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lunes, 25 de mayo de 2015

ESCALOFRÍO

Por fin he podido ver esta película de corte Satánico, de cuando en España se le daba al cine Satánico en consecuencia al éxito que muchas otras películas de esas mismas características provenientes de U.S.A, Inglaterra e incluso Italia, que propiciaba que los mercaderes del cine de género de nuestro país, las rodaran como churros.
No hace falta un percutor que estalle para que yo me ponga a ver una película de género española, pero tenía especial interés en ver esta por dos motivos. Uno, que de siempre he leído que se trata de una película muy mala y dos, que se trata de una producción de Juan Piquer Simón concebida para hacer pasta y es la responsable de que tanto director, Carlos Puerto, como  productor, no se pudieran ni ver en lo sucesivo. Famosas son las declaraciones de ambos. Por un lado, las de Piquer Simón diciendo que tuvo que dirigir muchas escenas el mismo, porque Puerto estaba haciendo una mierda, y por otro, Carlos Puerto diciendo que Piquer Simón le dejó ahí a su suerte con cuatro pesetas, y que se desentendió de la película hasta que la falta de presupuesto no hacía más que dificultar el correcto desarrollo del rodaje; Según esto, Piquer Simón no rodó ni un solo plano.
Sea como fuere, y teniendo en cuenta que toda esta gente del cine de género español mentía más que hablaba, no me creo las declaraciones de ninguno de los dos, y me pongo a ver esta película con fama de mierdosa: Quizás he visto yo demasiadas películas malas como para que mi criterio se vea alterado en según que casos o que yo no sepa ver la paja en ojo ajeno, pero tan, tan, tan mala, “Escalofrío” no es… Es aburrida, tonta, reiterativa y lenta, pero la verdad es que visualmente impacta, los efectos especiales no son tan cutres como he leído por ahí (claro, que quiero dejar bien claro que esta sea, posiblemente, la película rancia de género española por la que más les ha dado por escribir a hipsters, modernitos y soplapollas, que no tienen ni puta idea de nada e igual el baremo que tienen para medir la calidad de los F/X es el mismo que usan para medir la de una producción media de Hollywood… en ese caso, si, se quedaría corta, imbéciles) y lo cierto es que se resuelve la papeleta con cuatro pesetas, solo cinco o seis actores, un perro y, prácticamente, un solo escenario bastante bien. Vamos, que es un presupuesto bajo pero bien aprovechado. De hecho, me parece una película bastante más solvente que otras del mismo pelaje mejor consideradas como pueda ser “Los ritos sexuales del diablo” del sobrevalorado José Ramón Larraz, mucho más torpe y menos modesta.
Una parejita, tras salir de ver “La guerra de las galaxias” del Madrileño cine Roxy B (donde yo he trabajado mogollón de años y hoy, tristemente cerrado) y de tomarse unos piscolabis, cogen su cochecito y advierten que otro coche les sigue. Cuando se paran en los semáforos, ven como los pasajeros de ese otro coche, otra pareja, aunque inquietante,  les miran fijamente. En una de estas que les saludan efusivamente, les hacen bajarse del coche  para decirles que se conocen del colegio, que les da mucha alegría verles  y que les invitan a su casa a comer queso y beber vino. Aún con la desconfianza, nuestra pareja se ira con ellos hasta un gran caserón, donde a parte de tomar el vino y el queso, se ven inmiscuidos en una vorágine de sexo, magia negra, ouijas y descarnado sexo, que traerán consigo funestas consecuencias. Muñecas de porcelana que caminan, rituales Satánicos, sacrificios y mucho, mucho folleteo (y un par de tetas gordas, las de Sandra Alberti, muy apetecibles) harán el resto.
Si quitamos algunos momentos lentos a no poder más y un par de detallitos tontos, lo cierto es que la película está muy bien. La ambientación es la adecuada y entramos en situación fácilmente, amén de sentir algún que otro escalofrío cuando una muñeca de porcelana camina a sus anchas por la casa, además de contar con un final del todo sorprendente, que destrozan luego con un epílogo que, para no destripárselo, diré que es el equivalente al “Todo-a-sido-un-sueño”.
Y siendo la dirección bastante competente, yo no veo por ningún lado la mano de Juan Piquer Simón y si la de Carlos Puerto, que ya había dirigido, ese mismo año,  la que yo considero una de las mejores películas de Paul Naschy, que por otro lado se alejaría del terror, “El Francotirador”, por la que tanto actor y director, sufrieron amenazas de muerte por parte de la ultraderecha, al tratarse la película de un relojero al que un coche oficial le atropella a la hija y en consecuencia, decide matar a Franco.
Luego, sin prodigarse demasiado en la dirección, destacaría su faceta como guionista, trabajando en los libretos de películas tan afamadas como “Viaje al centro de la Tierra”, también de Piquer Simón,  Trauma (Violación Fatal)”, “El curso que amamos a Kim Novak” o “Morir de miedo”o algún que otro episodio de ese “Exploitation” de Espinete y Don Pimpón que era “Los mundos de Yupi”.
En el reparto tenemos las presencias de Ángel Aranda (“Terror en el espacio”, “De Dunkerke a la Víctoria”), Sandra Alberti ( “Niñas… al salón”, “Historia de S”), Marian Karr que se prodigó –y se prodiga- sobretodo en el terreno televisivo, José María Guillén (“Y altercer año… resucitó”, “Gay Club”) y presentándonos la película, a modo de “host” y advirtiéndonos de la realidad que suponen en nuestra sociedad las sectas satánicas el Iker Jiménez de los años setenta y ochenta, el Doctor Fernando Jiménez del Oso que estaba muy de moda en aquellos años (como hoy el Iker) y que, dicen, que su presencia al principio de la película, es la responsable del éxito que supuso en cines esta película, casi un millón de espectadores del año 1978.  También decir, que el propio productor de la cinta, Juanillo Piquer Simón, se monta un cameíto en la misma.
Con todo ese éxito, es una de las películas que permanece inédita en DVD en nuestro país, sin embargo, podemos hacernos con una copia  de importación de la excelente edición que de la misma sacó Pete Tombs en su sello “Mondo Macabro”.
No está mal del todo.

viernes, 23 de mayo de 2014

LA MANSIÓN DE CTHULHU

En general, Juan Piquer Simón no ha hecho más que caquitas. Eso que le quede claro a sus fans. Porque de un buen puñado de películas, solo dos de ellas son más o menos dignas, “Slugs” y “La Grieta”. Y serian más o menos dignas porque parecen "series B" americanas cutrecillas, pero no porque sean grandes películas. Porque si nos ponemos cabezones, la verdad es que no hay ni un solo “maestro del terror” a nivel nacional. Y cuando digo ni uno, me refiero a que el fantástico español en general es una mierda… y es por eso que lo adoro.
Pero en el caso de Piquer Simón, que tanto dinero acumuló con sus películas en las taquillas americanas –aunque solo fuera porque la gente iba a reírse de ellas-  es el caso de una decadencia absoluta. Resulta difícil creer que tras “Slugs” y “La Grieta”, Simón rodara una serie de películas tan, tan, tan malas.  Pasó de ser un director de género aceptable y digno, a ser el puto ñordo hasta que falleció, siendo, probablemente, uno de sus mayores despropósitos este “La Mansión de Cthulhu”  que nos ocupa.
La cosa va de unos macarras que, por tema de cocaína y un asesinato a sus espaldas en un parque de atracciones, acaban raptando a un mago y a su familia durante la huida, y recalando en una mansión en cuyo interior se suceden una serie de fenómenos extraños que darán cuenta de todos y cada uno de ellos.
No hay mucho que decir, la verdad. Una historia lineal con personajes planos que van muriendo a lo largo del metraje. Y si algo salvo de este trocito de mierda blandurria, serían los maquillajes y los f/x, que, simpáticos y artesanales, no causan el efecto que deberían por culpa de una realización del todo incompetente. Y es que Piquer Simón despertaba mis simpatías, pero, a la vista de cualquiera está que era muy limitadito.
Me resulta especialmente graciosa toda la primera parte de la película, puesto que está rodada en el desaparecido parque de atracciones del centro comercial “Parque Sur” en Leganés, lugar este de corta vida y que, con sus cuatro atracciones, y  el estilo de estas, era más parecido a una feria de barriada. No obstante, siendo reconocible todo ello, incluido el gran cartelón de “Norauto” que a principios de los noventa portaba dicho centro comercial, le confiere a la película un tono aún más cutre del que ya de por si tenía, y te llevas las manos a la cabeza cuando descubres que esta película se rodó con la vista más en los USA que en España, y ya te tienes que deshuevar de la risa cuando una de las escenas se sucede justo delante del puesto de perritos calientes que había allí, cuyos carteles de “Hot Dog” estaban en Inglés, para que diera un poquito el pego. Así pues, es muy divertido, también, como el “segurata”, de look totalmente español, se refiere a sus compañeros del parque de atracciones con nombres Ingleses. Tremendo.
Y si bien esta primera parte de la película me hace más o menos gracia, también es verdad que cuando ha de venir lo bueno, cuando el grupito de protagonistas se adentra en la mansión, la cosa se torna soporífera, y el aburrimiento más asesino hace acto de presencia, jodiéndose la diversión. Ni tan siquiera unas muertes, más o menos, burras, salvan la película de la quema. Un horror.
Por otro lado decir que los fans de H.P. Lovecraft en particular, y el fandom en general, ponen en Internet el grito en el cielo porque "Cthulhu" no aparece en todo el metraje... ¡Ja! Como si ese fuese su principal problema. Ignorantes… que no salga el bicho, intuyo, es que porque no había ni una peseta para construirlo.
A nivel comercial, en un principio, tenía que distribuirla en cines “Lauren Films”, pero, conscientes de que esto era un desbarajuste que no solo no les iba a proporcionar dinero, sino que se podían reír de ellos el resto de distribuidores, aplazaron su estreno en salas hasta tal punto que nunca llegó, saliendo directamente en vídeo, y con las copias contadas. No obstante, algún pase con entrada al público se debió dar, ya que los datos del ministerio indican que recaudó 5, 71 € aportados por 5 espectadores. Sería el típico pase para justificar en estreno.
En USA, tuvo similar distribución, pero no le fue mucho mejor que aquí.
El principio de la decadencia de Juan Piquer Simón… ¿o eso fue con “Viaje al centro de la tierra?
En el reparto tenemos a Frank Finlay  que vimos en “Lifeforce” pero que estuvo toda su vida en mierdecillas y series de televisión, Luis Fernando Alvés, que ahora mismo no recuerdo qué programa de "Tele 5" presentaba en los 90,  Frank Braña, que no habla y Emilio Linder, cuya aparición es vista y no vista… le matan a navajazos dentro de una atracción a los tres minutos de arrancar el pestiño.
Insufrible.

viernes, 17 de octubre de 2014

NOSOTROS NO SOMOS ÁNGELES

El “ExploitationItaliano es absolutamente fascinante, descarado y rozando la ilegalidad. No contentos con plagiar todo éxito norteamericano que se les ponía a tiro, también tenían que auto plagiarse  y hacer las versiones de los éxitos autóctonos con la idea de arañar unos cuantos miles de dólares.
Así nace el fenómeno Michael Coby y Paul  Smith o como vulgarmente se les conoce en círculos más o menos especializados “Los clones de Bud Spencer y Terence Hill”.
Obviamente, Bud y Terence lo petaron no solo en Europa, sino que en estados unidos llegaron a tener algo de éxito.
Todo esto nos remite a los años setenta y tras el éxito de “Le llamaban Trinidad”, que a algún despiadado productor Italiano, se le ocurrió plagiar la película y para ello contrató a dos actores que se parecieran a los astros, o al menos, que juntos pudieran crear confusión entre las plateas europeas. Estos fueron  el americano Paul Smith y  el Italiano Michael Coby: el primero sería el sosias de Bud Spencer, y el segundo lo sería de Terence Hill, y si bien es cierto que el primero tiene un gran parecido con Spencer, el segundo, nacido con el nombre de Antonio Cantafora se parecía a Hill únicamente en que era delgado y rubio. Pero efectivamente, juntos daban el pego, y podían pasar por los auténticos ante el espectador más despistado, máxime cuando, al estar rodadas las películas de Bud y Terence en Inglés, eran doblados por los mismos actores que solían doblar a Bud Spencer y Terence Hill en las versiones italianas de sus películas.
Así, el “exploitation” que generó “Le llamaban Trinidad”, pasó a llamarse “Carambola”… y coló, ¡vaya si coló! La película fue lo suficientemente rentable como para generar una secuela  y  tres películas más con esta pareja, hasta que el engaño dejó de ser efectivo.
En España, pasó algo curiosísimo. Se estrenó la película “Carambola” y pasó inadvertida, apenas congregó 30.000 espectadores de los años setenta. Pero la secuela se estrenó con el título de “Les llamaban los hermanos de Trinidad”,  y esta si, congregó cerca de los 700.000 espectadores. Así que se re-estrenó “Carambola” un año después con la premisa de ser “De los creadores de “Les llamaban los hermanos de Trinidad”” y metió en salas 500.000 espectadores más… pero ya la película posterior, que es la que nos ocupa, no logró engañar a nadie y no la vio en cine ni el Tato. Las ultimas, directamente, ni se estrenaron. Quizás en vídeo.
No obstante, y antes de pasar a comentar la película, contaré una anécdota: Resulta que el productor de su última película como clones “Simón y Mateo”, Edward L. Montoro, decidió estrenarla en Estados Unidos bajo el título de “Convoy Buddies”, y para ver si los yankies picaban, borró de los créditos los nombres de nuestros protagonistas, pasando a  rebautizarles como  ¡Bob Spencer y Terrance Hall! Esto cabreó muchísimo a Smith que decía que el nombre era la única identidad de un actor, y denunció a Montoro, ganando el litigio y siendo indemnizado por daños y prejuicios. En consecuencia, se acabó el fenómeno de los clones de Bud Spencer y Terence Hill, siguiendo cada uno de los actores sus carreras por separado. En el caso de Smith, la cosa fue a mejor, ya que, tras hacer una película en solitario como clon de Spencer en Israel –“Si me enfado… lo rompo todo”-, dónde esta particular pareja gozó de mayor éxito, se trasladó a Hollywood, donde se ganó un huequito en el “Star System”, haciendo de Brutus en el “Popeye” de Robert Altman, y haciendo papeles en  “El Expreso de medianoche”, “Dune” e incluso un auto-homenaje en “Maverick” junto  a Mel Gibson, aunque siguió haciendo roñas, incluso en España, donde participó en nuestra “Mil gritos tiene la noche” de Juan Piquer Simón.
Por su parte, Coby, llegó a trabajar con directores como Fellini, Skolomovski o Michael Winner, pero su carrera deambuló por la serie B más feroz apareciendo en films como “Demons II”, “El Jugador” de Argento, y fue  la identidad secreta de “Supersonic Man” de Juan Piquer Simón…. Así  que ¡Ambos trabajaron a las ordenes de Juan Piquer Simón¡ ¿Conocería este estas películas?
Por su parte, “Nosotros no somos ángeles” sería consecuencia del éxito de “También los ángeles comen judías” y en algunos países como Francia, llegó a estrenarse como tercera parte del binomio “Trinidad”, convirtiéndolo en trilogía aunque nada tenía que ver. Aún así, esto tiene algo de sentido porque esta película aprovechaba todos los tópicos del cine de Terence Hill y Bud Spencer; Es decir, se parecía en el póster y en el título a “También losángeles comen judías” y Paul Smith aquí es luchador de lucha libre como lo era Spencer en la que expolia, pero por otro lado, la película transcurre en el lejano Oeste, pero ya con la mecánica instaurada, lo que les permite a nuestros protagonistas, pelearse por la propiedad de un automóvil , como lo hacían Hill y Spencer en “Y si no nos enfadamos”. Vamos, para que el público pique, si no es por un lado, por otro. Huelga decir que en todas sus películas, nuestros actores se peleaban (un tanto chusqueramente) e imitaban gestos y ademanes de Bud y Terence, con el fin de asemejarse lo máximo posible.
“Nosotros no somos ángeles” tiene la trama más confusa y peor explicada de la historia del cine. Vemos a nuestros actores haciéndolo como los otros, pero todo lo demás falla, no solo el entretenimiento (esto es aburridísimo) si no la dirección y la estructura de la película, con lo que nos enteramos de poco, pero la película trata de contar la historia de dos hermanos que, peleándose por un coche Europeo que han comprado, deciden poner una empresa de automóviles en el oeste, donde este  vehículo aún no ha llegado, y donde los republicanos se oponen a tal  progreso, lo que les acarreará un montón de problemas que tendrán que resolver a base de mamporros y buenos sentimientos. Ni que decir tiene, que las peleas de esta película están a años luz de las de las películas de Terence Hill y Bud Spencer. Pero eso es lo grande de todo esto. Con este tipo de películas, es mejor lo que hay detrás que las pelis en si mismas, que siempre son insoportables.
Dirige la película bajo pseudónimo de Frank Kramer, Gianfranco Parolini, artesano italiano como cualquier otro, que firmó cosas como “Los 3 Supermen”,  reputados “Spaghetti Westerns” como “Adiós Sabata” o “Seis balas, una venganza, una oración” y otras marcianadas como "Yeti: el abominable hombre de las nieves" o "El secreto del imperio de los incas".
Ahora vayamos con una de las ediciones videográficas de esta película en nuestro país, y que muy bien podría ir en nuestra sección “Aquellas  carátulas maravillosas”. Porque si en Italia eran expoliadores, aquí en nuestros videoclubes, con tal de que alquiláramos como borregos, hacían con la carátula lo que les salía de los cojones.
Vale que la peli se vende como si fuera de Terence Hill y Bud Spencer –fíjense bien en el cartel que ilustra la reseña- pero si presidiendo el póster tenemos una ilustración de Paul Smith… ¿Qué necesidad había de poner otra del propio Terence Hill al lado y no de Michael Coby?. Y por si eso fuera poco, miren el dibujillo de debajo de los actores. Ahora miren este cartel de “Loca academia de Policía IV” que les he colocado a la derecha. Saquen sus conclusiones.
En cualquier caso, resulta todo esto del todo fascinante. Igual que el fenómeno “Clones”. Ahora ¿Las películas? Una puta mierda. Pero hay que verlas y coleccionarlas… al menos yo no puedo evitarlo.

sábado, 1 de septiembre de 2007

LOS NUEVOS EXTRATERRESTRES

He ido tras ella durante bastante tiempo, y hasta hoy, era para mi la película más ignota del inmortal Juan Piquer Simón, cineasta repleto de buenísimas intenciones pero, por lo general (siempre, siempre, no), paupérrimos resultados... caso de esta "Los nuevos extraterrestres".
Suele contar el cineasta Valenciano que el film nació originalmente como producción adscrita al género del terror, en concreto al de historias de invasores alienígenas con malas pulgas. Pero de pronto, y a rebufo del entonces aún caliente exitazo del "E.T." Spielbergiano, al productor se le ocurrió derivar la historia al terreno infantil, con un niño de protagonista que, cómo no, se hace amigo del marciano bueno de turno (bautizado como Trompi!!!)... mientras su "hermano maligno" campa a sus anchas por el bosque cepillándose a cazadores furtivos y groupies de cantantes pop.
Y es ahí donde radica el mayor defecto de "Los nuevos extraterrestres", su condición de hijo de nadie, es demasiado de terror para ser infantil, y demasiado infantil para ser de terror. El no decidirse por un bando hizo que el film quedara en el limbo de los olvidados. Porque, vamos a ver, está muy bien que el niño juegue con su amiguito del espacio y este haga mover los objetos de la habitación gracias a un apañado stop-motion, o que convierta al famoso juego de "Simón" en una mini-disco de bolsillo, pero entonces entre medio no me metas escenas de muerte, violencia, disparos, bosques neblinosos, mujeres atacadas en la ducha y otras delicias propias de cualquier joya del horror que se precie... y de nada sirve que le quites líquido rojo, pues el público joven (y más el de los 80) aún no estaba preparado para un mejunje tan indigesto (¿fue Piquer visionario?... ¡puede!).
A esto, le añadimos las habituales meteduras de pata del cine del caballero: Falta de ritmo, tono almidonado, actores algo limitados, efectos especiales dignos pero ensombrecidos por la abrumadora falta de medios y ese irritante Ian Sera que para la ocasión hasta luce chupa de cuero y se permite canturrear un par de canciones "rockeras" altamente inflamatorias.
El final se pretende feliz, pero termina resultando más deprimente y desesperanzador que el de la famosa obra de Spielberg.
No es lo peor de Piquer Simón, pero poco le falta... si es que ni tan siquiera sirve para echarse unas risas.

lunes, 23 de diciembre de 2019

SIMÓN Y MATEO

“Simón y Mateo” es una de las películas más divertidas de Paul Smith y Michael Coby, ya saben, los clones de Bud Spencer y Terence Hill. Una chabacanería donde las máximas cotas de humor las ponen los chistes sobre cuernos —y cornudos, al más puro estilo garrulo italiano— y donde nuestros dos protagonistas tienen conversaciones absolutamente demenciales. Un guion que hace parecer a sus protagonistas poco menos que deficientes mentales. Así, se nos presenta a un par de ladrones de poca monta que deciden pasarse a echar un rato a la oficina de empleo (no tienen la más mínima intención de trabajar) y allí les ofrecen un trabajo que no podrán rechazar. Tienen que llevar un camión con una carga de sprays anti-mosquito hasta una dirección concreta en Marsella. Durante el periplo descubren que no es la oficina de empleo la que les ha enviado a hacer ese trabajo, ni que lo que transportan son sprays anti-mosquito y pronto se las tendran que ver con un clan mafioso que es el que los ha metido en semejante lío. Ante tal tesitura, y mientras se pelean entre ellos por chorradas, nuestros protagonistas resolverán sus diferencias con los mafiosos a mamporro limpio.
Ambientada en la actualidad del momento (los años 70) y consciente la producción de que lo que vende es una burda imitación de las películas de Bud Spencer y Terence Hill, nada como introducir elementos que la hagan parecerse a “Y si no… nos enfadamos” con unos toquecitos de “También los ángeles comen judías” y ya tenemos el producto servido. La cosa funcionó bien y, antes de que se fuera de madre, les dio tiempo a rodar una secuela para  después, por su propia naturaleza y,  para siempre, desaparecer lo que fue la pareja de clones más descarada de la historia del cine.
Eran tiempos de sesiones dobles, salas de barrio y Drive-in, por lo que la venta de las películas de serie B y Z europeas, estaba a la orden del día. Con esto quiero decir que si bien las películas de Bud Spencer y Terence Hill llegaban de alguna manera a los Estados Unidos, estas de los clones también lo harían. Y se desató la polémica el día que la Venture Films de Edward L. Montoro —que distribuyó en USA las películas de Juan Piquer Simón o el “Tiburón 3” de Castellari— adquirió  “Simón y Mateo” para su distribución en cines americanos. Algo de popularidad debían tener entonces las de Spencer/Hill, sobre todo, sus westerns, por lo que Montoro decidió hacer más notoria la condición de plagio de “Simón y Mateo” haciendo figurar en los créditos a Paul Smith y Michael Coby bajo los nombres de Bob Spencer y Terrence Hall en lo que se llamó en los USA “Convoy Buddies” (cuyo póster hemos elegido para ilustrar esta reseña), cosa esta que cabreó particularmente a Paul Smith quien había firmado un contrato en calidad de estrella principal. En la versión USA, no solo no aparece su nombre, sino que el pseudónimo que se le endosa aparece en segundo lugar después del de Terrence Hall, motivo por el cual Paul Smith denunció a Montoro en un juicio en el que no se sabe a favor de quién falló el jurado.
La película, una co-producción de Italia con España, cuenta con papeles secundarios para Eduardo Fajardo que interpreta al padrone del clan mafioso que hace la vida imposible con el camión a nuestros protagonistas, Francisco Merino o Fernando Bilbao, así como la dirección está a cargo de Giuliano Carnimeo, artesano y responsable de títulos tan populares como “Jaimito, médico del seguro”, “El hombre rata” o “Computrón 22”. Se dice que las películas de Smith y Coby no eran del todo horripilantes gracias al trabajo solvente de los artesanos que las dirigieron. Algo de razón hay en eso.
Como anécdota, decir que estas películas, igual que las de Spencer/Hill, se rodaban sin sonido directo, por lo que se doblaban dejando a Bud y Terence una pareja de dobladores fijos que, para acabar el chiste, también doblaron a Smith y Coby en sus películas. Y más marciano todavía, en España, doblaron a estos actores los mismos que doblaban a Bud Spencer y Terence Hill en sus películas… cosas de aquella época.
Por lo demás, “Simón y Mateo”, que en nuestro país llegó a reunir en salas a casi medio millón de espectadores, es una película agradable y, como ya he dicho en otras ocasiones, a la altura de las de la pareja original Spencer/Hill que tampoco es que estuvieran mucho más dotados para la actuación que Smith/Coby. Si acaso, las coreografías de pelea, si que eran mejores, que estas son una puta mierda.

martes, 28 de diciembre de 2010

EL DÍA DE LOS INOCENTES

Se tiende a confundir esta película con otra de idéntico título adscrita, también, al slasher y dirigida por Fred "Llama un extraño" Walton (víctima a si mismo de un horripilante remake), sin embargo, son bastante distintas, siendo la que nos ocupa la que merece aquellos adjetivos que tanto valora el acólito del género, a saber: gore, exceso, cutrismo y diversión.
Muchas veces me he preguntado cómo era posible que una peli tan jodidamente mala necesitara nada menos que tres directores y, de paso, qué coño pintan varios posters de películas de Juan Piquer Simón en el despacho de un personaje que se supone es productor de cine. Mientras a la primera cuestión nunca le he encontrado respuesta (ni lo haré jamás), el caso de la segunda es bien distinto. Resulta que el productor de "El día de los inocentes", Steve Minasian (junto a su socio Dick Randall), es el mismo que se encargó de perpetrar "Mil gritos tiene la noche", pieza clave del cine de Piquer Simón (y de "No abrir hasta Navidad", por cierto).
Pero todo eso da igual, en "El día de los inocentes" una vez más se suple la falta de ideas y talento con dos valores seguros, sangre (atención a la cerveza explosiva) y unos cuantos senos bailarines. ¿Que de qué va esta peli?, ¡¡¿es una broma?!!, ¿has visto "El tren del terror"?, pues lo mismo. Un pajillero anormal e inadaptado francamente odioso ("A este le haría putadas hasta yo" llegas a pensar) es blanco de una broma que termina en accidente de la que son culpables la panda "guay" del insti, todos ellos con pinta de haber hecho la mili hace tiempo y superado la menopausia (en especial Caroline Munro, "scream queen" en horas bajas). Obviamente el chaval se pondrá una careta y se tomará la revancha a lo bruto y sin escatimar en mala leche, siempre al son de la partitura compuesta por Harry Manfredini, sí, el mismo de la música de los primeros "Viernes 13".
Lo dicho, diversión asegurada... aunque no precisamente gracias a los estúpidos e innecesarios momentos de comicidad voluntaria (o voluntariosa). El cartel mola mazo.

jueves, 21 de febrero de 2013

SLUGS, MUERTE VISCOSA

De chaval andaba obsesionado con esta peli bastante antes de su estreno. Me compré la novela original de Shaun Hutson... pero nunca me la leí entera. Ya he dicho varias veces que no soy mucho de novelas... y menos entonces, algo de lo que, en parte, me arrepiento porque, según me consta, el libro le da mil patadas en todos los aspectos, incluido el elemento hemoglobiníaco.
En aquellos tiempos, obviamente, conocía perfectamente a Juan Piquer Simón. De hecho, era un fan acérrimo, me encantaban sus pelis, especialmente "Mil gritos tiene la noche" y "Supersonic Man", así que no me quedaba excusa para no acudir corriendo al estreno en salas de "Slugs, muerte viscosa" (y menos con ese mítico cartelazo!!). Y eso hice. Me encantó, claro, me flipó. Y no solo a mi, por lo visto la cosa funcionó un rato bien, tanto como para que el mismo equipo la emprendiera luego con "La grieta", que no les quedó tan bien. Desde entonces, la he visto varias veces y la conservaba con afecto en formato VHS. Ayer, tras leer una reseña en una web yankee, me dije: "Hace mucho que no la veo, y hace mucho que nada me motiva para ponerme a escribir en el puto blog". Estaba cantado que había llegado el momento.
Bien, todos conocéis la historia. Y si no, tampoco es que sea muy complicada. Unas babosas mutadas gracias a desechos químicos, le pillan gusto a la carne, y deciden invadir un pueblo de las américas y papearse a todo aquel incauto que se ponga a tiro. El prota, que curra en cosas esas de salud y medio ambiente, descubre el pastel y pide ayuda a las autoridades que, como es de ley, le ignoran, por lo que decidirá arreglar el entuerto a su rollo (vamos, como cualquier producto del "Syfy Channel", pero por entonces estas historias aún eran lo suficientemente respetables como para llegar a las salas de estreno).
Desde los inicios de su carrera, Juan Piquer andaba obsesionado con darle a sus películas un aire yanki, en todos los aspectos, incluidos su look y acabado. Pues bien, con "Slugs" era la primera vez que lo conseguía... y muy bien. Realmente, y salvo por caras bien reconocibles del género fantástico/zetoso hispano como las de Emilio Linder, Patty Shepard o Frank Braña, la puta peli da el pego perfectamente. Ganó el "Goya" a los mejores efectos especiales y no es para menos, pues la verdad es que están muy conseguidos, y no solo por las babosas y las notables secuencias de "gore" y destete, también por las maquetas explotando y demás (o el maravilloso plano de la babosa dándole un muerdo al dedo del protagonista). Porque sí, amigos, algo que destacaba mucho en su momento era la generosa dosis de truculencia, abiertamente desplegada en algunos momentos tan míticos como cuando al pobre Emilio Linder le estallan los ojos o el jardinero que se amputa la mano tras percatarse de que dentro del guante hay una babosa "asisina".... ambas, todo hay que decirlo, inverosímiles y notablemente mal ejecutadas, pero no por ello menos impactantes. Con todo (y ahora vienen los palos), hay que reconocer que no es tan "gore" como la recordaba en su época y, más importante, toda "Slugs" resulta muy zopenca. Que sí, que lo es, especialmente sus diálogos tontolavas y la mayoría de las situaciones descritas, por cómo se desarrollan, el poco gracejo que desprenden y la nula naturalidad. Hay fragmentos que son totalmente prescindibles, puestos ahí para alargar metraje (como el intento de violación de la adolescente) y todo es como muy almidonado. Sin embargo, y aunque ustedes no lo crean, estos palos son cariñosos. Cuando terminó me dije "Joder, que mala es!" (sobre todo por ese tramo final que se alarga y no termina nunca), pero lo hice con una sonrisa y, bueno, después de todo, no resulta TAN insoportable (de hecho, creo que "Mil gritos tiene la noche" y, sobre todo, "Supersonic Man", son bastante peor), así que, en fin, dejémoslo en una patochada simpática que, como los donuts o los haagen dazs, es mejor consumir muy de vez en cuando y consciente de lo malos que son para tu salud (en este caso, mental).

Hubo un intento de segunda parte (recordemos que también existe en formato escrito), pero finalmente no llegó a buen puerto. ¿Podemos decir aquello de "Lástima"?. A saber....

domingo, 23 de enero de 2011

EL ÚLTIMO TRUCO

Es curioso, pero últimamente disfruto más viendo documentales sobre cine que películas. Mi no se por qué. El caso es que, ayer mismo, mi buen amigo Vicente me habló de "El último truco", documental reciente (2008) sobre la carrera del legendario -y ya fallecido- Emilio Ruiz, campeón de las maquetas y los "mates" que participó en infinidad de pelis, desde cosas gordas como "Dune" (la de David Lynch) o "Conan, el destructor" a las simpáticas mierdecillas del entrañable Juan Piquer, como "Supersonic Man" o "La Grieta". Tanto llamó mi atención que decidí comprar una copia por Amazon y hacérmela traer ultra-urgente desde Estados Unidos para poder devorarla esa misma noche... ejem........
Pues bueno, es muy divertido e interesante ver cómo se las ingeniaba el Sr. Ruiz para llevar acabo sus trucos. Las maquetas siempre me han molado, y apreciar el modo en que las integraba dentro del plano resulta fascinante. No nos engañemos, amigos, en ocasiones sus trucajes cantaban más que una almeja, pero como dice el mismo Guillermo del Toro en el documental (respecto a "El laberinto del fauno"), que se note un poco está guay, porque le confiere vida y encanto ante los fríos efectos digitales, que son el gran malo de esta peli (aunque manda güevos que Del Toro hable "mal" del tema digital, viendo lo que ha hecho y hace). El orondo y feliz Mejicano es solo uno de los varios rostros respetables que asoman, tenemos también los de Ray Harryhausen in person, Enzo G. Castellari, Juan Piquer Simón (con estos dos Ruiz se marca unos desayunos/charla muy divertidos) y otros no tan agradables de ver (y oír) como los de los hermanos Trueba. ¡¡AGH!!.
Sin embargo, y con todo lo atractiva que es la temática del documental, este no termina de resultar ni demasiado entretenido, ni demasiado apasionante. Vamos, que incluso aburre un poco. La puesta en escena seudo-arty, seudo-moderna y seudo-egocéntrica de su director, Sigfrid Monleón, haciendo gala de todos los odiosos típicos tics del estudiante de cine, resulta inadecuadísima para el tema tratado. No le pega nada. Lo único que consigue es desprender de encanto, calor, color, vida y humanidad a un asunto que, por norma general (y dada su condición artesanal), lo chorrea.
Hacer notar, como mera curiosidad, el pasaje dedicado a "Los ojos del gato".
Pues, no se, lo recomiendo para ver a Emilio Ruiz en su salsa... pero no por su acabado.

miércoles, 16 de marzo de 2011

LEVIATHAN: EL DEMONIO DEL ABISMO

Cuando me apetece pegarme una buena siesta, mi técnica favorita consiste en leer o ponerme una película mala de esas que no te importa perderte si se te cierran los ojos. Si encima es en Domingo, quiero que sea una producción "mainstream" de entretenimiento puro y absurdo. Algo como "Leviathan: el demonio del abismo".
Hacía años que no la veía, y de mi último intento recordaba que era más mala de lo que uno puede esperar en su categoría. Sin embargo, después de 42 minutos, me sorprendió que la estaba siguiendo con interés, me parecía correcta, amena y bien facturada. ¿Dónde estaba el problema, pues?.
Bien, el problema venía justo después de esos 42 minutos. Nada más despertar de mi -muy disfrutada- siesta.
La historia no tiene mucho misterio. Base minera submarina. Los currelas dinamitan una pared y tras esta, aparece un barco ruso hundido. Dentro, localizan la caja fuerte y al abrirla, no encuentran nada de valor. Uno de ellos se agencia una petaca de supuesto vodka sin que los superiores se enteren y se la consume enterita. El muchacho comenzará a sufrir extrañas mutaciones en el cuerpo que acabará dando pié al nacimiento de un monstruo marino.
Quitando lo del experimento en la petaca y el barco ruso, que es una idea muy buena, el resto es puro "Alien" y puro "La Cosa". Y como decía arriba, el problema que tiene "Leviathan" es que empieza a volverse torpe, e incluso un pelín ridícula, cuando menos debería, es decir, cuando aparece el monstruo. Jolín, si incluso en un momento dado se ve el hilo que sujeta un tentáculo. Claro que se agradece muchísimo que los efectos especiales sean a base de látex y animatronic. Probablemente lo peor, pero peor, de toda la fiesta sea el final. De verdad, es HORRIBLE, de juzgado de guardia, tonto, idiota y muy mal hecho. Lástima, no hay nada más perjudicial que un broche de mierda.
"Leviathan: el demonio del abismo" es uno de los títulos surgidos del pequeño boom que vivimos a finales de los 80 con el subgénero de las amenazas marinas. Mientras James Cameron corría para estrenar su, tirando a chaposa y babosa, "Abyss", varios estetas intentaron adelantársele -o chupar de su éxito... que no fue tal- como Sean S. Cunningham con "Deep Star Six", Juan Piquer Simón con "La Grieta", Roger Corman con "Lords of the deeps" y George Pan Cosmatos (director de "Rambo" y "Cobra", ¡fenómeno!) con esta "Leviathan". El reparto no está nada mal: Peter Weller, Richard Crenna, Ernie Hudson, Daniel Stern, la hermosa Amanda Pays y Meg Foster con esos ojos casi esotéricos. El guión -que no es precisamente una matada- lo co-firma David Webb Peoples, con un currículum de lujo que incluye "Blade Runner" o "Sin Perdón". La criatura viene diseñada por el gran Stan Wiston (RIP). Tampoco estuvo muy inspirado, pero vale.
En definitiva, ni es tan mala como la recordaba, ni tampoco podemos decir que se trate de un clásico, solo un producto mediano y entretenido lo justo. Para mi no hace falta más.

jueves, 5 de diciembre de 2013

I LOVE HITLER

Extraña película perteneciente al catalogo del enigmático Francisco Herrera, que cuenta en su poder con los derechos de los films rodados por los cineastas del tercer Reich, además de aparentar cierta simpatía por lo nazi en general, así mismo poseedor de los derechos de las películas de Germán Monzó y tantas otras joyas inencontrables que, de vez en cuando,  edita en DVD y la mal distribuye por según que establecimientos. Y de vez en cuando también,  te topas con uno, y si es de interés (por lo general el catálogo de este señor siempre lo es) puedes comprarlo. Como me ha sucedido a mí con este “I Love Hitler” en una tienda de segunda mano, a un precio más que justo, 1 Euro.
El DVD entero es un poema; desde las ilustraciones de dentro del digipack, que nada tienen que ver con la película (un dibujo de lo más corrientucho en el que reza la inscripción “Hail Hitler”) hasta lo de tratar de edición especial para coleccionistas un disco que viene pelado de extras, aunque, eso si, plagado de trailers de las películas nazis de Leni Riefenstahl (“El triunfo de la voluntad”, “Olimpiada”) u otras del mismo palo como “Adolph Hitler, Mi lucha” convenientemente remasterizadas y dobladas al castellano para la ocasión. Vamos, todo de lo más cantoso.
Y en una edición como esta, donde reza que “El número de expediente está en trámite”, la obsesión  de la distribuidora es la piratería, y si un DVD estándar lleva un anuncio anti-piratería, este lleva cuatro seguidos, además de otro sobre dolby surround, para un producto que está en mono. ¡Que país!.
Vayamos a la película; “I Love Hitler” es una especie de obra de ficción, medio documental, medio experimental y medio surrealista, y en definitiva una cosa rara cuyo interés radica, precisamente, en la rareza, que sin un hilo argumental va combinando mogollón de escenas de archivo del “führer” y de la guerra mundial, con filosofadas baratas pretendidamente profundas y cómicas que pegan sin parar los protagonistas, Emilio Linder (según los créditos del DVD, Emil Von Linvder), Lázaro Escarceller, prota absoluto, y  Fabián Conde con una marioneta de Hitler, haciendo de mago ventrílocuo o algo así. Todo ello para explicar que el dictador del mostachillo no murió, si no que escapó a España y desde entonces vive como comediante en algún pueblo perdido. Y se nos da a medio a entender que Hitler es  en realidad Lázaro Escarceller, todo ello en distintas localizaciones que van desde un cementerio, pasando por el campo, terminando en el museo de cera.
Una paranoia que encima pretende más de lo que ofrece, con un carácter cinematográficamente español por aquello de que hasta las filosofadas profundas hay que tomárselas a cachondeo, y de ideología un tanto ambigua, al igual que la de su distribuidor.
No dejan de ser curiosos los momentos en que, a sabiendas de que la película posteriormente será doblada, se filma a los actores de espaldas mientras oímos largas parrafadas, o comprobamos que Lázaro Escarceller suelta sus diálogos pausadamente y mirando detrás de cámara entre frase y frase. Obviamente, el director le está dictando lo que tiene que decir y el hombre se limita a escucharlo y repetirlo. O esas bocas que nunca coinciden con lo que oímos, simplemente, porque al no saberse el guión, decían cualquier cosa y en doblaje se ponía el texto.
No obstante, absolutamente toda la película despide ese rollo experimental involuntario y surrealista que la convierte en una cosa curiosa y a tener en cuenta, solo en los casos más extremos de cinefilia, porque es mala como ella sola. Se podría decir que el material filmado sirve de mera excusa para mostrar lo que el director quiere mostrar realmente, que son ese mogollón de material de archivo perteneciente al "No-Do" o documentales sobre Hitler.
Ahora vayamos a lo que interesa: Junto al trío protagonista, destacar la presencia de Paco Porras, el vidente de las hortalizas… Sí, al que arrastran por el mar en “F.B.I. Frikis buscan incordiar”, en una de sus primeras incursiones en el cine, como travestí que aparece un momentín  en un teatro y, tras las cámaras, fabricante de la marioneta de Hitler.
La película viene producida por Juan Piquer Simón, que firma su participación con el avergonzado seudónimo de Alfredo Casado. Váyanse ustedes a saber, con la de mierda que filmó como director, por qué oculta su función como productor ejecutivo en este caso.
Y por último, de la dirección se responsabiliza un tal Félix Varón. Bien, pues este director no existe. En realidad es el seudónimo que utilizó Ismael González, otro misterioso cineasta que dentro de las muchas facetas que desarrolló a un nivel de cine, digamos, siempre marginal, destaca por haber dirigido unos cuantos documentales, películas infantiles a mayor gloria del gordito que salía en los vehículos de “Parchís”, Rodrigo Valdecantos, así como productos porno que firmó o bien con su nombre o con el de Félix Varón,  tales que “Escuela de grandes putas” o “Los Pornoaficionados”.
Muy interesante todo. Y por 1 Euro, la cosa está que te cagas. En un lugar de honor dentro de mi dvdteca. Pero por los 19,95 Euros que pide Herrera desde su página web, como que no.

miércoles, 14 de julio de 2021

EL ÚLTIMO FOTOCROMO (DE "MISTERIO EN LA ISLA DE LOS MONSTRUOS")

Aunque me consta que Don Olid tiene varios juegos de fotocromos en espera de ser publicados, los míos ya se han agotado. Fin. No hay más. La tontería comenzó hace ya cinco años con ayuda de Alex Gardés y ha sido un camino realmente divertido, ameno y, en ocasiones, un poco coñazo. Indudablemente este material arrastra consigo una fuerte dosis de nostalgia y es muy difícil no dejarse empapar por ella, sobre todo si fuiste un chaval en la época en la que eran carne de vestíbulo de cine y alimentaban tu imaginación cuando los mirabas embobado.

Para chapar la paradita, me he quedado con un macro-fotocromo (de esos de tamaño doble) la mar de soso, pero perteneciente a una película un rato peculiar, "Misterio en la isla de los monstruos" de Don Juan Piquer Simón.
¡A disfrutarlo!

viernes, 31 de diciembre de 2010

TRIÁNGULO DE ORO

Jairo Pinilla, director de este engendro, vendría a ser el equivalente colombiano a nuestro Juan Piquer Simón (más que nada por aquello de las películas de aventuras y eso), con el hándicap de que hasta los Colombianos se ríen de su cine. De hecho, a las cagadas, constantes en una película suya, las llaman alegremente “Pinilladas”. Yo, al saber de este señor, rápidamente quise ver algo suyo, así que di con esta "Triángulo de oro", también conocida como "La isla fantasma", con el fin de descojonarme gracias a las consabidas “Pinilladas”.
Yo soy un tipo de tragaderas enormes, con una paciencia infinita. Bien, las “Pinilladas” no hacen que merezca la pena el visionado. Pero para aquellos moderniquis que dicen consumir “cine trash”, esto es una buena muestra… a ver si la aguantan. Ni vuestro ídolo Tarantino podría sobrevivir a tantísimo aburrimiento.
Un niño sordomudo y su madre son mantenidos por una especie de gorderas con indumentarias estrictamente gays. Un día comienza a salir sangre de la foto del padre del chaval, que lleva un tiempo desaparecido. A la mañana siguiente aparece muerto en la playa, con un colgante que es el “Triángulo de oro”. Se ve que la madre tiene un mapa, y unos villanos (un negro, un tirillas y un chino) la secuestran y se la llevan a una isla. Pronto el niño sordomudo y el gordo darán cuenta de los secuestradores e intentarán sobrevivir a los peligros de la Isla.
Absolutamente insufrible. Patidifuso me quedé con uno de los planos. Un barco aparca (o como se diga) en un muelle. Lo resuelven en un plano fijo de cinco minutos. Sin motivo además… como si metes ahí, yo que sé, un plano del cielo y los pájaros volando. La peli es lenta, sosa, rollo, y rodada por un autentico manazas incapaz de contar una historia. No nos enteramos de nada, ni sabemos qué pasa con el dichoso triángulo, solamente porque no está ni rodado. Es una jodida sucesión de planos, a cual más tonto, con unos escuetos diálogos que tampoco aclaran nada. Y de repente se acaba la película. Pues vale.
¿Tema risas? Yo creía que muchas y abundantes. Pero esto no es el Perú actual, si no la Colombia de los ochenta, y elementos tales como una piedra que cambia de color y te mata dolorosamente cuando la tocas, o un extraño niño lleno de escamas (algodón pegado a su cuerpo pintado de verde), o una histérica loca que no sabemos qué pinta en esa Isla y emite un sonido sobrecogedor mientras tira al fango a un niño deforme y extraño, no provocan ninguna risa porque, en conjunto, todo en esta película es patético. Da hasta pena.
Aunque en el tema risas, hay que decir que el chino, doblado por un Colombiano con una voz como de teleñeco, y una pelea ejecutada por este mismo, sí, vaaaaale, te ríes… pero en serio, hay que ser un titán para aguantar esto. Quien les dijera que el “cine trash” era “cool”, que se vea esta puta película, nos deje en paz, y vuelva a su puto cine "indie", que va más con su personalidad.

martes, 12 de abril de 2016

UNA INFANCIA CINÉFAGA

Hurgando recientemente en unas añejas carpetas, localicé una serie de dibujitos firmados por el menda lerenda en diferentes periodos de mi infancia y juventud que dicen mucho de lo que serían mis gustos cinematográficos llegada la estulta edad adulta. Dado que este es mi/nueso blog, que es de cine y que tiende a cierta nostalgia (¡cosas de hacerse mayor!), he decidido recopilarlos acá para su mayor gusto y/o disgusto, cada cual comentado en su respectivo orden y sentido.
Vamos allá.



Como ya sabéis de sobras, “Creepshow”, el clásico de George Romero, no solo es una de mis pelis absolutamente favoritas, es que además a mediados de los ochenta fue toda una obsesión, tanto como para convertirla en el motivo de una felicitación cumpleañosa destinada a mi señor padre. Naturalmente, que eligiera el tremendo desenlace de “El día del padre” no es casual, ya que se trataba de mi segmento favorito. Hoy me sigue encantando, aunque creo que “La caja” está mejor narrada.
Curiosamente el modelo a seguir no fue estrictamente la peli, sino la estupenda adaptación a las viñetas que de ella hizo Bernie Wrightson. Detalles como la cabeza con la boca repleta de hilos de baba, los huesudos dedos del zombie con largas uñas y, sobre todo, la “iluminación roja” que todo lo inunda, son prueba más que palpable.
(Año 1986)



Este es especialmente entrañable. Por peli, estilo de dibujo y estado del papel cuadriculado de base. Está claro que semejante obra de arte la hice al poco de asistir al estreno de semejante clásico del trash made in Juan Piquer Simón, que a ojos de un impresionable infante no tenía nada de chungo y costroso, el contrario, era una peli a la altura del "Superman" de Richard Donner. No en balde si se fijan verán que el “Supersonic Man” dibujado es en realidad la creación de Siegel & Shuster, no la versión pirata parida por el Valenciano.
Lo realmente valioso de este documento es el recorte de prensa del estreno, absolutamente impagable.

(Año 198?)




Fui a ver “Tron” cuando se pasó por cines en su época, y acudí convencido de que era el súper-estreno de la temporada, la súper-película que todos teníamos que ver para comentar a la hora del patio. No recuerdo si me gustó mucho, y probablemente no entendí un pijo (es curioso cómo, la última vez que la revisé hace unos años, la encontré de lo más básica en su perorata informática), pero sí quedé prendado y maravillado por su estética, por sus combates y carreras de motos y, como es evidente en estos dibujos realizados durante la clase de plástica del E.G.B., por todo su colorido, sus brillos fluorescentes y demás monsergas lumínicas.
(Año 1983)



En una ocasión escribí un laaaargo artículo sobre lo mucho que el clásico de Steven Spielberg, “E.T. El Extraterrestre”, me marcó. Lo hice para mi fanzine, así que los que tengan ambos ya saben todo lo que tienen que saber respecto a mi relación con una peli que, aún hoy, me hace llorar como una magdalena. Seguramente “E.T.” fue el primer film de mi vida que, una vez concluso, me dejó triste. Incluso deprimido (recuerdo perfectamente a mi madre preocupada porque me veía alicaído y no lo entendía, menos aún cuando acabábamos de volver del cine de verla y sobrevivido a las interminables y dolorosas colas que se formaban frente a la taquilla).
La consiguiente obsesión por tener mi propio marciano bondadoso de grandes y expresivos ojos se reflejó en la cantidad de muñecos que llegué a acumular, pero ninguno me hacía sentir mejor. Yo quería al “E.T.” de la película, pero a ese solo podían acceder personalidades importantes, no un chavalillo lerdo como era (y, seguramente, soy) yo. ¿Mi primera gran frustración?.
Parte de esa obsesión, ese deseo, se vio reflejado en algunos de los trabajos de plástica para el colegio, como este que les dejo acá. Donde, además de “E.T.” y su nave, destaca la aparición de “Elliot”, el amigo humano del extraterrestre, a quien también cogí mucha estima y de quien me habría encantado ser colega. Durante un tiempo me sentía raro “idolatrando” la figura de un chaval joven de mi misma edad y sexo, pero con el tiempo he aprendido que tras ello solo había un bonito e inocente deseo de escapar de la aburrida y gris realidad cogido de su mano y la de “E.T.”.
Nunca lo conseguí… y aquí sigo, y aquí estoy.

(Año 1983)

viernes, 1 de agosto de 2014

EL PLACER DE MATAR

Hay una época muy curiosa en el cine español, que es la que comprende de entre 1985 hasta 1990. Unos años de transición entre lo que conocíamos como industria, el verdadero cine español, y la mierda forjada a base de subvenciones que impuso Pilar Miró y que conocemos hoy.
Durante esos años, hay una serie de películas perpretadas por futuras putas del sistema cinematográfico actual que, a medio camino entre lo que sería el cine español en adelante y los géneros que se venían cultivando decadas atrás, resultan ser una puta mierda infame e infecta, que a día de hoy, es evidente que han quedado mas relegadas al ostracismo, incluso, que las películas de Ozores y compañía, a las que, a rasgos generales, se las recuerda con cariño.
Uno de los ejemplos más claros sería este “El placer de Matar” dirigido por Félix Rotaeta, actor secundario reciclado en mal director, que habiendo escrito una novela titulada “Las Pistolas”, decide debutar en el largo con esta pedazo de mierda.
Protagonizada por Antonio Banderas, la película cuenta la historia de un profesor y un camello que contratados por un individuo para que se carguen a alguien, descubren que el hecho de matar, como afición, es lo que les gusta, así que juntos, como los que se ponen a intercambiar cromos, deciden, en adelante, compartir su afición secuestrando a jovencitas del lumpen, atándolas a un árbol y a grito de “!plato¡” les disparan a bocajarro. Los disparos, no obstante, parecen de perdigón.
A priori el argumento suena bien ¿verdad? Como yo lo cuento resulta de lo más atractivo. Pero si ven la película comprobarán que el argumento, prácticamente, tienen que intuirlo, porque la película está tan mal rodada, tan mal montada y, sobretodo, tan mal explicada, que uno no se entera de mucho. Esto que denuncio, por otro lado, es motivo más que suficiente para que la cosa me caiga medio simpática. Menudo truño más gordo… de hecho, según vamos viendo la película, a pesar de la acción que hay en ella –al loro con la masacre final con Banderas y el co-protagonista, Mathieu Carriére, disparando a todo lo que se mueve en los bajos de Gran Vía, donde estaba sita en los ochenta “Madrid Cómics” (de hecho aparece la tienda), que resulta, por excesiva, ridícula- y el montón de cosas que pasan, resulta que estamos viendo una película donde, en realidad, no ocurre nada, y donde todo es lineal, no hay en la película ni subidas ni bajadas. Plana. Como si miramos un cuadro. No pasa nada.
Que fuera una puta mierda, no fue óbice para que en el festival de cine de Murcia de ese año, arramblara con los premios, llevándose, incluso el de “Mejor Opera prima”.
En definitiva: una película que parece escrita por un retrasado mental y al final resulta que  no, que son cuatro retardados los que idearon los diálogos y situaciones de esta porquería, Angel Facio, Mario Gas, Domingo Sánchez y el propio Rotaeta… ¡cuatro guionistas para una película en la que los protagonistas parecen autistas! Que poca vergüenza… porque, para colmo, aunque la película podamos adscribirla al género de “Thriller”, esto tiene unas pretensiones de convertirse en película de prestigio que tira para atrás. Por suerte, pasó totalmente inadvertida con poco más de noventa mil espectadores del año 88. Una puta mierda, vaya…
En la producción Antonio Lloréns de Lauren Films, que echaba a la producción menos dinero que al cepillo en misa, y si en casi todas sus producciones eso era algo más que palpable, en las que produjo a Juan Piquer Simón y en esta, parece que, directamente, les diera al equipo un chupachups, y que rodaran con eso.
Hay que recordar que Banderas, aunque le dieran por el culo de forma convincente en las primeras pelis de Almodóvar, no aprendió a actuar hasta que se fue a los USA, por lo tanto aquí, está que da verdadera pena. Soso todo el tiempo, a excepción de una estúpida escena en la que está borracho y cuya actuación hace dudar si efectivamente está beodo o es que interpreta a un joven con problemas mentales.
Junto a él en el reparto, la estúpida de Victoria Abril que, aparte de mala actriz, está ahí para enseñar sus carnes secas y sus tetillas de cabra, como excusa para que el personaje de Banderas pegue algún polvo, Mario Gas, todavía sin el prestigio que creyó ganarse en los 90, con un bigote postizo y una pinta tan ridícula que parece que estemos viendo un sketch de “La hora Chanante”, Vicky Peña, la voz de Tiffany en  el doblaje de “La novia de chucky” y que en esta película está caracterizada de tal forma que recuerda a “La Maña” y Mathiew Carriére, actor Alemán, que sigo sin saber que aportaba a su papel que no pudiera hacer otro actor de aquí…
Rotaeta, unos años más tarde, rodó la típica película Española que detesto, de lleno en el sistema de subvenciones y que es “Chatarra” a mayor gloria de Carmen Maura.
Y dos años después, las espichó.

miércoles, 28 de agosto de 2013

ATRAPADOS EN EL MIEDO

En sus últimos años de carrera (antes de retomar, con muy mala pata, el tema de la dirección con “Empusa” poco antes de morir, pero eso sería otra historia aún más interesante…) Carlos Aured se dedicó, con cierta fortuna, además, a las películas clasificadas “S”, rodando clásicos del infra-género como puedan ser “Apocalipsis Sexual” o, sobre todo, “El fontanero, su mujer y otras cosas de meter”. Pero, el rodar estas basurillas, en las que lo de menos era el acabado técnico, y sin que Aured fuera un artesano de los más talentosos a pesar del prestigio obtenido por algunos de sus títulos a mayor gloria de Paul Naschy, se mal acostumbró. El rodar deprisa y sin cuidado, se convirtió en una cosa normal. Es por ello que su vuelta al fantástico sea, por un lado, tan nefasta, por otro, tan divertida.
También, en pleno 1985, el “Slasher” se imponía en pantalla en cuanto a géneros terroríficos se refiere. Juan Piquer Simón supo entenderlo y fabricó un éxito “Mil gritos tiene la noche”, que aunque fuera porque los yankies se descojonaban de ella, era un genuino “slasher”. Así pues, Carlos Aured decidió intentarlo con “Atrapados en el miedo” pero, aún con intención de “Slasher”, entre que no entendió del todo bien el concepto y que, a niveles de dirección, el hombre estaba gagá, el resultado de esto es de lo más estimulante, obviamente, a nivel de despropósito.
Con guión del propio Aured,  “Atrapados en el miedo” cuenta la historia de un par de amigos que se van con dos hermanas al chalet de uno de ellos, con el fin de pasar un fin de semana de folletéo. Por otro lado, un loco se ha escapado de un hospital psiquiátrico  y tras asesinar a dos jovencitas hippies (¿¿¿en plenos ochenta???), que a priori parecía que querían quilar con él, se esconde en el pueblo donde las dos parejas van a pasar el fin de semana. El encontronazo con el “Psycho Killer” será inevitable.
Mala de solemnidad, por supuesto, pero de aquellas que a poco que se va desarrollando la trama, les vas cogiendo simpatía.
A un tempo lento, una dirección pobre, una iluminación de comedia (y no de película de terror) y actuaciones, como no, de pena,  hay que añadirle los muy desfasadísimos y machistas diálogos, salidos de la pluma del director. Escuchar para creer, pero de la bocaza mal doblada del actor José Luis Alexandre salen perlas del tipo “¿Quién es mejor ama de casa de las dos? Pues la que lo sea, que baje a la despensa”, mientras que una de las actrices, Sara Mora, asume su rol y diciendo “Yo soy la mayor, ¿no se me ve la cara de tonta?” se va a la puta despensa.
Y luego toneladas de diálogos insustanciales, que hacen plantearnos si los protagonistas no son, al igual que el “Psycho Killer” que les acosará, enfermos de un psiquiátrico. Y sería en resumidas cuentas lo más destacable de la película, los diálogos, porque al fin y al cabo, eso es el grueso; eternos diálogos cuya misión es engordar la endeble trama que se resolvería en diez minutos.
Punto y aparte sería el “Psycho Killer”, que vestido con jersey de lana verde y vaqueros desgastados de la época, va a cara descubierta, luciendo melena y barbas pseudo-hippies, gusta de ir armado con un punzón que apenas usa, en pro de las bofetadas y los golpes. Así que, si, tenemos un asesino con arma blanca, que prefiere asesinar a sus víctimas a base de puñetazos y patadas… una especie de Bud Spencer anoréxico con un punzón para el hielo.
Con todo, y a pesar de lo malograda que es la película a rasgos generales, la banda sonora, intuyo que de C.A.M, y algunos momentos de inspirada tensión (porque Aured tuvo, ergo, algo ha de retener,  un par de acuchillamientos pintones, eso si, de puta coña, e, inevitablemente, las toneladas de humor involuntario) convierten “Atrapados en el miedo” en una película mala pero divertida, altamente gozable y altamente indignante. Esto ya era muy malo para 1985… aunque Jacinto Molina lo superaría en los noventa…
En el reparto la eterna Adriana Vega, esta vez recatadísima, ni le vemos un pelo del coño, el Alexandre este que he mencionado antes, que hasta que Aured le dio la oportunidad fue secundario en productos como “El Lute” o “Loco Veneno”, Sara Mora, que salía en las dos entregas de “Eva Man, lamáquina del amor”, Joaquín Navarro, más secundario todavía que estos, e interpretando al “Psycho Killer” Luis Cánovas, que jamás interpretaría papel alguno en película alguna.
En cuanto al pobre Aured, no volvería a dirigir hasta que poco antes de morir, Ángel Mora le dio la oportunidad con “Empusa”, pero al final, y por motivos que se me escapan, acabó dirigiéndola Naschy.
Al menos su testamento, finaliza con una buena ponzoña.

miércoles, 9 de noviembre de 2022

GALERÍA DE ESCANEOS BONITOS 18 (TRUCULENCIA)

Imágenes extraídas de las fermosas páginas de "Mad Movies", "L´Ecran Fantastique" y otras revistas franchutes que me alegraron la adolescencia por ahí los años 80/90....

Siempre me fascinó el cartel español de ese clásico del
trash más ramplón que es "Me bebo tu sangre". Básicamente
porque resultaba inquietante y nada tenía que ver con
la película. El de los franchutes, aquí expuesto, engañaba un
poquito menos y era, que duda cabe, maravillosamente exploitable.

A mediados de los ochenta, Matt Devlen y Bret McCormick se curran
dos películas ultra-gore rodadas en Súper 8. "The Abomination" y
"Ozone: Attack of the redneck mutants", adelantándose por tres años
a la más popular "Redneck Zombies". Mientras la primera ha ido ganando
puntos con el tiempo, la segunda -más afín a la comedia- arrastra fama
de se peor, mucho más aburrida y con unos efectos especiales la mar
de mediocres. La cosa va de una panda de paletos que, a causa del agujero del
ozono, se convierten en muertos vivientes y arranca la escabechina. Una
perfectamente ilustrada en la imagen superior. Hace muchos años conseguí
copia de ambas (de hecho, aún conservo la de "The Abomination"), pero en
inglés a pelo, y por eso no se si las terminé o consumí a cámara rápida. Creo
recordar que la víctima de la foto es una maruja... pero no me hagan mucho caso.
Tal vez algún día lo intente de nuevo con ambas, pero ya se verá.

"Un gato en el cerebro" se suponía en su día la película
más personal del sobrevalorado Lucio Fulci, donde se interpretaba
a sí mismo haciendo de un director de cine especializado en
horrores al que atusan las truculentas imágenes de su obra.
Llegué a verla en v.o. y no me gustó nada. Tampoco es tan extraño si
tenemos en cuenta que era un Fulci del 90, y eso rara vez solía
traducirse en algo bueno. Otra que debería revisar. Hasta que ese
día llegue, les dejo esta simpática imagen del colega usando una
mano cercenada como carnaza para pescar.

En su día, muchas de las imágenes de esta galería me volvieron
loco de ansiedad por ver las películas a las que pertenecían. Y, en casi
todos los casos, luego llegaría la decepción. Sin embargo, el aquí
presente puede que sea el más extremo de todos, ya que a la indudable
carga truculenta de la imagen hay que añadir que pertenecía a "Maximum
Overdrive", es decir, "La rebelión de las máquinas", el cacareado debut en
la dirección de Stephen King. La mezcla de elementos era demasiado
perfecta como para no tener expectativas. Luego, la peli fue lo que fue.
Encima, la imagen en cuestión cruzaba fugazmente ante mis inocentes
y defraudados ojos. Aquello no era ni tan gore como se prometía, ni tan... bueno.


Dos imágenes seguidas pertenecientes a ese indudable
clásico del cine chungo que es "Mil gritos tiene la noche", según
las artes de Juan Piquer Simón. No hace falta que nos extendamos
demasiado al respecto a estas alturas. Baste decir que, mientras la
primera sí sale en la película (o al menos, una parecida), la segunda no.
Pertenece al momento en el que una estudiante tumbada en el césped es
asesinada sierra mecánica mediante. En el film vemos el chorretón
de sangre salir de su cuello decapitado... pero el plano de la cabeza no
aparece por ningún lado. Y es una pena, porque está un rato chulo y es de 
lo más desagradable. ¿Censura? No me consta, pero nunca se sabe...



"Rawhead Rex" adaptaba a Clive Barker y, gracias a imágenes
como las tres aquí expuestas, se prometía de lo más sensacional.
No solo por el monstruo, que es muy chanin, también por la
cantidad de truculencia invertida... o al menos eso hacía suponer
la estampa del medio. Impactante. Luego, pues lo de costumbre, una
decepción. Y de las gordas, porque no hace demasiados lustros
la revisé con intención de comentarla por acá y, nada, no hubo manera.

A finales de los ochenta, y coincidiendo con una inesperada
fiebre en torno a los trabajos de Edgar Allan Poe, al oportunista
Roger Corman le dio por remakear, o readaptar, algunos de los 
clásicos que él mismo dirigiera por ahí los años sesenta. Luego
todos resultaron tremendamente aburridos, insulsos y casi
telefílmicos. La imagen pertenece a "La máscara de la muerte roja"
y, según recuerdo, es lo mejor de la misma.


 Y chapamos con otra producción Corman, pero esta
sustancialmente mejor que la anterior. Se trata de "The Nest" o
"Nido Subterráneo" en España. Una movida sobre cucarachas
cabreadas fechada en 1987 y, como demuestra la imagen, bastante
generosa en lo referente a chicha. Concretamente, eso que ven
es el inicio de una mutación de ser humano a hombre
cucaracha que recuerdo tan espectacular como asquerosita.
La verdad es que la peli no está demasiado mal. La revisé hace
muy poco y, aunque no logré reunir ganas para reseñarla, me dejó
buen sabor de boca... por raro que suene viendo el material aquí presente.