Mostrando las entradas para la consulta "Joel Silver" ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta "Joel Silver" ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas

sábado, 31 de agosto de 2024

EL GRAN SALTO

Ando leyendo un libro sobre el cine de Joel y Ethan Coen, escrito por Ian Nathan, que le da mil patadas a aquella cosa pretenciosa editada en su día bajo el funesto sello "Cátedra". Consecuentemente, me ha dado por revisar algunas de sus películas. Hurgando, me topé con "La balada de Buster Scruggs" y aluciné pepinillos al comprobar que seguía siendo inédita para mis cansados ojos. Lo solucioné esa misma noche y, créanme, disfruté como un cochinillo. Muy buena, muy sorprendente e imprevisible. Se nota que "Netflix", sedienta por contar en sus filas con cineastas de prestigio, dio un cheque en blanco a los hermanos para que hiciesen lo que les saliera del coño. Y joder si lo aprovecharon.
No era la primera vez que la gentuza de los dineros confiaba plenamente en ellos. Ocurrió ya en los noventa, cuando, estando ambos de moda, el mega productor de "actioners" tan míticos como "Commando", "Arma Letal" o "Jungla de cristal", Joel Silver, les apadrinó para que dieran su (gran) salto al cine más "comercial". Y el proyecto elegido nos retrotrae a otra historia de la que ya he hablado antes, la fascinante amistad humana y colaborativa de los Coen con Sam Raimi.
Según el libro de Ian Nathan, esas supuestas deudas de "Arizona Baby" con "Posesión Infernal", a las que aludía en mi reseña, no son delirios de un anormal -que diría Ze-. Existen. Motivado por el éxito de su debut, Raimi se instaló un tiempo en Los Ángeles, a la búsqueda de fama y fortuna. En eso que los Coen pasaron por allí, esperando dar con un distribuidor para la entonces recién terminada "Sangre Fácil". Decidieron acampar en el cuchitril de su amigo y, por aquello de combatir el aburrimiento, juntos y revueltos se sentaban frente a la máquina de escribir, pariendo de este modo un guion a pachas. Uno basado, hasta cierto punto, en la misma aventura angelina de Raimi. El paletillo "de pueblo" que va a la gran ciudad en busca de una oportunidad. Con este metido en el ajo, les salio una cosa muy ambiciosa, difícil de producir en aquel momento, siendo novatillos desconocidos. Pero ahí quedó, en el congelador, a la espera de que algún día alguien soltara el montante. Por supuesto, estamos hablando de la futura "El gran salto", título españolo algo absurdo para "The Hudsucker Proxy" y "Hudsucker" era un gag recurrente en el universo Coenraiminiano. Lo habíamos oído en la mentada "Arizona Baby" y también en "Crimewave (Ola de crímenes... ola de risas)" cuyo libreto, les recuerdo, iba igualmente firmado a seis manos por los chavales.
Es un dato bien conocido que aquel intento de Joel & Ethan por integrarse en el mainstream se saldó con un hostiaco de los gordos. Fracasó estrepitosamente en su paso por salas, de ahí que el libro que ando leyendo le dedique cuatro únicas páginas (y, muy extrañamente, apenas mente la citada "Crimewave"). Pero no fue en balde. De rebote, los brothers regresaron a su terreno natural, pariendo el film que les acabó de catapultar, funcionó de mil maravillas en todos los aspectos y les valió un Oscar (como guionistas) Además, resultaría ser su mayor logro y una de las dos que poseo en formato doméstico, "Fargo" (por si les pica la curiosidad, la otra es "Arizona Baby").
Pero centrémonos en "El gran salto", fechada el año 1994. Como decía, cuenta la historia de un pobre diablo, más tonto que una almeja (interpretado por un muy adecuado Tim Robbins, sacándole máximo rendimiento a esa cara de bobo. Según el libro, primeramente se pensó en Tom Cruise), al que una gran corporación comandada por un malvado gerifalte (un genial Paul Newman. Según el libro, de entrada se pensó en Clint Eastwood... joder, ¡habría molado!) utiliza a su antojo. La compañía pretende devaluar sus acciones, para poder comprarlas después a precio irrisorio, y necesitan un tonto que pague el pato. Solo que este sorprenderá a propios y extraños pariendo un producto de éxito -el Hula-Hoop-. En medio, como no, habrá una chavala con la que nacerá el amor (Jennifer Jason Leigh. Según el libro, papel destinado a Winona Ryder) y al tonto se le subirán los humos, ascendiendo a cretino. Luego caerá hacia lo más bajo, aprendiendo una lección en el camino.
Acompañan a los tres astros mencionados rostros tan familiares -y agradables de ver- como los de Charles Durning, Bill Cobbs, Joe Grifasi, Roy Brocksmith, Peter Gallagher, Steve Buscemi o Jon Polito. Por ahí anda John Goodman en plan cameo. Y la neumática y malograda Anna Nicole Smith (ese mismo año interpretó a una grotesca mujer fatal en el tercer "Agárralo como puedas") La gran sorpresa viene dada por la presencia, bastante destacada, de Bruce Campbell, demostrando más que nunca sus limitaciones interpretativas. Recordemos que había intervenido en el pre-trailer de "Sangre Fácil", parido para engatusar a posibles inversores, y volvería a tener escasas y muy breves apariciones en "Fargo", "Crueldad Intolerable", "¡Ave, César!" o la entretenidísima "Ladykillers", sin embargo, me sorprende que, dadas las amistades comunes, los Coen no hayan contado con él para nada más sucoso. Obviamente, Sam Raimi también se marca un papelillo, pero esta vez mediante sombras chinescas. Le acompaña en tal función John Cameron, otro de los integrantes del clan Raimi que abandonaría el barco para quedarse exclusivamente con los hermanos.
Vi "El gran salto" en una sala considerada "de arte y ensayo", lugar de peregrinaje para los fracasados escarceos con el mainstream de cineastas, hasta entonces, considerados minoritarios (ocurrió también con Kevin Smith y su "Mallrats"). Lo comento por el par de anécdotas conjuntas. El "tío de la puerta" resultó ser un viejo compañero de EGB. Así que me dejó entrar gratis. Mientras charlaba con él, apareció un ya entonces reputado crítico de cine,"gurú" de la cultura popular, habitual de las páginas de "Fotogramas". Le conocía personalmente por senda ocasión pasada y creyó que andaba camelando al responsable del cine para entrar por la pati. Terminado el film, volvimos a encontrarnos (digo el crítico y yo). Preguntó que qué me había parecido. "Psé" esputé yo. "A ti es que no te gusta nada" contestó. Entonces me escaseó el ingenio, pero lo suyo habría sido contraatacar con: "Pues a tenor de tu trabajo, ¡a ti te gusta todo!".
Sí, "El gran salto" no me convenció en su momento. La encontré demasiado convencional, dentro de lo que es, y medianamente previsible, considerando lo poco que eso suele darse en el cine Coeaniano (una de sus mayores virtudes, añado con admiración). Son las secuencias a base de pura narrativa visual, dinamismo e inventiva chorreante, las que se quedan grabadas en la retina. Me vienen a la mente la del "ataque de risa conjunto" y, sobre todo, la del hula-hoop. Decir que -nuevamente según el libro- fue Sam Raimi quien se encargó de dirigir esta última, en plan segunda unidad.
Consumida hace escasos días, "El gran salto" me resultó muy buenrollera y agradable
, aunque sí es cierto que, a ratos, su estultismo deliberado cargaba un poco las tintas en plan "no, no es tan gracioso". Pero, ¡ei!, tampoco diré nada malo. Si buscas evasión saludable, sobra y basta.
Epílogo: Gracias al libro, me he reconciliado con algunas de mis menos favoritas películas de los hermanos, caso de "Crueldad Intolerable" (de "imposible de terminar" ha pasado a amena y dinámica) o "Quemar después de leer", y también ha sido útil para
 redescubrir tantas otras ("El hombre que nunca estuvo allí", "A propósito de Llewyn Davis"...). Por todo ello, Joel y Ethan han ascendido unos cuantos puestos en mi actual lista de cineastas favoritos.

sábado, 3 de julio de 2021

13 FANTASMAS

1999 fue un año fundamental para el cine de terror. Coincidieron en la temporada de estrenos dos películas tremendamente distintas. Por un lado, el semi-amateurismo de "El proyecto de la bruja de Blair", con sus traqueteos de cámara, la utilización del vídeo como formato y su apuesta por un miedo puro, duro, sin efectos especiales, ni hemoglobina, ni nada. Y por otro una gran producción de estudio, "La guarida", remake del clásico "The Haunting" con actores de primer orden, un montón de guita invertida en impresionantes decorados y unos efectos especiales elaborados, incluyendo CGI. Bien, ¿qué pasó? que la humildad del film independiente de la bruja arrasó, mientras que la aparatosa muestra de terror mainstream pinchó. El público se cagaba de miedo con la primera, pero se pitorreaba de la segunda. Una auténtica lección para los mandamases y ejecutivos de las grandes compañías que entenderían que el terror (y especialmente el miedo), si quería funcionar, tenía que ser sutil, simple y atmosférico. Que el exceso de efectos y grandilocuencia era algo que, por naturaleza, iba en contra de sus mecanismos. Pero la pregunta es ¿se aplicaron la lección? pues no. Ese mismo año, dos integrantes de las altas esferas del entretenimiento como Robert Zemeckis y Joel Silver, se sacan de la manga "Dark Castle Entertainment", una productora especializada en parir terror de lo más mainstream, con la excusa de poner al día (algunas de) las viejas películas de William Castle. Claro, unas mentes creativas tan alejadas del género, y acostumbradas a manejar guita y tirar de grandilocuentes escenas de acción y aventura, solo podía dar como resultado producciones de terror donde encontrábamos absolutamente todo lo que había fallado en "La guarida", con ideas visuales de esas tan recargadas e imposibles, y tan insistentes, que te sacaban de la película e imposibilitaban cualquier atisbo de crear atmósfera. Títulos como "House on Haunted Hill", "Barco Fantasma", "La casa de cera" o esta "13 Fantasmas".
El padre de una familia humilde, que vive con el trauma de haber perdido a la madre en un incendio, recibe de inesperada herencia una enorme y extravagante mansión construida a base de paredes de cristal y estrambóticos mecanismos de relojería. Acuden para retozar por ahí, desconociendo que al antiguo dueño del lugar le gustaba cazar fantasmas chungos. Muy malotes. Como los que hay encerrados en el sótano y que, no por casualidad, saldrán de sus celdas con ganas de llevárselo todo por delante, comenzando con un abogado -¡cómo no!- que sufre una muerte de lo más espectacular y truculenta y que, al final, se erige como el único momento realmente meritorio de "13 Fantasmas".
Vi la película original de William Castle hace muchos años y no la recuerdo. Pero me consta que el parecido con este remake es escaso. Solo en lo superficial. Destaca la coñeta de las gafas especiales para ver a los fantasmas. En la de Castle eran unas que el público también se ponía y, según el color elegido, las presencias pasaban de invisibles a visibles. En el caso que nos ocupa, únicamente se valen de ellas los personajes del film. Como gran producción que es, y teniendo claro a estas alturas que todo excesivo dispendio monetario en un caso así se vuelve contra la finalidad de la película, los diseños de las almas en pena son espectacularmente barrocos y, en algunos casos, un poco ridículos. Tampoco la mansión es moco de pavo.
Pero ninguna de esas excentricidades puede superar en capacidad de agotamiento a la interpretación de Matthew Lillard, cuya tendencia a la sobreactuación -algo a lo que ayuda esa cara tan "cartoon" que gasta- en "13 Fantasmas" estalla de manera totalmente descontrolada. Le siguen el siempre eficaz Tony Shalhoub, la más o menos sexy Shannon Elizabeth -que en aquella época se había convertido en la fantasía pajillera de adolescentes yankis gracias a su papel + topless en "American Pie"- y F. Murray Abraham añadiendo unas gotas de categoría... sin lograrlo del todo.
El resultado es una película que te deja físicamente agotado al terminar, especialmente gracias a muchas de las salidas estéticas que se impusieron entonces y que, por fortuna, duraron poco (flashes cegadores, micro-aceleraciones, montaje sincopado, etc, etc). No diré que no sirve para una tarde de máximo sopor. Sobre todo el arranque, que siempre suele estar muy bien en todo producto Hollywoodiense. Luego bostezas unas cuantas veces hasta que llegas al clímax, que te despierta a puñetazos, y se acaba.
Puro "fast food", etiqueta que, pal caso, encaja como un guante.

sábado, 9 de noviembre de 2019

HERIDA ABIERTA

Tal y como comenté en la reseña anterior de este escueto y atolondrado mini-ciclo Steven Seagaliano, "El último patriota" fue el principio del fin de la carrera del astro. Aunque si lo miramos detenidamente, descubriremos que la cosa ya venía de antes. Digamos que se masticaba la tragedia. Tras "Glimmer Man", Seagal intervino en el sitcom televisivo "Roseanne", para luego emprenderla con "En tierra peligrosa 2", que no funcionó lo que se esperaba (reseña en breve). El actor se encontraba al borde del abismo. Suerte que el legendario productor de "actioners" Joel Silver, con quien Steven Seagal ya había currado en "Decisión Crítica", aunque interpretando un rol secundario, vino en su ayuda ofreciéndole el protagonismo absoluto de "Herida Abierta". Eso sí, con condiciones: Se acabó el rollo jipi, nada de panfletos ecológicos, nada de misticismos, ni trajes de monje, ni collares... ¡ni siquiera una coleta!. El film iba a ser una historia clásica de policías en la que Seagal daría vida a uno lo más común y corriente posible.
La trama gira en torno a un servidor de la ley algo conflictivo (inevitable escena del jefe abroncándole por sus métodos poco ortodoxos) al que le cambian de distrito. En la nueva comisaría las cosas tampoco le irán demasiado bien (acabará incluso como guardia de tráfico), aunque su obsesión por pillar a un supuesto traficante de drogas le meterá en una espiral de corrupción dentro del mismo cuerpo que, inevitablemente, acabará en tiroteo y muerte. Como veis la historia no es que brille por su originalidad, pero sí depara un giro sorpresivo y está narrada de manera menos convencional de lo habitual. Aunque me queda la duda de si es un mérito que podemos achacar a su origen literario, incluidos unos sobrios y ajustados diálogos, o está narrada con el ojete y lo confundo con genialidad por parte del guionista, que también podría ser.
De entre medias, pues no faltan unos contadísimos numeritos de lucimiento para el amigo Seagal, aunque, teniendo en cuenta el tono "realista" de la historia, resultan bastante flipados e inverosímiles, con el actor, ya entrado en carnes, dando saltos y giros más bien imposibles en los que cantan un huevo los -gruesos- hilos que le levantan. El toque de humor lo pone una reunión a la que Steven Seagal es obligado a acudir para rebajar su ira interna. Estupendo el momento en el que, sin mover una ceja, mira a la moderadora y le esputa "¿Ve esta cara? Esta es una cara feliz". Es aquí donde aparece Tom Arnold (supongo que él y Seagal harían buenas migas en "Rosanne"), dando vida al inevitable personaje gracioso/cansino. A uno de los dos, el otro es el gorderas negro Anthony Anderson. Al final, durante los créditos, ambos se reservan un especie de show conjuntado con pinta de estar improvisado, más vergonzante que divertido. 
Desconozco si fue hecho a posta o no, pero igual que en "Glimmer Man" le pusieron un comediante negro a Seagal, por aquello de compensar su falta de gracejo, en "Herida Abierta" le cuelan de comparsa a otro negro con otra cualidad: ser aún más inexpresivo que él. Y ya es decir. Hablo del rapero convertido en actor DMX (quien por lo visto no se llevó nada bien con Seagal).
Otros seres humanos reconocibles que aparecen a lo largo de la función son Isaiah Washington, Michael Jai White, Bill Duke, Bruce McGill y papelito para Eva Mendes (a quien doblaron por considerar que no sonaba como una persona inteligente -¿?-. Lógicamente molesta, la actriz echa pestes de la peli).
Dirige Andrzej Bartkowiak, con una carrera lustrosa en el campo de la dirección fotográfica pero más bien poco llamativa en la de director a secas.
"Herida Abierta" no fue el éxito que se esperaba, por lo que la carrera de Steven Seagal siguió su imparable camino descendente.

viernes, 1 de febrero de 2013

TIPOS DUROS

En mi pubertad y adolescencia, y desde que vi la película “El Rector”, sentí una gran admiración por James Belushi. Era mi actor favorito. Devoraba sus películas, iba al cine a verlas aunque el tuviera un papel secundario. Ya, según iba creciendo, fui descubriendo a su hermano John, y a medida que la fama de James iba descendiendo, lo hacía también mi fanatismo hacia el. Ya hacía películas muy malas, telefilmes en su mayoría.
Sin embargo,  como cuanto más mayor me hago, más desaparecen mis prejuicios cinematográficos, y como inevitablemente, la nostalgia se apodera de uno, estoy viviendo, junto con mi amigo Chema, que más o menos vivió el mismo fanatismo por el actor, una segunda etapa Jim Belushi. La misión es recuperar en dvd toda su filmografía, cosa esta, que estoy consiguiendo poco a poco. Chema anda más interesado en sus películas más clásicas y populares (“El rector”, “Súper Agente K-9”, “Millonario al instante”), y yo ando más interesado en su etapa más video clubera y oscura, de la que hay bastantes títulos y de los que, prácticamente, no he visto ni uno. Así pues,  ya saben que irán leyendo  sobre Belushi de vez en cuando por aquí.
Lo malo es que no todos sus títulos son lo suficientemente interesantes como para reseñarlos, este es un completismo un tanto absurdo, pero los que me llamen la atención, si que irán apareciendo por aquí.
Este “Tipos duros” del año 1999, cuenta la historia de un antiguo mafioso que en un momento dado, traiciona al capo robándole 12 millones de dólares y largándose con ellos a un pueblecito de la America profunda. El capo se entera de que ha sido el, y le manda a dos matones para que se lo carguen.
En plena contienda, entre huidas, tiros y peleas, aparece en el camino de los mafiosos el Sheriff del condado, que desestabilizará los planes de todos.
Se trata de un telefilm para la televisión por cable. Pero no es un telefilm cualquiera, este es de los buenos, producido nada menos que por Richard Donner y Joel Silver, con lo que no se escatima en medios.
Lo mejor de la película es que es una película de acción dura y pura, y no da nada más que eso, acción pura y dura, montada toda ella con una soltura y un ritmo acojonante. El bombardeo de imágenes al que se nos somete, no da lugar al aburrimiento, y eso que el argumento brilla por su ausencia. Aquí se trata de pegar tiros y pegar tiros.
Belushi, en su peor momento profesional (recordemos que hace no mucho lo rescató Roman Polanski dándole un papelito en “El Escritor”, y que vive una segunda juventud en televisión gracias a series como “El mundo a través de Jim” y “Los defensores”), y físico, está tan gordo que casi parece Bud Spencer, y se tiene que dejar perilla para disimular su purulenta papada. Verle correr en la película, que lo hace y mucho, da bastante pena.
Lo bueno es que James Belushi, hace muchos años que dejó de ser actor para pasar a ser tan solo James Belushi, con lo que en una película como esta, en la que el argumento es duro y serio, este no puede parar de soltar chascarrillos de dudosa gracia a lo James Belushi. Y eso siempre mola. Al igual que Al Pacino, desde que hizo “Esencia de mujer” parece que está siempre haciendo de ciego, Belushi desde que hizo “Súper Agente K-9” hace siempre, y sin excepción, del agente Dooley. Y es porque ya por aquél entonces estaba haciendo de James Belushi.
Por lo demás, un telefilm de lujo, que para pasar un ratillo frente al televisor, ya nos vale.
Junto a Belushi, un menos envejecido Timothy Dalton y la tetuda Vanessa Angel, cuyas operaciones estéticas ya empezaban a deformar el rostro de una de las más bellas secundarias del Hollywood de tercera.
En la dirección Louis Morneau, director de “Bats”, y especialista en telefilmes y secuelas video cluberas como “Carretera al infierno 2” o “Nunca juegues con extraños 2”.

martes, 8 de noviembre de 2011

JEKYLL Y HYDE... HASTA QUE LA RISA LES SEPARE

De chaval me encantaba esta peli. Recuerdo que incluso la alquilé con un grupo de amigos y la vimos todos juntos, pasándolo en grande (menos uno, que se ofendió con un inocente gag en el que un cochecito de bebé cae al suelo). Desde entonces no había vuelto a verla... y ayer noche, antes de hacerlo, la curiosidad se mezclaba con el temor. Ya saben cómo va esto.
No hay mucho que contar de la trama, ya que al mismo tiempo que adapta en tono cómico la famosa obra de Robert Louis Stevenson (ojo a su "aparición especial", probablemente lo mejor de toda la peli), imita otra versión coñera de aquella, "El profesor chiflado" de Jerry Lewis. En este caso Jekyll es un cirujano estupendísimo que un día abandona su especialidad para investigar sobre las drogas. De este modo, y con ayuda de algún que otro accidente, inventa una farlopa (muy de moda en aquellos tiempos, 1982) que al esnifarla te convierte en un golfo de tomo y lomo, sexualmente hiperactivo y con un aspecto lejanamente punkero, algo también muy acorde a la época y que es explotado en una secuencia en la que el Sr.Hyde se mete en un club lleno de crestudos bailando al son de una canción rockera/nuevaolera cantada con "actitud" por la moza de sus intereses. De hecho, en otra secuencia el buen doctor lleva una chupa llena de chapitas, y del cuello le cuelga una gillette, lo que sumado a sus pelos de punta incrementan el asunto. Todo ello extrañamente mezclado con ciertos ribetes discotequeros. Vamos, que los guionistas tenían una paja monu y mental.
"Jekyll y Hyde... hasta que la risa les separe" es un raro caso de comedia juvenil/gamberra mezclada con puro "spoof". Hacía no tanto que "Aterriza como puedas" había triunfado en taquilla, y para promocionarla se usaba el slogan de "Los desastres de estos hospitales son tan divertidos como las catástrofes aereas de "Aterriza como puedas"". Ni caso... ¿o si?, porque a fin de cuentas las secuencias puramente "spoof" se desarrollan estrictamente en el hospital. El resto, es comedia más standard y pretendidamente ofensiva (que no llega) a base de muchos chistes picantes (el mejor es el del "objeto foráneo"). El director demuestra muy poca imaginación a la hora de rodar, limitando algunas secuencias a largos planos generales y demasiadas pausas que se cargan el ritmo. Aquí el que de verdad se luce (y se cansa) es el prota, Mark Blankfield, marcándose una lección de histrionismo actoril y físico que te agota nomás verlo. ¡AH!, fricada: la voz que le meten en el doblaje español a Hyde es la misma que le metían al prota de "Hysterical" cuando andaba poseído.
En la producción nos encontramos a un novatillo Joel Silver, que acabaría siendo el cerebro en la sombra de los grandes títulos de la acción ochentera. En el reparto, pues muchas caras más o menos conocidas, destacando por curiosas las de Cassandra Peterson (futura "Elvira" y, ¡ojo!, que enseña pezón), Tim Thomerson (futuro astro de la serie Z), Barret Oliver (el niño repelente de "D.A.R.Y.L."), el enano negro Tony Cox (¿pero este señor ha hecho algo más que no sean comedias desmadradas?) y el eterno secundario de ojitos minúsculos Art La Fleur.
En definitiva, no es tanto como la recordaba, pero tampoco creo que pueda llamarla caca. Sin ser especialmente efectiva en su cometido de hacer reír, y desprendiendo a veces
 un tontismo excesivo, la verdad es que "Jekyll y Hyde... hasta que la risa les separe" se puede ver y no aburre demasiado. Simpática por los pelos.

jueves, 6 de mayo de 2010

EL CLUB DE LOS VAMPIROS

Si hay una serie que caló hondo en los 90 esa es "Tales from the crypt", la esperada adaptación en formato dignificado de los famosos cómics de horror de la legendaria "E.C." sorpresivamente sobrada en truculencia a pesar de los muchos nombres de categoría que rulaban por sus créditos, con especial interés en su equipo de producción, del que destacaban con méritos Richard Donner, Robert Zemeckis, Joel Silver y Walter Hill. ¡Caziná!.
Dada la popularidad de la serie, era cuestión de tiempo que saltara a la gran pantalla, y así lo hizo con "El caballero del diablo", simpático largometraje que compartía con su hermana televisiva el gusto por mezclar terror con altas dosis de humor y gran guiñol. "Tales from the crypt", y su entrañable "Crypt Keeper", ejercían de apadrinadores y presentadores de la historia.
Supongo que el éxito de aquella empresa fue suficiente como para repetir. Y de eso va "El club de los vampiros", o "Bordello of Blood", que arranca igual, con el sello "Tales from the crypt" y "Crypt Keeper" presentando la movida (simpática coña privada a costa de un William Sadler -habitual de la saga, estaba incluso en "El caballero del diablo"- interpretando una momia). El argumento de esta se asemeja mucho al "Beverly Hills Vamp" de Fred Olen Ray, aunque no creo que tengamos que comenzar a pensar mal... hay que asumir que, después de todo, la idea de la casa de putas en la que todas son vampiros no es tan innovadora (existe un "Vampire Hookers" de los 70 dirigido por Cirio H. Santiago). Las mismas mentes que parieron "Regreso al futuro", Zemeckis y Bob Gale, se jactan en los créditos de haber tenido la IDEA (que no escrito el guion). En cualquier caso, al burdel de sangre irá a parar el hermano de la prota. Su desaparición inducirá a esta a contratar los servicios de un detective la mar de golfo y, en fin, se desencadenarán todos los infiernos.
El reparto no deja de ser curioso, destacando Chris Sarandon (el chupasangre de "Noche de miedo") como simpático predicador un poco hijoputa, Corey Feldman de colgao, la supuestamente guapa Erika Eleniak y el encantador Phil Fondacaro o "el enano habitual en las producciones de Charles Band". El dire es el típico currelas televisivo.
"El club de los vampiros" es, a todas luces, un entretenido producto que en ningún momento se toma en serio a si mismo. Procura satisfacer a los fans del género echando buena mano de toda la sangre y la truculencia posibles, que no es poca (permitida por la censura gracias al elemento cómico, generoso pero no excesivamente molesto) y lo hace de modo alegre y saleroso, desacomplejadamente, dotando al conjunto de un notable aire festivo y dicharachero altamente disfrutable. Vamos, que mola (¡Ah! y en cuestión de tetas tampoco se queda corta).
Sin embargo, en el cine la peli se estrelló sonoramente, motivo por el cual, uno, aquí llegó directamente en vídeo, dos, puso punto y final a las pelis del sello "Tales from the crypt", siendo la última de ellas, "Rituals", desprovista oficialmente de la etiqueta. Lástima.

miércoles, 3 de marzo de 2010

NINJA ASSASSIN

De chaval fui muy fan de los ninjas. Y, por consiguiente, también lo fui de Shô Kosugi (ni Michael Dudikoff, ni David Bradley), ¡el ninja del cine!, que se ganó tal medalla interviniendo en la respectiva saga producida por la "Cannon", y luego en títulos de segunda tan emblemáticos como ese "Indestructible: Ruega por tu muerte", en la que era un Charles Bronson de las artes marciales y tal.
Por todo eso, saber que "Ninja Assassin" significaba el regreso de Shô Kosugi a su especialidad era motivo suficiente para echarle un ojo, algo que ocurrió ayer noche. La historia es lo de siempre, super-ninja asesino entrenado por un clan (del que el Sr.Kosugi es "master") se vuelve contra estos cuando intentan sacarle su maldad, puesto que él, en realidad, es un buencha. El clan se fija en una pava que les sigue la pista y deciden matarla, pero ahí estará el prota dispuesto a defenderla y arrasar con todos los malos, incluido el pobre Shô.
Vale, el dire es el de "V de Vendetta", produce Joel Silver y los papás de "Matrix", y está basada en un video-juego. Dicho esto, cabe destacar lo mejor de "Ninja Assassin", su violencia. Si colegas, esta peli muestra los chorretones de sangre más generosos y rojos que he visto en mi vida (bueno, si no contamos las epopeyas ultra-gore niponas, donde ahí directamente son geysers), aquí hasta por un corte durante el afeitado la sangre surge a borbotones. Aunque en realidad la escena más brutal es la primera, en la que un grupo de yakuzas mueren de los modos más salvajes, truculentos y retorcidos... dignos del film de horror más bruto que te puedas imaginar. Claro, semejante arranque deja el listón demasiado arriba, y luego el resto del film no iguala tal escabechina.... pero puesto que yo ya estaba avisado, me dediqué sencillamente a disfrutar de la peli. "Ninja Assassin" no es ninguna flipada, pero sí un entretenimiento muy potable y perfectamente consumible (y el cartel siempre me pareció la polla).

martes, 8 de diciembre de 2009

LA CASA DE CERA

Este film tenía en su momento todas las papeletas para caerme mal... residuos de la escuela "Scream", producción "Dark Castle" (y aunque es cierto que últimamente atinan más, en aquella época -y salvo "Ghost Ship", siendo compasivos- todo lo que sacaban era mierda), terror moderno estilo Hollywood, look demasiado limpio, guapitos y guapitas en el reparto, el irritante personajillo de la cámara de vídeo en mano, etc, etc. La vi y, bueno, no me desagradó demasiado, pero los prejuicios pesaban más y tras cerrar el reproductor de dvd, pasaron unos cuantos años hasta que hace poco vi "La Huérfana", del mismo realizador -y paisano-, y me gustó (producción "Dark Castle" también) lo que me animó a revisar su debut, "La casa de cera", supuesto remake -o reactualización- del clásico de André De Toth, con Vincent Price, pero con la que, finalmente, únicamente guarda un punto en común, la fabricación de figuras de cera partiendo de cuerpos humanos... el resto bebe mucho de una fuente no reconocida, "Trampa para turistas". El grupo de niñatos que llegan a un museo semi-abandonado, el misterioso tipo que les atiende, la casa infestada de figuras (en este caso maniquís), el supuesto hermano enmascarado que ata a sus victimas y hace moldes de sus rostros cuando estos aún viven.... Por cierto, básicamente acabo de contar el argumento, así que no me extenderé en ese punto.
Resulta curioso cómo, siguiendo las leyes del nuevo Hollywood, aquí todo está multiplicado por diez respecto a la peli original. Si allí los muñecos de cera / carne llenaban un museo, aquí son tantos que habitan un pueblo. Si allí lo de "casa de cera" era metafórico, aquí es literal, el museo está hecho de cera... vale, es una idea cojonuda y da mucho juego, sobre todo en el espectacular desenlace, cuando se va derritiendo poco a poco a causa de un incendio... pero, si somos prácticos, uno se pregunta ¡¿cuánta cera y cuantos años hacen falta para construir algo así entre dos personas?!, hummm... suerte que con esto del cine soy como las putas, y me lo trago todo sin preguntar demasiado.
Y hablando de furcias, una de las atracciones de "La casa de cera" era que la idem mediática Paris Hilton interpretaba un papel (el que mejor le va, de zorra) y encima, tenía una muerte bastante chula. Y es que aunque no nademos en sangre, la peli tiene sus detallitos truculentos, siendo el más retorcido el que le aplican al noviete de la chica prota, sorprendente precisamente por ser el personaje que es.
El director, como decía arriba, es el catalán Jaume Collet-Serra, ejerciendo aquí de aplicado artesano en lo que es, básicamente, una peli "de productores" (Joel Silver y Robert Zemeckis entre ellos, nada menos), pero lo hace bien (lo curioso es que haya necesitado otro film de terror hecho en USA para que la gente de aquí se fijara en él, como si no tuviera mérito haberse colado en plena maquinaria norteamericana del cine).
¿Y qué me parece ahora "La casa de cera"?, pues bueno... nada especial, pero sí una peli muy potable, con buenas ideas y perfectamente visible. Cine de entretenimiento en el mejor sentido del término.

sábado, 3 de octubre de 2009

SMASH CUT + THE HILLS RUN RED / COLINAS SANGRIENTAS

Este año en el Festival de Sitges voy a ver muy poco cine (como cada nueva edición), pero lo poco que vea será reseñado en este vuestro/nuestro querido blog. Ayer noche me zampé la primera de las llamadas "Midnight Extreme", sesiones dedicadas a la proyección de varios títulos más o menos catalogables de extremos, o gore o... muy de genero, en definitiva.
"Smash Cut" prometía mucho, pues se trata de un tributo absoluto a Herschell Gordon Lewis, padre del gore con "Blood Feast" o "2000 Maniacs" y actor en esta ocasión (imita/parodia el aviso previo al contenido del film, tal como hiciera Thomas Wood en "Blood Feast" -o su trailer-, solo que en esta ocasión no debería causarlo el exceso de sangre y violencia, sino la baja capacidad que tiene "Smash Cut" de aportar algo potable). De hecho, el mismo H.G.Lewis in person fue quien introdujo la película ayer noche, intentado sacarle algo bueno. Supongo que no soy muy amigo de las comedias gore... pero es que aún lo soy menos de las comedias gore que no hacen reír, y los niveles de sangre y mutilaciones que muestran es mas bien escaso. "Smash Cut" está entre esas. Un director de cine de terror acabado, descubre cómo utilizando sangre real -y extremidades amputadas auténticas- se siente más realizado, ello le acabará conduciendo a la locura y matando a todo quisqui (o al tipo de personajes que, por lo visto, un realizador "exploitation" está obligado a detestar: críticos petulantes, vídeo-artistas, ejecutivos, inversores... ¡y público!).
La única gracia de "Smash Cut" es su continua alusión a aspectos del universo real y fílmico de Herschell Gordon Lewis, el detective prota es idéntico al de "The Gore Gore Girls", la idea de base, y una secuencia en concreto, son puro "Color me blood red", la música, la estética, el look... lástima que también los defectos (los muchos defectos) del cine de Lewis se recrean, pero sin la gracia y el encanto de la obra original. Encima, los dos guiños actoriles del reparto, David ("La última casa a la izquierda") Hess y Michael ("Las colinas tienen ojos") Berryman resultan patéticos.
"Smash Cut", además de nada divertida, y menos gore de lo que prometía, es aburrida, monótona, sosa y deprimente.
La siguiente fue "The hills run red", primero anunciada como "torture porn" y luego como "slasher". Se trata de una producción "Dark Castle" (aunque solo vemos a Joel Silver como tal) cuyo fin es homenajear el cine de acuchillamientos de los ochenta. No se si el mal sabor de boca que me dejó "Smash Cut" contribuyó a la buena impresión que acabé llevándome de este film, que de no haber visto en Sitges en un cine -proyectado en dvd, eso sí- habría terminado alquilando y, seguramente, disfrutando moderadamente.
Un fan del cine de terror está obsesionado con un slasher oscuro del que solo se puede ver el trailer (muy deudor de "Thanksgiving" y la cargante estética "Grindhouse"... creo que rula por youtube), así que decide investigar al respecto con el fin de localizarlo. Se pone en contacto con la hija del desaparecido director (Sophie Monk, una auténtica morritos calientes que lo enseña casi todo y... bueno, quita el hipo) y, junto a su adúltera novia y su "amigo", parte en busca del bosque donde se rodó y la cabaña que habitaba el autor del ignoto film (interpretado por un adecuado William Sadler). Ni que decir que un psycho-killer enmascarado de chanante aspecto les pisa los talones.
El arranque de "The hills run red" es mejor que el desenlace, y es una lástima. Logran engancharte desde un buen principio, y te van alegrando la vista a ratos con un poco de gore burro (eso sí, en CGI y muy muy Hollywoodiense tipo B) y sutiles guiños al género de asesinos enmascarados. Entonces aterrizamos en el tercer acto y la cosa se desmadra... sí, mucho grito, mucho sufrir, alguna tortura, bastante líquido rojo... la histeria propia del desenlace de "La matanza de Texas", pero estilizada y cargante.
De todos modos, la peli se aguanta bien, entretiene bastante y es perfectamente visible.