"Manhattan Baby" luce igualita que todas las películas del periodo de oro en la carrera de Lucio Fulci, básicamente porque está facturada a la par que el resto. ¿Y a qué periodo me refiero? ¿de verdad son tan ingenuos? pues ya saben: "Nueva York bajo el terror de los zombi", "Miedo en la ciudad de los muertos vivientes", "El más allá", "Aquella casa al lado del cementerio" y "El destripador de Nueva York". Teniendo ello en consideración, y el hecho de que muchos de los individuos presentes en aquellas (delante y detrás de la cámara) repiten aquí (véanse la pareja de guionistas Elisa Briganti + Dardano Sacchetti, el productor Fabrizio De Angelis, el compositor Fabio Frizzi quien, por cierto, recicla bastantes temas de "El más allá" o el niño cabezón de "Aquella casa al lado del cementerio", Giovanni Frezza, del que, curiosamente, rulan fotos promocionales luciendo un escorpión negro en su interminable cabolo, aunque aluego no veamos nada parecido en el film), ¿Cómo es posible que "Manhattan Baby" sea menos popular, peor, y "la fea" del pack según las artes del José Frade distribuidor? aquella que, aún luciendo el inconfundible diseño de la caratula propia del periodo -incluido ese cutroso L.Fulzy-, y un dibujo del gran E.Sciotti, rara vez alquilamos. Y si lo hicimos, la devolvimos raudos al día siguiente suplicando a nuestro cerebro un pronto borrado. Pues porque a "Manhattan Baby" le falta una cosa muy importante, esencial: las generosas, retorcidas y exageradas sanguinolencias propias de aquel Fulci. O, como lo llamaban los franchustes, el hard-gore. Y así, una vez más, se demuestra que sin semejante elemento, el cine del italiano carece de ningún otro atractivo e interés (venga va, voy a ser generoso, añadan cierta capacidad de crear atmósferas macabras... ausente también en el caso que nos ocupa) y, claro, sus muchas limitaciones (sobre todo la falta de ritmo, dinamismo y progresión) pesa más que agarrar a Sergi López por la cintura para elevarlo un palmo del sucio suelo. Por ello "Manhattan Baby" es la más olvidable, prescindible y aburrida película de horror de Fulci, a la altura de furruños posteriores como "Aenigma" o -la abominosa- "Murderock" (queda pendiente revisar otra incorporable al mismo espacio-tiempo, "El gato negro", pero, según recuerdo, tampoco mejoraría mucho el panorama).
Yendo de exploraciones por Egipto, la hija de un arqueólogo (Christopher Connelly, todo un astro del exploit italianini al que han visto en indigestiones de Enzo G. Castellari, Ruggero Deodato o Bruno Mattei, ¡¡menudo máquina!!) recibe un medallón chungo por parte de una autóctona ciega y malrollera, uno con forma de ojo, lo que dará alas a Fulci para saturar su película de primeros planos de los globos oculares del reparto al completo, pero hasta la náusea, justo al ladito de los zooms y los paneos indiscriminados. El caso es que la familia regresa a Nueva York y la niña pues comienza a comportarse raro. Aquellos que investiguen el origen de sus berrinches, terminarán palmando... aunque, como avisaba hace unas líneas, no esperen nada granguiñolesco. Quizás el final-final, y aún así, tampoco tanto.
El resultado, pues eso, un tostón tremendo, anti-recomendable y que incluye la desagradable muerte real de una cobra frente a la cámara... panda de sucios bastardos desalmados... ya saben como las gastaban entonces. Prefiero quedarme con tonteridas y fricadillas como ese mítico póster de Mordillo decorando una pared, los churumbeles leyendo "Crazy" (una de las imitaciones más célebres de "Mad Magazine") y el enfermero (asistiendo a Fulci en su inevitable cameo), que se parece mucho a mí.... o al yo de hace quince años.
¿El resto? habas con diarrea de mono.
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sábado, 16 de mayo de 2026
sábado, 16 de diciembre de 2023
AEROPUERTO 78, VUELO SUPERSÓNICO
Siguiendo el orden natural de las cosas, el exitazo en los setenta de la saga "Aeropuerto" desencadenó la inevitable ristra de imitaciones, entre ellas telefilms, el "exploit" italiano de rigor y, cómo no, la parodia oficial. Fíjense que es un camino que se repite a lo largo de la historia del cine. Ya sea la fiebre "slasher", ya sea la superheróica.
Precisamente, mi vetusto y atrofiado cerebro recordaba una escena en la que un avión de color rojiblanco alcanzaba la estratosfera. Estaba convencido que lo había visto en una pantalla de cine, tanto como que no era ninguno de los títulos gordos de la franquicia "Aeropuerto". Deduje que sería el italiano, porque según mis datos, los efectos especiales eran un poco chapuzas. Así, me agencié "Concorde Affair", dirigida nada menos que por Ruggero Deodato. Obviamente, tratándose del subproducto que se trataba, la acción catastrofista del avión enfrentado a sendos problemas se reducía, básicamente, al tramo final. ¿El resto? pues lo habitual en estas lides made in Italy, una trama desarrollada en tierra firme y, a poder ser, un país tercermundista, por aquello de abaratar. Resumiendo: No era la que buscaba. Entonces ¿cuál, maldita sea, cuál? Finalmente, y tras someter mis meninges al grado máximo, hallé la respuesta: "Aeropuerto 78, vuelo supersónico" ("SST: Death Flight" en v.o.). Al instante reconocí el avión rojiblanco y grité entusiasmado "¡¡Esta es!!" Curiosamente se trataba de una producción norteamericana para la caja lerda. Ahora solo faltaba reverla.
Asistimos al primer vuelo comercial de un super avión. El futuro de la compañía depende de que todo vaya como la seda. Lástima que no cuenten con la presencia de un jefe técnico amargado y lleno de manías dispuesto a sabotear el asunto. Tampoco como para matar a nadie, solo pretende que el bicho de media vuelta y quede fatal de cara a los medios (más que nada porque él mismo forma parte de la tripulación) Sin embargo, el piloto se toma el aviso a chufla y decide seguir... hasta que, ¡catapum! se produce una explosión en la parte baja del avión. ¿Problemas? pues esperen, porque resulta que entre la carga hay una serie de virus experimentales, la gripe del Senegal, nada menos. El petardo los liberará y hará que, no solo el personal comience a enfermar, también impidan al parato aterrizar en cualquiera de los muchos aeropuertos disponibles.
Pues al final ha resultado que, contra todo pronóstico, la película no está ni tan mal. Lo más flojo son, sí, los efectos especiales (de hecho, el accidentado aterrizaje de emergencia ni lo vemos, pasamos directamente a sus consecuencias. Y eso, en una película de semejante subgénero, suena bastante ruin). Pero, por lo demás, gasta un ritmo notable, va a piñón desde buen principio, entretiene bastante y uno se puede deleitar viendo la notoria galería de rostros, casi todos televisivos, que van cruzando frente a sus ojos (encarnando, además, a personajes no especialmente repugnantes, algunos incluso se marcan diálogos bien escritos), gente como Lorne Greene, Doug McClure, Burgess Meredith (¿qué clase de nombre es Burgess?), Brock Peters, Susan Strasberg y un ultra-jovencito Billy Crystal como azafato. Aunque el más llamativo en este caso es Peter Graves, que dos años después interpretaría al piloto de risa en "Aterriza como puedas", la maravillosa parodia oficial a la que aludía.
El director, David Lowell Rich, ya había rodado otro telefilm de aviones en apuros unos años antes, solo que en plan de terror -tampoco demasiado mala- "The Horror at 37, 000 Feet". Tanto avión y tanta mandanga le valieron para que, finalmente, en 1979 fuese fichado como máximo responsable de la última entrega de, esta vez sí, la genuina franquicia, concretamente "Aeropuerto '80". Sin embargo, el consiguiente fracaso crítico y comercial le devolvió a la televisión, de donde prácticamente ya no se movió hasta su muerte en 2001.
Decía al inicio de la reseña que recordaba haber visto "Aeropuerto 78, vuelo supersónico" en una gran pantalla... ¿siendo un telefilm? Evidentemente, y como ha pasado antes con, por ejemplo, las series setenteras de "Spider-man" o "La Masa", en Europa se estrenó en salas, además con un simpático aliciente extra, el desnudo de la actriz y modelo erótica Misty Rowe, dando vida a una rubia tonta, pero tontísima. Material este que los yankis no pudieron apreciar en su día. Les dejo una imagen promocional del film con la moza... eso sí, tapadita para la ocasión.
Precisamente, mi vetusto y atrofiado cerebro recordaba una escena en la que un avión de color rojiblanco alcanzaba la estratosfera. Estaba convencido que lo había visto en una pantalla de cine, tanto como que no era ninguno de los títulos gordos de la franquicia "Aeropuerto". Deduje que sería el italiano, porque según mis datos, los efectos especiales eran un poco chapuzas. Así, me agencié "Concorde Affair", dirigida nada menos que por Ruggero Deodato. Obviamente, tratándose del subproducto que se trataba, la acción catastrofista del avión enfrentado a sendos problemas se reducía, básicamente, al tramo final. ¿El resto? pues lo habitual en estas lides made in Italy, una trama desarrollada en tierra firme y, a poder ser, un país tercermundista, por aquello de abaratar. Resumiendo: No era la que buscaba. Entonces ¿cuál, maldita sea, cuál? Finalmente, y tras someter mis meninges al grado máximo, hallé la respuesta: "Aeropuerto 78, vuelo supersónico" ("SST: Death Flight" en v.o.). Al instante reconocí el avión rojiblanco y grité entusiasmado "¡¡Esta es!!" Curiosamente se trataba de una producción norteamericana para la caja lerda. Ahora solo faltaba reverla.
Asistimos al primer vuelo comercial de un super avión. El futuro de la compañía depende de que todo vaya como la seda. Lástima que no cuenten con la presencia de un jefe técnico amargado y lleno de manías dispuesto a sabotear el asunto. Tampoco como para matar a nadie, solo pretende que el bicho de media vuelta y quede fatal de cara a los medios (más que nada porque él mismo forma parte de la tripulación) Sin embargo, el piloto se toma el aviso a chufla y decide seguir... hasta que, ¡catapum! se produce una explosión en la parte baja del avión. ¿Problemas? pues esperen, porque resulta que entre la carga hay una serie de virus experimentales, la gripe del Senegal, nada menos. El petardo los liberará y hará que, no solo el personal comience a enfermar, también impidan al parato aterrizar en cualquiera de los muchos aeropuertos disponibles.
Pues al final ha resultado que, contra todo pronóstico, la película no está ni tan mal. Lo más flojo son, sí, los efectos especiales (de hecho, el accidentado aterrizaje de emergencia ni lo vemos, pasamos directamente a sus consecuencias. Y eso, en una película de semejante subgénero, suena bastante ruin). Pero, por lo demás, gasta un ritmo notable, va a piñón desde buen principio, entretiene bastante y uno se puede deleitar viendo la notoria galería de rostros, casi todos televisivos, que van cruzando frente a sus ojos (encarnando, además, a personajes no especialmente repugnantes, algunos incluso se marcan diálogos bien escritos), gente como Lorne Greene, Doug McClure, Burgess Meredith (¿qué clase de nombre es Burgess?), Brock Peters, Susan Strasberg y un ultra-jovencito Billy Crystal como azafato. Aunque el más llamativo en este caso es Peter Graves, que dos años después interpretaría al piloto de risa en "Aterriza como puedas", la maravillosa parodia oficial a la que aludía.
El director, David Lowell Rich, ya había rodado otro telefilm de aviones en apuros unos años antes, solo que en plan de terror -tampoco demasiado mala- "The Horror at 37, 000 Feet". Tanto avión y tanta mandanga le valieron para que, finalmente, en 1979 fuese fichado como máximo responsable de la última entrega de, esta vez sí, la genuina franquicia, concretamente "Aeropuerto '80". Sin embargo, el consiguiente fracaso crítico y comercial le devolvió a la televisión, de donde prácticamente ya no se movió hasta su muerte en 2001.
Decía al inicio de la reseña que recordaba haber visto "Aeropuerto 78, vuelo supersónico" en una gran pantalla... ¿siendo un telefilm? Evidentemente, y como ha pasado antes con, por ejemplo, las series setenteras de "Spider-man" o "La Masa", en Europa se estrenó en salas, además con un simpático aliciente extra, el desnudo de la actriz y modelo erótica Misty Rowe, dando vida a una rubia tonta, pero tontísima. Material este que los yankis no pudieron apreciar en su día. Les dejo una imagen promocional del film con la moza... eso sí, tapadita para la ocasión.
viernes, 8 de septiembre de 2023
EL ADIÓS DE UN CAMPEÓN
Naxo ya nos mostró en una entrada anterior la carátula de la cinta de vídeo de “El adiós de un campeón” que, los más viejos del lugar, estábamos hartos de ver en los estantes del video-club, aunque nunca la alquilábamos. Tenía bastante mala pinta. Como bien rezaba aquella, se trataba de la segunda edición, así pues, yo ilustro la presente reseña con el cartel perteneciente a la primera, que recrea asimismo el más explícito, pero menos vistoso, póster para cines, donde la vieron aproximadamente 94.000 espectadores de nada.
El título en castellano es un spoiler en sí mismo.
Se trata de un dramón de padre y muy señor mío sobre un chaval medio quinqui al que le gusta saltar a piscinas privadas y, allí, hacer carreras nadando con sus colegas. Los padres le tienen frito y, este, harto de sus reprimendas, decide irse de casa. Comienza así a trabajar en una piscina municipal. Fascinado por el deporte acuático, comenzará a nadar por las noches, convirtiéndose en un virtuoso natatorio de la manera más tonta, por lo que el entrenador local decide apadrinarle y acabar de pulir su técnica. Y justo cuando parece que mejor le va, al desgraciado le detectan un tumor cerebral que truncará su carrera.
Un folletín zetoso con apariencia de film de "Jaimito" dirigido por un Ruggero Deodato más en baja forma que de costumbre. Un pequeño bodrio que, no obstante, se aguanta bastante bien porque está montado de una manera muy dinámica, tanto, que pasamos de un tema a otro a una velocidad de vértigo y sin darnos cuenta. En menos de cinco minutos el protagonista ya se ha ido de casa y encuentra curro. Pero por lo demás es una película vacía incapaz de hacer empatizar al espectador con sus protagonistas, de manera que, cuando al chaval le detectan el tumor, al espectador le da igual, lo mismo cuando nos confirman que va a morir. Y cuando muy enfermo bate el récord de los 400 metros estilo libre para, acto seguido, palmar... pues también nos importa un comino.
Todos estos artesanos italianos a la Deodato, reniegan del cine de explotación (donde caben terror, thriller, violencia, etc) que les ha dado un nombre, y siempre abogan por un tipo de película más dramática y de autor. Es como si aquel les hubiera arrebatado la oportunidad de facturar otro tipo de cosas. Pero es que ¡demonios! la explotación era lo único que se les daba medianamente bien. “El adiós de un campeón” es la prueba de que si a Deodato le dejas hacer, y se pone con un dramón, una historia humana y descarnada, no llega a comedia voluntaria por los pelos, pero sí le sale algo raro a velocidad de peli de caníbales y con algunas interpretaciones exageradas. Vamos, que ante un cine más "profundo", el amigo Deodato no es el Dino Risi que ansía ser. Sin embargo, dentro del género del terror y aledaños siempre será el “maestro” Deodato, el de “Holocausto Caníbal”. Aunque incluso haga bodrios peores que “El adiós de un campeón” como, por poner un ejemplo, “La lavadora asesina”.
Con todo, ver esta película no ha sido un suplicio total y, en cierto modo, me ha resultado hasta interesante, porque no había visto nada de Ruggero Deodato más allá de los títulos que todos conocemos.
El título en castellano es un spoiler en sí mismo.
Se trata de un dramón de padre y muy señor mío sobre un chaval medio quinqui al que le gusta saltar a piscinas privadas y, allí, hacer carreras nadando con sus colegas. Los padres le tienen frito y, este, harto de sus reprimendas, decide irse de casa. Comienza así a trabajar en una piscina municipal. Fascinado por el deporte acuático, comenzará a nadar por las noches, convirtiéndose en un virtuoso natatorio de la manera más tonta, por lo que el entrenador local decide apadrinarle y acabar de pulir su técnica. Y justo cuando parece que mejor le va, al desgraciado le detectan un tumor cerebral que truncará su carrera.
Un folletín zetoso con apariencia de film de "Jaimito" dirigido por un Ruggero Deodato más en baja forma que de costumbre. Un pequeño bodrio que, no obstante, se aguanta bastante bien porque está montado de una manera muy dinámica, tanto, que pasamos de un tema a otro a una velocidad de vértigo y sin darnos cuenta. En menos de cinco minutos el protagonista ya se ha ido de casa y encuentra curro. Pero por lo demás es una película vacía incapaz de hacer empatizar al espectador con sus protagonistas, de manera que, cuando al chaval le detectan el tumor, al espectador le da igual, lo mismo cuando nos confirman que va a morir. Y cuando muy enfermo bate el récord de los 400 metros estilo libre para, acto seguido, palmar... pues también nos importa un comino.
Todos estos artesanos italianos a la Deodato, reniegan del cine de explotación (donde caben terror, thriller, violencia, etc) que les ha dado un nombre, y siempre abogan por un tipo de película más dramática y de autor. Es como si aquel les hubiera arrebatado la oportunidad de facturar otro tipo de cosas. Pero es que ¡demonios! la explotación era lo único que se les daba medianamente bien. “El adiós de un campeón” es la prueba de que si a Deodato le dejas hacer, y se pone con un dramón, una historia humana y descarnada, no llega a comedia voluntaria por los pelos, pero sí le sale algo raro a velocidad de peli de caníbales y con algunas interpretaciones exageradas. Vamos, que ante un cine más "profundo", el amigo Deodato no es el Dino Risi que ansía ser. Sin embargo, dentro del género del terror y aledaños siempre será el “maestro” Deodato, el de “Holocausto Caníbal”. Aunque incluso haga bodrios peores que “El adiós de un campeón” como, por poner un ejemplo, “La lavadora asesina”.
Con todo, ver esta película no ha sido un suplicio total y, en cierto modo, me ha resultado hasta interesante, porque no había visto nada de Ruggero Deodato más allá de los títulos que todos conocemos.
miércoles, 6 de abril de 2022
MIERDCADERÍAS: RUGGERO DEODATO ALUCINARÍA UN RATO
Es un hecho que, ocasionalmente, algunas de las mierdcaderías aquí expuestas no necesitan demasiada introducción. Basta con verlas para entender el sentido ridículo de su mero existir. Pero nunca ha sido tan evidente como lo que les traigo hoy. Antaño, "Holocausto Caníbal" era sinónimo de la más absoluta sordidez cinematográfica, desde el momento que la alquilabas del vídeo-club con esa caratula perturbadora de la tipa empalada. Sentarte a verla significaba ser testigo de las mayores atrocidades imaginables. De una crueldad en su máximo exponente, sobre todo si eras amante de la vida animal que, como saben, en los sucios fotogramas de este clásico enfermizo de Ruggero Deodato, sufren y mueren sin truco alguno.
Por todo ello, ver "Holocausto Caníbal" convertido en el adorno, en la estampa, de un... ¡¿body de color azul cielo?! supone, no sabría decir, algo más desasosegante que la misma película. Incluso más ofensivo. Sí, claro, es muy "cool", muy rompedor y muy "Me too" Pero, seamos prácticos, ¿convertir una obra incunable del mal rollo en algo tan cursi (a lo que deberán añadir los adjetivos habituales: banal, inofensivo, superficial, frívolo, etc) ? Vivimos tiempos aciagos, queridos amigos cinéfagos.
Por todo ello, ver "Holocausto Caníbal" convertido en el adorno, en la estampa, de un... ¡¿body de color azul cielo?! supone, no sabría decir, algo más desasosegante que la misma película. Incluso más ofensivo. Sí, claro, es muy "cool", muy rompedor y muy "Me too" Pero, seamos prácticos, ¿convertir una obra incunable del mal rollo en algo tan cursi (a lo que deberán añadir los adjetivos habituales: banal, inofensivo, superficial, frívolo, etc) ? Vivimos tiempos aciagos, queridos amigos cinéfagos.
miércoles, 8 de septiembre de 2021
EL BAÚL DE TÍO VICENTE - 12
Ahí va una breve muestra de algunos de los carteles curiosos, a toda página, que me he encontrando hurgando entre los ejemplares de la revista "Shows" (año 1988). Veámoslos....

En 1978, entre sus epopeyas ultra-violentas de caníbales,
Ruggero Deodato dirigió este dramón
lacrimógeno de trasfondo deportivo, sobre un chaval de
mala vida que encuentra consuelo apuntándose a la natación
de competición, hasta que una enfermedad grave se lo joroba
todo y se ve obligado a combatirla.

Un cartel de este popular slasher de naturaleza trash no tiene nada
de especial. Es muy hermoso y está más visto que el tebeo. Pero así, en plan
lanzamiento novedoso, junto a un par de títulos más (de
idéntica naturaleza zetosa) y el logo de la eterna "Lightning Video",
pues es un espectáculo que mola mucho presenciar.

Cuando era jovencito, a raíz de asistir al estreno de
"La tienda de los horrores", me volví fanático total de la planta
"Audrey". Incluso me hice una con felpa, hilo, aguja y algodón. Poco después
algún empresario teatral decidió traer a mi ciudad la famosa versión
teatrera. Y a puntito estuve de ir a verla... pero es que a mi eso del escenario
no me tira mucho. No obstante, localizar este cartel, despertó los respectivos
recuerdos y, por ello, decidí incluirlo en el muestrario.
By the way, recientemente "La tienda de los horrores" regresó a nuestra
cartelera teatral... pero al hacerlo de la mano de esa repugnante criatura
llamada Ángel Llácer, la idea de acudir se tornó totalmente impensable.

Mel Smith y Griff Rhys Jones eran dos notorios humoristas británicos
que triunfaban en la tele de allí como "Smith & Jones". TV3, la caja tonta
catalana (ahora más tonta que nunca), compró la serie y la emitió acá. Yo la consumía
fielmente cada semana. Por esa razón, llamó poderosamente mi atención el día que vi
el, no menos llamativo, cartel de esta película-vehículo para lucimiento
de ambos cómicos (responsables del guion). Lo de que fuese una coña con
fondo de ciencia ficción lo hacía muy atractivo. El título tampoco tenía
desperdicio (lo mismo que el británico, "Morons from outer space", es decir, "Tontos del
espacio exterior"). Pero que el dire fuese el mismo que el del
"Flash Gordon" de 1980 era ya el acabose. Sin embargo, ni la vi entonces, ni
la he visto aún. Tengo esa cuenta pendiente (NOTA: Gracias
a esta entrada, Víctor me ha conseguido una copia. Así que, reseña en breve).
Con el tiempo, Mel Smith -ya fallecido- haría algo de carrera, saliendo como
secundario en otras pelis, incluso dirigiendo las suyas propias (como "Un tipo de
altura", con Jeff Goldblum y Emma Thompson). Jones continúa currando
a día de hoy, y eso siempre está bien.

En 1978, entre sus epopeyas ultra-violentas de caníbales,
Ruggero Deodato dirigió este dramón
lacrimógeno de trasfondo deportivo, sobre un chaval de
mala vida que encuentra consuelo apuntándose a la natación
de competición, hasta que una enfermedad grave se lo joroba
todo y se ve obligado a combatirla.

Un cartel de este popular slasher de naturaleza trash no tiene nada
de especial. Es muy hermoso y está más visto que el tebeo. Pero así, en plan
lanzamiento novedoso, junto a un par de títulos más (de
idéntica naturaleza zetosa) y el logo de la eterna "Lightning Video",
pues es un espectáculo que mola mucho presenciar.

Cuando era jovencito, a raíz de asistir al estreno de
"La tienda de los horrores", me volví fanático total de la planta
"Audrey". Incluso me hice una con felpa, hilo, aguja y algodón. Poco después
algún empresario teatral decidió traer a mi ciudad la famosa versión
teatrera. Y a puntito estuve de ir a verla... pero es que a mi eso del escenario
no me tira mucho. No obstante, localizar este cartel, despertó los respectivos
recuerdos y, por ello, decidí incluirlo en el muestrario.
By the way, recientemente "La tienda de los horrores" regresó a nuestra
cartelera teatral... pero al hacerlo de la mano de esa repugnante criatura
llamada Ángel Llácer, la idea de acudir se tornó totalmente impensable.

Mel Smith y Griff Rhys Jones eran dos notorios humoristas británicos
que triunfaban en la tele de allí como "Smith & Jones". TV3, la caja tonta
catalana (ahora más tonta que nunca), compró la serie y la emitió acá. Yo la consumía
fielmente cada semana. Por esa razón, llamó poderosamente mi atención el día que vi
el, no menos llamativo, cartel de esta película-vehículo para lucimiento
de ambos cómicos (responsables del guion). Lo de que fuese una coña con
fondo de ciencia ficción lo hacía muy atractivo. El título tampoco tenía
desperdicio (lo mismo que el británico, "Morons from outer space", es decir, "Tontos del
espacio exterior"). Pero que el dire fuese el mismo que el del
"Flash Gordon" de 1980 era ya el acabose. Sin embargo, ni la vi entonces, ni
la he visto aún. Tengo esa cuenta pendiente (NOTA: Gracias
a esta entrada, Víctor me ha conseguido una copia. Así que, reseña en breve).
Con el tiempo, Mel Smith -ya fallecido- haría algo de carrera, saliendo como
secundario en otras pelis, incluso dirigiendo las suyas propias (como "Un tipo de
altura", con Jeff Goldblum y Emma Thompson). Jones continúa currando
a día de hoy, y eso siempre está bien.
Griten todos al unísono: ¡Graaaaacias tío Vicenteeee!
sábado, 17 de julio de 2021
HOLOCAUSTO CANIBAL 2
A mediados de los ochenta, mis puntuales visitas a la feria de Sonimag solían darme algunas sorpresas. El apartado dedicado a las distribuidoras de vídeo contaba con coloristas pósters y pantallas en las que se proyectaban futuros lanzamientos. De esta guisa supe de "Sardu", "Redneck Zombies" o "El oráculo", con los consiguientes subidones y posteriores decepciones... aunque solo en algunos casos. Sin duda, uno de los más sonados fue este "Holocausto Caníbal 2", con el que flipé pepinillos el día que vi su cartel, básicamente una costrosa réplica del de la peli de Ruggero Deodato. En cuanto la descubrí para alquilar en un vídeo-club situado en la calle Sants de Barcelona, que de tan estrecho la peña tenía que rozar espalda con espalda para moverse en su interior, me llevé la copia a casa. Lo siguiente fue uno de los mayores hostiazos que me he zampado en mi vida cinéfaga. Y durante años, muchos años, consideré aquel truñete como lo peor consumido por estos cansados ojos. Por eso, cuando recientemente nos reencontramos, pensé que sería gracioso enfrentarme de nuevo a ella, sabiendo ya todo lo que sabía y con los huevos pelados de ver tantísima mierda.
Obviamente el título original de esto NO es "Holocausto Caníbal 2", eso es un invento de sendas distribuidoras en distintos lugares del mundo. En realidad fue parida como "Schiave bianche, Violenza in Amazzonia", aunque resulta obvio que sus artífices pretendían aprovecharse del "reciente" éxito de "Holocausto Caníbal", parida cinco años antes por la misma descarada cinematografía, la italiana. De esta guisa, se comprende la sucia estrategia de algunos distribuidores. Te venden el cuento de que está basada en un hecho real. Mentira. El tema musical que abre el film recuerda mucho, demasiado, al clásico de Riz Ortolani. Y, bueno, tenemos la típica ristra de imágenes de archivo de violencia entre animales (aunque al menos no es de humanos contra animales) además de ese gore tan característico de su tierra, entre lo gráfico y lo cutre, a base de primerísimos primeros planos altamente detallados. Sin llegar, por supuesto, al nivel de la peli de Deodato... ni de ninguna otra considerada de caníbales, porque este "Holocausto Caníbal 2" no va de antropófagos, ni vemos a ninguno comer carne humana, pero sí nos regalan algunas escenas de crueldad a base de supuestos rituales despiadados de la tribu de turno. Hay quien ha soltado la cantinela de si racista y bla, bla. Que si, hombre que si. Pero no suelo tener en demasiada buena consideración a los pelacañas que se toman el cine de explotación tan en serio.
La trama va así: Una adolescente rica que estudia en Londres se pira a la Amazonia a pasar el verano con sus papás. Allí son atacados por una tribu, matan a los viejos, secuestran a la chavala y esta, poco a poco, se va adaptando a la situación, hasta enamorarse de un autóctono. Luego descubre que el asesinato de los padres fue cometido en realidad por quien menos te lo esperas -o eso se supone-, lo que hará que decida vengarse a lo burro, aprovechando su actual condición asalvajada.
La trama va así: Una adolescente rica que estudia en Londres se pira a la Amazonia a pasar el verano con sus papás. Allí son atacados por una tribu, matan a los viejos, secuestran a la chavala y esta, poco a poco, se va adaptando a la situación, hasta enamorarse de un autóctono. Luego descubre que el asesinato de los padres fue cometido en realidad por quien menos te lo esperas -o eso se supone-, lo que hará que decida vengarse a lo burro, aprovechando su actual condición asalvajada.
Pues bueno, vista ya, puedo decir que, efectivamente, es un rato coñazo. Como toda fiesta de exploit made in italy, al final lo único que disfrutas son los estallidos de truculencia. Luego algo de destete, pero poco. Y los actores, pues acartonados como un tetra break. Especialmente la chavala prota. Hay romance hortera y, en fin, toda la tosquedad tan inevitable como necesaria. No terminas por odiarla, pero se olvida al micorsegundo de salir el "Fine".
El director no es otro que Mario Gariazzo, oculto tras su nombre de guerra habitual, Roy Garrett, quien, como cualquier artesano de su estilo, tiene un currículum en el que toca toda suerte de géneros populares (como ESTE), destacando a gusto personal "Hermano del espacio", una explotación ítalo-española de "E.T." que igual hasta sería diver revisar un día de estos.
Como postre, dejen que les deje ¿? aquí un recorte publicitario extraído de las páginas de la revista "Shows" en el que se da cancha a las "dos entregas" de "Holocausto Caníbal". Por procedencia debería estar en su propia sección, la del "Baúl de tío Vicente", peeeero por naturaleza, encaja mucho mejor como acompañamiento de la presente reseña. Y, así, pueden jugar al juego de las comparaciones y diferencias.... con un detalle que, si no lo digo reviento: en el cartel de la "secuela", la chica empalada se tapa las partes pudientes ella misma, mientras que en el del film de Deodato, esa tarea recae en manos del hambriento caníbal. La decencia es lo primero. Ver a una tía muerta con un palo que le entra por el culo y le sale por la boca, va después.
El director no es otro que Mario Gariazzo, oculto tras su nombre de guerra habitual, Roy Garrett, quien, como cualquier artesano de su estilo, tiene un currículum en el que toca toda suerte de géneros populares (como ESTE), destacando a gusto personal "Hermano del espacio", una explotación ítalo-española de "E.T." que igual hasta sería diver revisar un día de estos.
Como postre, dejen que les deje ¿? aquí un recorte publicitario extraído de las páginas de la revista "Shows" en el que se da cancha a las "dos entregas" de "Holocausto Caníbal". Por procedencia debería estar en su propia sección, la del "Baúl de tío Vicente", peeeero por naturaleza, encaja mucho mejor como acompañamiento de la presente reseña. Y, así, pueden jugar al juego de las comparaciones y diferencias.... con un detalle que, si no lo digo reviento: en el cartel de la "secuela", la chica empalada se tapa las partes pudientes ella misma, mientras que en el del film de Deodato, esa tarea recae en manos del hambriento caníbal. La decencia es lo primero. Ver a una tía muerta con un palo que le entra por el culo y le sale por la boca, va después.
sábado, 19 de septiembre de 2020
BLOOD FEST
Al "Holocausto Caníbal" de Ruggero Deodato se le pueden achacar muchas cosas malas, comenzando por toda la crueldad desplegada hacia los animales. Pero hay otra característica que a mi siempre me ha irritado profundamente, y es que se supone que es una crítica, un palo, a una corriente que en esa época tiraba mucho en el cine italiano, los documentales "mondo", construidos a base de imágenes horribles de supuesta violencia real (sobre todo contra las criaturillas de la naturaleza, siempre las grandes víctimas de la estupidez humana) que, disfrazados de monserga moralista, llamaban a los más bajos instintos del espectador medio (y los billetes de su cartera). Molesto con ello, Deodato facturó una peli en la que los mismos documentalistas son los responsables de toda la brutalidad que filman sus cámaras. Muy bien, hasta ahí muy bien, el problema reside en que para esputar dicho mensaje se valió, prácticamente, de las mismas y poco honrosas tretas que usaban los cineastas "mondo". Así pues, toda su intención quedaba diluida en una enorme, absurda y ofensiva incoherencia.
Pues bien, con "Blood Fest" pasa algo parecido... aunque, afortunadamente, sin que ningún ser vivo lo pague con su vida durante el proceso. Hay una escena en la que un personaje suelta un "speech" brillante que me llegó al alma, en el que acusa al terror moderno de no dar miedo, de haber perdido su esencia amenazante, y culpa de ello a su integración en el mainstream. Señala directamente a los vampiros "de color púrpura", a los zombies televisivos (aunque estos tengan el inevitable papel de peso en la misma "Blood Fest"... junto a los payasos siniestros, claro), a los viejos y sobre explotados psycho-killers y que todo se ha convertido en pasto de pueril merchandising. Más razón que un santo. Olé. Sin embargo, la curiosa paradoja es que la misma "Blood Fest" es pura, dura y total consecuencia de todo ello. Es, en parte, culpable de aquello que critica. Veamos por qué.
La historia no deja de ser una combinación entre "Una cabaña en el bosque" y "Hell Fest". Va a celebrarse una feria dedicada al cine de terror, una "Con" de esas que dicen los yanquis. El prota, un adolescente adorador del género y que trabaja en un vídeo-club (dato que chirría especialmente si tenemos en cuenta que la peli se desarrolla en tiempos modernos, supongo que era el desesperado intento por parte de los artífices de mandar un guiño más de los muchos que hay), se pirra por acudir, pero su padre no le deja. Sí, ya, el padre como representación inevitable de la autoridad moral y que desprecia esas mismas películas por su violencia y sadismo. Lo que pasa es que, en este caso, el hombre tiene algo de razón. Años atrás, y siendo el prota aún infante, un tipo enmascarado entró en su casa y acuchilló a la madre hasta matarla. Con semejante trauma, uno no comprende cómo el teenager se pirra por los "slashers" y tal, pero así son estas pelis. Supongo que es factible alegar su corta edad cuando ocurrió, pero podría mostrar algo de empatía hacia el padre, digo yo. Total, que a pesar de las prohibiciones el chaval consigue ir y, una vez allá, y tras el mentado "speech", los responsables de la organización, deseosos de que exista una genuina peli de terror terrorífica, y castigar un poco a ese "fandom" amuermado que se viste con camisetas de "Viernes 13", se disfraza del asesino de "Scream" o lleva llaveros con la cara de "Chucky", comienza a masacrarlo con el fin de que abandone su zona de confort y vuelva a sentir miedo de verdad. El prota y sus amigos harán lo imposible por evitar fenecer y escapar del lugar.
En otra desesperante muestra más de paradoja, la misma película que, se supone, ama el género y critica a aquellos que lo desprecian (como el padre del protagonista, y además a conciencia, como verán los que sufran la obra completa) es, a su vez, responsable de "alertar" de su peligro (la típica doble moral yanqui). Es decir, los organizadores de la feria son adictos a ese tipo de cine y están tan frustrados por la tendencia inofensiva que ha adoptado los últimos tiempos que deciden rodar su propia película asesinando a un montón de peña inocente para devolverle la peligrosidad (evidentemente, aquí nadie saca a relucir que una buena peli de terror no tiene por qué ser ultra-violenta, incluso ni siquiera contener más de un crimen, pero claro, eso no es comercial). ¿Qué me estás contando? ¿que el padre del prota tenía razón? ¿Que esta clase de cine atrae a individuos peligrosos? Mi no comprende. Otra evidencia más: el villano explica que para crear su ejército de asesinos, se agenció a un grupo de tarados y los sometió al visionado repetido de una película del género con el fin de hacerles creer que ellos eran el psycho-killer protagonista. Inquietante.
Pero dejando de lado tales apreciaciones ¿psicológicas?, y las incoherencias, y el exceso de comedia, y de referencias (incluida "Evil Dead"), y los clichés narrativos y, por supuesto, los clichés humanos (la aspirante a actriz medio idiota, el director de cine arrogante, la estrella del terror que odia al género que le da de comer -vaya novedad, ¿y que hay de malo en ello?-, la chica rarita que acabará siendo la novia del prota y, por supuesto, su amigo gordo y gracioso que se pirra por echar un polvo -y lo echa, por imposible que parezca. Eso sí, los muy cobardes se saltan la escena en cuestión-, al que da vida Jacob Batalon, el amigo gordo y gracioso de "Peter Parker" en la pelis del arácnido producidas por "Marvel Studios"), e incluso los cameos "cool" (Zachary Levi haciendo de sí mismo), lo realmente irritante de "Blood Fest", lo "peligroso", es su tremebunda mirada al ombligo, su naturaleza de producto destinado a lamer el ojete del "fandom", a complacerlo hasta el punto de perder la dignidad. Tanto se esfuerzan, tanto tiempo dedican a los guiños, los homenajillos y las citillas, que desaprovechan la oportunidad de hacer aquello que justamente más necesita el género: Una película buena, con personalidad, estilo y algo de cerebro.
A cambio obtenemos casi una producto pornográfico en su naturaleza "friki". Y yo ya estoy hasta los cojones de todo eso, de esa especie de secta religiosa en la que se ha convertido el fanatismo hacia mi cine predilecto, logrando únicamente desprender a este de su esencia, convirtiendo la pasión en algo superficial, casi festivo, tomado a guasa, trivializando todo su qué, su razón de ser. Y tanta culpa tienen las galletas de "La matanza de Texas", los peluches de "Freddy Krueger" y los calcetines de "Evil Dead", como la película comentada. Profundamente dañinas / nocivas para el género al que supuestamente pertenecen y rinden pleitesía.
Irritante. Casi mejor rebautizarla como "Blood PEST".
Pues bien, con "Blood Fest" pasa algo parecido... aunque, afortunadamente, sin que ningún ser vivo lo pague con su vida durante el proceso. Hay una escena en la que un personaje suelta un "speech" brillante que me llegó al alma, en el que acusa al terror moderno de no dar miedo, de haber perdido su esencia amenazante, y culpa de ello a su integración en el mainstream. Señala directamente a los vampiros "de color púrpura", a los zombies televisivos (aunque estos tengan el inevitable papel de peso en la misma "Blood Fest"... junto a los payasos siniestros, claro), a los viejos y sobre explotados psycho-killers y que todo se ha convertido en pasto de pueril merchandising. Más razón que un santo. Olé. Sin embargo, la curiosa paradoja es que la misma "Blood Fest" es pura, dura y total consecuencia de todo ello. Es, en parte, culpable de aquello que critica. Veamos por qué.
La historia no deja de ser una combinación entre "Una cabaña en el bosque" y "Hell Fest". Va a celebrarse una feria dedicada al cine de terror, una "Con" de esas que dicen los yanquis. El prota, un adolescente adorador del género y que trabaja en un vídeo-club (dato que chirría especialmente si tenemos en cuenta que la peli se desarrolla en tiempos modernos, supongo que era el desesperado intento por parte de los artífices de mandar un guiño más de los muchos que hay), se pirra por acudir, pero su padre no le deja. Sí, ya, el padre como representación inevitable de la autoridad moral y que desprecia esas mismas películas por su violencia y sadismo. Lo que pasa es que, en este caso, el hombre tiene algo de razón. Años atrás, y siendo el prota aún infante, un tipo enmascarado entró en su casa y acuchilló a la madre hasta matarla. Con semejante trauma, uno no comprende cómo el teenager se pirra por los "slashers" y tal, pero así son estas pelis. Supongo que es factible alegar su corta edad cuando ocurrió, pero podría mostrar algo de empatía hacia el padre, digo yo. Total, que a pesar de las prohibiciones el chaval consigue ir y, una vez allá, y tras el mentado "speech", los responsables de la organización, deseosos de que exista una genuina peli de terror terrorífica, y castigar un poco a ese "fandom" amuermado que se viste con camisetas de "Viernes 13", se disfraza del asesino de "Scream" o lleva llaveros con la cara de "Chucky", comienza a masacrarlo con el fin de que abandone su zona de confort y vuelva a sentir miedo de verdad. El prota y sus amigos harán lo imposible por evitar fenecer y escapar del lugar.
En otra desesperante muestra más de paradoja, la misma película que, se supone, ama el género y critica a aquellos que lo desprecian (como el padre del protagonista, y además a conciencia, como verán los que sufran la obra completa) es, a su vez, responsable de "alertar" de su peligro (la típica doble moral yanqui). Es decir, los organizadores de la feria son adictos a ese tipo de cine y están tan frustrados por la tendencia inofensiva que ha adoptado los últimos tiempos que deciden rodar su propia película asesinando a un montón de peña inocente para devolverle la peligrosidad (evidentemente, aquí nadie saca a relucir que una buena peli de terror no tiene por qué ser ultra-violenta, incluso ni siquiera contener más de un crimen, pero claro, eso no es comercial). ¿Qué me estás contando? ¿que el padre del prota tenía razón? ¿Que esta clase de cine atrae a individuos peligrosos? Mi no comprende. Otra evidencia más: el villano explica que para crear su ejército de asesinos, se agenció a un grupo de tarados y los sometió al visionado repetido de una película del género con el fin de hacerles creer que ellos eran el psycho-killer protagonista. Inquietante.
Pero dejando de lado tales apreciaciones ¿psicológicas?, y las incoherencias, y el exceso de comedia, y de referencias (incluida "Evil Dead"), y los clichés narrativos y, por supuesto, los clichés humanos (la aspirante a actriz medio idiota, el director de cine arrogante, la estrella del terror que odia al género que le da de comer -vaya novedad, ¿y que hay de malo en ello?-, la chica rarita que acabará siendo la novia del prota y, por supuesto, su amigo gordo y gracioso que se pirra por echar un polvo -y lo echa, por imposible que parezca. Eso sí, los muy cobardes se saltan la escena en cuestión-, al que da vida Jacob Batalon, el amigo gordo y gracioso de "Peter Parker" en la pelis del arácnido producidas por "Marvel Studios"), e incluso los cameos "cool" (Zachary Levi haciendo de sí mismo), lo realmente irritante de "Blood Fest", lo "peligroso", es su tremebunda mirada al ombligo, su naturaleza de producto destinado a lamer el ojete del "fandom", a complacerlo hasta el punto de perder la dignidad. Tanto se esfuerzan, tanto tiempo dedican a los guiños, los homenajillos y las citillas, que desaprovechan la oportunidad de hacer aquello que justamente más necesita el género: Una película buena, con personalidad, estilo y algo de cerebro.
A cambio obtenemos casi una producto pornográfico en su naturaleza "friki". Y yo ya estoy hasta los cojones de todo eso, de esa especie de secta religiosa en la que se ha convertido el fanatismo hacia mi cine predilecto, logrando únicamente desprender a este de su esencia, convirtiendo la pasión en algo superficial, casi festivo, tomado a guasa, trivializando todo su qué, su razón de ser. Y tanta culpa tienen las galletas de "La matanza de Texas", los peluches de "Freddy Krueger" y los calcetines de "Evil Dead", como la película comentada. Profundamente dañinas / nocivas para el género al que supuestamente pertenecen y rinden pleitesía.
Irritante. Casi mejor rebautizarla como "Blood PEST".
viernes, 30 de noviembre de 2018
VAYA PAR DE CANGUROS
Los gemelos Paul, dos culturistas dispuestos a convertirse
en Arnold Schwarzenegger por partida doble, más conocidos con el sobrenombre de “The
Barbarian Brothers”, irrumpen en el séptimo arte con un papelito prácticamente
anecdótico en la película de Joel
Schumacher “Los locos del Taxi”. Al margen de este título mainstream, hicieron
alguna que otra aparición en cine y televisión, que sirvió para que Menahem
Golan y Yoram Globus se fijasen en ellos y confeccionasen, bajo la dirección de Ruggero Deodato, una película "Cannon" para su lucimiento
muscular e “interpretativo”. Nació así “Los Bárbaros”. A este “exploitation” de “Conan, el bárbaro” le acompañó
cierto éxito, el suficiente para que los
dos trozos de carne tuvieran su propia carrera cinematográfica. Así, ya en la
década de los 90, protagonizan una triada de títulos —este entre ellos— que los
catapultaría como las entrañables estrellas de "serie B" que siempre han sido. Y
es que sus películas, infames, baratas, jamás obtuvieron recaudaciones
millonarias, ni mucho menos buenas críticas y tampoco gozan de un fandom que las revindiquen. Al contrario, han sido condenados casi
al ostracismo.
Ese triunvirato de pelis noventeras a su servicio lo
conforman comedias, paradójicamente, y están encabezadas por “Pasándolo en
grande”, donde interpretan a dos rudos camioneros, “Double trouble” donde son
policías, y la última del pack, esta “Vaya
par de canguros” que nos ocupa.
Y es que en pleno 1994, ya era más que patente, y gracias a
“Poli de guardería”, que la combinación de tío forzudo con niños era un éxito,
por lo que, ya disuelta la "Cannon", Yoram Globus, desde su flamante "Global
pictures", que duró menos que un suspiro (y no me extraña) se asocia a los
hermanos Paul para meterse de lleno en una película de estas características,
adelantándose así a The Rock, Vin Diesel o Jackie Chan en hacer un film de
forzudos con niño desde la de Schwarzenegger, pasando el resultado, eso sí, inadvertido en todo el mundo.
Sin embargo, y pese al despropósito, no es del todo aburrida.
Tras salvar a un nutrido grupo de niños tras un tiroteo en
un parque, dos hermanos gemelos y
culturistas son contratados por un hombre con pasta para que sean los guardaespaldas
de sus dos sobrinos mientras este acude a un juicio contra la mafia en el que
ha de testificar, así que se trasladan a la lujosa mansión dónde moran los
niños, que resulta que son gemelos también — con lo que tenemos la ensalada
aliñada— y se las hacen pasar canutas, al tiempo que los sacan de no pocos
conflictos violentos. Sin más. A, e, i, o, u.
Para terminar de hacerla más graciosa todavía, y para que se
parezca aún más a “Poli de guardería”, estos dos gemelos, un poco más
creciditos, serían los gemelos Cousins, Christian y Joseph, los mismos que
darían vida a Dominic, el niño al cual Schwarzenegger debe proteger de su
propio padre en su propia película. Como es lógico,
todo saldrá a pedir de boca para nuestros protagonistas, pero, sin embargo,
“Vaya par de canguros” sería el film que pondría fin a su carrera como pareja
cómico-humoristica. No interesó a nadie. Y no volvieron a hacer más como “The Barbarian Brothers”.
Para echar un ratillo
tonto mientras ojeamos el "Facebook" en el móvil, la cinta tiene momentos para
las risas y momentos para la vergüenza ajena, como aquel en el que los dos niños no
se quieren duchar, y en represalia, los gemelos bárbaros los lanzan desde
un balconcillo a una piscina, vaciando, posteriormente y desde lo alto, un tambor
de detergente para que haga espuma y los niños salgan de allí
limpios.
Dirige el cretino de John Paragon, que venía del mundo de la
tele, hizo “Vaya par de canguros” y se
volvió a la tele.
El film permaneció inédito en varias partes del mundo, no
así en España donde desconozco si llegó a editarse en vídeo (juraría que no),
pero fue estrenada en televisión, nada menos que en "Tele 5",
la cual dedicó a su emisión una estupenda campaña publicitaria.
viernes, 9 de diciembre de 2016
GOMA 2
Una de esas películas de José Antonio de la Loma, esta vez
en coproducción con México, que al margen de sus más populares –y mejores-
películas adscritas al “Cine Quinqui”, resultan ser todas un coñazo de padre y
muy señor mío, amén de estar rodadas con el culo, por un lado, montadas con los
muñones por otro, por parte del hijo de Don de la Loma, José Antonio de la Loma
Jr.
Al igual que en “Escuadrón”, el único atractivo que tiene
esta “Goma -2” es el reparto internacional en decadencia que servía a de la Loma
para vender su película por esos otros países de Dios. Algo natural y lógico,
incluso con “Amor de hombre” que contaba de aquella manera la vida del abuelo
de de la Loma.
Pero en “Goma- 2” el internacionalismo, está de más. Primero
porque es un zurullo tan chabacano que de poco sirve tener por ahí caras en su
momento conocidas, y segundo porque explota las posibilidades cinematográficas
de dos conceptos muy de aquí; por un lado ETA, por otro, los camiones de
naranjas volcados por los franceses. Una práctica muy de los años ochenta.
Con todo, la película se vendió en el mercado internacional
con varios títulos, siendo uno de ellos de lo más cachondo: “The Killing
Machine”.
Cuenta la historia de un ex etarra que se retira del comando
militar. Así pues, en su nueva vida se vuelve camionero. Por otro lado, está
enrollado con una muchachita con la que tiene planes de futuro, pero sus ex
compañeros, con el fin de matarle a él por traidor, hacen explotar su camión,
con tan mala suerte que, en lugar de estar él en su interior, lo está su novia…
por lo que muere reventada, lógicamente.
Un horroroso gerifalte detrás de las mafias que vuelcan los
camiones de frutas españolas, en el juicio contra los asesinos, le da la vuelta al asunto para que absuelvan
a los asesinos y no cumplan condena, hecho este que cabreará a nuestro
protagonista, que se tomará la justicia por su mano, ayudado por el joven que
le ayuda con la carga del camión.
Menuda bizarrada de argumento y de conceptos.
Huelga decir, lo mala que es la dichosa película, los
problemas que tiene con su desarrollo mismo y la cantidad de errores de raccord
y de continuidad que tiene, lo que acarrea, no pocas dosis de humor
involuntario que en cualquier caso, no son las suficientes como para soportar
con alegría el visionado, así como tampoco convierte esta película en una cosa
curiosa. Sencillamente, “Goma-2” es tan mala que la ves y te quedas como
estabas. Ni chicha ni limoná.
Sin embargo, no deja de ser interesante ver la cantidad ce
caras conocidas e los umbrales del paro que aparecen en la película; Por un
lado, como el malo maloso de la cinta tenemos a un Lee Van Cleef sacado
prácticamente de la tumba, que acomete su función con muy poquitas ganas y sin
expresividad alguna. Como si la mierda en la que estaba interviniendo para
pagarse la morfina le importara tres mierdas. Por otro, como el ex etarra
protagonista, Txema Basterreneche, tenemos a George Rivero, actor Méxicano de
tercera al que pudimos ver de secundario en películas de primer orden, como
“Rio Lobo”, por poner un ejemplo. Completarían el reparto Margaux Hemingwey,
sí, la que las espichó antes de tiempo y a la que hemos visto en toda suerte de
putas mierdas. Sin ir más lejos, “Lapiz de labios” o “Voracidad”. El compañero
de aventuras del etarra, sería Willie Aames, que aspiraba a convertirse en el
nuevo ídolo adolescente de los estados unidos cuando apareció en “Paraíso”,
aquél descarado plagio de “El Lago Azúl”, pero que se quedó para vestir toda
clase de santos. Algunos de ellos tan cojonudos como “Movida en la Universidad”
o “Cut and Run” de Deodato. También de vasco –llamado Koldo- haría el mítico Hugo Stiglitz, y en la parte
nacional del cast tenemos al habitual de las pelis de José Antonio de la Loma,
Frank Braña, Aldo Sambrell o una guapísima, jóven, pizpireta y espantosa actriz
Ana Obregón, que se antoja lo mejor de la película, entre otras cosas porque,
probablemente por culpa de los malos formatos del telecinado, hay un momento en
el que le podemos ver sus recauchutadas tetas de silicona, eso si, si damos a
la pausa, porque en pantalla no están más de un segundo.
Como me gusta la carrera como actriz de la Obregón. Lastima
que por culpa del “Nuevo cine español” quedara como una apestada por la
industria más intelectual que se impuso ya a finales de los ochenta.
Y eso es todo, la gracia de poder ver este exótico reparto
en una película tan chapucera como esta, y poco más. De lo peor de de la Loma.
domingo, 6 de noviembre de 2016
LOS FOTOCROMOS DE "CUATRO MOSCAS SOBRE TERCIOPELO GRIS"
En la época que era declarado fan de Dario Argento hubiese dado un riñón por ver esta película, entonces bastante difícil de localizar. Una de sus primeras obras ubicadas en pleno periodo pro-giallo. Años después conseguí verla durante el Festival de Sitges en pantalla grande como parte de una retrospectiva dedicada al italiano. ¿Valió la pena esperar tanto?, bueno, la encontré un poco aburrida, pero aún así me gustó.
Recientemente me la agencié de nuevo para darle un repaso y de este modo acompañar sus fotocromos con un poco de bla bla. ¿Resultado?, ¡menudo tostón!. No es ya que pueda ser peor o mejor dentro de la obra del papá de "Suspiria", es que directamente no soporto sus patéticos intentos de comedia y en "Cuatro moscas sobre terciopelo gris" hay muchos (¡Dario, no te dediques al humor que no es lo tuyo, cojones!). Sin hablar ya de la violencia, bastante más suave que de costumbre. Técnicamente tiene sus aciertos, sí (ese accidente en cámara lentísima), pero a rasgos generales no me gustó. Me aburrí mucho y un poco más.
Lo que llama la atención son algunos de los nombres que van apareciendo a lo largo de los créditos y en diversas funciones, gente como Mimsy Farmer (habitual del espagueti-trash, la has visto en pelis de Fulci, Deodato, Crispino o Margheriti), Bud Spencer, Ennio Morricone, Carlo Rambaldi y el eterno Luigi Cozzi. Como nota curiosa mentar que el prota, Michael Brandon, interpretaba al Senador Brandt en “Capitán América: El primer vengador”, es el tipo que convence a Steve Rogers para salir a los escenarios a dar un puñetazo a Adolph.
En cuanto a "Cuatro moscas sobre terciopelo gris", desde luego no puedo decir que esté entre lo mejor de Dario Argento, pero ya que tenemos sus entrañables fotocromos (además, parece que completos), se los dejamos para que puedan darle gusto a sus respectivas mingas.
Recientemente me la agencié de nuevo para darle un repaso y de este modo acompañar sus fotocromos con un poco de bla bla. ¿Resultado?, ¡menudo tostón!. No es ya que pueda ser peor o mejor dentro de la obra del papá de "Suspiria", es que directamente no soporto sus patéticos intentos de comedia y en "Cuatro moscas sobre terciopelo gris" hay muchos (¡Dario, no te dediques al humor que no es lo tuyo, cojones!). Sin hablar ya de la violencia, bastante más suave que de costumbre. Técnicamente tiene sus aciertos, sí (ese accidente en cámara lentísima), pero a rasgos generales no me gustó. Me aburrí mucho y un poco más.
Lo que llama la atención son algunos de los nombres que van apareciendo a lo largo de los créditos y en diversas funciones, gente como Mimsy Farmer (habitual del espagueti-trash, la has visto en pelis de Fulci, Deodato, Crispino o Margheriti), Bud Spencer, Ennio Morricone, Carlo Rambaldi y el eterno Luigi Cozzi. Como nota curiosa mentar que el prota, Michael Brandon, interpretaba al Senador Brandt en “Capitán América: El primer vengador”, es el tipo que convence a Steve Rogers para salir a los escenarios a dar un puñetazo a Adolph.
En cuanto a "Cuatro moscas sobre terciopelo gris", desde luego no puedo decir que esté entre lo mejor de Dario Argento, pero ya que tenemos sus entrañables fotocromos (además, parece que completos), se los dejamos para que puedan darle gusto a sus respectivas mingas.
miércoles, 6 de noviembre de 2013
AQUARIUS
Durante mucho tiempo consideré "Aquarius" como "la última película buena del cine de terror moderno italiano". Revisada recientemente, cambio el slogan a: "La -casi- única película buena del cine de terror moderno italiano".
Seamos prácticos, visto hoy, el trabajo de gente como Lucio Fulci, Sergio Martino, Umberto -papanatas- Lenzi o, especialmente, Lamberto Bava, resulta bastante aburrido. O, mejor, totalmente mortecino. Sin embargo, "Aquarius" no solo mantiene el tipo, además logra algo casi imposible de encontrar en un producto ítaloparlante adscrito al género de mis amores: No aburre. Y no solo no aburre, ¡entretiene!. Eso sí que es un milagro. Dentro de tal elitista tendencia también cabe el amigo Dario Argento, especialmente en sus mejores tiempos. Y no es puta casualidad, pues los lazos entre el padre de "Inferno" y Michele Soavi, director debutante en "Aquarius", eran bien fuertes. De hecho, la gracia de esta película es que se erige casi como testamento de la era dorada del terror italiano post-Mario Bava por así decirlo, el de los 70 y, muy especialmente, los 80. Y lo firma el pupilo más aventajado posible, el amigo Soavi, en cuyo curriculum previo encontramos el famoso documental que dedicó a su maestro Argento con "Il mondo dell'orrore di Dario Argento" para quien, antes de currar como director, lo hizo como asistente y actor (en "Tenebre", "Phenomena" y "Ópera"). Pero Argento no fue el único, también dio lo suyo para Lamberto Bava en idénticas funciones ("Cuchillos en la oscuridad", "Demons", el remake de "La máscara el demonio" y "Blastfighter, la furia de la venganza", en la primera hacía de -si la memoria no me falla- asesino travesti y en la segunda era el tipo de la media-máscara que reparte propaganda del estreno del film diabólico en el metro). Su vinculación al horror italiano no se queda ahí, ya que Soavi ha ejercido exclusivamente de intérprete en films tan característicos como "Alien 2", "Miedo en la ciudad de los muertos vivientes" (la de Fulci, para quien también colaboró en "El destripador de Nueva York"), "El día del cobra" (de Enzo G. Castellari), "Los invasores del abismo" (de Ruggero Deodato) o "Il gatto nero" (de Luigi Cozzi -amigo de Víctor-). Y aunque curiosamente su nombre siempre va asociado al de Argento, en realidad otro para quien curró a destajo en sus inicios fue el no menos legendario Aristide Massaccesi, más conocido como Joe D´Amato. Michele fue actor, co-guionista no acreditado y asistente en títulos tan variados y demenciales como "Bronx lucha final", "2020 Los rangers de Texas", "Terror sin límite", "Calígula 2" o "Ator el poderoso". Tal vez por ello fue Massaccesi, y no Argento, el primero en producirle un largometraje comercial, es decir, este mismo "Aquarius" que Aristide apadrinó desde su flamante "Filmirage" y que, como guinda del pastel, cuenta con un guión original de Luigi Montefiori, más conocido como George Eastman, el caníbal de "Gomia, terror en el mar Egeo" (dirigida por D´Amato, of course), que pal caso se esconde tras el alias de Lew Cooper. Ahí es nada. Visto lo visto, está claro que solo Michele Soavi podía cerrar el círculo aplicando lo aprendido y, encima, tan bien (y americanizando su nombre a Michael, como debe ser).
Un puñado de actores hambrientos, y su director, ensayan desesperadamente un espectáculo teatral de danza moderna sobre un anónimo asesino. Todo pinta que va a ser un desastre. Esa noche, la prota de la función, aquejada de dolores en el tobillo, hace caso omiso al jefe y se marcha al hospital más cercano para que le venden la pupa. Su presencia motivará la huida de un peligrosísimo psicópata que se le cuela en el coche, se carga a la chica de guardarropía del teatro y desaparece. Llega la policía, registra el lugar, no encuentra nada y se marcha dejando únicamente dos agentes que de poco servirán (uno de ellos encarnado por el propio Soavi). El director decide aprovechar el suceso y convierte su obra en un inesperado biopic del psycho-killer visitante... así que, pa meterse caña con los ensayos, se encierra a si mismo y a los actores en el teatro, escondiendo la llave. Poco saben todos ellos que el homenajeado también ronda por allí, dispuesto a cargárselos y, para más inri, la primera persona a la que asesina es la única que sabe dónde está escondida la llave de la puerta principal. La noche que les espera será de órdago.
"Aquarius" fui a verla el día de su estreno, al cine. Lo recuerdo muy bien porque los Viernes por la tarde solía reunirme con los idiotas de mis ex compañeros de EGB para acudir a las películas. En aquella ocasión, elegí yo. Naturalmente entonces ya sabía mucho sobre la peli de marras gracias a mis queridas revistas francesas, aunque la reconocía más por el título que allí recibió, "Bloody Bird". Al entrar, un sensacionalista cartel que el mismo cine se había sacado de la manga, nos advertía que lo que íbamos a ver era muy fuerte porque resultaba "totalmente verosímil". Menuda chorrada!!. De hecho, y aunque lo pasamos muy bien durante el visionado, al terminar uno de mis "amigos" criticaba el desenlace del film aludiendo, justamente, a su falta de verosimilitud. En fin, jóvenes presuntuosos. A mi todo aquello me daba igual, me la sudaba, había disfrutado como un enanito y salí bien saciado, ya que por entonces lo que buscaba con desesperación en un film de horror era la más generosa y gráfica truculencia y, en ese sentido, "Aquarius" iba la mar de bien servida. ¡Qué tiempos aquellos en los que el cine de terror incluía gore valiente y gráfico, pero en sus justas dosis, sin caer en el exceso por el exceso, ni el humor, ni la estilización en busca de la aprobación de las élites políticamente correctas!, preocupándose más por ser "una de miedo con gore" que "una gore con miedo" o, peor, "una gore con gore" o, ya de pesadilla, "una gore con risas".
El caso es que, menos experimentado en estas lides, consideraba "Aquarius" una muestra moderna de "giallo". Bien cierto es que guarda algunas características propias de esa clase de cine, pero en realidad la obra de Michele Soavi encaja mucho mejor en la etiqueta de "slasher". ¿Una mezcla de lo mejor de ambos bandos?, pues sí, me parece bien. Por parte "slasher" tenemos a un asesino mudo e imparable ataviado con un uniforme negro y una máscara de lo más chanante. Esa cabeza de búho gigante es ya legendaria. Tenemos el grupo de jóvenes servidos para ser asesinados con las más variadas armas y los crímenes más impactantes y sangrientos, que incluyen cosas tan clásicas como hachas o una surrealista pero efectivísima sierra mecánica. Y tenemos el climax en el que la "final girl" y el malo se enfrentan cara a cara, así como la aparente invulnerabilidad del segundo. En el terreno del "giallo" encaja el mini-puzzle que resolver del final, el asesinato enfocado como todo un arte (los cadáveres de las víctimas reunidos es algo muy "slasher", pero no lo de presentarlos de forma tan artística) y, en general, la concepción elegante, bonita y estilizada que Soavi tiene del terror, algo directamente heredado de su amigo y vecino Dario y que destaca especialmente con la hipnótica y pomposa banda sonora, así como con esas plumas flotantes o los números musicales de la obra que ensayan los protagonistas (el sumum de lo cual viene cuando la que conoce la ubicación de la llave es asesinada brutalmente delante de todos, convencidos de que el agresor es el actor disfrazado. Ese es uno de los momentos más "giallo", más Argento, de la fiesta, a base de soundtrack orquestal e iluminación azulada).
Hace unas líneas hablaba de los asesinatos truculentos y salvajes. Déjenme volver a ello. En la época se consideraba "Aquarius" como una película "fuerte" y seguramente en 1987 sí encajaba en la etiqueta. No estábamos tan acostumbrados a ver de modo claro y sin disimulos cómo una sierra mecánica abría el estómago a un tipo, y aquí es algo que está bien presente y, además, rodado de modo muy efectivo, muy tétrico, con una linterna como única fuente de luz, el asesino con la máscara salpicada de sangre y la víctima, gritando agónicamente, rodeados de oscuridad y asentados sobre un Argentiano suelo inundado de agua. Brillante. En posteriores entrevistas Soavi decía que no se consideraba muy amigo del gore (¡ni del terror de los ochenta!, al que acusa de poco imaginativo), pero que aceptaba que un film de terror iba ligado a la muerte y la sangre, y que en cierto modo esta última era lógicamente inevitable. También comentaba que el presupuesto con el que contaron para "Aquarius" era mínimo, y que lo efectos especiales se resolvieron del modo más rudimentario. Hay una chica -embarazada!- que es partida por la mitad y cuando se revela su medio-cuerpo, nos damos cuenta que se trata de un auténtico maniquí al que han pegado unas tripas. No digo que cante hasta el extremo de resultar risible y chapucero, para nada, pero sí es verdad que el momento pasa fugazmente ante nuestros ojos evitando resultar demasiado evidente. Lo mismo que la decapitación del director de la obra de teatro. Pero que nadie se confunda, porque esa pobreza queda totalmente compensada por la inmensa capacidad de Michele Soavi, que se muestra como un cineasta de lo más talentoso a la hora de dotar de ritmo a su película, de sacar buen partido del montaje y, en fin, de jugar con el suspense. "Aquarius" es impactante y sangrienta, sí, pero también emocionante. Digamos que podríamos partirla en cuatro cachos. Arranque, masacre (donde mueren el 90% de los personajes secundarios, sin descanso), enfrentamiento y desenlace. El enfrentamiento es el segmento más delicado porque, casi sin diálogos, y a base de sonido e imagen, el director se centra en el puro suspense, cuando el psycho-killer tiende una trampa a la "final girl" que debe agenciarse la llave de la puerta sin que su agresor se de cuenta, aunque lo tenga a medio metro. Muy logrado momento de puro cine, que eclosiona con el inevitable bis a bis de la pareja, destacando el instante de él colgando del techo y deslizándose por un grueso cable hacia ella. De infarto.
Quizás uno de los puntos más flojillos de la película sean algunos de sus actores, ya sabemos que en la mayoría de las pelis de terror italianas suelen ser muy malos, ridículos. Aquí se salvan de la pura quema por los pelos, aunque queda sitio para algunas sobreactuaciones notables. Sin embargo, la mayor de todas ellas da el pego, porque se trata del director de la función teatral, un tipo ególatra, cruel y manipulador al que el rollo histriónico le va como anillo al dedo. De hecho, es uno de los personajes que más recuerdo dejan y para mi significó descubrir al actor que le da vida, David Brandon y sus notables orejones. Había protagonizado "Caligula 3" para el mismo Joe D´Amato (un evidente exploitation de la de Tinto Brass, donde ya coincidió con Soavi), y luego también saldría en el "Crímenes en portada" de Lamberto Bava. Pero su rol más extraño y atípico es el primero, haciendo de ángel "Ariel" para Derek Jarman en su epopeya arty-punk "Jubilee" (connotaciones de una carrera paralela en el teatro y otras artes más elevadas y respetadas).
Barbara Cupisti es la guapa "final girl" de rigor que has visto también en películas de algunos clásicos como Fulci ("El destripador de Nueva York", ¡su debut!), Argento ("Ópera"), o el fucking Lenzi ("La porte dell´inferno"), así como en "El engendro del diablo" y "Mi novia es un zombie" del mismo Soavi (a lo tonto él y la moza llevaban años coincidiendo en la pantalla, así que será verdad eso de que son o fueron pareja, apunte este que no he podido corroborar).
Sin embargo, el rostro más mítico de todo el film es el de un -habitualmente- sobreactuado Giovanni Lombardo Radice (alias John Morgen) haciendo de supergay. La fama a nivel fandom le llegó cuando Fulci decidió taladrarle la cabeza en "Miedo en la ciudad de los muertos vivientes" y Lenzi castrarlo para "Caníbal Feroz". Lo vi in person en su visita a un festival patrio, pero -paradójicamente- era más soso que una cocacola con solo cinco cucharadas de azúcar.
Terminamos este repasito con la fea Mary Sellers (sin vínculos con el inspector Clouseau) y que también mostraba su poca atractiva faz en el temible remake de "La máscara del demonio", cortesía de Bava hijo de... Mario, "Contamination .7" (de D´Amato) y "Ghost House", de -oootra vez- Umberto Lenzi currando para "Filmirage". Curiosamente esta costrosa peliculita que consumí en un cine porno justo cuando probaba suerte proyectando otra clase de productos menos grumosos (¡¡vamos, ni el puto "deuce" y sus cutre-cines!!), reciclaba el soundtrack completo de "Aquarius" que -como ya he señalado- está muy bien y tiene un peso importante en la película. Uno de sus tres responsables, probablemente el más reconocible, es Simon Boswell, inevitablemente ligado al universo de Dario Argento y que también ha puesto su talento al servicio de una ralea de films sin desperdicio: "Phenomena", "Demons 2", "Crímenes en portada", "Karate Kimura" (!), "Santa Sangre" (estupenda su partitura para este clásico de Alejandro Jodorowsky producido por el hermano de Dario), "Hardware, programado para matar" y "Dust Devil" (Richard Stanley siempre se ha declarado admirador del dire de "Suspiria"), "El señor de las ilusiones" (de Clive Barker) y, muy recientemente, "The Theatre Bizarre" (obviamente en el capítulo firmado por Stanley) y la horrenda e incomprensiblemente reputada "The ABCs of death".
¿Y qué le pasó a Michele Soavi después?, pues que Terry Gilliam vio "Aquarius" y le gustó tanto, que decidió ficharlo como director de segunda unidad en "Las aventuras del barón Munchausen". Contaba también Gilliam que el amigo dio bastantes problemas durante el rodaje a la hora de agenciarse más dinero del acordado por obra y gracia de cierto "grupo de presión" de poca recomendable casta. Con todo, Soavi declaraba en "L´Ecran Fantastique" que había decidido subirse al carro para vivir la experiencia y aprender. Movidas raras pero, al parecer, no tan graves porque años después Gilliam y el italiano volverían a encontrarse, repitiendo roles, en la espantoide "El secreto de los hermanos Grimm"... así que, nunca se sabe.
Luego llegaron "El engendro del diablo" y "La secta" (esta vez, sí, producidas por su querido Dario Argento, que metió bastante la mano en ambas) y la peli que le consagró, la bonita, curiosa, chorra y rara "Dellamorte Dellamore", subnormalmente titulada en España "Mi novia es un zombie" de la que Martin Scorsese posee una copia en su colección privada. Cuando parecía que Soavi iba a alcanzar la cima (le llegaban ya propuestas desde Hollywood, como dirigir la vomitosa "Abierto hasta el amanecer"), movidas de corte personal/familiar le retiraron del cine durante cinco largos años, truncando su prometedora carrera. Retomó la silla del director para la televisión italiana, donde dirigió algunos telefilms policíacos que ni he visto, ni me apetece ver. Hace poco leí que el muchacho tenía intención de regresar a la big screen y con una de terrores, pero habrá que ver qué pasa, porque los tiempos han cambiado mucho y tal vez su creatividad haya caducado. O no, veremos. De momento y hasta entonces, podremos gozar ad infinitum de este "Aquarius", clásico del terror moderno mundial que, como dicen los yankees, es "highly recomended". Sin duda alguna.
Seamos prácticos, visto hoy, el trabajo de gente como Lucio Fulci, Sergio Martino, Umberto -papanatas- Lenzi o, especialmente, Lamberto Bava, resulta bastante aburrido. O, mejor, totalmente mortecino. Sin embargo, "Aquarius" no solo mantiene el tipo, además logra algo casi imposible de encontrar en un producto ítaloparlante adscrito al género de mis amores: No aburre. Y no solo no aburre, ¡entretiene!. Eso sí que es un milagro. Dentro de tal elitista tendencia también cabe el amigo Dario Argento, especialmente en sus mejores tiempos. Y no es puta casualidad, pues los lazos entre el padre de "Inferno" y Michele Soavi, director debutante en "Aquarius", eran bien fuertes. De hecho, la gracia de esta película es que se erige casi como testamento de la era dorada del terror italiano post-Mario Bava por así decirlo, el de los 70 y, muy especialmente, los 80. Y lo firma el pupilo más aventajado posible, el amigo Soavi, en cuyo curriculum previo encontramos el famoso documental que dedicó a su maestro Argento con "Il mondo dell'orrore di Dario Argento" para quien, antes de currar como director, lo hizo como asistente y actor (en "Tenebre", "Phenomena" y "Ópera"). Pero Argento no fue el único, también dio lo suyo para Lamberto Bava en idénticas funciones ("Cuchillos en la oscuridad", "Demons", el remake de "La máscara el demonio" y "Blastfighter, la furia de la venganza", en la primera hacía de -si la memoria no me falla- asesino travesti y en la segunda era el tipo de la media-máscara que reparte propaganda del estreno del film diabólico en el metro). Su vinculación al horror italiano no se queda ahí, ya que Soavi ha ejercido exclusivamente de intérprete en films tan característicos como "Alien 2", "Miedo en la ciudad de los muertos vivientes" (la de Fulci, para quien también colaboró en "El destripador de Nueva York"), "El día del cobra" (de Enzo G. Castellari), "Los invasores del abismo" (de Ruggero Deodato) o "Il gatto nero" (de Luigi Cozzi -amigo de Víctor-). Y aunque curiosamente su nombre siempre va asociado al de Argento, en realidad otro para quien curró a destajo en sus inicios fue el no menos legendario Aristide Massaccesi, más conocido como Joe D´Amato. Michele fue actor, co-guionista no acreditado y asistente en títulos tan variados y demenciales como "Bronx lucha final", "2020 Los rangers de Texas", "Terror sin límite", "Calígula 2" o "Ator el poderoso". Tal vez por ello fue Massaccesi, y no Argento, el primero en producirle un largometraje comercial, es decir, este mismo "Aquarius" que Aristide apadrinó desde su flamante "Filmirage" y que, como guinda del pastel, cuenta con un guión original de Luigi Montefiori, más conocido como George Eastman, el caníbal de "Gomia, terror en el mar Egeo" (dirigida por D´Amato, of course), que pal caso se esconde tras el alias de Lew Cooper. Ahí es nada. Visto lo visto, está claro que solo Michele Soavi podía cerrar el círculo aplicando lo aprendido y, encima, tan bien (y americanizando su nombre a Michael, como debe ser).
Un puñado de actores hambrientos, y su director, ensayan desesperadamente un espectáculo teatral de danza moderna sobre un anónimo asesino. Todo pinta que va a ser un desastre. Esa noche, la prota de la función, aquejada de dolores en el tobillo, hace caso omiso al jefe y se marcha al hospital más cercano para que le venden la pupa. Su presencia motivará la huida de un peligrosísimo psicópata que se le cuela en el coche, se carga a la chica de guardarropía del teatro y desaparece. Llega la policía, registra el lugar, no encuentra nada y se marcha dejando únicamente dos agentes que de poco servirán (uno de ellos encarnado por el propio Soavi). El director decide aprovechar el suceso y convierte su obra en un inesperado biopic del psycho-killer visitante... así que, pa meterse caña con los ensayos, se encierra a si mismo y a los actores en el teatro, escondiendo la llave. Poco saben todos ellos que el homenajeado también ronda por allí, dispuesto a cargárselos y, para más inri, la primera persona a la que asesina es la única que sabe dónde está escondida la llave de la puerta principal. La noche que les espera será de órdago.
"Aquarius" fui a verla el día de su estreno, al cine. Lo recuerdo muy bien porque los Viernes por la tarde solía reunirme con los idiotas de mis ex compañeros de EGB para acudir a las películas. En aquella ocasión, elegí yo. Naturalmente entonces ya sabía mucho sobre la peli de marras gracias a mis queridas revistas francesas, aunque la reconocía más por el título que allí recibió, "Bloody Bird". Al entrar, un sensacionalista cartel que el mismo cine se había sacado de la manga, nos advertía que lo que íbamos a ver era muy fuerte porque resultaba "totalmente verosímil". Menuda chorrada!!. De hecho, y aunque lo pasamos muy bien durante el visionado, al terminar uno de mis "amigos" criticaba el desenlace del film aludiendo, justamente, a su falta de verosimilitud. En fin, jóvenes presuntuosos. A mi todo aquello me daba igual, me la sudaba, había disfrutado como un enanito y salí bien saciado, ya que por entonces lo que buscaba con desesperación en un film de horror era la más generosa y gráfica truculencia y, en ese sentido, "Aquarius" iba la mar de bien servida. ¡Qué tiempos aquellos en los que el cine de terror incluía gore valiente y gráfico, pero en sus justas dosis, sin caer en el exceso por el exceso, ni el humor, ni la estilización en busca de la aprobación de las élites políticamente correctas!, preocupándose más por ser "una de miedo con gore" que "una gore con miedo" o, peor, "una gore con gore" o, ya de pesadilla, "una gore con risas".
El caso es que, menos experimentado en estas lides, consideraba "Aquarius" una muestra moderna de "giallo". Bien cierto es que guarda algunas características propias de esa clase de cine, pero en realidad la obra de Michele Soavi encaja mucho mejor en la etiqueta de "slasher". ¿Una mezcla de lo mejor de ambos bandos?, pues sí, me parece bien. Por parte "slasher" tenemos a un asesino mudo e imparable ataviado con un uniforme negro y una máscara de lo más chanante. Esa cabeza de búho gigante es ya legendaria. Tenemos el grupo de jóvenes servidos para ser asesinados con las más variadas armas y los crímenes más impactantes y sangrientos, que incluyen cosas tan clásicas como hachas o una surrealista pero efectivísima sierra mecánica. Y tenemos el climax en el que la "final girl" y el malo se enfrentan cara a cara, así como la aparente invulnerabilidad del segundo. En el terreno del "giallo" encaja el mini-puzzle que resolver del final, el asesinato enfocado como todo un arte (los cadáveres de las víctimas reunidos es algo muy "slasher", pero no lo de presentarlos de forma tan artística) y, en general, la concepción elegante, bonita y estilizada que Soavi tiene del terror, algo directamente heredado de su amigo y vecino Dario y que destaca especialmente con la hipnótica y pomposa banda sonora, así como con esas plumas flotantes o los números musicales de la obra que ensayan los protagonistas (el sumum de lo cual viene cuando la que conoce la ubicación de la llave es asesinada brutalmente delante de todos, convencidos de que el agresor es el actor disfrazado. Ese es uno de los momentos más "giallo", más Argento, de la fiesta, a base de soundtrack orquestal e iluminación azulada).
Hace unas líneas hablaba de los asesinatos truculentos y salvajes. Déjenme volver a ello. En la época se consideraba "Aquarius" como una película "fuerte" y seguramente en 1987 sí encajaba en la etiqueta. No estábamos tan acostumbrados a ver de modo claro y sin disimulos cómo una sierra mecánica abría el estómago a un tipo, y aquí es algo que está bien presente y, además, rodado de modo muy efectivo, muy tétrico, con una linterna como única fuente de luz, el asesino con la máscara salpicada de sangre y la víctima, gritando agónicamente, rodeados de oscuridad y asentados sobre un Argentiano suelo inundado de agua. Brillante. En posteriores entrevistas Soavi decía que no se consideraba muy amigo del gore (¡ni del terror de los ochenta!, al que acusa de poco imaginativo), pero que aceptaba que un film de terror iba ligado a la muerte y la sangre, y que en cierto modo esta última era lógicamente inevitable. También comentaba que el presupuesto con el que contaron para "Aquarius" era mínimo, y que lo efectos especiales se resolvieron del modo más rudimentario. Hay una chica -embarazada!- que es partida por la mitad y cuando se revela su medio-cuerpo, nos damos cuenta que se trata de un auténtico maniquí al que han pegado unas tripas. No digo que cante hasta el extremo de resultar risible y chapucero, para nada, pero sí es verdad que el momento pasa fugazmente ante nuestros ojos evitando resultar demasiado evidente. Lo mismo que la decapitación del director de la obra de teatro. Pero que nadie se confunda, porque esa pobreza queda totalmente compensada por la inmensa capacidad de Michele Soavi, que se muestra como un cineasta de lo más talentoso a la hora de dotar de ritmo a su película, de sacar buen partido del montaje y, en fin, de jugar con el suspense. "Aquarius" es impactante y sangrienta, sí, pero también emocionante. Digamos que podríamos partirla en cuatro cachos. Arranque, masacre (donde mueren el 90% de los personajes secundarios, sin descanso), enfrentamiento y desenlace. El enfrentamiento es el segmento más delicado porque, casi sin diálogos, y a base de sonido e imagen, el director se centra en el puro suspense, cuando el psycho-killer tiende una trampa a la "final girl" que debe agenciarse la llave de la puerta sin que su agresor se de cuenta, aunque lo tenga a medio metro. Muy logrado momento de puro cine, que eclosiona con el inevitable bis a bis de la pareja, destacando el instante de él colgando del techo y deslizándose por un grueso cable hacia ella. De infarto.
Quizás uno de los puntos más flojillos de la película sean algunos de sus actores, ya sabemos que en la mayoría de las pelis de terror italianas suelen ser muy malos, ridículos. Aquí se salvan de la pura quema por los pelos, aunque queda sitio para algunas sobreactuaciones notables. Sin embargo, la mayor de todas ellas da el pego, porque se trata del director de la función teatral, un tipo ególatra, cruel y manipulador al que el rollo histriónico le va como anillo al dedo. De hecho, es uno de los personajes que más recuerdo dejan y para mi significó descubrir al actor que le da vida, David Brandon y sus notables orejones. Había protagonizado "Caligula 3" para el mismo Joe D´Amato (un evidente exploitation de la de Tinto Brass, donde ya coincidió con Soavi), y luego también saldría en el "Crímenes en portada" de Lamberto Bava. Pero su rol más extraño y atípico es el primero, haciendo de ángel "Ariel" para Derek Jarman en su epopeya arty-punk "Jubilee" (connotaciones de una carrera paralela en el teatro y otras artes más elevadas y respetadas).
Barbara Cupisti es la guapa "final girl" de rigor que has visto también en películas de algunos clásicos como Fulci ("El destripador de Nueva York", ¡su debut!), Argento ("Ópera"), o el fucking Lenzi ("La porte dell´inferno"), así como en "El engendro del diablo" y "Mi novia es un zombie" del mismo Soavi (a lo tonto él y la moza llevaban años coincidiendo en la pantalla, así que será verdad eso de que son o fueron pareja, apunte este que no he podido corroborar).
Sin embargo, el rostro más mítico de todo el film es el de un -habitualmente- sobreactuado Giovanni Lombardo Radice (alias John Morgen) haciendo de supergay. La fama a nivel fandom le llegó cuando Fulci decidió taladrarle la cabeza en "Miedo en la ciudad de los muertos vivientes" y Lenzi castrarlo para "Caníbal Feroz". Lo vi in person en su visita a un festival patrio, pero -paradójicamente- era más soso que una cocacola con solo cinco cucharadas de azúcar.
Terminamos este repasito con la fea Mary Sellers (sin vínculos con el inspector Clouseau) y que también mostraba su poca atractiva faz en el temible remake de "La máscara del demonio", cortesía de Bava hijo de... Mario, "Contamination .7" (de D´Amato) y "Ghost House", de -oootra vez- Umberto Lenzi currando para "Filmirage". Curiosamente esta costrosa peliculita que consumí en un cine porno justo cuando probaba suerte proyectando otra clase de productos menos grumosos (¡¡vamos, ni el puto "deuce" y sus cutre-cines!!), reciclaba el soundtrack completo de "Aquarius" que -como ya he señalado- está muy bien y tiene un peso importante en la película. Uno de sus tres responsables, probablemente el más reconocible, es Simon Boswell, inevitablemente ligado al universo de Dario Argento y que también ha puesto su talento al servicio de una ralea de films sin desperdicio: "Phenomena", "Demons 2", "Crímenes en portada", "Karate Kimura" (!), "Santa Sangre" (estupenda su partitura para este clásico de Alejandro Jodorowsky producido por el hermano de Dario), "Hardware, programado para matar" y "Dust Devil" (Richard Stanley siempre se ha declarado admirador del dire de "Suspiria"), "El señor de las ilusiones" (de Clive Barker) y, muy recientemente, "The Theatre Bizarre" (obviamente en el capítulo firmado por Stanley) y la horrenda e incomprensiblemente reputada "The ABCs of death".
¿Y qué le pasó a Michele Soavi después?, pues que Terry Gilliam vio "Aquarius" y le gustó tanto, que decidió ficharlo como director de segunda unidad en "Las aventuras del barón Munchausen". Contaba también Gilliam que el amigo dio bastantes problemas durante el rodaje a la hora de agenciarse más dinero del acordado por obra y gracia de cierto "grupo de presión" de poca recomendable casta. Con todo, Soavi declaraba en "L´Ecran Fantastique" que había decidido subirse al carro para vivir la experiencia y aprender. Movidas raras pero, al parecer, no tan graves porque años después Gilliam y el italiano volverían a encontrarse, repitiendo roles, en la espantoide "El secreto de los hermanos Grimm"... así que, nunca se sabe.
Luego llegaron "El engendro del diablo" y "La secta" (esta vez, sí, producidas por su querido Dario Argento, que metió bastante la mano en ambas) y la peli que le consagró, la bonita, curiosa, chorra y rara "Dellamorte Dellamore", subnormalmente titulada en España "Mi novia es un zombie" de la que Martin Scorsese posee una copia en su colección privada. Cuando parecía que Soavi iba a alcanzar la cima (le llegaban ya propuestas desde Hollywood, como dirigir la vomitosa "Abierto hasta el amanecer"), movidas de corte personal/familiar le retiraron del cine durante cinco largos años, truncando su prometedora carrera. Retomó la silla del director para la televisión italiana, donde dirigió algunos telefilms policíacos que ni he visto, ni me apetece ver. Hace poco leí que el muchacho tenía intención de regresar a la big screen y con una de terrores, pero habrá que ver qué pasa, porque los tiempos han cambiado mucho y tal vez su creatividad haya caducado. O no, veremos. De momento y hasta entonces, podremos gozar ad infinitum de este "Aquarius", clásico del terror moderno mundial que, como dicen los yankees, es "highly recomended". Sin duda alguna.
domingo, 6 de octubre de 2013
VUELO 90: DESASTRE EN EL POTOMAC
La última vez que cogí un avión -hace muy poquito-, y durante la parte en la que azafatas y azafatos explican las normas de seguridad, recuerdo que nadie prestaba demasiada atención, se oían conversaciones, e incluso risas, y yo, por un momento, dije para mis adentros: "Imagínate que sufrimos un accidente, ¿cuantos se arrepentirían de no haber escuchado?, ¿de no haberse enterado de cómo usar la mascarilla o el chaleco o lo que coño sea?". Bien, es ese un momento que, en cierto modo, recrea una escena de "Vuelo 90: desastre en el Potomac", telefilm del año 1984 que en España se estrenó en lo cines y que, como todos deberían saber, está basado en un desastre real ocurrido un par de años antes. Tal y como les contaba, cuando las azafatas dan las instrucciones de seguridad, la cámara se recrea especialmente en el nulo caso que les hacen la mayoría de pasajeros, que ríen y son felices ignorando la que les espera. De hecho, y esto puede ser un aporte exclusivamente peliculero, los únicos que se salvan (cinco de un total de 79) son los que, segundos antes del accidente, adoptan la postura requerida para semejante crítico momento.
El caso es que aquel día hacía muy mal tiempo, nevaba a porrillo, y al parecer los extremos de las alas del avión se congelaron. Eso impidió el correcto despegue y, a los pocos metros de salir, el aparato se estrelló contra un puente, llevándose por delante unos pocos vehículos, y acabando hecho pedazos y hundido en el río del título. Dadas las dificultosas condiciones climatológicas, costó un huevo rescatar a los supervivientes, que casi estaban congelados. Mu jevi. De hecho, y aunque la peli está visiblemente rodada en 35mm, hay insertos de vídeo de los años 80 extraído, lógicamente, de las imágenes reales que grabaron las cámaras de la televisión, astutamente -aunque no muy certeramente- intercaladas con la reconstrucción de los hechos para dar mayor verismo al sarao.
"Vuelo 90: desastre en el Potomac" (traducción literal del título original) no se aleja demasiado de la estructura de este tipo de películas, que habían vivido su mayor auge en los años 70 con toda la saga "Aeropuerto" y sus imitaciones (como aquel siniestro "Concorde Affaire ´79" parido nada menos que por Ruggero "Holocausto Caníbal" Deodato). Primero nos sitúan con algunos personajes clave, luego presenciamos el accidente (que prácticamente no se ve, es muy cutre, imagino que por limitaciones presupuestiles... vamos, que lo más espectacular al respecto lo tienes en la sensacionalista caratula de la edición en VHS que he consumido) y finalmente, el rescate. De entre medias, pues la peli dedica un cacho consierable a la larga espera que el avión tuvo que sufrir antes del despegue (curioso, la mayoría de pelis del subgénero se centran en el pre-despegue, en el vuelo o en el rescate, pero nunca en la espera... en ese sentido, el film es pionero) y presenciaremos las distintas reacciones de los familiares y parejas tanto de los supervivientes como de los fallecidos, algunas de ellas genuinamente emotivas y no especialmente melodramatizadas (me hago vieja), algo que de entrada asusta porque, como telefilm que es, nos presenta a toda una serie de personajes con una única cosa en común, lo felices y chachis que son todos. Bien por el director y el guionista de no limitarse a retratarnos a los que salieron "bien parados" de la terrible experiencia.
El reparto, pues muy adecuado dado el origen del pifostio, pero yo me quedo con los siguientes caretos, Barry Corbin, Stephen Macht, Richard Masur o Kathleen Wilhoite (así leídos no suenan de mucho, pero vistos, son fácilmente situables). Al director, Robert Michael Lewis no lo conocía, ni me interesa ya que, lógicamente, la gran mayoría de su trabajo pertenece a la caja tonta.
Y, precisamente, a lo tonto y entre pitos y flautas, uno llega al final de la peli y se dice "Ah pero, ¿ya se ha acabado?". Es raro, sí, pero sus 120 minutos de duración se me pasaron bastante rápidos... sin estridencias ni nada destacable en ningún sentido (ni bueno, ni malo), bien, limpiamente, con absoluta normalidad. Vamos, lo propio de un telefilm parido con cierta solvencia. Algo es algo.
El caso es que aquel día hacía muy mal tiempo, nevaba a porrillo, y al parecer los extremos de las alas del avión se congelaron. Eso impidió el correcto despegue y, a los pocos metros de salir, el aparato se estrelló contra un puente, llevándose por delante unos pocos vehículos, y acabando hecho pedazos y hundido en el río del título. Dadas las dificultosas condiciones climatológicas, costó un huevo rescatar a los supervivientes, que casi estaban congelados. Mu jevi. De hecho, y aunque la peli está visiblemente rodada en 35mm, hay insertos de vídeo de los años 80 extraído, lógicamente, de las imágenes reales que grabaron las cámaras de la televisión, astutamente -aunque no muy certeramente- intercaladas con la reconstrucción de los hechos para dar mayor verismo al sarao.
"Vuelo 90: desastre en el Potomac" (traducción literal del título original) no se aleja demasiado de la estructura de este tipo de películas, que habían vivido su mayor auge en los años 70 con toda la saga "Aeropuerto" y sus imitaciones (como aquel siniestro "Concorde Affaire ´79" parido nada menos que por Ruggero "Holocausto Caníbal" Deodato). Primero nos sitúan con algunos personajes clave, luego presenciamos el accidente (que prácticamente no se ve, es muy cutre, imagino que por limitaciones presupuestiles... vamos, que lo más espectacular al respecto lo tienes en la sensacionalista caratula de la edición en VHS que he consumido) y finalmente, el rescate. De entre medias, pues la peli dedica un cacho consierable a la larga espera que el avión tuvo que sufrir antes del despegue (curioso, la mayoría de pelis del subgénero se centran en el pre-despegue, en el vuelo o en el rescate, pero nunca en la espera... en ese sentido, el film es pionero) y presenciaremos las distintas reacciones de los familiares y parejas tanto de los supervivientes como de los fallecidos, algunas de ellas genuinamente emotivas y no especialmente melodramatizadas (me hago vieja), algo que de entrada asusta porque, como telefilm que es, nos presenta a toda una serie de personajes con una única cosa en común, lo felices y chachis que son todos. Bien por el director y el guionista de no limitarse a retratarnos a los que salieron "bien parados" de la terrible experiencia.
El reparto, pues muy adecuado dado el origen del pifostio, pero yo me quedo con los siguientes caretos, Barry Corbin, Stephen Macht, Richard Masur o Kathleen Wilhoite (así leídos no suenan de mucho, pero vistos, son fácilmente situables). Al director, Robert Michael Lewis no lo conocía, ni me interesa ya que, lógicamente, la gran mayoría de su trabajo pertenece a la caja tonta.
Y, precisamente, a lo tonto y entre pitos y flautas, uno llega al final de la peli y se dice "Ah pero, ¿ya se ha acabado?". Es raro, sí, pero sus 120 minutos de duración se me pasaron bastante rápidos... sin estridencias ni nada destacable en ningún sentido (ni bueno, ni malo), bien, limpiamente, con absoluta normalidad. Vamos, lo propio de un telefilm parido con cierta solvencia. Algo es algo.
viernes, 7 de septiembre de 2012
LA PANTERA NEGRA
Parida con el título de “Gungala, la pantera nuda”, estamos ante una de las primeras películas del, según algunos, inventor del “Found Footage” Rugero Deodato. Una muestra cafre y asalvajada de lo que se puede hacer con un montón de imágenes de archivo de safaris y de documentales de animales, un par de tías buenas, y un rubiales con bigotillo con cierto parecido al Pirri, en tiempos en los que Tarzán está de moda.Desde luego, la película es tan tosca y primitiva, que no deja indiferente a nadie. Una explotación de Tarzán con todas las de la ley, solo que cambiamos al Tarzán mazas de turno por una preciosa muchachita, que para ganarse aún más la simpatía del respetable, se comunica a base de rugiditos.
Un grupo de expedicionarios, acuden a lo profundo de la selva a recuperar un diamante que posee una tal Gungala, una joven salvaje criada en la selva y heredera de una fortuna, a la cual tienen que capturar para poder quedarse con esa herencia. La muchacha es tan bella, que uno de los individuos acaba enamorándose de ella.
“La pantera negra” es la secuela de “Gungala, la vergine della giungla”. No he visto la predecesora, pero esta en cuestión me ha dejado boquiabierto. En primer lugar por los diálogos. Son como para darlos de comer a parte, no solo no tienen sentido, si no que dicen un montón de estupideces todo el tiempo, por lo que no le queda más remedio al espectador que deshuevarse.
Está rodada fatal, desde luego Deodato aprendería a rodar a posteriori, pero aquí, no solo los encuadres son horrorosos, si no que hay momentos que la cámara está incluso torcida. Amén del montaje y la cantidad de tomas de archivo que se aprovechan. Parece que haya un abismo técnico entre esta y su obra maestra “Holocausto Canibal”, que estando maravillosamente rodada, parece lo opuesto a esta.
Por otro lado, me llama la atención el nivel –con mesura- de desnudos que aparecen en la película, no por nada, si no porque se trata de una producción italiana de 1968, y no debían ser muy oportunos en la época aquellos desnudos, al igual que la lascivia que se gasta algunas de las protagonistas femeninas.
También es curioso el uso de los animales. Se supone que están en África, pero Gungala tiene como compañeros, monos, panteras y tigres, pero también exóticos loros, papagayos y flamencos, propios de climas más caribeños que el africano… Y el trato que en la película se da a los negros que hacen las veces de porteadores, es absolutamente racista. En una escena en la que una tribu comienza a lanzar flechas, los expedicionarios se esconden dejando a sus porteadores al descubierto, muriendo casi todos. Cuando ya están fuera de peligro, uno de los expedicionarios dice algo así como “Menos mal que los negros estaban delante, de lo contrario podíamos haber muerto alguno de nosotros”.
En definitiva, se trata de una peli que por todas estas cosas pasa a formar parte de la extensa categoría de “Malas que son buenas”, y que además cumple a la perfección con su cometido, porque si pasamos por alto estas minucias que he enumerado, resulta que estamos ante una película la mar de entretenida que se deja ver por si sola, si me apuran, se deja ver incluso mucho mejor que aquellas de Tarzán de Johnny Weissmuller, técnicamente muy superiores a la del Italiano.
Como Gungala, Kitty Swan, con cuya ingenuidad, belleza, inocencia y rugiditos, amén de su cuerpecito, hace que se active la libido del espectador masculino (y/o lesbiano) de 2012, casi cincuenta años después de su rodaje. O al menos a mí me pasó.
lunes, 3 de septiembre de 2012
LA JUEZ Y SU ERÓTICA HERMANA
Cuando se habla de Lucio Fulci, siempre se habla de sus películas de terror, pero siempre se nos olvida que como buen artesano, llegó hasta ahí, gracias a las películas que había rodado antes, todas ellas alejadas del género del que muchos le consideran maestro.
Me gusta Fulci, me fascina “El más allá”, me flipa el rollo Italiano, aunque fríamente, todo el cine italiano de los ochenta está infinitamente sobrevalorado por el fandom. Son películas que molan, pero no precisamente por su calidad, si no por otros muchos atributos que distan mucho de la calidad, pero eran películas bastante malas (Y quien dice Fulci, dice Deodato, dice Lenzi y dice Bava hijo).
Lo cierto es, que Fulci quizás se desenvuelva mejor en la comedia, en la “Sexy movie” Italiana que tantos y tantos títulos nos dejó por el camino, que en el género que le hizo popular en el mundo entero. De ahí vienen todos. Como muestra “Jaimito va a la escuela” de Umberto Lenzi, o este “La Juez y su erótica hermana”, donde todos están en su sucia salsa.
Una juez, que hace las veces de censora de cine, ningunea a un estafador que vende carne para perros enlatada como si fuera gulash de alta calidad. El individuo descubre que la juez tiene una hermana gemela exactamente igual a ella, pero que mientras que la Juez es puritana y de recta moral, la hermana es una puta que se folla a todo aquél que se lo propone. Sabiendo el estafador esto, planea un sucio plan con la zorrilla de por medio, para hundir la carrera de la prestigiosa Juez. Típica comedieta Italiana pre- Alvaro Vitali y Lino Banfi, que va asentando las características del género, y, por supuesto, vehículo erótico para el lucimiento de una Edwige Fenech que pasea alegremente el felpudaco y sus -supongo- deliciosas tetas, mientras un buen puñado de cincuentones calvos y salidos, babean tras su culo. El maravilloso carácter mediterráneo imponiéndose como elemento cómico, no falla. Pues está muy bien la película, con su trama de enredo, esta vez aprovechando el parecido de las dos hermanas, que dará lugar a las consabidas situaciones para el descacharre. Desnudos imponentes, chascarrillos y unos diálogos completamente soeces, harán el resto.
Lo que me llama la atención, es que mientras que a las películas de Terror de fulci, independientemente del cambio de género, les cuesta avanzar horrores, sin embargo “La Juez y su erótica hermana” va follada de ritmo, pasa en un santiamén, nos reímos un montón y nos quedamos la mar de contentos tras su visionado.
Pero con esto tampoco quiero decir que Fulci sea un maestro rodando comedia. La película está muy bien, pero no es mejor que muchas de aquellas comedias, quizás mas cafres y burras, pero si igualmente disfrutables.
Para una tarde tonta, la peli es perfecta. Pero no deja de ser una “Sexy Movie” Italiana, que ofenderá a la mayoría por su falta de todo. Abstenerse los amantes del buen gusto.
En el reparto junto a la Fenech, Mario Maranzana, Raf Luca y Giancarlo Detori.
Me gusta Fulci, me fascina “El más allá”, me flipa el rollo Italiano, aunque fríamente, todo el cine italiano de los ochenta está infinitamente sobrevalorado por el fandom. Son películas que molan, pero no precisamente por su calidad, si no por otros muchos atributos que distan mucho de la calidad, pero eran películas bastante malas (Y quien dice Fulci, dice Deodato, dice Lenzi y dice Bava hijo).
Lo cierto es, que Fulci quizás se desenvuelva mejor en la comedia, en la “Sexy movie” Italiana que tantos y tantos títulos nos dejó por el camino, que en el género que le hizo popular en el mundo entero. De ahí vienen todos. Como muestra “Jaimito va a la escuela” de Umberto Lenzi, o este “La Juez y su erótica hermana”, donde todos están en su sucia salsa.
Una juez, que hace las veces de censora de cine, ningunea a un estafador que vende carne para perros enlatada como si fuera gulash de alta calidad. El individuo descubre que la juez tiene una hermana gemela exactamente igual a ella, pero que mientras que la Juez es puritana y de recta moral, la hermana es una puta que se folla a todo aquél que se lo propone. Sabiendo el estafador esto, planea un sucio plan con la zorrilla de por medio, para hundir la carrera de la prestigiosa Juez. Típica comedieta Italiana pre- Alvaro Vitali y Lino Banfi, que va asentando las características del género, y, por supuesto, vehículo erótico para el lucimiento de una Edwige Fenech que pasea alegremente el felpudaco y sus -supongo- deliciosas tetas, mientras un buen puñado de cincuentones calvos y salidos, babean tras su culo. El maravilloso carácter mediterráneo imponiéndose como elemento cómico, no falla. Pues está muy bien la película, con su trama de enredo, esta vez aprovechando el parecido de las dos hermanas, que dará lugar a las consabidas situaciones para el descacharre. Desnudos imponentes, chascarrillos y unos diálogos completamente soeces, harán el resto.
Lo que me llama la atención, es que mientras que a las películas de Terror de fulci, independientemente del cambio de género, les cuesta avanzar horrores, sin embargo “La Juez y su erótica hermana” va follada de ritmo, pasa en un santiamén, nos reímos un montón y nos quedamos la mar de contentos tras su visionado.
Pero con esto tampoco quiero decir que Fulci sea un maestro rodando comedia. La película está muy bien, pero no es mejor que muchas de aquellas comedias, quizás mas cafres y burras, pero si igualmente disfrutables.
Para una tarde tonta, la peli es perfecta. Pero no deja de ser una “Sexy Movie” Italiana, que ofenderá a la mayoría por su falta de todo. Abstenerse los amantes del buen gusto.
En el reparto junto a la Fenech, Mario Maranzana, Raf Luca y Giancarlo Detori.
domingo, 22 de enero de 2012
AQUELLAS CARATULAS MARAVILLOSAS (9): DANDO GATO POR LIEBRE
En la era dorada del vídeo-club, y teniendo en cuenta que por entonces meterse en tal menester resultaba siempre beneficioso para tus arcas, aparecieron mogollón de infra-distribuidoras que hurgaban en sus catálogos y lanzaban películas de tercera división para las que confeccionaban cutre-caratulas engañosas. El ejemplo más extremo venía cuando se valían de material ajeno fácilmente detectable, en ocasiones ni tan siquiera disimulado. No solo no tenían nada que ver con lo que contenía la cinta, es que, además, infligían gravemente cuestiones de copyright. Los casos son cientos y miles, pero hoy he reunido aquí algunos de los más reconocibles, descarados y divertidos...

"Sombras de medianoche" es la única película dirigida, escrita, producida, montada e interpretada por Wes Olsen. En los USA incluso la distribuye Troma bajo su título original, "The Dark Side of Midnight", del año 1984. Se trata de un thriller en torno a los crímenes que un tal The Creep comete en las inmediaciones de un pueblecito. No he tenido la suerte de verla, pero según me informo, entra de lleno en la categoría de "tan mala que es buena".

Esta es una de mis favoritas, por varias razones. Para comenzar, la imagen descaradamente robada, y sin añadidos ni colorantes, del film "El desafío de las águilas" con, sí, ¡Clint Eastwood!, al que reconocemos perfectamente y al que, lógico, no localizamos en el reparto. Luego tenemos el sello que la distribuye, ¿"Ízaro-Cannon"?, noooo!!!, se trata de "Pícaro-Zannon" que, encima, ni tan siquiera es el nombre de la distribuidora, solo parte del engaño (esta en realidad se llama "Multinacional Europe Productions"). Nótese la mutación de Ízaro a pícaro, detalle más que coherente y consecuente con la estafa. Hay que decir que esta NO es ni mucho menos la única vez que se utiliza tal estratagema, existen más films bajo el discutible sello de "Pícaro-Zannon". Olé.

No hace falta estar muy puesto para reconocer en esta imagen a Arnold Schwarzenegger sacado de la caratula del film "Ejecutor". Sin más cambios ni variaciones que las que pueda aportar la poca habilidad del ilustrador. En cuanto a "Mercenarios", se trata de una producción bélica italiana situada en la segunda guerra mundial y rodada el año 1987 ("Mercenari dell'apocalisse"). El director, John R. Dowson, en realidad se llama Leandro Lucchetti. El reparto es genuino, ese tal Karl Landgren fue bautizado como Bruno Bilotta, y me molaría saber si el parecido fonético con Dolph Lundgren, entonces bastante de moda tras intervenir en "Rocky 4", es algo expreso o simple casualidad.
"La ira de los dioses" es un peplum italiano del 1960 protagonizado por la tetuda Jayne Mansfield. El título original no podía ser más distinto al español: "Gli amori di Ercole". Para ilustrar esta edición de "Light Entertainment Group" pillaron una imagen bien grande de la película "Los Bárbaros", dirigida en 1987 por Ruggero "Holocausto Caníbal" Deodato, con sus dos reconocibles protagonistas peleándose (Peter y David Paul) , brillo en la espada incluido, y, ¡hala!, tirando millas...

Otra de mis favoritas. Esta no requiere mucho esfuerzo. Producción asiática de quinta división (nótese que la caratula no incluye ningún nombre) para cuya cubierta pillaron una imagen más que reconocible y, por aquello de disimular, le metieron un pegote en la cabeza absolutamente cutre que incluso empeora el flagrante delito.
Fijo que los boxeadores atizándose pertenecen también a otro film... pero a saber cual. Se aceptan sugerencias.

Otro caso curiosísimo. Aunque en la caratula no aparezca por ningun lado, ni en la cubierta, ni en el texto de atrás, "La venganza de las mujeres vampiras" viene protagonizada nada menos que por el mítico "Santo, el enmascarado de plata". De hecho, se trata de la secuela de uno de sus títulos más respetados, "Santo contra las mujeres vampiro", rodada en 1962, ocho años antes de la que ahora tratamos.

Y terminamos con, cuanto menos, el caso más risible y divertido del pack. Otro añejo peplum al que se intenta disfrazar de producto reciente lleno de espectáculo. Este film en realidad se titula "Golia alla conquista di Bagdad", lo rodó en 1965 Domenico Paolella (que en la caratula es rebautizado Paolelli) y cuenta en su reparto con uno de esos yankees cachetas afincados en italia, Rock Stevens, seudónimo de Peter Lupus, aún hoy activo. Para la ocasión, Vicine/Cineman retitula absurdamente al film como "The Aligator" con la intención de sacarse un nuevo superhéroe de la manga (ya que en realidad el prota se supone que es Goliath) y se curra esta caratula patética y horripilante que parece un exploit algo retarded de los "Masters del universo". Para mear, no echar gota y partirse de risa.

Y a pesar de lo que la caratula pueda hacernos creer, Robert Englund no aparece por ninguna parte... que sí, que el tipo del sombrero y la mirada siniestra es Englund, de cuando interpretó al fantasma de la ópera en 1989 y de la mano de Dwight H. Little.

El título,"Pesadilla Mortal El Esqueleto" parece más adecuado para un film de terror que para uno bélico, sin embargo, en realidad la peli, producción inglesa del año 1972, sí se titula "Nightmare", es decir, pesadilla. Curioso.

"La ira de los dioses" es un peplum italiano del 1960 protagonizado por la tetuda Jayne Mansfield. El título original no podía ser más distinto al español: "Gli amori di Ercole". Para ilustrar esta edición de "Light Entertainment Group" pillaron una imagen bien grande de la película "Los Bárbaros", dirigida en 1987 por Ruggero "Holocausto Caníbal" Deodato, con sus dos reconocibles protagonistas peleándose (Peter y David Paul) , brillo en la espada incluido, y, ¡hala!, tirando millas...

Otra de mis favoritas. Esta no requiere mucho esfuerzo. Producción asiática de quinta división (nótese que la caratula no incluye ningún nombre) para cuya cubierta pillaron una imagen más que reconocible y, por aquello de disimular, le metieron un pegote en la cabeza absolutamente cutre que incluso empeora el flagrante delito.
Fijo que los boxeadores atizándose pertenecen también a otro film... pero a saber cual. Se aceptan sugerencias.

A este elemento ya de por sí algo bizarro, tenemos que añadir que la escalofriante imagen de la cubierta no pertenece a "La venganza de las mujeres vampiras" (de título real "La venganza de las mujeres vampiro", en singular y masculino), sino al "Drácula" dirigido en 1979 por John Badham y del que podéis leer la reseña aquí. En concreto, la tipa vampirizada se supone que es el personaje de Mina, verlo para creerlo.
Ya que estamos, aclarar también que la imagen superior de la parte trasera, la de la moza con una estaca clavada en la frente, pertenece a "Superstición" La de debajo todavía no ha sido detectada.... pero todo se andará.
Ya que estamos, aclarar también que la imagen superior de la parte trasera, la de la moza con una estaca clavada en la frente, pertenece a "Superstición" La de debajo todavía no ha sido detectada.... pero todo se andará.

Y terminamos con, cuanto menos, el caso más risible y divertido del pack. Otro añejo peplum al que se intenta disfrazar de producto reciente lleno de espectáculo. Este film en realidad se titula "Golia alla conquista di Bagdad", lo rodó en 1965 Domenico Paolella (que en la caratula es rebautizado Paolelli) y cuenta en su reparto con uno de esos yankees cachetas afincados en italia, Rock Stevens, seudónimo de Peter Lupus, aún hoy activo. Para la ocasión, Vicine/Cineman retitula absurdamente al film como "The Aligator" con la intención de sacarse un nuevo superhéroe de la manga (ya que en realidad el prota se supone que es Goliath) y se curra esta caratula patética y horripilante que parece un exploit algo retarded de los "Masters del universo". Para mear, no echar gota y partirse de risa.
¡Cuánta maravillosa desvergüenza!
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