se puede oír en los créditos finales de "Posesión Infernal" (o cuando el personaje de Bruce Campbell corre al sótano a por munición) y en una escena de la de George A. Romero. Mientras aquí tiene toda la lógica del mundo, sonando jukebox mediante junto a otras partituras del mismo periodo, en la previa... ¿por qué? Lo tenemos tan asumido que no vemos extrañeza en ello, ¿decantarse por un tema tan alegre y dicharachero al final de un film de horror tan intenso y más después de ver morir a su héroe? Bien, según se dice por ahí, consciente Sam Raimi de lo crudo, sangriento y oscuro del film, quiso compensarlo finalizando con semejante pieza. Tiene sentido. Sonaba tal que asín...

Habrá quien diga "También las dos películas comparten año de producción". Vale, pero eso creo que es más circunstancial, teniendo en cuenta que “Posesión…” tardó varios en completarse. Todo ello -y la presencia de Shapiro, supongo- permitió que ambas joyas acudiesen al festival de Cannes de aquel año mano con mano, dejando para la posteridad imágenes tan legendarias como las respectivas pancartas promocionales, una al lado de la otra, o la instantánea histórica de Sam y George juntos en el balcón de un hotel de la población franchute. Irrepetible.


Pero no acaba aquí la cosa.
¿Cómo se quedan si les digo que existe otro hilo conector entre "Creepshow" y.... mi héroe, George Kuchar? ¿Y qué tiene ello de extraño? Hombre, lo del clásico de Sam Raimi dispone de cierta lógica por año de producción, género y naturaleza... pero Kuchar pertenece a otro universo, otro nivel -uno más subterráneo-, y por ello la movida se torna exótica y marciana. Eso sí, para nada es una cuestión directa, que los dos Georges se conocieran y fuesen de cañas. En realidad, se debe a una tercera persona, Peggy Ahwesh.
En los ochenta Peggy era una punkilla que, además de ir a conciertos, pillaba una cámara de súper 8 y confeccionaba cortos con los colegas. Algunos de orden seudofeminista (al menos procedía en una época que eran poco comunes, ahora es feminista hasta el anuncio de cocacola). Un día, organiza una serie de proyecciones y, puesto que su hábitat natural resulta ser Pittsburgh, invita al cineasta más relevante del lugar, Don Romero. Se hacen amigos y, para cuando este arranca con "Creepshow", enchufa a la muchacha en funciones de asistente de algunos actores, entre ellos Ed Harris, quien se unió a ella, y su pandi, para terminar bailando pogo en algún concierto punk. Mítico. Ya puestos, fue la niñera de Joe King (hijo de Stephen, el niño del vudú/lector del tebeo y actual reputado escritor de terrores por... ¿cuenta propia?) y ayudó a ensuciar de verde el decorado de "La solitaria muerte de Jordy Verrill". ¡¡Vaya suertuda!!. Si se fijan bien en los títulos de crédito finales, la localizarán con la versión "seria" de su nombre, Margaret. 
Conclusa esta etapa (de la que aprendió tanto como para reconocer la gran influencia que tuvo en su cine el director de "La noche de los muertos vivientes", junto a otros ilustres: Dario Argento, Mario Bava y Lucio Fulci), Peggy, más en consonancia con su naturaleza “underground”, termina metida en los caóticos y alocados rodajes que el gran George Kuchar se marca como profesor en el "San Francisco Art Institute". 
Concretamente, sale caracterizada con un atuendo extravagante -algo muy propio de las Kucharadas- y haciendo el ridículo -algo muy propio de las Kucharadas- en una de las epopeyas más demenciales, extrañas y escatológicas del Maestro, "Evangelust", un palo desalmado a los tele predicadores que Kuchar grabó vídeo mediante a finales de los ochenta a base de caca y vómitos. Ahí va imagen del histórico encuentro...

Paralelamente, Peggy Ahwesh también se dejó ver en algunos video-diarios de Kuchar (concretamente: "Rainy Season", "Return to the House of Pain", "Fill Thy Crack with Whiteness" y "Munchies of Melody Manor"), pero esa es otra historia. En cuanto a su propia carrera, pues siguió pariendo cortos raros, dio el salto a los 16mm, luego al vídeo y finalmente las imágenes generadas por ordenador. Se hizo profa de bellas artes y hoy rula por Vimeo publicado las cosicas que inmortaliza mediante celular. Nada, todo muy aburrido y pretencioso... lo realmente interesante acá era contar su apasionante vínculo directo con sendas apasionantes movidas.
La próxima vez que entren en este blog y se encuentren con la enésima entrada dedicada al clásico de Romero (o al de Raimi), conténganse las ganas de destruir el ordenador. Como ven, hay motivos de sobras para amar a la(s) jodida(s).