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sábado, 20 de julio de 2019

SESIÓN DOBLE: LA CAZA + FRIEDKIN UNCUT

LA CAZA : En una guardería, una niña le dice a la directora que el hombre adulto que diariamente anda por allá echando un cable le ha enseñado la polla. Además, bien tiesa. Desde buen principio el espectador sabe perfectamente que es falso. El acusado es un tío majo y no ha hecho nada reprochable. Pero eso no le basta a sus vecinos y amigos que, cegados por el odio y la ignorancia, comienzan a señalarle como pederasta y convierten su vida en un auténtico infierno.
Thomas Vinterberg, colega de Lars Von Trier que se apuntó en su momento a la tonterida esa del "Dogma", se marca un dramón cojonudo. Impactante. Duro y angustiante hasta el tuétano y perfectamente interpretado por todos los actores, desde la misma cría al protagonista, un estupendísimo Mads Mikkelsen.
Tenso e intenso, lo que más me mola de "La Caza" es el retrato conciso y sin medias tintas que hace de la sociedad, dispuesta a demostrar lo peor de sí misma cuando cunde el pánico y se sube ciegamente al carro de la estupidez más profunda. Sin hacerse preguntas y pisándose los unos a los otros.

FRIEDKIN UNCUT : William Friedkin dispone de una carrera irregular. No todo lo que ha dirigido hasta el día de hoy es la hostia en patinete (su cacareado documental sobre un exorcismo real es del todo olvidable), pero algunos de esos títulos sí lo son. Todos los conocemos. Es un tipo con mil historias apasionantes que contar, una buena dosis de materia gris y una lengua algo descontrolada que aporta puntuales momentos de hilaridad a lo largo de este excelente documental. Uno que repasa toda su carrera (aunque se salta todos aquellos títulos que Friedkin ya suele ignorar por considerarlos malos o meros encargos sin interés) y la ilustra con algunas visitas a festivales (entre ellos, Sitges, donde se cruza con Dario Argento y se demuestran descontrolado amor mutuo). A todo ello sumen el infinito catálogo de radicales opiniones que Friedkin tiene sobre el mundo del cine y los críticos. Es muy fácil sentirte identificado con lo que suelta, echarte una risa regocijante e incluso aplaudirle con pasión.
Altamente recomendable.

viernes, 30 de junio de 2023

ALGO MÁS QUE COLEGAS

Francis Veber probablemente sea el director/guionista franchute con mayor proyección internacional en la historia del cine comercial. En los setenta se hizo un nombre gracias a sus comedias de acción para lucimiento de Daniel Auteuil y Pierre Richard, así como con ese mastodonte en forma de comedia homosexual que era “Vicios pequeños” y cuyo guion firma. Tanto era el éxito que sus comedias tenían en Europa que pronto los americanos se fijaron en él con la idea de remakear algunas de las más populares. Pero antes de eso, Veber se pegó el lujo de ser el primer guionista francés que vendía un guion a Hollywood para ser producido allí nada menos que por Paramount, esta “Algo más que colegas” dirigida por James Burrows, director curtido en televisión que firmaba con esta su única película para cines.
A mediados de 1982 se avecinaba una huelga de directores en Hollywood y, como plan de emergencia, previamente a eso, Paramount decidió hacer un experimento produciendo una serie de películas de corto presupuesto, entre 2 y 6 millones de dólares, con el fin de ver cómo podían funcionar estas producciones de bajo coste. Una de ellas era “Algo más que amigos” que fracasó de pleno en la taquilla. Aunque otra de ese mismo plan fue “Oficial y Caballero” que se convirtió en un hito. Según el ejecutivo de Paramount, Barry Diller, “Algo más que amigos” es un ejemplo de lo que es una película hecha deprisa y mal.
Lo curioso de todo este asunto es que el film escrito por Veber nace tras haber visto este el hoy clásico “A la caza” de William Friedkin y decidir que en esa película los homosexuales no salían muy bien parados, así que tomó ese mismo argumento y lo desarrolló a modo de buddy movie y comedia de situación. El resultado de esta vuelta de tuerca se traduce en que la opinión pública se la tomó a la tremenda obteniendo críticas tan demoledoras como las que un par de años atrás recibió la misma película de Friedkin. Fue tildada de homofóbica y acusada de mostrar en pantalla a los homosexuales de la misma manera estereotipada que los mostraba “A la caza”, o peor aún, haciendo vestir al protagonista homosexual con ropas rosas y conducir un coche del mismo color. También se decía que la película insinuaba que no se podía hacer trabajar a dos policías de distinta tendencia sexual porque el gay acabaría enamorándose del hetero.
La cosa va de un duro policía heterosexual al que se le asigna un compañero que trabaja en los archivos que, aunque está en el armario, todo el cuerpo nota que es homosexual. La idea de juntar a estos dos policías es hacerlos pasar por pareja gay y que así investiguen el asesinato  de una serie de homosexuales, infiltrándose en el ambiente. Naturalmente en su día a día saltarán las chispas, máxime cuando durante la investigación el gay se enamora del hetero y acaban siendo, como reza el título castellano de la cinta, “Algo más que colegas”… Claro que la presencia de una guapa fotógrafa ayuda a que predomine lo hetero.
En un principio concebida para Clint Eastwood y Woody Allen en los papeles protagonistas (¿se lo imaginan?) —Eastwood dijo que aceptaría el papel solo si también lo hacía Allen… y Allen debió decir que él no interpretaba a ningún maricón— “Algo más que colegas” resulta una buddy movie resuelta, muy del montón, y para el lucimiento de los actores que finalmente la interpretaron, Ryan O’Neal en plena decadencia (gracias a esta película recibió una nominación al peor actor de la década de los 80 a los razzie que le arrebató el bueno de Stallone) y John Hurt (al que muchos creían gay tras una serie de papeles en los que había interpretado a homosexuales, pero era hetero y muy hetero), siendo probablemente una de las parejas con menos química de la historia del cine.
La película es ramplona y homofóbica cuando lo que pretende es dar un mensaje aperturista, lo cual la convierte en involuntariamente graciosa, pero es tan del montón y, al final, tan sosainas que, que quiere que les diga, como el revulsivo a “A la caza” que se supone es, la de Friedkin defeca desde lo alto encima de esta. Y con bien de diarrea.
Pero se deja ver una tarde tonta.
Si proceden, intenten reconocer a un jovencito Martin Kove haciendo una figuración especial homosexualista (aunque, para 1982, ya se hubiese dejado ver en títulos de peso como "La última casa a la izquierda" o "La carrera de la muerte del año 2000")

domingo, 13 de enero de 2013

KILLER JOE

Los aficionados al cine, especialmente si hablamos de puristas, deberían estarle muy agradecido al bueno y viejo vídeo. Y no me refiero a las cintas de alquiler, sino a las cámaras. Cuando apareció en el mercado, lo hizo arrastrando una etiqueta, la del malo de la película. Era la muerte del cine y cualquier cineasta, fuese de nivel que fuese, estaba "obligado" a detestarlo. Con los años y la implacable evolución de la tecnología, el vídeo se convirtió en "digital"... aunque en el fondo siga siendo vídeo. Y gracias a la implantación del llamado cine digital, los gastos a la hora de hacer un largometraje bajaron bastantes peldaños. Muchos cineastas que andaban retirados por falta de oportunidades, pudieron reactivarse de nuevo. Y lo que comenzó como una herramienta ingrata destinada únicamente a las "clases bajas" del séptimo arte, terminó perfectamente integrada entre los que habitaban la parte superior de la estratosfera cinematográfica.
Los viejos dinosaurios como Francis Ford Coppola, Brian de Palma o, ya que estamos, William Friedkin, no necesitan el cine digital para volver a trabajar. Son gente que se ha ganado el prestigio que acompaña a sus nombres y, en mayor o menor medida, seguro que podrían encontrar curros, aunque fuesen encargos. Sin embargo, a ellos el cine digital lo que les otorga es libertad. Libertad creativa. Y a día de hoy me atrevería a decir que no hay NADA en este mundo, planeta y universo, como ser libre.
Todas esas leyendas que hablan de productores inquisitivos e imposiciones de los grandes estudios deben ser ciertas. Eso podría explicar que cineastas que han demostrado disponer de tantísimo talento, llegado el ocaso de sus carreras, parecen perder completamente el norte comenzando a producir cine mediocre y sin vida. ¿Será que se hacen mayores y pierden la inspiración o que la gente del dinero que tienen detrás presiona demasiado y estropea el trabajo resultante?. Apostaría por la segunda opción, porque cuando muchos de estos creadores disponen de la amada y ansiada libertad, demuestran estar en muy buena forma. Y, como decía, solo se obtiene esa libertad cuando no hay mucha guita de por medio, pero sí ganas de hacer algo bueno. Gracias al cine digital, esto último, que parece una utopía, es bien factible. Y si no, que se lo digan a William Friedkin y su última peli, "Killer Joe".
Un pobre perdedor, atosigado por deudas con cierta mafia, convence a su padre para contratar a un asesino profesional que mate a su malvada ex-mujer y, así, cobrar un suculento seguro. El responsable de hacer el trabajo sucio se llama Joe, detective a media jornada, con tanto encanto y carisma como crueldad y mala leche. A falta de poder recibir el dinero de antemano, el asesino pide como "señal" follarse a la ingenua hermana del perdedor. Este accede muy a regañadientes. Una vez cometido el crimen, las cosas no irán como estaban planeadas. No hay dinero que cobrar y Joe no está nada contento. La familia al completo pagará por ello, a lo que hay que añadir una pequeña sorpresa muy agradecida y una secuencia de violencia semi-sexual algo cruda y que generó la inevitable "polémica", otorgando cierta popularidad extra a la película. Algo que va muy bien por el tema publicitario, pero que "Killer Joe" no necesitaba. Ni necesita, ya que se aguanta ella sola perfectamente (y, después de todo, no hay para tanto... me esperaba algo mucho peor).
William Friedkin tiene un montón de buenas películas, sobre todo en su primera etapa, "Contra el imperio de la droga", "El Exorcista", "A la caza". Luego vino la decadencia y, aún así, todavía disponía de algunos ases guardados en la manga, como "Vivir y morir en Los Ángeles", "Desbocado" y, ¿por qué no?, "Ganar de cualquier manera" o la pasable "Jade". Siguió rodando cosas bastante olvidables y alimenticias, hasta la llegada de la peli que comentamos ahora. Una auténtica pieza de "cine negro" moderno, situada en una Texas sucia, cutre y totalmente "white trash", repleta de personajes patéticos, en todos los bandos. Seca, cruda, contundente, como el mejor cine de su director, pero también muy entretenida, muy bien construida, con unos actores cojonudos (especialmente Matthew McConaughey que está brutal, y cuando habla, parece Clint Eastwood en sus mejores tiempos) y una historia que, aunque parte de elementos clásicos, no es nada previsible... especialmente en el último acto, y, todavía más, el brillante desenlace. Hay quien habla de "comedia negra", pero a mi me ha parecido perfectamente seria.
Película con P mayúscula, altamente recomendable (es aquello de "cada vez se hacen menos como estas").
Ah! y la banda sonora nos reserva un regalo a aquellos que nos consideramos fans de cierto rock and roll garajero de raíces punkeras: los "Reverend Horton Heat" sonando como adecuado fondo musical en un bareto cutre de carretera.

viernes, 11 de enero de 2008

¿MÁS MIEDO QUE EL EXORCISTA?

Sin un poco de lectura, mi aburrido ya ex-trabajo, hubiese sido mucho más insoportable de lo que era, y dado que el "Imágenes" y el "Fotogramas" juntos no llenan tantas horas, me hice socio de una biblioteca con el fin de poder leer libros sin pagar. La temática de los mismos, a poder ser, debía versar en todo aquello que me interesa, pero en especial cine, y muy concretamente el de género terrorífico. Hace unos días fui con la esperanza de encontrar algo de mi agrado, y entre aburridos repasos a personajillos petulantes de la cinematografía mundial o absurda teoría práctica, localicé exactamente el tipo de lectura amena, divertida e intranscendente que deseaba, "¡Malditas Películas!" de Miguel Ángel Prieto, dedicado a indagar en aquellos films a los que, se supone, acompaña alguna clase de maldición que ocasiona toda suerte de desgracias a sus responsables. Entre los varios títulos tratados, destaca uno por méritos propios, "El Exorcista" de William Friedkin, algo así como la madre de las pelis malditas. El caso es que dejándome sorprender por el increíble fenómeno social que supuso, recordé que recientemente un amigo me dejó una de las pocas producciones modernas de terror que todavía no había pasado por mi reproductor de dvd, "El exorcismo de Emily Rose", asegurándome que "Da más miedo que El Exorcista". Por ello, y por su propia condición, me puse a verla con toda la curiosidad del mundo.
"El exorcismo de Emily Rose" es una peli correcta, se deja ver, tiene sus escenas escalofriantes, algún logrado susto... pero ni por asomo supera al clásico con Linda Blair en miedo, y mucho menos como película. "El Exorcista" no da miedo solo por las increíbles secuencias de posesión diabólica. Lo que tiene esta peli que la ha hecho inmortal es que es inquietante desde el primer al último minuto, incluso en los momentos en los que, literalmente, no ocurre nada. De hecho, si me apuras, las escenas de mayor pavor son cuando a la Blair le hacen toda suerte de traumáticas pruebas en el hospital o la tremenda pesadilla de Jason Miller, donde con apenas nada, te eriza hasta el más insignificante vello del cuerpo.
La epopeya de Emily Rose hace gala de todos los defectos habituales del horror moderno, su look casi telefílmico, su incapacidad de crear atmósfera, el exceso pirotécnico de las secuencias más aterradoras y, como no, un abuso de efectos digitales. Que si, que la secuencia de los rostros siniestros tiene su qué, pero al mismo tiempo que me daba sustos me sentía muy decepcionado. Asustar es relativamente fácil, crear sensación de miedo no. "El Exorcista" posee entre sus miles de aciertos una fotografía tétrica y realista, una banda sonora imponente, interpretaciones más que convincentes (en realidad nada como un buen actor para causar escalofríos) y, resumiendo, maravillosos efectos especiales. Dice Friedkin que desde el principio tuvo muy claro que quería crearlos en directo durante el rodaje, no en post-producción, pues creía que así el verismo del film ganaría muchos puntos. Cuanta razón tenía, los artífices de "El exorcismo de Emily Rose" tendrían que haber tomado buena nota de ello.

domingo, 20 de septiembre de 2009

MOTEROS TRANQUILOS, TOROS SALVAJES

"Moteros tranquilos, toros salvajes" trata un tema de entrada apasionante, la generación que cambió Hollywood en los 70.
Esta década, considerada por expertos como la mejor y más significativa del cine americano moderno, aportó muchos avances y variaciones. Por ejemplo, el terror se endureció, el porno dejó de vivir entre sombras... y sí, la meca del
cine comenzó a parir películas influenciadas por la contra-cultura que lo pusieron todo patas parriba y propiciaron que, llegados los 80, el negocio del séptimo arte volviera a caer en manos de ejecutivos y no de "artistas".
Peter Biskind tiene el detalle de ser objetivo, puntualmente suelta alguna opinión, y derecho no le falta, pero ante todo deja que sean los propios testigos de la historia los que desvaríen y digan las más suculentas gilipolleces.

¿Y cual es esa generación de la que hablo?, pues Coppola, Scorsese, De Palma, Schreder, Bogdanovich, Ashby, Friedkin, Lucas y Spielberg, entre algún otro. Por primera vez, Hollywood daba poder y libertad al director y estos no supieron aprovecharlo, exprimiendo el momento y sepultando dicha oportunidad con un comportamiento caprichoso, ególatra, inmaduro y... bueno, digno de un retrasado mental. Todos fueron unos hijos de puta, unos drogatas incurables, unos egocéntricos de tomo y lomo y despilfarraban dinero cuando lo tenían... aunque se creyeran muy progres y hippies. De hecho, resulta triste leer todas las parrafadas idealistas que soltaban entonces, y ver dónde y cómo están ahora.
Naturalmente, los malos de la función son Lucas y Spielberg, que, según sus compañeros de viaje, acabaron con el "arte" por culpa del éxito de sus dos obras abiertamente comerciales, "La guerra de las galaxias" y "Tiburón". A raíz de ahí, y sumado a los desastres financieros de algunas de esas "películas respetables" entre las que se encontraban "Toro Salvaje" y -especialmente- "La puerta del cielo", los grandes magnates decidieron recuperar la batuta y darle una buena patada en el culo a esa panda de gilipollas más preocupados en esnifar coca y soltar la lista de ídolos (todos ellos franchutes, Godard en cabeza) que en hacer su trabajo.
Irónicamente, y a pesar de su papel de "demonio", el único honesto fue Spielberg, que ya entonces quería hacer lo mismo que sigue haciendo actualmente y, por ese motivo, jamás se contradijo ni se traicionó a sí mismo, cosa que no pueden decir ni Coppola, ni Scorsese, ni De Palma, ni Friedkin, ¡¡que menudo cacho cabrón estaba hecho!!.
No comprendo ese odio al cine comercial, al cine de evasión, ¡imaginaos que todo lo que se
estrenara fueran pelis de autor, artísticas!, ¡¡por dios!!, sería una pesadilla. Negar que el cine es un negocio y que para invertir antes hay que ganar, es algo que personalmente encuentro de lo más lógico, y no me entra en la cabeza que algunos no lo quieran comprender y condenen a todo aquello nacido con el admirable afán de divertir y entretener (hay un mamón que califica a "La guerra de las galaxias" de "cine para idiotas"... puede que las miles de personas que la hemos visto seamos eso, idiotas, pero es preferible ser un idiota que ve cine para idiotas, que un idiota que HACE cine para los que se creen más listos).
Al final el más inteligente es Roger Corman, que afirmaba sin rubor que el éxito del cine europeo de la época se debía a que mostraba desnudos y sexo sin censuras... eso es hablar claro, cojones.

Por todo lo expuesto, si consigues mantenerte como mero espectador, el libro termina resultando muy gozable, incluso adictivo... despierta a la maruja que todos llevamos dentro, e invita a reírnos de las numerosas mongoladas que hicieron algunos cineastas de esos intocables.
Aunque si tu pretensión es dedicarte al séptimo arte de modo profesional, casi te diría que no te lo leas o comenzarás a pensar en elegir otra profesión... eso si, claro está, no eres tan imbécil como el 90% de personas que pueblan las páginas del libraco.

domingo, 30 de enero de 2011

DESBOCADO / RAMPAGE

Excelente aportación de William "El Exorcista" Friedkin al cine de juicios. O si lo prefieren, al de asesinos en serie.
Desgraciadamente, problemas financieros de la distribuidora condenaron a esta peli a la nada durante un largo periodo de tiempo. Primero se estrenó en Europa, y cinco años después en los USA. Claro, así pocas oportunidades tuvo de llevarse una tajada mínima del éxito que merecía. Algo especialmente frustrante para el director, que tras sus años de gloria, y una fase intermedia bastante deprimente, volvía a demostrar su gran talento para estas cosas del cine. En fin, suerte que al menos la peli está ahí, lista para disfrutar, y les aseguro que yo la gocé cual puta hace un par de noches. Encima, en su formato VHS.
Basada en el caso de un psycho-killer real, "Desbocado" cuenta la historia de un asesino muy chungo que masacra familias del modo más casual y caprichoso con el fin de beberse la sangre de las hembras. Es detenido por la policía y llevado a juicio. El abogado de la acusación es un liberal que no cree en la pena de muerte. Sin embargo, lo cruento del caso le hará cambiar de opinión y luchará hasta el fin para que el asesino pague por sus crímenes con su propia vida, a pesar de dudas morales y otros problemas.
Pues sí, "Desbocado", o "Rampage" en su tierra, es un thriller fabuloso que te mantiene en vilo durante los 101 minutos que dura. Del primero al último. Bien parido, bien interpretado, bien narrado, bien TODO. Es ese tipo de peli que entra de maravilla, y más después de haberte tragado un buen montón de ponzoñas aburridas y carentes de garra. ESTO es cine, oiga.
Supongo que no peco de lerdo si digo que, esencialmente, "Desbocado" se plantea el tema de la pena de muerte. No estoy muy seguro si Friedkin sermonea o no... yo diría que no, que provoca. Te pone sobre la mesa los hechos, y deja que tu juzgues y saques tus propias conclusiones. O eso me parece a mi. No comprendo demasiado la secuencia que cierra el film, aunque me gusta y me plantea dudas. Idem con el cambio final de opinión del abogado prota, inducido completamente -o así lo veo yo- por el abandono de la hippie de su mujer, que no acepta que su pareja se muestre en favor de la pena de muerte. En fin, no se, son tantas las lecturas que ofrece esta peli que mejor la véis y luego me llamáis para debatirlo.
A destacar la secuencia de los "3 minutos". No explico más, descubrirla es parte de la gracia.
El reparto es tan sólido como suele ser en este tipo de films. Michael "Terminator" Biehn hace un papel cojonudo como abogado repleto de dudas. Le siguen Alex McArthur como asesino y un puñado de segundones carismáticos como Art LaFleur o Grace Zabriskie (especializada en papeles de loca con mirada desviada).
Un diez. Altamente recomendable.

sábado, 20 de enero de 2024

¡TODO SOBRE MÍ!

En su autobiografía, Dario Argento perdía el entusiasmo y las ganas de narrar batallitas a medida que avanzaba la lectura. Es decir, a cada nueva película, menos tiempo le dedicaba. En la suya, William RIP Friedkin, simplemente -y muy acorde a sus radicales maneras-, se limitaba a ignorar aquellos títulos que no consideraba propios. Así, "El contrato del siglo" y "La tutora" no existían. Pues bien, lo mismo podemos aplicar a la reciente autobiografía del legendario Mel Brooks. No se salta títulos a lá Friedkin, pero sí actúa como Argento, dedicándoles menos atenciones de forma progresiva.
Es un hecho conocido y aceptado que el pequeño y enérgico judío se arrepintió muchas veces de haberse dejado llevar por el gustirrinín del éxito. Sus dos primeras obras, "Los productores" y "El misterio de las doce sillas", eran lo que él mismo califica de "comedias inteligentes". Sin embargo, que ninguna funcionara demasiado bien en taquilla le empujó a aceptar un encargo, el de una "comedia tonta" tirando a vulgar, "Sillas de montar calientes". Su monumental éxito condenó a Brooks de por vida, obligado a no salir nunca del camino que esta había trazado, centrándose en la parodia bufa de géneros cinematográficos populares. Apostando por productos menos a su gusto y más al del público, lo que se traduce en el obvio desencanto en el que se sumió su carrera como director de cine. A partir de "La última locura", Mel Brooks abordaba cada nueva empresa con menos entusiasmo y pasión que la anterior, limitándose a su rol de artesano de la comedia tonta. Y eso, como digo, se refleja en sus memorias. A la escasez de anécdotas interesantes y longitud, hay que sumar, incomprensiblemente, la reproducción de diálogos y gags extraídos de sus films. ¿No comprende que el lector interesado ya se sabe todo eso de memoria? ¿qué necesidad hay? ¿compensar la escasez de información? ¡¡coño, lo que yo quiero es chicha!! Desafortunadamente, el autor no tiene el corazón puesto en "La loca historia del mundo", "Spaceballs" o "Drácula, un muerto muy contento y feliz"... y se nota. Una pena.
Las cosas mejoran un poquito cuando llegamos a "Que asco de vida", película más en consonancia con sus dos primeras obras. Luego ya Brooks se olvida del cine, centrándose en su mayor satisfacción, el musical de Broadway inspirado en "Los productores". Este se come buena parte del tocho. Y a mi no es que me interesara demasiado, por ello terminé saltándome párrafos, especialmente aquellos en los que se limita a lamer ojetes.
Porque de culos húmedos y buenrollismo forzado los hay para matar y rematar. En la vida de Mel Brooks todo era color de rosa. Cuando se mete en algún tema pantanoso, lo pasa por encima y de puntillas. Como lo relacionado con el fallecimiento de Anne Bancroft, su esposa. Es comprensivo por el dolor que ello debe causarle, pero, siendo un momento tan determinante, se ve raro en una autobiografía. También descoloca que ni mente los finales de algunos de sus grandes colaboradores, es decir Gene Wilder, Marty Feldman o Madeline Kahn. En cambio, no tiene vergüenza alguna en dorarle la píldora a su hijo Max, presumiendo de méritos y logros que, obviamente, el chaval no hubiese conseguido de no ser "hijo de". Coño, la editorial de peso que editó su primer libro la regentaba un amigo íntimo de su puto padre... si eso no es enchufe, ya me dirán qué es.
Dejando de lado las películas propiamente dichas, el resto del tochito se centra en la vida del comediante. Sin embargo, mientras dedica líneas y líneas, a veces en exceso, a su infancia y, sobre todo, su participación en la segunda guerra mundial (tal vez por querer demostrarnos unos orígenes humildes y su sacrificio por la patria), a partir de que logra meterse en el mundo del espectáculo, el terreno personal pasa a un segundísimo plano. Tocándolo muy de vez en cuando, aleatoriamente y sin dar demasiados detalles.
Más interesante resulta la historia de Brooksfilms, la productora con la que pretendía rodar materia ajena a la comedia. Así, cual subtrama paralela, narra los pormenores de la hermosa "El hombre elefante" o "La mosca". Destaca en ese apartado la conflictiva confección de uno de sus pocos fracasos, "Guerreros del sol" (que no estaría mal revisar / reseñar). Pero, incluso esta, con los años dio beneficios. Ya les digo, en el universo de Brooks parece no haber lugar para las malas noticias y los descalabros, cuando todos sabemos que su carrera como director se fue desinflando, y mucho, con el tiempo. No me creo que hable de éxito taquillero respecto a algunas de esos últimos largometrajes. Supongo que el pequeño judío entendía el espectáculo como alegría, color, luz, positividad, siempre preocupadísimo por la audiencia. Podríamos decir que el libro está diseñado para eso, complacer al lector, no hacerle pasar demasiados malos tragos y concluir con una sonrisa. Y sí, el viaje es ameno y dinámico, solo que la sensación obtenida cuando terminas se parece mucho a dejar la mitad de la tarta sin devorar.
Tal vez "¡Casi todo sobre mí!" habría sido un título más adecuado.

martes, 17 de junio de 2025

LA NOVENA CONFIGURACIÓN

Manda cojones la desfachatez de William Peter Blatty. El muy cretino iba a los cines a reírse de “Exorcista II (El Hereje)” y la ponía de vuelta y media. Y encima tuvo la jeta de decir que "La novena configuración", su debut como director en 1980, era la verdadera secuela de “El Exorcista”. Obviamente, todo eso se lo sacó de la manga, porque lo cierto es que “La novena configuración”, basada en la novela anterior a “El Exorcista” del propio Blatty, “Twinkle, Twinkle  Killer Kane!” (título con el que también se conoce a la película en algunos países), se ambienta en el mismo universo de “El exorcista” con pequeñas e imperceptibles conexiones que, a no ser que vivas obsesionado con la película de William Friedkin, tampoco localizarás. Y es tan mala que hace parecer a la secuela perpetrada por John Boorman una obra maestra. De ahí la desfachatez del escritor/director. Pero al margen de los lazos que la unen con “El Exorcista” o las posibles rabietas que en un momento dado se pudiera llevar Blatty, lo primero que me llama la atención de "La novena configuración" es que, si bien técnicamente estamos ante una película verdaderamente competente, por todo lo demás es verdaderamente chapucera y bobalicona, resuelta con un planteamiento excesivamente largo (una hora completa de metraje) y un nudo y desenlace que ocurren en un santiamén.
Y le pasa como a “The Room”, que es tan estúpida e inenarrable que, a posteriori, Blatty divulgó que en realidad se trataba de una comedia de humor negro, así como lo había sido la novela previa en la que se inspira (y que por lo que fuera escribió y reeditó dos veces). Mis cojones.
Entonces tenemos una especie de hospital psiquiátrico para soldados con problemas mentales. Lo que sucede es que las autoridades se están planteando si esos problemas mentales son reales o si los soldados se los inventan para irse (o no combatir) en la guerra de Vietnam. De este modo, llega al lugar un psiquiatra militar que los irá entrevistando para delimitar quién miente y quién no. También acabará cubriendo necesidades de los locos en torno a sus excentricidades. Al mismo tiempo, tendremos una violenta banda de moteros que la liarán parda, un impactante giro final y muchas, muchas, muchas conversaciones, eternas, sobre el bien y el mal o la existencia de dios y el diablo. Además de chistes de vodevil, violencia descarnada que no viene muy a cuento y hasta unas pequeñas dosis de surrealismo.
Viéndola, da la sensación de que Blatty, ante la imposibilidad de William Friedkin a realizar este guion, se tomó la dirección de su primera película con la finalidad de convertirse en una especie de nuevo Stanley Kubrick (toda esa secuencia del hombre en la luna ante la presencia de un cristo crucificado...), pero es obvio que el hombre no llega y, lejos de salirle una obra maestra, le sale esta patochada.
Ahora, como Blatty no quería trabajar con "Warner Brothers" porque le debían dinero, ofreció el proyecto de “La novena configuración” a "Universal" y "Columbia", que algo raro verían cuando ambas decidieron descartar la posibilidad y apostar sus dineros en otras producciones. Así que el futuro cineasta puso unos milloncejos de su bolsillo, además de convencer a "Pepsi" para añadir otro par, siempre y cuando, por motivos que tenían que ver con la burocracia y economía de la marca de refrescos, el film se rodase en Hungría.
Posteriormente, el karma castigó a Blatty, porque, para su estreno, cedió los derechos de distribución a "United Film Distribution" que, muy sabiamente, los vendió a "Warner Brothers" quienes la distribuyeron de aquella manera. Los resultados económicos fueron tan pobres durante la apertura  que, finalmente, "Warner" le dijo a Blatty: “Toma chaval, aquí tienes tu película y haz con ella lo que quieras”.  Así que cineasta / escritor, todavía con mucha fe, se tomó un tiempo para retocarla y pasó a formar parte del catálogo de la "New World" de Roger Corman, quien la relanzaría en 1985 con resultados similares.
El paso de los años, los distintos estrenos y ediciones videográficas, han convertido esta película en una de culto, máxime si tenemos en cuenta que, para cada movimiento de distribución hay una versión distinta. Es por eso que, a lo largo y ancho del globo, existen una ensalada de cortes de “La novena configuración” (o “Tinkle, Twinkle Killer Kane!”, lo que prefieran), por lo que es muy difícil saber a ciencia cierta cual es la que dio por buena el director —aunque probablemente ni él mismo lo supiera—. Una de ellas con un póster bastante llamativo, porque sin ningún tipo de coherencia utiliza a uno de los moteros que aparecen en una de las escenas para efectuar una especie de plagio del póster de “La naranja mecánica”, motivo este que me deja aún más claro que Blatty pretendía ser una suerte de Kubrick.
Como fuere, se trata de una de las películas más chapuceras y demenciales que he tenido la suerte de ver, además, también, una de las más aburridas, y solo por eso yo creo que ya es digna de consideración. Pero, madre de dios, que dos horas más infernales…
En el reparto tenemos auténticos pepinos completamente desatados y mal dirigidos: Stacy Keach, Robert Loggia, Jason Miller, Tom Atkins, Joe Spinell, Richard Lynch…
William Peter Blatty, que toda su vida a defendido la calidad de su película y su puesto como auténtica secuela de “El Exorcista”, diez años después aprendería a dirigir y lo pondría en práctica con “El Exorcista III” que, paradójicamente y visto lo visto, está muy bien.

viernes, 4 de marzo de 2011

LA ENDEMONIADA

De todas las copias y plagios surgidos a raíz de "EL Exorcista", me quedo sin lugar a dudas con la aportación de Amando de Ossorio. Primero por ser un director conocedor del género. Eso ya hace que, de entrada, la película me caiga simpática. Y segundo, porque aunque se aprovecha del filón, y directamente recrea sin vergüenza elementos reconocibles en "El Exorcista" (gapos verdes, girar partes del cuerpo que normalmente no pueden hacerlo o arrastrarse de manera desagradable, amen de que a la niña protagonista la interpreta Marian Salgado, la dobladora española de la "Regan" de la película de Friedkin), sí que cuenta con una entidad propia (no mucha), en el sentido de que, al menos, no es Satanás quien se mete dentro del cuerpo de la muchacha, sino una gitana más mala que un dolor. Y la osadía de incluir una historia de desamor entre el cura protagonista (en su juventud) y una jovencita de buena familia, ya dotan a la película de más calidad, al menos argumental, que el otro "exploit" patrio más popular, "Exorcismo".
Tras ser detenida, una vieja gitana que se dedica a hacer ritos Satánicos y sacrificar bebés se suicida tras ser amenazada por el comisario, que le dice que le va a administrar un medicamento que le hará decir toda la verdad acerca del caso en el que está implicada. Tras morir, y dejar a la policía en ascuas, el espíritu de la gitana saldrá de su cuerpo, para, literalmente, irse andando hasta el de una niña e instalarse en ella. Un joven cura, el padre de la cría, un teólogo y la policía, le darán sal al mejunje, mientras la poseída protagoniza episodios terroríficos y desagradables.
Pues sí, la verdad es que es una película altamente entretenida, quizás menos sanguinaria de lo que nos hubiera gustado, pero con los suficientes elementos, risibles o no, como para pasar un rato bueno, que ya es mucho.
Curioso maquillaje que logra poner el mismo rostro 
de una Kali Hansa adulta, aterrador por un lado e involuntariamente descacharrante por otro, a una Marian Salgado menor. No hay diferencia… las dos actrices tienen la misma faz, supongo que, también, porque buscaron actrices muy parecidas, que una vez maquilladas asemejaran la misma persona.
En el cast tenemos al inevitable Fernando Sancho ("La ley del karate en el oeste", "El pantano de los cuervos", "Y al tercer año resucitó"), que diríase hace el mismo papel en todos los films de terror, el de policía malcarado y “malaleche”. Tenemos a Maria Kosty ("La rebelión de las muertas" y la ya mentada "Exorcismo") y a Julia Saly (La pocha), al igual que Kosty, habitual de Paul Naschy, también en "Exorcismo" o en cosas como "Operación Mantis", "El último kamikaze", "El retorno del hombre lobo y "Madrid al desnudo". Siempre al lado de Naschy, como si fueran un matrimonio.
En definitiva, correcta película, bien rodada, bien de ritmo, quizás más graciosa que terrorífica, pero en suma, muy, muy disfrutable.

miércoles, 1 de julio de 2015

LOS FOTOCROMOS DE "LA TUTORA"

De la película de la que renegó William Friedkin ya hablamos largo y tendido en su momento en el Podcast. Así que les dejo con los fotocromos, que esta vez no son tan bonitos como otras veces.













martes, 10 de julio de 2012

EL EXORCISTA III

William Peter Blatty, escritor de la novela en la que se basó “El Exorcista” y que tomo parte activa de la misma, siempre vivió un tanto al rebufo, más que de su creación, de la película que popularizó a Regan y a Pazuzu. O al menos de sus personajes. Por eso, cuando rodó su primera película “The Ninth configuration”, a el se le llenaba la boca diciendo que era una secuela de “El Exorcista”, basándose en un simple personaje secundario que aparecía en ambas películas.
Sin embargo, pasaron muchos años tras el fracaso de “Exorcista II (El Hereje)” y tuvo que pasar algo de hambre para volver a ponerse manos a la obra en nuevas historias sobre los extraños hechos de George Town.
Por eso, y con la mente en una nueva película, escribió una nueva novela, “Legion”, que es la secuela directa de “El Exorcista”.
Tras publicarla, se puso manos a la obra con los directivos de Warner para llevar a cabo la adaptación de la novela al cine, con lo que se retomaría la franquicia rodando este “El Exorcista III”.
Pero en 1990, una secuela de la película más terrorífica de Warner Brothers, no era garantía de nada, así que tras ser el proyecto rechazado por todo aquél director al que se le ofrecia, se decidió que fuera el propio Blatty quien la dirigiera. Y el resultado, obviamente, no superó al de la película de Friedkin, pero si que es muy superior a la película de Boorman. Pero la gracia está, en que “El Exorcista III”, en realidad es una película de psycho-killer…Aunque incluye un exorcismo, para justificar el título, por supuesto.
La película retoma al Padre Dyer y el teniente Kinderman de la primera parte, que son muy amigos y comparten cine y charleta. En una de estas se lamentan de la serie de asesinatos que está cometiendo un tal Géminis. Durante la investigación, detectan que las huellas dactilares del autor de los crímenes, pertenecen al difunto padre Karras… ¿Escalofriante, verdad?.
No está nada mal la cosa. Como una muestra de cine policiaco, funciona, como peli de psycho killer, que incluso en algunos aspectos se adelantó al éxito del año siguiente, “El silencio de los corderos”, también funciona, y como película de terror, funciona menos, pero tiene momentos verdaderamente escalofriantes, como ese maldito Jesucristo de madera que abre los ojos…
Con aíres telefilemescos, la película se deja ver la mar de bien, y deja a la franquicia en un buen lugar, no como las dos mierdas que se rodaron quince años después, y que traen cola en su confección, como fueron “El Exorcista, el comienzo” del inefable Renny Harlin o “El Exorcista, la versión prohibida” de Paul Schrader. En el papel del asesino Géminis, tenemos a un excepcional Brad Dourif, que todavía hacía cositas antes de encasillarse de una vez por todas como “The voice of Chucky”.
Sorprendentemente, es una película muy maja.

sábado, 26 de agosto de 2023

EL EXORCISMO DE DIOS

Cualquier producto que sea vilipendiado en las redes no por su calidad sino por su supuesta falta de moralidad, es abrazado en este blog. Y si, encima, lo tildan de misógino, sexista (¿las dos cosas?) y homofóbico, viene de México, distribuido por Lionsgate y se titula "El exorcismo de dios", como que resulta imposible eludirlo. Es misión divina verlo y escribir estas letras.
Así pues, la cosa va de un curilla, muy guapo él, que en pleno exorcismo a una pava, cae en la tentación y se la folla. Así de brutamente. Encima, el tonto lo graba en vídeo, por lo que quedan pruebas de tan vil acto. Sin embargo, decide ocultarlo y vivir en pecado, atormentado. Sigue haciendo las cosas que hacen los curillas, ayudar a los pobres, retozar entre niños (ejem...) hasta que, un día, le reclama una poseída. Resulta ser su hija, nacida de aquel casquete satánico. Toca pues redimirse salvándola, lo que no será cosa fácil.
Bien, lo primero que llama la atención de "El exorcismo de dios" es su buena factura. Técnicamente, al menos. Lo siguiente, esos poseídos. Como si Linda Blair hubiese tomado esteroides. Son tremendamente exagerados en sus maneras, gritan como locos, gastan mucha agresividad y, algunos de ellos, tienen un aspecto terrorífico. Les dejo muestras al final del rollo. Recuerdan mucho a los de "Evil Dead" o "Demons". Como si cogieran al padre Merrin y lo metieran en medio de la cabaña, o del cine, cruz en ristre dispuesto a desposeer almas. Y no exagero, porque aparte del evidente guiño al clásico de William RIP Friedkin (en un plano que es exacto al cartel de aquel. Algo que, si no recuerdo mal, también se daba en el tercer "Expediente Warren"), el clímax de "El exorcismo de dios" se desarrolla en una cárcel de mujeres donde el lucifer de rigor, lejos de poseer a una pava, se encapricha y procede con todas las reclusas. Así, la lista de endemoniadas gritonas, mal lechadas y hostiadoras, gastando ese look tan feo/chulo a base de látex y lentillas, aumenta, casi como una de zombies. Original. Tanto como que, llegado el momento, la poseída number one realice un contraexorcismo.... es decir, exorcice (¿se dice asín?) al cura. Nunca lo había visto. ¿Y ustedes?.
Se hacen pues una idea del delirio que es "El exorcismo de dios". A ratos resulta risible, sí. Ridícula. Pero forma parte del show, uno tremendamente alocado, salvaje, con una ristra de berridos constantes, ojos desorbitados, algo de gore, sustos que funcionan (a base de volumen descontrolado, of course) e incluso un vómito verde, para no perder la costumbre.
En cuanto a los elementos políticamente incorrectos, pues están, pero lo mejor es que no vienen ni forzados, ni buscan el escándalo, salen así de modo natural, y eso los hace doblemente gozosos (y ofensivos). Sus "big hits" serían la violada agradecida y un sermón final donde, entre borrachos, viciosos y ladrones que difícilmente heredarán los cielos, se cita a los homosexuales.
No me sean gilipollitas y tómense "El exorcismo de dios" como el tremendo, desquiciado, estupidísimo y divertido descerebre que es.



domingo, 11 de noviembre de 2012

RUBY

El clásico por antonomasia de Curtis Harrington, director de algunos capítulos de las famosas series “Dinastía”, “Los Colby”, “Hotel”, “Los ángeles de Charlie” o “Más allá de los límites de la realidad”, resulta ser una “explotation” de “El exorcista”, con incuestionables toques de autor y, también, incuestionables toques de inutilidad. No en balde, Harrington en sus ratos libres rueda cortos de corte experimental, aunque para ganarse la vida tenga que rodar títulos populares. Una especie de Javier Aguirre a la americana.
Pero “Ruby”, no es el típico título que expolia a saco la película de William Friedkin, no. Harrington crea una historia propia con gángsters de los años 30 metidos de por medio, un sentido homenaje a los “Drive-in” (o sea, autocines), y luego ya, en el ecuador de la película (y en plenos años 50), mete el plagio de “El exorcista”. Casi parece como si tuviera en mente una película, y por exigencias de la producción, colocara ahí la posesión con calzador. De hecho es lo que menos importa en la película.
Ruby es una cabaretera que anda con unos gángsters, que echaban a un pantano a sus víctimas para que se hundieran en el fondo. Uno de ellos, del cual Ruby estaba enamorada, muere en un tiroteo. Años después, como propietaria de un autocine, contrata a todos los gángsters que han salido de la cárcel para que trabajen allí. Un buen día, en la cabina de proyección, se suceden una serie de misteriosos asesinatos. En casa, Ruby no hace más que ver apariciones y la figura de su amado en plan fantasma, hasta que este acaba manifestándose, poseyendo el cuerpo de su hija fea y sordomuda. Para sacarle ese espíritu del cuerpo, su noviete contacta con un doctor especializado en lo paranormal. Las consecuencias serán trágicas, obviamente.
Es curioso como Harrington, cuela en la película planos de lo más artísticos en una película con un innegable tufo setentero y de serie B que se las promete, en el planteamiento, mucho más terrorífico de lo que en realidad es. Digamos que salvo un par de escenas en las que la niña es poseída, no da miedo en absoluto. Incluso, la niña sin ser poseída da mucho más miedo de lo fea que es la condenada.
Sin embargo, Harrington, incapaz de crear terror a pesar de los evidentes esfuerzos, si que logra dotarlo todo de un halo enrarecido y misterioso, que visualmente, da puntos a favor a la película, pareciendo finalmente más una película experimental que una de género pura y dura. Y por consecuencia, y salvo momentos muy puntuales en el autocine (dentro de una máquina de refrescos está ensartado un cadáver, y una oronda muchachita al ir a por su refresco, consigue un vaso lleno de sangre, que lógicamente, se bebe), el visionarla completa de cabo a rabo, resulta harto de aburrido, con momentos realmente insoportables. Claro que la película también tiene momentos divertidos, involuntariamente, por supuesto.
También se aprovecha de la popularidad que recibiera la actriz Piper Laurie, tras su aparición el año anterior en “Carrie”, sin embargo, y aun apareciendo su nombre como reclamo en el cartel, en él solo aparece la niña fea poseída, en un intento de intentar parecerse lo máximo posible al poster de “Carrie” precisamente. Digo yo, que el público picaría de todas, todas.
En un papel secundario, tenemos a un clásico de la serie B como es Stuart Whitman, prota de “Campeón II”, título con el que explotarían aquí en España el éxito de la lacrimógena “Campeón” y que nada tenía que ver, si no que era una peliculita titulada “Run for the Roses” o de películas como “Trampa Mortal” o “Guyana, el crimen del siglo”.
En definitiva, con algo de paciencia, al final resulta hasta curiosa y todo.

martes, 16 de septiembre de 2025

SEYTAN

No había visto yo todavía a estas alturas “Seytan”, popularmente conocida como “El Exorcista Turco” y que tuvo su momento de auge y pitorreo por parte del fandom posmoderno (que se metamorfosea y ya no habla tanto de ella) a principios de siglo, cuando gracias a Internet se filtró alguna copia y ya todo dios pudo verla. También hay que agradecer la expansión del fenómeno a Pete Tombs y su imprescindible libro “Mondo Macabro” quien, prácticamente, dijo al mundo que en los países orientales se hacía cine fantástico y los turcos en concreto eran especialmente curiosos.
Como fuere, el caso es que me ha pillado haciendo un ciclo completo de la saga de “El exorcista” y, por supuesto, ahora es el turno de sus exploits, comenzando por “Seytan”, que ha sido motivo de mofas durante lustros.
No es ningún misterio que la película es una copia plano a plano de la original de 1973, pero con matices. Incluye escenas que no vemos en la de William Friedkin pero sí estaban en la novela y el guion original de William Peter Blatty, por lo que se especula con el filtraje de dicho libreto. Por otro lado, Turquía es un país islámico, por lo que toda la parafernalia católica queda excluida en pro de una muy sutil musulmana; ahora no es “el poder de cristo” quién obliga a nuestra poseída, sino “el poder de alá”. No obstante, los equivalentes del padre "Karras" y el padre "Merrin" turcos, no son imanes -y no hablo de aquellos que se pegan a la puerta de la nevera-, sino, simplemente, dos tipos con mucho conocimiento sobre exorcismos.
Visto esto, como decía la película se dedica a recrear secuencia a secuencia “El Exorcista”, muchas veces calcando hasta los diálogos. El “Tubular Bells” suena sin parar, y la "Regan" turca, aquí llamada "Gul", es una niña que, según desde donde la iluminen, es bastante parecida a Linda Blair. Todo ello ejecutado con un presupuesto mínimo y maquillajes y efectos especiales no tan conseguidos como los de la original. De hecho, más que cualquier otro aspecto, son estos maquillajes y efectos especiales los que destaca el fandom a la hora de reírse de "Seytan", cosa que, por otro lado, es absolutamente normal.
Bien, he visto suficientes "exploits" turcos para saber de qué pie cojean y comprender el por qué de la comedia involuntaria, y las risas del respetable al respecto. Por ejemplo “3 Dev Adam” es completamente ridícula con ese "crossover" entre el Capitán América, el Santo y Spider-Man, máxime cuando vemos los disfraces que les han puesto y unas pobladas cejas asomar por los huecos para los ojos de la máscara del hombre araña. Claro, en esa historia "Spidey" es el malo de la función, por lo que lo suyo es que le asomen las cejas… ¡ y además lleva vaqueros! En fin, todo muy marciano, muy loco, muy descabellado.
Pero “Seytan” no es esa clase de película y, si obviamos los notables problemas presupuestarios, yo creo que se trata de un remake bastante “digno”. No es tan ridículo, ni marciano como el resto de películas turcas que se hicieron en la época y, por momentos, con esa "Regan" que hasta bien entrada la película no lleva apenas maquillaje, en según que momentos se pasa un poco de miedo (o eso, o que soy más caguetas de lo normal).Vamos, que no me pareció TAN mala, está más o menos bien filmada y además, pese a la copia plano a plano que es, tiene su propio ritmo que en absoluto es lento o ineficaz. Queda lejos de considerarse buena, pero tampoco es tan desastrosa como otras películas turcas.
A ver, no vengo a tirarme el rollo ni nada de esto defendiendo una película de serie ultra zeta de la que medio mundo se ha pitorreado… pero lo han hecho solo porque es un plagio evidente. Por lo que a mí respecta, si yo no hubiera visto “El Exorcista”, a mí esta me parecería una película turca legítima.
Hace ya años se descubrió que un niño pequeño había recreado plano a plano “Indiana Jones y el Templo Maldito” en su casa con una videocámara y, sin embargo, el mundo, lejos de convertir esa película casera en blanco de bromas obvias, alabaron el trabajo que el chaval había ejecutado recreando un éxito de Hollywood de manera casera. En cambio “Seytan”, en lugar de ser reivindicada por conseguir lo que ha conseguido  (rehacer “El Exorcista” con un presupuesto tan bajo que todavía me pregunto como hicieron muchas cosas de las aparecen en pantalla), es tratada con condescendencia, yo creo que solamente por tratarse de una película turca.
(Nota de Naxo: Hombre, la de "Indy" era una cosica amateur hecha por chavales motivados por amor. "Seytan" se supone un producto legítimo efectuado por profesionales con fines meramente lucrativos. Es bastante distinto...  y perdona/nen la incursión).
En definitiva: Que no está tan mal la puta peli, dentro de lo que cabe.
Por otro lado, tratándose de un producto de un país en el que el 99% de la población es musulmana (el otro 1%  pertenece a otras religiones ya que se trata de un estado laico), me sorprendía, o al menos me llamaba la atención, lo moderno que era todo en la película, y no me cuadraba. Señoras luciendo cabelleras rubias, sin usar velo o con pantalones dentro de una mezquita, o individuos con aspecto europeo en contraposición a otros films turcos posteriores…o incluso actuales. No es baladí, porque lo cierto es que tanto esta, como tantas otras de la época, se rodaron en los primeros setenta, justo antes de La Revolución Islámica. Es por eso que aquellos tiempos la religión en cuestión era más laxa y permitía ciertas libertades estéticas y culturales que, a partir de los 80, ya no permitiría. Y no deja de ser al menos curioso ver musulmanes que se comportan como hippies (o casi). De hecho, de los 70 data también esa corriente cinematográfica turca similar a la sexy comedia italiana o nuestro destape...
Dirige este clásico del cine "trash" Metin Erksan, de extensa filmografía pero con ningún título, a parte de este, que les pueda sonar o les sirva para partirse el culo.

lunes, 27 de marzo de 2017

EL EXORCISTA

Hacer una reseña de “El Exorcista” que le haga justicia, es hacer todo un artículo ahondando en los entresijos y tejemanejes de la producción, de los cuales, por otro lado, ya se ha escrito, y muy bien, en muchos sitios. Quiero decir que ¿qué puedo yo contarles que ya no sepan?, pero, como ya he reseñado por aquí sus secuelas, y como no quiero quedarme sin reseñar esta, haré una reseña de corte un tanto personal. Porque explicarles los desastres que ocurrieron durante su filmación, las muertes del reparto durante la misma y bla, bla, bla, ya lo saben ( y si no, compren los miles de libros que hay sobre el tema), así que resumiendo; Se trata de la historia de una jovencita que es poseída por el demonio y, en consecuencia, los esfuerzos por parte de  la ciencia y la Iglesia para luchar contra ese demonio –llamado Pazuzu- (o posible enfermedad)  con la ayuda de un exorcismo, practicado por el padre Merrin, veterano en estos asuntos, y asistido por el padre Karras, un sacerdote más joven que tiene cientos problemas de fe. Una de las mejores películas de la historia del cine, por ende, de la historia del cine del terror, que obtuvo el beneplácito de la crítica y del público y que trascendió más allá del género al que pertenece, siendo a día de hoy  la estampa de Regan (popularmente conocida por estos lares tan cultos y selectos como “La niña del Exorcista”) tan reconocible como la de Marilyn Monroe en “Bus Stop” o la de Bogart en “Casablanca”. Sabiendo esto, les diré que me enfrenté, en este último visonado, a la versión del director estrenada en el año 2000, que contaba con un par de escenas adicionales y unas cuantas chuminadas ridículas en innecesarias.
Y es que fue ese año, con ese nuevo montaje, cuando yo vi  “El Exorcista” por primera vez en mi vida, con  24 años. No en valde; digamos que mi relación con la película de William Friedkin siempre fue  de puro terror ¡sin haberla visto! Y es que vi antes, siendo niño, a los 10 u 11 años “El Hereje: Exorcista II” –que ya ven ustedes que es una mierdecilla- y que quedé aterrado. Sufrí pesadillas con el Pazuzu de los cojones. Tan sugestionado quedé con esa puta película que desperté a mi madre de madrugada para decirle que tenía al demonio en mi habitación. Por eso no quise ver nunca el primer “Exorcista” y la mera presencia de Regan me estremecía. Luego vi muchas películas de terror, fíjense… pero “El Exorcista”, no. Y si yo quedé sugestionado por el visionado de uns secuelilla de segunda, imagínense como quedarían de sugestionados los artífices de la primera. Ahí es nada, el cague.
Así que aprovechando el nuevo montaje, me acerqué al cine más cercano a verla, acompañado eso si, de otros dos neófitos de “El Exorcista”. Pasé miedo, cumplió con mis expectativas y me gustó muchísimo. Además fue mi propio exorcismo para con esa película, ya que no hubo cojones de verla en la adolescencia.
Después ya me vi la versión oficial de la película, y todo eso, pero yo me desvirgué con el montaje del director, que en pleno 2000, efectivamente, me pareció aterrador. La película hacía alarde de una vigencia sobrecogedora.
Compré la película en DVD y en mis estanterías reposaba hasta que decidiera volver a verla.
Recientemente, mi pareja propuso verla ya que ella nunca la había visto, lo cual fue una ocasión más que oportuna para dedicarle una revisión. Y en esta ocasión, he llegado a la conclusión de que, efectivamente, el paso de los años hace mucho daño a las películas. Pero no me refiero el paso de los años de las películas, sino, el del espectador. Las experiencias, la perdida de la ingenuidad, el peinar canas, consiguieron que una película que siempre me había provocado escalofríos pasara ante mis ojos sin pena ni gloria en el sentido terrorífico. Porque como película me pareció grandiosa, un clásico absoluto. Quiero decir, que cuanto más mayor me hago, más pendiente estoy de lo bien hecha que está una película que de su capacidad para dar miedo. Y es que “El Exorcista” a estas alturas es eso, una película cojonuda, excelentemente rodada, que cuenta una historia cojonuda, que la cuenta de una manera soberbia y con unas intenciones geniales. Pero hemos oído ya tantas veces el “Mira lo que ha hecho la cerda de tu hija” o el “Tu madre chupa pollas en el infierno”, hemos visto tantas veces la terrorífica cara de Regan en merchadising, así como en tantas partes, que a mís 40 años puedo decir, sin despeinarme, que no sentí el más mínimo miedo viendo “El Exorcista”. Son los daños colaterales que traen consigo el ser un clásico. No obstante tengo mis reservas de cómo sería verla hoy por primera vez. Ya nunca lo sabré.
En cualquier caso, pedazo de película.
Y en cuanto a la versión del director, con tanta imagen superpuesta y subliminal que ni viene a cuento ni están bien insertadas, he de decir, que no es un montaje que me moleste lo más mínimo. Es más, quitando a lo mejor la famosa “Escena de la Araña” –en la que Regan baja las escaleras a cuatro patas de espaldas- queda un poco más descolgada porque está metida ahí con calzador y no tiene una resolución, pero el desenlace con el padre Dyer charlando con el Teniente Kinderman, o las escenas de hospital, no me parecen ni tan mal, y en cierto modo, ayudan a seguir un poco la historia. Pero la mejor escena añadida es la del obispo charlando con el padre Karras en el que dice que le practicará un exorcismo a la niña, aunque lo más probable es que sea una falsa posesión. Resulta muy esclarecedora esa escena ya que le otorga a la película un tono ambiguo a ese respecto.
En definitiva, que magistral, que como mola “El Exorcista”, aunque ya no me muera de miedo con ella.

martes, 28 de diciembre de 2010

EL ÚLTIMO EXORCISMO

Ayer por la noche me vi esta peli... y hoy, a estas alturas, todavía no sé qué pensar de ella. Vamos a ver si escribiendo esta gilipocrecia me aclaro.
"El último exorcismo" juega a la baza del falso documental. Un predicador ha decidido que ya no tiene fe y va a dejar su "trabajo". Se da cuenta de que la ignorancia de la gente obsesivamente creyente (sobre todo la de la América profunda, que aquí queda notablemente retratada como paleta) puede poner incluso en peligro la existencia de otros... especialmente niños que creen estar poseídos y mueren durante los supuestos excorcismos. Así pues, pone en marcha este """"documental""" para retratar a dichos individuos y demostrar, of course, que solo se trata de borreguez. Sin embargo, cuando acude a una casa a excorcisar a una chavala, resulta que esta no responde a todo el número de efectos especiales que se curra el predicador... vamos, que tiene todos los puntos para estar poseída de verdad.
A ver, el arranque de la peli está muy bien. Los actores son todos muy creíbles y naturales, especialmente Patrick Fabian en su rol de predicador engañabobos (magistral cuando cuela una receta de cocina de su madre en pleno discurso y demuestra que su audiencia está tan extasiada por su palabrería que ni se dan cuenta de ello), Ashley Bell como la chavala poseída y Louis Herthum como su sufrido padre. Todo lo que te van contando resulta de lo más divertido y está presentado de un modo muy creíble. A medida que el tema sobrenatural entra en juego, no se, diría que la peli comienza a cojear... tiene sus momentos inquietantes, pero da menos miedo de lo que yo esperaba y, sobre todo, el exorcismo ocupa una parte menor de la trama de lo que el título me hacía suponer. De verdad, yo creía que todo iba a ser como meter una cámara de vídeo (en infrarojos) durante el exorcismo de Reagan en la peli mítica de William Friedkin... y no, "El último excorcismo" no es exactamente eso. Tiran mucho del rollo de si será verdad o solo un problema psiquiátrico de la cría motivado por abusos del padre. Ya saben.
Y al final... pues bueno, digamos que todo da un leve giro que nos mete de lleno en un tipo de temática muy de los 70. Teniendo en cuenta lo fácil que hubiese resultado caer en el ridículo, hay que reconocer que el director -Daniel Stamm- se defiende bien. Sin embargo, a mi me chirrió un poco... fue como decir "Anda ya!".
Resumiendo, que si tuviera que darle nota sería un 5 o un 6 (sobre 10). Está pasable, se deja ver, pero tampoco es para echar cohetes.
Produce el Sr.Eli Roth y, como dato curioso, reseñar que sus guionistas tienen un notorio pasado en el "cine underground" (de tirón -falso o no- documental). Andrew Gurland, co-fundador del "Festival de cine underground" de Nueva York junto a -otro que tal- Todd Phillips (futuro padre de "Resacón en Las Vegas", también con su pasado como documentalista underground, suyo es "Hated" dedicado a GG Allin) y, muy especialmente, Huck Botko. Botko se hizo "famoso" por sus falsos documentales en los que se le veía regalar a sus familiares pasteles y otras delicias en las que, previamente, supuestos vagabundos se habían meado, cagado o echado su propia sangre!!!. Curioso dato.
A todo esto, remarcar que el cartel que veis aquí de "El último exorcismo" es algo engañoso.

lunes, 2 de mayo de 2016

PANTYHOSE HERO

Curiosa película dirigida por Sammo Hung en 1990, que ya deja atrás un poco los estándares del Kung Fu clásico, y se adentra en una “Buddy Movie” que coquetea con la “Categoría III” – de hecho si no está clasificada así, poco le ha faltado-  y con el nuevo cine de Hong Kong, sin dejar de lado el sentido del humor característico de cualquier película de Sammo Hung.
Compartiendo cartel con Alan Tam, “Pantyhose Hero” tiene un argumento que bien podría ser el de “A la Caza” de William Friedkin, solo que si aquella exploraba el lado sórdido del homosexualismo, esta suaviza un poco el tema, mostrándonos una cara amable.
Dos policías metidos de lleno en un asunto de narco tráfico, son requeridos para llevar un caso en concreto, si es que quieren ser ascendidos. Hay un asesino que actúa luciendo merchadising del “Batman” de Tim Burton, y que proviene de ambientes homosexuales, así que nuestros protagonistas se tendrán que hacer pasar por mariquitas con el fin de dar con el asesino. Para dar el pego, serán adiestrados por una mujer, que les dará las claves para no desentonar en ese ambiente.
Obviamente, las similitudes con “A la Caza”, se quedan únicamente en el argumento. Lo que me llama la atención, es que si en el cine de acción de Hong Kong la trama principal es una mera excusa para mostrarnos las escenas de acción, en “Pantyhose hero” esto no ocurre y la premisa principal de la película, es que la comedia funcione. Lo hace. Así mismo, no hay tanta escena de acción como es de esperar en una película de estas características, si bien, consciente Sammo de que está pariendo una comedia, adapta las escenas de acción y las escenas de lucha a este género, por lo que estas son dinámicas y divertidas, cuando no, deudoras directamente de los Cartoons.
Por otro lado, choca que en una cosa tan vodevilesca, la sangre y violencia hagan acto de presencia de manera tan cruda –al menos durante el primer tercio de la película- y esta cuenta con un par de momentos  genuinamente gore, muy de agradecer, además de cierto mamoneo con una sierra mecánica, y la intención de cortarle la cabeza con ella a un narcotraficante por parte de Sammo.
El caso es que, sin ofrecernos absolutamente nada que no nos ofrezca cualquier película de acción Hong-Konesa –salvo todo el mariconerío, que por momentos parece un canto al homosexualismo, e incluso, una reivindicación, cosa rara de ver en cualquier película proveniente de Asia- si que estamos ante una comedia terriblemente entretenida. Al máximo de hecho. Y eso hoy en día es tan difícil de encontrar en cualquier tipo de película, independientemente de su género, que se agradece un montón.
¡Qué cojones! Muy maja.

lunes, 25 de diciembre de 2023

EL ESPIRITISTA (EXORCISTA III)

Coproducción hispano-portuguesa a mayor gloria de un ya decadente Vicente Parra, despropósito fílmico que hace sonrojar al más avezado, “El espiritista (Exorcista III)”, con voluntad, puede llegar a ser un divertimento de medianoche más que encomiable.
Se trata de un exploit de “El Exorcista” rodado en Lisboa a mediados de los setenta con tres pesetas, cuya principal baza para hacer picar al espectador incauto —argumento semejante aparte— es el parecido que guarda su título original con el de la película de William Friedkin. Por supuesto, el público era tonto pero no tanto, y el número de espectadores que acudió a los cines fue nimio. Además, digo yo que quienes fueran a ver la película atraídos por la presencia de María Kosty, anunciada entre los protagonistas en los afiches, se cagaría en la puta madre del espiritista, porque esta no aparece por ningún sitio… (Yo supongo que, probablemente, sea debido a que el póster estaba diseñado y fabricado desde la primera claqueta de la producción y que la Kosty estuviera en un principio en el proyecto. Seguramente no llegarían a un acuerdo y para cuando ella ya no estaba, los pósteres habían sido hechos… y cambiarlos supondría un gasto extra. Pero a saber).
No contentos sus distribuidores con esta estratagema comercial, años después de su estreno, cuando la película se editó en vídeo durante los primeros años del videoclub, y aprovechando que ya se había estrenado “El Hereje (Exorcista II)”, ni cortos ni perezosos, decidieron poner en la caratula el subtítulo de “Exorcista III”, de muy mala manera y escrito con letraset, con el fin de hacerla pasar por otra secuela de “El Exorcista”. A José Frade le saldría bien aquello con “Tiburón 3”, pero esta no se a cuantos engañaría.
Al margen de toda esta chapuza, la película, como digo, tiene momentos de comedia involuntaria gracias principalmente a la interpretación de Vicente Parra —cuya voz ha sido doblada— quien, muy entregado él, nos ofrece una secuencia de posesión como pocas se han visto en una pantalla. Solo por eso, "El espiritista" merece ser consumida.
Un fotógrafo de moda, bastante pijo, tiene aptitudes de médium. De esta forma, en sus ratos libres se dedica a hacer sesiones de espiritismo para que sus adeptos contacten con sus seres queridos en el más allá. En una de estas, una beatorra va a verle para que le ponga en contacto con su difunto marido. Vicente Parra hace lo suyo y, al contactar, el muerto toma posesión del cuerpo del espiritista, convirtiendo su vida un calvario, ya que se manifiesta cuando le da la gana, le atormenta con maullidos de gato y, además, le da de hostias. El desenlace será de lo más desconcertante.
Una rareza del cine español (y portugués) que, pese al aburrimiento y al bochorno, consigue por otro lado momentos inquietantes —un extraño niño que aparece sin demasiado orden ni concierto al lado de la cama de la viuda protagonista y parece drogado, da bastante canguelo— gracias a una iluminación austera a base de alumbrar solo a los personajes haciendo que el resto del encuadre se vea negro, que consigue, al menos ambientar la historia más que dignamente. Por lo demás, un folletín melodramático que tontea con el erotismo de la era del destape, un poco antes (quizás unos meses) de que naciera la clasificación “S” y este tipo de productos tuvieran su nicho natural en los cines, que como material de derribo, de una manera u otra, por demencial o estúpida, acaba funcionando.
Vicente Parra, con su cabezón, su leve estrabismo y su boca de piñón, es el motor de la película con sus aspavientos y cabriolas, pero además, tenemos en el reparto a gente como Carmen Carrión, Antonio Mayans que aparece casi en calidad de figurante, Fabian Conde o Norma Kastel.
En cuanto a su director, Augusto Fernando, portugués del que no hay más datos que su crédito en esta cinta, jamás volvió a dar señales de vida. Ni aquí, ni en su Portugal natal.