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sábado, 19 de julio de 2025

BERT RIGBY, YOU´RE A FOOL

En un pequeño pueblo minero inglés vive enamorado de los viejos musicales de Fred Astaire y Gene Kelly, "Bert Rigby", al que le chifla cantar y bailar. Además, lo hace bastante bien. Su sueño consiste en devolverle la dignidad al cine local, convertido ahora en un bingo. Un día se presenta a un concurso de aficionados y causa sensación, por lo que pasa a ser fijo del espectáculo. En pleno tour, un director yanki de publicidad lo ve y decide llevárselo a Hollywood, donde las cosas le irán de mal en peor.
Curiosa y poco conocida comedia semi-musical del año 1989 con todo un peso pesado orquestándola, Carl Reiner, afamado hombre de comedia que, en su faceta como director, firmó algunos títulos de indiscutible solera, veámoslos: "¿Dónde está papá?" o la divertidísima "Un loco anda suelto", inicio de una aventura colaborativa junto a Steve Martin, con quien seguidamente haría "Cliente muerto no paga", "Un genio con dos cerebros" y "Dos veces yo". Terminada la asociación, Reiner firmó "Bert Girby, you´re a fool" entre "Malditas Vacaciones" (cambiando a Steve Martin por John Candy), la actualmente "cult-movie" "Loca juerga tropical", "Hay un muerto en mi cama" y "Distracción Fatal". Entonces, ante semejante reguero de títulos cuanto menos populares y recurrentes, ¿¿cómo es que casi nunca habías oído hablar de la reseñada??, pues porque fue un fracasazo de proporciones épicas. Según "la secre", hubo un cine concreto que, ante el desolador panorama, decidió ahorrar electricidad el resto de jornadas programadas, apagando el proyector y las luces de una sala siempre vacía. Por todo eso, suponemos, "Bert Rigby, you´re a fool" nunca llegó a España. Ni se estrenó en salas, ni salió en vídeo. Únicamente fue emitida bastantes años después, subtitulada, en un canal digital con el título de "Bert Rigby, eres un tonto" (traducción literal del original) y actualmente consta en redes como "Bert Rigby, estás loco".
Bueno, ¿y tan mala es?. Pues no, la verdad. Se trata de una comedia amable, no exenta de sus gags un pelín picantones / cabroncetes. Producida por "Warner". Bien parida técnicamente. Decentemente interpretada... vamos, que tiene toda la pinta de un producto "mainstream" listo para ser consumido sin problemas. Y sí, funciona. Entretiene, sonríes con algunos momentos... en fin, es agradable de ver. Pero, y ese creo que fue su gran "fallo", se percibe como anticuada. Esa reivindicación constante y continua a los clásicos muuuy clásicos, los números musicales canturreando temas de idéntico origen y época, pues difícilmente iba a conectar con las plateas de 1989. Lo que no deja de ser curioso porque en la misma trama se hace mención a ello. Uno de los "spots" que interpreta "Bert Rigby", imitando a Buster Keaton, es cancelado porque, según las encuestas, los jóvenes no saben quien es este último. Francamente, lo dudo -de 1989-. Hoy -en pleno 2025- ya sería otro cantar.
Podríamos achacarle también cierta hipocresía. Ya se saben el cuento: es mejor ser un pringadillo sin un duro pero feliz con tu pareja y vida sencilla, que lograr fama, éxito y dinero a espuertas. Ya, claro. Siempre me ha resultado cómico que tales "mensajes moralistas" surjan de mentes perfectamente arrulladas por ese mismo binomio infernal de "éxito + dinero". Los veo escribiendo en sus amplias mansiones, junto a la piscina, deseando contentar a la plebe que, a fin de cuentas, es la que paga entrada y, por ende, la que le permite pegarse semejante vidorra. Así pues, mejor celebrar la insignificancia. Es "más comercial".
Se deja el alma canturreando y dando brincos Robert Lindsay, actor inglés que no ha parado de currar, aunque casi siempre para la caja tonta. Le acompañan una sobreactuada y cargante Anne Bancroft (probablemente enchufada, no olvidemos que era la esposa de Mel Brooks, amiguísimo y eventual colaborador de Carl Reiner). Robbie Coltrane, quien alcanzaría notoriedad no mucho antes de palmar por su papel de "Rubeus Hagrid" en las pelis de "Harry Potter" o como el mafioso ruso "Valentin Zukovsky" en dos del "James Bond" noventero. Bruno Kirby y el televisivo Corbin Bernsen. El oscuro grupo de "art-punk" "Slaughterhouse 5" aparece tocando y la dirección fotográfica corre a cargo de Jan de Bont.
La historia, así como la presencia de Robbie Coltrane, me han traído a la memoria cierto producto de comedia inglesa televisiva, producida un año antes de "Bert Rigby, you´re a fool" y emitida en "TV3" no mucho después. Todo giraba en torno a otro pueblo minero del Reino Unido, donde uno de sus currelas escribe un guion titulado "The Strike" ("La Huelga", también se habla de ello en el film de Reiner) que consigue interesar a Hollywood. Estos mandan toda una troupe de personal dispuesto a rodar la película y, no solo ponen patas parriba el lugar, comienzan a introducir cambios en el guion para hacerlo más comercial, con escenas de acción y demás americanadas. Me llamó la atención, esencialmente, porque el reparto incluía a muchos de los actores habituales de la legendaria serie "The Young Ones" y es que, en esencia, se trataba de una creación del grupo al que aquellos pertenecieron (junto a Coltrane), "The Comic Strip". El asunto en sí parodiaba muy evidentemente el cine yanki de la época, con su tendencia al espectáculo exacerbado e incluía a unos Al Pacino y Meryl Streep de cucamona en plan divo. Molaría recuperarlo. El parecido formal con la peli reseñada, y la proximidad de fechas (más la presencia de uno de sus actores), lo hace todo un pelo sospechoso. ¿Copia, casualidad?... a saber.
En cualquier caso "Bert Rigby, you´re a fool" sigue siendo, cuanto menos, un eficiente mata-ratos.

martes, 2 de septiembre de 2025

FATSO

¡Ojo!, no confundir esta película con el debut como directora de Anne Bancroft de idéntico título en 1980. Se trataría de una tragicomedia igual que la presente, pero centrada en  la obesidad y la adicción a la comida. Esta, sin embargo, se centra en algo más divertido, pero también más injusto y triste: La vida no-sexual de los gordos.
Rino, traductor de Alemán de profesión y dibujante de cómics en su tiempo libre, se pasa la vida lamentándose, masturbándose y practicando sexo con alimentos. Su condición de gorderas le impide tener vida sexual. Pasa los días perdiendo el tiempo con un extraño individuo tan virgen como él. Hasta que un día, sus padres, que viven en la casa contigua a la suya, alquilan una de las habitaciones del hogar donde mora Rino —propiedad de ellos— a una estudiante sueca y veinteañera que le va a dar muy mala vida a nuestro protagonista. Su presencia generará toda una amalgama de situaciones cómicas, no tan cómicas, agrias y lamentables. No todo en “Fatso”está concebido para que el espectador se ría.
Esta película sería el granito de arena que aporta Noruega al concepto / subgénero de “vírgenes adultos”, a caballo entre la visión yanki del asunto y el dramatismo que, posteriormente, tan bien plasmó un país como Islandia con la muy dramática y excelente “Corazón gigante”. Una realidad  tan angustiosa como la de los miles de señores que, por timidez o cuestiones físicas, alcanzan la mediana edad conservando intacto el virgo y la inocencia. Muerta la autoestima y la esperanza, como toda situación dramática (y preocupante), la cosa da para risas.
“Fatso” entretiene sin ser el alma de la fiesta. Resulta irregular. Peca de ingenua en algunos aspectos y de muy transgresora en otros, mientras que las intenciones con las que ha sido concebida me resultan repugnantes. “Fatso”, con todos sus gags, toda su condescendencia,  juega a ganarse las simpatías de quienes cree su público potencial; los gordos “freaks” de granos purulentos que no ligan ni a la de tres y que, al igual que nuestro protagonista, lo más parecido que tendrán a un romance serán las cotidianas dosis de pagafantismo a las que les someterá la guapa de turno. Porque ¡anda que se enamoran de otra gorda purulenta! Normalmente este arquetipo suele siempre enamorarse del tipo de chica inalcanzable hasta para los más gallitos del gimnasio. En ese sentido la película se desenvuelve previsiblemente convirtiéndose en un muestrario de clichés. Por otro lado, juega con las emociones del espectador obeso dándole falsas esperanzas de conquista en la vida real. Hay un momento donde parece que la sensatez se va a imponer haciendo ver que, efectivamente, el gordo no va a follar. Y finalmente, folla. Ergo, la mala baba de la que hace alarde la película desde el principio se queda en agua de borrajas. Y disculpen ustedes el spoiler.
No obstante, como comedia para todos los públicos de corte comercial que al final es, lo cierto es que es muy amena y lleva a buen puerto su cometido;  también es un ejercicio artístico notable (el uso de la steady, los ángulos desde donde se ha colocado la cámara así como la utilización de transparencias en algunos planos, son de un pedante que asustan... pero no se nota demasiado).
¿Que podría pasar por una película "indie" americana? Yo diría que incluso se busca eso expresamente.
El director, como no podía ser de otra manera, es un noruego llamado Arild Fröhlich que, posteriormente, gozó de éxito en su país con sus siguientes trabajos. El  actor protagonista, Nils Jørgen Kaalstad, es famoso allí por las series televisivas que ha protagonizado y sus habilidades en el micro como cómico de “stand up”.
“Fatso” se editó en España directamente en DVD y como consecuencia del éxito en su país de origen. Sin embargo, la caratula ofrecía, en su frontal, la siguiente frase promocional: “Conozcan al "Torrente" de Noruega” ¡¡Por si alguien pica!!.

sábado, 20 de enero de 2024

¡TODO SOBRE MÍ!

En su autobiografía, Dario Argento perdía el entusiasmo y las ganas de narrar batallitas a medida que avanzaba la lectura. Es decir, a cada nueva película, menos tiempo le dedicaba. En la suya, William RIP Friedkin, simplemente -y muy acorde a sus radicales maneras-, se limitaba a ignorar aquellos títulos que no consideraba propios. Así, "El contrato del siglo" y "La tutora" no existían. Pues bien, lo mismo podemos aplicar a la reciente autobiografía del legendario Mel Brooks. No se salta títulos a lá Friedkin, pero sí actúa como Argento, dedicándoles menos atenciones de forma progresiva.
Es un hecho conocido y aceptado que el pequeño y enérgico judío se arrepintió muchas veces de haberse dejado llevar por el gustirrinín del éxito. Sus dos primeras obras, "Los productores" y "El misterio de las doce sillas", eran lo que él mismo califica de "comedias inteligentes". Sin embargo, que ninguna funcionara demasiado bien en taquilla le empujó a aceptar un encargo, el de una "comedia tonta" tirando a vulgar, "Sillas de montar calientes". Su monumental éxito condenó a Brooks de por vida, obligado a no salir nunca del camino que esta había trazado, centrándose en la parodia bufa de géneros cinematográficos populares. Apostando por productos menos a su gusto y más al del público, lo que se traduce en el obvio desencanto en el que se sumió su carrera como director de cine. A partir de "La última locura", Mel Brooks abordaba cada nueva empresa con menos entusiasmo y pasión que la anterior, limitándose a su rol de artesano de la comedia tonta. Y eso, como digo, se refleja en sus memorias. A la escasez de anécdotas interesantes y longitud, hay que sumar, incomprensiblemente, la reproducción de diálogos y gags extraídos de sus films. ¿No comprende que el lector interesado ya se sabe todo eso de memoria? ¿qué necesidad hay? ¿compensar la escasez de información? ¡¡coño, lo que yo quiero es chicha!! Desafortunadamente, el autor no tiene el corazón puesto en "La loca historia del mundo", "Spaceballs" o "Drácula, un muerto muy contento y feliz"... y se nota. Una pena.
Las cosas mejoran un poquito cuando llegamos a "Que asco de vida", película más en consonancia con sus dos primeras obras. Luego ya Brooks se olvida del cine, centrándose en su mayor satisfacción, el musical de Broadway inspirado en "Los productores". Este se come buena parte del tocho. Y a mi no es que me interesara demasiado, por ello terminé saltándome párrafos, especialmente aquellos en los que se limita a lamer ojetes.
Porque de culos húmedos y buenrollismo forzado los hay para matar y rematar. En la vida de Mel Brooks todo era color de rosa. Cuando se mete en algún tema pantanoso, lo pasa por encima y de puntillas. Como lo relacionado con el fallecimiento de Anne Bancroft, su esposa. Es comprensivo por el dolor que ello debe causarle, pero, siendo un momento tan determinante, se ve raro en una autobiografía. También descoloca que ni mente los finales de algunos de sus grandes colaboradores, es decir Gene Wilder, Marty Feldman o Madeline Kahn. En cambio, no tiene vergüenza alguna en dorarle la píldora a su hijo Max, presumiendo de méritos y logros que, obviamente, el chaval no hubiese conseguido de no ser "hijo de". Coño, la editorial de peso que editó su primer libro la regentaba un amigo íntimo de su puto padre... si eso no es enchufe, ya me dirán qué es.
Dejando de lado las películas propiamente dichas, el resto del tochito se centra en la vida del comediante. Sin embargo, mientras dedica líneas y líneas, a veces en exceso, a su infancia y, sobre todo, su participación en la segunda guerra mundial (tal vez por querer demostrarnos unos orígenes humildes y su sacrificio por la patria), a partir de que logra meterse en el mundo del espectáculo, el terreno personal pasa a un segundísimo plano. Tocándolo muy de vez en cuando, aleatoriamente y sin dar demasiados detalles.
Más interesante resulta la historia de Brooksfilms, la productora con la que pretendía rodar materia ajena a la comedia. Así, cual subtrama paralela, narra los pormenores de la hermosa "El hombre elefante" o "La mosca". Destaca en ese apartado la conflictiva confección de uno de sus pocos fracasos, "Guerreros del sol" (que no estaría mal revisar / reseñar). Pero, incluso esta, con los años dio beneficios. Ya les digo, en el universo de Brooks parece no haber lugar para las malas noticias y los descalabros, cuando todos sabemos que su carrera como director se fue desinflando, y mucho, con el tiempo. No me creo que hable de éxito taquillero respecto a algunas de esos últimos largometrajes. Supongo que el pequeño judío entendía el espectáculo como alegría, color, luz, positividad, siempre preocupadísimo por la audiencia. Podríamos decir que el libro está diseñado para eso, complacer al lector, no hacerle pasar demasiados malos tragos y concluir con una sonrisa. Y sí, el viaje es ameno y dinámico, solo que la sensación obtenida cuando terminas se parece mucho a dejar la mitad de la tarta sin devorar.
Tal vez "¡Casi todo sobre mí!" habría sido un título más adecuado.

jueves, 1 de enero de 2009

DRACULA, UN MUERTO MUY CONTENTO Y FELIZ

En 1995 el amigo Mel no andaba en su mejor momento. Su estilo de humor, y su acartonado sentido de la estética, estaban ya bastante anticuados. Venía de hacer la mediocrísima parodia de "Robin Hood" y, en pleno renacer del "spoof" gracias al éxito de "Agárralo como puedas", se animó a rodar una coña con el en ese momento recuperado Leslie Nielsen a costa de Drácula y la entonces aún caliente versión de la novela de Bram Stoker según Francis Ford Coppola.
Claro, la idea de unir a dos monstruos del humor como Nielsen y Brooks tendría que haber esputado la mejor comedia de la década. Pero no fue ese el caso. Un colega y yo fuimos a verla al cine, y salimos bastante decepcionados. Hoy, pasados más de diez años, la vuelvo a mirar con ojos compasivos y... bueno, haciendo un esfuerzo podría salvarse, pero por los pelos.
En esencia "Drácula, un muerto muy contento y feliz" se mantiene fiel a la novela que parió al rey de los chupasangre, en cuanto a cierta estructura básica, pero luego, lógicamente, la salpica de cuestionables chistes... algunos terriblemente tontos y otros bastante más ingeniosos (destacando, a mi gusto, cuando el vampiro intenta dirigir telepáticamente a Mina y su sirvienta, provocando el caos entre ellas... o la rapidez con la que, por mero interés, un carcelero cambia de opinión respecto al destino de Renfield). Mel Brooks se reserva el papel que mejor le va, el de Van Helsing, y se rodea de unos pocos de sus clásicos, como Harvey Korman, Anne Bancroft (la que fue su mujer hasta el día de su muerte) o Rudy De Luca en el guión. Luego pica un poco de los nombres del momento, destacando mucho bellezón y al por entonces popular Peter MacNicol (también en "Los Cazafantasmas 2"), ideal para el rol de Renfield... aunque también algo cargante.
Lo que más choca de este "Dracula" es su tempo humorístico. Como peli entretiene lo suyo... pero, como comedia, los gags no abundan y hay momentos más extensos de lo normal en los que, esencialmente, no hay materia para la risa, la historia se limita a seguir. Es raro. Luego, habría que ver cuanta fue la aportación de los dobladores españoles, por esos continuos tacos que resultan cómicos al situarse en medio de diálogos de tono típicamente victorianos (como cuando Mel Helsing suelta lo de: "¡La medicina moderna es una puta mierda!") y por esa directa alusión a Chiquito de la Calzada (muy celebrada por el público en pase al que fui). Por otro lado, Nielsen está simpático, en su línea.
En fin, que la peli acaba resultando un divertimento tontorrón, aunque lejos, muy lejos, de los momentos más inspirados de la carrera de su realizador. No conozco al dedillo los resultados de taquilla, pero no me sorprendería saber que fueron estrepitosamente flojos. Después de aquello, Brooks dejó la dirección y se dedicó a reciclar su propia obra con resultados bastante satisfactorios -para él-, destacando los musicales basados en "Los productores" y "El jovencito Frankenstein".