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sábado, 15 de diciembre de 2012

CONDENADOS DE ULTRATUMBA

"Amicus" era algo así como la "hermana pequeña y/o bastarda" de la sobrevalorada "Hammer Films". Sin embargo, curiosamente, a mi me gustan más las pelis "Amicus" que las "Hammer", tal vez porque las primeras destilaban más demencia y más modernidad (siempre estaban ambientadas en épocas presentes), mientras que las de "Hammer" eran más estiradas, elegantes y se desarrollaban en épocas pasadas (cosas estas, para mi, directamente perniciosas). También podría estar motivado porque la especialidad de la "Amicus" eran las pelis de capítulos, largometrajes compuestos de pequeñas historias de terror, y mientras eso es algo que, dicen, no acaba de encontrar su público y rara vez funciona en taquilla, a mi sí me mola. Y mucho. Lo que ocurre es que, son tantas las "Amiculadas" que he visto a lo largo de los años, que tengo un lío de puta madre y no acabo de saber qué historia pertenece a qué título, si a "Dr.Terror", a "Refugio Macabro" o algunas de las dos traslaciones a la pantalla que la compañía hizo de los afamados y respetados comics de la "E.C.".
Sí queridos, antes que "Creepshow" y su tributo, y antes que la serie "Historias de la cripta" al completo, estuvo "Amicus" con "Condenados de ultratumba" (es decir, "Tales from the crypt") y "La bóveda de los horrores" ("Vault of horror"). Hoy hablaré de la primera, la segunda caerá en breve. Por cierto, no confundir "Condenados de ultratumba" con "Cuentos de ultratumba", también de "Amicus" y dentro del mismo formato, pero sin relación con la "E.C. Comics", en realidad se trata de una adaptación de relatos del escritor R. Chetwynd-Hayes, quien volvería a relacionarse con el formato en la entrañable "El club de los monstruos" (no una "Amicus" movie, pero casi). Aunque esa es otra historia... ¡de terrorrrr!.
Naturalmente el tono "british" de las pelis de "Amicus" dista mucho de lo que luego harían los americanos partiendo del material impreso. Estos prefirieron quedarse con el humor negro, la truculencia y la estética abiertamente comiquera, mientras que los ingleses, con el bueno de Milton Subotsky como cabeza pensante, apostaron por un rollo más serio, gótico y... en fin, más propio de "Amicus". Esta notable diferencia influyó mucho para que, vista de chaval, "Condenados de ultratumba" no me conquistara. Pero ya saben cómo va esto, te haces mayor, refinas un poco tus gustos y cuando repites, ves las cosas de otro color.
Un grupo de individuos quedan atrapados dentro de una cripta junto al vigilante de esta (es decir, el "Crypt Keeper" que en los comics narraba las historias... y hay que ver qué diferente este, interpretado por todo un Sir, Ralph Richardson, ¡del animatronic de la serie de televisión!), quien les contará a cada uno de ellos los horrores que les esperan. Todos muy moralizantes.
La moza del grupo será la protagonista de "And All Through The House", la ya mítica historia del Papa Noel psicópata que Robert Zemeckis llevó a la pequeña pantalla. La diferencia de tono es bastante, pero la ventaja con la versión inglesa es que, al revés de la americana que se veía obligada a estirar la historia (mediante guión de Fred Dekker) para adaptarla a la duración del capítulo, el director de "Condenados...", que no es otro que el entrañable director de fotografía y especialista en terrores muy a su pesar, Freddie Francis, puede contarla utilizando menos metraje y, por ende, acercándose un poco más a las intenciones del tebeo. El resultado está bastante majo, destacando la continua utilización de villancicos como fondo sonoro. Por si a alguien le interesa, la cosa va de una pécora (adecuada Joan Collins) que la noche de Navidad mata a su marido para cobrar el seguro, con la mala pata de que un asesino vestido de Santa Claus recién escapado de un sanatorio ronda la casa. Así pues, la churri no podrá llamar a la poli porque el cadáver de su esposo reposa encima de la alfombra. Y, además, su hija pequeña duerme en el piso de arriba esperando la llegada del de la barba blanca.... el desenlace me lo sabía de memoria, pero sigue siendo eficaz.
La siguiente historia puede que sea la más flojita. Va de un tío que deja a su mujer y sus hijos para escapar con la amante. En la carretera se mete un leñazo, y cuando despierta, todo el mundo que lo ve huye horrorizado. ¿Por qué?. La cosa graciosa y, me supongo, aspecto original de este capítulo es que, en el momento posterior al accidente, toda la acción la vemos a través de los ojos del accidentado... efecto que en el tebeo sería de lo más llamativo y revolucionario, pero que en celuloide se queda un poco en nada. De hecho, el final es bastante previsible y atontao, con el rollo de "era una pesadilla, pero no, pero sí...".
Le sigue otra de las que molan... aunque solo sea porque, en su esencia, es puro puro "E.C. Comics" o, dicho de otro modo, una venganza de ultratumba (como "El día del padre" en "Creepshow", vamos). El grandioso Peter Cushing es un abuelete viudo y la mar de majo que vive en un vecindario de ricachones engreídos. No le pueden echar porque la casa que habita es de su propiedad y no le tragan porque le consideran sucio y raro. Uno de estos decide hacerle "mobbing" para que se las pire... tanto se pasa que, finalmente, el abuelete se suicida. Naturalmente, cuando se cumpla un año de su muerte, volverá de la tumba para vengarse. La historia es más básica y simple que una compresa usada, pero tiene su coña, por lo que decía antes, por ser puro "E.C.", porque sabes que el abuelete se tomará la revancha y lo esperas con ansia, porque todo se desarrolla con bastante celeridad y, sobre todo, por una secuencia de resurrección de lo más "cool" (cementerio repleto de neblina, pura atmósfera macabra) y el brillante maquillaje que luce Cushing, absolutamente deudor de los tebeos y que ha dejado huella, convirtiéndose en una imagen icónica del horror británico de la época. Y no es para menos.
La que hace cuatro compite con la segunda en el puesto de la más floja, pero no gana la batalla gracias a su delirio y dinamismo. Totalmente basada en el famoso cuento "La pata de mono" (que es citada directamente en los diálogos y usada como guía) va de una pareja que le pide tres deseos a una estatua mágica. Se cumplirán, sí, pero por la vía cabrona y, a cada cual, peor. Ya saben, "Quiero dinero", y cobras el seguro por el fallecimiento de tu pareja. Ese rollo. El final está entre lo impactante, lo escalofriante y lo ridículo. A gustos. Eso sí, a lo largo de la historia destaca otra imagen maravillosa e icónica, la de un motorista vestido de negro y de faz cadavérica. Mola mil.
Y la última pues está muy bien parida, la idea chana... pero se me hizo más larga. Tal vez porque ya la había visto, y no resiste bien un segundo intento o, justamente, por durar más que las otras. La cosa va de un hogar para abuelos invidentes y del nuevo director que se instala en el, un ex-militar la mar de estricto y jeta que se queda todo lo bueno y deja que los abuelos sufran. Al final uno de ellos muere, y los demás deciden vengarse con la ayuda del perro del director. Montan una trampa la mar de inverosímil (sobre todo teniendo en cuenta que son cieguitos), pero muy espectacular. El final lo ves venir, pero funciona.
Y fin. El guardián de la cripta les explica a todos el por qué de su presencia y se acaba la peli. Y bueno, lo hace sin cohetes ni gritos de alegría, pero sí con una sensación agradable. "Condenados de ultratumba" es sencillita, simpática, entrañable, bastante entretenida y, nada, que merece verse, ya lo creo.

martes, 22 de enero de 2013

LA BÓVEDA DE LOS HORRORES

Lo cierto es que decidí no reseñar esta película después de verla hace un par de días. Me pareció tan aburrida y tan sosa que, en fin, no despertó en mi ninguna clase de sensación  Ni buena, ni mala. Pero claro, había ya comentado la primera de las dos adaptaciones que la factoría Amicus hiciera de los celebérrimos comics de la "E.C." y, en fin, se trataba de ser completista. Después de todo ese era mi plan inicial, a lo que había que añadir el sentido de cierta "culpa" por llevar más de una semana sin escribir nada y la "queja" de un lector (claro que me lo dijo en pleno estado gripal, así que igual la fiebre influyó en sus palabras). Sea como fuere, decidí dejar de perrear y me puse a teclear, con un fin: sacar el máximo de jugo a una naranja tan seca como este "La bóveda de los horrores" o, como dicen en su tierra, "Vault of horror".
La diferencia con su homónima o, ya puestos, cualquier otro film de la Amicus, es básicamente nula... en todos los sentidos, narrativamente y estéticamente. Un grupo de distinguidos caballeros británicos pillan el ascensor en un edificio. Este les lleva directamente al sótano, donde encuentran un especie de elegante comedor. Se sientan y comienzan a narrarse mutuamente extrañas pesadillas recurrentes, cada una de las cuales conforma uno de los relatos de la función.
El primero es el más célebre por una imagen casi icónica, la de un tio colgado del techo con un grifo clavado en la yugular, mientras un grupo de alegres vampiros le sacan sangre para beberla con gusto. En la peli, el tio es un asesino con aviesas intenciones. En el comic, alguien normal y corriente con mala pata. Y es que, como es habitual, todos los protagonistas de las historias sufren un final terrible pero merecido. Castigo moral, lo llaman, algo que convierte el material filmado en más inofensivo que el dibujado. En todo caso, la movida va de un baranda que visita a su hermana para matarla y así cobrar el seguro, pero resulta que el lugar anda plagado de vampiros (incluida la hermana) y terminará siendo la cena de todos ellos. Sosa y tontuna.
La siguiente va de un maniático del orden que atormenta a su patosa y, obvio, desordenada recién adquirida esposa cada vez que esta mueve algo de sitio. No hace falta decir que la cosa derivará en locura y asesinato. La historia y su desarrollo son tan tontainas que los responsables deciden impregnarlo todo de un comedido tono cómico... pero en lugar de compensar el chorrismo general, incrementa su tontabilidad. Cuando termina te quedas en plan "¿UH?".
La cosas no mejoran con la que hace tres. Un mago va a la india en busca del truco final. Lo encuentra y, para apoderarse de el, mata a su responsable... lo que conllevará la consiguiente venganza. Esta puede ser un poco menos previsible que la anterior, pero sigue haciendo gala de un notable sosismo.
Algo más potable es la historia que sigue... aunque solo sea por su relativa imprevisibilidad, su abierto tono gótico (ese tétrico cementerio donde se desarrolla la parte final) y los guiños que Amicus lanza a su fuente y a sí misma: El prota de la historia deducimos es un guionista de tebeos de terror. Encima de su despacho tiene un tomo recopilatorio de viejos comics de la "E.C." y, para matar el tiempo, se sienta en el sofá a leer la novelización de "Condenados de ultratumba". Va a hacerse pasar por muerto para cobrar no se qué (otra vez). La idea es que, 24 horas después, su socio le desentierre (por lo visto en ésa época corrían mucho en meter bajo tierra al cadáver una vez descubierto). Pero este decide traicionarle. Todo iría por ese camino si no fuera porque un par de estudiantes de medicina necesitados de cuerpos humanos corren al cementerio a sacar de su ataúd a nuestro prota. Sin embargo, varios hechos harán que las cosas no terminen como parece que vayan a hacerlo... y ahí es donde está la gracia de esta historia. Ya digo, la mejor del pack... sin ser tampoco gran cosa.
La última, parte de una buena idea, pero con un desarrollo plomizo y desaprovechado. Un pintor que sufre el trauma clásico de "Nadie me comprende", se entera de que sus cuadros se venden como churros pero su representante se lo oculta y se queda todo. Decidido a vengarse, pide ayuda a algún maestro del vudú que le otorga el poder de hacer el mal a través de su talento. Es decir, si pinta un retrato de Perico y luego le clava un cuchillo en el ojo, en la vida real Perico tendrá un accidente que terminará con un ojo perforado. El pintor se va vengando de todos en muertes bastante cutrilongas sin percatarse de que cometió un error, pintó un auto-retrato, lo que le hace vulnerable. Aunque para errores el del guionista, el amicus-man Milton Subotsky, ya que dicho auto-retrato lo pintó ANTES de obtener sus poderes. Pero como diría un amiga mía: "Da iguaaaal!!!".
Dirigida por el artesano del horror británico -muy a su pesar- Roy Ward Baker y con un reparto bastante curioso compuesto por gente como Terry-Thomas, Curd Jürgens o Denholm Elliott, "La bóveda de los horrores" es bastante inferior a su peli precedente y, en fin, bastante mediocre en general. Habrá quien le vea cosas buenas con ayuda de la nostalgia, pero para mi hay algo peor que una peli odiable... y es una peli ignorable. Como esta misma.

jueves, 20 de diciembre de 2012

CUENTOS DE ULTRATUMBA

Hace escasos días, cuando comentábamos la película "Condenados de ultratumba", les advertía de que no la confundieran con, justamente, otra producción "Amicus" de parecido título e intenciones, esta "Cuentos de ultratumba" de la que hablaremos a continuación, fechada el año 1973 y con un título original más llamativo, "From beyond the grave", algo así como "mas allá de la tumba".
En esta ocasión, y sin salirnos del tema episódico, tenemos cuatro historias, todas ellas basadas en relatos del escritorcillo R. Chetwynd-Hayes, que en 1981 volvería a vérselas con el cerebro pensante tras "Amicus", Milton Subotsky, en la simpática "El club de los monstruos" (donde Chetwynd-Hayes figuraba como personaje), producida por otra compañía, pero de parecido espíritu y esencia a las "Amiculadas". El siempre grande, siempre único Peter Cushing interpreta al inquietante y paliducho dependiente de una tienda de antigüedades. Cada comprador, y cada objeto que vende, protagonizará su propia "horror story"... con resultados diversos.
La primera es la peor. Otro grande, David Warner (el actor más mal peinado del mundo), entra en la tienda y compra un espejo que tiene 400 años de antiguedad. De hecho, engaña a Cushing haciéndole creer que es más barato (y es que todos los protas de todas las historias que terminan con un final chungo, intentan estafar al tendero, el único que paga el precio acordado, sobrevive). En casa, monta una sesión de espiritismo con unos amigos y, de este modo, despierta al fantasma de un especie de Jack el destripador que vive dentro del espejo y obliga a Warner a sacrificar mozas para poder salir de su encierro paranormal. Mucho líquido rojo, pero poco más. El final es previsible y tonto a más no poder. Lo único destacable de esta historia es que algunas de sus imágenes (concretamente las de un asesinato) aparecen fugazmente en "La lista negra", la última aventura de "Harry Callahan", cuando este mira por televisión extractos de las terribles y amorales películas de terror dirigidas por el personaje de Liam Neeson.
La segunda es, seguramente, la mejor. Y no porque sea una maravilla, pero al menos resulta algo más imprevisible, original y con un final bastante ingenioso. Un pobre desgraciado que vive con  una mujer que le trata como la mierda y un hijo que pasa de él, se hace amigo del entrañable Donald Pleasence, quien le presenta a su hija... interpretada por la hija real del mismo actor, Angela (imagínense al amigo Donald con peluca y menos arrugas), cuyos inquietantes rostro y mirada son explotados muy inteligentemente. Entre esta y el prota comienza a florecer el amor y, con ello, el deseo de que su esposa fallezca, a través del vudú, la magia negra o lo que coño sea. Lo dicho, está curiosa.
La que hace tres baja el nivel, aunque tiene un arranque muy prometedor. El típico inglés de bombín y paraguas viaja en el tren camino de su casa, en eso que una extravagante mujer le increpa y le advierte que tiene un especie de demonio invisible sentado en su hombro y que, poco a poco, irá creciendo. El tio se piensa que está loca e intenta escaquearse, pero esta se presenta como medium y le ofrece una tarjeta por si algún día necesita sus servicios. No hace falta decir que el supuesto bicho existe y que se cebará con la esposa del gentleman. Tanto, que se verá obligado a recurrir a la puñetera medium... y aquí se estropea la historia, adquiriendo un tono semi-humorístico y grotesco que no le hacía ni falta. Encima, superada esta parte, el final se nos presenta como previsible y totalmente anodino. Una pena.
Llegamos a la cuarta, sobre una puerta antigua que, al ser instalada en casa, si la abres a medianoche, entras en un habitáculo medieval donde un especie de brujo se dedica a sacrificar a inocentes (especialmente churris) para mantenerse vivo. Un poco lo mismo que la primera historia, la del espejo. La elegida para tal menester es la guapísima Lesley-Anne Down... suerte de su maromo que la salvará y, como decía al principio, todo acabará bien.
Riza el rizo antes de los créditos finales un pequeño gag sobre un ladrón que entra en la tienda a robar y se encuentra con los trucos macabros del amigo Cushing.
Y ya está. Nada que destacar. "Cuentos de ultratumba" es una peli de esas de ver y olvidar al instante que chorrea por todos sus fotogramas la sosez y el espíritu siempre telefílmico de su director, el "chico para todo (pero no le pidas maravillas)" Kevin Connor, responsable de algunos títulos populares como "La tierra olvidada por el tiempo", "Los conquistadores de Atlantis" o, más adecuada para nuestros lectores, la aburrida "Motel Hell". "Cuentos de ultratumba" era su primera película, y resulta de lo más interesante que ya por entonces Connor hiciera gala de ese no-estilo que, a la larga, se convirtió en un sí-estilo. Su cine es como follar con condón, para hacernos una idea, y la peli hoy comentada  encaja perfectamente en esa descripción.

sábado, 29 de marzo de 2014

AQUELLAS CARATULAS MARAVILLOSAS (40): UNA JETILLA ALUCINANTE

Siendo justos y honestos, el post de hoy no debería entrar en el club de las caratulas maravillosas porque lo que anal-izaremos y diseccionaremos a continuación no es una caratula, sino un recorte de prensa. Pero dado que, por lo demás, tratándose del pseudoengaño del que se trata, encaja perfectamente y de que este es nuestro puto blog, donde hacemos lo que nos da la puta gana y si no les gusta, pueden largarse a cualquier otro, pues, bueno, creo que la acción queda del todo justificada, ¿aquezi?.

Hace escasos días anduve por los dominios del rey de los cineastas "outsider" Juan Carlos Gallardo. Entre muchas otras y notorias cosas, resulta que el muchacho es un mega-fan del cine, especialmente si es "fantastique", y se entusiasma desmedidamente cuando arranca a hablar de ello. Y sin descanso. Solo alguien de este porte habría sido capaz de acumular a lo largo de los años los anuncios de prensa de estrenos cinematográficos adecuados a tales apetencias, y solo él los mostraría con orgullo y dilatada pasión, cosa que lotrodia hizo para mi y mis bonitos y honorados ojos verdes.
De entre todo el montoncillo de arrugados y amarillentos recortes, destacó este que sigue.....



¡¡Oh, "Una pandilla alucinante"!! el sobrevalorado clásico de Fred Dekker del año 1987, originalmente concebido como "The monster squad". Una de esas películas a las que el paso de los lustros otorga cierta pátina de notoriedad, aunque en su época no pareció contentar a nadie. Yo mismo acudí al cine a verla y recuerdo que salí algo confuso, ¿me había gustado o era una mierda?... lo que sí es cierto es que, ya en 1987, su tufo a producto "a lá Spielberg" quedaba algo anticuado. Total, amiguitos, que la nostalgia es mu mala.
Sin embargo, si miramos a fondo la ficha del film en "Imdb", concretamente su florido reparto, nos damos cuenta de que, no, Vincent Price no figura entre los protagonistas. Ni tan siquiera entre los secundarios. Vamos, es que ni cameo hay pal muchacho. ¿Y por qué Vincent Price?, coño, pues porque aparece  en el cartelito en cuestión... acérquense y compruébenlo ustedes mismos...........





¡Ah, canastos!, ¡¡Vincent Price y asociación ociosa de monstruos!!, entonces no hablamos de la película de Fred Dekker, sino de esta otra con la que, además, la ilustración concuerda enormemente (salvo por el Frankenstein, que tampoco aparece en el cartel original, ¿de dónde lo habrán sacado?, a saber, pero ¿podría tratarse de "Herman Munster"?)....




"El club de los monstruos", o "The Monster Club" (que suena muy parecido a "The Monster Squad"), es un producto del año 1981 en el que Milton Subotsky en funciones de producer mandaba un notorio "hasta siempre" a la famosa productora británica de horrores episódicos "Amicus" de la que, no porque sí, él mismo había sido co-propietario en sus golden years (y ojo, no digo que "El club de los monstruos" fuese una "Amicus movie", porque pa entonces la factoría de horrores fílmicos llevaba ya un tiempo enterrada, pero es evidente que se nutre mucho de su espíritu y su esencia). El guiño/tributo se completaba con otras presencias tan propias de la "old school" como Roy Ward Baker a los mandos, John Carradine, Donald Pleasence y, ¡zí!, Vincent Price. Añadiremos que, a pesar de su patético intento de modernizarse (incorporando actuaciones de bandas rockeras esperando asín ganarse a la platea joven), y de ciertas chungueces, "El club de los monstruos" era una peli de lo más simpática y entrañable.
Pero algo fallaba, porque no, aquel recorte NO era el de la película de Roy Ward Baker. ¿Que cómo lo sé?, carayo, basta con acercarse a los créditos que hay en la parte inferior y fijarse en quién figura como director....




Pues sí, ingratos lectores, lo que aquí tenemos es otro caso de jeta típica de la época, con la diferencia de que la hemos sacado de su ambiente videoclubero habitual para llevarla hasta la prensa escrita. Por coincidencia de títulos originales, a algún listo/perezoso le pareció buena idea usar el cartel de "El club de los monstruos" para publicitar "Una pandilla alucinante". Si echamos atrás en el tiempo y recuperamos el cartel original de esta última, tanto el que se vio en salas como en video-clubs (cortesía de "Record Visión"), comprobaremos que las diferencias son así como muy notables (también en el tono, ya que con el falso anuncio parece que vayamos a ver básicamente una comedia, cosa que no era del todo la peli de Dekker).





¡¡Emoción, intriga y dolor de barriga!!.
Gracias a Juan C. Gallardo por el recorte, a Pajarillo por la presencia y a las almas anónimas que me han cedido -algunas sin saberlo- el resto de imágenes que dan vida y color a esta tan maravillosa -como siempre- entrada.

sábado, 18 de septiembre de 2021

REFUGIO MACABRO

Ya saben -o deberían- lo que pienso del cine de terror británico clásico. No, no me va mucho. Y tampoco me tira nada la labor de "Hammer Films". Únicamente la gente de "Amicus" se ganó mi simpatía. Tal vez por su tendencia al formato episódico -que me gusta-, tal vez porque sus pelis se desarrollaban en la época moderna de entonces (nunca he conectado mucho con el rollo victoriano) o tal vez porque tenían un puntito de "trashismo" que las hacía encantadoras. No sé. El caso es que ya he reseñado unas cuantas (como "Condenados de ultratumba", "La bóveda de los horrores" o "Cuentos de ultratumba")  y hoy una más se suma al petate, "Refugio Macabro" (subtitulada "La casa de los locos" según la edición).
Fechada el año 1972, y originalmente bautizada como "Asylum", cuenta la historia de un médico que llega a un manicomio para entrevistarse con su director e incorporarse a la plantilla. Una vez allí, se encuentra que el susodicho ya no ocupa su silla, lo hace otro loquero que le cuenta que aquel perdió la chaveta y ahora forma parte de la clientela. De esta guisa le propone un juego. Deberá visitar a cada uno de los enfermos, escuchar la batallita de todos ellos y, al final, descubrir quién es el director original de la institución.
Y con la excusa, nos cuelan tres historias. Primero, una sobre un marido que decide asesinar a su cornuda esposa. Esta, al haber hecho tejemanejes con el vudú, revivirá para vengarse... o mejor dicho, lo harán la suma de sus partes. Pal caso llama la atención que el asesino consiga descuartizar a su víctima sin derramar ni una sola gota de sangre. Ni salpicarse la camisa. Está simpática. Le sigue otra sobre un sastre al que encargan un traje muy raro que brilla en la oscuridad y tiene el poder de otorgar vida a objetos muertos... o personas muertas. Cuando el tipo que se lo encargó decida no pagar, se liará parda. Esta puede que, con sus carencias (le insisten al sastre que siga las reglas a rajatabla, este no cumple y, en apariencia, no hay consecuencias), sea la mejor. La más original al menos. Y llegamos a la tercera, la peor. La más aburrida. Va sobre una tipa recién salida del manicomio que se reencuentra con su peligrosa hermana, quien recurrirá a la violencia para librar a aquella de las garras de quienes la retienen. El final se supone sorpresa... aunque se ve venir a la legua (supongo que en 1972 se vería un poco menos).
Aquí terminarían las historias para centrarnos en la trama de base. Cuando el doctor llega hasta el último paciente, resulta que este se ha aficionado a construir robotitos con la cara de personas reales y la intención de transferir sus mentes al interior para convertirlos en una extensión de ellos mismos. Llegado el momento, el chalado hará lo propio con uno al que usará como máquina asesina. En este caso llama la atención el aspecto de los robotitos, entre lo encantador y lo patético. En realidad se limitaron a coger esos robots de juguete que muchos de nosotros -los de mi quinta- pudimos tener en la infancia, a cuerda con ruedecitas en los pies y que iban avanzando torpemente, compuestos de un torso en forma cuadrada, pintarlos de plata y añadirles una cabeza "realista" que intenta parecerse al actor que lo maneja. ¡Saleroso!.
Con eso y un bizcocho, llegamos al final de "Refugio Macabro" que, como buena película "Amicus", nos depara un desenlace sorpresa razonablemente efectivo aunque un poco risible.
Y resulta que hemos pasado poco menos de 90 minutos bastante amenos, a los que han contribuido, como es de menester, el look añejo/setentero del film, sus buenas maneras, ese lenguaje visual clásico, anticuado, pero agradecido para mis cansados ojos y un puñado de rostros reconocibles y entrañables por igual: Richard Todd, Peter Cushing, Britt Ekland, Charlotte Rampling, Herbert Lom, Patrick Magee o Robert Powell.
Escribe el prestigioso Robert "Psicosis" Bloch. Dirige el todoterreno Roy Ward Baker.
"Refugio Macabro" es la prueba contundente de que, en cine de terror, cualquier pasado fue mejor.

sábado, 8 de noviembre de 2025

LA RESURRECCIÓN DEL MAL

Hace casi quince años aseguraba con bravuconería que jamás vería esta película. Y aquí me tienen, escribiendo sobre ella. ¡Ay, bocazas!. ¿A causa de qué solté tal sentencia? Pues acababa de pimplarme el título que la precedía, "Algunas veces ellos vuelven", telefilm basado en un relato de Stephen King cuyo éxito generó dos continuaciones directas a los estantes del vídeo-club que, dado el escaso entusiasmo provocado por aquella primera dosis, decidí ignorar. Concretamente, esta segunda juega al papel de remake disfrazado. Carece de conexión narrativa con la previa, pero viene a repetir el mismo esquema argumental salvo puntuales variaciones. Por lo que, si la presencia de King en aquella ya sería algo diluida (considerando que convertía en largometraje un relato corto), aquí directamente pasa a excusa.
Los gamberros del pueblo (el "leitmotiv" de la franquicia) son tan malos que realizan rituales satánicos. Aquello que un chaval es testigo de cómo sacrifican a su hermana de dieciocho recién cumplidas primaveras. Lógicamente ofuscado, acaba con ellos en plena celebración de la efeméride diabólica. Pasan treinta años, ahora el chaval es padre soltero de una hija apunto de cumplir mayoría de edad. Ello provoca que los gamberros regresen de los avernos con intención de usar a la moza para concluir el ritual interrumpido en su día.
Cambiar la tele por el vídeo-club (suspiro...) aporta ciertas ventajas, como poder incluir algo de sangre (muy comedida. De efectos especiales prácticos la cosa anda bien, aunque parapeten muertes tan risibles como la chavala cosida a "cartazos". Los visuales, en cambio, resultan menos convincentes, rozando por momentos un doloroso cutrismo) y unas pocas tetillas bonitas de ver. Pero ahí termina toda diferencia. Como producto noventero de terror de escaso montante, "La resurrección del mal" (traducción porculera de "Sometimes they comeback... again", "Algunas veces ellos vuelven, otra vez"), se deja ver sin mayores aspavientos. Es puro "fast food" de manual, con algunas salidas narrativas ridículas, de esas que parece que te tomen por tonto (como ver al protagonista librarse alegremente y sin mayores dificultades de la cadena que le inmoviliza. O la desesperada búsqueda de un objeto que, al final, resulta estar a la vista, fácilmente localizable...) y un "tic" muy irritante y de su tiempo, las maneras "a lá Freddy Krueger" que gasta el satánico jefe de la pandilla, es decir, "verborreando" hasta el paroxismo cada vez que asesina a alguien a base de pretendidas gracietas (algunas tan lamentablemente inimaginativas como cuando a un manco recién amputado le suelta aquello de "Gracias por echarme una mano").
A este le otorga (sobre)vida Alexis Arquette, perteneciente a la famosa casta y de rostro bastante peculiar. Llegó a dejarse ver en "Pulp Fiction" y luego fue el novio gótico de "La novia de Chucky" (donde, esta vez, él era el sacrificado durante un ritual). Posteriormente cambió de sexo, pero apenas tuvo tiempo de disfrutarlo ya que falleció en 2016.
Se enfrentan a él Michael Gross, eternamente ligado a la "sitcom" "Enredos de familia" y a otra franquicia segundona, "Temblores", y su hija, interpretada por una jovencita y muy bella Hilary Swank años antes de dar el salto a primera división. Les acompañan Patrick Renna, al que reconocía por su oronda figura y feo careto. Creía situarle en alguna película de cierto peso, pero no, se trata del tardío y aburrido slasher "Dark Ride" ("La casa del terror" en las españas). Su físico también le llevó a formar parte del cast de una comedia -igualmente tardía- de "National Lampoon", "Escuela de novatos". Otro rostro bastante familiar es el de Molly Hagan, que "En la resurrección del mal" hace de sheriff.
Igual que "Algunas veces ellos vuelven", y varias de las adaptaciones de Stephen King de esos años, produce -entre otros- el ex-"Amicus" Milton Subotsky. Guioniza Guy Riedel (siendo el único libreto de su filmografía, más centrada en labores de producción) a pachas con el director debutante, Adam Grossman. La experiencia le otorgaría puntos para responsabilizarse dos años después, bajo mandato "productil" de Wes Craven, de "El carnaval de las almas", supuesto remake de aquella cult-movie aburrida de cojones y con la que nunca he conseguido congeniar, "Carnival of Souls". Las malas críticas y, presupongo, escasa recaudación le condenaron a la inopia, salvo cuando co-escribió el guion de, justo, la tercera parte de la saga que nos ocupa, "Sometimes They Come Back... for More" ("Algunas veces ellos vuelven... a por más"), aquí marcianamente titulada "Infierno blanco" y situada esta vez en el inhóspito escenario de una base científica del ártico. No me pregunten sobre ella porque, ciertamente, mis recuerdos son escasos... casi inexistentes.

sábado, 27 de abril de 2024

CHANNEL 13

Pues cuenta Mark Polonia (la mitad viva de los populares hermanos) en la introducción de "Channel 13" que un día cualquiera, hurgando en el desván, localizó un puñado de polvorientas cintas VHS bendecidas en sus adentros por un proyecto suyo, y de su brother, a medio cocer, enterrado por el cruel devenir del tiempo. Y puesto que, como ya se ha visto anteriormente, este par no perdían ocasión alguna de insuflar nueva vida a todo su pasado (con el apoyo de "SRS Cinema", peñica especializada en editar SOV de horror mierdoso bajo la irritantemente equivocadísima utilización de la etiqueta underground) pues digitalizó todo ello, lo editó, le añadió nuevas escenas y, ea!!, ya tenemos otra peli lista para apestufar todavía más el infrauniverso de las plataformas de streaming.
"Channel 13" se parió originalmente, a finales de los ochenta, con intención de currarse una antología inspirada en los logros de "Amicus" y "Creepshow". Así pues, tenemos a un pringadillo fan del horror que, haciendo zapping, se queda atrapado en el mentado canal trece, donde un host de miserable aspecto monstruoso (luciendo careta pillada en el "Party Fiesta", un proceder muy propio de los Polonia) introduce tres historias.
La primera, "All Hallows Eve", es la mejor (tal vez por, justo, ser la primera) en la que un chaval inadaptado se harta de ser mal tratado y decide "revancharse" ayudado por su mejor amigo, un espantapájaros con vida propia. ¿O eso cree su trastocada mente?. Pues nunca lo sabremos porque, acorde a lo comentado al inicio, no dispone de un final. Termina abruptamente y sin aclarar nada. Suerte que el trayecto viene trufado de cierto encanto. Al ser un cortometraje facturado VHSs mediante por un par de jovenzuelos (que se reparten los roles protagónicos y, obviamente, hacen de hermanos... parecido físico obliga), pues es inevitable. Todo muy artesano y apasionado. Con crímenes bien truculentos a base de trucajes pobretones aunque simpáticos, mucha iluminación de color rojo y, oiga, un acabado para nada desdeñable. Digno y solvente. De hecho, mejor que mucho de lo que harían luego los Polonios, más crecidos. Juntos o por separado una vez palmó John.
Es especialmente gracioso que, ocurriendo todo durante la noche de Halloween, uno de los asesinados va disfrazado de Michael Myers. Y muere con la máscara puesta. Habría estado bien que el resto de víctimas también llevaran disfraces de psycho-killers famosos del cine... pero a John y Mark no les sobraban los amigos (ni las buenas ideas).
El regusto más o menos positivo que deja "All Hallows Eve" se ve emborronado por la historia siguiente, absolutamente horrible. "Claws of terror" es, simple y llanamente, una mierda. Y muy gorda. Un senderista es atacado por un especie de pájaro monstruoso de aspecto hiper-chungo manejado a base de stop-motion, verdadero motivo de que exista la piéce (probar el rollo Harryhausen). En la época no llegaron a fabricar y grabar a la criatura, así, pasados todos estos años, Mark y su hijo Anthony (director por cuenta propia) unen esfuerzos y se encargan de ello. El resultado no dista mucho de lo que hubiesen hecho los hermanos siendo chavales. Torpe, chusco y ridículo, incluso para su condición amateur/SOV.
Y llegamos a la tercera y última, "Slaughterhouse". En la introducción, comenta Mark Polonia que la hicieron motivados por la existencia de "Motel Hell", aunque entonces todavía no la habían visto. Les inspiró el material promocional publicado en "Fangoria" y que tanto nos impresionó a todos (ver gráfica muestra al final de la reseña) para, aluego, alquilar la película en el vídeo-club (cortesía de "Warner Home Video") y llevarnos una tremenda decepción, la misma que Mark y su hermano. Y, creo, el fandom al completo. Pero eso de parir una pieza inspirada en otra sin haberla consumido, llevado únicamente por la pasión, imaginando lo maravillosa que será y, en cierto modo, superándola, es algo que yo también he disfrutado / vivido / sufrido, y por ello la empatía, en este caso, pesa. Aunque no tanto como para reconocer que "Slaughterhouse" es flojucha y más de lo mismo. De lo mismo que "All Hallows Eve". Se parecen bastante, sobre todo por el recurrente escenario, el casoplón de la familia Polonia, con ese sótano repleto de cachivaches al que tanto partido sacaron los dos benjamines. La novedad aquí reside en que uno de ellos encarna a un granjero loco veterano del Vietnam, y para marcar diferencia, se unta el rostro de mierda -buscando un efecto "barba de cuatro días"- y, lo más mejor, incorpora un cojín a modo de panza, uno que canta como una almeja en su forma cuadrada. La movida va de unos amigos instalados en un siniestro hotel regentado por el mentado tipejo, de tendencias caníbales, y su retardado hijo, quien se encarga del trabajo sucio. Como la primera, carece de un final-final.
Todas las escenas intermedias, destinadas a ejercer de pegamento y grabadas a posteriori, se suponen ambientadas en los años ochenta, por aquello de no dar demasiado el cante con respecto al resto de "Channel 13". Pero, claro, lo gracioso aquí es que la casa del pipiolo que las protagoniza pertenece a un auténtico devoto de aquella década, con posters, merchandising y objetos varios aludiendo a esos gloriosos días. Una elección tan medida que apesta a artificio, especialmente porque todas estas mierdas entonces eran lo normal, productos desechables propios del momento, no habían adquirido el áurea mítica y mágica que arrastran ahora y por el que son coleccionados y pasto de sucia mercadería... así pues, decorar un hogar supuestamente ochentero con todos ellos resulta altamente extraño e inadecuado. Pero hilarante, por la inocencia que destila, muy propia de los hermanos Polonia y que, aquí, perteneciendo el metraje mayormente a sus juventudes, abunda por doquier, haciendo de "Channel 13" una cosilla simpática y curiosa de consumir, sin más.

Como les decía arriba, ahí van las fabulosas imágenes de "Motel Hell".
Presentes en el film, sí, pero a kilómetros de distancia del show gore,
demencial y gran guiñolesco que prometían. Una auténtica lástima.

lunes, 13 de diciembre de 2010

ALGUNAS VECES ELLOS VUELVEN

Llevo esperando ver esta película desde que fue portada del número uno de la edición Española de la revista "Fangoria" (la de Luis Vigil, no la otra mierda), pero no tuve oportunidad hasta la pasada noche. De entre medio, casi 20 añazos de espera. Eso es tener paciencia, joder. ¿Y valió la pena?... pssss, no especialmente la verdad.
Basada en un relato corto de Stephen King, en pleno apogeo de este como material adaptable a la pequeña pantalla (y el film comentado, lo es), producida por el recientemente fallecido Dino de Laurentiis (quien se permite un auto-guiño colando su "King Kong" del 76 en una tele) y co-producida por Milton Subotsky, ex-jefe de "Amicus" y sufriendo de Kinguitis en los últimos años de su existencia terrenal, "Algunas veces ellos vuelven" cuenta con protagonismo del entrañable Tim Matheson, acompañado de los reconocibles rostros de Brooke Adams ("La zona muerta", "La invasión de los ultracuerpos"), Robert Rusler (guaperillas en "Vamp" o "La mujer explosiva") y William Sanderson (cult-actor que arrancó en el campo del exploitation con la ultra-racista "Fight for your life" y ganó cierto peso por su papel secundario en "Blade Runner"). El dire no es otro que Tom McLoughlin, popular por ser el responsable de la sexta entrega de "Viernes 13", así como de la modesta pero majilla "Siniestra Oscuridad".
Un padre de familia vuelve al pueblo de su infancia con fines laborales. El problema es que de chaval presenció la muerte de su hermano mayor en manos de unos macarrillas que, oh mala pata, seguidamente fueron arrollados por un tren. Casualmente uno de esos días se cumple el nosecuanto aniversario de la tragedia, y los espíritus de los bad boys regresarán del mas allá sedientos de venganza.
Siempre me pareció a mi que Tom McLoughlin tenía algo de curilla. No ya solo por ser el director de "Cita con un ángel muy especial" (sí, tómenlo literalmente), sino porque en sus declaraciones y sus intenciones (limpiar la saga "Viernes 13" de la suciedad que arrastraba a causa de su reivindicable quinta entrega, metiéndole humor, buenrollismo y unas gotas de violencia más contenidas) siempre me ha parecido sospechosamente cumbayá. En serio. Y esta "Algunas veces ellos vuelven" me lo confirma, por su exaltación de los valores familiares, su rollo lacrimógeno de baratillo y esas puertas lumínicas al mas allá, camino del paraíso donde todos nos acabaremos encontrando y bla, bla. Pero claro, carayo, es que a fin de cuentas hablamos de un telefilm, todo el muy limpio, muy contenido (muertes insulsas, y la más atrevida mostrada desde lejos) e inofensivo. Ideal para la tarde del Domingo. Y sí, en un caso así funcionaría, es razonablemente entretenida. Pasable. Pero yo de ti no tendría prisa en verla (bueno, yo no la tuve, 20 años lo atestiguan).
El caso es que por lo visto funcionó tan bien la cosa que tuvo dos secuelas más, "Sometimes they como back... again" ("La resurrección del mal") y "Sometimes they como back... for more" ("Infierno blanco", de la que solo he oído pestes), que no he visto, ni veré.

viernes, 28 de marzo de 2008

MAXIMUM OVERDRIVE / LA REBELIÓN DE LAS MÁQUINAS

Recuerdo cuando las revistas especializadas en cine fantástico hablaban de "Maximum Overdrive" (uso el original porque el Español, "La rebelión de las máquinas" es, en comparación, mucho más soso) como el no va más de la temporada de estrenos que se avecinaba. Y es que no era para menos, el escritor Stephen King, padre de nosecuantos grandes títulos del horreur moderno, debutaba tras la cámara. Encima, las fotos que se veían eran de lo más jugosas, y prometían un festival de sangre y vísceras muy estimulante. Finalmente, todo acabó resultando una decepción tremebunda, la peli fue un fracaso de crítica y público y a estas tierras de lerdos llegó directamente en vídeo y, si no recuerdo mal, a través de la mítica "Dister", la misma que editó "Slugs, muerte viscosa".
Yo la alquilé en su día, pero a penas la recordaba... algo que en mi agenda es mala señal. Por eso, cuando la vi reposar en los estantes de casa de un amigo, en su edición digital (que por cierto, hace gala de los diseños de menús más horribles que se recuerdan), me entraron unas ganas irrefrenables de refrescar la memoria. Ahora puedo decir que tenía mucho sentido que mi cerebro se hubiera tomado la molestia de borrar todo recuerdo al respecto.
"Maximum Overdrive" cuenta la historia de cómo la cola de un cometa que pasa cerca de la tierra, dota de vida a todas las máquinas del mundo (desde un ventilador a un camión, que para algo tienen un papel protagonista) y estas deciden revelarse contra los seres humanos. Sobre tan básica premisa, Stephen King emula a John Carpenter (entonces aún en forma) metiendo a un grupo variopinto de personajes en un lugar cerrado del que intentan huir, pero no pueden, en este caso una estación de servicio.
Vale, hasta aquí bien. La lástima es que el film no necesitaba de mucho más para ser mejor, lo que pasa es que, claro, con el autor de "Carrie" dirigiendo, uno ponía (remarco que está escrito en pasado) las expectativas demasiado arriba. La falta de ritmo y, sobre todo, unos momentos de humor bastante anodinos y chorras (luego está el cachondeo involuntario, que lo hay), hacen cojear muy mucho al resultado. Encima, los personajes son bastante cutres, en especial ese Emilio Estévez como delincuente de buen corazón pero con carrera universitaria (¿que gilipollez es esa?, ¿acaso un no-universitario no puede ser valiente, inteligente y resolutivo?). Luego tenemos a la chica, de lo más sosilla y que mantiene un ridículo romance con el héroe de la función (de la actriz que le da vida, poco se volvió a saber). Y en general, sorprende que, a pesar de la delicada situación que viven y de haber presenciado el fenecimiento de seres queridos, los actores se pasan todo el metraje risueños y bromistas. De por medio, el propietario del antro resulta que tiene el sótano repleto de armas y las utiliza a intervalos, en lugar de acabar con la amenaza de un tirón (aparte de que disparar cohetes en una gasolinera no sea como muy seguro... digo yo). Cuando la peli está ya acabando y, más o menos, piensas que no está mal del todo (en especial la secuencia en la que los camiones forman una enorme cola para recibir su dosis de fuel), sale un texto que nos aclara que la culpa no era del cometa, sino de un ovni que chocó con un satélite Ruso y no se que polladas... ¿¿MANDE??, ¿y algo tan espectacular y determinante no lo hubieras podido mostrar, en lugar de perder el tiempo filmando a la panda de gilipollas escapando de los camiones?. En fin.
En otro aspecto que "Maximum Ovedrive" decepciona es en lo del gore y demás... las imágenes prometían mucha más chicha de la que finalmente hay, siendo esta bastante poco vistosa.
Un dato curioso: Metido en la producción está Milton Subotsky, co-fundador de la mítica compañía británica especializada en terrores “Amicus” y que desde ese momento, y hasta el día de su muerte, se dedicó a meter mano solo en adaptaciones de Stephen King para la gran y pequeña pantalla. Otro: Yeardley Smith, que interpreta a la irritante recién casada, es la responsable de darle voz -desde el principio- a ¡Lisa Simpson!.
Stephen King (que no repitió en la dirección y, francamente, podría... otros hacen más mierda y siguen) suele decir que cuando rodó esta cosa iba hasta el culo de coca -entre otras substancias, presupongo-, y se refiere a ella como "Mi propio "Plan 9 from outer space"", aunque hayan muchos críticos convencidos de que ya le gustaría a King haber facturado una peli la mitad de divertida que la de Ed Wood (no es mi caso, considero "Plan 9..." un tocho insufrible) 
¡Cuanta mala leche!

sábado, 21 de agosto de 2021

S.O.S. EL MUNDO EN PELIGRO

Como se suele decir, he gastado ríos de tinta proclamando a los cuatro vientos lo mucho que "Posesión Infernal" y "Creepshow" hicieron por mi cinefagia, especialmente aquella enfocada al terror y fantástico. Pero no son las únicas. De hecho, hay un par bastante más antiguas que, de alguna manera, las precedieron y me marcaron lo suficiente como para querer más. De una de ellas, "Matar o no matar", hablé profusamente en un número de mi querido y diminuto fanzine. De la otra casi me había olvidado hasta que la rescaté hace unos días en la televisión, "S.O.S. El mundo en peligro". Sí, Terence Fisher, Peter Cushing, terror británico de los sesenta, bla, bla... todo como muy estupendo. Pero debo aclarar que, en general, esa clase de material no suele interesarme. No me hace demasiado tilín la "Hammer". Puede que sienta más simpatía por "Amicus", pero el fanatismo, en este caso, queda lejos de mi jurisdicción. Por eso, el afecto que despliego hacia la peli reseñada es una agradable anomalía, resultado de la anécdota del cómo la consumí en su día, sentado en el sillón junto al resto de la familia, cubriéndome los ojos con alguna revista y escuchando horrorizado los sonidos esputados desde la caja tonta. Recuerdo perfectamente a mi querida madre intentando sacar hierro al asunto a base de bromear con el aspecto de los monstruos que pueblan la película, pero no funcionaba. Lo pasé bastante mal, sobre todo oyendo los graznidos de los mismos y a mis hermanos comentar la amputación de mano hacha mediante que sufre Cushing (una escena bastante truculenta si tenemos en cuanta la época y tal. Llama la atención lo "bien" que se lo toma el personaje. British hasta la médula).
En una pequeña isla comienzan a aparecer grotescos cadáveres a los que algo les ha absorbido los huesos, convirtiéndolos en huecas masas gelatinosas deformes. Unos científicos acuden a investigar y descubren la existencia de unas criaturas surgidas de un experimento fallido. Tienen caparazón de tortuga y cabeza de serpiente/anguila. Además, son capaces de dividirse, por lo que como no se den prisa, pronto la isla quedará infestada.
Aparcando todo sentimentalismo nostálgico, "S.O.S. El mundo en peligro" (farragoso título hispánico de "Island of Terror") es una peli muy del montón. Terence Fisher pone el automático y tira millas, sin pararse mucho a pensar. Todo en ella es de manual, convencional. Tal vez lo único destacable sean los bichos y las consecuencias de sus ataques. Pero al menos puedo evitar recurrir a aquello de "Mejor quedarme con el buen recuerdo y no volver a verla". Sirve pa pasar el rato tontainamente. Y eso ya es mucho.

sábado, 8 de marzo de 2025

LOS OJOS DEL GATO

Y ahí va otra muestra más de que 1985 fue un año chévere para el cine de género. Por entonces Stephen King ya había perdido un poco su aureola de prestigio (lejos quedaban "Carrie", "El misterio de Salem´s Lot" o "El resplandor") pasando a ser más como carne de cañón, materia fácilmente adaptable con la que asegurarse unos dólares en taquilla. Tampoco se contrataba ya a directores de prestigio que se encargaran de la tarea, valía cualquier artesano competente. Digamos que con King ocurrió lo que siempre ocurre con los yankis, lo sobre-explotaron y para la llegada de "Los ojos del gato", pues ya no atraía a las masas. Menos aún desde la conversión de Dino De Laurentiis en el productor oficial del "Kinguismo", etapa esta que arrancó muy bien con "La zona muerta" y concluyó algo deslucidamente con "Miedo Azul" o la propia e infame primera y única película del escritor ejerciendo de filmmaker, "La rebelión de las máquinas". Por suerte "Los ojos del gato" cae en zona intermedia. Para el caso, Stephen King no es mero material adaptable, él mismo se encarga del guion, pariendo un largometraje compuesto de historias (sí, repitiendo la fórmula del clásico), siendo las dos primeras exclusivamente confeccionadas para la ocasión y la tercera, y última, la auto adaptación de un relato publicado en las páginas de "Penthouse", ejemplar este que se marca un cameo en la película, entre muchas otras coñas y referencias al universo del padre de "It". Según he visto y leído, en todas partes salen gráficamente numeradas y espoileadas... por eso he decidido evitarlo, para que cuando se sienten ante la tele dispuestos al visionado, puedan jugar al juego de localizarlas. Créanme, la mayoría son tan evidentes como graciosas.
El artesano competente contratado en esta ocasión fue el bueno de Lewis Teague, quien ya tenía experiencia previa trasladando material de Stephen King a la pantalla con la aburrida "Cujo", pero, además, a lo largo de los años -previos y posteriores- fue dejando su estampa en títulos tan entrañables como "La bestia bajo el asfalto", "La joya del Nilo", "Kamikaze Detroit" o "Peligrosamente Unidos". El, asumo, fracaso de esta última le condenó a currar para la caja tonta hasta 2010, luego se retiró (remarcar que en 2007 rodó un corto de curiosísimo título, "Cante Jondo")
Otros individuos a valorar tras las cámaras son Milton Subotsky, co-fundador de los legendarios estudios "Amicus" y especialista en antologías de historias cortas, quien ligó su nombre al del escritor de Maine a lo largo de varios años. Alan Silvestri, compositor destinado a ser recordado por la partitura que ideó para "Regreso al futuro" ese mismo 1985. De hecho, hay quien dice que esta y la de "Los ojos del gato" guardan cierto parecido. Y es verdad. La diferencia es que, mientras en la reseñada utilizó sintetizadores, para la previa, mil veces mejor presupuestada, tiró de orquesta. Carlo Rambaldi, papá de "E.T. El Extraterrestre", quien se encarga de diseñar a cierta resultona criatura, acompañado por nuestro Emilio Ruiz del Río para "la maquetas de fondo". Y chapamos el repaso con el prestigioso y oscarizado Jack Cardiff, ocupándose de la dirección fotográfica.
Todo este bonito plantel -y más del que hablaré luego- dan forma y fondo a "Los ojos del gato", una película, ya lo adelanto, condenadamente entretenida, simpatiquísima, buenrollera y muy muy recomendable. A mí se me pasó en un suspiro hace un par de noches. Todo gira en torno a un felino callejero, la mar de precioso, con un objetivo, llegar hasta el dormitorio de una niña que le pide auxilio así como telepáticamente. En el camino, se topará con un tipo que quiere dejar de fumar y acude a una agencia muy eficaz pero brutalmente radical en sus métodos. Y un gangster adicto a apostar quien propone un juego mortal al amante de su esposa: dar la vuelta completa a un rascacielos desplazándose a través de la estrecha cornisa exterior. Si gana, se queda a la mujer y un buen pellizco de dinero. Si pierde... bueno, le espera el implacable asfalto tras una caída de varios metros.
Estas dos historietas son especialmente eficaces y, aunque quedan lejos del terror puro -yo usaría la palabra thriller-, vienen cargaditas de ideas brillantes, mucho humor (sobre todo la primera) y mucho suspense (la segunda, especialmente si padeces miedo a las alturas). Finalmente llegamos a la última que, sin ser un descalabro ni mucho menos, es un pelo flojilla, ni que sea por comparación. Aquí el gato logra su meta y, ahora sí, le tocará enfrentarse a dos trolls malignos, el diseñado por Rambaldi que amenaza a la cría y la autoritaria madre de esta. A pesar de dicha calidad descendente, el conjunto termina resultado altamente disfrutable. Concluido el show, uno lamenta la ausencia de esta clase de gozoso entretenimiento en el cine de hoy día.
Si como yo son amantes de los gatos, disfrutarán viendo al protagonista en acción, aunque puede que también sufran un poco en algunas escenas. Concretamente una en la que es sometido a una breve electrocución. Ya saben, según se dice no hubo mal trato y todo eran trucajes... y confío que así sea, pero, bueno, en 1985 estas cosas se miraban bastante menos. No obstante, y justamente por ser de la época que es, merece destacarse el trabajo de coordinación con las criaturas peludas. Está super bien resuelto, cosa más que meritoria considerando la -maravillosa- ausencia de CGI (y la no menos maravillosa individualidad de los felinos)
¡¡Ah!! Si no lo digo, reviento. En un momento dado, asistimos al encuentro entre un padre y su hija limitada intelectualmente. La escuela donde se desarrolla el bis a bis se supone para niños especiales, cosa indicada en un letrero. Lo gracioso del caso es que, mientras en inglés leemos "for the exceptional", el doblaje en castellano suelta un "para niños subnormales" que, salvo por mi risotada resultante, hoy se consideraría algo ofensivo.
Ya que estamos, a la cría monger la interpreta una aún muy jovencita Drew Barrymore, fresca de su paso por "E.T. El Extraterrestre" y a puntito de meterse en el infierno del vicio borrachuzo y drogadizo (no olvidemos que con tan solo trece primaveras fue ingresada en un centro de rehabilitación). Por aquello de dar cierta cohesión a la trama, su presencia / apariencia se expande a una niña anónima anunciando comida de gatos y el protagonismo total del último capítulo. Efectivamente resulta algo repelente, pero eso ya lo esperábamos. La acompañan el hoy mal considerado James Woods, perfectísimo en su rol de fumador compulsivo, Alan King, Kenneth McMillan, Robert Hayes en uno de los pocos papeles que podrían hacer sombra a aquel que le dio la fama, el de "Ted Striker" en "Aterriza como puedas", Candy Clark, James Naughton, James Rebhorn, Charles S. Dutton, Tony Munafo (amiguísimo de Sylvester Stallone y muy habitual en sus películas) y Mike Starr (el "Georgie Weiss" de "Ed Wood" y matón ineficaz en "Dos tontos muy tontos"), quien desaparece de la trama de una escena a otra y sin explicación alguna aparente.
A la sacrosanta hora de elegir la imagen ilustrativa, me he encontrado en una seria diatriba. Quería incluir mi favorita, la de tirón gótico con ese caserón absurdo en un páramo + luna llena -sin conexión alguna con el film-, pero también estaba la que en su día fabricó "Filmayer" para el lanzamiento en vídeo, igual de tosca / bella que la de "Miedo Azul". Al final lo más sencillo ha sido juntar ambas, milagro al que ha contribuido la extensión del tocho. Ventajas de padecer incontinencia "reseñista".

lunes, 25 de agosto de 2014

HISTORIAS INSÓLITAS

Para hablarles de Antony Balch, les remito a la reseña de“Horror en el hospital” donde Naxo explica perfectamente quien es este interesante y mítico director y distribuidor (hizo su propia versión de “Haxan”, película muda de culto, sustituyendo los cartelitos por voz en off de William Burroughs) Inglés, que tan solo cuenta, no obstante con dos largometrajes en su filmografía. “Horror en el hospital” sería uno de ellos, este “Secrets of  Sex” (“Tales of bizarre” en los USA) sería el otro.
Para empezar diré que, efectivamente, esta película se distribuyó en España, supongo que, al menos, en algún pase para televisión, bajo el título de “Historias insólitas”, en un  montaje alterado y censurado, eliminando del mismo todas las escenas de sexo y violencia de la película -que son muchas- convirtiéndola en una mierdecilla sin gracia. No obstante rula por la red un montaje de la misma con el audio castellano, pero integra, con lo que cuando en la película hay sexo o violencia, el audio está en inglés, cosa esta que, inconscientemente por parte del ripeador, se convierte en una nueva versión aún más turbadora de lo que pueda ser la original. Sea como sea, el caso es que su versión en español ha pasado de estar inencontrable a estar a disposición del fan (que es quien se pondrá a buscar estas cosas, supongo).
La película es, desde luego, una curiosidad muy sugestiva: Cuenta, al modo clásico (ya saben, la “Amicus” etc, etc…), y vía un maestro de ceremonias que para la ocasión tiene forma de zarrapastrosa – e inmóvil- momia, una serie de historias cortas de contenido erótico festivo la mayoría,  de violencia y tortura otras pocas, que van pasándole factura a los géneros, a las épocas y a los estilos sin orden ni concierto. La excusa es rodar una película “Nudie” al uso que genere algo de dinero en cines de tercera, pero Balch lo que rueda es un muestrario de sus gustos y preferencias que van desde la serie Z y el cine de terror hasta el cine de arte y ensayo más feroz y vanguardista. Así la película, comienza de una manera claramente artie con unos personajes en pelotas girando y bailando, para pasar a contar una de esas pequeñas historias que forman la película antes de los créditos, y después ser un “Nudie” al uso, muy raro –Un grupito de fornidos muchachotes, apuntan con sus metralletas a otro grupo de señoritas en cueros- en el que se pasa a experimentar con las superposiciones, para, ya si, pasar a la momia que nos va presentando las historias. Todo tiene entonces una narración estándar, para al final volver a los derroteros arties.
A todo eso, añádanle una escena de unos 10 minutos en la que vemos desfilar por pantalla chicos y chicas de buen ver y la momia que nos dice, una vez detrás de otra durante todo ese tiempo, “Imagínense haciendo el amor con esta chica. Imagínense haciendo el amor con este chico”.
En cuanto a los niveles escabrosos, la película tiene algunas escenas gore, con esa sangre tan rojita, como en las pelis de Herschell Gordon Lewis (¡y los mismos colores chillones!... claro son de la época), para en cuestión de segundos saltar a la comedia más tonta y blanca.
En definitiva, una película interesante, rara, entretenida y descabellada, una sucesión de escenas en tierra de nadie que forman una alocada película, y que junto con “Horror en el hospital” son una buena muestra de lo que podía haber sido un director tan particular y cinéfilo, de no ser porque falleció tempranamente.
Recomendable para los que busquen rarezas, en el más amplio sentido de la palabra.

sábado, 17 de agosto de 2019

LA CASA DEL TERROR (TRAPPED ASHES)

A la manera de una producción "Amicus", una pandilla heterogénea de personajes termina encerrada en el comedor de un siniestro caserón donde años atrás se rodó una película maldita. El único modo de salir es que cada uno cuente sus más oscuros secretos en formato de historia terrorífica, lo que significa que a lo largo de los 105 minutos que dura "Trapped Ashes" (con soso y desangelado título hispano) nos comeremos cuatro segmentos distintos pero con un punto en común: la mediocridad. Y es que lo que aquí tenemos es toda una tragedia en formato imagen. Porque los cinco directores que se reúnen para la ocasión no son unos mindundis, ni unos novatos. Por lo menos cuatro de ellos son creadores de notable reconocimiento, demostrado talento y padres de títulos fundamentales para la historia del cine fantástico, y el cine en general. A saber: Sean S. Cunningham, director del primer "Viernes 13". Joe Dante no necesita presentación (y si hay algún alien que desconoce de quién se trata, que pique encima de su nombre). Ken Russell tampoco debería necesitarla. Monte Hellman es un cineasta de notorio prestigio que se inició con Roger Corman y anduvo unos años rodando mucho cine de ese que mola a los culturetas. Y luego está el desconocido, John Gaeta, que debuta en la dirección pero dispone de un curriculum notorio en los efectos visuales.
Entonces, que Cunningham, Hellman y, muy especialmente, Dante y Russell se curren unos segmentos tan tontos, aburridos, descafeinados y planos resulta desconcertante. Es una reunión de esas que, en sus mejores tiempos, se habría saldado con algo explosivo, pero que en 2006, año de producción de "Trapped Ashes", y ya todos algo acabados, se tradujo en una peli totalmente prescindible, prematuramente muerta y con un frío y aséptico look televisivo. Vamos por partes.
La historia de transición es puro Joe Dante en el sentido de que dispone de cierta velada "energía" y viene cargada de guiños y citas al cine de género (el más directo para Mario Bava). Además, cuenta en el reparto con dos clásicos del cineasta: Dick Miller y Henry Gibson. La primera historia es una chorrada tremebunda sobre una tía que se pone tetas más grandes y resultan ser como sanguijuelas chupadoras de sangre. Sorprende saber que el director de esto es Ken Russell (no tanto si recordamos sus arrebatos "kitch"), sobre todo porque yo le atribuía el segundo segmento, por ser más seriote/aburrido y contener tanto delirios visuales típicos de su cine como alguna secuencia de sexo enfermizo bastante provocadora (una chorba tirándose a un cadáver viviente que chorrea líquidos asquerosos). Pero no, esta viene firmada por el sosainas de Sean S. Cunningham. La tercera es la peor en todos los sentidos, básicamente porque su responsable, Monte Hellman, ignora que está rodando una peli de terror y monta un culebrón sobre triángulos amorosos donde resulta que uno de los maromos es el mismo Stanley Kubrick in person. Además, se cita al poder redentor del cine de Jean Vigo. La única escena "de miedo" se desarrolla en un cementerio y está parida tal y como si fuese cine mudo. Vamos, el reverso tenebroso de la cinefilia fricosa de Joe Dante, volcada en un peliculismo mucho más académico, empalagosamente artístico e intelectualmente respetable y previsible. Algunos dirían que es normal viniendo de Hellman, pero no podemos olvidar su pasado en el terreno de la "serie B" de monstruos y, muy especialmente, que fue el director de la zetosilla "Posesión alucinante", la tercera entrega de la saga "Noche de paz, noche de muerte". Así llegamos hasta el último segmento, dirigido por el debutante John Gaeta, que cuenta con una idea cojonuda mal aprovechada y peor desarrollada: una mujer queda preñada al mismo tiempo que le localizan un parásito en el cuerpo -la tenia-, no puede deshacerse de este sin afectar al feto, así que tira palante con los dos creciendo en sus adentros, quienes formarán una especie de enfermiza comunión.
Completan la galería de nombres el entrañable John Saxon y Roy Knyrim a los efectos de maquillaje y bichos, quien paralelamente ha desarrollado una carrera como director de productos la mar de zetosos.
Una auténtica oportunidad perdida.

sábado, 4 de marzo de 2017

THE WINDMILL MASSACRE

Siguiendo la tradición de las películas episódicas de Amicus, "The Windmill Massacre" (¡titulazo!) comienza cuando un grupo de pecadores condenados al infierno que ocultan feos secretos, se suben a un autocar turístico para visitar la Holanda forestal, con especial interés en los molinos.
A medio camino se quedan tirados y terminan refugiados en uno que, se supone, no debería estar ahí. Por los alrededores ronda un temible asesino armado con una guadaña dispuesto a machacarlos a todos y usar su sangre para hacer mover las aspas. El tipo viene del mismísimo averno, al que fue a parar cuando los pueblerinos, asustados por su afición a la magia negra, le prendieron fuego.
Nada que no hayamos visto antes. Los Holandeses... o los "Paisesbajenses"... se apuntan al slasher (con tintes sobrenaturales) y lo hacen tomando buena nota de las maneras de los yankis, solo que mezclándolo todo con elementos autóctonos. A lo Dick Maas. Eso sí, desde el estereotipado punto de vista turístico para que todo el mundo lo entienda, así pues ¿hay algo más característico de Holanda que los molinos?. Añadan un reparto compuesto por actores de diferentes países (el rostro más familiar pertenece a Noah Taylor), preferencia por el inglés como idioma, y ¡hala!, ya tenemos un producto con miras internacionales.
"The Windmill massacre" no sorprenderá a nadie, pero por fortuna da lo que se espera de ella: Una masacre trufada de llamativo y espectacular gore (en general a base de trucajes prácticos, aunque un poco de sangre CGI sí que se cuela), llevada a cabo por un asesino de chanante aspecto y arma. ¿Se puede pedir más?. ¡Pos no!.
Marca el debut en la dirección de Nick Jongerius, que en tareas de productor tiene alguna cosa medianamente reconocible como "Frankenstein´s Army".
Sin ser la hostia, ni evitar que a veces le echemos un ojal al móvil, está bastante maja.