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lunes, 12 de septiembre de 2022

SINATRA

Alfredo Landa fue un estupendo actor, sin ninguna duda, pero, al margen de la película en la que aparezca, al final, ya sea en films de época o en films ambientados en la actualidad del momento, solo tiene tres registros actorales: El Landa alegre, el Landa cabreado y, eventualmente, el Landa triste. Cuando el Landa triste aparece en escena es susceptible de ser nominado a todos los premios habidos y por haber dentro del cine español.
“Sinatra”, película dirigida por el catalán Francesc Betriú y que se basa en la novela “Sinatra: Novela urbana” de Raúl Nuñez —quien ya que estaba se encargaría asimismo del libreto— es un claro ejemplo del Landa que recibía premios; aquí Alfredo está tan solo, tan triste, que era normal y lógico que consiguiera una nominación al Goya (que no se llevó) así como otras tantas. Pero al margen de este inciso, lo cierto es que “Sinatra” es una de las películas autorales españolas buenas de finales de los ochenta y un preludio de lo que vendría después, en los 90, a nuestras pantallas. Una precursora de un tipo de cine, digamos, urbano y que tuvo su continuidad, por ejemplo, con las dos entregas de “Makinavaja” (dirigidas ambas, justamente, por Carlos Suárez, director de fotografía en "Sinatra").  Pronto ese concepto urbano mutaría y se centraría en ambientes más pijos donde los protagonistas, lejos de ser buscavidas de buen corazón, serían niñatos con cierta deficiencia mental (“Mensaka” o “Historias del Kronen”). Los Landa, Luis Ciges, Manolos Alexandres y demás de esta película urbana, pasarían a desempeñar otro tipo de roles en otro tipo de películas. En “Sinatra” los “canallas” son señores de mediana edad cercanos a la tercera.
“Sinatra” cuenta la historia de un cantante de los teatros del paralelo que se gana la vida haciendo imitaciones muy sui generis de Frank Sinatra, motivo por el cual todos le llaman así, Sinatra. Un buen día, y muy de sopetón, su esposa le abandona, por lo que Sinatra decidirá vagar por las calles sin rumbo fijo. Se va a vivir a una pensión y no puede pagar la habitación, así que aceptará una oferta del dueño para trabajar como portero de noche. Es entonces cuando empezará a conocer mujeres por correspondencia, entrando en su vida una viuda, una prostituta o una menor de edad con problemas mentales.
Ambientada toda la película en el lumpen barcelonés, y aunque con potentes momentos de comedia con los que uno llega a desternillarse, lo cierto es que estamos ante un desasosegante drama; la historia de un hombre bastante limitado y mediocre que se queda solo en el mundo y esa soledad le consume, aunque de vez en cuando consiga pequeños atisbos de felicidad.
Todo ello rodado artesanalmente por Francesc Betriu con mucho oficio y mostrando a las mil perfecciones un ambiente callejero, a veces sórdido, haciendo hincapié en la sexualidad de nuestro protagonista, que buscando enfrentar esa soledad insoportable, contrata los servicios de una bella prostituta —y trabajadora de un bingo— interpretada por Ana Obregón, que le regala a Sinatra una paja que ya ha pasado a la historia del cine, o ese revolcón que se pega con una menor de edad medio chiflada encarnada por una ternesca Maribel Verdú —que en la vida real no era menor pero había dejado de serlo hacía poco…— quien desafía a la ley de la gravedad con dos tetazas gigantescas de rosáceos pezones, que en su día no eran más que un entremés para lo que sexualmente podía ofrecernos el cine español, pero que hoy su sola visión ofende a los sentidos. Y de estas dos, la que destaca más en la película es nuestra amiga Ana Obregón, a la que desde AVT siempre hemos defendido como solvente actriz.
Por otro lado, la única pega que saco a esta película, que me parece estupenda, es esa horripilante, machacona, despiadada e insultante banda sonora compuesta de canciones de Joaquín Sabina, al que no soporto (ni soporto a los “canallitas” de sus fans), y cuya partitura se deja asomar, omnipresente, durante la primera media hora de metraje hasta que uno está a punto de quitarla. Si llega a aguantar esa media hora, la película en su totalidad merece la pena.
Por lo demás, yo creo que “Sinatra” es un clásico de cine catalán, que Alfredo Landa pocas veces ha estado tan, tan bien, que Luis Ciges como dueño de la pensión donde pernocta nuestro protagonista casi puede robar la función, y que no entiendo como esta película ha quedado prácticamente relegada al olvido, cuando otras laureadas de 1988, año de su producción, se quedaron antiguas en enero del 89 y a día de hoy son tratadas con relevancia (por ejemplo, “Mujeres al borde de un ataque de nervios” de Almodóvar)

lunes, 27 de marzo de 2023

LA CORTE DE FARAÓN

De 1910 data la opereta, zarzuela, o musical —llámenlo como quieran— “La corte de Faraón”, escrita por Miguel de Palacios y Guillermo Perrín y con música de Vicente Lleó.
Se trata de una obra absolutamente inofensiva ambientada en Egipto y cuyos numeritos musicales recuerdan más a una revista de vodevil, que a una epopeya bíblica, y la característica principal de “La corte de Faraón” consiste en unos numeritos musicales picantones en cuyas letras abundan los dobles sentidos y las insinuaciones sexy por parte de las vicetiples que los interpretaban. La cosa, hablando en plata, va de un pastor virgen, un meapilas llamado El casto José, al que se quieren tirar todas las mujeres que se cruzan en su camino. Una chorradita que servía para entretener al público aunque, dicen, verdaderamente contenía mensajes velados de alto contenido político.
Años después de su estreno, la censura decidió prohibir directamente la obra, porque, según ellos, era un canto a la concupiscencia que se mofaba del caudillo, del orden establecido e incluso de Dios. En consecuencia, la obra no se volvería a representar durante años.
“La corte de Faraón” cobró su fama de manera incluso internacional, motivo por el que se adaptó al cine en México donde no vieron ningún comportamiento ácrata en la misma, en un film del año 1944 dirigido por Julio Bracho y para el lucimiento de primeras figuras mexicanas de la época.
Y por fin llegamos a la película española de gran éxito en el momento de su estreno, 1985, que en lugar de adaptar directamente la obra, recrea una situación en la posguerra  en la que un grupo de teatro representa “La corte de Faraón” sin haber pasado previamente la censura. Un censor del clero que se encuentra en el teatro, denunciará la situación, y la policía se llevará a toda la compañía detenida. En comisaría, el comisario les irá interrogando con el fin de averiguar si la obra que han interpretado es o no es antifranquista.
Se trata de un intento por parte de José Luis García Sánchez de emular, como viene siendo habitual en la mayoría de sus películas, el cine de Luis García Berlanga, compartiendo pluma con Rafael Azcona y rodeándose de la creme de la creme del cine español en lo que a actores se refiere.
Pese al enorme éxito de su momento y ese reparto absolutamente maravilloso — a saber: Fernando Fernán Gómez, Agustín González, José Luis López Vázquez, Antonio Banderas, Luis Ciges, Quique Camoiras, Juan Diego, María Luisa Ponte y Antonio Gamero (además de la repelente de Ana Belén)— no es una película que haya resistido bien el paso de los años y la cosa se torna rancia, desfasada y salvo algún momento francamente divertido (como la escena del “descapullamiento”), con tanto numerito musical de corte popular y un montaje tosco que tira de flashback al corte — por lo que a veces cuesta un poco detectar si es un flashback o si es que está avanzando la historia—, acaba resultando un poco pelma. Y es que, desengañémonos; la obra de “La corte de Faraón” de los años 10, opereta, tan atrevida y osada, tan política que la censura tuvo que prohibirla, como la zarzuela, la copla o la música ligera es un género muerto, de otra época. Y quizás en 1985 todavía quedaran generaciones del pasado que supieran apreciarlo o modernos del momento que lo reivindicaran por esnobismo, pero, a mí en la época, siendo niño (y ahora en mi mediana edad) me parece completamente insoportable. Entonces, una película que incluye en su metraje la obra completa original ocupando un 75% de la misma, se pueden imaginar ustedes lo desesperante que se me puede llegar a hacer. Se soporta, como ya he dicho, gracias a los momentos divertidos de entre medias, que son los menos.
Realmente lo que me ha instado a revisar una película que no me ha gustado nunca especialmente, es la lectura del libro “No se lo digas a nadie: Historias secretas de Martes y Trece” en el que cuentan que esta película aparece en sus vidas justo en el impás que sufrieron cuando convinieron que Fernando Conde abandonara la agrupación cómica para irse a hacer teatro. Como Josema y Millán se consideraban actores antes que cómicos, y como estaban en un momento de gran popularidad y decidiendo que hacer con Martes y 13 tras la marcha de Fernando, García Sánchez les ofreció un papel en la película. Pero hay algo que no cuaja, porque Josema tiene un papel de gran importancia, casi de protagonista, mientras que a Millán se le concede uno nimio, casi en calidad de extra —no me quiero imaginar el cuadro de envidia y la lucha de egos de esos dos durante la filmación—. Y, quizás por el nivel de los actores que tienen a su lado, sus presencias se antojan sosas, incluso molestas. Es una lástima, pero “La corte de Faraón” es la muestra de que ni Josema ni Millán son buenos actores si los sacas de sus roles de Martes y 13. Se supone que sus papeles en esta película servían para desmarcarse un poco de su imagen de humoristas, para ver sí podían ganarse la vida como actores si finalmente Martes y 13 desaparecía, pero ninguno de los dos puede abandonar los tics, muecas y gestos que les hicieron populares. Josema actúa como en un sketch cualquiera de sus especiales televisivos, mientras que a Millán, que sale poco, tienen que eliminarle en montaje el exceso de “millanadas” que, intuyo (y se nota además), a buen seguro hizo durante su interpretación, incapaz de olvidarse de que era Millán.
Por suerte para ellos, poco después del estreno de la película, se decidieron a continuar con Martes y 13 sin Fernando y, en el especial de fin de año no se les ocurrió otra cosa que inventar in situ el sketch de “La empanadilla de Móstoles”. El resto es historia. Y como fuera, lo cierto es que mientras que el dúo permaneció en activo, el cine español no les volvió a ofrecer una película (con excepción de las concebidas para su lucimiento como cómicos). Y con la disolución del grupo… casi tampoco. He dicho casi.

viernes, 13 de septiembre de 2019

TAMAÑO NATURAL

“Tamaño natural” es la película que salvó a Luis García Berlanga del ostracismo tras el descalabro artístico y económico de sus dos anteriores películas, “La Boutique” y “¡Vivan los novios!”. Llevaba cuatro años sin rodar, y se presentó el productor Christian Ferry dándole la oportunidad de hacer una película para explotar en el mercado internacional y, en concreto, en el mercado europeo, por lo que proporcionó a Berlanga, que estaba acostumbrado a trabajar en condiciones más precarias, todo un despliegue de medios para que rodase una película que, en su condición de película francesa,  tuviera la mayor libertad posible. Así, y con la ayuda del imprescindible Rafael Azcona al guion, Berlanga concibe la que por un lado es su película más extraña, fascinante, siniestra e inquietante, y por otro, la menos berlanguiana. Incluso, y quizás solo sea por el europeismo que destila toda ella, diría que parece una película de Marco Ferreri. Digamos que se salta la estructura habitual de planos secuencia y muchos actores en cuadro hablando a la vez hasta la recta final de la película y, paradójicamente, esta funciona a las mil perfecciones como el drama bizarro y loco que es, justo hasta que llegan las pinceladas cómico-esperpénticas a la Berlanga en su último tramo. Vamos que es mejor cuanto menos berlangiana es. Con todo, se trata de una película rara, misteriosa y desperada, que califico como una de las mejores de su filmografía —el propio Berlanga así lo creía también— incluso por encima de alguno de sus clásicos incontestables.
Cuenta la historia de un dentista de destacada posición social que hastiado de una vida sexual junto a su mujer, que incluso le consiente que tenga ciertas aventurillas, se compra una muñeca hinchable. Con el uso de esta y, al comprobar que no habla, no se queja y no molesta, acaba enamorándose de ella. No solo este queda encoñado de la muñecaja, sino que su familia acaba aceptando a la muñeca como a su novia. Pero, a posteriori, del uso, acaba cogiendo manía a esta, lo que acarreará funestas consecuencias para ella.
Rara y surrealista, tiene la capacidad de incomodar al espectador, de producirle desasosiego y al mismo tiempo fascinarle ya que, no solo nunca llegamos a aprobar esa relación, sino que la condenamos y se nos antoja antipática, el dentista nos resulta aún más antipático y casi sentimos lástima de la esposa de este, pero queremos seguir sabiendo que pasa con la muñeca y deseando que continúe la irracionalidad del dentista; se casa con ella, pero al igual que algunas de sus amistades, queremos verles tener hijos, y en última instancia, porque, como el personaje, el espectador también coge manía a la muñeca, queremos que por fin la mate y se deshaga de ella.
En definitiva, una extraña película de lo más interesante.
En el momento de su estreno la película pasó sin pena ni gloria en España, y quizás para estar Franco aún vivo, no se trataba de una película muy oportuna. En Europa si funcionó bien. Aquí, 452.000 espectadores la situaban en la taquilla como una película del montón. Se quejaba Berlanga en sus memorias contadas a Jess Franco, que pudiera ser que la película no funcionara todo lo bien que debía, a nivel crítico,  porque a Luis Buñuel le pareció una porquería. La tachó de pornográfica y, en consecuencia, con la opinión de Buñuel muy presente, los estudiantes de cine y los críticos la hicieron de menos. Berlanga se preguntaba que como podía ser posible que Buñuel viera la película de aquella manera, cuando probablemente era la película más buñuelesca que Berlanga había hecho. Y yo digo que quizás por eso mismo le cogió manía.
Después de “Tamaño Natural”, Berlanga retomaría su estructura habitual en “La Escopeta Nacional”, y la elevaría a otra categoría dejando bien marcado, en lo sucesivo, el estilo Berlanga. Pero para mí, esta “rara avis”, es lo mejor de su estupenda filmografía.
En el reparto, enorme, Michel Piccolí, —quizás sea su presencia la que hace parecer a esta película como si fuera una de Ferreri—, Valentine Tessier, Queta Claver, Manuel Alexandre, Julieta Serrano, Luis Ciges, Amparo Soler Leal (luciendo unas estupendas tetas, quien lo diría, de una mujer de su edad…) Rada Rasimov…

lunes, 10 de septiembre de 2018

LABERINTO DE PASIONES

“Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón” ópera prima de Almodóvar y, para mí, su mejor película, se programó con éxito en los cines Alphaville de Madrid en las sesiones de madrugada aguantado estóicamente el paso del tiempo y convirtiendo, poco a poco, al director manchego en la leyenda que es hoy. Y es por ese motivo por el que el máximo responsable de esa cadena de cines, Javier de Garcillán, decidió producir la nueva extravagancia del director en tiempos en que conseguir una subvención del ministerio no eran una cosa sencilla.
Así, pidiendo un crédito al banco y completando el importe del presupuesto con aportaciones personales de miembros del equipo, se financió “Laberinto de pasiones”, uno de los films más polémicos y populares de Pedro Almodóvar.
Asimismo, se trata de la primera vez que Almodóvar trabaja con un equipo profesional compuesto de reputados directores de fotografía y técnicos de sonido directo, por lo que supuso un cambio de las formas que a su vez mata un poco el discurso underground que traía con su anterior película. Almodóvar pasó de las sesiones golfas a prestigiosos festivales de cine.
Por otro lado, todo el petardeo que muestra la película, todo ese rollo de la movida madrileña y la trasgresión que pretendía el director y que en la época le valió alguna que otra reseña negativa, a día de hoy cobra mayor interés y es elogiable la valentía que demostró a la hora de romper con los arquetipos del cine español, exponiendo argumentos que  a día de hoy, con esta ola de pacatería, censura e ignorancia que impera en nuestra sociedad en tiempos en los que hacer una canción de protesta te pueden valer la cárcel, resultan edificantes y, en lugar de quedarse anticuados, que es lo que debería pasar, tienen más vigencia que nunca porque, apelando al tópico, “Laberinto de pasiones” es una película que a día de hoy no se podría hacer.
Los desfases homosexuales de Fabio McNamara, el travestismo punk del propio director y, sobre todo, las subtramas que tratan el incesto y la violación desde un punto de vista cómico, vistos  hoy me han resultado delirantes. Por otro lado, escenas improvisadas que se nota que lo están, resultan igualmente interesantes y divertidas.
También, el poco dominio de la narración por parte del director a favor de unas situaciones que ocurren sin más, son al final el punto fuerte de la película. Desmadrada, enloquecida y moderna, poco a poco, Almodóvar fue degenerando hasta pergeñar argumentos muy estándar para un público compuesto de señoras, curiosamente, pertenecientes a generaciones anteriores a la suya.
“Laberinto de pasiones”, entre otras subtramas menores, cuenta la historia del hijo de un jeque árabe que, atraído por el cosmopolitismo de Madrid en los ochenta, se lanza a vivir libremente su homosexualidad, hasta que conoce a Sexilia, la cantante petarda de una formación nuevaolera, ninfómana desde niña, de la cual se enamora.
Por otro lado, tenemos a un anciano que tras ser abandonado por su esposa toma una suerte de afrodisíaco que le pondrá a tono y aprovechará para violar a su hija mientras la trata como si fuera su propia esposa.
También tenemos tres árabes con la misión de encontrar al hijo del jeque, para uno de ellos, en una tarde de ligoteo, toparse con él y enamorarse sin saber de quién se trata.
Tras su estreno la película no resultó ser un bombazo precisamente, convocando poco más de 350.000 espectadores a las salas, pero, de igual modo que “Pepi, Luci Bom y otras chicas del montón”, se tiró en sesiones golfas una ristra de años. No en balde es uno de los títulos más populares de Almodóvar.
Curiosamente, en 1993, cuando el director ya era una estrella a nivel internacional, "Laberinto de pasiones" consiguió estrenarse en Reino Unido, donde permanecía censurada.
En el reparto tenemos a Imanol Arias en el que sería uno de sus primeros papeles relevantes en el cine y del que además decía que le había permitido penetrar en el universo Almodóvar, motivo este por el que estaba plenamente agradecido. Antonio Banderas, sosegado y comedido en su interpretación, debuta como chico Almodóvar para diez años después hacer las Américas y triunfar. Cecilia Roth en un papel muy de Cecilia Roth, anulando muy bien el acento argentino. Luis Ciges follándose a su hija, Marta Fernández Muro, más en su salsa que en una película de José Luis Cuerda y Fabio McNamara llevando el homosexualismo a la caricatura resulta desternillante, si bien ahora, reivindicando a Franco y su ultraderechismo, es aún más desternillante que antaño.
Estos primeros films de Pedro Almodóvar merecen la pena.

lunes, 17 de abril de 2017

EL HOMBRE OCULTO

Cuando en esos libros añejos que hablan de la existencia de un cine Underground Madrileño encabezado por la llamada “Escuela de Argüelles”,  citan títulos como este “El Hombre Oculto”, película genuinamente vanguardista y que en los setenta logró congregar en salas comerciales 5.387 espectadores, me pregunto hasta que punto es Underground el Underground cuando van al cine a verlo casi seis mil personas.
Como fuere, en cierto modo si que estamos ante una propuesta marginal para la España de 1970, más centrada en el cine de corte popular y con una platea poco dada a propuestas antiacadémicas, críticas y de corte surrealista –e intelectualoide- como la que nos propone Alfonso Ungría. Pero tal y como lo veo yo, ese número de espectadores, si aceptamos pulpo como animal de compañía, ínfimo para una película de los setenta adscrita al Landismo, si que es una cifra  como para que para una película a los márgenes de la industria haya significado un éxito. Un éxito dentro de lo que desde el momento de su concepción es un fracaso, sí, pero un éxito al fin y al cabo.
Sin embargo, yo creo que el Underground no debería existir con fines comerciales ni debe triunfar a mayor o menor escala; debe quedar aislado, oculto. En ese sentido, si que la obra de Alfonso Ungría es genuinamente Underground; después de su estreno, sus películas han sido absolutamente ilocalizables. Ni editadas en formato domestico alguno, ni  casi programadas en las televisiones, a no ser en algún pase golfo sin previo aviso. Al menos hasta entrados los noventa. Ha tenido que llegar la era de Internet, para que los curiosos podamos echarle un ojo a esas obras, en ripeos provenientes de infectas copias Italianas con subtítulos insertados.
“El Hombre Oculto”, su primer largometraje, quizás sea también su mejor película. El argumento es escueto; Un individuo, decide quedarse encerrado en su zulo después de la Guerra Civil, por miedo a lo que pueda pasar. Esa premisa le sirve a Ungría para hacer un alarde visual hasta entonces nunca visto en el cine Español, donde el abuso de una narrativa confusa, el recrearse con los macros y un lenguaje tan cinematográfico que casi prescinde de la historia para centrarse en el aspecto visua, son los elementos más destacables de esta cinta. Paneos locos y sin sentido, ángulos imposibles y un trabajo de dirección innovador pasaron inadvertidos incluso para los amantes de cine de arte, y sitúan a Alfonso Ungría como uno de los directores malditos de la historia del cine español. Su siguiente película “Tirarse al Monte” no pasó la censura y no llegó a estrenarse, para luego buscarse las habichuelas en la televisión, y posteriormente volver al cine esporádicamente en producciones mediocres y estándar, que no le llegan ni a la suela del zapato a esta “El Hombre Oculto”. Es dura de ver, como casi todo el cine experimental en el que al final lo interesante suele ser el concepto, efectivamente, pero muy sugestiva y estimulante. Y muy surrealista. Demasiado quizás. En cualquier caso, “El Hombre Oculto” sí me ha parecido una película valiente, osada y rara para el tiempo y época en que fue concebida. Si esta película se hubiera rodado en los ochenta, cuando ser Underground, vanguardisa – y/o heroinómano- era algo “cool”, quizás ya le habrían editado a Ungría un pack con su obra al completo por parte de Avalon o Cameo, como a sus coetaneos Arrieta o Portabella. Pero hasta ese punto es maldito Ungría. Ni por esas.
Como protagonistas, siendo todos semidesconocidos en aquél momento, tenemos a Carlos Otero, Mario Gas, Luis Ciges y unas jovencitas y guapas Julieta Serrano y Carmen Maura, cuando aún ni sabían en que se convertirían a posteriori, y con un aspecto muy deprimente, obviamente, por exigencias del extraño guion.
Para curiosos del cine y sus márgenes.

lunes, 16 de diciembre de 2019

TRÁGALA PERRO

Un curioso caso de “estafa” de finales del siglo XIX, cuyo eje central era una monja de clausura, la conocida como Sor Patrocinio “La monja de las llagas”, joven, muy guapa y presumiblemente lesbiana, que siendo muy amiga de la reina Isabel II. y cuya amistad la llevó a tener cierta relevancia en algunos asuntos de corte político, amanece un día con estigmas en las manos, pies, costado y cabeza. Decía que eran designios de nuestro señor, cuando, en realidad, se los había hecho ella, con mucha habilidad, únicamente para darse cera. En cualquier caso, mientras que es venerada por algunos, los más listos sospechan que esta monja les está tomando el pelo, motivo por el cual es enjuiciada, reconociendo ella más tarde la autoría de las llagas.
“Trágala, perro”, como si de un biopic de los que se hacen ahora se tratara, se centra en un momento concreto de estos acontecimientos, el perteneciente al juicio a Sor Patrocinio, desde que los médicos le examinan las llagas que en teoría son obra de dios, hasta si confesión, en un análisis objetivo del asunto que tampoco aporta demasiado. Es un muestrario de situaciones que no tienen mayor relevancia.
En cuanto a Sor Patrocinio, se trataba de una jeta de aquella época, como hoy lo son Paco Porras o Rappel, solo que, entonces, el caso de una monja que tenía las llagas de cristo impactaba más y, al haber menos cultura, la plebe respondía con mayor credulidad. Pero tampoco es un caso tan excepcional como para dedicarle una película entera. Entonces, esta se consume sin que te aburras... por los pelos, pero cuando acaba deja frío, con la sensación de que da igual haberla visto que no. Porque en el fondo una monja del siglo XIX que mentía nos importa tres cojones. Entonces, la película, formal y sin estridencias, no destaca demasiado en ningún aspecto.
Dirige el zaragozano Antonio Artero, cortometrajista que tuvo la opción de hacer algún que otro largometraje esporádicamente y ninguno de ellos ha sido lo suficientemente trascendente en general.
En el reparto, algunos doblados por actores de doblaje, otros por ellos mismos, tenemos a Amparo Muñoz, cuya adicción a la heroína ya era notoria y se le nota un poco en el rostro, Fernando Rey, que está ahí con cara de querer cobrar el cheque y marcharse a su casa, Lola Gaos, a la que reservan la mejor secuencia, cuando su personaje adolece de un tumor que es succionado por Sor Patrocinio, y Luis Ciges que pasaba por allí.
Para ver en una tarde tonta y borrar del disco duro.

viernes, 1 de mayo de 2015

PRIMERA AVENTURA DE PEPE CARVALHO: TATUAJE

“Tatuaje” sería la primera película de Bigas Luna y también la más desconocida, no obstante, y bajo mi punto de vista, estaría también entre las mejores. Y es que en “Tatuaje” está el mejor Bigas Luna, el Bigas Luna no tan conceptual, más arraigado al cine de género puro, pero, coqueteando con la vanguardia en algunos planos (sin ir más lejos, los títulos de crédito, rompedores, pero no eficaces en este caso; son más lentos que un día sin pan),  y también estaría el Bigas Luna más guerrillero y el más descuidado y chabacano, puesto que en algunos momentos, todo se torna cutre.
Para debutar en el largo opta por una cosa sencilla: Toma al personaje de Manuel Vázquez Montalbán, el detective privado Pepe Carvalho, y lo mete en una aventura detectivesca. El resultado es de lo más entretenido.
Un buen día, aparece en la playa el cadáver de un individuo que luce en el brazo un tatuaje que reza. “He nacido para revolucionar el infierno” y alguien, sin dar un por qué, contrata al detective Pepe Carvalho para que encuentre la identidad del individuo y quién lo mató. Pronto, nuestro detective se pone manos a la obra investigando y llegando con las pistas a Ámsterdam, para, finalmente, resolver el caso, no sin que la cosa se complique peligrosamente durante la investigación, a la vez que el hombre sigue haciendo su vida por el lumpen de las putas y el ping pong. Sorprende ver, lo en pañales que estaba en pleno 1976, año en que se rodó la película, el arte del tatuaje, en una época en la que solo se tatuaban los marineros y los macarras. Huelga decir, que todo el rollo de los Tatoos, es harto imprescindible en la trama de este film.
Bigas Luna nos muestra una película adscrita al “cine negro” despojándolo de todo el glamour del género, aquí no hay nada del Hollywood de los años cincuenta, aproximándose, sin embrago y en cierto modo al “Poliziesco” Italiano, mostrándonos personajes desagradables, sucios y sudorosos. Pepe Carvalho aquí no es un héroe, es un desgraciado, un mercenario que se mueve entre putas de la peor calaña y borrachos de vino de frasco, al que le limpian los zapatos limpiabotas que van más aseados que él.
Toda esa sordidez, la muestra Bigas Luna mejor que nadie, y luego se centra en hacer un producto altamente interesante y entretenido, pues por aquella época todavía no estaba viciado con los componentes que luego serían marca de la casa, como las escenas oníricas o los planos con alimentos mediterráneos y/o castizos como protagonistas.
Lo cierto es que la película está francamente maja.
Parte muy importante de la película es la soberbia banda sonora, una suerte de ritmos funkorros y jazzis, setenteros y agresivos, compuestos por Joan Albert Amargós, y que otorgan un ritmo de cojones a la película, aún cuando lo filmado va más bien despacito. Un musicón de órdago, señores.
Luego, curiosamente, junto a Luna, firma el guión nada menos que José Ulloa, que ya le pegan este tipo de productos. Lástima que no tuviera la pericia de Bigas Luna en la dirección.
En el reparto tenemos a Carlos Ballesteros (“Nunca en horas de clase”, “El Mirón”) que interpreta a Pepe Carvalho bastante creíblemente, secundado por Pilar Valázquez (“El Cristo del océano”, “Yo los mato, tú cobras la recompensa”), Mónica Randall, Luis Ciges o una joven y tetuda Teréle Pavez.

viernes, 17 de abril de 2015

ODIO MI CUERPO

Lo que León Klimovsky nos ofrece con esta película, es una historia de planteamiento del todo descabellado, a la par que interesante, para luego, una vez pasado ese planteamiento, ir descendiendo el interés de lo que se nos cuenta hasta importarnos un pito todo el conjunto. Y es que, bajo una fachada de cine fantástico rudo, lo que aquí tenemos es un panfleto pro-feminista de aquellos de “ponte en mi lugar”, que quizás en el año 1974 resultase rompedor, pero hoy en día es de lo más exagerado y poco creíble. Cada hombre que aparece en esta película es poco menos que un criminal sexual, a la vez que cada mujer que aparece (excepto la protagonista y ahora verán el por qué) es una retrasada mental.
Un individuo bastante mujeriego conoce a una mujer en una fiesta loca. Gracias a los efectos del alcohol, tras la fiesta, acaban teniendo un accidente de tráfico que les dejará los órganos internos bastante jodidos. Sus cuerpos dan a parar a manos de un científico loco que hace un trasplante de cerebro, es decir, el cuerpo de ella está intacto, pero tiene serios daños en el cerebro, mientras que el cuerpo de él está destrozado, pero su cerebro perfecto; así pues, le ponen el cerebro de él, en el cuerpo de ella.
Una vez adaptado el cerebro al cuerpo, este individuo tiene que hacer su vida lo mejor posible y resolver sus asuntos pendientes como hombre, cosa esta que, al ser mujer, no será tan fácil ya que tendrá que soportar los envites de aquellos que se la quieren follar (o sea, todos los tíos que se cruzan en su camino) y consentir la discriminación en el terreno laboral. Sin embargo, a la hora de seducir a alguna señorita, el problema no es que estas quieran o no, que quieren, el problema es que no puede penetrarlas…
La verdad es que arranca muy bien, como una película de corte fantástico. Y lastima que sigan por ahí los derroteros, porque justo en el momento en el que nuestro protagonista asume que está encerrado en un cuerpo de mujer y se escapa del hospital donde le han encerrado, la cosa ya me da exactamente lo mismo y me aburro, pero por el contenido social que se empeña en ser, sin llegar a serlo tampoco. Una lástima. Con todo, está entretenidilla. Y, como no, el humor involuntario hace de las suyas en mayor o menor medida.
En el reparto tenemos a Manuel de Blas (“Y si no, nos enfadamos”) dando vida al protagonista cuando es hombre y  Alexandra Bastedo (“Cabo de Vara”, “Batman Begins”) cuando es mujer, dando una interpretación muy convincente, con esas caras de asco cuando algún macho le toca, porque, claro, está interpretando a un hombre, y  la verdad es que lo hace muy bien. Secundándolos tenemos a Narciso Ibáñez Menta y Gemma Cuervo como los dos locos que trasplantan cerebros, Manolo Zarzo que ante la negativa a follar de nuestro/a protagonista entra en cólera, como es natural (irónicamente, lo digo), Eva León, Blanca Estrada, José Riesgo, Álvaro de Luna o Luis Ciges.
Klimovsky es conocido por dirigir “La noche de Walpurgis” entre otras películas de Paul Naschy, ser uno de los nombres visibles de nuestro “Fantaterror” y ser un director, a todas luces, sobrevaloradísimo.

miércoles, 27 de junio de 2012

HIERRO DULCE

Extraña película española datada en los años ochenta y dirigida por el enigmático Francisco Rodríguez Fernández, que sin subvenciones y parida en ese periodo de transición que separa el cine español popular del cine español impuesto por Pilar Miró, nos ofrece una historia distinta a lo que la pantalla autóctona nos tenía acostumbrados por aquel entonces. Aun con algún ramalazo a lo “Cine Quinqui”, no sabría como etiquetarla. Sin serlo, ni tan siquiera pretenderlo, el tufillo que suelta a cine “Post apocalíptico” deja en el espectador un raro sabor de boca.
Alentado por su padre, un individuo se ve obligado ha hacer un extraño trueque. Tiene que intercambiar un maletín lleno de dinero por algo que en ningún momento se nos revela. Seguimos sin saber muy bien qué ocurre, pero el intercambio se trunca. Durante la vuelta a casa del protagonista, un niño armado con bardeo, se cuela en su coche, y bajo amenaza, ya que este huye de dos quinquis, le hace conducir hasta una explanada del extrarradio Madrileño (luego sabremos que se trata de Getafe). Allí, es medio secuestrado por el abuelo del niño, quien quiere la ayuda de este individuo, ya que es ingeniero, para poner en marcha una fabrica de clavos que está construyendo a base de chatarra. Y durante el periplo, el tipo se verá envuelto en las más variopintas situaciones.
Una película atípica, sencillita, de bajo presupuesto pero efectiva, que cuenta muchas cosas, pero a la vez no cuenta nada, que vemos con agrado y siguiendo las situaciones, entreteniéndonos durante el trayecto.
Porque al final, sin ser una comedia, ni un drama, ni una película de acción ni nada de eso, la atmósfera malsana del descampado donde transcurre, y la sensación de desasosiego que nos trasmite el protagonista, que por más que lo intenta no logra escapar de allí, resulta ser lo importante, más incluso que la historia, y por lo que a mí respecta, me quedo altamente satisfecho tras su visionado.
En el reparto, el inmenso Emilio Gutiérrez Caba, Eduardo Calvo, Enma Suarez, jovencísima y mostrando sin pudor un cuidado felpudo negro y unas enormes tetas (pero inmensas) que la convierten en oscuro objeto de onanismo colectivo. Lola Gaos, Luis Ciges; Aldo Sambrell y el hijo de Manolo Zarzo, David Zarzo, que a medida que se hacía mayor, iba empobreciendo como actor. Casi ná.
Por supuesto, el cartel es tremendamente engañoso y hay muchos de los personajes que aparecen en este, que no lo hacen en la película.

lunes, 4 de enero de 2016

BAJO EN NICOTINA

Raúl Artigot, uno de los mejores directores de fotografía del cine español, del cual se decía que sacaba a todas las actrices guapas –incluso cuando no lo eran- falleció recientemente. Y pudo irse  a la tumba bien tranquilo, porque lo cierto es que tiene un currículum impecable como director de foto –las mejores películas del tandem Pajares/Esteso/Ozores están iluminadas por él, entre otras muchísimas- , y una escueta pero interesantísima carrera como director que voy a pasar a reseñar por aquí durante los próximos días. Y comenzamos por el final con la ultima película que dirigió (y escribió, que también era autor), una película que para mí ha sido todo un descubrimiento y que, desde ya,  pasa a formar parte de mis favoritas del cine español.
“Bajo en nicotina”, basada libremente en la novela “El Angel Triste” de Carlos Pérez Merinero cuenta la historia de un cinéfilo totalmente metido en el mundo del vídeo domestico, que alquila sin orden ni concierto cintas betamax en el videoclub y que mantiene una relación un tanto turbia con la dependienta de una perfumería, mientras maldice su suerte porque las continuas peleas de la pareja del piso de al lado, no le permiten ver las películas tranquilamente. Un buen día, sin motivo aparente, la cosa se va complica de manera sorprendente en la vida de este individuo, y no puedo seguir contando más porque esto daría lugar a spoilers que destrozarían la película, cuya manera ideal de disfrutarla, es verla sin saber muy bien de que va la cosa, tal y como a mí me ocurrió.
Podemos decir que se trata de una película amateur rodada en 35 mm. y con posterior distribución en cines. Cine aficionado realizado por un currela del cine, que utiliza muy bien utilizados sus casi inexistentes medios para crear una obra que se acerca a la vanguardia por como se utilizan esos pocos medios; sería vanguardia accidental, por llamarlo de algún modo. La ambientación, la inquietud que trasmiten muchos de sus planos, nos recuerdan al “Arrebato” de Zulueta, sin pretenderlo en absoluto Artigot, ya que, nada más lejos de su intención, esto sería una suerte de melodrama, quizás de comedia negra cuyas influencias más inmediatas, no son, desde luego, el cine de vanguardia y/o experimental; son en cine de género. Pero la pobreza de medios, la hacen parecer una turbia película experimental, casi underground, meramente “Trash”.
Aquí  no hay más que una cámara de 35 mm., las facultades como director de fotografía de Artigot y una serie de actores trabajando en su película prácticamente gratis.
Claro, Artigot, tras tantísimos años trabajando en el cine español, hizo amistad con sus estrellas más rutilantes, y al rodarse la película en 1984, en Madrid y con papeles protagonistas para Oscar Ladoire, Silvia Munt, Antonio Resines o Asumpta Serna, actores estos asociados a aquel movimiento ochentero y medio intelectualoide que llamaron “Nueva Comedia Madrileña” y que cultivaban directores como Fernando Trueba o Fernando Colomo, le colgaron a “Bajo en nicotina” el San Benito de pertenecer a dicho movimiento, cosa que cabreó a Artigot negándolo rotundamente, afirmando que todo eso son gilipolleces, y que su película en todo caso, sería una comedia despiadada y carente de toda moral, una exhibición de cinismo con las miras más puestas en Fassbinder que en cualquier comedia Madrileña contemporánea.
Sea como fuere, el aprovechar de esa manera los pocos medios de los que disponía, el no querer abarcar más en una producción con tres pesetas (un mal muy común en las pelis españolas de bajo presupuesto), esa coherencia, y lo entretenida y fascinante que resulta visualmente la película, le otorgan un estilo único y propio difícil de ver en cualquier película española de cualquier época.
Artigot, cuando escribía el guión, tenía en mente que la protagonizara José Sacristán – que finalmente aparece en la película, a través del televisor donde el personaje de Ladoire devora películas alquiladas en un videoclub-, pero el actor, que ya iba adquiriendo prestigio y pedantería, rechazó el papel alegando que no le gustaba el personaje, que, en definitiva, era muy cruel, misógino e hijo de puta y no quiso interpretarlo. Yo creo que mejor con Ladoire.
La película consiguió discreta distribución en salas de Madrid y Barcelona donde la vieron cerca de 80.000 espectadores, lo que ya resultó rentable, y más todavía en su explotación en vídeo donde funcionó más que bien.
Junto a los ya citados, tenemos en el reparto a un inquietante Paco Cecilio, Luis Ciges, Chus Lampreave, Guillermo Montesinos o Emilio Fornet. Ahí es nada.
Una auténtica maravilla.