Alfredo Landa fue un estupendo actor, sin ninguna duda, pero, al margen de la película en la que aparezca, al final, ya sea en films de época o en films ambientados en la actualidad del momento, solo tiene tres registros actorales: El Landa alegre, el Landa cabreado y, eventualmente, el Landa triste. Cuando el Landa triste aparece en escena es susceptible de ser nominado a todos los premios habidos y por haber dentro del cine español.
“Sinatra”, película dirigida por el catalán Francesc Betriú y que se basa en la novela “Sinatra: Novela urbana” de Raúl Nuñez —quien ya que estaba se encargaría asimismo del libreto— es un claro ejemplo del Landa que recibía premios; aquí Alfredo está tan solo, tan triste, que era normal y lógico que consiguiera una nominación al Goya (que no se llevó) así como otras tantas. Pero al margen de este inciso, lo cierto es que “Sinatra” es una de las películas autorales españolas buenas de finales de los ochenta y un preludio de lo que vendría después, en los 90, a nuestras pantallas. Una precursora de un tipo de cine, digamos, urbano y que tuvo su continuidad, por ejemplo, con las dos entregas de “Makinavaja” (dirigidas ambas, justamente, por Carlos Suárez, director de fotografía en "Sinatra"). Pronto ese concepto urbano mutaría y se centraría en ambientes más pijos donde los protagonistas, lejos de ser buscavidas de buen corazón, serían niñatos con cierta deficiencia mental (“Mensaka” o “Historias del Kronen”). Los Landa, Luis Ciges, Manolos Alexandres y demás de esta película urbana, pasarían a desempeñar otro tipo de roles en otro tipo de películas. En “Sinatra” los “canallas” son señores de mediana edad cercanos a la tercera.
“Sinatra” cuenta la historia de un cantante de los teatros del paralelo que se gana la vida haciendo imitaciones muy sui generis de Frank Sinatra, motivo por el cual todos le llaman así, Sinatra. Un buen día, y muy de sopetón, su esposa le abandona, por lo que Sinatra decidirá vagar por las calles sin rumbo fijo. Se va a vivir a una pensión y no puede pagar la habitación, así que aceptará una oferta del dueño para trabajar como portero de noche. Es entonces cuando empezará a conocer mujeres por correspondencia, entrando en su vida una viuda, una prostituta o una menor de edad con problemas mentales.
Ambientada toda la película en el lumpen barcelonés, y aunque con potentes momentos de comedia con los que uno llega a desternillarse, lo cierto es que estamos ante un desasosegante drama; la historia de un hombre bastante limitado y mediocre que se queda solo en el mundo y esa soledad le consume, aunque de vez en cuando consiga pequeños atisbos de felicidad.
Todo ello rodado artesanalmente por Francesc Betriu con mucho oficio y mostrando a las mil perfecciones un ambiente callejero, a veces sórdido, haciendo hincapié en la sexualidad de nuestro protagonista, que buscando enfrentar esa soledad insoportable, contrata los servicios de una bella prostituta —y trabajadora de un bingo— interpretada por Ana Obregón, que le regala a Sinatra una paja que ya ha pasado a la historia del cine, o ese revolcón que se pega con una menor de edad medio chiflada encarnada por una ternesca Maribel Verdú —que en la vida real no era menor pero había dejado de serlo hacía poco…— quien desafía a la ley de la gravedad con dos tetazas gigantescas de rosáceos pezones, que en su día no eran más que un entremés para lo que sexualmente podía ofrecernos el cine español, pero que hoy su sola visión ofende a los sentidos. Y de estas dos, la que destaca más en la película es nuestra amiga Ana Obregón, a la que desde AVT siempre hemos defendido como solvente actriz.
Por otro lado, la única pega que saco a esta película, que me parece estupenda, es esa horripilante, machacona, despiadada e insultante banda sonora compuesta de canciones de Joaquín Sabina, al que no soporto (ni soporto a los “canallitas” de sus fans), y cuya partitura se deja asomar, omnipresente, durante la primera media hora de metraje hasta que uno está a punto de quitarla. Si llega a aguantar esa media hora, la película en su totalidad merece la pena.
Por lo demás, yo creo que “Sinatra” es un clásico de cine catalán, que Alfredo Landa pocas veces ha estado tan, tan bien, que Luis Ciges como dueño de la pensión donde pernocta nuestro protagonista casi puede robar la función, y que no entiendo como esta película ha quedado prácticamente relegada al olvido, cuando otras laureadas de 1988, año de su producción, se quedaron antiguas en enero del 89 y a día de hoy son tratadas con relevancia (por ejemplo, “Mujeres al borde de un ataque de nervios” de Almodóvar)
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lunes, 12 de septiembre de 2022
lunes, 14 de junio de 2021
NO DESEARÁS AL VECINO DEL QUINTO
“No desearás al vecino del quinto”, aun con su fama de chabacana, es una película importante para el cine español porque, por un lado, tenemos la que durante más de 30 años se erigió como el mayor taquillazo de la producción patria con casi cinco millones de espectadores (hasta que llegó alguno y la reventó) y, por otro, tenemos aquí la piedra angular del denominado “landismo” —subgénero de la comedia española a la que se adscriben todas esas películas de humor cafre y cañí, llenas de tópicos sexuales y políticamente incorrectos que, indefectiblemente, estaban protagonizadas por Alfredo Landa— que tantos y tantos títulos dio a nuestra cinematografía. Se trata de una buena muestra de lo que, por aquél entonces, era el gusto del español medio cuando se decidía ir al cine. Los gustos hoy no han cambiado demasiado, el modelo “8 Apellidos Vascos” viene a confirmarlo porque, siendo justos, y aunque sean otros tiempos, ambas comparten similar intención y resultado.
No obstante, “No desearás al vecino del quinto” sería un film de carácter festivo, colorido, de simpática apariencia a la que los años han perjudicado severamente y, si la vemos hoy, nos enfrentaremos a un ladrillo insulso que poca justicia le hace a otros títulos del “landismo”, sin lugar a duda alguna infinitamente más divertidos y edificantes, pero menos conocidos y considerados. “No desearás al vecino del quinto” es una mamarrachada.
Cuenta la historia de un par de hombres en un pueblo de provincias; El primero un individuo que, para evitar problemas con los maridos celosos de las clientas de su boutique, finge ser homosexual, por lo que su negocio es prospero, mientras que el segundo es un ginecólogo muy atractivo al que le va como el culo, porque los maridos, celosos como son, no permiten que sus mujeres vayan a la consulta de un hombre tan guapo que, para más inri, ha de tocarles los bajos.
Cuando por trabajo el ginecólogo acude a Madrid, se encuentra en una discoteca a su vecino homosexual, el de la boutique, sólo que bien acompañado por dos jovencitas con las que se morrea alternativamente. Cuando este le explica que lo del homosexualismo es una tapadera para que le dejen trabajar tranquilo, ambos se harán amigos inseparables ya que allí, en Madrid, no solo nadie les conoce, sino que, aprovechando el ginecólogo su estancia, y alegando que está harto de pasarse las tardes jugando al parchís en casa de sus suegros, se sumergirá, junto con su nuevo amigo, en una vorágine de sexo descarnado y juerga, que incluye orgías y demás variantes propias de la libertad sexual. En definitiva, el tema de la película gira en torno a la dificultad masculina para obtener sexo. Va de que en España no se folla, hablando en plata.
En pleno 1970, con el régimen franquista en pleno apogeo, tanto la temática como el mensaje no eran del todo oportunos, por lo que poco le faltó para no estrenarse por culpa de la censura. Sin embargo, la pericia del productor, el genio de José Frade, supo capear la situación, estrenándola sin mayores problemas. La cinta fue mostrada al censor con la más variada amalgama de títulos, a saber: “Yo engaño sin daño”, “Es cosa de hombres” o “Ama a tu prójimo… y verás” Todos fueron prohibidos salvo el que todos conocemos que, en el fondo, es tan picarón y provocativo —y propio de la época— como cualquiera de los otros.
No obstante, “No desearás al vecino del quinto” sería un film de carácter festivo, colorido, de simpática apariencia a la que los años han perjudicado severamente y, si la vemos hoy, nos enfrentaremos a un ladrillo insulso que poca justicia le hace a otros títulos del “landismo”, sin lugar a duda alguna infinitamente más divertidos y edificantes, pero menos conocidos y considerados. “No desearás al vecino del quinto” es una mamarrachada.
Cuenta la historia de un par de hombres en un pueblo de provincias; El primero un individuo que, para evitar problemas con los maridos celosos de las clientas de su boutique, finge ser homosexual, por lo que su negocio es prospero, mientras que el segundo es un ginecólogo muy atractivo al que le va como el culo, porque los maridos, celosos como son, no permiten que sus mujeres vayan a la consulta de un hombre tan guapo que, para más inri, ha de tocarles los bajos.
Cuando por trabajo el ginecólogo acude a Madrid, se encuentra en una discoteca a su vecino homosexual, el de la boutique, sólo que bien acompañado por dos jovencitas con las que se morrea alternativamente. Cuando este le explica que lo del homosexualismo es una tapadera para que le dejen trabajar tranquilo, ambos se harán amigos inseparables ya que allí, en Madrid, no solo nadie les conoce, sino que, aprovechando el ginecólogo su estancia, y alegando que está harto de pasarse las tardes jugando al parchís en casa de sus suegros, se sumergirá, junto con su nuevo amigo, en una vorágine de sexo descarnado y juerga, que incluye orgías y demás variantes propias de la libertad sexual. En definitiva, el tema de la película gira en torno a la dificultad masculina para obtener sexo. Va de que en España no se folla, hablando en plata.
En pleno 1970, con el régimen franquista en pleno apogeo, tanto la temática como el mensaje no eran del todo oportunos, por lo que poco le faltó para no estrenarse por culpa de la censura. Sin embargo, la pericia del productor, el genio de José Frade, supo capear la situación, estrenándola sin mayores problemas. La cinta fue mostrada al censor con la más variada amalgama de títulos, a saber: “Yo engaño sin daño”, “Es cosa de hombres” o “Ama a tu prójimo… y verás” Todos fueron prohibidos salvo el que todos conocemos que, en el fondo, es tan picarón y provocativo —y propio de la época— como cualquiera de los otros.
La película es también una muestra de lo relativo e impredecible que es todo en la vida, porque cuando se estrenó en Madrid, “No desearás al vecino del quinto” fue un fracaso absoluto; de hecho, se estrenó el 26 de Octubre de 1970 en varios cines de la capital para dos semanas después desaparecer de la cartelera debido a la floja afluencia de público y dejar paso en las salas a algo más comercial. Sin embargo, cuando cuatro meses después se estrenó en Barcelona, arrasó, y el boca a boca se puso en marcha. En Sevilla fue un éxito apoteósico y esto se fue contagiando al resto de regiones donde se iba estrenando, por lo que las salas de Madrid se vieron obligadas a reestrenarla, esta vez sí, con el enorme éxito por el que es conocida. Y el merecimiento es doble, ya que acercarse a los cinco millones de espectadores con tan solo 35 copias exhibidas, en contraposición a las 300 o 400 con las que se estrena hoy en día una película media, supone un gran mérito y muchas, y agradecidas semanas en cartel.
Por la parte actoral, decir que Alfredo Landa no está demasiado memorable, al igual que ninguno de sus compañeros. En especial, el coprotagonista Jean Sorel. Resulta que el director, Ramón Fernández, venía de trabajar en otra película en Italia, por lo que al contactar con el productor Frade para hacer esta, gestionaron todo para que la película se materializara en coproducción. Fernández estaba prendado del actor, Jean Sorel, que había trabajado recientemente para Visconti, así como para Dino Risi, e incluso Luis Buñuel en “Belle de Jour” —y en las antípodas de todo ello, trabajó incluso con Lucio Fulci— así que le contrataron. El resultado de su actuación es como si pusieran un mueble al lado de Alfredo Landa, y este le soltara sus frases de diálogo a lo inerte. Aunque por otro lado, tenemos a clásicos de la escena de comedia española como Doña Isabel Garcés, Margot Cottens o Adrián Ortega, que nunca están mal.
Por la parte actoral, decir que Alfredo Landa no está demasiado memorable, al igual que ninguno de sus compañeros. En especial, el coprotagonista Jean Sorel. Resulta que el director, Ramón Fernández, venía de trabajar en otra película en Italia, por lo que al contactar con el productor Frade para hacer esta, gestionaron todo para que la película se materializara en coproducción. Fernández estaba prendado del actor, Jean Sorel, que había trabajado recientemente para Visconti, así como para Dino Risi, e incluso Luis Buñuel en “Belle de Jour” —y en las antípodas de todo ello, trabajó incluso con Lucio Fulci— así que le contrataron. El resultado de su actuación es como si pusieran un mueble al lado de Alfredo Landa, y este le soltara sus frases de diálogo a lo inerte. Aunque por otro lado, tenemos a clásicos de la escena de comedia española como Doña Isabel Garcés, Margot Cottens o Adrián Ortega, que nunca están mal.
En cuanto a las labores de dirección de Ramón Fernández, correctas, sin estridencias.
La película, como ya les he venido diciendo, es un ladrillo, lo gracioso que pudiera tener se quedó en 1970, pero sólo por histórica, por tener una entidad propia y el ostentoso récord de ser la nº 1 en taquilla del cine español durante 31 años —ninguna película española lo ha sido durante tanto tiempo— bien merece que le echemos un ojillo aunque sea de soslayo.
Por otro lado, incluso a día de hoy, bate récords de audiencia en televisión cada vez que se emite, así que José Frade aún debe estar frotándose las manos.
La película, como ya les he venido diciendo, es un ladrillo, lo gracioso que pudiera tener se quedó en 1970, pero sólo por histórica, por tener una entidad propia y el ostentoso récord de ser la nº 1 en taquilla del cine español durante 31 años —ninguna película española lo ha sido durante tanto tiempo— bien merece que le echemos un ojillo aunque sea de soslayo.
Por otro lado, incluso a día de hoy, bate récords de audiencia en televisión cada vez que se emite, así que José Frade aún debe estar frotándose las manos.
lunes, 5 de octubre de 2020
EL ARBOL DEL PENITENTE
“El árbol del penitente” es una de las películas más extrañas del cine español. Una de las comedias más inusuales y diferentes.
Ópera prima del director José María Borrell y única película de ficción en su filmografía.
Cuenta la historia de un par de mafiosillos de poca monta, un cubano y un ruso, que se pelean por el dinero conseguido en una operación de tráfico de “algo” que el espectador nunca llega a saber del todo porque no se le da información al respecto. Un andaluz que les sirve de traductor, utiliza su conocimiento sobre el idioma para engañar a sus jefes y así quedarse con el dinero que anda escondido en algún lugar del desierto donde se encuentra el árbol del penitente, lugar dónde él, y el mafioso cubano, van a parar cuando a estos se les acaba el combustible del vehículo en el que viajan. Atrapados junto al árbol, se complicará el asunto al recibir las visitas de un cura arrepentido que, tras considerarse pecador, decide suicidarse allí mismo. También llegarán a ese lugar la novia del traductor y el otros tantos mafiosos. Y se monta un señor pifostio.
Una comedia de acción y aventuras con un único escenario y con unos personajes cuanto menos curiosos.
Nada como el desierto de ¿la Andalucía profunda? como fondo para la historia, así como ese árbol dichoso que da título a la película como absoluto protagonista. Alrededor de él, sucede toda la enrevesada trama.
Lo bueno es todo lo referente a la estética, a medio camino entre el western y el cartoon. De hecho, la estética cartoon se impone, llegando nuestros actores a parecer en según que momentos, y marcados por el tempo, absolutos personajes de la Warner.
Sin embargo a la película le falta solidez. Se nota que es la obra de un principiante cuando después de una primera media hora gloriosa la película entra poco a poco en una peligrosa decadencia; decadencia que le hace perder el ritmo y lo que es peor, el interés. Pasada esa magnífica media hora, nada de lo que sucede en “El árbol del penitente” importa un pimiento al espectador y el resultado general es bastante mediocre. El guion pendulea y, al final, para justificar el visionado lo único que destaco sería lo bizarro de la estética. En ese sentido, no he visto una película española igual. De hecho, gracias a esto, la película se vuelve interesante.
“El árbol del penitente”, que se promocionó poco y mal, lo hizo teniendo como principal reclamo la vuelta de Alfredo Landa a la comedia pura y dura desde que hiciera aquél papel en “Los Porretas” años atrás. Landa, deja claro que la comedia le sale sola, incluso teniendo dificultades para decir su texto a la perfección. En algún momento, el actor de equivoca, y el director da la toma por buena porque, como fuera, la toma sigue siendo efectiva. Por otro lado, Landa como reclamo comercial salió rana, ya que, probablemente, al público de cine español del año 2000 le importaba Alfredo Landa tres pimientos. Así, la película fue un fracaso en toda regla que logró congregar en salas, según los poco fiables datos del ministerio de cultura, poco más de 64.000 espectadores. Su posterior explotación videográfica fue con cuentagotas y, si existe a día de hoy edición en DVD de la película, es de esas piratillas destinadas a rastrillos y badulaques varios. No hay una oficial.
Javier Manrique, actor discreto y tirando a malo, está en su papel de traductor de ruso que se mete en el lío, precisamente así, discreto y tirando a malo, mientras que la hoy súper popular —y deseada— Elena Anaya, que interpreta a su novia marujil, está directamente para prohibirla volver a trabajar en el cine, basando su actuación en desgañitarse sin que se le entienda ni una sola palabra de lo que dice. Está fatal.
Ninguno de los dos actores son andaluces, pero ambos tienen que figurar como que lo son. Ninguno sale airoso. Sin embargo, el rey de la función, el que hace que el visionado merezca la pena, es Idelfonso Tamayo, actor afro-cubano afincado en Madrid, que con un montón de papeles secundarios en películas españolas, su carisma y saber hacer lo convierten en lo mejor de la película que decida tenerle en su reparto (que son dos o tres, que yo recuerde, en el cine español). Aquí, de mafioso cubano, pegando tiros de escopeta como un loco, blasfemando y soltando palabrotas cada dos minutos, mostrando una agresividad y una violencia tan imponentes como su propio físico, se lleva a la película de calle haciendo que esta carezca de todo interés cuando el cubano no está en pantalla. Tamayo, por derecho propio, se debería convertir en uno de nuestros secundarios de lujo a la altura de Manuel Alexandre o Pepe Isbert, al menos en el cine contemporáneo, pero, no está el cine de los últimos años para andar descubriendo joyas como esta. Sin Tamayo, la película no tendría ni el más mínimo interés más allá de lo estético.
Con todo, es lo suficientemente rara y extraña como para tenerla en cuenta.
lunes, 12 de octubre de 2020
AMOR A LA ESPAÑOLA
“Amor a la Española” representa la auténtica y genuina españolada. Además, es una de las culpables de que el termino se use despectivamente. Y también es una de las culpables de que el público medio asocie el término con las películas de españolitos típicos, morenos, bajitos y cabreados que van a Torremolinos babeándole a las Suecas. Y es que precisamente, ni más ni menos, “Amor a la Española” trata sobre eso.
Un trabajador de aeropuerto, tras ayudar a una sueca con unos problemas a la hora de tomar un vuelo hasta Málaga, queda prendado de ella. Poco después irá en su búsqueda. Por otro lado, en la misma Málaga, más concretamente en Torremolinos, con el boom turístico, podemos ver la más variada fauna ibérica y autóctona intentando ligar con las extranjeras y más concretamente con esta sueca que trae de cabeza al protagonista, que de pura ingenuidad, parece tontita perdida. Y todo ello sin apenas salir del complejo hotelero donde trascurre la trama.
Pues sí, aquí tenemos la película —o una de ellas— de los españolitos tras las suecas, en un subgénero de la españolada, que los menos afines y conocedores de nuestra filmografía asocian siempre con la figura de Andrés Pajares y Fernando Esteso. Se ha convertido en un tópico, pero, al igual que pasa con las películas sobre la guerra civil, es cierto que existen mogollón de películas con estas premisas; Precisamente por eso, se convierten en tópicos. Sin embargo a la hora de enfrentarse a una película de estas características a día de hoy, hace que nos percatemos de que el tópico muchas veces se basa en habladurías, en oír campanas y no saber dónde, porque, efectivamente, el tópico está ahí, en “Amor a la Española”, tenemos a un grupo de españolitos tras las suecas, pero no es todo ni tan denigrante ni exagerado como se tiende a pensar en un principio con este tipo de comedias de los 60. Es más, las baña una pátina de inocencia que puede llegar a resultar sonrojante. Paradójicamente, y tan representante de la españolada como es “Amor a la Española”, resulta que es una co-producción con Argentina, de hecho, en la parte artística tenemos a la actriz Argentina Erika Wallner haciendo de sueca y, si no tenemos en cuenta este detalle, hay que decir que la actriz da el pego a la perfección… Rubia de pote, e intuimos que, chocho morenote.
Francamente, la película, en todos sus aspectos, es en realidad más mala que la quina. Se trata de una producción de José Luis Dibildos, escrita a dos manos junto con Alfonso Paso, dejando supuestamente su gustos e inquietudes a un lado para dar rienda suelta, en sus guiones, a lo que el pueblo llano quería ¿y que quería? Precisamente lo que Dibildos ofrecía, en este caso, como no, españoles detrás de las suecas, llevando al cine a más de 2.000.000 de españoles que se sentían identificados con nuestros protagonistas, interpretados por una serie de actores que, como viene siendo habitual en las comedias de los años sesenta y setenta, se prodigan como lo mejor de las películas en las que intervenían, convirtiéndose, en la mayoría de los casos, en auténticos chalecos salvavidas capaces de rescatar cualquier película que se hunde en el lodo.
Al mando, José Luis López Vázquez, que además de su vis cómica natural, soporta el escueto peso dramático y/o romántico que contiene la película. Manuel Gómez Bur: Contaba Alfredo Landa en sus polémicas memorias, que Gómez Bur, en el teatro, subía consigo al escenario una pequeña aguja de tricotar, y que tal era su rabia y su ira (y puede que hasta envidia), que cuando alguno de sus compañeros de tablas resultaba más gracioso que él, sacaba la aguja y le pinchaba con saña, incapaz de aceptar que en determinados momentos alguien consiguiera más risas del público que él. No debió ser el caso en esta película, porque, evidentemente, Gómez Bur aquí tiene poca competencia: Un desgraciado de provincia dándoselas de señorito en Torremolinos, tomando cubatas y ligando con toda extranjera que se le ponga a tiro, en lo que puede ser uno de los primero precedentes del personaje de Pepito Piscinas que tan bien interpretara Fernando Esteso años después en “Pepito Piscinas”. Manolo Gómez Bur, lo borda. Cierra el triunvirato un comedido Alfredo Landa en un papel episódico, dando vida a un camarero, confidente de las argucias de los vacacionistas y testigo del “temperamento” de nuestra sueca protagonista. Landa es Landa.
Dibildos, delegó las labores de dirección de la película en el director Fernando Merino, que durante la segunda mitad de los sesenta facturó títulos clásicos como puedan ser “Los Subdesarrollados” o “La dinamita está servida”, y en cuya carrera tendría los altos y bajos comunes en este tipo de directores artesanos, que tantos buenos títulos dejaron a nuestra cinematografía.
“Amor a la española” es muy mala, mala de solemnidad, inquietantemente mala, incluso aburrida, pero es un título clave para entender lo que es eso que llaman españolada, y, solo por ver a sus protagonistas en su salsa, bien vale un visionado. Por destacar algo, ya que estamos, destacar los magníficos títulos de crédito a base de ilustraciones a cargo del historietista Mingote.
Un trabajador de aeropuerto, tras ayudar a una sueca con unos problemas a la hora de tomar un vuelo hasta Málaga, queda prendado de ella. Poco después irá en su búsqueda. Por otro lado, en la misma Málaga, más concretamente en Torremolinos, con el boom turístico, podemos ver la más variada fauna ibérica y autóctona intentando ligar con las extranjeras y más concretamente con esta sueca que trae de cabeza al protagonista, que de pura ingenuidad, parece tontita perdida. Y todo ello sin apenas salir del complejo hotelero donde trascurre la trama.
Pues sí, aquí tenemos la película —o una de ellas— de los españolitos tras las suecas, en un subgénero de la españolada, que los menos afines y conocedores de nuestra filmografía asocian siempre con la figura de Andrés Pajares y Fernando Esteso. Se ha convertido en un tópico, pero, al igual que pasa con las películas sobre la guerra civil, es cierto que existen mogollón de películas con estas premisas; Precisamente por eso, se convierten en tópicos. Sin embargo a la hora de enfrentarse a una película de estas características a día de hoy, hace que nos percatemos de que el tópico muchas veces se basa en habladurías, en oír campanas y no saber dónde, porque, efectivamente, el tópico está ahí, en “Amor a la Española”, tenemos a un grupo de españolitos tras las suecas, pero no es todo ni tan denigrante ni exagerado como se tiende a pensar en un principio con este tipo de comedias de los 60. Es más, las baña una pátina de inocencia que puede llegar a resultar sonrojante. Paradójicamente, y tan representante de la españolada como es “Amor a la Española”, resulta que es una co-producción con Argentina, de hecho, en la parte artística tenemos a la actriz Argentina Erika Wallner haciendo de sueca y, si no tenemos en cuenta este detalle, hay que decir que la actriz da el pego a la perfección… Rubia de pote, e intuimos que, chocho morenote.
Francamente, la película, en todos sus aspectos, es en realidad más mala que la quina. Se trata de una producción de José Luis Dibildos, escrita a dos manos junto con Alfonso Paso, dejando supuestamente su gustos e inquietudes a un lado para dar rienda suelta, en sus guiones, a lo que el pueblo llano quería ¿y que quería? Precisamente lo que Dibildos ofrecía, en este caso, como no, españoles detrás de las suecas, llevando al cine a más de 2.000.000 de españoles que se sentían identificados con nuestros protagonistas, interpretados por una serie de actores que, como viene siendo habitual en las comedias de los años sesenta y setenta, se prodigan como lo mejor de las películas en las que intervenían, convirtiéndose, en la mayoría de los casos, en auténticos chalecos salvavidas capaces de rescatar cualquier película que se hunde en el lodo.
Al mando, José Luis López Vázquez, que además de su vis cómica natural, soporta el escueto peso dramático y/o romántico que contiene la película. Manuel Gómez Bur: Contaba Alfredo Landa en sus polémicas memorias, que Gómez Bur, en el teatro, subía consigo al escenario una pequeña aguja de tricotar, y que tal era su rabia y su ira (y puede que hasta envidia), que cuando alguno de sus compañeros de tablas resultaba más gracioso que él, sacaba la aguja y le pinchaba con saña, incapaz de aceptar que en determinados momentos alguien consiguiera más risas del público que él. No debió ser el caso en esta película, porque, evidentemente, Gómez Bur aquí tiene poca competencia: Un desgraciado de provincia dándoselas de señorito en Torremolinos, tomando cubatas y ligando con toda extranjera que se le ponga a tiro, en lo que puede ser uno de los primero precedentes del personaje de Pepito Piscinas que tan bien interpretara Fernando Esteso años después en “Pepito Piscinas”. Manolo Gómez Bur, lo borda. Cierra el triunvirato un comedido Alfredo Landa en un papel episódico, dando vida a un camarero, confidente de las argucias de los vacacionistas y testigo del “temperamento” de nuestra sueca protagonista. Landa es Landa.
Dibildos, delegó las labores de dirección de la película en el director Fernando Merino, que durante la segunda mitad de los sesenta facturó títulos clásicos como puedan ser “Los Subdesarrollados” o “La dinamita está servida”, y en cuya carrera tendría los altos y bajos comunes en este tipo de directores artesanos, que tantos buenos títulos dejaron a nuestra cinematografía.
“Amor a la española” es muy mala, mala de solemnidad, inquietantemente mala, incluso aburrida, pero es un título clave para entender lo que es eso que llaman españolada, y, solo por ver a sus protagonistas en su salsa, bien vale un visionado. Por destacar algo, ya que estamos, destacar los magníficos títulos de crédito a base de ilustraciones a cargo del historietista Mingote.
viernes, 16 de abril de 2021
JENARO EL DE LOS 14
“Jenaro, el de los 14” es una película que riza el rizo siendo el emblema, no de una, sino, de dos filmografías; por un lado la de Alfredo Landa -y por ende del “Landismo”-, y por otro la de Don Mariano Ozores. Y no es que sea mejor o peor que cualquier otra de las que hicieron, es que la película cae justo en una época en la que los dos reclamos están en plena forma, esto es, que Mariano Ozores está en el mejor momento de su carrera y Alfredo Landa también, así la película consiguió, sin el más mínimo esfuerzo, congregar en las salas a 1.086.000 espectadores en lo que es uno de los máximos exponentes de la españolada; Si quiero explicarle a un contacto extranjero lo que es una españolada, a buen seguro que una de las primeras cintas que se me pasaría por la cabeza para mostrarle, sería esta.
El argumento es sencillo: Jenaro es el pregonero de un pueblecito de la España profunda, que un buen día consigue 14 aciertos en la quiniela. Si no sale ninguna otra quiniela con esos aciertos, el paleto se embolsará 65 millones de las antiguas pesetas. Obviamente, le saldrán moscones y aprovechados por todas partes y, cuando va a Madrid a cobrar su premio, Jenaro se verá inmerso en las más disparatadas situaciones, que van desde un padre que obliga a su hija a fingir un embarazo del tal Jenaro -que nunca se acostó con ella- con el fin de hacerles casar, hasta una pareja de estafadores que pretenderán sacarle los cuartos a nuestro protagonista, usando la seducción y la lascivia como armas. Por otro lado, la chica de la que está enamorado desde siempre, yendo a Madrid en busca de trabajo, acaba como prostituta en la capital, lo que complicará un pelín más las cosas.
Tras el reciente visionado de la película, lo que principalmente me llama la atención es lo fresca que se mantiene cuarenta y cinco años después de su estreno. Mantiene un humor bastante actual, si bien es cierto que estéticamente se queda anticuada, hecho este que no entorpece en absoluto su total disfrute. “Jenaro, el de los 14”es una película totalmente entretenida, que hace alarde de un montaje frenético y, por momentos (como cuando Jenaro lee el pregón), hasta vanguardista, supongo que accidentalmente.
En cuanto al humor, como ha de ser, es de sal gruesa. Valga como muestra, un botón:
-Jenaro ¿Tú has invertido? -¿Yo invertido? ¡Yo soy muy macho!
Y esto siempre funciona.
Se trata de una de las pocas películas de Mariano Ozores que no cuenta con un guion al 100% suyo, teniendo en este caso como partenaires, ya sea con el argumento o con la historia, a Vicente Coello, Juan José Daza y Juan José Porto. El resultado del conjunto, da una película histórica de nuestro cine, y por lo tanto, denostada por estudiosos y plumillas -como prácticamente la totalidad de la comedia de evasión española-.
Reparto de chilena a un nivel altísimo; Desprenden carisma por el metraje, junto a Landa, un inmenso Juanjo Menendez, más discreta Maria Luisa San José, Josele Román, estupendo como siempre Rafael Hernández, Don Jaime de Mora y Aragón y Mirta Miller, tan mítica como mala actriz.
“Jenaro, el de los 14” es una película absolutamente recomendable, porque funciona y porque, viéndola, se parte uno el culo.
El argumento es sencillo: Jenaro es el pregonero de un pueblecito de la España profunda, que un buen día consigue 14 aciertos en la quiniela. Si no sale ninguna otra quiniela con esos aciertos, el paleto se embolsará 65 millones de las antiguas pesetas. Obviamente, le saldrán moscones y aprovechados por todas partes y, cuando va a Madrid a cobrar su premio, Jenaro se verá inmerso en las más disparatadas situaciones, que van desde un padre que obliga a su hija a fingir un embarazo del tal Jenaro -que nunca se acostó con ella- con el fin de hacerles casar, hasta una pareja de estafadores que pretenderán sacarle los cuartos a nuestro protagonista, usando la seducción y la lascivia como armas. Por otro lado, la chica de la que está enamorado desde siempre, yendo a Madrid en busca de trabajo, acaba como prostituta en la capital, lo que complicará un pelín más las cosas.
Tras el reciente visionado de la película, lo que principalmente me llama la atención es lo fresca que se mantiene cuarenta y cinco años después de su estreno. Mantiene un humor bastante actual, si bien es cierto que estéticamente se queda anticuada, hecho este que no entorpece en absoluto su total disfrute. “Jenaro, el de los 14”es una película totalmente entretenida, que hace alarde de un montaje frenético y, por momentos (como cuando Jenaro lee el pregón), hasta vanguardista, supongo que accidentalmente.
En cuanto al humor, como ha de ser, es de sal gruesa. Valga como muestra, un botón:
-Jenaro ¿Tú has invertido? -¿Yo invertido? ¡Yo soy muy macho!
Y esto siempre funciona.
Se trata de una de las pocas películas de Mariano Ozores que no cuenta con un guion al 100% suyo, teniendo en este caso como partenaires, ya sea con el argumento o con la historia, a Vicente Coello, Juan José Daza y Juan José Porto. El resultado del conjunto, da una película histórica de nuestro cine, y por lo tanto, denostada por estudiosos y plumillas -como prácticamente la totalidad de la comedia de evasión española-.
Reparto de chilena a un nivel altísimo; Desprenden carisma por el metraje, junto a Landa, un inmenso Juanjo Menendez, más discreta Maria Luisa San José, Josele Román, estupendo como siempre Rafael Hernández, Don Jaime de Mora y Aragón y Mirta Miller, tan mítica como mala actriz.
“Jenaro, el de los 14” es una película absolutamente recomendable, porque funciona y porque, viéndola, se parte uno el culo.
lunes, 23 de octubre de 2017
PRÉSTAME TU MUJER
Película tardía del “Landismo” con la que Jesús Yagüe, el
director, abordaba su enésimo trabajo alimenticio.
Producida por José Frade, Yagüe guarda nefasto recuerdo de
la película, y culpa a su producción de que él decidiera abandonar el mundo del
cine, cosa que cumplió tras esta película, con creces.
Cuenta la historia de un opulento político del Opus, que
tras haber hecho voto de castidad con respecto a su mujer, se hecha una
querida. Con el fin de poder tener esta a mano, obliga a su chofer a que se
case con ella, y los instala en un pisito por el que de vez en cuando se
pasará, con el fin de echarle un caliqueño a la mujer de su empleado.
La cosa se complica, cuando los recién casados, gracias a la
convivencia, acaban enamorándose el uno del otro.
Puro destape de la época en la que era lo que primaba en
taquilla.
Yagüe, detesta esta película y la tilda de la peor que
realizó, sin embargo yo creo que no se trata de una de las peores películas que
nos ofreció en género en la época de los 80. Rodada con poco dinero, recursos
ajustados al máximo (predomina el plano secuencia y las conversaciones a un
único plano medio) y rodada casi en su totalidad en interiores, Yagüe supo
sacar partido al guion del mítico Juan José Alonso Millán —según Yagüe, un
guion espantoso— y llevar a buen puerto una comedia sin más pretensiones que
adaptarse a la corriente imperante de aquellos días.
Contaba Yagüe en la entrevista que le hice —incluida como
contenido extra en el DVD de “Los Escondites”— que tuvo que lidiar con un José Frade
despótico que le mandaba llamar a su despacho y le recibía con los pies sobre
la mesa, fumando un enorme puro, para decirle que en esa misma alfombra en la
que Yagüe estaba de pie, otros directores se habían arrodillado suplicándole
otra película. Yagüe, visto el percal, se limito a cumplir con su trabajo tal y
como quería Frade, para luego desentenderse de la película.
Alfredo Landa, que ya había ganado una palma de oro y había
realizado trabajos más prestigiosos, tuvo que volver al “Landismo”, precisamente
porque Frade tenía un contrato que le unía a su productora durante tres
películas más, así que, este tuvo que
volver a quedarse en calzoncillos en una película, aunque, según Yagúe, “este
estaba encantado de quedarse en calzoncillos”. Por lo visto Landa era una
estrella caprichosa y megalómana, que no quería ceñirse a un guión que había
que cumplir de manera férrea y que le trajo algún que otro quebradero de cabeza
a su director, que no logró hacer entrar en razón al divo. Solo Frade, intuimos
que a golpe de talón, lo consiguió.
Por otro lado, la dinamita acabó de estallar el día que,
promocionando la película, Jesús Yagüe tuvo que ir a un programa de televisión
a presentar su inminente estreno, y siendo honesto consigo mismo, dijo en
televisión que la película era una soberana porquería, lo que propició su
ruptura laboral con Frade y, por voluntad propia, el abandono de la profesión
de dirección de cine: “Qué los aguante su padre”, debió pensar.
Por lo demás, ya les digo que a mí “Préstame tu mujer” no me
parece ni tan mal, está entretenida, cutrecilla, pero con momentos divertidos.
Eso si, no deja de ser una españolada más, adscrita al destape, y del montón.
Junto a Alfredo Landa, tenemos a Juan Luis Galiardo, Norma
Duval, Concha Cuetos y Manuel Alexandre. Ninguno está especialmente memorable.
No fue mal en taquilla, casi 600.000 espectadores. Era lo
que se estilaba.
lunes, 14 de octubre de 2019
EL CRACK CERO
De un tiempo a esta parte, el cine de José Luis Garci —un
cine bien rodado, con personalidad, absolutamente respetable— ha sido tomado a
chufla muchas veces simplemente por el contenido de los trailers (a los que sí
que les falta algo de habilidad) o, sencillamente,
por que se imposta una actitud festiva ante una serie de películas que no se
presta a la fiesta… Vamos, por el gilipolleo. El fandom posmoderno, quería
reírse de “Holmes & Watson, Madrid days” cuando no hay nada de que reírse
en esa película estupenda. Aunque entiendo que se quisiera convertir a uno de
nuestros mejores directores en una mofa, tras un par de películas fallidas y
una mala elección de los actores y ciertas chapucillas con respecto al doblaje
y esa manía que tiene Garci de doblar a sus actores y ponerles voces de
profesionales del medio. Pero en verdad no hay nada de que reírse; Garci es un
director clásico con unos encuadres reconocibles a poco que los miremos y una
manera de narrar lenta, que se toma su tiempo, que se recrea en los silencios,
deliciosa.
Al margen de esta pataleta, por suerte, llega Garci con esta
precuela de “El Crack” y tapa bocas. “El Crack cero” en su primera semana de
exhibición, ha sido un éxito de taquilla y de crítica, compitiendo con un
mastodonte como es el “Joker” de Tod Phillips que se estrenó el mismo día. Y yo
me alegro mucho de que al “El Crack cero” le vaya bien, y que los medios se
hayan rendido ante el trabajo de un director que, ninguneado como está en la
industria de nuestro cine sencillamente por sus preferencias a la hora de ir a
la urnas, ha demostrado que una buena película de corte clásico, sin artificios
y con material reciclado (todos los exteriores, ese Madrid de los años
setenta, pertenecen a descartes de otras
películas de Garci), puede interesar al público de 2019. También es cierto que
en la sala de cine en la que la vi, llena de parejas casi octogenarias y
cincuentones medio conservadores, yo era el espectador más joven. Y es tan
buena, que todos esos subnormales posmodernos que estaban afilando el cuchillo
cuando supieron que Garci volvía al ruedo, tuvieron que guardárselo. Estaba
oxidado. Su chiste ya no les hacia gracia ni a sí mismos.
Pero es que “El Crack cero” es una estupenda película. Muy
Garci, con sus encadenados, sus fundidos a negro y su lentitud maravillosa.
Recrear los tiempos más o menos mozos de esos grandes personajes
que son Germán “El Piojo” Areta y “El
Moro”, era una tarea difícil porque
había que suplantar a Alfredo Landa y a Miguel Rellán. En un principio se contó
con Víctor Clavijo para el papel de Areta, pero pronto fue sustituido por un
actor que tampoco me decía mucho como es Carlos Santos. Y “El Moro” está
interpretado por Miguel Ángel Muñoz. Menudo peso sobre los hombros de estos dos
actores. Sin embargo, dan los dos el tipo de sobra. Carlos Santos está
correcto, es un Areta más que digno, mientras que la gran sorpresa me la he
llevado con Muñoz que está esplendido. Y es que hay mucho prejuicio porque este
chaval, no creo que sea un mal actor, simplemente que está estigmatizado por
haber trabajado durante años en aquella serie vil que fue “Un paso adelante”. Y
aquí lo demuestra porque, no imita a Miguel Rellán, pero claramente se ha
empapado del personaje, y lo hace muy bien.
Así, la acción nos traslada a unos años antes del primer
“Crack” y tenemos la toma de contacto entre Areta y el Moro, que se sumergirán
juntos en el primer caso conjunto, el supuesto suicidio de un afamado sastre.
La amante de este contrata los servicios de Areta Investigaciones, ya que esta
considera que el suicidio no fue tal, sino que fue un asesinato. Así de simple
y sencillo, la película se compone de la investigación y los interrogatorios a
los que nuestros detectives someterán a los distintos personajes. Estupenda.
En blanco y negro, “El Crack cero” es una película
nostálgica para los setentones que añoran los tiempos de la transición y, por
ende, las películas de “El Crack”. Y así como el primer “Crack” era más deudor
del cine de justicieros de los 70 (con toquecitos noir) esta lo es más del cine
negro americano de los años 50 al cual Garci dedica un bonito homenaje. Como
fuere, y con tantos años de diferencia y tratándose de una precuela, “El Crack
cero” es un agradable colofón, autoral, cinéfilo, garciano, para una de las
sagas de cine de género español más cojonudas que ha dado nuestra
cinematografía. A ver si la racha en taquilla sigue en sucesivas semanas.
Como curiosidad les dejo aquí con lo que llaman un
“deepfake” que rula por Youtube y en el que han sustituido infograficamente a
Carlos Santos por un Alfredo Landa notablemente rejuvenecido para la ocasión.
Como curiosidad está bien, pero los avances de la tecnología, me producen
escalofríos. No quiero ver películas protagonizadas por actores muertos.
viernes, 18 de enero de 2019
NO SOMOS DE PIEDRA
“Juguetes rotos” puede que sea uno de los films más
personales de Manuel Summers, sin embargo fue un descalabro en taquilla de
padre y muy señor mío. Ante esta tesitura, el director lepero optó por
cultivar, en lo sucesivo, una suerte de cine popular que gustara al gran
público que, como confesó el propio director “al fin de al cabo es el que
paga”. En consecuencia de esto, Summers concibe “No somos de piedra”, una
comedieta ligera con alto contenido sexual que, por protagonismo absoluto de
Alfredo Landa, se adscribe al “landismo” casi de forma accidental.
Con un guión a pachas con Juan Miguel Lamet, “No somos de
piedra” se sostiene sobre dos tramas que ocupan el grueso de la película, en lo
que es una estructura narrativa un tanto extraña para una película española de
los años sesenta. Por un lado, la película cuenta como un hombre de familia
numerosa tiene que lidiar con las
calenturas que le provoca la presencia de la nueva niñera, una ex prostituta
proveniente de un programa de inserción social para señoritas de la vida, que
entre lo jamona que está y las minifaldas que gasta, hacen pasar a nuestro
protagonista unos momentos muy malos. Por otro lado, harto de tantos hijos,
tendrá que ingeniárselas para que, por medio del engaño y las malas artes, su
esposa comience a tomarse la píldora anticonceptiva, cosa esta a la que se
opone al ser una mujer de moral cristiana. Los tejemanejes que se trae Landa
para conseguirlo conforman el material cómico y, ergo, traen consigo los
mejores gags.
Summers era un valiente, porque con “No somos se piedra”,
pese a ser la película menos Summers de cuantas hizo, aborda temas que eran más
que peliagudos, máxime teniendo al caudillo vivo. Entonces, Summers introduce
el sexo en su comedia en la medida de lo posible; estamos en 1968 y ver carne
por encima de la rodilla es ya un atrevimiento. Pues vemos el muslamen de
Ingrid Garbo. Por otro lado, la osadía de hacer una apología de la píldora
anticonceptiva —contrarestada por la oposición total de la esposa del
protagonista principal, artimaña esta muy inteligente para poder contar lo que
le da la gana— se me antoja todavía más suicida que el mostrar minifaldas. Lo
que me extraña es que no hubiera en la época una controversia sonada al
respecto al ser tomado el tema con toda ligereza. Y a lo mejor no la hubo por
el mero hecho de que “No somos de piedra” no fue un fracaso tan grande como el
de “Juguetes rotos”, pero apenas la vieron 390.000 espectadores, con lo que la
estrategia comercial tampoco le fue muy bien.
Sin embargo, sí que se trata de una pieza seminal para todo
lo que vendría después. Summers se agarró al cine comercial como un clavo
ardiendo, eso sí, siendo lo suficientemente inteligente como impregnar su sello
de autor, dando unos toques de sensacionalismo a todas esas cintas de adolescentes
embarazadas que vendrían después y que significarían las obras más
significativas de su carrera.
Por lo demás,“No somos de piedra” se deja ver, sin más.
Osadías a parte, se trata de una comedia populachera como tantas y tantas se
parían a finales de los años sesenta, siendo del montón en cualquier caso.
Junto a Landa en el reparto, tenemos a Laly Soldevila,
Emilio Laguna, una jovencísima Terele Pávez pre “Los escondites”, Maricarmen
Prendes y Tip y Coll, que aparecen en la cinta en calidad de actores, es decir,
que no hacen de ellos mismos.
Ver y olvidar, sin
más.
viernes, 4 de diciembre de 2020
ATRACO A LAS 3
Uno de los clásicos indiscutibles del cine español seria esta “Atraco a las tres”. Una película de bajo presupuesto que debido al buen hacer de sus artífices, ya sea en la escritura del libreto como en la ejecución de la dirección, amén de unas interpretaciones memorables, se convierte en una obra maestra atemporal, influencia de varias generaciones de cineastas y una de las mejores comedias españolas de todos los tiempos.
Aunque en su momento tampoco gozó de una taquilla exultante —tan solo acudieron a verla 115.000 espectadores en el momento de su estreno. Poco, pero la película fue tan barata que con esos números rentaron el presupuesto de sobra—, el paso del tiempo le ha conferido un aire clásico y un prestigio fuera de todo precedente que la hacen encabezar todos los listados de mejores películas españolas de la historia. Quizás por eso, en 1999, se reestrenó 36 años después en los Madrileños cines Princesa —sumándole otros 1000 espectadores más a esos 115.000— en una de sus salas más diminutas, con cierto éxito.
Cuenta la historia de los trabajadores de un banco que aprovechando el injusto despido al ya anciano director del mismo, planean un atraco a la sucursal y así poner fin a todos los problemas económicos que estos puedan tener. Los empleados planean el atraco minuciosamente, hasta que la cosa se complica cuando entra en juego una vedette llamada Katia Duran, a la que uno de los empleados, encoñado con ella, le cuenta todos sus planes.
“Atraco a las tres” surge de la mente de Pedro Masó, que alega que gracias al entusiasmo y el hambre que había aquellos años por hacer cine, escribió el guion de madrugada y en tan solo 9 días. Después, sus socios Vicente Coello y Rafael J. Salvia lo pulirían y darían una coherencia. Una vez visto para sentencia, Pedro Masó, en calidad de productor, ofreció rodar el guion a José María Forqué, gran amigo suyo por otro lado. Forqué, en aquellos años estaba hasta arriba de trabajo, su agenda era apretadísima —“Accidente 703” y “La Becerrada” serían los films que le tendrían ocupado, no siendo ninguno de ellos ni la mitad de relevante de lo que fue “Atraco a las tres” a posteriori— y no tenía mucho tiempo para rodar una peliculita menor como la que le proponía Masó. Aun así, y por hacerle el favor a Masó, decidió dirigirla. Y a día de hoy, es por el título por el que, mayormente, se le recuerda.
Según los estudiosos del cine español, la película es una crítica total y absoluta al régimen español, a su jerarquía, y la miseria en la que la sociedad española estaba sumida, que gracias al imperante humor blanco, y a la maestría del director, pasó la censura sin ningún tipo de problemas. Quizás el mensaje implícito hay que leerlo entre líneas, o cogerlo con pinzas, porque, efectivamente, a simple vista no se detecta.
Naturalmente, “Atraco a las tres” no sería lo que es de no ser por sus extraordinarios actores, muchos de los cuales empezaban a despuntar en esto del cine, eran caras nuevas que seguían el ritmo a la perfección al único actor consagrado en la cinta que es José Luis López Vázquez, así, tenemos secundando al inconmensurable, a Gracita Morales —con la que pronto formaría pareja cinematográfica en infinidad de películas—, Manuel Alexandre, Agustín González que empezaba a llamar la atención, el humorista Cassen, Manuel Díaz González…
Había uno de los papeles, el de Castrillo, concebido inicialmente para un reputado Manolo Gómez Bur, que tuvo que rechazarlo porque tenía otros compromisos firmados tanto en cine como en teatro, y no daban con un actor que tuviera las características del personaje. No fue hasta que un día viendo una comedia de Jardiel Poncela en el teatro, Pedró Masó y José María Forqué vieron, cito, “una cosa pequeña por ahí, por el escenario” que resulto ser Alfredo Landa. Les gustó lo que vieron y sin pensarlo le darían a Landa lo que sería el primer papel protagonista de su vida. Crearon un monstruo, porque desde entonces, Landa no dejaría de trabajar, convirtiéndose, para más señas, en el creador de un subgénero dentro de la comedia española, el “Landismo”.
Por su parte, tanto José María Forqué como Pedro Masó, serían acompañados por el éxito en su profesión durante el resto de sus días.
Una joya imprescindible del cine español, qué les voy a decir.
Aunque en su momento tampoco gozó de una taquilla exultante —tan solo acudieron a verla 115.000 espectadores en el momento de su estreno. Poco, pero la película fue tan barata que con esos números rentaron el presupuesto de sobra—, el paso del tiempo le ha conferido un aire clásico y un prestigio fuera de todo precedente que la hacen encabezar todos los listados de mejores películas españolas de la historia. Quizás por eso, en 1999, se reestrenó 36 años después en los Madrileños cines Princesa —sumándole otros 1000 espectadores más a esos 115.000— en una de sus salas más diminutas, con cierto éxito.
Cuenta la historia de los trabajadores de un banco que aprovechando el injusto despido al ya anciano director del mismo, planean un atraco a la sucursal y así poner fin a todos los problemas económicos que estos puedan tener. Los empleados planean el atraco minuciosamente, hasta que la cosa se complica cuando entra en juego una vedette llamada Katia Duran, a la que uno de los empleados, encoñado con ella, le cuenta todos sus planes.
“Atraco a las tres” surge de la mente de Pedro Masó, que alega que gracias al entusiasmo y el hambre que había aquellos años por hacer cine, escribió el guion de madrugada y en tan solo 9 días. Después, sus socios Vicente Coello y Rafael J. Salvia lo pulirían y darían una coherencia. Una vez visto para sentencia, Pedro Masó, en calidad de productor, ofreció rodar el guion a José María Forqué, gran amigo suyo por otro lado. Forqué, en aquellos años estaba hasta arriba de trabajo, su agenda era apretadísima —“Accidente 703” y “La Becerrada” serían los films que le tendrían ocupado, no siendo ninguno de ellos ni la mitad de relevante de lo que fue “Atraco a las tres” a posteriori— y no tenía mucho tiempo para rodar una peliculita menor como la que le proponía Masó. Aun así, y por hacerle el favor a Masó, decidió dirigirla. Y a día de hoy, es por el título por el que, mayormente, se le recuerda.
Según los estudiosos del cine español, la película es una crítica total y absoluta al régimen español, a su jerarquía, y la miseria en la que la sociedad española estaba sumida, que gracias al imperante humor blanco, y a la maestría del director, pasó la censura sin ningún tipo de problemas. Quizás el mensaje implícito hay que leerlo entre líneas, o cogerlo con pinzas, porque, efectivamente, a simple vista no se detecta.
Naturalmente, “Atraco a las tres” no sería lo que es de no ser por sus extraordinarios actores, muchos de los cuales empezaban a despuntar en esto del cine, eran caras nuevas que seguían el ritmo a la perfección al único actor consagrado en la cinta que es José Luis López Vázquez, así, tenemos secundando al inconmensurable, a Gracita Morales —con la que pronto formaría pareja cinematográfica en infinidad de películas—, Manuel Alexandre, Agustín González que empezaba a llamar la atención, el humorista Cassen, Manuel Díaz González…
Había uno de los papeles, el de Castrillo, concebido inicialmente para un reputado Manolo Gómez Bur, que tuvo que rechazarlo porque tenía otros compromisos firmados tanto en cine como en teatro, y no daban con un actor que tuviera las características del personaje. No fue hasta que un día viendo una comedia de Jardiel Poncela en el teatro, Pedró Masó y José María Forqué vieron, cito, “una cosa pequeña por ahí, por el escenario” que resulto ser Alfredo Landa. Les gustó lo que vieron y sin pensarlo le darían a Landa lo que sería el primer papel protagonista de su vida. Crearon un monstruo, porque desde entonces, Landa no dejaría de trabajar, convirtiéndose, para más señas, en el creador de un subgénero dentro de la comedia española, el “Landismo”.
Por su parte, tanto José María Forqué como Pedro Masó, serían acompañados por el éxito en su profesión durante el resto de sus días.
Una joya imprescindible del cine español, qué les voy a decir.
sábado, 14 de febrero de 2009
ALFREDO EL GRANDE, VIDA DE UN CÓMICO
La biografía de Alfredo Landa, basada en entrevistas que le hizo Marcos Ordoñez, se caracteriza principalmente por no dejar títere con cabeza. Si habla de 100 personas, 75 son unos sin vergüenzas o unos inútiles. Si habla de sus películas, las mas representativas, las del “Landismo” son poco mas que basura y las que hizo con Garci o José Luis Cuerda, son cojonudas. Si habla de teatro, sus compañeros le hacían putadas para sobresalir ante el.
Landa nos cuenta su carrera artística desde los inicios, contando anécdotas de rodajes y sus enormes cabreos con los productores, demostrando un especial odio hacia José Luis Dibildos, que le hizo la 12- 13 con todas las de la ley.
Siempre resulta muy interesante leer las memorias de la gente del mundo del cine. Y entretenido. Estas no podían serlo menos. Lo malo es que, cuando le toca el turno a alguna película que él considera escoria, las comente muy por encima, y, siendo justo, estas que desprecia son las que a mí más me interesan (aunque no soy demasiado "Landista", hay un par de sus títulos más populares que me encantan) por lo que me siento un poco decepcionado. Con todo, los pasajes dedicados a José Ramón Larraz y su "Polvos Mágicos" no tienen desperdicio y hacen que la lectura realmente merezca la pena.
300 y pico páginas, que, a poco que te guste el cine, se disfrutan, enganchan y terminas en poco tiempo.
Siempre resulta muy interesante leer las memorias de la gente del mundo del cine. Y entretenido. Estas no podían serlo menos. Lo malo es que, cuando le toca el turno a alguna película que él considera escoria, las comente muy por encima, y, siendo justo, estas que desprecia son las que a mí más me interesan (aunque no soy demasiado "Landista", hay un par de sus títulos más populares que me encantan) por lo que me siento un poco decepcionado. Con todo, los pasajes dedicados a José Ramón Larraz y su "Polvos Mágicos" no tienen desperdicio y hacen que la lectura realmente merezca la pena.
300 y pico páginas, que, a poco que te guste el cine, se disfrutan, enganchan y terminas en poco tiempo.
viernes, 26 de febrero de 2010
NARCOSÁTANICOS DIABÓLICOS
Jamás dejo de sorprenderme cuando veo una peli latina. Siempre hay algún elemento que hace que, de una manera u otra, me fascine lo que va sucediendo en pantalla.Ya comenté hace algún tiempo que, al igual que en España tuvimos las españoladas, y en Argentina tuvieron las Argentinadas con Olmedo y Porcel como sus máximos exponentes. En México, las mexicanadas las protagonizaba Alfonso Zayas, que vendría a ser, más o menos, el Alfredo Landa de allí, y "Narcosatánicos Diabólicos" sería una peli de destape… aunque esta gente viene con unos cuantos años de retraso: Siendo de 1991, parece una “S” de los años 70.
Un elemento muy español y común en las películas de Landa sería la playa y el ligoteo; en las de Zayas lo son los narcotraficantes (!!!). Protagonizó unas cuantas con el narcotraficante como elemento recurrente cómico. Ya iremos viendo, ya…
Hace 2000 años un individuo bastante feo hizo un pacto con el demonio, en el que durante todo aquel tiempo gozaría del amor y las mujeres sin descanso a cambio de su alma. El problema es que, tantos lustros jodiendo le ha provocado mucho cansancio y, aunque tiene una clínica sexual (donde se folla a sus clientas y encima les cobra un dineral) y da bastante de si, siente que no ha sido feliz nunca y lo lamenta porque el plazo de su contrato con el del tridente caduca ya. Cuando este se persona, le ofrece más vigor y más tiempo para que encuentre la felicidad. Entonces, vendrá a por él.
Hace 2000 años un individuo bastante feo hizo un pacto con el demonio, en el que durante todo aquel tiempo gozaría del amor y las mujeres sin descanso a cambio de su alma. El problema es que, tantos lustros jodiendo le ha provocado mucho cansancio y, aunque tiene una clínica sexual (donde se folla a sus clientas y encima les cobra un dineral) y da bastante de si, siente que no ha sido feliz nunca y lo lamenta porque el plazo de su contrato con el del tridente caduca ya. Cuando este se persona, le ofrece más vigor y más tiempo para que encuentre la felicidad. Entonces, vendrá a por él.
Por otro lado, en una trama muy secundaria tenemos a los “Narcosatánicos”, quienes están distribuyendo por el país una cocaína que acaba con todo aquel que la aspira. Dos audaces policías intentarán acabar con ellos.
Bien, dicho esto, hay que recalcar que durante los veinte primeros minutos de película, únicamente hay folleteo, puesto ahí para que Zayas pueda soltar sus chascarrillos, luego un par de minutos del tema de los “narcosatánicos” y otros veinte de Zayas restregándose con, dicho sea de paso, los cardos siliconados que le ponen, y vuelven a lo de los narcos… y así toda la peli.
Se deja ver, entretiene, pero uno acaba hasta los cojones del Alfonso Zayas, que es un actor que no cae ni tan siquiera bien, y se queda con ganas de más de la trama que le da titulo, en la que investigan un policía enano interpretado por un maravilloso actor llamado Tun Tun, y su acompañante medio idiota interpretado por Cesar Bono. Nos ofrecen una serie de gags basados en el puteo y el insulto que me han sorprendió por lo efectivos que son y por las carcajadas que me provocaron. Pero si la peli dura hora y media, de eso solo hay 20 minutos… el resto son las tontunas del Zayas con las zorras.
Dirige José Juan Murguía, que normalmente se dedica al montaje. Con esta no logra lo más delirante del cine Mexicano... pero se acerca.
Bien, dicho esto, hay que recalcar que durante los veinte primeros minutos de película, únicamente hay folleteo, puesto ahí para que Zayas pueda soltar sus chascarrillos, luego un par de minutos del tema de los “narcosatánicos” y otros veinte de Zayas restregándose con, dicho sea de paso, los cardos siliconados que le ponen, y vuelven a lo de los narcos… y así toda la peli.
Se deja ver, entretiene, pero uno acaba hasta los cojones del Alfonso Zayas, que es un actor que no cae ni tan siquiera bien, y se queda con ganas de más de la trama que le da titulo, en la que investigan un policía enano interpretado por un maravilloso actor llamado Tun Tun, y su acompañante medio idiota interpretado por Cesar Bono. Nos ofrecen una serie de gags basados en el puteo y el insulto que me han sorprendió por lo efectivos que son y por las carcajadas que me provocaron. Pero si la peli dura hora y media, de eso solo hay 20 minutos… el resto son las tontunas del Zayas con las zorras.
Dirige José Juan Murguía, que normalmente se dedica al montaje. Con esta no logra lo más delirante del cine Mexicano... pero se acerca.
viernes, 23 de octubre de 2020
LOS PORRETAS
El director Carlos Suárez parecía dispuesto a adaptar para el cine toda suerte de personajes ajenos al medio; Primero lo hizo con “Makinavaja, el último Chorizo” y “Semos Peligrosos (usease Makinavaja dos)”, con los tan queridos personajes creados por Ivá y provenientes del cómic — y con los que consiguió un gran éxito de taquilla, sobre todo, con la primera de las películas— y, después, con la película que nos ocupa, esta “Los Porretas”, adaptando un serial radiofónico en un film que supuso, por un lado, el testamento de Carlos Suárez que no volvería a dirigir, para luego continuar con su labor habitual de director de fotografía y, por otro, un fracaso de taquilla estrepitoso, mayor incluso que el de su anterior película, “Adiós Tiburón” concebida inicialmente para que fuera un gran éxito. Dos fracasos en un año, a lo mejor son una excusa perfecta para que Suárez decidiera plegar la silla de director.
“Los Porretas”, como ya he dicho, adapta las aventuras de la familia Porretas, familia esta que alcanzó la fama desde el dial de Cadena Ser con el serial titulado “La Saga de los Porretas”, a base de capítulos diarios de diez minutos de duración, durante un periodo de tiempo comprendido entre los años 1976 y 1988. El motivo de su éxito, a pesar de que en plena transición ya empezaba a estar desfasado el serial radiofónico, radica en que tras muchos años de seriales dramáticos al estilo de “Ama Rosa” —que también conoce su adaptación cinematográfica de la mano de León Klimovsky—, “La Saga de los Porretas”, creado por Eduardo Vázquez —que ya triunfó en la radio con la radio novela, “Matilde, Perico y Periquín”— y José Fernando Dicenta, quien además se encargó de dirigirlo, apostaba por un tipo de comedia blanca y costumbrista con la que, sin duda, el oyente podía sentirse identificado. En ella, los absolutos protagonistas eran el abuelo Segismundo, su nuera Candelaria, que siempre estaban en pie de guerra por problemas económicos y domésticos, y los amigos del abuelo, Matías y Pernales, que se pasaban el día en el casino del jubilado. Muy bien para los años 70. Pero claro en la segunda mitad de los años noventa, década infausta en la que se rodó esta ranciedad, ¿Quién se acordaba de “La saga de los Porretas”? yo creo que ni tan siquiera los más viejos del lugar.
Carente de todo sentido y lógica, Carlos Suárez comienza con el proyecto que, inicialmente, iba a ser televisivo y en formato serie —medio este en el que yo creo que sí que hubiera funcionado—y, sin conseguir llevarlo a cabo, tras mucho tejemaneje, finalmente se fragua en película con un reparto de verdadero lujo; Alfredo Landa como el abuelo Segismundo, Manuel Alexandre y Lázaro Escarceller como Pernales y Matías respectivamente, y, con su limitado talento interpretativo, Mirian Díaz-Aroca haría lo que pudiera con el personaje de Candelaria, la nuera. Así, tomando como base los muchos capítulos existentes del serial, y adaptándolo todo a los tiempos que corrían, los noventa, Suárez construye una película en su línea, en la que un ligero hilo argumental casi inexistente nos sirve como excusa para dar paso a lo que realmente interesa que es la retahíla de gags protagonizados por los personajes, como ya hiciera con “Makinavaja, el ultimo chorizo” y su secuela.
Por lo tanto, Segismundo Porretas, tras enviudar, se traslada a casa de su hijo, su nuera y los retoños del matrimonio, donde las estrecheces económicas están a la orden del día. Candelaria, la nuera, intenta hacerle ver a Segismundo, que ya que le están dando cobijo y manutención este debería colaborar económicamente en los gastos familiares con la mitad de su pensión, cosa que el abuelo, intentará evitar durante todo el metraje. La cosa se complica cuando Segismundo, en compañía de sus inseparables Pernales y Matías, harán todo tipo de gamberradas como, por ejemplo, mendigar en la calle, lo que provocará no pocos quebraderos de cabeza a Candelaria, y las —supuestas— situaciones cómicas e hilarantes.
Desde luego, se trata de una comedia absolutamente fallida, donde la dirección de actores es penosa (Landa, soberbio casi siempre, actúa en esta como con desgana, como si, para él, estuviera interviniendo en una mierda), donde la planificación es desastrosa, el montaje torpe y carente de todo ritmo. Una comedia tan alocada como esta acaba convirtiéndose en un aburrimiento interminable, a pesar de su más que ajustada duración. Un fracaso en el más amplio sentido de la palabra, hablando en términos artísticos y monetarios. Pasó inadvertida en las salas, luego, tuvo una edición para alquiler en vídeo y algún pase televisivo. Y después, ya nadie se acuerda de la película, ni los programadores televisivos, que no la programan nunca, ni el sector del vídeo doméstico, no habiendo conocido la cinta distribución en venta directa ni en VHS, ni en DVD. No obstante, había que dejar constancia escrita de la película en nuestro blog, ya que es una adaptación de un serial radiofónico de éxito y, por ende, una españolada de última hornada con signos más que característicos. Si me apuran, podríamos, incluso, adscribirla al “Landismo”.
“Los Porretas”, como ya he dicho, adapta las aventuras de la familia Porretas, familia esta que alcanzó la fama desde el dial de Cadena Ser con el serial titulado “La Saga de los Porretas”, a base de capítulos diarios de diez minutos de duración, durante un periodo de tiempo comprendido entre los años 1976 y 1988. El motivo de su éxito, a pesar de que en plena transición ya empezaba a estar desfasado el serial radiofónico, radica en que tras muchos años de seriales dramáticos al estilo de “Ama Rosa” —que también conoce su adaptación cinematográfica de la mano de León Klimovsky—, “La Saga de los Porretas”, creado por Eduardo Vázquez —que ya triunfó en la radio con la radio novela, “Matilde, Perico y Periquín”— y José Fernando Dicenta, quien además se encargó de dirigirlo, apostaba por un tipo de comedia blanca y costumbrista con la que, sin duda, el oyente podía sentirse identificado. En ella, los absolutos protagonistas eran el abuelo Segismundo, su nuera Candelaria, que siempre estaban en pie de guerra por problemas económicos y domésticos, y los amigos del abuelo, Matías y Pernales, que se pasaban el día en el casino del jubilado. Muy bien para los años 70. Pero claro en la segunda mitad de los años noventa, década infausta en la que se rodó esta ranciedad, ¿Quién se acordaba de “La saga de los Porretas”? yo creo que ni tan siquiera los más viejos del lugar.
Carente de todo sentido y lógica, Carlos Suárez comienza con el proyecto que, inicialmente, iba a ser televisivo y en formato serie —medio este en el que yo creo que sí que hubiera funcionado—y, sin conseguir llevarlo a cabo, tras mucho tejemaneje, finalmente se fragua en película con un reparto de verdadero lujo; Alfredo Landa como el abuelo Segismundo, Manuel Alexandre y Lázaro Escarceller como Pernales y Matías respectivamente, y, con su limitado talento interpretativo, Mirian Díaz-Aroca haría lo que pudiera con el personaje de Candelaria, la nuera. Así, tomando como base los muchos capítulos existentes del serial, y adaptándolo todo a los tiempos que corrían, los noventa, Suárez construye una película en su línea, en la que un ligero hilo argumental casi inexistente nos sirve como excusa para dar paso a lo que realmente interesa que es la retahíla de gags protagonizados por los personajes, como ya hiciera con “Makinavaja, el ultimo chorizo” y su secuela.
Por lo tanto, Segismundo Porretas, tras enviudar, se traslada a casa de su hijo, su nuera y los retoños del matrimonio, donde las estrecheces económicas están a la orden del día. Candelaria, la nuera, intenta hacerle ver a Segismundo, que ya que le están dando cobijo y manutención este debería colaborar económicamente en los gastos familiares con la mitad de su pensión, cosa que el abuelo, intentará evitar durante todo el metraje. La cosa se complica cuando Segismundo, en compañía de sus inseparables Pernales y Matías, harán todo tipo de gamberradas como, por ejemplo, mendigar en la calle, lo que provocará no pocos quebraderos de cabeza a Candelaria, y las —supuestas— situaciones cómicas e hilarantes.
Desde luego, se trata de una comedia absolutamente fallida, donde la dirección de actores es penosa (Landa, soberbio casi siempre, actúa en esta como con desgana, como si, para él, estuviera interviniendo en una mierda), donde la planificación es desastrosa, el montaje torpe y carente de todo ritmo. Una comedia tan alocada como esta acaba convirtiéndose en un aburrimiento interminable, a pesar de su más que ajustada duración. Un fracaso en el más amplio sentido de la palabra, hablando en términos artísticos y monetarios. Pasó inadvertida en las salas, luego, tuvo una edición para alquiler en vídeo y algún pase televisivo. Y después, ya nadie se acuerda de la película, ni los programadores televisivos, que no la programan nunca, ni el sector del vídeo doméstico, no habiendo conocido la cinta distribución en venta directa ni en VHS, ni en DVD. No obstante, había que dejar constancia escrita de la película en nuestro blog, ya que es una adaptación de un serial radiofónico de éxito y, por ende, una españolada de última hornada con signos más que característicos. Si me apuran, podríamos, incluso, adscribirla al “Landismo”.
lunes, 5 de enero de 2015
RAZA
Hacía tiempo que tenía yo curiosidad por ver “Raza”, que es
el estandarte del cine fascista. Pasa que al igual que con la abiertamente
racista “El nacimiento de una nación”, estas películas, nos repugne su mensaje
o no, forman parte de la historia del cine, y nunca está de más verlas, al
menos, para el cinéfilo más inquieto. El caso de “Raza” especialmente, porque
su director, el papá de Álvaro Sáenz de Heredia, Jose Luis Sáenz de Heredia
puso diálogos e imágenes a los delirios de grandeza de Franco, que “escribió”
el guión a mayor gloria de su ideología, elogiando al buen español, aquél que,
valeroso, morirá en combate en nombre de la patria, y despreciando a todo aquél
ajeno a esta ideología, pero, como si el régimen Franquista se tratara de la
misma iglesia, perdonando a aquél que rectifique y se pase al bando nacional.
Y al final, y con
casi ochenta años a sus espaldas, “Raza” se prodiga como una comedia
involuntaria. Yo la compararía con “Reefer Mandess” (“El cigarrillo de la
risa”) que en su afán por hacer propaganda, se exagera tanto, que esa
propaganda se convierte en parodia de si misma. En esta ocasión, añadiré, que
detrás de la cámara, aún bajo el yugo y la presión del fascismo, incluso siendo
este partidario del régimen, estaba un buen director, con lo que, entre lo ridícula
que resulta, y que está magníficamente rodada,
esta película propagandística resulta condenadamente entretenida. Claro,
que el mensaje es terrible, desolador, terrorífico…pero por suerte a ninguno de
los aquí presentes nos tocó vivir aquello, motivo por el que en pleno 2015, yo creo que nos podemos reir tranquilamente de la película.
Un marino español muere en una guerra (creo que la de Cuba)
y su descendencia protagoniza la película. Los conflictos de estos en la vida y
en plena guerra civil, las enarbolaciones del fascismo, y el cambio de chaqueta
por parte del demonio rojo, junto con problemas monetarios y familiares que
sirven de relleno, componen el resto de la película, para que al final, un
desfile militar de alto copete ponga punto y final a la película. Risas máximas, cuando en
este desfile, un niño repelente y pelirrojo que lo presencia, pregunta a su
madre: “Qué bonito es todo esto ¿Qué es mamá?” a lo que la madre responde:
“Eso, hijo mío, es raza”.
Tras muchos años desaparecida, la filmoteca consiguió
hacerse con las distintas copias de la película. La que yo he visto es la
remontada en 1950 –la primera versión es de 1941, rodada cuando Europa estaba
dominada por el nazismo, y que fue destruida. Luego apareció en un cine a cachos-
y la que, por los motivos políticos que fuesen, los fascistas, por beneficiarse
de algún modo o por cobardía, redoblaron la película de cara a la buena imagen
que querían dar en los Estados Unidos y eliminaron todos los ataques y
críticas a estos -que los había-, eliminaron todas las referencias a la falange
Española, eliminaron todos los saludos nazis que había en la película, y le
cambiaron el título por el de “El espíritu de una raza”.
Se ve que es una de las películas más caras del cine español
(en esa época) y que aunque Franco no estuvo presente en el rodaje, si que
mandaba a un familiar suyo con instrucciones precisas, a tocarle los huevos al
director.
Cuando se estrenó la película, en el Palacio del Pardo,
contó su director, que Franco vio la película con lágrimas en los ojos de la
emoción.
En fin, que lo que digo; si tienen mucha curiosidad, véanla, no tengan en cuenta el documento horrible que en realidad es y échense unas risillas.
En cuanto al director José Luis Sáenz de Heredia, además de
dirigir para los fascistas durante el régimen, se lo conoce por haber rodado
clásicos del cine español como puedan ser “Historias de la radio”, “El Taxi de
los conflictos” o algunas películas para lucimiento de Paco Martínez Soria o Alfredo Landa.
lunes, 11 de agosto de 2014
CHISPITA Y SUS GORILAS
Y mira que me gusta un subgénero tan de aquí como
es el de “películas vehículo para lucimiento de cantantes”, especialmente la rama dedicada a benjamines.
En aquellos tempranos ochenta, todo el "boom" del artisteo
infantil lo viví intensamente y siendo
fan de casi todos ellos. Consumía sus casetes, y sobre todo, cienes de veces,
sus películas.
Yo supongo que los universitarios y
veinteañeros que pululan por aquí, quizás, ni de oídas conozcan a Chispita. Era una niña monísima y encantadora (hoy una cuarentona del montón) que cantaba
de maravilla. Sevillana ella, sacó un disco de gran éxito (en el que venía el
"hit" “La vuelta al mundo en Góndola”) y otro que pasó inadvertido. Con este
segundo desapareció del mapa. Pero entre disco y
disco, junto a otros improvisados cantantes infantiles, los archi famosos -gracias a la serie “Verano Azul”- Miguel Angel Valero y Miguel Joven, “Tito y
Piraña”, que grabaron su propio vinilo bajo el nombre común de "Los Pirañas" (en el que venía la canción de “Comer, comer” y
donde mayormente cantaba Piraña, ya que Tito lo hacía como los perros, relegándole así a coros), protagonizaron
una película que de puro “exploitation” no se como no se les caía a los
productores la cara de vergüenza, porque esta, en poco más de hora y veinte le pasaba factura no solo a Chispita y a “Tito y Piraña” (con ese cartelón, como para no llevar a los críos al
cine, debieron pensar nuestros padres) , si no que, además, y vistas ambas
películas recientemente, tiene serios ramalazos de “Annie” (las dos musicales
sobre niña huérfana pobre que acaba viviendo con señor mayor rico y señorita de
mediana edad de medio buen ver, y un personaje femenino directamente
relacionado con la cría, antagonista, que rebosa maldad), ramalazos de “Las aventuras de Enrique y Ana” (en ambas hay
personajes adultos estrafalarios aparentemente salidos de un universo ficticio
ajeno al costumbrismo del que provienen los protagonistas), además de guiños a
Bud Spencer y Terence Hill. Tito y Piraña, uno gordo y uno flaco, reparten leña
como si de los actores italianos se tratase, y por si el espectador más idiota
no se diera cuenta, lo adornan todo con posters de las películas de aquellos y,
además, se añade una escena en la que ambos salen disfrazados
como ellos en “Quien tiene un amigo tiene un tesoro” soltando un
forzadísimo diálogo: -“Hola, Bud Spencer”. –“Hola Terence Hill”, se dicen en un
momento dado Miguel Ángel Valero y Miguel Joven.
Por otro lado la película es súper cutre, no solo en lo
referente a la ambientación (todo rodado en pisos reales y exteriores
cochambrosos al más puro estilo neo-realista, pero a lo chabacano), sino también en
la dirección y el montaje; Lo primero corre a cargo de Luis María Delgado (“Loca
por el circo”, “Mírame con ojos pornográficos”) y es de lo más dejada, a años luz
de lo que este hacía en los setenta con Alfredo Landa o Fernando Esteso. Lo segundo, con tantos saltos de eje y fallos de raccord, parece amateur.
Y bueno, esos defectos acaban siendo, siempre, virtudes.
Además, este tipo de productos, negocios puros y duros, deberían estar por
encima del propio cine. ¿Cómo no me va a gustar “Chispita y sus gorilas”? ¡Es
pura nostalgia!
Cuenta la historia de una niña que, al morir su madre,
descubre que esta la había adoptado. Huyendo del maltrato
al que la somete la novia de su padrastro, se hace amiga de dos muchachos muy
fuertes, que la defienden de todo
peligro, con los que monta un conjunto musical del enorme éxito, motivo por
el que el padrastro la buscará para aprovecharse.
Como dato extra , sin más, diré que Chispita se puso delante de la
cámara en las series yankis “Matt Houston” y “Vacaciones en el Mar”, y Miguel
Ángel Valero y Miguel Joven lo hicieron, juntos, en “Padre no hay más que dos”.
Valero, por su parte, apareció además en “Buenas noches Señor Monstruo” y “El Rollo de Septiembre” antes de abandonar definitivamente el mundo del
espectáculo para dedicarse a sus estudios y acabar ejerciendo de profesor universitario. Joven creo que es camarero en su Málaga natal.
Muy entrañable todo.
lunes, 26 de julio de 2021
LUPIN THE THIRD: STRANGE PSICHOKINETIC STRATEGY
La primera adaptación de imagen real de las aventuras de Lupin III, llegó en 1974, después de la primera serie de dibujos animados de 1971, y antes de la que todos pudimos ver en los 90 en Tele 5, la de 1977. Produce la Toho y está claramente inspirada en esas primeras animaciones, por lo tanto, hay diferencias estilísticas en cuanto al look de los personajes con respecto a la que emitió la cadena amiga, además de faltar algún personaje principal. Falta Francis —y los puristas disculparán que me refiera a estos con los nombres españoles que se les puso en el doblaje de la serie de animación del 77, porque, que quieren que les diga, así es como los conozco yo, que soy fan en concreto y particular de esa serie. Ni de los largos animados, ni del cómic, ni de otra cosa que no sea ESA serie—.
Por otro lado, la película es un producto absolutamente de su tiempo, es setentera hasta el paroxismo y abundan las campanas, los flequillazos, pañuelitos proto gay al cuello y los tacones cubanos. Del mismo modo, la combinación de slapstick, ciertos gags y equívocos propios del vodevil y cierto erotismo ligero, casi hacen parecer a la película una de Alfredo Landa. A eso hay que sumarle las ingentes dosis de incomprensible, tontorrón e infantiloide humor japonés. El resultado de todo esto, visto a día de hoy, resulta un tanto desconcertante, pero la película se desarrolla a mil por hora, pasan muchas cosas, y procura por todos los medios parecer un cartoon, por lo que, aunque muchas veces nos descoloque, lo cierto es que está entretenida y se deja ver sin mayores aspavientos. Es muy ligerita toda ella.
Lo bueno, también, es que se trata de una especie de origen de los personajes, por lo que somos testigos de elipsis que nos muestran la infancia de Lupin III, de cómo se conocen él y su eterno secuaz Óscar, del flechazo a primera vista que tiene con Patricia, y, más importante, el por qué el Inspector Basilio le tiene tanto odio.
El argumento, no obstante, es un poco difuso: Un joven apuesto y salido como una mona, se enamora de una ladrona a la que trasladan a la cárcel en un furgón blindado. Como tiran dos tetas que dos carretas, este utilizará sus habilidades para ayudarla a escapar, sin embargo, esta, una vez fugada, pasará de él y lo abandonará a su suerte hipnotizándole (o algo por el estilo). Así que es llevado a comisaría donde el Inspector Basilio le interrogará, dejándole libre poco después.
Como el hijo de Lupin II fue abandonado en un orfanato y lleva en la sangre la criminalidad, un experto en esta estirpe, Óscar, considera que el joven que ha ayudado a escaparse a una famosa ladrona como la que nos concierne, puede que sea el descendiente directo de Arsenio Lupin, por lo que le buscará para asociarse con él. Por otro lado, el Inspector Basilio, que le ha tenido frente a él, es asignado a su búsqueda y captura, con el fin de que el famoso nieto del criminal más peligroso de todos los tiempos, no la líe parda. Al mismo tiempo, un clan mafioso intentará asesinar a Lupin III, y entre tanto pifostio, este y Patricia, se entretienen robando una valiosa joya. Todo muy caótico y lioso, pero funcional. Naturalmente, la cosa terminará como terminaría cualquiera de los episodios de la serie.
Pues sin más. Está curiosa porque es una película que hasta que alguien ripeó y subtituló al castellano para colgarla en la red, era bastante ignota y llevaba años queriendo verla. No sabía muy bien que esperar de ella, y sigo sin saber muy bien lo que he visto. En cualquier caso no me ha dejado indiferente y eso ya es mucho.
Sin ser una maravilla, resulta simpática e infinitamente mejor que la adaptación de 2014, mucho más fiel a los personajes, rodada con la tecnología actual y pensada para una platea internacional —esta es muy japonesa y concebida exclusivamente para los japoneses— que era, un verdadero coñazo.
Y con dos o tres gags de los que aparecen, la verdad es que te mueres de risa.
Dirige Takashi Tsuboshima, firmando con esta su penúltima película, en una filmografía plagada de pelís de samuráis y esos rollos, que jamás llegaron a estrenarse en España.
Por otro lado, la película es un producto absolutamente de su tiempo, es setentera hasta el paroxismo y abundan las campanas, los flequillazos, pañuelitos proto gay al cuello y los tacones cubanos. Del mismo modo, la combinación de slapstick, ciertos gags y equívocos propios del vodevil y cierto erotismo ligero, casi hacen parecer a la película una de Alfredo Landa. A eso hay que sumarle las ingentes dosis de incomprensible, tontorrón e infantiloide humor japonés. El resultado de todo esto, visto a día de hoy, resulta un tanto desconcertante, pero la película se desarrolla a mil por hora, pasan muchas cosas, y procura por todos los medios parecer un cartoon, por lo que, aunque muchas veces nos descoloque, lo cierto es que está entretenida y se deja ver sin mayores aspavientos. Es muy ligerita toda ella.
Lo bueno, también, es que se trata de una especie de origen de los personajes, por lo que somos testigos de elipsis que nos muestran la infancia de Lupin III, de cómo se conocen él y su eterno secuaz Óscar, del flechazo a primera vista que tiene con Patricia, y, más importante, el por qué el Inspector Basilio le tiene tanto odio.
El argumento, no obstante, es un poco difuso: Un joven apuesto y salido como una mona, se enamora de una ladrona a la que trasladan a la cárcel en un furgón blindado. Como tiran dos tetas que dos carretas, este utilizará sus habilidades para ayudarla a escapar, sin embargo, esta, una vez fugada, pasará de él y lo abandonará a su suerte hipnotizándole (o algo por el estilo). Así que es llevado a comisaría donde el Inspector Basilio le interrogará, dejándole libre poco después.
Como el hijo de Lupin II fue abandonado en un orfanato y lleva en la sangre la criminalidad, un experto en esta estirpe, Óscar, considera que el joven que ha ayudado a escaparse a una famosa ladrona como la que nos concierne, puede que sea el descendiente directo de Arsenio Lupin, por lo que le buscará para asociarse con él. Por otro lado, el Inspector Basilio, que le ha tenido frente a él, es asignado a su búsqueda y captura, con el fin de que el famoso nieto del criminal más peligroso de todos los tiempos, no la líe parda. Al mismo tiempo, un clan mafioso intentará asesinar a Lupin III, y entre tanto pifostio, este y Patricia, se entretienen robando una valiosa joya. Todo muy caótico y lioso, pero funcional. Naturalmente, la cosa terminará como terminaría cualquiera de los episodios de la serie.
Pues sin más. Está curiosa porque es una película que hasta que alguien ripeó y subtituló al castellano para colgarla en la red, era bastante ignota y llevaba años queriendo verla. No sabía muy bien que esperar de ella, y sigo sin saber muy bien lo que he visto. En cualquier caso no me ha dejado indiferente y eso ya es mucho.
Sin ser una maravilla, resulta simpática e infinitamente mejor que la adaptación de 2014, mucho más fiel a los personajes, rodada con la tecnología actual y pensada para una platea internacional —esta es muy japonesa y concebida exclusivamente para los japoneses— que era, un verdadero coñazo.
Y con dos o tres gags de los que aparecen, la verdad es que te mueres de risa.
Dirige Takashi Tsuboshima, firmando con esta su penúltima película, en una filmografía plagada de pelís de samuráis y esos rollos, que jamás llegaron a estrenarse en España.
lunes, 19 de julio de 2010
AQUÍ EL QUE NO CORRE... VUELA
Me encanta que exista esta película, por sus intenciones tan maquiavélicas.Resulta que a principios de los noventa "Tele 5" quería promocionar a toda costa su cadena, su programación y, sobre todo, a sus jovencísimos presentadores, así, qué mejor manera de hacerlo que produciendo una película. Para ello, contrataron a algunos de los actores más taquilleros, e intuyo que con más telespectadores en el “share”, quedando una cosa coral con Arturo Fernández, Rossy De Palma, Alfredo Landa, Antonio Gamero, José Coronado, Agustín González y María Barranco. Por otro lado, la presentación cinematográfica de sus astros más guapos: Jesús Vázquez, Arantxa De Sol y Natalia Estrada (que luego hizo carrera en producciones Italianas de este mismo rollo).
Y para dirigir el revoltijo, se buscó alguien acostumbrado a hacer taquillazos, Ramón Fernández ("No desearás al vecino del quinto", "La insólita y asombrosa hazaña del Cipote de Archidona", "Las aventuras de Enrique y Ana", "El Donante"...) para que la película tuviera éxito. Con todo ese equipo, raro sería que este carísimo spot no fuera un bombazo… pero se estrelló estrepitosamente. Tampoco me extraña.
Eran tiempos jóvenes para la cadena televisiva, y aún no sabían (ahora sí lo saben) que el publico del cine no es el de la televisión, y que sus presentadores podían ser un reclamo para la caja tonta, pero no para la gran pantalla.
Ahora, seguramente su fracaso no se deba a eso, si no más bien a la gran mierda que es la peli. Además es una gran mierda por cosas que me encantan: Como ya tenían las caras conocidas y el gran director, olvidaron cuidar los demás aspectos de la película, con lo cual el guion es inexistente, así como el argumento: "Aquí el que no corre... vuela" es una sucesión de sketches sobre una serie de estafadores que se dedican a lo suyo durante toda la película. Además ni hace gracia, ni se pretende ser gracioso, así que ¿Por qué hacer tanto hincapié? Los pequeños atisbos de trama vendrían a ser el cómo engatusar a un tipo muy rico, así que más de lo mismo. En mi vida he visto algo tan estúpido.
Por otro lado, hay que decir que en los noventa ya imperaba el "estilo Martínez-Lázaro”, Armendáriz se dio cuenta de que hacer pelis con inmigrantes era rentable y Bardem lucía tipazo garrulo. Eso se imponía y el estilo de comedia de "Aquí el que no corre... vuela" era ya algo rancio. Más deudor de la comedia de los 70 y 80 que de la que se hacía en su década y el público ya no tragaba con este tipo de productos.
Mala hasta el suicidio, no deja resultarme gracioso el exagerado hincapié en que no quepa ninguna duda de que Jesús Vázquez es heterosexual, para ello intepreta un gag muy malo junto al actor Blacky, en el que el joven presentador queda como un homófobo al tratar de denunciar a un tipo que le ha mirado el pene en el retrete… ¿No es maravilloso? Actualmente es todo lo contrario. Hay que tratar que Jesús Vázquez no parezca heterosexual ni por lo más remoto.
Y siguiendo con Vázquez, al final hay que reírse a mandíbula batiente con la película. No existe peor actor que él, verlo para creerlo, de antología… ¡INCREIBLE! parece que está actuando mal aposta, pero no, es que es así de negado.
Y claro, todas las referencias a “la cadena amiga”, sus artistas y su programación, empujan a que veamos la peli entera, aunque sea un coñazo, solo por atestiguar el morro que se gastan.
Ramón Fernández se despidió del cine con este pedazo de mierda…. ¡Se la recomiendo!
Ahora, seguramente su fracaso no se deba a eso, si no más bien a la gran mierda que es la peli. Además es una gran mierda por cosas que me encantan: Como ya tenían las caras conocidas y el gran director, olvidaron cuidar los demás aspectos de la película, con lo cual el guion es inexistente, así como el argumento: "Aquí el que no corre... vuela" es una sucesión de sketches sobre una serie de estafadores que se dedican a lo suyo durante toda la película. Además ni hace gracia, ni se pretende ser gracioso, así que ¿Por qué hacer tanto hincapié? Los pequeños atisbos de trama vendrían a ser el cómo engatusar a un tipo muy rico, así que más de lo mismo. En mi vida he visto algo tan estúpido.
Por otro lado, hay que decir que en los noventa ya imperaba el "estilo Martínez-Lázaro”, Armendáriz se dio cuenta de que hacer pelis con inmigrantes era rentable y Bardem lucía tipazo garrulo. Eso se imponía y el estilo de comedia de "Aquí el que no corre... vuela" era ya algo rancio. Más deudor de la comedia de los 70 y 80 que de la que se hacía en su década y el público ya no tragaba con este tipo de productos.
Mala hasta el suicidio, no deja resultarme gracioso el exagerado hincapié en que no quepa ninguna duda de que Jesús Vázquez es heterosexual, para ello intepreta un gag muy malo junto al actor Blacky, en el que el joven presentador queda como un homófobo al tratar de denunciar a un tipo que le ha mirado el pene en el retrete… ¿No es maravilloso? Actualmente es todo lo contrario. Hay que tratar que Jesús Vázquez no parezca heterosexual ni por lo más remoto.
Y siguiendo con Vázquez, al final hay que reírse a mandíbula batiente con la película. No existe peor actor que él, verlo para creerlo, de antología… ¡INCREIBLE! parece que está actuando mal aposta, pero no, es que es así de negado.
Y claro, todas las referencias a “la cadena amiga”, sus artistas y su programación, empujan a que veamos la peli entera, aunque sea un coñazo, solo por atestiguar el morro que se gastan.
Ramón Fernández se despidió del cine con este pedazo de mierda…. ¡Se la recomiendo!
sábado, 3 de marzo de 2012
EL PECADOR IMPECABLE
De primeras, al ver esta película, intuyes que es una película de los ochenta. Si no sabemos muy bien el año, calculamos que de 1982 aproximadamente. Pero no, es de 1987, aunque lo pobre de su factura apunta que podía haber sido rodada incluso en los setenta. En cualquier caso, da igual.Ese año, Almodóvar ya despuntaba, Fernando Colomo y Trueba, ya apestaban la cartelera con sus comedias Madrileñas para post-modernos de postín, y la comedia más chusca había quedado relegada al video-club. Sin embargo, todavía había lugar en la cartelera para alguna producción que, sin saber muy bien por qué, se colaba en la cartelera española, e incluso alcanzaba “cierta notoriedad”
La peli cuenta la historia de un casi sesentón virgen y reprimido, que tras el fallecimiento de su madre, rompe a follar con toda viuda que se le cruza en su camino y esquiva los envites de su prima, que solo quiere casarse con el y heredar el negocio familiar, una zapatería.
Cutre, sórdida, chabacana, misógina y de un mal gusto sobrecogedor. Una maravilla.
Su director, el mediocre Augusto Martínez Torres, debutaba como realizador adaptando una novela erótica del mismo título perpetrada por Manuel Hidalgo. La novela era aún más chunga que la película, y al adaptarla libremente, Torres suavizó todo lo centrado en el erotismo, porque si no, según el, le habría salido una película porno.
Ni a erótica llega, pero lo cierto es que es tan torpe y básica tanto en la dirección como en el montaje, tan lúgubre la iluminación y tan de estar por casa el sonido directo, que lo que le salió es un pastiche de muchas cosas, y todas malas, dentro de un cine que estaba dando sus últimos coletazos.
Sin embargo, que quieren que les diga… a mí me encanta.
En el reparto, grandes de la interpretación que no han tenido relevo generacional como Alfredo Landa, Saza, Rafaela Aparicio, Chus Lampreave, Julieta Serrano, Zori, Rafael Alonso, y la futura “Scream Queen” Diana Peñalver.
Hay que verla, joder.
miércoles, 16 de septiembre de 2015
LOS FOTOCROMOS DE "EL CRACK"
Uno de mis directores españoles favoritos es Jose Luis Garci que quizás, y más en los últimos años, peque de pesado y cultivar un tipo de cine de época tedioso y para ancianos -al fin y al cabo, lo que ya casi es él-. Pero también es un apasionado del cine de género. Fan de la ciencia ficción de los años 50 y de los "gimmicks" de Castle. Así las cosas, Garci quiso hacer, dentro de sus posibilidades, una película de justicieros. A su estilo. Y rodó "El Crack". Y le salió muy bien, convirtiendo a un icono de la españolada como era Alfredo Landa en un solvente y cañí "Harry, el sucio" - película en la que, de paso, se inspira-, en un anti héroe de acción que responde al nombre de Germán "El Piojo" Areta. Y queda la hostia de bien. Además, es una película emocionalmente dura que, conforme me voy haciendo viejo, como todo lo de Garci, me va gustando más.
"O me devuelves el mechero o te abraso los huevos".
Sin más, los fotocromers.
"O me devuelves el mechero o te abraso los huevos".
Sin más, los fotocromers.
jueves, 6 de julio de 2017
OKJA
Estoy leyendo demasiadas tonterías en base a esta película.
La más recurrente el desfile de personajes excéntricos y alocados que Bong
Joon-Ho ha creado, pero también que si es una película casi de corte infantil (no le veo problema a eso) y sobre todo
que el activismo e ideas del director se han abierto paso en su trabajo. Y la
verdad es que todo esto no me parece más que mierda. En la actualidad hay críticos
de cine, y muchos que ni siquiera lo son, que se piensan, o esperan que una película
les cambie la vida. Señores, es una película, una puta película, es para
entretener y hacer caja, si además puede enseñar algo, o revolver algo en la
conciencia del espectador, miel sobre hojuelas, pero nunca hay que perder de
vista que el cine es entretenimiento, si le quitas eso no queda más que una sucesión
de imágenes que puede o no tener sentido.
Sobre los personajes excéntricos, parece que estos críticos no
han visto más películas coreanas, si me descuidas asiáticas, que esta. Estos
arquetipos son muy comunes en el cine que llega de oriente, no tendrían que
pillarnos por sorpresa. ¿Qué pueden llegar a rozar el ridículo? Puede, pero
imaginen a Alfredo Landa en plena playa, con su pelo en pecho, su tripa de
señor maduro, su escasa estatura y su slip paquetero ligando con bellas suecas
por las playas de levante. Ahora véanlo desde la perspectiva del espectador asiático.
Ridículo ¿Verdad? Pues eso. Volvemos a lo de siempre, nos creemos el ombligo
del mundo, y todo tiene que ser como ha sido siempre alrededor nuestro, si algo
se sale de la norma está mal, o es un despropósito, pues no.
¿Película infantil o casi infantil? Pues casi, pero tiene
cierta lógica, la protagonista es Mija, una niña que desde que tenía 4 años se
ha criado con Okja, la cual le es arrebatada para despedazarla cachito a cachito. Es cuando recuerdo E.T. el
extraterrestre, y es que salvo por comerse al bicho, el argumento es más o
menos similar. Creo que eso no es malo, nadie en su sano juicio diría que la película
de Spielberg es peor por estar enfocada a un público juvenil. Cierto que Okja
no lo está per se, pero es una película que perfectamente puede ver un crio,
que pasara miedo en las escenas del matadero, al igual que nos pasaba cuando veíamos
a E.T. sobre aquella camilla con doctores a su alrededor.
El activismo, el veganismo y la crítica a la industria
alimentaria. De primeras, ni la niña ni el abuelo son veganos, no se les ve
comer carne, pero bien que comen pescado, huevos y pollo (que hasta donde yo sé es carne, otra cosa es que haya quien quiera obviarlo)
y cuando aparece un personaje que es abiertamente vegano (el activista Silver) se nos presenta como un estúpido que con total
de dejar la menor huella posible en el planeta, está todo el tiempo débil y
medio enfermo. Tampoco el resto de grupo de activistas son canela en rama, cada
cual tiene su tara, incluso el líder, muy bien interpretado por Paul Dano, es
una pequeña parodia del “Todo ser vivo es hermoso y por ello te quiero”. En
cuanto al profesor Jhonny, una especie de Frank de la jungla mega histriónico,
me ha parecido un personaje interesante. Al ser tan alocado los críticos han
perdido de vista lo que realmente nos cuenta. Un hombre concienciado con su
trabajo, que al perder relevancia y a la vez autoestima, se vende a una mega
corporación de justo lo contrario a lo que el promueve. Que es excéntrico, pues
claro, así es el papel, pero a Jack Gyllenhall no se le puede poner ni una sola
pega. Hace su papel como tiene que hacerlo y consigue que te de entre asco y
medio pena, no entiendo que le caigan tantos palos por hacer lo que tenía que
hacer.
En definitiva, no hagan ni puto caso a las criticas, véanla y
juzguen.
Okja nos cuenta la historia de los supercerdos que una gran
empresa cárnica ha desarrollado. Entregan un superlechón a distintos granjeros
repartidos por el mundo, para 10 años después ver cuál es el mejor y más
sanote. Esto no es más que una maniobra de marketing a largo plazo, pero no
contaban con que una niña coreana crease unos lazos tan fuertes con el animal.
Llegado el día se llevan a Okja a EEUU y posteriormente al
matadero, el cual era su destino desde el principio, a lo que tanto Mija, la
niña, como un grupo de activistas intentaran por todos los medios liberar a
Okja.
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