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viernes, 22 de mayo de 2015

HOTEL INFERNO

Siendo yo una persona a la que le gusta el gore, también me he dado cuenta de que me gusta dentro de un contexto puramente cinematográfico. A mí cuéntame una historia y si tiene que haber violencia en ella, que sea bien gore. Y artesanal a ser posible. Ahora, no me pases un ultra-gore Alemán, porque eso es repugnante pornografía, no para cinéfilos, sino para pajilleros que disfrutan con la sangre y las vísceras. Es decir; me gusta el gore que nos puede ofrecer, por ejemplo “Maniac”, pero odio el que nos da “Necromantik”, por poner un ejemplo, aún gustándome esta película por motivos ajenos al gore extremo. Incluso, creo que el ultra-gore es un sub-sub-género muy para granudos adolescentes y terriblemente de los noventa. Vamos, que a estas alturas ya no solo lo veo anticuado y desfasado, sino que, si además, este gore es generado por ordenador, apaga y vámonos. Para que hablar, si este, además, está combinado con la estética de los vídeo- juegos.
Aún así, como la curiosidad mató al gato y sin salirnos de Europa, descubro al colectivo Italiano –e independiente- Necrostorm, capitaneado por  Giulio de Santi, que con las miras puestas en el mercado internacional se rueda en inglés una serie de películas donde lo que prima es el gore más desopilante, al estilo del ultra-gore alemán, pero en plan contemporáneo y con la tecnología por bandera. Me llama la atención este “Hotel Inferno”, así que cojo y lo veo. Se pegan la machada de asegurar, erróneamente, que se trata de la primera película filmada en primera persona: La cámara la lleva el protagonista en las gafas, y vamos viendo lo que él ve. Vamos, como en un videojuego de “matamata”. Una vuelta de tuerca al “found footage” que quieren darle estos mediterráneos, que en un principio podría estar bien, pero cansa. Y con el rollo videojueguero ya se lo cargan del todo. Pero no es  eso lo peor; lo peor es el gore por el gore, el reventamiento de cerebros, extracción de cabezas  y órganos del que hace gala la película, totalmente inofensivo –no me vayan a tomar a mí por un retrogrado- pero tremendamente aburrido, poco original, y como ya he dicho, para pajilleros.
Un asesino a sueldo es contratado por un excéntrico millonario para que vaya a un hotel a matar a dos personas, con unas armas arcaicas en concreto, y pagando una suma prohibitiva, para que  triture sus sesos y remueva sus entrañas. Así, le dan unas gafas para que ellos desde una central puedan ver como se los carga. Pero, sin dar más explicaciones, tras matar a uno de ellos, una serie de tipos, unos más monstruosos, otros menos,  empiezan a atacar a nuestro protagonista, que, como es natural, los irá matando a todos de las formas mas brutas y violentas posibles. Y sin ninguna imaginación. Como ver a Nacho Vidal atragantando a alguna adolescente con  su maltrecha polla.
La cosa es tan aburrida, como ver jugar a un amigo tuyo a su videojuego favorito, pero a eso hay que añadirle, el afán de provocar que tiene de Santi, sin conseguirlo en ningún momento. Pura mierda.
Si estos son los derroteros que va a llevar el fantástico Europeo, mejor me voy a ver la última de Adam Sandler.
Al cabo de los muchísimos visionados que me pego diariamente, veo montones de películas que no me gustan, pero ninguna que me guste tan poco como este “Hotel Inferno”. Y es que esta película no es para, como ya he dicho antes, los amantes del séptimo arte: lo es para esos jóvenes góticos que quieren llamar la atención en youtube diciendo que son satánicos y que se van a suicidar; en definitiva, para la puta morralla.
Ahora, es sorprendente, como se impone el arte digital en el cine independiente – casi amateur, paradójicamente-. Las cotas de perfección del gore infográfico, son ya asombrosas y, sin embargo, accesibles para cualquiera, lo que me da mucho, mucho miedo. No obstante, si te fijas bien, se nota que es infografía… pero he de reconocer, que está tan perfeccionada, que en un principio, y gracias a la decapitación que abre la película (y que le gusta tanto a los patanes de sus responsables, que luego la vuelven a mostrar en la película por segunda vez), no sabía si estaba viendo una película de ficción, o un documental de Narcos Mexicanos y sus películas “Snuff” reales. Sea como sea, puta basura.
Giulio de Santi, que podría usar su pericia con los F/X infográficos, que también llevan su firma, para productos un poco más interesantes, también ha puesto las imágenes al servicio de esta en otra película anterior “Teater City” y se ve que a los pajillerros les gusta, así que tendremos “Necrostorm” para rato.

sábado, 13 de agosto de 2022

CALÍGULA

Por lo que a mi respecta, "Calígula" representa el epítome de la libertad y osadía del cine típicamente setentero. Solo en ese periodo tan fascinante podría haberse concebido semejante locura. Una película histórica sobre los desmanes de un emperador romano, producida por una revista para pajilleros ("Penthouse"), con un pastizal invertido en su creación (incluidos decorados enormes y barrocos), actores de categoría y un contenido hasta las trancas de sexo explícito, violencia y mucha mucha sordidez. Unas maneras ya no imposibles de ver una década previa, o
posterior (más enfocada al espectáculo despreocupado destinado a complacer al espectador), directamente impensable en los tiempos que corren. Solo por eso, merece considerarse... lo que no quiere decir, ni por el forramen, que estemos ante una obra de arte o algo así.
Obviamente, por todo ello, las historias en torno a la confección de "Calígula" son cientos. Podría pasarme horas desgranándolas aquí, pero no tengo ganas. Busquen en Imdb o cualquier fuente afín y podrán empaparse. Baste resumirlo en que, una vez terminada, algunos de sus actores, su director original (Tinto Brass), el autor del supuesto texto adaptado (el mega-reputado Gore Vidal), los críticos (Roger Ebert se piró del cine a media peli, cabreadísimo, ¡¡ja!!) e incluso parte del público (iba para exitazo, pero fue retirada de las salas en medio del subidón. Todavía sigue prohibida en algún lugar) echaron incontables pestes de ella, renegaron de su mera existencia, soñaban con desvincularse y salían por la tele pidiendo que nadie fuese a verla. Un super-escándalo.
Narrativamente la cosa no tiene mucho truco. Asistimos al ascenso y caída de Calígula como emperador. Entre medias, unas pocas intrigas palaciegas, muchas judiadas por la espalda, algo de truculencia y sexo, sobre todo muuuucho sexo. Tetas, coños, culos y una incontable cantidad de pollas. Pero hasta hartar. "Calígula" es pura lascivia. Desde el primer al último fotograma. Y repito, no solo hablo de erotismo, hablo de explícita pornografía. Vemos mamadas y comidas de coño (incluidas de naturaleza gay), corridas, alguna penetración y hasta una meada. Sin medias tintas. Todo ello envuelto en un aire como a peli de mucha categoría, incluso artística (con una bonita banda sonora, destacando el tema romántico y el que abre el film, de procedencia clásica). Claro, la mezcla es tremenda e irresistible para aquellos que adoren la rareza, el fruto prohibido, la arqueología de tiempos que no volverán. Por lo demás, no les voy a engañar, es un tostón. Larga, lenta y aburrida. Únicamente nos mantiene despiertos el elemento "sleaze". La acumulación de barrabasadas e instantes shock (donde también asistimos a un parto totalmente real), a cada cual más cafre. Aquellos estrictamente pornográficos fueron rodados e insertados por el mecenas de "Penthouse" a espaldas del reparto. De ahí los lógicos mosqueos. Este viene compuesto por nombres tan sorprendentes como los de Peter O´Toole o John Gielgud. Malcom McDowell haciendo del personaje titular, e ideal, teniendo en cuenta su habitual tendencia a interpretar tíos raros y chungos (razón por la que, justo después, aceptó un rol tan opuesto en la estupenda "Los pasajeros del tiempo"). La hermosa Helen Mirren, aireando sus dos enormes tetazas. Y en el apartado curiosidades, John Steiner, al que luego veríamos en chorromil exploitations italianos.
Naturalmente, tanta mandanga sensacionalista solo podía atraer a las moscas igual que lo hace la caca. Y en este caso fueron un puñado de cineastas de baja estofa y mentalidad explotativa que comenzaron a producir sucedáneos semi-pajeros con el nombre de "Calígula" en el título o, en su defecto, ambientación romana de tirón sexy, valga como ejemplo "Calígula y Mesalina" o "Roma: Orgía imperial" del inevitable Bruno Mattei, "Una virgen para Calígula" del "especialista" Jaime J. Puig -suyas son las dos entregas de "Bacanales Romanas", de donde "Una virgen para Calígula" recicla parte del material-, o "Roma. L'antica chiave dei sensi" del especialista en cine pajero Lorenzo Onorati, usando el nombre de Lawrence Webber. Tal vez el más destacado sea Aristide Massaccesi, que bajo el alias de David Hills se sacó de la manga "Caligola: La storia mai raccontata", 
titulada en España por José Frade muy sabiamente como "Calígula 3: la historia jamás contada" (lo que nunca he sabido es donde anda "Calígula 2", posiblemente se refiera a "Calígula y Mesalina", que era la más descarada del pack -incluso en su cartel, donde podemos hablar de plagio puro-) Pal caso, al emperador loco lo interpreta David Brandon, el histriónico director de teatro orejudo en "Aquarius". Y, justamente, el responsable directo de aquella, el gran Michele Soavi, se marca un papelito y, además, fue "secretario de montaje" durante su confección. Casiná.
Hoy se dice, se comenta, que toda la mala prensa acarreada por Calígula -el emperador romano, no la película- podría ser mentira. Que caía gordo al senado y, tras su muerte, se dedicó a escribir las trolas más enfermizas y despiadadas con intención de pintarlo como un monstruo de cara a la historia. Hicieron un buen trabajo, la verdad. Nunca sabremos si estaba así de pillao, pero desde luego resulta mucho más divertido pensar que sí. Tal ha sido su peso que incluso inspiró la creación de uno de los villanos más míticos de los tebeos de "Juez Dredd" -de cuando eran buenos- un juez supremo rubio, medio psicópata y que otorga un puesto de responsabilidad a un pez, igual que, se supone, Calígula hizo con un caballo al que nombró cónsul y sacerdote. Aquel personaje respondía al ingenioso nombre de "Juez Cal". Tampoco podemos pasar por alto la simpática canción que los "Dickies" le dedicaron en 1989.
Mi anécdota personal en torno a "Calígula" se sitúa a finales de los ochenta, estudiando primero de BUP. Eventualmente organizábamos pases de películas interesantes para el alumnado. Al ser yo responsable de seleccionarlas, cayeron "Curso 1984" y, obvio, la reseñada. Les aseguro que aquel pase fue un éxito de asistencia. Vinieron hasta los profesores. Y nadie habló ni, casi casi, se marchó durante el visionado. Me senté en primera fila, orgulloso de mi victoria, y a ratos echaba la vista atrás para inspeccionar las caras de asombro del personal. En un momento dado, una chica exclamó "¿Pero quién es el pervertido que ha puesto esto?" Supongo que algún profesor sería abroncado porque nunca hubo más proyecciones. ¿Se imaginan repetir tal hazaña en 2022?

viernes, 17 de noviembre de 2023

DIMENTICARE PALERMO

“Dimenticare Palermo” es una película italiana de 1990 confeccionada para ser llevada a la pantalla por un director de prestigio como era Francesco Rosi, basada en la novela homónima de Edmonde Charles – Roux, con un libreto coescrito entre el propio Rosi y Gore Vidal, que cuenta con una banda sonora excepcional firmada por Ennio Morricone, y con un reparto internacional representado por los nombres de Philippe Noiret, Vittorio Gassman y Mimi Rogers.  Por eso no deja de chocar que un film como este, destinado a ganar premios, a obtener cierto estatus y a ser estrenado en medio mundo, esté protagonizado nada menos que por ¡James Belushi! ¿Qué hace Belushi en una película de estas?
Sin embargo, de “Dimenticare Palermo” no se sabe prácticamente nada. Se le ha dado poco bombo y no destaca nunca en las filmografías seleccionadas de Francesco Rosi. El motivo, lógicamente, es que, en co-producción con Francia, la productora se había gastado una suma escandalosa de dinero en rodarla. Se trataba de una película de alto postín y… no la vio absolutamente nadie. En España no se estrenó nunca y tan siquiera salio directa a vídeo. A día de hoy permanece inédita.
Podríamos pensar, a bote pronto, que meter a James Belushi en “Dimenticare Palermo” sería un error. Lo mismo que hacer un reboot de “El Padrino” encabezado por Adam Sandler y, quizás, ese sea el motivo del fracaso. Pero no. Resulta que lo mejor de la película es el propio Belushi, quien se está tomando su papel en serio —quizás consciente de la oportunidad que se le abría si esta producción europea funcionaba—, está comedido y en su sitio, nada forzado, en lo que podría haber sido uno de los mejores roles de su carrera... de no ser porque la historia misma no deja mucho espacio para su lucimiento actoral.
“Dimenticare Palermo” cuenta la historia de Carmine Bonavia, un candidato a alcalde de la ciudad de Nueva York de ascendencia italiana, que no parte como favorito en las elecciones. Con el fin de salir electo, y aprovechando que la ciudad está asediada por la droga, el hombre basa la campaña electoral en su legalización regulada. Durante el trajín, Bonavia se casa y fija como destino de su viaje de novios la madre patria, es decir, Palermo. Al llegar allí, será víctima de extorsión, engaños y amenazas por parte de la mafia, que tiene como único fin que el aspirante a alcalde retire su propuesta.
La película consiguió sendas nominaciones a la mejor fotografía y mejor escenografía en los premios Claqueta de oro que otorgaba la revista italiana “Ciak”, aunque no consiguió nada. Y eso que la fotografía es de primerísimo primer orden.
Sin embargo —y a eso achaco yo el fracaso y posterior silenciamiento de “Dimenticare Palermo”—, Francesco Rosi no capea bien con el material literario del que parte y hace una película absolutamente soporífera en la que, básicamente, tenemos a Jim Belushi y Mimi Rogers dándose paseitos y hablando de política por Nueva York durante la primera hora, para, en la segunda, trasladar la acción a Palermo y, allí, darse más paseitos mientras continúan hablando de política. A Belushi también le de algo de tiempo para irse a ver a Vittorio Gassman, una suerte de príncipe que vive confinado huyendo de la mafia, y hablar también de política con él, dos veces. Y finito.
No existe en el mundo película más sosa y aburrida que esta. Carece de suspense o de drama. Nada de lo que ocurre nos importa un pimiento y parece que a nuestros protagonistas tampoco. Con lo que el resultado es una hora cuarenta de actores americanos y europeos haciendo nada. Y ese es el verdadero motivo del fracaso. Lo insípida y plana que es.
No obstante, se trata de una de las películas de corte prestigiosos más singulares y fallidas de la historia, así que, aunque solo sea por eso, suma puntos como cinta rara misteriosa y desperada, y le dedicamos un visionado, y hacemos el esfuerzo de atender (e intentar entender) el italiano, a pelo y sin subtítulos, que es la única manera en la que se puede ver. Por suerte, el italiano se entiende bastante bien, aunque el verdadero problema no está en la barrera idiomática.
La recomiendo, aunque solo sea para que vean un gran ejemplo de tedio y desidia cinematográfica. Y un cúmulo de malas elecciones.