Cuando se habla de la primera película para lucimiento de Martes y 13 en formato trío, “Ni te cases ni te embarques”, se tiende a decir que es malísima y no hace honor al talento del grupo. A mí de chaval me encantaba, años después me pareció floja y anoche me volvió a parecer genial. Esto va como va.
Desde luego es graciosa y está entretenida, si bien es cierto que es una de esas películas que vende a su trío protagonista, en principio alejado del cine y, una vez se tiene el cartel que los anuncia, el producto resultante es lo de menos. Por eso, en el montaje hay secuencias que no tienen continuidad o que, directamente, se pasan la narración por el forro de las pelotas, porque la historia en el fondo da lo mismo.
No obstante, me resulta una película curiosa y, fríamente, sentencio aquí que se trata, sin duda alguna, de la mejor de cuantas hicieron Martes y 13, muy por encima de “La loca historia de los tres Mosqueteros” de mi amado Mariano Ozores y, por supuesto, sustancialmente por encima de esos dos despropósitos de Álvaro Sáenz de Heredia que son “Aquí huele a muerto (Pues yo no he sido)” o “El Robobo de la Jojoya”, que, siendo más actuales que la que nos ocupa, sobreviven peor al implacable paso del tiempo. De chaval más o menos me gustaban ambas, pero vistas hoy… las películas de Martes y 13 como dúo son lo peor de lo peor, carentes de gracia y con una sobredosis de chascarrillos propios de los humoristas que ya son de otro tiempo (ergo, no funcionan).
Sin embargo “Ni te cases ni te embarques” aguanta algo mejor por varios factores, a saber; su intencionalidad. Quizá las películas al servicio de humoristas son un producto que se explotó más en los 90, por lo que en “Ni te cases ni te embarques” todavía no existía del todo ese pensar de convertir secuencias directamente en sketches, así, en lugar de tener una película de Martes y 13, tenemos a Martes y 13 en una película. Se trata de uno de esos films concebidos por Bermúdez de Castro para forrarse que, sí, está protagonizado por Martes y 13, pero que funcionaría igual de bien protagonizado por Antonio Ozores, Juanito Navarro o Raúl Sender, por ejemplo. Es ese tipo de cine de comedia español de los 80, solo que con el aporte juvenil y gamberro de Josema, Millán y Fernando.
Por otro lado, el estilo de los humoristas aún no se había definido del todo en 1982 —estaban empezando en verdad—, no eran ese muestrario de tics y chascarrillos que volvía loca a toda España y, aquí, podemos decir que más que haciendo humor, que lo hacen, están asumiendo la faceta de actores que coleaba desde sus inicios. Martes y 13 venían de tener una formación actoral, pero, sin duda, el que más se luce en esta película como tal es Fernando Conde, que se come a los otros dos caricatos con patatas. Asimismo, tenemos a un todoterreno tras las cámaras como es el director Javier Aguirre, rentando su profesión con las películas de Parchís en ese momento, haciendo un break para una cosa un poco más pequeña destinada a los cómicos de moda, mientras que en su tiempo libre le da a lo que realmente le gusta, que es el cine experimental. Tiene un guion endeble que él no ha escrito, pero coloca la cámara donde toca y dirige a los actores de manera más bien correcta, sin que se le rasguen las vestiduras por ello y sin hacer ningún esfuerzo. Otra cosa es que en el montaje hicieran el desbarajuste maravilloso que es esta película a nivel argumental, cuyo resultado el espectador no tiene en cuenta porque, al fin y al cabo, y aun siendo más cine que otras muestras posteriores del subgénero, el público natural, que es España entera, disfruta de los parabienes de Martes y 13 en una película.
Otro punto a favor, y que también se estilaría en productos del mismo corte a posteriori, es que, aunque es una película al servicio de unos cómicos muy famosos, se aprovecha para introducir a otros menos populares. Así, si en los vehículos para lucimiento de Chiquito de la Calzada teníamos a Bigote Arrocet acompañando al malagueño, en esta tenemos a una estupenda Beatriz Carvajal absolutamente desmelenada, interpretando a una gallega como ya solía hacer en sus intervenciones televisivas de la época. Añádanle una suerte de reparto de actorazos de primer orden haciendo los roles secundarios, como puedan ser Agustín González, Amparo Soler Leal, Alejandro Enciso o Luis Barbero. También tenemos por ahí a un niño pequeño que molesta a nuestros protagonistas y no es otro que Juan Diego Botto.
O sea, que al final "Ni te cases ni te embarques" se prodiga como una película muy divertida y desenfadada con la que uno se echa unas risas.
Aludiendo a la picaresca española, la cosa va de tres jóvenes parados que, para subsistir, tienen que recurrir a pequeños timos que siempre les salen mal. Hasta que un buen día, tras una serie de circunstancias, deciden abrir una agencia matrimonial, la excusa perfecta para que se sucedan toda suerte de disparatadas situaciones. No hay más.
Tontorrona y facilona, la película contiene desde gags muy graciosos hasta otros bastante vergonzantes, pero siempre dentro de un campo de acción agradable y entretenido, que se torna genial cuando roza lo políticamente incorrecto —mezclar un mismo gag discapacidad y homosexualismo, como sucede en un determinado momento, no es moco de pavo — y eso que del humor del grupo no hay más que pinceladitas.
Se estrenó en el mejor momento de Martes y 13 como trío (antes de convertirse en fenómeno social tras la marcha de Fernando Conde) y llevó a los cines a una marabunta de personas, casi 800.000, sin que la película llegara a trascender en el imaginario popular como sí lo hicieron las que vendrían ya en su época de esplendor. Asimismo, Millán, en sus memorias “En mis 13”, decía que no se había hecho buen cine para Martes y 13 y esta película era una muestra de lo poco que se confiaba en ellos para el medio, diciendo que no les dejaron meter mano ni en el guion, ni en la dirección, ni en la elaboración de gags… ahora les digo yo ¿no presumís de que erais actores? Pues ahí tenéis una película en la que interpretáis, hacéis humor, y la paleta de colores es tan amplia que os desenvolvéis con trabalenguas, slapstick , humor visual y textual, por obra y gracia del equipo del señor Bermúdez de Castro, que por aquella época ya viajaba en "Rolls Royce". Yo creo que es un trabajo del que sentirse orgulloso más que del que renegar visto lo visto.
A reivindicar y redescubrir como la estupenda obra de derribo que es.
Mostrando las entradas para la consulta DE HEREDIA ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta DE HEREDIA ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas
martes, 14 de enero de 2025
viernes, 8 de diciembre de 2023
EL MESÓN DEL GITANO
“El mesón del gitano”, segunda película para lucimiento de Peret, es la peor de las cinco que protagonizó y un ejemplo claro de lo que representaba el rumbero para según que sectores del público: un reclamo “typical spanish” para atraer a los guiris. Un producto genuinamente rancio y de pandereta. No la salva ni Saza (que curiosamente, estuvo presente en todas las películas de Peret).
En esta ocasión, tenemos a Peret que regenta un mesón que va muy bien porque su compinche Fidel (Saza), es un guía turístico que acaba todas sus rutas allí. Peret, además de tocar la guitarra y cantar, siempre se las ingenia para ligar con alguna ingenua extranjera, poniendo como excusa que la va a llevar a Aranjuez.
La cosa va tan bien, que en un momento dado decide renovar el local, por lo que contratará a una decoradora. El asunto se complica porque, a medida que el negocio funciona, y él se va convirtiendo en un cantante popular, se enamorará perdidamente de la decoradora. Pero la familia de esta se opone rotundamente a que la chica se relacione con un tabernero gitano.
El argumento, poco interesante, nimio, no es más que una excusa para que Peret se eche unos cantes. Ya se que en principio esa es la idea de la existencia de las películas de Peret, pero, por ejemplo, Mariano Ozores en sus incursiones en la dirección de algunas de estas, hacía todo lo posible por darle prioridad al guion y la comicidad, metiendo pocas canciones, situándolas en segundo plano. Amén de darle un agradable toque de modernidad tanto a las películas como al propio Peret.
Sin embargo los números musicales en “El mesón del gitano” por momentos se tornan exasperantes, llegando al borde de lo insoportable en una escena de casi diez minutos, ambientada en el rastro de Madrid en el que una niña pequeña —en la vida real, una familiar de Peret— se pica con este cantando y bailando. Entre que la niña es repelente, y que la escena no termina nunca, uno se ve tentado a darle de facto al stop.
Nada de esto resulta extraño si tenemos en cuenta que tras la dirección se encuentra Antonio Román, director del régimen que, además, participó junto a José Luis Sáenz de Heredia y el propio Franco en la elaboración del guión de “Raza”. De ahí la ranciedad de este producto de Peret, en el que es non grato para la burguesía no solo por gitano, sino también por tabernero.
Como Román le daba a la propaganda que daba gusto, después de la guerra, no tenía problemas a la hora de financiar sus películas ni de recibir premios, así que rodó cosas muy del agrado del fascio como pudieran ser los clásicos “Los últimos de Filipinas” o “La fierecilla domada”. “El mesón del gitano” sería la película que pondría fin a su filmografía.
Junto a Peret en el reparto, además del habitual Saza, tenemos a Eduardo Fajardo, Margot Cottens o José María Tasso y su puto flequillo de los cojones.
Muy mala.
En esta ocasión, tenemos a Peret que regenta un mesón que va muy bien porque su compinche Fidel (Saza), es un guía turístico que acaba todas sus rutas allí. Peret, además de tocar la guitarra y cantar, siempre se las ingenia para ligar con alguna ingenua extranjera, poniendo como excusa que la va a llevar a Aranjuez.
La cosa va tan bien, que en un momento dado decide renovar el local, por lo que contratará a una decoradora. El asunto se complica porque, a medida que el negocio funciona, y él se va convirtiendo en un cantante popular, se enamorará perdidamente de la decoradora. Pero la familia de esta se opone rotundamente a que la chica se relacione con un tabernero gitano.
El argumento, poco interesante, nimio, no es más que una excusa para que Peret se eche unos cantes. Ya se que en principio esa es la idea de la existencia de las películas de Peret, pero, por ejemplo, Mariano Ozores en sus incursiones en la dirección de algunas de estas, hacía todo lo posible por darle prioridad al guion y la comicidad, metiendo pocas canciones, situándolas en segundo plano. Amén de darle un agradable toque de modernidad tanto a las películas como al propio Peret.
Sin embargo los números musicales en “El mesón del gitano” por momentos se tornan exasperantes, llegando al borde de lo insoportable en una escena de casi diez minutos, ambientada en el rastro de Madrid en el que una niña pequeña —en la vida real, una familiar de Peret— se pica con este cantando y bailando. Entre que la niña es repelente, y que la escena no termina nunca, uno se ve tentado a darle de facto al stop.
Nada de esto resulta extraño si tenemos en cuenta que tras la dirección se encuentra Antonio Román, director del régimen que, además, participó junto a José Luis Sáenz de Heredia y el propio Franco en la elaboración del guión de “Raza”. De ahí la ranciedad de este producto de Peret, en el que es non grato para la burguesía no solo por gitano, sino también por tabernero.
Como Román le daba a la propaganda que daba gusto, después de la guerra, no tenía problemas a la hora de financiar sus películas ni de recibir premios, así que rodó cosas muy del agrado del fascio como pudieran ser los clásicos “Los últimos de Filipinas” o “La fierecilla domada”. “El mesón del gitano” sería la película que pondría fin a su filmografía.
Junto a Peret en el reparto, además del habitual Saza, tenemos a Eduardo Fajardo, Margot Cottens o José María Tasso y su puto flequillo de los cojones.
Muy mala.
viernes, 11 de noviembre de 2022
LA LOLA SE VA A LOS PUERTOS
En un último intento por incentivar el cine folclórico en plenos 90 (esta es de 1993) y para que la ranciedad nos salga hasta por las orejas, se recupera para el cine a Rocío Jurado que regresaba tras un montón de años sin aparecer en una película, aunque en general, incluso en sus tiempos de bonanza, se había prodigado mas bien poco en el medio. Su intervención en esta “La Lola se va a los puertos” le valió un premio Yoga a la peor actriz.
Por supuesto, y pensado quizás que se jugaba sobre seguro, se devuelve al cine a la Jurado con un remake de la película del mismo título de 1947 dirigida por Juan de Orduña concebida al servicio de Juanita Reina, que a su vez estaba inspirada en la obra homónima escrita por los hermanos Machado. “La Lola se va a los puertos” es un clásico total y absoluto de nuestro folclore del que se han adaptado incluso zarzuelas.
Para esta revisión por todo lo alto se contó con los talentos de actores como Pepe Sancho o Paco Rabal, del mismo modo que se contó con la prestigiosa pluma de Joaquín Oristell para escribir parte del guion, y la dirección de Josefina Molina, reputada realizadora televisiva que a principios de los 90 estaba disfrutando de una carrera cinematográfica con títulos exitosos y alabados por la crítica como puedan ser “Esquilache” o “Lo más natural”.
Ambientando la acción en los años 20 —la obra original está ambientada en mil ochocientos y pico— y como excusa para insertar el mayor número de canciones posible, tenemos a la tal Lola que se gana la vida por los tablaos tocando flamenco con su guitarrista Heredia. Pronto un potente terrateniente, Don Diego, se encapricha de Lola y la contratará para que cante en la fiesta de compromiso de su hijo, en la finca de la que es dueño. Una vez allí, este potentado la propondrá quedarse allí a cantar en exclusiva para él y, si se tercia, echarle algún que otro polvo de vez en cuando. Como al guitarrista Heredia le ha salido un contrato de 6 meses para irse a tocar la guitarra él solo, la Lola acepta quedarse con el hacendado con la idea de sacarle hasta el tuétano, sin intención de sucumbir a sus deseos sexuales. La cosa se complica severamente cuando el hijo de Don Diego se enamora perdidamente de la Lola, esta le corresponde, y se arma el cristo cuando tanto a Don Diego como a la prometida del hijo de este les entra la pelusa y luchan cada uno por lo suyo.
Un auténtico folletín para público de otras épocas, tristón y decadente, que no se sostiene a pesar de que el elenco principal esté ahí echando todo el resto. Hasta a las señoras de 90 años les pareció tosca y anticuada.
Por supuesto la película supuso un fracaso de taquilla —el pasado éxito de Isabel Pantoja en el género con “Yo soy esa” no fue más que un espejismo— que no llegó a congregar más de 160.000 espectadores cuando las expectativas de público eran bastante altas. Y ahora sí, con este fracaso podemos decir que estamos ante la última película para lucimiento de una folclórica del sigo XX… a no ser que me deje alguna por ahí de después. El último clavo del cochambroso ataúd.
Desde luego, lo que me resulta del todo curioso es este resurgir del cine folclórico en plenos años 90, década en la que aunque aún existían las estrellas de la canción ligera, el éxito masivo de este género ya era residual. Pero que no se diga que no lo exprimieron hasta la última gota.
Como curiosidad, decir que leí una reseña norteamericana de “La Lola se va a los puertos” que resaltaba el cante jondo de la Jurado para la película, lamentaba que esta no hubiera cultivado más el flamenco en lugar de la canción ligera y que esta película permaneciera inédita en Estados Unidos puesto que le parecía esencial su visionado si se era un estudiante de flamenco o un aficionado yankee. Como El Pollito de California ¡Ea! Y quizás tenga razón y sea una buena película para el aficionado americano. Yo, como no soy aficionado, ni americano, tuve que limpiar la grasaza de mi pantalla de TV al terminar.
Por supuesto, y pensado quizás que se jugaba sobre seguro, se devuelve al cine a la Jurado con un remake de la película del mismo título de 1947 dirigida por Juan de Orduña concebida al servicio de Juanita Reina, que a su vez estaba inspirada en la obra homónima escrita por los hermanos Machado. “La Lola se va a los puertos” es un clásico total y absoluto de nuestro folclore del que se han adaptado incluso zarzuelas.
Para esta revisión por todo lo alto se contó con los talentos de actores como Pepe Sancho o Paco Rabal, del mismo modo que se contó con la prestigiosa pluma de Joaquín Oristell para escribir parte del guion, y la dirección de Josefina Molina, reputada realizadora televisiva que a principios de los 90 estaba disfrutando de una carrera cinematográfica con títulos exitosos y alabados por la crítica como puedan ser “Esquilache” o “Lo más natural”.
Ambientando la acción en los años 20 —la obra original está ambientada en mil ochocientos y pico— y como excusa para insertar el mayor número de canciones posible, tenemos a la tal Lola que se gana la vida por los tablaos tocando flamenco con su guitarrista Heredia. Pronto un potente terrateniente, Don Diego, se encapricha de Lola y la contratará para que cante en la fiesta de compromiso de su hijo, en la finca de la que es dueño. Una vez allí, este potentado la propondrá quedarse allí a cantar en exclusiva para él y, si se tercia, echarle algún que otro polvo de vez en cuando. Como al guitarrista Heredia le ha salido un contrato de 6 meses para irse a tocar la guitarra él solo, la Lola acepta quedarse con el hacendado con la idea de sacarle hasta el tuétano, sin intención de sucumbir a sus deseos sexuales. La cosa se complica severamente cuando el hijo de Don Diego se enamora perdidamente de la Lola, esta le corresponde, y se arma el cristo cuando tanto a Don Diego como a la prometida del hijo de este les entra la pelusa y luchan cada uno por lo suyo.
Un auténtico folletín para público de otras épocas, tristón y decadente, que no se sostiene a pesar de que el elenco principal esté ahí echando todo el resto. Hasta a las señoras de 90 años les pareció tosca y anticuada.
Por supuesto la película supuso un fracaso de taquilla —el pasado éxito de Isabel Pantoja en el género con “Yo soy esa” no fue más que un espejismo— que no llegó a congregar más de 160.000 espectadores cuando las expectativas de público eran bastante altas. Y ahora sí, con este fracaso podemos decir que estamos ante la última película para lucimiento de una folclórica del sigo XX… a no ser que me deje alguna por ahí de después. El último clavo del cochambroso ataúd.
Desde luego, lo que me resulta del todo curioso es este resurgir del cine folclórico en plenos años 90, década en la que aunque aún existían las estrellas de la canción ligera, el éxito masivo de este género ya era residual. Pero que no se diga que no lo exprimieron hasta la última gota.
Como curiosidad, decir que leí una reseña norteamericana de “La Lola se va a los puertos” que resaltaba el cante jondo de la Jurado para la película, lamentaba que esta no hubiera cultivado más el flamenco en lugar de la canción ligera y que esta película permaneciera inédita en Estados Unidos puesto que le parecía esencial su visionado si se era un estudiante de flamenco o un aficionado yankee. Como El Pollito de California ¡Ea! Y quizás tenga razón y sea una buena película para el aficionado americano. Yo, como no soy aficionado, ni americano, tuve que limpiar la grasaza de mi pantalla de TV al terminar.
viernes, 27 de noviembre de 2020
CHECHU Y FAMILIA
De Heredia hace un paréntesis en sus películas-vehículo para humoristas, para confeccionar una de verdad y demostrar una solvencia y un buen hacer a prueba de balas y, de paso, tapar la boca de aquellos que pudieran pensar que no sabía hacer cine más allá de registrar en imágenes las patochadas del cómico de turno. Aunque bueno, según para quién, “Chechu y familia” también sería una puta mierda.
Aunque para mi, sin duda, sería la mejor película del director. Claro que, probablemente, la culpa la tiene Rafael Azcona que le escribe el guion, basándose en un cuento propio del que el De Heredia se enamoró. Y, ya saben “con buena picha bien se jode”.
Un matrimonio pudiente se marcha de vacaciones dejando en su domicilio, un chalet con piscina, a su hijo Chechu, que ha suspendido y se ha de quedar estudiando, al abuelo, al tío del chaval, y al servicio, compuesto de criada, cocinera y jardinero. Por un lado Chechu lo que quiere es tener sexo con la criada, con el hándicap de que mientras que ella ronda los treinta años de edad, él cuenta con tan solo trece. El acoso al que, de buena gana, es sometida la muchacha por el menor, formaría el grueso del argumento, secundado este por las subtramas que nos presentan al abuelo cascarrabias que fuma a escondidas y hace las necesidades en el servicio de su hijo y su nuera, el tío obeso incapaz de seguir el régimen que le han asignado, o los problemillas con personajes externos, como el novio de la criada, que arma un pifostio al intuir que esta se acuesta con el “señorito” de la casa.
Con tono de vodevil, que por momentos roza el sainete, pero todo ello servido de la manera más contemporánea posible, “Chechu y familia” resulta ser una comedia al más puro estilo españolada clásica, con personajes que entran y salen del cuadro de la acción, pero situando esta en un único escenario —en ese caso el chalet— como si de una película de Ozores se tratara, si bien es cierto que, tal vez involuntariamente, también muestra elementos afines a las genuinas "sex comedies" americanas (en esa vertiente que desciende directamente de “El Graduado”) en cuanto a que el protagonista es un adolescente que trata por todos los medios perder su virginidad con la criada (si lo consigue o no… al final de la película se desvela), con planos referenciales que recuerdan por ejemplo a “Risky Business” —Chechu luciendo gafas de sol "Rayban" parece calcado de la película interpretada por Tom Cruise— y ramalazos humorísticos también deudores de la comedia adolescente americana.
Por otro lado, el guion impecable y una velocidad que no da tregua durante los escasos ochenta minutos de metraje, hacen de “Chechu y familia” la mejor de las comedias de corte popular de los noventa, cuando el estilo que parece cultivar aquí Álvaro Sáenz de Heredia, estaba ya muerto y enterrado.
El elenco le va a la zaga. César Lucendo, actor adolescente resultón, ejecuta sus labores con total convicción, dándole al personaje ese rollito cabrón y macarrilla que necesita, amén del toquecito repelente que hace que Chechu, aun pudiéndose el espectador sentirse identificado, acabe cayendo un poquito mal. A pesar de que el chaval está francamente bien, Lucendo no tuvo a posteriori la suerte que merecía, interpretando después pequeños papelitos en películas menores o episódicos en toda suerte de series de televisión. Le secundan un obvio Fernando Fernán Gómez al cual da gusto ver y oír, una Neus Asensi con hambre de notoriedad, consiguiendo una pizpireta criada andaluza (siendo catalana) y demostrando ser mejor actriz en esta época que unos años después, cuando obtuvo mayor popularidad y su anatomía parecía un muestrario operaciones estéticas. También memorables resultan Amparo Moreno como la cocinera que da sus “alegrías” a más de un habitante de esa casa, Luis Lorenzo en su papel de eterno mariquita, o Emilio Mellado como comedor compulsivo y estúpido chivato. Antonio Flores ejerciendo de secundario, se prodiga en esta película como un cómico nato —e involuntario—, que es el contrapunto humorístico al caos anárquico que reina en el chalet donde todo se desarrolla, dándonos un par de gags slapstick tronchantes (¡cómo se cae de la moto al vacilar haciendo un caballito el muy cabrón!). Esperanza Roy, muy desaprovechada, hace acto de presencia, sin más.
Amena, divertida, descarada e incluso excitante en algunos momentos (da, sin ninguna duda, para paja), yo creo que merece la pena acercarse a ella. Sin embargo, no fue demasiado bien en taquilla: Solo asistieron 118.000 espectadores a verla en los cines.
Aunque para mi, sin duda, sería la mejor película del director. Claro que, probablemente, la culpa la tiene Rafael Azcona que le escribe el guion, basándose en un cuento propio del que el De Heredia se enamoró. Y, ya saben “con buena picha bien se jode”.
Un matrimonio pudiente se marcha de vacaciones dejando en su domicilio, un chalet con piscina, a su hijo Chechu, que ha suspendido y se ha de quedar estudiando, al abuelo, al tío del chaval, y al servicio, compuesto de criada, cocinera y jardinero. Por un lado Chechu lo que quiere es tener sexo con la criada, con el hándicap de que mientras que ella ronda los treinta años de edad, él cuenta con tan solo trece. El acoso al que, de buena gana, es sometida la muchacha por el menor, formaría el grueso del argumento, secundado este por las subtramas que nos presentan al abuelo cascarrabias que fuma a escondidas y hace las necesidades en el servicio de su hijo y su nuera, el tío obeso incapaz de seguir el régimen que le han asignado, o los problemillas con personajes externos, como el novio de la criada, que arma un pifostio al intuir que esta se acuesta con el “señorito” de la casa.
Con tono de vodevil, que por momentos roza el sainete, pero todo ello servido de la manera más contemporánea posible, “Chechu y familia” resulta ser una comedia al más puro estilo españolada clásica, con personajes que entran y salen del cuadro de la acción, pero situando esta en un único escenario —en ese caso el chalet— como si de una película de Ozores se tratara, si bien es cierto que, tal vez involuntariamente, también muestra elementos afines a las genuinas "sex comedies" americanas (en esa vertiente que desciende directamente de “El Graduado”) en cuanto a que el protagonista es un adolescente que trata por todos los medios perder su virginidad con la criada (si lo consigue o no… al final de la película se desvela), con planos referenciales que recuerdan por ejemplo a “Risky Business” —Chechu luciendo gafas de sol "Rayban" parece calcado de la película interpretada por Tom Cruise— y ramalazos humorísticos también deudores de la comedia adolescente americana.
Por otro lado, el guion impecable y una velocidad que no da tregua durante los escasos ochenta minutos de metraje, hacen de “Chechu y familia” la mejor de las comedias de corte popular de los noventa, cuando el estilo que parece cultivar aquí Álvaro Sáenz de Heredia, estaba ya muerto y enterrado.
El elenco le va a la zaga. César Lucendo, actor adolescente resultón, ejecuta sus labores con total convicción, dándole al personaje ese rollito cabrón y macarrilla que necesita, amén del toquecito repelente que hace que Chechu, aun pudiéndose el espectador sentirse identificado, acabe cayendo un poquito mal. A pesar de que el chaval está francamente bien, Lucendo no tuvo a posteriori la suerte que merecía, interpretando después pequeños papelitos en películas menores o episódicos en toda suerte de series de televisión. Le secundan un obvio Fernando Fernán Gómez al cual da gusto ver y oír, una Neus Asensi con hambre de notoriedad, consiguiendo una pizpireta criada andaluza (siendo catalana) y demostrando ser mejor actriz en esta época que unos años después, cuando obtuvo mayor popularidad y su anatomía parecía un muestrario operaciones estéticas. También memorables resultan Amparo Moreno como la cocinera que da sus “alegrías” a más de un habitante de esa casa, Luis Lorenzo en su papel de eterno mariquita, o Emilio Mellado como comedor compulsivo y estúpido chivato. Antonio Flores ejerciendo de secundario, se prodiga en esta película como un cómico nato —e involuntario—, que es el contrapunto humorístico al caos anárquico que reina en el chalet donde todo se desarrolla, dándonos un par de gags slapstick tronchantes (¡cómo se cae de la moto al vacilar haciendo un caballito el muy cabrón!). Esperanza Roy, muy desaprovechada, hace acto de presencia, sin más.
Amena, divertida, descarada e incluso excitante en algunos momentos (da, sin ninguna duda, para paja), yo creo que merece la pena acercarse a ella. Sin embargo, no fue demasiado bien en taquilla: Solo asistieron 118.000 espectadores a verla en los cines.
viernes, 3 de abril de 2020
FREDY EL CROUPIER
Debut en la dirección del infame Álvaro Sáenz de Heredia que
se atreve con un thriller meramente cañí en torno al juego y los casinos
ilegales, que pese a tener la película en su momento unas críticas nefastas y
una cantidad de espectadores en cines irrisoria, sí que era una película
bastante popular a nivel parroquial, y era tema de conversación habitual en los
bares periféricos en la época. Vamos, que gustó al obrero medio de extrarradio.
No en balde, su copia pirata es de las primeras que circuló bajo el mostrador
de los vídeoclubes, y también ostenta el honor de ser una de las primeras
películas españolas en circular de manera fraudulenta.
Se ambienta la acción a finales de los años setenta, al poco
de legalizarse el juego en España. Aunque ya había casinos y locales
habilitados para el juego legal, los usuarios habituados preferían seguir
asistiendo a garitos ilegales. Fredy, es croupier de uno de estos locales. Un
mafioso apodado “El Calvo” que se ha hecho con todo el control de los garitos ilegales, toma por la fuerza el
perteneciente al padre de Fredy que se encuentra enfermo. Al oponerse, Freddy
es apuñalado por uno de los hombres de “El Calvo”, por lo que queda herido de
gravedad en un hospital. Cuando por fin sale de allí, clama venganza. Por suerte
es disuadido por su socio que ha creado un aparato magnético que les permitirá
ganar a la ruleta. Se disponen a viajar por carretera con el fin de instalar
ese dispositivo en un casino, mientras ganan algo de dinero engañando a
jugadores desaprensivos en partidas de pueblo, hasta que una cantante se cruza
en su camino, y “El Calvo” no les pondrá las cosas nada fáciles.
Se trata de una película de género puro con un fin muy
concreto: entretener al espectador. Y lo
consigue con creces ya que, a pesar de lo molesto que es el sonido directo
primigenio con el que cuenta la cinta, o lo chapucero de algunos de sus
momentos, la trama es tan interesante y sus personajes, campechanos, cercanos,
son tan simpáticos, que todo lo que vemos en la película resulta ser muy
agradable y pasamos su visionado en un santiamén. Y si técnicamente la película
es un poco precaria, la elección de los actores no puede ser más acertada. Así,
en el papel protagonista, Fredy, tenemos al director y cantante de Jazz Javier Elorrieta (un auténtico cineasta de culto la mar de interesante) haciendo las
veces de actor, que con una naturalidad pasmosa afronta el papel de este
croupier dándole un aire lumpen muy adecuado y resultón, que hacen preguntarse
cómo es que Elorrieta no volvió a protagonizar ninguna película. Quizás porque
se le veía demasiado Elorrieta y poco Fredy. Asimismo, no se me ocurre mejor
mafioso en el cine español que este “El Calvo” que interpreta Ricardo Palacios,
que es todo presencia, todo voz. Si ¿hubiera? mafiosos en España, desde luego, el
arquetipo sería el que interpreta Palacios. Jaime Aladid, un señor cercano a la
tercera edad, también, actuando con gran naturalidad como el socio de Fredy,
nunca más volvió a aparecer en una película —cosa incomprensible porque lo
hacía muy bien. Supongo que el hombre no sería actor—. Y, finalmente, tenemos a
la siempre estupenda (y no, tontines, no lo digo con ironía) Ana Obregón como
la bailarina por la que bebe los vientos Fredy, que además de someterse a las
escenas de tortura a las que la tenía acostumbrada Sáenz de Heredia en su
primera etapa, se marca unas canciones y unos bailes a ritmo de Disco de lo más
disfrutables (si alguien sabe como agenciarse la banda sonora de la película,
que nos escriba), que dejan claro que, si bien en la interpretación se defiende
a las mil maravillas, cantar es algo que se le quedaba muy grande a la buena de
Anita.
Por lo demás, con cierto tufillo —o reminiscencias— del cine
quinqui de la época, la película nos ofrece escenas de acción bastante solventes,
un humor soterrado y 95 minutos de puro entretenimiento sin concesiones que
hacen que la película valga la pena. Yo la recomiendo.
En cuanto a Sáenz de Heredia, que como saben pronto se
especializaría en películas-vehículo para humoristas españoles en las que
aplicaba la ley del mínimo esfuerzo, cuando hacía una película suya, pese a la
mala prensa que arrastra, a mí me parece un cineasta de lo más personal,
competente y hasta virtuoso. Dentro de
las que hizo fuera del subgénero de humoristas, tiene dos o tres
películas que no es que me gusten, es que me parecen cojonudas. Sirvan “Chechu
y familia”, “La hoz y el Martínez” o “R2 y el caso del cadáver sin cabeza” como
ejemplo. Añadan esta al pack.
viernes, 25 de octubre de 2019
LOS GOLFOS
El “Cine Quinqui” tal y como lo conocemos, apenas cuenta en
su haber con una docena de títulos (siendo generosos) adscritos por derecho
propio a esta corriente, que ocurre y se desarrolla en un tiempo concreto desde
finales de los 70 hasta mediados de los 80.
Sin embargo, con la era de Internet, los aficionados al subgénero, no
contentos con las muestras que nos ofrecieron de la Loma o de la Iglesia, para
reivindicar ese cine que les apasiona, comienzan a elaborar listados en lo que
tenía cabida cualquier película con algún elemento macarra en su haber. Así, en
esos listados, figuran títulos como “¿Qué he hecho yo para merecer esto?” o
“Policia”, de Almodóvar y Álvaro Sáez de Heredia respectivamente, solo porque
en sus metrajes aparece algún caco, delincuente, o el mismísimo “Pirri”. Pero nada tienen que ver con ese cine
quinqui…
Asimismo, lejos de otorgarle la genuinidad del género a una
película como “Perros callejeros” —que pese a quién le pese, es la primera y
verdadera madre del “Cine Quinqui”—, estos aficionados tienen que buscar un referente
intelectual que sirva de percutor de su género predilecto y, para ello, la
película que más se asemejaba a las protagonizadas por “El Torete” era esta
vieja película del plomo de Carlos Saura, ese mal director camuflado de autor y cineasta de prestigio (no hay un dios que aguante una película suya).
Considerando esos fans a esta película, “Los Golfos”, como la originaria de
todo, se engañan a sí mismos. La incursión de este film en esas listas no
otorgará a un subgénero populachero como este un halo de respetabilidad, que
por otro lado, tampoco necesita.
“Los Golfos”, debut en el cine de Saura gracias a unas
pesetas que desembolsó Pere Portabella para producirla, en realidad es una
suerte de neorrealismo casi documental que gira en torno de los denominados
maletillas, que eran jóvenes suburbiales que aspiraban a convertirse en figuras
del toreo. Vamos, que lo que tenemos es una película de tauromaquia.
Y es que, en este film, una serie de maletillas sufragan los
gastos que les ocasiona su pasión, el toreo, a base de dar pequeños palos en
kioskos de lotería o a camioneros. Vamos, que ni tan siquiera son delincuentes
propiamente dicho. En una de estas, cuando uno de ellos está ya preparado para
debutar en el toreo (“arte” este que es bastante clasista), prepararán un gran
robo que les servirá para cubrir los gastos que ocasionará que este joven salga
a la plaza. Esto acarreará disputas y peleas entre ellos.
Por supuesto, la película, descubierta por los plumillas
años después de su estreno que pese a la reputación obtenida en festivales,
pasó bastante inadvertida, viene siempre acompañada de las buenas críticas que
suelen acompañar al cine de Saura solo porque es cine de Saura. Bajo mi punto
de vista “Los Golfos” no es ni tan siquiera una buena película, no es más que Saura
tratando de imitar a Luis Buñuel, y haciendo una película totalmente deudora
del cine de este (hay, en “Los Golfos”, ramalazos de “Los Olvidados”, mezclados
con otros de “Las Hurdes”, con un toque moderno “Saurí” para que no parezca que está copiando) que,
para más inri, fue aplaudida en Cannes por el director maño y le sirvió a Saura
para entablar con él una duradera amistad. Más allá de eso, de la posible
polémica que pudiera causar un film desarraigado como este en los tiempos de
Franco, no creo que “Los Golfos” sea más que una película del montón, sin más.
No mala, pero tampoco para tirar cohetes.
Todo ello depende también un poco de la percepción que el
espectador tenga de Saura, si le ven como ese gran director de cine español
intelectual y concienciado socialmente, o como ese director que gusta en España
a pedantes incapaces de acercarse al cine americano de género por puro esnobismo,
que no son conscientes de que en otros países, películas suyas como “La Caza”,
sin ir más lejos, son estrenadas como muestras de cine exploit, o los que, como
yo, ven en el director a un sobrevalorado realizador caradura y oportunista que
camufla su poca pericia tras la cámara contratando estupendos directores de
fotografía que le arreglen esas películas que hace a base de filmar a gente
bailando tangos o sevillanas.
En cuanto a “Los Golfos”, no es pionera de nada más que de
plagiar a Buñuel, como ya les he dicho hace unas líneas.
viernes, 25 de agosto de 2017
LOS HIJOS DE...
Esta extraña comedia, de desmedida mala hostia y particular
sentido del humor, básicamente se sustenta de dos tramas que se entrelazan; por
un lado, tenemos una mujer que acaba de
enviudar, porque por ir a sacar unas fotos en un safari, su marido es devorado
por un león. Como la deja viuda y sin un duro, contrata al novio de la chacha
para que se cargue al león, cosa a la cual accede, no sin ciertas reticencias.
Por otro lado, tenemos a un joven al cual su novia lo deja
por no tener un padre reconocido. Así que la madre de este le enrolla con la
viuda del comido por la fiera, a cambio de que estos le solucionen la vida en
lo referente a lo económico.
Muy curiosa, muy divertida y muy negra, resulta esta
película del mítico Luis María Delgado, que en hora y pocos minutos se saca de
la manga una de esas comedias atípicas dentro de la cinematografía española.
Sin duda se trata de una de las películas más autorales de Delgado, y la más
personal ya que es su película más pura, y no al servicio de alguna celebridad
como acostumbraba. Por eso se rodea de nombres como Pedro Osinaga, María José Cantudo o Rafael Hernández, y la cosa queda, por lo menos, curiosa y simpática.
Y aunque tuvo otras películas personales, Delgado, al igual
que Álvaro Sáenz de Heredia, era conocido por hacer películas para el
cantante o humorista de turno, siendo
las más destacadas “Hamelín” con Miguel Ríos, “La Garbanza Negra que en paz
descanse” con Tip y Coll, “¿Dónde estará mi niño?” con Manolo Escobar, “Loca
por el circo” con Teresa Rabal, “Chispita y sus gorilas” con Chispita y el Tito
y el Piraña, o esa maravilla que es “Ni se te ocurra… dejar de verla” con Cruz
y Raya.
Por eso, y aunque me encantan todas estas películas, yo creo
que “Los hijos de…”, por otro lado tan ignota y desconocida, es una cosa aparte
para poder juzgar a Luis María Delgado en su justa medida y calibrarlo
debidamente.
Entretenida y diferente, amén de, por un lado, tener una
dirección encomiable a la par que chapuceras maneras de solventar según que
situaciones, yo creo que bien merece la pena echarle un vistazo.
Aunque es una película que apenas ha trascendido después de su estreno en salas, lo cierto es
que en su momento llegó a meter en cines 359.000 espectadores del año 1976. Un
moderado éxito en su época, que coño.
miércoles, 8 de marzo de 2017
LOS FOTOCROMOS (Y EL POSTER) DE "LA HOZ Y EL MARTINEZ"
Tras su época con Mariano Ozores, y en su transición hacia "¡Ay Carmela!", Pajares deambuló entre la comedia y el drama con "La hoz y el Martínez" de Álvaro Sáenz de Heredia, en la que tuvo la oportunidad de cambiar el registro. La película, no es que esté muy bien considerada en general, pero a mí me parece una cosa muy digna y divertida.
Aquí los fotocromos y el poster.
Aquí los fotocromos y el poster.
lunes, 27 de febrero de 2017
TU Y YO (1988)
Curiosamente, si consultamos la página web de Emilio Aragón,
una bien pomposa y con aires de respetabilidad, veremos que aparecen recogidos y catalogados
prácticamente todos los trabajos que ha realizado para cine y televisión, como
músico y/o productor, así como guionista o director. Sin embargo, muy de pasada, y en secciones menos destacadas, figuran los trabajos que le dieron de comer de
verdad; su faceta como payaso, el humor plagiado de “Ni en vivo ni en directo”,
sus discos de pop chorra, o su papel como actor en “Policía” de Álvaro Sáenz de
Heredia. ¿Acaso reniega de aquello con lo que inició su andadura como hombre
más poderoso de este país? A saber. Igual le dedica en un futuro una página web
a los trabajos por los que es alguien entrañable… pero seguro que no. En cualquier caso, incluso entre esos curros alimenticios existe una gran ausente: “Tú y Yo”.
Se trata de una de esas producciones directas a vídeo de
“Olimpy Vídeo” con las que coparon las estanterías de los videoclubes en los
ochenta. Si bien este sello editaba obras de teatro filmadas, o películas en 35
mm. muy pobres para que Don Mariano Ozores siguiera dirigiendo tan
ricamente, la otra vertiente era la de
estas cintas en las que, con un par de cámaras de vídeo profesionales y un par de decorados, el sainete y el vodevil campaba a sus anchas
durante una hora y media dónde Pajares, Raúl Sender o Juanito Navarro daban
rienda suelta a proyectos concebidos para ese novedoso medio tan rentable que
era el vídeo. Emilio Aragón, más joven, más moderno, más fresco, también aportó
su granito de arena a este tipo de producto que se antoja único en el mundo del
espectáculo español.
Básicamente, vemos fragmentos de unos 20 minutos en los que
Emilio Aragón interpreta a un personaje arquetipo al que los enredos y las
confusiones le embargan, causando la risa del respetable. En ellos, vemos
como el negarse a ponerse gafas, cuando no ve tres en un burro, le puede traer a
Emilio algún que otro problema con la policía, el como un amigo suyo patenta
una suerte de juego de damas con cajitas de regalo, o como estos mismos, que
forman un dúo musical, son engañados por un loco escapado del manicomio que se
hace pasar por cazatalentos americano. Todo ello dentro del marco argumental
que comprenden las aventurillas del día a día de un par de matrimonios jóvenes.
La estructura de las historias que se nos cuentan, las risas
enlatadas, la explicación en off que Emilio Aragón da sobre los personajes
momentos antes de los títulos de crédito, hace pensar que lo que estamos viendo en realidad es un episodio piloto de una sitcom que nunca llego a emitirse. Una que en aquel año, 1988, sin duda hubiera sido exitosa, pero esto no deja
de ser una suposición; no hay datos en internet que lo corroboren.
Pero no me sorprendería en absoluto.
Y bien, ¿Cómo está el vídeo este? Bueno, Emilio Aragón, plagios aparte, era (es) un cerebrin, y si bien ideó y escribió esta historia,
también es cierto que está contada y grabada muy al estilo de estos productos,
y por ende, muy al estilo de la época. Entonces, transcurriendo todo en un
solo escenario, con pocos personajes y demás, la verdad es que, incluso con la
lacra que muchas veces supone el paso de los años, está entretenidilla y tiene hasta cierta gracia. Siempre con el chip puesto en
el tipo de producto que vamos a ver. Eso si… ello no exime a “Tu y Yo” de tener
ciertos gags que provocan la más feroz de las vergüenzas ajenas.
Quizás no sea tan rancio como otros productos
“Olimpy” de la época, es más actual, más para la “juventud” de los ochenta,
pero a Emilio Aragón le faltablan las tablas y el talento de otros de la
escudería como Pajares, Esteso, Simón Cabido, Sender o Juanito
Navarro.
La música de la cinta, por supuesto, está compuesta por el
propio Emilio Aragón, le acompañan en el elenco Juan Carlos Martín (“Los
gusanos no llevan bufanda”) que se especializó en papeles televisivos, y Lola
Muñoz, que desarrollaría una carrera funcional en cine y televisión, si bien,
juraría que esa voz la he escuchado infinidad de veces en doblaje.
Dirige el asunto Eugenio García Toledano, experto en grabar
para televisión obras de teatro y director de productos televisivo de la más
variada índole.
Por cierto, no confundir con “Tú y yo” el mediometraje para
lucimiento de David Bisbal.
viernes, 16 de septiembre de 2016
EL ERÓTICO Y LOCO TUNEL DEL TIEMPO
Ya he comentado en montones de ocasiones, que el cine
clasificado “S”, el de verdad, el que se concebía con pleno conocimiento de la
etiqueta que se le iba a poner cuando estaba siendo rodado –no “Viernes 13” o
“Mad Max”, por ejemplo, a las que también se las clasificó “S” más que nada porque, al contrario que ahora, una calificación como aquella favorecía a la
taquilla más que la perjudicaba- suele ser en un 99% de los casos un rollazo
insufrible, rodado con tal desgana, que no solo el espectador se aburre
sobremanera, sino que, además, los polvos que se nos ofrecen más que ponérnosla
dura, nos la deja como el chicle. Entonces, dentro de la puta mierda que son
las películas adscritas a la calificación, el 1% restante sigue siendo una
puta basura, pero menos repugnante que el otro 99%. Así, maja estaba “Viciosas al desnudo” –no, ignorantes de mierda, “Toc, Toc” de Eli Roth se inspira en una
película, pero por descontado no en la de Esteba- y maja está esta “El Erótico
y loco túnel del tiempo.
La cosa no da para mucho. Un "nerd" ubicado en un pueblo
ficticio de Toledo construye en su habitación una máquina del tiempo con el afán de mandar a la mierda las ciencias exactas. Y, encima, funciona. Como
haría todo varón que se precie de serlo, la utiliza con fines lúbricos. Es
decir, que se va a la antigua Roma, a la prehistoria, al futuro etc, con una
sola motivación: follar como un condenado a muerte. Entonces, la película se
desenvuelve en pequeños bloquecitos en los que, desde su habitación, el
improvisado científico suelta sus chascarrillos, viaja en el tiempo a una
determinada época, folla no con una ni con dos, sino, con tanta hembra como
pulule por ahí, que se suelen contar por docenas, vuelve a su habitación pulsando
cualquier botón de su reloj calculadora Casio, chascarrillea sobre lo vivido y
vuelta a empezar.
Lo primero que me llama la atención de esta película es el
bajísimo presupuesto. Claramente estamos ante una de tetas y culos,
por lo que todo lo demás son adornos inútiles, pero es verdaderamente curioso
ver como se recrea la antigua Roma en una piscina al uso, con su cloro y su
fondo azul, previamente decorada con un par de columnas de porexpan para la
ocasión y un par de coronas de laurel en las cabezas de las féminas, porque por
lo demás están desnudas. Y así en cada lugar o época a la que viaja nuestro
protagonista.
Lo segundo que me llama la atención es el humor, sutilmente
ingenioso en contraposición a este tipo de películas. Casi todo son monólogos
en la habitación del "nerd" entre viaje en el tiempo y viaje en el tiempo, pero
consiguen que la película tenga interés, prácticamente, por el pico de oro de
nuestro protagonista: “anda que como funcione ¡a las ciencias exactas les
pueden ir dando!”, “Voy a hacer más diabluras que Casanova y La Masa juntos”,
“Si viajo en el tiempo, lo haré fuera de España, no sea que moje, preñe a una y descienda de mí mismo” o “H.G. Wells lo supuso, pero jamás lo cató”, salen de
la boquita de nuestro prota según el polvo que haya echado momentos antes.
Pero –modo pajero on- lo mejor de todo, con diferencia
además, son las jamonas que aparecen desnudas ¡están todas
buenísimas!, la lástima es no saber cual es cual, ya que según la ficha de Imdb de cada una de las actrices, con excepción de Alicia Príncipe, a la que
también se la puede ver en “Bragas Calientes” o “Mil Sexos tiene la noche” o
Elena Álvarez, presente en muchas de las pelis “S” de aquella época, la gran
mayoría solo han aparecido en esta, por lo que, añadiendo la
nula info que hay en la red acerca de la película, es prácticamente imposible
dar con el paradero de las chavalas. Pero debo decirles que cuando nuestro
prota viaja a la prehistoria, entre las muchas jamonas hay una de la que no he podido más que enamorarme, porque, ¡qué
mujer! Y es la que aparece en la
fotografía que acompaña la reseña. Puede que sea la tal Gingers Brown, o la tal Carol Day, o la tal Marlene… ¡A saber! Si
algún lector más pajillero que nosotros sabe quién es esa diosa, por favor, que
nos lo haga saber.
Digamos pues que el nivel de belleza en esta película la
sitúa peldaños por encima de sus coetáneas.
En cuanto a la carrera de su protagonista, Paco Maldonado,
que debutaba acá, se tradujo después en pura supervivencia,
haciendo papeles episódicos en series de televisión y películas,
siendo lo más destacado, a parte de la reseñada, su papel en “Corazón de
Bombón” de Álvaro Sáenz de Heredia, en el que aparecía lo justo, y de los
últimos en los créditos.
Por lo demás, poco más que decir. Por repetición acabas
cansándote de ver todo el rato lo mismo, pero que la primera media hora es altamente disfrutable por divertida, aunque la imaginación de la que
hace alarde en un principio se va desvaneciendo conforme avanza los minutos.
Una pena. Pero vaya, se puede ver.
Curioso es también el director de la película, José A.
Rodríguez, quién no ha vuelto a dirigir nada más en su vida tras esto. En
realidad, el equipo completo es bastante ignoto.
Fueron a verla 101.175 espectadores en las pocas salas dónde
se exhibió, recaudando unos 20 millones de pesetas. Con que costase uno solo,
ya el negocio salió redondo.
lunes, 5 de enero de 2015
RAZA
Hacía tiempo que tenía yo curiosidad por ver “Raza”, que es
el estandarte del cine fascista. Pasa que al igual que con la abiertamente
racista “El nacimiento de una nación”, estas películas, nos repugne su mensaje
o no, forman parte de la historia del cine, y nunca está de más verlas, al
menos, para el cinéfilo más inquieto. El caso de “Raza” especialmente, porque
su director, el papá de Álvaro Sáenz de Heredia, Jose Luis Sáenz de Heredia
puso diálogos e imágenes a los delirios de grandeza de Franco, que “escribió”
el guión a mayor gloria de su ideología, elogiando al buen español, aquél que,
valeroso, morirá en combate en nombre de la patria, y despreciando a todo aquél
ajeno a esta ideología, pero, como si el régimen Franquista se tratara de la
misma iglesia, perdonando a aquél que rectifique y se pase al bando nacional.
Y al final, y con
casi ochenta años a sus espaldas, “Raza” se prodiga como una comedia
involuntaria. Yo la compararía con “Reefer Mandess” (“El cigarrillo de la
risa”) que en su afán por hacer propaganda, se exagera tanto, que esa
propaganda se convierte en parodia de si misma. En esta ocasión, añadiré, que
detrás de la cámara, aún bajo el yugo y la presión del fascismo, incluso siendo
este partidario del régimen, estaba un buen director, con lo que, entre lo ridícula
que resulta, y que está magníficamente rodada,
esta película propagandística resulta condenadamente entretenida. Claro,
que el mensaje es terrible, desolador, terrorífico…pero por suerte a ninguno de
los aquí presentes nos tocó vivir aquello, motivo por el que en pleno 2015, yo creo que nos podemos reir tranquilamente de la película.
Un marino español muere en una guerra (creo que la de Cuba)
y su descendencia protagoniza la película. Los conflictos de estos en la vida y
en plena guerra civil, las enarbolaciones del fascismo, y el cambio de chaqueta
por parte del demonio rojo, junto con problemas monetarios y familiares que
sirven de relleno, componen el resto de la película, para que al final, un
desfile militar de alto copete ponga punto y final a la película. Risas máximas, cuando en
este desfile, un niño repelente y pelirrojo que lo presencia, pregunta a su
madre: “Qué bonito es todo esto ¿Qué es mamá?” a lo que la madre responde:
“Eso, hijo mío, es raza”.
Tras muchos años desaparecida, la filmoteca consiguió
hacerse con las distintas copias de la película. La que yo he visto es la
remontada en 1950 –la primera versión es de 1941, rodada cuando Europa estaba
dominada por el nazismo, y que fue destruida. Luego apareció en un cine a cachos-
y la que, por los motivos políticos que fuesen, los fascistas, por beneficiarse
de algún modo o por cobardía, redoblaron la película de cara a la buena imagen
que querían dar en los Estados Unidos y eliminaron todos los ataques y
críticas a estos -que los había-, eliminaron todas las referencias a la falange
Española, eliminaron todos los saludos nazis que había en la película, y le
cambiaron el título por el de “El espíritu de una raza”.
Se ve que es una de las películas más caras del cine español
(en esa época) y que aunque Franco no estuvo presente en el rodaje, si que
mandaba a un familiar suyo con instrucciones precisas, a tocarle los huevos al
director.
Cuando se estrenó la película, en el Palacio del Pardo,
contó su director, que Franco vio la película con lágrimas en los ojos de la
emoción.
En fin, que lo que digo; si tienen mucha curiosidad, véanla, no tengan en cuenta el documento horrible que en realidad es y échense unas risillas.
En cuanto al director José Luis Sáenz de Heredia, además de
dirigir para los fascistas durante el régimen, se lo conoce por haber rodado
clásicos del cine español como puedan ser “Historias de la radio”, “El Taxi de
los conflictos” o algunas películas para lucimiento de Paco Martínez Soria o Alfredo Landa.
miércoles, 15 de octubre de 2014
PAPÁ PIQUILLO
El éxito abrumador de Chiquito de la Calzada fue algo que
como vino, se fue. Eso era de prever. No daba para más el asunto. Y yo entiendo
el éxito de aquel señor, pero nunca lo compartí. Siendo como soy un gran
consumidor de humoristas (Tip y Coll, los mejores) nunca me gustó Chiquito como
cuenta chistes (se repetía más que la leche y acabó auto parodiándose, lo que
resultaba terrible), y sigo sin entender la puta gracia que puedan tener
Faemino y Cansado que me parecen malísimos. Y eso que no entramos en el
pantanoso terreno de los humoristas actuales (si es que son humoristas) en el
que ya entran en juego odios y manías personales. Pero exceptuando estos, con
todos, incluso con los más patéticos tipo “Félix el Gato”, me gusta verlos y me
suelo reir. Soy incluso muy permisivo con el humor. Pero a Chiquito, pues la
verdad, no.
Otra cosa es el cine, las películas para lucimiento de estos
artistas. Como curiosidad me interesa mucho, independientemente de lo que me
parezcan a mí los protagonistas. Ahí, las
películas que explotaban a Chiquito cuando aún su fama estaba en alza, “Aquí
llega Condemor, el pecador de la pradera” o “Bracula, Condemor II”, me pueden
llamar la atención por su condición natural, pero como no me gusta chiquito, me
parecen una patata. Malas a más no poder. Las tengo en DVD no obstante, para
que entiendan que me gusta el producto, me gusta su existencia, pero no son
películas que vea una y otra vez.
A lo que voy es que de las tres películas que protagonizó
Chiquito, la que si me gusta, y me parece incluso entrañable de lo ñoña que es,
es este “Papá Piquillo”, que venía a destiempo (en 1998 Chiquito ya ni siquiera
salía en televisión, o al menos, con la misma asiduidad que en 1994) y con la
sana intención de demostrar que Chiquito de la Calzada, además de hacer eso de
“Grijandemorenau”, también podía actuar
y hacer un registro dramático. Y sin salirse de su propio personaje,
demostró que si podía, aunque no le sirviese de nada. De sus tres películas,
fue la que menos recaudó. La vieron unos paupérrimos 120.000 espectadores.
Claro, que en contra de lo que se cree, las dos películas
anteriores de Chiquito, que venían con la fama del cómico ya acabándose,
tampoco fuero éxitos, pero si recaudaron bastante más que esta.
La película no es un muestrario de las gracietas de chiquito.
Es una película con argumento y en la que Chiquito interpreta. Papá Piquillo,
es un patriarca gitano que tras el accidente mortal de su hija, tiene que
hacerse cargo de todos sus nietos. Tiene salir a trabajar con ellos, con el
mono y la cabra, y mal comer, pero es la única forma de subsistir en un mundo
en el que la única forma de generar dinero es vendiendo droga, cosa que Papá
Piquillo, quiere impedir a toda costa. La cosa se complica, cuando uno de sus
nietos sufre un accidente que lo paraliza y que para operarlo, tienen que
llevarlo a Australia, cosa que, no es que sea cara para Piquillo, si no, que es
imposible. Por lo que se le complicará algo la cosa.
A ver; no es que sea una gran historia. Ni siquiera es una
buena película. Pero como está entretenida, y con su intencionalidad de
película estándar (no un mero vehículo para el lucimiento de Chiquito), como
incluso llega a tocar la fibra porque es una película ñoña y emotiva, a mí me
gusta bastante más que las otras películas de Chiquito. Porque es una película
de verdad. Ahora, quienes busquen en ella, las gilipolladas del “Condemor”,
pues puede que les guste la película (porque está bien) o puede que no. En
cualquier caso, y visto lo visto, si que es una de las mejores películas del
inefable Álvaro Sáenz de Heredia, su director, que cuando hace películas, y no
vehículos para tal o cual humorista, la verdad es que las hace bastante bien.
En cuanto a “Papá Piquillo”, es una película familiar ideal
para las navidades, que le da mil vueltas a cosas que se antojan más actuales,
pero dirigidas por directores que no tienen tanto oficio como de Heredia como
pueda ser “Angeles S.A.”.
Está bien. Visible. Y si fuera niño, supongo que me
encantaría.
viernes, 12 de septiembre de 2014
SUPERNOVA
Posiblemente, una de las peores películas de la historia, no
ya de nuestro cine, sino del cine mundial, sea esta “Supernova” concebida para
conseguir montones de dinero a costa de la explotación fílmica de la conocida
cantante Marta Sánchez, pero que supuso un fracaso y la muerte cinematográfica
como actriz de la Sánchez, y de su director Juan Miñón.
Miñón venía como director emergente del “Nuevo cine
español”, pero tras esta basura solo rodó una película más –si no es esa
pobre carrera posterior culpa de "Supernova", será por su incapacidad- y no
se convirtió, afortunadamente, en una figura reconocible del cine español.
Ahora, se marcó un gol en aquello del cine exótico. Pero no un gol que
concediera la victoria, sino uno que consigue que años después se
hable de él.
Para empezar, y aún siendo una película de los noventa, está
rodada al estilo de los ochenta, los de Álvaro Sáenz de Heredia y, aunque Miñón
decía inspirarse para esta película en el “Metrópolis” de Fritz Lang, la verdad
es que el resultado es más cercano al “Aquí huele a muerto (pues yo no he sido)”
del anteriormente citado.
Sin embargo, es una película sin subvenciones y seudoindependiente. En producción lo tenían claro; Le dijeron a Miñón que rodara
rápido, gastando poco, pero haciéndolo parecer una super producción, y así
trincar la pasta lo antes posible. A finales de la década anterior, las
películas para lucimiento de los “Hombres G” habían sido un éxito. Marta
Sánchez tenía el mismo nivel de popularidad que el conjunto pijo, por lo que la
sola existencia de “Supernova”, ya tenía que dejar pingues beneficios. Sin
embargo, el público es gilipollas, pero no tanto como los productores creen, y
mientras que los “Hombres G” llevaban a millones de espectadores al cine, Marta
Sánchez solo congregó 86.000. No creo que fuera culpa de ella, sencillamente,
que la película apestaba a podrido desde el momento en que apareció anunciada
en los medios. Fue una de las campañas publicitarias más potentes de 1993, pero
las perdidas fueron tremendas.
En una sociedad
futurista, el Conde Nado (¡chiste de mierda!) está enamorado de la cantante
“Fénix”. Con la ayuda de un retrasado obeso, secuestra a una científica, a la
que obligará a fabricar un clon de la muchacha llamado “Supernova”, violento y
agresivo, que la suplantará en los conciertos y en la vida privada, así,
el condenado conde Nado podrá penetrar a “Fénix” y tener descendencia con ella. Pero entre un
bombero deficiente y “Supernova” le girarán la tortilla.
Para que se hagan una idea: El conde es Javier Gurruchaga,
la científica Chus Lampreave y el bombero deficiente Gabino Diego.
Bien, Gurruchaga está haciendo de si mismo, completamente
desatado y dando un recital de sobreactuación que es lo que se espera de
él, lo mismo con Lampreave, pero Gabino
Diego -es sorprendente comprobar como sobrevive dentro del cine español-
hace aquí una actuación de vergüenza ajena. Y es que, ciertamente, es un muy mal
actor al que, en esta ocasión, se la ha dirigido muy por encima, por lo que
tenemos aquí una cosa vergonzante. Mejor no hablar de eso que hace delante de
la cámara Marta Sánchez, pero ella tiene excusa, ella no es actriz. Para
compensar, amigos de las pajas, la Sánchez muestra sus famosas tetas, y es
generosa con su anatomía todo el metraje. De hecho, en su reciente visionado, he
descubierto que Marta Sánchez, conocida por sus tetas, lo que tiene, es un
portentoso culazo como pocos he visto yo en la gran pantalla.
Cerrando el “modo pajero”, pasaré a decir que la película es
un absoluto despropósito, un claro ejemplo de la dejadez y la desidia más
absoluta. A nadie, salvo a la Sánchez, le importaba un bledo esa película. Por
eso la dirección es casi inexistente, el montaje es incomprensible, y la historia
una chorrada. Cierto que es una pieza “naïf” y con toques “pulp”, pero
eso no es cosa de Juan Miñón, es cosa de la casualidad. El ritmo es una
autentica mierda. Cuando la película lleva veinte minutos de metraje, no solo
se nos ha presentado mal a los personajes, sino que no sabemos nada de ellos,
ni sabemos que es lo que va a pasar… ¡no se entiende un carajo! Luego va a trompicones, con una
colección de gags que no hacen ninguna gracia y una
serie de escenas que no aportan nada. Para colmo de males, una película
concebida como lucimiento de una cantante, y tan solo hay un numerito musical,
a medias, y no es de ninguna de las canciones famosas de “Olé, Olé” (grupo pop
dónde militaba la Sánchez por aquellos años), si no de un a canción horrorosa,
en Inglés, y creada en exclusiva para la película, por lo que imagino las caras
de decepción de los primeros fans que se acercaran al cine a ver una película
llena de vídeo clips de su cantante favorita (que es lo que realmente debía
haber sido) y encontrarse con esa mierda donde su ídolo –y todos los que aparecen-
parece ser retrasada mental.
Ahora, yo se que en los círculos de cine “trash” de por estas tierras de dios
se la reivindica, cosa que entiendo a medias, porque, basándose esa gente en
que estas películas son ideales para verlas en parroquia con la finalidad de
pitorrearse de ella, la verdad es que “Supernova”, no tiene ni una sola escena
en la que el humor, ya sea voluntario o involuntario, nos haga esbozar,
siquiera, una sonrisilla.
Total, que fue un fracaso que no se esperaban ni el
productor, ni el equipo, ni mucho menos Marta Sánchez, que a día
de hoy reniega absolutamente de esta película, pero que mientras que la rodaba,
decía que “Está muy bien hecha y va a ser maravillosa”. Claro, que
ver a día de hoy las entrevistas de la Sánchez, dejan en evidencia como anda de
luces la artista. De hecho, por lo que fuera, no ha vuelto a hacer nada para
cine.
Iba a decir que la estética futurista, el diseño de
vestuario y demás, es bastante deudor de “Acción Mutante”, pero esta
apreciación es errónea porque “Acción Mutante” se estrenó tres semanas después
el mismo año, y “Supernova” comenzó su rodaje con anterioridad, lo que me lleva
a esta otra apreciación. Tanto “Acción Mutante” como “Supernova” son dos
películas de estética asquerosamente posmoderna y “noventera”.
Con todo, como curiosidad que es, hay que echarle un ojete
(lo mio fue peor, fui a verla en su momento al cine “Palacio de la Música” en
un pase en el que estaba, prácticamente, solo), e insisto en que merece la pena
descubrir ese enorme, redondo y carnoso culo que tiene Marta Sánchez.
martes, 13 de noviembre de 2012
R2 Y EL CASO DEL CÁDAVER SIN CABEZA
Revisada por segunda vez “R2 y el caso del cadáver sin cabeza”, llego a la conclusión de que el “Exploiter” Álvaro Sáenz de Heredia, conocido por ya saben ustedes que tipo de películas y con cierta fama de casposo y manazas, en realidad es un gran director, solo que salvo aquellas películas en las que se lucen ciertos cómicos y artistas televisivos, no suele acertar de pleno. Digamos que este –porque recordemos que Gurruchaga , su protagonista, además de ser un excelente cantante y un showman todoterreno, y aunque se le conozca más por estas facetas, es un excelente actor, de lo mejorcito que tenemos, vaya- sería uno de esos proyectos personales, que se vio lastrado por la reputación del director y por esa lacra que es “Torrente”. Así, la intención de Sáenz de Heredia era hacer un policiaco al estilo americano, con ligeros homenajes a Peter Sellers y la saga de “La pantera rosa”, y no una película chabacana al estilo de las de Santiago Segura. El mismo San Benito le tocó arrastrar al “Spoof” “Vivancos III”. Pero nada que ver. Esto es una película de género negro con todas las de la ley. Y me gusta, pero dios me libre de decir que es una gran película. Es flojilla, aunque entretiene, y solo puedo achacarle como puntos negativos un montaje de los más torpe, una trama un tanto indiferente y un factor habitual en el cine del Saenz de Heredia; una fuerte presencia de secundarios semi-desconocidos, más malos que pegarle a un padre con un calcetín sudado.Por lo demás, me parece una película bien dirigida, cuyos toques de comedia, que son escasos, no terminan de funcionar.
R2 y su compañero Cárdenas, son dos policías de paisano que no dan una. Se meten en operaciones de las que siempre salen escaldados (R2, a la hora de esposar a una criminal, acaba esposándose a sí mismo) y son ninguneados por el inspector jefe. Sin embargo R2, ama su trabajo, es fan de Bruce Willis y “La jungla de cristal”, y no soporta que todo le salga mal. Un día llega a comisaría un potentado hombre de negocios, denunciando unas amenazas de secuestro hacia su señora. R2 decide ocuparse del caso, con la convicción de hacerle callar la boca a sus jefes y compañeros. Comienza pues la investigación.
Ya digo, que el montaje, caótico, impide que comprendamos la trama a la perfección, aunque a mitad de película nos damos cuenta de que en realidad la trama no era para tanto. Pero seguimos viendo la peli, porque está entretenida, sin mas.
Y es que da gusto ver en escena a Gurruchaga, que actúa tan bien como canta y sin ese deje estúpido y mongólico de la mayoría de los actores españoles en activo. Lo mismo que Pep Múnne, actor catalán que está soberbio en su papel de megalómano y que al igual que Gurruchaga está muy desaprovechado en el cine. Quizás Gurruchaga esté mas limitado para según que papeles, pero Múnne si tiene trazas para hacer lo que sea.
Sin embargo, los secundarios encabezados por Juanjo Pardo, uno de los chavales que presentaba “Club Disney” en su primera etapa o Sandra Collantes, actriz televisiva mayormente, están para darles dos hostias bien dadas, porque cada vez que aparecen en plano y abren la boca, van matando la película poco a poco.
Otro punto destacable de la película es la música, pues contiene un par de números musicales por parte de Gurruchaga y su inseparable gorda negra, con canciones de lo más chulas.
Así que, ni tan mala como es de esperar, ni tan buena como podría haber sido.
miércoles, 12 de septiembre de 2012
POLICIA
Ya he hablado infinidad de veces sobre la obra de Álvaro Sáenz de Heredia, de su faceta de director “Exploiter”- que incluso dura hasta nuestros días- y su debilidad por convertir en éxito (a día de hoy, ya no) toda aquella película en la usa a alguna estrella televisiva.
Por lo general, me gusta su cine por estos elementos antes mentados, pero la verdad es que siendo justos, sus películas son malísimas. Quizás las mejores muestras sean las más personales, las que rodó sin estrellas televisivas, con más intención de hacer cine que dinero, como puedan ser “Fredy, el Croupier” o “Chechu y familia”. Sin embargo, de aquellos artistas televisivos que dieron el salto al cine bajo la batuta del director, hay una que le salió bastante bien, esta “Policía”.
Eran tiempos en que Emilio Aragón triunfaba con su programa “Ni en vivo, ni en directo”, con el que se empapó bien de “Saturday night live!”, y directamente, copiaba muchos de sus skechts (Esto es sabido por todos, años después), como por ejemplo, nada más comenzar el programa con una sección de actualidad, hacerlo como lo hacía Chevy Chase en el programa Americano; Chevy decía “Buenas noches, soy Chevy Chase y ustedes no”, Y Emilio Aragón decía en el suyo “Buenas noches, soy Emilio Aragón y ustedes no”. Que cara más dura. Y bien pensado, la verdad es que físicamente, Emilio Aragón se parece bastante a Chevy Chase…
Así que era turno de convertir a Aragón en el Chevy Chase patrio, y de paso, sacar algo de tajada a costa del éxito de “Loca academia de policia” como tantos otros hicieron. Un farmacéutico, tras un brutal atraco se queda sin empleo, junto a su compañera. Pasa el tiempo, y por enchufe el farmacéutico acaba ingresando en la policía, mientras que su compañera acaba en las barras americanas de los prostíbulos sirviendo copas. Los dueños de estos locales, planean traer a España un alijo enorme de heroína, y para empezar a distribuirla, no se les ocurre otra cosa que enganchar a sus trabajadoras. Emilio Aragón junto con Agustín González, trataran de acabar con este turbio asunto de una vez por todas.
Pues quizás el paso del tiempo le ha hecho mejorar a la película, o quizás siempre fue buena, lo cierto es, que con elementos de comedia en la primera parte de la película (obviamente, Emilio Aragón resulta ser un policía altamente incompetente y torpe) y, sin abandonarlos, tornándose thriller de acción en la segunda parte, la mezcla de ambos elementos la convierten en una cosa muy disfrutable, a pesar de lo malos actores que son tanto Emilio Aragón, como Ana Obregón. Toda la parte de acción está filmada con oficio, hay tiros bien tirados y un final trepidante en lo alto de un campanario, donde Milikito pelea a vida y muerte contra un esplendido Juan Luis Galiardo que hace de malo maloso. Además, Emilio Aragón cuando le toca correr, saltar, disparar o dar volteretas, lo hace el mismo, y si no habla, da el pego.
Por otro lado, el resto del reparto lo hace genial, tenemos hasta un cameo del Pirri, y en definitiva, que “Policía” está mu maja, mu maja, mu maja.
Por lo general, me gusta su cine por estos elementos antes mentados, pero la verdad es que siendo justos, sus películas son malísimas. Quizás las mejores muestras sean las más personales, las que rodó sin estrellas televisivas, con más intención de hacer cine que dinero, como puedan ser “Fredy, el Croupier” o “Chechu y familia”. Sin embargo, de aquellos artistas televisivos que dieron el salto al cine bajo la batuta del director, hay una que le salió bastante bien, esta “Policía”.
Eran tiempos en que Emilio Aragón triunfaba con su programa “Ni en vivo, ni en directo”, con el que se empapó bien de “Saturday night live!”, y directamente, copiaba muchos de sus skechts (Esto es sabido por todos, años después), como por ejemplo, nada más comenzar el programa con una sección de actualidad, hacerlo como lo hacía Chevy Chase en el programa Americano; Chevy decía “Buenas noches, soy Chevy Chase y ustedes no”, Y Emilio Aragón decía en el suyo “Buenas noches, soy Emilio Aragón y ustedes no”. Que cara más dura. Y bien pensado, la verdad es que físicamente, Emilio Aragón se parece bastante a Chevy Chase…
Así que era turno de convertir a Aragón en el Chevy Chase patrio, y de paso, sacar algo de tajada a costa del éxito de “Loca academia de policia” como tantos otros hicieron. Un farmacéutico, tras un brutal atraco se queda sin empleo, junto a su compañera. Pasa el tiempo, y por enchufe el farmacéutico acaba ingresando en la policía, mientras que su compañera acaba en las barras americanas de los prostíbulos sirviendo copas. Los dueños de estos locales, planean traer a España un alijo enorme de heroína, y para empezar a distribuirla, no se les ocurre otra cosa que enganchar a sus trabajadoras. Emilio Aragón junto con Agustín González, trataran de acabar con este turbio asunto de una vez por todas.
Pues quizás el paso del tiempo le ha hecho mejorar a la película, o quizás siempre fue buena, lo cierto es, que con elementos de comedia en la primera parte de la película (obviamente, Emilio Aragón resulta ser un policía altamente incompetente y torpe) y, sin abandonarlos, tornándose thriller de acción en la segunda parte, la mezcla de ambos elementos la convierten en una cosa muy disfrutable, a pesar de lo malos actores que son tanto Emilio Aragón, como Ana Obregón. Toda la parte de acción está filmada con oficio, hay tiros bien tirados y un final trepidante en lo alto de un campanario, donde Milikito pelea a vida y muerte contra un esplendido Juan Luis Galiardo que hace de malo maloso. Además, Emilio Aragón cuando le toca correr, saltar, disparar o dar volteretas, lo hace el mismo, y si no habla, da el pego.
Por otro lado, el resto del reparto lo hace genial, tenemos hasta un cameo del Pirri, y en definitiva, que “Policía” está mu maja, mu maja, mu maja.
sábado, 15 de octubre de 2011
CHE KOPETE, LA PELÍCULA
Buscando rarezas por la red, me encuentro con el tercermundismo del cine Chileno. Para que van ustedes a buscarlo en el cine turco de los años 60 y 70, si en nuestro idioma tenemos engendros como este... y rodada en 2007.CHE KOPETE, es una comedia filmada en video de baja estofa, dirigida por un tal León Errazuríz y protagonizada por un famoso cómico de “stand up comedy”, con unos monólogos propios de Félix el gato (pero mas brillantes por lo escatológicos y machistas que son los del Chileno) llamado Ernesto Belloni.
La semana del estreno fue, por lo visto, un autentico bombazo, yendo los Chilenos a las salas de cine a tropel a ver esto.
Es tan horrorosa y vodevilesca, que me resulta hasta simpática. El despropósito, cuenta la historia de un tal Che Kopete, que no sabemos a que se dedica, que hace, o quien es, pero que está ahí, metiendo mano a unas chavalitas cuya función en la película, es precisamente que Kopete les meta mano (como en la época del destape, exactamente igual, pero en 2007¡¡¡ es muy deudora de todo nuestro cine de los 70 y 80), para saltar de repente a contarnos los avatares de una banda mafiosa, donde el jefe de esta está interpretado también por Ernesto Belloni, con lo cual, ya se pueden imaginar lo que ocurre (la manida historia del intercambio de personas, como ocurriera por ejemplo en LA HOZ Y EL MARTINEZ con Pajares y de Álvaro Sáez de Heredia). Estos Mafiosos, han creado una nueva droga llamada “Felicity” que es más adictiva que cualquier otra cosa. Con ella, matan a una vecina cachonda de Che Kopete, y por lo tanto, este se tiene que hacer cargo del hijo de esta. Así que babosísimo a raudales.
Kopete, el niño (que durante el rodaje se puso las botas al compartir plano con tanta tía en pelotas) y una pariente de este, una dominatrix, encuerada y fantasmoide, tendrán que desmantelar a esa banda de mafiosos. Todo esto contado con un caos exquisito, una falta de medios extraordinaria y con menos sentido del ritmo que mis cojones. Y todo eso es lo que hace grande esta película,
Luego, tiene hasta sus simpáticas dosis de gore: Hay una autopsia, en la que al clavar el celador el bisturí en el cuerpo, este suelta un liquido verde que va directo a su cara. (Incomprensible).
En otra escena, Che Kopete, lanza un cenicero de aluminio a uno de los mafiosos incrustándoselo en la cabeza y durante el resto de la peli, ese tipo aparece en pantalla con el cenicero clavado.
Luego, te ríes con alguna frase de las que suelta Belloni, y vaya, que la hora y veinte que dura esta película, la pasas entretenidilla, pero me da un poco de vergüenza decir, que me ha gustado.
Sirve al menos, para ver el nivel de las películas que se hacen por esos lares.
No pasa nada si la veis.
viernes, 18 de junio de 2010
LA VENGANZA DE IRA VAMP
Viernes de estreno. En unas multisalas que programan la película, la más grande, entro al pase de las 18:00 h. tras el de las 16:00 suspendido por falta de espectadores. En el mío, una parejita de adolescentes -que ha abandonado la sala poco antes de la hora de proyección-, y yo, que he entrado con invitación. No corren buenos tiempos para el cine en general, y mucho menos para el de Álvaro Sáenz de Heredia.Sin embargo, he salido de la sala con una satisfacción moderada. Sabía muy bien qué tipo de película iba a encontrarme y me la he encontrado, ligeramente mejor…
"Lord Winston" decide casarse con una conocida cantante de ópera después de tres años de la muerte de su esposa, "Lady Ira Vamp". Pero su mansión está llena de cuadros, estatuas y recuerdos de la tipeja que incomodan tremendamente a la nueva esposa del Lord. Esta será atacada por un licántropo que la transformará en bestia peluda. Como dice Chiquito en la película, toca “quitarle la dentadura al lobooorl”.
Hay que recordar que la película es la adaptación de una obra de teatro cómica interpretada por Josema Yuste y Florentino Fernández, en un intento medio fallido de resucitar el humor de “Martes y 13” pero sin Millán. Así que la cosa es parecida, pero no.
Siendo pues una obra de teatro adaptada, vemos secuencias eternas en las que Josema y Flo sueltan todo tipo de chascarrillos, algunos deudores de “Martes y 13” y otros más de Florentino, pero en definitiva con esa esencia.
Pero si te centras y escuchas con atención los montones de diálogos que componen la película, la cosa está hasta entretenida, a eso súmenle efectos especiales muy dignos y la presencia de Chiquito de la Calzada, que se lleva uno de los mejores momentos.
A destacar los cuatro papeles que hacen Flo y Josema donde lo bordan, sobre todo el primero de ellos, al que odio a muerte pero que, sin embargo, en esta película, con todos sus registros y su manera de entonar muy a lo actor de doblaje, me ha sorprendido gratamente, demostrando ser un gran actor cómico a pesar de lo antipática que se me hace su presencia.
No está mal del todo, no señor. Muy superior a lo que De Heredia nos tiene acostumbrados.
¿Qué se creían, que iba a hacer una mala reseña de esta peli?...¡Ni de coña!
Y es que, favoritismos a un lado, como comedia se defiende muy bien.
jueves, 31 de diciembre de 2009
EL ROBOBO DE LA JOJOYA
La reseña de hoy no es casualidad, y los más veteranos sabrán por qué. Dentro de unas horas se acaba el 2009... y tal día como hoy, hace ahora ya unos cuantos añitos, este era, para mi y para una buena parte de las Españas, un día muy especial, ¡¡¡el del programa de fin de año de "Martes y 13"!!!... que garantizaba total y absoluto descojoncio. Yo era muy fan de "Martes y 13", es decir, de su segunda encarnación y ahora, pasado todo este tiempo, puedo decir que realmente era fan de Millán Salcedo. El otro, Josema Yuste, siempre fue un actor más o menos limitado, Millán tenía la comicidad en la sangre y fue el que realmente revolucionó el sarao con sus chascarrillos y tics. En esa etapa el dúo cómico estaba en la cresta de la ola, y era inevitable que saltaran al cine -no cuentan aquí sus trabajos como trío o sus aportaciones ajenas al universo "Martes y 13"- de la mano de un "especialista" en esta clase de tácticas como era Álvaro Sáenz de Heredia (quien también firmaría los vehículos de Chiquito de la Calzada y era el autor de una nada habitual comedia de acción producida en la España de los 80, "Policía", con Emilio Aragón y Ana Obregón). Primero estuvo "Aquí huele a muerto (pues yo no he sido)", que fue un exitazo, y luego esta de la que les hablo hoy, "El robobo de la jojoya" (¡¡¡que gran título!!!). Por lo visto la cosa no funcionó tan bien pues no hubo una tercera. Yo vi ambas en el cine, en compañía de mi madre (los dos éramos grandes fans de "Martes y 13"), y curiosamente durante mucho tiempo vivía convencido de que la buena era "Aquí huele a muerto...", pero ahora tengo mis dudas.Durante el intento de robo de una joya muy valiosa, dos ladrones de poca monta son testigos de un asesinato del que se les culpa injustamente. Van directos a la cárcel, pero planean escapar y demostrar su inocencia... además de volver a intentar robar la joya.
Es cierto que "Martes y 13" funcionan mucho mejor en el reducido espacio del sketch y que tenerlos durante 80 minutos haciendo gala de todo su catálogo de gestos y ruidos puede llegar a cansar un poquillo... pero solo eso, un poquillo, porque a decir verdad, me he reído mucho repasando esta peli y, mayormente, gracias a Millán, que está que se sale. A diferencia de lo que ocurría con "Aquí huele a muerto..." en "El robobo..." la pareja cómica hace más papeles aparte de los protagonistas, cosa que se agradece. El tono del humor, de los secundarios y sus roles casi de caricatura, del atrezo, etc... es muy deudor de los comics de Ibáñez, que es la típica -y única- referencia tebeística que podría tener alguien con la mentalidad de Sáenz de Heredia. Digamos que "El robobo..." es como el "Mortadelo y Filemón" de Javier Fesser, pero sin toda la parafernalia estética-modernilla... bueno, esta comparación es bastante injusta, porque antes me quedo sin dudarlo con la de "Martes y 13" (que me parece más honesta).
Se nota que hay muchas improvisaciones, algunas de ellas muy caóticas (hablan todos a la vez y casi no se entiende) y otras muy graciosas (ese sincero "¡Hala, ni puto caso!", que Millán suelta en el probador). Sin embargo, el tono general es bastante desmadrado... hay escenas que terminan aparentemente antes de lo que deberían, descuidos notables (en la segunda exposición en la que se muestra la joya, no vemos ninguna clase de seguridad!) e ideas de moral cuestionable (al final los protas se vengan de los malos, pero sin demostrar su inocencia ni pollas, ¡roban la joya y se van a vivir al Brasil!, hala, tan contentos). La verdad es que "El robobo de la jojoya" es una peli entretenidilla, se aguanta bien, pero gracias a "Martes y 13" o, mejor, a Millán Salcedo... con "Los Morancos" de prota, no la hubiese soportado.
Completan el reparto la siempre morbosa Anabel Alonso, Esther del Prado (¡¡¡que estaba como un queso!!!!... por cierto, ha sido portada precisamente del "Interviu" de este diciembre que termina... pero entre la edad y la silicona, ha perdido mucho), todo un mito del cine de género, Fernando Bilbao, otro que tampoco era manco en ese aspecto, Tito García, y una aparición especial -y muy chorra- del antes mentado Emilio Aragón.
Ea... ¡Feliz 2010 a todos!.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

















