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viernes, 30 de octubre de 2020

EL HALLOWEEN DE HUBIE

Lo que me encanta de Adam Sandler es que, un año, hace una película dramática en la que el tío ejecuta un papel tremendo de aquellos que sirven para que le den premios y consigue poner a toda la crítica a sus pies, y, al año siguiente, hace una película de Adam Sandler para fans de Adam Sandler, dando lo que se espera de Adam Sandler (por lo general, roles en los que interpreta a un individuo con ligero retraso mental) y consigue poner en su contra a toda esa misma crítica que el año anterior le laureó.
Además, cuando la crítica se ceba con Adam Sandler, suele ser especialmente cruel —de hecho, creo que fue con “Desmadre de padre”, un crítico británico, incluso llegó a desearle la muerte—. Pero Sandler no da puntadas sin hilo y sabe perfectamente la reacción que va a generar con cada película que hace. ¿Afecta esto a su modus operandi? En absoluto. Tiene a crítica y a público en donde quiere tenerlos en cada momento. Y por el camino, aumenta los ceros se su cuenta bancaria. ¿Stanley Kubrick? Me río yo de Kubrick. Adam Sandler sí que tiene absoluto poder creativo sobre lo que hace. Quizás por eso es la niña bonita de Netflix que le tiene en nómina desde el día cero. Por otro lado, fue Adam Sandler uno de los primeros hombres de negocios de Hollywood que se dio cuenta de que el futuro del cine estaba en las plataformas digitales y no en las salas. Y en ese negocio anda, intuyo, que por mucho tiempo.
Dentro de esa tesitura, “El Halloween de Hubie” es su última película para Netflix y en menos de un mes de vida en la plataforma la crítica ya le ha dicho de todo a Sandler menos bonito —esta tiene especial mérito, pues no solo ha puesto en su contra a la crítica convencional, sino también al público generalista, aquel que no es fan de Adam Sandler y que ven el film porque está disponible en Netflix, jamás pagaría por ir a ver una película de Sandler al cine, pero no tiene reparo en ensañarse con ella cuando el poder verla sólo es cuestión de darle a un botón. Bueno, en cualquier caso, hablar, opinar,hasta ahora es gratis—. No es para menos porque, en una reivindicación de sus papeles más irritantes, el Hubie de esta película es el típico personaje bobalicón y retraído que tan bien se le da hacer a Sandler y que puede sacar de quicio a neófitos y haters del cómico, pero que hará las delicias de sus fans, entre los que me incluyo. “El Halloween de Hubie” da exactamente lo que se puede esperar de una película de Adam Sandler. Esperar algo distinto es una absoluta necedad. Y lo que hoy se le critíca, ya lo había dado en películas como "Zoham". Así que, cuanto más se le critica, mas Sandler es, y cuanta más facilidad tiene para ofender a esos obvios plumillas y blogeros, mucho mejor.
La película viene que ni al pelo para estas fechas (Mañana se celebra Halloween, festividad esta que afortunadamente, y exportada de los USA, cada vez se celebra más aquí y a mí me encanta) y por eso la reseño este finde (mañana viene otra), porque no se me ocurre mejor cinta que esta para visionar durante la noche de las brujas, que es, por otra parte, para lo que ha sido concebida esta “El Halloween de Hubie”.  Así, tenemos una comedia de lo más tontorrona e inofensiva a la que se le ha dado un toquecito chiquitín de terror, para disfrute de toda la familia. Una película para Halloween y ambientada en Halloween. Y es una maravilla ver todo lo que sucede en el pueblo en el que situamos la historia (nada menos que Salem), debidamente acondicionado con toda la parafernalia propia de esa festividad y, además, muy a la americana, con lo cual es un placer para los sentidos. Entre esqueletos, calabazas y Adam Sandler, va la cosa. Por ponerle alguna pega, hay que decir que, la trama, me ha parecido un tanto confusa, así como vaga, pero como al final no es más que una chorrada y se resuelve con facilidad, nos da un poco lo mismo. La trama, no es más que una excusa para que veamos a Sandler y a su equipo para arriba y para abajo en la noche de Halloween.
Hubie lleva toda su vida viviendo en Salem y toda su vida ha sido víctima del buying al que le ha sometido casi la totalidad del pueblo. Durante la festividad de Halloween, él se ofrece como voluntario para hacer las veces de monitor de los jóvenes, por lo que patrullará toda la noche por el pueblo para garantizar la seguridad de todos durante la fiesta. Sin embargo, la presencia en el pueblo de un extraño nuevo vecino, y las desapariciones misteriosas (y medio paranormales) de unos cuantos habitantes, llevarán a nuestro protagonista a contactar con la policía (que pasa de él) para que investigue… y poco más. Y ni falta que le hace.
En realidad es un film muy del montón de Adam Sandler, los tiene mejores y también peores, pero, su ambientación en Halloween con tanto monstruito, tanto adorno, tanta calabaza, lo convierten sin duda en uno de los más simpáticos y agradables. Vemos la película, nos echamos unas risas, nos vamos a dormir, y al despertar al día siguiente ya no nos acordamos de ella. Pues maravilloso.
Por ahí tenemos, haciendo gracietas, a Ben Stiller, Steve Buscemi, Rob Schneider, Kevin Hart, Maya Rudolph, Ray Liotta… El director, que en una película de Adam Sandler es lo de menos, es Steve Brill, que ya lo dirigió en “Mr. Deeds” o “Sandy Wexler” y cuya película más gorda fuera de la órbita Sandler sería “De perdidos al río”. Ahí, es nada.

viernes, 9 de octubre de 2015

GOING OVERBOARD

En tiempos como los que actualmente vivo, en los que reivindico ciegamente a Adam Sandler como comediante, y su cine como eficaz vía de escape que siempre funciona, me viene que ni pintado el visionado de su película maldita. En realidad se trata de la película Underground de Adam Sandler, rodada en 16 mm. y dirigida sin mucha idea de hacerlo por Valerie Breiman, actriz amiga de Sandler a la que se le encomendó la tarea de dirigir, suponemos que para que no tuviera que hacerlo Sandler ya que tenía que actuar en toda la película. A parte, firman el guion a pachas.
Bien, No es nuevo el caso de celebridades que empiezan en producciones subterraneas. Famosos son los casos de Stallone con “El Semental Italiano” –que aquí nos vendieron como “la peli porno de Stallone” cuando no era tal cosa- o Madonna con “Un cierto sacrificio” –lo mismo; la peli porno de Madonna, que en realidad es una rompedora película Underground-. Pero en cualquiera de estos casos, ambos actores reniegan de estas películas, cuando no, hacen lo que está en su mano para hacerlas desaparecer.
Sandler ante todo es un comediante, y rodó esta peli en 1989, cuando intentaba despuntar en el mundo de la comedia por todos los medios, entre medias de sus apariciones en “La hora de Bill Cosby” y ser fichado en “Saturday Night Live”. Vamos, que no era nadie. Y rodó la peli y poco supo que hacer con ella, más allá de estrenarla de aquella manera. Sin embargo, y a diferencia de Stallone y Madonna, Sandler cuando ya se hizo megafamoso, en 1996, decidió editar la película en VHS y mostrarle al mundo sus inicios. No reniega de ellos, sino que los abraza –supongo que cuando se trata de comedia, el miedo al ridículo es menor-. Pero los abraza porque si Sandler, como buen judío que es, si hay algo que sabe hacer mejor que hacer reír, es contar monedas, por eso, igual en vez de ver afectada su carrera con este film, supo sacarle partido.
La película es espantosa, se esfuerza por mostrar un humor que no tiene gracia, y Sandler en ella, con toda su inexperiencia, no sale de plano, hace unos gags y cuenta unos chistes horribles, hace montones de muecas horrorosas y resulta peor actor de lo que de por sí es. La película, por propia naturaleza, está llena de escenas que no aportan nada, cortes abruptos en un montaje de lo más rudimentario y está resuelta toda ella a base de planos fijos. Vamos, que se abusa más bien poquito del contraplano, más bien por el desconocimiento que por una cuestión de estilo. O sea, puro cine de “Con lo puesto”. Y eso por no hablarles de la eterna escena de créditos iniciales que nos presenta a un Adam Sandler de dibujos animados que parece animado por un tipo con cierto retraso mental.
Todo esto hace que “Going Overboard” resulte para mí una película de lo más estimulante y atractiva.
Sin embargo en los USA, obviando los posibles valores anti-académicos que tenga la película,  es popular por chunga, preguntándose el fandom como es posible que tras rodar tamaña mierda, Sandler llegara a ser lo que fue tan solo seis años después. Y es que verdaderamente, si tenía una formula, aquí todavía no había dado con ella, y se nos presenta como lo peor de lo peor; absolutamente insoportable es su mera presencia. A Adam Sandler, dan ganas de matarle en esta pelí. No obstante yo creo que es una película muy Sandler. Es lo que ha estado haciendo toda su puta vida con millones en la producción, pero esta vez sin un puto duro y sin saber muy bien por donde van los tiros.
Lo bueno son las circunstancias de por qué se rodó esta película: Nada más empezar, Adam Sandler se planta frente a la cámara, y explica al espectador que lo que vamos a ver, no es que sea una película de bajo presupuesto, es que es una película dónde no hay presupuesto –luego resulta que costó 200.000 dólares. Muy poco- y que se rueda por un simple y único motivo; tienen acceso a un crucero dónde se va a celebrar un concurso de belleza en alta mar, y acceso a una cámara de 16 mm. asi que habrá que hacer una peli ¿no?
Así, tenemos lo que Sandler propone nada más empezar; una peliculita cutrona rodada en un crucero real (¿Quién no ha grabado su peli/corto en un crucero? Yo por lo menos si…) en la que se nos cuenta la historia de un camarero de barco, (Sandler) que en realidad lo que quiere es ser cómico, por lo que pretende que el cómico residente del barco, le de una oportunidad. Este resulta ser un gilipollas y no se la da, por lo que el camarero se tira la película entera intentando robarle el puesto en el barco. Por otro lado, hay una subtrama que no se entiende nada con unos asesinos Panameños enviados allí por el Comandante Noriega. Esto es un gag ideado por Sandler, porque por aquellos años los Estados Unidos estaban en conflicto con Panamá, lo que le sirve para idear una subtrama que le sirve para introducir un elemento atrevido y transgresor, pero que, verdaderamente, lo único que hace es enmierdar más el resultado.
Bueno, como película en si misma no vale absolutamente nada, pero es la típica que por lo que es, por sus propias características, suele interesarme a mí; soy muy previsible, a mí esta puta mierda me ha encantado.
Junto a Sandler en la película tenemos a Burt Young en uno de esos papeles que se ventilan en una sola sesión pero cuyas apariciones se suministran a pildoritas a lo largo de la película, cómicos amigos como Scott LaRose,  Adam Rifkin como ¡Miss España! y las presencias, antes de ser celebridades de Billy Bob Thortom y Billy Zane que hace el ridículo casi más que Sandler.
La directora Valerie Breiman,  aparece como actriz en la película de “Miss España” “El maníaco Invisible” o en “La loca aventura del matrimonio” mientras que después de este debut volvió a dirigir unas cuantas cosas más, películas de esas “para chicas” como “Amor y Sexo” o una cosa llamada “Bikini Squad”.
En definitiva; una autentica curiosidad.

viernes, 17 de junio de 2016

EN ALGÚN LUGAR DE LA MEMORIA

Me hace mucha gracia que cuando Adam Sandler hace de mongólico en “Little Nicky”, es poco menos que una aberración, un bufón sin gracia alguna que jode la vida de los críticos y a una parte muy esnob del público. Esa misma parte, es la que luego hace como si nada cuando todo son vítores en los papeles en los que Sandler, hace de mongólico en papeles dramáticos en películas de corte autoral. Pero a Adam Sandler se la pela todo esto, y de primeras rechazó el papel de esta “En algún lugar de la memoria”.
Pero no era una película concebida para su lucimiento. Ni para el de su partenaire Don Cheadle, si no que en el papel, la película estaba destinada a ser protagonizada nada menos que por Tom Cruise y Javier Barden. Cruise en el papel que al final haría Sandler y Barden en el de Cheadle. Tom Cruise no quiso hacer la película tras mucho cabilarlo y fue entonces cuando el esnob Javier Barden sugirió que protagonizara la película Adam Sandler tras haberlo visto en “Punch Drunk Love” de Paul Thomas Anderson. Sandler, a sus cosas, preparando alguna de sus películas populacheras que son las que le generan millones, leyó el guion y dijo que nanai, que no iba a hacer una película tan deprimente.
Vista la falta de interés por todas las estrellas a las que se le ofrecían los papeles, Barden decidió no hacer la película. Es entonces cuando Adam Sandler leyó por segunda vez el guion, le vio las posibilidades, y aceptó hacerlo. Y después vino Don Cheadle. Y aquí es cuando yo doy gracias al cielo porque esta película con Cruise y Barden, hubiera sido insoportable, todo lo contrario que con el casting definitivo, que es el que hace que una historia tan triste y tan bonita funcione.
Cuenta la historia de un dentista (Sandler) que resulta que pierde a su mujer y a sus hijas en uno de los aviones del atentado a las torres gemelas. En consecuencia sufre trastorno post traumatico que lo deja medio tonto. Por otro lado tenemos a otro dentista (Cheadle) que aunque ha triunfado en la vida se siente solo y sin amigos, por otro lado tiene que lidiar con una paciente la cual le quiere chupar el rabo –literalmente- y  ante la negativa de esta, la mujer le denuncia al dentista por acoso, como acto de venganza. Resulta que estos dos dentistas eran compañeros de piso en la Universidad, y ya adultos, se reencuentran con sus penas y sus traumas, y en torno a su relación gira la película.
La verdad es que es una de estas películas bonitas que le dejan a uno el corazón en un puño, bonita, pero no babosa, ni cae en el sentimentalismo barato. Además de hacer un alarde técnico encomiable y tener la capacidad de enganchar al espectador con una historia muy sobria.
Sin embargo, no cuajó mucho. Quizás por una clasificación para mayores de 16, la película apenas reacudó 22 millones de dólares, lo cual para los estándares americanos es una miseria. Pero más miseria son los 96.000 eurillos que dejaron en la taquilla los 17.000 espectadores que fueron a verla. Y es una pena, porque esto es cine con mayusculas, bonito que te cagas, y esteta, casi, hasta dar grimilla.
A mí me ha encantado.
Sin embargo, es curioso que esta película sea obra de su director y guionista Mike Binder, que no destaca precisamente por tener en su haber películas tan buenas, siendo el responsable de cosas tan inocuas como “Diario de un ejecutivo agresivo” o “Lo mejor para ella”. Se ve que aquí puso toda la carne en el asador.

lunes, 9 de noviembre de 2020

HAZME REÍR

En los terrenos de la comedia dramática —comedia dramática porque el género mayoritario que predomina en la película es la comedia, si bien, las pinceladas de drama que contiene tampoco son escuetas precisamente— Judd Apatow firma la que, sin duda, sería, por un lado, su mejor película y por otro, la mejor de cuantas he visto ambientadas en un entorno de stand up. La película más redonda de un director que es bastante irregular e incapaz de hacer una película de 90 minutos; las suyas, siempre sobrepasan ese metraje, cuando no, sobrepasan las dos horas de duración. “Hazme Reír” no es una obra maestra precisamente por eso, porque se excede en duración, y le sobran dos o tres subtramas (no quiero imaginarme cuan pesada podría llegar a ser esa versión extendida del director que rula en Blu rays de importación…). No obstante, se trata de una película emotiva, divertida, interesante, simpática, vibrante, triste… y muy, muy bonita. Y además es una película de Adam Sandler, les guste o no, un genio de la comedia. “Hazme Reír” es una película que le sale de las tripas a su director, ya que está inspirada en experiencias reales que vivió en sus tiempos de comediante de micro, profesión esta que conoce muy bien, y que también conoce de primera mano Adam Sandler, quién de vez en cuando todavía ejerce. De hecho, antes de ser populares, compartieron piso y, de aquella etapa en la que se dedicaban a grabar en vídeo bromas telefónicas, se compone la parte inicial de la película, colando esos insertos como parte del metraje, con lo que por momentos y, por lo obvio, roza lo documental, máxime, cuando el rol de Sandler, George Simmons, no deja de ser una versión de sí mismo. Una película sobre cómicos, realizada por cómicos y para amantes del stand up, si bien, no hace falta saber absolutamente nada de esta modalidad para disfrutarla.
Cuenta la historia de un megafamoso cómico y protagonista de un puñado de horrorosas, pero taquilleras películas intrascendentes, que descubre que tiene una enfermedad incurable y que le quedan unos meses de vida. Empieza pues, a plantearse la vida de otra forma. Por otro lado, de casualidad, conoce a un joven aspirante a cómico al cual contrata como asistente, y entablan así una amistad. El contar el resto del argumento, supondría un gran spoiler, así que lo dejaremos aquí.
Se trata de una película que, a pesar de Adam Sandler, que suele poner nervioso al personal, transmite calma y sosiego. Por otra parte, es una muestra del talento innato que poseen todos los que en ella aparecen (de hecho, gran parte de su eficacia radica en las apariciones de unos jovencitos Seth Rogen —también cómico de stand up en sus años mozos— y Jonah Hill, hoy súper estrellas) que convierten la cinta en un trabajo de equipo envidiable, funcionando a la perfección; funciona Sandler, pero también funcionan Hill o Rogen, funciona Jason Swartzman, el rapero The RZA, e incluso funciona la insulsa esposa de Apatow, la insípida Leslie Man. Eric Bana, que también aparece, resulta descacharrante, cosa esta que no es de extrañar si tenemos en cuenta que Bana, en su Australia natal era cómico, no un actor de carácter como lo es ahora en los USA. Es por ello que tampoco me sorprende el hecho de que, habiendo un guion de base, los actores tuvieran completa libertad a la hora de interpretar sus diálogos, otorgándole la frescura de la que hace gala la película.
Cuando una escena se ambientaba en un show en directo, Apatow, tuvo el acierto de montar actuaciones en directo con público en su afán por llegar a transmitir en la pantalla el ambiente de los clubes de comedia, que en otras películas queda demasiado lúgubre y artificioso. Para ello, subía a los actores a un escenario a soltar su repertorio —que para la ocasión escribirían ellos mismos— y lo filmaba todo con seis cámaras para poder montar luego la escena con el dinamismo que podemos ver en la película. Sandler y Rogen, tenían experiencia probada con un micro y en público, ellos salen de ese ambiente, viven la comedia de micro, pero Jonah Hill por el contrario no proviene de los micrófonos, nunca había actuado en un show de stand up. Se preparó un texto, lo ensayó tropecientas veces, y salió al escenario con la soltura del que lleva toda la vida. Y así queda retratado en la película. Incluso, hay quien diría que de todas las actuaciones que aparecen, las mejores serían las de Hill. Salió más que airoso de la experiencia. En cuanto a la calidad dramática de Sandler, queda más que comprobada. Si Apatow pensó en él para protagonizar la película, fue porque le vio en su rol dramático de “En algún lugar de la memoria” y quedó más que convencido de que era, no solo el actor, sino el personaje adecuado para interpretar al comediante protagonista.
Todo parecía indicar, que, además de tener una cinta de calidad, “Hazme Reír” iba a ser un éxito. Pero, inexplicablemente, se pegó el hostiazo. Siendo una comedia de gran presupuesto, 77 millones de dólares, tan solo logró recaudar 71, por lo que hubieron pérdidas que, a día de hoy, con el mercado del vídeo y las ventas del film, todavía no han sido recuperadas del todo. La producción se creyó que iba a causar el efecto que la anterior película de Apatow, “Lío embarazoso”, que había costado 33 millones de dólares y recaudó 219, convirtiéndose en un éxito dentro de los parámetros del cine de comedia. Si “Hazme Reír” hubiera costado 30 millones, habría sido un negocio rentable pero, aun así, quedaría lejos de ser propiamente un éxito como si lo fueron las anteriores películas de Apatow. Y sin embargo, se trata de su mejor película con mucha, muchísima diferencia, hasta tal punto que el inevitable Rogert Ebert le otorgó una puntuación de 4, 75, en un baremo en el que la máxima es de 5, con lo que, Apatow, ya se puede dar con un canto en los dientes, sobre todo, porque “Hazme Reír”, pese a su fracaso taquillero (que en absoluto tiene que ir de la mano con el éxito personal y/o la calidad) es un clásico moderno al que el tiempo dejará en su debido lugar, que es en uno de los primeros puestos de las mejores comedias del siglo XXI. A mí, me ENCANTA.

viernes, 28 de agosto de 2015

OCHO NOCHES LOCAS

Adam Sandler posiblemente sea el cómico Americano que más tiempo lleva ostentando el título de “Rey de la comedia”. De hecho ya van para 20 los años que lleva cosechando éxitos en las plateas de medio mundo (menos en España donde por un lado, no acaba de caer bien y por otro, no termina de cuajar su humor) con un estilo que, aún basado en lo zafio y la escatología, no deja de ser excelsamente blanco y, por ende, muy americano.
Se ha pasado por la piedra a todos los Jacks Blacks, Bens Stillers o Chris Rocks de turno, hundió la carrera de Rob Schneider cuando decidió dejar de ser su mega-amigo y directores  de prestigio autoral como Paul Thomas Anderson (en “Embriagado de amor”) o “indies” como Thomas McCarty (en “Con la magia en los zapatos”) o  Jason Reitman (en “Hombres, mujeres y niños”) cuentan con él en films que finalmente se convierten en atípicos, únicamente porque cuentan con Sandler como protagonista.
Y comediantes posteriores, como los de la factoría Apattaw, le muestran su respeto e incluso le ponen de protagonista, evitando el lucimiento de los cómicos de la casa, en sus películas (en “Hazme Reír”).
A título personal, a rasgos generales me gusta. Su carrera  es un compendio de malas y buenas películas en la que más o menos puedes intuir lo que te vas a encontrar, pero también puedes sorprenderte y hasta espantarte. Y comprendo su éxito en USA.
Y después de hablar de su éxito, toca hablar del mayor fracaso en su carrera, una película que se estrelló en los USA: ignoro el número de espectadores que logró reunir allí, pero en los cines españoles, no llegó a congregar ni 700. Vamos un fracaso de lo gordos, gordos, gordos. Quizás por eso es tan complicado hacerse con una copia (no pirata) de esta película, ya sea en DVD o en VHS.
Y es que “Ocho Noches Locas” es una excentricidad fruto de la megalomanía de Sandler, cuando para las navidades de 2002 estando en el mejor momento de su carrera (su segundo momento podría haber sido este verano cuando se estrenó “Pixels”, pero "Ant-Man" le ha quitado el puesto...), decide  jugar a ser Disney. Sabemos que es todo poderoso, y que cuando se le ocurre una idea, rápidamente contrata a una serie de currelas de estudio que convierten sus locuras de eterno adolescente en realidad, y todo con ese resultado aséptico incapaz de ofender a nadie. Pues el año que decide saquear las taquillas haciendo una película navideña, contrata todo un estudio de animación para que trabajen a su servicio y, posteriormente, pegarse la hostia. Y así nace “Ocho Noches Locas” en la que Sandler se convierte en personaje animado. ¿Cuál es el problema? Que siendo esta una película navideña (con judíos que celebran el Hanukáh) no se le ocurre otra cosa que enfocarla al público adulto, y como si fuera una de sus películas al uso, pero quizás más escatológica todavía… así, su personaje es un alcohólico y tenemos cosas tan desagradables como viejos con los pies deformes, renos que comen mierda, amputados con garfios y montones, montones de chistes de mierda, pis, culos y bello corporal. Todo ello servido como si fuera la más ñoña de las películas Disney, con sus numeritos musicales y su mensaje positivo y alentador de corte navideño. Claro, los padres que llevaron a sus hijos al cine fliparon en colores, y los adultos que querían ver a Adam Sandler, pasaron de ver la película “para niños” que este había hecho. Vamos que se queda en tierra de nadie, porque al final ni es una película infantil, ni es una comedia desmadrada de Sandler; es más cerda de lo normal, solo que animada por gente, que, por el estilo, es posible que vinieran de la factoría Disney.
Por otro lado, tampoco es que sea una película brillante, o súper divertida –es más, aunque su visionado es resistible, tiene partes bastante coñazo- y al final no tiene nada destacable más allá de la mera curiosidad que pueda generar un producto e estas características.
El argumento es una vuelta de tuerca al “Cuento de Navidad “de Dickens, pero en modo realista y sin fantasmas. Un alcohólico  que odia las navidades –por trauma infantil, como no- se tira los ocho días que dura el Hanukáh (la navidad judía) liándola parda, destrozando todo a su paso y cometiendo pequeños delitos. Como cada año se repite la historia, el Juez le condena a prestar ayuda al entrenador de baloncesto, un viejecito medio retrasado y con un pie más grande que el otro, que dice, que quizás en su cancha pueda enmendar al gamberro, o de lo contrario a 10 años de prisión; el individuo no escarmentará, pero mientras le jode al viejo la existencia, pronto se dará cuenta de que este hombre es una excelente persona y todo acabará como han de acabar esta pelis; asquerosamente bien. Luego hay una subtrama de una placa conmemorativa que quiere ganar el viejo…
Para ver por curiosidad, sin más.
Por otro lado, Sandler se pega la machada de hacer las voces de nada menos que cuatro protagonistas, mientras que el resto son habituales actores de doblaje americanos, con la excepción de John Lovitz o Rob Schneider, que ponen alguna que otra voz.
Dirige el asunto, un director de dibujos animados televisivo, que con “Ocho noches locas” debuta en el cine;  Seth Kersley.

martes, 12 de agosto de 2025

PLAY BOY: EL REY DEL MANDO

Atípica producción de la “Happy Madison” del todopoderoso Adam Sandler. Y es atípica porque está concebida para lucimiento de uno de los rostros menos conocidos de su séquito, Allen Covert, mamporrero mayor de Sandler desde que ambos debutaran en el cine en la semi-amateur “Going Overboard” y que desde entonces le acompaña haciendo las veces de productor, co-guionista y actor en casi todas sus películas. En “Play Boy: el Rey del mando” Sandler se gasta la calderilla, el presupuesto que tiene para palillos de dientes en cualquiera de las producciones en las que él es la estrella, y le concede a su amigo el honor de escribir y protagonizar una película hecha a su medida. Cualquiera pensaría que Sandler no tenía ninguna fe en este film y no iría mal encaminado, ya que en el momento de su estreno, durante las siete semanas que estuvo en cartel y las ventas al extranjero, tan solo logró recaudar siete millones de dólares que a duras penas conseguían cubrir el presupuesto dispensado para rodarla.
Sin embargo, y por la gracia de dios, poco a poco fue adquiriendo culto por parte de fans chiflados que la iban descubriendo a posteriori, lo que se tradujo en una recaudación de más de 50 millones por la venta de DVDs. Todo un fenómeno al respecto. Con lo cual la película es a día de hoy una de las más queridas por los fans y la más rentable de la “Happy Madison”.
Se trata de una “stoner comedy” repleta de chistes de fumetas, que además contiene elementos generacionales que son en realidad los verdaderos motores de su éxito; “Play Boy: El Rey del mando” contiene marihuana, vídeo juegos, tetas, gerontofília, retrasados mentales, vírgenes, hechiceros de tribu africana que consumen cannabis y se tiran olorosos cuescos, chimpancés karatekas, leones custodios de droga y diálogos totalmente demenciales. Solo falta Tom Green molestando por ahí.
En definitiva, se trata de una comedia tonta que funciona a las mil perfecciones. Como para no salirle fanáticos.
También se trataría de una de las escasas incursiones que de vez en cuando hace el cine en el mundo de los “jugones”. Hay pocas referencias o tramas que giren en torno a los jugadores de videojuegos, siendo los máximos exponentes en la comedia títulos como “Joysticks” de Greydon Clark y “Porky’s 4” dentro de los parámetros de la "serie B/Z", o “Pixels” en el mainstream. “Play Boy: El Rey del mando”, sería la película más significativa sobre el tema.
Asimismo refleja una realidad social cada día más extendida en todo el mundo, que es la de los treintañeros —casi cuarentones— que todavía viven en casa de sus padres y, por lo tanto, desarrollan cierta inmadurez que les insta a pasarse el día fumando canutos y jugando videojuegos. Nos presenta  al protagonista, Alex, como un buen ejemplo de todo eso.
Alex se dedica a probar videojuegos para una gran empresa del sector. Vive en una casa con su compañero de piso. Este se gasta el dinero del alquiler en prostitutas filipinas y, por tanto, son desahuciados. A Alex no le queda más remedio que irse a vivir con su abuela y sus dos compañeras de piso, igualmente ancianas. Para  no parecer más perdedor de lo que es, a sus compañeros de trabajo les dice que se ha mudado con tres esculturales jovencitas con las que se acuesta cada noche.
Por otro lado, el punto neurálgico del argumento está en una descerebrada fiesta que se celebra en la casa de las tres abuelitas, en la que el desmadre, el destete, y el consumo de drogas blandas se convierten en los protagonistas de la función.
En el argumento vemos que Alex, además de probar videojuegos, está desarrollando un nuevo juego llamado “Demoniac” que pretende proponer a sus jefes con el fin de comercializarlo y cuya idea es robada por JP, el villano de la película, un “retarded” maestro del diseño de videojuegos que se cree un robot y se quiere implantar unas piernas mecánicas. El juego en cuestión es una novedad para la "Xbox 360", consola referenciada —y publicitada— en varias ocasiones, que se estaba desplegando con la idea de que su fabricante, “Terminal Reallity”, lo lanzara a la venta después del estreno de la película. Sin embargo el asunto finalmente se canceló antes de estar completamente acabado el proyecto debido a problemas financieros, y jamás se comercializó ese juego, por lo que las imágenes que vemos del mismo en la película son el único testimonio de su existencia.
Como anécdotas del rodaje, reseñar que hay un momento en el que Alex se masturba sobre una "Barbie" mientras le dice guarrerías. En realidad, en el guion decía que debía proceder sobre una réplica de "Lara Croft", la heroína del “Tomb Raider”, pero no se pudo utilizar su imagen por un problema con las licencias. El cambio de muñeca no resiente el resultado de la escena, pero es cierto que tendría mucha más gracia si hubiese sido la famosa aventurera pechugona.
El personaje de Alex, “loser” donde los haya, conduce una chatarra de coche destrozado que le confiere una imagen de perdedor mayor de la que ya desprende de por sí. No es una maniobra de guion premeditada; la producción se estaba quedando sin dinero para sufragar los gastos. El próximo desembolso era para el vehículo del personaje de Alex y, como no había montante, se le sacó esa porquería de un desguace cualquiera. En este caso, las carencias benefician a la historia y, por ende, al personaje.
La marihuana que se consumía durante el rodaje era obviamente falsa, cosa que en absoluto le parecía bien al actor Peter Dante, quien da vida a un camello que además es fumeta. Como pensó que estando fumado interpretaría mejor a un porrero, decidió llevar al rodaje su propia marihuana, por lo que cada vez que se rodaba una escena en la que este tenía que fumar, y cortaban, le pegaba caladas reales al canuto, motivo por el que el actor se cogía unos colocones de aúpa, teniendo que interrumpir el rodaje en una ocasión para ir al hospital porque decía no sentir las piernas.
En otro orden de cosas, “Play Boy: El Rey del mando” se convirtió en una película de prestigio para la comunidad de consumidores de cannabis recibiendo varios premios “Stony” que concede la revista “High Times” (sobre marihuana y su consumo), que incluían el de mejor película “stoner”, mejor escena de fumada y mejor actor para Allen Covert.
Toda una rara avis dentro del panorama cómico americano de la década de 00, y la película más extraña y transgresora de la “Happy Madison”, que no es nueva en aquello de hacer humor “stoner”; a Adam Sandler le encanta interpretar a fumetas, aunque siempre desde el lado más blanco e inofensivo. A “Play Boy: El Rey del mando” le cuesta un poco menos ofender al personal.
También tenemos en el reparto papeles para un jovencito Jonah Hill, dando ya muestras de su talento y lejos de imaginarse que 10 años después se convertiría en uno de los actores más importantes de Hollywood. También tenemos cameo insulso para un Rob Schneider que estaba a punto de romper peras con Adam Sandler (aunque recientemente se reconciliaron de aquella manera).
En la dirección -lo de menos en las producciones “Happy Madison”- tenemos a Nicholaus Goosen. Un par de años después rodaría la película “The Shortcut”, para seguidamente dedicar su carrera por entero a la televisión.
Por cierto, la traducción española del título original, “Grandma’s Boy” (El niño de la abuela), es absolutamente infame ¿Cómo que “Play Boy: El Rey del mando”? ¿Por qué Play Boy? Acojonante. España.

martes, 21 de agosto de 2018

POPSTAR

Aunque se haya hecho un nombre en la televisión yanqui merced a su prolongado vínculo con el mítico "Saturday Night Live", así como por protagonizar la excelente sitcom policíaca "Brooklyn Nine-Nine", el cómico Andy Samberg no acaba de cuajar en el medio cinematográfico, y eso a pesar de haber contado con tres padrinos de excepción como son Judd Apatow, Adam Sandler y Lorne Michaels. Ya en 2006 Samberg tuvo la oportunidad de estelarizar su propia peli tomando precisamente como modelo a ese Adam Sandler junto al que, unos años más tarde, coprotagonizaría "Desmadre de padre". Así, en "Flipado sobre ruedas", comedia gamberro-idiótica en la línea de otras producciones de Michaels como "Superstar" o "Tommy Boy", Samberg interpretaba a un personaje típica e inequívocamente sandleriano: esto es, al eterno adolescente pusilánime que, bordeando siempre el retraso mental, se caracteriza por su nula capacidad a la hora de interactuar socialmente y que trata de compensar a base de entusiasmo su evidente falta de inteligencia y talento.
A pesar de seguir escrupulosamente un modelo que ya se había demostrado exitoso con anterioridad, y de contar además con el apoyo de cómicos de probada valía como pudieran ser Bill Hader o Danny McBride, el debut del californiano en el largometraje resulta ser un merecido fracaso, tanto a nivel crítico como de taquilla (en España en concreto tan sólo la vieron 297 espectadores), no quedando más opción para Samberg que refugiarse a partir de entonces en cometidos secundarios en comedietas indies, además de continuar con su participación semanal en el "SNL". En el veterano programa sí que llegaría a hacerse popular durante la década siguiente junto a Jarma Taccone y Akiva Schaffer, con los que empezó en el mundo del show business formando el grupo cómico-musical "The Lonely Island", escribiendo sketches para el lucimiento de estrellas del calibre de Justin Bieber, Natalie Portman o Justin Timberlake, al tiempo que conseguían con su disco de Hip Hop "Incredibad" auparse a los primeros puestos en las listas de los más vendidos.
Casi una década después de "Flipado sobre ruedas", Samberg y compañía deciden volver a probar suerte en el cine y, lógicamente, optan por trasladar a la gran pantalla esa parodia musical en la que parecían haberse especializado y con la que habían cosechado tanto éxito. Así, y recurriendo al formato del falso documental, "Popstar" nos cuenta la historia de los "Style Boyz", una boy band en continuo peligro de desintegración debido al ego de su cabeza visible, Conner4real, suerte de sosias de Justin Bieber interpretado por el propio Samberg. Bajo la producción de Judd Apatow, y cambiando esta vez a Adam Sandler por Will Ferrell como principal modelo en el que mirarse, "Popstar" recurre básicamente al mismo tipo de humor y a idéntica estructura narrativa de las magníficas "Semi-pro", "Patinazo a la gloria" o "Pasado de vueltas", protagonizadas todas ellas por personajes que, debido a su comportamiento egocéntricamente mongólico, son dejados de lado por sus compañeros para reconciliarse hacia el final de la trama siempre con el objetivo de intentar superar un reto en común, ya sea una competición automovilística o de patinaje, un partido de baloncesto o, en el caso de "Popstar", una actuación musical en una importante gala de premios. Sin embargo, y en esta ocasión, ni la película, ni Samberg - ni mucho menos los sosainas de Schaffer y Taccone - están cerca de poder compararse con la genialidad desplegada por Ferrell en los títulos antes mencionados. Así las cosas, esta "Popstar" es igual de mala - o incluso peor - que "Flipado sobre ruedas", aunque se vea beneficiada con respecto a aquella gracias a la avalancha de cameos de celebrities (un recurso de lo más habitual en las producciones de la factoría Apatow, aunque en esta ocasión esté más justificado que en otras), así como por el ritmo que consigue imprimirle a la narración el encadenado de secuencias musicales, las cuales, por desgracia, jamás llegan a estar a la altura de la brillantez del trabajo en televisión del terceto protagonista. 
Aparte de poco graciosa, "Popstar" tampoco es que sea demasiado original que digamos, ya que dentro de las propias producciones Apatow ya existía un precedente de parodia, "Dewey Cox: una vida larga y dura", enfocada más hacia el biopic musical pero con la que coincide en más de un aspecto; de hecho, tan deudora es la una de la otra que aquí también podemos encontrarnos con un gag bastante gráfico protagonizado por una polla - no tan ofensivo como el de "Carta blanca", pero casi - en el que terminará por ser uno de los momentos más inspirados del film, sino el único. De hecho "Popstar" es tan previsible que también tendremos que sufrir los consabidos chistes sobre marihuanos, las coñas metidas con calzador a costa del amiguete James Franco, así como el típico mensaje moralista y/o pro-familia inherente a toda película con el sello del sobrevaloradísimo Apatow. Al menos, y en contra de lo que suele ser habitual en las interminables producciones del autor de "Hazme reír", “Popstar” cuenta con la ventaja de no llegar a la hora y media.
Resumiendo, y aunque sea tan mala que no te ríes ni por casualidad, la peli de tan inofensiva e intrascendente está hasta entretenida: además, algunos de los cameos (de Mariah Carey a Martin Sheen, pasando por Michael Bolton o Snoop Dogg) resultan como mínimo sorprendentes. Eso sí, para ver y olvidar antes incluso de que se acaben los títulos de crédito. Y es que, aunque este subgénero haya dado en el pasado ejemplos tan memorables como "This is Spinal Tap" o "Un poderoso viento", "Popstar" no se encontraría precisamente entre ellos. Muy flojita.

domingo, 10 de agosto de 2008

BIG STAN

Yo se que entre el respetable Rob Schneider levanta ampollas del tamaño de una montaña; pero a mi este tipo, desde que le vi por primera vez en "El ojo del huracán", me cae bien. Además, pasó de interpretar papeles de “amigo gracioso del prota”, a ser una estrella cómica de alto calibre, gracias al enchufe de su amigo Adam Sandler.
Y es que el "Saturday Night Life" ha sido de toda la vida una cantera de actores cómicos insuperable. Obviamente, la etapa ochentera dio lo más mejor del humor yanki, pero esta ultima generación no se queda corta. Es más, es que todos los actuales han salido de allí: Adam Sandler, Ben Stiller, Vince Vaughn, Jack Black, Will Ferrell... todos los grandes. Y quizás Rob Schneider sea el más pequeñito de ellos, sin embargo sus películas son las que más me gustan. Son tan absurdas, ñoñas, ridículas e ingeniosas... Y precisamente, la ultima,"Big Stan", con la que debuta en la dirección, quizás sea la más redonda de todas las que ha hecho.
Un tipo que se dedica a la especulación inmobiliaria es condenado a cinco años de prisión. Deprimido, una noche sale a tomar una copa y allí conoce a un ex presidiario al que paga para que le cuente como es eso de ir a la cárcel. El tipo se sincera y le dice que, sin duda alguna, nada más entrar en chirona será violado repetidas veces, por tipos de diferentes etnias. Esto aterroriza a nuestro protagonista y comienza a obsesionarse con ello.
Como le quedan varios meses para ingresar, planea hacer todo lo posible para que la inevitable sodomización no se lleve a cabo, así que toma clases de karate, que obviamente, no le sirven para nada. Tras recibir una paliza de su maestro, aparece un extraño ser (David Carradine) que le entrenará para convertirle en indestructible, un experto en Kung fu al que nadie tose una vez entre rejas. Y no solo eso, en un alarde de babosismo Hollywoodiense, reforma a todos los presos, convenciéndoles de que no violen a otros presos, a no ser que estos así lo deseen...
La película es cojonuda.
A ver, las dosis de ñoñería son inevitables, recordemos que es una película de Rob Schneider... pero una contiene un montón de géneros, los suficientes para que yo me haya quedado entusiasmado. Es una comedia con mucha escatología verbal. Muchísima, no paran de hablar de pollas, enculadas... todo el tiempo, y esas cosas a mí me matan de risa. Por otro lado, tiene artes marciales ¡muy tomadas en serio! Con coreografías de kung fu más que dignas y bien ejecutadas por un Rob Schneider que no ha necesitado especialista alguno que le doble en las escenas de acción (recordemos que Schneider es de origen filipino, y más que probable que domine algún arte marcial. Y si no lo domina, para la peli ha aprendido notablemente). Y luego todo el rollo carcelario, del que soy fan. A mi estas películas me molan un huevo.
Luego, está David Carradine por ahí, bordando el papel.
Tras "Kill Bill", todo el mundo creía que el estatus de Carradine subiría desmesuradamente, pero aquí estamos ya ante su decadencia absoluta. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que al igual que Christophe Lambert recientemente ha hecho el ridículo en un anuncio de coches, parodiando el único personaje suyo mítico (el de "Los Inmortales"), en esta película, Carradine hace chufla de su personaje mas mítico... ¿hace falta que les diga cual? Pues como, una de dos, o ustedes son muy tontos, o yo soy retrasado mental y no me explico, les diré cual es: El de "Kung Fu". Si, mazo de años después de haber hecho esa serie y sus continuaciones, Carradine todavía vive a rebufo del pequeño saltamontes, y en esta peli, aunque nunca se nos confirma, sabemos que es él... eso sí, Carradine es lo mejor de la misma y protagoniza las escenas más memorables.
Por otro lado, hay montones de guiños a otras películas, de las cuales está claro que ha mamado Schneider para hacer esta... "Kill Bill", "Yo os declaro marido y marido", "El mono borracho en el ojo del tigre", "Un novato en prisión"...a todas las homenajea, aderezado con la banda sonora innecesaria (¡¡¡¿¿ por qué suenan a todas horas??!!) cortesía de los "Gipsy Kings".
Y lo mejor es que se trata de una película cuyo hilo conductor es el evitar que a un tipo se la metan por el culo ¿Cuántas se atreven a ser tan osadas?
En definitiva, que si os gusta la comedia americana, os la recomiendo. Y de verdad, ya que esta es una gran película y lo mejor que ha hecho Rob Schneider.

jueves, 20 de junio de 2013

BLOOD RUNS COLD

Ayer le comentaba a mi compañero Víctor que cada vez tolero menos cualquier clase de película que no pueda etiquetarse de "mainstream". De hecho, los estrenos que espero con más impaciencia son aquellos que, perfectamente, pueden tildarse de "blockbusters". Por dios, cuantas palabras extrañas. El caso es que ya no puedo sufrir las películas raras, las de arte y ensayo, en fin, todo aquello que se considere alternativo o diferente. Mi estómago ha dicho "Basta". Soy un espectador acomodaticio, que quiere ver siempre lo mismo contado de distinta manera. O eso, o es que estoy hasta el coño de ese áurea de supuesta respetabilidad que las cosas -sesuponeque- minoritarias poseen, aunque luego el 99% de ellas sean más mierda que la última comedia de Adam Sandler.
Pero entonces, tras reflexionar, me di cuenta de que aquella afirmación no era del todo cierta. Hay un tipo de cine al que aún le tolero productos no netamente "mainstream" o "blockbuster". Un género que, no porque sí, es mi favorito desde que me comía los mocos. El terror. Dentro de sus parámetros, soy bien capaz de darle una oportunidad hasta al film más oscuro, extraño o relativamente independiente. Suspiro  de tranquilidad. Menos mal (Nota: también tolero los productos de Syfy Channel, pero esa ya es otra historia... bien sórdida). Todo esto pude reafirmarlo esa misma jornada en horario nocturno cuando, sin saber muy bien qué coño ponerme en el DVD (o el Pendrive), repasé mi DVDteca (o disco duro) y localicé una de miedo que en su momento me atrajo  por el título, pero sobre la que no tenía ni la más mínima remota idea: "Blood runs cold". Y ya saben cómo de agradecido es, en estos tiempos que corren de abrupta sobreinformación, dar con algo así. Oro puro. Todo este rollo no tendría sentido si no dijera que, una vez visionada la obra, me acabó dejando un regusto positivo... a pesar de los muchos, muchos pesares que seguidamente analizaremos. En definitiva, todavía puedo disfrutar -medianamente- del cine sin depender de productos exclusivamente destinados a las masas y las multisalas. Bien por mi.
Atosigada por el estrés, una muchacha decide pasar el frío fin de semana en una aislada cabaña en pleno monte cedida por su propio jefe. Da la fucking casualidad que está situada junto al pueblecito donde nació, creció, se formó y de desvirgó. De hecho, abandonó a su novio para irse a triunfar a la gran ciudad. ¿Y qué pasa?, que esa noche, tras sentirse incómoda en la cutre y deprimente cabaña, se pira a un bar del pueblo a tomar algo y ¡¡alehop!!, se encuentra con su ex y una pareja de amigos. Hablan, ríen, se sienten violentos y la chica hace lo normal en una ex-novia, le invita a él y a los otros a pasar la noche en la cabaña. Innecesario decir que ellos no serán los únicos seres vivos que habitarán el lugar, alguien más se oculta entre las sombras, alguien armado con un hacha. Es de noche, todos huyen a los dormitorios a fornicar y el intruso está hambriento de carne humana.
Vale, en "Blood runs cold" los personajes tienen nombres ingleses y hablan inglés (que la vi subtitulada), pero no estamos ante un producto Norteamericano. Ni tan siquiera británico. En realidad se trata de una peli Sueca, facturada por suecos que han visto mucho "slasher" yankee. Y ya sabemos cómo les gusta a los Suecos hacer películas de asesinos matando jovencitos en la nieve. Ahora comprendo el aspecto de todos ellos y sus acentos. En fin, asumido esto, resulta que, además, nos encontramos ante una película muy muy modesta, hecha con escasos recursos. Y también, extraña. Tal vez a ello contribuya su ambientación nevada y el aspecto de la cabaña, genuinamente tétrico. Pero lo que realmente hace "Blood runs cold" un poco rara, me temo, son sus carencias... ya no técnicas, más bien narrativas.
Veamos, hay una escena que me resultó inquietante por absurda. Antes de que el chico prota se tire a su ex (que se la tira), intenta pasar la noche en el sofá. Así que se tumba e intenta dormir. De pronto, a su espalda una puerta se abre. El chico reacciona poniendo los ojos como platos. De la oscuridad surge alguien con un hacha que parece aproximarse. Él se levanta y... para cuando han cambiado de ángulo, la amenaza ha desaparecido y el tio ni tan siquiera se fija en la puerta, se limita a pasarse las manos por el rostro, ponerse en pie y subir al piso de arriba pa tirarse a su ex. ¿¿Era una pesadilla??. No lo creo.
Otro par de cosas bizarras. La acción se desarrolla como digo en una cabaña equipada con todo lo necesario y lógico. Pues bien, ¿por qué en plena cena el mozo prota sale a fuera, con toda la nieve y tal, a mear?. ¿Es que no hay un lavabo en la puñetera cabaña?. Ya, sale al exterior para que así podamos sorprendernos ante uno de los momentos más logrados de la función: Mientras expulsa los orines, se fija en una ventana iluminada, dentro está su ex y sus amigos, charlando y riendo. Entonces, sube la mirada un poco más y, ¡¡oh!!, hay otra ventana iluminada y, dentro, una silueta oscura que le observa. ¡¡Escalofriante!!. Lo que no me explico es que, seguidamente, entre en la casa y no comente nada. Pero no debemos extrañarnos, porque eso de hacer pipí en plena montaña helada debe ser algo típico de Suecia (aunque se suponga que la peli se desarrolla en los USA). De hecho, hay otra escena igual. En plena madrugada, el amigo del prota se despierta temblando, "¡¡Que frío que hace!!" exclama en inglés macarrónico. Se cubre con cuatro trapos, baja al piso de abajo y... ¡¡sale al exterior a mear!!. Curioso. Evidentemente todo ello ha sido planificado por los guionistas como preludio a su muerte.
Y es que, en realidad, la peli anda repleta de incongruencias y absurdeces de este calibre. Es como si sus autores quisieran incluir en la trama todos los clichés propios del "slasher", y el terror en general, y los dieran tan por sentados que no se tomaran la molestia de encontrar un modo lógico de llegar a ellos, de justificarlos. Este tío tiene que hacer tal cosa, y la hará, aunque tengamos que romper con cualquier lógica y sentido. Vale!. Como cuando un personaje que aparece a última hora escucha unos gritos femeninos a la lejanía y, sin reflexionar un segundo, sale disparado de su coche ¡¡portando una pistola!!, tal y como si la tuviera ahí mismo, apoltronada en el asiento contiguo, esperando a que pasara algo. O ¿qué me dicen del trillado momento en que, huyendo del asesino, la chica tiene todas las facilidades para escapar carretera abajo, pero decide regresar a la casa a por las llaves del coche, a pesar de todo el horror vivido hasta ese momento, y de casi morir unos segundos antes?. Es una idea poco verosímil que ya suele darse en el cine de terror, pero el modo forzado en el que la presentan aquí la hace triplemente inverosímil.
Es muy probable que a todo eso contribuyan los actores, que son bastante malos. O muy malos. Tremendamente acartonados. El anti-Oscar se lo lleva la protagonista. Duele verla. En un momento dado, y ya sola contra el peligro, nos reserva un festival de incapacidad actoril que es para mear (en el exterior nevado) y no echar gota. Primero, su parsimonia y tranquilidad cuando se despierta y encuentra en el salón un reguero de sangre seca en el suelo. Pilla un cubo y lo limpia, sin preguntarse por qué o si tendrá algo que ver con que su ex y sus amigos se hayan pirado sin decir nada. Segundo -esta es de "record guiness"-, está mirando por la ventana, tan tranquila ella. De pronto el asesino se cruza ante sus ojos y la señala, así como "pasaba por aquí y me dije, voy a cargármela". Puro anticlimax. A partir de aquí las exageradas reacciones de la interfecta y, sobre todo, sus muecas son de órdago e, inevitablemente, nos proporcionarán unas cuantas sanas risotadas. El festival de absurdeces, actos sin sentido, inverosimilidades, torpeces y tópicos mal aplicados seguirá hasta el final, a lo que habrá que añadir un poco de generosa truculencia (hay una decapitación por CGI muy bien parida, que contrasta con el resto de efectos informáticos, bastante chapuzas, como la nieve que cae, el vaho y, sobre todo, la falsa oscuridad. Afortunadamente la sangre y parte de la carne mutilada son "old school"), la inesperada aparición de una metralleta que funciona a pesar de la climatología y una idea muy buena, pero tan mal explicada en imágenes que dudas si el mérito es de los guionistas o de mi imaginación: resulta que la chica se equivocó de cabaña y se metió en la que no era, habitada por el montañero loco caníbal (si estuviera seguro de lo que entendí, preguntaría: "¿De donde sacó las llaves para abrir la puerta?". Pero no lo estoy, así que no lo pregunto. Finjan que no dije nada).
El director y co-guionista responde al nombre de Sonny Laguna, lo que aclara muchas cosas.
Resulta evidente que con "Blood runs cold" estamos ante un producto "amateur". El nulo talento interpretativo, las carencias narrativas, lo escaso de todo ello y el reducido equipo oculto tras las cámaras así lo confirman (también por las referencias en el póster a los premios que le otorgaron festivalillos liliputienses. La verdad, darle premios a esta peliculita me parece un tanto exagerado). Lo que pasa es que, hoy día, con la tremenda tecnología disponible, hasta la cosa más chiquita y ruin puede lucir un aspecto de lo más convencional y digno. Si te lo propones y, sobre todo, si tienes el dinero necesario. Sin embargo, y a pesar de lo narrado, "Blood runs cold" tiene su gracia. Se gasta un rollito majo, inocentón, agradable, medianamente artesano y buenrollero que ha hecho que me caiga bien. La peli y su director. ¿Cómo podría decir algo malo de alguien con semejante nombre?. El caso es que ya tiene otra peli terminada, también de terror, con fama de ser un "Evil Dead" sueco, y luciendo un atractivo póster  "Wither". Me muero de ganas de verla, oye, aunque el argumento sea prácticamente el mismo que la hoy comentada... pero de eso se trataba ¿no?, "soy un espectador acomodaticio, que quiere ver siempre lo mismo contado de distinta manera". Ahí, círculo cerrado. Todo cuadra. Que gran final de reseña.

lunes, 7 de enero de 2019

LA GRAN COMILONA

“La gran comilona” —o en francés, que suena mejor, “La grande bouffe”— pertenece a ese tipo de películas setenteras concebidas para alborotar y escandalizar al personal, dónde también ubicaríamos la archiconocida “Saló o los 120 días de Sodoma”, a su manera, y al igual que esta, también una comedia de pedos.
Estupendísimo, Marco Ferreri, que fuera cual fuera el país de Europa en el que este formara tandem con Rafael Azcona, que se ponía a la máquina de escribir a desarrollar las locuras del italiano, construye con “La gran comilona” una oda a la gula, a la gordura, a la estupidez, al pedo, a la mierda. “La gran comilona” es una reivindicación del suicido, del sexo en grupo, del derecho a ser tan asquerosos como queramos.
Resulta muy curioso como, casi 50 años después de su estreno, blogueros que descubren ahora esta película, en el museo del tópico, resalten todos las mismas cosas, obsoletas, que además ni tan siquiera son de cosecha propia; se las han debido leer por ahí al crítico serio de turno. Lo más  común es leer aquello de que “La gran comilona” revuelve el estómago y la conciencia. En fin. Lo único cierto es que cuando Ferreri y Azcona se sentaron a escribir esta película, se partían el ojete. Estos dos no trataban de hacer un reflejo de la alta sociedad (que lo hace) ni de los caprichos de las altas esferas (que también lo refleja), con el afán de remover la conciencia del espectador, estos lo que hacían eran escribir escenas de mierda y estómagos llenos que les hacían gracia. El resto, elucubraciones de la crítica.
Pero si es cierto que en la época, esta película, además de una provocación resultara algo que revolviera el estómago (de hecho durante su visionado en el festival de Cannes de 1973, Ingrid Bergman echó la pota en la sala de cine, o eso se cuenta…) y diera que pensar al público. Pero todos estos blogueros imbéciles que la han descubierto hoy, deberían estar ya curados de espanto. Deberían.
Dejando a un lado los aspectos filosóficos e intelectuales que tiene la película (porque los tiene), nada de lo que vemos en “La gran comilona” es algo que no hayamos visto en todas esas comedias americanas contemporáneas capitaneadas por Adam Sandler o Ben Stiller. Son más desagradables algunas de las marranadas de “Ace Ventura: Operación África”, que las cuatro cagadas y el festival de pedos que nos regala Michel Piccoli, por lo que vista “La gran comilona” hoy, creo que se queda anticuada en ese sentido. Transgresora como es, a día de hoy ya no transgrede. Pero queda vigente el exceso del que hace gala. No hay personajes más excesivos, ni película más excesiva —ni tan siquiera “Saló o los 120 días de Sodoma”—, y es justo por ese exceso por el que, aún anticuada en la provocación, se mantiene tan fresca. Y tan, tan, tan divertida. Cercana a la obra maestra.
Lo mejor es que Ferreri pone a su servicio a la flor y nata del cine europeo de la época, esto es, Marcello Mastroianni, Ugo Tognazzi, Michel Piccoli y Phillipe Noiret, nada menos. Y llamándoles en la película por sus propios nombres de pila, Ferreri nos propone una historia en la que cuatro individuos adinerados y asqueados de la vida, deciden encerrarse en el caserón de uno de ellos y allí, durante un fin de semana, comer hasta morir. Por supuesto, la ingesta de alimentos de forma repugnante es una constante en el metraje, así como los accidentes gastrointestinales que traen consigo los atiborramientos. Para darle color al asunto, estos cuatro sibaritas se suben putas a la casa así como invitan a su particular fiesta a una señorita entrada en carnes, que fascinada por la forma de destrozarse el cuerpo por parte de estos individuos, se suma a la fiesta para pasárselos por la piedra cuando sea menester.
El desenlace de esta comedia tan graciosa, se tornará drama, sin que este drama, por otro lado, deje en ningún momento de tener su gracia.
La película, según el país en el que se estrenaba, tuvo diversos problemas de censura siendo Reino Unido —cómo no— el país dónde peor se trató a la cinta, entre otras cosas, por estrenarse de tapadillo y sin una licencia de exhibición en orden.
Estupenda. De verdad, estupenda.

sábado, 12 de junio de 2021

ESCÁPATE COMO PUEDAS

Curioso tributo al cine de los Hermanos Marx por parte de otros hermanos, Jerry y David Zucker, integrantes de los legendarios ZAZ, a los que debemos indiscutibles clásicos de la comedia como "Made in USA", "Aterriza como puedas", "Top Secret" o "Agárralo como puedas". Para la ocasión ejercen de productores, otorgando las riendas de la dirección al ex-actor (y mano derecha de Adam Sandler) Dennis Dugan. Del guion y la música se ocupan colaboradores habituales de los ZAZ, Pat Proft e Ira Newborn. La inspiración del universo Marxiano es tal, que en muchos casos se considera "Escápate como puedas" (oportunista rebautización de "Brain Donors", "Donantes de cerebro") un remake no confeso de la supuesta mejor película de Groucho, Harpo y Chico, "Una noche en la ópera". Apropiación más que reconocida en los créditos finales de la reseñada. Es cierto que guardan muchos puntos en común (cambiando ópera por danza, y repitiendo esquemas como la pareja babosa, el divo malvado, la viuda ricachona, y el trío cómico saboteando la función al final), pero no todo es idéntico, ni se focaliza de manera exclusiva en "Una noche en la ópera". Vemos una escena situada en un quirófano que recuerda a otra peli de los Marx, "Un día en las carreras".
Una viuda millonaria recibe como herencia el deseo por parte de su marido de crear una compañía de danza encabezada por el bailarín más famoso del mundo. Para conseguir su fichaje, manda a sus dos abogados. Uno es el típico individuo de recta moral y malas intenciones. El otro es... el Groucho de la película, que implicará a dos personajes más en la movida. El abogado malvado consigue echar al trío, cosa que motivará que la líen parda durante un estreno y, de paso, den la oportunidad de lucirse a una pareja de bailarines enamorados.
John Turturro da vida a ese Groucho, un abogado pendenciero al que únicamente le interesan el dinero y las mujeres, eventualmente fuma puros y gasta una verborrea sin fin (la verdad es que físicamente encaja muy bien en su condición de heredero del del bigote pintado, sin llegar a copiarle el look). El humorista británico Mel Smith sería Chico. Y Bob Nelson hace de un Harpo que habla, con la inevitable gabardina de bolsillos repletos de cachivaches. Puede que sea el personaje más irritante y menos efectivo. El humor supuestamente Marxiano ha sido adaptado a los tiempos modernos de 1992, y ocasionalmente gasta un tono más cafre y picantón, a base de referencias sexuales. En este último campo, y encarnando a una rubia tonta sexy, nos encontramos nada menos que con Teri Copley, impresionante ex-chica Playboy que algunos recordarán por su rol (de rubia tonta sexy) en "Transylvania Twist" de Jim Wynorski. Poco después de "Escápate como puedas" se pasó al Cristianismo más recalcitrante, escribiendo libros, actuando en productos afines y estropeando su belleza a base de cirugía. Que desperdicio.
Entre lo mejor de la película, están la secuencia de créditos a base de stop-motion con plastilina, cortesía de Will Vinton. Sensacional. Al final se retoma el asunto con igual talento, y es aquí donde encontramos un muñecajo indudablemente basado en las reconocibles facciones del hermano David Zucker.
Evidentemente, y a pesar de sus notorios esfuerzos, si la comparamos con los momentos más inspirados de los Hermanos Marx, "Escápate como puedas" sale perdiendo. No es tan ingeniosa. Pero tampoco hablamos de una flagrante goleada. Quiero decir que, después de todo, entretiene un ratico, provoca la risa y, en fin, que se puede disfrutar. Es la cantosa intención amorosa de su tributo (ampliado a otros comediantes añejos, como los Three Stooges) la que contribuye al afecto que pueda generar.
Para pasar 76 agradables minutos.

viernes, 23 de octubre de 2015

EL GHETTO / JAMESY BOY

Hoy voy a hacer, y además muy rápidamente, un dos por uno en reseñas. Y es un dos por uno porque son dos películas que he visto muy del montón, muy mediocres, de las que no hay demasiado que decir, pero de las que me gustaría dejar constancia, sencillamente, porque en estos tiempos que corren de consumo rápido, en los que vemos y vemos filmes descargados de Internet (aunque uno de los que voy a comentar, en realidad lo he comprado en DVD), dudo mucho que nadie algún día los recuerde, o que alguien se moleste en dedicarles una reseñita, al menos en español. Así que si esta ha de existir, que sea en AVT.
Ambos filmes son de temática carcelaria y/o marginal, que me interesa mucho, y sin darme cuenta, pues casi me como todo lo que huela a nigga o a cárcel.
La primera de todas ellas, es un telefilme de lujo, producido por la Paramount y emitido en la HBO, que luego más tarde se editó en DVD, llegando incluso a nuestro país. Y si en el suyo de origen, este se llamó “Our America”, aquí, con dos cojones, le han titulado “El Ghetto”. Basado en una novela, que a su vez se basa en una historia real, “El Ghetto” y cuenta la historia de una emisora de radio que quiere dar voz a los barrios pobres, desde el punto de vista de quienes viven en él, así que el responsable de la emisora contrata a dos jóvenes negros con el gusanillo del periodismo en el cuerpo, les endosa una grabadora de audio y, ale, a grabar un diario de su día a día, con los consabidos problemas que esto les traerá a todos con la morralla suburbial.
Lo curioso es que no está nada mal la película. Poco presupuesto, pero ritmo meramente cinematográfico  -y no televisivo- terminamos viendo una películita dramática muy simpática (¡que paradoja!) con la que se pasa un buen ratillo, sin más. Y es que tras la cámara está Ernest Dickerson, director de rotos y descosidos que ha firmado cosas tan majas como “Juego de supervivencia”, uno de los primeros lucimientos de Adam Sandler, “Bulletproof”, “El caballero del diablo” o la película de absoluto culto raperil “Juice”, para luego dedicarse de lleno y por completo al ámbito televisivo. Al menos, no facturó truños en celuloide.
La segunda es la ultima película que he podido localizar con Ving Rhames en su reparto;  una película con la que debuta en el largometraje el cortometrajista Trevor White, “Jamesy Boy” –literalmente, se traduciría como “Jaimito”-, un debut torpón y aburrido, drama carcelario, con chico blanco y conflictivo que tras una azarosa vida acaba en prisión. Allí, conocerá a un asesino (Rhames) con el que se creará un vínculo especial que le cambiará la vida.
Una mamarrachada sin más interés que el ver lo viejos y achacosos que están tanto Ving Rhames, como James Woods que da vida a un carcelero cabronoide. Una película que parece no quiere arrancar nunca, y cuando parece que lo ha hecho, resulta que son los títulos de crédito finales. Muy prescindible. Pero no deja de ser alentador el ver como el tío Rhames continúa imparable, haciendo tantas pelis como pueda ya sea en calidad de actor como en calidad de productor, alternando el, cada vez más escaso en su filmografía, cine mainstream con las mayores mierdas independientes de dos pesetas que uno se puede imaginar, auque para ello se tenga que ir al tercer mundo y aprender sus dialectos.
Pero lo cierto es que esta “Jamesy Boy” no vale absolutamente nada.
¡Ahí quedan!

lunes, 1 de julio de 2013

SHAKES THE CLOWN

Tras verme un par de películas de Bobcat Goldthwait y comprobar que lo de su talento no es una casualidad, decido bajarme las que me quedan y empezar por el principio. Así pues, arranco con su ópera prima como director, sacando como conclusión que el bueno de Zed es un horripilante actor, como cómico hace gracia porque basa su humor en la exageración y el histrionismo, pero más allá de eso, su humor físico no vale demasiado. De hecho, él debió pensar más o menos lo mismo, ya que si en esta primera película es el protagonista, no volvería a asomar por ninguna otra suya en lo sucesivo. Al intentar dotar a su rol una serenidad de la que antes no hacía gala, no solo le cuesta, si no que su presencia chirría un poco, siendo él consciente de todo esto.
Sin embargo, como guionista y director, que quieren que les diga, me parece que este señor ha nacido para ello.
“Shakes the clown”, no es tan brillante como “El mejor padredel mundo”, ni tan descabellada como “Los perros dormidos mienten”,  de hecho, se le ve un poco verde a Bobcat en cuanto al desarrollo del argumento, no controla el tempo y la película se hace un pelín larga, comenzando la trama en la recta final.
No obstante, la mala leche de lo que cuenta, el humor negro que le está valiendo el prestigio a este hombre y  una manera de componer planos que, inspirado en otros muchos cineastas de los llamados “serios”, ya son una seña de la casa.
Un individuo, Shakes,  alcohólico y un tanto asqueroso, trabaja como payaso de fiestas de cumpleaños a las órdenes de una empresa que se dedica a enviarlos allá dónde estos sean requeridos. Los rivales de los payasos de cumpleaños son los payasos de rodeo y los mimos.
Uno de sus compañeros va a ascender, sustituyendo  a un payaso que lleva la tira de años haciendo televisión, por lo que siembra las envidias de sus compis. Siendo, además, un poco mal nacido, resulta que asesina al jefe de todos ellos. Aprovechando que Shakes está borracho e inconsciente, le juega una encerrona para que todos crean que el asesino es él. Tendrá que ingeniárselas –y aliarse con los mimos- para salir de ese entuerto.
Un retrato feroz (por no decir directamente de desprecio) de esos desgraciados que son los payasos ambulantes. Da a entender que, efectivamente, tienen un trabajo de mierda, pero es que ninguno de ellos se merece mucho más, porque son también una mierda.
En el reparto un jovencito Adam Sandler que todavía no había despuntado, y un consagrado Robin Williams en la cresta de la ola, que hace un papelito, intuyo, por amistad.
Sin llegar a ser redonda, es una película en la linea de las de Goldthwait, que está muy bien.

miércoles, 5 de junio de 2013

EL HOMBRE MÁS FUERTE DEL MUNDO

Mr. T ha pasado a la posteridad gracias a su aspecto, su carisma y, sobretodo, por interpretar durante algunos años -cuatro para ser más exactos- a M.A. Barracus en la serie de televisión “El equipo A”. Durante esos cuatro años, pizca más o menos, fue cuando le salió trabajo en el cine y la tele, porque después de su paso por “El equipo A”, su carrera artística se reduce a poco más que cameos y ya de tirón nostálgico. No se ha prodigado mucho, pero, desde luego, es todo un icono de los 80.
De esos fructíferos años, destacó en papeles secundarios en filmes boxísticos como “Rocky III” o “Penitenciaría II”, pero dónde gozaría de papeles protagónicos sería en televisión, ya fuera en series o en telefilmes, como el que nos ocupa, “El hombre más fuerte del mundo”.
Cuenta la historia de Brutus, un hombre de las calles que se gana la vida como portero de discoteca, mientras que su tiempo libre lo dedica a llevar el centro para jóvenes de su barrio, donde hace de monitor de actividades para chavales con problemas. Y ocurre que el ayuntamiento quiere cerrar el centro, a no ser que  se consigan 25.000 dólares al año para su manutención, así que Brutus decide hacer fiestas benéficas y otro tipo de actividades para ver si recauda la pasta, sin ningún éxito.
Al enterarse de que pronto se celebra la competición llamada “El hombre más fuerte del mundo”, que consiste en una especie de gyncana para forzudos, y que el premio es de 25.000 dólares, se inscribe sin dudarlo. De mientras, unos mafiosos intentan trapichear en la competición, gracias a la info que les proporciona un muchacho del centro de jóvenes.
Por aquél entonces, la popularidad de Mister T era exagerada, sobretodo entre el público infantil de clase baja, por lo que se le explotaba como una especie de superhéroe del barrio. Incluso llegó a tener su propia serie de animación, así que no es de extrañar que el público al que va destinado este telefilm sea el infantil.
Aquí ya, Mister “T”, aunque reparte inofensivos mamporros al estilo Terence Hill y Bud Spencer, asegura no estar orgulloso de emplear la violencia y que su prioridad es ayudar a la chavalada, con lo que la conciencia social queda patente. Por otro lado la película nos ofrece lo de siempre. Incluido final feliz. Más original imposible.
No obstante, no deja de ser una cosa muy entretenida, un poco más ligera que los telefilmes de aquella época, que eran soporíferos, y nos damos el placer de ver como protagonista absoluto a Mister T, que es de lo que se trata.
Co-protagonizando el invento, como uno de los jóvenes conflictivos, tenemos a Dennis Dugan, cuya carrera como actor infantil (le pudimos ver en “Aullidos” o “Loca juerga tropical”), evolucionó por otros derroteros, convirtiéndose en director de estudio que en la actualidad se encarga de dirigir casi todos los proyectos de Adam Sandler. Cosas como “Niños grandes” o “Un papá genial”, son obra suya.
En cuanto al director, Dick Lowry, posee en su haber una larga carrera en el ámbito del telefilme. Suyas son cosas como “Alf: La película” o “Los caraduras 3”, conocida por no tener a Burt Reynolds en el reparto, y por ser uno de los desbarajustes más chungos de la historia de las películas malas.
Para despertar la nostalgia, y más si alguien la vio en su momento puesto que estaba disponible en nuestros video-clubs, esta película alcanza y sobra.

lunes, 9 de mayo de 2022

THE UNDERGROUND COMEDY MOVIE

“The Underground Comedy Movie” es una de esas películas que engrosa las listas de “peores películas de la historia”, pero que cuenta con un hándicap con respecto al resto; mientras que las películas que suelen poblar esas listas cuentan con la simpatía del público y cierto culto, esta es tratada con el mayor desprecio posible por quienes osaron verla. No es para menos ya que su principal artífice es un individuo que da, cuando menos, cierta grima.
La película está orquestada por Vince Offer. Se trata de un showman de ascendencia israelí cuya principal ocupación es la de vender utensilios de cocina en canales locales de televisión. Bayetas mágicas que lo absorben todo, peladores de patatas increíbles y su producto estrella, el asombroso cortador de verduras. Offer era bastante payaso en sus espacios televisivos y obtuvo cierta notoriedad anunciando y vendiendo todo esto, hasta tal punto que incluso fue requerido por Adam Sandler para que hiciera un cameo en su película “Jack y su gemela”.
En el mayor momento de megalomanía del sujeto, a finales de los 90, decide producir, escribir, dirigir e interpretar su propia película, “The Underground Comedy Movie” que financia con las ganancias de sus cortadores de verduras, gastándose en la misma medio millón de dólares. La idea era, con los beneficios del estreno, financiar su distribución en formato domestico. Sin embargo solo consiguió estrenarla en un cine y no fue a verla nadie, obteniendo unos beneficios brutos de apenas 900 dólares, con lo que no cubrió ni los gastos, quedándose absolutamente arruinado. En consecuencia, tuvo que volver a la venta de cortadores de verduras, esta vez a puerta fría, ofreciendo sus productos en reuniones comerciales y convenciones de utensilios de cocina.
Unos años más tarde, en 2002, Offer consigue reponerse económicamente gracias al trabajo duro, pero en lugar de ceder en su empeño y continuar trabajando en lo que se le daba bien, decidió  continuar adelante con la distribución de su película. Para ello, se sirvió de sus espacios televisivos realizando un infocomercial en el que ofertaba el DVD de “The Underground Comedy Movie” en televisión, que se emitía mayoritariamente en horario nocturno. Consiguió vender los DVDs y recuperar la inversión.
Sin embargo, cuando el público empezó a ver la película, se sentía ofendido e insultado por el contenido de la misma, las críticas fueron feroces, la catalogaron de repugnante y fue cuando se extendió el concepto de que “The Underground Comedy Movie” era una de las peores películas de la historia.
Offer era miembro de la Iglesia de la Cienciología en su momento de mayor popularidad; durante la producción del film. Cuando sus dirigentes se dieron cuenta del tipo de película que estaba rodando, decidieron expulsarle de la congregación alegando no querer tener nada que ver con el individuo que había rodado un material tan ofensivo.
Con la película ya distribuida, Offer tenía un amplio sentido del espectáculo y, lejos de amilanarse, y con la intención de darle un poco más de vida a su producto, comenzó a emitir una serie de denuncias que servirían para mantener la película un poco más en el candelero, así, denunció a La Iglesia de la Cienciología por la campaña de desprestigio que se había organizado contra la película. Y ya que estaba, denunció también a Anne Nicole Smith, porque en un principio había aceptado aparecer en la película, pero más adelante, y alegando que su participación en la misma podía ser perjudicial para su carrera, rehusó. Del mismo modo denunció a la Fox y a los hermanos Farrelly, ya que según Offer, “Algo pasa con Mary” tenía al menos 14 escenas que habían sido plagiadas directamente de su película. Yo que he visto las dos, puedo decir con tranquilidad que ni una sola de las escenas de “Algo pasa con Mary” está plagiada de la ópera prima de Offer, vamos, es que no se parecen en lo más mínimo. Los Farrelly, por supuesto, dijeron que no sabían quien era este señor y que no habían visto la película, puesto que, hasta el día de la demanda, no supieron de su existencia.
En el juicio contra Nicole Smith, el jurado falló a favor de Offer y le sacó 4 millones de dólares a la actriz, pero el de los Farrelly le salió rana, el juez considero que la demanda era una estratagema para llamar la atención y desestimó el caso, condenando a Offer a pagar 66.000 dólares a los Farrelly en concepto de gastos de abogados.
¿Y que tiene la película de especial para que genere estas reacciones tan adversas? En realidad nada, “The Underground Comedy Movie” es una chorrada como un templo cuya finalidad es la de provocar un poco con escenas desagradables y generar risas facilonas en el espectador a base de chistes del sal gruesa. Offer no tiene ningún talento para el cine, por lo que verdaderamente la película es mala, pero nada tan alarmante como para considerar non grato a este individuo. Aunque entiendo el descontento general de los yankis.
Se trata de una serie de sketchs filmados en vídeo, siguiendo un poco la estela de clásicos como “Made in USA” o “Amazonas en la luna”, donde predominan los chistes de pollas, pajas, lefazos  y cosas por el estilo. Tenemos a un superhéroe en forma de polla que se corre sobre los villanos que responde al nombre de Dickman; tenemos un individuo que simula ser “El acertijo” de Batman, que sirve como excusa para introducir un personaje que es un jugador de baseball y que, haciendo un chiste fácil, se hace llamar “Bateman”, y que aparece en escena cuando el anterior pretende robar un banco (de esperma). Cuando un sketch le funciona al director, lo repite hasta la saciedad, como aquel en el que un  rótulo nos anuncia “Cosas que no sueles ver habitualmente” y nos muestra a dos súper modelos en la taza del váter cagando y tirándose pedos. Pura morralla inofensiva. Lo que pasa es que según avanza la película, a Offer se le empieza a ir un poco la pinza y pasa a los chistes homófobos, a mostrar violencia bastante gráfica, y a delirar cuando incluye un sketch bastante desagradable en el que un individuo musculoso se folla a una mujer muerta que está completamente reventada, con un maquillaje bastante realista y que da bastante, bastante mal rollo. Incluso yo me sorprendí con esa escena, porque, busca además la complicidad del espectador presentando esto como una cosa graciosa y la verdad es que tiene muy poquita gracia, y no casa con el tono festivo e inocente que se gasta el resto de la película. Te ríes por lo excesivo del asunto y porque comprendes que hay algo que no funciona en la cabecita del señor Offer. Todo ello servido de manera casi amateur y muy atropellada.
A mí me hizo cierta gracia en general, le doy valor porque es una marcianada de padre y muy señor mío, pero sí es cierto que esto es material de derribo de la más baja estofa. Pero te la ves del tirón sin demasiados aspavientos.
Por supuesto, la mayoría de los actores que aparecen en la película son desconocidos, pero Offer tiene la suficiente fama como para embaucar a alguna que otra celebridad, así, veremos sketchs protagonizados por Slash de Guns´n´Roses o Michael Clarke Duncan, entre otros.
En 2013 Offer rodó una especie de secuela titulada “InAPPropiate Comedy”, ya de manera mucho más autoconsciente que esta primera película, y para la que logró contar con Adrien Brody, Michelle Rodríguez, Rob Schneider y Lindsay Lohan. A ver si doy con una copia y, en un futuro, les digo que tal.