Previamente al estreno de “Los chicos de oro” en los USA, el director Gary Preisler aseguraba que su película auspiciada por “National Lampoon” disponía de personajes claramente reconocibles para el público y situaciones cómicas memorables. En ese sentido, “Los chicos de oro” no tenía nada que envidiar a títulos del “Lampoon” original como “Desmadre a la americana” o “Las vacaciones de una chiflada familia americana”. Comparaba su película nada menos que con los mejores y más exitosos clásicos del sello. Muy presuntuoso resultó ser el señor Preisler ya que “Los chicos de oro”, además de pagar una cifra tampoco muy cuantiosa por llevar el sello “National Lampoon” encima del título, fue considerada por críticos especializados como una de las peores películas de la historia. Supuso un desastre financiero irrecuperable al no llegar a recaudar, en todo el mundo, ni tan siquiera 900.000 dólares. Su estreno de apertura fue una catástrofe en los Estados Unidos con salas completamente vacías durante el fin de semana y una taquilla incapaz de alcanzar los 400.000 dólares. No duró en cartel más de una semana. Fue ya con su lanzamiento en DVD que pasó del millón de dólares de ventas por copia a videoclubes, pero ni por esas se trató, en modo alguno, de un producto rentable.
Y es que se trata de una película a todas luces flojita, con ingredientes que, bien mezclados, bien ejecutados en pantalla, podían haber dado como resultado una divertida comedia, pero que en manos de un director como Preisler, quien debutaba en la gran pantalla con desmedido entusiasmo y tirándose el moco más de la cuenta, se convierten en un film antipático e irritante. Además de promover la gerontofília. Ni que esto fuera “Harold y Maude”.
Calvin y Leonard, son dos jóvenes proletarios que, tras pasarse la vida en trabajos de mierda, deciden un día hacer algo para ganar dinero y obtener mujeres y sexo, que es lo que más anhelan. Así, acaban en la cárcel, cuando dos ancianitas millonarias deciden pagar sus fianzas. Como las ven viejas, Calvin y Leonard deciden casarse con ellas, aguantar hasta que se mueran, y poder heredar su emporio, que es el de los preservativos "Mindt". Lo que no saben ellos es que las viejas en realidad están arruinadas y lo que planean es casarse con los jóvenes, hacerles un seguro de vida, después asesinarles, cobrar y así poder seguir con su estilo de vida. La cosa se enredará por un lado cuando entran en escena las tetas y el culo de una escultural joven llamada Charlene, de la que Calvin quedará prendado, por otro, cuando Leonard se enamora perdidamente de una de las ancianas y se truncan sus perversos planes iniciales.
“Los chicos de oro”, “Gold Diggers” en su versión original (que traducido vendría a decir algo así como “Vividores”) es un film meramente testimonial en el que la presencia de algún culo desnudo —poca cosa— está ahí de manera gratuita, simplemente para justificar su condición de comedia sexual. En cuanto a la etiqueta de “una de las peores películas de la historia”, ni tan siquiera llega a eso, es demasiado insulsa. Ojalá fuera una de las peores películas… eso la convertiría por derecho propio en un producto de interés, pero esto es pura comida rápida, de la que sienta mal; de la que una vez consumida, hay que ir al servicio para echar la pota o cagar.
En el reparto tenemos a Will Friedle, con menos carisma que una bolsa de basura roída y cuyo destino ideal sería la televisión; Chris Owen, pelirrojo, feo, orejudo y con un aspecto juvenil que le ha servido para ser —casi— un icono de la “teen comedy” de las dos últimas décadas, apareciendo en films como “Ya no puedo esperar”, “American Pie” y alguna de sus secuelas o “Van Wilder: Animal Party”; secundan las dos ancianas, Louise Lasser, que de joven apareció en montones de películas de las cuales nombraremos "Bananas" de Woody Allen y Renée Taylor, presente en “Los productores” de Mel Brooks. También en el reparto tenemos las tetas y el culo de la medio anoréxica Nikki Ziering, modelo "Playboy" en los 90 y adicta a la cocaína en la actualidad, que era una presencia recurrente —como podía serlo la de cualquier modelo— cuando hacía falta una tía buena sin demasiada personalidad en cualquier mala película de tres al cuarto.
En cuanto a Gary Preisler, tras el descalabro financiero —y artístico—, no volvería a dirigir película alguna, dedicándose a la producción, campo este en el que si tampoco ha parido ningún gran éxito, sí le ha ido algo mejor. Aunque tampoco importa mucho.
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martes, 23 de septiembre de 2025
lunes, 2 de julio de 2018
THE BEACH PARTY AT THRESHOLD OF HELL
Muy atrás quedaron los tiempos en los que la National Lampoon apadrinaba películas como “Desmadre a la americana” (por citar la única
verdaderamente mítica que tienen bajo su sello). En los últimos años no ha
hecho más que apadrinar caquita, como de la que muy brevemente les vengo a
hablar ahora, que tiene ya sus doce añitos con la tontería.
Comedia post-apocalíptica rodada en vídeo (de la época) que
nos sítua en New America, tras un holocausto nuclear. Estamos en el año 2097, y
el último descendiente de los Kennedy, junto con dos robots, se encuentran en
medio de una playa desierta. Intentando buscar una emisora de radio con el fin
de contactar con otros supervivientes, se topan con una mujer caníbal así como
con una horda de zombies con los que se las tendrán que ver.
Pura rutina por parte de unos individuos que vieron “Zombies Party” y pensaron que podían hacer algo de divertido. Sin embargo, se quedan en
las antípodas de algo parecido a eso.
Además, después de hora y media de aburrimiento, la película
se queda inconclusa anunciando que es una primera parte, por lo que el
espectador se queda a medias. Pero lo cierto es que eso da un poco lo mismo
porque lo que acabamos de ver, también es verdad que nos importa un comino.
Como fuere, nunca tuvo lugar esa segunda parte.
Por otro lado, y supongo que por tratarse de un producto
National Lampoon, contamos con breves cameos de populares rostros como los de
Jane Seymour o Daniel Baldwin, lo que, en absoluto, como es lógico, salvarían
la película de la quema.
Los émulos de Edgar Wirght y Simon Pegg que decidieron hacer
esto, responden a los nombres de Jonny Gillette y Kevin Wheatley, que tampoco
han hecho nada medianamente destacable ni antes, ni después de este pedazo de
bodrio.
Dos curiosidades: Por un lado, decir que la carátula del DVD
puede dar lugar a equívoco y llevarnos a pensar que estamos ante una sex comedy
a juzgar por el título playero, y por la lozana en bikini que aparece en la
misma. Solo aparece ahí, porque lo cierto es que en la película no hay ni un
solo bikini.
Por otro lado, la película se rodó en la playa de Pensacola
Beach, en Florida. Dos semanas después del rodaje, el Huracán Iván arrasó con
la zona. ¿Castigo de Dios? lástima que ese Huracán no pasara por allí un par de
semanas antes.
Horrorosa.
sábado, 8 de noviembre de 2025
LA RESURRECCIÓN DEL MAL
Hace casi quince años aseguraba con bravuconería que jamás vería esta película. Y aquí me tienen, escribiendo sobre ella. ¡Ay, bocazas!. ¿A causa de qué solté tal sentencia? Pues acababa de pimplarme el título que la precedía, "Algunas veces ellos vuelven", telefilm basado en un relato de Stephen King cuyo éxito generó dos continuaciones directas a los estantes del vídeo-club que, dado el escaso entusiasmo provocado por aquella primera dosis, decidí ignorar. Concretamente, esta segunda juega al papel de remake disfrazado. Carece de conexión narrativa con la previa, pero viene a repetir el mismo esquema argumental salvo puntuales variaciones. Por lo que, si la presencia de King en aquella ya sería algo diluida (considerando que convertía en largometraje un relato corto), aquí directamente pasa a excusa.
Los gamberros del pueblo (el "leitmotiv" de la franquicia) son tan malos que realizan rituales satánicos. Aquello que un chaval es testigo de cómo sacrifican a su hermana de dieciocho recién cumplidas primaveras. Lógicamente ofuscado, acaba con ellos en plena celebración de la efeméride diabólica. Pasan treinta años, ahora el chaval es padre soltero de una hija apunto de cumplir mayoría de edad. Ello provoca que los gamberros regresen de los avernos con intención de usar a la moza para concluir el ritual interrumpido en su día.
Cambiar la tele por el vídeo-club (suspiro...) aporta ciertas ventajas, como poder incluir algo de sangre (muy comedida. De efectos especiales prácticos la cosa anda bien, aunque parapeten muertes tan risibles como la chavala cosida a "cartazos". Los visuales, en cambio, resultan menos convincentes, rozando por momentos un doloroso cutrismo) y unas pocas tetillas bonitas de ver. Pero ahí termina toda diferencia. Como producto noventero de terror de escaso montante, "La resurrección del mal" (traducción porculera de "Sometimes they comeback... again", "Algunas veces ellos vuelven, otra vez"), se deja ver sin mayores aspavientos. Es puro "fast food" de manual, con algunas salidas narrativas ridículas, de esas que parece que te tomen por tonto (como ver al protagonista librarse alegremente y sin mayores dificultades de la cadena que le inmoviliza. O la desesperada búsqueda de un objeto que, al final, resulta estar a la vista, fácilmente localizable...) y un "tic" muy irritante y de su tiempo, las maneras "a lá Freddy Krueger" que gasta el satánico jefe de la pandilla, es decir, "verborreando" hasta el paroxismo cada vez que asesina a alguien a base de pretendidas gracietas (algunas tan lamentablemente inimaginativas como cuando a un manco recién amputado le suelta aquello de "Gracias por echarme una mano").
A este le otorga (sobre)vida Alexis Arquette, perteneciente a la famosa casta y de rostro bastante peculiar. Llegó a dejarse ver en "Pulp Fiction" y luego fue el novio gótico de "La novia de Chucky" (donde, esta vez, él era el sacrificado durante un ritual). Posteriormente cambió de sexo, pero apenas tuvo tiempo de disfrutarlo ya que falleció en 2016.
Se enfrentan a él Michael Gross, eternamente ligado a la "sitcom" "Enredos de familia" y a otra franquicia segundona, "Temblores", y su hija, interpretada por una jovencita y muy bella Hilary Swank años antes de dar el salto a primera división. Les acompañan Patrick Renna, al que reconocía por su oronda figura y feo careto. Creía situarle en alguna película de cierto peso, pero no, se trata del tardío y aburrido slasher "Dark Ride" ("La casa del terror" en las españas). Su físico también le llevó a formar parte del cast de una comedia -igualmente tardía- de "National Lampoon", "Escuela de novatos". Otro rostro bastante familiar es el de Molly Hagan, que "En la resurrección del mal" hace de sheriff.
Igual que "Algunas veces ellos vuelven", y varias de las adaptaciones de Stephen King de esos años, produce -entre otros- el ex-"Amicus" Milton Subotsky. Guioniza Guy Riedel (siendo el único libreto de su filmografía, más centrada en labores de producción) a pachas con el director debutante, Adam Grossman. La experiencia le otorgaría puntos para responsabilizarse dos años después, bajo mandato "productil" de Wes Craven, de "El carnaval de las almas", supuesto remake de aquella cult-movie aburrida de cojones y con la que nunca he conseguido congeniar, "Carnival of Souls". Las malas críticas y, presupongo, escasa recaudación le condenaron a la inopia, salvo cuando co-escribió el guion de, justo, la tercera parte de la saga que nos ocupa, "Sometimes They Come Back... for More" ("Algunas veces ellos vuelven... a por más"), aquí marcianamente titulada "Infierno blanco" y situada esta vez en el inhóspito escenario de una base científica del ártico. No me pregunten sobre ella porque, ciertamente, mis recuerdos son escasos... casi inexistentes.
Los gamberros del pueblo (el "leitmotiv" de la franquicia) son tan malos que realizan rituales satánicos. Aquello que un chaval es testigo de cómo sacrifican a su hermana de dieciocho recién cumplidas primaveras. Lógicamente ofuscado, acaba con ellos en plena celebración de la efeméride diabólica. Pasan treinta años, ahora el chaval es padre soltero de una hija apunto de cumplir mayoría de edad. Ello provoca que los gamberros regresen de los avernos con intención de usar a la moza para concluir el ritual interrumpido en su día.
Cambiar la tele por el vídeo-club (suspiro...) aporta ciertas ventajas, como poder incluir algo de sangre (muy comedida. De efectos especiales prácticos la cosa anda bien, aunque parapeten muertes tan risibles como la chavala cosida a "cartazos". Los visuales, en cambio, resultan menos convincentes, rozando por momentos un doloroso cutrismo) y unas pocas tetillas bonitas de ver. Pero ahí termina toda diferencia. Como producto noventero de terror de escaso montante, "La resurrección del mal" (traducción porculera de "Sometimes they comeback... again", "Algunas veces ellos vuelven, otra vez"), se deja ver sin mayores aspavientos. Es puro "fast food" de manual, con algunas salidas narrativas ridículas, de esas que parece que te tomen por tonto (como ver al protagonista librarse alegremente y sin mayores dificultades de la cadena que le inmoviliza. O la desesperada búsqueda de un objeto que, al final, resulta estar a la vista, fácilmente localizable...) y un "tic" muy irritante y de su tiempo, las maneras "a lá Freddy Krueger" que gasta el satánico jefe de la pandilla, es decir, "verborreando" hasta el paroxismo cada vez que asesina a alguien a base de pretendidas gracietas (algunas tan lamentablemente inimaginativas como cuando a un manco recién amputado le suelta aquello de "Gracias por echarme una mano").
A este le otorga (sobre)vida Alexis Arquette, perteneciente a la famosa casta y de rostro bastante peculiar. Llegó a dejarse ver en "Pulp Fiction" y luego fue el novio gótico de "La novia de Chucky" (donde, esta vez, él era el sacrificado durante un ritual). Posteriormente cambió de sexo, pero apenas tuvo tiempo de disfrutarlo ya que falleció en 2016.
Se enfrentan a él Michael Gross, eternamente ligado a la "sitcom" "Enredos de familia" y a otra franquicia segundona, "Temblores", y su hija, interpretada por una jovencita y muy bella Hilary Swank años antes de dar el salto a primera división. Les acompañan Patrick Renna, al que reconocía por su oronda figura y feo careto. Creía situarle en alguna película de cierto peso, pero no, se trata del tardío y aburrido slasher "Dark Ride" ("La casa del terror" en las españas). Su físico también le llevó a formar parte del cast de una comedia -igualmente tardía- de "National Lampoon", "Escuela de novatos". Otro rostro bastante familiar es el de Molly Hagan, que "En la resurrección del mal" hace de sheriff.
Igual que "Algunas veces ellos vuelven", y varias de las adaptaciones de Stephen King de esos años, produce -entre otros- el ex-"Amicus" Milton Subotsky. Guioniza Guy Riedel (siendo el único libreto de su filmografía, más centrada en labores de producción) a pachas con el director debutante, Adam Grossman. La experiencia le otorgaría puntos para responsabilizarse dos años después, bajo mandato "productil" de Wes Craven, de "El carnaval de las almas", supuesto remake de aquella cult-movie aburrida de cojones y con la que nunca he conseguido congeniar, "Carnival of Souls". Las malas críticas y, presupongo, escasa recaudación le condenaron a la inopia, salvo cuando co-escribió el guion de, justo, la tercera parte de la saga que nos ocupa, "Sometimes They Come Back... for More" ("Algunas veces ellos vuelven... a por más"), aquí marcianamente titulada "Infierno blanco" y situada esta vez en el inhóspito escenario de una base científica del ártico. No me pregunten sobre ella porque, ciertamente, mis recuerdos son escasos... casi inexistentes.
miércoles, 8 de julio de 2020
EL TRAILER DE "HYSTERICAL"
Por fin actualizamos nuestro recién remozado canal de Youtube. Y lo hacemos de la mejor manera posible, con el trailer de una comedia ochentera de segunda división que, al menos yo, siempre he tenido en gran estima, "Hysterical", parodia del cine de terror a mayor gloria de los Hermanos Hudson.
AQUÍ tienen una reseña completa de la interfecta (y la caratula del VHS). Y debajo, disponen del simpático trailer, extraído cerdamente de una sucia cinta de vídeo, como bien demuestra su baja calidad.
Para completar esta entrada, les dejo al final un cartel alternativo de lo más molón dibujado por el gran Rick Meyerowitz, famoso colaborador de la "National Lampoon" y autor, sobre todo, del mítico póster de "Desmadre a la americana".
Espero que disfruten del pitote. Y si no, ya saben que... ¡me impogta un cagajo!.
AQUÍ tienen una reseña completa de la interfecta (y la caratula del VHS). Y debajo, disponen del simpático trailer, extraído cerdamente de una sucia cinta de vídeo, como bien demuestra su baja calidad.
Para completar esta entrada, les dejo al final un cartel alternativo de lo más molón dibujado por el gran Rick Meyerowitz, famoso colaborador de la "National Lampoon" y autor, sobre todo, del mítico póster de "Desmadre a la americana".
Espero que disfruten del pitote. Y si no, ya saben que... ¡me impogta un cagajo!.
sábado, 12 de junio de 2010
VACACIONES EN LAS VEGAS
Paga extra y días de vacaciones son los motivos por los que Clark Griswold decide movilizar a su familia una vez más, ahora dirección Las Vegas. Y no hace falta se una lumbrera para saber lo que ocurre allí; Por un lado Clark se vuelve ludópata perdido, gastándose una fortuna en los distintos juegos del casino. Sus hijos protestan a mas no poder, y su esposa a punto está de pegársela con un Wayne Newton, que se interpreta a sí mismo.
Poco "slapstick", poca gana por parte de Chevy Chase y Beverly D´Angelo, un Randy Quaid que satura (aunque no así en los U.S.A. donde hay un “spin of” de este personaje en "Christmas Vacation 2") y, en definitiva, pocos elementos cómicos notables.
Muy mala, aunque ligeramente superior a "S.O.S. Ya es Navidad". En esta, al menos, el entretenimiento hace acto de presencia de forma moderada.
Hijos: Esta vez ambos rozan la veintena y están interpretados por Marisol Nichols y Ethan Embri. De hecho, a costa de los múltiples actores que los han interpretado, y la pasada por los huevos de la edad, se marcan el mejor gag de la película: Clark les dice que han crecido tanto que ni les reconoce y se hace un prolongado silencio. Los mas puestos, se reirán.
Ya no hay “Natonal Lampoon” presentando la película, John Huges no está en el proyecto y el director es un tal Stephen Kessler, que tan solo hizo una peli antes y otra después de esta.
Poco "slapstick", poca gana por parte de Chevy Chase y Beverly D´Angelo, un Randy Quaid que satura (aunque no así en los U.S.A. donde hay un “spin of” de este personaje en "Christmas Vacation 2") y, en definitiva, pocos elementos cómicos notables.
Muy mala, aunque ligeramente superior a "S.O.S. Ya es Navidad". En esta, al menos, el entretenimiento hace acto de presencia de forma moderada.
Hijos: Esta vez ambos rozan la veintena y están interpretados por Marisol Nichols y Ethan Embri. De hecho, a costa de los múltiples actores que los han interpretado, y la pasada por los huevos de la edad, se marcan el mejor gag de la película: Clark les dice que han crecido tanto que ni les reconoce y se hace un prolongado silencio. Los mas puestos, se reirán.
Ya no hay “Natonal Lampoon” presentando la película, John Huges no está en el proyecto y el director es un tal Stephen Kessler, que tan solo hizo una peli antes y otra después de esta.
jueves, 10 de junio de 2010
LAS VACACIONES EUROPEAS DE UNA CHIFLADA FAMILIA AMERICANA
Después de la muy divertida puesta de largo de la familia "Griswold" en la pantalla grande, y para demostrar que no solo "El Padrino 2" era mejor que su predecesora, la “National Lampoon” decide llevarse a Chevy Chase y Beverly D´Angelo de vacaciones por Europa, concretamente a Inglaterra, Francia, Alemania e Italia y situar allí los pequeños desastres que solo le ocurren a "Clark Griswold" y su prole.Los "Griswold" ganan el premio gordo de un concurso televisivo, eso si, por accidente. De este modo, y siempre sin el visto bueno de sus hijos, ponen rumbo al viejo continente. Lógicamente, el patriarca quiere enriquecerse culturalmente a tope, por lo que las vacaciones acaban convirtiéndose en poco más que dictadura, dando lugar a las descacharrantes situaciones.
Bien, si no sois completistas, llegados a este punto no es necesario que veáis más pelis de la saga. Estas "Vacaciones Europeas", son la obra maestra de la saga, por ende, la obra maestra de Chevy Chase y después de esto, la saga flojea hasta limites totalmente vergonzantes. Los gags que contiene esta película son absolutamente desternillantes, pocas de la época son tan divertidas.
Y el tema que me hace gracia: los actores que interpretan a los hijos. Esta vez, para dar vida a unos adolescentes "Audrey" y "Rusty", se opta por Dana Hill y Jason ( "El terror llama a su puerta") Lively, que tiene bastante sentido, puesto que en la anterior entrega eran niños, y ahora adolescentes. Ya veremos en posteriores secuelas el desbarajuste.
A la diversión añádanle los cameos de actores Europeos como Victor Lanoux y el Monty Phyton Eric Idle, que protagoniza uno de los mejores gags de la película.
El guion sigue siendo obra de John Hughes y la dirección pasa esta vez a la señorita Amy Heckerling (se nota su mano femenina, porque aunque siendo una saga blanca, en la primera le veíamos un poco las tetas a la muy potente Beverly D´Angelo, en esta nada…), directora de pepinazos cómicos para toda la familia como la saga de "Mira quien habla", "Fuera de onda" y, recientemente, la sosa y romanticona "El novio de mi madre", con Michelle Pfeiffer tirándose a un jovencito.
Mas material "Griswold" para la retina.
El guion sigue siendo obra de John Hughes y la dirección pasa esta vez a la señorita Amy Heckerling (se nota su mano femenina, porque aunque siendo una saga blanca, en la primera le veíamos un poco las tetas a la muy potente Beverly D´Angelo, en esta nada…), directora de pepinazos cómicos para toda la familia como la saga de "Mira quien habla", "Fuera de onda" y, recientemente, la sosa y romanticona "El novio de mi madre", con Michelle Pfeiffer tirándose a un jovencito.
Mas material "Griswold" para la retina.
viernes, 25 de febrero de 2022
MR. MIKE'S MONDO VIDEO
Tenía yo ganas de hincarle el diente a este documento muy buscado durante los 90 por los aficionados, pero que en plena era Internet ya está disponible para todos aquellos que lo deseen en cualquier formato imaginable. “Mr. Mike’s Mondo Video” es una prueba de que no todo lo que salió del “Saturday Night Live” tiene por qué ser genial o divertido, es más, esto es bastante desagradable, poco gracioso y desconcertante, y desde luego, es un producto concebido al amparo de las toneladas de cocaína que consumían sus artífices.
En los años 70, el documental mondo italiano estaba en auge, y en concreto “Este perro mundo”, había suscitado la controversia de rigor, sobre todo, en los Estados Unidos que es el lugar idóneo para que el populacho pique el anzuelo de los italianos.
Por otro lado Michael O’Donoghue, por aquel entonces valor en alza de la National Lampoon y guionista destacado de “SNL”, tenía un encargo de la NBC para que realizara un especial que sirviera para sustituir el programa madre durante las vacaciones, y a Donoghue no se le ocurrió otra cosa que hacer una particular parodia en clave humorística de los documentales mondo, fijándose sobre todo en la estructura, precisamente, de “Este perro mundo”. El resultado del experimento es este “Mr. Mike’s Mondo Video” que utiliza la estructura del mondo para hilvanar una serie de sketchs que, no solo no tienen puta gracia, sino que incluso se pasan de la raya mostrándonos imágenes de ligero maltrato animal —de las que no entraré en detalles— quizá no tan denunciables como las que nos ofrecía el género mondo en sí, pero igual de deleznables, porque encima se conciben con el fin de hacer reír al respetable. Una absoluta ida de pinza de un Michael O’Donoghue en su momento de mayor megalomanía en un producto que pretendiendo ser de mal gusto, resulta ser el delirio de un drogadicto que se cree muy gracioso.
Así, van desfilando los sketchs ante la impasibidad del espectador, destacando en todo caso uno en el que Dan Aykroid dice ser un mutante real y muestra a cámara los dedos palmeados de sus pies demostrando que son reales con la ayuda de un destornillador, o uno en el que el elenco femenino de “SNL” se dirige a cámara para decir que son las cosas que más les ponen de los hombres y estas, en tono sexy, dicen que las uñas negras, el mal aliento o la grasa en el pelo. A parte de eso, el resto, mierda. Y estos que he destacado tampoco es que sean un alarde de genialidad.
Los sketchs van unidos a través de presentaciones que hace el propio O’Donoghue e incluyen actuaciones musicales como la de Sid Vicious cantando el “My Way”.
Cuando O’Donoghue presentó esta basura a los ejecutivos de NBC, estos, rechazaron de facto el especial alegando la vulgaridad y baja calidad del mismo, por lo que lo nunca llegó a emitirse. Sin embargo, se le ofreció a O’Donoghue la cesión de derechos del especial por los 300.000 dólares que había costado producirlo, siempre y cuando no se emitiera en ningún canal televisivo, es decir, que si quería exhibir su trabajo tendría que ser en cine. Michael O’Donoghue aceptó el trato.
Por supuesto, el material había sido grabado en vídeo, por lo que tuvo que inflar este a 35 mm, además de buscar más material para poder llegar a la duración mínima de un largometraje si quería estrenarlo, así que incluyó unos cortometrajes de animación con plastilina sobrantes de una de las secciones de “SNL” que fueron cedidos por su autor. Así llegamos a la hora y media de metraje.
“Mr. Mike’s Mondo Video” se estrenó en cines con más pena que gloria, pero al final resultó un producto rentable porque O’Donoghue pudo venderlo a la televisión por cable donde se emitiría con los pertinentes cortes, así como se distribuiría en vídeo en los albores de los 80, convirtiéndose en una película de culto para los adoradores de “SNL”, aunque solo sea porque no es un producto demasiado bueno.
Asimismo esta película generó controversia cuando se editó en DVD por primera vez, puesto que Paul Anka, autor de la letra del “My Way” que en la película canta Sid Vicious, se negó en rotundo a que su canción apareciera en “Mr Mike’s Mondo Video”, así que en formato digital la escena en cuestión aparece sin audio y con una inscripción que reza que Paul Anka no ha dado su permiso para que suene la canción en la película. En su estreno teatral o en su primigenia edición en vídeo, sí que se podía escuchar.
De este modo tenemos una autentica rareza proveniente del mainstream que, más allá de eso, no sirve para nada. Es tonta, confusa y desagradable, pero sobre todo, nada graciosa.
Como en esencia se trata de un producto “SNL”, muchos de los sketchs están interpretados por el elenco original del programa o personalidades afines al mismo, por lo que podremos ver, además de al anteriormente citado Dan Aykroid, a Bill Murray, Carrie Fisher, Terri Garr, Margot Kidder, Deborah Harry o Gilda Radner.
Sin embargo, esto es purria de primer orden, además de, como diría José Mójica Marins, delirios de un anormal.
En los años 70, el documental mondo italiano estaba en auge, y en concreto “Este perro mundo”, había suscitado la controversia de rigor, sobre todo, en los Estados Unidos que es el lugar idóneo para que el populacho pique el anzuelo de los italianos.
Por otro lado Michael O’Donoghue, por aquel entonces valor en alza de la National Lampoon y guionista destacado de “SNL”, tenía un encargo de la NBC para que realizara un especial que sirviera para sustituir el programa madre durante las vacaciones, y a Donoghue no se le ocurrió otra cosa que hacer una particular parodia en clave humorística de los documentales mondo, fijándose sobre todo en la estructura, precisamente, de “Este perro mundo”. El resultado del experimento es este “Mr. Mike’s Mondo Video” que utiliza la estructura del mondo para hilvanar una serie de sketchs que, no solo no tienen puta gracia, sino que incluso se pasan de la raya mostrándonos imágenes de ligero maltrato animal —de las que no entraré en detalles— quizá no tan denunciables como las que nos ofrecía el género mondo en sí, pero igual de deleznables, porque encima se conciben con el fin de hacer reír al respetable. Una absoluta ida de pinza de un Michael O’Donoghue en su momento de mayor megalomanía en un producto que pretendiendo ser de mal gusto, resulta ser el delirio de un drogadicto que se cree muy gracioso.
Así, van desfilando los sketchs ante la impasibidad del espectador, destacando en todo caso uno en el que Dan Aykroid dice ser un mutante real y muestra a cámara los dedos palmeados de sus pies demostrando que son reales con la ayuda de un destornillador, o uno en el que el elenco femenino de “SNL” se dirige a cámara para decir que son las cosas que más les ponen de los hombres y estas, en tono sexy, dicen que las uñas negras, el mal aliento o la grasa en el pelo. A parte de eso, el resto, mierda. Y estos que he destacado tampoco es que sean un alarde de genialidad.
Los sketchs van unidos a través de presentaciones que hace el propio O’Donoghue e incluyen actuaciones musicales como la de Sid Vicious cantando el “My Way”.
Cuando O’Donoghue presentó esta basura a los ejecutivos de NBC, estos, rechazaron de facto el especial alegando la vulgaridad y baja calidad del mismo, por lo que lo nunca llegó a emitirse. Sin embargo, se le ofreció a O’Donoghue la cesión de derechos del especial por los 300.000 dólares que había costado producirlo, siempre y cuando no se emitiera en ningún canal televisivo, es decir, que si quería exhibir su trabajo tendría que ser en cine. Michael O’Donoghue aceptó el trato.
Por supuesto, el material había sido grabado en vídeo, por lo que tuvo que inflar este a 35 mm, además de buscar más material para poder llegar a la duración mínima de un largometraje si quería estrenarlo, así que incluyó unos cortometrajes de animación con plastilina sobrantes de una de las secciones de “SNL” que fueron cedidos por su autor. Así llegamos a la hora y media de metraje.
“Mr. Mike’s Mondo Video” se estrenó en cines con más pena que gloria, pero al final resultó un producto rentable porque O’Donoghue pudo venderlo a la televisión por cable donde se emitiría con los pertinentes cortes, así como se distribuiría en vídeo en los albores de los 80, convirtiéndose en una película de culto para los adoradores de “SNL”, aunque solo sea porque no es un producto demasiado bueno.
Asimismo esta película generó controversia cuando se editó en DVD por primera vez, puesto que Paul Anka, autor de la letra del “My Way” que en la película canta Sid Vicious, se negó en rotundo a que su canción apareciera en “Mr Mike’s Mondo Video”, así que en formato digital la escena en cuestión aparece sin audio y con una inscripción que reza que Paul Anka no ha dado su permiso para que suene la canción en la película. En su estreno teatral o en su primigenia edición en vídeo, sí que se podía escuchar.
De este modo tenemos una autentica rareza proveniente del mainstream que, más allá de eso, no sirve para nada. Es tonta, confusa y desagradable, pero sobre todo, nada graciosa.
Como en esencia se trata de un producto “SNL”, muchos de los sketchs están interpretados por el elenco original del programa o personalidades afines al mismo, por lo que podremos ver, además de al anteriormente citado Dan Aykroid, a Bill Murray, Carrie Fisher, Terri Garr, Margot Kidder, Deborah Harry o Gilda Radner.
Sin embargo, esto es purria de primer orden, además de, como diría José Mójica Marins, delirios de un anormal.
sábado, 23 de agosto de 2025
MAJARETA, LAS OBSESIONES DEL AUTOR DE "PINK FLAMINGOS"
Existen dos palabros que no me he cansado de teclear los últimos tiempos, vendido y mangante. Y aunque la cantidad de individuos merecedores de ambos calificativos son legión, en la mayoría de las ocasiones iban dirigidos a uno solo, John Waters. Sí, el director de "Pink Flamingos", "Cosa de Hembras", "Hairspray" o "Cecil B. Demente". Y, ya puestos, el autor del libro que vengo a reseñar hoy, "Majareta" (acompañado del subtítulo que encabeza esta entrada).
Antes de descubrir su verdadera naturaleza, y como joven y tonto que era, fui fan de John Waters. Justo, a esa vergonzante etapa de mi existencia pertenece el momento en el que decidí adquirir este libro, originalmente nacido como "Crackpot. The obsessions of John Waters" el año 1986, que no es otra cosa que una recolección de distintos artículos del cineasta publicados originalmente en revistas como "Rolling Stone" o la legendaria "National Lampoon". Pero antes de entrar en materia -y antes de sacarme el libro de encima mediante "Wallapop", a precio desvergonzadamente alto, por supuesto. Aquellos interesados no merecen un castigo menor-, y a modo de "aclaración y declaración final" del por qué considero vendido y mangante a John Waters, paso a la siguiente extensa introducción, una que publico acá con el afán de no tener que volver a insistir más en ello, ni tener que justificar mis ataques a un individuo tan INCOMPRENSIBLEMENTE querido y respetado en ambientes contra-culturales, o "undergrounds" o "indies", donde, por justicia, debería ser más repudiado e insultado que en ningún otro sitio. Pero, en fin, ya sabemos cómo funciona toda esta mierda.
John Waters destruyó el cine underground. Lo aniquiló. Plagiando sin decoro a los Hermanos Kuchar, pero añadiendo al caldo todos los ingredientes propios de un producto comercial destinado a complacer a la audiencia (elementos chocantes y provocadores, el humor facilón y la adecuada duración demandada por exhibidores), deformó la esencia del cine marginal, acercándolo al convencional, alcanzando el éxito y, por tanto, dando a un nivel generalista la imagen de que ESO era el underground. Y, claro, así "sí MOLA". Nada que ver con esas pelis raras y aburridas de colorines chisporroteando por la pantalla, o interminables planos de objetos inanimados. De esta guisa tan divertida, cafre y digerible -es decir, el John Waters style- "yo también quiero y puedo. Y de paso justifico mi incapacidad formal, porque lo imperfecto es COOL". Un principio que se ha repetido a lo largo de la historia con todos los movimientos contra-culturales, oscuros e ignorados por la masa embobada hasta que han tenido éxito a través de la edulcoración y, seguidamente, han sido amoldados, deformados y comercializados para acabar convertidos en lo supuestamente oficial, influyendo sobre todo en las generaciones posteriores, tan jóvenes, impresionables y, por ende, tan gilipollas, que, partiendo de una base ya equivocada en sus preceptos, se han limitado a añadir más leña al fuego hasta mutarlo de tal manera que, como más se acumulan los años, menos reconocible resulta.
Gracias a ello, y gracias a John Waters, el cine underground se convirtió en sinónimo de transgresión de saldo, escatología y escándalo. Nunca con un fin sincero y/o "respetable", del tipo "defender la libertad de expresión" ni nada parecido. Simplemente se trataba de llamar la atención del "Media". De búsqueda de fama. Y es que no hemos de olvidar que John Waters era un niño pijo habitando los barrios altos de Baltimore, e hizo, básicamente, lo que siempre hacen los adinerados, mangar a aquellos situados en cierta penumbra (en este caso los Kuchar, que habitaban el Bronx y eran de clase humilde), rebozar lo hurtado en comercialidad y lanzarlo con ayuda de un considerable respaldo económico. Si a la ecuación sumamos la favorable respuesta de un público eminentemente imbécil, ignorante y maleable, dispuesto a reírle las gracias al que tira del chiste más obvio, o el camino más corto, o el pedo más sonoro, pues misión cumplida. John Waters devino el personaje famoso que soñaba en ser. Y eso es lo que le toca acarrear el resto de una carrera que, inevitablemente, ha ido en declive, porque jamás hubo verdadero amor tras nada de todo aquello. Llegado el momento, puso el culo perfectamente en pompa para complacer al estudio de rigor -véanse "Hairspray" o "Cry-Baby"-, pero la cosa no cuajó e intentó regresar a unas esencias tan prostituidas que ni siquiera él fue capaz de replicar -véanse "Los asesinatos de mamá", "Pecker" o la última, "Los Sexoadictos"-. Y, por ello, sus películas han ido de mal en peor y de peor en fatal. Pero a él le da igual, le "impogta un cagajo", porque consiguió lo que quería. Y se presta feliz, interpretando su papel de "rey del mal gusto", riéndole las gracias al mainstream cuando este, desinformado, superficial y perezoso como es, se queda con la etiqueta más elemental. Así pues, no debe de sorprendernos ver a John Waters en fiestas llenas de VIPs y sonrisas "Profident" o dándole la réplica a un roedor de CGI que confiesa haber visto "Pink Flamingos" en una de las películas de "Alvin y las ardillas". Cuando Hollywood necesita a alguien que represente lo transgresor y provocador de forma suficientemente segura y "limpia", acuden al director de "Vivir Desesperadamente" quien, como buen perrito, obedecerá esperando su hueso. Lamentable pirueta que parece no afectar a los enemigos de la llamada "Meca del Cine", supuestamente atrincherados en la contra-cultura, lamiendo con delectación los orines de Waters, sin cuestionarle nada, y con la misma complacencia que lamen los de otra rata vendida a la que hacen la vista gorda, Lloyd Kaufman.
Antes de descubrir su verdadera naturaleza, y como joven y tonto que era, fui fan de John Waters. Justo, a esa vergonzante etapa de mi existencia pertenece el momento en el que decidí adquirir este libro, originalmente nacido como "Crackpot. The obsessions of John Waters" el año 1986, que no es otra cosa que una recolección de distintos artículos del cineasta publicados originalmente en revistas como "Rolling Stone" o la legendaria "National Lampoon". Pero antes de entrar en materia -y antes de sacarme el libro de encima mediante "Wallapop", a precio desvergonzadamente alto, por supuesto. Aquellos interesados no merecen un castigo menor-, y a modo de "aclaración y declaración final" del por qué considero vendido y mangante a John Waters, paso a la siguiente extensa introducción, una que publico acá con el afán de no tener que volver a insistir más en ello, ni tener que justificar mis ataques a un individuo tan INCOMPRENSIBLEMENTE querido y respetado en ambientes contra-culturales, o "undergrounds" o "indies", donde, por justicia, debería ser más repudiado e insultado que en ningún otro sitio. Pero, en fin, ya sabemos cómo funciona toda esta mierda.
John Waters destruyó el cine underground. Lo aniquiló. Plagiando sin decoro a los Hermanos Kuchar, pero añadiendo al caldo todos los ingredientes propios de un producto comercial destinado a complacer a la audiencia (elementos chocantes y provocadores, el humor facilón y la adecuada duración demandada por exhibidores), deformó la esencia del cine marginal, acercándolo al convencional, alcanzando el éxito y, por tanto, dando a un nivel generalista la imagen de que ESO era el underground. Y, claro, así "sí MOLA". Nada que ver con esas pelis raras y aburridas de colorines chisporroteando por la pantalla, o interminables planos de objetos inanimados. De esta guisa tan divertida, cafre y digerible -es decir, el John Waters style- "yo también quiero y puedo. Y de paso justifico mi incapacidad formal, porque lo imperfecto es COOL". Un principio que se ha repetido a lo largo de la historia con todos los movimientos contra-culturales, oscuros e ignorados por la masa embobada hasta que han tenido éxito a través de la edulcoración y, seguidamente, han sido amoldados, deformados y comercializados para acabar convertidos en lo supuestamente oficial, influyendo sobre todo en las generaciones posteriores, tan jóvenes, impresionables y, por ende, tan gilipollas, que, partiendo de una base ya equivocada en sus preceptos, se han limitado a añadir más leña al fuego hasta mutarlo de tal manera que, como más se acumulan los años, menos reconocible resulta.
Gracias a ello, y gracias a John Waters, el cine underground se convirtió en sinónimo de transgresión de saldo, escatología y escándalo. Nunca con un fin sincero y/o "respetable", del tipo "defender la libertad de expresión" ni nada parecido. Simplemente se trataba de llamar la atención del "Media". De búsqueda de fama. Y es que no hemos de olvidar que John Waters era un niño pijo habitando los barrios altos de Baltimore, e hizo, básicamente, lo que siempre hacen los adinerados, mangar a aquellos situados en cierta penumbra (en este caso los Kuchar, que habitaban el Bronx y eran de clase humilde), rebozar lo hurtado en comercialidad y lanzarlo con ayuda de un considerable respaldo económico. Si a la ecuación sumamos la favorable respuesta de un público eminentemente imbécil, ignorante y maleable, dispuesto a reírle las gracias al que tira del chiste más obvio, o el camino más corto, o el pedo más sonoro, pues misión cumplida. John Waters devino el personaje famoso que soñaba en ser. Y eso es lo que le toca acarrear el resto de una carrera que, inevitablemente, ha ido en declive, porque jamás hubo verdadero amor tras nada de todo aquello. Llegado el momento, puso el culo perfectamente en pompa para complacer al estudio de rigor -véanse "Hairspray" o "Cry-Baby"-, pero la cosa no cuajó e intentó regresar a unas esencias tan prostituidas que ni siquiera él fue capaz de replicar -véanse "Los asesinatos de mamá", "Pecker" o la última, "Los Sexoadictos"-. Y, por ello, sus películas han ido de mal en peor y de peor en fatal. Pero a él le da igual, le "impogta un cagajo", porque consiguió lo que quería. Y se presta feliz, interpretando su papel de "rey del mal gusto", riéndole las gracias al mainstream cuando este, desinformado, superficial y perezoso como es, se queda con la etiqueta más elemental. Así pues, no debe de sorprendernos ver a John Waters en fiestas llenas de VIPs y sonrisas "Profident" o dándole la réplica a un roedor de CGI que confiesa haber visto "Pink Flamingos" en una de las películas de "Alvin y las ardillas". Cuando Hollywood necesita a alguien que represente lo transgresor y provocador de forma suficientemente segura y "limpia", acuden al director de "Vivir Desesperadamente" quien, como buen perrito, obedecerá esperando su hueso. Lamentable pirueta que parece no afectar a los enemigos de la llamada "Meca del Cine", supuestamente atrincherados en la contra-cultura, lamiendo con delectación los orines de Waters, sin cuestionarle nada, y con la misma complacencia que lamen los de otra rata vendida a la que hacen la vista gorda, Lloyd Kaufman.
Era especialmente crispante en los 90 ver fanzines -patrios- con aspiraciones de ser los más "cool" de la estantería a base de "undergroundismo", echar mano del careto de John Waters para la portada. No había una elección más obvia, fácil y desinformada posible (junto a tantas otras temáticas recurrentes del periodo como Russ Meyer, Joel-Peter Witkin, "Nekromantik", etc, etc)
El colmo de los colmos ha sido descubrir recientemente que cierta platea gay -aquella especialmente devota de Waters y, obvio, Divine- incluye al cineasta como víctima JUNTO A LOS KUCHAR como blanco de sendos expolios por parte de otros directores. Ignorando, o no queriendo ver, que el primero en mangar -de aquellos- es, ha sido y siempre será el mismo John Waters. ¡¡Manda cojonazos!!.
Dicho ello, toca centrarse en los contenidos de "Majareta". Por supuesto sería absurdo esperar una reseña complaciente y ultra-positiva por mi parte. He leído -segunda vez en mi vida- perfectamente condicionado por todo lo expuesto. Aún así, voy a intentar que ello no domine demasiado mis emociones.
Al ser una recolección de textos, pues pasa lo mismo que con cualquiera de su naturaleza, los hay mejores y peores. Personalmente he preferido aquellos más versados en el cine, la única pasión que comparto con el director de "Cry-Baby". Y me han sobrado los más alejados de la materia, especialmente cuando roza la ficción.
El respectivo desglose quedaría del siguiente modo:
"La visita a Los Ángeles de John Waters": Waters nos habla de aquellos antros peculiares que visitar en Los Ángeles. Naturalmente, la cosa pretende ir de contra-guía turística, aunque no menciona de ningún lugar que despierte mi interés.
"¿Dónde está el talento creativo?": Uno de los mejores artículos, básicamente centrado en las artes de los cineastas "exploitation", o de bajo presupuesto, para promocionar sus películas en los años 50 y/o 60, con especial fijación en uno de los héroes del autor, William Castle.
"Relato Cortante (101 cosas que odio)": Lo más parecido a ficción que hay en el libro y, en resumidas cuentas, una chorrada.
"La historia de Pia Zadora": Aquí Waters ejerce de reportero y entrevista a la actriz, conocida por sus supuestas malas películas, entre ellas "The Lonely Lady", comentada por Víctor en su día. Del montón.
"En la cárcel": Ya conocen el interés del director de "Pink Flamingos" por los criminales. Tanto como para, en una ocasión, ejercer de profesor de cine en algunos centros penitenciarios. Aquí cuenta la experiencia y trata de justificarse un poco.
"Relato Optimista (101 cosas que amo)": Tan chorra y prescindible como el otro.
"Ganarse la cena cantando": Primero nos habla de viejas salas de strip-tease y luego se centra en sus desventuras dando conferencias y visitando extraños festivales. Bien, interesante.
"Por qué me gusta el National Enquirer": Cumpliendo con su imagen ¿premeditada? de amante del mal gusto y la horterada, Waters confiesa lo mucho que ama una publicación normalmente considerada puro amarillismo de tercera.
"¡Señoras y señores... los chicos más majos de la ciudad!": Aquí se enrolla a fondo respecto al programa televisivo de baile para adolescentes que inspiró la trama de "Hairspray". Del montón.
"Cómo hacerse famoso": Otro de los eminentemente chorras. Waters ofrece varias opciones para lograr la fama, todas ellas supuestamente transgresoras y graciosas.
"Placeres Culpables": Puede que este sea mi favorito. El autor reconoce abiertamente que le mola el cine de arte y ensayo más radical, y comenta algunos de sus títulos preferidos de manera desenfadada. El único que me ha dejado con ganas de más.
"Por qué me gustan las Navidades": Supongo que podemos tildar de cínico este texto. Ya sabemos lo falso que es John Waters. A diferencia de él, a mi las Navidades me encantan de modo real y honesto. No obstante, el artículo está entre los simpáticos.
"Cómo no hacer una película": El cineasta habla de sus trifulcas en Hollywood, buscando financiación y procurando producir éxitos. Siendo mi tema predilecto, y a pesar de quien lo firma, es de los disfrutables.
"Je vous salue, Marie!": Prolongando un poco el de "Placeres Culpables", Waters se centra en este film de Jean-Luc Godard que, como sabrán algunos, fue un auténtico escándalo en su época. Reflexiona al respecto con su habitual sorna. Bien, interesante.
"Harto de famosos": Harto de John Waters, llegamos al final con un artículo en el que, una vez más, saca a la cotilla que lleva dentro y comenta chascarrillos sobre famosos o famosillos. Sin más. Pasable.
En resumidas cuentas: Si no eres fan de John Waters, o tu interés por su persona está dentro de lo racional, puedes pasar un ratillo majo leyendo y luego lo devuelves a la biblioteca, lo regalas, lo vendes o lo tiras. No creo que valga la pena repetir.
Si, por el contrario, eres fan... bueno, no deberías estar leyendo este blog.
Dicho ello, toca centrarse en los contenidos de "Majareta". Por supuesto sería absurdo esperar una reseña complaciente y ultra-positiva por mi parte. He leído -segunda vez en mi vida- perfectamente condicionado por todo lo expuesto. Aún así, voy a intentar que ello no domine demasiado mis emociones.
Al ser una recolección de textos, pues pasa lo mismo que con cualquiera de su naturaleza, los hay mejores y peores. Personalmente he preferido aquellos más versados en el cine, la única pasión que comparto con el director de "Cry-Baby". Y me han sobrado los más alejados de la materia, especialmente cuando roza la ficción.
El respectivo desglose quedaría del siguiente modo:
"La visita a Los Ángeles de John Waters": Waters nos habla de aquellos antros peculiares que visitar en Los Ángeles. Naturalmente, la cosa pretende ir de contra-guía turística, aunque no menciona de ningún lugar que despierte mi interés.
"¿Dónde está el talento creativo?": Uno de los mejores artículos, básicamente centrado en las artes de los cineastas "exploitation", o de bajo presupuesto, para promocionar sus películas en los años 50 y/o 60, con especial fijación en uno de los héroes del autor, William Castle.
"Relato Cortante (101 cosas que odio)": Lo más parecido a ficción que hay en el libro y, en resumidas cuentas, una chorrada.
"La historia de Pia Zadora": Aquí Waters ejerce de reportero y entrevista a la actriz, conocida por sus supuestas malas películas, entre ellas "The Lonely Lady", comentada por Víctor en su día. Del montón.
"En la cárcel": Ya conocen el interés del director de "Pink Flamingos" por los criminales. Tanto como para, en una ocasión, ejercer de profesor de cine en algunos centros penitenciarios. Aquí cuenta la experiencia y trata de justificarse un poco.
"Relato Optimista (101 cosas que amo)": Tan chorra y prescindible como el otro.
"Ganarse la cena cantando": Primero nos habla de viejas salas de strip-tease y luego se centra en sus desventuras dando conferencias y visitando extraños festivales. Bien, interesante.
"Por qué me gusta el National Enquirer": Cumpliendo con su imagen ¿premeditada? de amante del mal gusto y la horterada, Waters confiesa lo mucho que ama una publicación normalmente considerada puro amarillismo de tercera.
"¡Señoras y señores... los chicos más majos de la ciudad!": Aquí se enrolla a fondo respecto al programa televisivo de baile para adolescentes que inspiró la trama de "Hairspray". Del montón.
"Cómo hacerse famoso": Otro de los eminentemente chorras. Waters ofrece varias opciones para lograr la fama, todas ellas supuestamente transgresoras y graciosas.
"Placeres Culpables": Puede que este sea mi favorito. El autor reconoce abiertamente que le mola el cine de arte y ensayo más radical, y comenta algunos de sus títulos preferidos de manera desenfadada. El único que me ha dejado con ganas de más.
"Por qué me gustan las Navidades": Supongo que podemos tildar de cínico este texto. Ya sabemos lo falso que es John Waters. A diferencia de él, a mi las Navidades me encantan de modo real y honesto. No obstante, el artículo está entre los simpáticos.
"Cómo no hacer una película": El cineasta habla de sus trifulcas en Hollywood, buscando financiación y procurando producir éxitos. Siendo mi tema predilecto, y a pesar de quien lo firma, es de los disfrutables.
"Je vous salue, Marie!": Prolongando un poco el de "Placeres Culpables", Waters se centra en este film de Jean-Luc Godard que, como sabrán algunos, fue un auténtico escándalo en su época. Reflexiona al respecto con su habitual sorna. Bien, interesante.
"Harto de famosos": Harto de John Waters, llegamos al final con un artículo en el que, una vez más, saca a la cotilla que lleva dentro y comenta chascarrillos sobre famosos o famosillos. Sin más. Pasable.
En resumidas cuentas: Si no eres fan de John Waters, o tu interés por su persona está dentro de lo racional, puedes pasar un ratillo majo leyendo y luego lo devuelves a la biblioteca, lo regalas, lo vendes o lo tiras. No creo que valga la pena repetir.
Si, por el contrario, eres fan... bueno, no deberías estar leyendo este blog.
martes, 2 de julio de 2013
SEX HUMOR
Lo curioso de todo esto es que esta revista tuvo su versión cinematográfica.
O mejor dicho, su versión videográfica.
En 1992, en los video clubes Argentinos aparece en alquiler la película de mismo
nombre que la revista, “Sex Humor”, en la que vemos una serie de historias
cortas de contenido erótico-festivo, que son todas ellas enlazadas por un hilo
conductor. En este caso, ese hilo, es el de un matrimonio que dispuestos a
consumar el acto sexual, son interrumpidos por equis motivos (¡¡una tienda de
campaña que alguien ha montado en su salón!! O como dirían ellos, en su “Living”).
Entre tanto, por las manos del matrimonio se pasea una revista, el “Sex Humor”,
la leen, y esto acrecentará sus ganas de follar. Cada capítulo que ellos leen,
se escenifica en imágenes, que son las historias que componen la película.
Protagonizada por Javier Portales, visto en las películas
americanas de “Parchís” y en alguna de Olmedo y Porcel, la
gracia de esta película radica en su origen (una revista) y el que esté rodada
en vídeo. Un vídeo muy nítido y muy bonito, eso sí, y un montaje más dinámico y
acertado que los muchos vídeos que aparecieron en nuestro país en los ochenta.
Sin embargo, esto sale en los noventa, con lo que van un poco atrasados con lo
de las películas rodadas en vídeo para el vídeo club.
Como producto, me parece súper interesante, ahora, el
contenido… Teniendo en cuenta que el hilo conductor es un tanto
coñazo, y que entre los sketchs, los hay más afortunados y otros totalmente infames,
la media sería que estamos ante una película bastante floja. Pero como es
comedia, hay una buena ración de tetas (siliconadas y naturales, grandes y
pequeñas) y de ingles brasileñas, al final, entre unas cosas y otras, la cosa se soporta bastante bien.
A destacar el sketch que abre la película, que vendría a ser
el mito aquél de “El Violador violado” con
una mujer que es perseguida por un violador. Cuando esta dice que la
viole, pero con condón, él se achanta y será ella la que le persiga, con el
fin de follarle. O el que le sigue, donde una pareja va a un motel y el gerente les ofrece una habitación especial. Esta resulta ser una en la que
hay un palco de butacas llena de hinchas de fútbol, que animan sus tareas
amatorias como si de un partido de fútbol se tratase. El resto, son largos,
sosos y aburridillos.
Se puede ver, pero no pierdan el culo.
En cuanto al director, la película la firma un tal Alejandro
Cristian Fernández, que no posee ni ficha en IMDB, el pobre…
sábado, 16 de mayo de 2009
CLASS REUNION / REUNIÓN DE CLASE
El caso de "Class Reunion" es un poco extraño. El día que siendo chaval la alquilé en uno de los vídeo-clubs de mi barrio fue toda una sorpresa, nunca había oído hablar de ella, y lo más curioso es que desde entonces no he vuelto a hacerlo. "Class Reunion" continúa aletargada entre la oscuridad a pesar de -y ahí está lo raro- tener en sus créditos algunos nombres destacados, con el actualmente muy valorado John Hughes entre ellos, el director de un montón de clásicos ochenteros del cine adolescente ("Dieciséis velas", "El club de los cinco", "La mujer explosiva"... o "Mejor solo que mal acompañado") y productor de tantos otros éxitos ("Solo en casa"), se encarga aquí exclusivamente del guión, uno no excesivamente inspirado. Más atributos... hablamos de una producción de "National Lampoon", la famosa revista (hoy productora) cuyo nombre ha ido y va encima de los títulos de comedias bastantes respetadas, siendo "Desmadre a la americana" la mayor de todas ellas (como bien se indica en el cartel). Sin embargo, el aspecto más interesante de "Class Reunion" es que, en esencia, se trata de una parodia -no muy desmadrada- del cine slasher... de hecho, su estructura es idéntica a muchos films del estilo, pero poniendo más énfasis en la comedia y mucho menos en el terror... por no decir el gore, que es totalmente nulo, a pesar de incluso contar con la aparición de una sierra mecánica.
En el reparto encontramos nombres tan apetitosos como los del carismático Gerrit Graham (el cantante glam de "El fantasma del paraiso"), Stephen Furst (precisamente lo vimos en "Desmadre a la americana" y en "Los albóndigas en remojo"), la mítica Anne Ramsey (la vieja fea de "Los Goonies"), Michael Lerner (el psycho obsesionado con los ojos de "Angustia") haciendo una simpática parodia del "Dr.Loomis" -el eterno perseguidor de Michael Myers- (en un momento dado le preguntan: "Si sabía que iba a morir, ¿por qué no lo impidió?" a lo que él contesta "No encontraba aparcamiento") y el malogrado Blackie Dammett como psycho-killer (puede que le recuerdes interpretando al traficante / vendedor de árboles navideños en "Arma Letal"). También asoma el careto el rey del rock and roll, y de los pederastas, Chuck Berry.
Como decía, "Class Reunion" juega con todos los tópicos del slasher: Un grupo de alumnos se reencuentran tras diez años en su lúgubre -y abandonada- escuela para celebrar una fiesta. No se imaginan que un estudiante al que gastaron una broma de muy dudoso gusto en el pasado, también estará presente, solo que dispuesto a vengarse matándolos a todos. El aspecto de este es francamente simpático, vestido de colegiala y con una bolsa de papel en la cabeza... pero ya digo que el interés de los realizadores no está en hacer un "spoof" del género de acuchillamientos, este es una mera excusa para reírse de las situaciones típicas asociadas a reencuentros de viejos estudiantes, que son un nido de hipocresía, rencores y envidias. Todo ello sazonado con un humor muy discretito, lo que da como resultado, pues eso, un film discretito, de ver y tirar.
Al final lo mejor es la canción de los créditos, cortesía de Gary U.S. Bonds.
En el reparto encontramos nombres tan apetitosos como los del carismático Gerrit Graham (el cantante glam de "El fantasma del paraiso"), Stephen Furst (precisamente lo vimos en "Desmadre a la americana" y en "Los albóndigas en remojo"), la mítica Anne Ramsey (la vieja fea de "Los Goonies"), Michael Lerner (el psycho obsesionado con los ojos de "Angustia") haciendo una simpática parodia del "Dr.Loomis" -el eterno perseguidor de Michael Myers- (en un momento dado le preguntan: "Si sabía que iba a morir, ¿por qué no lo impidió?" a lo que él contesta "No encontraba aparcamiento") y el malogrado Blackie Dammett como psycho-killer (puede que le recuerdes interpretando al traficante / vendedor de árboles navideños en "Arma Letal"). También asoma el careto el rey del rock and roll, y de los pederastas, Chuck Berry.
Como decía, "Class Reunion" juega con todos los tópicos del slasher: Un grupo de alumnos se reencuentran tras diez años en su lúgubre -y abandonada- escuela para celebrar una fiesta. No se imaginan que un estudiante al que gastaron una broma de muy dudoso gusto en el pasado, también estará presente, solo que dispuesto a vengarse matándolos a todos. El aspecto de este es francamente simpático, vestido de colegiala y con una bolsa de papel en la cabeza... pero ya digo que el interés de los realizadores no está en hacer un "spoof" del género de acuchillamientos, este es una mera excusa para reírse de las situaciones típicas asociadas a reencuentros de viejos estudiantes, que son un nido de hipocresía, rencores y envidias. Todo ello sazonado con un humor muy discretito, lo que da como resultado, pues eso, un film discretito, de ver y tirar.
Al final lo mejor es la canción de los créditos, cortesía de Gary U.S. Bonds.
viernes, 11 de junio de 2010
S.O.S. YA ES NAVIDAD
Al igual que las dos anteriores películas tienen idéntico tono argumental, y se repiten gags memorables en distintos escenarios, con este "Christmas Vacation", se decide no sacarlos del barrio en el que viven a los "Griswolds", para que Chevy Chase se pegue hostias en las escaleras de su ostentoso chalet, o estrelle el coche familiar contra los muchos abetos que pululan por los alrededores de donde viven. Por eso, se traen a su familia a pasar las Navidades y reciben la visita inesperada de su primo interpretado por Randy Quaid, al que se recupera tras el primer "Vacation".Punto a favor de la película: Que al personaje de "Clark Griswold", amante de tradiciones y observador entusiasta de monumentos con más de mil años de antigüedad, le pega muchísimo el ser tan navideño, y el querer que le salgan las Navidades perfectas da lugar a un mogollón de gags “slapstick” que, sin duda, son lo mejor de la película. Y el punto en contra, es que los momentos aburridos lo son tanto que no compensan los buenos.
Tema hijos: en "Vacation" la parejita, Rusty y Audrey, eran unos pre-adolescentes de unos doce años. En "European Vacation" eran unos adolescentes de quince años. Sin embargo, e incomprensiblemente, en esta "Christmas Vacation", ¡¡Rusty, el chico, tiene ocho años, y Audrey es una adolescente de diecisiete!! ¿Cómo se comen ustedes eso? No contentos con el cambio de actores película tras película, ya les cambian hasta las edades. Para la ocasión, los interpretan Juliette Lewis y Johnny Galecki.
A medida que se hace mayor Beverly D´Angelo se va poniendo más buenorra y, por lo demás, una comedia muy poco a tener en cuenta, y solo para Griswold-completistas (¡¡yo soy uno!!).
John Hughes seguiría en el guion, “National Lampoon” sigue apadrinando estas películas, y esta vez la dirección recae en Jeremiah S. Chechik, que después de esto se ganó el cielo “indie” con su película "Benny & Joon", después dirigió aquel horroroso bodrio que es "Los Vengadores" y ya no ha vuelto a hacer más cine, solo televisión.
Hay que recordar que "S.O.S. Ya es Navidad" en nuestro país salió directamente en vídeo, pero sin embargo, en los U.S.A. fue la película más exitosa de la saga, a pesar de ser la peor. Lo entiendo, es "Clark Griswold" en un entorno navideño ¿Cómo resistirse?.
Hay que recordar que "S.O.S. Ya es Navidad" en nuestro país salió directamente en vídeo, pero sin embargo, en los U.S.A. fue la película más exitosa de la saga, a pesar de ser la peor. Lo entiendo, es "Clark Griswold" en un entorno navideño ¿Cómo resistirse?.
domingo, 28 de febrero de 2021
CRÉDITOS INICIALES + FINALES DE "CLASS REUNION" (Y CANCIÓN DE GARY U.S. BONDS)
Tal y como expliqué en su respectiva reseña, "Class Reunion" no pasará a la historia de la comedia, a pesar de contar en sus filas con algunos nombres de peso y la garantía de "National Lampoon". Ni siquiera como "spoof" del slasher. Sin embargo, tiene una característica que siempre me ha encantando, la canción que abre y cierra el film, canturreada por ese Little Richard de serie B llamado Gary U.S. Bonds. El resto de su repertorio no es nada del otro jueves, pero esta tonadilla se erige como una pequeña delicia que invita a bailar y a afrontar el día con positividad.
Por eso he decidido meterla en nuestro canal de YouTube. No solo los créditos iniciales, también los finales, donde suena una versión un poco más extensa.
Para completar la entrada, les dejo con un escaneo a lo grande de la estupenda parte delantera de la caratula (repleta de detalles en los que regodearse) y un divertido sello que iba en la parte trasera en el que se especificaban las características del tono de la comedia en sí misma (¿humorística? ¿y qué comedia no lo es?) y su baremo moral, para evitar posibles traumas.
Maravilloso.
Por eso he decidido meterla en nuestro canal de YouTube. No solo los créditos iniciales, también los finales, donde suena una versión un poco más extensa.
Para completar la entrada, les dejo con un escaneo a lo grande de la estupenda parte delantera de la caratula (repleta de detalles en los que regodearse) y un divertido sello que iba en la parte trasera en el que se especificaban las características del tono de la comedia en sí misma (¿humorística? ¿y qué comedia no lo es?) y su baremo moral, para evitar posibles traumas.
Maravilloso.
martes, 3 de diciembre de 2013
SPACE TRUCKERS
Cuando se estrenó esta película en plenos años noventa, se
referían a ella como “Una de ciencia ficción independiente”. Esto lo
que es en realidad, es una serie B contemporánea, pero en toda regla, que por
otro lado, es dónde Stuar Gordon –dire- se siente a gusto y dónde se desenvuelve como un absoluto
maestro.
Por otro lado, es una comedia consumada, que no parodia,
ambientada en el espacio, cuya historia muy bien se podía desarrollar en
carretera sin perder un ápice de gracia, pero lógicamente, el hacer una cosa de
camioneros espaciales del futuro, tiene mucha coña. No en balde, el guión es
obra del editor de la archi-conocida revista cómica “National Lampoon”, Ted
Mann.
Cuenta, básicamente, la historia de un camionero que lleva
en su vehículo espacial una carga de cerdos y, como su camión es viejo y
destartalado, llega a su destino dos días tarde, lo que hace que el receptor de
la carga se niegue a pagar lo acordado, lo que desencadenará los problemas.
Por otro lado, llegarán unos piratas espaciales que pondrán en tesituras
cómicas a nuestros protagonistas. Pero el verdadero quiz de la cuestión está en
unos robots indestructibles creados por un doctor (ahora pirata), que llegado
el momento conquistarán el mundo, y que se las tendrán que ver con nuestros
protagonistas, a los que se les da un mando a distancia que los desconecta.
Guardando ciertas similitudes con “Starship Troopers” de Verhoeven,
la película cuenta con un humor tan
cafre como sutil que sería imperceptible por el espectador medio, con lo cual
la ignorancia hizo que la película se tomara muy en serio, y en consecuencia se
convirtiera en un fracaso. Sin embargo, es una de las mejores películas
de género de aquellos años. O al menos, de las más divertidas de la fatidica
década de los 90.
Protagonizada por Dennis Hopper, que veinte años atrás era
un referente de la contracultura de los
setenta pero que entrados los noventa deambuló con eficacia en la serie
B, Stephen Dorff que aspiraba a galán
Hollywodiense y se ha quedado a medio camino, granjeándose así una carrera más
o menos de culto en el que directores video-cluberos y los autores de
prestigio se lo rifan, mientras el individuo no llega a forrarse a base de bien
como le habría gustado, y Debi Mazar, tres cuartos de lo mismo que Dorff. Quien verdaderamente se lleva la palma
es Charles Dance (“El chico de oro”, “Alien 3”), que interpreta al
creador/pirata de los robots, mitad humano, mitad máquina y que posee un pene
que con las debidas descargas eléctricas volverá locas de placer a las
mujeres, que está desternillante y memorable, y se prodiga como lo mejor de la
peli.
¡Ah! Y los asientos del camión de Hopper, son ¡asientos de
montaña rusa!.
En cuanto a Stuart Gordon, siguió haciendo ciencia ficción
barata (ya la había hecho con “Robot Jox”) con “Fortaleza Infernal” y sacándole
absoluto provecho a sus ajustados presupuestos, convirtiéndose en uno de los
mejores directores de todos los tiempos, sin llegar jamás a hacer una sola
película de estudio, siempre independiente y de pocos millones. El guión de
“Cariño he encogido a los niños”, sería casi anecdótico en su interesantísima
carrera.
Y “Space Truckers”, la verdad que está muy maja.
miércoles, 3 de junio de 2009
DESMADRE A LA AMERICANA
Indiscutible clásico en su género, pieza inaugural de lo que sería la "nueva comedia americana" de los (finales de los 70 y) 80 (con toda la troupe salida de "Saturday Night Live") y primer film en su especie, es decir, cine de estudiantes salidos y gamberros. Todo lo que viste y has visto en "Porky´s", "Los Rompecocos", "American Pie" y etc, lo has visto aquí antes. Y mucho mejor.Ayer noche decidí marcarme un "remember" viendo mi copia de VHS (grabada de vídeo a vídeo, como en los buenos tiempos). Disfruté de lo lindo. Ahí estaban esos gags memorables que ya han pasado a la historia: John Belushi reventando la guitarra, el caballo feneciendo de un infarto, las pajas con guantes higiénicos, la fiesta toga (acojonante la canción "Shout!". Literalmente me daban ganas de bailar... y a la vez, me preguntaba cómo era posible que en el planeta exista gente incapaz de gozar de films como este), las capacidades traqueales de Día-D, el vómito inoportuno sobre el rector y el clímax final, con la pandilla de "Delta House" reventando el desfile, entre otras muchas cosas. Citar al reparto y al equipo técnico plagado de astros del humor, futuras estrellas (¡si sale Kevin Bacon de chaval!) y futuros cineastas (Harold Ramis, ex-cazafantasma y filmmaker especializado en comedias mainstream) sería un currazo (¡busca en imdb!), nos centraremos en su director, John Landis, recién salido de "Made in USA", dándolo todo y batiendo dos récords, el de rapidez y el de taquilla. "Desmadre a la americana" (primer film respaldado por la revista satírica "National Lampoon", y en este caso era un dato genuino) fue un exitazo de tomo y lomo, uno que pasados todos estos años aún colea... es decir, todavía hoy la comedia juvenil sigue mamando de su teta.
Contar el argumento no tiene truco: La fraternidad más gamberra del campus en continua batalla con el malhumorado rector (ese gran John Vernon) y la fraternidad más nazi. Gamberradas, cachondeo, locura, sexo y borracheras. Donald Shuterland se marca un papel de profe porrero. A día de hoy sorprende descubrir qué otros actores quedaron fuera del reparto: Bill Murray, Chevy Chase y Dan Aykroyd. Imaginaos que llegan a decir "sí". Tremendo.
El exitazo de "Desmadre a la americana" (o "Animal House", su maravilloso título original) motivó el nacimiento de una serie de televisión fracasada (solo tuvo seis episodios) en la que repetían algunos actores y al personaje de Belushi lo interpretaba otro tipo. El propio John Landis se permitió un papelillo (para lo cual se afeitó su característica barba) en el que se enfrentaba con el mentado Belushi. La escena fue extirpada y destruida... pero alguien se tomó la molestia de recuperar algunas fotos y currarse una versión fotonovela que rula por la red (san google manda).
Lo dicho, clásico incunable que deberías ver ya si es que tienes el valor (o la desgracia) de no haberlo hecho todavía.
miércoles, 9 de junio de 2010
LAS VACACIONES DE UNA CHIFLADA FAMILIA AMERICANA
¡Con lo sencillo que era ponerle como título tan solo “Vacaciones”!, pues no, tienen que complicarnos y complicarse la vida y endiñarle este enrevesado título (y para la secuela, no digamos).El humor americano de los ochenta. Que puta nostalgia y a pesar de todo, que efectivo me resulta, al menos a mi, en la actualidad.
Apadrinada por la revista de humor “National Lampoon”, y tomando como protagonistas a una familia parida en el “Saturday Night Live”, con un divertido guion de John Hughes y la dirección de Harold Ramis, nos encontramos ante un vehículo para lucimiento de Chevy Chase (con Berverly D´Angelo como mera comparsa) en la que el cómico demuestra que, aunque su carrera ha sido irregular, en el papel de "Clark Griswold", el atolondrado, torpe y despistado padre de familia pudiente Americana, se siente como pez en el agua, y da clases magistrales de cómo pasar factura a todas las formas de humor existentes; ya sea facial, visual o verbal. Y es que, insisto, aunque muchas de sus películas no valgan nada, Chevy Chase resulta ser un actor increíble, y por cojones tienes que reírte por lo mucho que transmite. Ya desde el primer fotograma, en el que aparece sonriendo, todo feliz y contento, te echas unas carcajadas muy majas.
"Clark Griswold" planea unas plácidas vacaciones en familia desde Chicago hacia Los Angeles con el fin de visitar un famoso parque de atracciones. Lo mas lógico es desplazarse en avión, pero el patriarca piensa que viajar por carretera forma parte de la diversión. Y durante el periplo les pasa de todo.
En los papeles de los hijos, Antony Michael Hall, por aquel entonces prometedora estrella “teen” con títulos como "La mujer explosiva" o "Johnny Superstar" y Dana Barron. Ambos serían cambiados cada dos por tres, como cromos, en posteriores secuelas. Claro, aquí quien importa es Chevy.
viernes, 12 de abril de 2019
OTRA CIUDAD, OTRA LEY
“Otra ciudad, otra Ley” parte de la base de volver a ver
juntos en la gran pantalla tras muchísimos años a dos estrellas del Hollywood
clásico, todavía vivas en los ochenta, como eran Kirk Douglas y Burt Lancaster.
A partir de ahí, se cuenta la historia de dos ladrones de trenes que tras pasar
en la cárcel 30 años, salen libres en plenos años ochenta. En consecuencia,
todo a cambiado mucho, ellos son ya señores mayores y no se adaptan ni al
estilo de vida imperante en esa década, ni al destino que el asistente social
ha buscado para ellos; uno acaba en un asilo mientras que el otro tiene que
trabajar en una heladería. Mientras intentan adaptarse a la situación, deciden
volver a reunir a su banda para asaltar por
segunda vez el mismo tren por el que fueron encarcelados hace 30 años. La
diversión está asegurada.
Jeff Kanew, reputado montador de Hollywood y director de la
estupenda “La Revancha de los novatos” cumplió un sueño cuando pudo juntar en
su propia película a sus dos héroes de la infancia y a adolescencia, Kirk
Douglas y Burt Lancaster. Así que se lo debió pasar como un niño pequeño
dirigiendo a las dos estrellas en esta película. O eso debió pensar cuando con
su equipo habitual comenzó a idearla. Lo que no sabía es que con los dos
actores ya ancianos iba a tener algún que otro problemilla. Aunque nada que no
hiciera merecer la pena el pegarse el gustazo de hacer esta película.
Para empezar, los dos actores, entrados ya en la tercera edad,
eran ambos sacos de manías y mientras que Burt Lancaster estaba ya achacoso y
bastante torpe, Kirk Douglas por el contrario estaba en plena forma, motivo
este por el que surgieron algunas que otras desavenencias entre los actores en
el rodaje, amén de que el caché de uno era más alto que el del otro. En
definitiva, no se llevaron bien y Kanew, en consecuencia, sufrió verdaderos
dolores de cabeza dirigiéndoles.
Por otro lado, Lancaster, que ya había tenido operaciones de
corazón y llevaba un cuadruple bypass, tenía serias dificultades para memorizar
los diálogos, por lo que tenían que ponerle enormes carteles con su texto para
que los leyese durante sus escenas. Tampoco los podía leer correctamente,
motivando que el desarrollo de la filmación se complicara constantemente. Por
suerte, el oficio de Lancaster era mayor y, cuenta Jeff Kanew, que finalmente
salvaba la papeleta con talento tirando de improvisación o cuando, tras muchas
tomas, lograba recordar sus textos. Por el contrario, Douglas se encontraba
como pez en el agua, por eso se reservaban para él las escenas más dinámicas,
como cuando tiene que bailar en la discoteca frenéticamente. De hecho, ahí
sigue el hombre con 102 años que va a durar más que su propio hijo.
“Otra ciudad, otra ley” cuya colección de tópicos y clichés
es abrumadora, que puede pecar de tontorrona y por momentos pasamos algo de
vergüenza ajena con Douglas y Lancaster en las situaciones por las que se les
hace pasar (Douglas con un traje chillón
y ochentero para ir a la disco o el enfrentamiento de los dos abueletes contra
una panda de gangztaz en un suburbio, son momentos verdaderamente bochornosos),
sin embargo funciona a todos los niveles gracias al entretenimiento que nos
proporciona toda la película, que por otro lado, está sembrada con buenos gags
y diálogos divertidos. Por lo demás, es una comedia de “pez fuera del agua” con
todo lo que este subgénero conlleva.
El tramo final, hace aguas por todas partes.
Así, el paso del tiempo, la nostalgia, y lo simpático de la
propuesta, hace que pasemos por alto cualquier irregularidad y que disfrutemos como
enanos durante el visionado de la película.
Siendo la primera producción de la Touchtone Pictures como
tal, que en los 80 hacía comedietas ligeras para todos los públicos como
churros, así como alguna cinta potable de acción, en el reparto tenemos a Elli
Wallach que está divertidísimo y que ocupa el puesto de un veterano Adolph
Caesar que falleció durante la preproducción, un debutante Dana Carvey con cara
de bobo que luego se convertiría en uno de los cómicos con menos gracia de la
escena americana, y que, en el casting, le levantó el papel a un Jim Carrey que
no acababa de hacerse un hueco en la industria (luego la reventaría como saben)
y un Charles Durning, haciendo de Charles Durgning
En cuanto a la filmografía de Jeff Kanew, iregular hasta
decir basta, cuenta con títulos como, además del ya mencionado “La Revancha de
los novatos”, “¡Te pillé! (Gotcha!)”, “La tropa de Beverly Hills” o “Detective
con medias de seda”, que me provocan, a rasgos generales, un montón de
simpatía. Aunque lleva inactivo desde 2013, lo más destacado que ha realizado,
una vez entrado en la década de los 90, sería el documental que le dedica a
Kirk Douglas titulado “Kirk Douglas: Before I Forget”.
Mención a parte merece su película de bajo presupuesto para National
Lampoon “Adan y Eva (Ella siempre dice no)” que está bastante decente y
divertida.
sábado, 30 de marzo de 2013
PIRANHA ´95
A mediados de los 90, los video-cluberos adictos al alquilismo nos encontramos con que las estanterías de nuestros antros del placer favoritos se llenaban de inesperados remakes producidos por el legendario Roger Corman según títulos propios considerados ya clásicos por cualquier aficionado al fantástico con un mínimo de buen gusto. Su destino era, eminentemente, la televisión. Quién nos iba a decir entonces que Rogelio estaba siendo visionario adelantándose a la fiebre remakeadora que nos asolaría unos cuantos años después. De todos los films re-paridos destacaban dos, al menos en mi agenda, "Piranha" y "Humanoids from the deep". Yo alquilé, vi y me aburrí con ambos, especialmente la nueva versión de "Humanoides..." que resultaba harto inferior a la original. Lo único que en 1995 me llamó de la nueva "Piraña" era su protagonista, el entrañable William Katt, y que los distribuidores españoles habían respetado el título original, lanzándola a nuestro mercado como "Piranha", lo que daba pie a previsible cachondeo.
A diferencia del remake perpetrado por Alexandre Aja hace unos pocos años (que de entrada, abrazé con entusiasmo, aunque la última vez que lo volví a ver me pareció bastante malo), este del que hablamos ahora sí ES un remake. De hecho, resulta casi idéntica a la de Joe Dante, salvo por algunos detallitos tontos más condicionados por la escasez de presupuesto que por otra cosa (como la ausencia de incursión militar en la historia). Y estando Corman metido de por medio, que nadie dude del reciclamiento de imágenes. Una gran parte de los planos de peces asesinos atacando en manada están directamente extraídos de la peli del 78. Es más, incluso hay algún sutil plano submarino del primer "Humanoides del absimo". Así me gusta Roger, ¡fiel a tu espíritu!.
Pues na, recordemos: Unos excursionistas son devorados en una piscina por unas pirañas mutantes. Una investigadora los busca con ayuda de un especie de ermitaño (Katt, interpretando de nuevo a un escritor con crisis de ideas, ya puestos se podría haber llamado "Roger Cobb" y todos contentos). Se cuelan en unas viejas instalaciones militares y vacían la piscina, soltando a todos los peces asesinos que se encaminan río arriba. Primero para devorar a los críos de un campamento, y luego a los bañistas de un centro vacacional que se inaugura ese mismo día. La parejita hará lo imposible por detener a las criaturas.
Hay una escena que dice mucho no ya de la diferencia existente entre la versión original y esta, también de cómo andaba el género y el cine exploitation en los 90 en relación a épocas precedentes. En la de Joe Dante, los excursionistas que se meten en la piscina mortal son guapetes pero normales, con unos físicos agradables dentro de lo standard, destilando cierta inocencia post-jipi y que se desnudan con naturalidad. En la de 1995 resultan ser absurdamente atractivos, exageradamente caricaturescos y estereotipados, como salidos de una comedia "teen", la chica se desnuda a lo striptease y hace gala de unas tetorras inmensas de silicona y, antes de zambullirse, suelta un par de chistes referenciales para la audiencia más fricosa (menciona el "Attack of the crab monsters" del mismo Corman). En resumen, parecen retrasados mentales. 1978 contra 1995, definitivamente los fans del género nos adentrábamos en terrenos pantanosos y poco satisfactorios.
Como decía, este "Piranha" es esencialmente idéntico al primero, solo que un poco más acartonado y soso. Seco. Telefílmico, vamos. Sin embargo, puesto que lo realmente importante en una película, del tipo que sea, es su historia (que si es buena, o está bien contada, compensa cualquier otra clase de sufrimiento), y en el caso que nos ocupa es básicamente igual a la que ideó John Sayles en su momento, pues el resultado termina siendo soportable y no especialmente ofensivo. Muy "fast food", ver y olvidar. Te quedas igual.
Entre el reparto de actores y de técnicos encontramos curiosidades. Junto a Katt destacan algunos rostros más o menos reconocibles como los de Alexandra Paul (que acabaría ligada a la serie "Los vigilantes de la playa", aunque ya en "Christine" interpretaba a la chica deseada del insti), James Karen (el inolvidable "Frank" de "El regreso de los muertos vivientes") o Leland Orser (no muy famoso por su nombre, pero sí por su rostro, que se volvió reconocible a raíz de su papel en la estupenda "Seven", donde interpretaba al pobre desgraciao que le atan un cuchillo en la minga y le obligan a follarse a una furcia). Sin embargo, el fichaje más llamativo es el de Mila Kunis, la guapa-pero-extremadamente-irritante actriz hoy en pleno ascenso (recientemente la has visto en "Oz, un mundo de fantasía" y en la horripilante "Ted") y que por aquellos tiempos solo era una mocosa dando sus primeros pasos en esto del peliculismo (resulta bastante bizarro reconocer su característico y peculiar rostro de grandes ojos pegado a un cuerpo tan de cría... ¿será CGI?).
En el apartado técnico localizamos a John Carl Buechler encargándose de los bichejos acuáticos (¡lo que aclara por qué tienen un aspecto tan de goma!) y a Jim Wynorski como "domador de pirañas"... en realidad no dice domador, dice algo así como "jinete"... ¿¿es un puñetero chiste privado, tal vez??.
De Scott P. Levy, director, no podemos decir que haya hecho mucho por el séptimo arte. Algun producto más para Corman y el "spoof" auspiciado por la "National Lampoon", "Men in White". Luego se limitó a producir y desde el 2007 que anda desaparecido. Pues vale.
A diferencia del remake perpetrado por Alexandre Aja hace unos pocos años (que de entrada, abrazé con entusiasmo, aunque la última vez que lo volví a ver me pareció bastante malo), este del que hablamos ahora sí ES un remake. De hecho, resulta casi idéntica a la de Joe Dante, salvo por algunos detallitos tontos más condicionados por la escasez de presupuesto que por otra cosa (como la ausencia de incursión militar en la historia). Y estando Corman metido de por medio, que nadie dude del reciclamiento de imágenes. Una gran parte de los planos de peces asesinos atacando en manada están directamente extraídos de la peli del 78. Es más, incluso hay algún sutil plano submarino del primer "Humanoides del absimo". Así me gusta Roger, ¡fiel a tu espíritu!.
Pues na, recordemos: Unos excursionistas son devorados en una piscina por unas pirañas mutantes. Una investigadora los busca con ayuda de un especie de ermitaño (Katt, interpretando de nuevo a un escritor con crisis de ideas, ya puestos se podría haber llamado "Roger Cobb" y todos contentos). Se cuelan en unas viejas instalaciones militares y vacían la piscina, soltando a todos los peces asesinos que se encaminan río arriba. Primero para devorar a los críos de un campamento, y luego a los bañistas de un centro vacacional que se inaugura ese mismo día. La parejita hará lo imposible por detener a las criaturas.
Hay una escena que dice mucho no ya de la diferencia existente entre la versión original y esta, también de cómo andaba el género y el cine exploitation en los 90 en relación a épocas precedentes. En la de Joe Dante, los excursionistas que se meten en la piscina mortal son guapetes pero normales, con unos físicos agradables dentro de lo standard, destilando cierta inocencia post-jipi y que se desnudan con naturalidad. En la de 1995 resultan ser absurdamente atractivos, exageradamente caricaturescos y estereotipados, como salidos de una comedia "teen", la chica se desnuda a lo striptease y hace gala de unas tetorras inmensas de silicona y, antes de zambullirse, suelta un par de chistes referenciales para la audiencia más fricosa (menciona el "Attack of the crab monsters" del mismo Corman). En resumen, parecen retrasados mentales. 1978 contra 1995, definitivamente los fans del género nos adentrábamos en terrenos pantanosos y poco satisfactorios.
Como decía, este "Piranha" es esencialmente idéntico al primero, solo que un poco más acartonado y soso. Seco. Telefílmico, vamos. Sin embargo, puesto que lo realmente importante en una película, del tipo que sea, es su historia (que si es buena, o está bien contada, compensa cualquier otra clase de sufrimiento), y en el caso que nos ocupa es básicamente igual a la que ideó John Sayles en su momento, pues el resultado termina siendo soportable y no especialmente ofensivo. Muy "fast food", ver y olvidar. Te quedas igual.
Entre el reparto de actores y de técnicos encontramos curiosidades. Junto a Katt destacan algunos rostros más o menos reconocibles como los de Alexandra Paul (que acabaría ligada a la serie "Los vigilantes de la playa", aunque ya en "Christine" interpretaba a la chica deseada del insti), James Karen (el inolvidable "Frank" de "El regreso de los muertos vivientes") o Leland Orser (no muy famoso por su nombre, pero sí por su rostro, que se volvió reconocible a raíz de su papel en la estupenda "Seven", donde interpretaba al pobre desgraciao que le atan un cuchillo en la minga y le obligan a follarse a una furcia). Sin embargo, el fichaje más llamativo es el de Mila Kunis, la guapa-pero-extremadamente-irritante actriz hoy en pleno ascenso (recientemente la has visto en "Oz, un mundo de fantasía" y en la horripilante "Ted") y que por aquellos tiempos solo era una mocosa dando sus primeros pasos en esto del peliculismo (resulta bastante bizarro reconocer su característico y peculiar rostro de grandes ojos pegado a un cuerpo tan de cría... ¿será CGI?).
En el apartado técnico localizamos a John Carl Buechler encargándose de los bichejos acuáticos (¡lo que aclara por qué tienen un aspecto tan de goma!) y a Jim Wynorski como "domador de pirañas"... en realidad no dice domador, dice algo así como "jinete"... ¿¿es un puñetero chiste privado, tal vez??.
De Scott P. Levy, director, no podemos decir que haya hecho mucho por el séptimo arte. Algun producto más para Corman y el "spoof" auspiciado por la "National Lampoon", "Men in White". Luego se limitó a producir y desde el 2007 que anda desaparecido. Pues vale.
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