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martes, 3 de julio de 2018

EL REPUBLICANO

Suele ser habitual que los directores principiantes pongan bastante de sí mismos a la hora de realizar sus óperas primas: en el caso concreto de “El republicano” esta refleja a la perfección el recorrido biográfico, tanto vital como profesional, de su máximo responsable, el actor David Arquette, más conocido entre los aficionados por interpretar al pusilánime Dewey Riley de la saga “Scream”. De esta manera, Arquette tuvo por un lado la suerte de nacer y crecer en una comuna junto a sus padres y a sus cuatro hermanos, los también actores Alexis, Richmond, Rosanna y Patricia. Mientras asistía al desmesurado e imparable desarrollo de los atributos de sus hermanas mayores, y seguramente con el objetivo de alejar todo tipo de pensamiento incestuoso de su mente (esto es sólo una suposición mía) el pequeño David optó por compensar la libertad y el buenrollismo post-hippie que reinaba en su familia refugiándose en los cines de reestreno y de programa doble, en los cuales - y al mismo tiempo que se hacía fan de clásicos del terror de la Universal como "Drácula" o "Frankenstein" - también se fue aficionando al cine de supervivencia tan característico de los 70 así como al slasher de principios de la siguiente década, encontrándose de este modo entre sus favoritos títulos como "Deliverance", “Viernes 13” o, muy especialmente, “La última casa a la izquierda” y el “Halloween” carpenteriano.
El hecho de que su adolescencia transcurriera en el nucleo más duro de la era Reagan unido a la relación de amistad que mantuvo años después con Wes Craven, merced a su colaboración en la saga protagonizada por ghostface, hicieron el resto a la hora de decidir el tema de su debut tras las cámaras. Tan dispares elementos confluirían un día en la cabeza de Arquette mientras éste se encontraba asistiendo a un concierto de reggae que se celebraba en plena naturaleza con motivo de la conmemoración de "el día de la marihuana", también conocido como "el día internacional de la fumada de porros" (¿?) que se celebra todos los años el 20 de abril. Según recordaba Arquette: "Debido a la desorganización que imperaba en aquel festival empecé a emparanoiarme. Tenía la sensación de que todo estaba fuera de control. Luego, y para empeorar aún más las cosas, cuando se hizo de noche estaba todo tan oscuro que no era capaz de encontrar a mis amigos, ya que a ninguno de nosotros se nos ocurrió llevar una linterna al evento. Justo en ese momento me dio por pensar, "¿No sería genial que a alguien se le fuera la pinza y comenzara a cargarse a todos estos hippies?" De esta manera, a partir de la idea de realizar un body count protagonizado por un asesino en serie de ideas conservadoras, y teniendo como mayor punto de referencia a la propia saga "Scream" y su desmitificador sentido del humor, Arquette y el guionista Joe Harris ("Darkness Falls") pergeñaron un slasher de manual que incluye absolutamente todas las constantes que caracterizan al subgénero: de esta forma, aquí no faltan el psychokiller enmascarado que oculta un trauma de niñez, el grupito de neohippies que viaja en una furgoneta, y que tendrán el inevitable encontronazo con un grupo de rednecks de camino al concierto, así como el viejo que alerta de la amenaza que se oculta en el bosque o la consabida final girl, interpretada en esta ocasión por la deliciosa Jaime King ("Sin City").
Lo mejor, y a la vez lo peor, de esta película es que a pesar de incluir referencias postmodernas a "El equipo A" o a "El exorcista" sus responsables se atienen de una manera tan estricta a las reglas del slasher que "The Tripper" acaba siendo exactamente igual de coñazo que los títulos más representativos del género, con el agravante de que éste que nos ocupa ni siquiera es tan original (en lo que respecta al slasher con connotaciones políticas, Larry Cohen ya se les adelantó unos años antes con "Muerto el 4 de julio") ni tampoco tan gracioso como se pretende, por mucho que cuente con el plus de presentar a un sosias de Reagan que, hacha en mano, se dedica a desmembrar jipiosos.
De todas formas, y a pesar de sus puntuales aciertos, es una pena que Arquette no muestre aquí el talento suficiente para llevar el género un poco más allá como sí lo hizo en cambio a lo largo de su carrera, y en más de una ocasión, su mentor Wes Craven: así las cosas, la sátira y el metacine se desestiman en favor de los consabidos chistes de fumetas y la oportunidad de crear a un nuevo icono del terror a partir de la figura de este "The Tripper" se desaprovecha al mostrarse Arquette incapaz de otorgarle una personalidad propia que defina y distinga a su protagonista de los Michael Myers, Jason Vorhees y compañía. Al menos sus responsables no escatiman a la hora de desplegar a lo largo del metraje un gore bastante burro y escatológico y de mostrar sin ningún tipo de tapujos culos, felpudos, tetas y pollas hippies: algo es algo.
En su magnífico reparto, y junto al propio director, nos podemos encontrar con un Thomas Jane que por aquella época estaba casado con Patricia Arquette, y que acababa de encarnar a "El castigador", Lukas Haas ("Unico testigo"), Balthazar Getty ("Carretera perdida"), Paul Reubens (¡el mismísimo Pee-Wee Herman!), así como los cameos de Wes Craven y Courteney Cox (esposa por aquella época de Arquette) o a un Jason Mewes ("Clerks") que aquí, y para variar, también interpreta a un fumeta que va durante toda la peli más puesto que Maradona en una rave, seguramente tanto delante como detrás de las cámaras.
Aunque como ya apuntábamos sea un poco aburrida y previsible y falle asimismo a la hora de seguir los pasos de los superiores modelos en los que se mira, gracias a lo atractivo de su premisa y a su falta de pretensiones "El republicano" resulta ser al final, y a pesar de su mediocridad, una serie B inevitablemente simpatica. Así las cosas, si eres un fan curtido del género su visionado ni te cambiará la vida ni tampoco te defraudará en exceso. Una peli del montón, en definitiva.

sábado, 10 de enero de 2015

HOUSE 3

A raíz del fenómeno Freddy Krueger muchos fueron los productores avispados que intentaron subirse al carro del dinero fácil rodando epopeyas horroríficas situadas en el mundo de los sueños y las pesadillas.
De entre todos esos desalmados hombres de negocios destacó Sean S. Cunningham, frustrado / resignado papá de la franquicia "Viernes 13", y no porque su apuesta resultara ni mejor, ni más estimulante, sino por su vinculación previa con Wes Craven, creador de "Pesadilla en Elm Street", con quien durante los setenta se asoció para esputar la epatante y clásica "La última casa a la izquierda". Ya suena un tanto rastrero que Cunningham robara a su ex-partner, pero la cosa empeora si comparamos las tramas de esta "House 3" con "Shocker, 100.000 voltios de terror", película del mismo Wes Craven en la que, auto-plagiándose, intentaba repetir el éxito del de las garras. Son sumamente parecidas y ambas vienen fechadas en el mismo 1989, lo que aún añade más misterio.
Un súper-asesino del copón bendito es capturado y llevado a la silla eléctrica. Una vez sentado y enchufado, tarda un huevo en palmarla. Muerto su cuerpo físico y convertido en una especie de electro-fantasma, se tomará la revancha puteando a conciencia al policía que le detuvo.
Leída la trama de base, además de corroborar el mentado parecido con "Shocker", nos percatamos de que su vinculación con las dos "House" previas es prácticamente nula. Efectivamente, que se la bautizara como la tres fue cosa de los productores, que por algún motivo desconocido pensaron que funcionaría de fábula en el mercado no-yanki. Pal autóctono conservó el original, "The Horror Show", muy "cool"... demasiado incluso para la peli que parapeta. ¿Por qué?, pues porque "House 3" es, ante todo, terriblemente previsible, formuláica y angustiosamente aburrida. Sin alma. Que sí, que está decentemente facturada a un nivel técnico, pero eso a mí ya no me impresiona ni me vale.
Curiosamente estamos ante un producto que sirve de casi perfecto puente entre el terror ochentero, del que toma prestado un gore sorprendente en su gran guiñolismo (cadáveres metidos en trituradoras, cuerpos mutilados por doquier, incluso una niña decapitada) y el terror noventero, como cierto humor mal incorporado –práctica esta que los supuestos expertos otorgan a la década de los 80, pero que yo no comparto- y, obvio, el abuso de sustos baratos (el gato saliendo disparado del interior del armario a ritmo de "marramiau!". Mira que he convivido con felinos muchos años y jamás he visto ninguno que se encerrara dentro del armario y se quedara ahí, esperando en silencio durante horas, a que algún incauto abriera la puerta) o de efectos especiales grotescos que arrasan con toda posible verosimilitud y malrollismo. A pesar de este último dato, "House 3" sufrió los temibles envites de la censura, que se encargó de hacer desaparecer para siempre algunos momentos de puro "shock" (que no "Shocker"), como este mismo que les dejo aquí al ladito, con el protagonista abriéndose el pecho de par en par y mostrando su sufrido corazón.
Viendo "House 3", las deudas que arrastra con la calle Elm saltan a la vista. Dejando a un lado todo el tema de pesadillas y surrealismo de andar por casa, tenemos la inevitable fábrica humeante como guarida del malo, el sótano misterioso con su descontrolada caldera y un asesino que mata desde un plano sobrenatural, puede suplantar personalidades y gasta un nombre tan chanante como el de "Max Jenke". Añádanle al pack una tendencia a hacerse el graciosillo y adoptar formas monstruosas totalmente "kruegerianas". El gran problema aquí es que esa actitud desenfadada no le pega nada siendo como es -sobre todo antes de mutarse a pseudo fantasma- un personaje fundamentalmente desagradable y antipático. Su risa burlona o su estúpida conversión a "monologuista macabro" en uno de los peores gags de toda la puta película, se notan extremadamente y erradamente forzados. Tal vez en ese sentido funcione mejor la mención de Don Johnson como la polla más deseada por la platea adolescente en aquellos tiempos. Claro que ahí entramos en el terreno de la comedia involuntaria.
En el reparto localizamos a peña tan carismática como el eterno Lance Henriksen. Brion James en su salsa -hacer de malo se le daba muy bien- explotando al máximo ese inimitable careto de pervertido. La preciosa Dedee Pfeiffer como teenager desbocada (incluida escena de ducha, aunque la doble de cuerpo canta tanto como esas negras prendas indiscretas que lleva encima de las tetas –¡rima!-). Aron Eisenberg es el bizarro adicto al heavy metal de andrógina sexualidad. El legendario Lawrence Tierney se reserva un rol la mar de escueto. También nos damos de bruces con el televisivo Matt Clark, Terry Alexander (el prota "de color" de "El día de los muertos") y Lewis Arquette (cabecilla del clan Arquette y que llegó a participar en cosas como "Porquis 13" –no confundir con “Porky´s 13 en Vietnam”-).
Y lo que tenemos tras las cámaras es puro culebrón. Aunque el director oficial que aparece en los créditos es el prematuramente fallecido James Isaac (responsable de "Jason X" o "Pig Hunt", después de cambiar el taller de efectos especiales por la silla del dire), en realidad "House 3" arrancó con otro al volante, el Neozelandés David Blyth ("Death-Warmed Up/Experimento Mortal") en una desesperada y fallida intentona por labrarse una carrera hollywoodiense. Desconozco qué motivó su despido, pero probablemente no sea una historia precisamente bonita.
Como tal vez tampoco lo sea el hecho de que uno de los co-guionistas, Allyn Warner (de notable carrera previa en televisión y que después de "House 3" no volvería a hacer nada más), decidiera aparecer acreditado como Alan Smithee... ya saben, el pseudónimo oficial que todo profesional del cine utiliza cuando reniega de su labor, generalmente por intromisión de un ente ajeno. Al otro escribiente, Leslie Bohem, las cosas le fueron mejor. Debutaba con "House 3" y seguiría con la casi ofensivamente lógica quinta parte de "Pesadilla en Elm Street" (imagino que su expolio sería lo suficientemente correcto como para que los productores de la saga original le consideraran una opción válida), "Sin escape (Ganar o morir)" pa luciminto de Van Damme, "Pánico en el túnel" pa lucimiento de Stallone, la risible "Un pueblo llamado Dante´s Peak", el super-batacazo "El Álamo - La leyenda" o la "story" de "La hora más oscura".
De los efectos especiales se responsabiliza la inevitable "KNB Group" y de la música el eterno socio de Sean Cunningham, Harry "Viernes 13" Manfredini. Y ya que hablamos de la famosa saga, también localizamos a Kane Hodder ejerciendo de "stunt". Una gran familia feliz.
Para despedirnos, algo de friquismo (¡¿más?!): No podía pasar por alto el cartel de la película. Aunque suene redundante... que levante la mano el que no haya visto esa misma mano abierta en tropecientos mil posters más. Sí amigos, estamos ante uno de aquellos inolvidables iconos de la subcultura del “jetismo caratulil” que tanto nos pone, muy representativa de los años 90. Algún día dedicaré un artículo/repaso a todo ello, lo mismo que a las secuelas falsas que el mercado italiano se sacó de la manga con "La casa" como palabro recurrente. Aunque esputada a raíz del primer "The Evil Dead", dicha franquicia de mentirijilla afectó también -lógicamente- a los "House" producidos por el Sr. Cunningham, incluida aquí esta tercera parte que en esos lares se lanzó como "La Casa 7", nada más y nada menos.
Pero todo ello lo dejamos para más adelante... de momento quédense con que "The Horror Show" es rematadamente mediocre y recomendable de modo exclusivo a completistas del terror yanki con más moral que el Alcoyano.

sábado, 8 de noviembre de 2025

LA RESURRECCIÓN DEL MAL

Hace casi quince años aseguraba con bravuconería que jamás vería esta película. Y aquí me tienen, escribiendo sobre ella. ¡Ay, bocazas!. ¿A causa de qué solté tal sentencia? Pues acababa de pimplarme el título que la precedía, "Algunas veces ellos vuelven", telefilm basado en un relato de Stephen King cuyo éxito generó dos continuaciones directas a los estantes del vídeo-club que, dado el escaso entusiasmo provocado por aquella primera dosis, decidí ignorar. Concretamente, esta segunda juega al papel de remake disfrazado. Carece de conexión narrativa con la previa, pero viene a repetir el mismo esquema argumental salvo puntuales variaciones. Por lo que, si la presencia de King en aquella ya sería algo diluida (considerando que convertía en largometraje un relato corto), aquí directamente pasa a excusa.
Los gamberros del pueblo (el "leitmotiv" de la franquicia) son tan malos que realizan rituales satánicos. Aquello que un chaval es testigo de cómo sacrifican a su hermana de dieciocho recién cumplidas primaveras. Lógicamente ofuscado, acaba con ellos en plena celebración de la efeméride diabólica. Pasan treinta años, ahora el chaval es padre soltero de una hija apunto de cumplir mayoría de edad. Ello provoca que los gamberros regresen de los avernos con intención de usar a la moza para concluir el ritual interrumpido en su día.
Cambiar la tele por el vídeo-club (suspiro...) aporta ciertas ventajas, como poder incluir algo de sangre (muy comedida. De efectos especiales prácticos la cosa anda bien, aunque parapeten muertes tan risibles como la chavala cosida a "cartazos". Los visuales, en cambio, resultan menos convincentes, rozando por momentos un doloroso cutrismo) y unas pocas tetillas bonitas de ver. Pero ahí termina toda diferencia. Como producto noventero de terror de escaso montante, "La resurrección del mal" (traducción porculera de "Sometimes they comeback... again", "Algunas veces ellos vuelven, otra vez"), se deja ver sin mayores aspavientos. Es puro "fast food" de manual, con algunas salidas narrativas ridículas, de esas que parece que te tomen por tonto (como ver al protagonista librarse alegremente y sin mayores dificultades de la cadena que le inmoviliza. O la desesperada búsqueda de un objeto que, al final, resulta estar a la vista, fácilmente localizable...) y un "tic" muy irritante y de su tiempo, las maneras "a lá Freddy Krueger" que gasta el satánico jefe de la pandilla, es decir, "verborreando" hasta el paroxismo cada vez que asesina a alguien a base de pretendidas gracietas (algunas tan lamentablemente inimaginativas como cuando a un manco recién amputado le suelta aquello de "Gracias por echarme una mano").
A este le otorga (sobre)vida Alexis Arquette, perteneciente a la famosa casta y de rostro bastante peculiar. Llegó a dejarse ver en "Pulp Fiction" y luego fue el novio gótico de "La novia de Chucky" (donde, esta vez, él era el sacrificado durante un ritual). Posteriormente cambió de sexo, pero apenas tuvo tiempo de disfrutarlo ya que falleció en 2016.
Se enfrentan a él Michael Gross, eternamente ligado a la "sitcom" "Enredos de familia" y a otra franquicia segundona, "Temblores", y su hija, interpretada por una jovencita y muy bella Hilary Swank años antes de dar el salto a primera división. Les acompañan Patrick Renna, al que reconocía por su oronda figura y feo careto. Creía situarle en alguna película de cierto peso, pero no, se trata del tardío y aburrido slasher "Dark Ride" ("La casa del terror" en las españas). Su físico también le llevó a formar parte del cast de una comedia -igualmente tardía- de "National Lampoon", "Escuela de novatos". Otro rostro bastante familiar es el de Molly Hagan, que "En la resurrección del mal" hace de sheriff.
Igual que "Algunas veces ellos vuelven", y varias de las adaptaciones de Stephen King de esos años, produce -entre otros- el ex-"Amicus" Milton Subotsky. Guioniza Guy Riedel (siendo el único libreto de su filmografía, más centrada en labores de producción) a pachas con el director debutante, Adam Grossman. La experiencia le otorgaría puntos para responsabilizarse dos años después, bajo mandato "productil" de Wes Craven, de "El carnaval de las almas", supuesto remake de aquella cult-movie aburrida de cojones y con la que nunca he conseguido congeniar, "Carnival of Souls". Las malas críticas y, presupongo, escasa recaudación le condenaron a la inopia, salvo cuando co-escribió el guion de, justo, la tercera parte de la saga que nos ocupa, "Sometimes They Come Back... for More" ("Algunas veces ellos vuelven... a por más"), aquí marcianamente titulada "Infierno blanco" y situada esta vez en el inhóspito escenario de una base científica del ártico. No me pregunten sobre ella porque, ciertamente, mis recuerdos son escasos... casi inexistentes.

lunes, 12 de junio de 2017

FUNNY BABY

La última película de Gene Wilder como protagonista, data de 1990, y no podía ser más desafortunada y pringosa.
No se dejen engañar por el póster; si en este bien podemos pensar que se trata de un film de hombre maduro lidiando los envites de aun alocado bebe al estilo de otras “Baby Movies” como “Mira quien habla”, “Baby, tu vales mucho” o “Las Locas peripecias de un señor Mamá”, nada estaría más lejos de las intenciones de la película. Para empezar, el título original anglosajón, nada tiene que ver con el título castellano, paradójicamente, también anglosajón… Así, “Funny Baby” no es más que la estúpida traducción que se le hace al original “Funny about love”. Así que de bebes cagándose por los pasillos, o correteando peligrosamente por las cornisas de un apartamento de Manhattan, nada de nada. En realidad, ni tan siquiera es una comedia. Se trata de un melodrama de corte absolutamente televisivo que trata los problemas y/o consecuencias de un matrimonio incapaz de tener hijos, lo que desemboca en cabreos, divorcios, y  nuevas parejas. Con un contenido más dramático que cómico, si acaso hay una pátina de esto último en una escena “slapstick” en la que Wilder se ha de lavar las manos antes de masturbarse para una inseminación in vitro. Pero encima, esa secuencia estaría incluso mal construida.
Es tan pija y tan pretenciosa esta película, que su concepción se debe a un artículo sobre parejas infértiles de la revista de tendencias “Esquire”.
Gene Wilder, a punto de entrar en su conocida depresión, evidencia síntomas de cansancio, y ni por asomo le vemos en ese alarde de energía de títulos anteriores, lo que es una absoluta pena. Ya para el cine, después de esta, solo le veríamos en su última reunión con RichardPryor en la nefasta “No me mientas, que te creo” y el resto es historia.
El dato marciano y de interés, radica en su director, nada menos que Leonard Nimoy, el mítico Doctor Spock de la saga original de “StarTrek”, quien teniendo una carrera paralela como realizador, además de dirigir un par de entregas de la saga que le convirtió en un icono, se dirige unas cuantas películas, rancias, que denostan los intereses del director. No contento con esta “Funny Baby” tan espantosa, también es el responsable de “Tres hombres y un bebé”, remake americano del éxito Francés “Tres solteros y un biberón” en la que tres solteros tendrán que cuidar a un pequeño bebé, “El precio de la pasión”, sobre el divorcio y las relaciones materno filiares y con Liam Neeson,  o “Esposa por herencia” dónde Patricia Arquette  se tendrá que casar con el hermano de su novio (¡) y entrar a formar parte de una comunidas religiosa estricta. Por lo que, ya se ve por dónde iban los tiros, pero matrimonio, divorcio, paternidad, le traían de cabeza al bueno de Spock. ¡Qué cosa más rara!
La película no se estrenó en cine en nuestro país. Cuando una película de estudio llegaba en plenos 90 directamente al videoclub, era porque, o había hecho muy mala taquilla, o era espantosa y las posibilidades de explotación aquí eran mínimas; “Funny Game” no hizo mala taquilla del todo en los USA.
Eso si, bien reconocible en videoclubes su carátula, muchos la alquilarían pensando que iban a desternillarse; craso error.
Junto a un reparto que no me importa un rábano, destaca en el mismo la presencia de una jovencita Mary Stuart Masterson, antes de convertirse en una estrella fugaz, pegando polvos con un Gene Wilder a punto de cumplir los sesenta tacos.
Muy flojita, la verdad.

sábado, 5 de marzo de 2022

SCREAM 2022

Cuando me enfrento a la enésima entrega -tardía y motivada por la nostalgia más mercantilista- de un film de mi género favorito, tiendo a deglutir todas las pelis precedentes, en orden, antes de llegar a la más reciente. Es un juego divertido que incluye ver evolucionar la historia y envejecer a los personajes / actores. Procedí así con la saga "Saw", por ejemplo. Ahora, con el lanzamiento de la nueva "Scream" (la quinta, aunque no lo ponga en el título), me animé a repetir la hazaña. Vi las cuatro previas. A una por día. La intención original consistía en escribir sobre todas. Un repaso escueto, pero conciso, como el que en su día dediqué a "Phantasma". El problema es que, a rasgos generales, las "Scream" movies no me inspiraron ni una sola línea. Seloplico...
Nunca he sido fan de la saga. Reconozco que el primer "Scream" -que vi en su día en el cine- dispone de un sutil encanto. Es razonablemente entretenida. Un genuino film de terror. Las tonterías posmodernas y auto conscientes aún suenan algo novedosas. Y se ciñe con bastante dignidad al modelo slasher. Es cierto que sus tics noventeros irritan (ese reparto repleto de niños guapos, blanquitos y ricos, la sobre iluminación, la ausencia de genuinos elementos exploitation), pero incluso, vistos hoy, tienen su gracia. Así que esta puedo tolerarla. Sin embargo, las consiguientes continuaciones son terriblemente malas. De la segunda a la cuarta. En muchos casos casi parecen telefilms. Y ni siquiera de terror. Da la sensación que en cualquier momento, en cualquiera de ellos, entrará en escena Angela Lansbury.
Tal vez por eso afronté este "Scream 2022" con desgana (aunque curiosidad). Y, tal vez, esa es la razón por la que me sentó mejor. O quizás sea, simplemente, una buena película, lista para ver y olvidar. 
La cuestión es que entramos en el terreno de lo que, en la misma trama, califican de "recuela". Es decir, un remake disfrazado de secuela tardía y que incorpora personajes avejentados de los films "antiguos". En este caso Neve Campbell, David Arquette, una feísima Courtney Cox (da grima compararla con la versión monísima y pizpireta que aparecía en "Masters del universo") y Skeet Ulrich. Podríamos añadir también a Marley Shelton, que salía en la cuarta. Estos se entremezclan con los personajes nuevos, una panda de jovenzuelos no excesivamente repugnantes (y donde, por supuesto, caben un gay, una lesbiana y uno de piel tirando a oscura). Juntos tendrán que descubrir la identidad del nuevo Ghostface, al que le ha dado por asesinar peña relacionada con aquellos que murieron en las pelis previas. Los crímenes son un pelín más gráficos de lo que la franquicia nos tenía acostumbrados (¡¡han tenido que pasar 26 años para ello!!). Y, esto sí sorprende, la figura del psycho-killer resulta más amenazante que nunca. Impone, a pesar de lucir el disfraz reglamentario que todos conocemos. Eso significa que, por primera vez, alguien ha sabido filmarlo debidamente. ¿Tal vez el problema que tenían los "Scream" precedentes era.... Wes Craven? Al fin y al cabo, ya entonces encajaba como un guante en el rol de "cineasta maduro hastiado de su vinculación con el género". En esta ocasión no dirige por razones obvias, de eso se encargan Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett, responsables de una peli que parece gustar a todo el mundo menos a mi, "Noche de bodas". Tampoco el guion es de Kevin Williamson, sino de  James "Zodiac" Vanderbilt y Guy Busick quien, por cierto, ha escrito la nueva "Destino Final". Ambos se aferran bien fuerte, y con delectación, a los tropos de la franquicia. Si en las entregas previas se hacían "discursos" -tirando a críticos- sobre la nueva tendencia en cine de terror del momento, ahora toca meterle un -merecido- cachete a esa cosa aburrida y pedante que algunos llaman "terror elevado" (la única que me funciona del pack es "Midsommar"). Luego, la "friki" del grupo (que pal caso folla con otros coños, todo un cambio) suelta un "speech" muy logrado, y perfectamente medido, sobre el mentado fenómeno de la "recuelas". Uno que encaja mucho y muy bien en lo que cuenta la misma "Scream 2022".
Pues lo dicho, una cosa más o menos entretenida. Nada que nos haga vibrar, ni saltar del sillón (salvo algunos sustos que te funcionarán si no estás muy puesto en estas lides). Pero se deja ver y, sobre todo, devuelve cierta "dignidad" a la saga, una que no lucía desde 1996.

martes, 11 de noviembre de 2025

REVUELO EN LAS AULAS

“Revuelo en las aulas”, película cargada de buenas intenciones, es una comedia con mensaje social que trata de hacer partícipe al espectador del tipo de dictadura y totalitarismo al que están sometidos muchos estudiantes americanos por culpa de un sistema docente retrogrado que censura las artes y, peor aún, la educación sexual. El film intenta mostrar como los centros de enseñanza suelen estar, en muchos casos, regidos por absolutos ignorantes. Una comedia cuya principal premisa es concienciar al espectador, incluso por encima de que se ría.
Cuenta la historia de un grupo de adolescentes de escuela secundaria que, ante una serie de injustos suspensos ajenos a su nivel de estudio y sí con una serie de cuestiones de índole íntima, se organizan, ayudados por un profesor comprometido con sus causas, para reivindicar sus derechos e intentar cambiar el rectorado de su instituto. Entre medias, se sucederán los amoríos y los romances propios de las “teen movies”.
Se inspira en un caso real y las tres jóvenes en los que se basa el film, que incluso salen entrevistadas al final (resumiendo sus casos con breves pero certeros comentarios), fueron injustamente evaluados en sus colegios, sin ningún fundamento, por sus examinadores. Lanessa Riobe, una muchacha cuya madre tenia Sida, concienciada por el asunto comenzó a ponerse en el instituto una camiseta en la que una inscripción instaba a quien la leyera a usar preservativos. Ese motivo fue más que suficiente para que le suspendieran porque su comportamiento "no era el adecuado". Asimismo, Natalie Young fue suspendida por llevar una camiseta en la que decía “Barbie es lesbiana”, en reivindicación a la opción sexual. En clase de literatura, Rache Boim, fue suspendida por escribir una historia en la que una niña sufría una pesadilla violenta. Y solo por eso ya no le vale el aprobado. Su talento literario en realidad daba lo mismo a los docentes.
Tomando como base estos hechos, se construye la película.
Con un presupuesto de 700.000 dólares, una cantidad tan baja que lo natural es que a poco que estuviera un par de semanas en cartel sacara el doble de beneficios, fue un absoluto fracaso de taquilla. Recaudó tan solo 500.000 dólares. Por otro lado, la crítica fue demoledora con ella y eso acabó de truncar su carrera, aunque lo cierto es que la película, por sí misma, tenía todas las de perder; es un pastiche de conceptos a los que cuesta cogerle el hilo, amén de resultar aburrida como pocas. Por otro lado, todo el asunto de denuncia social resulta poco menos que cargante. Además, si el reclamo principal es el cartel, con su protagonista masculino en posición chulesca, rodeado del resto del reparto femenino y bajo las faldas de una animadora, el espectador se puede hacer una idea errónea de lo que va a ver, y cuando se encuentre con lo que de verdad ofrece “Revuelo en las aulas”, sin duda, se decepcionará. 
Como curiosidad, decir que esta película tiene el récord "Guinness" por incluir en los títulos de crédito el beso más largo mostrado en pantalla, de seis minutos de duración. Antes de que nuestros protagonistas procedan, una voz en off nos anuncia que pretenden batir dicho récord, que estaba en tres minutos y medio... o algo así. Verdaderamente infantiloide, cursi y patético, además de demostrar una cobardía supina al mostrarlo en los créditos finales, en lugar de incluirlo en el metraje de la cinta, rompiendo así el ritmo. Puede que, si lo hubieran hecho, “Revuelo en las aulas” hubiera sido, al menos, osada.
El reparto, lleno de desconocidos, se completa con cameos de menos de un minuto de gente muy famosa como Rosanna Arquette, Adam Arkin, Elisabeth Perkins o Samantha Mathis, que dan vida a padres y profesores de los alumnos.
Dirige, como el que no tiene otra cosa mejor que hacer, Josh Stolberg, dueño de una filmografía de lo más prescindible —incluido un “spoof” de los de la ultima hornada, esto es, más malo que pegar a un padre, “Los juegos del resacón”—, aunque es el guionista de cosas mucho más refrescantes que esta “Revuelo en las aulas”, como pueda ser “Piraña 3D” de Alexandre Aja.
Ni que decir tiene que, en nuestro país, la vimos gracias a los últimos años del videoclub, directamente en DVD.

sábado, 23 de enero de 2021

AMAZONAS EN LA LUNA

Si existe algo próximo a una secuela de la mítica "Made in USA" esa es, indudablemente, "Amazonas en la luna". No ya por su parecido formal, a base de aunar gags donde se parodian anuncios, programas de televisión y películas, también por la incursión directa de personal implicado en aquella y algunas de sus coñas, entre ellas la "aparición" de "Samuel L. Bronkowitz", el ficticio productor de cine que para la ocasión es acreditado como tal en la película dentro de la película. Si en "Made in USA" aquella era una chota a costa de "Operación Dragón", aquí toca reírse de las epopeyas de "serie B" de ciencia ficción cincuenteras (con especial fijación en "Cat-Women of the Moon") a base de diálogos ridículos, guiños (esos trajes espaciales idénticos a los de "Planeta Prohibido"), efectos especiales voluntariamente chapuceros (hilos sujetando planetas y naves) y el constante salto de escenas, ya sea por la interrupción de divertidos cortes bruscos causados por el supuesto mal estado del celuloide, o la lluvia imparable de anuncios/sketchs (en la versión española la locución de los primeros los hace el mismo doblador de "Made in USA"). Estos se dividen entre los graciosos y los insípidos. En el grupo de los primeros tenemos el del hospital donde un doctor pierde el bebé recién nacido de una ilusionada pareja e intenta disimularlo cambiándolo por un "Señor Potato" -siendo a mi juicio el mejor- . El entierro en el que son invitados una serie de famosos cómicos reales yankis que harán coñas a costa del difunto. El programa de misterio donde el mismo presentador se refiere a todo como "chorradas" (impagable la "recreación" del hundimiento del Titanic). El hijo del hombre invisible que no lo es. O el que se nos reserva para después de los créditos, una parodia de la típica película "exploitation" con supuestos fines moralistas. Luego están los flojicos, que los hay, como el del chaval que quiere comprar condones a escondidas y acaba convertido en una celebridad o el del paté que se estira y rebota para mayor regocijo de los invitados a una fiesta. 
Honestamente, "Amazonas en la luna" no es una película con la que te partas de risa, o te descojones hasta las lágrimas. Para nada. Sin embargo, sí resulta un visionado muy entretenido, pero mucho, que te deja una sensación harto positiva y saludable. Sonríes unas cuantas veces y el buen rollo general se te contagia. Será por esa iluminación tan clara (tan televisiva, cosa que opino es expresa) o porque, aunque hay algunos gags de tirón erótico -luego hablamos de ellos-, el humor no es especialmente escabroso ni ofensivo, en este sentido "Made in USA" era mucho más hijaputa. Así que, a pesar de que el nivel de comedia queda lejos de ser excepcional, puede arreglarte perfectamente una tarde sosa o una noche aburrida.
Aunque para excepcional, y sorprendente, el personal implicado tanto delante como detrás de la cámara. Es realmente impresionante, de verdad. Hagamos el repaso completo. Entre los actores más o menos de primera división, localizamos a Arsenio Hall, Michelle Pfeiffer, Griffin Dunne, Joe Pantoliano, Rosanna Arquette, Steve Guttenberg, Henry Silva, Robert Picardo, Charlie Callas, Ed Begley Jr., Kelly Preston, Marc McClure, Andrew Dice Clay, Carrie Fisher y Paul Bartel. Existe una versión de la película para la televisión y el mercado del dvd estadounidense con unos pocos sketches inéditos para nosotros (bueno, no del todo, ya que figuran en los extras de la edición patria) con Jenny Agutter, Bernie Casey, Ronny Cox y Robert Loggia.
Si descendemos unos peldaños y nos centramos en actores más de culto, localizamos a Sybil Danning (básicamente haciendo el mismo papel que luego haría en "Los Dreggs"), William ("Blackula") Marshall, Dick Miller, Lyle Talbot (habitual en los repartos de Ed Wood) y Joey Travolta (hermano de...)
Tampoco se queda corta la lista de cameos, por ahí asoman Forrest J. Ackerman, B.B. King, Ira Newborn (habitual compositor. Suya es la banda sonora de "Amazonas en la luna", salvo cuando usan música de archivo. Sin ir más lejos, en un momento dado podemos oír un tema que también sonaba en el soundtrack de "Creepshow") y el más curioso del pack, Russ Meyer in person.
Ya que hablamos de tetas, la antes mentada ración de erotismo se la podemos agradecer a las presencias y ubres impresionantes de dos chicas Penthouse, Corinne Wahl y, cómo no, la legendaria Monique Gabrielle que se marca uno de los gags más celebrados.
En la dirección, dos que no necesitan presentación: John Landis (sí, responsable de "Made in USA") y Joe Dante. Les acompañan Carl Gottlieb (director de "Cavernícola" pero conocido y respetado sobre todo por su faceta de guionista, donde encontramos "Tiburón 1 y 2" y "Un loco anda suelto"), el legendario productor Robert K. Weiss (a quien debemos la existencia de un porrón de míticas comedias, comenzando por la misma "Made in USA", pasando por "Granujas a todo ritmo" y terminando con la saga "Agárralo como puedas") y el poco llamativo Peter Horton.
La pareja de guionistas, Michael Barrie y Jim Mulholland, eran auténticos maestros de la comedia televisiva desde los años 70, lo que explicaría muy mucho por qué "Amazonas en la luna" se fija en este medio más que ningún otro.
En definitiva, una película altamente recomendable por su buenrollismo y capacidad de amenizar cualquier velada.

sábado, 1 de febrero de 2020

CREEPSHOW TV (1ª PARTE / INTRODUCCIÓN)

Los que me conocen saben que tengo las yemas de los dedos y la lengua medio desgastadas de tanto escribir y hablar sobre mi segunda película favorita de todos los tiempos, "Creepshow". Naturalmente me refiero a la primera, la original. La relación que tengo con las secuelas es variada. La segunda me cae muy simpática. De la pseudo tercera abominaba hasta que la revisé y pasé de odiarla a considerarla simplemente mala (lo que, si se mira detenidamente, es un avance positivo). 
Sin embargo, no estoy aquí para hablar tanto del film de George A. Romero, como de la reciente serie inspirada en su universo y formas. El día que el canal "Shudder" lo anunció a bombo y platillo, no puedo decir que me entusiasmara, aunque sí tuve ciertas esperanzas al saber que el talentoso hombre de efectos especiales Greg Nicotero (que anduvo como imberbe principiante en el rodaje de la primera) se iba a encargar del pifostio, derrochando cariño y respeto por la materia. Esas mismas esperanzas se ampliaron levemente en cuanto tuve conciencia de que se estaban dejando el ojete en hacer las cosas bien. ¿Cómo? Pues fichando a peña que ya había tenido algo que ver con el primer "Creepshow" (Adrienne Barbeau, John Harrison, Tom Savini, Stephen King como material adaptable) y a otros rostros/nombres ya clásicos del cine de terror, muy estimados por el fandom, (actores como Jeffrey "Re-Animator" Combs, Tobin "Saw" Bell, Bruce Davison y David "Scream" Arquette o gente de letras del calibre de David J. Schow, Joe R. Lansdale, Joe Hill -hijo de Stephen King y que interpretara al niño del prólogo en el film-nodriza- o el mítico hombre de comic -muy adecuado dadas las circunstancias- Bruce Jones). Añadan al pack un "host" de cadavérico aspecto destinado a introducir cada capítulo (de entrada, me pareció raro e incomprensible que no hablara, pero luego entendí que en el original tampoco lo hace. Habría molado que sí le diera el pico, pero en el aspecto "fidelidad" no puedo quejarme), el juego constante con el supuesto formato comiquero afín a la saga, animaciones entre una historia y otra (con un estilo que recuerda a los dibujos animados de "Creepshow 2", aunque con un tufo un poco más de flash. Ahora bien, nada comparado a las animaciones computerizadas de los créditos iniciales, que desentonan y son bastante feuchas), la utilización de efectos especiales "old school" (mezclado con poco pero no por ello menos costroso CGI), la recuperación de todos los truquillos visuales que hicieron de la peli de George A. Romero algo TAN especial, con sus colorines, fondos a base de dibujos, transiciones a modo de páginas pasando (incluidas aquellas que lucen supuestos anuncios de -como decían en "Top Secret!"- artículos de coña), ilustraciones cobrando vida, bocadillos con texto, etc, etc. Resumiendo, todo pintaba a que iban a facturar algo digno... asumiendo que jamás estaría a la altura de la peli de 1982.
Pronto, coincidiendo con el estreno, las redes yanquis se llenaron de reacciones entusiastas. Incluso Stephen King, que no se presta mucho a esa clase de juegos, escribió cosas positivas en Twitter. Bien, acostumbrado a que en USAlandia todo se reciba con exagerada pasión y descontrolada positividad, no me fiaba mucho. Hasta que, por fin, supe de una primera y casi única reacción negativa, que acusaba a la serie de pobretona. Eso ya me cuadraba más. Imaginé que la verdadera verdad sería algo intermedio y esperé a verla.
Deglutidos todos los capítulos de la primera temporada (porque ya hay una segunda anunciada) puedo afirmar que la sensación general fue de.... ¡decepción!. Sí, amiguitos, me temo que este nuevo "Creepshow" no ha terminado de funcionar para mí. ¿Cómo es posible? 
Tras darle mucho al coco en busca de una respuesta, he llegado a la siguiente conclusión: Todos esos elementos afines a la peli original se quedan únicamente y de forma exclusiva en lo estético. Las formas, el papel que envuelve al regalo. Pero en lo narrativo, las cosas cambian sustancialmente. Es decir, todas las historias son poco.... ¡"Creepshowianas"!.Como si cogieran un capítulo de cualquier serie de cuentos de terror y le añadieran todos los abalorios visuales propios de "Creepshow". Pero el hábito no hace al monje. O, aunque la mona se vista de seda... eso. No basta con el envoltorio adecuado, se necesita algo más. Quizás es que los autores del nuevo "Creepshow" no han terminado de entender las maneras del film de Romero, y confunden las maravillosas y perfectamente aplicadas dosis de humor negrísimo de aquella con coña bufa y chorra. O tal vez es que, simplemente, no conocen en profundidad los comics "E.C.", los grandes homenajeados por la pluma de Stephen King en su día. Al fin y al cabo, este creció leyendo aquellos tebeos y supo trasladarlos de forma adecuada al papel/pantalla, cosa de la que se ven incapaces Nicotero y los suyos, ni que sea por pertenecer a una generación posterior.
Podríamos ser un poco más maliciosos y culpar de todo ello a James Glenn Dudelson y Robert Franklin Dudelson, capitostes de la productora "Taurus" y responsables de los descalabros que fueron la mentada "Creepshow 3" y también ese intento fugaz de web-serie bautizado "Creepshow Raw". Víctor y yo les dedicamos todo un podcast que pueden escuchar AQUÍ si quieren saber más. Estos tienen los derechos de "Creepshow", es decir, del título, la marca. Así pues, supongo que, si quieres hacer algo con la saga, tienes que entenderte con ellos. Para su asociación con "Shudder", creo sinceramente que los Dudelson Boys aprendieron de los errores del (su) pasado y se sumaron a la admirable intentona de hacer las cosas bien... solo que no atinaron. O no entendieron el material de base (que en realidad nunca han entendido).
Y ahí radica la gran pena y al mismo tiempo la gran revelación sobre el clásico de Romero, ALGO tenía aquel que es imposible replicar por mucho que lo intentes. ¿El talento de sus artífices, la pasión que aún desplegaban en esos tiempos? ¿una cualidad que se me escapa? A saber.
Dicho todo ello, vamos a por los capítulos en cuestión, comentados brevemente a lo largo de tres entradas que irán apareciendo en las próximas semanas. ¿Por qué? porque de otro modo esto quedaría demasiado largo y, salvo casos inevitables, prefiero hacer las reseñas más escuetas. 
Hasta dentro de siete días pues.

Creepshow TV (1ª temporada)

sábado, 31 de diciembre de 2022

DEAD WEEKEND

Todo hacía suponer que con "Dead Weekend" el semi-prestigioso Amos Poe había tocado fondo. Hemos hablado de él mucho y muy extensamente, pero lo resumiré en que Poe es algo así como el verdadero "pope" del cine independiente norteamericano tal y como lo conocemos hoy (o lo conocíamos en los 90). Surgido de la escena punk primigenia neoyorquina, agarró una cámara de 16 mm y no paró de producir largometrajes donde imitaba obsesivamente las maneras del Godard más revolucionario. Llegados los ochenta, intenta profesionalizarse con "Alphabet City", donde se marca una especie de versión "comercial" de sus primeros títulos, versados en cierto lumpen callejero. Y en 1995 vende su alma al diablo dirigiendo una película barata de ciencia ficción para la caja lerda, esta "Dead Weekend". Él la calificaba como "Mi propio "Plan 9 from outer space"", más teniendo en cuenta que luego pudo encauzar su carrera de nuevo por los supuestos derroteros "indies" correctos, renegando así de la reseñada. Y, claro, siendo yo como soy, y con los gustos que tengo, me pirraba por ver ese "desliz", tarea complicada porque nunca llegó a lanzarse por estos lares, ni en vídeo. Hasta que, oh sorpresa, hace poco tuve acceso a ella, subtitulada. No dudé un segundo y le di al play, ansioso.
Hablar de decepción sería lo normal, sí. Pero en este caso la palabra adquiere un tono distinto. No me he sentido decepcionado porque sea una mierducha a la altura de lo que producían entonces "Syfy Channel" o Roger Corman. Al revés, el bajón me lo dio descubrir que, después de todo, "Dead Weekend" no dista TANTO de las maneras de Amos Poe. Sigue siendo muy "indie" en espíritu. Puede que la promoción, o las palabras del propio filmmaker, la hayan perjudicado, haciéndonos creer que íbamos a consumir la pieza menos inspirada de un Jim Wynorski cualquiera.
Claro, es que leído de un tirón, el argumento induce a pensar malamente: En el futuro, un alien con la capacidad de cambiar de aspecto llega a la tierra. La sociedad militarista que rige con mano dura quiere cazarlo, así decide evacuar la ciudad anunciando la llegada de un falso terremoto. Todos aquellos que no se piren, especialmente si son bandas callejeras luciendo llamativas crestas de colores, serán exterminados. De eso se encarga un grupo de agentes armados. Entre ellos, destacan dos. El más guaperas se topa con el alien. O mejor dicho, la alien. Resulta ser una tía buena que viene de un planeta donde el sexo sustituye al desayuno, la comida y la cena. Es más, si no folla, morirá. Así que el protagonista se la tira una y otra vez (no paran de yacer, casi parece una concesión de Poe a la moda entonces imperante de los thrillers eróticos estilizados), hasta que se enamora/enchocha y decide protegerla, a pesar de que su propio compañero quiera acabar con ella.
Vale, ahora imaginen todo eso contado a lo "indie", sin demasiados efectos especiales, sin gota de elemento "camp", todo a base de largos diálogos aparentemente improvisados. Por momentos me recordaba a las eternas escenas de Belmondo y la Seberg charlando en una habitación de hotel en "Al final de la escapada" (lo que encajaría muy bien con la Godardobsesión de Amos Poe) Solo al final parece que el cineasta coge consciencia de que debe dar algo de elemento palomitero a la audiencia -o a los productores- y, entonces sí, rueda un tiroteo y la aparición de un ovni bastante cutrón.
La peli tiene su mensaje, aunque tan previsible como elemental. Uno contra el racismo y a favor de la diferencia. El colega del prota es un hombre frustrado porque lleva décadas casado con la misma pava, y está harto. Envidia a su compañero, que no para de follárselo todo (aunque en realidad solo sea una misma tía que muta de aspecto) y, en parte, por eso quiere destruirla. Al final, justo antes de los créditos, la alien manda un alegato pro-sexo y anti-violencia que roza el ridículo. Supongo que Poe se partiría el ojete mientras rodaba esta parte. No sé.
El curioso reparto depara algunas sorpresitas. Al lado de Stephen Baldwin, encontramos nada menos que al gran David "Sledge Hammer" Rasche. Les siguen el eterno villano Nicholas Worth, la asiática Bai Ling, Alexis Arquette (hermana de Rosanna, Patricia y David), Patrick Muldoon (uno de los protagonistas de la posterior "Starship Troopers") y la gran sorpresa: a lo largo de la peli aparece un DJ que no cesa de dar la brasa, sobreactuar y entonar voces chillonas. Y a mi que el tipo me sonaba. ¿Dónde lo habré visto antes? Tras mucho pensar y no encontrar la respuesta, recurrí a Imdb y entonces... en fin... les hablo de Tom Kenny, es decir, ¡LA VOZ de "Bob Esponja"! así como el rostro del pirata Patchy. Sensacional. Eso fue, realmente, lo que me animó a escribir la reseña de una película muy muy mediocre, muy muy olvidable, pero curiosa ni que sea para una única vez.
Ponen la guinda en la banda sonora los, según el disco, disfrutables "Nine Below Zero".

domingo, 22 de junio de 2014

TED BUNDY

Aunque no me convenza como cult-movie prefabricada, reconozco que el "Forbidden Zone" de Richard Elfman es, cuanto menos, curiosa. Incluso con algún momento inspirado. Matthew Bright debutó en ella como guionista y actor -cinematográfico-. Sin salirse de sus funciones de escribiente, volvería a colaborar con Elfman en películas como "Shrunken Heads" o "Revenant: vampiros modernos". Incluso de por medio tuvo tiempo de guionizar una cosa tan convencional como "Guncrazy" (vehículo de lucimiento para una ex-jovencita, y ex-borrachuza, Drew Barrymore). El año 1996 saltó a la dirección con una peli que, pronto, alcanzó -genuino- estatus de culto, "Freeway" o "Sin salida", versión psicótica del cuento de caperucita roja con Kiefer Shuterland haciendo de “lobo” y una aún verde Reese Witherspoon de deslenguada caperucita. Tres años después Bright escribe y dirige una excéntrica y alocada segunda parte, "Trickbaby (Freeway 2)", sin verdadera conexión con la original salvo por el hecho de narrar las hazañas de otra adolescente chalada “on the road”. Esta vez el protagonismo recayó en la morbosa Natasha Lyonne (la Witherspoon era ya demasiado popular).
Convencidos tal vez de que a Matthew Bright se le daba bien eso de dramatizar las vivencias de psycho-killers, los productores de "Ed Gein", biopic de otro puto asesino mitificado por un puñado de gilipollas, le fichan para dirigir "Ted Bundy", que en esencia era más de lo mismo. Recién iniciado el siglo XXI, parece ser que esta clase de reprobables individuos están de moda y los productores de Hollywood toman buena nota de ello… y de la estupidez humana en general.
"Ted Bundy" cuenta la, pues eso, vida criminal del muchacho. Atractivo, carismático y estudiante de derecho, Bundy se puso las botas asesinando y violando (según le venía) un montón de mozas durante los años 70. Lo pillaron dos veces, y dos veces que se escapó. Hasta que finalmente acabó frito en la silla eléctrica.
Bien, cuando "Ted Bundy" se pasó por el Festival de Sitges yo andaba a tope con mi inevitable Bright-manía, así que aquel día me tomé la molestia de levantarme a las seis de la puta mañana para llegar a las ocho al pueblo costero y poder meterme en la sesión de prensa de las nueve. Ya son ganas. Reconozco que entonces la peli me dejó bastante igual, vamos, que me decepcionó. Unas semanas después se estrenó un poco de tapadillo en las salas de la Ciudad Condal y un amigo que llevaba -y lleva- las riendas de un programa dedicado al séptimo arte que se emite por cadenas locales, me dijo que tenía concertada una entrevista con Bright y que si quería acudir y, de paso, redactar las cuestiones ya que yo estaba puesto en su trayectoria. Acepté, aunque sin demasiado entusiasmo. Así que conocí al cineasta y pude preguntarle cuanto quise... lo que pasa es que, a día de hoy, no recuerdo nada. O casi nada. El único dato que retengo en la memoria fue que citó al famoso dibujante de comics Robert Crumb como una de sus influencias. Dicha respuesta vendría propiciada por una pregunta referente al extraño humor, muchas veces negro, que hay en el cine de Matthew Bright y que en "Ted Bundy", tratándose como se trataba de terribles hechos reales, cantaba mucho más. Hay escenas que parecen tomadas a cachondeo, pero de un modo tan sutil y absurdo que dudas. Sobre todo por el modo en que Bundy engatusa a sus víctimas, lo fácil que le resulta y lo ingenuas que son ellas (todas gastan un look de "chica hippie cañón" que recuerda también a los tebeos de Crumb). ¿Acaso "Ted Bundy", the movie, toma a las mujeres por idiotas?. ¿Es Bright un misógino desalmado?. ¿Eran las víctimas ASÍ DE PAVAS?. Supongo que lo que hace el director es exagerar hasta el delirio el mentado CARISMA del serial killer. Ted Bundy era capaz, como se dice coloquialmente, de venderle una nevera a un esquimal. Con su cara bonita, su sonrisa y sus buenos modales, se ganaba la confianza de cualquiera. Hay quien dice que todo obedecía a que por entonces la gente no tenía tanta consciencia de la existencia de bichejos como ese (que para algo fue el primer psycho etiquetado de modo oficial como "asesino en serie") y las mujeres no desconfiaban tanto como hoy lo harían. O tal vez era el buenrollismo inherente a la década, con el hippismo aún coleando... ¡¡qué sé yo!!. Lo que no se puede dudar es que, sí, las víctimas de Ted Bundy en la peli parecen tontas. Cosa extrapolable al personaje de su pareja "seria". Una auténtica novia abnegada, entregada y ultra-enamorada capaz de TODO con tal de mantenerle a su lado. Quizás el momento más intenso y humillante sea cuando Bundy la convence para follar "de un modo diferente", y le pide que finja estar muerta mientras la insulta despiadadamente. Claro que también es un dato real que, una vez metido entre rejas, el asesino recibió innumerables cartas de amor de innumerables féminas. No coment.
Pero para intensidades, todo el segmento dedicado a la ejecución. Narrada paso a paso y sin la más mínima compasión. Bright nos muestra el procedimiento en toda su crudeza y con inusitada frialdad, desde el afeitado de cabeza al taponamiento del culo, pasando por los pañales. Y todo con los sollozos del condenado como banda sonora. El momento en que le dan al "on" de la corriente eléctrica, nos comemos la agonía entera. La guinda la pone el detalle de descubrir qué peinado gasta el verdugo cuando se quita la capucha (¿real o licencia?).
En fin, no es que "Ted Bundy" sea redonda, ni muchos menos, al no tener un argumento demasiado enrevesado (básicamente vamos viendo crimen tras crimen en riguroso orden) puede llegar a resultar algo repetitiva o monótona, pero no demasiado. El extraño tono de la película (el distanciamiento de su director, mezclado con su negro sentido del humor) hacen que el visionado sea bastante "disfrutable", así, entre comillas. A ratos las secuencias más crudas te sacuden sin compasión, como por ejemplo el brutal asesinato de las dos chicas en la caseta o el ya mencionado y escalofriante paseo por la silla eléctrica. Cuidao, no se equivoquen ustedes, no se trata de ver gore a tutiplén, tripas saltando por los aires, ni nada de todo eso. No way. Igual que con "Ed Gein", este biopic apuesta más por el rollo psicológico antes que por el gráfico. Y pal caso, ya me está bien.
Eso sí, no comprendo muy bien las imágenes finales (al parecer una parodia de "Malcom X", peli del insufrible Spike Lee que ni pude terminar). Es decir, sí, entiendo que cualquiera puede ser un asesino en serie... pero creo que se contradicen con el tono poco o nada sermoneador de la empresa. ¿Una imposición de los productores, quizás?.
Por cierto, dato curioso: Al estar ambientada en los años setenta y al incluir una secuencia de baile en una disco (aunque la música que suena parezca más bien moderna), hubo quien calificó a "Ted Bundy" como "El "Boogie Nights" de las pelis de asesinos en serie". Menuda gilipollez. Tanto como las frases promocionales del cartel español, sobre todo lo de "Prohibida en USA", cosa esta que no me consta.
El reparto lo encabeza Michael Reilly Burke como el despreciable criminal. Aunque a ratos su interpretación roza lo histriónico, en general sale bien parado de la aventura, logrando resultar imprevisible e inquietante. La mayor parte de su carrera se centra en la televisión, aunque ha intervenido en "The Collector". Le acompañan algunos nombres bien curiosos y familiares pal aficionado medio, como los de la "scream queen" Tiffany Shepis, el legendario segundón Tracey Walter (la mano derecha de "Joker" en el "Batman" de Burton), Phoebe Dollar, la enigmática musa del chusquero Jeff Leroy (con un aspecto tan raro como su nombre hace suponer) y el gran Tom Savini que, además de interpretar a un policía, se curra los efectos especiales de maquillaje, por pocos que sean.
Después de "Ted Bundy", Matthew Bright la emprende con un proyecto más personal y arriesgado, "Tiptoes". Una demencial historia de amor con enanos y un reparto de luxe, Gary Oldman empequeñecido, Matthew McConaughey, Patricia Arquette, Kate Beckinsale y el hoy reputado (y, pal caso, inevitable) Peter Dinklage. La vi pasados ya un porrón de años, el día que, inesperadamente, la localicé en un video-club. Hacía tiempo que su director ya no me interesaba, y no sé si eso influyó para que me dejara un sabor de boca amargo (eso o la presencia actoral del siempre irritante Santi Segura… a saber). Se dice por ahí que fue la intromisión de los productores lo que jodió la peli, que Bright quería hacer algo estrambótico y le obligaron a dar más presencia al tono romántico. El caso es que fue un super-fracaso en todos los sentidos (hay quien incluso la considera ofensiva para los enanos). Desde entonces Matthew Bright no ha dirigido nada más. Ni telefilms. Las últimas cosas que figuran en su ficha son como co-guionista de un producto zetoso made in "Full Moon" a base de historias de terror y con directores del calibre de David DeCoteau o C. Courtney Joyner. "Tomb of terror" se titula. Y una colaboración en un cortometraje, pero a saber si es él u otro Matthew Bright.
Lo que sí sé con seguridad es que, huyendo de las inclemencias económicas de su tierra, Bright escapó a Guatemala y México, donde se dedicó a pintar cuadros y escribir para tener algo que mostrar/vender a su vuelta. También comentaba en una entrevista de hace algunos pocos años que iba a rodar un capítulo para una serie sobre mujeres entre rejas, pero no hay constancia de que lo llevara a término. Todo un personaje.
En cuanto a “Ted Bundy”,  bueno, no le cambiará la vida a nadie, pero está bien visible.