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sábado, 9 de noviembre de 2019

HERIDA ABIERTA

Tal y como comenté en la reseña anterior de este escueto y atolondrado mini-ciclo Steven Seagaliano, "El último patriota" fue el principio del fin de la carrera del astro. Aunque si lo miramos detenidamente, descubriremos que la cosa ya venía de antes. Digamos que se masticaba la tragedia. Tras "Glimmer Man", Seagal intervino en el sitcom televisivo "Roseanne", para luego emprenderla con "En tierra peligrosa 2", que no funcionó lo que se esperaba (reseña en breve). El actor se encontraba al borde del abismo. Suerte que el legendario productor de "actioners" Joel Silver, con quien Steven Seagal ya había currado en "Decisión Crítica", aunque interpretando un rol secundario, vino en su ayuda ofreciéndole el protagonismo absoluto de "Herida Abierta". Eso sí, con condiciones: Se acabó el rollo jipi, nada de panfletos ecológicos, nada de misticismos, ni trajes de monje, ni collares... ¡ni siquiera una coleta!. El film iba a ser una historia clásica de policías en la que Seagal daría vida a uno lo más común y corriente posible.
La trama gira en torno a un servidor de la ley algo conflictivo (inevitable escena del jefe abroncándole por sus métodos poco ortodoxos) al que le cambian de distrito. En la nueva comisaría las cosas tampoco le irán demasiado bien (acabará incluso como guardia de tráfico), aunque su obsesión por pillar a un supuesto traficante de drogas le meterá en una espiral de corrupción dentro del mismo cuerpo que, inevitablemente, acabará en tiroteo y muerte. Como veis la historia no es que brille por su originalidad, pero sí depara un giro sorpresivo y está narrada de manera menos convencional de lo habitual. Aunque me queda la duda de si es un mérito que podemos achacar a su origen literario, incluidos unos sobrios y ajustados diálogos, o está narrada con el ojete y lo confundo con genialidad por parte del guionista, que también podría ser.
De entre medias, pues no faltan unos contadísimos numeritos de lucimiento para el amigo Seagal, aunque, teniendo en cuenta el tono "realista" de la historia, resultan bastante flipados e inverosímiles, con el actor, ya entrado en carnes, dando saltos y giros más bien imposibles en los que cantan un huevo los -gruesos- hilos que le levantan. El toque de humor lo pone una reunión a la que Steven Seagal es obligado a acudir para rebajar su ira interna. Estupendo el momento en el que, sin mover una ceja, mira a la moderadora y le esputa "¿Ve esta cara? Esta es una cara feliz". Es aquí donde aparece Tom Arnold (supongo que él y Seagal harían buenas migas en "Rosanne"), dando vida al inevitable personaje gracioso/cansino. A uno de los dos, el otro es el gorderas negro Anthony Anderson. Al final, durante los créditos, ambos se reservan un especie de show conjuntado con pinta de estar improvisado, más vergonzante que divertido. 
Desconozco si fue hecho a posta o no, pero igual que en "Glimmer Man" le pusieron un comediante negro a Seagal, por aquello de compensar su falta de gracejo, en "Herida Abierta" le cuelan de comparsa a otro negro con otra cualidad: ser aún más inexpresivo que él. Y ya es decir. Hablo del rapero convertido en actor DMX (quien por lo visto no se llevó nada bien con Seagal).
Otros seres humanos reconocibles que aparecen a lo largo de la función son Isaiah Washington, Michael Jai White, Bill Duke, Bruce McGill y papelito para Eva Mendes (a quien doblaron por considerar que no sonaba como una persona inteligente -¿?-. Lógicamente molesta, la actriz echa pestes de la peli).
Dirige Andrzej Bartkowiak, con una carrera lustrosa en el campo de la dirección fotográfica pero más bien poco llamativa en la de director a secas.
"Herida Abierta" no fue el éxito que se esperaba, por lo que la carrera de Steven Seagal siguió su imparable camino descendente.

sábado, 14 de septiembre de 2019

SEÑALADO POR LA MUERTE

Steven Seagal lleva 30 largos años interpretando al mismo personaje, algo que resulta incluso fascinante. Salvo casos muy muy concretos, y atípicos, siempre ha hecho de duro poli, agente, militar, guerrillero, loquesea y sin moverse del cine de acción/thriller. Creo que es un caso único en la historia del séptimo arte. Claro que hace ya tiempo que la filmografía del pétreo actor anda estancada de mierda en mierda. Mucha. Ahora se anuncia una absurda y tardía secuela de su film de debut, "Por encima de la ley", pero ya veremos si fructifica. De momento centrémonos en los años durante los que Seagal se encontraba en pleno despegue, ganándose a pulso un puesto de honor entre los "action heroes" de toda la vida. "Por encima de la ley" y "Difícil de matar" no acababan de convencer. Faltaba LA PELÍCULA de Steven Seagal, y a mi juicio llegó con "Señalado por la muerte".
Narrativamente no cuenta nada que no hayamos visto mil veces. Incluso en la época de su estreno: Un agente de la D.E.A, harto de ver que su lucha contra el crimen no sirve para nada, se retira. Vuelve a la tierra natal y se instala con su querida familia. Pero ¡ah amigo!, resulta que la zona está dominada por un clan de rastafaris malvados que osan vender drogas a los buenos chicos blancos norteamericanos de barrio residencial. Encima, su jefe es un psicópata de ojos verdes obsesionado con el vudú y la magia negra. No hace falta decir que, aunque a regañadientes, Seagal terminará enfrentado con todos ellos. Su familia sufrirá, lo que la liará más parda y será motivo suficiente para que nuestro héroe duro, y chulesco hasta lo desagradable, no deje ni una sola rasta derecha.
En su época fui a ver "Señalado por la muerte" entusiasmado. Era fan de Steven Seagal. Y me flipó. Me encantó. Básicamente por ser su película más truculenta -con fugaces pero contundentes destellos gore- y lidiar tímidamente con el terror, lo que le daba un rollo un poco distinto.
Steven Seagal es el único "action heroe" que logra hacerme empatizar con los villanos, porque las hostias que les mete DUELEN. Pero de verdad. Hacen auténtico daño. Son retorcidas y sádicas. Todavía me da escalofríos ese plano dedicado a demostrar, con todo detalle, cómo Seagal le rompe el brazo a uno de los rastafaris. Ay!. ¿Y qué me dicen de la manera en la que despacha al jefe de los malos? Creo que ningún pillastre del cine ha sufrido una muerte más burra, cito (spoilers!): Seagal usa sus pulgares para hundirle los ojos en primerísimo primer plano (agh!), luego lo levanta por el aire y lo lanza contra su rodilla, partiéndole la espina dorsal (uff!). Una vez el pobre individuo se ha convertido en un muñequito inerte, lo lanza por el hueco del ascensor para terminar ensartado en un puntiagudo hierro (toma!). ¿Quién da más?.
El reparto de "Señalado por la muerte" va cargadito de rostros reconocibles, Keith David, Joanna Pacula, la "scream queen" Danielle Harris, Kevin Dunn, Peter Jason, el inevitable Danny Trejo, la actriz porno Teri Weigel (que sale en pelotas, claro. Interpreta a la concubina de un mafioso, exactamente el mismo papel que hizo en "Depredador 2") y el entrañable casi figurante de color Jeffrey Anderson-Gunter. Los guionistas son los mismos de "Poltergeist". El director es un personaje no exento de interés, Dwight H. Little, que comenzó en los ochenta dirigiendo subproductos de acción y aventuras para pasar luego al terror con  "Halloween 4: El regreso de Michael Myers" (donde conoció a Danielle Harris) o el "Fantasma de la ópera" con Robert Englund. Luego de "Señalado por la muerte" dirigió a Brandon Lee en "Rapid Fire". Le siguieron "Liberad a Willy 2" y "Murder at 1600 (Asesinato en la Casa Blanca)", un vehículo de lucimiento para Wesley Snipes que fracasó, lo que acabó condenando a Dwight H. Little a currar en televisión.
"Señalado por la muerte" es de 1990, pero podemos decir que, a su manera, todavía conserva parte del espíritu del buen cine de acción de la década previa, aquel que ya no se hace, lo que contribuye a que, sin ser un peliculón en lo suyo, entretenga un buen rato.

jueves, 9 de junio de 2011

DIFÍCIL DE MATAR

Después del éxito/revelación que para Steven Seagal supuso la aburrida "Por encima de la ley", se estrenó su segunda incursión en el cine de tiros y mamporros, "Difícil de matar", con una historia de base eminentemente clásica del género: una venganza. En esta ocasión el amigo Seagal interpreta a Mason Storm (o lo que es lo mismo, el amigo Seagal hace de Seagal), un poli super-bueno con los suyos (la secuencia en la que reza con su hijo es patéticamente babosa), pero super-malo con los pillastres. Resulta que el tío ha grabado una cinta de vídeo en la que un aspirante a senador se descubre como un cabrón asesino. Este, gracias a los polis corruptos que trabajan para él, se enteran dónde vive el Sr.Storm, van pallá, matan a su mujer, a él lo dejan en coma y casi aniquilan a su retoño. Siete años después despierta, se pone a punto y, obvio es, se venga.
El mayor problema que yo le veo a "Difícil de matar" es que rompe una regla de oro en el cine de venganzas. Si tu mujer ha sido asesinada a tiros ante tus ojos, y su dolorosa muerte es el motor de tu sed de justicia, ¡¿cómo osas liarte con otra pava?!, eso le quita credibilidad a tus motivaciones. Vale, sí, han pasado siete años de por medio, ¡pero para él no, que se los ha tirado durmiendo!... y vale, Kelly LeBrock estaba muy buena (y en aquellos tiempos era doña Seagal), pero no trago con eso. Puede parecer una chorrada, pero para mi semejante dato le quita mucha de la diversión a la peli. Steven Seagal no está tan cabreado como debería, y es una lástima (y da igual que después de correrse se sienta culpable, ¡anda ya!). Luego, también tenemos un ritmo farragoso y algo pesado. Y ya no digamos las dotes interpretativas del astro, que en esta peli se muestran muy por debajo del nivel habitual (de hecho, en ocasiones resulta incluso risible).
Y es que, siendo prácticos, "Difícil de matar" es muy mala!!!, pero de verdad! terrible. Sin embargo, también es entrañable, y por eso tragas con la mierda y la ves hasta el final. Entre otros motivos, porque es el desenlace -es decir, la venganza propiamente dicha- lo mejor de todo (bueno, y la parte que machaca a los atracadores del colmado, super-chuloputas y coñera). Hay ideas muy buenas (los mensajes que el vengador escribe en la pared para acojonar a sus víctimas) y macarradas por doquier (cuando Seagal mata a un servidor de la ley corrupto y seguidamente suelta: "Ahora eres un buen policía"). En la lista de incongruencias y momentos para el ridículo, podemos citar toda la secuencia de "recuperación" del actor (y es que verlo correr resulta altamente descojonciable), algunas frases y diálogos chorras (la cita que Kelly Le Brock hace al gran miembro de su marido... la frase lapidaria dedicada al chascarrillo que suelta el político malo, de tan rebuscada que resulta estúpida/genial) y momentos delirantes (¡¿de donde saca Seagal una granada que lanza a los malos?!, ¿y qué me dicen de la casa que les sirve de refugio a los protas y termina hecha trizas?, ¿soy el único que se preocupó por cómo se lo iba a tomar el dueño?).
En fin, con todo lo expuesto, no deja de ser un film simpático de ver... y más en su VHS, que es como lo he hecho yo gracias al bueno de JJS.

sábado, 23 de noviembre de 2019

UN HOMBRE PELIGROSO

Por norma general, los días que mi pareja y yo solíamos reservar para ver "otra de Steven Seagal" eran los domingos por la tarde. Sin embargo, aquel fin de semana, algo hastiados ya con el gordo de la coleta, decidimos hacer un pequeño "break". Llegada la noche, y en pleno ataque de zapping, súbitamente nos topamos con una película del 2009 del amigo Seagal. Maldita sea, no había duda que estábamos destinados a consumirla. Y eso hicimos, empujados por la curiosidad extra que suponía ver una de la época decadente del actor, a pesar de que me había jurado a mí mismo que ni lo intentaría.
"Un hombre peligroso" narra la historia de "Shane Daniels", un tipo que, por aquello de defender a su querida novia de una agresión callejera, persigue y ahostia al culpable con tanta mala pata que... ¿lo mata? Ahora no lo recuerdo. Pero el caso es que acaba con sus huesos en la cárcel. Y encima, la mujer por la que se jugó el pellejo se aburre de esperarle y le abandona. ¡Harpía! Libre de nuevo, "Shane" vagabundea de aquí para allá, luciendo un horrible pañuelo en la cabeza que incrementa su nulo atractivo (aunque le tapa el escaso pelo). Intenta no meterse en líos, pero su condición de buen samaritano se lo impide. Terminará hasta las trancas en una movida con la mafia china, el secuestro de uno que conoce secretos de su país, su hija y unos rusos con muy mala folla. La verdad es que el argumento está explicado de manera un tanto liosa, pero da igual, porque esto es una peli de Steven Seagal. Y lo que queremos, incluso aunque pertenezca a su época de vacas flacas, es ver hostias, ver tiroteos y verle a él. Y a él se le ve, ya lo creo, que ocupa mucho espacio.
De hecho, no solo somos testigos de cómo mata con saña, también de cómo ama. Pero al estilo Seagal, es decir: Ella es mucho más bella y joven y se contonea en pelota picada ante sus ojos, calentándole. Él está sentado, completamente vestido, puede incluso que con una chaqueta, mirándola a ella con cara de bobalicón y, en un momento dado, osa tocarle una tetilla. La verdad es que la expresión de deseo que gasta el actor es la misma que tiene cuando corre, mea o duerme. Pero claro, es que es Steven Seagal. A todo esto mentar que Aidan Dee es la churri del destape, y tuvo papelito en "Gutterballs 2", secuela del popular slasher medio guarro de Ryan Nicholson (RIP).
Sin embargo, a pesar de una escena tan sórdida, del tono costroso, apelmazado y desalmado del film, y de un Seagal infladísimo y muy desganado (me recuerda al David Carradine de los ochenta, igual de amplio y actuando con idéntico nulo interés, sin disimularlo, algo que también afectaba a sus pocas ganas de correr y las nada lustrosas muestras de lucha karateka, lo mismo que Steven), resulta que "Un hombre peligroso" se deja ver. No es tan aburrida como me temía. Ni tan chapuzas. De hecho, todo el tramo final viene bien repleto de acción, disparos y un ritmo dinámico. Así que, perfecta si no hay nada mejor que hacer un insípido domingo por la tarde.
Del resto del personal implicado, poca cosa a destacar. Mucho asiático (supongo que es el mercado que mantiene viva la carrera del actor) y un director/guionista, Keoni Waxman, especializado en cine de acción de segunda y que ha currado con Seagal un montón de veces más. Debe ser su hombre de confianza (o el único que le soporta).
Resumiendo: En peores plazas he toreado.

sábado, 7 de diciembre de 2019

ALERTA MÁXIMA

Hablemos de los viejos/buenos tiempos. De cuando "Warner Brothers" confiaba en el tirón de Steven Seagal y se dejaba un pastizal produciendo y distribuyendo por todo el planeta vehículos para su lucimiento. Le rodeaban de actores estupendos y le encargaban el pifostio a cineastas tan capaces como Andrew Davis, con quien el astro ya había currado previamente en "Por encima de la ley". ¿Y qué me dicen del mismo Steven? Joven, delgado, sin coleta ni abalorios jipis. Una maravilla. Suspiremos todos al unísono. De esta guisa era difícil cagarla. Y también porque, en esencia, la película resultante de la que hablaremos a continuación no deja de ser un remake encubierto de "La jungla de cristal".
Un legendario buque de guerra va a hacer su último viaje. Es el cumple del capitán, y Steven Seagal anda por allí ejerciendo de cocinero. Uno enrollado que se lleva de puta madre con sus subordinados. Resulta que en el pasado fue un marine cojonudo, pero también muy rebelde. De ahí que terminara con sus huesos entre ollas y cazuelas. Suerte que ello no le desproveyó del talento para matar, algo que descubrirán unos mastuerzos que se cuelan en el barco para secuestrarlo y lanzar unos misiles nucleares que lleva en sus adentros.
Así da gusto ver una peli de acción, incluso aunque no vaya escasa de algunas ridiculeces y gilipocrecias (entre ellas un notable poso propagandístico, como cuando Seagal suelta eso de "Ser marine no es un trabajo, es una aventura"). Por ejemplo, los terroristas se hacen pasar por un grupo de rock que tocará en la fiesta de cumple del capi. Y tocan. Y no lo hacen mal. ¿Curioso, no? ¿músicos de día, terroristas de noche? ¿Terroristas profesionales que tocan en bandas de rock por hobby? ¿tal vez al revés? ¿O son tan eficientes que aprendieron a manejar los instrumentos para dar el pego? Misterio. Tanto como la pasmosa facilidad con la que caen bajo la artillería de Seagal y los suyos a pesar de llevar chaleco anti-balas. Mencionar que algunas muertes son agradecidamente truculentas, y no faltan ni vigas atravesando torsos ni sierras circulares cortando -levemente- brazos.
Aunque la guinda la pone el único personaje femenino de la función, interpretado por la ex-vigilanta de la playa y chica "Playboy" Erika Eleniak, que da vida a... bueno, a una de las conejitas de Hugh Hefner. No se tuvo que esforzar mucho. El caso es que estaba en su mejor momento y luce unas tetas que son para mear y no echar gota. Perfectas. Eso sí, el "modus operandi" es más gratuito que en la peor de las epopeyas de Jim Wynorski. Gratuito y absurdo: Su función es salir del interior de un pastel. En eso que uno de los malos le da pastillas y la chavala se queda frita dentro. Pasan las horas, hay disparos, muertos y violencia por un tubo. Pero ella nada, ahí roncando. Entendemos que en algún momento despertaría, lista para salir. Pero en lugar proceder -más después de la imprevista siesta-, prefirió esperar a que alguien le diera la señal... aunque tardara tres horas. Al final el empujón se lo otorga el amigo Seagal, que a pesar de la nula química se la terminará beneficiando, y la moza sale disparada del pastel -con música y todo-, abre la chaqueta y muestra sus fascinantes ubres. La monda. Por cierto, a día de hoy Erika está también algo rellenita. Podríamos decir que ella y Seagal serían la perfecta imagen del aspecto que, pasados 25 años, gastarían sus personajes en la peli si hubiesen optado por tirar adelante la relación, casarse y llevar una vida marital standard. Entrañable.
El reparto está repleto de caretos talentosos y reconocibles: Tommy Lee Jones de sobreactuado villano, Gary Busey (la escena que se viste de mujer es bastante patética, imagino que por sus adentros se estaría cagando en el destino), Bernie Casey, John Laughlin (el pobre había casi protagonizado "La pasión de China Blue" unos años antes y tal fue el varapalo que terminó relegado a roles tan minúsculos y fugaces como en este caso), George Cheung (el asiático que estalla por efecto de una flecha-bomba en "Rambo") y el colega Kane Hodder.
Mi señora y yo vimos "Alerta Máxima" hace unos Domingos. Cuando terminó, le regalamos una sentida ración de aplausos. Y es que tras tragar tanta mediocridad Seagaliana, sienta de perlas una no perfecta, pero sí decentemente facturada y, sobre todo, entretenida.
Como saben todos ustedes, "Alerta Máxima" tuvo el suficiente tirón como para generar una secuela también disfrutable que no paran de echar por la tele. Ni que sea por ver a Steven Seagal masacrar a los malos sin quitarse ni manchar la americana.

sábado, 3 de octubre de 2020

MÁS ALLÁ DE LA LEY

Por tercera vez, rompo la norma auto-impuesta de no dedicarle ni un segundo de mi existencia a las películas de Steven Seagal situadas en esa poco envidiable franja de la absoluta decadencia del actor y su carrera. Y lo hago, como en el caso del film anterior, por una constante en mi condición de humilde reseñador, la morbosa curiosidad. No se trataba ya de ver a la ex-estrella del cine de acción luciendo un aspecto todavía más lamentable de lo habitual, ni siquiera por el hecho de que era la segunda vez que compartía reparto con otro que tampoco pasa un buen momento, el actor-rapero DMX, con quien co-protagonizó hace años "Herida Abierta". Lo que me llamaba de "Más allá de la ley" ("Beyond the law" en v.o.) era su director, James Cullen Bressack, el típico "cineasta independiente" que de no ser por las nuevas herramientas digitales, probablemente nunca se habría abierto camino en el cine profesional. Lo logró, sobre todo, a través del terror. Y lo sufrí por primera vez con "Bethany", un film en esencia horroroso que casi no pude soportar entero. Claro, la idea de que semejante astro llevara las riendas de una de las más recientes Seagal-movies se me antojaba inquietante. Tanto como cuando Fred Olen Ray pasó por semejante trance. Sí, la verdad es que me esperaba un auténtico estropicio con "Más allá de la ley". Algo así como el clavo en el ataúd en la filmografía de Steven Seagal. 
El hijo de un mafioso asesina a su cómplice en un robo, un adolescente más o menos yonqui. El padre de este, policía retirado y atormentado, se entera y, como es de ley, decide volver a las armas clamando venganza.
Así de elemental es la trama de una película que únicamente sorprende porque Seagal no interpreta al policía vengador. Ni siquiera a un personaje bueno. En realidad es el cabecilla de un clan mafioso y progenitor del villano de la historia. Claro, tal tesitura le permite valerse de su inconfundible técnica interpretativa más reciente: Pasarse media película sentado soltando soliloquios a velocidad de caracol tullido. Ya saben lo peculiar que es el hombre a la hora de involucrarse en rodajes, rara vez le vemos compartir plano con otros actores y, si lo hace, estos suelen salir de espaldas para que no se note que son dobles. Teniendo ello en cuenta, ya les anuncio que Seagal y DMX no comparten escena físicamente, solo a través del teléfono. En realidad los protagonistas son Johnny Messner (una especie de "action hero" de segunda división) y el villano, al que da vida un actor habitual en subproductos y de apariencia altamente irritante, Zack Ward. La nota de color la ponen el veterano Bill Cobbs y otro que vivió mejores momentos, Patrick Kilpatrick en un rol minúsculo (quien goza también de una experiencia Seagaliana previa con "Alerta Máxima 2").
En un diálogo muy gracioso se hace mención a "Gremlins", a la que califican de "clásico".
Uno de los guionistas, Chad Law, ha escrito para otras películas con héroes de acción míticos y no tan míticos en horas bajas, destacando a Van Damme y Dolph Lundgren.
Como decía, me puse a ver "Más allá de la ley" convencido que iba a ser un macro-mojón con el que regocijarme, pero no. Lo peor que podemos decir de ella es que carece de alma, es un producto plano, convencional hasta el insulto y monótono... pero se deja ver.
Y sí, Steven Seagal mete unos cuantos tiros y hasta suelta alguna yoya, pero muy muy poca cosa.

sábado, 21 de septiembre de 2019

BUSCANDO JUSTICIA

La primera vez que tuve conocimiento de "Buscando Justicia" fue en la contraportada de un tebeo de importación. Nada más ver el chanante cartel, y la memorable frase ("Es policía. Es un trabajo sucio... Pero alguien tiene que sacar la basura"), me cagué patas abajo. El día que se estrenó corrí a deglutirla. Aún saboreaba los placeres que me otorgara en su momento "Señalado por la muerte". Sin embargo, esta vez no coló. De hecho, "Buscando Justicia" me aburrió muchísimo. ¿Por qué?, ¿cómo era posible?.
Ahora que la he revisado más canoso y experimentado, lo he entendido a la perfección: Steven Seagal se encontraba en la cresta de la ola, podía exigir. Imagino que a esas alturas querría que, de una vez por todas, se le reconociera como algo más que una máquina de repartir yoyas. Así que, aprovechando su poder, enfocó la nueva aventura cinematográfica como escaparate para mostrar sus "dotes interpretativas". De esta guisa, entre las contundentes y notables escenas de acción, hostias y tiroteos -cojonudas todas-, tenemos a un Seagal soltando soporíferos e incluso patéticos soliloquios pseudo sentimentales que no solo no aportan nada a la historia, es que de hecho se cargan la puñetera película.
De lo que Seagal no se preocupó tanto fue de buscarse una trama un poco menos trillada. Aquí, por enésima vez, el muchacho se venga. La nota "de color" la pone que esté ambientada en Brooklyn y que todo gire en torno a viejos camaradas que la vida ha llevado por caminos distintos: Unos son polis, los otros mafiosos. Mucho rollo italianini a lo Scorsese y muchos besos en las mejillas, pero de nada sirve cuando lo que cuentas es estructuralmente tan monótono y sin interés: Seagal va de aquí para allá buscando al malo porque se lo quiere cargar. Pregunta a uno, pregunta al otro, y va tirando. Sin más. William Forshyte da vida al personaje en cuestión y logra resultar genuinamente odioso (sus escenas fueron reducidas cuando Seagal se percató de que podía hacerle sombra, así andaba el hombre con su ego y sus ganas de figurar). John Flynn, que años antes había "Encerrado" a Sylvester Stallone, se encarga de la dirección.
Destacan por méritos propios la escena del billar, probablemente el momento más exageradamente macarra de toda la carrera de Steven Seagal, y la mini subtrama del perrito.
Algo no debió de ir muy bien con "Buscando Justicia", porque el actor decidió retomar el rollo "hostias a tutiplen y pocas palabras" en sus siguientes pelis. Gracias a dios. Eso sí, el ego le siguió creciendo cual polla adolescente, no olvidemos su posterior -y comprensiblemente única- incursión en la dirección con "En tierra peligrosa", un producto que contaba con medios (y Michael Caine) y acabó convertido en un tochete mediocre y aburrido rebañado en panfeltismo ecológico y misticismo de chichinabo.

sábado, 5 de octubre de 2019

GLIMMER MAN

Lo divertido de estar consumiendo una película de Steven Seagal por semana, es que notas con mayor claridad los distintos cambios de tono de un film a otro. Y no me refiero al producto en sí, sino más bien al propio Seagal. De tipo duro y frío en "Señalado por la muerte", pasamos al intento de humanizarlo con "Buscando Justicia". Pues bien, algo me dice que la productora haría un estudio de mercado para ver qué opinaba el público sobre él. Recibiría algunas críticas descontentas calificándolo de macarra y bruto, por lo que decidieron "suavizar" su imagen. ¿Y cómo? Pues rebajando el sadismo de la violencia y, sobre todo, recurriendo al humor. Todo apuntaba a que Steven Seagal no sería demasiado convincente en ese terreno, por lo que habría que ponerle a un comediante de comparsa.
Solo son conjeturas mías, pero me encanta pensar que así es como fue. En parte ello explicaría el irritante tonito bufo de "Glimmer Man" y, claro está, la presencia de uno de los hermanos Wayans, en concreto Keenen Ivory (director de las dos pelis que harían de oro a la familia, "Scary Movie 1 y 2"). A lo largo de "Glimmer Man", Seagal, ya del todo metido en su rol místico y budista repartidor de galletas (luce un horrible collar jipi y se pasa el rato con las manos juntas, en plan gurú. ¡Ah! y ya comienza a dejarse ver con unos quilos de más), no solo es blanco de chistes, también los hace sin mucha fortuna (salvo uno, ojo a la escena del taquígrafo). Y por si fuera poco, sonríe más que en ninguna otra de sus aventuras cinematográficas. ¡Ay!.
Pero no termina ahí la cosa. Resulta que, comedia aparte, "Glimmer Man" también se apunta a dos subgéneros. Uno recurrente y consecuente -las "buddy movies", historias de polis/compañeros antagonistas obligados a llevarse bien- y el otro muy de moda gracias al entonces reciente exitazo de "Seven": el psycho-thriller con asesino en serie perpetrador de espectaculares crímenes rituales.
De entrada eso es lo que nos venden. Hay un psicópata en la ciudad que se dedica a machacar parejas católicas, a las que crucifica. Del caso se encarga un policía negro que, a regañadientes, debe compartir labores con ya sabéis quién. Pero no debemos olvidar que esto es una película de Steven Seagal, así que pronto descubrimos que lo del asesino loco solo es una tapadera para confundir a la policía, detrás se oculta lo habitual: Mafia, en este caso de procedencia rusa. Y tiene máximo sentido, porque de otro modo no habría mucha peña a la que ahostiar. ¿Solo un criminal? ¡que aburrido!. Resuelto el problema, ya tenemos la agradecida ración de piños y la inevitable escena de macarrismo desaforado en la que el gordo Seagal parte huesos por doquier.
Acompañan a la pareja de polis una ristra de rostros carismáticos y estupendos en lo suyo como los de Bob Gunton, Brian Cox, Peter Jason y Stephen Tobolowsky.
Dirige el impersonal y televisivo John Gray.
"Glimmer Man" es un poco chorras, sí, pero entretiene lo suficiente. Nada que objetar.

sábado, 4 de enero de 2020

RESCATE EN AFGANISTÁN

Originalmente el plan consistía en poner fin al ciclo dedicado a Steven Seagal con su primera película, "Por encima de la ley". Pero la vi y, ciertamente, no me acabó de entusiasmar. Es un poco chapillas y desde luego tampoco invita a escribir nada. Así que lo di por terminado. No obstante, existía otra, "Rescate en Afganistán" ("Sniper: Special Ops" en v.o., año 2016) que me picaba la curiosidad, básicamente porque venía dirigida por un cineasta zetoso recurrente en este blog y del que fui muy fan en mi juventud: Fred Olen Ray. ¿Qué resultado daría la unión entre ambos titanes de la costra? Al final mi enfermiza curiosidad, que tantas alegrías me ha dado... pero también muchos disgustos, me animó a localizarla y verla. Y aquí tienen la reseña. ¿La última pues? Ahora ya lo dudo. Me haría gracia ese "Por encima de la ley 2" que algún día nos caerá como una losa, pero el tiempo dirá.
De la trama de "Rescate en Afganistán" no me he enterado mucho. Tal vez porque tampoco es que me haya volcado en prestarle atención. Digamos que todo gira en torno a un cuerpo de marines en plena misión de rescate en el país del título. Nuestro querido Steven es el francotirador de parcas palabras, lo que le viene de puta madre para no cansarse demasiado. El tipo rescatable es un congresista al que logran salvar, sin embargo las cosas se complican y Seagal y otro marine quedan atrapados, rodeados por el enemigo en un ruinoso edificio. El resto del equipo quiere regresar a por los suyos, pero los altos cargos se lo impiden. Les mandan a otra misión, una que también se complicará y que les servirá para, con la excusa, saltarse las órdenes, ir a por el gordo y, de paso, matar al malo. Fin.
Si algo destaca de la intervención de Steven Seagal en "Rescate en Afganistán" es que, uno, prácticamente no se levanta de la silla, ni participa en demasiadas escenas de acción. Dos, tampoco comparte plano con ninguno de los actores del reparto, las pocas veces que así lo hace estos salen de espaldas, ergo seguramente sean dobles. Lo mismo que cuando Seagal no da la cara, tiene toda la pinta de ser otro tipo vestido como él (según he leído, sus intervenciones suman unos escasos diez minutos en total). Sí queridos, es Steven Seagal prestando su nombre (su lamentable aspecto) y lo mínimo de su presencia para dar lustre a un subproducto en toda regla. Casi le hace más daño que bien, porque en realidad, siendo muy muy muy generosos y comprensivos, y dadas las circunstancias, la peli no es TAN espantosa. Las hay mucho peores. Se deja ver si no existe otra tarea urgente a la vista. El resto del reparto se esfuerza en cumplir (destacando a dos actores habituales de zetismos y pelis destinadas al Syfy Channel, Tim Abell y Paul Logan -que en su día protagonizó "Mega Piraña"-) y Fred Olen Ray rueda (y escribe el guion) con profesionalidad. Reciclando algunas imágenes de otras películas -sobre todo aquellas que incluyen explosiones- y tirando de CGI purulento para disparos y otras pequeñeces. Lo que le sale cumple con los mínimos, ideal para ver mientras revisas tus redes sociales. Una cosa mortecina, plana, fría e impersonal... pero eficiente. Que incluya como atractivo a un actor de cierto nombre -que no renombre- al que luego casi ni vemos, únicamente provoca que la peña diga más pestes de ella de las que realmente rezuma.
Que lejos quedan esos años en los que Olen Ray paría mierdas carismáticas. Pero bueno, al menos ahí sigue, currando, haciendo cine, y eso es incluso admirable. Le acompañan el mastuerzo de su hijo, Christopher Ray, y uno de sus clásicos, Jay Richardson, lógicamente envejecido y que interpreta al congresista capturado por los malvados Talibanes. A estos, como es fácil deducir, les dan vida siempre los mismos cuatro actores con la cara cubierta con pañuelos, probablemente también para disimular su origen norteamericano. En cuanto al lugar de rodaje, Fred Olen Ray presumía en redes sociales de rodaje en Afganistán, pero no cuela. Según las fuentes habituales, está parida en California y uno de esos desiertos tan habituales en el cine de Ray cuando necesitaba disponer de un planeta marciano, la guarida de un monstruo terrible o cualquier otra chuminada.
La nota de color la pone la intervención como actor del luchador de wrestling Rob Van Dam. Aparece en el cartel junto al nombre de Seagal. Ahí, todo grande. Y no, no es porque batalle a su lado o tenga un papel destacado. De hecho, es bastante secundario. Está para jugar a una evidente confusión: que algunos paletos crean que Jean-Claude Yasabenquien aparece en la peli, en plan fusión de dos viejos astros de los "actioners". ¡Juas!.

sábado, 19 de octubre de 2019

EL ÚLTIMO PATRIOTA

Hablar de "El último patriota" significa hacerlo del principio del fin de la carrera de Steven Seagal. Su primera película pensada directamente para el mercado del vídeo de Estados Unidos (aunque sí llegó a estrenarse en salas españolas). Ya cuando le damos al "play" y no vemos el logo de "Warner Brothers", nos entra el acojone. Y luego, en la dirección aparece un tal Dean Semler, reputado profesional de la fotografía pero que, como director a secas, no tiene ni ha hecho gran cosa. Semler no es Andrew Davis, Dwight H. Little o John Flynn. Incluso podemos ser más sibilinos y decir que Semler no contaba con los encorbatados ejecutivos de la "Warner" para decirle cómo hacer su película. De otro modo no se explica que, contando con tantos elementos atractivos, "El último patriota" sea un producto incapaz de arrancar ni a hostias. Veamos.
Un pueblo de la américa profunda se ve afectado por un terrible virus mortal cuando un ultra patriota, de aquellos que cagan del color de su bandera, lo suelta sin saber muy bien lo que está haciendo. Suerte del médico local, Steven Seagal encarnando algo que no sea policía o ex-militar (a pesar de su talento para la lucha cuerpo a cuerpo y el uso de armas. Aquí no te explican cómo ha adquirido tales dotes), que con distintos remedios jipis salvará a todo el mundo (sí amigos, el panfletismo ecologista duele) y acabará con los malos.
Hostias y tiros los hay, pero tardan mucho en asomar. Cuando lo hacen, molan. Y son lo suficientemene brutos y sangrantes, pero la cantidad es escasa. Abunda más el bla, bla y ver a Seagal currando en el laboratorio en busca de un antídoto redentor, situación y posición esta en la que resulta harto poco convincente. Además, el film carece de ritmo, de tempo. Es lento, farragoso y soso como una cocacola sin azúcar. Es una peli muerta a pesar de la presencia de Steven Seagal. Entonces. ¿a quién podemos culpar de ello? pues a la falta de presupuesto y el limitado talento de los implicados. No hay otra.
De hecho, mi pareja la comparó muy sabiamente con "La casa de la pradera", porque los momentos campestres cursis y ñoños son unos cuantos, a los que contribuye la hija pequeña que le cuelan a Seagal, interpretada por Camilla Belle, que luego se haría mayor, criaría tetas y asomaría el jeto en el remake de "Llama un extraño".
Como decía, esta aburrida y mediocre película marca el inicio de la decadencia del actor. Luego iría incluso a peor, tanto como para terminar siendo dirigido por Fred Olen RayDesde luego, la palabra "último" en el título español fue todo un presagio.

sábado, 21 de diciembre de 2019

EN TIERRA PELIGROSA 2

"Fire Down Below" es el título original de esta película de Steven Seagal que a España llegó (creo que únicamente en vídeo, aunque no he podido corroborarlo) como "En tierra peligrosa 2". Es 1997 y ya no se estila eso de las secuelas falsas, por lo que la operación se antoja del todo incomprensible. Para la ocasión el de la coleta interpreta a un agente del medio ambiente llamado "Jack Taggert", mientras que "En tierra peligrosa 1" daba vida -es un decir- a "Forrest Taft". Que no, que no es el mismo. Pero esas son las ventajas de que Seagal haya interpretado igual a todos los personajes de sus películas, puedes poner que una es secuela de otra y da el pego. Recordemos que algo así ocurrió de manera legal únicamente una vez, con "Casey Rayback" y sus dos "Alerta Máxima" (claro que me limito a la época buena del actor, si nos referimos a la hornada de subproductos de los últimos años, no tengo ni idea). En cualquier caso, y aunque "Warner Brothers" accediera a poner los dineros de esta nueva aventura Seagaliana, una cosa iba a estar clara desde buen principio: Prohibido dejarle ocupar la silla del director. Para lo cual, ficharon al típico mindundi que venía de la tele y a ella volvería, Félix Enríquez Alcalá (responsable ese mismo 1997 del famoso piloto sobre la "Justice League of America", nunca emitido de modo oficial pero localizable mediante piratería), lo que hace suponer que, aunque Don Steven no firma la dirección, seguro que en el plató mandó cuanto quiso.
"Jack Taggert" se pira hasta los frondosos bosques de Kentucky porque un empresario malvado está llenando de temibles residuos tóxicos unas minas abandonadas y hay que pararle los pies. Intentará integrarse en lo más profundo de la américa profunda (incluso hace una coña/referencia muy oportuna a "Deliverance/Defensa") y será continuamente atosigado por los matones de rigor, comandados por el hijo del empresario. Se defenderá a hostia pura y superará todas las limitaciones propias de la ley para enchironar al malo.
"En tierra peligrosa 2" tiene un par de rasgos curiosos: Una banda sonora trufada de country y blues que llega a su cenit cuando Steven Seagal se presta a tocar la guitarra, su otra gran pasión (junto a la ingesta de donuts, ¡lo siento, tenía que hacer el chiste!). Y una violencia mucho menos contundente de lo habitual. Claro, ver al de la coleta soltando la chapa ecologista y humanitaria para, luego, reventar a los villanos de la manera que solía, era raro. Por eso en esta nueva aventura, aunque reparte mucha y dolorosa estopa, no mata a nadie. A nadie. Ni al más malvado, que graciosamente interpreta todo un icono hippie como es Kris Kristofferson. Del plantel restante destacan Marg Helgenberger, Stephen Lang, Harry Dean Stanton y Richard Masur.
Ciertamente, "En tierra peligrosa 2" no es la mejor peli de Seagal, pero tampoco la peor. Cumple con lo que uno busca en estos productos, pasar el ratico. Las escenas de acción están bien y el panfletismo es algo menos empalagoso, sobre todo porque aparcan totalmente el rollo místico que tanto jodía a la supuesta primera parte (risas).

sábado, 1 de marzo de 2025

FRÍO COMO EL ACERO

Probablemente 1991 era un mal año para lanzar a un nuevo "action hero" empapado en toda la gloria que acompañó al género la década previa. Los últimos en lograrlo, Jean-Claude Van Damme y Steven Seagal, fueron lo suficientemente prudentes (ellos o, mejor pensado, sus respectivos agentes) de arrancar sus carreras a finales de los ochenta. Y, además, aportando un algo de novedoso, o diferente, al decantarse por las artes marciales como técnica. El problema del nuevo aspirante, Brian Bosworth, era su incondicional adscripción al modelo Schwarzenegger. Armario empotrado de músculos absurdos, mandíbula cuadrada y hostia pura como método favorito de defensa. Añadamos la estética que gasta en este, su primer "gran" film (y único), "Frío como el acero". Es como muy de los ochenta pero en su vertiente más hortera y cutre, entonces ya demasiado démodé. Incluida una horrorosa "mullet" a modo de guinda. Un "bonito" cuadro que, en su momento, a un amigo y a mí nos echó para atrás. No fuimos a ver "Frío como el acero" al cine. La alquilamos en vídeo, pero ni la terminamos. A él Bosworth le parecía un nazi. Y a mi me cayó gordo por el rollo "portero de discoteca chusca" que gasta. Tampoco fuimos los únicos en reaccionar tan negativamente. La peli no pegó como se esperaba y la carrera del actor quedó relegada ya de por vida a subproductos de acción directos para vídeo-club y dirigidos por "astros" del nivel del omnipresente Fred Olen Ray ("Pánico en el Concorde") o el insulso Allan A. Goldstein ("Riesgo límite"). Entre la primera tanda de esas mismas basurillas localizamos, justo, una secuela bastarda de "Frío como el acero" únicamente destinada al mercado españolo, "Frío como el acero. Buscando venganza". En realidad el film se titula "One Tough Bastard" / "One man´s justice" y el personaje responde a un nombre parecido, pero no igual. La cosa empeora entrados en el siglo XXI, con Bosworth protagonizando películas cristianas ("El poder de la cruz") o navideñas repletas de actores decadentes y, seguramente, tan adictos a las enseñanzas divinas como lo fueran previamente a drogas, alcohol y otros vicios.
Pero en 1991 el colega Brian estaba en su apogeo físico. Es tan "perfecto" que casi parece una caricatura, cosa extensible a toda la película, por su tono exagerado, el abuso de macarrismo sideral, sus buenas dosis de violencia e incluso un puñado de tetas (pegadas a cuerpos de infarto). Y es que, claro, partiendo de la base que todo gira en torno a una banda de moteros mega-malísimos que, asociados a la mafia, esparcen la "villanería" y preparan un atentado de grandes dimensiones, pues la cosa da para un montón de chuloputismo, barbas, chollas, hermillas, motazas, tacos a tutiplén, tipos extremadamente sudorosos, duros y cabreados (la testosterona chorrea por los bordes sin miramiento alguno), una banda sonora trufada hasta el agotamiento de hard-rock, AOR y algo de heavy metal (incluida aparición de un grupo tocando rodeado de strippers) y muchas, muchas, muchísimas hostias, especialmente las que proporciona un Brian Bosworth que, empujado por el FBI, se infiltra en el clan motard para pararles los pies.
Y sí, durante un buen rato el ritmo es acelerado y la locura considerable. El director, Craig R. Baxley, tira de unas maneras dinámicas y ágiles, sin dar respiro al espectador, trufando el lienzo de explosiones, disparos y algunos "stunts" dolorosos (por supuesto, sin gota de CGI). Pero Baxley, que venía de la coordinación de dobles de acción, tampoco era un gran director. Su debut para la gran pantalla, "Acción Jackson", es una de las "action movies" más flojitas de su dorada década, a pesar de disponer de todos los elementos necesarios para lograr un pleno (entre ellos Carl Weathers y la idea de revitalizar el "blaxploitation"). Tampoco fue nada memorable la siguiente, "Dark Angel. Ángel de la muerte", en la que Dolph Lundgren se enfrentaba a un alien lanzador de cortantes cd´s. Fui a verla al cine con resultados discretitos. Tal vez debería darle un nuevo muerdo. Así pues, llegado cierto punto, "Frío como el acero" comienza a desinflarse. Los peligros de arrancar con tanto brío. Jodido mantenerse. Y durante la segunda mitad, vas perdiendo interés progresivamente... hasta que, vale, el clímax se recupera. Aunque, bueno, la sensación final es de que, siendo un producto bastante visible y ameno, se queda a medio gas. Hacer notar las similitudes con algunas otras películas del género por entonces aún recientes. Por ejemplo, Bosworth parte el brazo de un villano usando una dolorosa técnica popularizada por Steven Seagal. Y el final, final, es directamente una copia del de "La jungla de cristal". Todavía más llamativo resulta que los dos malos principales, Lance Henriksen y William Forshyte, pocos años después harían roles bastante parecidos en, justo, una de Van Damme ("Blanco Humano") y una de Seagal ("Buscando Justicia").
Otros rostros majos que asoman son los de Sam McMurray como el supuesto compañero de Bosworth, opuesto a él, dando a entender que estamos ante el patrón de una pura "buddy movie", aunque luego no se desarrolle a fondo. Richard Gant, el forense poseído por Jason en el noveno "Viernes 13". A Paulo Tocha -gran apellido- lo hubiese ignorado de no haber mirado su alucinante filmografía. Ha estado nada menos que en "Ninja Terminator", "Contacto Sangriento" (+ otras de Van Damme) o "Depredador 2".  Y es que, en realidad, con tanto motero y tanto "stunt", hay un porrón de secundarios / dobles de acción con currículums vistosos y coloristas, como es el caso de Robert Winley, al que puedes ver en "Jake Speed: La aventura de África", la serie "Sledge Hammer!", "Libertad para morir" (otra vez Van Damme) y nada menos que "Terminator 2: El juicio final". Así pues, daré un salto para detenerme en Kevin Page, el yuppie reventado a balazos por "Ed-209" en "Robocop" o la inevitable "partenaire" femenina, Arabella Holzbog, quien tampoco lograría nada en su carrera, participando a posteriori en subproductos de calibre de "Cornasaurios 2" o "El hombre holograma".
El caso del guionista, Walter Doniger, es un poco atípico. Comenzó su carrera en los cincuenta, tanto escribiendo como dirigiendo muchísima serie de televisión. Se detiene en 1983 para regresar en 1991 con "Frío como el acero" que resultaría ser su último crédito antes de jubilarse y palmar en 2011.

Les dejo la caratula completa del VHS, cortesía de nuestro "consigueitor" particular Enorm.

domingo, 3 de octubre de 2010

MACHETE

La verdad es que no tenía intención de hablar de esta peli, pero el continuo e inesperado testimonio de personas a las que, por extraño que suene, les ha gustado -o eso dicen-, ha hecho que reconsidere mi postura inicial y actúe. ¡Alguien tiene que abrirles los ojos a estas pobres víctimas inocentes!. "Machete" es una mierda, y yo os diré por qué.
Como ya sabéis, todo comenzó con el falso trailer de "Grindhouse", el tributo de Quentin Tarantino y Robert Rodriguez al cine exploitation de los 70. La verdad es que el invento estaba chulo (no la peli, sino el falso avance. De hecho, también molaban mucho los de Eli Roth y Edgar Wright... el de Rob Zombie era una castaña), aunque de "grindhouse" tuviese más bien poco. Pronto, su enorme éxito, impulsó una odiosa moda (la de parir trailers de mentirijilla y abusar del efecto del celuloide roído) y la confección de un largometraje. Ya de entrada esta idea me pareció mala, "No lo hagáis", pensé "Os cargaréis el concepto. Porque una cosa son 2 o 3 minutos en los que se recopilan los mejores momentos de la supuesta peli, y otra muy distinta rellenar el hueco entre esos minutos hasta alcanzar los 90" (de hecho, también Eli Roth comentó de hacer un largo a partir de su "Thanksgiving" y si entonces no lo aprobaba, ahora, tras ver "Machete", ruego al cielo para que nunca jamás ose. Claro que Roth es mucho mejor director que Robert Rodriguez).
El mayor fallo de aquella "Grindhouse" consistía en que de exploitation setentera no tenía NADA de NADA. Era el típico caso de Tarantino, que para algo le llamo "la fotocopiadora de oro". Todo aquello que imita, todas esas ideas que pilla de otros, las recrea mejoradas, ya sea porque tiene más dinero o más talento (y sí, aunque el director de "Reservoir Dogs" me cae fatal, reconozco su capacidad), pero, a fin de cuentas, no hace más que plagiar. El público que, tras ver la propuesta de Tarantino / Rodriguez, se zampe auténtico cine exploitation de la época, se llevará una enorme decepción, porque todos aquellos films eran cutres y aburridos hasta la muerte cerebral, nada que ver con la lustrosa y llamativa reinterpretación "cool" de los dos cineastas. Está claro que, aunque no sea capaz de mimetizarlo debidamente, Tarantino sí posee una mínima cultura sobre aquella clase de películas (tal vez por eso su aportación a "Grindhouse" sea tan odiada, porque es aburrida, ¡¡como lo eran las auténticas!!). Es Robert Rodriguez el que no tiene NI PUTA IDEA. Aspecto este que se ha acabado de evidenciar en "Machete", facturada a medias con un mindundi (¡Robert, ya tienes a alguien a quien culpar del desastre!).
No hay mucha historia que contar. Federal en pleno acto de servicio ve como los malos de turno asesinan a su esposa... y hasta aquí lo mejor de la peli... luego todo es venganza y cuesta abajo (menos la banda sonora). Incluida la precavida utilización del efecto de ensuciar el celuloide que hizo fracasar "Grindhouse", así que mejor reducirlo a los 10 minutos iniciales. Una vez más Rodriguez haciendo gala de su valentía y su espíritu de rebeldía creativa, ¡¡¡jojojojo!!!.
Lo más odioso de "Machete" es su hipocresía. Sí, sí, mucha violencia... muchas tetas... pero a la hora de la verdad, caca, nada, vacío. Si algo destacaba en el exploitation original era su aluvión de erotismo, a veces notablemente explícito. En el caso que nos ocupa, el supuesto rebelde de Hollywood (dejen que me descojone de nuevo, gracias) se conforma con mostrarnos un par de culos (¡cuanta transgresión!) para, cada vez que toca polvo, fundir en negro ¡y aquí no ha pasado nada!. Idem con la violencia, que aparte de CGIesca, únicamente va dirigida a los esbirros. Todos los demás, actores de renombre (o muy populares, como ese inflado Steven Seagal) mueren de modo muy limpio, sin crueldades ni excesos (la muerte del mismo Seagal es patética, con esas pinceladas de humor para hacerla más "suave", y la de Don Johnson fuera de plano es para que te devuelvan el dinero de la entrada. La de Robert De Niro no es tan aséptica, vale, pero tampoco llega a las brutalidades que uno espera). Eso, en otra clase de peli no sería un problema, pero en una que juega su baza en la violencia, sí lo es. Robert Rodriguez nos ofrece poco, y encima, luego nos lo quita (igual que esa hipócrita supuesta preocupación por los problemas de los inmigrantes en los USA... ¿aspectos sociales en un film-tributo al exploitation más crudo y desalmado?, ¡anda ya, vete a tu casa! -nunca mejor expresado-).
Tampoco puedo perdonar que el Machete cruel y despiadado del trailer sea en realidad alguien blando que incluso perdona vidas (dejando a un lado a Danny Trejo, incapaz de actuar decentemente más de dos minutos seguidos). Pero lo más repugnante del pack es ese humor hecho a posta. Primero porque no es respetuoso (lo de siempre, Rodriguez se ríe con arrogancia del tipo de cine que supuestamente homenajea y, peor, se ríe de la audiencia al que le gusta de verdad y lo comprende genuinamente), segundo porque es un "aquí vale todo" (¡ole!) sin sentido (como el final desmadrado de "Planet Terror", la -mejor que "Machete", aunque tampoco mucho- aportación del cineasta latino en "Grindhouse") y, mucho más miserable aún: ¡¡¡QUE NO HACE GRACIA!!!!. Los toques de comedia en "Machete" son tristes e insaboros. Forzados, si lo prefieren. Aunque, por encima de todo está el hecho de que la peli al completo ni tan siquiera resulta entretenida... aburre, y lo único que le pido a un producto de estas características es que me entretenga.
Cierto que en -creo recordar- el Festival de Venecia la sala se iba vaciando a velocidad de vértigo. Bien, no es ese el festival más adecuado para pasar "Machete", pero lo comprendo. A pesar de ello, Robert Rodriguez estaba tranquilo, sabía que al resto del público lo tenía convencido de antemano. El éxito del falso trailer y el jolgorio despertado fue tal, que iba a resultar muy difícil que los acólitos de este no gozaran positivamente de la versión largometraje. Vamos, que iban dispuestos a que la peli les molara, aunque hubiese sido un plano fijo de Rodriguez echando una ñorda (que más o menos, es lo que viene a ser "Machete"). Los críticos, esos que van de enrollaos y cobran de las distribuidoras para hacer crónicas positivas, recurren a lo único que se les ocurre, la cantinela inevitable, "Homenaje a la serie B de los 70 y a las películas de venganzas de los 80", ¡¡¡¡sí claaaaaaaaaro!!!! mogollón. ¿Dónde está en el largo -y malo- chiste de Rodriguez la verdadera mala leche, la verdadera violencia, el verdadero sentido de disfrutar de una venganza? (las muertes de los malos en aquellas eran despiadadas y crueles, ¡no como aquí!).
Yo supongo que Rodriguez ha querido hacer una peli mala de modo voluntario, pero lo ha hecho tan "bien" que, sencillamente, le ha salido una peli mala de verdad... o una mala peli mala hecha expresamente. ¿Ejemplos mejores?, "Starship Troopers" era exactamente eso, solo que mucho más lograda y bastante más inteligente en su sentido de la parodia. Paradójicamente, cagándola de ese modo "Machete" sí se acerca al verdadero "grindhouse" en un aspecto. Los trailers de esa clase de cine solían ser mucho mejores que el film resultante... y aquí ha pasado exactamente eso. Hollywood sigue sin entender/comprender la serie B/Z, el trash y el exploitation... así que lo mejor que pueden hacer es dejarlo tranquilo y meterse en sus cosas. Gracias.

lunes, 6 de febrero de 2012

EL FANTASMA DE LA ÓPERA (1989)

No contento con ensuciar la memoria de Edgar Allan Poe a base de infra-adaptaciones videocluberas, el legendario exploiter Harry Alan Towers (ayudado por Menahem Golan desde su flamante/fugaz "21th Century"), decidió que tocaba echarle el guante a otro clásico y someterlo a un baño de modernez. El elegido fue Gaston Leroux. Robert Englund, entonces en la cresta de la ola e imagino que hasta los cojones de tener que actuar con la cara llena de potingues, interpreta al fantasma (¿¿"Freddy goes to the opera"??).
En fin, la trama ya os la sabéis: Compositor brillante pero condenado por su rostro deforme, se oculta en las catacumbas de una ópera. Enamorado de la aspirante a protagonista en la función que se estrena en ese momento, relegada a sustituta de la odiosa diva de turno, hace lo que está en su mano -es decir, aniquilar- para que la chica escale puestos. Por aquello de darle un toque distinto, a la narración se le añaden elementos extraídos de "Fausto" (este fantasma no sufre los avatares de un ataque con ácido, sino que vende el alma al diablo para que su música sea eterna) y Jack, el destripador (el mozo corretea por las callejuelas de la ciudad, con capa y sombrero, matando incautos viandantes a los que despelleja). De hecho, también podríamos añadir en el pack a "La matanza de Texas", ya que el fantasma cubre su horrible faz con la piel humana que extrae en sus fechorías. Justamente, la única escena genuinamente potable es aquella en la que procede al cambio con todo detalle (minuto 56).
Y digo "la única escena..." porque mucho me temo que "El fantasma de la ópera", versión Englund, no funciona. Sus artífices intentan dotarla de un rollo moderno, con un poco de gore, un malvado más agresivo y cabrón, en definitiva, un tono más pensado para las plateas adolescentes. Sin embargo, al mismo tiempo lo mezclan todo con un rollo clasicorro, pretendidamente elegante y estéticamente barroco. Intenta ser muy bonita visualmente, y tal vez lo sea, pero ambos lenguajes no casan bien. Ninguno de los dos manda sobre el otro, y el resultado se resiente. Es imposible que esta peli, con todo el paripé de época, las escenas de ópera y los mariconismos forzados, pudiera satisfacer al aficionado jovenzuelo medio, más acostumbrado a cosas video-cliperas y truculentas. Probablemente ese fue el motivo de su fracaso (y dolió, porque sin ser una superproducción, se nota que hay bastante guita invertida en el asunto). Contribuyen a ello el aburrimiento, el que no logre interesarte en ningún momento (salvo la secuencia comentada del "desmaquillado"), el inicio y el final situados en tiempos "actuales" carentes de sentido, y el desenlace, una gilipollez interminable.
Acompaña a un sobreactuado Englund, Jill Schoelen, que has visto en muchas pelis-mierdas como "Curse 2: the bite", "Clase sangrienta" o la secuela telefílmica de "Cuando llama un extraño". Dirige Dwight H. Little, que venía de facturar la cuarta parte de "Halloween" y luego hizo "Señalado por la muerte" para Steven Seagal y "Rapid Fire" para Brandon Lee. Al muchacho no debió irle muy bien porque acabó prisionero de la caja tonta (hasta hoy).
Muy olvidable. Se nota que fue parida un año antes de arrancar los horribles 90.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

LOS MERCENARIOS 2

Stallone vuelve a juntar a su panda de amigos y se ruedan una segunda parte de Los Mercenarios, que al no tener que presentar personajes va mucho más fluida y la acción es más satisfactoria. En esta ocasión las labores de dirección las lleva a cabo Simon West, quedando Stallone libre para actuar, o lo que es lo mismo en su caso, poner caritas, hacer chistes malos y repartir unos cuantos kilos de ostias.

Principales diferencias con la anterior entrega, Jet Li solo aparece al principio, Mickey Rourke, no está ni en los créditos, pillan a una china para sustituir a Li, Schwarzenegger y Willis tienen algo más de papel, aparece Chuck Norris en una especie de cameo alargado, y el villano de turno lo interpreta Van Damme. La historia es lo de menos, pero como sino metes una en un guion siempre habrá alguien que se enfade, pues meten la primera parida que se les ocurre. Stallone tiene una deuda pendiente con Willis, si este y su equipo recuperan una carga de un avión que ha sido derribado, la deuda quedara saldada. En la operación les encasquetan a la china que comentábamos antes, y cuando llegan al avión, el grupo terrorista de Van Damme les roban la carga y matan al francotirador de los mercenarios (un chaval joven que meten en el grupo para poder matarlo y así tener un venganza que llevar a cabo) Tras el asesinato del joven, Stallone y sus chicos perseguirán al grupo de Van Damme para zurrarles la bandana. Y eso es todo.

El guion no será nominado al oscar (ni falta que le hace) pero el espectador, se lo pasara más que bien con las bromas y chascarrillos chorras de los protagonistas. Las peleas y tiroteos tampoco están nada mal, y la pelea final entre Stallone y Van Damme sin ser nada del otro mundo, cumple perfectamente con su papel de clímax final. Una nota curiosa que no se si sería cosa mía o es que realmente paso así. Al principio del filme Statham hace muchos gestos con las manos, y hace un gesto típicamente chino, que es señalarse a sí mismo cuando dice algo que se refiere a sí mismo. No sé si seria por estar cerca de actores orientales, que como nos pasa a muchos cuando vamos a una zona donde hay un acento muy marcado, se nos pega, pues algo parecido pero con los gestos. Puede que sea cosa mía, pero cuando veáis la película, fijaros en las escenas del principio cuando habla con Stallone mientras están en el avión. Pero ojo que igual es cosa mía.

Deseando que se haga ya mismo la tercera entrega en la que ya se rumorea como confirmados (ya veremos más adelante) a Nicolas Cage y Jackie Chan. El que parece que se hace de rogar es Steven Seagal. De Harrison Ford y Clint Eastwood ya se puede ir olvidando Stallone y todos nosotros, porque no aceptaran ni jartos de grifo, y es una lástima, porque la saga Mercenarios no será lo máximo en calidad y arte, pero como reunión pajera de los reyes del musculo, vale mucho.

viernes, 2 de marzo de 2012

EL HOMBRE QUE NUNCA ESTUVO ALLÍ (1983)

De chaval esta caratula que ven me tenía fascinado. Ese hombre invisible de alegres calzones, con pajarita jamesbondsiana y misteriosos guantes blancos, prometía horas de diversión y regocijo. Encima, el llamativo amarillo como color de fondo le daba un rollo comic muy atractivo. De prota, un Steve Guttenberg pre-"Loca academia de policia". Y como suele pasar en estos casos, la alquilé, la vi, me decepcioné, la devolví y una vez más reafirmé -y en esa época era importante, ya que me encontraba en plena edad de desarrollo y crecimiento- que una caratula guapa no siempre -o casi nunca- parapeta una peli molona.
Ayer noche la volví a ver. Por segunda vez en mi vida. Y de nuevo la lógica se imponía: Sí, no hacía falta ser muy listo (ni muy tonto) para comprender por qué "El hombre que nunca estuvo allí" (no confundir con la posterior película de los Hermanos Coen de idéntico título) hace aguas por todas partes.
Concebida cual comedia con toques de thriller y ciencia ficción bajo mínimos, la cosa va de un pavo que el día de su boda presencia el asesinato de un hombre invisible, con tan mala pata que los testigos le creen a él culpable. Así que huye, no sin antes recoger de manos del cadáver una pócima... la misma que le vuelve a uno invisible, of course. En medio de este paripé, aparecen varios personajes de distintas potencias mundiales obsesionados en hacerse con el mágico líquido, así como la amiga de la novia que está secretamente enamorada del prota. Este se valdrá de su nuevo poder para escapar de los malos y resolver el entuerto. El final es de órdago (por malo) y muy oportuno en lo referente a solventar las dudas amorosas de Guttenberg.
En fin, ¿qué puedo decir?, que "El hombre que nunca estuvo allí" es tirando a torpe y aburridilla. Digamos que como comedia alcanza niveles de chorrismo excesivamente hirientes (y poco divertidos), como peli de acción o thriller anda más bien escasa de material espectacular y que el tema de la invisibilidad lo tocan demasiado poco... y mal. Los efectos especiales son muy horribles, sobre todo cuando se valen del efecto croma, que es casi siempre. Probablemente parte de la culpa la tenga el hecho de que en su momento este film llegó a los cines luciendo efecto 3D (del de antes, del que dolía a la vista), y todos los trucajes de las pelis en relieve de la época, al ser desprovistos de sus colores rojo y azul, cantan más que una almeja maloliente.
Al final lo realmente diver de la experiencia es ir reconociendo a los numerosos rostros más o menos populares que pululan por la peli, y que son unos cuantos. Destaco los siguientes: un William Forsythe muy jovencito haciendo de punki malo maloso. Don Calfa, el Ernie Kaltenbrunner de "El regreso de los muertos vivientes", al que casi ni ves... aunque el que se lleva la palma es Miguel Ferrer, el ejecutivo hijoputa de "Robocop", en un rol de camarero que, si pestañeas, te perderás. Completan el cuadro dos gloriosas "scream queens" de la década, Brinke Stevens y Michelle Bauer, haciendo lo que mejor saben: enseñar teta en una escena de ducha.
Y hablando de tetas, sorprende bastante lo mucho que las luce la chica protagonista, Lisa Langlois (la punka mala de "Curso 1984"). De hecho, protagoniza una escena de sexo que, imagino, en su época se pretendía chocante, original y bizarra, durante la que la moza se morrea y fornica pues, bueno, con nadie... con un hombre invisible. Y la verdad es que lo hace jodidamente mal, totalmente anti-natural, pero verla ahí con la boca abierta y la lengua fuera dando un morreo al aire, tiene su morbo. Y pa morbo, el momento fugaz en el que "Mahoney" ¡¡enseña la pilila!!. Tomen nota.
El director del estropicio, Bruce Malmuth, es un personaje bastante interesante. Un año antes había dirigido a Sylvester Stallone en "Los halcones de la noche" y unos después trataría cara a cara con Steven Seagal en "Difícil de matar" y Dolph Lundgren en "Pentathlon". Además el tio era actor y sale en los dos primeros "Karate Kid". Hoy anda más muerto y enterrado que mi bisabuelo.
En fin, "El hombre que nunca estuvo allí" (versión 1983) es una comedia super-mediocre que solo recomendaría a muy nostálgicos y fans de Steve Guttenberg... si es que existe tal cosa.