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domingo, 1 de diciembre de 2013

STRIKER

No se muy bien por qué, pero en la época de su lanzamiento tenía la sensación de que "Striker" era un plagio tardío -italiano, of corze- de "Rambo", que llegó a los video-clubs cuando la moda de los tíos mazas contra ejércitos estaba ya algo gastada y Bruno Mattei había dado buena cuenta de ello con sus subproductos, tales como "Strike Commando" o "Doble Objetivo". Curiosamente, esta última aterrizó en nuestras estanterías gracias a "Films Cuatro", la misma distribuidora de "Striker", la diferencia es que mientras en aquella la caratula era lo más sosa imaginable, pal caso que nos ocupa fueron un poco más listos, despertando al enfermo que había/hay en mí.
Así de lejos, "Striker" (no confundir con el "Stryker" de Cirio H. Santiago, únicamente unidas por un punto en común, su condición de exploit) parece una película de lo más peculiar incluso pa las de su poco lustrosa ralea. ¿Qué hace el héroe en la portada con un tirachinas?, ¿es guasa?. ¿Y eso de "Melany Rodgers como top "Ramba""? (algo a lo que en ningún momento se hace alusión en la peli, y además, si se fijan, en la parte inferior de la caratula aparece como Melonee Rodgers). Estos detalles le conferían un aura peculiar que la hacía sumamente y equivocadamente atractiva.
Solo dos años separan al film comentado de "Rambo", entonces, ¿por qué esa sensación de producto atrasado (¿retrasado?) a su tiempo?. No me hagan mucho caso, porque cuando me la puse a ver el otro día, lo hice convencido de que era terreno virgen para mi... hasta que reconocí un plano concreto que me reveló la dolorosa verdad, ¡¡ya la había visto!!. ¿Extraño?, sí, pero no. En esos tiempos me comía estas mierdas con la misma facilidad que me encerraba en el lavabo a masturbarme. Y es que, para un fan del "trash" como ya era yo, "Striker" iba cargadita de muchos alicientes: El director oculto tras ese cantoso "Stephen M. Andrews" era nada menos que Enzo G. Castellari. Como co-guionista teníamos a otro anti-clásico, el infame Umberto Lenzi. Y en tareas de interpretación un puñado de supervivientes de la escuela italiana (John Philip Law, John Steiner y Werner Pochath) además de todo un "action hero" de tercera que terminaría convertido en icono del cine de acción videoclubero, Frank Zagarino. Hablemos de él. Su curriculum resulta envidiable. A finales de los 80, además de su papel en "Striker", trabajó para otro italiano ilustre, Giannetto De Rossi -que dejaba un rato de lado el látex pa ponerse a dirigir- en "Cy-Warrior, especial combat unit" (cuya caratula trae cola). Por cierto, es horrible. De ahí pasó al mercado yankee, donde protagonizó una ralea de productos videocluberos casi delirante, con "Terminator" siempre como fuente de expolio, por citar algunos: "Operación Cyborg" (y secuelas), "Cyborg Cop 3" o "Perdidos en el tiempo", que en inglés suena mejor, "Alien Chaser". Pero Frank Zagarino guarda un as en la manga, cuando nadie conocía aún su faz (es decir, unos pocos menos de los que la conocen ahora) compartió plató con Charles Bronson en "El guardaespaldas de la primera dama". ¡Chúpate esa!.
En el film que nos ocupa, el rubiales interpreta a un héroe con pinta de... héroe, actitud de héroe y nombre de héroe, "John Slade". Es sacado de un posible encierro por la inteligencia de los USA para que vaya a Nicaragua y libere a un periodista compatriota y amigo que ha sido secuestrado. Allí se junta con una muchacha de buen ver y rescatan al reportero Tribulete. Pero luego hay una traición por medio y vuelven a caer en manos de los malos. Entonces "Slade" se difraza de "John Matrix" y se lo pasa pipa enseñando las tetas, sudando, poniendo cara de cabreo y sacando armas de debajo de las piedras con las que exterminar al reparto de extras. Todo muy italiano ello, muy torpón, cutre, mediocremente fotografiado y extremadamente aburrido. Ya saben cómo era la acción del cine "trash" italiano, como ver una telenovela a la hora de la siesta.
En fin, decía al principio de esta reseña que la caratula de "Striker" hacía suponer que aquello era más de lo mismo, pero no exactamente igual. Sin embargo, ahora puedo afirmar que mi joven e ingenua percepción fue un espejismo. Esta peli es pura fórmula, de cabo a rabo, sin sorpresas ni estridencias. Previsible hasta lo denunciable. Un desvergonzado rip-off de la de Stallone. Vamos, que Lenzi no se lo curró ni pizca cuando se puso al teclado, porque, encima, los diálogos son realmente propios de un retarded. De tebeo malo. Y vienen cargados de ese ultra-patriotismo yankee totalmente absurdo, especialmente idiota siendo como son fetuccinis sus perpetradores. Es la interpretación gran guiñolesca de lo que un italiano cree que es un estadounidense amante de la bandera (o el desesperado deseo de complacer a esa parte de la audiencia). Obviamente, los malos son un puñado de Sandinistas comandados por un Ruso cabronísimo que odia la barras y estrellas y es puro histrionismo barriobajero.
Junto a los actores citados, encontramos toda una bizarrada, Pierre Agostino (oculto tras el alias de Peter Gold). Este señor tiene un curriculum de lo más peculiar ya que, además de repetir con Castellari en "Hammerhead", actuó para don N.G.Mount en "Operación: Las Vegas", para dos monstruos del "trash" como Ted V. Mikels y Ray Dennis Steckler en "War Cat" (conocida en España como "Ángel de la venganza", básicamente una "Rambo" con tetas) y para este último en un par de sus películas improvisadas, "Las Vegas Serial Killer" y "The Hollywood Strangler Meets the Skid Row Slasher". Más mareante resulta descubrir que Agostino también se marcó roles en films de Charles Nizet quien, a su vez, tenía papelillo en la misma "Operación: Las Vegas" de N.G.Mount... el mundillo del "trash" es un pañuelo chorreante de mucosidades.
Y como guinda, el bueno de Daniel Greene marcándose un cameo al final de la peli. Joder, si lo sé, no vengo.
Dato enfermizo: En 1991, y dentro del mercado norteamericano, Zagarino protagoniza junto a David Carradine una cosa titulada "Project Eliminator" donde interpreta a un soldado de las fuerzas especiales que responde al nombre de "John Striker Slade" (o "John Salde" a secas, según donde leas el dato) y no hay indicios de que ambos films vayan conectados más allá de la presencia del mazas... ¿¿es una segunda parte de la peli de Castellari??.... ¡¡¡RARO, RARO!!!.
"Striker" es entrañable a su manera... sin dejar de ser pura caca maloliente.

jueves, 29 de noviembre de 2012

TENEBRE

Estas últimas semanas, y con motivo del reciente visionado de su "Dracula 3D", me dio por revisar algunas de las películas de la etapa ochentosa de Dario Argento. Me puse "Phenomena" (la peli, no el evento demoníaco), dispuesto a gosssarla y desglosssarla luego en este blog, pero contra todo pronóstico, me aburrió más de lo esperado y no me animó a ponerme a aporrear el teclado. Tal vez esa pequeña e inesperada decepción hizo que tardara más en intentarlo con la otra, "Tenebre". Me daba algo de miedo llevarme también un chasco con esta, básicamente porque le tengo mucho afecto a la puta peli. Veréis, fue de las primeras de terror que alquilé de chaval. Y seguramente, fue mi desvirgue ante las artes del cineasta italiano (además, tenía el vinilo del soundtrack y el cutre poster español -ver imagen-... aunque regalé ambos a entes que lo sabrán gozar más que io). Y claro, partiendo de esa base, "Tenebre" me atrapó, me impactó. Muchos de sus elementos hicieron mella en mí, y aún hoy siguen ahí, bien metidos en lo más profundo de mi psique. Todo ello condicionaba mucho el funesto visionado, hasta que ayer me armé de valor y de un pendrive, y me la puse.
Un escritor yankee de gran éxito, especializado en novelas de asesinatos, llega a Roma para promocionar su nuevo libro. Justo aterriza, comienzan a producirse crímenes, en los que el culpable se limita a seguir las fechorías del psycho-killer de la novela y, ya de paso, implica a su autor en todo ello. Este, ayudado por unos y otros, investigará, descubrirá, luego se perderá... y nosotros con él. Pero eso no importa porque la peli termina en un delirante y generoso baño de sangre que lo arregla todo... vamos, que te deja tan contento que te suda la polla si eso cuadra con aquello o no.
De entre medias, pues mucho material para el recuerdo, destacando sin duda alguna la estupenda y pegadiza banda sonora de los casi-Goblin Simonetti-Morante-Pignatelli, cuyo tema central es ya todo un clásico. Luego, pues ea, un reparto de lo más típico del cine de género italiano que intenta no parecerlo demasiado (Anthony Franciosa, John Saxon, John Steiner o el gran Giuliano Gemma), una buena ración de crímenes -misóginos- y bastante truculentos (la tipa a la que obligan a comer las páginas de la novela, la fascinante pareja de lesbianas viciosas, la adolescente con el estómago reventado a base de hacha... que por cierto, esto último en la versión en vídeo de la época andaba parcialmente censurado), las inimitables, carnosas, voluptuosas e inexpresivas hembras italianas, el inquietantemente erótico flash-back (protagonizado por una churri de notoria nariz... ¡cómo le ponen a Argento las hembras narigudas!, será por propio complejo... si hasta su santa hija tiene una napia de órdago), ese maravilloso primerísimo primer plano de la ensangrentada cuchilla limpiándose bajo el agua del grifo (y que tanto me influyó en mis propios delirios creativos), el presentador de televisión recibiendo un hachazo en pleno cabestro y, en fin, como apuntaba antes, el brutal clímax final bañado en hemoglobina, en el que muere hasta el apuntador, en el que vemos cómo un brazo es troceado con todo lujo (muy impactante!) y donde Dario Argento da rienda suelta a sus desvaríos. ¡Aaaay!, pero cómo molaban las locuras del italiano en aquellos tiempos, ¿o no?, en "Tenebre" tenemos el fascinantemente inútil paseo de la cámara por la fachada de un edificio (¡¿pero pol qué?!) o ese doberman incansable y cabezón. Otro de mis momentos favoritos: La sra. de Argento, Daria Nicolodi, abandona una habitación, la cámara se desplaza un metro y encuadra un objeto metálico puntiuagudo brillando (¡¿pero pol qué, again?!)... aunque para objetos puntiagudos, el final-final y su escultura asesina... absurdo, demencial... brillante.
Vamos, que sí, que a diferencia de "Phenomena", "Tenebre" volvió a gustarme. Es más, resulta bastante entretenida... algo no muy habitual en el cine de Argento... y el cine italiano en general. Y como dato fricoso, por ahí pululan Lamberto Bava y Michele Soavi ayudando a su mentor y marcándose unos cameos y tó.
En fin, un título imprescindible para fans de Dario Argento y, ¿por qué no?, del terror de la época. Hasta casi me atrevería a decir que "Tenebre" fue su última peli buena de verdad... a pesar de que, obvio, en aquel momento recibió palos de los críticos hasta en el DNI o, como dirán allá, l´identità nazionale. Pero ¿¿qué coño sabrán ellos, hijos de puta??.

sábado, 13 de agosto de 2022

CALÍGULA

Por lo que a mi respecta, "Calígula" representa el epítome de la libertad y osadía del cine típicamente setentero. Solo en ese periodo tan fascinante podría haberse concebido semejante locura. Una película histórica sobre los desmanes de un emperador romano, producida por una revista para pajilleros ("Penthouse"), con un pastizal invertido en su creación (incluidos decorados enormes y barrocos), actores de categoría y un contenido hasta las trancas de sexo explícito, violencia y mucha mucha sordidez. Unas maneras ya no imposibles de ver una década previa, o
posterior (más enfocada al espectáculo despreocupado destinado a complacer al espectador), directamente impensable en los tiempos que corren. Solo por eso, merece considerarse... lo que no quiere decir, ni por el forramen, que estemos ante una obra de arte o algo así.
Obviamente, por todo ello, las historias en torno a la confección de "Calígula" son cientos. Podría pasarme horas desgranándolas aquí, pero no tengo ganas. Busquen en Imdb o cualquier fuente afín y podrán empaparse. Baste resumirlo en que, una vez terminada, algunos de sus actores, su director original (Tinto Brass), el autor del supuesto texto adaptado (el mega-reputado Gore Vidal), los críticos (Roger Ebert se piró del cine a media peli, cabreadísimo, ¡¡ja!!) e incluso parte del público (iba para exitazo, pero fue retirada de las salas en medio del subidón. Todavía sigue prohibida en algún lugar) echaron incontables pestes de ella, renegaron de su mera existencia, soñaban con desvincularse y salían por la tele pidiendo que nadie fuese a verla. Un super-escándalo.
Narrativamente la cosa no tiene mucho truco. Asistimos al ascenso y caída de Calígula como emperador. Entre medias, unas pocas intrigas palaciegas, muchas judiadas por la espalda, algo de truculencia y sexo, sobre todo muuuucho sexo. Tetas, coños, culos y una incontable cantidad de pollas. Pero hasta hartar. "Calígula" es pura lascivia. Desde el primer al último fotograma. Y repito, no solo hablo de erotismo, hablo de explícita pornografía. Vemos mamadas y comidas de coño (incluidas de naturaleza gay), corridas, alguna penetración y hasta una meada. Sin medias tintas. Todo ello envuelto en un aire como a peli de mucha categoría, incluso artística (con una bonita banda sonora, destacando el tema romántico y el que abre el film, de procedencia clásica). Claro, la mezcla es tremenda e irresistible para aquellos que adoren la rareza, el fruto prohibido, la arqueología de tiempos que no volverán. Por lo demás, no les voy a engañar, es un tostón. Larga, lenta y aburrida. Únicamente nos mantiene despiertos el elemento "sleaze". La acumulación de barrabasadas e instantes shock (donde también asistimos a un parto totalmente real), a cada cual más cafre. Aquellos estrictamente pornográficos fueron rodados e insertados por el mecenas de "Penthouse" a espaldas del reparto. De ahí los lógicos mosqueos. Este viene compuesto por nombres tan sorprendentes como los de Peter O´Toole o John Gielgud. Malcom McDowell haciendo del personaje titular, e ideal, teniendo en cuenta su habitual tendencia a interpretar tíos raros y chungos (razón por la que, justo después, aceptó un rol tan opuesto en la estupenda "Los pasajeros del tiempo"). La hermosa Helen Mirren, aireando sus dos enormes tetazas. Y en el apartado curiosidades, John Steiner, al que luego veríamos en chorromil exploitations italianos.
Naturalmente, tanta mandanga sensacionalista solo podía atraer a las moscas igual que lo hace la caca. Y en este caso fueron un puñado de cineastas de baja estofa y mentalidad explotativa que comenzaron a producir sucedáneos semi-pajeros con el nombre de "Calígula" en el título o, en su defecto, ambientación romana de tirón sexy, valga como ejemplo "Calígula y Mesalina" o "Roma: Orgía imperial" del inevitable Bruno Mattei, "Una virgen para Calígula" del "especialista" Jaime J. Puig -suyas son las dos entregas de "Bacanales Romanas", de donde "Una virgen para Calígula" recicla parte del material-, o "Roma. L'antica chiave dei sensi" del especialista en cine pajero Lorenzo Onorati, usando el nombre de Lawrence Webber. Tal vez el más destacado sea Aristide Massaccesi, que bajo el alias de David Hills se sacó de la manga "Caligola: La storia mai raccontata", 
titulada en España por José Frade muy sabiamente como "Calígula 3: la historia jamás contada" (lo que nunca he sabido es donde anda "Calígula 2", posiblemente se refiera a "Calígula y Mesalina", que era la más descarada del pack -incluso en su cartel, donde podemos hablar de plagio puro-) Pal caso, al emperador loco lo interpreta David Brandon, el histriónico director de teatro orejudo en "Aquarius". Y, justamente, el responsable directo de aquella, el gran Michele Soavi, se marca un papelito y, además, fue "secretario de montaje" durante su confección. Casiná.
Hoy se dice, se comenta, que toda la mala prensa acarreada por Calígula -el emperador romano, no la película- podría ser mentira. Que caía gordo al senado y, tras su muerte, se dedicó a escribir las trolas más enfermizas y despiadadas con intención de pintarlo como un monstruo de cara a la historia. Hicieron un buen trabajo, la verdad. Nunca sabremos si estaba así de pillao, pero desde luego resulta mucho más divertido pensar que sí. Tal ha sido su peso que incluso inspiró la creación de uno de los villanos más míticos de los tebeos de "Juez Dredd" -de cuando eran buenos- un juez supremo rubio, medio psicópata y que otorga un puesto de responsabilidad a un pez, igual que, se supone, Calígula hizo con un caballo al que nombró cónsul y sacerdote. Aquel personaje respondía al ingenioso nombre de "Juez Cal". Tampoco podemos pasar por alto la simpática canción que los "Dickies" le dedicaron en 1989.
Mi anécdota personal en torno a "Calígula" se sitúa a finales de los ochenta, estudiando primero de BUP. Eventualmente organizábamos pases de películas interesantes para el alumnado. Al ser yo responsable de seleccionarlas, cayeron "Curso 1984" y, obvio, la reseñada. Les aseguro que aquel pase fue un éxito de asistencia. Vinieron hasta los profesores. Y nadie habló ni, casi casi, se marchó durante el visionado. Me senté en primera fila, orgulloso de mi victoria, y a ratos echaba la vista atrás para inspeccionar las caras de asombro del personal. En un momento dado, una chica exclamó "¿Pero quién es el pervertido que ha puesto esto?" Supongo que algún profesor sería abroncado porque nunca hubo más proyecciones. ¿Se imaginan repetir tal hazaña en 2022?

sábado, 28 de septiembre de 2024

EL ARCA DEL DIOS DEL SOL

Hace un par de semanas hablábamos de David Warbeck, y aquí lo tenemos de nuevo, perfectamente integrado en el exploitation made in italy. Justo, si a algo hemos dedicado letras y más letras en este blog ha sido al oportunismo cinematográfico, el plagio -italoparlante o no-, los mockbusters -cuando eran "divertidos"-, etc, etc, etc. Siempre resulta de lo más dicharachero y disfrutoso. Pero si nos dejamos de risitas nerviosas y actitudes arrogantes y/o soberbias, y lo miramos con frialdad, intentando ser analíticos, la verdad es que cuesta comprender cómo una serie de señores invirtieron dinero, tiempo, trabajo, recursos y demás zarandajas logísticas en facturar algo que ellos mismos sabían robaba de otras películas y, además, del modo más rastrero. No sé, puestos a dejarse el coño confeccionando un largometraje, ¿no tiene más sentido proceder con algo TUYO? tampoco hablo de rollo autoral, hablo de un producto comercial pero en el que desarrolles un tema, historia o maneras de tu paternidad, sin mimetizar a nadie. Y no me vendan la moto del homenaje / guiño fanatista, aquel que procede por admiración hacia el éxito de turno, porque eso no existía en la época dorada de la explotación y a sus artífices les molaban más los billetes verdes que el cine (y en caso de ser el amor hacia este el motor, por cuestiones generacionales su fanatismo apuntaría a títulos clásicos de décadas previas).
La incomprensión de todo ello se acrecienta cuando, encima, la película resultante NO se parece tantísimo a la copiada. Incluso gasta sus propias virtudes y algo de dignidad. Por ejemplo, me viene a la mente ese famoso "Alien 2" de Ciro Ippolito (y Biagio Proietti), con conexión nivel CERO respecto al clásico de Ridley Scott. Entonces, ¿por qué titularlo así? Sí, te aseguras ciertas ganancias de cara a la taquilla pero, en realidad, le estás restando méritos a algo que podría tener entidad propia (se podría esgrimir que a sus responsables les importaba tan poco ese posible reconocimiento autoral, como el cabreo del público al considerarse engañado, siempre y cuando el montante chorreara generosamente).
Todo este rollo me atusó las meninges durante los créditos iniciales de "El arca del dios del sol" (era eso, o sufrir la horripilante canción que los acompaña) uno de los dos exploits perpetrados por Antonio Margheriti a la sombra de "En busca del arca perdida". Y especifico "En busca del arca perdida" porque es un dato que incluso despierta en mí cierta fascinación: Por entonces, el icono que con los años supuso "Indiana Jones" todavía no se había desarrollado. Eso ocurriría, sobre todo, a partir de su segunda película en 1984. Antes, y especialmente con 1981 todavía cerquita, lo suyo consistía en imitar el gran éxito de Hollywood, y ese era "En busca del arca perdida", una de aventuras con regusto clásico a base de tesoros ocultos en tumbas repletas de trampas, parajes exóticos y un prota guaperas que no importaba mucho si se llamaba "Indiana" o Ramón o Bonifacio, y tampoco si llevaba sombrero de ala, látigo o macuto.
Ya, ya, todo este pajillismo lo solté cuando, justo, publiqué los fotocromos de "Los aventureros del tesoro perdido", primera de las dos aportaciones firmadas por don Margheriti, "regista" clásico del cine popular italiano, quien supo ver perfectamente la deuda de la creación de Spielberg / Lucas con "James Bond", de ahí que "El arca del dios del sol" chupe también un poco de este y, literalmente, le mencione en un diálogo.
Aquí el prota es un ladrón de guante blanco al que contratan para localizar un tesoro legendario que, se supone, dispone de poderes mágicos (aunque nunca lleguemos a verlos en acción) En el trayecto deberá enfrentarse a una especie de secta de turcos tarados dispuestos a arrebatárselo.
Todo ello a las maneras de como se lo montaban los fetuccini en 1984, pero relativamente bien. "El arca del dios del sol" (que cuenta con una maravillosa caratula de vídeo, algo tramposilla -la jodida arca es casi idéntica a la que buscaba el "Dr.Jones"-, capaz de disparar la imaginación del teenager que era yo cuando la sujetaba entre mis cayosas y temblorosas manos. Se la dejamos enterita al final, cortesía de Mr.Enorm) es soportable. Tiene su ritmo decente. Sus escenas de acción más o menos llevaderas (destacando el uso y abuso de maquetas para las persecuciones de automóviles, táctica esta que se la ponía morcillona a Margheriti. Y con razón, la cosa está bastante bien), peleas un poco torpes pero simpáticas, y toda la parte propiamente rollo "arca perdida", a base de templo maldito, lava, oro, momias y trampichuelas. Destacar, como curiosidad, la escena en la que el prota y su socio se meten en unas alcantarillas infestadas de ratas, materia que veríamos unos años después en, justo, el tercer "Indiana Jones" (la diferencia es que, en esta, evitan maltratar a las criaturas, mientras que a los italianos les importa un pimiento).
El reparto es perfecto. El sueño húmedo de cualquier devoto de la explotación transalpina. Mister Warbeck, con ese jeto de héroe de comic, dando vida al ladrón aventurero y haciendo gala de sus notables limitaciones interpretativas, a base de muchas cucamonas. Le sigue un inmenso Ricardo Palacios, replicando un poco el rol de John Rhys-Davies en la epopeya Spielbergiana, y otro par de legendarios, John Steiner y Luciano Pigozzi / Alan Collins. Cierra el círculo la supuesta novia del héroe, Susie Sudlow en su única película, que, como dato característico y máximo gracejo, se pasa el puto largometraje entero perfectamente maquillada, sin importar la situación (sea de buena mañana recién despierta, sea en medio del caos aventurero...).
Un agradable divertimento beneficiado, muuuuy beneficiado, por el efecto nostalgia.

domingo, 11 de diciembre de 2011

BODY COUNT

¡Y anda que no chanaba la carátula de "Body Count" en el video-club!. Apostaría una espinilla a que todos los que por entonces teníamos la edad adecuada, picamos como tontos. Yo la alquilé y la vi con mi sr.padre. He de confesar que ambos nos aburrimos mortalmente. ¡¿Qué esperaba?!, ¡era un slasher!. Claro que por entonces andaba menos informado y no tenía la mente y el cuerpo preparados. Ayer noche fue la segunda vez en mi vida que la veía... y además como más me mola, por sorpresa. Hacía zapping y ¡zasca!, me la anuncian de madrugada en un canal local. ¡¡Toma ya!!. Claro, en estas condiciones hubiera sido raro no disfrutarla un mínimo. Y así fue. Por cierto, que a pesar de la decepción siendo adolescente, los del vídeo-club tuvieron el detalle de regalarme un abalorio promocional de "Body Count" que anduvo decorando una estantería de mi dormitorio hasta que... bueno, terminó en la basura, ¡¡ouch!!.
Que si, que la peli tiene varios títulos, pero cojones, yo pongo y me quedo con el que la conocí en su época, "Body Count". Y lo que tenemos aquí no dista casi nada (casi) de la fórmula habitual. Chavales de acampada, asesino misterioso, muertes relativamente sangrientas (aunque la versión que vi ayer tenía pinta de estar cortada, algunas escenas de muerte terminaban de un modo muy brusco). ¿Cuales son los elementos mínimamente diferenciadores?, pues a ver: La peli no se centra únicamente en los personajes jóvenes, también en los adultos y sus trifulcas culebronescas. Las chavalas son más golfas de lo habitual. El gordo gracioso es especialmente irritante. Por lo demás, se mantienen fieles a esa clase de amistad tan típica de los slashers basada en pasarse toda la peli odiándose mutuamente. Y claro, el asesino, que mola bastante, un supuesto chamán extremadamente viejo y, por ende, extremadamente feo... ¿o es alguien que se hace pasar por él?.
Sí claro, "Body Count" es lenta, es previsible (salvo por el drama de infidelidades mil que viven los personajes mayores de 18 años) y etc, etc, pero bueno, si te la ves consciente de lo que hay y con paciencia, pues tiene su coña y algún acierto fugaz, como la secuencia de la pesadilla (de chaval me pareció genuinamente inquietante) y los hermosamente tristes parajes naturales elegidos para rodar el film.
Aunque lo realmente interesante está detrás de las cámaras. Ruggero Deodato, hastiado creador de "Holocausto Caníbal" (y a quien el terror no le tira nada), dirige con sapiencia pero sin ganas. La lograda banda sonora la firma todo un jefe, Claudio Simonetti, ex-"Goblin" y habitual colaborador de Dario Argento. Entre los guionistas (que son legión para una peli tan básica como esta), destaca Alex (Alessandro) Capone, que pocos años después debutaría en la dirección con el -según recuerdo- aburrido film de horror "Pesadilla (Witch Story)". Y el reparto, casi reúne el "quien es quien" del cine italiano de horror, tenemos a David Hess (recordémoslo de prota en "La última casa a la izquierda", pero también en su explotación "Trampa para un violador", dirigida por el mismo Deodato), Mimsy Farmer (la has visto nada menos que en el "4 Moscas sobre terciopelo gris" de Argento y el "Black Cat" de Fulci), John Steiner (su rostro ha asomado en incontables italianadas: "Caligula", "El último cazador", "Los aventureros del tesoro perdido", "Tenebre", "Yor, el cazador que vino del futuro", "Comando Leopardo" y un largo etcétera), Ivan Rassimov (ya curró para Deodato en "¡Mundo canibal!, ¡mundo salvaje!" y luego repitió en el tema junto a Umberto Lenzi con "Comidos vivos") y ya fuera de ese grupo, pero no menos carismático, el bueno de Charles Napier haciendo de sheriff (recordemos que tanto este como Hess dejaron nuestra dimensión recientemente). El reparto juvenil no me interesa lo más mínimo.
Con semejante panorama, ¿qué puedo decir?, mediocre... pero visible en un momento dado (aunque únicamente sea por su "entrañiblismo").

sábado, 18 de julio de 2009

EL ÚLTIMO CAZADOR

Nadie pone en duda la calidad de films como "El Cazador" (aunque la secuencia de la boda sea una chapa) y "Apocalypse Now". Sin embargo, en esencia, lo que más marcó de ambas fue el modo crudo, sucio, traumático, feísta y nada heroico de retratar lo que se coció en la guerra del Vietnam. Ahora ya es algo muy manido gracias a la fiebre de pelis del tema que vivimos a partir de "Platoon", pero en aquel entonces todas esas imágenes eran novedosas y dejaron huella. Es normal pues que dichos films, sometidos a las leyes del "exploitation" más puro, quedaran reducidas, precisamente, a todas las secuencias escabrosas y efectistas de guerra, dejando a un lado los elementos humanos, filosóficos o incluso pretenciosos. Si a todo eso añadimos que de tal menester se encargaron los Italianos, que por aquel entonces vivían su época dorada en cuanto a "serie B" / plagio se refiere, el resultado es este "El último cazador", firmado en 1980 por todo un especialista en películas de género, Antonio Margheriti o, para el caso, Anthony M. Dawson.
En esencia, "El último cazador" es una peli de acción, de aventuras incluso, con la guerra del Vietnam como telón. Claro, si estuviésemos justo en pleno subidón de la moda "Rambo" (cuyo "start" fue a partir de 1985), la peli resultante hubiese sido algo parecido a, no se, pongamos por caso "Strike Commando" de Vincent Dawn / Bruno Mattei. Pero no, lo que molaba entonces era el rollo Coppola / Cimino, y Dawson se esfuerza en que su historia de un militar enviado a la jungla a destruir una emisora de radio desde la que una voz femenina americana lanza proclamas anti-belicistas para desanimar a los combatientes llegados de los USA, tenga una pátina como falsamente deprimente, en la que todos sueltan "amargos" discursos sobre lo puta que es la guerra, en la que los soldados, hastiados y sobreactuados, se matan entre ellos y con el sacrificio final -y sin sentido (aunque menos lo tiene la absurda supuesta sorpresa de quién locuciona los discursos por antena)- del anti-héroe de la función.
El guión es de ese astro de las letras con fines cinematográficos llamado Dardano Sacchetti (suyos son los libretos de muuuuchos de los clásicos del exploit italiano) y, como suele pasar en este tipo de films, está repleto de encantadoras ingenuidades, "yankiladas" de esas que soltábamos de chavales jugando a detectives a la hora del patio porque "así hablan los americanos en sus películas". El resultado, muy típico de su momento (todo el "exploitation" llegado de esas tierras, y enclavado en ésa década, era prácticamente idéntico), se soporta bien... cuesta, no diré que no, a ratos el ritmo se torna farragoso, y los clichés sacan de quicio, pero se consigue llegar al "Fine" y se disfruta con nostalgia de un invento al que el encanto le sobra. Y que no falte la canción seudo-de autor-neo hippie al final propia del cine anti-belicista de entonces (aunque dicha "denuncia" no exista, y su supuesto mensaje viene en realidad del material plagiado... como parte de uno de los elementos que "tienen que estar" en un film de este estilo. No porque sí "El último cazador" en su país de origen apunto estuvo de titularse ¡¡¡"El Cazador 2"!!!).
El reparto, cómo no, también está plagado de nombres indivisibles de ese periodo, tales como el simpático David Warbeck ("El mas allá", "Los aventureros del tesoro perdido", imitación Dawsoniana de "En busca del arca perdida"), Tisa Farrow ("Nueva York bajo el terror de los zombi", "Gomia, terror en el mar Egeo"), Bobby Rhodes (el negrazo de "Demons 1 y 2"), Margit Evelyn Newton ("Apocalipsis Caníbal") y John Steiner ("Shock", "Tenebre" o "El arca del dios Sol", el otro seudo-"Indiana Jones" perpetrado por Margheriti).

viernes, 19 de mayo de 2017

CATHERINE CHERIÉ

Producción Hispano-alemana a cargo de la factoría de los hermanos Balcazar, dando a nuestra cinematografía un título más de las llamadas “Clasificadas S”.
Con el fin de mostrarnos un poco de pornografía soft, y con el afán de parecer una película más molona de lo que es, también con el de parecer una película de mayor categoría,  “Catherine Chérie” cuenta la historia de una cantante pop que está liada con su manager, y a la que se le cruzará en su camino un atractivo paparazzi, que robándoles fotos sexys, enredará la madeja hasta convertirse la cosa en una historia de secuestros y violencias que, reciclados,  serían hoy un caldo de cultivo para el Tarantino de los cojones.
Nada nuevo en el horizonte; aburrimiento a mansalva para un producto que, si a priori puede causar curiosidad, esta queda satisfecha con un visionado superficial.
Mucho folleteo, pero para que parezca menos guarro, rodado con las ventanas abiertas para que entre la brisa y mueva las cortinas. Nada, un producto vacío de los muchos y variopintos que llevaron a buen puerto los Balcázar.
Dirige el propio Jaime Jesús Balcázar, quién otrora fuera el responsable de algunos de los “Espulgas Western” de los años sesenta, que como hombre de negocios más que cineasta que era, se marcó una película “S” para embucharse unos muy buenos dineritos a costa de la España pajillera. La vieron en salas 96.000 espectadores. Puede parecer poco, pero con lo que costaban estas películas, sin duda, salían rentables.
Jaime Jesús Balcázar, pone con “Catherine Chérie”, punto y final a su carrera como director, que a fin de cuentas, no fue tan prolífica; solo once títulos.
En el reparto, lo más llamativo sería Raquel Evans, musa erótica de los productos más cutres que se puedan imaginar de nuestro cine, con títulos en su filmo que son el despiporre. Como muestra;  “Andalucía Chica”, vehículo para el (des) lucimiento de Antonio Molina dirigida por José Ulloa, las dos entregas de “Bacanales Romanas”, “Made in China” del proxeneta John Liu, o “La muchacha de las bragas de oro” de Don Cutre “aceptado socialmente en el entorno cinematográfico”, Vicente Aranda. Sin embargo el reparto lo encabeza Berta Cabré, una de estas actrices “S” guapas, delgaditas, apetecibles, que sin embargo derrochan menos carisma que un tornillo, que aparte de las escenas tórridas, tiene en común con la Evans el haber aparecido en películas para (des) lucimiento de algún artísta –en este caso de “El Fary” y la inefable “Ojos sin luz”-, o todo tipo de morralla “Serie B” como pueda ser “Las Aventurasde Zipi y Zape”, “Barcelona Sur” o la Iquinada “Dos pillos y pico”. Lo masculino, importa menos en esta película, cuya baza fuerte son las escenas lésbicas, aún así, tenemos restregándose con ellas a actores del mismo registro que las actrices, pero menos vistos en el cine populachero como puedan ser Peter Steiner Jr. habitual de “Comedias Sexy” Alemanas, o José Gras, del que sugiero que consulten en IMDB, porque si me pongo a poner títulos en los que ha aparecido –y que están reseñados en este blog- no acabaríamos nunca.
Muy mala.