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domingo, 19 de enero de 2014

LLAMA UN EXTRAÑO

Una canguro recibe aterradoras llamadas en plena noche. Angustiada, avisa a la policía que localiza su procedencia, con la sorpresa de que son efectuadas desde otro teléfono de la misma casa. ¡Glups!. Supe de esta historia siendo muy jovencito y me la contó mi hermana, solo que su versión era algo distinta, incluía una frase que ponía los pelos de punta, la que el acosador le soltaba insistentemente a la canguro: "¿Has ido a ver a los niños?". Bien, poco sabía entonces mi hermana -y yo- que estaba mezclando una leyenda urbana real con lo más llamativo de la trama de una película titulada "Llama un extraño" ("When a stranger calls" en v.o.). Durante años viví confundido pensando que se trataba de "El asesino está al teléfono" de Alberto De Martino, hasta que di con el título correcto y, para mi mayor alegría, resultó ser una estupendamente clásica muestra de cine de género norteamericano, mi favorito. Cosecha del 79, buen año. Curiosamente, "Llama un extraño" suele figurar en todas las listas de cine "slasher", y aunque algo de ello tiene, queda bastante lejos de la fórmula correspondiente y se salta a la torera muchas de sus normas.
Todo comenzó con un cortometraje. El debutante Fred Walton (rebautizado Waton en la caratula del VHS españolo) quería contar la epopeya de la canguro acosada en apenas 20 minutos, pero entonces se estrenó con gran éxito "La noche de Halloween" (que también habla de canguros perseguidas por un psicópata) y se percató de que tenía algo gordo entre manos, así que decidió alargar el guión hasta la duración de largometraje, buscar interesados en financiarlo (que, supongo, en esos momentos serían unos cuantos) y tirarlo palante. El resultado final es una de las mejores películas de su ralea paridas por aquellos entonces, sin duda alguna, pero ¿¿de qué ralea hablamos??. Mmmmh, ya he comentado antes que el "slasher" puro le queda un poquito lejos. ¿Terror?, pues tampoco creo que sea del todo acertado. "Llama un extraño" tiene muchos momentos de puro escalofrío, pero estos se localizan sobre todo al principio y al final. Lo del medio, que es mayoría, encaja mejor en los parámetros del "thriller". Y, eso sí, olvídense de sangrías. En toda la película no hay ni una puñetera gota de sangre... nada de nada. Lo que aquí tenemos es puro suspense, pura tensión apoyada ciegamente en sus muy dotados intérpretes.
Sin embargo, hay un problema. Lo más mejor de "Llama un extraño" está al inicio, en esos 20 minutos que conformarían lo que en principio era el cortometraje ideado por su director. La mini-historia de la canguro in danger es brutal, acojonante, aterradora y funciona como un reloj Suizo. Esos silencios, ese timbre del teléfono que llegado el momento casi se torna infernal y la tenebrosa voz del acosador, así como su discurso, "Quiero bañarme en tu sangre". UF!. Incomparable. Una vez destapada la sorpresa y el asesino capturado, todo da un giro notorio. Casi podría decirse que comienza otra película, u otro corto bien distinto.
Esta parte de "Llama un extraño" olvida por completo a la canguro y se centra totalmente en el detective que persigue al criminal recién fugado del manicomio (que, por cierto, se supone británico... ya saben cómo las gasta el cine yanki con estas cosas, cuesta menos aceptar que un psicópata depravado venga del extranjero). Fred Walton nos lo muestra como un tipo patético y muy desgraciado que lo único que quiere es integrarse, ser amado, pero no lo consigue, llevándose rechazos y palos por doquier. Claro, ¿qué pasa?, que por un lado eso está muy bien, porque el cabrón logra que empatices con él y olvides que es el cruel asesino de dos niños. Incluso sientes lástima, recibiendo de este modo un trato mucho más humano del que, habitualmente, suelen recibir los psycho-killers de las películas "de miedo". Pero, al mismo tiempo, y aunque sigue siendo inquietante cuando acosa a una solterona de la que se encapricha, está lejos de esa voz terrorífica y casi sobrenatural que en su momento nos había reducido el tamaño del esfínter. Cuando no sabíamos cómo era, podíamos ponerle el rostro que quisiéramos y que más cague nos diera. El verlo como el pobre diablo que es afecta especialmente al tercer bloque, con la reaparición de la canguro, convertida ahora en la mamá de sus propis hijos y el acosador volviendo a las andadas. No es que sea fallida, para nada, el momento en que la mujer escucha de nuevo la temible voz que tanto le traumatizó años atrás es tan efectiva como escalofriante. Lo mismo podemos decir del inevitable encuentro cara a cara, a oscuras en el dormitorio y con esos quejosos gemidos surgidos del interior del armario
que te erizan los pelos de todo el cuerpo. Lo único que, para entonces, el otrora casi espectral asesino da un poquito menos de jiñe. Evidentemente, todo lo expuesto solo son chorradillas incapaces de entorpecer el disfrute de "Llama un extraño", solo que en lugar de excelente se queda en muy buena. Como si eso fuese un problema, carallo.
Para revisarla, primero eché mano del ripeo del VHS que un amigo me hizo hace años. Pero, entonces, me dije, "¿Pa qué demonios me pongo el ripeo pudiendo poner el puñetero VHS, que pa algo lo tengo?". Así que saqué el dvd-r, metí la cinta y... en fin, suena cutremente nostálgico, lo sé, pero lo pasé bomba. No tengo cura.
En el reparto de "Llama un extraño" destacan tres nombres de tres intérpretes que se lo curran mucho y bien. El ya veterano Charles Durning, de extenso y muy llamativo curriculum (échale un ojo a Imdb y me ahorras trabajo), la singularmente atractiva Carol Kane, que también luce una filmografía bastante espectacular donde destacan una nominación al Oscar, su papel en "Annie Hall" (de Budi Alien), la famosa serie "Taxi" (interpretando a la esposa de Andy Kaufman) y lo que ha sido casi su especialidad, personajes llamativos y bien extravagantes como la sirvienta loca de "Transylvania 6-5000", el fantasma del presente que no deja de atizar a Bill Murray en "Los fantasmas atacan al jefe" o la abuela de "La familia Addams: la tradición continúa" (sustituyendo a la actriz que le diera vida en la primera entrega). Y, cerrando el círculo, Tony Beckley como el psicópata, fallecido justo un año después de su intervención en el flim. Otros rostros interesantes son los de Ron O´Neal (más conocido como "Super fly"), Rutanya Alda  o Colleen Dewhurst (la madre del asesino de "La zona muerta", por decir una asín a boleo).
Gracias al éxito de la empresa, Fred Walton fue contratado por "Paramount" para dirigir la simpática "Inocentada sangrienta", considerada la película que enterró la primera fiebre "slasher". Le siguió la bien potable "Los crímenes del rosario" y de ahí en adelante, todo productos para la caja tonta, hasta que desapareció del mapa en 1996. Tres años antes reunió de nuevo a Carol Kane y Charles Durning y los dirigió en la continuación del film que le diera la fama, titulado "When a stranger calls back" en USA y "La llamada de un extraño" en España (donde llegó exclusivamente vía vídeo). Esta vez la canguro acosada era la guapa Jill Schoelen, la hija contestona de "El Padrastro" (no deja de ser curioso que se llame de modo muy parecido al personaje que interpetara la Kane en la original, "Jill Johnson"), y el asesino no utiliza únicamente el teléfono para tal menester (con la voz de Lance Henriksen, by the way), también le va hacerlo a través de la puerta. Sea como fuere, la prota de la primera parte se alía con el detective de la misma y deciden ayudar a la atemorizada chica. En fin, la vi hace ya tiempo y, obviamente situada a leguas de distancia de la primens, se podía ver sin morir en el intento. Más teniendo en cuenta su desconcertante condición de telefilm.
Pero no acaba aquí la cosa. En 2006, y en plena fiebre de "remakes de slashers clásicos", era inevitable que le llegara el turno a "Llama un extraño". Y le llegó. Lo paradójico del asunto es que sus responsables tenían una idea parecida a la mía con respecto a la peli de Walton, que el arranque era impecable y, luego, terminaba muy diluida. Así que, ni cortos ni perezosos, decidieron centrar toda su versión en la noche que la protagonista pasa en la casa ejerciendo de canguro. Y sí, claro, de entrada pintaba muy sabrosón pero, una vez más, al final todo se tornó decepción. "Cuando llama un extraño" (que es como fue bautizada en su periplo hispánico) venía dirigida por Simon West,
responsable de la divertida pero muy cafre "Con Air" o de la primera aventura cinematográfica de "Lara Croft". Mala elección si tenemos en cuenta que lo que requiere una peli como esa es, ante todo, atmósfera y contar con el justo tempo reposado -que no aburrido-, algo para lo que un tío como West, acostumbrado a "actioners", explosiones a porrillo y montaje acelerado, no estaba dotado. Y así quedó. "Cuando llama un extraño" tenía un bonito diseño de producción (la casa donde se desarrolla la historia es innecesariamente elegante y modenna), y algún momento potable de suspense (triste hubiese sido no conseguirlo a lo largo de los 87 minutos que dura), pero la recuerdo inerte y desangelada. Y encima, Camilla Belle, la sustituta de Carol Kane, era tan bella como poco carismática. Ahora es cuando digo que debería volver a verla para estar seguro de mis primeras impresiones y me quedo tan ancho.
Todo ello da que pensar: ¿de haber seguido idéntica treta la peli del 79 (lo de centrarse en la noche del acoso telefónico), molaría igual o habría sufrido de las mismas carencias que la versión del 2006?.... mmmmh.. ahí queda la pregunta. Saquen sus propias conclusiones.

viernes, 12 de abril de 2019

OTRA CIUDAD, OTRA LEY

“Otra ciudad, otra Ley” parte de la base de volver a ver juntos en la gran pantalla tras muchísimos años a dos estrellas del Hollywood clásico, todavía vivas en los ochenta, como eran Kirk Douglas y Burt Lancaster. A partir de ahí, se cuenta la historia de dos ladrones de trenes que tras pasar en la cárcel 30 años, salen libres en plenos años ochenta. En consecuencia, todo a cambiado mucho, ellos son ya señores mayores y no se adaptan ni al estilo de vida imperante en esa década, ni al destino que el asistente social ha buscado para ellos; uno acaba en un asilo mientras que el otro tiene que trabajar en una heladería. Mientras intentan adaptarse a la situación, deciden volver a reunir a su banda para  asaltar por segunda vez el mismo tren por el que fueron encarcelados hace 30 años. La diversión está asegurada.
Jeff Kanew, reputado montador de Hollywood y director de la estupenda “La Revancha de los novatos” cumplió un sueño cuando pudo juntar en su propia película a sus dos héroes de la infancia y a adolescencia, Kirk Douglas y Burt Lancaster. Así que se lo debió pasar como un niño pequeño dirigiendo a las dos estrellas en esta película. O eso debió pensar cuando con su equipo habitual comenzó a idearla. Lo que no sabía es que con los dos actores ya ancianos iba a tener algún que otro problemilla. Aunque nada que no hiciera merecer la pena el pegarse el gustazo de hacer esta película.
Para empezar, los dos actores, entrados ya en la tercera edad, eran ambos sacos de manías y mientras que Burt Lancaster estaba ya achacoso y bastante torpe, Kirk Douglas por el contrario estaba en plena forma, motivo este por el que surgieron algunas que otras desavenencias entre los actores en el rodaje, amén de que el caché de uno era más alto que el del otro. En definitiva, no se llevaron bien y Kanew, en consecuencia, sufrió verdaderos dolores de cabeza dirigiéndoles.
Por otro lado, Lancaster, que ya había tenido operaciones de corazón y llevaba un cuadruple bypass, tenía serias dificultades para memorizar los diálogos, por lo que tenían que ponerle enormes carteles con su texto para que los leyese durante sus escenas. Tampoco los podía leer correctamente, motivando que el desarrollo de la filmación se complicara constantemente. Por suerte, el oficio de Lancaster era mayor y, cuenta Jeff Kanew, que finalmente salvaba la papeleta con talento tirando de improvisación o cuando, tras muchas tomas, lograba recordar sus textos. Por el contrario, Douglas se encontraba como pez en el agua, por eso se reservaban para él las escenas más dinámicas, como cuando tiene que bailar en la discoteca frenéticamente. De hecho, ahí sigue el hombre con 102 años que va a durar más que su propio hijo.
“Otra ciudad, otra ley” cuya colección de tópicos y clichés es abrumadora, que puede pecar de tontorrona y por momentos pasamos algo de vergüenza ajena con Douglas y Lancaster en las situaciones por las que se les hace pasar  (Douglas con un traje chillón y ochentero para ir a la disco o el enfrentamiento de los dos abueletes contra una panda de gangztaz en un suburbio, son momentos verdaderamente bochornosos), sin embargo funciona a todos los niveles gracias al entretenimiento que nos proporciona toda la película, que por otro lado, está sembrada con buenos gags y diálogos divertidos. Por lo demás, es una comedia de “pez fuera del agua” con todo lo que este subgénero conlleva.
El tramo final, hace aguas por todas partes.
Así, el paso del tiempo, la nostalgia, y lo simpático de la propuesta, hace que pasemos por alto cualquier irregularidad y que disfrutemos como enanos durante el visionado de la película.
Siendo la primera producción de la Touchtone Pictures como tal, que en los 80 hacía comedietas ligeras para todos los públicos como churros, así como alguna cinta potable de acción, en el reparto tenemos a Elli Wallach que está divertidísimo y que ocupa el puesto de un veterano Adolph Caesar que falleció durante la preproducción, un debutante Dana Carvey con cara de bobo que luego se convertiría en uno de los cómicos con menos gracia de la escena americana, y que, en el casting, le levantó el papel a un Jim Carrey que no acababa de hacerse un hueco en la industria (luego la reventaría como saben) y un Charles Durning, haciendo de Charles Durgning
En cuanto a la filmografía de Jeff Kanew, iregular hasta decir basta, cuenta con títulos como, además del ya mencionado “La Revancha de los novatos”, “¡Te pillé! (Gotcha!)”, “La tropa de Beverly Hills” o “Detective con medias de seda”, que me provocan, a rasgos generales, un montón de simpatía. Aunque lleva inactivo desde 2013, lo más destacado que ha realizado, una vez entrado en la década de los 90, sería el documental que le dedica a Kirk Douglas titulado “Kirk Douglas: Before I Forget”.
Mención a parte merece su película de bajo presupuesto para National Lampoon “Adan y Eva (Ella siempre dice no)” que está bastante decente y divertida.

sábado, 31 de agosto de 2024

EL GRAN SALTO

Ando leyendo un libro sobre el cine de Joel y Ethan Coen, escrito por Ian Nathan, que le da mil patadas a aquella cosa pretenciosa editada en su día bajo el funesto sello "Cátedra". Consecuentemente, me ha dado por revisar algunas de sus películas. Hurgando, me topé con "La balada de Buster Scruggs" y aluciné pepinillos al comprobar que seguía siendo inédita para mis cansados ojos. Lo solucioné esa misma noche y, créanme, disfruté como un cochinillo. Muy buena, muy sorprendente e imprevisible. Se nota que "Netflix", sedienta por contar en sus filas con cineastas de prestigio, dio un cheque en blanco a los hermanos para que hiciesen lo que les saliera del coño. Y joder si lo aprovecharon.
No era la primera vez que la gentuza de los dineros confiaba plenamente en ellos. Ocurrió ya en los noventa, cuando, estando ambos de moda, el mega productor de "actioners" tan míticos como "Commando", "Arma Letal" o "Jungla de cristal", Joel Silver, les apadrinó para que dieran su (gran) salto al cine más "comercial". Y el proyecto elegido nos retrotrae a otra historia de la que ya he hablado antes, la fascinante amistad humana y colaborativa de los Coen con Sam Raimi.
Según el libro de Ian Nathan, esas supuestas deudas de "Arizona Baby" con "Posesión Infernal", a las que aludía en mi reseña, no son delirios de un anormal -que diría Ze-. Existen. Motivado por el éxito de su debut, Raimi se instaló un tiempo en Los Ángeles, a la búsqueda de fama y fortuna. En eso que los Coen pasaron por allí, esperando dar con un distribuidor para la entonces recién terminada "Sangre Fácil". Decidieron acampar en el cuchitril de su amigo y, por aquello de combatir el aburrimiento, juntos y revueltos se sentaban frente a la máquina de escribir, pariendo de este modo un guion a pachas. Uno basado, hasta cierto punto, en la misma aventura angelina de Raimi. El paletillo "de pueblo" que va a la gran ciudad en busca de una oportunidad. Con este metido en el ajo, les salio una cosa muy ambiciosa, difícil de producir en aquel momento, siendo novatillos desconocidos. Pero ahí quedó, en el congelador, a la espera de que algún día alguien soltara el montante. Por supuesto, estamos hablando de la futura "El gran salto", título españolo algo absurdo para "The Hudsucker Proxy" y "Hudsucker" era un gag recurrente en el universo Coenraiminiano. Lo habíamos oído en la mentada "Arizona Baby" y también en "Crimewave (Ola de crímenes... ola de risas)" cuyo libreto, les recuerdo, iba igualmente firmado a seis manos por los chavales.
Es un dato bien conocido que aquel intento de Joel & Ethan por integrarse en el mainstream se saldó con un hostiaco de los gordos. Fracasó estrepitosamente en su paso por salas, de ahí que el libro que ando leyendo le dedique cuatro únicas páginas (y, muy extrañamente, apenas mente la citada "Crimewave"). Pero no fue en balde. De rebote, los brothers regresaron a su terreno natural, pariendo el film que les acabó de catapultar, funcionó de mil maravillas en todos los aspectos y les valió un Oscar (como guionistas) Además, resultaría ser su mayor logro y una de las dos que poseo en formato doméstico, "Fargo" (por si les pica la curiosidad, la otra es "Arizona Baby").
Pero centrémonos en "El gran salto", fechada el año 1994. Como decía, cuenta la historia de un pobre diablo, más tonto que una almeja (interpretado por un muy adecuado Tim Robbins, sacándole máximo rendimiento a esa cara de bobo. Según el libro, primeramente se pensó en Tom Cruise), al que una gran corporación comandada por un malvado gerifalte (un genial Paul Newman. Según el libro, de entrada se pensó en Clint Eastwood... joder, ¡habría molado!) utiliza a su antojo. La compañía pretende devaluar sus acciones, para poder comprarlas después a precio irrisorio, y necesitan un tonto que pague el pato. Solo que este sorprenderá a propios y extraños pariendo un producto de éxito -el Hula-Hoop-. En medio, como no, habrá una chavala con la que nacerá el amor (Jennifer Jason Leigh. Según el libro, papel destinado a Winona Ryder) y al tonto se le subirán los humos, ascendiendo a cretino. Luego caerá hacia lo más bajo, aprendiendo una lección en el camino.
Acompañan a los tres astros mencionados rostros tan familiares -y agradables de ver- como los de Charles Durning, Bill Cobbs, Joe Grifasi, Roy Brocksmith, Peter Gallagher, Steve Buscemi o Jon Polito. Por ahí anda John Goodman en plan cameo. Y la neumática y malograda Anna Nicole Smith (ese mismo año interpretó a una grotesca mujer fatal en el tercer "Agárralo como puedas") La gran sorpresa viene dada por la presencia, bastante destacada, de Bruce Campbell, demostrando más que nunca sus limitaciones interpretativas. Recordemos que había intervenido en el pre-trailer de "Sangre Fácil", parido para engatusar a posibles inversores, y volvería a tener escasas y muy breves apariciones en "Fargo", "Crueldad Intolerable", "¡Ave, César!" o la entretenidísima "Ladykillers", sin embargo, me sorprende que, dadas las amistades comunes, los Coen no hayan contado con él para nada más sucoso. Obviamente, Sam Raimi también se marca un papelillo, pero esta vez mediante sombras chinescas. Le acompaña en tal función John Cameron, otro de los integrantes del clan Raimi que abandonaría el barco para quedarse exclusivamente con los hermanos.
Vi "El gran salto" en una sala considerada "de arte y ensayo", lugar de peregrinaje para los fracasados escarceos con el mainstream de cineastas, hasta entonces, considerados minoritarios (ocurrió también con Kevin Smith y su "Mallrats"). Lo comento por el par de anécdotas conjuntas. El "tío de la puerta" resultó ser un viejo compañero de EGB. Así que me dejó entrar gratis. Mientras charlaba con él, apareció un ya entonces reputado crítico de cine,"gurú" de la cultura popular, habitual de las páginas de "Fotogramas". Le conocía personalmente por senda ocasión pasada y creyó que andaba camelando al responsable del cine para entrar por la pati. Terminado el film, volvimos a encontrarnos (digo el crítico y yo). Preguntó que qué me había parecido. "Psé" esputé yo. "A ti es que no te gusta nada" contestó. Entonces me escaseó el ingenio, pero lo suyo habría sido contraatacar con: "Pues a tenor de tu trabajo, ¡a ti te gusta todo!".
Sí, "El gran salto" no me convenció en su momento. La encontré demasiado convencional, dentro de lo que es, y medianamente previsible, considerando lo poco que eso suele darse en el cine Coeaniano (una de sus mayores virtudes, añado con admiración). Son las secuencias a base de pura narrativa visual, dinamismo e inventiva chorreante, las que se quedan grabadas en la retina. Me vienen a la mente la del "ataque de risa conjunto" y, sobre todo, la del hula-hoop. Decir que -nuevamente según el libro- fue Sam Raimi quien se encargó de dirigir esta última, en plan segunda unidad.
Consumida hace escasos días, "El gran salto" me resultó muy buenrollera y agradable
, aunque sí es cierto que, a ratos, su estultismo deliberado cargaba un poco las tintas en plan "no, no es tan gracioso". Pero, ¡ei!, tampoco diré nada malo. Si buscas evasión saludable, sobra y basta.
Epílogo: Gracias al libro, me he reconciliado con algunas de mis menos favoritas películas de los hermanos, caso de "Crueldad Intolerable" (de "imposible de terminar" ha pasado a amena y dinámica) o "Quemar después de leer", y también ha sido útil para
 redescubrir tantas otras ("El hombre que nunca estuvo allí", "A propósito de Llewyn Davis"...). Por todo ello, Joel y Ethan han ascendido unos cuantos puestos en mi actual lista de cineastas favoritos.

sábado, 23 de octubre de 2010

TAL PARA CUAL

En un intento por volver a poner de moda a la pareja que ya lo estuvo cinco años atrás (con la sobrevalorada "Grease"), se ideó esta estupidísima, pero por otro lado, muy divertida comedia romántica con componentes fantásticos, que lejos de encumbrar a nuestros protagonistas de nuevo, como era intención, los hundiría en el más repugnante fango. La peli fue un fracaso tanto de crítica como de público.
John Travolta, que aunque no dejó de trabajar nunca, sí fue relegado a un segundo plano, rodando a partir de esta folletines que rozaban la "serie B" (la que nos ocupa, sería un digno precedente) y ya no saldría de ese foso hasta que Tarantino decidió sacarlo de ahí, y Olivia Newton-John protagonizaría su ultima película, puesto que el cáncer la retiró de los escenarios una temporada hasta entrados los noventa, que recuperada, volvería para hacer papelitos poco relevantes en telefilmes y grabar discos que ya nunca encabezarían las listas de éxitos. Esta puñetera película, se los cargó.
Dios está muy cabreado con la humanidad, así que decide enviar a la tierra un nuevo diluvio. Unos ángeles que trabajan para él (encabezados nada menos que por Scatman Crothers y Charles Durning), logran convencerle para que no lo haga. La condición que pone a cambio es que un inventor de tres al cuarto (Travolta) que acaba de robar un banco para pagar sus deudas, sacrifique su vida por la cajera a la que ha atracado (Newton-John) y viceversa, con una semana de plazo. Pero para complicar aún mas la cosa, el diablo (Un decadente Oliver Reed) lo pondrá todo un poquito más difícil.
En su momento era una película más que disfrutable, de aquellas que veía una y otra vez sin descanso, ofreciéndome siempre un funcional entretenimiento. Pero con las mismas, el otro día caí en la cuenta de que no me acordaba ni de un solo de sus fotogramas, así que fue la ocasión ideal para repetir. ¿Cómo me sienta hoy, transcurridos ya veinte años (calculo)? Pues como totalmente desfasado. 
Material de uso, disfrute y visita rápida al water close. Con la misma facilidad que se ve, se olvida. Desde el aspecto de los protagonistas con esos cabellos cardados, esos calentadores, esas camisetas cortas y esas gafas de sol azules con un rayo que cruza por el medio (y que luego resultan ser comestibles), hasta la banda sonora con esos tempranos sintetizadores, que por momentos nos recuerdan al gitano de la cabra. La verdad es que da vergüenza ajena ver todo eso. Es tan de los ochentas, que parece una película actual en la que se exageran las estéticas y maneras de tan querida década… pero no, es una peli de la época. Travolta y la Newton-John representan el joven medio americano del año 83, con esas pintajas y esas mentalidades… al menos en las películas.
Pero entretenida lo es, y un rato largo… quizás los tiempos que corren hacen dificultoso ese disfrute, pero si lo piensas fríamente, en la época no se le podía pedir más a una comedia romántica. Al menos les metían algo de chica en el argumento, que las de ahora, no tienen ni imaginación…
Dirige Jon Herzfeld cuyo último trabajo ha sido dirigir el "making of" de "Los Mercenarios", y le ha dado violentamente al telefilme entre medias de esto y la peli que nos ocupa, haciendo un paréntesis en 2001 para dirigir una de las peores de Robert De Niro, "15 Minutos".
Película maldita, sin duda, esta "Tal para cual".

sábado, 27 de noviembre de 2021

COP, CON LA LEY O SIN ELLA

Un asesino psicópata anda suelto. Sus víctimas favoritas son mujeres tímidas e inocentes. Un policía tremendamente obsesivo, y casi tan loco como aquel, será quien se dedique en cuerpo y alma a pararle los pies.... aunque para ello tenga que cabrear a todo su departamento.
"Cop, con la ley o sin ella" es un thriller policíaco la mar de solvente. Bastante entretenido, con notables interpretaciones, unas agradecidas dosis de violencia y sexo, una trama que, aunque a priori parece más vista que el tebeo, no se conforma con tirar por derroteros trillados y del todo predecibles. Vamos, una película perfectamente recomendable. Pero, honestamente, no me habría parado a escribir estas letras si no fuese por tres elementos.
El primero es evidente, James Woods. Hoy está de moda odiarle y decir que es una mierda (tras erigirse como fan y defensor de la causa Trump), pero eso no quita que sea un actorazo al que le van como un guante los personajes ambiguos y tremendamente sórdidos, como es el caso. Sería fácil dejarse llevar por comparaciones con "Harry, el sucio". Sí, existen ciertas similitudes. Sin embargo, la gran diferencia es que "Harry Callahan" es un héroe, mientras que el poli al que da vida Woods, no. Es un cabrón. Ni siquiera en plan "Teniente Corrupto". Este es un cabrón sin quererlo, que casi lo hace peor. Y ahí es donde entra el segundo punto a favor del film: su tendencia a lo políticamente incorrecto, sin postmodernismos autoconscientes, ni provocaciones desesperadas por llamar la atención. De modo totalmente transparente. Ayuda que se produjera a finales de los ochenta, por supuesto. Pero, aún así, tiene tela. Especialmente porque el personaje menos "correcto" del pack es, justamente, su protagonista. El poli bueno, que no tiene problema en matar a un sospechoso y, seguidamente, flirtear con la acompañante femenina de aquel, aún en shock. Además, se lleva fatal con su esposa y, en general, gasta un tono misógino de lo más refrescante. No solo él, sino toda la peli. Sin ir más lejos, nos presentan a una poetisa feminista, que pintan como medio demente, reprimida, y justifican su inclinación ideológica porque fue violada siendo adolescente. En un momento dado, Woods quiere ligársela, solo porque le apetece follar, sin más, y le sigue el rollo. Ella habla y habla, cuenta sus trifulcas espirituales, él se agobia, se rasca la oreja, mira el reloj con el rabillo del ojo y se muestra totalmente insensible a lo que la mujer relata. Para rematarlo, el hombre no tiene ningún reparo en lanzar continuas proclamas homofóbicas, con toda naturalidad. Un verdadero gusto, amigos.
Y así llegamos al tercer punto. Que no desvelaré pero que resumiré en que "Cop, con la ley o sin ella" gasta uno de los finales más secos, contundentes, vibrantes y PERFECTOS de la historia del cine. Casi vale la pena ver toda la peli por ese cierre magnífico.
Basada en una novela del célebre escritor James Ellroy (calificada de sádica y violenta), dirige James B. Harris, con pocos títulos en su haber pero una carrera llamativa en funciones de productor, puedes ver su nombre estampado en las primeras películas de Stanley Kubrick, nada menos.
Acompañan a James Woods nombres tan solventes como el gran Charles Durning o una Lesley Ann Warren un pelín menos sobreactuada que de costumbre.
Ya en su época se consideraba "Cop, con la ley o sin ella" una peli diferente al tipo de cine que se hacía entonces. Hoy, directamente, asciende a perro verde.

sábado, 21 de noviembre de 2020

LA FURIA

No deja de ser paradójico que John Farris escribiera la novela de "La Furia" motivado por el éxito de la precedente "Carrie" de yasabesquien. Y que cuando "La Furia" pasó a las pantallas de cine, la dirigiera Brian De Palma que hizo tres cuartos de lo mismo con el libro de Stephen King. Y encima, para rematar la jugada, la chavala con poderes mentales de "La Furia" está interpretada por Amy Irving, que en "Carrie" daba vida a la única superviviente de la masacre final. Una muestra de carriexploitation infligida por el director de la película que lo originó. Curioso.
Pero "La Furia" queda muy lejos de las excelencias técnicas y artísticas de la estupendísima "Carrie", aunque únicamente las separe un añito. De hecho, en la filmografía de De Palma van correlativas. Yo la recordaré toda la vida por una escena concreta. Una que me horrorizó hasta límites insospechados cuando la vi en vídeo a finales de los ochenta. Entonces andaba adentrándome lenta, precavida pero inexorablemente en el maravilloso mundo del cine de terror, abierto a sorpresas y, sobre todo, dispuesto a pasar miedo. Así que el visionado de "La Furia", que es más un thriller -incluso con sus escenas de acción- que una de miedo propiamente dicha, no estaba resultando excesivamente tortuoso.... al menos hasta el desenlace. No lo voy a destripar aquí, pero los que la han visto saben perfectamente de lo que hablo. Tal fue la impresión, que salí corriendo pasillo abajo, blanco como la lefa, para recuperar oxígeno y que mi corazón rebajara la cantidad desorbitada de palpitaciones. Un auténtico semi-trauma que me acompañará hasta el fin de mis días. Y no es pa menos, revisada ayer noche puedo corroborar que ese momento continúa siendo tremendamente potente, en parte gracias a la intensa partitura que lo acompaña, cortesía de un John Williams que venía de petarlo con "La guerra de las galaxias" y seguiría produciendo lo mejor de su cosecha los años siguientes.
La trama de "La Furia" gira en torno a una agencia secreta interesada en fichar chavales con poderes mentales para usarlos como armas. Con la excusa, se apropian del hijo de un ex agente de la CIA quien, tras escapar de la muerte, se dedicará en cuerpo y alma a recuperar al retoño. Por otro lado, una chavala descubre que dispone de tremendas capacidades telepáticas, tanto como para conectar con el hijo secuestrado y, por tanto, poder ayudar al ex agente en su búsqueda. Al final todo estallará -además de verdad, jur, jur, jur!!- en un dramón salpicado de rojo.
A ver, la historia es interesante y la peli tirando a entretenida, no digo que no, pero es cierto que De Palma se apoya mucho, demasiado, en los diálogos. Hay un exceso de "bla bla" con eventuales pero notables escenas de acción y violencia. Tal vez John Farris no pudo evitar dejarse llevar por su naturaleza escribiente mientras convertía la novela en un guion cinematográfico. Con todo, es perfectamente consumible (en parte gracias a la época que se hizo), aunque no está entre lo mejor de De Palma, desde luego.
El reparto es impresionante. Desde los roles principales, pasando por los secundarios, los muy secundarios e incluso hasta los extras. Ahí va la lista completa (salvo Amy Irving): Kirk Douglas, John Cassavetes, Charles Durning, Carrie Snodgress (anduvo por "El jinete pálido" y dio vida a la mala malísima de "La ley de Murphy"), Fiona Lewis (reconocible por su papel de villana en "El Chip Prodigioso"), Andrew Stevens (cuya prometedora carrera terminó estancada entre productos televisivos y subproductos de género), Rutanya Alda (la madre sufriente de "Amityville 2"), el habitual De Palmero William Finley, un delgado Dennis Franz (que repetiría con el director, pero cuyo rostro se hizo especialmente popular por su papel de policía cabezón en "La jungla 2 (Alerta Roja)"), una jovencita Daryl Hannah y, según "la secretaria", Jim Belushi no acreditado haciendo de vagabundo. Destacar también la presencia de Hilarie Thompson, futura esposa de un habitual de este blog, Alan Ormsby.
En el tema efectos de maquillaje, tres monstruos: Rick Baker + Rob Bottin + Greg Cannom.

lunes, 28 de mayo de 2018

LA PATRULLA DE LOS INMORALES

Robert Aldrich, director de prestigio y responsable de incontestables clásicos como puedan ser “Doce del patíbulo” o “Veracruz” en la recta final de su carrera (murió en 1983 por una insuficiencia renal) se desmelenó  sin importarle las consecuencias. “La patrulla de los inmorales” es la película más nihilista y salvaje que he visto jamás.
Obviamente, sabía de la existencia del film de marras desde que era niño, por eso me cuesta tanto creerme como no he podido descubrirla hasta el presente 2018. Quizás porque se trata de una cinta maldita y olvidada, una película que, tras su estreno, todas las entidades biempensantes en torno a ella se han cuidado de darle una visibilidad posteriormente. La película fue un fracaso absoluto, la crítica se cebó con ella y después tan solo apareció en alquiler en su época sin que haya habido ninguna reedición. De hecho, en DVD sigue inédita salvo porque en los USA algunos fans se han hecho con masters lo suficientemente buenos como para vender la película bajo demanda en DVD-R casero, como suele pasar con todos estos films malditos tipo “The gong show movie”.
En España, la película se estrenó en salas en 1979 (en los USA lo hizo en el 77) con una taquilla aceptable de casi 700.000 espectadores y luego apareció en vídeo de alquiler unos años después, a la vez que “Loca academia de policía” convirtiéndose injustamente en un título más, entre italianos y apócrifos, a engrosar las listas de las películas a rebufo de la de Hugh Wilson. Gracias a eso, y a algún pase televisivo, podemos encontrarla en redes P2P sin mayor problema.
Por otro lado, a más de 42 años de su concepción, de repente aparece en el catálogo de la plataforma digital Netflix, en los USA, durante un corto periodo de tiempo. Rápidamente, es retirada sin dar más explicaciones ¿Qué ocurre con esta película qué nadie quiere darle visibilidad? Los blogeros yankis llevan tiempo investigando el por qué se la oculta sin llegar a conclusiones claras (aunque ahora está a la venta y alquiler en Amazon video).
Yo creo que es más sencillo que todo eso. Es una película libre y antiacadémica, eso es ya más que suficiente para que sea menospreciada, pero si añadimos que sus protagonistas son sexistas, misóginos, racistas, asesinos y completamente lelos, pero que además, la película no se posiciona ni critica estas actitudes, sino que tan solo nos las muestra siendo además esta caterva de salvajes, los héroes de la función, yo creo que son motivos más que suficientes para que los poseedores de los derechos la oculten y la entierren en el fango hasta hacerla desaparecer, máxime con la ola de corrección política que nos asola en la actualidad. Para más inri, tratado todo desde una perspectiva cómica.
“La patrulla de los inmorales” prescinde de un argumento al uso para mostrarnos, tan solo, una serie de escenas, una tras otra, en las que vemos a un grupo de policías comportándose como auténticos garrulos. Abriendo tramas que nunca llegan a  concluir, eso sí, sin cortarse en las actitudes inmorales —muy bien traído el título castellano— ni en lo explícito de la violencia y el sexo que se nos pueda mostrar. En la recta final, un cuarto de hora antes de que acabe, si que hay una trama en la que uno de los policías, traumatizado por la guerra de Vietnam, entra en una situación de pánico y mata, por accidente, a un homosexual que está en el parque donde este grupo de policías suele emborracharse tras acabar su jornada. Sus compañeros le tapan. El jefe de estos, extorsiona a uno de los policías, uno que se va a jubilar, para que le de los nombres de los agentes que había allí la noche del suceso, cosa a la que el interfecto se niega. Cuando le amenaza con retirarle la pensión, da nombres. No diré que ocurre al final, pero sí que el cuerpo entero de policía aparece retratado como corrupto, todos se salen con la suya, y aún así, el final es feliz y esperanzador…. Menos para el marica asesinado. Para más inri, todo concluye con una carcajada por parte de cada uno de los miembros de esta patrulla de inmorales. No olvidemos que se trata de una comedia.
Yo creo que, aunque en ningún momento se juzga a los policías,  esta película es en realidad una feroz y provocativa denuncia de los cuerpos policiales, que resulta que —mira tú por dónde— actúan así en todo el mundo, o incluso peor (huelga decir, que no me gusta la policía tampoco). Creo que Aldrich fue muy valiente haciendo lo que se le pasó por los cojones, volviéndose lo que trataba de contar en su contra, al interpretar los espectadores que estaba haciendo una apología de lo que en verdad estaba criticando. Les diré por qué.
Resulta que “La patrulla de los inmorales” es la adaptación cinematográfica de un best seller, la novela “The Choirboys” escrita por Joseph Wambaugh quién a su vez había firmado el guion de la película. Wambaugh había sido un policía que en sus ratos libres escribía novelas sobre sus vivencias y que abandonó el cuerpo para dedicarse a la escritura en cuanto esto le fue bien. Cuando vio la adaptación de su novela, removió Roma con Santiago para desvincularse de la misma. Denunció a la producción y consiguió que se retirase su nombre, alegando que en su novela todos los actos reprobables de los que hacían gala los policías eran consecuencia de la tensión y hostilidad a la que debían enfrentarse cada día y que en la película se les pinta como poco menos que retrasados mentales sin moral alguna. Amén de que Aldrich había filmado un final que nada tenía que ver con el de la novela. Ganó el litigio y retiraron su nombre de los créditos.
Al respecto, Robert Aldrich dijo que la novela de Wambaugh era una  novela vulgar, y que en consecuencia, él había rodado una oda a la vulgaridad.
O sea, que en cierto modo, lo que era amoral era la novela de Wambaugh y no la película de Aldrich. Lo que si se le puede achacar a Aldrich es la poca pericia que tuvo para  mostrarnos la película como una crítica pareciendo que es todo lo contrario. Claro que Robert Aldrich ya había dado señales de sexismo y racismo con anterioridad. Así que a saber las intenciones con las que está hecha en verdad. Lo que si que es cierto, es que es una autentica joya, una comedia como solo se podría haber rodado en los setenta, un catálogo de atrocidades y, como muy bien dijo Aldrich, una oda a la vulgaridad.
Todo eso sumado al desorden narrativo, lo deslavazado de todo lo que cuenta, y la crueldad general, le valieron  las peores críticas que haya podido tener una película, que fue tachada de sensacionalista y barata. A mí me ha parecido una comedia que borda la obra maestra.
Al margen de todo esto, es condenadamente entretenida, y es tan fiera, pero tan fiera, tan fiera, tan fiera, que la comedia, los gags, no llegan a funcionar por lo mucho que se pasa de la raya con estos. Una maravilla.
Además está llena de caras conocidas como las de  James Woods, Louis Gosset Jr., Charles Durning o Burt Young.
Estupenda.
En su momento colgué en su correspondiente sección, los pertinentes fotocromos.