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lunes, 10 de noviembre de 2008

JCVD

Hace un par de veranos curré en un sitio regentado por una belga. Cuando le pillé confianza, un día le pregunté por Jean Claude Van Damme, que qué pensaba, y me lo puso verde, afirmando que en Bélgica se le tiene por medio tonto y que, por lo visto en una ocasión salió hablando por la tele y no dijo más que sandeces (esas imágenes bien podrían haber sido utilizadas en una escena del film aquí reseñado). Bueno, me dije, será algo parecido a como ocurre en España con, por ejemplo, Antonio Banderas, que se raja de él casi automáticamente nada más mencionarlo. Sabía que en la piel de toro el deporte nacional era la envidia, pero ¿en Bélgica también?.
Nunca he sido demasiado fan de Van Damme. Yo era más del clan Steven Seagal (resulta curioso que en este film se le mencione unas cuantas veces, y es que en cuanto a héroes de acción se refiere, el belga y el de la coleta compartieron momento), sin embargo, vi "Contacto Sangriento", fui al estreno de "Kickboxer" y aún me zamparía unas cuantas más, bastantes más, hasta hace poco. No tengo nada en contra de Juan Claudio... de hecho, no suelo ser enemigo de esos actores "de acción" a los que tanto gusta de despellejar la pomposa crítica, en todo caso, me caen bastante peor los actores que se creen que están haciendo algo por el planeta en lugar de limitarse a su puta función.
Lo curioso de "JCVD" es que, en esencia, no se aleja tanto de sus pelis típicas. Se trata de un film de intriga, solo que rodado de un modo totalmente distinto. Con humor (aunque tampoco muchísimo), con algo de drama (bastante más) y de modo muy realista, salvo puntuales idas de olla. Incluso hay una escena heróica para el actor, solo que más modesta y menos llamativa de lo habitual en su filmografía. Vale, "JCVD" es desmitificadora, y se ríe del cine de acción de serie Z, pero lo hace con afecto y cariño, sin mala leche, y de hecho, los personajes más positivos son los mayores fans de Van Damme (y su trabajo).
Jean Claude actúa mejor que de costumbre (tal vez porque le han dejado hacerlo, o porque cuenta con un mejor director) y suelta un monólogo tremendo, muy emotivo y triste que realmente te llega al alma... parece improvisado por un Van Damme que se está desnudando por completo ante nuesos ojos (en el sentido espiritual... lo siento por los golosos) y sí, se mete caña a si mismo, pero cuando acaba el film le tienes más respeto y admiración.
La peli no mata, es más la idea que el resultado, pero se deja ver y entretiene lo justo. Eso si, los mejores "gags" (por llamarlos de alguna manera) son los que hablan de sus películas o aquellos en los que trata con sus fans.
No deja de ser irónico que el próximo film del Belga sea "Soldado Universal 3". Los críticos que AHORA le han descubierto, tras pasarse años rajando de él, afirman que tal paso es un modo de ensuciar de nuevo un curriculum que "JCVD" parecía haber limpiado... pero ahí está la gracia... Van Damme es Van Damme, ESO defiende esta peli, ESO es lo que les gusta a sus fans, y que ahora haga "Soldado Universal 3" es lógico y coherente, algo que sus admiradores agradecerán (imaginaos que ahora le diese por actuar únicamente en pelis de arte y ensayo) y que nomás ven mal los siempre odiosos críticos que antes no le respetaban y han necesito del inevitable film de autor de turno para descubrir algo que, en esencia, aquellos que tienen "Cyborg", "Blanco Humano" o "Replicant" en su videoteca ya sabían.

jueves, 4 de julio de 2013

EMMANUEL KERVYN, EL (CASI) VAN DAMME DEL GORE

Es muy probable que todos ustedes hayan visto, o por lo menos conozcan de oídas, las película "Rabid Grannies" (1988), distribuida por la inefable Troma y titulada en las Españas como "Abuelas Rabiosas". La factoría de Lloyd Kaufman (ah sí, y Michael Herz) era especialista no solo en producir sus propias caconas, también gustaba de distribuir las de otros. De hecho, muchas veces -aunque no siempre- estas eran incluso peores que los productos genuinos de la casa y, por norma, previamente habían sido rechazadas por prácticamente todas las distribuidoras del planeta tierra.
El caso de "Rabid Grannies" era un tanto especial, ya que, para variar, contaba con nacionalidad Belga, Francesa y de los Países Bajos.


La cosa va de una reunión familiar en la que las abuelitas de cada clan son poseídas por demonios y se arma la marimorena a base de humor chusco y gore cantoso. O todo lo cantoso que la Troma permitió, ya que la mayoría de las copias que rulan están censuradas por ellos mismos, situando dicho material en los extras del DVD. Ahí es nada. Y sí, ustedes lo han dicho, la sombra de "Evil Dead" es alargada.
La culpa de todo ello la tiene un señor que se llama Emmanuel Kervyn, director y también guionista, que a pesar de ganar algún premio en algún festival gabacho (ya saben lo mucho que les gusta a esa gente darle premios a todo, por ponerse la medalla) no ha vuelto a dirigir nada más en su vida. O, al menos, nada que conste de modo oficial. De hecho, Kervyn ya marcaba la diferencia en cuanto a lo que uno puede esperar de un director de cine gore con aspiraciones "cult". No era ni gordo, ni escuálido, ni especialmente retraído o subnormal, el amigo Emmanuel visitaba los gimnasios asiduamente, algo que probaba un cuerpo trabajado a base de pesas. Raro, raro.
Tan raro, raro, como para decir aquí, ahora, y sin vergüenza que, de poco, Emmanuel Kervyn no acaba convertido en un nuevo Jean Claude Van Damme (en parte porque, como este, aquel era Belga). Su descubridor e impulsor fue nada menos que Menhaem Golan, una de las dos mitades de "Cannon", quien desde su nuevo invento, la "21st Century", anunciaba lo siguiente: "El productor y director de "La justicia del ninja" y "Delta Force", con Chuck Norris. El descubridor de Jean Claude Van Damme con "Contacto Sangriento" y de Michael Dudikoff con "El guerrero americano". Les presenta ahora a la nueva estrella Emmanuel Kervyn y su primera película, "Prize Fighter"".
La trama de esta se sumaba a la moda reinante de los combates ilegales, las mafias, las venganzas y las hostias como panes.


No contento con este anuncio, Golan se lanzó a la piscina con otro film y que, se suponía, significaría el espaldarazo definitivo para Kervyn, "Fists of rage", que iba a co-protagonizar con Benny "The Jet" Urquidez quien, a diferencia de Emmanuel, sí dispone de una notable filmografía como actor, aunque la de "stunt" sea más amplia.
La historia no se diferenciaba mucho de "Prize Fighter", y de cualquier peli del palo, con el luchador novato que presencia la muerte de su maestro y decide vengarse. Culminando todo ello en un super-combate de kickboxing. Fin.


¿Donde puedes ver "Prize Fighter" y "Fists of rage"?, pues en ningún sitio, ya que ninguna de las dos llegó a materializarse. Únicamente eran proyectos en desarrollo que no prosperaron, seguramente por problemas económicos del Sr.Golan. Así pues, Emmanuel Kervyn perdió la oportunidad de convertirse en un nuevo action-hero y, de hecho, nunca más supimos de él.
¿Nunca?... bueno, casi. Según se mire, sí logró ver realizado su sueño cuando en 1991 interpretó a "Kurt Sloan" en "Kickboxer 2". Ese mismo personaje fue al que dio vida el propio Van Damme en la primera parte de la franquicia. La diferencia es que, mientras en esta era el absoluto prota, en la segunda quedaba reducido a funciones muy secundarias, siendo la verdadera estrella su hermano ficticio, "David Sloan", al que daba vida otro action-hero de segunda, Sasha Mitchell.
Y ahí queda la cosa. La historia de Emmanuel Kervyn no tendría nada de raro si no fuera, obvio, por su "pasado" como director y guionista de un film "gore" de bajo presupuesto. Imaginen que, antes de "Contacto Sangriento", Jean Claude Van Damme hubiese dirigido pues, no sé, "Redneck Zombies" o, por apuntar más arriba, "Mal Gusto". Suena bizarro, pero no tanto si tenemos en cuenta que el primer proyecto del Kervyn director, antes que "Rabid Grannies", era un film de acción y artes marciales titulado "Talion". Vamos, que ya le iba el tema. Sin embargo, finalmente no logró agenciarse el dinero necesario y lo descartó, comenzando de cero con el de las abuelitas rabiosas que, más o menos, se saldó con algo más de éxito.
¿Bonito culebrón, verdad?. ¡Oui!.

sábado, 30 de noviembre de 2024

TIMECOP: POLICÍA EN EL TIEMPO

Una de las desventajas de llevar acumulados ya diecisiete años de reseñas es que, inevitablemente, tiendes a repetirte. No digo películas concretas, serían más bien apreciaciones. Comentarios. Ya, en realidad importa poco, dada la nula capacidad que tienen hoy día los humanos, y mucho menos ustedes, de retener absolutamente nada. Así pues, tampoco se acaba el mundo si vuelvo a aclarar, antes de comenzar, que me pirro por las historias de viajes temporales y demás paradojas. Y ello contribuye, muchas veces, al disfrute de las respectivas películas. Por eso, seguramente, "Timecop: Policía en el tiempo" me cae tan bien. Me gusta. Un perfecto divertimento para pasar el rato la mar de agradablemente, más si lo acompañas con una bolsa de patatas "chips", aunque sufras hipertensión. ¿Qué quieren que les diga? en ocasiones merece la pena jugarse la salud. Esta fue una de ellas.
Los viajes en el tiempo son una realidad, aunque tampoco es que tengan verdadera utilidad... salvo si eres un político corrupto dispuesto a financiar tu campaña para la presidencia enviando asesinos al pasado, en busca de tesoros de incalculable valor, o alterando los acontecimientos en tu favor. Es por eso que el gobierno de los USA crea un cuerpo de policías dedicado a evitarlo. El más mejor de ellos, y más "cool", es Walker (nombre de héroe por antonomasia), quien vive atormentado al no haber logrado impedir la muerte de su queridísima mujer en manos de unos villanos con un gusto horrible a la hora de elegir vestuario y peluquero. Lo que desconoce aún es que tal acontecimiento guarda mucha relación con su actual condición de policía del tiempo, y no solo dispondrá de una oportunidad para impedirlo, también la de detener al político malísimo que todo lo enmierda con sus feos actos.
Estamos en 1994, hace un año que Jean-Claude Van Damme lo petó con "Blanco Humano" y las puertas de Hollywood se le han abierto de par en par. Así, los estudios "Universal" deciden ficharle y crearle este vehículo de lucimiento, contando de nuevo con Sam Raimi y Robert Tapert para la producción (es decir, "Renaissance Pictures", quienes también apadrinaron "Blanco Humano") y al entrañable artesano -dicho sin tono peyorativo- Peter Hyams en la dirección. La materia de base es, nada menos, un comic editado por "Dark Horse" y serán algunos de sus propios responsables quienes se encarguen del guion. Así ya tenemos alguien a quien aplaudir los muchos aciertos, pero también señalar por algunas cagadillas. "Timecop" se desarrolla en un futuro ya por entonces no muy lejano, 2004 y, en fin, aunque los adelantos tecnológicos no son demasiados, los que se muestran dejan bastante que desear. Especialmente esos feísimos + aparatosos automóviles con supuesta autonomía. Y hablando de vehículos, no acabo de entender por qué los viajeros del tiempo se suben a uno para partir, pero cuando llegan a su destino, van a pata. ¿Dónde han aparcado? Tiene que haber sido en algún sitio porque, a la hora de regresar al presente, vuelven a echar mano del vehículo. Aunque para paradojas inexplicables, la teoría de los mismos viajes temporales. Según la película, ir al futuro es imposible porque todavía no ha ocurrido. Bien, en realidad es justo lo contrario. O al menos eso dicen los astrofísicos, con el añadido de que, una vez en marcha, jamás podríamos regresar al punto de partida. Ténganlo en cuenta por si algún día se les presenta la ocasión.
Pero nada de todo eso importa, solo son apreciaciones pajilleras. Cuando una historia es interesante, y viene cargada de secuencias resultonas de acción, yoyas por doquier, diálogos chispeantes, un héroe simpático y un malo odioso -como es el caso- se le perdona todo, incluidos esos costrosos efectos CGI, especialmente en lo referente al poco aciago destino del villano, tan espectacular como chirriante.
A Van Damme lo acompañan Ron Silver dando vida al carismático político corrupto, la guapa Mia Sara enseñando brevemente las ubres y el gran Bruce McGill como jefazo de los polis viajeros.
A diferencia de lo que he creído durante todo este tiempo, "Timecop" fue un éxito. De hecho, es la película de Van Damme que más pasta ha recaudado en toda su carrera, una que comenzó a hacer aguas justo después. Hasta el culo de divismo, drogas y bebercio, el belga se convirtió en un apestado, algo a lo que contribuyó su fracasadísima siguiente película, "Street Fighter: La última batalla". No obstante, aún tendría tiempo de protagonizar algunas cosas potables y volver a colaborar con Peter Hyams en la poco inspirada "Muerte Súbita" (retomando dicha asociación un puñado de añacos después con "Cerco al enemigo"). Supongo que esa caída al vacío impidió la existencia de un "Timecop 2"... es decir, uno financiado generosamente y con Van Damme de prota. Lo que hubo en su lugar fue una serie de televisión de la que nadie se acuerda y una secuela tardía -año 2003- directa pal mercado del dvd con el sosainas de Jason Scott Lee en plan héroe y el hoy recuperado Thomas Ian Griffith (de "Karate Kid 3" / "Cobra Kai") en plan villano. También hubo más comics, algún vídeo-juego y se habló de un remake jamás materializado.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

LOS MERCENARIOS 2

Stallone vuelve a juntar a su panda de amigos y se ruedan una segunda parte de Los Mercenarios, que al no tener que presentar personajes va mucho más fluida y la acción es más satisfactoria. En esta ocasión las labores de dirección las lleva a cabo Simon West, quedando Stallone libre para actuar, o lo que es lo mismo en su caso, poner caritas, hacer chistes malos y repartir unos cuantos kilos de ostias.

Principales diferencias con la anterior entrega, Jet Li solo aparece al principio, Mickey Rourke, no está ni en los créditos, pillan a una china para sustituir a Li, Schwarzenegger y Willis tienen algo más de papel, aparece Chuck Norris en una especie de cameo alargado, y el villano de turno lo interpreta Van Damme. La historia es lo de menos, pero como sino metes una en un guion siempre habrá alguien que se enfade, pues meten la primera parida que se les ocurre. Stallone tiene una deuda pendiente con Willis, si este y su equipo recuperan una carga de un avión que ha sido derribado, la deuda quedara saldada. En la operación les encasquetan a la china que comentábamos antes, y cuando llegan al avión, el grupo terrorista de Van Damme les roban la carga y matan al francotirador de los mercenarios (un chaval joven que meten en el grupo para poder matarlo y así tener un venganza que llevar a cabo) Tras el asesinato del joven, Stallone y sus chicos perseguirán al grupo de Van Damme para zurrarles la bandana. Y eso es todo.

El guion no será nominado al oscar (ni falta que le hace) pero el espectador, se lo pasara más que bien con las bromas y chascarrillos chorras de los protagonistas. Las peleas y tiroteos tampoco están nada mal, y la pelea final entre Stallone y Van Damme sin ser nada del otro mundo, cumple perfectamente con su papel de clímax final. Una nota curiosa que no se si sería cosa mía o es que realmente paso así. Al principio del filme Statham hace muchos gestos con las manos, y hace un gesto típicamente chino, que es señalarse a sí mismo cuando dice algo que se refiere a sí mismo. No sé si seria por estar cerca de actores orientales, que como nos pasa a muchos cuando vamos a una zona donde hay un acento muy marcado, se nos pega, pues algo parecido pero con los gestos. Puede que sea cosa mía, pero cuando veáis la película, fijaros en las escenas del principio cuando habla con Stallone mientras están en el avión. Pero ojo que igual es cosa mía.

Deseando que se haga ya mismo la tercera entrega en la que ya se rumorea como confirmados (ya veremos más adelante) a Nicolas Cage y Jackie Chan. El que parece que se hace de rogar es Steven Seagal. De Harrison Ford y Clint Eastwood ya se puede ir olvidando Stallone y todos nosotros, porque no aceptaran ni jartos de grifo, y es una lástima, porque la saga Mercenarios no será lo máximo en calidad y arte, pero como reunión pajera de los reyes del musculo, vale mucho.

sábado, 1 de marzo de 2025

FRÍO COMO EL ACERO

Probablemente 1991 era un mal año para lanzar a un nuevo "action hero" empapado en toda la gloria que acompañó al género la década previa. Los últimos en lograrlo, Jean-Claude Van Damme y Steven Seagal, fueron lo suficientemente prudentes (ellos o, mejor pensado, sus respectivos agentes) de arrancar sus carreras a finales de los ochenta. Y, además, aportando un algo de novedoso, o diferente, al decantarse por las artes marciales como técnica. El problema del nuevo aspirante, Brian Bosworth, era su incondicional adscripción al modelo Schwarzenegger. Armario empotrado de músculos absurdos, mandíbula cuadrada y hostia pura como método favorito de defensa. Añadamos la estética que gasta en este, su primer "gran" film (y único), "Frío como el acero". Es como muy de los ochenta pero en su vertiente más hortera y cutre, entonces ya demasiado démodé. Incluida una horrorosa "mullet" a modo de guinda. Un "bonito" cuadro que, en su momento, a un amigo y a mí nos echó para atrás. No fuimos a ver "Frío como el acero" al cine. La alquilamos en vídeo, pero ni la terminamos. A él Bosworth le parecía un nazi. Y a mi me cayó gordo por el rollo "portero de discoteca chusca" que gasta. Tampoco fuimos los únicos en reaccionar tan negativamente. La peli no pegó como se esperaba y la carrera del actor quedó relegada ya de por vida a subproductos de acción directos para vídeo-club y dirigidos por "astros" del nivel del omnipresente Fred Olen Ray ("Pánico en el Concorde") o el insulso Allan A. Goldstein ("Riesgo límite"). Entre la primera tanda de esas mismas basurillas localizamos, justo, una secuela bastarda de "Frío como el acero" únicamente destinada al mercado españolo, "Frío como el acero. Buscando venganza". En realidad el film se titula "One Tough Bastard" / "One man´s justice" y el personaje responde a un nombre parecido, pero no igual. La cosa empeora entrados en el siglo XXI, con Bosworth protagonizando películas cristianas ("El poder de la cruz") o navideñas repletas de actores decadentes y, seguramente, tan adictos a las enseñanzas divinas como lo fueran previamente a drogas, alcohol y otros vicios.
Pero en 1991 el colega Brian estaba en su apogeo físico. Es tan "perfecto" que casi parece una caricatura, cosa extensible a toda la película, por su tono exagerado, el abuso de macarrismo sideral, sus buenas dosis de violencia e incluso un puñado de tetas (pegadas a cuerpos de infarto). Y es que, claro, partiendo de la base que todo gira en torno a una banda de moteros mega-malísimos que, asociados a la mafia, esparcen la "villanería" y preparan un atentado de grandes dimensiones, pues la cosa da para un montón de chuloputismo, barbas, chollas, hermillas, motazas, tacos a tutiplén, tipos extremadamente sudorosos, duros y cabreados (la testosterona chorrea por los bordes sin miramiento alguno), una banda sonora trufada hasta el agotamiento de hard-rock, AOR y algo de heavy metal (incluida aparición de un grupo tocando rodeado de strippers) y muchas, muchas, muchísimas hostias, especialmente las que proporciona un Brian Bosworth que, empujado por el FBI, se infiltra en el clan motard para pararles los pies.
Y sí, durante un buen rato el ritmo es acelerado y la locura considerable. El director, Craig R. Baxley, tira de unas maneras dinámicas y ágiles, sin dar respiro al espectador, trufando el lienzo de explosiones, disparos y algunos "stunts" dolorosos (por supuesto, sin gota de CGI). Pero Baxley, que venía de la coordinación de dobles de acción, tampoco era un gran director. Su debut para la gran pantalla, "Acción Jackson", es una de las "action movies" más flojitas de su dorada década, a pesar de disponer de todos los elementos necesarios para lograr un pleno (entre ellos Carl Weathers y la idea de revitalizar el "blaxploitation"). Tampoco fue nada memorable la siguiente, "Dark Angel. Ángel de la muerte", en la que Dolph Lundgren se enfrentaba a un alien lanzador de cortantes cd´s. Fui a verla al cine con resultados discretitos. Tal vez debería darle un nuevo muerdo. Así pues, llegado cierto punto, "Frío como el acero" comienza a desinflarse. Los peligros de arrancar con tanto brío. Jodido mantenerse. Y durante la segunda mitad, vas perdiendo interés progresivamente... hasta que, vale, el clímax se recupera. Aunque, bueno, la sensación final es de que, siendo un producto bastante visible y ameno, se queda a medio gas. Hacer notar las similitudes con algunas otras películas del género por entonces aún recientes. Por ejemplo, Bosworth parte el brazo de un villano usando una dolorosa técnica popularizada por Steven Seagal. Y el final, final, es directamente una copia del de "La jungla de cristal". Todavía más llamativo resulta que los dos malos principales, Lance Henriksen y William Forshyte, pocos años después harían roles bastante parecidos en, justo, una de Van Damme ("Blanco Humano") y una de Seagal ("Buscando Justicia").
Otros rostros majos que asoman son los de Sam McMurray como el supuesto compañero de Bosworth, opuesto a él, dando a entender que estamos ante el patrón de una pura "buddy movie", aunque luego no se desarrolle a fondo. Richard Gant, el forense poseído por Jason en el noveno "Viernes 13". A Paulo Tocha -gran apellido- lo hubiese ignorado de no haber mirado su alucinante filmografía. Ha estado nada menos que en "Ninja Terminator", "Contacto Sangriento" (+ otras de Van Damme) o "Depredador 2".  Y es que, en realidad, con tanto motero y tanto "stunt", hay un porrón de secundarios / dobles de acción con currículums vistosos y coloristas, como es el caso de Robert Winley, al que puedes ver en "Jake Speed: La aventura de África", la serie "Sledge Hammer!", "Libertad para morir" (otra vez Van Damme) y nada menos que "Terminator 2: El juicio final". Así pues, daré un salto para detenerme en Kevin Page, el yuppie reventado a balazos por "Ed-209" en "Robocop" o la inevitable "partenaire" femenina, Arabella Holzbog, quien tampoco lograría nada en su carrera, participando a posteriori en subproductos de calibre de "Cornasaurios 2" o "El hombre holograma".
El caso del guionista, Walter Doniger, es un poco atípico. Comenzó su carrera en los cincuenta, tanto escribiendo como dirigiendo muchísima serie de televisión. Se detiene en 1983 para regresar en 1991 con "Frío como el acero" que resultaría ser su último crédito antes de jubilarse y palmar en 2011.

Les dejo la caratula completa del VHS, cortesía de nuestro "consigueitor" particular Enorm.

sábado, 9 de noviembre de 2013

NUNCA SE MUERE DOS VECES

"Mad Mission" es el título genérico de una saga compuesta de cinco partes y un remake (o reboot). Conocida también por su título internacional, "Aces go places" o por el de su país de origen, Hong Kong, "Zuijia Paidang", a España han ido llegando todas las entregas, salvo la quinta y el recocinado. Así pues tenemos (en riguroso orden) "Mad Mission", "Ases del metal", "007, nuestro hombre de Bond Street" y esta "Nunca se muere dos veces" o, pa entendernos, "Mad Mission 4" (año 1986). El tono general y característico de toda la franquicia es la comedia tonta, casi "slapstick", mezclada con la típica acción del cine asiático, nerviosa y contundente. Desde el primer film la influencia constante es y ha sido "James Bond", solo que, según la época coincidente con la producción, se le han sumado tantas otras, como "Los locos de Cannonball" en la primera o la fiebre "Transformer" en la segunda. La tercera era, directamente, la más Bondiana y la peor. Para el caso que nos ocupa, esta cuarta entrega, dichas influencias paralelas se centran muy notablemente en "En busca del arca perdida" y el cine espectáculo de la factoría Spielberg (seguidos muy de cerca por "El castañazo", nada menos, partido de hockey a hostia pura incluido). Cabe decir también, como dato extra de interés, que "Mad Mission 4" arrastra fama de ser la más cruda, violenta y dramática de todas, hasta el extremo de generar cierta polémica por las intensas secuencias que incluyen a un infante.
Los nombres clásicos asociados a la saga son los de Karl Maka, Sam Hui (de la casta de los Hui Brothers, los de "Mister Boo" y que se erige casi como un Jackie Chan de serie B) y Sylvia Chang. En cuestiones de dirección cada título ha pasado por diferentes manos, pero algunos de los implicados luego han parido films bien reconocidos, siendo el más famoso de ellos el de Tsui Hark (o Hark Tsui), dire de la tercera y responsable, en funciones de director y/o productor, de "Zu, los guerreros de la montaña mágica", "Cole, cole que te como", "En el ojo del huracán" (con Van Damme), "Roboforce" o la saga "Una historia china de fantasmas". Le siguen Eric Tsang o Chia-Liang Liu, que colaborarían con Jackie Chan, y Ringo Lam, el responsable de esta "Nunca se muere dos veces", al que debemos varios films de Jean Claude Van Damme ("Salvaje", "Replicant", "Al límite del riesgo") y, sobre todo, la mítica "City on fire", con protagonismo de Chow Yun-Fat, que ha pasado a la historia al ser la primera película fusilada por Quentin Tarantonto con su sobrevalorada "Reservoir Dogs". Ahí es nada.
"Nunca se muere dos veces" narra los avatares provocados por un prisma capaz de convertir a los hombres en superhombres. Su inventor es asesinado por los inevitables malhechores de turno que buscan el objeto desesperadamente, no sin que antes pueda entregárselo a su amigo Sam (Hui) y pedirle que evite que caiga en malas manos. Finalmente cae, y los villanos secuestran a Karl Maka, llevándoselo a Nueva Zelanda (país co-productor) para usarlo como conejillo de indias. Así las cosas, Sam y la hija del científico muerto parten a su rescate.
Bien, como decía arriba, el tono general de la película es la comedia mezclada con la acción y aventura. Tenemos persecuciones de varias clases (entre una lancha y un helicóptero y entre los clásicos automóviles, todas bien aparatosas y explosivas), numerosos combates de artes marciales y un porrón de disparos. Efectivamente, es la entrega en la que la violencia anda más a sus anchas, incluida una escena bastante intensa en la que se supone que la palma uno de los personajes principales. Aunque entre los ingredientes más llamativos está la aparición del hijo de Maka, de unos cinco años de edad y al que le ocurren toda clase de judiadas, sobre todo cuando queda colgado por una pierna desde lo alto de un edificio (recuerda bastante a aquellos vídeos caseros que se pusieron tan de moda hace años, en los que siempre salían niños asiáticos dándose yoyas tremebundas). Y es que ya sabemos cómo son en esa parte del planeta con esto de los "stunts", se dejan la piel en lograr lo más espectacular de lo más espectacular y muchas veces terminan en el hospital. Ese es el caso de "Mad Mission 4". En las tomas falsas del final -algo muy Jackie Chan- podremos ver alguna que otra mega-leche no deseada por parte de actores y dobles. Sin embargo, el esfuerzo bien valió la pena porque... sí, la verdad es que tanta acción logra dotar al film de un ritmo constante y adrenalinítico que no desciende casi ni un segundo. Me la puse a ver pensando que me aburriría, que no tendría el efecto en mi que tuvo cuando la consumí de chaval (que me fascinó), pero afortunadamente puedo decirles que no fue así, me entretuvo y me hizo sonreír en más de una ocasión. Casi siempre gracias a su humor voluntario, pero también a causa de unos efectos especiales algo chungueros (sobre todo cuando Karl Maka se convierte en superhombre), las típicas interpretaciones desfasadas de los asiáticos, especialmente cuando hacen comedia (efecto que salpica a los actores occidentales, de ahí que las actuaciones de estos en productos de la tierra sean tan extrañas) y con, probablemente, el mejor gag de toda la película: El malo maloso no es otro que Ronald Lacey, retomando sin disimulo alguno el papel que le hizo inmortal, el del mayor "Arnold Toht" de "En busca del arca perdida". Va vestido igual e incluso luce la quemadura en la palma de la mano que se hizo en la peli de Spielberg al intentar agarrar un medallón al rojo vivo, cosa esta de la que no escarmentó, porque en "Nunca se muere dos veces" comete el mismo error. ¡¡Juas!!.
Un último detalle curioso. Fíjense en la caratula de la edición española de vídeo aquí expuesta y nótese que en toda ella, especialmente la parte trasera, no asoma la faz ninguno de sus protagonistas que son, obviamente, asiáticos. Todas las caras visibles son occidentales, incluida una rubia que en la peli tiene un papel minúsculo. Imagino que los distribuidores querrían ocultar la nacionalidad del producto, ya que en aquella época las películas llegadas de esa parte del mundo no tenían tanto prestigio como hoy. Dicha estratagema adopta un tono bizarro cuando hablamos del tipo ilustrado y de Ronlad Lacey. Sí, el actorcillo parece asiático, pero no lo era... aún así, su rostro resultaba lo suficientemente popular como para pasar la censura (incluso una de las imágenes, la del muchacho rodeado de llamas, retrotrae a la escena del medallón de "En busca del arca perdida", por si alguien pica). No dejan de sorprender la de marcianadas que provoca esta caratula, nuestros lectores más asiduos recordarán dos de las que hablé largo y tendido en nuestra apreciada -e imitada- sección dedicada al caratuleo chungo, ESTA y ESTA.
Total, que antes de afirmar que el cuarto "Mad Mission" es el mejor de la saga, debería revisar la primera y agenciarme la quinta, pero algo me dice, viendo lo bien que lo pasé, que no cambiaría de opinión. Especialmente recomendada a fans del cine asiático y peña con ganas de experimentar un buen rato sin mayores complicaciones.

Gracias al amigo Enorm por el ripeo del Beta.

sábado, 13 de julio de 2013

AQUELLAS CARATULAS MARAVILLOSAS (35): UNA CUESTIÓN DE SEGUNDOS



Robert Butler es el director de "Los albóndigas en remojo" (por lo que ya merece todo mi respeto), "Turbulence" y un incontable mogollón de productos televisivos. En 1980 se responsabilizaba de "Secuestro en Central Park" ("Night of the Juggler", en su tierra), un thriller en el que James Brolin interpreta a un ex-policía (duro, muy duro) al que un psicópata secuestra la hija (y por error, ya que su objetivo era otra moza distinta). No hace falta ser muy listo para deducir que Brolin pondrá la ciudad patas arriba para localizarla y darle una lección al secuestrador.
Bien, mirando atentamente la caratula arriba expuesta, descubrimos que, si hemos de fiarnos de su contenido, la estrella del cine de yoyas Jean-Claude Van Damme interpreta un papel en la peli. ¿Tenía el Belga en 1980 edad para actuar en un film?, hombre sí, edad sí, ya que por entonces rondaría los 20... lo que no tenía, ni nunca tuvo, es capacidad interpretativa. En aquella época andaría por ahí entrenando e inflando músculos. Por tanto deducimos que su presencia en la caratula de "Secuestro en Central Park" es pura falacia (ya, ya, pero es que me encanta hacer teatro!!). De hecho, esa imagen pertenece directamente, y sin asomo de dudas, a "Cyborg", uno de los primeros vehículos que la "Cannon" produjo para mayor lucimiento de Juan-Claudio y que dirigía, como podía, el entrañable Albert Pyun.
Tras buscar y rebuscar tanto en la maldita red como en mi biblioteca de revistas especializadas francesas, no he logrado encontrar EXACTAMENTE la misma imagen... pero sí una de muy parecida. Ha sido en la caratula Argentina de "Cyborg", subtitulada en aquellos lares "El dragón invencible". Es esta...


Si nos aproximamos con el Photoshop, podemos destacar esta otra....


Y si la ponemos al lado de la extraída de "Secuestro en Central Park",
obtenemos lo que sigue...


Pues sí, hay una diferencia... pero una de escasos segundos. A la izquierda, Van Damme intenta desarmar a uno de los malos, mientras por el rabillo del ojo se percata de que otro se le echa encima. En la de la derecha, al primero ya lo ha dejado K.O., así que se dispone a soltar una coz al segundo. La tercera imagen sería la de este recibiendo la patada en todo el cabestro... pero para el caso, ya no nos hace falta. Creo que el ejemplo está más que claro. ¿O no?.
Por si las moscas, veamos otro caso...


"StreetWalkin´" o "Haciendo la calle" (1985, cortesía del entrañable sello "Lightning Video") es un -se supone que- desgarrador drama sobre la prostitución (además que, al estar dirigido por una pava, Joan Freeman, seguro que alguien tildará de feminista) no exento -DICEN!- de cierto elemento "exploitation" (una notable violencia, según leo) y algo de risibilidad (contundentes sobreactuaciones). En fin, no he tenido el gusto de verla... y tampoco es que me pirre por hacerlo, pero ahí está.
Centrémonos en la caratula:  Una moza posa seductora y desafiante, mirando a cámara, mientras a su espalda otra chica de la vida intenta ganarse a un cliente.
Bien, ahora imaginemos que el señor que hace la foto apaga su cámara. ¿Qué pasaría?, pues probablemente esto...


La prosti aprovecharía el parón para arreglarse el maquillaje (y visto que comparte vestuario con la de arriba, entendemos que se trata de la misma) mientras que su compañera de atrás... pues... no sé, parece que se está mutando en un monstruo infernal (si tenemos que guiarnos por el rostro), aunque probablemente lo único que haga sea insistir a su posible cliente o mandarle al peo. ¿Curioso no?, volvemos a encontraros ante un caso de "una diferencia de escasos segundos", solo que aquí resulta aún más llamativo al tratarse de dos pelis totalmente distintas. El ilustrador pensaría "¿Para qué molestarme en dibujar a una puta diferente o un fondo diferente?, lo recreo todo igual, solo que llevándolo diez segundos más adelante en el tiempo... y cobro igualmente". Fascinante!. ¿Qué retorcidas tácticas no hicieron los chicos del vídeo-club ochentero con tal de ahorrarse pensar demasiado?. ¿Qué nos queda por ver?.

Y si se lo preguntan, "Toda una mujer" es otro drama sobre la prostitución, solo que este producido en 1979 y de procedencia franchute, a mayor gloria de la actriz Miou-Miou, acompañada por la desaparecida Maria Schneider, la de "El último tango en París". Tampoco la he visto y, a diferencia del caso antes expuesto, no me apetece intentarlo.

Claro que, todo eso, ¡¿a quién cojones le importa?!.

lunes, 31 de enero de 2022

AN AMERICAN HIPPIE IN ISRAEL

Con este tipo de películas tan extrañas, se repite la historia de siempre con respecto a su descubrimiento: “Ha-Trempist” (título original de esta cosa) es una película israelí del año 72 dirigida por un tal Amos Sefer que en su momento, tras un par de pases en cines concertados como todo estreno, y tras comprobar in situ los distribuidores que esta película se escapaba a todo entendimiento, no consiguió una distribución oficial en cines, por lo que la producción jamás consiguió recuperar la inversión, ni la película obtuvo repercusión alguna. Las copias se quedaron en las latas, y a otra cosa mariposa.
Cuando los rastreadores de películas raras e ignotas descubrieron  la existencia de esta película, al no lograr localizarla la dieron por perdida, y durante muchos años “Ha-Trempist” pasó a engrosar las listas de películas extraviadas.
40 años más tarde, en 2012,  Bob Murawski, socio del fallecido Sage Stallone en el sello dedicado a distribuir este tipo de rarezas, Grindhouse Releasing, encuentra unas latas con la película y compra los derechos pasa su exhibición. Murawski se apunta un tanto porque se trata de una de esas películas perdidas que tan solo han visto un grupo muy reducido de espectadores, cosa que a los cinéfilos más sibaritas de la basura les encanta.
Cuando Murawski ve lo que acaba de comprar alucina, y sabe que con un público ávido por descubrir nuevas películas de culto, es el momento de sacarle partido a su nueva adquisición, así que inicia el proceso de restauración del negativo con el fin de hacer un lanzamiento en DVD y Blu-Ray. Por supuesto la traducción del título original “Ha- Trempist”, sería “El Autoestopista”, por lo que decide rebautizarla con un título mucho más comercial. Y, quizás, lanzando un guiño a “Un hombre lobo americano en Londres”, “Ha-Trempist” pasa a titularse “An American Hippie in Israel”.
El argumento gira en torno a un excombatiente de la guerra de Vietnam que se vuelve hippie y que se establece en Israel en busca de la paz y la libertad. Allí toma contacto con otros hippies y, juntos, decidirán hacer un viaje en coche por carretera hacia una isla desierta situada en medio de un lago en un pedregal para montar allí una pequeña comuna lejos de la sociedad y los gobiernos, llevando consigo un cordero, un poco de pan, y unas latas de conserva como únicos víveres. Para acceder a la isla, tienen que atravesar el lago con una pequeña barca. Al día siguiente a su llegada, se dan cuenta de que el cordero se ha escapado, y que su barca ha desaparecido. En consecuencia no pueden ir al otro lado del lago para coger el coche y traer más víveres, por lo que el hippie protagonista decidirá ir a la otra orilla a nado. Cual es su sorpresa cuando, a mitad de camino nadando, tendrá que darse la vuelta a toda prisa porque el lago ¡¡está infestado de tiburones!!
Una vez en tierra, todo se complicará cuando los cuatro hippies se ven atrapados en la isla sin comida ni ningún tipo de ayuda para subsistir. Los machos la tomarán con las mujeres a las que darán una gratuita paliza y, luego, se matarán entre ellos.
A este argumento tan loco hay que añadirle que, por el camino, bailan, follan, gritan a los cuatro vientos su libertad, exaltan la amistad y… esquivan a una pareja de enterradores con frac y las caras pintadas de blanco a lo José Lifante, que se dedican a matar hippies. De hecho, nuestros cuatro protagonistas sobreviven a una matanza de hippies orquestada por estos dos, que sucede al poco de comenzar la película y que poco o nada aporta al resto del argumento.
Se trata de un melodrama que a su director, Amos Sefer, con tan solo un cortometraje anterior como toda filmografía, se le va absolutamente de las manos y nos muestra su propia visión del hippie, al que ve como un hedonista y un asqueroso,  amén de ofrecernos una historia de lo más estúpida y marciana, con un apoteosis final como pocos he visto yo en una película trash. Es lo más violento y descacharrante que he visto en una película en lustros. En serio, la puta película consiguió proporcionarme un agradable dolor de barriga de la puta risa, sobre todo durante su media hora final.
La gracia del asunto está en que, Sefer, al corriente a principios de los setenta, cuando rodó este film, de la contracultura estadounidense post Vietnam y del New Hollywood, trata de hacer una película con intenciones artísticas y contraculturales, una suerte de “Easy Rider” a la israelí que le sale rana y, en lugar de tener una muestra más de ese tipo de cine, tenemos aquí una puta mierda como un templo de las que hay que verlas para creerlas.
Por supuesto, Amos Sefer, tras la falta de interés de los distribuidores, no volvería a rodar.
La consecuencia de todo esto tras ser lanzada la película por Grindhouse Releasing, es que la prensa especializada ya ha encontrado un nuevo título que añadir a su lista de “peores películas de la historia”, motivo este por el que se ha generado un nuevo culto hacia “An American Hippie In Israel” por parte de los aficionados, que asisten a sus proyecciones con el fin de interactuar con la película como sucede con “The Rocky Horror Picture Show”, “The Room” o “Monster Valley”. Sobre todo en Israel, el Tel Aviv, de donde la película es originaria, se le conceden pases mensuales a la cinta, donde es todo un éxito.
La verdad es que se trata de una película ideal para visionar en comandilla, que demuestra que siempre, siempre, siempre, aparecerá de debajo de la mierda una nueva película chunga, y que siempre, cuando uno se cree que ya lo ha visto todo en lo que a cine chungo se refiere, todavía de vez en cuando, puede aparecer algo que le sorprenda, como me ha pasado a mí con “An American Hippie In Israel”, que me dejó ojiplático.
Curiosamente los dos protagonistas masculinos de la película, los actores Asher Tzarfati y Shmuel Wolf, son actores profesionales que ya actuaban antes y después de “An American Hippie In Israel”, recordaban el rodaje de esta película sin más, como un trabajo alimenticio que jamás vio la vida comercial. Al verla tras su nueva vida, dicen sentirse, por un lado, avergonzados se sus actuaciones, pero por otro, orgullosos. A ver, que van a decir…
Tzarfemi incluso pudimos verle años después en películas como “Doble Impacto” Junto a Van- Damme, para luego desarrollar su carrera en el cine de autor israelí. Asimismo, Samuel Wolf continuó su carrera actoral en el cine comercial para acabar igualmente en el cine de autor. Hay que ver como arrastraban a las chavalas contra las piedras al final de esta película…

lunes, 8 de noviembre de 2010

CROMWELL, EL REY DE LOS BÁRBAROS

Esta es una de mis más recientes adquisiciones en formato VHS, original de la época y bla, bla. He de confesar que cuando la vi alquilada, hace ya muchos años, me aburrí tanto que me quedé frito. Fue una tremenda decepción, porque se trata del debút del popular realizador B-oso (y Z-toso) Albert Pyun, responsable también de cosas como "Sueños Radioactivos", el "Cyborg" de Van Damme o, sobre todo, el famoso/infame "Capitán América" del año 1990, fallido intento de rodar la primera adaptación digna de un cómic de la Marvel. Yo, como no podía ser de otro modo, en el periodo que alquilé "Cromwell..." me estaba convirtiendo al Pyun-ismo... y este film representó un serio traspiés. El día que, hace una semana escasa, la descubrí a la venta en formato magnetoscópico, creí que la nostalgia actuaría por cuenta própia y sabría disfrutar más de aquel film que cuando era teenager. Craso error, my friends.
La estructura de "Cromwell, el rey de los bárbaros" es la misma que cualquier otra muestra de "espada y brujería". Malo malísimo (en este caso el que da título a la edición española, el tal Cromwell) mata a padres de chaval de turno, y en este caso supuesto heredero al trono. Muchos años después, y ya crecido (convertido en un encantador golfo/truhán musculado), el tipo se toma la revancha. El problema es cómo este concepto se desarrolla, a mi gusto excesivamente apartado de la tónica general de lo que esperaría de un film de "espada y brujería", demasiado centrado en la época medieval, demasiado deudor de la aventura clásica de capa y espada, demasiados toques de humor... demasiado ligero, a pesar de escasos momentos de sangrante violencia y notable tenebrismo.
De hecho, lo mejor de "Cromwell..." es el arranque y el final. Sobre todo los primeros 11 minutos, que prometen mucho, ya que se centran en ese fugaz aspecto más versado en la magia y con tímidos momentos de terror, con la aparición de un mago de aspecto monstruoso. Dado que no volvemos a verle hasta el final, lo del medio se torna aburrido y carente de garra. Sé que no es una opinión general, este film posee un enorme culto y hay quien lo considera estupendo y entretenido... no es mi caso. Comprendo por qué me dormí de chaval, y ya estoy pensando en cómo cambiarlo por otro VHS de más valor para mi.
En el reparto destacan algunos rostros entrañables, como los del eterno malo Richard Lynch, el eterno monstruo -con y sin maquillaje- Richard Moll (él interpreta al mago, claro), Simon MacCorkindale (yo lo recordaba por su intervención en el "Muerte en el Nilo" de John Guillermin), Robert Tessier (habitual malo/calvo en infinidad de exploitations y famosas series de televisión) o Joe Regalbuto (el amigo de "El halcón callejero"). Junto a Pyun, tenemos en tareas de fotografía a Joseph Mangine, a quien también le dio por dirigir todo un anti-clásico de los video-clubs, "Neon Maniacs".
Al final, antes de los créditos, se anuncia una secuela ("Tales of an Ancient Empire") que Pyun no ha podido materializar hasta hoy, actualmente se encuentra en fase de post-producción. Hey, no tengo intención de verla.
"Cromwell, el rey de los bárbaros" tiene sus aspectos positivos, sí, sobre todo estéticos (la ambientación y la atmósfera, estupendas), pero la verdad es que a mi se me hizo más pesada que la versión original sin subtítulos del penúltimo melodrama de Tarkovsky.

sábado, 3 de octubre de 2020

MÁS ALLÁ DE LA LEY

Por tercera vez, rompo la norma auto-impuesta de no dedicarle ni un segundo de mi existencia a las películas de Steven Seagal situadas en esa poco envidiable franja de la absoluta decadencia del actor y su carrera. Y lo hago, como en el caso del film anterior, por una constante en mi condición de humilde reseñador, la morbosa curiosidad. No se trataba ya de ver a la ex-estrella del cine de acción luciendo un aspecto todavía más lamentable de lo habitual, ni siquiera por el hecho de que era la segunda vez que compartía reparto con otro que tampoco pasa un buen momento, el actor-rapero DMX, con quien co-protagonizó hace años "Herida Abierta". Lo que me llamaba de "Más allá de la ley" ("Beyond the law" en v.o.) era su director, James Cullen Bressack, el típico "cineasta independiente" que de no ser por las nuevas herramientas digitales, probablemente nunca se habría abierto camino en el cine profesional. Lo logró, sobre todo, a través del terror. Y lo sufrí por primera vez con "Bethany", un film en esencia horroroso que casi no pude soportar entero. Claro, la idea de que semejante astro llevara las riendas de una de las más recientes Seagal-movies se me antojaba inquietante. Tanto como cuando Fred Olen Ray pasó por semejante trance. Sí, la verdad es que me esperaba un auténtico estropicio con "Más allá de la ley". Algo así como el clavo en el ataúd en la filmografía de Steven Seagal. 
El hijo de un mafioso asesina a su cómplice en un robo, un adolescente más o menos yonqui. El padre de este, policía retirado y atormentado, se entera y, como es de ley, decide volver a las armas clamando venganza.
Así de elemental es la trama de una película que únicamente sorprende porque Seagal no interpreta al policía vengador. Ni siquiera a un personaje bueno. En realidad es el cabecilla de un clan mafioso y progenitor del villano de la historia. Claro, tal tesitura le permite valerse de su inconfundible técnica interpretativa más reciente: Pasarse media película sentado soltando soliloquios a velocidad de caracol tullido. Ya saben lo peculiar que es el hombre a la hora de involucrarse en rodajes, rara vez le vemos compartir plano con otros actores y, si lo hace, estos suelen salir de espaldas para que no se note que son dobles. Teniendo ello en cuenta, ya les anuncio que Seagal y DMX no comparten escena físicamente, solo a través del teléfono. En realidad los protagonistas son Johnny Messner (una especie de "action hero" de segunda división) y el villano, al que da vida un actor habitual en subproductos y de apariencia altamente irritante, Zack Ward. La nota de color la ponen el veterano Bill Cobbs y otro que vivió mejores momentos, Patrick Kilpatrick en un rol minúsculo (quien goza también de una experiencia Seagaliana previa con "Alerta Máxima 2").
En un diálogo muy gracioso se hace mención a "Gremlins", a la que califican de "clásico".
Uno de los guionistas, Chad Law, ha escrito para otras películas con héroes de acción míticos y no tan míticos en horas bajas, destacando a Van Damme y Dolph Lundgren.
Como decía, me puse a ver "Más allá de la ley" convencido que iba a ser un macro-mojón con el que regocijarme, pero no. Lo peor que podemos decir de ella es que carece de alma, es un producto plano, convencional hasta el insulto y monótono... pero se deja ver.
Y sí, Steven Seagal mete unos cuantos tiros y hasta suelta alguna yoya, pero muy muy poca cosa.

viernes, 5 de marzo de 2010

MUERTE ANTES QUE DESHONOR

Inconfundible producción proto-patriótica muy de su época, 1987, un año la mar de inspirado para la "New World Pictures", que en esas mismas fechas también parió / distribuyó títulos tan emblemáticos como "House 2", "Hellraiser" o "Creepshow 2". Eran los tiempos de Reagan en la presidencia, y aún estaba caliente el "hit" de "Rambo" y sus consecuencias, tocaba currarse una de esas pelis en las que ser marine es maravilloso, casi como ir de acampada con los colegas, en las que el universo está plagado de norteamericanos majos y rebosando buenos sentimientos, capaces de dar su vida con tal de salvar al mundo (bueno, primero a su país) de la mano de los malvados terroristas (Árabes, para más señas. De hecho, según "Wikipedo" esta peli está considerada una de las más anti-árabes de toda la historia de Hollywood). Esa clase de productos en los que se muestra la agonía / muerte de jóvenes cadetes, implorando la vuelta al hogar materno entre espasmos y dolores, mientras que los malos... la palman y yastá. Que nadie se equivoque... no soy anti-americano, ¡¡para nada, jamás de los jamases!!, simplemente tampoco soy ciego.
La peli se abre con la impactante escena de una masacre familiar (niños incluidos) por parte de unos terroristas (uno de ellos chica y, encima, ¡medio-lesbi!). De ahí pasamos a la historia en si, en la que un alto rango del ejército militar es secuestrado, lo que obligará al héroe de turno a pasarse las normas por el forro y arrasar medio reparto de extras con tal de efectuar el consabido rescate. Todo ello plagado de explosiones y una violencia que, sin llegar al exceso, nos regala algunos momentos regocijantes (como esa tortura mediante taladro).
En el reparto destacan los rostros de Joanna Pacula, Paul Winfield y la por entonces futura estrella de los vídeo-clubs Sasha Mitchell (sustituto de Van Damme en la saga "Kickboxer"). El prota, Fred Dryer, no acabó convertido en un icono de la acción de la época, no se si por falta de "algo" o por propia decisión. Terry Leonard, reputado coordinador de especialistas que ha currado en pelis de peso, ejerce de director por primera y última vez.
Un film -distribuido en las españas por el mítico José Frade- perfectamente visible para aquellos que busquen un buen rato de entretenimiento sin complicarse demasiado la vida.

viernes, 28 de enero de 2022

¡HASTA AQUÍ HEMOS LLEGADO!

Otra de esas películas de los primeros años de la década 00 facturada como si de un churro se tratase. Y en este caso nunca mejor dicho, porque la película, cancelada y silenciada a día de hoy como si se tratara de una maldición del diablo, es mala a rabiar, técnicamente incompetente y artísticamente subnormal. Esto no sería sorprendente de no ser porque tras la dirección se esconde la prestigiosa guionista Yolanda García Serrano, ganadora de un premio Goya en los 90 por el guion de “Todos los hombres sois iguales” y eficaz colaboradora de gente como Joaquin Oristell o Manuel Gómez Pereira.
García Serrano debutó en la dirección de películas en el año 1997 con el film “Amor de hombre” para el que contó con la pluma de Juan Luis Iborra a la hora  de confeccionar el guion. Después vendría “Km. 0”, una película de esas que en su momento resultaban solventes, pero que vistas a día de hoy nos queda claro que de solventes, nada. De hecho, me hizo mucha gracia una reseña extranjera de la película en  Letterboxd que decía qué “era como una película porno, pero sin el porno”. García Serrano ahí tampoco estaba sola, contaba, una vez más, con la ayuda de Iborra. “¡Hasta aquí hemos llegado!” sería la primera vez que se enfrenta ella solita a una película encargándose del guion y de la dirección. De tan horrorosa que es, tan mal montada y tan desastrosa, uno diría que algo falla tras las cámaras. Desde luego, nada tiene que ver con sus dos incursiones en la dirección anteriores, ni el guion puede competir con el de sus otras comedias colaborativas y para todos los públicos. Y es que, como diría Pumares, las otras películas se las debió hacer un primo, porque cuando García Serrano se queda completamente al mando, sucede “¡Hasta aquí hemos llegado!”. Cualquiera diría que es una broma de mal gusto. Para redondear la faena, le otorga un papel protagonista al asqueroso de  Carlos Sobera, que encima, como si de Jean Claude Van Damme en “Doble Impacto” se tratara, no sale de plano puesto que interpreta a dos gemelos. Sobera interpreta ambos papeles como si estuviera presentando un programa de televisión, y así pasó, que un par de años después triunfaría precisamente presentando concursos. Y ahí sigue el muy cabrito. Así que esta película es ideal para ver si se odia a Sobera.
La cosa va de un insoportable individuo de alto copete al que le va la vida fatal. Se acuesta con la mujer de su jefe porque su mujer se acuesta con un psicólogo, su hija no le hace ni puto caso y, para más inri, un buen día descubre que la empresa para la que trabaja le ha convertido en cómplice de una estafa. El individuo, lejos de amilanarse, decidirá darle la vuelta a la tortilla y destapar el entramado, al mismo tiempo que intentará recuperar la confianza de su familia de la manera más estúpida posible: Haciéndose pasar por un hermano gemelo que tiene. Y encima, le sale bien.
Posiblemente de las películas que más me ha costado ver enteras en mucho tiempo. Tan mala en todos los aspectos que me pregunto cómo Yolanda García Serrano, miembro respetable de las elites del cine español, cuando vio el corte final, no reculó a la hora de estrenar esto o, al menos, firmarla bajo seudónimo a lo Alan Smithee. O por lo menos, saber su opinión sincera sobre la película. El caso es que, aunque eventualmente, a posteriori, ha dirigido algún corto, algún episodio de algo televisivo o un segmento en la película “¡Hay Motivo!”, no ha vuelto a meterse en el embolao que supone dirigir un largometraje, quizás porque gracias a “¡Hasta aquí hemos llegado!” se ha dado cuenta de que dirigir a lo bestia, sin ayuda de nadie, no es lo suyo. Como fuere, sigue escribiendo para infinidad de películas o series, que eso sí se le da bien.
El esfuerzo (o no esfuerzo) de llevar la película a cabo dio lo mismo, porque en cines congregó a los casi 50.000 espectadores de rigor en una producción de estas características, lo que traducido a mi idioma significa que en realidad  la verían, como mucho, un par de miles de personas. Ustedes ya me entienden.
En el reparto junto a Sobera, hacen lo que pueden Natalia Dicenta, que posiblemente sea una de las actrices con más morbo de este país, Elisa Matilla, Javier Pereira muy jovencito y Sancho Gracia haciendo de Sancho Gracia.

domingo, 3 de junio de 2012

AQUELLAS CARATULAS MARAVILLOSAS (19): LUCILLE LARUSSO ERA UNA GOLFA (o KARATE BASTARDS KIDS)

A mediados de los 80 se estrenó "Karate Kid", la original, y fue un bombazo. Yo mismo acudí al cine a verla con amigos, pero ahora no recuerdo si mi reacción fue muy entusiasta o no. El hecho de que luego no me apuntara a una academia a aprender artes marciales o no me diera por dibujar o escribir historias con karatekas, maestros y coces espectaculares, es señal de que conmigo no funcionó TANTO (básicamente porque no me identifiqué con el personaje interpretado por Ralph Macchio). 
Pero vamos, la cuestión es que fue un exitazo, lo que esputó la consiguiente oleada de imitaciones... reales o no. La más famosa es la que parió el amigo Fabrizio De Angelis/Larry Ludman con su interminable saga "Karate Kimura" (de donde también surgieron subpelículas como "Karate Rock"). Sin embargo, no fue la única. A continuación os dejo aquí las salchicheras caratulas de dos hijos bastardos de "Lucille Larusso", dos esforzados intentos, por parte de sendos distribuidores hispanos, de churrupetear del éxito del film de John G. Avildsen, veámoslas....


Según Imdb, Sam Um, director de "Kickboxer Kid", cuenta en su filmografía con únicamente dos películas en las que hizo de todo y más, "Fighting with Anger" del 2007 y "A Fight for Honor" del 92. Por coincidencia de reparto y equipo técnico, es esta segunda la que nos interesa, a pesar de que en la carátula española figure "The Way" como título original. 
La dependencia con "Karate Kid" salta a la vista, la sinopsis, la frase promocional en relación al maestro/alumno, la imagen del muchacho practicando la famosa patada en el poste de la playa... y, claro está, la tajante afirmación de que "Kickoxer Kid" está parida por los mismos productores del clásico de John G. Avildsen. ¿Es eso cierto?... possss, según mis investigaciones, NO!, ni los productores ni nadie implicado en esta costrosa peli tiene ningun tipo de relación directa o indirecta con "Karate Kid".
Únicamente comentar la presencia de Bill Johnson, maestro de artes marciales allá en su casa y que, probablemente, lo de "Kickboxer..." sea referencia directa al film de mismo título protagonizado por Jean Claude Van Damme tres años antes.


El caso de "Kung-Fu Boxer" es incluso peor que el antes expuesto. Otra supuesta historia de "maestro convierte a inofensivo jovenzuelo en as de las artes marciales", solo que, según reza la parte trasera de la caratula, se trata de una chica. Vamos, que estos se adelantaron a "El nuevo Karate Kid". Claro que, según los datos que he podido recopilar, se adelantaron a esa y, de paso, a la saga completa, ya que el film está fechado el año 1980, cuatro antes de las aventuras de "Daniel Larusso". Todo apunta a que se trata de "Chu Zha Hu", dirigida por Sum Cheung, al menos el reparto coincide por entero... incluido Charlie Chan, que aunque parece una coña privada de los distribuidores, es auténtico.
Pero vamos, cojones, que la verdadera identidad de "Kung-Fu Boxer" carece de importancia, cualquier puta peli de hostias y patadas les hubiese valido a los de "New World Video" a la hora de disfrazarla de falso "karate Kid", algo que salta a la vista con su fascinantemente cutre caratula, un descarado plagio de la que lucía "Karate Kid 3" (justo debajo), solo que ilustrada por un retrasado mental.
Respecto a las fotos de la parte trasera, no hace falta decir mucho... errr, ¿Bruce Lee?...