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martes, 14 de enero de 2025

NI TE CASES NI TE EMBARQUES

Cuando se habla de la primera película para lucimiento de Martes y 13 en formato trío, “Ni te cases ni te embarques”, se tiende a decir que es malísima y no hace honor al talento del grupo. A mí de chaval me encantaba, años después me pareció floja y anoche me volvió a parecer genial. Esto va como va.
Desde luego es graciosa y está entretenida, si bien es cierto que es una de esas películas que vende a su trío protagonista, en principio alejado del cine y, una vez se tiene el cartel que los anuncia, el producto resultante es lo de menos. Por eso, en el montaje hay secuencias que no tienen continuidad o que, directamente, se pasan la narración por el forro de las pelotas, porque la historia en el fondo da lo mismo.
No obstante,  me resulta una película curiosa y, fríamente, sentencio aquí que se trata, sin duda alguna, de la mejor de cuantas hicieron Martes y 13, muy por encima de “La loca historia de los tres Mosqueteros” de mi amado Mariano Ozores y, por supuesto, sustancialmente por encima de esos dos despropósitos de Álvaro Sáenz de Heredia que son “Aquí huele a muerto (Pues yo no he sido)” o “El Robobo de la Jojoya”, que, siendo más actuales que la que nos ocupa, sobreviven peor al implacable paso del tiempo. De chaval más o menos me gustaban ambas, pero vistas hoy… las películas de Martes y 13 como dúo son lo peor de lo peor, carentes de gracia y con una sobredosis de chascarrillos propios de los humoristas que ya son de otro tiempo (ergo, no funcionan).
Sin embargo “Ni te cases ni te embarques” aguanta algo mejor por varios factores, a saber; su intencionalidad. Quizá las películas al servicio de humoristas son un producto que se explotó más en los 90, por lo que en “Ni te cases ni te embarques” todavía no existía del todo ese pensar de convertir secuencias directamente en sketches, así, en lugar de tener una película de Martes y 13, tenemos a Martes y 13 en una película. Se trata de uno de esos films concebidos por Bermúdez de Castro para forrarse que, sí, está protagonizado por Martes y 13, pero que funcionaría igual de bien protagonizado por Antonio Ozores, Juanito Navarro o Raúl Sender, por ejemplo. Es ese tipo de cine de comedia español de los 80, solo que con el aporte juvenil y gamberro de Josema, Millán y Fernando.
Por otro lado, el estilo de los humoristas aún no se había definido del todo en 1982 —estaban empezando en verdad—, no eran ese muestrario de tics y chascarrillos que volvía loca a toda España y, aquí, podemos decir que más que haciendo humor, que lo hacen, están asumiendo la faceta de actores que coleaba desde sus inicios. Martes y 13 venían de tener una formación actoral, pero, sin duda, el que más se luce en esta película como tal es Fernando Conde, que se come a los otros dos caricatos con patatas. Asimismo, tenemos a un todoterreno tras las cámaras como es el director Javier Aguirre, rentando su profesión con las películas de Parchís en ese momento, haciendo un break para una cosa un poco más pequeña destinada a los cómicos de moda, mientras que en su tiempo libre le da a lo que realmente le gusta, que es el cine experimental. Tiene un guion endeble que él no ha escrito, pero coloca la cámara donde toca y dirige a los actores de manera más bien correcta, sin que se le rasguen las vestiduras por ello y sin hacer ningún esfuerzo. Otra cosa es que en el montaje hicieran el desbarajuste maravilloso que es esta película a nivel argumental, cuyo resultado el espectador no tiene en cuenta porque, al fin y al cabo, y aun siendo más cine que otras muestras posteriores del subgénero, el público natural, que es España entera, disfruta de los parabienes de Martes y 13 en una película.
Otro punto a favor, y que también se estilaría en productos del mismo corte a posteriori, es que, aunque es una película al servicio de unos cómicos muy famosos, se aprovecha para introducir a otros menos populares. Así, si en los vehículos para lucimiento de Chiquito de la Calzada teníamos a Bigote Arrocet acompañando al malagueño, en esta tenemos a una estupenda Beatriz Carvajal absolutamente desmelenada, interpretando a una gallega como ya solía hacer en sus intervenciones televisivas de la época. Añádanle una suerte de reparto de actorazos de primer orden haciendo los roles secundarios, como puedan ser Agustín González, Amparo Soler Leal, Alejandro Enciso o Luis Barbero. También tenemos por ahí a un niño pequeño que molesta a nuestros protagonistas y no es otro que Juan Diego Botto.
O sea, que al final "Ni te cases ni te embarques" se prodiga como una película muy divertida y desenfadada con la que uno se echa unas risas.
Aludiendo a la picaresca española, la cosa va de tres jóvenes parados que, para subsistir, tienen que recurrir a pequeños timos que siempre les salen mal. Hasta que un buen día, tras una serie de circunstancias, deciden abrir una agencia matrimonial, la excusa perfecta para que se sucedan toda suerte de disparatadas situaciones. No hay más.
Tontorrona y facilona, la película contiene desde gags muy graciosos hasta otros bastante vergonzantes, pero siempre dentro de un campo de acción agradable y entretenido, que se torna genial cuando roza lo políticamente incorrecto —mezclar un mismo gag discapacidad y homosexualismo, como sucede en un determinado momento,  no es moco de pavo — y eso que del humor del grupo no hay más que pinceladitas.
Se estrenó en el mejor momento de Martes y 13 como trío (antes de convertirse en fenómeno social tras la marcha de Fernando Conde) y llevó a los cines a una marabunta de personas, casi 800.000, sin que la película llegara a trascender en el imaginario popular como sí lo hicieron las que vendrían ya en su época de esplendor. Asimismo, Millán, en sus memorias “En mis 13”, decía que no se había hecho buen cine para Martes y 13 y esta película era una muestra de lo poco que se confiaba en ellos para el medio, diciendo que no les dejaron meter mano ni en el guion, ni en la dirección, ni en la elaboración de gags… ahora les digo yo ¿no presumís de que erais actores? Pues ahí tenéis una película en la que interpretáis, hacéis humor, y la paleta de colores es tan amplia que os desenvolvéis con trabalenguas, slapstick , humor visual y textual, por obra y gracia del equipo del señor Bermúdez de Castro, que por aquella época ya viajaba en "Rolls Royce". Yo creo que es un trabajo del que sentirse orgulloso más que del que renegar visto lo visto.
A reivindicar y redescubrir como la estupenda obra de derribo que es.

lunes, 27 de marzo de 2023

LA CORTE DE FARAÓN

De 1910 data la opereta, zarzuela, o musical —llámenlo como quieran— “La corte de Faraón”, escrita por Miguel de Palacios y Guillermo Perrín y con música de Vicente Lleó.
Se trata de una obra absolutamente inofensiva ambientada en Egipto y cuyos numeritos musicales recuerdan más a una revista de vodevil, que a una epopeya bíblica, y la característica principal de “La corte de Faraón” consiste en unos numeritos musicales picantones en cuyas letras abundan los dobles sentidos y las insinuaciones sexy por parte de las vicetiples que los interpretaban. La cosa, hablando en plata, va de un pastor virgen, un meapilas llamado El casto José, al que se quieren tirar todas las mujeres que se cruzan en su camino. Una chorradita que servía para entretener al público aunque, dicen, verdaderamente contenía mensajes velados de alto contenido político.
Años después de su estreno, la censura decidió prohibir directamente la obra, porque, según ellos, era un canto a la concupiscencia que se mofaba del caudillo, del orden establecido e incluso de Dios. En consecuencia, la obra no se volvería a representar durante años.
“La corte de Faraón” cobró su fama de manera incluso internacional, motivo por el que se adaptó al cine en México donde no vieron ningún comportamiento ácrata en la misma, en un film del año 1944 dirigido por Julio Bracho y para el lucimiento de primeras figuras mexicanas de la época.
Y por fin llegamos a la película española de gran éxito en el momento de su estreno, 1985, que en lugar de adaptar directamente la obra, recrea una situación en la posguerra  en la que un grupo de teatro representa “La corte de Faraón” sin haber pasado previamente la censura. Un censor del clero que se encuentra en el teatro, denunciará la situación, y la policía se llevará a toda la compañía detenida. En comisaría, el comisario les irá interrogando con el fin de averiguar si la obra que han interpretado es o no es antifranquista.
Se trata de un intento por parte de José Luis García Sánchez de emular, como viene siendo habitual en la mayoría de sus películas, el cine de Luis García Berlanga, compartiendo pluma con Rafael Azcona y rodeándose de la creme de la creme del cine español en lo que a actores se refiere.
Pese al enorme éxito de su momento y ese reparto absolutamente maravilloso — a saber: Fernando Fernán Gómez, Agustín González, José Luis López Vázquez, Antonio Banderas, Luis Ciges, Quique Camoiras, Juan Diego, María Luisa Ponte y Antonio Gamero (además de la repelente de Ana Belén)— no es una película que haya resistido bien el paso de los años y la cosa se torna rancia, desfasada y salvo algún momento francamente divertido (como la escena del “descapullamiento”), con tanto numerito musical de corte popular y un montaje tosco que tira de flashback al corte — por lo que a veces cuesta un poco detectar si es un flashback o si es que está avanzando la historia—, acaba resultando un poco pelma. Y es que, desengañémonos; la obra de “La corte de Faraón” de los años 10, opereta, tan atrevida y osada, tan política que la censura tuvo que prohibirla, como la zarzuela, la copla o la música ligera es un género muerto, de otra época. Y quizás en 1985 todavía quedaran generaciones del pasado que supieran apreciarlo o modernos del momento que lo reivindicaran por esnobismo, pero, a mí en la época, siendo niño (y ahora en mi mediana edad) me parece completamente insoportable. Entonces, una película que incluye en su metraje la obra completa original ocupando un 75% de la misma, se pueden imaginar ustedes lo desesperante que se me puede llegar a hacer. Se soporta, como ya he dicho, gracias a los momentos divertidos de entre medias, que son los menos.
Realmente lo que me ha instado a revisar una película que no me ha gustado nunca especialmente, es la lectura del libro “No se lo digas a nadie: Historias secretas de Martes y Trece” en el que cuentan que esta película aparece en sus vidas justo en el impás que sufrieron cuando convinieron que Fernando Conde abandonara la agrupación cómica para irse a hacer teatro. Como Josema y Millán se consideraban actores antes que cómicos, y como estaban en un momento de gran popularidad y decidiendo que hacer con Martes y 13 tras la marcha de Fernando, García Sánchez les ofreció un papel en la película. Pero hay algo que no cuaja, porque Josema tiene un papel de gran importancia, casi de protagonista, mientras que a Millán se le concede uno nimio, casi en calidad de extra —no me quiero imaginar el cuadro de envidia y la lucha de egos de esos dos durante la filmación—. Y, quizás por el nivel de los actores que tienen a su lado, sus presencias se antojan sosas, incluso molestas. Es una lástima, pero “La corte de Faraón” es la muestra de que ni Josema ni Millán son buenos actores si los sacas de sus roles de Martes y 13. Se supone que sus papeles en esta película servían para desmarcarse un poco de su imagen de humoristas, para ver sí podían ganarse la vida como actores si finalmente Martes y 13 desaparecía, pero ninguno de los dos puede abandonar los tics, muecas y gestos que les hicieron populares. Josema actúa como en un sketch cualquiera de sus especiales televisivos, mientras que a Millán, que sale poco, tienen que eliminarle en montaje el exceso de “millanadas” que, intuyo (y se nota además), a buen seguro hizo durante su interpretación, incapaz de olvidarse de que era Millán.
Por suerte para ellos, poco después del estreno de la película, se decidieron a continuar con Martes y 13 sin Fernando y, en el especial de fin de año no se les ocurrió otra cosa que inventar in situ el sketch de “La empanadilla de Móstoles”. El resto es historia. Y como fuera, lo cierto es que mientras que el dúo permaneció en activo, el cine español no les volvió a ofrecer una película (con excepción de las concebidas para su lucimiento como cómicos). Y con la disolución del grupo… casi tampoco. He dicho casi.

viernes, 11 de julio de 2014

SENTADOS AL BORDE DE LA MAÑANA CON LOS PIES COLGANDO

Película rara donde las haya, producto de una transición terrible, unión artística  incomprensible para mí, a todos efectos, pero por otro lado, filme que me resulta interesantísimo (al menos el hecho de que esto exista) por lo bizarro de la propuesta; Se trata de una película protagonizada por Miguel Bosé y “Martes ytrece”, que curiosamente, no se trata de un vehículo para el lucimiento del primero como cantante, ni de los segundos como humoristas, sino que se trata de una película en la que son actores, sin más.
Eso si, la película entera es una idea de Miguel Bosé y unos cuantos amigos progres.
Miguel es un joven que un buen día da una patada a una casa abandonada, y una vez dentro se trae a sus amigos artistas quienes la reformarán con el fin de convertir aquello en un centro cultural donde harán teatro para el barrio, servicio de bar, etcétera. El como se desenvuelven en el día a día, las disputas entre ellos, y, lógicamente, el como esquivan los envites del ayuntamiento que les quiere desalojar, conforman  el grueso del argumento. Obviamente, estamos ante una película sobre ocupas de la época, finales de los setenta. Es decir, hippies. Todavía no habían llegado a españa los movimientos punk y/o Sking Head.
Un argumento extraño en una película de desarrollo lento, en el que se imponen largos planos secuencia donde, claramente, los actores están improvisando. Diálogos interminables en los que se apuesta por un estilo de actuar “natural”, que es por el que abogan hoy en día todos esos actorcillos de tercera que pululan por ahí, y que no les sale ni la mitad de bien que a Miguel Bosé, Josema, Millán y Fernando. Míticos se me antojan esos monólogos de Miguel Bosé con tantas frases que se nota que son de su cosecha. El delirio absoluto.
Pero aparte del extraño argumento ¿Qué pintan ahí Martes y trece? Pues resulta, que si a día de hoy se trata del grupo cómico más popular que existe en España, es gracias a Miguel Bosé, que estando desde sus inicios en la cresta de la ola de la popularidad, un buen día vio al grupo cómico – que eran tres- actuando en alguna parte y decidió que, a esos tres tíos tan graciosos que había conocido, tenía que ponerlos en el mapa. Así que, si, Bosé es el descubridor de “Martes y Trece” e intuyo que, siendo esta película al fin de al cabo un caprichito de la estrella musical, a la hora de elegir a los actores, incluyó como compañeros de reparto a su nuevo descubrimiento, sus nuevos amigos: Millán Salcedo, Josema Yuste y Fernando Conde, que sin ser todavía “Martes y Trece” en la película ya realizan, en lo alto del escenario de la casa ocupa, alguna que otra actuación al estilo que les hiciera famosos. No obstante, no quedaba mucho para que el grupo cómico se hiciera  popular en televisión, lo que conllevó que tras el estreno de la película en cines, en cuyo cartel no salían acreditados como “Martes y Trece”, sino con sus nombres,  en posteriores ediciones del soundtrack o de la cinta en vídeo, ya si aparecieran en el cartel como formación. Huelga decir, que todavía no eran conscientes de la que se les avecinaba, y todo gracias al empeño de Miguel Bosé en llevarlos al estrellato.
“Sentados al borde de la mañana con los pies colgando”, supuso la primera aparación oficial del grupo, dentro de una pantalla.
A Josema Yuste, todavía le dio tiempo después de hacer otro papel en la ignota “Cocaína” antes de dedicarse al 100% al grupo cómico por el que hoy es famoso.
Junto a ellos, en el reparto, Quique San Francisco, LuisCiges o Fernando Colomo, improvisando todos como alma que lleva el diablo.
En cuanto a la película, salvo por estas curiosidades y por el hecho de que improvisan todos que da gusto, es bastante coñazo e insufrible. De hecho, en la época, aún contando con un valor en alza como era Miguel Bosé como perpetrador y protagonista, la película pasó bastante inadvertida metiendo en las salas poco mas de 120.000 espectadores, lo que para los tiempos que corren, quizás sería un taquillaza, pero en aquellos tiempos, rara era la película de corte popular que no sobrepasaba los 600.00 espectadores, cifra esta que solo alcanzan hoy en día películas tipo “The Amazing Spider-man 2”.
Tras este inciso, decir que la dirección recae en manos de Antonio José Betancor, director que tampoco es que se prodigara demasiado, pero que dejó para el recuerdo clásicos de nuestro cine tan reputados como “Valentina” o su continuación “1919 Crónica del alba”, películas ambas de las que guardo un grato recuerdo. Y no dirigió mucho más depués de eso.
En definitiva, “Sentados al borde de la mañana con los pies colgando”, no es más que un capricho burguesito de Miguel Bosé, que en su afán de resultar moderno y revolucionario, ideó esta película de mensaje utópico y comunista.
Por otro lado, decir que el desenlace de la película me llena de hiralidad y de nostalgia, ya que este está rodado en los Castillos de San José de Valderas en Alcorcón, que veo a diario durante mis paseos, y rodado durante una época en la que estaban abandonados, y en la que cualquiera podía pasar a su interior, prácticamente derruido, precisamente por no tener dueño. Lo que evoca directamente a mi infancia en la que, con amiguitos del barrio, explorábamos el interior de estos castillos. Pero la nostalgia no es suficiente para juzgar benévolamente esta morralla.
Malísima… pero ignota.

lunes, 21 de marzo de 2016

DE HOMBRE A HOMBRE

La transición, los ochenta, fueron sin duda una buena época para el cine español. Una época dónde lo que se imponía en el cine era la comedia porque, de siempre, y hasta los noventa, era lo que se nos daba bien en este país.
Por un lado teníamos a Mariano Ozores, Pajares y Esteso, llevando a millones de espectadores, al pueblo llano, a las salas a la vez que “El nuevo cine Español” capitaneado por Colomo y demás, se abría paso a codazos con sus aires progresistas y culturetas, mirando por encima del hombro ese cine populachero y comercial pero, ni por asomo, llegando a las cuotas de pantalla como si llegaban las comedias de Ozores –y clones- .
Sin embargo, entre medias, había otro tipo de comedia muy de los 80 que no dejaban ni un duro en pantalla, pero que eran verdaderamente entretenidas, e incluso, si buscamos bien, superiores a muchas de ambos subgéneros imperantes antes nombrados.
Películas como “La Miel” de Pedró Masó, “El poderoso influjo de la Luna” de Antonio del Real, entrarían junto con esta “De hombre a hombre” dentro de ese subgénero mediano.
Y quizás como consecuencia del éxito de aquellas películas protagonizadas por el niño Lolo García –y en particular la títulada “Dos y dos, cinco”, pese a que no fue un taquillazo-  Tito Fernández se dirige un guion de Joaquín Oristell, en el que se le coloca como compañero de tropelías de Fernando Fernán Gómez, al niño Jorge Nogera, ni la mitad de guapo, salao y gracioso que Lolo García y se cuenta la historia de un anciano que ante la irremediable decisión de sus familiares de meterle en el asilo, decide fugarse y vivir de ocupa en Galerías Preciados de Madrid (lo que ahora es la Fnac). Por otro lado, como sus papás curran demasiado y parece que no le hacen mucho caso, decide escaparse cuando le llevan de compras a dichos almacenes comerciales, quedandonse dentro del edificio y entablando amistad con el anciano. Un grupo de carteristas capitaneado por Fernando Conde –el tercero de “Martes y 13” que tenía un gracejo increíble y que no tuvo suerte en el cine tras su salida del grupo cómico. Demasiado encasillado, quizás- y un Súper Héroe llamado Silvestre Tex, serán parte importante de una trama en la que el niño protagonista, acaba siendo secuestrado.
Lejos de ser cine infantil ya que está destinada a un público meramente adulto, si que formaría parte de ese subgénero tan de la época al que llamaremos “pelis de niño con viejo” al que también se adscribiría, por ejemplo “Mi amigo el Vagabundo” de Jacinto Molina.
Se trata de una película muy agradable y entretenida, que al contrario que sus coetáneas, apenas congregó 40.00 espectadores a las salas, que hace pensar, como si de un abuelo cebolleta me tratase, que los ochenta fueron unos años de gran creatividad que dio a nuestra cinematografía un tipo de cine único, que jamás volveremos a ver. Y es que lo de ahora… pues como que ni de forma, ni de modo.

viernes, 25 de junio de 2010

SÚPER SELECCIÓN


¡Esto sí que es una selección, y no la mierda esa que tiene el seso sorbido a todo el planeta!
Arriba, de izquierda a derecha: Simón Cabido (Doña Croqueta), Josema Yuste, Eloy Arenas, Raúl Sender, Andrés Pajares, Alfonso Lusson y Luis Sánchez Polak "Tip".
Abajo, de izquierda a Derecha: Juanito Navarro, Fernando Conde, Fernando Esteso y Jose Luis Coll.

viernes, 28 de mayo de 2021

EL INQUILINO

José Antonio Nieves Conde,  militante de la Falange Española, también era un intelectual de la época que se dedicaba al cine, y, como tal, dejaba entre ver ciertos ramalazos progresistas en sus películas que, pese a su condición política, le trajeron no pocos problemas a la hora de exhibir en salas. Lo demostró en “Surcos” y, de manera más evidente, en esta “El inquilino” protagonizada por un estupendo Fernando Fernán Gómez que va para arriba y para abajo durante toda la película.
La premisa es sencilla. Un matrimonio con cuatro niños pequeños es desahuciado cuando el edificio en el que habitan va a ser derribado. Esto obligará a Evaristo a buscar un piso lo antes posible. El problema está en que con el sueldo que tiene, aun pluriempleado, no le llega para pagar el alquiler de algo medianamente digno. El grueso de la película lo conforma el cómo Evaristo se las ingenia para conseguir un trabajo que haga aumentar sus ingresos y cómo se las apaña para conseguir algún tipo de vivienda.
Obviamente se trata de una comedia de corte social  de las que se estilaban en la época, que arremete contra la especulación del suelo y denuncia la precaria situación a la que se han de enfrentar los curritos a la hora de establecer un domicilio. En la comunidad cinéfila, “El inquilino”, ha trascendido por eso mismo, por el contenido social, el lúdico no lo llegan ni a tener en cuenta, es como si la calidad de un producto se midiera en función al mensaje que transmite. De hecho, leer las comparaciones con “El Pisito” por parte de los plumillas esnobs de siempre  me resulta un cliché, porque, salvo por la crítica social que vierte esta película —que es mucha— ni de coña Nieves Conde era Ferreri, ni tenía la visión e inventiva de este. Ambos directores se encuentran en las antípodas uno de otro.
La otra puta mierda que dicen los cinéfilos es esa obviedad que reza que la realidad que refleja esta película sigue vigente a día de hoy. Probablemente sea cierto, pero,  si sigue vigente o no, me da absolutamente lo mismo, es irrelevante a la hora de calibrar una comedia. Como si ahora tuviéramos que comprar viviendas en Marte, me la suda.
Lo cierto es que “El inquilino”, es una película española de 1958 del montón, ni muy buena, ni muy mala; correcta, con momentos que francamente son divertidos —como cuando Evaristo cree que un gitano está poniendo su chabola en venta y le pide precio— y otros que hacen que la película entre en bucle —la corrida de toros del final—. En resumidas cuentas, una película que sirve para echar un ratillo. Sin más.
Más interesante resulta el trato que el film recibió por parte de la censura franquista, que vio herida su susceptibilidad precisamente por el mensaje que suelta (y de ahí el que haya trascendido). Tras su estreno en 1958, “El inquilino”, fue retirada por el régimen porque se estaba programando en las salas una película que resultaba subversiva. Nieves Conde tuvo que rodarle un nuevo final feliz, así como someter el metraje a diversos cambios y cortes y, así, pudo reestrenarla al gusto de la censura en el año 1963. Esa versión manipulada es la más común y corriente, la que durante años se ha proyectado en televisión y la que ha visto el público mayoritario que, aun saneada, sigue soltando exactamente el mismo mensaje, y sigue denunciando la especulación inmobiliaria. Vamos, que al final, daba lo mismo haber estrenado esta versión que la otra. Por otro lado, el corte original de 1958, fue recuperado por el equipo de documentación de  Radio Televisión Española y, asimismo, se emitió en televisión. De hecho, es una de las versiones que circula por Internet para descargarse.
Como sea, cualquiera de las dos versiones sirve para, como he dicho antes, entretenerse un rato con una comedia española muy del montón.
Ustedes mismos.

lunes, 14 de julio de 2008

LA LOCA HISTORIA DE LOS 3 MOSQUETEROS

Es muy posible que esta reseña le pegue más a mi compañero Víctor que a mi, por su fanatismo hacia el director de la misma, Mariano Ozores. Sin embargo, tras debatirlo durante horas con ayuda de café y tabaco, decidimos que me encargaría yo, por dos motivos, uno, variar, dos, que fui devoto fan de sus protagonistas, Martes y 13 (aunque más en su reencarnación como dúo, todo sea dicho).... y, joder, porque al fin y al cabo el cine de Ozores también me gusta y le respeto mucho como creador.
Corrían inicios de los 80. Mariano había pegado muuuy fuerte con su "Cristobal Colón, de oficio descubridor", y en España se pusieron de moda las parodias de época con aires a lo "spoof movie" (con, probablemente, Mel Brooks a la cabeza). Ahí están títulos como "Juana la loca... de vez en cuando" o "El Cid cabreador" para corroborarlo. Precisamente, el mismo año de producción de estas, 1983, Ozores firma "La loca historia de los tres mosqueteros" (un título menos cañí y más propio de Hollywood... o de los títulos que en España se le ponían a las comedias gamberras yankis. El original, finalmente cambiado por imperativos comerciales, era el vistoso "Los Tres Mosqueteros... y pico", lástima que no lo usaran), moviéndose de nuevo en el terreno de época, repleto de anacronismos (motos que, cual caballos, echan mierda por el tubo de escape), pero dejando de un lado la Historia propia para fijarse en la ajena, y de ficción, caso de la novela del Sr.Dumas.
El film no deja de ser un vehículo para su trío protagonista, que entonces vivía la primera de sus dos épocas doradas (un año antes protagonizaron "Martes y 13, ni te cases ni te embarques", bastante menos inspirada), dato este que sobresale básicamente gracias a que junto a Josema y Millán tenemos a Fernando Conde, el famoso tercer Martes y 13 que abandonaría el grupo para dedicarse a la interpretación "seria" (en cosas como "Monster Dog" y, según aportó Víctor, otras pelis de Mariano Ozores), justo antes de que este triunfara como dúo y pariera algunos de los gags más míticos de la comedia española (¡¡Paca Carmona!!). En "La loca historia de los tres mosqueteros" asoman ya algunos de los tics inmortales que harían célebres Martes y 13 en su segunda vida artística, sobre todo por parte de ese monstruo llamado Millán, pero poco, en esencia el trío se limita mas bien a repetir lo mejor que pueden el guión de Ozores (y Juan José Alonso Millán, quien participó en TODAS las parodias históricas citadas hasta ahora) y tirar de chistes político-sociales, de aquellos que solo hacían gracia en ESE momento, y que son sello inconfundible de su director.
A pesar de todo, "La loca historia de los tres mosqueteros" es un divertimento total, se ve en un pis pas (realmente su ritmo resulta endiablado), te ríes bastante (a lo que ayuda, como no, las geniales aportaciones de Antonio Ozores, siempre hilarante) y, eso, que pasas un buen rato, sin mayores complicaciones. Además, gasta un póster cojonudo.
Es evidente que en aquellos tiempos Ozores vivía, gracias al mega-exitazo de su Colón, un más que buen momento, ya que la peli hace gala de bastante opulencia... vamos, que al director le dieron mucha pasta. Y según informa mi amigo, y experto, Olid, no se arrepintieron, pues funcionó de perlas en la taquilla.

viernes, 2 de abril de 2021

¡ESTO ES UN ATRACO!

Después de la Ley Miró, Mariano Ozores se vio obligado, visto que ya no podía estrenar en salas, y bajo producción de Carlos Cascales, fundador del mítico sello de distribución videográfica Olympi, a rodar sus películas con presupuestos ínfimos -aunque  seguía rodando en 35 mm, al contrario que otras muchas películas del sello que se rodaban en primigenio vídeo de la más baja estofa-, que luego serían explotadas en vídeo directamente para alquiler.
El negocio resultó rentable pero, también frustrante para Mariano Ozores que, si bien sabía el número de cintas vendidas en los videoclubes, no sabía el número de personas que alquilarían esos vídeos. A día de hoy, se calcula que el número de personas que alquilaron aquellas películas supera sustancialmente al número de espectadores que acudieron a las salas a ver las últimas películas de su etapa anterior en cine.
Así, de esta incierta etapa salieron películas que, ignorándose su condición de película videoclubera, se han convertido en clásicos menores de la filmografía de Mariano Ozores. Sirvan como ejemplo  “Los Obsexos”, “Capullio de Alhelí”, “Veneno que tú me dieras” o “Esto sí se hace”.
La lista de películas que Mariano Ozores escribió y dirigió para el mercado del vídeo ente los años 1986 y 1989 es encomiable. Además gozaron de gran éxito puesto que fueron justo los años en los que tanto Antonio Ozores como Juanito Navarro,  protagonistas de casi todas estas cintas, triunfaban, y a base de bien, haciendo numeritos humorísticos en el “Un, dos, tres, responda otra vez”, con lo que aprovecharon en las películas todos los chascarrillos y coletillas de los que hacían gala en el concurso televisivo.
De todas aquellas películas, entre las cuales las hay mejores y peores, destaca esta “¡Esto es un atraco!” que funcionó tan maravillosamente bien en su explotación en vídeo, que se decidió, un año después de su lanzamiento, tirar copias en 35 mm. para hacerle un reestreno en salas de cine, con lo cual, se trataría de la primera película de la historia del cine español que gozaría de una carrera comercial en vídeo, para después disfrutar de vida comercial en cine. Obviamente, el invento no era muy inteligente; estrenar la película cuando ya la habían visto en casa todos los fans del clan Ozores, no fue como se esperaba en un principio. No llegó a congregar más de 26.000 espectadores en los cines, pero ya es más de lo que se podía esperar.
La película es la mejor de cuantas Ozores rodó para el videoclub, si bien es cierto que aun aprovechando al máximo ese presupuesto bajo mínimos del que disponían, no sería, ni de lejos, una de sus mejores películas, pero sí  la más importante de aquella época.
La trama es interesante: Alguien convoca a cinco desahuciados para que, previamente entrenados, perpetren un atraco en el que sustraerán millones de pesetas en forma de lingotes de oro pertenecientes a algún potentado con tanto capital, que no lo echará de menos, lo que supondrá una solución total a sus problemas. Ataviados con trajes de bombero son adiestrados y, el día de autos, van viendo que todo se les está poniendo en bandeja cuando en un principio parecía una difícil misión. Pronto descubrirán que se trata de una jugarreta del potentado con el que nuestros cinco protagonistas tienen deudas pendientes.
Una película cómica que con tres pesetas que costó, acaba resuelta con eficacia, imaginación y mucho oficio, pero cierto es que en todo momento detectamos por todas partes esa falta de medios, echando de menos una producción mucho más holgada, ya que la película, la trama  y la historia lo pedían a gritos. “¡Esto es un atraco!” es una de esas películas cuyo bajo presupuesto, aún  bien capeado, le perjudica en lugar de beneficiarle.
Por otro lado, en cierto modo, las películas para vídeo de Ozores resultan ser muy libres, en el sentido de que a Ozores, por ejemplo, le gustaba la interacción de los personajes con el público, así que la película comienza con Antonio Ozores dirigiéndose a cámara y presentándonos un poco la película y el elenco protagonista.
Si la piratería en plenos ochenta era una minucia comparado con la que sufrimos antes de las plataformas digitales, Antonio Ozores aprovecha, dada su nueva etapa videoclubera y libre, para hacer que el protagonista principal sea propietario de un videoclub y, en medio del guion y sin venir demasiado a cuento, condene la piratería videográfica cuando su empleada le recrimina tener pocos títulos en las estanterías a causa de negarse a alquilar vídeos piratas. “Si no puedo mantener mi negocio de forma decente, cierro el establecimiento” o algo parecido sale muy claramente de la boca de Antonio Ozores en relación a este asunto. No deja de ser curioso, y hasta único, estas formas de romper la cuarta pared o introducir soflamas y/o ideas personales en el guion.
Básicamente la película se sustenta por un grupo de actores en estado de gracia, esquivando el bajo presupuesto feroz que les asola; Así, Antonio Ozores interpretando a Antonio Ozores está especialmente gracioso, enorme Fernando Conde, el tercer miembro (ex-miembro por aquél entonces) de Martes y 13, que haciendo un alarde de mimetismo absoluto, por momentos su interpretación recuerda a las del gran Andrés Pajares cuando trabajaba para Mariano Ozores, ya sea por inspiración o por instrucciones del señor director. Flavia Zarzo, hija del estupendo Manolo Zarzo, aprueba con suficiente una de las pocas intervenciones que hizo en el cine, mientras que Fedra Lorente, Ángel  de Andrés y Juanito Navarro ejecutan sus papeles al nivel  que se puede esperar de ellos. Por otro lado, para finalizar, decir que la película contiene algunas gotitas de destape, un destape que ya en 1987 estaba muerto, pero del que Ozores todavía parecía no querer desprenderse, quedando, esta vez sí, muy desfasado y rancio. Por lo demás, Ozores le echó ganas a la peliculita.
Hale, ya terminó la chapa de hoy.

lunes, 25 de diciembre de 2023

EL ESPIRITISTA (EXORCISTA III)

Coproducción hispano-portuguesa a mayor gloria de un ya decadente Vicente Parra, despropósito fílmico que hace sonrojar al más avezado, “El espiritista (Exorcista III)”, con voluntad, puede llegar a ser un divertimento de medianoche más que encomiable.
Se trata de un exploit de “El Exorcista” rodado en Lisboa a mediados de los setenta con tres pesetas, cuya principal baza para hacer picar al espectador incauto —argumento semejante aparte— es el parecido que guarda su título original con el de la película de William Friedkin. Por supuesto, el público era tonto pero no tanto, y el número de espectadores que acudió a los cines fue nimio. Además, digo yo que quienes fueran a ver la película atraídos por la presencia de María Kosty, anunciada entre los protagonistas en los afiches, se cagaría en la puta madre del espiritista, porque esta no aparece por ningún sitio… (Yo supongo que, probablemente, sea debido a que el póster estaba diseñado y fabricado desde la primera claqueta de la producción y que la Kosty estuviera en un principio en el proyecto. Seguramente no llegarían a un acuerdo y para cuando ella ya no estaba, los pósteres habían sido hechos… y cambiarlos supondría un gasto extra. Pero a saber).
No contentos sus distribuidores con esta estratagema comercial, años después de su estreno, cuando la película se editó en vídeo durante los primeros años del videoclub, y aprovechando que ya se había estrenado “El Hereje (Exorcista II)”, ni cortos ni perezosos, decidieron poner en la caratula el subtítulo de “Exorcista III”, de muy mala manera y escrito con letraset, con el fin de hacerla pasar por otra secuela de “El Exorcista”. A José Frade le saldría bien aquello con “Tiburón 3”, pero esta no se a cuantos engañaría.
Al margen de toda esta chapuza, la película, como digo, tiene momentos de comedia involuntaria gracias principalmente a la interpretación de Vicente Parra —cuya voz ha sido doblada— quien, muy entregado él, nos ofrece una secuencia de posesión como pocas se han visto en una pantalla. Solo por eso, "El espiritista" merece ser consumida.
Un fotógrafo de moda, bastante pijo, tiene aptitudes de médium. De esta forma, en sus ratos libres se dedica a hacer sesiones de espiritismo para que sus adeptos contacten con sus seres queridos en el más allá. En una de estas, una beatorra va a verle para que le ponga en contacto con su difunto marido. Vicente Parra hace lo suyo y, al contactar, el muerto toma posesión del cuerpo del espiritista, convirtiendo su vida un calvario, ya que se manifiesta cuando le da la gana, le atormenta con maullidos de gato y, además, le da de hostias. El desenlace será de lo más desconcertante.
Una rareza del cine español (y portugués) que, pese al aburrimiento y al bochorno, consigue por otro lado momentos inquietantes —un extraño niño que aparece sin demasiado orden ni concierto al lado de la cama de la viuda protagonista y parece drogado, da bastante canguelo— gracias a una iluminación austera a base de alumbrar solo a los personajes haciendo que el resto del encuadre se vea negro, que consigue, al menos ambientar la historia más que dignamente. Por lo demás, un folletín melodramático que tontea con el erotismo de la era del destape, un poco antes (quizás unos meses) de que naciera la clasificación “S” y este tipo de productos tuvieran su nicho natural en los cines, que como material de derribo, de una manera u otra, por demencial o estúpida, acaba funcionando.
Vicente Parra, con su cabezón, su leve estrabismo y su boca de piñón, es el motor de la película con sus aspavientos y cabriolas, pero además, tenemos en el reparto a gente como Carmen Carrión, Antonio Mayans que aparece casi en calidad de figurante, Fabian Conde o Norma Kastel.
En cuanto a su director, Augusto Fernando, portugués del que no hay más datos que su crédito en esta cinta, jamás volvió a dar señales de vida. Ni aquí, ni en su Portugal natal.