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sábado, 20 de septiembre de 2025

EFECTOS ESPECIALES

"Efectos Especiales" es una película del año 1984 dirigida y escrita por el legendario Larry Cohen. Y todos sabemos de sobras que a este caballero le chorreaban las buenas ideas, aunque no siempre sabía trasladarlas del todo bien a la pantalla.
El punto de partida, pues, es cojonudo: Un director de cine en horas bajas recibe la visita de una aspirante a actriz. A los pocos minutos terminan encamados. Pero ella se da cuenta de que una cámara oculta los filma. Se mosquea y comienza a insultar al tipejo. Este, humillado, la mata estrangulándola. Obsesionado como está con la muerte plasmada en celuloide, decide convertir el material real en parte de un biopic sobre la muchacha, manipulando todo ello con el fin de evitar que cante su condición genuina y, de paso, logrando engatusar al policía que investiga el crimen y al viudo de la víctima, esperando que este último sea quien pague el pato. Para rematarlo, aparece una chavala que es idéntica a la asesinada y protagonizará el film, así como el consiguiente drama.
Ya me dirán si no suena bien. Cohen emulando y modernizado a Alfred Hitchcock. ¿Y lo consigue? no del todo. Cuesta decidir qué es lo que falla en "Efectos Especiales", pero algo falla. Quizás el tema "snuff" podría haber dado para más y Cohen lo deja ahí un poco al margen. Estéticamente toda ella resulta algo acartonada. E incluye una escena de amor tan hortera y ridícula que te crujirán los dientes de vergüenza ajena. Puede que también los personajes no enganchen, resultan algo antipáticos. O, directamente, tal vez sea cosa de los actores, poco carismáticos, especialmente la chavala (Zoë Lund, conocida por sus colaboraciones con Abel Ferrara en "Ángel de venganza" y "Teniente Corrupto") o su viudo, Brad Rijn (quien venía de coprotagonizar ese clásico del cine "indie" que fue "La chica de Nueva York" y limitaría el resto de su carrera a películas de Larry Cohen. Por algo será). Un pelín mejor se lo montan el poli que investiga el crimen, Kevin O'Connor (estuvo en "La maldición de los Bishop") y, por supuesto, el villano, Eric Bogosian, el único que haría algo de carrera posterior gracias a títulos como el "Hablando con la muerte" de Oliver Stone, "Eclipse Total" o "Desmontando a Harry" de Woody Allen, aunque a mi siempre me moló como el antagonista de Steven Seagal en "Alerta Máxima 2". No es que el hombre lo haga mal, ni mucho menos, pero no sé... tampoco termina de convencerme, la verdad.
Así pues, "Efectos Especiales" entraría en el grupo de las películas más o menos fallidas de Larry Cohen, aquellas en las que se nota su maestría a la hora de escribir (funciona muy bien cómo encadena hechos y situaciones), pero pierden fuerza al convertirlas en imágenes (incluidas esas tan típicas del cineasta rodadas sin permiso legal en pleno centro de Nueva York, con todos los viandantes mirando a cámara... aunque tampoco lo considero un fallo, más bien algo entrañable).

sábado, 1 de marzo de 2025

FRÍO COMO EL ACERO

Probablemente 1991 era un mal año para lanzar a un nuevo "action hero" empapado en toda la gloria que acompañó al género la década previa. Los últimos en lograrlo, Jean-Claude Van Damme y Steven Seagal, fueron lo suficientemente prudentes (ellos o, mejor pensado, sus respectivos agentes) de arrancar sus carreras a finales de los ochenta. Y, además, aportando un algo de novedoso, o diferente, al decantarse por las artes marciales como técnica. El problema del nuevo aspirante, Brian Bosworth, era su incondicional adscripción al modelo Schwarzenegger. Armario empotrado de músculos absurdos, mandíbula cuadrada y hostia pura como método favorito de defensa. Añadamos la estética que gasta en este, su primer "gran" film (y único), "Frío como el acero". Es como muy de los ochenta pero en su vertiente más hortera y cutre, entonces ya demasiado démodé. Incluida una horrorosa "mullet" a modo de guinda. Un "bonito" cuadro que, en su momento, a un amigo y a mí nos echó para atrás. No fuimos a ver "Frío como el acero" al cine. La alquilamos en vídeo, pero ni la terminamos. A él Bosworth le parecía un nazi. Y a mi me cayó gordo por el rollo "portero de discoteca chusca" que gasta. Tampoco fuimos los únicos en reaccionar tan negativamente. La peli no pegó como se esperaba y la carrera del actor quedó relegada ya de por vida a subproductos de acción directos para vídeo-club y dirigidos por "astros" del nivel del omnipresente Fred Olen Ray ("Pánico en el Concorde") o el insulso Allan A. Goldstein ("Riesgo límite"). Entre la primera tanda de esas mismas basurillas localizamos, justo, una secuela bastarda de "Frío como el acero" únicamente destinada al mercado españolo, "Frío como el acero. Buscando venganza". En realidad el film se titula "One Tough Bastard" / "One man´s justice" y el personaje responde a un nombre parecido, pero no igual. La cosa empeora entrados en el siglo XXI, con Bosworth protagonizando películas cristianas ("El poder de la cruz") o navideñas repletas de actores decadentes y, seguramente, tan adictos a las enseñanzas divinas como lo fueran previamente a drogas, alcohol y otros vicios.
Pero en 1991 el colega Brian estaba en su apogeo físico. Es tan "perfecto" que casi parece una caricatura, cosa extensible a toda la película, por su tono exagerado, el abuso de macarrismo sideral, sus buenas dosis de violencia e incluso un puñado de tetas (pegadas a cuerpos de infarto). Y es que, claro, partiendo de la base que todo gira en torno a una banda de moteros mega-malísimos que, asociados a la mafia, esparcen la "villanería" y preparan un atentado de grandes dimensiones, pues la cosa da para un montón de chuloputismo, barbas, chollas, hermillas, motazas, tacos a tutiplén, tipos extremadamente sudorosos, duros y cabreados (la testosterona chorrea por los bordes sin miramiento alguno), una banda sonora trufada hasta el agotamiento de hard-rock, AOR y algo de heavy metal (incluida aparición de un grupo tocando rodeado de strippers) y muchas, muchas, muchísimas hostias, especialmente las que proporciona un Brian Bosworth que, empujado por el FBI, se infiltra en el clan motard para pararles los pies.
Y sí, durante un buen rato el ritmo es acelerado y la locura considerable. El director, Craig R. Baxley, tira de unas maneras dinámicas y ágiles, sin dar respiro al espectador, trufando el lienzo de explosiones, disparos y algunos "stunts" dolorosos (por supuesto, sin gota de CGI). Pero Baxley, que venía de la coordinación de dobles de acción, tampoco era un gran director. Su debut para la gran pantalla, "Acción Jackson", es una de las "action movies" más flojitas de su dorada década, a pesar de disponer de todos los elementos necesarios para lograr un pleno (entre ellos Carl Weathers y la idea de revitalizar el "blaxploitation"). Tampoco fue nada memorable la siguiente, "Dark Angel. Ángel de la muerte", en la que Dolph Lundgren se enfrentaba a un alien lanzador de cortantes cd´s. Fui a verla al cine con resultados discretitos. Tal vez debería darle un nuevo muerdo. Así pues, llegado cierto punto, "Frío como el acero" comienza a desinflarse. Los peligros de arrancar con tanto brío. Jodido mantenerse. Y durante la segunda mitad, vas perdiendo interés progresivamente... hasta que, vale, el clímax se recupera. Aunque, bueno, la sensación final es de que, siendo un producto bastante visible y ameno, se queda a medio gas. Hacer notar las similitudes con algunas otras películas del género por entonces aún recientes. Por ejemplo, Bosworth parte el brazo de un villano usando una dolorosa técnica popularizada por Steven Seagal. Y el final, final, es directamente una copia del de "La jungla de cristal". Todavía más llamativo resulta que los dos malos principales, Lance Henriksen y William Forshyte, pocos años después harían roles bastante parecidos en, justo, una de Van Damme ("Blanco Humano") y una de Seagal ("Buscando Justicia").
Otros rostros majos que asoman son los de Sam McMurray como el supuesto compañero de Bosworth, opuesto a él, dando a entender que estamos ante el patrón de una pura "buddy movie", aunque luego no se desarrolle a fondo. Richard Gant, el forense poseído por Jason en el noveno "Viernes 13". A Paulo Tocha -gran apellido- lo hubiese ignorado de no haber mirado su alucinante filmografía. Ha estado nada menos que en "Ninja Terminator", "Contacto Sangriento" (+ otras de Van Damme) o "Depredador 2".  Y es que, en realidad, con tanto motero y tanto "stunt", hay un porrón de secundarios / dobles de acción con currículums vistosos y coloristas, como es el caso de Robert Winley, al que puedes ver en "Jake Speed: La aventura de África", la serie "Sledge Hammer!", "Libertad para morir" (otra vez Van Damme) y nada menos que "Terminator 2: El juicio final". Así pues, daré un salto para detenerme en Kevin Page, el yuppie reventado a balazos por "Ed-209" en "Robocop" o la inevitable "partenaire" femenina, Arabella Holzbog, quien tampoco lograría nada en su carrera, participando a posteriori en subproductos de calibre de "Cornasaurios 2" o "El hombre holograma".
El caso del guionista, Walter Doniger, es un poco atípico. Comenzó su carrera en los cincuenta, tanto escribiendo como dirigiendo muchísima serie de televisión. Se detiene en 1983 para regresar en 1991 con "Frío como el acero" que resultaría ser su último crédito antes de jubilarse y palmar en 2011.

Les dejo la caratula completa del VHS, cortesía de nuestro "consigueitor" particular Enorm.

sábado, 3 de octubre de 2020

MÁS ALLÁ DE LA LEY

Por tercera vez, rompo la norma auto-impuesta de no dedicarle ni un segundo de mi existencia a las películas de Steven Seagal situadas en esa poco envidiable franja de la absoluta decadencia del actor y su carrera. Y lo hago, como en el caso del film anterior, por una constante en mi condición de humilde reseñador, la morbosa curiosidad. No se trataba ya de ver a la ex-estrella del cine de acción luciendo un aspecto todavía más lamentable de lo habitual, ni siquiera por el hecho de que era la segunda vez que compartía reparto con otro que tampoco pasa un buen momento, el actor-rapero DMX, con quien co-protagonizó hace años "Herida Abierta". Lo que me llamaba de "Más allá de la ley" ("Beyond the law" en v.o.) era su director, James Cullen Bressack, el típico "cineasta independiente" que de no ser por las nuevas herramientas digitales, probablemente nunca se habría abierto camino en el cine profesional. Lo logró, sobre todo, a través del terror. Y lo sufrí por primera vez con "Bethany", un film en esencia horroroso que casi no pude soportar entero. Claro, la idea de que semejante astro llevara las riendas de una de las más recientes Seagal-movies se me antojaba inquietante. Tanto como cuando Fred Olen Ray pasó por semejante trance. Sí, la verdad es que me esperaba un auténtico estropicio con "Más allá de la ley". Algo así como el clavo en el ataúd en la filmografía de Steven Seagal. 
El hijo de un mafioso asesina a su cómplice en un robo, un adolescente más o menos yonqui. El padre de este, policía retirado y atormentado, se entera y, como es de ley, decide volver a las armas clamando venganza.
Así de elemental es la trama de una película que únicamente sorprende porque Seagal no interpreta al policía vengador. Ni siquiera a un personaje bueno. En realidad es el cabecilla de un clan mafioso y progenitor del villano de la historia. Claro, tal tesitura le permite valerse de su inconfundible técnica interpretativa más reciente: Pasarse media película sentado soltando soliloquios a velocidad de caracol tullido. Ya saben lo peculiar que es el hombre a la hora de involucrarse en rodajes, rara vez le vemos compartir plano con otros actores y, si lo hace, estos suelen salir de espaldas para que no se note que son dobles. Teniendo ello en cuenta, ya les anuncio que Seagal y DMX no comparten escena físicamente, solo a través del teléfono. En realidad los protagonistas son Johnny Messner (una especie de "action hero" de segunda división) y el villano, al que da vida un actor habitual en subproductos y de apariencia altamente irritante, Zack Ward. La nota de color la ponen el veterano Bill Cobbs y otro que vivió mejores momentos, Patrick Kilpatrick en un rol minúsculo (quien goza también de una experiencia Seagaliana previa con "Alerta Máxima 2").
En un diálogo muy gracioso se hace mención a "Gremlins", a la que califican de "clásico".
Uno de los guionistas, Chad Law, ha escrito para otras películas con héroes de acción míticos y no tan míticos en horas bajas, destacando a Van Damme y Dolph Lundgren.
Como decía, me puse a ver "Más allá de la ley" convencido que iba a ser un macro-mojón con el que regocijarme, pero no. Lo peor que podemos decir de ella es que carece de alma, es un producto plano, convencional hasta el insulto y monótono... pero se deja ver.
Y sí, Steven Seagal mete unos cuantos tiros y hasta suelta alguna yoya, pero muy muy poca cosa.

sábado, 4 de enero de 2020

RESCATE EN AFGANISTÁN

Originalmente el plan consistía en poner fin al ciclo dedicado a Steven Seagal con su primera película, "Por encima de la ley". Pero la vi y, ciertamente, no me acabó de entusiasmar. Es un poco chapillas y desde luego tampoco invita a escribir nada. Así que lo di por terminado. No obstante, existía otra, "Rescate en Afganistán" ("Sniper: Special Ops" en v.o., año 2016) que me picaba la curiosidad, básicamente porque venía dirigida por un cineasta zetoso recurrente en este blog y del que fui muy fan en mi juventud: Fred Olen Ray. ¿Qué resultado daría la unión entre ambos titanes de la costra? Al final mi enfermiza curiosidad, que tantas alegrías me ha dado... pero también muchos disgustos, me animó a localizarla y verla. Y aquí tienen la reseña. ¿La última pues? Ahora ya lo dudo. Me haría gracia ese "Por encima de la ley 2" que algún día nos caerá como una losa, pero el tiempo dirá.
De la trama de "Rescate en Afganistán" no me he enterado mucho. Tal vez porque tampoco es que me haya volcado en prestarle atención. Digamos que todo gira en torno a un cuerpo de marines en plena misión de rescate en el país del título. Nuestro querido Steven es el francotirador de parcas palabras, lo que le viene de puta madre para no cansarse demasiado. El tipo rescatable es un congresista al que logran salvar, sin embargo las cosas se complican y Seagal y otro marine quedan atrapados, rodeados por el enemigo en un ruinoso edificio. El resto del equipo quiere regresar a por los suyos, pero los altos cargos se lo impiden. Les mandan a otra misión, una que también se complicará y que les servirá para, con la excusa, saltarse las órdenes, ir a por el gordo y, de paso, matar al malo. Fin.
Si algo destaca de la intervención de Steven Seagal en "Rescate en Afganistán" es que, uno, prácticamente no se levanta de la silla, ni participa en demasiadas escenas de acción. Dos, tampoco comparte plano con ninguno de los actores del reparto, las pocas veces que así lo hace estos salen de espaldas, ergo seguramente sean dobles. Lo mismo que cuando Seagal no da la cara, tiene toda la pinta de ser otro tipo vestido como él (según he leído, sus intervenciones suman unos escasos diez minutos en total). Sí queridos, es Steven Seagal prestando su nombre (su lamentable aspecto) y lo mínimo de su presencia para dar lustre a un subproducto en toda regla. Casi le hace más daño que bien, porque en realidad, siendo muy muy muy generosos y comprensivos, y dadas las circunstancias, la peli no es TAN espantosa. Las hay mucho peores. Se deja ver si no existe otra tarea urgente a la vista. El resto del reparto se esfuerza en cumplir (destacando a dos actores habituales de zetismos y pelis destinadas al Syfy Channel, Tim Abell y Paul Logan -que en su día protagonizó "Mega Piraña"-) y Fred Olen Ray rueda (y escribe el guion) con profesionalidad. Reciclando algunas imágenes de otras películas -sobre todo aquellas que incluyen explosiones- y tirando de CGI purulento para disparos y otras pequeñeces. Lo que le sale cumple con los mínimos, ideal para ver mientras revisas tus redes sociales. Una cosa mortecina, plana, fría e impersonal... pero eficiente. Que incluya como atractivo a un actor de cierto nombre -que no renombre- al que luego casi ni vemos, únicamente provoca que la peña diga más pestes de ella de las que realmente rezuma.
Que lejos quedan esos años en los que Olen Ray paría mierdas carismáticas. Pero bueno, al menos ahí sigue, currando, haciendo cine, y eso es incluso admirable. Le acompañan el mastuerzo de su hijo, Christopher Ray, y uno de sus clásicos, Jay Richardson, lógicamente envejecido y que interpreta al congresista capturado por los malvados Talibanes. A estos, como es fácil deducir, les dan vida siempre los mismos cuatro actores con la cara cubierta con pañuelos, probablemente también para disimular su origen norteamericano. En cuanto al lugar de rodaje, Fred Olen Ray presumía en redes sociales de rodaje en Afganistán, pero no cuela. Según las fuentes habituales, está parida en California y uno de esos desiertos tan habituales en el cine de Ray cuando necesitaba disponer de un planeta marciano, la guarida de un monstruo terrible o cualquier otra chuminada.
La nota de color la pone la intervención como actor del luchador de wrestling Rob Van Dam. Aparece en el cartel junto al nombre de Seagal. Ahí, todo grande. Y no, no es porque batalle a su lado o tenga un papel destacado. De hecho, es bastante secundario. Está para jugar a una evidente confusión: que algunos paletos crean que Jean-Claude Yasabenquien aparece en la peli, en plan fusión de dos viejos astros de los "actioners". ¡Juas!.

sábado, 21 de diciembre de 2019

EN TIERRA PELIGROSA 2

"Fire Down Below" es el título original de esta película de Steven Seagal que a España llegó (creo que únicamente en vídeo, aunque no he podido corroborarlo) como "En tierra peligrosa 2". Es 1997 y ya no se estila eso de las secuelas falsas, por lo que la operación se antoja del todo incomprensible. Para la ocasión el de la coleta interpreta a un agente del medio ambiente llamado "Jack Taggert", mientras que "En tierra peligrosa 1" daba vida -es un decir- a "Forrest Taft". Que no, que no es el mismo. Pero esas son las ventajas de que Seagal haya interpretado igual a todos los personajes de sus películas, puedes poner que una es secuela de otra y da el pego. Recordemos que algo así ocurrió de manera legal únicamente una vez, con "Casey Rayback" y sus dos "Alerta Máxima" (claro que me limito a la época buena del actor, si nos referimos a la hornada de subproductos de los últimos años, no tengo ni idea). En cualquier caso, y aunque "Warner Brothers" accediera a poner los dineros de esta nueva aventura Seagaliana, una cosa iba a estar clara desde buen principio: Prohibido dejarle ocupar la silla del director. Para lo cual, ficharon al típico mindundi que venía de la tele y a ella volvería, Félix Enríquez Alcalá (responsable ese mismo 1997 del famoso piloto sobre la "Justice League of America", nunca emitido de modo oficial pero localizable mediante piratería), lo que hace suponer que, aunque Don Steven no firma la dirección, seguro que en el plató mandó cuanto quiso.
"Jack Taggert" se pira hasta los frondosos bosques de Kentucky porque un empresario malvado está llenando de temibles residuos tóxicos unas minas abandonadas y hay que pararle los pies. Intentará integrarse en lo más profundo de la américa profunda (incluso hace una coña/referencia muy oportuna a "Deliverance/Defensa") y será continuamente atosigado por los matones de rigor, comandados por el hijo del empresario. Se defenderá a hostia pura y superará todas las limitaciones propias de la ley para enchironar al malo.
"En tierra peligrosa 2" tiene un par de rasgos curiosos: Una banda sonora trufada de country y blues que llega a su cenit cuando Steven Seagal se presta a tocar la guitarra, su otra gran pasión (junto a la ingesta de donuts, ¡lo siento, tenía que hacer el chiste!). Y una violencia mucho menos contundente de lo habitual. Claro, ver al de la coleta soltando la chapa ecologista y humanitaria para, luego, reventar a los villanos de la manera que solía, era raro. Por eso en esta nueva aventura, aunque reparte mucha y dolorosa estopa, no mata a nadie. A nadie. Ni al más malvado, que graciosamente interpreta todo un icono hippie como es Kris Kristofferson. Del plantel restante destacan Marg Helgenberger, Stephen Lang, Harry Dean Stanton y Richard Masur.
Ciertamente, "En tierra peligrosa 2" no es la mejor peli de Seagal, pero tampoco la peor. Cumple con lo que uno busca en estos productos, pasar el ratico. Las escenas de acción están bien y el panfletismo es algo menos empalagoso, sobre todo porque aparcan totalmente el rollo místico que tanto jodía a la supuesta primera parte (risas).

sábado, 7 de diciembre de 2019

ALERTA MÁXIMA

Hablemos de los viejos/buenos tiempos. De cuando "Warner Brothers" confiaba en el tirón de Steven Seagal y se dejaba un pastizal produciendo y distribuyendo por todo el planeta vehículos para su lucimiento. Le rodeaban de actores estupendos y le encargaban el pifostio a cineastas tan capaces como Andrew Davis, con quien el astro ya había currado previamente en "Por encima de la ley". ¿Y qué me dicen del mismo Steven? Joven, delgado, sin coleta ni abalorios jipis. Una maravilla. Suspiremos todos al unísono. De esta guisa era difícil cagarla. Y también porque, en esencia, la película resultante de la que hablaremos a continuación no deja de ser un remake encubierto de "La jungla de cristal".
Un legendario buque de guerra va a hacer su último viaje. Es el cumple del capitán, y Steven Seagal anda por allí ejerciendo de cocinero. Uno enrollado que se lleva de puta madre con sus subordinados. Resulta que en el pasado fue un marine cojonudo, pero también muy rebelde. De ahí que terminara con sus huesos entre ollas y cazuelas. Suerte que ello no le desproveyó del talento para matar, algo que descubrirán unos mastuerzos que se cuelan en el barco para secuestrarlo y lanzar unos misiles nucleares que lleva en sus adentros.
Así da gusto ver una peli de acción, incluso aunque no vaya escasa de algunas ridiculeces y gilipocrecias (entre ellas un notable poso propagandístico, como cuando Seagal suelta eso de "Ser marine no es un trabajo, es una aventura"). Por ejemplo, los terroristas se hacen pasar por un grupo de rock que tocará en la fiesta de cumple del capi. Y tocan. Y no lo hacen mal. ¿Curioso, no? ¿músicos de día, terroristas de noche? ¿Terroristas profesionales que tocan en bandas de rock por hobby? ¿tal vez al revés? ¿O son tan eficientes que aprendieron a manejar los instrumentos para dar el pego? Misterio. Tanto como la pasmosa facilidad con la que caen bajo la artillería de Seagal y los suyos a pesar de llevar chaleco anti-balas. Mencionar que algunas muertes son agradecidamente truculentas, y no faltan ni vigas atravesando torsos ni sierras circulares cortando -levemente- brazos.
Aunque la guinda la pone el único personaje femenino de la función, interpretado por la ex-vigilanta de la playa y chica "Playboy" Erika Eleniak, que da vida a... bueno, a una de las conejitas de Hugh Hefner. No se tuvo que esforzar mucho. El caso es que estaba en su mejor momento y luce unas tetas que son para mear y no echar gota. Perfectas. Eso sí, el "modus operandi" es más gratuito que en la peor de las epopeyas de Jim Wynorski. Gratuito y absurdo: Su función es salir del interior de un pastel. En eso que uno de los malos le da pastillas y la chavala se queda frita dentro. Pasan las horas, hay disparos, muertos y violencia por un tubo. Pero ella nada, ahí roncando. Entendemos que en algún momento despertaría, lista para salir. Pero en lugar proceder -más después de la imprevista siesta-, prefirió esperar a que alguien le diera la señal... aunque tardara tres horas. Al final el empujón se lo otorga el amigo Seagal, que a pesar de la nula química se la terminará beneficiando, y la moza sale disparada del pastel -con música y todo-, abre la chaqueta y muestra sus fascinantes ubres. La monda. Por cierto, a día de hoy Erika está también algo rellenita. Podríamos decir que ella y Seagal serían la perfecta imagen del aspecto que, pasados 25 años, gastarían sus personajes en la peli si hubiesen optado por tirar adelante la relación, casarse y llevar una vida marital standard. Entrañable.
El reparto está repleto de caretos talentosos y reconocibles: Tommy Lee Jones de sobreactuado villano, Gary Busey (la escena que se viste de mujer es bastante patética, imagino que por sus adentros se estaría cagando en el destino), Bernie Casey, John Laughlin (el pobre había casi protagonizado "La pasión de China Blue" unos años antes y tal fue el varapalo que terminó relegado a roles tan minúsculos y fugaces como en este caso), George Cheung (el asiático que estalla por efecto de una flecha-bomba en "Rambo") y el colega Kane Hodder.
Mi señora y yo vimos "Alerta Máxima" hace unos Domingos. Cuando terminó, le regalamos una sentida ración de aplausos. Y es que tras tragar tanta mediocridad Seagaliana, sienta de perlas una no perfecta, pero sí decentemente facturada y, sobre todo, entretenida.
Como saben todos ustedes, "Alerta Máxima" tuvo el suficiente tirón como para generar una secuela también disfrutable que no paran de echar por la tele. Ni que sea por ver a Steven Seagal masacrar a los malos sin quitarse ni manchar la americana.

sábado, 23 de noviembre de 2019

UN HOMBRE PELIGROSO

Por norma general, los días que mi pareja y yo solíamos reservar para ver "otra de Steven Seagal" eran los domingos por la tarde. Sin embargo, aquel fin de semana, algo hastiados ya con el gordo de la coleta, decidimos hacer un pequeño "break". Llegada la noche, y en pleno ataque de zapping, súbitamente nos topamos con una película del 2009 del amigo Seagal. Maldita sea, no había duda que estábamos destinados a consumirla. Y eso hicimos, empujados por la curiosidad extra que suponía ver una de la época decadente del actor, a pesar de que me había jurado a mí mismo que ni lo intentaría.
"Un hombre peligroso" narra la historia de "Shane Daniels", un tipo que, por aquello de defender a su querida novia de una agresión callejera, persigue y ahostia al culpable con tanta mala pata que... ¿lo mata? Ahora no lo recuerdo. Pero el caso es que acaba con sus huesos en la cárcel. Y encima, la mujer por la que se jugó el pellejo se aburre de esperarle y le abandona. ¡Harpía! Libre de nuevo, "Shane" vagabundea de aquí para allá, luciendo un horrible pañuelo en la cabeza que incrementa su nulo atractivo (aunque le tapa el escaso pelo). Intenta no meterse en líos, pero su condición de buen samaritano se lo impide. Terminará hasta las trancas en una movida con la mafia china, el secuestro de uno que conoce secretos de su país, su hija y unos rusos con muy mala folla. La verdad es que el argumento está explicado de manera un tanto liosa, pero da igual, porque esto es una peli de Steven Seagal. Y lo que queremos, incluso aunque pertenezca a su época de vacas flacas, es ver hostias, ver tiroteos y verle a él. Y a él se le ve, ya lo creo, que ocupa mucho espacio.
De hecho, no solo somos testigos de cómo mata con saña, también de cómo ama. Pero al estilo Seagal, es decir: Ella es mucho más bella y joven y se contonea en pelota picada ante sus ojos, calentándole. Él está sentado, completamente vestido, puede incluso que con una chaqueta, mirándola a ella con cara de bobalicón y, en un momento dado, osa tocarle una tetilla. La verdad es que la expresión de deseo que gasta el actor es la misma que tiene cuando corre, mea o duerme. Pero claro, es que es Steven Seagal. A todo esto mentar que Aidan Dee es la churri del destape, y tuvo papelito en "Gutterballs 2", secuela del popular slasher medio guarro de Ryan Nicholson (RIP).
Sin embargo, a pesar de una escena tan sórdida, del tono costroso, apelmazado y desalmado del film, y de un Seagal infladísimo y muy desganado (me recuerda al David Carradine de los ochenta, igual de amplio y actuando con idéntico nulo interés, sin disimularlo, algo que también afectaba a sus pocas ganas de correr y las nada lustrosas muestras de lucha karateka, lo mismo que Steven), resulta que "Un hombre peligroso" se deja ver. No es tan aburrida como me temía. Ni tan chapuzas. De hecho, todo el tramo final viene bien repleto de acción, disparos y un ritmo dinámico. Así que, perfecta si no hay nada mejor que hacer un insípido domingo por la tarde.
Del resto del personal implicado, poca cosa a destacar. Mucho asiático (supongo que es el mercado que mantiene viva la carrera del actor) y un director/guionista, Keoni Waxman, especializado en cine de acción de segunda y que ha currado con Seagal un montón de veces más. Debe ser su hombre de confianza (o el único que le soporta).
Resumiendo: En peores plazas he toreado.

sábado, 9 de noviembre de 2019

HERIDA ABIERTA

Tal y como comenté en la reseña anterior de este escueto y atolondrado mini-ciclo Steven Seagaliano, "El último patriota" fue el principio del fin de la carrera del astro. Aunque si lo miramos detenidamente, descubriremos que la cosa ya venía de antes. Digamos que se masticaba la tragedia. Tras "Glimmer Man", Seagal intervino en el sitcom televisivo "Roseanne", para luego emprenderla con "En tierra peligrosa 2", que no funcionó lo que se esperaba (reseña en breve). El actor se encontraba al borde del abismo. Suerte que el legendario productor de "actioners" Joel Silver, con quien Steven Seagal ya había currado en "Decisión Crítica", aunque interpretando un rol secundario, vino en su ayuda ofreciéndole el protagonismo absoluto de "Herida Abierta". Eso sí, con condiciones: Se acabó el rollo jipi, nada de panfletos ecológicos, nada de misticismos, ni trajes de monje, ni collares... ¡ni siquiera una coleta!. El film iba a ser una historia clásica de policías en la que Seagal daría vida a uno lo más común y corriente posible.
La trama gira en torno a un servidor de la ley algo conflictivo (inevitable escena del jefe abroncándole por sus métodos poco ortodoxos) al que le cambian de distrito. En la nueva comisaría las cosas tampoco le irán demasiado bien (acabará incluso como guardia de tráfico), aunque su obsesión por pillar a un supuesto traficante de drogas le meterá en una espiral de corrupción dentro del mismo cuerpo que, inevitablemente, acabará en tiroteo y muerte. Como veis la historia no es que brille por su originalidad, pero sí depara un giro sorpresivo y está narrada de manera menos convencional de lo habitual. Aunque me queda la duda de si es un mérito que podemos achacar a su origen literario, incluidos unos sobrios y ajustados diálogos, o está narrada con el ojete y lo confundo con genialidad por parte del guionista, que también podría ser.
De entre medias, pues no faltan unos contadísimos numeritos de lucimiento para el amigo Seagal, aunque, teniendo en cuenta el tono "realista" de la historia, resultan bastante flipados e inverosímiles, con el actor, ya entrado en carnes, dando saltos y giros más bien imposibles en los que cantan un huevo los -gruesos- hilos que le levantan. El toque de humor lo pone una reunión a la que Steven Seagal es obligado a acudir para rebajar su ira interna. Estupendo el momento en el que, sin mover una ceja, mira a la moderadora y le esputa "¿Ve esta cara? Esta es una cara feliz". Es aquí donde aparece Tom Arnold (supongo que él y Seagal harían buenas migas en "Rosanne"), dando vida al inevitable personaje gracioso/cansino. A uno de los dos, el otro es el gorderas negro Anthony Anderson. Al final, durante los créditos, ambos se reservan un especie de show conjuntado con pinta de estar improvisado, más vergonzante que divertido. 
Desconozco si fue hecho a posta o no, pero igual que en "Glimmer Man" le pusieron un comediante negro a Seagal, por aquello de compensar su falta de gracejo, en "Herida Abierta" le cuelan de comparsa a otro negro con otra cualidad: ser aún más inexpresivo que él. Y ya es decir. Hablo del rapero convertido en actor DMX (quien por lo visto no se llevó nada bien con Seagal).
Otros seres humanos reconocibles que aparecen a lo largo de la función son Isaiah Washington, Michael Jai White, Bill Duke, Bruce McGill y papelito para Eva Mendes (a quien doblaron por considerar que no sonaba como una persona inteligente -¿?-. Lógicamente molesta, la actriz echa pestes de la peli).
Dirige Andrzej Bartkowiak, con una carrera lustrosa en el campo de la dirección fotográfica pero más bien poco llamativa en la de director a secas.
"Herida Abierta" no fue el éxito que se esperaba, por lo que la carrera de Steven Seagal siguió su imparable camino descendente.

sábado, 19 de octubre de 2019

EL ÚLTIMO PATRIOTA

Hablar de "El último patriota" significa hacerlo del principio del fin de la carrera de Steven Seagal. Su primera película pensada directamente para el mercado del vídeo de Estados Unidos (aunque sí llegó a estrenarse en salas españolas). Ya cuando le damos al "play" y no vemos el logo de "Warner Brothers", nos entra el acojone. Y luego, en la dirección aparece un tal Dean Semler, reputado profesional de la fotografía pero que, como director a secas, no tiene ni ha hecho gran cosa. Semler no es Andrew Davis, Dwight H. Little o John Flynn. Incluso podemos ser más sibilinos y decir que Semler no contaba con los encorbatados ejecutivos de la "Warner" para decirle cómo hacer su película. De otro modo no se explica que, contando con tantos elementos atractivos, "El último patriota" sea un producto incapaz de arrancar ni a hostias. Veamos.
Un pueblo de la américa profunda se ve afectado por un terrible virus mortal cuando un ultra patriota, de aquellos que cagan del color de su bandera, lo suelta sin saber muy bien lo que está haciendo. Suerte del médico local, Steven Seagal encarnando algo que no sea policía o ex-militar (a pesar de su talento para la lucha cuerpo a cuerpo y el uso de armas. Aquí no te explican cómo ha adquirido tales dotes), que con distintos remedios jipis salvará a todo el mundo (sí amigos, el panfletismo ecologista duele) y acabará con los malos.
Hostias y tiros los hay, pero tardan mucho en asomar. Cuando lo hacen, molan. Y son lo suficientemene brutos y sangrantes, pero la cantidad es escasa. Abunda más el bla, bla y ver a Seagal currando en el laboratorio en busca de un antídoto redentor, situación y posición esta en la que resulta harto poco convincente. Además, el film carece de ritmo, de tempo. Es lento, farragoso y soso como una cocacola sin azúcar. Es una peli muerta a pesar de la presencia de Steven Seagal. Entonces. ¿a quién podemos culpar de ello? pues a la falta de presupuesto y el limitado talento de los implicados. No hay otra.
De hecho, mi pareja la comparó muy sabiamente con "La casa de la pradera", porque los momentos campestres cursis y ñoños son unos cuantos, a los que contribuye la hija pequeña que le cuelan a Seagal, interpretada por Camilla Belle, que luego se haría mayor, criaría tetas y asomaría el jeto en el remake de "Llama un extraño".
Como decía, esta aburrida y mediocre película marca el inicio de la decadencia del actor. Luego iría incluso a peor, tanto como para terminar siendo dirigido por Fred Olen Ray. Desde luego, la palabra "último" en el título español fue todo un presagio.

sábado, 5 de octubre de 2019

GLIMMER MAN

Lo divertido de estar consumiendo una película de Steven Seagal por semana, es que notas con mayor claridad los distintos cambios de tono de un film a otro. Y no me refiero al producto en sí, sino más bien al propio Seagal. De tipo duro y frío en "Señalado por la muerte", pasamos al intento de humanizarlo con "Buscando Justicia". Pues bien, algo me dice que la productora haría un estudio de mercado para ver qué opinaba el público sobre él. Recibiría algunas críticas descontentas calificándolo de macarra y bruto, por lo que decidieron "suavizar" su imagen. ¿Y cómo? Pues rebajando el sadismo de la violencia y, sobre todo, recurriendo al humor. Todo apuntaba a que Steven Seagal no sería demasiado convincente en ese terreno, por lo que habría que ponerle a un comediante de comparsa.
Solo son conjeturas mías, pero me encanta pensar que así es como fue. En parte ello explicaría el irritante tonito bufo de "Glimmer Man" y, claro está, la presencia de uno de los hermanos Wayans, en concreto Keenen Ivory (director de las dos pelis que harían de oro a la familia, "Scary Movie 1 y 2"). A lo largo de "Glimmer Man", Seagal, ya del todo metido en su rol místico y budista repartidor de galletas (luce un horrible collar jipi y se pasa el rato con las manos juntas, en plan gurú. ¡Ah! y ya comienza a dejarse ver con unos quilos de más), no solo es blanco de chistes, también los hace sin mucha fortuna (salvo uno, ojo a la escena del taquígrafo). Y por si fuera poco, sonríe más que en ninguna otra de sus aventuras cinematográficas. ¡Ay!.
Pero no termina ahí la cosa. Resulta que, comedia aparte, "Glimmer Man" también se apunta a dos subgéneros. Uno recurrente y consecuente -las "buddy movies", historias de polis/compañeros antagonistas obligados a llevarse bien- y el otro muy de moda gracias al entonces reciente exitazo de "Seven": el psycho-thriller con asesino en serie perpetrador de espectaculares crímenes rituales.
De entrada eso es lo que nos venden. Hay un psicópata en la ciudad que se dedica a machacar parejas católicas, a las que crucifica. Del caso se encarga un policía negro que, a regañadientes, debe compartir labores con ya sabéis quién. Pero no debemos olvidar que esto es una película de Steven Seagal, así que pronto descubrimos que lo del asesino loco solo es una tapadera para confundir a la policía, detrás se oculta lo habitual: Mafia, en este caso de procedencia rusa. Y tiene máximo sentido, porque de otro modo no habría mucha peña a la que ahostiar. ¿Solo un criminal? ¡que aburrido!. Resuelto el problema, ya tenemos la agradecida ración de piños y la inevitable escena de macarrismo desaforado en la que el gordo Seagal parte huesos por doquier.
Acompañan a la pareja de polis una ristra de rostros carismáticos y estupendos en lo suyo como los de Bob Gunton, Brian Cox, Peter Jason y Stephen Tobolowsky.
Dirige el impersonal y televisivo John Gray.
"Glimmer Man" es un poco chorras, sí, pero entretiene lo suficiente. Nada que objetar.

sábado, 21 de septiembre de 2019

BUSCANDO JUSTICIA

La primera vez que tuve conocimiento de "Buscando Justicia" fue en la contraportada de un tebeo de importación. Nada más ver el chanante cartel, y la memorable frase ("Es policía. Es un trabajo sucio... Pero alguien tiene que sacar la basura"), me cagué patas abajo. El día que se estrenó corrí a deglutirla. Aún saboreaba los placeres que me otorgara en su momento "Señalado por la muerte". Sin embargo, esta vez no coló. De hecho, "Buscando Justicia" me aburrió muchísimo. ¿Por qué?, ¿cómo era posible?.
Ahora que la he revisado más canoso y experimentado, lo he entendido a la perfección: Steven Seagal se encontraba en la cresta de la ola, podía exigir. Imagino que a esas alturas querría que, de una vez por todas, se le reconociera como algo más que una máquina de repartir yoyas. Así que, aprovechando su poder, enfocó la nueva aventura cinematográfica como escaparate para mostrar sus "dotes interpretativas". De esta guisa, entre las contundentes y notables escenas de acción, hostias y tiroteos -cojonudas todas-, tenemos a un Seagal soltando soporíferos e incluso patéticos soliloquios pseudo sentimentales que no solo no aportan nada a la historia, es que de hecho se cargan la puñetera película.
De lo que Seagal no se preocupó tanto fue de buscarse una trama un poco menos trillada. Aquí, por enésima vez, el muchacho se venga. La nota "de color" la pone que esté ambientada en Brooklyn y que todo gire en torno a viejos camaradas que la vida ha llevado por caminos distintos: Unos son polis, los otros mafiosos. Mucho rollo italianini a lo Scorsese y muchos besos en las mejillas, pero de nada sirve cuando lo que cuentas es estructuralmente tan monótono y sin interés: Seagal va de aquí para allá buscando al malo porque se lo quiere cargar. Pregunta a uno, pregunta al otro, y va tirando. Sin más. William Forshyte da vida al personaje en cuestión y logra resultar genuinamente odioso (sus escenas fueron reducidas cuando Seagal se percató de que podía hacerle sombra, así andaba el hombre con su ego y sus ganas de figurar). John Flynn, que años antes había "Encerrado" a Sylvester Stallone, se encarga de la dirección.
Destacan por méritos propios la escena del billar, probablemente el momento más exageradamente macarra de toda la carrera de Steven Seagal, y la mini subtrama del perrito.
Algo no debió de ir muy bien con "Buscando Justicia", porque el actor decidió retomar el rollo "hostias a tutiplen y pocas palabras" en sus siguientes pelis. Gracias a dios. Eso sí, el ego le siguió creciendo cual polla adolescente, no olvidemos su posterior -y comprensiblemente única- incursión en la dirección con "En tierra peligrosa", un producto que contaba con medios (y Michael Caine) y acabó convertido en un tochete mediocre y aburrido rebañado en panfeltismo ecológico y misticismo de chichinabo.

sábado, 14 de septiembre de 2019

SEÑALADO POR LA MUERTE

Steven Seagal lleva 30 largos años interpretando al mismo personaje, algo que resulta incluso fascinante. Salvo casos muy muy concretos, y atípicos, siempre ha hecho de duro poli, agente, militar, guerrillero, loquesea y sin moverse del cine de acción/thriller. Creo que es un caso único en la historia del séptimo arte. Claro que hace ya tiempo que la filmografía del pétreo actor anda estancada de mierda en mierda. Mucha. Ahora se anuncia una absurda y tardía secuela de su film de debut, "Por encima de la ley", pero ya veremos si fructifica. De momento centrémonos en los años durante los que Seagal se encontraba en pleno despegue, ganándose a pulso un puesto de honor entre los "action heroes" de toda la vida. "Por encima de la ley" y "Difícil de matar" no acababan de convencer. Faltaba LA PELÍCULA de Steven Seagal, y a mi juicio llegó con "Señalado por la muerte".
Narrativamente no cuenta nada que no hayamos visto mil veces. Incluso en la época de su estreno: Un agente de la D.E.A, harto de ver que su lucha contra el crimen no sirve para nada, se retira. Vuelve a la tierra natal y se instala con su querida familia. Pero ¡ah amigo!, resulta que la zona está dominada por un clan de rastafaris malvados que osan vender drogas a los buenos chicos blancos norteamericanos de barrio residencial. Encima, su jefe es un psicópata de ojos verdes obsesionado con el vudú y la magia negra. No hace falta decir que, aunque a regañadientes, Seagal terminará enfrentado con todos ellos. Su familia sufrirá, lo que la liará más parda y será motivo suficiente para que nuestro héroe duro, y chulesco hasta lo desagradable, no deje ni una sola rasta derecha.
En su época fui a ver "Señalado por la muerte" entusiasmado. Era fan de Steven Seagal. Y me flipó. Me encantó. Básicamente por ser su película más truculenta -con fugaces pero contundentes destellos gore- y lidiar tímidamente con el terror, lo que le daba un rollo un poco distinto.
Steven Seagal es el único "action heroe" que logra hacerme empatizar con los villanos, porque las hostias que les mete DUELEN. Pero de verdad. Hacen auténtico daño. Son retorcidas y sádicas. Todavía me da escalofríos ese plano dedicado a demostrar, con todo detalle, cómo Seagal le rompe el brazo a uno de los rastafaris. Ay!. ¿Y qué me dicen de la manera en la que despacha al jefe de los malos? Creo que ningún pillastre del cine ha sufrido una muerte más burra, cito (spoilers!): Seagal usa sus pulgares para hundirle los ojos en primerísimo primer plano (agh!), luego lo levanta por el aire y lo lanza contra su rodilla, partiéndole la espina dorsal (uff!). Una vez el pobre individuo se ha convertido en un muñequito inerte, lo lanza por el hueco del ascensor para terminar ensartado en un puntiagudo hierro (toma!). ¿Quién da más?.
El reparto de "Señalado por la muerte" va cargadito de rostros reconocibles, Keith David, Joanna Pacula, la "scream queen" Danielle Harris, Kevin Dunn, Peter Jason, el inevitable Danny Trejo, la actriz porno Teri Weigel (que sale en pelotas, claro. Interpreta a la concubina de un mafioso, exactamente el mismo papel que hizo en "Depredador 2") y el entrañable casi figurante de color Jeffrey Anderson-Gunter. Los guionistas son los mismos de "Poltergeist". El director es un personaje no exento de interés, Dwight H. Little, que comenzó en los ochenta dirigiendo subproductos de acción y aventuras para pasar luego al terror con  "Halloween 4: El regreso de Michael Myers" (donde conoció a Danielle Harris) o el "Fantasma de la ópera" con Robert Englund. Luego de "Señalado por la muerte" dirigió a Brandon Lee en "Rapid Fire". Le siguieron "Liberad a Willy 2" y "Murder at 1600 (Asesinato en la Casa Blanca)", un vehículo de lucimiento para Wesley Snipes que fracasó, lo que acabó condenando a Dwight H. Little a currar en televisión.
"Señalado por la muerte" es de 1990, pero podemos decir que, a su manera, todavía conserva parte del espíritu del buen cine de acción de la década previa, aquel que ya no se hace, lo que contribuye a que, sin ser un peliculón en lo suyo, entretenga un buen rato.

viernes, 18 de noviembre de 2016

LA MUJER DE ROJO

Un hombre de negocios queda cautivado un día, al ver en el parking a una sugerente mujer vestida de rojo, la cual se pegaba un bailecito la mar de sexy encima de una rendija por la que salía aire que mecía su vestido de seda, mostrando sus braguitas rojas pensando la muy puerquilla que estaba sola.
Este señor se obsesiona de tal manera con ella, que organiza toda suerte de engaños y pantomimas con el fin de poder quedar y pegarle un polvo.
“La Mujer de Rojo” en realidad es una película que muestra  lo difícil que es permanecer fiel en el matrimonio, y más aún, lo difícil que es poder vivir una aventura sin ser pillado. En definitiva, cuenta los estreses y vicisitudes que vive cualquier casado cuando decide salir a echar una canita al aire. Huelga decir que en la vida real no suele ser con un pivón como era por aquél entonces, en el ya lejano 1984, Kelly Le Brock.
“La Mujer de Rojo”, aún precedida de críticas que la defenestraban, resultó ser un éxito arrollador en todas partes del mundo,  y en particular en españa, dónde casi logra congregar en salas de cine a casi 3 millones de espectadores, una cifra espectacular para una comedia.
Escrita por el propio Gene Wilder (D.E.P), se trata de un remake “a la americana” de la película francesa “Un elefante se equivoca enormemente”de Yvés Robert, concebido en un época en la que a los americanos les gustaba mucho hacer sus propias versiones de películas francesas de éxito. Sin ir más lejos, “Tres hombres y un bebé” de Leonard Nimoy, era el remake Americano de “Tres solteros y un biberón” de Coline Serrau, que se rodó tan solo unos años antes. Pues “La Mujer de Rojo” lo mismo, solo que además supuso la tercera película como director de Gene Wilder, el debut para la gran pantalla de Kelly Le Brock-  que luego despuntaría con “La Mujer Explosiva” hasta que se echó de novio a Steven Seagal, quién la esclavizaría- y la película con la que Wilder iniciaría su relación con Gilda Radner, según conocidos de los dos actores cómicos, una de las parejas más solidas y felices de Hollywood, cosa cierta si tenemos en cuenta la enorme depresión en la que se sumió Wilder tras la muerte de esta, y de la que no se recuperó hasta el día de su muerte, el pasado Agosto de 2016.
Tan famosa como la película –o más- es la magnífica banda sonora compuesta por canciones de Stevie Wonder en su momento de mayor popularidad, y que incluía ese clásico imperecedero que era “I just called to say I love you” que le valió el Oscar a la mejor canción ese año.
El caso es que la película la vi en su momento, cuando apenas tendría  yo ocho o nueve años, que ya era fan de Wilder. Sin embargo es una de esas película que, archicionocidas y grabadas en el subconsciente, recordaba como bastante coñazo. Claro, han tenido que pasar 30 años para comprender, tras un reciente visionado, que no le pasa nada. Se trata de una comedia cercana al “High Comedy”, con Wilder poniendo un ojo en la obra de Blake Edwards que profundiza en las relaciones de pareja, y más concretamente en las infidelidades; porque va de eso, de cómo las pasa putas un señorin a la hora de follarse a un bombón, esquivando las sospechas de su esposa, con el consecuente arrepentimiento final… ¡como la vida misma, vaya! Entonces, claro, un mocoso de esa edad, podía disfrutar de “El jovencito Frankenstein” o de “Locos de Remate”… pero esta, igual de enloquecida que las otras en cierto modo, pues como que no. ¿Qué  va a saber un pre puber?
Vista hoy, me parece una comedia muy fresca y agradecida, y además el argumento me gusta mucho, me gusta como se va desarrollando todo, el tempo –aunque este falle completamente y mate la película en la escena del aeropuerto- y sobretodo, Gene Wilder, que está espléndido. En su salsa.
Junto a él, la Radner y la Le Brock, tenemos al también espléndido Charles Grodin (“Huída a medianoche”, “Millonario al Instante"), que supone un complemento para Wilder, en esta película, de lo más divertido.

jueves, 25 de diciembre de 2014

CARPETAS CINÉFAGAS (Y OTRAS ESPECIAS)

Había en mis tiempos de escolapio una característica del todo típica que consistía en adornar tu carpeta o carpesano con imágenes representativas de tus gustos y apetencias. Podías tirar de las pegatinas que regalaban las revistas destinadas a la porción del mercado que tu representabas o demostrar algo más de personalidad y currártelas tu, a base de recortar, fotocopiar o incluso dibujar.
Yo, como buen aficionado al cine de género, con especial y orgullosa inclinación por el terror, no iba a ser menos. A lo largo de mi no demasiado extensa y sí notoriamente fracasada carrera estudiantil, lucí muchas carpetas armoniosamente decoradas, siempre acorde a cuales eran mis obsesiones en el momento. También pude disponer de algunas ya diseñadas para tal menester, aunque esas fueran las menos.
Afortunadamente tuve la buena idea de conservarlas casi todas, en parte por su aún útil función archivadora. Únicamente lamento la pérdida de una de ellas, pero que no forme hoy parte de mi colección obedece a una aplastante lógica: su tamaño. Estaba pensada para salvaguardar hojas de formato Din-A3 y, claro, acabó siendo un trasto gordo, pesado y molesto que terminé aniquilando. Sin embargo, recuerdo perfectamente qué imágenes la ilustraban. Ambas, obvio, acorde a su tamaño: La de la familia matarife de "La matanza de Texas 2", ahí posando, pero sin letra ni logo alguno, y una secuencia muy llamativa de "En los límites de la realidad", aquella que nos muestra a una moza de espaldas abriendo una puerta por la que asoma un ojo gigantesco. Recuerdo perfectamente que, en el metro y de camino al cole, la estampa de "Leatherface" y los suyos era inevitable blanco de muchas miradas, cosa que me incomodaba, sí, pero no tanto como para renegar de ella. Ni por el forro.
Por fortuna, el resto de mis carpetas escolares reposan en el armario. Y un buen día se me ocurrió que sería divertido y entrañable recuperarlas todas, fotografiarlas y desmenuzarlas aquí, en este nuestro/vuestro blog, dedicado -en parte- a rememorar cinéfagas primeras experiencias.



Cuando intentaba recordar cuál de todas las carpetas que siguen era la primera, hubo una pista que me ayudó a decidirme por una candidata. ¿Y en qué consiste esa pista?, pues en su mala ejecución. No a la hora de elegir las imágenes, ni mucho menos, si no a la hora de situarlas. Tal como quedó, una de las caras estaba boca abajo en relación a la otra. Error. Que no lo hiciese correctamente en esta ocasión es lógica muestra de mi inexperiencia (ya que no volví a cagarla igual again), ergo, esa ha de ser la primera.
¿Y qué encontramos en ella?, pues un muestrario infinito y generoso de lo más variado. Propio también del novatillo, con los gustos aún no del todo definidos. Por ejemplo, en la cara A, por así llamarla, encontramos clásicos del calibre de "La Niebla" o "Halloween 3". Uno de mis slashers favoritos, "La Quema". Un poco de la música que me gustaba entonces ("Blues Brothers", "Motorhead".... y bastante heavy, lo que me choca porque nunca me tiró mucho ese tipo de sonido, aunque supongo que me atraía más a un nivel estético, por sus habituales cubiertas a base de elementos horroríficos... como ese "Eddie" ("Iron Marisamaiden") en plan piloto de guerra. También vemos a los "Creedence" -que me molaban entonces por su participación en los soundtracks de John Landis- y ¿¿¿Pink Floyd?? que imagino sería puro relleno. Si no, no me lo explico). También nos damos de bruces con referentes a algunos "blockbusters" clásicos como "Los Cazafantasmas" y "Regreso al futuro" (cuyo vinilo gozaba mucho escuchando) y sendas cubiertas de las bonitas novelas de terror editadas por Martínez Roca (ver más abajo). Complementan el sarao dos calaveras dibujadas por el menda, siendo la más grande una imitación de la que protagonizaba la versión en comic de "El día del padre", según "Creepshow", de la mano de Bernie Wrighston. La guinda la pone Monty Python y la que entonces era mi peli favorita del grupo, "El sentido de la vida". ¡Y que no falte "Viernes 13"/Jason!, aunque sea en plan "cameo carpetil".


En la segunda cara retomamos el tema "Creepshow" -por entonces mi absoluta number one. Hoy es la number two, lo que tampoco es moco de pavo-, destacando esa curiosa ilustración promocional extraída de un "Fotogramas" de la época. Una no muy sincera declaración de amor al noveno arte a base de imágenes mangadas de "Vampus" o "Rufus", referencias a Richard Corben -mi dibujante favorito en el momento, junto a Wrighston-, a Moebius (??) y a "Torpedo", que me gustaba mucho. En lo musical nos encontramos con el "Salve" de la "Polla Records" (entonces recién comprado en formato casete), un guiño punk -en esos tiempos comenzaba a interesarme por la subcultura del imperdible- y una tímida referencia al "Thriller" de Michael Jackson. Sí, amigos, yo fui de los que se cagaron de miedo viéndolo. Destaca H.P.Lovecraft en lo literario, autor al que me acerqué a través del cine, y aunque intenté leer algunos de los libros que aparecen en la foto, nunca logré conectar con ninguno de ellos. Arriba de todo, el encabezamiento de las tiras humorísticas y macabras de Pierino extraídas de "El Papus". Era un dibujante que me gustaba y se adecuaba mucho a mis apetencias grotescas.
Lo que más me llama la atención es que gran parte de los recortes aquí expuestos, sobre todo los de música y literatura -y de escueto tamaño- están recortados de un popular catálogo que solía llegarnos a casa por correo, "Discoplay" (¡gracias Don Olid!).


Como apéndice, comentar de pasada la costumbre que tenía de incluir "caramelos" en el interior. Y pal caso, lo que aquí tenemos es la adecuada incursión de portadas de la colección súper terror de Martínez Roca, destacando las antologías de "Las mejores historias de terror" o la adaptación de "La noche de los muertos vivientes" de John Russo. El "Spy vs. Spy" de la revista "Mad", que entonces leía. El libro de H.G.Wells que inspiró una de mis pelis antiguas favoritas, "El tiempo en sus manos" y, cómo no, el mítico "Stryker" de Cirio H. Santiago.
Brutal.



Pa la siguiente carpeta decidí no matarme tanto y tiré por lo fácil. Carteles grandes, ambos extraídos de las páginas del "Fotogramas", justo cuando se estrenaban oficialmente ambas películas. El de "Viernes 13, 3ª parte", que explotaba a tope el elemento tridimensional, siempre me ha parecido precioso, uno de mis favoritos de la saga.


El otro, pues a decir verdad únicamente lo escogí por la presencia de Clint Eastwood sujetando una gran pistola, a lo "Harry Callahan" que, como verán a continuación, ha sido siempre una presencia constante en mis preferencias decorativas. Aquí no interpreta al gran "Dirty Harry", y la película resultante ni siquiera me gusta, pero pal caso, no importaba mucho.


La fricadilla la pone el breve anuncio del video-juego, por entonces aún una práctica bastante verde, inspirado en "Viernes 13". No es que lo tuviese, o lo hubiese jugado en casa de un amigo... de hecho, nunca llegué ni a verlo, pero se trataba de algo relacionado con la saga en cuestión, lo que era ya suficiente argumento para recortarlo y añadirlo.


En este caso recurrí de nuevo al tema imágenes grandes, solo que aquí tuve la decencia de utilizar algo hoy bien valorado por el aficionado medio, una fotografía promocional de "Re-Animator", de esas que solían adornar las vitrinas de los cines (vamos, lo que llaman "fotocromo"... y por cierto, ¡¡menudo es!!, ¿dejarían hoy día usar una imagen así de extrema?). En ella vemos uno de los momentos álgidos, más sangrientos, grotescos y gran guiñolescos del famoso y estupendo film de Stuart Gordon, cuando un zombie (el papá de Megan) le revienta los ojos a la cabeza del Dr.Hill, poco antes de aplastarla como un melón. No hace falta decir que me ALUCINABA ese panorama, por su exageración, su locura, su demencia y su rojo abundante. Absolutamente salvaje. Recuerdo cuando una persona adulta vio la carpeta y cínicamente me dijo: "Veo que ahora te va el romanticismo". Con todo debo abrirme a ustedes y confesarles que, por entonces, aún no había visto "Re-Animator", así que con material como ese mi imaginación volaba libre y peligrosamente.


La cara B resulta harto reveladora. Como ven, son los carteles franceses de "From Beyond/Re-Sonator", "Howard, un nuevo héroe", "El día de los muertos" y "Viernes 13, 6ª parte: Jason Vive", lo que significa que me encontraba en pleno apogeo de mis lecturas gabachas. Todo ese material salió de las páginas de "L´Ecran Fantastique" que, junto a "Mad Movies" e "Impact", conformaba mi generosa dieta de lectura cinematográfica por esos tiempos.
No hace falta decir más.



Por lo visto eso de poner un solo cartel no me satisfacía tanto, y para la ocasión -y la siguiente- decidí retomar el tema "collages", solo que aquí partiendo directamente de fotocopias. Eran los tiempos en los que había descubierto la revista "Fangoria" -la yankee, claro- y con ella el fascinante espectro oscuro y chungo del cine fantástico y de terror, su lado más "trash", algo que se refleja mucho muchísimo en esta interminable galería de rostros.
Lo normal era que los chicos adornaran sus carpetas con cantantes sexys, modelos, actrices. O en un caso pre-homosexual, jugadores de furgol. ¿¿Y qué es lo que hago yo??, colar las caras de un puñado de señores de mediana edad o más -cada uno con su respectivo nombre debajo-, casi todos hombres de negocios de escaso talento y algunos más interesados en sacar dinero del bolsillo de los posibles espectadores impresionables que de crear cine. ¿Quiénes eran estos elementos?, fácil: Al Adamson, Andy Milligan, Jesús/Jess Franco, Frank Henenlotter, Aristide Massaccesi (Joe D´Amato), David DeCoteau, Ted V. Mikels, Charles Band, David Friedman, Herschell Gordon Lewis, Lucio Fulci, Roger Corman y Fred Olen Ray (en una foto que casi está de espaldas). La créme de la créme. Junto a ellos, temas tan propios de ese tipo de movidas como el cine de caníbales o "Santo, el enmascarado de plata". Nótese ciertas manchas de rojo-granate en las esquinas de las fotos... sí queridos, era tempera, en un intento de hacer más cantoso el tono "sangriento" del invento (dulces ingenuidades).
Y por aquello de no perder las buenas costumbres: "Harry Callahan" en un ladito (con un contundente "My hero!" encima de la foto) y el Steven Seagal de "Por encima de la ley".
A esta carpeta podríamos bautizarla tranquilamente como la "trash-carpet".
Fascinante.


Si el caso anterior era algo bizarro, el de ahora roza la locura.
¡¿Fred Olen Ray, el ínclito cineasta zetoso, como motivo central de una carpeta?!. Miedo da. Pero sí, queridos, así de fan era yo entonces del director de "Alienator" (que decora ampliamente el collage), "Del espacio profundo", "Los Dreggs", "Días de horror y muerte", "Commando para matar", "El poder de las armas", "El misterio de la pirámide" y otras que no aparecen en la imagen como "Biohazard", "Alien Dead" o "Beverly Hills Vamp".
Recuerdo que, tras mirarla atentamente, un compañero de aula me dijo: "¿Te gusta la violencia, eh?". Pues sí, pero solo en la pantalla, chavalote.



En la cara B del caso que nos ocupa se recupera un poco cierta cordura. Aunque tampoco mucho.
"Blood Feast", el inevitable "Harry Callahan", su entrañable parodia televisiva "Sledge Hammer", más macarrismo con "Yo, el jurado", el cartel de "Re-Animator 2/Metamorphosis" según san Luigi Montefiori (que es una puta bazofia, pero esa ilustración me gustaba mucho... ¿será de E.Sciotti?, eso explicaría muchas cosas) y, consecuentemente acorde a la presencia de San Fred Olen Ray, un guiño a Jim Wynorski con dos de sus obras cumbre, "The Return of Swamp Thing" y, sobre todo, la inmortal "Deathstalker 2".

Posdata: La imperdonable ausencia de imágenes en ambos lados, a base de tijera bruta, obedece a alguna causa de reciclaje que, ahora mismo, no recuerdo claramente (aunque puede distinguirse el nombre de Linnea Quigley, lo que significa que la carpeta también luciría cierto erotismo barriobajero).


MENCIONES ESPECIALES:

Las dos carpetas que siguen se alejan un poco del grupo. Una por temática y otra por fabricación. Pero merecen estar aquí... entre otras cosas porque, en fin, son las que faltaban para completar el repaso… y porque me sale de los cojoncillos.


El punk rock como temática ha salido ya alguna vez, tímidamente, a lo largo de este periplo, pero realmente no se impuso hasta mediados de los años 90.
Pal caso tenemos a Jayne/Wayne County (el travesti punk del Nueva York originario que hacía poco había visto “live”). Una ilustración extraída de un número de la revista "Vibraciones" del año 77. En esa época era muy fan (y mantenía relación epistolar) con el grupo "Wat Tyler" y a falta de alguna imagen más representativa, utilicé esa del bailarín tirolés. A su lado, la pegata número uno de mi fanzine "Suburbio", y el nombre de una banda que desentonaba un poco en el conjunto (de ahí que su presencia fuese tan poco llamativa), los militantes "Crass". A su lado, un dibujo muy especial de John Holmstrom, el famoso padre de la revista "Punk Magazine" y portadista de "Ramones". En medio, y ahí luciendo a lo grande, la que era mi banda absolutamente favorita, "The Lurkers". Justamente, el tipo con el perro y la bandera es Arturo Bassick, que en aquellos tiempos lo lideraba.
Retornamos a la parte baja, extremo izquierda, y descubrimos la pegatina número dos de "Suburbio".
A su lado, el logo de los mediocres "Chelsea", "Sham 69" (y no entiendo muy bien el motivo de que estén ahí) y la divertida imagen macarra de uno de los integrantes de "Spider Babies", grupo de garaje cazurro.



Y estos, pues no necesitan presentación.
A día de hoy dudo mucho que los "Toy Dolls" fueran genuino punk. Siempre he visto a su líder, Olga, como un currante que se disfraza cuando toca y luego vuelve a la normalidad de su rutinaria existencia. Pero eso no quita que, en sus buenos tiempos, los "Toy Dolls" me ENCANTABAN y, de hecho, en cierto modo fueron los culpables de mi afición al punk rock. Así que merecían un lado entero de la carpeta para ellos solos... y más con una imagen tan ideal como la de este single de su divertida canción "James Bond lives down our street".


A esta, obviamente, lo que le tengo es mucho cariño, tratándose como se trata de merchandising oficial surgido a raíz del estreno del legendario "Superman" de Richard Donner con Christopher Reeve. Comprado en la época, se entiende. Sorprendentemente ha durado en bastante buen estado hasta nuestros días. Tengo algunos amigos completistas del personaje que han demostrado interés en hacerse con ella guita mediante, pero de momento prefiero conservarla.