Proyecto avalado y producido por una de las revista patrias sobre Hip-Hop más longevas del panorama, “Hip-Hop Life Mag”, que retrata cómo el rap supone una vía de escape para jóvenes adscritos al movimiento que se encuentran encerrados en prisión. Para ello, el equipo de filmación se traslada hasta las cárceles de Alcalá-Meco en Madrid y Albolote en Granada, y da voz a los reclusos más jóvenes para que narren su experiencia entre rejas y su relación con el rap ahí dentro. Un grupo de psicólogos y trabajadores sociales reivindicarán este tipo de actividades, no ya como método de evasión, sino como disciplinada actividad creativa que ayuda a la inserción de los reclusos.
Asimismo, se entrevistará a raperos que, con álbumes comerciales en el mercado, han dado con sus huesos en prisión dando una perspectiva del asunto bastante interesante y que servirá para hacerse una idea real de lo que sucede allí dentro. Estos raperos son Chals, perteneciente al grupo madrileño Gente Jodida, que, aunque poseen una carrera un tanto discreta, sí que tienen varios discos en su haber, un bagaje, y respeto dentro de la escena Madrileña. El otro rapero que nos da su testimonio, mucho más popular que Chals, sería Spanish Fly, componente del grupo Triple XXX de Málaga. Se trata de una de las formaciones más importantes del panorama estatal con muchos años de carrera a sus espaldas y montones de discos editados.
Las declaraciones de estos dos emcees con respecto a sus estancias en prisión, lejos de ser bravuconas o impostadas, resultan tremendamente honestas y sinceras, dejando a las prisiones en las que estuvieron en su justo lugar, sin necesidad de recurrir a la pantomima, el amarillismo o el cliché.
Hay que tener en cuenta que en España el Hip-Hop inicialmente estaba en manos de la clase media, jóvenes estudiantes que se identificaban con una música y una forma de vida marginal, pero que, paradójicamente, no se encontraban, en su mayoría, en condiciones tan precarias como para verse obligados a delinquir. Obviamente, esto no es Estados Unidos y por cuestiones culturales y de clase social no hay tanto rapero que haya ingresado en prisión, ni tanto recluso al que le haya dado por el rap, por lo que, al haber poca cantidad de reclusos rappers que documentar, quizás la película se queda algo coja y, en definitiva, “Esperanza se escribe con H: El Hip-Hop en las cárceles”, se queda en una anécdota al respecto.
Por otro lado, técnicamente —a excepción del sonido ambiente en algunos momentos— el documental está cuidado con mimo, rodado con pocos medios, pero con profesionalidad, y escapa estoicamente del tono otorgado a otros documentales sobre Hip-Hop rodados en España de factura similar, pero resultado mucho más amateur —en el sentido despectivo que pueda tener, en algunos casos, la palabra—. “Esperanza se escribe con H: El Hip-Hop en las cárceles”, se merece un par de visionados.
Tampoco quién se encuentra tras la dirección es un aficionado; Pacool, que destacó sobre todo en su labor como DJ llevando los directos de artistas como El Chojin o 995, también fue un reputado disc jockey de club encargándose de la programación de distintas discotecas de rap y R&B de la capital como DJ residente, y se lleva dedicando al mundo del audiovisual con su empresa Chancleta Films desde hace más de 20 años. Así, ha desarrollado una reputada carrera como realizador de vídeoclips para artistas destacados del rap español, del mismo modo que ha realizado todo tipo de trabajos para publicidad y derivados, llegando a rodar varios cortometrajes de 16 mm, siendo el más destacado de todos ellos el titulado “Bombón Helado”, una comedia situada en ambiente hiphopístico que cuenta con el protagonismo de destacados raperos españoles como puedan ser Mbaka (de Sólo los Solo), Bass Basilio, Duo Kie, Meko o Mitsuruggy.
Pacool tiene las tablas suficientes para llevar a cabo un proyecto como el que nos ocupa y realiza un trabajo que no chirría y que, incluso, llegó a ser emitido por La 2 de RTVE. Además, como nota anecdótica, decir que de casta le viene al galgo, porque Pacool es hijo de la estupenda actriz Concha Velasco.
En la cuota de raperos también tenemos al madrileño Dobleache, ex componente del grupo Jazz Two, compartiendo máquina de escribir en las labores de guion, con Félix Martín y Jaime Valero.
Sin duda, con sus carencias, virtudes y errores comunes, uno de los mejores productos audiovisuales en torno al Hip-Hop que se pueden encontrar en nuestro adorado y querido país.
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lunes, 26 de abril de 2021
lunes, 17 de febrero de 2020
STRETCH & BOBBITO, RADIO THAT CHANGED LIVES
A principios de los noventa, en la ciudad de Nueva
York, con la explosión del rap como música genuinamente perteneciente al
Hip-Hop, las emisoras de radio subterráneas eran prácticamente la única manera
en la que los artistas podían darse algo de promoción. El rap todavía era una
música muy nueva, muy de nicho, y aunque existían artistas de marcado sabor
comercial, era muy difícil escuchar en una emisora interestatal algo de lo que
se cocía en los barrios. Eso no sucedió hasta bien entrada la década de 2000
que el rap se convirtió en una música de ventas millonarias.
Por eso las emisoras piratas y sobre todo las
universitarias se convirtieron en los estandartes del rap neoyorkino hasta tal
punto que, si las demos de los artistas no sonaban en estos programa, muy
difícilmente lograrían un contrato musical.
Y aquí es donde entran en el juego Bobbito García y Stretch Armstrong,
dos amantes del Hip-Hop, locutor y D.J. respectivamente que un buen día
decidieron realizar un programa sobre rap en una emisora universitaria.
Pinchaban una selección de los sonidos que inundaban Nueva York hasta
convertirse en un programa puntero. Pronto comenzaron a invitar a artistas
locales para que asistieran al programa, bien a promocionarse, bien a hacer un
freestyle en directo, llegando las cotas de calidad hasta un límite, que si un
rapero no aparecía en el programa de Bobbito y Strecht, es porque no merecía la
pena.
Por otro lado, el aliciente del show consistía en que,
al no ser una radio nacional, podían decir tacos y chistes políticamente
incorrectos, convirtiéndose el programa en un oasis de rap y risas, muchas
veces transgrediendo los límites de lo permisivo.
Asimismo, Bobbito era portoriqueño y Stretch blanco,
lo que hacía que todo tuviera un toque exótico y aperturista en un ambiente
dominantemente negro. Se ganaron el respeto de la comunidad Hip-Hop.
Muchos de los artistas míticos del género, aparecieron
en su programa y gracias a eso consiguieron contratos con discográficas,
mientras que Bobbito y Stretch se quedaron allí, trabajando por amor al arte
mientras sus invitados se convertían en millonarios.
La popularidad del show traspasó barreras, por lo que
fueron contratados para hacer lo mismo por una de las emisoras punteras de la
ciudad de Nueva York. Ganaron dinero, pusieron muchos artistas en el candelero…
pero también perdieron frescura, se acabaron los chistes de pollas y el
programa se resintió, hasta tal punto que acabó
desapareciendo a finales de los 90. Sin embargo, se convirtieron en una
pieza clave para entender el rap de los 90 y en un programa de radio mítico,
cuyas cintas a día de hoy son piezas de lo más cotizadas por los
coleccionistas. Rappers de la talla de Notorious B.I.G, Mobb Deep, O.C, o Nas,
soltaron sus primeras rimas, muchas de ellas inéditas, al amparo de los micros
de Bobbito y Stretch.
Entonces, el documental “Stretch & Bobbito: Radio
That Changed Lives” no deja de ser un documental de autobombo, un auto homenaje
que se brindan los artífices del mentado programa —de hecho, Bobbito García es el director del
mismo— en el que a base de entrevistas a las súper estrellas que pasaron por el
programa y mucho material de archivo, se hacen una chupada de polla fuera de
todo precedente al tiempo que nos narran la historia del programa contando
anécdotas y mostrándonos estractos en vídeo del mismo.
Un documental que no puede dejar de visionar cualquier
amante del Hip-Hop, cualquier amante de la radio o cualquier amante de la
música en general. Eso sí, si no sabes nada de rap, o de radio libre, lo más
probable es que todo lo que se cuenta en este documental, te suene a chino.
Por otro lado, y como anécdota personal, diré que en
los 90, cuando uno compraba un CD de rap, era de recibo obtener información a
través de las dedicatorias que incluían los artistas de estos discos. Dedicaban
sus trabajos a familias y a otros grupos afines y así, los españolitos de a pie
raperos en la era pre internet, descubríamos muchos grupos a los que escuchar.
Bien, en casi todos los discos de la época, todo el mundo dedicaba sus álbumes
a unos tales Bobbito & Stretch. No eran raperos, no tenían discos editados,
ergo, ¿Quiénes eran esos dos tipos tan respetados? A los españolitos siempre
nos quedó esa duda. Sirva pues, este documental, para descubrir quiénes eran
esos tipos que aparecían en las dedicatorias de casi todos los discos y comprender
así el meollo y cuál es su papel en el mundo del Hip-Hop.
Muy recomendable para completistas.
viernes, 17 de mayo de 2024
UNDERGROUND KINGS
Quizás uno de los grupos que mejor representen a las nuevas generaciones del rap español sean Natos y Waor, dúo de madrileños que, primero con las maquetas, los discos después y sin el aval de ningún sello discográfico, han llegado a convertirse en el grupo con mayor repercusión en estos momentos, al margen de los dinosaurios de los 90 que acaban haciendo cualquier cosa por mantener su ínfimo pedazo de la parcela en la escena del rap.
Natos y Waor representan a esa juventud suburbial de nacidos en los 90 y 00, atolondrada y rebelde por igual, con la que conectan a través de sus canciones de corte tristón y callejero que les ha llevado a estar en lo más alto, siendo el único grupo de rap que ha llenado el Palacio de Vistalegre (por lo que resulta paradójico que la cosa se titule “Underground Kings”) con un aforo de más de 11.500 personas en su mayoría jóvenes de su misma generación o posteriores (Kase. O metió 15.000 en el antiguo Palacio de los Deportes, el actual WiZink Center, pero claro, lo ha logrado tras casi 30 años de carrera).
Lo curioso es que, mientras los rappers de la generación de los 90, que pese al contenido absolutamente lerdo de sus raps, tienen una gran influencia de la escuela americana de la que son coetáneos —básicamente, forjaron la escena a raíz de consumir el rap de la golden era—, esta generación que da sus primeros pasos alrededor de 2003, se desarrolla en un entorno cuya concepción del hip-hop poco o nada tiene que ver con la de las generaciones anteriores. Provenientes del movimiento punk, con las batallas de gallos como escuela donde formarse y una estética muy alejada a la del b-boy, Natos y Waor parecen hacerle un corte de mangas al hip-hop de toda la vida, componiendo canciones de corte intimista, o lúdico, que parecen opuestas a las del rap estilístico nacido en España en los 90.
Natos y Waor, a diferencia de los puretas, aparecen cuando ya hay un rap español establecido en el mercado, cuando ya existen incluso estrellas del rap que no desmerecen, en cuanto a número de seguidores, de las del pop más cotizadas y, en definitiva, cuando ya el rap se ha convertido en una tendencia musical que, mezclándose peligrosamente con la música electrónica y derivando en subgéneros como el trap, no necesariamente tiene por qué verse ya asociado al hip-hop. Natos y Waor nacen cuando ya no existe el underground, o mejor dicho, cuando el mercado está tan saturado de referencias que el underground se torna invisible. Paradójicamente, surgen en un periodo de transición en el género y, con su sede en casas ocupa, llegan al mainstream desde la marginalidad más estricta: sus maquetas son confeccionadas de manera casera y no cuentan ni con instrumentales propias, robando estas de Youtube o recurriendo a aquellas de uso libre concebidas para tal fin. Graban sus demos, las mueven por redes sociales y, sin premeditarlo, lo van petando progresivamente de manera que pasan de llenar pequeñas salas a estadios.
Esta generación, al no verse condicionada por los dogmas del hip-hop y el rap más convencional, desarrolla una escena más auténtica que la que le precede y con un público menos sectario que, no siendo estrictamente hip-hopero, les ha llevado a crecer hasta convertirse en números uno. Al margen de eso, Natos y Waor son más macarras, honestos y genuinos, dando un rap menos ortodoxo que conecta a la perfección con hordas de adolescentes sin pajolera idea de quién es Rakim (ni les interesa), que en su vida han oído hablar de KRS-One, pero siguen a Natos y Waor allá donde vayan. ¿Qué han generado Natos y Waor? Una escena de verdad, no como la de los 90, sin duda, mucho más impostada. Al margen de eso, dudo bastante que conecten con las generaciones anteriores. A un señor de mi edad (47 cuando escribo esto), loco por el rap yankee de los 90, es más probable que le genere hostilidad que otra cosa. Personalmente, no aguanto la música de Natos y Waor ni un minuto, pero entiendo el cambio de tercio que representan, la idiosincrasia de esta generación y hasta me caen mejor que los otros señores de mi edad que, intentando mantener lo que han conseguido, o rabiosos por lo que alguna vez tuvieron y hoy han perdido, se aferran a una vida pública como emcees que, a veces, roza la más brutal vergüenza ajena.
Por otro lado el documental “Underground Kings”, que narra la ascensión del dúo a lo más alto, no deja de ser otra muestra de un ego desmedido, como lo puedan ser “Dentro del círculo” sobre la elaboración del disco más exitoso de Kase.O, “Tengo que volver a casa” sobre las correrías de ToteKing o “Blackbook” que cuenta la historia de SFDK. Curiosamente, y siendo Natos y Waor más soberbios y descarados que esos otros rappers de geriátrico, afrontan un documental sobre ellos mismos de una manera mucho más humilde. “Underground Kings” es más cercano y no tiene la grandilocuencia que trae consigo “Dentro del círculo”, máxime cuando Kase.O es un emcee que lleva la humildad y el buen rollo por bandera, pero en su documental no parece predicar con el ejemplo. Diríase que Natos y Waor también llevan una gestión de la fama más sana que los otros vejestorios.
Natos y Waor representan a esa juventud suburbial de nacidos en los 90 y 00, atolondrada y rebelde por igual, con la que conectan a través de sus canciones de corte tristón y callejero que les ha llevado a estar en lo más alto, siendo el único grupo de rap que ha llenado el Palacio de Vistalegre (por lo que resulta paradójico que la cosa se titule “Underground Kings”) con un aforo de más de 11.500 personas en su mayoría jóvenes de su misma generación o posteriores (Kase. O metió 15.000 en el antiguo Palacio de los Deportes, el actual WiZink Center, pero claro, lo ha logrado tras casi 30 años de carrera).
Lo curioso es que, mientras los rappers de la generación de los 90, que pese al contenido absolutamente lerdo de sus raps, tienen una gran influencia de la escuela americana de la que son coetáneos —básicamente, forjaron la escena a raíz de consumir el rap de la golden era—, esta generación que da sus primeros pasos alrededor de 2003, se desarrolla en un entorno cuya concepción del hip-hop poco o nada tiene que ver con la de las generaciones anteriores. Provenientes del movimiento punk, con las batallas de gallos como escuela donde formarse y una estética muy alejada a la del b-boy, Natos y Waor parecen hacerle un corte de mangas al hip-hop de toda la vida, componiendo canciones de corte intimista, o lúdico, que parecen opuestas a las del rap estilístico nacido en España en los 90.
Natos y Waor, a diferencia de los puretas, aparecen cuando ya hay un rap español establecido en el mercado, cuando ya existen incluso estrellas del rap que no desmerecen, en cuanto a número de seguidores, de las del pop más cotizadas y, en definitiva, cuando ya el rap se ha convertido en una tendencia musical que, mezclándose peligrosamente con la música electrónica y derivando en subgéneros como el trap, no necesariamente tiene por qué verse ya asociado al hip-hop. Natos y Waor nacen cuando ya no existe el underground, o mejor dicho, cuando el mercado está tan saturado de referencias que el underground se torna invisible. Paradójicamente, surgen en un periodo de transición en el género y, con su sede en casas ocupa, llegan al mainstream desde la marginalidad más estricta: sus maquetas son confeccionadas de manera casera y no cuentan ni con instrumentales propias, robando estas de Youtube o recurriendo a aquellas de uso libre concebidas para tal fin. Graban sus demos, las mueven por redes sociales y, sin premeditarlo, lo van petando progresivamente de manera que pasan de llenar pequeñas salas a estadios.
Esta generación, al no verse condicionada por los dogmas del hip-hop y el rap más convencional, desarrolla una escena más auténtica que la que le precede y con un público menos sectario que, no siendo estrictamente hip-hopero, les ha llevado a crecer hasta convertirse en números uno. Al margen de eso, Natos y Waor son más macarras, honestos y genuinos, dando un rap menos ortodoxo que conecta a la perfección con hordas de adolescentes sin pajolera idea de quién es Rakim (ni les interesa), que en su vida han oído hablar de KRS-One, pero siguen a Natos y Waor allá donde vayan. ¿Qué han generado Natos y Waor? Una escena de verdad, no como la de los 90, sin duda, mucho más impostada. Al margen de eso, dudo bastante que conecten con las generaciones anteriores. A un señor de mi edad (47 cuando escribo esto), loco por el rap yankee de los 90, es más probable que le genere hostilidad que otra cosa. Personalmente, no aguanto la música de Natos y Waor ni un minuto, pero entiendo el cambio de tercio que representan, la idiosincrasia de esta generación y hasta me caen mejor que los otros señores de mi edad que, intentando mantener lo que han conseguido, o rabiosos por lo que alguna vez tuvieron y hoy han perdido, se aferran a una vida pública como emcees que, a veces, roza la más brutal vergüenza ajena.
Por otro lado el documental “Underground Kings”, que narra la ascensión del dúo a lo más alto, no deja de ser otra muestra de un ego desmedido, como lo puedan ser “Dentro del círculo” sobre la elaboración del disco más exitoso de Kase.O, “Tengo que volver a casa” sobre las correrías de ToteKing o “Blackbook” que cuenta la historia de SFDK. Curiosamente, y siendo Natos y Waor más soberbios y descarados que esos otros rappers de geriátrico, afrontan un documental sobre ellos mismos de una manera mucho más humilde. “Underground Kings” es más cercano y no tiene la grandilocuencia que trae consigo “Dentro del círculo”, máxime cuando Kase.O es un emcee que lleva la humildad y el buen rollo por bandera, pero en su documental no parece predicar con el ejemplo. Diríase que Natos y Waor también llevan una gestión de la fama más sana que los otros vejestorios.
El documental, en sus dos horas largas de metraje, se compone de una larga entrevista a Natos y Waor que, combinada con otras a sus padres y gente de su entorno, cuenta la historia del grupo desde los inicios, antes de que el rap irrumpiera en sus vidas, con abundante material de archivo para ilustrar su discurso y pocos aspavientos o artificios. Y el espectador es testigo de su espectacular ascenso desde el subsuelo hasta las grandes ligas.
Con pocos medios y pocas florituras técnicas —poco más que planos estáticos con dos cámaras— se consigue algo muy difícil, que un ladrillo de dos horas compuesto prácticamente por dos cabezones parlantes, genere el interés del espectador gracias a la fluida narración de sus dos protagonistas.
Por lo demás, dirigiendo a pachas el propio Waor junto a Adrian Groves, su estructura es de lo más formal. Estos tienen alguna noción audiovisual, pero su bagaje viene precedido más por su amor a la música que al cine (realizan videoclips, que al fin y al cabo es para lo que se han formado) y, en resumidas cuentas, con lo que saben hacer les sobra y les alcanza. Se trata de un documental con fines promocionales, no competitivos en festivales.
Llama la atención asimismo, el ver a viejos raperos de las generaciones anteriores opinando sobre Natos y Waor ante la cámara. Dudo que conecten con la música de los recién llegados, pero como son números uno les conviene estar cerquita, no sea que se les acabe el chollo, así que, por supuesto, les dejan demasiado bien en sus declaraciones. Casi se les ve el plumero.
Con pocos medios y pocas florituras técnicas —poco más que planos estáticos con dos cámaras— se consigue algo muy difícil, que un ladrillo de dos horas compuesto prácticamente por dos cabezones parlantes, genere el interés del espectador gracias a la fluida narración de sus dos protagonistas.
Por lo demás, dirigiendo a pachas el propio Waor junto a Adrian Groves, su estructura es de lo más formal. Estos tienen alguna noción audiovisual, pero su bagaje viene precedido más por su amor a la música que al cine (realizan videoclips, que al fin y al cabo es para lo que se han formado) y, en resumidas cuentas, con lo que saben hacer les sobra y les alcanza. Se trata de un documental con fines promocionales, no competitivos en festivales.
Llama la atención asimismo, el ver a viejos raperos de las generaciones anteriores opinando sobre Natos y Waor ante la cámara. Dudo que conecten con la música de los recién llegados, pero como son números uno les conviene estar cerquita, no sea que se les acabe el chollo, así que, por supuesto, les dejan demasiado bien en sus declaraciones. Casi se les ve el plumero.
viernes, 13 de marzo de 2020
FRESH DRESSED
Más presencia hiphopera en Sundance, esta vez por parte de
uno de los documentales más marcianos que se han podido idear sobre el tema.
Producido por Nas, “Fresh Dressed” analiza la evolución,
auge y caída de la moda urbana, es decir de la ropa que se ponían los raperos
y, de ahí, a cuando una cultura que surge de las calles y de la gente pobre, se
vuelve pija. Y es que si bien debemos a Run-DMC el hecho de que en el Hip-Hop
se usara la ropa de deportes, las zapatillas, las gorras y demás enseres
característicos de los raperos, fue más por una cuestión parroquial y económica
que por otra cosa. Run-DMC se vestían con Adidas porque querían empatizar con
la gente de la calle que vestía de esa misma manera. Pero claro, según avanzan
los 90 y los chavales comienzan a llevar pantalones grandes, los diseñadores de
moda se dan cuenta de que hay dinero en esos atuendos y comienzan a diseñar
ropa —carísima— que imita el estilo callejero que los chavales podían
improvisar en los bazares de sus barrios. Nacen así marcas como Karl Kani, Fubu
o Roc-a-Wear (entre tropecientas) que, según ellos, cubrían las necesidades de
una comunidad que estaba más por aparentar que por otra cosa. Y se forran
haciendo ropas grandotas para los raperos. Ceden su marca a los artistas, estos
las sacan en sus vídeoclips y el negocio ya está montado en todo el mundo. Sin
embargo, la moda es pasajera, por lo que en la década de 2000 hay tal
saturación de marcas de ropa urbana, que el negocio acaba yéndose prácticamente
a pique sobreviviendo la clásica ropa de deportes, Nike, Adidas, Puma y lo
clásico.
También se habla de las megaestrellas del rap interesadas en
ropa de alto diseño, Louis Vuitton, Versace y Dolce & Gabbana, al
representar esta un estatus que estos no tenían en las calles, porque esas
prendas representan el poder y el éxito.
La cara más estúpida y superficial de una cultura a priori
genuina, ensuciada por un complejo de inferioridad enorme que hundió a la misma
en el fango.
El documental en cualquier caso, no se moja, no critica ni
juzga, solamente se dedica a analizar estos aspectos, ahonda en cómo todo es
consecuencia de las ropas —baratas— y customizadas de las viejas pandillas del
bronx en los años 70 y cómo esto se va desvirtuando hasta que un simple abrigo
para el frío de una marca concreta puede llegar a costar hasta 1000 dólares, y
cómo muchos chavales no dudan en disparar a otros para robarles las prendas.
La conclusión es que, todo es moda, que todo tiene su
momento, y que el estado actual del Hip-hop deambula entre traperos que usan
ropa de alto diseño y raperos más modestos que se visten con lo primero que
pillan o con la ropa deportiva de toda la vida.
No deja de ser interesante, así como se comprueba, que
América es un país que se mueve por el dinero y las apariencias y que, por muy
originaria que sea la cultura del Hip-Hop, esta no es menos americana y, por
tanto, superficial, hipócrita y aparente.
El documental contiene declaraciones de raperos metidos a
diseñadores como Puff Daddy o Kanye West, o de diseñadores de las marcas que
más arriba he citado.
Como documental, curioso, entretenido y distinto.
Dirige, en lo que
fue su debut, Sacha Jenkins, documentalista especializado en Hip-Hop y cuyo
último trabajo está siendo un éxito en las plataformas digitales, la serie
documental centrada en el mítico grupo Wu-Tang Clan, “Wu-Tang Clan: Of mics and
mens” y que pese a la buena recepción que ha tenido, es bastante flojico.
“Fresh Dressed”, tiene más gracia.
viernes, 23 de agosto de 2019
BEASTIE BOYS, EL LIBRO
Un tocho de casi 700 páginas, escrito a cuatro manos por
Mike D y AD Rock, con unas tapas duras y lleno de fotografías, bocetos, letras
de canciones escaneadas y unos textos de lo más amenos y divertidos, desde
luego, convierten a este “Beastie Boys: El libro” en una de las mejores
autobiografías musicales de cuantas puedas encontrar en el mercado. Y es que
los Beastie Boys, al contrario que muchos artistas en cuyas biografía evitan
hablar de su trabajo para centrarse en otros aspectos de su vida (en el caso de
los rappers, sus autobiografías se suelen centrar en sus vidas anteriores
vendiendo droga y trapicheando), los Beastie Boys se centran casi
exclusivamente en hablar de su música. También hay anécdotas y pasajes ajenos a
lo estrictamente musical, pero sobre todo hace hincapié en sus canciones y el
proceso creativo de sus discos, todo ello escrito de una manera coloquial
y muy de andar por casa, que logra
conseguir la complicidad del lector. Y es que, Beastie Boys, ante todo
son, unos enamorados de la música en
general y unos enamorados del Hip-Hop en particular, por lo que en su libro
hablan básicamente de esas dos cosas: Música y Hip-Hop. Porque los Beastie no
se limitan a hacer un solo estilo músical, que va. Predomina, en su
discografía, el rap, pero tienen discos de punk, de jazz, de bossa nova, de
hardcore… Hasta de country. Sí, cómo lo oyen, de country.
Leyéndolo, sobretodo, me quedo con la imagen de tres tipos
enormemente creativos, tres punks de la escena neoyorquina de finales de los 70
que al explotar el Hip-Hop en su ciudad a principios de los 80, todo su mundo
se va al traste y comienzan a ahondar en esa nueva cultura negra, en la que,
por blancos, no son bienvenidos, y tras unos tejemanejes con la Def Jam
Recordings, logran vender millones de unidades de su primer disco. Como además
de rappers, son músicos, evolucionan y se convierten en unas de las bandas de
Hip-Hop más importantes de la historia, asentando las bases de lo que es el rap,
medio inventando el sampling tal y como lo conocemos hoy, y revolucionando la
escena con esa obra maestra adelantada a su tiempo que es su segundo disco, el “Paul’s Boutique”, un
disco imprescindible y experimental, tanto, que luego todo el rap asentó sus
cimientos sobre el modelo impuesto por los tres chicos blancos y, tanto, que no
vendió casi nada. Luego, no pararon, regresaron al punk convencional e hicieron
lo que les dio la gana.
En el libro no llegan nunca a explotar o a hacer un discurso
sensacionalista sobre la reciente muerte de uno se sus miembros, AMC, y da la
sensación de que quienes te hablan son unos buenos tipos, caen bien y en
definitiva, no puede uno dejar de leer. Además, es muy agradable saber de su
pasado fanzinero en los 80 del que algo explican en sus primeros capítulos,
aquellos en los que estaban de lleno metidos en la escena punk neoyorquina.
Por lo demás, la línea de la biografía no se desmarca ni un
ápice; cuentan sus comienzos, su auge, su éxito atroz, su descenso… y su
mantenimiento en la industria desde la total independencia de su segundo álbum
y su sello músical independiente (aunque auspiciado por una major) Grand Royale.
Además, el material gráfico es impresionante y me hace especialmente gracia
que, firmando cada uno de los dos miembros vivos sus capítulos por separado, en
cada uno de ellos, el miembro que no firma hace sus apuntes y anotaciones, que
son impresas en distinto color para que no nos liemos.
Para los fans de Beatie Boys, una delicatessen. Para los
neófitos… pues muy probablemente después de leer el libro indaguen en su música
y se acaben comprando todos sus discos. En mi caso, conozco a los Beastie Boys
desde mis primeros escarceos con el rap, tenía un par de discos, pero nunca
pasaron a ser uno de mis grupos preferidos o prioritarios; después de la
lectura del libro, no es que ahora me vuelva una fan loca, pero sí que los
escucho de otra manera, me parecen mucho más interesantes y mi percepción de
ellos es más mucho más positiva que antaño, cuando los escuchaba con media
oreja porque eran blancos de clase media que en muchas de sus canciones
utilizaban instrumentos musicales. Era muy purista yo en los 90.
Un tocho imprescindible.
viernes, 4 de abril de 2008
EMINEM A.K.A.
Interesante documental sobre la vida de Eminem, desde que nace hasta que peta todas las listas de éxitos del mundo. Tenemos entrevistas a la madre, la abuela , al tío, amigos , antiguos managers y guardaespaldas... pero no se entrevista a Eminem ni a ninguna persona de su circulo, por lo que la veracidad de lo narrado pendulea bastante, aunque no se cuenta nada excepcional que no sepamos o que no se haya contado en la película "8 Millas".A destacar todo lo referente a su infancia. Eminem, era un niño atormentado, al que pegaban en la escuela (era el único blanco) y buscaba su vía de escape en los comics. De hecho, en la película se nos muestran dibujos que hacía de pequeño, donde nos deja claro que si no le hubiese dado por rapear, se hubiera podido buscar la vida perfectamente haciendo monigotes, ya que lo cierto es que se le daba bastante bien. Aparecen ilustraciones de Robocop, Spider-man y de sus héroes del rap... Eminem, hacía dibujos cojonudos de Public Enemy o de N.W.A.
Debido a su afición a los comics, entendemos porqué al blanquito de Detroit le gusta tanto disfrazarse de súperhéroe en sus video clips.
Sorprende descubrir que le costó mucho hacerse un hueco en la industria musical, pues el color de su piel y el lugar en el que vivía, Detroit, no eran mas que impedimentos para la música que quería hacer, que era rap.
De hecho, antes de pegar el pepinazo, Eminem sacó dos discos, hoy de culto, que no se vendieron nada e hicieron ir a la quiebra a sus productores, en el año 94 el primero y en el 95 el segundo. Después de esto, y currando siempre en trabajos basura, Eminem cayó en una depresión y, sin dejar de escribir rimas, pensó que si toda esa gente no quería calidad, tendría que darles mierda, así que se inventó un alter ego, Slim Shady, con el que escribiría todas las idioteces que se le ocurrieran. Grabó un E.P. autofinanciado con un par de temas y fue justo este disco el que le hizo llegar a L.A., conocer al Dr. Dre y el resto de la historia ya la conocéis.
Sorprende descubrir que le costó mucho hacerse un hueco en la industria musical, pues el color de su piel y el lugar en el que vivía, Detroit, no eran mas que impedimentos para la música que quería hacer, que era rap.
De hecho, antes de pegar el pepinazo, Eminem sacó dos discos, hoy de culto, que no se vendieron nada e hicieron ir a la quiebra a sus productores, en el año 94 el primero y en el 95 el segundo. Después de esto, y currando siempre en trabajos basura, Eminem cayó en una depresión y, sin dejar de escribir rimas, pensó que si toda esa gente no quería calidad, tendría que darles mierda, así que se inventó un alter ego, Slim Shady, con el que escribiría todas las idioteces que se le ocurrieran. Grabó un E.P. autofinanciado con un par de temas y fue justo este disco el que le hizo llegar a L.A., conocer al Dr. Dre y el resto de la historia ya la conocéis.
Lo que me sorprende es que, cuando el rubito del rap escribía sus letras más curradas y profundas, las que tiene en más alta estima, no se comió un rosco, tuvo que hacer el gilipollas y hablar de maricones, matar gente y meterse con las estrellas del pop, para vender cuatro millones de discos. Lamentable.
Aportando datos que mucha gente desconocerá, el documental está francamente bien, y incluye montones de fotos y videos caseros de antes de que Eminem se hiciera famoso. El conjunto resulta muy entretenido.
El director, Mike Corbera, es un adicto al hip hop que solo ha rodado documentales sobre la materia como puedan ser "Kings of Hip Hop", "50 Cent: Refuse 2 die" o "Hip Hop Legends".
Aportando datos que mucha gente desconocerá, el documental está francamente bien, y incluye montones de fotos y videos caseros de antes de que Eminem se hiciera famoso. El conjunto resulta muy entretenido.
El director, Mike Corbera, es un adicto al hip hop que solo ha rodado documentales sobre la materia como puedan ser "Kings of Hip Hop", "50 Cent: Refuse 2 die" o "Hip Hop Legends".
lunes, 11 de diciembre de 2023
TAMARÁN, HIP HOP GRANCANARIO
Documental amateur con intención de dar a conocer una escena que, debido a su gran aislamiento, es la gran desconocida del panorama patrio: El hip-hop practicado en Gran Canaria, otorgándole un mayor protagonismo al rap y al graffiti.
En realidad, la escena insular no dista mucho de la de la península; influencia nula de los clásicos o de la golden era estadounidense, mucho rapero despistado y personalidades cliché con tendencia al perroflautismo. En esto último, puede que hasta destaque.
El documental, que vio la luz en 2010, comienza con un rótulo advirtiendo que las imágenes tomadas pertenecen al 2009 y que, hasta el momento del lanzamiento, puede que la escena haya cambiado un poco (!!!). Después, vemos a uno de los emcees locales diciendo que en la isla hay un gran nivel de rap, sobre todo si lo comparamos con el de la península. Sin embargo, mientras escuchamos las declaraciones del resto de los entrevistados, descubrimos, como si de un martilleo constante se tratara, temas de raperos locales que no son más que malos émulos del rap que se hace en la península. Al fin y al cabo, son los grupos con los que se han formado, predominando en el arsenal de canciones las versiones explotation de Falsalarma, Kase.O, SFDK y, sobre todo, Toteking. Se detecta mucha influencia sevillana.
Más interesantes resultan algunas de las piezas de graffiti mostradas, de innegable calidad, pero emponzoñadas por los comentarios cliché de los escritores que las ejecutan, en una actitud idéntica a la de los raperos.
En definitiva, y durante dos horas, lo que vemos es un desfile de chavales quejándose, lloriqueando, maldiciendo y excusando un más que marcado complejo de inferioridad con el hecho de vivir aislados en Canarias. Al final, a esta escena le pasa lo mismo que al resto de escenas autóctonas, no destacan o no salen a la palestra, no por vivir en un determinado lugar, sino por una acusada falta de talento de la que estos rappers no son conscientes.
Todo negativo, todo desesperanzador, todo es culpa de los otros (y no de ellos).
Asimismo, llama la atención otro rotulo dentro del rodillo final que dice: “Dedicado a las críticas sin previo conocimiento”, como si el no conocer las circunstancias, esfuerzo o dificultades para ejecutar una obra, invalidaran toda opinión al respecto. O como si la obra en sí misma tuviera más valor por el hecho de que, al que la ha realizado, le ha costado un imperio llevarla a cabo. Que sea buena no cuenta.
Dirige el documental Adrián León Arocha, quien, tras realizar sus cortos y con tan solo 16 años de edad, se atreve con este documental al que, formal y técnicamente, solo se le puede reprochar su excesiva duración y una falta total y absoluta de tempo. Por lo demás, cuenta con las virtudes y carencias propias de un producto amateur, por lo que, en ese sentido, hay que reconocerle al chaval que le ha echado ganas. Y ¡qué demonios! no lo ha hecho mal del todo. Otra cosa es que el espectador comulgue o no con las declaraciones vertidas por esos raperos.
En consecuencia, y por su carácter local, fue proyectado en un par de festivales también locales.
Después, León Arocha viajó a Madrid a estudiar cine y desarrolló la web serie “Norte, Sur, Este, Oeste”, que ahonda en el mundo de la música urbana en Gran Canaria.
Por curiosidad, se puede pegar un visionado a “Tamarán, Hip-Hop en Gran Canaria”, más que nada para conocer algo de una escena que en pleno 2024 ya estará desfasada, máxime con la evolución que en sí ha pegado el rap a nivel general durante estos últimos 10 años, y teniendo en cuenta que este documental tiene ya 14.
Ahora bien; la conclusión que saco tras verlo es que, si ya me importa un pimiento la escena del rap peninsular, imaginaos la de Canarias…
En realidad, la escena insular no dista mucho de la de la península; influencia nula de los clásicos o de la golden era estadounidense, mucho rapero despistado y personalidades cliché con tendencia al perroflautismo. En esto último, puede que hasta destaque.
El documental, que vio la luz en 2010, comienza con un rótulo advirtiendo que las imágenes tomadas pertenecen al 2009 y que, hasta el momento del lanzamiento, puede que la escena haya cambiado un poco (!!!). Después, vemos a uno de los emcees locales diciendo que en la isla hay un gran nivel de rap, sobre todo si lo comparamos con el de la península. Sin embargo, mientras escuchamos las declaraciones del resto de los entrevistados, descubrimos, como si de un martilleo constante se tratara, temas de raperos locales que no son más que malos émulos del rap que se hace en la península. Al fin y al cabo, son los grupos con los que se han formado, predominando en el arsenal de canciones las versiones explotation de Falsalarma, Kase.O, SFDK y, sobre todo, Toteking. Se detecta mucha influencia sevillana.
Más interesantes resultan algunas de las piezas de graffiti mostradas, de innegable calidad, pero emponzoñadas por los comentarios cliché de los escritores que las ejecutan, en una actitud idéntica a la de los raperos.
En definitiva, y durante dos horas, lo que vemos es un desfile de chavales quejándose, lloriqueando, maldiciendo y excusando un más que marcado complejo de inferioridad con el hecho de vivir aislados en Canarias. Al final, a esta escena le pasa lo mismo que al resto de escenas autóctonas, no destacan o no salen a la palestra, no por vivir en un determinado lugar, sino por una acusada falta de talento de la que estos rappers no son conscientes.
Todo negativo, todo desesperanzador, todo es culpa de los otros (y no de ellos).
Asimismo, llama la atención otro rotulo dentro del rodillo final que dice: “Dedicado a las críticas sin previo conocimiento”, como si el no conocer las circunstancias, esfuerzo o dificultades para ejecutar una obra, invalidaran toda opinión al respecto. O como si la obra en sí misma tuviera más valor por el hecho de que, al que la ha realizado, le ha costado un imperio llevarla a cabo. Que sea buena no cuenta.
Dirige el documental Adrián León Arocha, quien, tras realizar sus cortos y con tan solo 16 años de edad, se atreve con este documental al que, formal y técnicamente, solo se le puede reprochar su excesiva duración y una falta total y absoluta de tempo. Por lo demás, cuenta con las virtudes y carencias propias de un producto amateur, por lo que, en ese sentido, hay que reconocerle al chaval que le ha echado ganas. Y ¡qué demonios! no lo ha hecho mal del todo. Otra cosa es que el espectador comulgue o no con las declaraciones vertidas por esos raperos.
En consecuencia, y por su carácter local, fue proyectado en un par de festivales también locales.
Después, León Arocha viajó a Madrid a estudiar cine y desarrolló la web serie “Norte, Sur, Este, Oeste”, que ahonda en el mundo de la música urbana en Gran Canaria.
Por curiosidad, se puede pegar un visionado a “Tamarán, Hip-Hop en Gran Canaria”, más que nada para conocer algo de una escena que en pleno 2024 ya estará desfasada, máxime con la evolución que en sí ha pegado el rap a nivel general durante estos últimos 10 años, y teniendo en cuenta que este documental tiene ya 14.
Ahora bien; la conclusión que saco tras verlo es que, si ya me importa un pimiento la escena del rap peninsular, imaginaos la de Canarias…
viernes, 3 de julio de 2009
KUNG-FU HIP-HOP
¿Qué demonios es esto? ¿Una película sobre raperos chinos que hacen kung-fu? Que ingenuo, como piqué.Ni hay hip-hop, ni hay kung-fu.
Un tipo desarrolla una técnica de baile de manera accidental en las puertas de una discoteca y deja a la gente sin habla. Pronto, los más destacados bailarines de China le intentarán fichar para su conjunto. El tipo rechaza toda invitación a convertirse en un “street dancer” de éxito, alegando que a él no le gusta el baile.
Pronto descubriremos que aquello que practica son en realidad movimientos de kung-fu al ritmo de la música. Y que su aversión al baile le viene porque, siendo joven, se puso a bailar descuidando a su hermana pequeña que, como consecuencia, cayó de un bordillo al suelo y se quedó ciega. El tratamiento para curarla es muy caro… pero en los concursos de baile puede ganar el dinero suficiente para pagarlo, así que se presenta, gana y operan a su hermana.
Menuda porquería de película.
Ahora, que las referencias al hip-hop en el título probablemente sean debidas a la traducción anglosajona, y con un fin atrayente de cara al público. El caso es que, entre la ristra de títulos diferentes bajo los que se encuentra amparada esta película, hay uno que creo que le pega más y es "Kung-Fu Pop".
Pero dejando las astucias raperas a un lado, los amantes del kung-fu se sentirán igualmente estafados, pues no hay ni un solo combate en todo el largometraje; solo bailecitos moñas y amariconados, así pues los adeptos de Jimmy Wang Yu se pueden ir a perder el tiempo de otra manera.
Como película, esta no vale absolutamente nada. Es un rollazo, no se si por genuinamente china o por la negación en la realización, a pesar de los colorines de los que hace gala, ni de las supuestamente espectaculares coreografías, que creo que no interesarán ni a los amantes de la danza. Una estupidez.
Evítenla, porque aunque parece que nos encontramos ante una vibrante producción de Stephen Chow, en realidad esto es otra cosa, una donde el espectáculo visual no tiene cabida.
Dirige un tal Huayang Fu, que no ha vuelto a dirigir nada más desde que el año pasado debutó con esto.
Ni falta que nos hace.
Menuda porquería de película.
Ahora, que las referencias al hip-hop en el título probablemente sean debidas a la traducción anglosajona, y con un fin atrayente de cara al público. El caso es que, entre la ristra de títulos diferentes bajo los que se encuentra amparada esta película, hay uno que creo que le pega más y es "Kung-Fu Pop".
Pero dejando las astucias raperas a un lado, los amantes del kung-fu se sentirán igualmente estafados, pues no hay ni un solo combate en todo el largometraje; solo bailecitos moñas y amariconados, así pues los adeptos de Jimmy Wang Yu se pueden ir a perder el tiempo de otra manera.
Como película, esta no vale absolutamente nada. Es un rollazo, no se si por genuinamente china o por la negación en la realización, a pesar de los colorines de los que hace gala, ni de las supuestamente espectaculares coreografías, que creo que no interesarán ni a los amantes de la danza. Una estupidez.
Evítenla, porque aunque parece que nos encontramos ante una vibrante producción de Stephen Chow, en realidad esto es otra cosa, una donde el espectáculo visual no tiene cabida.
Dirige un tal Huayang Fu, que no ha vuelto a dirigir nada más desde que el año pasado debutó con esto.
Ni falta que nos hace.
lunes, 10 de mayo de 2021
808
La Roland T-R 808 Rhytm Composer —popularmente conocida sencillamente como la 808— fue una caja de ritmos fabricada por Roland Corporation a principios de los años 80 que, sin pretenderlo, se convirtió en uno de los instrumentos musicales más influyentes y revolucionarios de la historia de la música.
La 808, caja de ritmos funcional y rudimentaria, fue concebida como complemento para los músicos callejeros que desearan llevar percusión como acompañamiento. Si un guitarrista necesitaba una batería, la principal innovación de esta caja consistía en que podía programar sus propios ritmos de batería. Sin embargo, en sus primeros meses de vida, la caja no gozó de la popularidad deseada ya que los sonidos de batería que creaba eran demasiado electrónicos, raros, grandilocuentes, y parecían todo menos una batería convencional. El bombo resultaba atronador, y las líneas de bajo que se podían conseguir eran poco menos que estridentes.
Sin embargo, el bajo precio con el que se comercializó propició que los viejos popes del Hip-Hop comenzaran a experimentar con ella, a sacarle partido y, así, escribir con este aparato una página de la historia, no ya del Hip-Hop, sino de la música electrónica en general, gracias al “Planet Rock” de Afrika Bambaata & The Soul Sonic Force que utilizaba muy sabiamente las programaciones de la 808, o productores como Rick Rubin que tomaron buena nota de ello. Cuando Marvin Gaye usó 808 en uno de sus más grandes hits, el “Sexual Healing” el mundo de la música supo que esa cajita de ritmos, casi de juguete, había llegado para quedarse.
Generó culto hasta tal punto que, según avanzaba la década, la 808 se convirtió en un aparato esencial en estilos de música tan dispares como pop, Miami bass, acid house, italo disco, tecno… llegando el culto a la maquinita hasta nuestros días que se utiliza en todo tipo de estilos electrónicos contemporáneos como por ejemplo el trap, cuyo patrón consiste básicamente en la utilización de la 808 para construir beats.
El secreto del sonido de la 808, y su consiguiente culto se debe principalmente a dos motivos: Por un lado, para abaratar costes, Roland utilizó en la fabricación de esta caja de ritmos una partida de transistores defectuosos desechados por otros fabricantes, de ahí que el sonido de las baterías proporcionadas por la máquina fueran tan especiales, mientras que, por otro lado, solo se fabricaron 12.000 unidades de la 808 entre 1980 y 1983. Una vez vendidos, jamás puso en marcha la fabricación de más unidades a pesar del éxito obtenido porque, como se fabricaban con transistores defectuosos, no volvieron a poder reabastecerse con ese tipo de transistores. Roland, cuando la fabricó, no tenía ni idea del impacto cultural que supondría su pequeña máquina de acompañamiento.
Cuando Alex Noyer y Alex Dunn, productor y director respectivamente de “808”, se encontraban en 2012 en la Winter Music Conference, coincidieron con el productor musical Arthur Baker, y tras una conversaciones de corte nostálgico a cerca de las bondades de esta caja de ritmos y los clásicos ochenteros que se concibieron a su merced, Noyer decidió que sería una buena idea producir un documental sobre este aparato histórico. Y se pusieron manos a la obra con él.
La película documenta, bajo estructura de cabezas parlantes, la historia de la 808, su influencia en el mundo de la música, los pormenores y pormayores de su fabricación y, en definitiva, lo importante que fue este instrumento musical. Para ello se sirve de las declaraciones de reputados artistas como Phil Collins, Pharrel Williams, Diplo o Goldie que en un momento u otro han utilizado en sus éxitos los patrones de esta caja de ritmos. Por supuesto, la 808 es esencial para el mundo del Hip-Hop, por lo que este ocupa más de un 75% del documental, diciendo lo que tuvieran que decir al respecto gente como Rick Rubin, Beastie Boys, el propio Bambaata, T La Rock o Lil Jon.
El documental es sumamente interesante y ayuda al neófito a comprender —y diferenciar— la idiosincrasia de la Roland, además de hacernos partícipes de indudables clásicos de la música electrónica fabricados con este cacharro y que podemos disfrutar, asimismo, en el álbum “808: The Music” y que fue lanzado paralelamente al documental.
“808” gozó de un estreno limitado en salas de cine de Los Angeles, se proyectó en el SXSW de Austin y, después, gozó del beneplácito de las plataformas de streaming con Itunes y Apple Music a la cabeza, cosechando durante el trasiego, unánimes críticas que posicionan al documental como uno de los mejores que existen de temática musical.
La 808, caja de ritmos funcional y rudimentaria, fue concebida como complemento para los músicos callejeros que desearan llevar percusión como acompañamiento. Si un guitarrista necesitaba una batería, la principal innovación de esta caja consistía en que podía programar sus propios ritmos de batería. Sin embargo, en sus primeros meses de vida, la caja no gozó de la popularidad deseada ya que los sonidos de batería que creaba eran demasiado electrónicos, raros, grandilocuentes, y parecían todo menos una batería convencional. El bombo resultaba atronador, y las líneas de bajo que se podían conseguir eran poco menos que estridentes.
Sin embargo, el bajo precio con el que se comercializó propició que los viejos popes del Hip-Hop comenzaran a experimentar con ella, a sacarle partido y, así, escribir con este aparato una página de la historia, no ya del Hip-Hop, sino de la música electrónica en general, gracias al “Planet Rock” de Afrika Bambaata & The Soul Sonic Force que utilizaba muy sabiamente las programaciones de la 808, o productores como Rick Rubin que tomaron buena nota de ello. Cuando Marvin Gaye usó 808 en uno de sus más grandes hits, el “Sexual Healing” el mundo de la música supo que esa cajita de ritmos, casi de juguete, había llegado para quedarse.
Generó culto hasta tal punto que, según avanzaba la década, la 808 se convirtió en un aparato esencial en estilos de música tan dispares como pop, Miami bass, acid house, italo disco, tecno… llegando el culto a la maquinita hasta nuestros días que se utiliza en todo tipo de estilos electrónicos contemporáneos como por ejemplo el trap, cuyo patrón consiste básicamente en la utilización de la 808 para construir beats.
El secreto del sonido de la 808, y su consiguiente culto se debe principalmente a dos motivos: Por un lado, para abaratar costes, Roland utilizó en la fabricación de esta caja de ritmos una partida de transistores defectuosos desechados por otros fabricantes, de ahí que el sonido de las baterías proporcionadas por la máquina fueran tan especiales, mientras que, por otro lado, solo se fabricaron 12.000 unidades de la 808 entre 1980 y 1983. Una vez vendidos, jamás puso en marcha la fabricación de más unidades a pesar del éxito obtenido porque, como se fabricaban con transistores defectuosos, no volvieron a poder reabastecerse con ese tipo de transistores. Roland, cuando la fabricó, no tenía ni idea del impacto cultural que supondría su pequeña máquina de acompañamiento.
Cuando Alex Noyer y Alex Dunn, productor y director respectivamente de “808”, se encontraban en 2012 en la Winter Music Conference, coincidieron con el productor musical Arthur Baker, y tras una conversaciones de corte nostálgico a cerca de las bondades de esta caja de ritmos y los clásicos ochenteros que se concibieron a su merced, Noyer decidió que sería una buena idea producir un documental sobre este aparato histórico. Y se pusieron manos a la obra con él.
La película documenta, bajo estructura de cabezas parlantes, la historia de la 808, su influencia en el mundo de la música, los pormenores y pormayores de su fabricación y, en definitiva, lo importante que fue este instrumento musical. Para ello se sirve de las declaraciones de reputados artistas como Phil Collins, Pharrel Williams, Diplo o Goldie que en un momento u otro han utilizado en sus éxitos los patrones de esta caja de ritmos. Por supuesto, la 808 es esencial para el mundo del Hip-Hop, por lo que este ocupa más de un 75% del documental, diciendo lo que tuvieran que decir al respecto gente como Rick Rubin, Beastie Boys, el propio Bambaata, T La Rock o Lil Jon.
El documental es sumamente interesante y ayuda al neófito a comprender —y diferenciar— la idiosincrasia de la Roland, además de hacernos partícipes de indudables clásicos de la música electrónica fabricados con este cacharro y que podemos disfrutar, asimismo, en el álbum “808: The Music” y que fue lanzado paralelamente al documental.
“808” gozó de un estreno limitado en salas de cine de Los Angeles, se proyectó en el SXSW de Austin y, después, gozó del beneplácito de las plataformas de streaming con Itunes y Apple Music a la cabeza, cosechando durante el trasiego, unánimes críticas que posicionan al documental como uno de los mejores que existen de temática musical.
viernes, 29 de diciembre de 2023
BLACKBOOK
SFDK, formación compuesta por el emcee Zatu y el DJ y productor Acción Sánchez, es una de las más importantes de la sobrevalorada escena española, con una carrera de más de 25 años en activo. “Blackbook” llega, como suele ser habitual en las trayectorias de los raperos españoles, tras su disco más vendido, el titulado “2005”. Momento dulce propicio para que la compañía (los propios SFDK) produzca un documental sobre la carrera de estos rappers, que se traduce en una monumental autofelación y descomunal ejercicio de megalomanía. Lo normal.
Esto no obsta para que sea un artefacto promocional condenadamente entretenido. Y es que, sin darse cuenta, y centrándose en declaraciones del grupo, amigos y allegados, “Blackbook” construye, a través de la carrera de SFDK, un retrato fehaciente y entrañable de la época maquetera del hip-hop español, cuando era verdaderamente underground (sin intención de serlo). Y aunque todas aquellas cintas sonaban a tubería, sí que se trataba de un movimiento genuino, con su pequeño mercado de maquetas que se movían mano a mano por toda la piel de toro. Por supuesto, SFDK estuvieron ahí en pleno apogeo, y entre las declaraciones de los protagonistas y el abundante y buen material de archivo del que se dispone a base de fotos y vídeos, se compone una primera hora nada desdeñable, que dejará satisfecho no solo a los seguidores del grupo, si no a cualquier aficionado al rap que estuviera presente en aquellos momentos seminales del hip-hop español. Pero la nostalgia es muy pilla y sabe disfrazar un producto mediocre de resultón; una vez desaparecen los elementos nostálgicos, el documental se torna machacón y reiterativo, concediendo a SFDK un endiosamiento que, pese a las más de 30.000 copias que se vendieron de sus discos en la época, sin lugar a dudas no se merecen. Y además, me parece de una ausencia total de vergüenza que todas esas alabanzas vengan desde casa. Yo me lo guiso, y luego yo, gustoso, me lo como.
Mientras se va desarrollando la historia, a las fotos, vídeos y declaraciones de los artistas, las acompaña una voz en off absolutamente crispante: la de El Chojin, que hace las veces de narrador. Y tropieza, se embala, se equivoca… Asimismo, a El Chojín después le ha ido bien en ese campo y los que a día de hoy tengan mejor oído podrán distinguir su voz en diversos spots publicitarios sobre el reciclaje y similares.
Los créditos de la realización se les otorgan a Ernesto Cabeza y Samuel Suarez, de vida audiovisual discreta y sin fichas en ninguna base de datos. Son los dos individuos que suelen dar cobertura a todos los autodocumentales que rueda la compañía. A ellos se les acredita también en “La gira en sucio”, otro documental de SFDK Records para hacerse autobombo, editado de manera muy arcaica (y de ahí, quizás el título que hace referencia a la suciedad), en torno a las grabaciones caseras que hacían los mismos artistas, así como el equipo técnico, durante la gira de su disco de aquél mismo año, "Siempre Fuertes 2". Un pelo cutre.
Esto no obsta para que sea un artefacto promocional condenadamente entretenido. Y es que, sin darse cuenta, y centrándose en declaraciones del grupo, amigos y allegados, “Blackbook” construye, a través de la carrera de SFDK, un retrato fehaciente y entrañable de la época maquetera del hip-hop español, cuando era verdaderamente underground (sin intención de serlo). Y aunque todas aquellas cintas sonaban a tubería, sí que se trataba de un movimiento genuino, con su pequeño mercado de maquetas que se movían mano a mano por toda la piel de toro. Por supuesto, SFDK estuvieron ahí en pleno apogeo, y entre las declaraciones de los protagonistas y el abundante y buen material de archivo del que se dispone a base de fotos y vídeos, se compone una primera hora nada desdeñable, que dejará satisfecho no solo a los seguidores del grupo, si no a cualquier aficionado al rap que estuviera presente en aquellos momentos seminales del hip-hop español. Pero la nostalgia es muy pilla y sabe disfrazar un producto mediocre de resultón; una vez desaparecen los elementos nostálgicos, el documental se torna machacón y reiterativo, concediendo a SFDK un endiosamiento que, pese a las más de 30.000 copias que se vendieron de sus discos en la época, sin lugar a dudas no se merecen. Y además, me parece de una ausencia total de vergüenza que todas esas alabanzas vengan desde casa. Yo me lo guiso, y luego yo, gustoso, me lo como.
Mientras se va desarrollando la historia, a las fotos, vídeos y declaraciones de los artistas, las acompaña una voz en off absolutamente crispante: la de El Chojin, que hace las veces de narrador. Y tropieza, se embala, se equivoca… Asimismo, a El Chojín después le ha ido bien en ese campo y los que a día de hoy tengan mejor oído podrán distinguir su voz en diversos spots publicitarios sobre el reciclaje y similares.
Los créditos de la realización se les otorgan a Ernesto Cabeza y Samuel Suarez, de vida audiovisual discreta y sin fichas en ninguna base de datos. Son los dos individuos que suelen dar cobertura a todos los autodocumentales que rueda la compañía. A ellos se les acredita también en “La gira en sucio”, otro documental de SFDK Records para hacerse autobombo, editado de manera muy arcaica (y de ahí, quizás el título que hace referencia a la suciedad), en torno a las grabaciones caseras que hacían los mismos artistas, así como el equipo técnico, durante la gira de su disco de aquél mismo año, "Siempre Fuertes 2". Un pelo cutre.
En resumidas cuentas, y obviando a los fans, “Blackbook” tiene interés por lo que he reseñado anteriormente en torno a los inicios de la banda y, de cualquier modo, se trata de un documental ameno y curioso, e incluso interesante. Dentro de este subgénero de films que documentan la carrera propia, probablemente, de entre los dedicados a los grupos españoles, sea de los mejores. Con permiso de ese ejercicio de megalomanía en los límites de la salud mental que es “Dentro del circulo”, a mayor gloria del último disco de Kase. O.
Como diría Obélix: “Están locos estos raperos”.
Como diría Obélix: “Están locos estos raperos”.
viernes, 6 de marzo de 2020
RHYME & REASON
Miramax en su momento de mayor esplendor, sin dejar de lado
los proyectos independientes más por el que dirán que por otra cosa, da luz
verde a un ambicioso proyecto documental por parte de Peter Spirer, hoy
prestigioso documentalista especializado en Hip-Hop, que se embolsó con este
“Rhyme & Reason” más de un millón de dólares proyectando su película en
cerca de 300 salas. Puede parecer un hito para una película documental sobre
rap, pero para Miramax no era sino calderilla.
La gracia del asunto está en que, en el documental, se
entrevista a toda la plana mayor del
Rap de los 90 cuando este está en su mejor momento, con lo
que van circulando por pantalla casi todos los artistas relevantes de la
escena, cosa que está muy bien ¿Qué es lo que no está tan bien? Pues que como
son un montonazo, al final cada uno de ellos da una o dos declaraciones y el
resultado es un batiburrillo de raperos dirigiéndose a cámara y diciendo cosas
relacionadas con el rap, pero nada verdaderamente relevante. Por eso mismo, a
la fuerza, el ritmo va a una velocidad tan de vértigo, con planos de apenas
segundos, que al espectador no le da tiempo a asimilar lo que está viendo.
Mucho rapero contando sus cosas.
“Rhyme & Reason” es un documental bastante mediocre que
no cuenta nada. El guion es pobre y los raperos hablan de su actual estatus, de
sus turbulentos pasados y del papel que desempeña en dinero y la violencia
dentro de esta cultura, pero lo hace todo de soslayo, muy por encima, tirando
de irritantes clichés y sin nada importante o innovador que mostrarnos. Y
aunque en el montaje se procura aglutinar todas las declaraciones de los
artistas en bloques, lo que aquí tenemos es una especie de álbum de cromos con
tus raperos favoritos. Por momentos, el documental roza el aburrimiento.
Sin embargo funcionó bien porque era la primera vez que una
productora poderosa apoyaba una película de estas características, aunque solo
fuera para cubrir el cupo de los independientes mientras se gestaban los
tejemanejes varios en los que estaba metido Harvey Wenstein con películas como
“Shakespeare enamorado”. Puro material de relleno.
Por otro lado, “Rhyme & Reason” es una muestra de lo que
cualquier película documental puede conseguir amparada por una compañía
potente, porque la crítica fue unánime con críticas positivas, cuando la
realidad es que estamos ante un documental torpe, descuidado y sin ningún punto
de partida ni conclusión claro.
Spirer, que incluso dio el salto a la ficción con una
película también ambientada en círculos Hip-Hop, “Just Another Day”, sobre
raperos que compiten en batallas de emcees, consiguió su mayor cota de
reconocimiento con una serie de documentales sobre piques entre raperos, con la
narración de Ving Rhames, titulados “Beef”. Por lo que se ve, el tipo estaba
obsesionado con las aquí conocidas como “batallas de gallos”.
Muy mediocre y sin nada que aportar al género. Pero por
verle los caretos a Cypress Hill, Ice-T, Nas, Dr. Dre, Kurtis Blow, Guru y E-40
entre otros, pues tampoco pasa nada.
lunes, 21 de junio de 2021
SOMETHING FROM NOTHING: THE ART OF RAP
Ice- T a día de hoy es, además de una leyenda del rap, otras muchas cosas. Por todos es conocida su implicación, en mayor o menor medida, con el mundo del cine; Su incursión en el mundo del metal con su banda Body Count puede que sea más exitosa que su carrera como rapper; sin embargo, por encima de todo, es un rapero consumado, un precursor que le debe todo lo que tiene al rap. Es por eso que, cuando en 2012 decide emprender su carrera como director de cine —un escarceo más bien, puesto que luego no se ha vuelto a poner detrás de la cámara— lo hace rodando un documental sobre el arte de rapear. No es un documental sobre Hip-Hop, no es un documental sobre rap, sino sobre el proceso creativo y de escritura.
Todo surge cuando en una conversación con el productor Paul Toogod, este le pregunta a Ice cual fue la técnica de escritura que ejecutó a la hora de escribir temas clásicos como 6 in the morning o Colors. Ice-T le explicó el proceso que siguió, amén de quedar maravillado con una pregunta que, según él, nunca le habían hecho en ninguna entrevista. Así, le dio vueltas al asunto y puso en marcha un documental que él produciría y co-dirigiría junto al documentalista Andy Baybutt. Tiraría de agenda y, cámara de vídeo en ristre y con él mismo como maestro de ceremonias, visitaría a viejos amigos, rappers legendarios la mayoría de ellos, para entrevistarles y preguntarles cómo eran sus procesos de escritura. Naturalmente, en el corte final saldremos de dudas en ese aspecto —sobre todo con rappers que verdaderamente tienen sus técnicas y manías a la hora de enfrentarse al folio— pero, como al final se trata de reuniones entre viejos amigos y colegas de profesión, la cosa se irá yendo agradablemente por los cerros de Úbeda para retomar la premisa principal del documental a cada pequeño desfase. Así, descubrimos que Rakim coloca 16 puntos en el folio para medir sus métricas (casi como el que escribe una partitura), que Eminen escribe rimas dentro de las rimas y de ahí su estilo enrevesado, o que Chuck D desarrolla, más que letras, diagramas con conceptos e ideas, que extrañamente acabarán, como por arte de magia, en letras dentro de una canción. Asimismo descubriremos que otros tantos escriben más conducidos por la inercia que por la técnica y, en definitiva, seremos partícipes de la vida que respiran sus libretas, sus bolígrafos y sus organigramas.
Cuando conversa con sus amigos raperos, la otra gran pregunta que deja caer Ice, es si recuerdan alguna canción de otro rapper a bote pronto, esa canción que les ha acompañado toda la vida. Por cortesía, casi todos los rappers entrevistados se ponen a entonar viejos clásicos de Ice-T, pero por otro lado, resulta sorprendente que, cuando entran a valorar cual podría ser uno de los mejores rappers de la historia, unánimemente, incluido el propio Ice, inciden en que ese puede que sea Eminem, exaltando el hecho de que, a pesar de su talento, él lo tuvo francamente difícil por el hecho de ser un emcee blanco en un mundo mayoritariamente negro.
“Something from nothing: The art of rap”, es una verdadera fiesta para el espectador que no solo disfrutará de la complicidad que se establece entre entrevistador y entrevistados (son todos perros viejos), sino que será testigo de un documental realizado con conocimiento de causa y sin la frialdad que se pudiera obtener si este documental hubiera sido realizado por un cineasta cualquiera que vive la experiencia desde fuera. Se trata de unregistro verdaderamente interesante, así como una buena película documental.
Por supuesto, es condición sine qua non que cada rapero entrevistado se suelte a cámara un freestyle bien fresquito para honrar una de las frases que espeta Ice-T al principio de la película en la que asevera que el rap va de mostrar las habilidades de cada uno.
La cinta se estrenó en sección oficial dentro del marco que ofrece el festival de cine independiente de Sundance donde tuvo una buena acogida, para luego tener su estreno reducido en salas y, finalmente, su lanzamiento en DVD.
Por supuesto, la policía de la moral y las buenas costumbres se echó encima de la película acusándola de tener poca presencia femenina. No podía ser de otra manera, primero porque Ice –T está tirando de agenda telefónica, no tiene por qué ser amigo de ninguna de las raperas que hay en Estados Unidos, segundo porque el Hip-Hop es un movimiento dominado casi en su integridad por hombres, quiero decir, que hay pocas emcees femeninas en general porque a las tías no suele gustarles el rap. Las que hay suelen ser raras avis, y, tercero, porque si este documental prácticamente está integrado por leyendas del rap, la representación femenina está formada, asimismo, por dos de sus leyendas: Salt de Salt ‘n’ Pepa —a la que vemos felizmente casada, semi retirada y en su cincuentena— y la emcee más grande de todos los tiempos, con permiso de Roxxane Shanté, que es MC Lyte. Yo creo que el cupo, está más que cubierto.
Francamente recomendable. Puede que sea uno de los mejores trabajos de Ice-T en toda su carrera creativa.
Todo surge cuando en una conversación con el productor Paul Toogod, este le pregunta a Ice cual fue la técnica de escritura que ejecutó a la hora de escribir temas clásicos como 6 in the morning o Colors. Ice-T le explicó el proceso que siguió, amén de quedar maravillado con una pregunta que, según él, nunca le habían hecho en ninguna entrevista. Así, le dio vueltas al asunto y puso en marcha un documental que él produciría y co-dirigiría junto al documentalista Andy Baybutt. Tiraría de agenda y, cámara de vídeo en ristre y con él mismo como maestro de ceremonias, visitaría a viejos amigos, rappers legendarios la mayoría de ellos, para entrevistarles y preguntarles cómo eran sus procesos de escritura. Naturalmente, en el corte final saldremos de dudas en ese aspecto —sobre todo con rappers que verdaderamente tienen sus técnicas y manías a la hora de enfrentarse al folio— pero, como al final se trata de reuniones entre viejos amigos y colegas de profesión, la cosa se irá yendo agradablemente por los cerros de Úbeda para retomar la premisa principal del documental a cada pequeño desfase. Así, descubrimos que Rakim coloca 16 puntos en el folio para medir sus métricas (casi como el que escribe una partitura), que Eminen escribe rimas dentro de las rimas y de ahí su estilo enrevesado, o que Chuck D desarrolla, más que letras, diagramas con conceptos e ideas, que extrañamente acabarán, como por arte de magia, en letras dentro de una canción. Asimismo descubriremos que otros tantos escriben más conducidos por la inercia que por la técnica y, en definitiva, seremos partícipes de la vida que respiran sus libretas, sus bolígrafos y sus organigramas.
Cuando conversa con sus amigos raperos, la otra gran pregunta que deja caer Ice, es si recuerdan alguna canción de otro rapper a bote pronto, esa canción que les ha acompañado toda la vida. Por cortesía, casi todos los rappers entrevistados se ponen a entonar viejos clásicos de Ice-T, pero por otro lado, resulta sorprendente que, cuando entran a valorar cual podría ser uno de los mejores rappers de la historia, unánimemente, incluido el propio Ice, inciden en que ese puede que sea Eminem, exaltando el hecho de que, a pesar de su talento, él lo tuvo francamente difícil por el hecho de ser un emcee blanco en un mundo mayoritariamente negro.
“Something from nothing: The art of rap”, es una verdadera fiesta para el espectador que no solo disfrutará de la complicidad que se establece entre entrevistador y entrevistados (son todos perros viejos), sino que será testigo de un documental realizado con conocimiento de causa y sin la frialdad que se pudiera obtener si este documental hubiera sido realizado por un cineasta cualquiera que vive la experiencia desde fuera. Se trata de unregistro verdaderamente interesante, así como una buena película documental.
Por supuesto, es condición sine qua non que cada rapero entrevistado se suelte a cámara un freestyle bien fresquito para honrar una de las frases que espeta Ice-T al principio de la película en la que asevera que el rap va de mostrar las habilidades de cada uno.
La cinta se estrenó en sección oficial dentro del marco que ofrece el festival de cine independiente de Sundance donde tuvo una buena acogida, para luego tener su estreno reducido en salas y, finalmente, su lanzamiento en DVD.
Por supuesto, la policía de la moral y las buenas costumbres se echó encima de la película acusándola de tener poca presencia femenina. No podía ser de otra manera, primero porque Ice –T está tirando de agenda telefónica, no tiene por qué ser amigo de ninguna de las raperas que hay en Estados Unidos, segundo porque el Hip-Hop es un movimiento dominado casi en su integridad por hombres, quiero decir, que hay pocas emcees femeninas en general porque a las tías no suele gustarles el rap. Las que hay suelen ser raras avis, y, tercero, porque si este documental prácticamente está integrado por leyendas del rap, la representación femenina está formada, asimismo, por dos de sus leyendas: Salt de Salt ‘n’ Pepa —a la que vemos felizmente casada, semi retirada y en su cincuentena— y la emcee más grande de todos los tiempos, con permiso de Roxxane Shanté, que es MC Lyte. Yo creo que el cupo, está más que cubierto.
Francamente recomendable. Puede que sea uno de los mejores trabajos de Ice-T en toda su carrera creativa.
viernes, 15 de mayo de 2020
SOMOS LENGUA
Documental que nos presenta una colección de retratos sobre
raperos de la escena underground de México de marcado tono artístico y que
sirve para que, sobre todo, los neófitos de esa escena, conozcamos de primera
mano los motivos y circunstancias que llevan a cada rapero a desarrollar sus
raps.
Obviamente, cada escena es diferente y no es lo mismo la estadounidense, de la cual
ya todos conocemos la historia, sus orígenes en los barrios marginales, que la
española, impostada y desarrollada por jóvenes provenientes de la clase media
—salvo algunas excepciones— que hacen del rap una suerte de canción protesta
perpetrada por, la mayoría de las veces, chavales que no saben hacer ni la o
con un canuto. Por supuesto, descubrir la escena Mexicana no deja de ser interesante
y curioso en tanto a que, con motivaciones y estilos de vida marginales
deudores del rap USA, la forma en que han usado el rap se asemeja mucho a la
española, quizás, por una cuestión idiomática. ¿Qué quiero decir con esto? Pues
que si el rapero mexicano puede tener una vida jodida de pandillero en barrios
suburbiales, con sus problemas de drogas y armas (que de todo hay) similar a la
de los raperos yankees, su rap es tan intrascendente como el que hacen los
españoles. Es más, diría que muchos de ellos, toman como modelo el rap español,
cunado no, lo imitan directamente. Y al igual que sucede en España, la cosa
cambia de una ciudad a otra según su idiosincrasia. En ese sentido, es muy
curioso lo distinto que puede ser un rapero de Monterrey a uno de Jalisco, del
mismo modo que lo es uno de Barcelona de uno de Sevilla y, en ambos casos,
todos con retazos de toda la escuela americana de los 90.
Como película documental por otro lado, “Somos lengua”, es
todo un ejercicio estético que le sirve al director, Kyzza Terrazas, para jugar
con las texturas y los ambientes.
Más que entrevistas, Terrazas nos ofrece una serie de
retratos en los que los raperos cuentan lo que a ellos les viene en gana a la
vez que nos hacen demostraciones de su talento. Y todo eso está muy bien,
ilustra y entretiene, pero Terrazas no le encuentra un hilo conductor a todo el
material del que dispone. Claro, que la propuesta, casi artie, tampoco necesita
de un hilo conductor, no es un documental al uso y utiliza lo que le funciona. Pero
como espectador me quedo con las ganas de saber un poco de que va la historia,
saber por qué en una zona algunos raperos utilizan la estética de los “Batos”
de Los Ángeles, por qué otros tienen un
aspecto tan peligroso y desarraigado y otros, en contraposición, parecen
adolescentes recién salidos de un instituto bien que copian el estilo de
raperos españoles mediocres como pueda ser Nach Scratch. Vamos, que me falta
información.
Por otro lado, sutilmente, y con las intervenciones de un
par de artistas del medio, emparenta directamente el rap mexicano con los
corridos, dando a entender que ambos estilos, en las antípodas, resultan ser la
misma cosa.
Como sea, para el aficionado al rap siempre será interesante
ver como es la cosa en otros países, tan cercanos por el lenguaje, pero tan
lejanos en distancia y costumbres.
Kyzza Terrazas, niño bien universitario, queriendo ser
escritor, acaba siendo cineasta y estudiante de la universidad de Columbia en
Nueva York, se vuelve loco con el rap y tras hacer “El lenguaje de los
machetes”, documental con el que debuta,
se presenta en el festival de Venecia y adquiere cierto prestigio, se mete de
lleno en la comunidad Hip-Hop mexicana para dar forma y color a este extraño
proyecto. Como sea, y sin ponernos tiquis miquis, la cosa está bastante
interesante.
viernes, 27 de diciembre de 2019
UKAMAU Y KÉ
Una de las cosas que me resultan apasionantes del Hip-Hop es
como esta cultura se mete en cualquier rincón del mundo, hasta en el más
recóndito. Nadie sería capaz de pensar que pudieran existir raperos en la
serranía de Sudamérica, en los Andes. También es fascinante como cada cual toma
este movimiento como le viene en gana y acaba haciendo de él una cosa
totalmente individualista que, en esencia, se aleja millones de kilómetros de
la esencia original. Aunque en el fondo tiene la coherencia de que el rap es la
música universal, en el sentido de que se hace música con lo que hay, y sin
necesidad de ser músicos o tener nociones musicales.
Al margen, más fascinante resulta el hecho de que en estos
lugares apartados del mundo se haga un cine subterráneo y emergente (mucho
hemos hablado ya del cine regional peruano o de la comedia dominicana, en las
antípodas una cinematografía de otra) y, más todavía, que el HD y el 4K llegue
a esos parajes y se facturen películas —en este caso un documental— con
acabados muy decentes.
Entonces, como resultado de todo esto aquí tenemos “Ukamau y
ké”, documental dirigido por Andrés Ramirez, un rapero ecuatoriano que decidió
contarnos la vida del boliviano, oriundo de la región de La Paz, Abrahám Bojórquez.
Bojórquez es uno de los pioneros del rap andino y, probablemente, una de las
pocas personas que se atrevió a rapear en dialecto aimara. Este rapero, cuyo
grupo Ukamau y ké sirve para dar título al documental del que ahora hablamos, con su rap
arcaico y ejecutado torpemente (consecuencia más de la situación geográfica de
su artífice que de la posible falta de talento ¿Cuáles serían las referencias
de Bojórquez allá en la montaña? ¿Qué rap escuchaba?), innovó en Bolivia y en
Ecuador gracias a un discurso consciente y politizado. Un activismo a través de
la música que convirtió a este rapero en un gurú en su comarca.
Claro que, como toda leyenda del rap que se precie,
Bojórquez fue asesinado en extrañas circunstancias, no se sabe si en
consecuencia de su activismo o por un asalto de tantos que ocurren en aquellos
parajes. Bien, pues el documental especula sobre este asesinato de manera
somera, porque lo que de verdad intenta es mostrarnos la vida de un muchacho
que cumplió su sueño (un sueño de tercera categoría ya que, como comprenderán,
en los Andes bolivianos, no hay lugar para el dinero y los lujos). Las
circunstancias en las que murió no están muy claras y tampoco parece que por
aquella zona se le de mucha importancia a uno o dos asesinatos más al día.
Así, a base de entrevistas a personas cercanas al rapero, y
material casero perteneciente al propio Ramírez, más lo que recopilase por el
camino, se construye este curioso documental, fluido, interesante por exótico y
hasta en algún momento emotivo que, como propuesta emergente, me parece de lo
más refrescante en la medida que nos ofrece un mundo que es totalmente
desconocido para el europeo medio como es el del rap andino y el nivel de compromiso de esta
gente con según que causas. Porque con “Ukamau y ké” aprendes y descubres, que
no es poco, yo creo que merece la pena echar un vistazo al documental. También
está entretenido y, vaya, que está curiosa la cosa.
lunes, 24 de abril de 2023
SAN FRANPSYCHO
Los hermanos Quiroz, Eduardo y Juan, de ascendencia latina, manazas donde los haya, encontraron en la primera década del nuevo mileno, gracias al resurgir del formato domestico con la llegada del DVD, un nicho al que se abrazaron como si de una amante se tratara. Así que comenzaron a facturar toda suerte de películas de carácter amateur en las que contaban únicamente con localizaciones de corte guerrillero, actores de tercera fila y una cámara de vídeo, con la finalidad de distribuirlas en dicho formato. Eso sí, se ganaron cierto seguimiento por parte del fandom más cafre gracias a que se especializaron en hacer películas de gangsters chicanos a ritmo de un hip-hop de quinta regional facturado también por los propios hermanos.
La década de 00, a la que yo llamo “segunda era dorada del videoclub”, retrospectivamente hablando puede que sea la que más títulos de segunda, tercera y cuarta fila generó gracias a las bondades del entonces nuevo disco versátil digital. Apareció un nuevo cine de serie B y serie Z que alimentaba las estanterías de los videoclubs, pero también comenzaron a aparecer en el mercado americano películas amateur con ediciones en DVD bastante decentes que tenían cierta vida comercial. Dentro de esta categoría también hubo cosas mejores y peores, pero, los hermanos Quiroz puede que sean lo peor de lo peor del cine amateur americano distribuido comercialmente. Estos tipos básicamente lanzan una idea atractiva al aire, diseñan un póster más o menos llamativo y luego la película la resuelven con la mayor tacañería posible, tirando de conversaciones insulsas y evitando la posible elaboración de efectos especiales y/o escenas de acción mínimamente complicadas. Aplican la ley del mínimo esfuerzo llevada a cabo con el mínimo talento.
La película más conocida de esta dupla es la titulada “The Dope Game”, un folletin sobre narcos y venganzas en la que actores inexpertos hablan y hablan y hablan. Y poco más. Yo no fui capaz de aguantarla entera. No les iría mal, porque poco después rodaron una secuela, “The Dope Game 2”, cuya caratula de vídeo era más espectacular que la anterior, la película me imagino que sería un mojón de similares características.
Los Quiroz duraron en el tiempo lo que duró el auge del formato DVD y, cuando este empezó a estar de capa caída, dejaron de facturar películas, por lo que estuvieron en activo desde 1998 hasta 2012. Pariendo absolutas infamias. Cuando el negocio del DVD pegó el bajonazo ya no les salía rentable seguir en el juego, así pues, se buscarían las habichuelas en otros menesteres, si es que no han acabado en las calles vendiendo heroína y crack.
Lo que les diferencia de otros amateur de la época es que estas películas son especialmente malas, especialmente aburridas, están especialmente mal dirigidas y son absolutamente incapaces de conseguir algún tipo de efecto o emoción en el espectador. Aquí no hay risas involuntarias, ni efectos especiales cutres. Nada. Solo actores malos improvisando sobre la marcha, guardando —un poco— deuda con el Zen filmaking, que posiblemente sea la mayor patraña de la historia de las imágenes en movimiento.
De esta “San Franpsycho” lo único que mola es el título. Por lo demás, cuando los hermanos la rodaron, lo hicieron un poco con la mentalidad de expoliar por enésima vez el reciente éxito de “Zodiac” de David Fincher. Y en cierto modo es un buen exploit porque en “San Franpsycho”, al igual que en “Zodiac” también se habla mucho. De hecho no hacen otra cosa.
La movida va de un asesino en serie (al que nunca vemos claramente asesinar a nadie porque, salvo por el asesinato por asfixia de apertura, jamás se nos muestra un asesinato directamente en cámara) que tras una escabechina deja mensajes ininteligibles en hojas de papel a modo de pistas. Un detective irá investigando al respecto consultando con reporteros, curas, etc…
Pues la película tiene la gracia justa. Imagínense aguantar las dos horas que dura esto…
En la otra mano, tenemos a Joe Estevez (ya saben, hermano de Martin y tío de Charlie, Emilio y Ramón) más contenido que de costumbre —pero actuando tan mal como siempre— dando vida al detective que investiga a esta especie barata de asesino del zodiaco que se da paseitos por el centro de la ciudad a cámara lenta, con el fin de alargar la agonía (y el metraje) y que le entran ataques de histeria en su domicilio. Al asesino lo interpreta un amigo de los directores llamado José Rosete, pero en el plantel de estrellas, también contamos con Todd Bridges, que en nuestro país se hizo popular por interpretar a Willis en la sitcom “Arnold” junto a Gary Coleman, y que en “San Franpsycho” aparece un par de momentos, habla un poco y se va…
En definitiva. Para ver que cojones es esto y, tras comprobarlo, borrar la suscripción a Plex que es donde tienen películas de estas a cholón.
Otros títulos de los Quiroz serían “The Dammed”, “Drug Lord” o “Veteranos”. Todo morralla.
La década de 00, a la que yo llamo “segunda era dorada del videoclub”, retrospectivamente hablando puede que sea la que más títulos de segunda, tercera y cuarta fila generó gracias a las bondades del entonces nuevo disco versátil digital. Apareció un nuevo cine de serie B y serie Z que alimentaba las estanterías de los videoclubs, pero también comenzaron a aparecer en el mercado americano películas amateur con ediciones en DVD bastante decentes que tenían cierta vida comercial. Dentro de esta categoría también hubo cosas mejores y peores, pero, los hermanos Quiroz puede que sean lo peor de lo peor del cine amateur americano distribuido comercialmente. Estos tipos básicamente lanzan una idea atractiva al aire, diseñan un póster más o menos llamativo y luego la película la resuelven con la mayor tacañería posible, tirando de conversaciones insulsas y evitando la posible elaboración de efectos especiales y/o escenas de acción mínimamente complicadas. Aplican la ley del mínimo esfuerzo llevada a cabo con el mínimo talento.
La película más conocida de esta dupla es la titulada “The Dope Game”, un folletin sobre narcos y venganzas en la que actores inexpertos hablan y hablan y hablan. Y poco más. Yo no fui capaz de aguantarla entera. No les iría mal, porque poco después rodaron una secuela, “The Dope Game 2”, cuya caratula de vídeo era más espectacular que la anterior, la película me imagino que sería un mojón de similares características.
Los Quiroz duraron en el tiempo lo que duró el auge del formato DVD y, cuando este empezó a estar de capa caída, dejaron de facturar películas, por lo que estuvieron en activo desde 1998 hasta 2012. Pariendo absolutas infamias. Cuando el negocio del DVD pegó el bajonazo ya no les salía rentable seguir en el juego, así pues, se buscarían las habichuelas en otros menesteres, si es que no han acabado en las calles vendiendo heroína y crack.
Lo que les diferencia de otros amateur de la época es que estas películas son especialmente malas, especialmente aburridas, están especialmente mal dirigidas y son absolutamente incapaces de conseguir algún tipo de efecto o emoción en el espectador. Aquí no hay risas involuntarias, ni efectos especiales cutres. Nada. Solo actores malos improvisando sobre la marcha, guardando —un poco— deuda con el Zen filmaking, que posiblemente sea la mayor patraña de la historia de las imágenes en movimiento.
De esta “San Franpsycho” lo único que mola es el título. Por lo demás, cuando los hermanos la rodaron, lo hicieron un poco con la mentalidad de expoliar por enésima vez el reciente éxito de “Zodiac” de David Fincher. Y en cierto modo es un buen exploit porque en “San Franpsycho”, al igual que en “Zodiac” también se habla mucho. De hecho no hacen otra cosa.
La movida va de un asesino en serie (al que nunca vemos claramente asesinar a nadie porque, salvo por el asesinato por asfixia de apertura, jamás se nos muestra un asesinato directamente en cámara) que tras una escabechina deja mensajes ininteligibles en hojas de papel a modo de pistas. Un detective irá investigando al respecto consultando con reporteros, curas, etc…
Pues la película tiene la gracia justa. Imagínense aguantar las dos horas que dura esto…
En la otra mano, tenemos a Joe Estevez (ya saben, hermano de Martin y tío de Charlie, Emilio y Ramón) más contenido que de costumbre —pero actuando tan mal como siempre— dando vida al detective que investiga a esta especie barata de asesino del zodiaco que se da paseitos por el centro de la ciudad a cámara lenta, con el fin de alargar la agonía (y el metraje) y que le entran ataques de histeria en su domicilio. Al asesino lo interpreta un amigo de los directores llamado José Rosete, pero en el plantel de estrellas, también contamos con Todd Bridges, que en nuestro país se hizo popular por interpretar a Willis en la sitcom “Arnold” junto a Gary Coleman, y que en “San Franpsycho” aparece un par de momentos, habla un poco y se va…
En definitiva. Para ver que cojones es esto y, tras comprobarlo, borrar la suscripción a Plex que es donde tienen películas de estas a cholón.
Otros títulos de los Quiroz serían “The Dammed”, “Drug Lord” o “Veteranos”. Todo morralla.
viernes, 11 de febrero de 2011
NITE TALES
No se por qué en los USA atrae tanto la mezcla Hip-hop y terror. No es la primera película con la que me topo de estas características, híbridos de la serie "Tales from the crypt" a base de varias historias individuales, con raperos reconocidos como anfitriones del asunto y/o como parte del reparto.En esta ocasión, con el nombre del creador antes del título, Deon Taylor ("7eventy 5ive") en "Nite Tales" se encarga de que el rapero Flavor Flav, del mítico grupo “Public Enemy”, sea el encargado de vender el producto, y de presentarnos las dos historias que forman la película, mintiendo descaradamente al espectador diciéndole que “esta es la primera vez que veremos dos películas en una”. Se titulan respectivamente "Karma" y "Storm". La primera trata sobre unos gangztaz que, tras robar un banco, en plena huida el coche les deja tirados y deciden agenciarse el que hay aparcado delante de una casa cercana. Entran en ella, y se topan con una sociedad secreta de caníbales, dueños además del dinero que han robado. Pactan dejar uno de ellos con vida, pero han de decidir ellos quien será. En el reparto, Fredo Starr y Sticky Fingaz, los dos componentes del grupo “Onyx” que más se han dejado ver por la pantalla.
La segunda historia es la enésima revisión del mito de “Bloody Mary” (ya saben, si te pones delante de un espejo con una vela encendida a oscuras, y dices seis veces su nombre, se te aparecerá y hará una escabechina), con la variante de que un payaso callejero entra en la casa en la que suceden los hechos, y no sabemos si los asesinatos son obra de “Bloody Mary” o del colorido intruso.
Bueno; malos efectos especiales, malos efectos digitales, mogollón de filtros de imagen innecesarios, y dosis ajustadas de aburrimiento. Vamos que se puede ver, pero se bostezará durante el visionado.
Esta película (video-clubera) sirvió también como episodio piloto. "Nite Tales" se convirtió al año siguiente en serie de televisión, intuyo que sin ningún éxito, ya que después de seis episodios, y pasados un par de años, no se sabe nada de una nueva temporada.
La presencia de Flavor Flav como, en este caso, “Time Keeper”, servirá cual reclamo para raperos de la vieja guardia... pero verlo haciendo de sí mismo, sin mas efectismos... no se yo, no se yo.
martes, 21 de agosto de 2018
POPSTAR
Aunque se haya hecho un nombre en la televisión yanqui
merced a su prolongado vínculo con el mítico "Saturday Night Live",
así como por protagonizar la excelente sitcom policíaca "Brooklyn Nine-Nine", el
cómico Andy Samberg no acaba de cuajar en el medio cinematográfico, y eso a
pesar de haber contado con tres padrinos de excepción como son Judd Apatow,
Adam Sandler y Lorne Michaels. Ya en 2006 Samberg tuvo la oportunidad de
estelarizar su propia peli tomando precisamente como modelo a ese Adam Sandler junto al que,
unos años más tarde, coprotagonizaría "Desmadre de padre". Así, en
"Flipado sobre ruedas", comedia gamberro-idiótica en la línea de otras producciones de Michaels como "Superstar" o "Tommy Boy", Samberg interpretaba a un personaje típica e
inequívocamente sandleriano: esto es, al eterno adolescente pusilánime que, bordeando siempre el retraso mental, se caracteriza por su nula capacidad a la hora de interactuar
socialmente y que trata de compensar a base de entusiasmo su evidente falta de
inteligencia y talento.
A pesar de seguir escrupulosamente un modelo que ya se había
demostrado exitoso con anterioridad, y de contar además con el apoyo de cómicos
de probada valía como pudieran ser Bill Hader o Danny McBride, el debut del
californiano en el largometraje resulta ser un merecido fracaso, tanto a nivel
crítico como de taquilla (en España en concreto tan sólo la vieron 297 espectadores), no quedando más opción para Samberg que refugiarse a partir
de entonces en cometidos secundarios en comedietas indies, además de continuar con su participación semanal en el "SNL". En el veterano programa sí que llegaría
a hacerse popular durante la década siguiente junto a Jarma Taccone y Akiva Schaffer, con los que empezó en el mundo del show
business formando el grupo cómico-musical "The Lonely Island", escribiendo sketches para el
lucimiento de estrellas del calibre de Justin Bieber, Natalie Portman o Justin
Timberlake, al tiempo que conseguían con su disco de Hip Hop
"Incredibad" auparse a los primeros puestos en las listas de los más vendidos.
Casi una década después de "Flipado sobre ruedas", Samberg y compañía deciden volver a probar suerte en el cine y, lógicamente, optan por trasladar a la gran pantalla esa parodia musical en la que parecían haberse especializado y con la que habían cosechado tanto éxito. Así, y recurriendo al formato del falso documental,
"Popstar" nos cuenta la historia de los "Style Boyz", una boy band en continuo peligro de desintegración debido
al ego de su cabeza visible, Conner4real, suerte de sosias de Justin Bieber interpretado por el propio Samberg. Bajo la producción de Judd Apatow, y cambiando esta vez a Adam Sandler por Will Ferrell como principal modelo en el
que mirarse, "Popstar" recurre básicamente al mismo tipo de
humor y a idéntica estructura narrativa de las magníficas "Semi-pro", "Patinazo a la
gloria" o "Pasado de vueltas", protagonizadas todas ellas por personajes que, debido a su comportamiento egocéntricamente mongólico, son dejados de lado por sus
compañeros para reconciliarse hacia el final de la trama siempre con el objetivo de intentar superar un
reto en común, ya sea una competición automovilística o de patinaje, un partido de baloncesto o, en el caso de "Popstar", una actuación musical en una importante gala de premios. Sin embargo, y en esta ocasión, ni la película, ni Samberg - ni
mucho menos los sosainas de Schaffer y Taccone - están cerca de poder compararse con la genialidad desplegada por Ferrell en los títulos antes mencionados. Así las cosas, esta "Popstar"
es igual de mala - o incluso peor - que "Flipado sobre ruedas", aunque
se vea beneficiada con respecto a aquella gracias a la avalancha de cameos
de celebrities (un recurso de lo más habitual en las producciones de la factoría Apatow, aunque en esta ocasión esté más justificado que en otras), así como por el ritmo que consigue imprimirle a la narración
el encadenado de secuencias musicales, las cuales, por desgracia, jamás llegan
a estar a la altura de la brillantez del trabajo en televisión del terceto protagonista.
Aparte de poco graciosa, "Popstar" tampoco es que sea demasiado
original que digamos, ya que dentro de las propias producciones Apatow ya existía un precedente de parodia, "Dewey Cox:
una vida larga y dura", enfocada más hacia el biopic musical pero con la que coincide en más de un aspecto; de hecho, tan deudora es la una de la otra que
aquí también podemos encontrarnos con un gag bastante gráfico protagonizado por una polla -
no tan ofensivo como el de "Carta blanca", pero casi - en el que
terminará por ser uno de los momentos más inspirados del film, sino el
único. De hecho "Popstar" es tan previsible que también tendremos que sufrir los consabidos chistes sobre marihuanos, las coñas metidas con calzador a costa del amiguete James Franco, así como el típico mensaje moralista y/o pro-familia inherente a toda película con el sello del sobrevaloradísimo Apatow. Al menos, y en contra de lo que suele ser
habitual en las interminables producciones del autor de "Hazme reír", “Popstar” cuenta con la ventaja de no llegar a la hora y media.
Resumiendo, y aunque sea tan mala que no te ríes ni por casualidad, la peli de tan inofensiva e intrascendente está hasta entretenida: además, algunos de los cameos (de Mariah Carey a Martin Sheen, pasando por Michael Bolton o Snoop Dogg) resultan como mínimo sorprendentes. Eso sí, para ver y olvidar antes incluso de que se acaben los títulos de crédito. Y es que, aunque este subgénero haya dado en el pasado ejemplos tan memorables como "This is Spinal Tap" o "Un poderoso viento", "Popstar" no se encontraría precisamente entre ellos. Muy flojita.
Resumiendo, y aunque sea tan mala que no te ríes ni por casualidad, la peli de tan inofensiva e intrascendente está hasta entretenida: además, algunos de los cameos (de Mariah Carey a Martin Sheen, pasando por Michael Bolton o Snoop Dogg) resultan como mínimo sorprendentes. Eso sí, para ver y olvidar antes incluso de que se acaben los títulos de crédito. Y es que, aunque este subgénero haya dado en el pasado ejemplos tan memorables como "This is Spinal Tap" o "Un poderoso viento", "Popstar" no se encontraría precisamente entre ellos. Muy flojita.
lunes, 12 de diciembre de 2022
WELCOME II THE TERRORDOME
“Welcome II the Terrordome” es un extraño caso de película que, teniendo todos los ingredientes para meterse a la critica sesuda en el bolsillo y ser considerada una de las piedras angulares del cine independiente de los 90, apenas consiguió la indiferencia de este, convirtiéndose posteriormente en una ignota cinta de corte post-apocalíptico a la que rinde culto un número bastante reducido de gente.
Y es que “Welcome II the Terrordome” es la primera película independiente británica enteramente afro, se trata de un film con un fuerte contenido político y, para más inri, está dirigido por una mujer negra, Ngozi Onwurah, activista, modelo y conferenciante. Vamos, raro era que no se hubiera llevado un Oscar, si juzgamos esa película por su currículum.
¿Qué es lo que sucede con “Welcome II the Terrordome” para que sea una de las obras de autor más desconocidas del planeta? Por un lado que se adscribe al género. Trata de mostrar la problemática social de la raza negra en las grandes urbes a través de la ciencia ficción distópica. Otro de sus problemas podría ser perfectamente su bajísimo presupuesto, especialmente destacable en los materiales con los que se ha filmado (puede que sea un 16 mm más costroso de los normal) y el tosco montaje. Pese a unos escenarios futuristas bastante apañados, la película por momentos suelta un extraño aroma amateur. Si sumamos todo eso y le añadimos un argumento que aunque parece lioso lo que resulta es que es inexistente, el verdadero problema que tiene es que es MUY MALA y de ahí su poca prensa, pese a haber sido proyectada en el festival de Sundance y las buenas intenciones generales que lleva implícita. Y cuando digo MUY MALA, quizás me quedo corto.
La película nos muestra un futuro distópico en el que, vistos los derroteros que lleva el mundo, los negros se verán relegados a vivir en un gueto vallado, casi, un campo de concentración llamado Terrordome, donde serán constantemente vigilados por la policía.
En esa tesitura tenemos a Spike (¿homenajeando a Spike Lee?) que vive allí con su novia blanca, quien abandonó a su anterior pareja por que la sometía a continuos maltratos. Ahora están todos ellos confinados en Terrordome y buscarán matarse unos a otros, todo eso sin contar con la represión a la que somete la policía a estos negros.
Cuando uno está viendo “Welcome II the Terrordome” se dará cuenta a los pocos minutos del inicio de que algo falla, y es que se trata de una película muy seria, con un mensaje muy potente, cuyo bajo presupuesto y la poca pericia de la directora la hace parecer una serie Z de tres al cuarto, con actores no muy habilidosos y con un nulo sentido del tempo. Además, hace un uso excesivo de la música rap en su banda sonora, como si tuvieran que insertarla por cojones, y por momentos provoca risas involuntarias, cosa esta que es un autentico logro porque desde el primer momento notamos la seriedad de lo que cuenta y el alto concepto que de sí misma tiene.
Inspirándose en el título de una popular canción de Public Enemy, “Welcome II the Terrordome”, con el hip-hop muy presente durante todo su metraje, como sí de una película temprana de Spike Lee se tratara, brinda homenaje al grupo de rap en no pocas ocasiones, y no solo vemos su popular logo en momentos puntuales, sino que la inserción con calzador del mismo grupo nos dará uno de los momentos más risibles y sonrojantes de la película: Un niño, uno de los protagonistas, destrozará con su inhabilidad rapeando una de las canciones de la banda, “911 is a joke”, en un escenario habilitado para que unos cuantos tipos rapeen en la película, sin que venga en absoluto a cuento. Lo hace tan mal, que no se entiende como esa secuencia se ha quedado en el corte final, puesto que, por otro lado, esas rapeadas en directo de unos y otros, no aportan nada.
En definitiva, un absoluto despropósito.
Obviamente, las élites del mundo de la exhibición y de la crítica, conscientes de la idea inicial de “Welcome II the Terrordome”, tuvieron que darse cuenta de que este material era malo de pelotas, pero claro, se trataba de una película sobre la represión del hombre negro en un futuro distópico y su directora tenía cierta reputación; En esos ambientes está feo decir que un material de estas características es una mierda, así que lo más sencillo era ignorarla a su paso por los festivales, hacer como que no la habían visto y de este modo se ahorraban el tener que decir que esto era una puta mierda XXL. En consecuencia se relegó a la invisibilidad y, posteriormente, comenzó el mini-culto hacia la misma.
Por otro lado, cuando se habla de su directora no se suele obviar “Welcome II the Terrordome” a la hora de abordar su filmografía, pero sí que se suele mantener silencio una vez su película ha sido nombrada. Y a mí todo eso me parece maravilloso.
Ahora, como película rara, misteriosa y desperada, “Welcome II the Terrordome”, con su lioso argumento, su rap impostado, su intención de ser cine político, militante y prestigioso y quedarse en película de la Troma en sus peores años, me parece un título muy a tener en cuenta… pese a la paciencia que hay que tener para verla entera.
Y es que “Welcome II the Terrordome” es la primera película independiente británica enteramente afro, se trata de un film con un fuerte contenido político y, para más inri, está dirigido por una mujer negra, Ngozi Onwurah, activista, modelo y conferenciante. Vamos, raro era que no se hubiera llevado un Oscar, si juzgamos esa película por su currículum.
¿Qué es lo que sucede con “Welcome II the Terrordome” para que sea una de las obras de autor más desconocidas del planeta? Por un lado que se adscribe al género. Trata de mostrar la problemática social de la raza negra en las grandes urbes a través de la ciencia ficción distópica. Otro de sus problemas podría ser perfectamente su bajísimo presupuesto, especialmente destacable en los materiales con los que se ha filmado (puede que sea un 16 mm más costroso de los normal) y el tosco montaje. Pese a unos escenarios futuristas bastante apañados, la película por momentos suelta un extraño aroma amateur. Si sumamos todo eso y le añadimos un argumento que aunque parece lioso lo que resulta es que es inexistente, el verdadero problema que tiene es que es MUY MALA y de ahí su poca prensa, pese a haber sido proyectada en el festival de Sundance y las buenas intenciones generales que lleva implícita. Y cuando digo MUY MALA, quizás me quedo corto.
La película nos muestra un futuro distópico en el que, vistos los derroteros que lleva el mundo, los negros se verán relegados a vivir en un gueto vallado, casi, un campo de concentración llamado Terrordome, donde serán constantemente vigilados por la policía.
En esa tesitura tenemos a Spike (¿homenajeando a Spike Lee?) que vive allí con su novia blanca, quien abandonó a su anterior pareja por que la sometía a continuos maltratos. Ahora están todos ellos confinados en Terrordome y buscarán matarse unos a otros, todo eso sin contar con la represión a la que somete la policía a estos negros.
Cuando uno está viendo “Welcome II the Terrordome” se dará cuenta a los pocos minutos del inicio de que algo falla, y es que se trata de una película muy seria, con un mensaje muy potente, cuyo bajo presupuesto y la poca pericia de la directora la hace parecer una serie Z de tres al cuarto, con actores no muy habilidosos y con un nulo sentido del tempo. Además, hace un uso excesivo de la música rap en su banda sonora, como si tuvieran que insertarla por cojones, y por momentos provoca risas involuntarias, cosa esta que es un autentico logro porque desde el primer momento notamos la seriedad de lo que cuenta y el alto concepto que de sí misma tiene.
Inspirándose en el título de una popular canción de Public Enemy, “Welcome II the Terrordome”, con el hip-hop muy presente durante todo su metraje, como sí de una película temprana de Spike Lee se tratara, brinda homenaje al grupo de rap en no pocas ocasiones, y no solo vemos su popular logo en momentos puntuales, sino que la inserción con calzador del mismo grupo nos dará uno de los momentos más risibles y sonrojantes de la película: Un niño, uno de los protagonistas, destrozará con su inhabilidad rapeando una de las canciones de la banda, “911 is a joke”, en un escenario habilitado para que unos cuantos tipos rapeen en la película, sin que venga en absoluto a cuento. Lo hace tan mal, que no se entiende como esa secuencia se ha quedado en el corte final, puesto que, por otro lado, esas rapeadas en directo de unos y otros, no aportan nada.
En definitiva, un absoluto despropósito.
Obviamente, las élites del mundo de la exhibición y de la crítica, conscientes de la idea inicial de “Welcome II the Terrordome”, tuvieron que darse cuenta de que este material era malo de pelotas, pero claro, se trataba de una película sobre la represión del hombre negro en un futuro distópico y su directora tenía cierta reputación; En esos ambientes está feo decir que un material de estas características es una mierda, así que lo más sencillo era ignorarla a su paso por los festivales, hacer como que no la habían visto y de este modo se ahorraban el tener que decir que esto era una puta mierda XXL. En consecuencia se relegó a la invisibilidad y, posteriormente, comenzó el mini-culto hacia la misma.
Por otro lado, cuando se habla de su directora no se suele obviar “Welcome II the Terrordome” a la hora de abordar su filmografía, pero sí que se suele mantener silencio una vez su película ha sido nombrada. Y a mí todo eso me parece maravilloso.
Ahora, como película rara, misteriosa y desperada, “Welcome II the Terrordome”, con su lioso argumento, su rap impostado, su intención de ser cine político, militante y prestigioso y quedarse en película de la Troma en sus peores años, me parece un título muy a tener en cuenta… pese a la paciencia que hay que tener para verla entera.
viernes, 29 de marzo de 2019
NOSOTROS
Me sorprendió mucho, hace ahora un par de años, en debut
como director del comediante negro Jordan Peele con “Déjame salir” que arrastra
las pasiones y los odios del respetable por igual, situándome yo en el lado de
los que adoran esa película. Me pareció original, sorprendente y desasosegante,
me gustó mucho esa película y cuando me enteré de la existencia de “Nosotros”
la esperé con candeletas. Sin embargo, y como suele pasar con los directores debutantes, corría el riesgo
de que todo lo bueno de su ópera prima se convirtiera en un espejismo y que
esta “nosotros” corriera el riesgo de no
ser los suficientemente buena. Y eso es justo lo que ha pasado.
Todos los ingredientes a priori son cuanto menos sugerentes;
un “home invasión” con dopplegängers malvados acosando a una familia negra en
una casa playera. Y el como lidian con ellos es el grueso de la película. Pues
a pesar de las críticas positivas que ha recibido y de haber resultado un
taquillazo en su primer fin de semana, clasíficandose “Nosotros” como el más
rentable estreno de una película de terror en mucho tiempo —hechos estos que no
tienen por qué interferir en la calidad de la película en modo alguno— he de
decir, con todo mi pesar —porque tenía muchas esperanzas puestas en Jordan
Peele— que “Nosotros” es un rollo patatero, largo, tedioso, un muermazo, que
para mayor desastre muestra una incapacidad absoluta para crear una atmósfera o
algo parecido al miedo. A eso no ayuda la modernez que supone, por un lado,
componer una banda sonora que no es más que la deconstrucción de un viejo hit
de Hip-hop de los 90 (el “I got 5 on it” de los Luniz) o que en momentos de máxima
tensión el director se las apañe para que suene el “Fuck The Police” de N.W.A.
a toda pastilla, consiguiendo así, más que un efecto narrativo o estilístico,
una distracción para el espectador. Por lo demás, falla más que una escopeta de
feria. Y es que el principal problema de esta película radica en que Peele
tiene muy presente su primera película (de hecho, los mentideros de Internet
especulan con la idea de que ambas películas transcurren en un mismo universo)
y en lugar de querer hacer otra película distinta, pretende hacer la misma pero
con otros ingredientes. Es como si a una pizza de peperoni le quitas el
peperoni y en su lugar le pones judías verdes; el resultado, probablemente sea
comestible porque la base es sólida, pero no necesariamente tiene que estar
rico. Con lo cual, nos pasamos más de una hora deseando que la película se
acabe.
Al margen de eso, y para seguir tendencias, al arranque que
amenaza con buenas dosis de postmodernismo (que por suerte no llega a
eclosionar) hay que destacarle extraños guiños ochenteros en forma de cintas de
VHS que van desde “C.H.U.D” o “Un genio con dos cerebros” a obviedades
como “Los Goonies” y “Pesadilla en Elm
Street”, así como el “Thriller” de Michael Jackson. Guiños, extraños o no, que
puestos ahí concienzudamente, se quedan en la mera presencia de objetos en
pantalla si tenemos en cuenta que, por otro lado, para poner en situación a sus
actores, Peele les hizo ver, a la Lupita
Nyong’o y al Winston Duke, películas de terror como por ejemplo “Babadook”, “It
Follows”o “Déjame entrar”, todas pretenciosas muestras del terror actual más
sofisticado y repetable, por lo que, como autor de películas de terror, está
claro que Jordan Peele no acaba de aclararse. Una pena. ¿Remontará con la
siguiente? Y es que, aunque está claro que se siente la mar de a gusto en su
rol de comediante reciclado a director de cine de terror, me temo que donde
quizás podamos ver a un Jordan Peele en plena forma, sea en una comedia. A
saber, que tan solo ha hecho dos películas.
Y si me permiten el apunte racista, en el cine de terror, en
atmósferas oscuras, los negros quedan fatal: no se les ve.
martes, 12 de agosto de 2008
SHEITAN
Los gabachos se están poniendo buenas pilas a la hora de hacer películas de género.Kim Chapiron dirige esta película, centrándose sobretodo en el aspecto visual y el montaje.
Tras una reyerta en una discoteca, unos jóvenes van con unas chicas que acaban de conocer a la casa de campo donde habitan. Al llegar se encuentran con el siniestro guardés y otros extraños seres, mezcla entre deformes y retrasados mentales.
La película realmente no cuenta nada demasiado interesante. Además, cuesta comprender lo que está pasando, y el terror tarda en llegar demasiado. Hasta el ultimo cuarto de hora no hay nada de chicha. Eso sí, mientras la estamos viendo, nos acompaña la sensación de que nos van a sorprender y, sobretodo, va a dar mucho miedo... pero jamás ocurre.
Da igual, porque estéticamente es un hostiazo en toda la cara, y está bastante entretenida, gracias en parte a la exageradísima sobreactuación de Vincent Cassel y los diálogos, totalmente machistas y violentos.
Los chavales caen mal, pero no por cursis o babosos, sino porque, al contrario de lo que pasa en las películas americanas, aquí son una autentica panda de cabrones que gritan, roban, buscan camorra y practican el vandalismo. Todo ello acompañado con lo mas granado del Hip-Hop francés como banda sonora.
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