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lunes, 31 de octubre de 2022

KILLER BARBYS VS. DRÁCULA

Perteneciente a la etapa que más me gusta de Jess Franco —la última, la de vídeo— “Killer Barbys Vs. Drácula” sería uno de los títulos que mejor captan en lo que se convertiría el director una vez llegados al nuevo milenio y, al mismo tiempo, la película que mejor condensa todos los vicios y virtudes de Jesús Franco. Si hubiera que proyectar a algún neófito una de sus películas en vídeo y mostrar su decadencia, “Killer Barbys Vs. Drácula” sería ideal para que comprendiera esta etapa del director que dista de las anteriores porque ahora tiene carta blanca para experimentar más y, si me apuran, incluso para ser más chapuzas. Con el vídeo todo son ventajas.
Como fuere, aquí tenemos una segunda incursión de The Killer Barbies en el universo franquiano en el que tanto Silvia Supestar como sus músicos no son más que un mero adorno. Están como podían muy bien no estar y la película seguiría siendo la misma. Además que no tiene mucho sentido porque si la anterior película, “Killer Barbys”, aparece en un momento en el que, por moda (los temibles 90), se reivindicaba el cine chungo porque la gente de "Subterfuge Records" quería ir de enrollada y colgarse una medallita recuperando a Jesús Franco, para 2002, año en el que se rodó esta secuela, el posible interés que podían suscitar tanto de The Killer Barbies como Jess Franco era 
ya residual.
La cosa, sin un argumento lineal o coherente, ya que la película entera es un ir y venir de personajes al más puro estilo vodevilesco —pero sin demasiado vodevil— cuenta la historia de The Killer Barbies que ¿actúan? ¿ensayan? en las instalaciones del Tivoli World, un mítico parque de atracciones malagueño (ya cerrado). En ese mismo parque se encuentra un individuo que dice ser Drácula, siendo desacreditado cuando de repente se persona la directora de turismo de Transilvania con un ataúd que contiene la momia —muy bien conservada— del verdadero Drácula. Basta que The Killer Barbies se pongan a tocar para que, gracias a su ritmo, el vampiro despierte de su letargo y vaya mordisqueando a todo bicho viviente con el que se topa, sin que la luz natural sea un impedimento en su devenir, reflejándose los rayos de sol en la sudorosa calva de Enrique Sarasola, actor que da vida a Drácula con mucho ímpetu. Luego, distintas y demenciales subtramas se abren, sin que ninguna llegue a su desenlace. Aunque importa tres pitos que lleguen o no…
El caso es que no tenía yo a esta película entre mis favoritas del director, huelga decir que es infame, malísima, sin embargo es tan tonta, descerebrada y loca, que tras un reciente visionado, y habiendo visto auténticos bodrios insufribles dentro de la época vídeo de Franco, lo cierto es que con esta te ríes y, si me apuran, puedo llegar a decir que está entre las tres o cuatro más entretenidas. Ojo, no digo entre las tres o cuatro mejores, sino más graciosas.
Para esta majadería de Franco, entran en co-producción hispano-germana, Jacinto Santos y Carster Frank, habitual actor de Marian Dora, cabeza visible del cine extremo alemán y perpetrador de salvajadas varias con esa troupe, que aquí no solo pone sus dineros e infraestructura al servicio de Jess, sino que nos regala un papel secundario de corte cómico dándole la réplica a Dan Van Hussen, mítica figura de los espagueti western que interpreta a una suerte de Van Helsing ciego que resulta ser lo más divertido del sarao. Más divertido aún en la versión doblada al castellano de la misma, ya que, supongo que por capricho, le dobla el propio Jess Franco con su soniquete inconfundible y, claro, si a eso le añadimos el hecho de que todo el doblaje es una cutrez de narices, no pega, por lo que es difícil que el espectador al reconocerlo no suelte aunque sea una carcajada.
Del mismo modo “Killer Barbys Vs. Drácula” supondría el último papel en un largo para Aldo Sambrell, igual de mítico que Van Hussen y por los mismos motivos, interpretando al gerente del parque de atracciones que está enamorado de Silvia Superstar, esta no le corresponde y, en consecuencia, le llama puta. Sambrell además canturrea canciones de pirata en el mismo escenario del que no se bajan The Killer Barbies, con un coro de señoritas que se parten el ojete ante las cancioncillas que entona. Todo muy gratuito y sin venir a cuento.
El resto del nutridísimo reparto lo componen rostros habituales en la filmografía del tío Jess como puedan ser los de la eterna Lina Romay, Katja Bienert, Fata Morgana, Carmen Montes o José Roberto Vila que además fue contratado en calidad de guionista. Vila entregó un guion de aproximadamente 40 páginas en el que se contaba una historia de corte pop al estilo de las películas que Richard Lester hizo para "The Beatles". Pero una vez comenzado el rodaje, Jess y Lina lo abordaron como les pareció bien, improvisando situaciones sobre la marcha y no respetando en absoluto el guion por el que Vila fue contratado. Por eso en los créditos aparecen tanto Vila como Jess y Lina.
Por si eso fuera poco, se cuenta por ahí que la película se pergeñó con un dinero del productor Jacinto Santos que se sumaría al resto que pondría la producción alemana. En realidad Santos no llegaría a gastarse un duro en la misma porque, con el montante y material técnico de los alemanes, Franco rodaría esta película y todavía le sobraría para sacarse de la manga dos más, “Flores de perversión” y “Flores de la pasión”, por lo que el negocio, en el caso de que lo hubiera habido como antaño, salió redondo. Sin embargo, la película es tan caótica y poco profesional, que tras un pase en la Semana de Donosti en el que el público no tuvo piedad con ella hasta tal punto que Jess Franco salió del cine mosqueado, no llegó a estrenarse en cine en nuestro país, apareciendo en DVD años después a través de "Vella Visión", tras ser rechazada por "Manga Films" que, al escuchar el desastroso audio de la cinta, decidió cancelar su lanzamiento.
Y sin más. Un puro descerebre que, quizás, ha mejorado, contra todos los pronósticos, con el paso del tiempo. Es mala a rabiar… pero te ríes un rato.

jueves, 29 de noviembre de 2012

CONTRA EL TIEMPO

El documental “Contra el tiempo” es un nostálgico recorrido a través de las anécdotas que nos cuentan algunos de estos actores de toda la vida, que bien por ser casi siempre secundarios, o porque por distintos motivos dejaron de trabajar, son prácticamente desconocidos para el público estándar o bien, han sido olvidados de la memoria popular.
El proyecto “Contra el tiempo”, que se materializa ahora en forma de estreno en salas, no es en absoluto nuevo. Su director, el escritor y amigo de esta casa José Manuel Serrano Cueto, tenía pensado hacer este documental allá por 2005, pero por líos diversos de producción, la cosa se transformó, como por arte de magia, en el cortometraje “Río Seco”, que con el mismo espíritu, se centra en la figura del mítico Aldo Sambrell.
En los albores de 2009, se retomó el proyecto bajo producción de Utopía films, pero más problemas de distinta índole (la cosa del dinero, e incluso alguno de los actores que se caían a ultima hora) la película casi acaba yéndose a pique. Así pues, con un montón de material rodado, productor y director el pasado año, tuvieron que replantearse de nuevo el proyecto. Y francamente, creo que el resultado de esta versión definitiva, sin tantos actores entrevistados como en un principio se tenía previsto, es sustancialmente mejor que el que en un principio se tenía en mente, con escenificaciones y artificios, según el press book.
Así pues, la cosa se plantea de la siguiente manera: Un joven actor, Antonio Mora, amigo del director, desea conocer a un grupo de actores veteranos, para que le trasmitan sus experiencias, le cuenten anécdotas y en definitiva, empaparse de lo que los veteranos puedan contarle. Así las entrevistas trascurren a lo largo del metraje en forma de animadas charlas, dónde nos vamos escuchando lo que todos estos actores tienen que decirnos, sin demagogia ni amarillismo, de una forma honesta, y sobretodo, contado con un amor hacia todos ellos por parte del director, que se trasmite al espectador.
Y personalmente, creo que Serrano Cueto ha construido un documental entretenido y cercano, cuyos noventa minutos al final, se nos quedan cortos.
El acierto de la película reside en el montaje. Serrano Cueto, que aparece en pantalla e incluso lleva las riendas de la entrevista a Lone Fleming, en lugar de ofrecernos una estructura típica de entrevistas con declaraciones entrelazadas, apuesta por centrar la película en bloques, cada uno dedicado a un actor. Cada uno nos cuenta su película, y cuando termina se pasa a otro, y así sucesivamente, hasta que se rompe el ritmo de la narración (que no de la película), uniendo en pantalla a dos de los actores en un reencuentro, el de Carlos Bravo y Mabel Escaño. En ese momento, Bravo pasaría a ser un entrevistador involuntario.
Con un emotivo recuerdo para el recientemente fallecido Aldo Sambrel, se finiquita la película, dejando al espectador, un buen sabor de boca. Ya digo, una gozada. Carece de material de archivo, pero sinceramente, tampoco hace falta, porque así el documental tiene un aire como de película de ficción, en la que los actores charlan. Como ya he dicho, al no contar con tantísimas entrevistas como en un principio se tenía previsto, se profundiza más en cada entrevistado y el resultado es más intenso.
De entre los entrevistados, me gustaría destacar a Ricardo Palacios, cuyo carisma está a prueba de toda bomba, y cuyas declaraciones consiguieron sacarme alguna que otra risotada. “Charles Bronson, un pedazo de cabrito”, según Palacios. Junto a los ya citados, completan el “elenco” Antonio Mayans, y Fernando García Rimada.
Un documental muy cinéfilo, realizado por cinéfilos y para cinéfilos. Y con muchísima nostalgia, lo cual no siempre es bueno… en este caso, aceptamos barco. Durante la pre-producción del documental, tuve el honor de hacer una entrevista a propósito de la película a su director en mi desaparecido programa “La hora de Ving Rhames”, que si gustan, pueden escuchar pinchando aquí.

martes, 18 de enero de 2011

SOBRENATURAL

Aprovechando el tirón de "El Ente", o bien estrenando a la vez en salas por pura casualidad, Eugenio Martín se dirige esta historia de fantasmas violentos, un argumento de lo más trillado ("Acoso del más allá" vendría a ser un casual remake de esta), pero que siempre es efectivo, a poco que seas un cagoncete.
Una mujer siente una presencia extraña y sospecha que puede tratarse del espíritu de su marido, un autentico cabrón que le hacía la vida imposible en vida. Acude a especialistas en el tema paranormal que la sacan de dudas. El marido muerto está celoso del nuevo novio de la protagonista, y se le aparece para seguir jodiéndole la marrana.
La película luce ese aspecto minimalista de títulos como "Regreso del más allá" o "Morir de miedo", pero es ligeramente superior… aunque no demasiado. Anda un poco mejor de ritmo que aquellas, y vemos más sangre y más F/X. Lo mejor de la peli es, sin duda, una escena en la que el fantasma ataca a una mujer con un cuchillo eléctrico que va por el aire a sus anchas, cortando a la vieja una y otra vez ¡Nunca se acaba esta maravillosa escena! Una autentica pasada. Todos estos buenos momentos no son el balde, Martín es el responsable de películas tan estimables como "Una vela para el diablo" o la mitiquísima "Pánico en el Transiberiano", o sea que de casta le viene al galgo. Pero un par de buenos momentos tampoco salvan de la quema a la que podríamos calificar como su película de terror más floja. Al fin y al cabo es un coñazo. Solo que merece la pena ser vista, por dichos buenos momentos.
En el reparto tenemos a un pizpireto al principio / agresivo después Máximo Valverde (Max Valverde en los créditos) que secunda a una bastante efectiva Cristina Galbó (acreditada como Christine Galbó), vista en "Sufre mamón" y "Suéltate el pelo". Martín también varía su nombre al más internacional Eugene Martin.
Como anécdota, y para demostrar lo misceláneo de la carrera del director, nombraré otros filmes suyos, de otros géneros, como pueden ser "La vida sigue igual", vehículo para Julio Iglesias con Andrés Pajares en uno de sus primeros papeles, "El hombre de Río Malo", con Lee Van Cleef, Aldo Sambrell y el inevitable Simón Andreu, o "No quiero perder la honra", para la que sobran comentarios.

sábado, 6 de diciembre de 2025

YELLOW HAIR Y PECOS KID

A mediados de los ochenta, el realizador Matt Cimber (Cimbrel para los amigos, con un currículum colorido repleto de "explotación" de variada naturaleza, como "Africanus Sexualis (Black Is Beautiful)", "La marca de la mariposa" -el otro delirante vehículo de ¿lucimiento? para Pia Zadora-, "El Vengador" -co-dirigida con Joe Tornatore- o "The Witch Who Came from the Sea" ejerciendo de su aportación al terror) y Laurene Landon (ex pareja / musa de Larry Cohen), se vinieron con sus cámaras a las Españas para rodar un par de producciones, por aquello de abaratar costes. La primera fue una -según recuerdo- aburrida revisión femenina de "Conan, el bárbaro" titulada "Hundra". La siguiente, esta "Yellow Hair y Pecos Kid", que con la excusa de mandar un guiño afectuoso a los viejos seriales del oeste (la nostalgia de 1984), en realidad se sube al carro del "Indianajonismo", tan en boga durante el periodo (aunque, bien mirado, también este tomaba a los viejos seriales como referente). En USA fue rebautizada "Yellow Hair y la fortaleza de oro", con una Landon sujetando un látigo que no usa en toda la película y, también, luciendo un par de ubres bastante gruesas que nada tienen que ver con su, más bien escasa, genuina "pechonalidad". Este asunto fue igualmente explotado en Alemania, donde la muchacha sale representada en la ilustración mucho más desnuda y carnosa de lo que es, acompañada de otro título sin desperdicio, "El templo del oro sangriento". Aunque pa cero sutilidades mercantiles, los franchutes y su "En busca del sol de oro", toma ya. Raro rarísimo que, por una vez, España tirara de honestidad mostrándola como lo que mayormente es, un western. Tal vez el ser país productor despertó sus conciencias.
¿Qué significa pues la adscripción al formato de indios y vaqueros? que pasaron unas cuantas semanas sacándole todo el suco posible a Almería -y demás-, sus decorados y sus escenarios, cosa que por entonces era bastante habitual (tal y como se vio en "Esos locos cuatreros" o una peli con la que, espiritualmente y por lo del látigo inexistente para el cartel, la reseñada guarda puntos en común, "Tex y el señor de los abismos"). Así, la galería de rostros patrios habituales en esta clase de movidas son los tan recurrentes entonces como entrañables, dándole un especial protagonismo a Luis Lorenzo cual terrateniente (y sí, con inevitable remalazo homosexualista... vamos, la especialidad de la casa. Ríanse ustedes del encasillamiento), a Aldo Sambrell como su matón de confianza, a Frank Braña mostrando pelo en pecho y, rematando la jugada, Eduardo Fajardo y Ramiro Oliveros. A la Landon (la "Yellow Hair" del título) la acompaña la blanquísima dentadura de Ken Roberson como "Pecos Kid", un tipo que fue engatusado por Matt Cimber para invertir en el film dos millones de su "buchaca", imagino que prometiéndole fama y gloria (todo pinta a que era un niño rico con ganas de ser actor y, en fin, ingenuamente vio ahí una oportunidad). Luego hizo otra y nunca más se supo. Todo un misterio. La dupla protagónica unirá fuerzas para localizar un templo perdido repleto del preciado metal dorado y protegido por una panda de indios, a la par que son perseguidos por los mexicanos malos de rigor, uno de ellos responsable de la muerte de la "anciana" india que crió a la pelos amarillos.
En favor de "Yellow Hair y Pecos Kid" podemos hablar de un aprovechamiento más que notable de los medios disponibles y una capacidad decente de Matt Cimber por dar forma a las imágenes y, especialmente, las escenas de acción, donde nuestros aguerridos especialistas se lucen y dejan la piel. Vamos, que la peli no se ve excesivamente pobretona. Lástima que la historia es bastante simple y, bueno, que a mi el western no me tira... por eso he vibrado subzero durante el visionado, pero, al menos, la terminé sin ensuciar los calzoncillos, lo que ya es algo. Sorprende cierta violencia tirando a gráfica -especialmente porque, se supone, estamos ante una película destinada a plateas juveniles, sino infantiles- y no sorprende el mal trato real contra sendas bestias, sobre todo serpientes. Ya saben, era la época (y el país).
Se encarga del libreto el fascinante hombre de cine -más bien rancio- José Truchado. En los efectos especiales, otro clásico, Carlo de Marchis.
Supongo que a "Yellow Hair..." le pasó lo mismo que a todos esos intentos de recuperar el western durante los años ochenta. No coló. Se veía algo anticuado y al espectador "teen", que era el que mandaba en taquilla (es decir, los que mandábamos), no le interesaba. Así, el Cimbrel y la Landon hicieron las maletas y regresaron a los USA donde siguieron intentándolo, pero por separado.

viernes, 15 de agosto de 2014

EL ATAQUE DE LOS PAJAROS

Co-producción hispano-mexicana (me he dado cuenta de que en los ochenta se hacían muchas pelis de tercera en co-producción con Mexico) de carácter meramente “Exploitation” y cuyo referente no hace falta ni mencionar. Claro, que este llega veinte años después y a poco se junta con su  equivalente actual, “Birdemic”.
El caso es que es tan genuinamente mala, que pese a estrenarse en mogollón de países (su título internacional reza “Birds of pray”, en Francia se tituló “Falco Terror”- este título, mola-  en USA “Beaks”, o su edición en vídeo “Evil Birds”, en Italia suben la condición expoliadora un peldaño más y pasa a ser secuela directa de la de Hitchcock… ahí es nada) en nuestro país sus propios productores la consideraron tan mala que salió directamente a vídeo. De hecho, el trailer de la película que precedía a algunos títulos de “Lauren Films” anunciaba que la película se titulaba “Palomas asesinas”… ¿Qué por qué? Es un misterio.
La película dirigida por René Cardona Jr. es, por un lado, un coñazo mayúsculo y por otro, una basura mal hecha y con intención de, con tres pesetas, hacerse pasar por grande. Pero claro, no da el pego.
Cuenta una historia del todo descabellada: Las aves consideran que después de llevar lustros muriendo a manos de los humanos que las cazan para divertirse, deciden declararles la guerra, con lo que la masacre está servida. Una pareja de periodistas, se ven metidos en el meollo.
Lo primero de todo advertirles que mueren pájaros en la peli. Hay que ser muy hijo de puta y muy sin vergüenza para matar a un animal. Y si ese animal muere en una película de mierda, los responsables merecen similar trato que el que ha recibido el animal; aquí mueren algún que otro pájaro. No describiré como ni cuando.
Ahora, si pasamos por alto esto, hay que decir, que esta película está compuesta de montones de planos de pájaros volando a los que meten en montaje simulando que atacan a los humanos pero solo vuelan por el aire. O bien; en una plaza, un padre saca fotos a su hijo y estos son atacados por palomas. Esto se resuelve soltando palomas delante de la cámara para que estas vuelen en dirección a los actores, estos hacen aspavientos como si les atacaran y listo. Pues así toda. Y algún que otro inserto de algún documental.
Por otro lado, los ataques de los pájaros son exagerados. Las aves arrancan ojos y desgarran carne como si fueran tigres, todo con el fin de meter la mayor cantidad de Gore posible, que en año 87 ya se sabe… estaba de moda.Y si no lo estaba, estaba a puntito de estarlo.
En cualquier cosa, nada de esto justifica un visionado tedioso y poco emocionante, amén de lo antes explicado acerca de los pobres pajarillos.
Ahora, el reparto es de lo más marciano. El protagonista es nada menos que Christopher Atkins quien tras su exitoso debut en “El lago Azul” (si, el muchacho de los rizos, aquí sin rizos y un tanto degradado) quedó relegado a papeles en películas de serie B (y Z), actuando de vez en cuando en el cine español –sale también en “¡Dispara!” de Carlos Saura” y no convirtiéndose en el actor mainstream que prometía. A su lado Michelle Johnson (“Lio en Río”, “Pisa a fondo” o “Museo de cera”), Aldo Sambrell , José Lifante o el  hijo del director, René Cardona III que siguió los pasos de su padre y su abuelo convirtiendose también en director de bodrios tales como “Vacaciones del terror” “Alarido del Terror” o “Fray Justicia” (Ver en “Malas pero divertidas”).
Basura. De la chunga además. Pero hasta esa basura merece una curioseada.

viernes, 15 de enero de 2010

LA NOCHE DE LA IRA

Ayer decidí hacer de tripas corazón y, superando mi aversión por el cine patrio, seguí la recomendación de un amigo y vi esta "La noche de la ira". ¿Motivos?, su condición de ochentosa, de intento de hacer cine de género de calidad (en esos tiempos no era habitual), de ser una especie de aportación hispana al "survival" (ya saben, rollo "Deliverance" y tal) y por -según dijo mi colega- ir bien provista de elemento violencia (y por la fastuosa caratula, que recordaba perfectamente de la época, ¿usted no?).
Al final, ni me ha gustado tanto y ni es tan violenta como esperaba (soy muy exigente en ese aspecto), pero tampoco es una mala peli. Está bien, se puede ver. Más que "Deliverance", la influencia total y absoluta de "La noche de la ira" es Sam Peckinpah, y muy especialmente "Perros de paja". Veamos por qué...
En un pueblo de la España profunda se dedican a raptar yonquis y, tras retenerlos unos días, soltarlos para luego cazarlos (todo viene por un trauma del pasado que no narraré). Pero un día llega el nuevo médico y la lía gorda, descubriendo el pastel y convirtiéndose en otra presa más. Claro que el tipo, a pesar de su porte relajado, algo cobarde y de sus gafas (¡hola Dustin Hoffman!), pillará una escopeta y comenzará a matar pueblerinos que, por otro lado, pretenden matarle a él (¡hola masacre final de "Grupo Salvaje"!).
Lo dicho, sin ser la repolla, no está nada mal y resulta superior a otro film más reciente, también Español (¡con mayúscula!, ¡WOW!) e idénticas influencias / intenciones, "Bosque de sombras".
El dire es Javier Elorrieta, guioniza Joaquín Oristrell y en el reparto destacan los rostros, barbas y calvas de Patxi Andión, Lola Gaos, Agustín González o Aldo Sambrell.
Curiosa.

lunes, 20 de abril de 2020

4 LOCOS BUSCAN MANICOMIO

Rafael Gordon, director, podríamos decir, independiente, ha desempeñado una carrera siempre amparado bajo su propia productora con la que ha realizado numerosos cortometrajes además de sus largos de corte histórico (“La Reina Isabel en persona” o “Teresa, Teresa”), que ha llevado a cabo sin recibir ni una sola subvención por parte de ninguna institución gubernamental, con la excepción de su documental sobre Ouka Lele, por el cual si la recibió. Y ha compaginado sus labores de dirección con las de guia turístico  o asesor cinematográfico en Antena 3. Si revisamos su filmografía podemos decir, sin despeinarnos, que nos encontramos ante un autor, a priori, formal, serio e incluso aburrido. Sin embargo, no todo en su carrera es tan sobrio como estas películas ya que es el autor de una de las comedias españolas más desmadradas de cuantas se hicieron en los 80. En ese sentido, sus primeros pinitos para la gran pantalla no pudieron ser más afortunados, ya que esta “Cuatro locos buscan manicomio”, bien podría ser un equivalente a los “chistes de locos”. ¿Ustedes han escuchado chistes sobre locos? Esta película es exactamente eso. Y es que este film, accidentalmente, incluso podría pecar de experimental en tanto a que no tiene un argumento definido. La cosa va de cuatro locos (loquísimos) que se escapan de un manicomio. Eso sucede durante los primeros cinco minutos de metraje y, a partir de ahí, tan solo una sucesión de secuencias cómicas. Sin más. Todo muy a saco y con un gran predominio del slapstick. Así, los títulos de crédito serían una serie de dibujos tipo cómic de Bruguera, con letreros que incluyen faltas de ortografía (impagable ver en el reparto a Bigote Arrocef… si, si… Arrocef, terminado en F), que dan paso  a una secuencia inicial en la que vemos una especie de hotel-residencia que hace ver que es un manicomio, y que, no necesita más atrezzo que un cartelón pintado a mano donde reza “clínica psiquiátrica”. Todo muy precario y zetoso. Pronto entrará en cuadro un Paco Cecilio con la energía de un “Looney Toone”. A partir de ahí, ya solo irá en aumento la locura a una velocidad de vértigo, y ya todo serán persecuciones, caídas y chistes malos sin descanso. No se trata de una película buena en absoluto, pero es imposible aburrirse porque dentro de que en la misma no pasa nada destacable, pasan muchísimas cosas. Y cuando termina uno se queda con buen sabor de boca, entre otras cosas porque  tiene la sensación de haber visionado una película extraña de cojones. Blanca hasta la extenuación (en una época en la que lo que predominaba era el destape), una fotografía alegre con muchos y vistosos colores, y un ir y venir de los personajes a ningún sitio, convierten a esta película en una rara avis. El cómo los cuatro locos del título hacen trampa para ganar al bingo, es tan hilarante como cutre y el espectador se descubre a sí mismo esbozando una gran sonrisa.
Lo bueno también es que todo es barato, rodado con lo puesto, es como una película casera rodada en 35 mm. y, en definitiva algo que llama poderosamente la atención. Desde luego, una de las muestras más curiosas de la serie Z española.
Con todo, la película asimismo tiene fama de maldita. Se ve que una vez rodada, la distribución de la misma es pauperrima, casi inexistente y pese a que se editó en vídeo —de manera también muy precaria— y se ha pasado en alguna televisión autonómica a horarios intempestivos, no la ha visto casi nadie. Por suerte, rula por la red un ripeo de la película para que eso se solucione.
No me malinterpreten, “Cuatro locos buscan manicomio” es una película espantosa… pero dentro de lo chunga que es ¡mola mucho!
En el reparto, junto a Paco Cecilio (mira que me cae mal este actor) tenemos a Silvia Aguilar, Jenny Llada (vestidas…), Tom Hernández, Blaki, Aldo Sambrell y Bigote Arrocet… perdón, ArroceF, cada cual más loco y enfebrecido.
Hay que echarle un ojillo.

viernes, 9 de diciembre de 2016

GOMA 2

Una de esas películas de José Antonio de la Loma, esta vez en coproducción con México, que al margen de sus más populares –y mejores- películas adscritas al “Cine Quinqui”, resultan ser todas un coñazo de padre y muy señor mío, amén de estar rodadas con el culo, por un lado, montadas con los muñones por otro, por parte del hijo de Don de la Loma, José Antonio de la Loma Jr.
Al igual que en “Escuadrón”, el único atractivo que tiene esta “Goma -2” es el reparto internacional en decadencia que servía a de la Loma para vender su película por esos otros países de Dios. Algo natural y lógico, incluso con “Amor de hombre” que contaba de aquella manera la vida del abuelo de de la Loma.
Pero en “Goma- 2” el internacionalismo, está de más. Primero porque es un zurullo tan chabacano que de poco sirve tener por ahí caras en su momento conocidas, y segundo porque explota las posibilidades cinematográficas de dos conceptos muy de aquí; por un lado ETA, por otro, los camiones de naranjas volcados por los franceses. Una práctica muy de los años ochenta.
Con todo, la película se vendió en el mercado internacional con varios títulos, siendo uno de ellos de lo más cachondo: “The Killing Machine”.
Cuenta la historia de un ex etarra que se retira del comando militar. Así pues, en su nueva vida se vuelve camionero. Por otro lado, está enrollado con una muchachita con la que tiene planes de futuro, pero sus ex compañeros, con el fin de matarle a él por traidor, hacen explotar su camión, con tan mala suerte que, en lugar de estar él en su interior, lo está su novia… por lo que muere reventada, lógicamente.
Un horroroso gerifalte detrás de las mafias que vuelcan los camiones de frutas españolas, en el juicio contra los asesinos,  le da la vuelta al asunto para que absuelvan a los asesinos y no cumplan condena, hecho este que cabreará a nuestro protagonista, que se tomará la justicia por su mano, ayudado por el joven que le ayuda con la carga del camión.
Menuda bizarrada de argumento y de conceptos.
Huelga decir, lo mala que es la dichosa película, los problemas que tiene con su desarrollo mismo y la cantidad de errores de raccord y de continuidad que tiene, lo que acarrea, no pocas dosis de humor involuntario que en cualquier caso, no son las suficientes como para soportar con alegría el visionado, así como tampoco convierte esta película en una cosa curiosa. Sencillamente, “Goma-2” es tan mala que la ves y te quedas como estabas. Ni chicha ni limoná.
Sin embargo, no deja de ser interesante ver la cantidad ce caras conocidas e los umbrales del paro que aparecen en la película; Por un lado, como el malo maloso de la cinta tenemos a un Lee Van Cleef sacado prácticamente de la tumba, que acomete su función con muy poquitas ganas y sin expresividad alguna. Como si la mierda en la que estaba interviniendo para pagarse la morfina le importara tres mierdas. Por otro, como el ex etarra protagonista, Txema Basterreneche, tenemos a George Rivero, actor Méxicano de tercera al que pudimos ver de secundario en películas de primer orden, como “Rio Lobo”, por poner un ejemplo. Completarían el reparto Margaux Hemingwey, sí, la que las espichó antes de tiempo y a la que hemos visto en toda suerte de putas mierdas. Sin ir más lejos, “Lapiz de labios” o “Voracidad”. El compañero de aventuras del etarra, sería Willie Aames, que aspiraba a convertirse en el nuevo ídolo adolescente de los estados unidos cuando apareció en “Paraíso”, aquél descarado plagio de “El Lago Azúl”, pero que se quedó para vestir toda clase de santos. Algunos de ellos tan cojonudos como “Movida en la Universidad” o “Cut and Run” de Deodato. También de vasco –llamado Koldo-  haría el mítico Hugo Stiglitz, y en la parte nacional del cast tenemos al habitual de las pelis de José Antonio de la Loma, Frank Braña, Aldo Sambrell o una guapísima, jóven, pizpireta y espantosa actriz Ana Obregón, que se antoja lo mejor de la película, entre otras cosas porque, probablemente por culpa de los malos formatos del telecinado, hay un momento en el que le podemos ver sus recauchutadas tetas de silicona, eso si, si damos a la pausa, porque en pantalla no están más de un segundo.
Como me gusta la carrera como actriz de la Obregón. Lastima que por culpa del “Nuevo cine español” quedara como una apestada por la industria más intelectual que se impuso ya a finales de los ochenta.
Y eso es todo, la gracia de poder ver este exótico reparto en una película tan chapucera como esta, y poco más. De lo peor de de la Loma.

sábado, 21 de octubre de 2023

TEX Y EL SEÑOR DE LOS ABISMOS

Teniendo en cuenta que el western no me tira casi nada, y su versión italiana muchísimo menos, ¿qué demonios hago yo viendo y reseñando una "del ramo"? Pues porque hay una historia detrás que marca cierta diferencia. "Tex" es, junto a "Diabolik" y "Dylan Dog", uno de los astros indiscutibles del comic ítaloparlante. Supe de su existencia a raíz de que mi querida y recurrente prensa francesa hablara en sus páginas de "Tex e il signore degli abissi", la primera traslación a la gran pantalla, en carne y hueso, del personaje, encarnado además por alguien tan adecuado como el gran Giuliano Gemma y dirigida por un auténtico especialista, Duccio Tessari. ¿Y a qué se debía tal interés si, como digo, la cosa iba del oeste? Porque, tal y como lo vendían en Francia, parecía la enésima versión "exploitativa" de "Indiana Jones", más teniendo en cuenta que el film venía fechado nada menos que en 1985, cuando el western -espagueti o no- andaba casi casi bajo tierra (la gran excepción aquí sería "Silverado" de ese mismo año, pero ya me entienden) Así pues, aprovechando mi viaje de fin de curso a Italia, recorrí los quioscos de la zona buscando un tebeo de "Tex", hasta que lo encontré y me llevé una gran decepción al descubrir que eran las historias de indios y vaqueros tradicionales (nota: en uno de aquellos intentos, topé con un quiosquero veneciano que no me lo quiso vender por ser del país que era/soy. Además, entonces desconocía por completo que el personaje había sido editado en España) Por todo ello, cuando finalmente la película llegó a nuestros video-clubs, cortesía de "Vision Films Video", mi posible interés se había reducido a cero.
Hay que aclarar que lo del parentesco con "Indiana Jones" es exclusivamente cosa de uno de los carteles disponibles, gloriosamente ilustrado por E.Sciotti. Ahí aparece hasta con látigo -utensilio que "Tex" NO usa en la película-, y unas pintas más propias del famoso arqueólogo, metido en un especie de templo maldito. El cartel oficial es distinto, y no resulta tan tramposo, mucho más fidedigno al lenguaje genuino del western de toda la vida. Entonces, ¿el rollo "Indy" es cosa del aquí expuesto o está en el largometraje? Pues estar, está.
Al no haber leído con atención ningún tebeo de "Tex", no puedo afirmar ni negar que esos toques más fantasiosos sean cosa exclusiva del film. Pero algo me dice que fue una imposición de los productores, teniendo claro como tenían que, en plenos años 80, y con el cine Spielbergiano de aventuras fantásticas petándolo, era el único modo de encarar la materia si pretendían despertar el interés del público, especialmente el de tirón juvenil, bastante ajeno al western. No es la primera vez que lo vemos. Un caso muy muy parecido -y mucho más descarado- lo tenemos en la traslación del aviador británico de novela "Biggles" a la gran pantalla, metiéndolo en un berenjenal de ciencia-ficción nada propio de él.
En cualquier caso, la historia de "Tex y el señor de los abismos" gira en torno a un carro mangado repleto de rifles. Recurren al prota para localizarlo y castigar a los culpables. Entre medias, aparece una tribu de indios que odian al blanco invasor y, con la excusa de adorar a un dios azteca, solo quieren destruirlo. Esta última parte es la que toma prestados más elementos del cine Spielbergiano. Para empezar, los dardos que lanzan convierten instantáneamente a sus víctimas en momias gracias a un encantador, aunque algo tosco, efecto especial (cortesía de los hermanos Paolocci, quienes a partir de ahí currarían en títulos tan variados como "Miedo Azul", "Body Count", "Los bárbaros" y algunas películas de Bruno Mattei o Claudio Fragasso). Además, responden a las órdenes del tal señor del abismo, un menda vestido con harapos instalado en una gruta repleta de lava. El enfrentamiento final con "Tex" es de lo más tonto y deslucido (induce a pensar aquello de "¿tanto rollo para esto?") aunque, eso sí, da pie a que la gruta se derrumbe y el volcán estalle. Ya saben.
Entre las cosas buenas, los tiroteos, intensos. Los "stunts", algunos espectaculares. La polvorienta ambientación. Y que no hay historia de amor. De hecho, el único personaje femenino de toda la película es una india malvada de escasa presencia. Curioso.
Al estar rodada en España -inevitable-, los rostros autóctonos ya legendarios son innumerables, algunos con roles escuetísimos: Aldo Sambrell, José Luis de Vilallonga, Charly Bravo, Frank Braña o Ricardo Palacios. Diría que también ronda Tony Isbert. Completa la tarta "eurotrash" la presencia de William Berger como el habitual colega de "Tex", "Kit Carson".
Me gustó más el arranque que la parte final, pero bueno, considerando su naturaleza, el visionado terminó resultando pasable. Ya es algo.

miércoles, 27 de junio de 2012

HIERRO DULCE

Extraña película española datada en los años ochenta y dirigida por el enigmático Francisco Rodríguez Fernández, que sin subvenciones y parida en ese periodo de transición que separa el cine español popular del cine español impuesto por Pilar Miró, nos ofrece una historia distinta a lo que la pantalla autóctona nos tenía acostumbrados por aquel entonces. Aun con algún ramalazo a lo “Cine Quinqui”, no sabría como etiquetarla. Sin serlo, ni tan siquiera pretenderlo, el tufillo que suelta a cine “Post apocalíptico” deja en el espectador un raro sabor de boca.
Alentado por su padre, un individuo se ve obligado ha hacer un extraño trueque. Tiene que intercambiar un maletín lleno de dinero por algo que en ningún momento se nos revela. Seguimos sin saber muy bien qué ocurre, pero el intercambio se trunca. Durante la vuelta a casa del protagonista, un niño armado con bardeo, se cuela en su coche, y bajo amenaza, ya que este huye de dos quinquis, le hace conducir hasta una explanada del extrarradio Madrileño (luego sabremos que se trata de Getafe). Allí, es medio secuestrado por el abuelo del niño, quien quiere la ayuda de este individuo, ya que es ingeniero, para poner en marcha una fabrica de clavos que está construyendo a base de chatarra. Y durante el periplo, el tipo se verá envuelto en las más variopintas situaciones.
Una película atípica, sencillita, de bajo presupuesto pero efectiva, que cuenta muchas cosas, pero a la vez no cuenta nada, que vemos con agrado y siguiendo las situaciones, entreteniéndonos durante el trayecto.
Porque al final, sin ser una comedia, ni un drama, ni una película de acción ni nada de eso, la atmósfera malsana del descampado donde transcurre, y la sensación de desasosiego que nos trasmite el protagonista, que por más que lo intenta no logra escapar de allí, resulta ser lo importante, más incluso que la historia, y por lo que a mí respecta, me quedo altamente satisfecho tras su visionado.
En el reparto, el inmenso Emilio Gutiérrez Caba, Eduardo Calvo, Enma Suarez, jovencísima y mostrando sin pudor un cuidado felpudo negro y unas enormes tetas (pero inmensas) que la convierten en oscuro objeto de onanismo colectivo. Lola Gaos, Luis Ciges; Aldo Sambrell y el hijo de Manolo Zarzo, David Zarzo, que a medida que se hacía mayor, iba empobreciendo como actor. Casi ná.
Por supuesto, el cartel es tremendamente engañoso y hay muchos de los personajes que aparecen en este, que no lo hacen en la película.

miércoles, 14 de enero de 2015

OTELO, COMANDO NEGRO

La carrera como actor y director de Max H. Boulois, es fascinante. Quizás él ni fuese consciente de ello, pero creó un sub-género dentro de un sub-género, así, tenemos con Boulois el “Euroblaxploitation” o mejor todavía, ya que la mayoría de su filmografía la  desarrolló con capital español, el “Spanisblaxploitation”, ahí es nada, señores míos.
Y aunque estas películas son muy difíciles de encontrar, al menos, hizo poquitas y de vez en cuando va cayendo alguna en mis manos.
En esta ocasión y en un alarde de cultura y de sentido del espectáculo, Max  H. Boulois se atreve a llevar al terreno de la acción bélica  nada menos que a William Shakespeare y su dramón “Otelo”, bajo producción española y francesa, de la mano de la mítica productora de zetosidades “Eurociné” por parte gabacha, la misma que financió algunas de esas locuras a Jess Franco.
Una adaptación muy libre, eso si, pero al final respetuosa con la obra original. E incluso acertada… al fin de al cabo, el Otelo original era una historia de celos y guerra… aquí los celos dan un poco lo mismo. Y  rodada con el presupuesto recaudado de un premio de una máquina tragaperras. Esto es, una miseria. Eso si, con protagonismo de un alcoholizado y salido de madre Tony Curtis.
Otelo es un mercenario negro que acude a luchar a un país Africano, dónde una epidemia de origen desconocido, a provocado una guerra civil. Este mercenario se enamora de la doctora que se encarga de la salud de estos guerrilleros que, además, se llama Desdémona. Su padre, senador de Boston, se opone a esta relación. También tenemos al Coronel Iago, que odia a Otelo por una cuestión meramente racista.
Mientras Boulois procura contarnos la historia de Otelo en un contexto belicoso y contemporaneo –y tercermundista- vemos escenas de guerra de lo más sosas y por lo tanto hilarantes,  y otras escenas en las que Tony Curtis se emborracha y no sabemos si es que es un gran actor, o es que está borracho de verdad.
La película es mala a más no poder, pero es de aquellas que no te aburren y da gusto verlas. Es una locura.
Lo mejor de ella es, como supondrán, Tony Curtis sabiendo en el fregado que se ha metido, cobrando cuatro pesetas que por otro lado le vienen muy bien y  haciendo su papel a desgana, sin compromiso. Impagable la conocida escena en la que en la habitación de un hotelucho, le muestra su racismo a Nadiuska: -“Como odio a los negros, con esos labios enormes, y esa piel. Y ese olor tan fuerte” – “Los negros no huelen, eso es un mito” – “¡¡Todos los negratas apestan!!” es la conversación que tienen.  O - “Mira, son la bella y la bestia. Ella la bella, y el mono la bestia” es una de las perlas que suelta Curtis, con esos coloretes y esa nariz que destella. No deja de ser gracioso que el guionista sea el propio Boulois, con lo que queda claro, lo que él cree que los blancos pensamos de los negros. No le juzguemos, al fin de al cabo, no iba mal encaminado.
Por otro lado, las escenas de acción son de lo más gratuito que se pueden ver en una pantalla y de lo más sosas, y a rasgos generales lo que más llama la atención de la película, es el aspecto pobre que destila toda ella. No se gastaron un duro y eso se nota en cada uno de sus fotogramas. Por otro lado, es curioso ver que Max H. Boulois, en algunas escenas, que tampoco tienen demasiado que ver con lo que nos cuenta la película, va vestido con el mismo chándal y gorra que usa en “Cazar al negro”… con lo que, a poco que pensemos, nos hace llegar a la conclusión de que,  escenas que no utilizó en aquella, le vinieron muy bien para rellenar en esta. Absolutamente fascinante.
En definitiva, que el empeño y energía de Boulois, tanto delante como detrás de la cámara (o al menos, eso es lo que trasmite) hacen que este señor negro me caiga muy bien, y que disfrute mucho de sus películas. Lastima que cueste tanto encontrarlas y que encima sean pocas.
Junto a Boulois, tenemos en pantalla a  media plana mayor de “Exploitation” hispano. Además de la ya mentada Nadiuska el reparto lo completan Ramiro Oliveros (“Elpantano de los cuervos”, “El Ser” la de Sebastián D' arbó, no  la de Bill Osco...), Fernando Sancho, Andrés Resino, Tom Hernández o Aldo Sambrell.
Una delicatessen, el tipo de “Serie Z” que me gusta a mí.
Congregó en taquillas españolas poco más de 250.000 espectadores. Como le gustaría hoy pillarlos a más de uno…