A los gacetilleros americanos, esos que gustan tanto de realizar listas clasificando lo más deficiente, señalan esta película como la peor de cuantas se han rodado a cerca del mito de Frankenstein. Eso a grandes rasgos para que nos hagamos una idea de a lo que nos enfrentamos. Y quizás se quedan cortos en cuanto a sus apreciaciones. “Frankenstein Hospital General” es francamente mala, una de esas comedias que no hacen gracia cuando lo pretenden… ni tampoco cuando no. Sustentada a base de estúpidas conversaciones —porque el presupuesto es tan bajo que no llega para ningún gag visual a la spoof— cuenta la historia del bisnieto del Dr. Frankenstein, que se hace llamar Dr. Frankenheimer y trabaja en un hospital. En el sótano ha montado un laboratorio donde, con la ayuda de un contrahecho llamado Iggy, pretende juntar partes humanas con el fin de dar vida a una criatura superior. Cuando lo consigue, esta da signos de clara subnormalidad, sembrando el caos en el hospital. ¿Les suena, más o menos? Efectivamente, “Frankenstein Hospital General” trata de ser una sucesora de “El jovencito Frankenstein”, pero, como si de la misma criatura de la película se tratara, esta ha salido bastante subnormal.
Rodada en color en las escenas que transcurren dentro del hospital, se torna al blanco y negro en las que los protagonistas se encuentran en el laboratorio, en imágenes que parecen directamente plagiadas —mal plagiadas— del clásico de Mel Brooks. Esto sería el único toque original de toda la cinta que, a su vez, es su mayor torpeza, evidenciando lo mucho que se quiere parecer a “El jovencito Frankenstein”, máxime cuando hace acto de presencia el monstruo cuyo parecido al interpretado por Peter Boyle es manifiesto. Hasta emite la misma clase de sonidos. Y el espectador acaba sonrojando.
El resultado de esta comedia paródica es verdaderamente desasosegante. Un total y absoluto aburrimiento. La nada.
A finales de los años ochenta, rozando los 90, cuando esta película de 1988 fue lanzada directamente a vídeo por el sello Midwest (que era uno más de los subsellos de la mítica distribuidora Record Vision) en nuestro país, recuerdo ver la caratula en las estanterías y pensar que se trataba de una mala película de terror, porque eso es lo que parece si no nos fijamos bien y reparamos en que el edificio que representa el hospital, es también una cabeza de Frankenstein. Como fuere, nunca le dediqué mucha atención hasta hoy que me ha dado por verla.
El protagonista, no obstante, es un actor cómico de mucho talento que solamente sale en mierdas —con la excepción de la descojonante “Jeckyll & Hyde… Hasta que la risa nos separe” a la que adoro pero que, por norma general, está considerada también una peste—, Mark Blankfield, cuya filmografía la componen papeles secundarios y apariciones estelares en diversos spoofs (incluidos los de Mel Brooks), y que aquí da vida a un trasunto del Dr, Fronkonsteen de Gene Wilder poniéndole muchas ganas pero sin brillar en absoluto, por culpa, quizás, de la puta mierda de guion que tenía que escupir. Irwin Keyes, con su particular físico y gigantismo, da vida a un monstruo de Frankenstein que sería bastante convincente de no ser por lo más arriba expuesto; el intentar replicar, de modo nada inspirado, al de Peter Boyle. Pocos más destacarían en el reparto, pero, a modo de guiño, tenemos cameos imperceptibles para Bobby Pickett, el autor de la clásica canción “Monster Mash” que aparece un momentito en la película. Esta se vanagloria orgullosa de contar entre sus filas con Lou Cutell. ¿Quién es Lou Cutell? uno que en “El jovencito Frankenstein” hace de aldeano sosteniendo la antorcha cuando quieren linchar al monstruo.
En cuanto a la directora de “Frankenstein Hospital General”, que también es actriz y montadora así como desempeña cualquier tipo de trabajo para el cine, o es una cachonda o realmente se avergüenza de su trabajo, porque, aquí firma bajo el nombre de Deborah Roberts, pero en realidad se llama Deborah Romare (o Deborah Sahagun después de casada), y según el trabajo que haga firma con un apellido u otro. Así, puedes ver créditos suyos como Deborah Blanchette, Deborah Romare Sahagun o Deborah Sarmiento... poco importa, no hay ni un solo trabajo actoral o de dirección que podamos destacar por encima de este.
A día de hoy “Frankenstein Hospital General” está olvidadísima. Y no me extraña ni lo más mínimo.
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viernes, 27 de octubre de 2023
sábado, 20 de mayo de 2023
JOHNNY PELIGROSO
Recuerdo cuando "Johnny Peligroso" se estrenó en 1985 y los medios de comunicación le dedicaron unos breves minutos. Al fin y al cabo, solo era otra comedia tonta más para lucimiento de ese actor de comedias tontas llamado Michael Keaton. Las imágenes me llamaron la atención por absurdas, dando a entender que aquello era una "spoof movie" con todas las de la ley. Sin embargo, a pesar de ser devoto del subgénero, no fui a verla. Su ambientación gangsteril rollo años 30 no me llamó -ni me llama- cinematográficamente hablando. Pasaría un tiempo hasta que la consumí en vídeo. Y otras tantas décadas para que se ganara mi simpatía.
Efectivamente, "Johnny Peligroso" es puro "spoof", y de los gordos. En 1984, que es cuando se rodó, el tema aún tenía tirón... aunque por poco tiempo (fue el año de "Top Secret!" y su fracaso en taquilla). Así, como todo buen producto del ramo, el argumento podría servir perfectamente para una película seria: Auge y caída de un gangster. Cómo entra en una poderosa familia, escala puestos, le sale un competidor, aparece una chica de la que se enamora y su hermano se convierte en su mayor perseguidor al ejercer de fiscal. En realidad, nada nuevo. Es el modo de contarlo donde, obvio, reside la gracia. Y, pal caso, dicho más a conciencia que nunca.
De entrada, sorprende, y para bien, que el tema musical central lo canturree Weird Al Yankovic, un nombre perfectamente vinculado al formato de la bufa absurda, quien hizo exactamente lo mismo para "Espía como puedas", además de marcarse un buen puñado de cameos en la saga "Agárralo como puedas". Y, hablando de la reina de Roma, hay un gag en la primera de ellas que lo habíamos visto cuatro años antes en "Johnny Peligroso". ¿Plagio? Mmmmh... no sabría decir, debemos tener en cuenta que en los créditos finales se menciona a Pat Proft y Neal Israel -entonces casado con la directora del film- como "consejeros". Juntos y revueltos, los nombres de esos caballeros se asocian a una ristra de títulos cómicos que quitan el hipo: Varias "Locas academias de policía", varios "Agárralos como puedas", "Locademia de conductores" o "Despedida de soltero". Es decir, dos titanes de la nueva comedia yanki asentada en los ochenta.
Efectivamente, "Johnny Peligroso" es puro "spoof", y de los gordos. En 1984, que es cuando se rodó, el tema aún tenía tirón... aunque por poco tiempo (fue el año de "Top Secret!" y su fracaso en taquilla). Así, como todo buen producto del ramo, el argumento podría servir perfectamente para una película seria: Auge y caída de un gangster. Cómo entra en una poderosa familia, escala puestos, le sale un competidor, aparece una chica de la que se enamora y su hermano se convierte en su mayor perseguidor al ejercer de fiscal. En realidad, nada nuevo. Es el modo de contarlo donde, obvio, reside la gracia. Y, pal caso, dicho más a conciencia que nunca.
De entrada, sorprende, y para bien, que el tema musical central lo canturree Weird Al Yankovic, un nombre perfectamente vinculado al formato de la bufa absurda, quien hizo exactamente lo mismo para "Espía como puedas", además de marcarse un buen puñado de cameos en la saga "Agárralo como puedas". Y, hablando de la reina de Roma, hay un gag en la primera de ellas que lo habíamos visto cuatro años antes en "Johnny Peligroso". ¿Plagio? Mmmmh... no sabría decir, debemos tener en cuenta que en los créditos finales se menciona a Pat Proft y Neal Israel -entonces casado con la directora del film- como "consejeros". Juntos y revueltos, los nombres de esos caballeros se asocian a una ristra de títulos cómicos que quitan el hipo: Varias "Locas academias de policía", varios "Agárralos como puedas", "Locademia de conductores" o "Despedida de soltero". Es decir, dos titanes de la nueva comedia yanki asentada en los ochenta.
Por todo ello (y teniendo en cuenta que entre los guionistas de "Johnny Peligroso" localizamos también a Norman Steinberg, quien formó parte de los creadores de "Sillas de montar calientes" nada menos) el humor del film no es solo tonto hasta el tuétano, además de un modo absolutamente orgulloso y abundante. Hay tantísimos gags que la calidad varía, pero desde luego sin llegar jamás a la basura arrastrada de muchas muestras recientes de "spoof" (salvo, quizás, "Weird", justamente apadrinada por Weird Al Yankovic). Entre los mejores, y que me hicieron reír, destacaría la guasa a costa de las antiguas películas sobre higiene sexual, en esta concretamente nos muestran -incluida animación- como el exceso de sexo puede hacer estallar los testículos. El retrato robot de Johnny Peligroso que, según los rasgos del dibujo, es... ¡el jodido Sylvester Stallone! La anciana madre de Johnny, con su pelo blanco y arrugas, que resulta contar únicamente con 29 primaveras, "Espero llegar a los 30", anhela. El polvo entre Johnny y su interés amoroso viene acompañado por la inevitable ristra de fuegos artificiales en los cielos. Al verlos su jefe desde otro lado de la ciudad, exclama: "Yo diría que Johnny está follando". Un titular de la prensa reza así: "Moroni deportado a Suecia. Dice que no es de allí" (con esta me descojoné a gusto). El médico que visita a la madre de Johnny, y siempre le encuentra pupas, afirma con vehemencia: "Es la tiroides", "¿Qué le pasa?" pregunta el hijo,"Que no la encontramos". Un gag muy agradecidamente de la época, por su tono políticamente incorrecto, hace referencia a la sirvienta experta en insultos racistas para todas las etnias imaginables. Tenemos un coche con los frenos manipulados que, al acelerar, acelera también la velocidad de la canción que suena por la radio. Y así seguiría y seguiría, porque quedan un buen montón de coñas más igual de graciosas y que, sin hacer de "Johnny Peligroso" un entretenimiento infalible, sí resulta una comedia loca la mar de simpática que te ayudará tranquilamente a pasar una tarde, o echar algo de claridad a un exceso de negros nubarrones.
Contribuye, y mucho, el amplio reparto, generoso en toda suerte de rostros familiares, algunos en primera fila, otros casi en función de extra. Todos entrañables. Aparte del mismo Michael Keaton, exultante en su momento de gloria como comediante, encontramos a Joe "Estamos muertos... ¿o qué?" Piscopo, seguido de un sensacional Peter Boyle, Griffin Dunne, el gran Dom De Luise en un cameo absolutamente idiota y, por tanto, muy gracioso, un inesperado Danny De Vito (protagonizando un gag surrealista que aún no sé si calificarlo de brillante o ridículo. Él y Keaton coincidirían de nuevo en "Batman Vuelve"), el cómico clásico Ron Carey (como con De Luise, habitual de Mel Brooks), Ray Walston (protagonizando un gag de "vendedor de periódicos agredido" que recuerda mucho a otro visto en "La última locura" de... sí, Mel Brooks). Alan Hale Jr, que menciono únicamente porque en 1975 aparecía en "The giant spider invasion" de Bill Rebane, y eso es motivo suficiente. Scott Thompson, uno de los esbirros del Teniente Harris en "Loca academia de policía". Gary Watkins quien, justo después, protagonizó el "Ruedas de fuego" de Cirio H. Santiago, nada menos. El feo y carismático Hank "El justiciero de la ciudad" Garrett. Jack "Cabeza Borradora" Nance haciendo de cura. Rick Rosenthal, director de "Halloween 2 (Sanguinario)", como juez. Y un titán del calibre de Carl Gottlieb, cuyo nombre va ligado a títulos de variable pero significativo peso como "Cavernícola", "Tiburón", "Un loco anda suelto" o "Amazonas en la luna", dando vida a un médico. Algo menos llamativas son las actrices principales, como Marilu Henner (habitual de la famosa serie "Taxi") y Maureen Stapleton quien, habiendo recibido un Oscar -por otra peli, of course-, debería conocer... pero no es el caso, lo que delata mi ignorancia supina. La lista sigue, no se crean, sin embargo, para ir terminando ya, me centraré en los roles vistos y no vistos de otro gran feo del cine, Vincent Schiavelli (el fantasma del metro en "Ghost" o el director de la cadena televisiva en "Man on the moon", era inseparable de Milos Forman) y un jovencísimo Lukas Haas -con sus enormes orejas- dando vida a la versión infante de Griffin Dunne. ¡¡BUF!! agotado estoy, oiga.
Todo esto lo cocina, en funciones de directora, Amy Heckerling, quien posteriormente alcanzaría una notable relevancia al responsabilizarse de "Las vacaciones europeas de una chiflada familia americana", las dos primeras entregas de "Mira quien habla", "Clueless" y un mogollón de series televisivas, algunas bastante conocidas. Resulta curioso ver cómo la mujer no tuvo manías en materializar muchos de los chistes tirando a machistas y generosamente vulgares. Sí, tal vez solo quería currar y recibir el cheque (de hecho, el fracaso comercial de "Johnny Peligroso" propició que decidiera escribir sus propios libretos, en lugar de filmar los de otros). O, tal vez, entonces estas cosas se tomaban menos a la tremenda que ahora. Buenos tiempos aquellos.
Como colofón simpático, mencionar que, por lo visto, Brian De Palma es muy fan de "Johnny Peligroso". El día del pre-estreno se partía de risa con ella.
Todo esto lo cocina, en funciones de directora, Amy Heckerling, quien posteriormente alcanzaría una notable relevancia al responsabilizarse de "Las vacaciones europeas de una chiflada familia americana", las dos primeras entregas de "Mira quien habla", "Clueless" y un mogollón de series televisivas, algunas bastante conocidas. Resulta curioso ver cómo la mujer no tuvo manías en materializar muchos de los chistes tirando a machistas y generosamente vulgares. Sí, tal vez solo quería currar y recibir el cheque (de hecho, el fracaso comercial de "Johnny Peligroso" propició que decidiera escribir sus propios libretos, en lugar de filmar los de otros). O, tal vez, entonces estas cosas se tomaban menos a la tremenda que ahora. Buenos tiempos aquellos.
Como colofón simpático, mencionar que, por lo visto, Brian De Palma es muy fan de "Johnny Peligroso". El día del pre-estreno se partía de risa con ella.
sábado, 26 de marzo de 2022
WALKER (UNA HISTORIA VERDADERA)
No hay discusión posible respecto a la naturaleza política de "Walker (Una historia verdadera)". Lo que ocurre es que, a mi, es un tema que no me interesa nada. Y no me suelen gustar las películas panfletarias. En orden cronológico: me aburre y me aburren. Así pues, evitaré enfocar mi reseña por esa vertiente. No sabría qué decir y, seguramente, metería la pata. Si les llama todo esto, busquen por ahí que hay peña mucho más puesta que yo escribiendo de forma asombrosamente lúcida y profunda (siempre extranjeros, por supuesto, no se fíen nunca de los gacetilleros patrios) En mi caso, solo me atraen dos cosas: el factor entretenimiento y el factor extravagancias. Asín de simple soy. Del primero no hay mucho en esta película, lo cierto es que resulta bastante palizas. Pero de lo segundo, ¡ay madre!, tienen para dar y regalar. Eso fue lo que, en su día, me encandiló.
Estamos ante un biopic sobre las hazañas de William Walker, el primer norteamericano que fue a Nicaragua por ahí 1850ypico y se auto impuso presidente a hostia pura. Una historia que en el año de producción de la peli, 1987, le iba como un guante al normalmente "radicalmente político" -y británico- Alex Cox para condenar la intervención de los USA en aquel mismo país. Lo asombroso del asunto es cómo logró que "Universal Pictures" le financiara semejante locura, la distribuyese y que el gran Ed Harris diera vida al protagonista. Encima, se piraron a Nicaragua a rodar, asegurando así cierta ayuda económica. Muy subversivo, diría alguien sesudo. Aunque no todo se limita al elemento político, también al creativo. La película comienza muy modosita, muy normal. Incluso prometedoramente. Pero a medida que avanza, y que Walker va metiendo mano a Nicaragua más y más, todo se torna delirante. Anárquico. Caótico. Incluso surrealista. Un poco como otra peli de Alex Cox que quiero revisar, "Directos al infierno". La diferencia es que aquella era más modesta y el riesgo menor. Con "Walker" el cineasta puso fin a su relación con los grandes estudios, los poderes fácticos de Hollywood. Hizo añicos toda posibilidad de ganarse el rol de filmmaker joven y arriesgado-dentro-de-un-orden.
Como decía, ese caos impide que haya una historia coherente y, por tanto, nos aburrimos. Pero a ratos despertamos gracias a arrebatos desquiciantes. Destacando los muchos anacronismos que, poco a poco, van poblando la peli. Revistas modernas, botellas de Cocacola, tabaco Marlboro, automóviles y más que no desvelaré. Pero esos son los "normales", prefiero centrarme en los otros. Entre mis favoritos están la escena en la que, mientras unos señores hablan de política, al fondo un niño toca un violín de manera infernalmente desafinada. Cuando los Nicaragüenses reciben a Walker con una pancarta en la que aparece mal escrito su nombre. El momento que unos mercenarios huyen de dinamita apunto de estallar, y lo hacen a cámara rápida, en plan slapstick. O, el rey de todos, William Walker arrancando un trozo de carne a un herido y ¡¡¡devorándolo con delectación!!!!. Obviamente, todo ello tiene su metáfora... pero a mi me la suda. Molan porque son instantes que rompen la monotonía... y de que manera.
Luego tenemos la inevitable influencia de Sam Peckinpah con esos tiroteos ultra-sangrantes (o, directamente, viendo como a uno le arrancan el brazo de cuajo), detalle con mucho sentido si consideramos que el guionista de "Walker" es el prestigioso Rudy Wurlitzer, quien curró en su momento con Peckinpah. Alex Cox se marca la machada de destacarlo en los créditos por encima de él. Aunque habría que ver si no era un modo de compensarle al haberse pasado su guion por el forro de los cojones. Porque lo parece.
Tal vez debamos alabar o culpar de toda esta locura al productor ejecutivo, Edward R. Pressman, un tipo acostumbrado a lidiar con proyectos un poco arriesgados, como hiciera en su momento con "El fantasma del paraíso", "Crimewave. (Ola de crímenes, ola de risas)", "Teniente Corrupto" o "American Psycho". No siempre se saldaba con éxito -como "Walker", mismamente- pero valía la pena vivir la aventura.
Hay muchos otros nombres la mar de interesantes. Ya saben que me pirra enumerarlos. En el reparto localizamos a Richard "La Cosa" Masur, Rene Auberjonois, Peter Boyle (tirándose sonoros cuescos), Marlee Matlin o Gerrit Graham. Mucho hispano ilustre: Alfonso Arau, Pedro Armendáriz Jr., Roberto López Espinoza, Blanca Guerra (la mamá diabólica de "Santa Sangre") y Miguel Sandoval. Y los habituales de Alex Cox: Sy Richardson, el músico punk Edward Tudor-Pole, mister Joe "The Clash" Strummer himself (autor también de la banda sonora), Zander Schloss (bajista de los "Circle Jerks") y Dick Rude. La mayoría de ellos -especialmente Harris- hipersobreactuados (aunque tal vez también eso forme parte de la locura reinante buscada de modo expreso)
Ya comenté en su momento que llegué a ser muy fan de Alex Cox. Pero a medida que me hago vieja, y reviso sus películas, me percato de que era un cineasta bastante mediocre y no tiene nada que realmente merezca la pena. Es así. Me encantaban mucho esos delirios suyos, presentes en gran parte de su filmografía, pero me temo que nada más. Y "Walker (una historia verdadera") no va a modificar esa impresión, desde luego. Aún así, como rareza, como anomalía dentro del cine mainstream ochentoso, se deja ver.
Estamos ante un biopic sobre las hazañas de William Walker, el primer norteamericano que fue a Nicaragua por ahí 1850ypico y se auto impuso presidente a hostia pura. Una historia que en el año de producción de la peli, 1987, le iba como un guante al normalmente "radicalmente político" -y británico- Alex Cox para condenar la intervención de los USA en aquel mismo país. Lo asombroso del asunto es cómo logró que "Universal Pictures" le financiara semejante locura, la distribuyese y que el gran Ed Harris diera vida al protagonista. Encima, se piraron a Nicaragua a rodar, asegurando así cierta ayuda económica. Muy subversivo, diría alguien sesudo. Aunque no todo se limita al elemento político, también al creativo. La película comienza muy modosita, muy normal. Incluso prometedoramente. Pero a medida que avanza, y que Walker va metiendo mano a Nicaragua más y más, todo se torna delirante. Anárquico. Caótico. Incluso surrealista. Un poco como otra peli de Alex Cox que quiero revisar, "Directos al infierno". La diferencia es que aquella era más modesta y el riesgo menor. Con "Walker" el cineasta puso fin a su relación con los grandes estudios, los poderes fácticos de Hollywood. Hizo añicos toda posibilidad de ganarse el rol de filmmaker joven y arriesgado-dentro-de-un-orden.
Como decía, ese caos impide que haya una historia coherente y, por tanto, nos aburrimos. Pero a ratos despertamos gracias a arrebatos desquiciantes. Destacando los muchos anacronismos que, poco a poco, van poblando la peli. Revistas modernas, botellas de Cocacola, tabaco Marlboro, automóviles y más que no desvelaré. Pero esos son los "normales", prefiero centrarme en los otros. Entre mis favoritos están la escena en la que, mientras unos señores hablan de política, al fondo un niño toca un violín de manera infernalmente desafinada. Cuando los Nicaragüenses reciben a Walker con una pancarta en la que aparece mal escrito su nombre. El momento que unos mercenarios huyen de dinamita apunto de estallar, y lo hacen a cámara rápida, en plan slapstick. O, el rey de todos, William Walker arrancando un trozo de carne a un herido y ¡¡¡devorándolo con delectación!!!!. Obviamente, todo ello tiene su metáfora... pero a mi me la suda. Molan porque son instantes que rompen la monotonía... y de que manera.
Luego tenemos la inevitable influencia de Sam Peckinpah con esos tiroteos ultra-sangrantes (o, directamente, viendo como a uno le arrancan el brazo de cuajo), detalle con mucho sentido si consideramos que el guionista de "Walker" es el prestigioso Rudy Wurlitzer, quien curró en su momento con Peckinpah. Alex Cox se marca la machada de destacarlo en los créditos por encima de él. Aunque habría que ver si no era un modo de compensarle al haberse pasado su guion por el forro de los cojones. Porque lo parece.
Tal vez debamos alabar o culpar de toda esta locura al productor ejecutivo, Edward R. Pressman, un tipo acostumbrado a lidiar con proyectos un poco arriesgados, como hiciera en su momento con "El fantasma del paraíso", "Crimewave. (Ola de crímenes, ola de risas)", "Teniente Corrupto" o "American Psycho". No siempre se saldaba con éxito -como "Walker", mismamente- pero valía la pena vivir la aventura.
Hay muchos otros nombres la mar de interesantes. Ya saben que me pirra enumerarlos. En el reparto localizamos a Richard "La Cosa" Masur, Rene Auberjonois, Peter Boyle (tirándose sonoros cuescos), Marlee Matlin o Gerrit Graham. Mucho hispano ilustre: Alfonso Arau, Pedro Armendáriz Jr., Roberto López Espinoza, Blanca Guerra (la mamá diabólica de "Santa Sangre") y Miguel Sandoval. Y los habituales de Alex Cox: Sy Richardson, el músico punk Edward Tudor-Pole, mister Joe "The Clash" Strummer himself (autor también de la banda sonora), Zander Schloss (bajista de los "Circle Jerks") y Dick Rude. La mayoría de ellos -especialmente Harris- hipersobreactuados (aunque tal vez también eso forme parte de la locura reinante buscada de modo expreso)
Ya comenté en su momento que llegué a ser muy fan de Alex Cox. Pero a medida que me hago vieja, y reviso sus películas, me percato de que era un cineasta bastante mediocre y no tiene nada que realmente merezca la pena. Es así. Me encantaban mucho esos delirios suyos, presentes en gran parte de su filmografía, pero me temo que nada más. Y "Walker (una historia verdadera") no va a modificar esa impresión, desde luego. Aún así, como rareza, como anomalía dentro del cine mainstream ochentoso, se deja ver.
lunes, 21 de agosto de 2017
UNA PANDILLA DE LUNATICOS
Los años 1988, 1989 y 1990,
son ese limbo de transición entre los 80 y 90 durante los cuales las
películas que salen de aquella época suelen ser un tanto sosainas y
desubicadas. Sin saber el año, no sabríamos deciren que fechas fueron rodadas.
Asimismo, en lo que a la comedia se refiere,
de esos años salieron unas cosas asépticas, blancas y carentes de
imaginación, de las que esta “Una pandilla de lunáticos” sería un claro
exponente. Ya lo dije en la entrada perteneciente a los fotocromos de la misma;
que no aguantan el visionado.
Sin embargo, tengo comprobado que según edad y momento con
el que se revisa una película, la percepción de la misma puede cambiar… y en mi
caso, pongo como ejemplo, también esta “Una pandilla de lunáticos”, porque viéndola anoche, de madrugada, con las
expectativas de dormirme mientras la veía, finalmente me entretuvo y la vi tan
ricamente.
Pero no vengo a reivindicarla como comedia imperecedera. Lo
cierto es que es una película mala a más no poder, verla y olvidarla. Pero por
lo que fuera, anoche la disfruté lo suficiente como para acabarla con una
sonrisilla en la cara.
Se trata de una comedia que, aunque inspirada en la novela
homónima de Ellis Weiner, homenajea, parodia, (se nutre de) –llámenlo como
quieran – claramente en el clásico de Milos Forman “Alguien voló sobre el nido
del cuco”. Toma los elementos divertidos de la película de Forman –que los hay-
y les da una vuelta para convertir esos elementos en una comedia para todos los
públicos. De hecho, en referencia a esta “inspiración”, la crítica yankie del
momento, decía de la película que chupa tanto de “Alguien voló sobre el nido
del cuco” que parecía que en cualquier momento iba a aparecer por ahí Jack Nicholson. Aunque no lo hacía, porque el personaje del protagonista, Michael Keaton, es un sosias del que hacía Nicholson. Misma enfermedad mental, misma
conducta, misma actitud. Y aunque a día de Hoy Michael Keaton sea un actor
reivindicado y de prestigio, en aquello años, intuyo que pre-Batman –Aunque en
España, “Una pandilla de lunáticos” se estrenó inmediatamente después de la del
hombre murcielago, quizás para aprovechar el tirón- no tenía nada que ver con
Nicholson, más allá de haber compartido protagonismo en “Batman”.
La idea de base de “Una pandilla de lunáticos”, es la misma
que la de “Alguien voló sobre el nido del cuco”; un grupo de enfermos
psiquiátricos que salen del hospital de
excursión y la cosa se les complica. En este caso, un doctor quiere llevarlos a
un partido de Baseball con tan mala suerte que, presenciando por error un
asesinato, a este le malogran llevándole al hospital y dejando a los enfermos a
su suerte, que tendrán que ingeniárselas para resolver el entuerto, encontrar a
su doctor, y que todo se solucione de tal manera que ni despidan al médico, ni
les atiborren a ellos a pastillas.
Simpática, a decir verdad. Veremos dentro de unos años, si
la reviso, que tal me sienta verla de nuevo.
Junto a Michael Keaton –y su Mullet- un grupo de actores en
absoluto estado de gracia como son Peter Boyle, Stephen Furst acabando sus días
de mayor gloria, e inmenso, Christopher Lloyd.
Dirige el asunto Howard Zieff, director asiduo de comedia,
quien cuenta, en su escueta filmografía, con títulos que en su momento fueron
tan populares como “Combate de fondo” o “La recluta Benjamín”, finalizando sus
días en la dirección cinematográfica con esos éxitos de principios de los
noventa que fueron “Mi Chica” y “Mi Chica 2” al servicio de Macaulay Culkin y
Ana Chlumsky, que aunque no acabó tan drogadicta como Culkin, si que acabó de
lleno en la televisión, no acordándose de ella a día de hoy, ni su puñetera
madre.
viernes, 25 de noviembre de 2016
JÓVENES ALOCADOS
Secuela no oficializada de la archipopular “Aquél Excitante
Curso”.
El éxito de aquella “Sex Comedy” propició que Universal
pusiera en marcha otra nueva producción de las mismas características, así que
contratando los servicios del guionista de la anterior, y futuro director de
éxito, Cameron Crowe, que inspirándose en los sucesos observados como
periodista infiltrado en el instituto, dio forma al guion de “Aquel Excitante
Curso”, se sacan de la manga este plagio consentido –por llamarlo de alguna
forma- en el que se repite la estructura de aquella, y los personajes
arquetipo.
Todo está narrado igual, en lugares parecidos y con la idea
de construir una película muy parecida a aquella, hasta tan punto que si en
“Aquél Excitante Curso” teníamos a un joven Sean Penn teñido de rubio pollito,
en esta tenemos, como principal protagonista y en un rol casi exacto a ¡¡Chris
Penn teñido de rubio pollito!! Solo que esta “Jóvenes Alocados” no tiene ni la
garra, ni la gracia ni el atrevimiento de su antecesora, si bien es cierto que
con el afán de hacer esta secuela más grosera y más acorde con el tipo de comedia “Screwball” que ya
imperaba por aquél entonces, introducen en la trama escenas de sexo un tanto
menos sofisticadas –mucho más vulgares; aquí no tenemos a Phoebe Cates
quitándose la parte de arriba del bikini sensualmente, como si teníamos en la
primera-, en un club de streaptease dónde nuestros protagonistas acabarán como
el rosario de la aurora.
Así, tenemos las historias de varios jóvenes que se
entrecruzan, sin que estas se desarrollen de manera muy hilvanada. Tenemos a un
joven que tras graduarse decide abandonar el hogar paterno e independizarse,
por otro lado tenemos a su hermano
pequeño, que entre ligoteo y ligoteo, parece obsesionado con la guerra de Vietnam
(¿), lo que le lleva a compartir su tiempo con un veterano de dicha guerra.
Asimismo tenemos los desmanes y amoríos de un descerebrado wrestler de
instituto, y unos almacenes de moda
dónde trabaja la novia de este, que a su vez es poco menos que acosada por su
jefe. Finalmente, tenemos a la dependienta de una tienda de Donuts que se
acuesta con un policia local que le es infiel a su mujer con ella.
Poco más al respecto. La película se desarrolla lenta,
tediosa, sórdida por momentos gracias a la fotografía, que para nada evoca a la
alegría juvenil que era característica en “Aquel Excitante Curso” y en general,
una “Sex Comedy” de lo más floja. De hecho, no se volvieron a hacer remedos,
secuelas y/o “Exploitations” de “Aquél Excitante Curso”.
Por otro lado, el reparto junta a un montón de actores que a
posteriori tendrían gran peso en el
Hollywood de aquellos años, así, desfilan por la ventana un delgadísimo Chris
Penn (acreditado para la ocasión como Christopher Penn), un Ilan Mitchell Smith
pre “La Mujer Explosiva”, Eric Stolz
poco antes de ser despedido de “Regreso al Futuro”, un Rick Moranis a punto de
participar en el reparto de “Cazafantasmas”, Lea Thompson a la que poco después
veríamos en “Regreso al futuro” y “Howard, Un nuevo héroe”o Randy Quaid, algo
más mayor que el resto de sus compañeros, pero joven y saludable, lejos, muy
lejos del fanático loco en que se ha convertido hoy. Por otro lado, la película
está plagada de cameos por parte de estrellas del Rock y el Punk de aquellos
años como puedan ser Nancy Wilson del grupo “Heart”, Ronnie Wood de “The Rolling Stones” o LeeVing de “Fear”, así como aparece un momento en la película Leo Penn, padre de
Chris y Sean.
Para desgracia de nuestros ojos, decir que Lea Thompson
tenía escenas de desnudo en la película, que fueron eliminadas del corte final,
por considerarlas la producción “demasiado Sexys” -¡idiotas! ¿No es esto una
“Sex Comedy? ¡Pues eso!-.
El director de la película es Art Linson, quien después de
esta, no volvió a dirigir película alguna, si bien cuatro años antes de esta,
en 1980, ya había dirigido una ignota película protagonizada por Bill Murray y Peter Boyle titulada “Where the Buffalo Roam?”.
jueves, 5 de junio de 2014
SOLAR CRISIS
La existencia de telefilms catastróficos (me refiero al genero, obvio) no es un invento reciente, como ya hemos demostrado con anterioridad en este mismo blog. La gran diferencia es que antes, al ser menos abundantes, se hacían con un poco más de dinero -solo un poco- lo que les permitía ciertos "lujos". Además, y por idénticos motivos, tampoco tiraban tantísimo de fórmulas en cuanto a los argumentos y, esta es importante, la informática tenía aún muy poco que decir en el terreno de los efectos especiales (razón por la cual estos resultaban lógicamente menos llamativos y numerosos). Una notoria prueba de todo esto que digo la tenemos en "Solar Crisis", producto televisivo del año 1992 (1990 según otras fuentes) que a estos lares llegó mediante video-clubs de la mano de "Record Visión".
Estamos en el futuro. Nuestro querido astro rey anda un poco tonto. A sus inesperadas y catastróficas subidas de temperatura hay que sumar la madre de todos los cristos, una enorme llamarada que se va a zampar la tierra entera en cuestión de días. Los seres humanos inventan una bomba de antimateria (!!) cuyo fin será provocar dicho cuesco solar en otra dirección y, así, salvar al planeta azul. El problema es que el magnate de una gran corporación está dispuesto a sabotear tan compleja misión por motivos, francamente, algo absurdos y que no alcanzo a comprender del todo. El padre del capitán de la nave salvadora y su nieto (hijo de aquel... ¡¡nepotismo!!) intentarán detener en piña al malo -y su diabólico plan- antes de que sea demasiado tarde.
Ya saben lo mucho que me ponen las pelis de catástrofes, incluso aunque su origen sea caja tontil. Más si llevan mandangas astronómicas de por medio, como es el caso. Lo que aquí tenemos es una peliculilla que se adelantó unos años a la muy reivindicable "Sunshine" (con goticas de la no menos simpática "El núcleo", especialmente en lo referente a cierto sacrificio por el bienestar de la raza humana) y que se mueve en un terreno algo pantanoso, es decir, entre el típico culebrón televisivo de la década previa y las maneras más modernas y valientes que en unos poco años iban a despuntar en tan cateto y cauteloso medio. De primeras tenemos cierto pseudo-drama familiar (por eso de que yayo, nieto y padre anden metidos en el mismo fregao) y la inevitable historia de amoríos (aunque agradecidamente escueta). De segundas pues un tono algo más de "cine espectáculo" a lá Hollywood (dentro de lo que cabe) y la inesperada incursión de tacos, así como un gustoso top-less.
A todo ello súmenle un puñado de maquetas no demasiado cantosas (apuntar aquí que uno de los productores es Richard Edlund, reputado técnico de trucajes que previamente había dejado huella en films del calibre de "El imperio contraataca", "En busca del arca perdida", "Poltergeist", "El retorno del Jedi", "Golpe en la pequeña china" y un porrón más, cosa de la que se presume abiertamente en el poster), constante utilización de croma (salvado por los pelos) y unas justas dosis de animación informática, cuando la cosa aún andaba en pañales y abundaban los píxeles.
Como telefilm que es, todo se desarrolla de un modo bastante planillo y monotonillo, sin exabruptos ni nada demasiado llamativo. Tal vez el momento más recordable sea hacia al final, cuando la nave con la bomba se adentra en el sol y su piloto es testigo de las imágenes más increíbles del interior de la estrella que nos cobija, resueltas por la misma vía de la que se sirvieron en el "Superman" de 1978 al mostrar los confines del universo, usando imágenes reales -retocadas mediante luz- de ciertas algas microscópicas capaces de efectuar las más extrañas formas y los más rimbombantes destellos. Y es que el responsable de tan curiosa triquiñuela es el mismo en ambos casos (en la epopeya del superhéroe y en "Solar Crisis"), Peter Parks. Pal caso no cuela mucho, pero se agradece el intento.
Y cuando hace unas líneas hablaba de "ciertos lujos", no lo decía porque sí. Miren qué reparto más majo tiene "Solar Crisis": Tim "Desmadre a la americana" Matheson, Charlton Heston, Peter "El jovencito Frankenstein" Boyle, Jack Palance, Paul Koslo -eterno malo de serie B y que ya coincidió con Heston en "El último hombre... vivo"-, Dorian Harewood -segundón de reconocible rostro, estuvo en "La chaqueta metálica"-, Paul Williams, el incomparable "Swan" de "El fantasma del paraíso" (así como responsable de su estupendo soundtrack) como la voz de una computadora rollo "HAL 9000", el feo más "cool" del cine moderno Michael Berryman (casi sin frase) y un jovencito Corin Nemec preparándose para el tipo de películas que marcarían el resto de su desigual pero activa carrera.
"Solar Crisis" está basada en la novela de un autor Japonoide, Takeshi Kawata, también productor (de ahí que el pifostio sea mitad yanki, mitad nipón) y el director no es otro que... ¡¡Alan Smithee!!, el pseudónimo oficial que todo filmmaker utiliza cuando reniega del resultado de su obra por intromisiones ajenas (normalmente los productores). En este caso, tras Smithee se esconde Richard C. Sarafian, co-engendrador de la casta de los Sarafian, de entre los que destaca Deran, director de pelis tan reconocibles pal aficionado medio como "Cosmos mortal" (producida por nuestro Carlos Aured), "Interzone" (producida por Aristide Massaccesi y con co-guión de Claudio Fragasso), "Libertad para morir" (vehículo pal amigo Van Damme) o "Velocidad terminal" (la de Charlie Sheen y Nastassja Kinski). Con el tiempo y una caña, el tipo acabó inmerso en el medio televisivo -como su puto padre- y le fue tan bien que terminaría dirigiendo capítulos para "CSI: Nueva York" y "House". Entre sus pecadillos de juventud le encontramos como actor en "Al filo de la medianoche" y...¡¡"Zombi 3"!!. Señalar que uno de los guionistas de "Solar Crisis" es también de la familia, Tedi Sarafian, pero que por aquello de sol/idarizarse con su progenitor firmó con un nombre de héroe de tebeo barato: Crispan Bolt. ¡Curiosísimo!.
Y para rizar el rizo, la banda sonora la compone nada menos que Maurice Jarre, el de "Lawrence de Arabia". De entrada sorprende mucho, pero si miramos su ficha completa en Imdb veremos que Mauricio era un currante y no tenía muchos escrúpulos eligiendo la peli a la que bendecir con su talento.
¿Justifica tanto nombre reconocible/prestigioso el visionado de "Solar Crisis"?... posss, sí, supongo que sí, que para ser lo que es, se deja ver. Sin más. Al tratarse de un producto básicamente apoyado en los efectos especiales, no ha envejecido demasiado bien aunque tampoco ofende.
La pregunta del millón es: ¿cómo hubiese sido la versión firmada por Richard C. Sarafian?. ¿Mejor?, ¿peor?. ¡A saber!.
Estamos en el futuro. Nuestro querido astro rey anda un poco tonto. A sus inesperadas y catastróficas subidas de temperatura hay que sumar la madre de todos los cristos, una enorme llamarada que se va a zampar la tierra entera en cuestión de días. Los seres humanos inventan una bomba de antimateria (!!) cuyo fin será provocar dicho cuesco solar en otra dirección y, así, salvar al planeta azul. El problema es que el magnate de una gran corporación está dispuesto a sabotear tan compleja misión por motivos, francamente, algo absurdos y que no alcanzo a comprender del todo. El padre del capitán de la nave salvadora y su nieto (hijo de aquel... ¡¡nepotismo!!) intentarán detener en piña al malo -y su diabólico plan- antes de que sea demasiado tarde.
Ya saben lo mucho que me ponen las pelis de catástrofes, incluso aunque su origen sea caja tontil. Más si llevan mandangas astronómicas de por medio, como es el caso. Lo que aquí tenemos es una peliculilla que se adelantó unos años a la muy reivindicable "Sunshine" (con goticas de la no menos simpática "El núcleo", especialmente en lo referente a cierto sacrificio por el bienestar de la raza humana) y que se mueve en un terreno algo pantanoso, es decir, entre el típico culebrón televisivo de la década previa y las maneras más modernas y valientes que en unos poco años iban a despuntar en tan cateto y cauteloso medio. De primeras tenemos cierto pseudo-drama familiar (por eso de que yayo, nieto y padre anden metidos en el mismo fregao) y la inevitable historia de amoríos (aunque agradecidamente escueta). De segundas pues un tono algo más de "cine espectáculo" a lá Hollywood (dentro de lo que cabe) y la inesperada incursión de tacos, así como un gustoso top-less.
A todo ello súmenle un puñado de maquetas no demasiado cantosas (apuntar aquí que uno de los productores es Richard Edlund, reputado técnico de trucajes que previamente había dejado huella en films del calibre de "El imperio contraataca", "En busca del arca perdida", "Poltergeist", "El retorno del Jedi", "Golpe en la pequeña china" y un porrón más, cosa de la que se presume abiertamente en el poster), constante utilización de croma (salvado por los pelos) y unas justas dosis de animación informática, cuando la cosa aún andaba en pañales y abundaban los píxeles.
Como telefilm que es, todo se desarrolla de un modo bastante planillo y monotonillo, sin exabruptos ni nada demasiado llamativo. Tal vez el momento más recordable sea hacia al final, cuando la nave con la bomba se adentra en el sol y su piloto es testigo de las imágenes más increíbles del interior de la estrella que nos cobija, resueltas por la misma vía de la que se sirvieron en el "Superman" de 1978 al mostrar los confines del universo, usando imágenes reales -retocadas mediante luz- de ciertas algas microscópicas capaces de efectuar las más extrañas formas y los más rimbombantes destellos. Y es que el responsable de tan curiosa triquiñuela es el mismo en ambos casos (en la epopeya del superhéroe y en "Solar Crisis"), Peter Parks. Pal caso no cuela mucho, pero se agradece el intento.
Y cuando hace unas líneas hablaba de "ciertos lujos", no lo decía porque sí. Miren qué reparto más majo tiene "Solar Crisis": Tim "Desmadre a la americana" Matheson, Charlton Heston, Peter "El jovencito Frankenstein" Boyle, Jack Palance, Paul Koslo -eterno malo de serie B y que ya coincidió con Heston en "El último hombre... vivo"-, Dorian Harewood -segundón de reconocible rostro, estuvo en "La chaqueta metálica"-, Paul Williams, el incomparable "Swan" de "El fantasma del paraíso" (así como responsable de su estupendo soundtrack) como la voz de una computadora rollo "HAL 9000", el feo más "cool" del cine moderno Michael Berryman (casi sin frase) y un jovencito Corin Nemec preparándose para el tipo de películas que marcarían el resto de su desigual pero activa carrera.
"Solar Crisis" está basada en la novela de un autor Japonoide, Takeshi Kawata, también productor (de ahí que el pifostio sea mitad yanki, mitad nipón) y el director no es otro que... ¡¡Alan Smithee!!, el pseudónimo oficial que todo filmmaker utiliza cuando reniega del resultado de su obra por intromisiones ajenas (normalmente los productores). En este caso, tras Smithee se esconde Richard C. Sarafian, co-engendrador de la casta de los Sarafian, de entre los que destaca Deran, director de pelis tan reconocibles pal aficionado medio como "Cosmos mortal" (producida por nuestro Carlos Aured), "Interzone" (producida por Aristide Massaccesi y con co-guión de Claudio Fragasso), "Libertad para morir" (vehículo pal amigo Van Damme) o "Velocidad terminal" (la de Charlie Sheen y Nastassja Kinski). Con el tiempo y una caña, el tipo acabó inmerso en el medio televisivo -como su puto padre- y le fue tan bien que terminaría dirigiendo capítulos para "CSI: Nueva York" y "House". Entre sus pecadillos de juventud le encontramos como actor en "Al filo de la medianoche" y...¡¡"Zombi 3"!!. Señalar que uno de los guionistas de "Solar Crisis" es también de la familia, Tedi Sarafian, pero que por aquello de sol/idarizarse con su progenitor firmó con un nombre de héroe de tebeo barato: Crispan Bolt. ¡Curiosísimo!.
Y para rizar el rizo, la banda sonora la compone nada menos que Maurice Jarre, el de "Lawrence de Arabia". De entrada sorprende mucho, pero si miramos su ficha completa en Imdb veremos que Mauricio era un currante y no tenía muchos escrúpulos eligiendo la peli a la que bendecir con su talento.
¿Justifica tanto nombre reconocible/prestigioso el visionado de "Solar Crisis"?... posss, sí, supongo que sí, que para ser lo que es, se deja ver. Sin más. Al tratarse de un producto básicamente apoyado en los efectos especiales, no ha envejecido demasiado bien aunque tampoco ofende.
La pregunta del millón es: ¿cómo hubiese sido la versión firmada por Richard C. Sarafian?. ¿Mejor?, ¿peor?. ¡A saber!.
domingo, 26 de diciembre de 2010
EL JOVENCITO FRANKENSTEIN
No cabe duda que esta es, no ya la mejor comedia de Mel Brooks, sino una de las mejores comedias de todos los tiempos, y uno de los extraños casos de parodias que superan con creces el material que homenajean. Por lo que a mi respecta, el "Frankenstein" de la "Universal" es cojonudo, pero "El jovencito Frankenstein" es infinitamente mejor, no solo por contener algunos de los gags más brillantes de la historia del cine, si no porque recrea la atmósfera de la original a la perfección. A lo que voy es que si "El jovencito Frankenstein" fuera una película de terror, sería más convincente el monstruo interpretado por Peter Boyle que el Boris Karloff. Y ahora que los puristas digan lo que quieran, que me la trae floja.¿Y cómo soporta la peli el paso de los años? Maravillosamente. Lo cierto es que no decae ni un poquito. Se sostiene por si misma desde el primer fotograma, desde la primera escena con Gene Wilder explicando sus teorías sobre la muerte cerebral, e insultando a la cobaya humana que le sirve para demostrar esas ideas (“cochino, cerdo, ¡HIJO DE ZORRA¡” ¿Se acuerdan? ) y mantiene ese ritmo hasta el final. De antología son los gags del encuentro del monstruo con la niña que tira flores al pozo, se le acaban y le pregunta “¿Y ahora qué tiramos?”. Boyle, para conseguir una estruendosa carcajada, tan solo tiene que mirar a cámara de manera cómplice. Ya sabemos lo que viene después, pero por si a alguno se le había olvidado, podemos ver a la niña volar por encima de la cabeza de sus preocupados padres, que se preguntan donde estará. La cría aterriza sobre su cama, a la par que sus padres abren la puerta, y allí se la encuentran durmiendo plácidamente. Una escena que solo podía haber sido coreografiada por un maestro. ¿Y qué decir del cameo de Gene Hackman? Ese ciego que pide a dios un poco de compañía y de pronto irrumpe el monstruo en su casa. En su intención de colmar a su visita de atenciones, por poco lo devuelve a la tumba, abrasado, empapado y quemado.
Y el mejor gag de la peli, justo cuando el monstruo ha cobrado vida, que Gene Wilder se está vanagloriando de su creación, a Igor, interpretado por el gran Marty Feldman no se le ocurre otra cosa que sacarse de su bolsilla un cigarrito y encenderlo, motivo este por el que descubrimos que el monstruo tiene miedo al fuego. Y me podía tirar así un rato largo (Nota de Naxo: Has olvidado el de "a... no se qué". Ese para mí es la joya)
A la hora de decidir si reseñaba o no esta peli he tenido dudas, porque, salvo que es genial en todos sus aspectos, no se qué más puedo decir de ella. Creo que de esta peli está todo dicho. Pero sí, me quería dar el gustazo de comentar lo buena que es y que forme parte de este blog, porque lo merece (la película.... y el blog, claro).
miércoles, 1 de octubre de 2008
LOS DESMADRADOS PIRATAS DE BARBA AMARILLA
En los 80 había una moda bastante irritante que consistía en atribuirle películas al clan Monty Python en las que, únicamente, solo alguno de sus componentes había participado. Un caso que se dio mucho con Terry Gilliam ("La bestia del reino" y "Los héroes del tiempo" son dos ejemplos) y con otras, tal como la que hoy comento, "Los desmadrados piratas de barba amarilla", título más adecuado para la comedia americana que se producía entonces, eminentemente juvenil, que para este film británico hasta la médula.
Obviamente, lo que más destaca es su espectacular reparto de actores habituales del cine de risas. Tenemos a, como decía, algunos miembros de Monty Python (John Cleese, Eric Idle, Graham Chapman como protagonista y co-guionista), otros del clan Mel Brooks (Marty Feldman, Peter Boyle, Madeline Kahn), a los yankis Cheech y Chong y una suculenta variedad de cómicos ingleses (Peter Cook, Spike Milligan o Nigel Planer, es decir, el hippie de la inolvidable serie "The Young Ones"). A semejante ensalada debemos añadir a James Mason, un breve cameo de David Bowie y a Buddy Van Horn encargado de las tareas de los especialistas. Van Horn era habitual colaborador de Clint Eastwood, e incluso le acabó dirigiendo como "Harry Callahan" en "La lista negra".
Evidentemente, con un plantel así, y medios bastante holgados, esta peli tendría que haber sido la repanocha, el no va más del descojone padre. Pues no, todo lo contrario. "Los desmadrados piratas de barba amarilla" nos cuenta la historia de un feroz pirata que oculta un tesoro y es encarcelado 20 años. Pasada esa fecha, escapa en busca del botín, solo que ahora son unos cuantos más los que saben de su existencia, y no dejarán que el fiero pirata se lo quede.
El resultado es terriblemente desencantado, soso, sin gancho, sin ritmo y sin especial gracia. Con suerte sonríes en algún momento, pero poca cosa. En general mas bien te aburres como una puñetera ostra. Cuando llegas a la hora, estás tan cansado ya, que ni algunos de los por entonces mejores gags logran animarte. Un desperdicio de talento (y dinero) del que debemos culpar a su director, Mel Damski, un tipo que venía de la tele, hizo un parón en el cine con este film, y volvió a la caja tonta de por vida (entre sus últimos trabajos hay episodios de "Psych").
Si no me acabáis de creer, ahí va esa: El propio John Cleese asegura que es la peor de todas sus películas. Casiná.
Obviamente, lo que más destaca es su espectacular reparto de actores habituales del cine de risas. Tenemos a, como decía, algunos miembros de Monty Python (John Cleese, Eric Idle, Graham Chapman como protagonista y co-guionista), otros del clan Mel Brooks (Marty Feldman, Peter Boyle, Madeline Kahn), a los yankis Cheech y Chong y una suculenta variedad de cómicos ingleses (Peter Cook, Spike Milligan o Nigel Planer, es decir, el hippie de la inolvidable serie "The Young Ones"). A semejante ensalada debemos añadir a James Mason, un breve cameo de David Bowie y a Buddy Van Horn encargado de las tareas de los especialistas. Van Horn era habitual colaborador de Clint Eastwood, e incluso le acabó dirigiendo como "Harry Callahan" en "La lista negra".
Evidentemente, con un plantel así, y medios bastante holgados, esta peli tendría que haber sido la repanocha, el no va más del descojone padre. Pues no, todo lo contrario. "Los desmadrados piratas de barba amarilla" nos cuenta la historia de un feroz pirata que oculta un tesoro y es encarcelado 20 años. Pasada esa fecha, escapa en busca del botín, solo que ahora son unos cuantos más los que saben de su existencia, y no dejarán que el fiero pirata se lo quede.
El resultado es terriblemente desencantado, soso, sin gancho, sin ritmo y sin especial gracia. Con suerte sonríes en algún momento, pero poca cosa. En general mas bien te aburres como una puñetera ostra. Cuando llegas a la hora, estás tan cansado ya, que ni algunos de los por entonces mejores gags logran animarte. Un desperdicio de talento (y dinero) del que debemos culpar a su director, Mel Damski, un tipo que venía de la tele, hizo un parón en el cine con este film, y volvió a la caja tonta de por vida (entre sus últimos trabajos hay episodios de "Psych").
Si no me acabáis de creer, ahí va esa: El propio John Cleese asegura que es la peor de todas sus películas. Casiná.
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