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martes, 5 de abril de 2011

EL SECRETO DE LA MOMIA EGIPCIA

Tremendo infraproducto español  de los años setenta en co-producción con Francia, absolutamente incompetente y cutre. No cumple ni con los mínimos requisitos para que, por mala, pueda considerarse buena. No obstante, sí cuenta con dos o tres (o cuatro o cinco) momentos que, en compañía, garantizan solaz.
Un policía llega a un castillo haciéndose pasar por egiptólogo 
para no sabemos qué (todo esto en otra época, que no logro asociar). Una vez allí, el dueño del castillo hace alarde de sus poderes mentales, y le cuenta lo que sucedió en el lugar por culpa de una momia, hija de no sé quién, que hizo muchas fechorías.
El grueso de la película es un compendio de escenas mal hiladas unas con otras, en las que vemos a un señor con pinta de travesti (en realidad, la momia) matando con palos candentes, golpes de karate y mordiscos, a una serie de señoritas que pululan por ahí, no sin antes haberlas metido mano, perseguirlas montado a caballo, azotarlas con un látigo o intentar violarlas.
Obviamente, el comportamiento de esta momia es debido a que, para sobrevivir, necesita beber sangra humana, por lo que además de karateca, maltratadora, violadora y jinete, esta momia también es vampiro.
No se dejen engañar por mi comentario, todas estas cosas suceden, sí, pero expuestas sobre el papel son mucho mas divertidas que durante hora y media de visionado. La película es absolutamente insoportable, aunque si yo pude con ella, ustedes también podrán.
No ayuda a combatir ese aburrimiento el hecho de que sea prácticamente muda. Hay diálogos, pero pocos, muy pocos, y para que comprendamos lo que ocurre en escena, una voz en off nos lo va explicando. Absolutamente demencial.
Con todo, el momento más hilarante está casi al principio, cuando el dueño del castillo convierte un palo de madera en una serpiente, ante la atenta mirada de asco del policía/ egiptólogo, interpretado por Frank Braña. Pone dos veces esa misma cara de asco, y esto es solo porque en el montaje
 decidieron repetir plano dos veces. Pero es que la serpiente, una cobra, es de goma, y permanece totalmente inmóvil, hasta que con el stop-motion más chabacano que se puedan imaginar, consiguen moverla con resultados patéticos. Parece una serpiente (de goma) parapléjica.
Por otro lado, hay planos en los que se ve claramente que el actor está esperando a que el director, un tal Alejandro Martí firmando para el extranjero como Ken Ruder -antes de "El secreto de la momia Egipcia" hizo una cosa titulada "Elisabeth"-, de la orden de "Acción" y, así, comenzar a soltar sus escuetos diálogos. Braña aparte, localizamos a Michael Flynn y Teresa Gimpera como los más destacables.

viernes, 23 de mayo de 2014

LA MANSIÓN DE CTHULHU

En general, Juan Piquer Simón no ha hecho más que caquitas. Eso que le quede claro a sus fans. Porque de un buen puñado de películas, solo dos de ellas son más o menos dignas, “Slugs” y “La Grieta”. Y serian más o menos dignas porque parecen "series B" americanas cutrecillas, pero no porque sean grandes películas. Porque si nos ponemos cabezones, la verdad es que no hay ni un solo “maestro del terror” a nivel nacional. Y cuando digo ni uno, me refiero a que el fantástico español en general es una mierda… y es por eso que lo adoro.
Pero en el caso de Piquer Simón, que tanto dinero acumuló con sus películas en las taquillas americanas –aunque solo fuera porque la gente iba a reírse de ellas-  es el caso de una decadencia absoluta. Resulta difícil creer que tras “Slugs” y “La Grieta”, Simón rodara una serie de películas tan, tan, tan malas.  Pasó de ser un director de género aceptable y digno, a ser el puto ñordo hasta que falleció, siendo, probablemente, uno de sus mayores despropósitos este “La Mansión de Cthulhu”  que nos ocupa.
La cosa va de unos macarras que, por tema de cocaína y un asesinato a sus espaldas en un parque de atracciones, acaban raptando a un mago y a su familia durante la huida, y recalando en una mansión en cuyo interior se suceden una serie de fenómenos extraños que darán cuenta de todos y cada uno de ellos.
No hay mucho que decir, la verdad. Una historia lineal con personajes planos que van muriendo a lo largo del metraje. Y si algo salvo de este trocito de mierda blandurria, serían los maquillajes y los f/x, que, simpáticos y artesanales, no causan el efecto que deberían por culpa de una realización del todo incompetente. Y es que Piquer Simón despertaba mis simpatías, pero, a la vista de cualquiera está que era muy limitadito.
Me resulta especialmente graciosa toda la primera parte de la película, puesto que está rodada en el desaparecido parque de atracciones del centro comercial “Parque Sur” en Leganés, lugar este de corta vida y que, con sus cuatro atracciones, y  el estilo de estas, era más parecido a una feria de barriada. No obstante, siendo reconocible todo ello, incluido el gran cartelón de “Norauto” que a principios de los noventa portaba dicho centro comercial, le confiere a la película un tono aún más cutre del que ya de por si tenía, y te llevas las manos a la cabeza cuando descubres que esta película se rodó con la vista más en los USA que en España, y ya te tienes que deshuevar de la risa cuando una de las escenas se sucede justo delante del puesto de perritos calientes que había allí, cuyos carteles de “Hot Dog” estaban en Inglés, para que diera un poquito el pego. Así pues, es muy divertido, también, como el “segurata”, de look totalmente español, se refiere a sus compañeros del parque de atracciones con nombres Ingleses. Tremendo.
Y si bien esta primera parte de la película me hace más o menos gracia, también es verdad que cuando ha de venir lo bueno, cuando el grupito de protagonistas se adentra en la mansión, la cosa se torna soporífera, y el aburrimiento más asesino hace acto de presencia, jodiéndose la diversión. Ni tan siquiera unas muertes, más o menos, burras, salvan la película de la quema. Un horror.
Por otro lado decir que los fans de H.P. Lovecraft en particular, y el fandom en general, ponen en Internet el grito en el cielo porque "Cthulhu" no aparece en todo el metraje... ¡Ja! Como si ese fuese su principal problema. Ignorantes… que no salga el bicho, intuyo, es que porque no había ni una peseta para construirlo.
A nivel comercial, en un principio, tenía que distribuirla en cines “Lauren Films”, pero, conscientes de que esto era un desbarajuste que no solo no les iba a proporcionar dinero, sino que se podían reír de ellos el resto de distribuidores, aplazaron su estreno en salas hasta tal punto que nunca llegó, saliendo directamente en vídeo, y con las copias contadas. No obstante, algún pase con entrada al público se debió dar, ya que los datos del ministerio indican que recaudó 5, 71 € aportados por 5 espectadores. Sería el típico pase para justificar en estreno.
En USA, tuvo similar distribución, pero no le fue mucho mejor que aquí.
El principio de la decadencia de Juan Piquer Simón… ¿o eso fue con “Viaje al centro de la tierra?
En el reparto tenemos a Frank Finlay  que vimos en “Lifeforce” pero que estuvo toda su vida en mierdecillas y series de televisión, Luis Fernando Alvés, que ahora mismo no recuerdo qué programa de "Tele 5" presentaba en los 90,  Frank Braña, que no habla y Emilio Linder, cuya aparición es vista y no vista… le matan a navajazos dentro de una atracción a los tres minutos de arrancar el pestiño.
Insufrible.

sábado, 6 de diciembre de 2025

YELLOW HAIR Y PECOS KID

A mediados de los ochenta, el realizador Matt Cimber (Cimbrel para los amigos, con un currículum colorido repleto de "explotación" de variada naturaleza, como "Africanus Sexualis (Black Is Beautiful)", "La marca de la mariposa" -el otro delirante vehículo de ¿lucimiento? para Pia Zadora-, "El Vengador" -co-dirigida con Joe Tornatore- o "The Witch Who Came from the Sea" ejerciendo de su aportación al terror) y Laurene Landon (ex pareja / musa de Larry Cohen), se vinieron con sus cámaras a las Españas para rodar un par de producciones, por aquello de abaratar costes. La primera fue una -según recuerdo- aburrida revisión femenina de "Conan, el bárbaro" titulada "Hundra". La siguiente, esta "Yellow Hair y Pecos Kid", que con la excusa de mandar un guiño afectuoso a los viejos seriales del oeste (la nostalgia de 1984), en realidad se sube al carro del "Indianajonismo", tan en boga durante el periodo (aunque, bien mirado, también este tomaba a los viejos seriales como referente). En USA fue rebautizada "Yellow Hair y la fortaleza de oro", con una Landon sujetando un látigo que no usa en toda la película y, también, luciendo un par de ubres bastante gruesas que nada tienen que ver con su, más bien escasa, genuina "pechonalidad". Este asunto fue igualmente explotado en Alemania, donde la muchacha sale representada en la ilustración mucho más desnuda y carnosa de lo que es, acompañada de otro título sin desperdicio, "El templo del oro sangriento". Aunque pa cero sutilidades mercantiles, los franchutes y su "En busca del sol de oro", toma ya. Raro rarísimo que, por una vez, España tirara de honestidad mostrándola como lo que mayormente es, un western. Tal vez el ser país productor despertó sus conciencias.
¿Qué significa pues la adscripción al formato de indios y vaqueros? que pasaron unas cuantas semanas sacándole todo el suco posible a Almería -y demás-, sus decorados y sus escenarios, cosa que por entonces era bastante habitual (tal y como se vio en "Esos locos cuatreros" o una peli con la que, espiritualmente y por lo del látigo inexistente para el cartel, la reseñada guarda puntos en común, "Tex y el señor de los abismos"). Así, la galería de rostros patrios habituales en esta clase de movidas son los tan recurrentes entonces como entrañables, dándole un especial protagonismo a Luis Lorenzo cual terrateniente (y sí, con inevitable remalazo homosexualista... vamos, la especialidad de la casa. Ríanse ustedes del encasillamiento), a Aldo Sambrell como su matón de confianza, a Frank Braña mostrando pelo en pecho y, rematando la jugada, Eduardo Fajardo y Ramiro Oliveros. A la Landon (la "Yellow Hair" del título) la acompaña la blanquísima dentadura de Ken Roberson como "Pecos Kid", un tipo que fue engatusado por Matt Cimber para invertir en el film dos millones de su "buchaca", imagino que prometiéndole fama y gloria (todo pinta a que era un niño rico con ganas de ser actor y, en fin, ingenuamente vio ahí una oportunidad). Luego hizo otra y nunca más se supo. Todo un misterio. La dupla protagónica unirá fuerzas para localizar un templo perdido repleto del preciado metal dorado y protegido por una panda de indios, a la par que son perseguidos por los mexicanos malos de rigor, uno de ellos responsable de la muerte de la "anciana" india que crió a la pelos amarillos.
En favor de "Yellow Hair y Pecos Kid" podemos hablar de un aprovechamiento más que notable de los medios disponibles y una capacidad decente de Matt Cimber por dar forma a las imágenes y, especialmente, las escenas de acción, donde nuestros aguerridos especialistas se lucen y dejan la piel. Vamos, que la peli no se ve excesivamente pobretona. Lástima que la historia es bastante simple y, bueno, que a mi el western no me tira... por eso he vibrado subzero durante el visionado, pero, al menos, la terminé sin ensuciar los calzoncillos, lo que ya es algo. Sorprende cierta violencia tirando a gráfica -especialmente porque, se supone, estamos ante una película destinada a plateas juveniles, sino infantiles- y no sorprende el mal trato real contra sendas bestias, sobre todo serpientes. Ya saben, era la época (y el país).
Se encarga del libreto el fascinante hombre de cine -más bien rancio- José Truchado. En los efectos especiales, otro clásico, Carlo de Marchis.
Supongo que a "Yellow Hair..." le pasó lo mismo que a todos esos intentos de recuperar el western durante los años ochenta. No coló. Se veía algo anticuado y al espectador "teen", que era el que mandaba en taquilla (es decir, los que mandábamos), no le interesaba. Así, el Cimbrel y la Landon hicieron las maletas y regresaron a los USA donde siguieron intentándolo, pero por separado.

lunes, 21 de febrero de 2011

NECROPHAGUS

Atraído por el culto que se le profesa a esta extraña película decidí verla, comprendiendo así que, aunque curiosa, tampoco destaca demasiado en ningún aspecto, y que el “culto” que se les dedica a según que pelis, no solo es cuestionable, también incomprensible, e incluso aleatorio. Supongo que dependerá de ciertos factores. En todo caso, alguien debió valorar el mal desarrollo de la historia, el no saber contarla (existe la posibilidad del poco entendimiento por mi parte, que no creo), y una ejecución torpe del montaje. Nada que no haya visto antes en otra película, y en proporciones más desmesuradas.
Un individuo al que se le muere la mujer, acude a un pueblo para ver por que ha ocurrido ello (¿?). A otro individuo le entierran vivo, y regresa de la tumba convertido en un monstruo verde, absurdo y ridículo, que poco o nada tiene que ver con el que vemos en el maravilloso póster. Entre medias, tipos con máscaras corren de aquí para allá, acosando al protagonista sin saber por que. No alcanzo a comprender nada más. Ustedes disculpen mi torpeza mental… o discúlpensela al responsable de semejante cosa.
A estas alturas ya sabrán de mi debilidad hacia este tipo de productos, pero esta vez no he sabido encontrarle la gracia. El aliciente para ser tenida en cuenta (a niveles "malos pero divertidos"), es que no te enteras de nada, aunque poco más. Vale, el monstruo es totalmente risible, pero nada que a estas alturas sorprenda. Y por lo demás, ni es especialmente mala, ni sobresale en otros aspectos comentables. Ritmo nulo y aburrimiento. Nada más.
En el reparto, Bill Curran, actor de tercera categoría que intervino en unas pocas películas de cuarta categoría, hizo un cameo en la serie "Yo espía" y es poseedor de un carisma de quinta categoría. Le secundan los imprescindibles (y motivo por el que justificar un visionado de esto) Víctor Israel y Frank Braña.
En las tareas de dirección, Miguel Madrid a.k.a. Michael Skaife, que también dirigió las mitiquísimas "El asesino de muñecas" y "Bacanal en directo", para nunca jamás realizar ninguna otra película. Falleció en 1996.

lunes, 3 de marzo de 2014

LOS CANTABROS

Paul Naschy, desde luego, tenía una afición enorme al género, al que fuera. Y como en salas de cine estaba siendo un taquillaza “Conan, el Bárbaro” se rodó el solito una película extraña a más no poder. Digamos que se trata de un “Exploitation” de “Conan”, customizado e hispanizado  Y si no lo es porque esto se basa en hechos históricos, digamos que es una apreciación subjetiva.
Cuenta la historia de  Corocotta, un guerrero Cántabro que luchó contra los ejércitos Romanos de  Marco Vespasiano Agripa cuando estos intentaban conquistar Hispania. Mientras Marco Vespasiano cae ante los encantos de las Cántabras que le seducen y traicionan, Corocotta ofrece su cabeza a cambio de la paz, la cual será negada, invitándole a perderla en combate.
Usando en la narración hechos históricos supuestamente reales, con otros ficticios - Corocotta es una suerte de Conan que trata con brujos a lo Gandalf y hechiceras- Naschy nos propone una mezcla entre “Peplum” y “Espada y brujería” rodada con cuatro duros y de lo más mediocre, en el sentido más estricto de la palabra. Con ello quiero decir que  es una locura rodar una epopeya tan grande como la que rodó el amigo Molina, supongo que con dos duros. Porque las tenía todas para que esto fuera un film altamente ridículo y risible, que visto a día de hoy, causara la solaz del espectador más desinhibido. Sin embargo, en ese sentido es más que digna; buen vestuario, buena ambientación, algún escenario penoso, si… pero no es lo suficientemente mala para causar la risa, ni tan buena como para tenerla en cuenta. Es bastante mala, porque se hace eterna, porque no tiene ritmo, porque los actores están todos espantosos, porque toda ella se compone de largos diálogos y porque, para no mostrarnos la batalla final, una voz en of nos la cuenta…  termina la película y te quedas igual que estabas. O sea, una película mediocre.
Incluso, resultan totalmente inofensivos, los insertos de comedia en la primera mitad de la película… Cántabros y romanos sueltan todo tipo de gags pretendidamente graciosos – no lo consiguen- sin saber a santo de qué, para luego dejar la comedia a un lado en pro del drama más descarnado y las coreografías de batalla menos curradas.
Mediocre, tanto, que en su momento fueron a verla a salas, tan solo 120.000 espectadores. No es la película de Naschy que menos ha recaudado, pero si bastante poco. Aunque insisto, la mayoría del cine español actual, no alcanza esa cifra de espectadores.
Es tan sosa la puta peli, que siquiera nos aburrimos; se aguanta con dignidad.
Con mogollón de actores en la película, esta cuenta con media plana mayor de interpretes habituales del cine más zetoso “Made in Spain”, esto es, tenemos ahí, haciendo, o bien de Cántabros o bien de Romanos, a célebres y entrañables actores de la talla de  Ricardo Palacios (“El pecador impecable”, “Leviatán”), Alfredo Mayo (“Poppers”, “El Cid Cabreador”), Verónica Míriel ( “Perros Callejeros II”, “¿Yahora qué, señor fiscal?”), Andrés Resino (“Regreso del más allá”, “La mansiónde la niebla”) Frank Braña, Jenny Llada, Blanca Estrada, David Rocha…  incluso otros ilustres a los que ni vemos en  la pantalla, cumpliendo sus papeles de extra, como puedan ser Paloma Hurtado, o Antonio Mayans, que creo (solo creo) que es uno de los gladiadores cuyo casco impide que le veamos el rostro. Ahora, acreditado está. Todo esto capitaneado por un Paul Naschy, que luce peluca rizada bastante cantosa, luce piernacas bajo la toga y se reserva las escenas íntimas con las féminas.
Como director Paul Naschy no era tan paquete como actuando, y quizás por eso, esta película resulta tan insípida.

jueves, 21 de febrero de 2013

SLUGS, MUERTE VISCOSA

De chaval andaba obsesionado con esta peli bastante antes de su estreno. Me compré la novela original de Shaun Hutson... pero nunca me la leí entera. Ya he dicho varias veces que no soy mucho de novelas... y menos entonces, algo de lo que, en parte, me arrepiento porque, según me consta, el libro le da mil patadas en todos los aspectos, incluido el elemento hemoglobiníaco.
En aquellos tiempos, obviamente, conocía perfectamente a Juan Piquer Simón. De hecho, era un fan acérrimo, me encantaban sus pelis, especialmente "Mil gritos tiene la noche" y "Supersonic Man", así que no me quedaba excusa para no acudir corriendo al estreno en salas de "Slugs, muerte viscosa" (y menos con ese mítico cartelazo!!). Y eso hice. Me encantó, claro, me flipó. Y no solo a mi, por lo visto la cosa funcionó un rato bien, tanto como para que el mismo equipo la emprendiera luego con "La grieta", que no les quedó tan bien. Desde entonces, la he visto varias veces y la conservaba con afecto en formato VHS. Ayer, tras leer una reseña en una web yankee, me dije: "Hace mucho que no la veo, y hace mucho que nada me motiva para ponerme a escribir en el puto blog". Estaba cantado que había llegado el momento.
Bien, todos conocéis la historia. Y si no, tampoco es que sea muy complicada. Unas babosas mutadas gracias a desechos químicos, le pillan gusto a la carne, y deciden invadir un pueblo de las américas y papearse a todo aquel incauto que se ponga a tiro. El prota, que curra en cosas esas de salud y medio ambiente, descubre el pastel y pide ayuda a las autoridades que, como es de ley, le ignoran, por lo que decidirá arreglar el entuerto a su rollo (vamos, como cualquier producto del "Syfy Channel", pero por entonces estas historias aún eran lo suficientemente respetables como para llegar a las salas de estreno).
Desde los inicios de su carrera, Juan Piquer andaba obsesionado con darle a sus películas un aire yanki, en todos los aspectos, incluidos su look y acabado. Pues bien, con "Slugs" era la primera vez que lo conseguía... y muy bien. Realmente, y salvo por caras bien reconocibles del género fantástico/zetoso hispano como las de Emilio Linder, Patty Shepard o Frank Braña, la puta peli da el pego perfectamente. Ganó el "Goya" a los mejores efectos especiales y no es para menos, pues la verdad es que están muy conseguidos, y no solo por las babosas y las notables secuencias de "gore" y destete, también por las maquetas explotando y demás (o el maravilloso plano de la babosa dándole un muerdo al dedo del protagonista). Porque sí, amigos, algo que destacaba mucho en su momento era la generosa dosis de truculencia, abiertamente desplegada en algunos momentos tan míticos como cuando al pobre Emilio Linder le estallan los ojos o el jardinero que se amputa la mano tras percatarse de que dentro del guante hay una babosa "asisina".... ambas, todo hay que decirlo, inverosímiles y notablemente mal ejecutadas, pero no por ello menos impactantes. Con todo (y ahora vienen los palos), hay que reconocer que no es tan "gore" como la recordaba en su época y, más importante, toda "Slugs" resulta muy zopenca. Que sí, que lo es, especialmente sus diálogos tontolavas y la mayoría de las situaciones descritas, por cómo se desarrollan, el poco gracejo que desprenden y la nula naturalidad. Hay fragmentos que son totalmente prescindibles, puestos ahí para alargar metraje (como el intento de violación de la adolescente) y todo es como muy almidonado. Sin embargo, y aunque ustedes no lo crean, estos palos son cariñosos. Cuando terminó me dije "Joder, que mala es!" (sobre todo por ese tramo final que se alarga y no termina nunca), pero lo hice con una sonrisa y, bueno, después de todo, no resulta TAN insoportable (de hecho, creo que "Mil gritos tiene la noche" y, sobre todo, "Supersonic Man", son bastante peor), así que, en fin, dejémoslo en una patochada simpática que, como los donuts o los haagen dazs, es mejor consumir muy de vez en cuando y consciente de lo malos que son para tu salud (en este caso, mental).

Hubo un intento de segunda parte (recordemos que también existe en formato escrito), pero finalmente no llegó a buen puerto. ¿Podemos decir aquello de "Lástima"?. A saber....

viernes, 2 de enero de 2009

PERROS CALLEJEROS

"Perros Callejeros" es el título más popular de las llamadas “películas de maleantes”.
Las andanzas y desventuras de “El Vaquilla” dirigidas por el obsesionado en la materia José Antonio De La Loma, e interpretadas por Ángel Fernández Franco, alias “El Corneta”. Para la ocasión, este fue bautizado como “El Torete”, y el papel de “El Corneta” lo hizo un tal Jesús Martínez. Un lío de pelotas, que en la secuela sería aún mayor.
El caso es que esta película fue un éxito sin precedentes, que desencadenó un aluvión de secuelas, plagios y productos de temática similar, llegando a generarse una continuación bastarda proveniente de México, "El regreso de los perros callejeros".
"Perros Callejeros" cuenta con un ritmo trepidante y unas persecuciones de coches antológicas. Mezclando realidad con ficción. Para la posteridad quedará esa escena chunguísima en la que el gitano “El Esquinao”, interpretado por un convincente Frank Braña, le corta 
con una navaja de afeitar el rabo al "Torete" para evitar que le desvirgue a medio barrio. Sexo, violencia, robos... la única pega que le pongo es que, siendo un dato conocido que estos jóvenes eran en su mayoría (y el "Torete" en particular) adictos a la heroína, omitan el tema. Supongo que para lograr que esta gentuza le cayera simpática al público. Tuvo que ser el mas osado Eloy de La Iglesia el que, unos años después con "El Pico", se atreviera a reflejar las adicciones más chungas, con protas menos ladrones pero más drogatas.
"Perros Callejeros" ha sobrevivido al paso de los años estupendamente. Tres décadas después de su estreno, sigue siendo fresca y electrizante. Eso sí, De La Loma trató de hacer de estos delincuentes héroes. Incluso el que daba vida al "Torete", en la siguiente -"Yo, el Vaquilla"- interpretó a un abogado, como todo un señor actor. Pero no coló, acabaron todos como tenían que acabar: Muertos por distintos motivos, aunque ninguno de forma natural. Y de héroes nada, la peli está muy bien, pero no me gustaría encontrarme con ninguno de estos macarras frente a frente.
Fue tal el éxito que en los USA la editaron en vídeo como "Street Warriors" y una caratula que nada tenía que ver con el cartel original.

viernes, 9 de diciembre de 2016

GOMA 2

Una de esas películas de José Antonio de la Loma, esta vez en coproducción con México, que al margen de sus más populares –y mejores- películas adscritas al “Cine Quinqui”, resultan ser todas un coñazo de padre y muy señor mío, amén de estar rodadas con el culo, por un lado, montadas con los muñones por otro, por parte del hijo de Don de la Loma, José Antonio de la Loma Jr.
Al igual que en “Escuadrón”, el único atractivo que tiene esta “Goma -2” es el reparto internacional en decadencia que servía a de la Loma para vender su película por esos otros países de Dios. Algo natural y lógico, incluso con “Amor de hombre” que contaba de aquella manera la vida del abuelo de de la Loma.
Pero en “Goma- 2” el internacionalismo, está de más. Primero porque es un zurullo tan chabacano que de poco sirve tener por ahí caras en su momento conocidas, y segundo porque explota las posibilidades cinematográficas de dos conceptos muy de aquí; por un lado ETA, por otro, los camiones de naranjas volcados por los franceses. Una práctica muy de los años ochenta.
Con todo, la película se vendió en el mercado internacional con varios títulos, siendo uno de ellos de lo más cachondo: “The Killing Machine”.
Cuenta la historia de un ex etarra que se retira del comando militar. Así pues, en su nueva vida se vuelve camionero. Por otro lado, está enrollado con una muchachita con la que tiene planes de futuro, pero sus ex compañeros, con el fin de matarle a él por traidor, hacen explotar su camión, con tan mala suerte que, en lugar de estar él en su interior, lo está su novia… por lo que muere reventada, lógicamente.
Un horroroso gerifalte detrás de las mafias que vuelcan los camiones de frutas españolas, en el juicio contra los asesinos,  le da la vuelta al asunto para que absuelvan a los asesinos y no cumplan condena, hecho este que cabreará a nuestro protagonista, que se tomará la justicia por su mano, ayudado por el joven que le ayuda con la carga del camión.
Menuda bizarrada de argumento y de conceptos.
Huelga decir, lo mala que es la dichosa película, los problemas que tiene con su desarrollo mismo y la cantidad de errores de raccord y de continuidad que tiene, lo que acarrea, no pocas dosis de humor involuntario que en cualquier caso, no son las suficientes como para soportar con alegría el visionado, así como tampoco convierte esta película en una cosa curiosa. Sencillamente, “Goma-2” es tan mala que la ves y te quedas como estabas. Ni chicha ni limoná.
Sin embargo, no deja de ser interesante ver la cantidad ce caras conocidas e los umbrales del paro que aparecen en la película; Por un lado, como el malo maloso de la cinta tenemos a un Lee Van Cleef sacado prácticamente de la tumba, que acomete su función con muy poquitas ganas y sin expresividad alguna. Como si la mierda en la que estaba interviniendo para pagarse la morfina le importara tres mierdas. Por otro, como el ex etarra protagonista, Txema Basterreneche, tenemos a George Rivero, actor Méxicano de tercera al que pudimos ver de secundario en películas de primer orden, como “Rio Lobo”, por poner un ejemplo. Completarían el reparto Margaux Hemingwey, sí, la que las espichó antes de tiempo y a la que hemos visto en toda suerte de putas mierdas. Sin ir más lejos, “Lapiz de labios” o “Voracidad”. El compañero de aventuras del etarra, sería Willie Aames, que aspiraba a convertirse en el nuevo ídolo adolescente de los estados unidos cuando apareció en “Paraíso”, aquél descarado plagio de “El Lago Azúl”, pero que se quedó para vestir toda clase de santos. Algunos de ellos tan cojonudos como “Movida en la Universidad” o “Cut and Run” de Deodato. También de vasco –llamado Koldo-  haría el mítico Hugo Stiglitz, y en la parte nacional del cast tenemos al habitual de las pelis de José Antonio de la Loma, Frank Braña, Aldo Sambrell o una guapísima, jóven, pizpireta y espantosa actriz Ana Obregón, que se antoja lo mejor de la película, entre otras cosas porque, probablemente por culpa de los malos formatos del telecinado, hay un momento en el que le podemos ver sus recauchutadas tetas de silicona, eso si, si damos a la pausa, porque en pantalla no están más de un segundo.
Como me gusta la carrera como actriz de la Obregón. Lastima que por culpa del “Nuevo cine español” quedara como una apestada por la industria más intelectual que se impuso ya a finales de los ochenta.
Y eso es todo, la gracia de poder ver este exótico reparto en una película tan chapucera como esta, y poco más. De lo peor de de la Loma.

lunes, 8 de agosto de 2011

GORILAS A TODO RITMO

Mis sucias retinas, ya están contaminadas y acostumbradas a todo tipo de infectos Films. Hay días, que tengo la total seguridad de que nada me va a sorprender. Gracias al cielo, esto nunca es así. Por los motivos que sean, siempre acabo dando con aquella película que me haga abrir bien los ojos, abrir la boca y llevarme las manos a la cabeza. GORILAS A TODO RITMO, es la astracanada mas grande que he visto en lustros. Es una estupidez supina. No concibo que alguien quisiera llevar a buen puerto una chorrada tan grande como esta. Y lo que es más gracioso, con unos niveles técnicos, nada desdeñables para lo que suelen ser estas cosas.
Una fotógrafa de acción, es enviada a la selva, con el fin de encontrar a un tal Freddy, un individuo que años atrás tuvo un accidente aéreo y se quedó allí convirtiéndose en una especie de Tarzán. Durante el periplo, La fotógrafa topa con una especie de aventureros/mercenarios, que se ofrecen a llevarle al lugar donde se supone está el “Tarzanete” de marras, pero con la verdadera intención de cazar gorilas.
A priori, el argumento no es para nada desquiciado, o delirante, pero los diálogos, situaciones y chistes que se suceden entre medias, si que lo son, pero además, llevados al extremo en cuanto infantilismo y tontería.
Para empezar: Los gorilas a los que hace alusión el título; son señores disfrazados, pero además sin ningún tipo de disimulo, y cada vez que estos hacen acto de presencia, suena una musiquilla humorística que acompaña sus cucamonas, con lo que queda patente, que la intención es la de que este hecho haga gracia. En otra secuencia, en plena expedición, la fotógrafa y el líder de los mercenarios se topan con un enorme negro de tribu con el atavío correspondiente que se está partiendo el culo. Este momento me hizo especial gracia, por lo demencial del asunto: El negro se queda mirando al mercenario y le dice “Por favor, quédese con mi mujer” y acto seguido, comienza a contarle chistes de lo mas machistas y políticamente incorrectos. “Quien es este payaso”, dice el mercenario. Por otro lado, el tal Freddy –presente en el título internacional de la película, FREDDY OF THE JUNGLE- es un viejecillo hecho polvo que saca moya teniendo nada más que pellejo, y que se dedica a hacer shows selváticos para los turistas. Las cotas de surrealismo se multiplican, cuando comprobamos que cuando nuestro protas llegan al poblado, este representa una corte romana llena de amazonas con toga y todas esas parafernalias. Añadan a esto, diálogos estúpidos, montones de imágenes de archivo sacadas de algún documental, el grupo de mercenarios que parecen los “Village People” (uno con parche, un indio, y un tartamudo, son los mas destacados), un poco de destape y situaciones tan tontas, que son inenarrables. Todo esto, bañado con la historetita de amor de turno entre la fotógrafa y el hijo del Tarzán hecho polvo, que si se la hubieran ahorrado, eso que hubiera ganado la película.
En definitiva, la chorrada mas grande que ha parido madre. Hay que verla, pero si no se ve, tampoco pasa nada.
Rodada en Miami, montada con brío, no del todo mal dirigida y presumiblemente rodada en Inglés, en el reparto tenemos a Victoria Vera como la fotógrafa, el mitiquísimo Frank Braña como el jefe de los mercenarios o Alejandro de Enciso (MIL GRITOS TIENE LA NOCHE, MARTES Y 13 NI TE CASES NI TE EMBARQUES) como el mercenario tartaja.
Dirige la función, un tal Sebastian Almeida, un hombre de cine, sin demasiados trabajos destacables, según Imdb.

sábado, 27 de noviembre de 2010

LOS PERVERSOS ROSTROS DE VÍCTOR ISRAEL

Dos fanzineros de pro, expertos en todos aquellos temas de los que suelen hablar en sus respectivas ediciones, Diego López y David Pizarro ("El buque maldito" y "Diabolik" respectivamente), deciden poner en marcha un homenaje en forma de imágenes a Víctor Israel, recientemente fallecido, de unos diez minutos de duración. Tienen los contactos y, sobre todo las ganas, por lo que, poco a poco, el pequeño homenaje termina convirtiéndose en todo un señor documental. Uno sobre la vida y obra de un secundario versátil como pocos, y rostro reconocible a nivel europeo, e incluso me atrevo a decir a nivel internacional, y que nos deja un legado de películas de todo tipo de género. La cosa se desarrolla a base de declaraciones y anécdotas que cuentan directores que le han dirigido, actores que han trabajado con él, familia y amigos.
Me gusta que se le dedique un documental a tan insigne actor, uno que siempre estuvo ahí, pero, quizás no estuvo del todo aprovechado. Si las opciones a la hora de ponerse a hacer un documental eran amplias, que se haga sobre alguien tan constante y presente en nuestro cine de género me parece un acierto.
Sin demasiadas estridencias en una vida dedicada al cine, siempre se destaca la bondad, saber hacer, cara y maneras de Víctor Israel, con declaraciones de, entre otros muchísimos, Antonio Mayans, Miguel Iglesias Bonns, Bernard Seray, Frank Braña, Alfred Lucchetti, Santiago Lapeira, o, para deleite de sus fans, Germán Monzó que da señales de vida y cuenta algunas anécdotas de las más celebradas.
Una de las propuestas más interesantes y documentadas sobre un actor secundario, de las muchas donde elegir en el circuito festivalero de este año. Amen de cómo está todo hilado, el montaje, ritmo y selección de escenas. Un gran trabajo por parte de estos dos eruditos del género.

jueves, 1 de enero de 2009

YO, EL VAQUILLA

Con el tema de la prensa especializada, a este tipo de películas que tenían como exponentes potenciales a Eloy de la Iglesia y Jose Antonio de la Loma, se le bautizó con la etiqueta de “Cine Quinqui”. Bueno, la etiqueta no está mal puesta, porque según el diccionario de la real academia, un “Quinqui” es una persona de ambiente marginal. Pero también es una palabra que proviene de la palabra “quincallero”, que es el que recoge la quincalla. ¿Que qué es la quincalla? Pues la chatarra. Y que yo sepa, en estas películas, salvo “El Lute” y el protagonista de la que nos ocupa “El Vaquilla”, al resto no se les ve recoger ni fabricar mucha quincalla.
A lo que voy es que, hasta que no empezaron a escribir sobre estas películas protagonizadas por delincuentes reales 
en fanzines y revistas, no se les llamaba “de cine Quinqui”, si no mas bien “películas de maleantes”. O, al menos, así lo hacía mi padre. Por otro lado, yo soy fan de este material, y llevo días repasando algunas de ellas, así que, en adelante, me referiré a estas como “películas de maleantes”.
Bien, pues "Yo, el Vaquilla", que ahora acaba de salir (por fin) en DVD y he comprado sin importarme el abusivo precio, se rodó en una época en la que las películas de maleantes ya estaban perdiendo toda la fuerza y comercialidad de la que años antes gozaron, estamos hablando de 1985. Y aunque, a mi parecer, es de las mejores de cuantas se hicieron, la verdad es que, una vez vistas las anteriores, esta no tiene demasiado sentido. Las películas de "Perros Callejeros", aunque protagonizadas por “El Torete”, ya contaban las andanzas y fugas de “El Vaquilla”, con lo cual, en esta, vemos lo mismo de siempre: Tirones, atracos, persecuciones y tíos de treintaytantos años, payos, haciendo de gitanillos de dieciséis.
Lo que hace atractiva a esta peli, realmente, es el rol de narrador que le dan al propio "Vaquilla", que se supone está en la cárcel y es entrevistado por un periodista, para así dar pie al argumento. El ver al "Vaquilla" contando su historia con esa forma de actuar tan antinatural, hace que nos partamos el culo. Y mas cuando suelta frases profundas, que jamás de los jamases saldrían de la boca de semejante elemento.
En el reparto tenemos a un entrañable Frank Braña, al que se le da muy bien hacer de gitano, creo que en el primer papel en el que no está doblado y podemos oír su voz.
En la dirección, José Antonio de la Loma y José Antonio de la Loma Jr. que quería seguir los pasos de su puñetero padre. Hay quien dice que estas “películas de maleantes” son el equivalente Español a las de “blaxploitation”. Yo a todos esos les digo que no tienen ni puta idea ni de esto, ni de nada. ¿qué tendrá que ver un gitano de la barranquillas con un detective negro que sabe kung fu, mete hostias como panes y tiene un arsenal a su disposición...? Cuanto daño han hecho algunas revistas.

sábado, 21 de octubre de 2023

TEX Y EL SEÑOR DE LOS ABISMOS

Teniendo en cuenta que el western no me tira casi nada, y su versión italiana muchísimo menos, ¿qué demonios hago yo viendo y reseñando una "del ramo"? Pues porque hay una historia detrás que marca cierta diferencia. "Tex" es, junto a "Diabolik" y "Dylan Dog", uno de los astros indiscutibles del comic ítaloparlante. Supe de su existencia a raíz de que mi querida y recurrente prensa francesa hablara en sus páginas de "Tex e il signore degli abissi", la primera traslación a la gran pantalla, en carne y hueso, del personaje, encarnado además por alguien tan adecuado como el gran Giuliano Gemma y dirigida por un auténtico especialista, Duccio Tessari. ¿Y a qué se debía tal interés si, como digo, la cosa iba del oeste? Porque, tal y como lo vendían en Francia, parecía la enésima versión "exploitativa" de "Indiana Jones", más teniendo en cuenta que el film venía fechado nada menos que en 1985, cuando el western -espagueti o no- andaba casi casi bajo tierra (la gran excepción aquí sería "Silverado" de ese mismo año, pero ya me entienden) Así pues, aprovechando mi viaje de fin de curso a Italia, recorrí los quioscos de la zona buscando un tebeo de "Tex", hasta que lo encontré y me llevé una gran decepción al descubrir que eran las historias de indios y vaqueros tradicionales (nota: en uno de aquellos intentos, topé con un quiosquero veneciano que no me lo quiso vender por ser del país que era/soy. Además, entonces desconocía por completo que el personaje había sido editado en España) Por todo ello, cuando finalmente la película llegó a nuestros video-clubs, cortesía de "Vision Films Video", mi posible interés se había reducido a cero.
Hay que aclarar que lo del parentesco con "Indiana Jones" es exclusivamente cosa de uno de los carteles disponibles, gloriosamente ilustrado por E.Sciotti. Ahí aparece hasta con látigo -utensilio que "Tex" NO usa en la película-, y unas pintas más propias del famoso arqueólogo, metido en un especie de templo maldito. El cartel oficial es distinto, y no resulta tan tramposo, mucho más fidedigno al lenguaje genuino del western de toda la vida. Entonces, ¿el rollo "Indy" es cosa del aquí expuesto o está en el largometraje? Pues estar, está.
Al no haber leído con atención ningún tebeo de "Tex", no puedo afirmar ni negar que esos toques más fantasiosos sean cosa exclusiva del film. Pero algo me dice que fue una imposición de los productores, teniendo claro como tenían que, en plenos años 80, y con el cine Spielbergiano de aventuras fantásticas petándolo, era el único modo de encarar la materia si pretendían despertar el interés del público, especialmente el de tirón juvenil, bastante ajeno al western. No es la primera vez que lo vemos. Un caso muy muy parecido -y mucho más descarado- lo tenemos en la traslación del aviador británico de novela "Biggles" a la gran pantalla, metiéndolo en un berenjenal de ciencia-ficción nada propio de él.
En cualquier caso, la historia de "Tex y el señor de los abismos" gira en torno a un carro mangado repleto de rifles. Recurren al prota para localizarlo y castigar a los culpables. Entre medias, aparece una tribu de indios que odian al blanco invasor y, con la excusa de adorar a un dios azteca, solo quieren destruirlo. Esta última parte es la que toma prestados más elementos del cine Spielbergiano. Para empezar, los dardos que lanzan convierten instantáneamente a sus víctimas en momias gracias a un encantador, aunque algo tosco, efecto especial (cortesía de los hermanos Paolocci, quienes a partir de ahí currarían en títulos tan variados como "Miedo Azul", "Body Count", "Los bárbaros" y algunas películas de Bruno Mattei o Claudio Fragasso). Además, responden a las órdenes del tal señor del abismo, un menda vestido con harapos instalado en una gruta repleta de lava. El enfrentamiento final con "Tex" es de lo más tonto y deslucido (induce a pensar aquello de "¿tanto rollo para esto?") aunque, eso sí, da pie a que la gruta se derrumbe y el volcán estalle. Ya saben.
Entre las cosas buenas, los tiroteos, intensos. Los "stunts", algunos espectaculares. La polvorienta ambientación. Y que no hay historia de amor. De hecho, el único personaje femenino de toda la película es una india malvada de escasa presencia. Curioso.
Al estar rodada en España -inevitable-, los rostros autóctonos ya legendarios son innumerables, algunos con roles escuetísimos: Aldo Sambrell, José Luis de Vilallonga, Charly Bravo, Frank Braña o Ricardo Palacios. Diría que también ronda Tony Isbert. Completa la tarta "eurotrash" la presencia de William Berger como el habitual colega de "Tex", "Kit Carson".
Me gustó más el arranque que la parte final, pero bueno, considerando su naturaleza, el visionado terminó resultando pasable. Ya es algo.

lunes, 9 de julio de 2018

EL IN... MORAL

Curiosamente, algunas de las películas mas perdidas e ilocalizables del cine español (en el sentido de que no existen más que una o dos copias en 35 mm. sin que hubiera tras el estreno de las mismas vida comercial en formato domestico y/o pases televisivos) son las películas de la primera etapa de los hermanos Calatrava, más concretamente, “El último proceso en París” o  la que nos ocupa, esta “El In…moral”. Prácticamente, es inviable el poder verlas, pero el hacerse con una copia es potencialmente imposible. Incluso, corre el peligro de que algunas de estas copias se hayan perdido para siempre, lo que imposibilitaría el hecho de poder echarlas un vistazo. Y es una autentica pena.
Sin embargo, en estas lides, puedo considerarme un hombre con suerte (o no), porque yo he tenido el placer de visionar una copia de “El In… moral”. Y dirán ustedes, si tan ilocalizable está, ¿cómo es que tú las has visto? bien, alguien a quién llamaremos “una buena amiga”, con acceso a una sala concreta de cine y a ciertas copias de películas en 35 mm. consideró que el trabajo de divulgación del cine cómico español que yo vengo haciendo desde hace años en este, nuestro querido blog, o en el podcast “Los Aristócratas” es encomiable, por lo que cuando se enteró de mi interés por visionar estas películas ignotas, ni corta ni perezosa, me organizó un pase privado ¡para mí solo! en una sala de cine de Madrid, de una de las dos o tres únicas copias que quedan en el mundo de “El In…moral”. Así que la he visto en una copia de 35 un tanto churretosa y en un cine. Todo un privilegio del que no muchos pueden presumir. Eso sí, esta “buena amiga”, me hizo prometer que no revelaría la fuente de la cual proviene esta cinta. Pero si me dio derecho a reseñarla —de hecho, se me hizo el pase para que yo haga la reseña posteriormente— siendo yo, probablemente, una de las cinco o seis únicas personas que han tenido oportunidad de verla tras su paso por la cartelera, dónde la vieron, no obstante, cerca de 350.000 espectadores.
Se trata de una de las dos películas que los Calatrava hicieron a las ordenes del actor especializado en aparecer en spaghetti westerns José Canalejas —la otra es “El último proceso en París” y que sirvieron para el lucimiento de estos dos cómicos que pese a tener el beneplácito del público, no se pueda decir que sean unos genios del humor. Quizás en su época, con la ingenuidad general si que resultaran efectivos, pero presenciar sus chascarrillos a día de hoy resulta de lo más bochornoso.
La película, que de puro raro empieza estupendamente para luego perder todo el fuelle —y el surrealismo del que hace gala— antes de llegar a la media hora, cuenta como los hermanos Calatrava, que se interpretan a sí mismos, están empezando a despuntar en el mundo de las salas de fiestas, por lo que cada noche, al acabar sus actuaciones, se van por ahí a divertirse con las señoritas. Paco Calatrava se queja de que su hermano Manolo se lleva a todas las tías buenas, mientras que él ha de conformarse con los cayos. Lo curioso de estos quince minutos iniciales, es que Paco Calatrava, como se interpreta a sí mismo, prescinde de la voz de tonto por la que es popular y escuchamos su voz tal cual era en la época, sin estridencias ni interpretación de ningún tipo, cosa esta que me ha llamado poderosamente la atención porque, casi, ni le conocía la voz.
El caso es que, en una de sus juergas, atropellan con el coche a una anciana. La llevan al hospital y esta necesita transfusiones de sangre, por lo que en un acto de buena voluntad, Paco, se ofrece a donar la suya. La cosa se vuelve totalmente majareta en el momento en el que al hacer la transfusión, esta, se vuelve joven tras recibir la sangre de Paco, por lo que se llega a la conclusión de que la sangre de Paco hace rejuvenecer a las personas (¡).
A partir de aquí, no solo Paco retomará su voz de mongoloide que le ha acompañado toda la vida, sino que, además, todas las ancianas quieren su sangre (motivo este que Paco aprovechará para tirárselas), y distintas organizaciones mafiosas querrán dar con el paradero del humorista para hacerse de oro con su sangre. La cosa alcanza cotas de locura inimaginables cuando el mismísimo Conde Drácula —¡un tío flacucho al que le han puesto colmillos usando papel Albal!— se acerca al hospital dónde está Paco con el fin de chuparle la sangre y rejuvenecer. A partir de ahí, la cosa se vuelve un ir y venir de personajes, en una película en la que se abren tres o cuatro subtramas que nunca llegan a cerrarse. Algunas, incluso, se plantean pero no llegan a desarrollarse.
Se trata de una película que tras los 10 primeros minutos, se vuelve absolutamente insoportable, hasta el punto de que si no fuera por las circunstancias especiales en las que la he visto, dudo mucho que hubiera llegado a completar su visionado. Una incompetencia artística y técnica difícil de digerir, e incluso de ser disfrutada como obra trash. Un cutrismo que, si bien no alcanza  los niveles de la película que ellos dirigieron, “Macarras Conexión”, si que hace mella en la retina del espectador que resopla y resopla porque no ve la hora de que ese tostonazo llegue a su fín.
En definitiva; me ha encantado verla en un cine para mí solo, las circunstancias en las que la he visto y la experiencia en general, pero lo cierto es que si jamás hubiera visto esta película, no habría pasado absolutamente nada. Ahora, eso sí, me alegro de haberla visto y aquí reseñado.
“El In… moral” hace parecer a las películas Calatravescas de Manuel Esteba obras maestras del cine Español. Ahí lo dejo.
Junto a los Calatrava, en un alarde de ortodoxia actoral, tenemos a Mirta Miller, Loreta Tovar, Rafaela Aparicio, Frank Braña, Manolo Zarzo o Mir Ferry.
He aquí el único testimonio de todo Internet. Gracias, mi “buena amiga”.