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viernes, 9 de junio de 2023

LA MUJER DEL JUEZ

En un principio “La mujer del juez” nace, casi en exclusiva, como vehículo para el lucimiento no ya de Norma Duval, la súper vedette a la que tantos españolitos de la transición le dedicaron sus prácticas onanistas, si no para el de su escultural físico. De hecho, el póster promocional de la película no es más que una ilustración de la secuencia en la que vemos a la Duval en todo su esplendor. Y lo que importaba era su cuerpo y nada más que su cuerpo. Daba lo mismo hasta la propia actuación de la muchacha que, además, aparece doblada por una actriz del medio, porque, guapa a rabiar, Norma no es que fuese una gran actriz precisamente (el co-protagonista, Miguel Molina, hijo del cantante Antonio Molina que a posteriori sí que desarrollaría una —irregular— carrera como actor, tampoco era especialmente diestro pronunciando frases, así que también su intervención es doblada).
El caso es que, quizás de pura chorra, con la tontería de querer mostrarnos las tetas de Norma Duval, entre Paco Lara Polop, director y principal promotor de la película y Julián Ibáñez, se escriben un thriller de corte erótico que se anticiparía a la corriente americana de los 90 con “Instinto Básico” a la cabeza y que, generando un desarrollo y un clímax malsano y malrollero (y sexista, y misógino, y…), resultaría ser una de las mejores películas de las muchas que dirigió Lara Polop. Porque el film es resultón y eficaz, con una trama a priori trillada que se va complicando hasta captar por completo la atención del espectador y, encima, se consigue que el momento en el que Norma Duval se despelota no sea del todo gratuito porque se integra muy bien en lo que es la trama. Y luego, al final, otro pequeño giro. Y cuando termina, uno acaba exclamando: Chapó.
Tenemos a un señor juez interpretado por el estupendo Manuel Tejada, que anda hasta el cuello de trabajo y, en la otra mano, tenemos a su sumisa esposa que, harta de gastar un dinero que no se acaba en insulsas compras, se aburre en el hogar conyugal cosa mala. Así que, en una de estas, acaba manteniendo una relación sexual con el joven dependiente de diecisiete años de la zapaterías donde se deja la pasta.
Jugueteando amorosamente en el cobertizo propiedad de los progenitores del adolescente, la mujer del juez y el muchacho son sorprendidos por el vecino de esta que pasa por allí en bicicleta —y que ya le tenía echado el ojo a la jamba porque está muy buena—, justo un rato antes de descubrirse que la mujer de este ha fallecido en un aparatoso accidente. Se sospecha del vecino, pero el encontronazo casual con la mujer del juez le sirve de coartada. No obstante, como ha pillado a esta fornicando con el chaval, la chantajeará haciéndole participar en sus juegos de corte sexual, si no quiere que desvele su affaire con el muchacho. Naturalmente la cosa se irá complicando.
Pues está muy bien, sobre todo, porque pese a la ranciedad de su diseño de producción y la tosquedad de toda la película en sí, rodada en una época en la que el hecho de filmar con película barata otorgaba al cine español un tono muy característico, y sin grandes alardes ni técnicos ni estéticos, consigue una película de una factura pobretona, pero que se ve compensada por la solvencia de lo que nos cuenta con una historia curiosa y bien escrita que logra que le veamos las tetas a Norma Duval, pero con consistencia. Y vaya si se las vemos.
“La mujer del juez” no fue un gran éxito de taquilla, aunque pasaron por caja casi medio millón de espectadores, pero sí que fue un gran éxito en vídeo de alquiler, con aquellas cintas que iban en las fundas gordas y mullidas de Izaro films, que la distribuyó.
En el reparto, junto a la Duval, el Tejada y el inútil de Micky Molina tenemos a un Héctor Alterio que da gusto verlo —las secuencias en las que se encuentra con la Duval en fiestas de sociedad y en las que la mira con cara de sátiro son tan inquietantes como involuntariamente divertidas— luciendo prolongada calvicie y bigotazo, tenemos a  Beatriz Elorrieta y, eterno, Antonio Gamero.

lunes, 27 de marzo de 2023

LA CORTE DE FARAÓN

De 1910 data la opereta, zarzuela, o musical —llámenlo como quieran— “La corte de Faraón”, escrita por Miguel de Palacios y Guillermo Perrín y con música de Vicente Lleó.
Se trata de una obra absolutamente inofensiva ambientada en Egipto y cuyos numeritos musicales recuerdan más a una revista de vodevil, que a una epopeya bíblica, y la característica principal de “La corte de Faraón” consiste en unos numeritos musicales picantones en cuyas letras abundan los dobles sentidos y las insinuaciones sexy por parte de las vicetiples que los interpretaban. La cosa, hablando en plata, va de un pastor virgen, un meapilas llamado El casto José, al que se quieren tirar todas las mujeres que se cruzan en su camino. Una chorradita que servía para entretener al público aunque, dicen, verdaderamente contenía mensajes velados de alto contenido político.
Años después de su estreno, la censura decidió prohibir directamente la obra, porque, según ellos, era un canto a la concupiscencia que se mofaba del caudillo, del orden establecido e incluso de Dios. En consecuencia, la obra no se volvería a representar durante años.
“La corte de Faraón” cobró su fama de manera incluso internacional, motivo por el que se adaptó al cine en México donde no vieron ningún comportamiento ácrata en la misma, en un film del año 1944 dirigido por Julio Bracho y para el lucimiento de primeras figuras mexicanas de la época.
Y por fin llegamos a la película española de gran éxito en el momento de su estreno, 1985, que en lugar de adaptar directamente la obra, recrea una situación en la posguerra  en la que un grupo de teatro representa “La corte de Faraón” sin haber pasado previamente la censura. Un censor del clero que se encuentra en el teatro, denunciará la situación, y la policía se llevará a toda la compañía detenida. En comisaría, el comisario les irá interrogando con el fin de averiguar si la obra que han interpretado es o no es antifranquista.
Se trata de un intento por parte de José Luis García Sánchez de emular, como viene siendo habitual en la mayoría de sus películas, el cine de Luis García Berlanga, compartiendo pluma con Rafael Azcona y rodeándose de la creme de la creme del cine español en lo que a actores se refiere.
Pese al enorme éxito de su momento y ese reparto absolutamente maravilloso — a saber: Fernando Fernán Gómez, Agustín González, José Luis López Vázquez, Antonio Banderas, Luis Ciges, Quique Camoiras, Juan Diego, María Luisa Ponte y Antonio Gamero (además de la repelente de Ana Belén)— no es una película que haya resistido bien el paso de los años y la cosa se torna rancia, desfasada y salvo algún momento francamente divertido (como la escena del “descapullamiento”), con tanto numerito musical de corte popular y un montaje tosco que tira de flashback al corte — por lo que a veces cuesta un poco detectar si es un flashback o si es que está avanzando la historia—, acaba resultando un poco pelma. Y es que, desengañémonos; la obra de “La corte de Faraón” de los años 10, opereta, tan atrevida y osada, tan política que la censura tuvo que prohibirla, como la zarzuela, la copla o la música ligera es un género muerto, de otra época. Y quizás en 1985 todavía quedaran generaciones del pasado que supieran apreciarlo o modernos del momento que lo reivindicaran por esnobismo, pero, a mí en la época, siendo niño (y ahora en mi mediana edad) me parece completamente insoportable. Entonces, una película que incluye en su metraje la obra completa original ocupando un 75% de la misma, se pueden imaginar ustedes lo desesperante que se me puede llegar a hacer. Se soporta, como ya he dicho, gracias a los momentos divertidos de entre medias, que son los menos.
Realmente lo que me ha instado a revisar una película que no me ha gustado nunca especialmente, es la lectura del libro “No se lo digas a nadie: Historias secretas de Martes y Trece” en el que cuentan que esta película aparece en sus vidas justo en el impás que sufrieron cuando convinieron que Fernando Conde abandonara la agrupación cómica para irse a hacer teatro. Como Josema y Millán se consideraban actores antes que cómicos, y como estaban en un momento de gran popularidad y decidiendo que hacer con Martes y 13 tras la marcha de Fernando, García Sánchez les ofreció un papel en la película. Pero hay algo que no cuaja, porque Josema tiene un papel de gran importancia, casi de protagonista, mientras que a Millán se le concede uno nimio, casi en calidad de extra —no me quiero imaginar el cuadro de envidia y la lucha de egos de esos dos durante la filmación—. Y, quizás por el nivel de los actores que tienen a su lado, sus presencias se antojan sosas, incluso molestas. Es una lástima, pero “La corte de Faraón” es la muestra de que ni Josema ni Millán son buenos actores si los sacas de sus roles de Martes y 13. Se supone que sus papeles en esta película servían para desmarcarse un poco de su imagen de humoristas, para ver sí podían ganarse la vida como actores si finalmente Martes y 13 desaparecía, pero ninguno de los dos puede abandonar los tics, muecas y gestos que les hicieron populares. Josema actúa como en un sketch cualquiera de sus especiales televisivos, mientras que a Millán, que sale poco, tienen que eliminarle en montaje el exceso de “millanadas” que, intuyo (y se nota además), a buen seguro hizo durante su interpretación, incapaz de olvidarse de que era Millán.
Por suerte para ellos, poco después del estreno de la película, se decidieron a continuar con Martes y 13 sin Fernando y, en el especial de fin de año no se les ocurrió otra cosa que inventar in situ el sketch de “La empanadilla de Móstoles”. El resto es historia. Y como fuera, lo cierto es que mientras que el dúo permaneció en activo, el cine español no les volvió a ofrecer una película (con excepción de las concebidas para su lucimiento como cómicos). Y con la disolución del grupo… casi tampoco. He dicho casi.

viernes, 4 de noviembre de 2022

YO SOY ESA

La primera mitad de los noventa todavía albergaban, en la cultura popular, los últimos rescoldos de la España rancia y folclórica que movilizaba a las masas. El mundo de las tonadilleras, la pandereta y el torero galán no tardaría en diluirse dentro de la parrilla televisiva dedicada a la prensa del corazón, donde encontraba un nicho mucho más acorde con el consumidor de este tipo de productos. Aunque el mundo de la farándula propiamente dicha mutaría, pasando los protagonistas de la misma, es decir, los "artistas", a un segundo plano cediendo el testigo de la popularidad a personajes satélites menos interesantes de lo que ya de por sí podían ser ellos a estas alturas. Así, Jesulín de Ubrique quedaría atrás para ceder tiempo televisivo a su novia, la vaga Belén Esteban, que lidera la parrilla hasta el día de hoy, y la Pantoja sería más popular entrado el nuevo milenio por sus escándalos económicos al amparo de su nuevo novio, Julián Muñoz, entonces alcalde de Marbella, que por sus conciertos o nuevos discos que cada vez eran menos. Kiko Rivera “Paquirrín” en décadas posteriores se convertiría en pinchadiscos, reggeatonero, y sería acusado de vago y non grato por su propia madre… Pero eso sería otro asunto.
Sin embargo, en 1990 todo ese rollo de las peinetas y los trajes de luces estaba de plena actualidad y, aunque no le quedaba demasiado, todavía se explotaba ese filón hasta las ultimas consecuencias, ya fuera en conciertos en plazas de toros, fiestas de los pueblos o actuaciones en televisión. En el cine, desde la época de Cifisa a la que esta película pretende homenajear, sería tocado a finales del siglo XX tangencialmente.
6 largos años de luto llevaba Isabel Pantoja tras el fallecimiento de Paquirri cuando en un intento por resucitar el género folclórico al estilo de los años 40, se le ofreció la oportunidad de debutar en el cine en una película para su completo lucimiento de la mano de unos Víctor Manuel y Ana Belén que ejercerían de productores ejecutivos. Una película donde lo único que importaba era la tonadillera, sus canciones —canta 12 en un metraje de 90 minutos— los vestidos que luciría —22 en toda la película— y la historia de amor que para la ocasión viviría en la ficción con un novato José Coronado, y que trascendería a la pantalla porque, dicen, Coronado entre toma y toma, le quitaba las penas a la Pantoja en el camerino, alzando con furia su falo enhiesto y bamboleante ante la estrella de la canción que lo recibía como si fuese agua de Mayo.
También produce José Luis García Sánchez que iba a dirigirla, pero que cedió el testigo a Luis Sanz que venía de producir con tremendo éxito más folclore español con aquella cosa titulada “Las cosas del querer”.
Todo en esta “Yo soy esa” gira en torno a la Pantoja. La única obligación de la película es contentar a sus fans. En ese sentido, es de intuir que la selección de canciones es buena, que el vestuario de la cantante es el adecuado (de hecho la película fue nominada a los Goya en las categorías de maquillaje y vestuario) y que, con esos elementos cubiertos lo de menos era la historia —y por ende, el resultado general de la cinta—. Y Luiz Sanz, experimentado productor pero novato tras las cámaras, rodó un batiburrillo de conceptos y situaciones que no tienen por donde sostenerse.
Se nos presenta una historia de “cine dentro del cine” en la que una tonadillera y su marido, actor, acuden al estreno de una película que han rodado juntos. Entonces comienza la película y tanto los protagonistas como el espectador vemos lo que en ella acontece; una sucesión de números musicales al servicio de la Pantoja que se intercala con la historia de amor en la que esta se enamora de un caradura. Mientras esto se va desarrollando torpemente, de vez en cuando se dan saltos a la vida real (de la película) porque durante la proyección del film que están viendo, al personaje de José Coronado le da tiempo a salir del cine, jugarse la pasta a las cartas, pillar heroína y morir de sobredosis en los servicios del cine ¡Ahí es nada!
Una mamarrachada mal hecha, mal dirigida, con interpretaciones espantosas —lo de José Coronado poniendo acento andaluz es para mear y no echar gota— y montada con total desgana, consiguiendo que, aun siendo consciente el espectador de que está viendo una película dentro de una película (y además de época), se despiste y no sepa si lo que está viendo pertenece a una cosa o la otra. Amén de la ristra de momentos dramáticos que se tornan comedia involuntaria. Nimiedades al fin y al cabo porque ahí de lo que se trataba era se sacar pasta, mucha y rápido. En ese sentido “Yo soy esa” se convirtió en uno de los acontecimientos cinematográficos de los años 90, ya que el público de la Pantoja ardía en deseos de verla en los escenarios y, por supuesto, en un film. “Yo soy esa” servía para contentar a esa horda y, además, para rellenar páginas de la prensa del corazón con el supuesto affaire entre Pantoja y Coronado que, en consecuencia, incluía de serie una infidelidad por parte del actor hacia su pareja de entonces, Paola Dominguín. Y fue sonado el asunto.
La película es una mierda, pero se convirtió en una de las producciones españolas más taquilleras de 1990, llevando a los cines a poco menos de millón y medio de espectadores. Un éxito sin precedentes.
Isabel Pantoja como actriz es un palo tieso, expresa menos sentimientos que una gamba a punto de ser hervida, pero el tirón que tenía era importante, hasta tal punto que al año siguiente se volvió a rodar una nueva película para su lucimiento “El día que nací yo” (de la que ya les hablaré)… pero la cosa no funcionó ni la mitad de bien, quizás porque estábamos ya ante un género muerto (el cine de folclóricas) y “Yo soy esa” puede que sea su lujoso epitafio.
Por lo demás, tenemos un elenco muy de la época, con una Elisa Matilla que debutaba, una Loles León muy en su salsa, leyendas como Luis Barbero y Aurora Redondo que se limitan a hacer sus papeles de abuelillos a la perfección sin importarles el artefacto promocional en el que se encuentran, Antonio Gamero o la intervención especial de Matias Prats padre, que evocaba a la nostalgia de aquellos fans de Isabel Pantoja de edad más avanzada que ya no sobrevivirían a la siguiente película de la cantante.
Como digo, el cine folclórico estaba respirando sus últimos estertores tras muchos años ausente de los cines. Aunque los respiraba con éxito, de momento.

lunes, 23 de julio de 2018

ME OLVIDÉ DE VIVIR

Extraña película-vehículo para el lucimiento de Julio Iglesias, la segunda  y última de su filmografía como actor ya que, aunque a día de hoy 600.000 espectadores son más que un pelotazo para la taquilla, en 1980 era calderilla. Y Julito no hizo más películas.
Y es que el film de marras no gustó. Y no gustó por raro.
Se trata de una película de intenciones claramente vanguardistas. Una especie de documental ficcionado. Julio Iglesias está de gira y lleva consigo un equipo de filmación completito. Y entre concierto y concierto, ensayo y ensayo, se va filmando, con momentos que cualquiera diría están improvisados.
Iglesias se interpreta a sí mismo. Está de gira por Francia y antes de embarcarse en otra gira millonaria por toda América, decide tomarse unos días de descanso visitando hispano-america. Turisteando conoce a una joven de la que se enamorará y le acompaña a según que conciertos, pero llegado el momento de continuar con su gira, ella no podrá seguirle el ritmo y acabarán separándose. Y es que, en la vida de Julio Iglesias, llena de lujos y de trabajo, y, como diría la canción a la que el título del film homenajea, de tanto robarle a sus noches el sueño, de tanto gritar sus canciones al viento, se olvidó de vivir.
La verdad es que resulta un experimento de lo más extraño. A mí me ha resultado hasta interesante. Por momentos parece un vídeo casero. Por otro lado, la película tampoco funcionó como debía porque le dedica muy poco metraje a las canciones de Iglesias, apenas una en los créditos de inicio y dos o tres en la recta final, cuando se aprovecha para filmar algunas actuaciones en directo. Y el publico natural del cine de cantantes en nuestro país, lo que quiere es ver cantar a su ídolo. Aquí esto apenas sucede.
Por otro lado resaltar el doblaje. La película tiene momentos con sonido directo en los que podemos escuchar a los actores con su propia voz, pero hay otros en los que aparecen doblados. No hay problema, ya que se doblan a sí mismos. Pero en el caso de Julio Iglesias, se trata del actor Juan Carlos Ordoñez, quien hace un trabajo encomiable. Esos dejes pijos de Iglesias, ese habla tan característica, la clava Ordoñez sin caer en la burda pantomima.
En la parte actoral, junto al cantante tenemos a Emilio Gutiérrez Caba, Antonio Gamero, y las trillizas de Julio, así como a Pedro Armendáriz Jr por la parte latino americana.
El director de la película es el ignoto cineasta Cubano Orlando Jiménez Leal, autor de documentales con muy poquitos títulos en su filmografía y que, siempre que puede, evita reconocer ser el responsable de esta película para lucimiento de Julio Iglesias. Una demasiado interesante, pero poco comercial para promocionar a un individuo que en pleno 1980, año en el cual se rodó, estaba en la cima del mundo ganando más dinero que nadie y vendiendo discos a tocateja.
“Me olvidé de vivir” se tituló en países de Latinoamérica “Todos los días un día”. Pobrecito Julio Iglesias, la rutina de mierda que le tocó sufrir…
Aquí, sus fotocromos.

miércoles, 27 de agosto de 2014

EL GRAN MOGOLLÓN

Pedro Ruiz, showman todo terreno, que en parte por su prepotencia, en parte por tocar los cojones a los que mandan, se ha granjeado una mala fama terrible en los últimos años, es el protagonista absoluto de esta comedia.
Y Pedro Ruiz, escritor, actor, director de cine, presentador de televisión y polémico entrevistador, lo que en realidad es, o al menos, así lo conocí yo desde que tengo uso de razón, es humorista e imitador. Uno de los grandes además. Sin embargo, hoy parece renegar de todo aquello. Y en particular, de esta película, “El gran mogollón”. Tuve el placer de conocerlo personalmente, y cuando le pregunté por ella, me respondió “Aquello fue un despropósito”. Y me dio mucha rabia, porque a mí, de chaval, me gustaba mucho esta película. Que mejor manera que corroborar las palabras de Ruiz que viéndola años después. Y sí, es zetosa, chunga, rodada con una desgana acojonante por el otrora artesano Ramón Fernández y, básicamente, compuesta de planos generales. No quería rodar más, ni montar mucho en este encargo. Pero bueno, por otro lado, la película da lo que ofrece, que es ver a Pedro Ruiz en su  mejor momento, imitando, perfectamente caracterizado, con unas prótesis acojonantes fabricadas por José Antonio Sánchez, a todos y cada uno de los políticos que existían en España durante aquellos años de la transición.
Ahora, que Pedro Ruiz se quería marcar la machada, se creía que él era Peter Sellers (le he llegado a escuchar, en una ocasión, compararse con Lenny Bruce) y que estaba rodando “Teléfono rojo, volamos hacia Moscú” porque, al igual que Sellers en aquella película se interpreta como cuatro papeles, Pedro Ruiz en esta se interpreta nada menos que veinte, pero, lógicamente nada que ver con la de Kubrick.  De hecho, nada más comenzar el film, aparece en pantalla un cartelito que reza: “Por primera vez en la historia del cine, un solo actor interpreta a 20 personajes distintos, 17 de ellos, reales y vivos”. Bueno, quienes fueron a ver la película, ya sabían eso, de hecho, por eso mismo fueron a verla, no hacía falta ponerlo. Una muestra más de la prepotencia de Ruiz, que no obstante, es una cosa que me hace cierta gracia de su persona.
La película cuenta, inspirada en la novela “Ayer España enrojeció” de Andrés Madrid, como en unas elecciones generales, y contra todo pronostico, sale elegido,  para la presidencia del país, el partido ecológico y revolucionario. Ante la sorpresa del resto de políticos, el presidente, tiene que soportar los sobornos, peloteos y golpes bajos del resto de partidos políticos, que harán lo que esté en su mano por gobernar junto a él.
Bueno, pues yo me la tragué tranquilamente, disfruté de las imitaciones de Pedro Ruiz (la de Carrillo y la de Alfonso Guerra se llevan la palma) y como película para lucimiento de un cómico, funciona perfectamente. Ahora, si es cierto que la película técnicamente es un desastre. Porque como he dicho antes, se nota que está hecha a toda prisa y sin amor por lo que se está haciendo. Quizás demasiado. No obstante, la película, muy de su época y para su época –verla ahora es un poco raro, porque no sabemos ni quienes son la mitad de quienes imita- está lo suficientemente entretenida, como para pasar por alto esa técnica. Es más, yo la paso por alto casi siempre, así que…
Junto a Pedro Ruiz, tenemos en el reparto a Agustín González, Amparo Muñoz, Isabel Luque (solo por verla a ella, merece la pena cualquier película en la que salga), Rafaela Aparicio, Florinda Chico, Antonio Gamero, José Lifante y los cameos, haciendo de si mismos de José María García y Joaquín Arozamena.
El director, Ramón (a.k.a. Tito) Fernández, es ya un habitualísimo de este blog.

lunes, 28 de julio de 2014

BUSCANDO A PERICO

Antonio del Real, que tiene la particularidad de ser, sin comerlo ni beberlo, el único director español actual que hace un tipo de cine muy deudor de “La Españolada”, paradójicamente, inició su carrera como un miembro más de “La nueva comedia española”, es decir, que viene de un cine distinto al que hace ahora. Esto es, que al igual que los Colomos y  Truebas de turno, del Real hacía un tipo de comedia contemporáneo, marcado por la transición y la izquierda de inicios de la década de los ochenta, dónde la política, la delincuencia, la droga y el post modernismo formaban parte de esa nueva comedia, dejando atrás todos los tópicos de lo que la comedia española había sido hasta ahora. Es decir, comedia para “progres”. Y si en 2006 del Real se atrevió a hacer algo tan fuera de época como es “Desde que amanece apetece”, en 1982, y tras el éxito que supuso su opera prima “El poderoso influjo de la vida”, rueda algo tan actual para su momento como fue “Buscando a Perico”, dónde, quinquis, fachas, rojos y cocaína, forman el particular universo de esta película.
Un aristócrata de viaje por algún exótico país latinoamericano, se trae a España un cargamento de cocaína oculto en un paquete de cocos. Su ayudante, que se encarga de ellos de vuelta a españa y que ignora lo que los cocos contienen en realidad, los deja en el asiento trasero del coche. Al día siguiente, cuando va a comprar el periódico, dos quinquis le roban el coche, estando dentro de él los cocos con la coca y el hijo de este, Perico. Y de ahí el título “Buscando a Perico”. A partir de ahí, mafia, policía, drogadictos y demás morralla, entran en escena, buscando a los dos “Pericos”, con las situaciones cómicas que esto acarreará.
Hay que ver con lo moderna que resultaba esta película en su momento, lo desfasada que se queda a día de hoy. Teniendo buen recuerdo de ella de haberla visto años atrás, el volver a verla ha sido un ejercicio soporífero, a pesar del ritmo endemoniado que gasta la película.
Vendría a ser un remedo a la española de “Los Locos del Cannoball”, en la que muchos y variopintos personajes van a por algo a la carrera, todo ello convenientemente adaptado  al españolismo ochentero y haciendo alarde de lo políticamente incorrecto, como era común en el humor de aquellos días, recién salido el país de una dictadura. Y no dudo que la combinación en la época fuera explosiva – de hecho, fueron a verla más de 500.000 espectadores al cine, pero dónde de verdad tuvo tirón la película, fue en los vídeo clubs- pero a día de hoy no funciona en absoluto. No conseguí reírme nada de nada, a pesar de la predisposición que tengo yo con este tipo de productos. Ni tan siquiera entretenerme. Con la de cosas que pasan. Ya es difícil.
El reparto, plagado de grandes como Luis Escobar, Antonio Gamero, Agustín González, Santiago Ramos, Guillermo Montesinos, Ricardo Palacios o Charly Bravo, es además excéntrico hasta el punto de tener en sus filas destacadas presencias de la televisión infantil de aquellos días comoFernando Chinarro (“El gran circo de T.V.” “El loco mundo de los payasos”) o José Riesgo (“Terror en el tren de media noche”) y Juan Ramón Sánchez, Julián y Chema, respectivamente en “Barrio Sésamo” y que aquí interpretan a un mafioso y a un heroinómano respectivamente, o del mundo de la canción como puedan ser Caco Senante, o el criminal Teddy Bautista, en un rol que parodia al Alex DeLarge de “La Naranja Mecánica”.
Curiosa. Pero no ha aguantado el visionado. Una lástima, porque quería que me gustase, pero…

miércoles, 31 de octubre de 2012

ORO ROJO

Resulta un tanto sorprendente que las unicas incursiones en el mundo del cine del escritor Alberto Vazquez- Figueroa como director(en cuya novela “El Perro” está basada “Rottweiller” de Brian Yuzna), sean tan de género y tan palomiteras a pesar del tufillo serio que desprenden.
Claro, que solo realizó dos películas, porque obviamente, se le da mucho mejor escribir que dirigir. Una de ellas es “Manaos” y la otra esta “Oro Rojo”.
Un marinero llega a una isla llamada Providencia, donde un dictador tiene a toda la población muerta de hambre. Pronto pierde el pasaporte y se verá inmerso en un mundo de corrupción donde el unico sustento de los habitantes, son los cuatro pesos que se les da cuando venden su sangre. Junto con un mendigo que come ratas, se verá envuelto en más de un asunto turbio.
La película es una co-producción hispano-mexicana, que por nuestra parte produjeron los hermanos Reyzabal –dueños de Izaro Films, y productores de muchas de las películas de Pajares y Esteso- y que en un afán de explotarla en ambos países, lograron juntar a dos actores de peso en cada uno de ellos. Hugo Stiglitz por la parte Mexicana y José Sacristán en la parte española, como el marinero y el mendigo respectivamente. En la promoción, en Mexico se destacaba como protagonista a Hugo Stiglitz, mientras que en España se explotaba el protagonismo de Sacristán. No obstante, pasó un tanto inadvertida en las salas de ambos países.
Sin embargo, la película no está nada mal. El ambiente apocalíptico que se respira por cada uno de sus fotogramas la sitúa muy por encima del cine español de aquella época, si bien cagaditas como el forzado aspecto de vagabundo que luce José Sacristan, o los esbirros del dictador que van vestidos del llanero solitario, le confieren un tufillo cutre, que si no te lo dicen, te crees que estás viendo una de aventuras de Juan Piquer Simon, lo cual teniendo cuenta quien es el director, es siempre un acierto.
De ritmo lento, necesario eso si, entre que Hugo Stiglitz no para quieto (folla con putas, le dan de hostias, se fuga de una prisión en medio del mar, se enamora de una tía que no folla porque al estar apartada de la civilización sobrevive comiendo queso de cabra…) y que José Sacristán sueltas fisolofadas baratas cada dos por tres (“¿Qué comer carne de rata puede traer enfermedades? ¿Más que no comer?”) lo cierto es que la peli pasa tan ricamente y tan entretenida.
En el reparto, caras conocidas como Antonio Gamero, Terele Pavez, Alfredo Mayo, Monica Randal o José Riesgo, lo que es lo mismo, Julián de Barrio Sesamo.
Para pasar un ratillo.

martes, 17 de enero de 2012

SEVILLA CONNECTION

La única película protagonizada por “Los Morancos de Triana”, es a su vez, la ultima película que dirigió José Ramón Larraz súper habitual por aquí, y sin lugar a dudas la peor de su carrera con mucho, a pesar de que en la misma predominan los ñordos. Y es que, siendo yo defensor de las comedias de Larraz ( LA MOMIA NACIONAL, POLVOS MÁGICOS, JUANA LA LOCA… DE VEZ EN CUANDO), no se si por la poca gracia de los afamados cómicos que la protagonizan (cualquier Andaluz es igual de gracioso que estos dos… o sea, nada), o bien porque verdaderamente a SEVILLA CONNECTION no hay por donde cogerla, la verdad es que anoche me costó HORRORES el completar el visionado de esta ponzoña, en el que abundaron los bostezos y la irritación de ojos, pero en ningún momento las carcajadas.
De hecho la película data de 1992, y este tipo de productos funcionaba en salas quizás más de lo que lo hiciera el sub-género en los 90, de muestra las protagonizadas por “Martes y 13”. Sin embargo, la película de “Los Morancos”, que todavía están en activo y gozan de un éxito de cojones, no funcionó exactamente bien. Y tampoco me extraña.
Benny y Johnny, son dos policías Sevillanos adiestrados en Miami, que son reclutados por la policía de Triana para investigar un caso de tráfico de drogas y armas en plena Expo 92.
Esa sería la sinopsis. Entre medias montones de gags sin gracia, idas y venidas de los actores a no se sabe donde, escenas de acción rodadas con el culo, y en general, dejando al espectador la sensación de no saber muy bien que es lo que está ocurriendo a cada momento. Ahora ¿Acaso lo sabían los artífices del film?
El caso es que los títulos de crédito comienzan con imágenes de “Los Morancos” haciendo el gamba por Miami. Es decir, que esas escenas se rodaron en genuinamente allí… ¿Por qué? ¿Qué necesidad había? El resto está desarrollado en Sevilla, y los títulos de crédito, créditos son… pero quizás, y tiene toda la pinta, José Ramón Larraz quería imitar el estilo de las películas policíaco-cómicas en la ultima época de Bud Spencer y Terence Hill, como DOS SUPER-POLICÍAS o DOS SUPER-POLICÍAS EN MIAMI, cuyos títulos de crédito se parecen bastante a los de este pedazo de mierda. Todo es posible en el mundo de las “explotation”.
Un desbarajuste supino sin ninguna gracia ni interés, en el que lo único que destaca es el poder ver,  fuera de temporada, rostros conocidos de la comedia o el fantástico Español como Antonio Gamero, José Lifante, Alfonso del Real o Jack Taylor, que apenas dice dos palabras en toda la película, haciendo el rol de un norteamericano.
Por lo demás, que quieren que les diga, pero esto no sirve ni para darle de comer a las hienas. De hecho, nunca gozó de mucha popularidad, ni con la fiebre “revival” existe guapo que se atreva a reivindicarla 20 años después de su estreno. Y no seré yo el gilipollas que lo haga.

martes, 27 de septiembre de 2011

Y DEL SEGURO... ¡LIBRANOS, SEÑOR!

Película de Antonio del Real, al estilo de Antonio del Real, y que a juzgar por el póster, se las promete mucho mas alocada y desmadrada de lo que en realidad es.
En los ochenta se pusieron de moda las comedias ambientadas en clínicas y hospitales, y a rebufo de LOS LOCOS DEL BISTURÍ, aquí en España se rodaron AGÍTESE ANTES DE USARLA y esta.
También es sabido que en España en aquellos años, los personajes de actualidad de la tele y el mundo del espectáculo eran también rentables en la taquilla, y por eso esta película es un perfecto vehículo de lucimiento para el popular Dr. Cabeza, que protagoniza la cinta.
Alfonso Cabeza, era un doctor real, que para más inri era presidente del Atlético de Madrid y un polemista nato. Su fama era tal, que a algún productor despiadado se le ocurrió que una película con el a la cabeza (valga la redundancia) podía ser un éxito de taquilla.
Un actor para hacer un fraude a la seguridad social, se hace pasar por enfermo en diversas clínicas y hospitales. Esta vez da a parar a uno cuyos directivos son los individuos más corruptos del mundo. Pensando estos que este es en realidad un inspector del ministerio de sanidad, planean hacerle chantaje, y con dicha confusión, tenemos el enredo en bandeja. Por otro lado, dos macarras convencen al actor para atracar las arcas del hospital, y salir de allí juntos con el botín.
No está nada mal la película. Obviamente, el papel del doctor Cabeza es secundario, pero resultaba muy atractivo, a priori, para la taquilla, pero no recaudó lo esperado.
En realidad se trata de una película que denuncia los chanchullos de la seguridad social y las irregularidades en las intervenciones médicas, pero como está camuflada de comedia, nos lo pasamos teta con la película, máxime cuando esta tiene sus contadas dosis de humor negro, gore y escatología (que no hay nada mas gracioso que hacer chistes sobre las entrañas de un individuo al que están haciendo una autopsia).
De una coralidad absoluta, en el reparto nos encontramos con un grupo de grandes de la época, Juanjo Menéndez, Antonio Gamero, un excelente Carlos Larrañaga, una de las actrices mas bellas del cine Español; Isabel Luque, Agustín González, y un primerizo, y sorprendentemente gracioso Antonio Banderas que empezaba su fructífera carrera tras trabajar con Almodóvar, y que da vida a uno de los macarras que planean el atraco, con acento Andaluz, y con una bis cómica, que ya nunca se volvería a vislumbrar. Vale que en TWO MUCH está gracioso, pero en esta, mama del humor de sal gruesa que se estilaba en España aquellos años.
Rodada con oficio y solvencia, deja un buen sabor de boca tras el visionado. Y, coño, que es un tipo de cine que ya no se hace, y que debería hacerse.

miércoles, 31 de agosto de 2011

EN BUSCA DEL HUEVO PERDIDO

Javier Aguirre, fiel a su estilo (impuesto por los productores, lógicamente) de cine comercial, le saca máximo partido al trío de humoristas femeninas “Las hermanas Hurtado”, muy populares en la época, sobretodo tras sus apariciones como personajes fijos en el “Un, dos, tres”.
Lo primero de todo, mencionar que en mi recuerdo, Las hermanas Hurtado, no gozaban de alta estima por mi parte. Tras ver EN BUSCA DEL HUEVO PERDIDO, mi concepción del humor de estas tres, cambia.
La película, un absoluto disparate, cuenta como tres paletas de pueblo, en su afán por triunfar en el mundo del espectáculo, se ven envueltas en un entramado con espías de distintas nacionalidades que se pelean por la formula que un científico Israelí ha inventado, que puede hacer cambiar el clima de todo un país. Obviamente, Americanos y Rusos, se pelearán por conseguir esta formula.
La peli, fue un fracaso en su época, no obstante, a mí me parece, con mucho, la película mas enloquecida y surrealista de cuantas filmó Aguirre para lucimiento de alguien del mundo del espectáculo. Son tantas y tan numerosas las chorradas, que unidas a un exceso de ritmo poco habitual, la propia película impide al espectador hacer un seguimiento de las mismas. Básicamente la película es una sucesión de escenas de gente pegándose en plan niño pequeño, aderezado con numeritos musicales de las Hurtado de lo mas políticamente incorrectos, y, sobretodo, el humor de estas tres mujeres, basado mayormente en chistes de mierda, de follar, de coños y de pollas.
Me han sorprendido gratamente. En un país donde el humor lo desarrollan casi en su totalidad los hombres, en una época en que su competencia era Beatriz Carvajal con sus insufribles parodias con acento de gallega –pero que se llevaba el gato al agua con esto-, Las Hurtado ofrecían un humor grueso y brutal, siendo mas guarras y bestias que los tíos.
Como muestra, una de las canciones que interpretan en la película, en la que Paloma Hurtado, ruega y suplica a su títi, que le pegue con la mano abierta, con su bota en el culo, con su mazo en la sien, sentir su puño en el rostro y que le arranque la piel. Hoy nadie tendría huevos para componer una letra como esa.
El plantel de secundarios que aparentan pasárselo de puta madre rodando esto, es sensacional; Manolo Gómez Bur, José Lifante, Paco Cecilio, Florinda Chico, Rafaela Aparicio, o Antonio Gamero, en un desmadre de principio a fin que va a setecientos mil por hora, y que no da descanso al espectador. Un festival de carcajadas.
Y por supuesto, la referencia a EN BUSCA DEL ARCA PERDIDA, no vas mas allá del título. Tampoco andan buscando un huevo.

martes, 25 de enero de 2011

OPERACIÓN MANTIS (EL EXTERMINIO DEL MACHO)

La etapa más decadente de Paul Naschy tiene como cenit esta película. El actor y director se apuntó al “spoof”, creyéndose percusor del género en España, cuando ya lo habían hecho, sin mucho éxito artístico, Mariano Ozores y Manuel Summers, por lo que el hostión fue considerable. En co-producción con Japón (ya saben, Masurao Takeda) como venía siendo habitual en esa época, para esta comedia se le concedió a Naschy el mayor presupuesto que había manejado nunca. No se recuperó nada. Y claro, la culpa nunca fue suya, fue del co-guionista Joaquin Oristell y de que la película era demasiado sofisticada y adelantada a su tiempo, no como las de Mariano Ozores que demandaba el público. Que poquita vergüenza tenías Jacinto.
La única verdad, es que la película da absoluta vergüenza ajena, por todo en general, y por Paul Naschy en particular. Si no eres cómico no te metas a hacer monerías, porque harás el ridículo. Y él lo hace de todas las formas posibles, sirviéndose para ello de los mas variopintos disfraces. Verle de punk cantando y "subnormaleando" es de antología, pero en plan negativo… da mucha penita.
Tras el asesinato de una influyente mujer, una organización feminista llamada “Matriarka” planea el exterminio del macho, dejando solo 200 tipos para la perpetuación de la especie. Tres súper espías son enviados para solucionar el tema.
La saga que intenta parodiar Paul Naschy es la de James Bond. No se puede ser menos acertado. Desde los años 60, se han hecho parodias de Bond. A mediados de los 80 ¿quién quería ver otra? Y menos en manos de Paul Naschy, que si, que con el terror se ganaría a posteriori cierto prestigio, pero en comedia… 
hay que ser un tipo con mucha confianza en sí mismo para sostener el peso cómico de un largometraje entero… y también en la película, puesto que al finalizar prometían una secuela. Como si no hubiéramos tenido suficiente.
Si el descalabro funciona en algún sentido, es en su patetismo. Es tan triste ver gags pretendidamente graciosos, y buenos actores cómicos sin atinar, que al final te tienes que reír. Siendo la peli mas difícil de conseguir de Paul Naschy (con permiso de "Las noches del hombre lobo", que no se sabe ni si existe) la convierte en una joyita, rareza y curiosidad.
Dirigida y co-escrita por el propio Naschy, además de intentar hacerse el gracioso interpretando a un Rasputín que te vende caramelos a ritmo de chascarrillo (“¡Que cosas tiene mi Zarina!” como guiño al “¡Que cosas tiene mi novio¡”, una popular coletilla ochentera), tenemos en el reparto a la inevitable Julia Sali, José Sazatornil “Saza”, que protagoniza una escenita junto a una araña de plástico totalmente inmóvil, de lo peorcito que he visto en mi vida, José Luis López Vázquez, Antonio Gamero, Freda Lorente, José Riesgo, Fernando Bilbao…
La verdad es que el despropósito es tal, que siendo la peli mas cara que realizó Paul Naschy, parece la más barata, y es que me da a mi que el presupuesto se fue en pagar a todos estos actores, a quienes, dicho sea de paso, se ve en un estado de gracia menor y muy poquito entusiasmados.

lunes, 13 de septiembre de 2010

NI SE TE OCURRA... (DEJAR DE VERLA)

Habré visto esta peli tres o cuatro veces, siempre con el prejuicio (y más en la época) de que “Cruz y Raya” eran unos humoristas de lo más asqueroso (así era y así es, aunque ahora por separado y a pesar de haber disfrutado de la parodia de Al Pacino / Bobby De Niro de José Mota). Tras verla de nuevo, y reflexionar fríamente, llego a la conclusión de que es tal el desbarajuste, el cutrerío, la dejadez y que a, pesar de todo, la peli no funcionara mal en taquilla, que me quito el sombrero, la califico de “obra maestra en lo suyo” y entra a formar parte de mis “peores favoritas”. Las pretensiones de esta película son tan meramente comerciales, que al final lo de menos es la propia película… Tenemos a “Cruz y Raya”, lo que es una garantía de taquilla, entonces, ¿para qué coño nos vamos a currar el asunto? Pero es que, además, tiene la fortuna de, en su caos, contar con algunos de los gags tontos estilo “spoof” más graciosos que he visto en mi vida: El rubio pide una caña en la barra de un bar, y este recibe una caña de bambú. Pide que “le pasen la china” y alguien le lanza a una mujer oriental. Otro pide algo para picar, y recibe un pico de albañil, que se clava violentamente en la mesa y así toda la película… un “tour de force” de chorradas, con las que me entró la risa tonta, y que recordándolo, aún me dura. Sobre todo destaco la estúpida aparición de "E.T." que no viene a cuento y con el peor chiste de todo el metraje, que no se puede contar... hay que verlo.
Y cuando digo que la peli es lo de menos, es porque, si en los títulos de crédito se dedican a mostrarnos sketches mejores o peores, parece que de entrada va a tener argumento: dos jóvenes estudiantes de “artes escenitas venezolanas” comprueban la poca salida que tiene su carrera y deciden buscarse la vida hasta que acaban de “espanta-clientes” en una discoteca. Justo en el momento que entran a trabajar, la película se sumerge en un caos narrativo, que no respeta cronológicamente los hechos (hay escenas que deberían salir antes que otras… mal montada, supongo que de manera voluntaria, da la sensación de que importaba tres cojones como quedara… ¡Increíble!) y si había una pequeña trama, esta desaparece a favor de los gags.
Además tiene una virtud; no solo es una película, que va, es ¡un jodido concierto de “La Frontera” filmado en cine!, si, para llegar a la hora y media y teniendo en cuenta que seguramente no existía un guion, entre escena y escena se nos cuela una actuacioncita del grupo de marras, que en la época ya no estaba ni de moda y se cantan unas siete canciones. A una media de tres minutos, tirando por lo bajo, por canción, unos 21 minutos de actuación en directo. Hay que tener dura la cara.
Pero el colmo de la jeta, está en lo siguiente: Se ve que el equipo de filmación disponía de una discoteca, en la que transcurre el 70 % de la película. Pero claro, llenarla de extras para dar ambiente supondría un pastón para la producción… ¿Cómo solucionarlo? Pues de la manera más ingeniosas. Se inventan un personaje, el gerente de la discoteca (Guillermo Montesinos), que con tres clientes dice que tiene el bar lleno… “- A ver si se me despeja el local”, dice el hijoputa…. Con lo que prácticamente vemos en esa disco solo a “Cruz y Raya”, el gerente y el grupo “La Frontera” que no se baja del escenario… ¿no les parece genial la solución? Solventar una carencia con la creación de un gag es obra de un genio, un maestro de la poca vergüenza. ¿Y quien anda detrás de esto? Pues no un cualquiera, si no Luis María Delgado, con una larga carrera a sus espalda, y todo un clásico de este blog. "Ni se te ocurra... (dejar de verla)" es su brillante testamento.
En el cast encontramos a Concha Cuetos, Rafael Alonso, Ángeles Martín, Pedro Reyes, Antonio Gamero, Willy Montesinos y José Lifante. Un reparto de lujo.
Tremenda, si la ven con los ojos que le corresponden a esta película, verán que es una genialidad y la disfrutarán tanto como yo. Es una locura. Y lo más curioso, es que en la época no hubo ninguna habladuría acerca de su calidad.
Producida por "Warner Española", ¿a qué esperan los gilipollas para hacer una edición especial con los extras que existan en DVD? Y más ahora que José Mota triunfa en televisión.

lunes, 19 de julio de 2010

AQUÍ EL QUE NO CORRE... VUELA

Me encanta que exista esta película, por sus intenciones tan maquiavélicas.
Resulta que 
a principios de los noventa "Tele 5" quería promocionar a toda costa su cadena, su programación y, sobre todo, a sus jovencísimos presentadores, así, qué mejor manera de hacerlo que produciendo una película. Para ello, contrataron a algunos de los actores más taquilleros, e intuyo que con más telespectadores en el “share”, quedando una cosa coral con Arturo Fernández, Rossy De Palma, Alfredo Landa, Antonio Gamero, José Coronado, Agustín González y María Barranco. Por otro lado, la presentación cinematográfica de sus astros más guapos: Jesús Vázquez, Arantxa De Sol y Natalia Estrada (que luego hizo carrera en producciones Italianas de este mismo rollo).
Y para dirigir el revoltijo, se buscó alguien acostumbrado a hacer taquillazos, Ramón Fernández ("No desearás al vecino del quinto", "La insólita y asombrosa hazaña del Cipote de Archidona""Las aventuras de Enrique y Ana", "El Donante"...) para que la película tuviera éxito. Con todo ese equipo, raro sería que este carísimo spot no fuera un bombazo… pero se estrelló estrepitosamente. Tampoco me extraña.
Eran tiempos jóvenes para la cadena televisiva, y aún no sabían (ahora sí lo saben) que el publico del cine no es el de la televisión, y que sus presentadores podían ser un reclamo para la caja tonta, pero no para la gran pantalla.
Ahora, seguramente su fracaso no se deba a eso, si no más bien a la gran mierda que es la peli. Además es una gran mierda por cosas que me encantan: Como ya tenían las caras conocidas y el gran director, olvidaron cuidar los demás aspectos de la película, con lo cual el guion es inexistente, así como el argumento: "Aquí el que no corre... vuela" es una sucesión de sketches sobre una serie de estafadores que se dedican a lo suyo durante toda la película. Además ni hace gracia, ni se pretende ser gracioso, así que ¿Por qué hacer tanto hincapié? Los pequeños atisbos de trama vendrían a ser el cómo engatusar a un tipo muy rico, así que más de lo mismo. En mi vida he visto algo tan estúpido.
Por otro lado, hay que decir que en los noventa ya imperaba el "estilo Martínez-Lázaro”, Armendáriz se dio cuenta de que hacer pelis con inmigrantes era rentable y Bardem lucía tipazo garrulo. Eso se imponía y el estilo de comedia de "Aquí el que no corre... vuela" era ya algo rancio. Más deudor de la comedia de los 70 y 80 que de la que se hacía en su década y el público ya no tragaba con este tipo de productos.
Mala hasta el suicidio, no deja resultarme gracioso el exagerado hincapié en que no quepa ninguna duda de que Jesús Vázquez es heterosexual, para ello intepreta un gag muy malo junto al actor Blacky, en el que el joven presentador queda como un homófobo al tratar de denunciar a un tipo que le ha mirado el pene en el retrete… ¿No es maravilloso? Actualmente es todo lo contrario. Hay que tratar que Jesús Vázquez no parezca heterosexual ni por lo más remoto.
Y siguiendo con Vázquez, al final hay que reírse a mandíbula batiente con la película. No existe peor actor que él, verlo para creerlo, de antología… ¡INCREIBLE! parece que está actuando mal aposta, pero no, es que es así de negado.
Y claro, todas las referencias a “la cadena amiga”, sus artistas y su programación, empujan a que veamos la peli entera, aunque sea un coñazo, solo por atestiguar el morro que se gastan.
Ramón Fernández se despidió del cine con este pedazo de mierda…. ¡Se la recomiendo!