Hace unos días gocé como un enano viendo "Michael", el biopic sobre Michael Jackson. Que sí, lo digo en serio. Una entretenida epopeya de dos horas que pasan volando. Da igual si el prota de la historia te mola o no (mi caso), la peli funciona como tal y eso es lo que importa. Obviamente, uno de sus pasajes se centra en la confección de "Thriller". Incluso vemos brevemente a un sosías de John Landis (y a otro de Rick Baker). Que lo sitúen tan de refilón tal vez obedezca a que, hoy, el otrora exitoso cineasta ejerce de oveja negra. Ya lo fue en los ochenta a partir de la movida de "En los límites de la realidad", y siguió siéndolo en los noventa y dos mil. Pero ahora, con el despuntar del Wokeismo y la caza de brujas imperante, esa mala prensa ha escalado muchos peldaños y si ya era malo entonces, ahora es el demonio (incluso ni tan siquiera sale en la ficha de "la secre"... laméntense por el pobre extra que le confiere vida).
Fue desconcertante recordar esa versión de un Landis pletórico y surfeando la cresta de la ola (gracias a "Michael") para, escasamente un día después, encontrarme con el otro, el decadente, incapaz de recuperar su buena estrella por mucho que lo intentara (la peli reseñada). Apenas habían pasado diez años desde la realización de "Thriller", curro que le fue adjudicado gracias a lo mucho que Michael Jackson disfrutó con la, hasta entonces, primera y única incursión de John Landis en el terror (mezclado con una comedia muy relativa), "Un hombre lobo americano en Londres". Justo por eso, cuando a principios de los noventa anunció que, por fin, regresaba al género / formato, los "fans" tuvimos claras dos cosas: Uno, aquella era una ocasión especial y, dos, el tipo debería estar muy muy desesperado como para intentarlo de nuevo con la fórmula que tanto le había funcionado en el pasado. La diferencia es que esta ocasión cambiábamos hombres lobo por los siempre aburridos vampiros. El invento respondería al título de "Innocent Blood" (aquí "Sangre Fresca (una chica insaciable)". En Australia "Un vampiro francés en América", ¡¡ja!!) y todos los medios especializados se hicieron eco de ello, empezando por "Fangoria" (incluida su entonces ya activa hermana española). Y así, de lejos, la premisa era prometedora, tenía potencial: Una vampira de buen corazón únicamente ataca a gente mala, en este caso mafiosos. Siempre procura pegarles un tiro a posteriori para, así, evitar que revivan convertidos en parte de su especie. Pero un día, y por sendas movidas, no logra dar el toque de gracia a su nueva cena, nada menos que un capo de lo más poderoso y malvado. Inevitablemente, este regresará de la muerte con nuevos poderes y decidirá convertir en vampiros al resto de su "famiglia" para, asín, hacerse invencibles. Por supuesto la vampira, con ayuda de un policía / interés amoroso, le parará los pies.
John Landis contaba con todo lo necesario para lograr un pleno. Su, como digo, vuelta al género con el beneplácito de todo el "fandom". "Warner Brothers" abrazando el proyecto. Un reparto de primera, con la francesita Anne Parillaud, caliente aún de "Nikita, dura de matar", en lo que se prometía su deseada incursión Hollywoodiense -sale en pelota picada nomás arrancar el film-, seguida de nombres del calibre de Anthony LaPlagia (el poli / interés amoroso), Robert Loggia (algo sobreactuado), Angela Bassett, Don Rickles y los habituales de cualquier peli con mafiosos que se precie, David Proval, Rocco Sisto + Chaz Palminteri. Un montón de cameos guapos (Tom Savini, Sam Raimi, Frank Oz, Dario Argento, Forrest J. Ackerman, Michael Ritchie....). El inevitable chiste privado habitual de "See you next Wednesday", efectos especiales punteros y sendas referencias cinéfilas, todas vistas a través de televisores y algo cansinas en su insistencia. Sin embargo, "Sangre Fresca" fracasó, en todos los aspectos y sentidos. Fue un hostiazo tremendo, el "fandom" le dio la espalda, la Parillaud entró en el cine yanki por la puerta de atrás y John Landis tampoco recuperó el brillo perdido, ni la buena prensa.
Pero ¿¿por qué?? ¿¿qué falla?? Pues no sabría decirles... no soy tan ducho en estas lides, aunque afirmo sin despeinarme que es una película aburrida de cojones. Carece de ritmo y dinamismo. Las escenas de acción -pocas, por cierto- no hacen vibrar. La química entre la pareja protagonista es inexistente. Incluso su escena de sexo resulta incómoda de ver. Y todo ello rematado por un abuso de diálogos y la continua sensación de estar ante algo muy atropellado, patoso, sin foco ni finalidad. Tal vez Landis dudó por donde tirar (¿terror, comedia, thriller?) y, al final, al no quedarse con ninguna opción, ni mezclarlas inteligentemente como hiciese con la del licántropo desubicado, pues el plato supo a nada, a vacío. Habría que ver cuanta culpa de ello tuvo el guionista Michael Wolk, quien no había escrito nada previo, ni lo haría a posteriori.
En realidad lo único bueno de todo el desastre es una escena de efectos especiales cortesía de Steve Johnson, en la que un Don Rickless vampirizado se tosta al sol de forma espectacular (hacer notar que Linnea Quigley aparece como enfermera chillona. Aunque seguramente se deba a que en esos días era pareja de Johnson). Tampoco podemos pasar por alto la agradecida y generosa cantidad de tetas, destacando especialmente -por dimensión- las de la actriz porno Teri Weigel.
"Sangre Fresca" es una película absolutamente fallida y olvidable. Si les apetece, en su día publicamos los respectivos fotocromos.
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sábado, 5 de septiembre de 2026
sábado, 10 de enero de 2026
LA MALDICIÓN (CURSED)
Esto va a sonar fatal, pero siempre que pienso en Wes Craven no puedo evitar acompañarlo de una sensación lastimera. Tal vez sea por esa eterna mueca de tristeza que gastaba... o, más probable, la causa esté entre las páginas del libro "Sesión Sangrienta", donde se le dedicaba un buen pasaje narrando sus arranques como hippie aspirante a pintor y/o poeta. Luego se encoñó, tuvo hijos y, aunque intentó dejarlos de lado para seguir sus elevadas inclinaciones artísticas, al final le tocó pringar. Y de ahí, pues ya saben, a rodar porno y luego terror ultra-violento, donde quedó encasillado de por vida gracias a su éxito y, por ende, una posterior integración en el mainstream (incluido fracasado intento de pasarse al drama de alto standing) que le iría desprendiendo progresivamente de gracia y espíritu. Es decir, la fama y las riquezas hicieron aflorar, ya de modo total y definitivo, al hombre de negocios oculto tras el "auteur", y no digamos "el artista". Por eso, seguramente, sus películas iban sumando elevadas dosis de mediocridad a medida que acumulaba años de profesión, porque el interés invertido iría de casi cero a casi menos cien. Y eso, amigos, se nota. Si a todo este cocktail amargo añadimos un rodaje super-caótico y problemático con los terribles gerifaltes Weinstein y su "Dimension Films" al frente (subproductora destinada a confeccionar cine puramente de género, considerado basura por los hermanos), que acabó de traumar a Craven hasta el punto de decidir no aceptar ningún proyecto más únicamente motivado por el montante (promesa, opino, incumplida), pues apaga y vámonos.
Y eso es "La maldición (Cursed)" una película que hacía honor a su título. Se suponía una nueva y llamativa colaboración entre el director de "Pesadilla en Elm Street" y Kevin Williamson, sobrevalorado guionista de "Scream, vigila quien llama", desde la primera secuela de esta última. De hecho, diría que intentaron repetir un poco la jugada. Es decir, aplicar a los hombres lobo en "Cursed" lo aplicado al slasher en "Scream". Porque sí, de eso va el film reseñado, de licántropos. En realidad nada nuevo bajo el sol. La trama es super-trillada y convencional. Dos hermanos son atacados por un enorme lobo. Ambos comenzarán a notar sus respectivas y progresivas mutaciones, obteniendo mayores capacidades físicas, sensoriales y un desarmante sex appeal. Todo esto a la par que el licántropo original anda por ahí jodiendo la marrana. Los protagonistas deberán detenerle para, así, acabar con su propia maldición.
Ahora imaginen todo ello narrado a lo Kevin Williamson, con adolescentes como eje central (de esos sin familia e inadaptados que habitan enormes casoplones -instalados en medio de suburbios llenos de gente bien pálida- y cuya estabilidad económica resulta todo un misterio ), altas dosis de posmodernismo (aunque eso ya lo hiciera, y mucho mejor, Joe Dante en "Aullidos"), referencias cinéfagas (por ahí vemos figuras de "Pinhead", "Jason" y, claro, "Freddy") y unos toques de humor absolutamente patéticos y fuera de lugar (lo de provocar a un licántropo citando sus defectos físicos -en forma humana- y que este responda haciéndote una peineta, da vergüenza ajena), coronados con el peor desenlace imaginable. Lo que comúnmente llamamos un final de mierda.
Desde el momento de su gestación a mediados de los 2000, "Cursed" no arrastró más que mala prensa. El rodaje fue eterno, repleto de refilmaciones, cambios bruscos en el guion y personal entrando y saliendo con pasmosa facilidad. Sorprende descubrir qué actores de renombre participaron para, finalmente, ser borrados de un plumazo (consulten "Imdb", bitches). Lo mismo que los efectos especiales. Primero se fichó al grande y adecuadísimo Rick Baker, luego sustituido por los no menos talentosos Howard Berger y Greg Nicotero. Todos ellos se habían currado sendos hombres lobo a base de látex y animatronic, además de unas cuantas buenas dosis de gore salpicante. Sin embargo, los Weinstein decidieron que preferían CGI y una peli apta para jovencitos. De esta manera, eliminaron la mayoría de escenas de trucos prácticos (dejando solo unos cuantos primeros planos, o planos medios, del monstruo, realmente logrados, sustituyéndolos por auténtica incompetencia. Los retoques informáticos son pura y dura basura), así como toda las mutilaciones y zarandajas truculentas. Con decirles que hubo hasta TRES versiones completas y listas de "Cursed" se lo digo todo, siendo la última y, según testigos, la peor aquella finalmente elegida / estrenada y, obvio es, fracasada a la hora de recolectar billetes verdes. No era pa menos, y no es pa menos. Sin embargo, asumido todo ello, y sabiendo a lo que uno se expone, la película termina siendo una mediocridad tontuna lo suficientemente dinámica y amena como pa rellenar un ratete estulto.
Los actores que sí asoman en el largometraje son una Christina Ricci cada vez menos "chubby" -y, por ende, menos apetecible-, el insufrible Jesse Eisenberg (mira que me cae mal este tío, lo siento), Joshua Jackson, Judy Greer, Shannon Elizabeth, Derek Mears -futuro "Jason" oculto bajo el disfraz de hombre lobo- y Scott Baio como Scott Baio.
Por supuesto, la carrera de Wes Craven seguiría haciendo aguas ya de forma irremediable. Lo intentaría con un thriller convencional de espíritu telefílmico -"Vuelo Nocturno"-, otra de terror con frustradísimas y dolorosas aspiraciones a nueva franquicia -"Almas Condenadas"- y, en un desarmante caso de cierre circular y puesta en evidencia, la tardía y cuarta entrega de "Scream". En el fondo, su epitafio ideal.
Y eso es "La maldición (Cursed)" una película que hacía honor a su título. Se suponía una nueva y llamativa colaboración entre el director de "Pesadilla en Elm Street" y Kevin Williamson, sobrevalorado guionista de "Scream, vigila quien llama", desde la primera secuela de esta última. De hecho, diría que intentaron repetir un poco la jugada. Es decir, aplicar a los hombres lobo en "Cursed" lo aplicado al slasher en "Scream". Porque sí, de eso va el film reseñado, de licántropos. En realidad nada nuevo bajo el sol. La trama es super-trillada y convencional. Dos hermanos son atacados por un enorme lobo. Ambos comenzarán a notar sus respectivas y progresivas mutaciones, obteniendo mayores capacidades físicas, sensoriales y un desarmante sex appeal. Todo esto a la par que el licántropo original anda por ahí jodiendo la marrana. Los protagonistas deberán detenerle para, así, acabar con su propia maldición.
Ahora imaginen todo ello narrado a lo Kevin Williamson, con adolescentes como eje central (de esos sin familia e inadaptados que habitan enormes casoplones -instalados en medio de suburbios llenos de gente bien pálida- y cuya estabilidad económica resulta todo un misterio ), altas dosis de posmodernismo (aunque eso ya lo hiciera, y mucho mejor, Joe Dante en "Aullidos"), referencias cinéfagas (por ahí vemos figuras de "Pinhead", "Jason" y, claro, "Freddy") y unos toques de humor absolutamente patéticos y fuera de lugar (lo de provocar a un licántropo citando sus defectos físicos -en forma humana- y que este responda haciéndote una peineta, da vergüenza ajena), coronados con el peor desenlace imaginable. Lo que comúnmente llamamos un final de mierda.
Desde el momento de su gestación a mediados de los 2000, "Cursed" no arrastró más que mala prensa. El rodaje fue eterno, repleto de refilmaciones, cambios bruscos en el guion y personal entrando y saliendo con pasmosa facilidad. Sorprende descubrir qué actores de renombre participaron para, finalmente, ser borrados de un plumazo (consulten "Imdb", bitches). Lo mismo que los efectos especiales. Primero se fichó al grande y adecuadísimo Rick Baker, luego sustituido por los no menos talentosos Howard Berger y Greg Nicotero. Todos ellos se habían currado sendos hombres lobo a base de látex y animatronic, además de unas cuantas buenas dosis de gore salpicante. Sin embargo, los Weinstein decidieron que preferían CGI y una peli apta para jovencitos. De esta manera, eliminaron la mayoría de escenas de trucos prácticos (dejando solo unos cuantos primeros planos, o planos medios, del monstruo, realmente logrados, sustituyéndolos por auténtica incompetencia. Los retoques informáticos son pura y dura basura), así como toda las mutilaciones y zarandajas truculentas. Con decirles que hubo hasta TRES versiones completas y listas de "Cursed" se lo digo todo, siendo la última y, según testigos, la peor aquella finalmente elegida / estrenada y, obvio es, fracasada a la hora de recolectar billetes verdes. No era pa menos, y no es pa menos. Sin embargo, asumido todo ello, y sabiendo a lo que uno se expone, la película termina siendo una mediocridad tontuna lo suficientemente dinámica y amena como pa rellenar un ratete estulto.
Los actores que sí asoman en el largometraje son una Christina Ricci cada vez menos "chubby" -y, por ende, menos apetecible-, el insufrible Jesse Eisenberg (mira que me cae mal este tío, lo siento), Joshua Jackson, Judy Greer, Shannon Elizabeth, Derek Mears -futuro "Jason" oculto bajo el disfraz de hombre lobo- y Scott Baio como Scott Baio.
Por supuesto, la carrera de Wes Craven seguiría haciendo aguas ya de forma irremediable. Lo intentaría con un thriller convencional de espíritu telefílmico -"Vuelo Nocturno"-, otra de terror con frustradísimas y dolorosas aspiraciones a nueva franquicia -"Almas Condenadas"- y, en un desarmante caso de cierre circular y puesta en evidencia, la tardía y cuarta entrega de "Scream". En el fondo, su epitafio ideal.
lunes, 13 de noviembre de 2023
RATBOY
“Ratboy” es el delirio de una mujer pre-menopausica que, tras dejarle la cabeza como un bombo a su poderoso, célebre y querido novio, se materializa en forma de película que no interesa a nadie y es boicoteada desde dentro —probablemente también por parte de este mismo novio— con el fin de, una vez montada, llegue al menor número de cines posibles.
Efectivamente, “Ratboy” es el debut en la dirección de Sondra Locke, pareja durante un buen puñado de años de Clint Eastwood, quien hace las veces de productor ejecutivo, aunque por algún extraño motivo —que nos imaginamos— no aparece acreditado en modo alguno.
Y es que, desconozco si por los problemas internos durante el mes de rodaje, la tiranía de la que la Locke como directora hacía gala (persiguiendo al actor Robert Townsed diciéndole que si era negro, se comportase ante las cámaras como un negro), o el hecho de que, justo durante la producción, a Eastwood le nombraron alcalde de Carmel y estaría más a eso que al capricho de su novia. Pero “Ratboy” es una de las películas más espantosas que he visto en lustros. Y así debió parecerle también a Warner Brothers que la distribuía y, lejos de potenciar las virtudes de la cinta para conseguirle un gran estreno comercial, prefirió silenciarla.
“Ratboy” tiene una historia insulsa y está fatalmente contada. Podríamos decir que no tiene final, que deambula entre géneros sin un objetivo claro y, sobre todo, es tan aburrida, pero tan, tan aburrida, que en los escasos cines donde se exhibió en Los Angeles y Nueva York el público abandonaba las salas en bandada.
Unos rednecks tienen un híbrido de niño y rata encerrado en un cobertizo. Con el fin de venderlo al mejor postor, avisan a una periodista para que vaya a verlo y le de cobertura en la presa. Esta se apunta a un bombardeo y, lejos de pedir un porcentaje por lo que los paletos saquen, les exige los derechos de explotación comercial del bicho, con el fin de convertir al desgraciado en un espectáculo viviente. En adelante, ella se hará cargo de la horrible bestia y la llevará para arriba y para abajo, viviendo situaciones surrealistas supuestamente cómicas, con personajes que aparecen y desaparecen de escena a antojo (incluida la propia Locke dando vida a la periodista) y sin que nada de esto tenga ningún sentido. “Ratboy” es claramente la obra de una persona que no ha realizado en su vida una película, y lo que es peor, tampoco tiene la más mínima idea de cómo hacerla.
Por supuesto, durante el breve periplo de la cinta, la Locke tuvo que andar negando que esta viera luz verde gracias a la involucración de Eastwood, alegando que ella quería otro estudio y otro productor ejecutivo para su ópera prima y que Clint no quería ni hablar del tema —quizás porque era consciente de que como no se metiera él por medio, ese proyecto no vería la vida ni en mil años. El amor…— y mangoneó todo lo que quiso y más, negando a la directora cambios de escenario o retoques de guion.
Por supuesto, la película se presentó en algún festival europeo (el Festival de Cine de Deaville, por ejemplo) donde de primeras los franchutes le comían el ojete a Clint por su nueva producción, pero, tras los primeros pases, callaron como putas ante lo que era un absoluto espanto. Las críticas fueron feroces con “Ratboy” y la taquilla se quedaba impávida ante las andanzas del niño rata, suponiendo así uno de los grandes fracasos de la Warner Brothers que, probablemente, la estrenó por hacerle un favor a Eastwood quien, a su vez, se lo estaba haciendo a su novia.
Como anécdota, resaltar el hecho de que en Turquía, en un periódico de gran tirada, se publicó en portada una foto del niño rata junto a Sandra Locke. No era un anuncio del rodaje ni nada de esto; se ve que un periodista turco, que andaba por el plató, pensó que el niño rata era real y publicó la noticia diciendo que ese extraño ser había aparecido en un bosque estadounidense, y que la mujer que lo acompaña (la Locke), era una trabajadora social que estaba ayudando al bicho a adaptarse al entorno humano. Es mejor esta anécdota que la película entera.
Los maquillajes, sin ser nada del otro mundo, lo firma un Rick Baker que, probablemente, estaba rebajando su caché como favor a Eastwood —y en consecuencia, se esmeró lo justo—, mientras que en el apartado actoral, además de los anteriormente citados Sondra Locke y Robert Townsed, tenemos a Larry Hankin, Sydney Lassick o el mítico Gerrit Graham.
Como les digo, “Ratboy” es lo peor de lo peor. Una película sin alma. Ni para unas risas. Nada.
Efectivamente, “Ratboy” es el debut en la dirección de Sondra Locke, pareja durante un buen puñado de años de Clint Eastwood, quien hace las veces de productor ejecutivo, aunque por algún extraño motivo —que nos imaginamos— no aparece acreditado en modo alguno.
Y es que, desconozco si por los problemas internos durante el mes de rodaje, la tiranía de la que la Locke como directora hacía gala (persiguiendo al actor Robert Townsed diciéndole que si era negro, se comportase ante las cámaras como un negro), o el hecho de que, justo durante la producción, a Eastwood le nombraron alcalde de Carmel y estaría más a eso que al capricho de su novia. Pero “Ratboy” es una de las películas más espantosas que he visto en lustros. Y así debió parecerle también a Warner Brothers que la distribuía y, lejos de potenciar las virtudes de la cinta para conseguirle un gran estreno comercial, prefirió silenciarla.
“Ratboy” tiene una historia insulsa y está fatalmente contada. Podríamos decir que no tiene final, que deambula entre géneros sin un objetivo claro y, sobre todo, es tan aburrida, pero tan, tan aburrida, que en los escasos cines donde se exhibió en Los Angeles y Nueva York el público abandonaba las salas en bandada.
Unos rednecks tienen un híbrido de niño y rata encerrado en un cobertizo. Con el fin de venderlo al mejor postor, avisan a una periodista para que vaya a verlo y le de cobertura en la presa. Esta se apunta a un bombardeo y, lejos de pedir un porcentaje por lo que los paletos saquen, les exige los derechos de explotación comercial del bicho, con el fin de convertir al desgraciado en un espectáculo viviente. En adelante, ella se hará cargo de la horrible bestia y la llevará para arriba y para abajo, viviendo situaciones surrealistas supuestamente cómicas, con personajes que aparecen y desaparecen de escena a antojo (incluida la propia Locke dando vida a la periodista) y sin que nada de esto tenga ningún sentido. “Ratboy” es claramente la obra de una persona que no ha realizado en su vida una película, y lo que es peor, tampoco tiene la más mínima idea de cómo hacerla.
Por supuesto, durante el breve periplo de la cinta, la Locke tuvo que andar negando que esta viera luz verde gracias a la involucración de Eastwood, alegando que ella quería otro estudio y otro productor ejecutivo para su ópera prima y que Clint no quería ni hablar del tema —quizás porque era consciente de que como no se metiera él por medio, ese proyecto no vería la vida ni en mil años. El amor…— y mangoneó todo lo que quiso y más, negando a la directora cambios de escenario o retoques de guion.
Por supuesto, la película se presentó en algún festival europeo (el Festival de Cine de Deaville, por ejemplo) donde de primeras los franchutes le comían el ojete a Clint por su nueva producción, pero, tras los primeros pases, callaron como putas ante lo que era un absoluto espanto. Las críticas fueron feroces con “Ratboy” y la taquilla se quedaba impávida ante las andanzas del niño rata, suponiendo así uno de los grandes fracasos de la Warner Brothers que, probablemente, la estrenó por hacerle un favor a Eastwood quien, a su vez, se lo estaba haciendo a su novia.
Como anécdota, resaltar el hecho de que en Turquía, en un periódico de gran tirada, se publicó en portada una foto del niño rata junto a Sandra Locke. No era un anuncio del rodaje ni nada de esto; se ve que un periodista turco, que andaba por el plató, pensó que el niño rata era real y publicó la noticia diciendo que ese extraño ser había aparecido en un bosque estadounidense, y que la mujer que lo acompaña (la Locke), era una trabajadora social que estaba ayudando al bicho a adaptarse al entorno humano. Es mejor esta anécdota que la película entera.
Los maquillajes, sin ser nada del otro mundo, lo firma un Rick Baker que, probablemente, estaba rebajando su caché como favor a Eastwood —y en consecuencia, se esmeró lo justo—, mientras que en el apartado actoral, además de los anteriormente citados Sondra Locke y Robert Townsed, tenemos a Larry Hankin, Sydney Lassick o el mítico Gerrit Graham.
Como les digo, “Ratboy” es lo peor de lo peor. Una película sin alma. Ni para unas risas. Nada.
lunes, 21 de agosto de 2023
LOBO SOLITARIO
El director de este bodrio, John Callas, es un currela del mundo audiovisual que lo mismo te dirige una segunda unidad en una película más o menos mainstream —en ese campo es popular por contribuir a “Las colinas tienen ojos 2ª parte”—, que se encarga de dirigir y diseñar la cabecera de Tri-Star Pictures. Cuando no, está trabajando en publicidad y comerciales. En todos estos oficios el individuo se ha ganado cierto respeto, no así como director de largometrajes, sector en el que apenas ha firmado un par de títulos de presupuesto bajísimo y cero repercusión mediática. Las películas de John Callas no se reivindican ni a hostias. Una de ellas data del año 2015 y su existencia no le importó a nadie: “No solicitors” con Eric Roberts —no les digo nada y les digo todo…—, y, la otra, la que nos ocupa, “Lobo solitario”, entra dentro de esa maravillosa categoría que es la serie Z americana ochentera y, aunque tampoco tiene un culto destacable como algunas de sus coetáneas, sí dispone de algún fan a lo largo y ancho del mundo.
El ininteligible argumento trata sobre un profesor de informática con cierta obsesión con las computadoras, un grupo de estudiantes de instituto que deambula a lo largo del metraje y una banda heavy metal que se marca sendos numeritos musicales sin saber muy bien por qué, pero de manera obligatoria al tratarse de una película del año 1988, cuando el heavy estaba en alza. Entre todo este alboroto aparece un hombre lobo que se carga a un par de estudiantes. En consecuencia, unos muchachuelos intentarán eliminarlo. La identidad del hombre lobo en su forma humana es una de las sorpresas del final.
Se trata de una película incompetente de principio a fin, que parece concebida con una única finalidad: Que el espectador sea testigo de la transformación de baratillo directamente inspirada (por no decir plagiada) de la de “Un hombre lobo americano en Londres”. Una secuencia que llama la atención porque es una versión cutre de aquella, pero que deja a uno pasmado porque, aún siendo más pobre, cutre y chabacana, no acaba de estar mal del todo y hasta se parece un poco a la de Rick Baker. Y es que tras los efectos especiales de “Lobo solitario” se encuentra Ted A. Bohus, productor de “Night Beast” o “Criaturas asesinas”, y director ocasional, que también le daba a los F/X y al maquillaje de vez en cuando en películas de su competencia. En ningún caso, el licántropo que vemos en pantalla es tan aterrador y espeluznante como el que luce el póster.
Nada nuevo en el horizonte más allá de esta escena de transformación; se trata de la típica mala película zetosa de finales de los 80, rodada en algo parecido a los 16 mm y tan aburrida, tan tomada en serio y tan serena, que —por suerte— no ha generado un inmerecido culto después. Que se jodan todos esos alelados que solo disfrutan de la serie Z cuando es posmoderna o, en su defecto, cuando es tan mala que les hace reír. Esto es genuino cine malo del que provoca sufrimiento, pero con cierto encanto.
“Lobo solitario” es una producción de Michael Krueger, quien fuera en su momento uno de los editores de la revista "Fantastic Films", fan del cine de terror absoluto que, en cuanto reunió tres o cuatro perras las invirtió en hacer películas como esta, la más "popular" "Transformator" (donde dirigía) o “La casa maldita ” (a.k.a “Amityville 5: La maldición de Amityville”) con las que, no mucho, pero ganaría algunos dinerillos. Contrató los servicios en funciones de director de un currela del cine como era John Callas, dando resultado a esta película de hombres lobo un tanto deslavazada. Pero ahí queda.
“Lobo solitario” llegó a nuestro país en formato vídeo en aquella maravillosa época en la que cualquier cosa que os podáis imaginar llegaba a las estanterías del vídeo-club.
El ininteligible argumento trata sobre un profesor de informática con cierta obsesión con las computadoras, un grupo de estudiantes de instituto que deambula a lo largo del metraje y una banda heavy metal que se marca sendos numeritos musicales sin saber muy bien por qué, pero de manera obligatoria al tratarse de una película del año 1988, cuando el heavy estaba en alza. Entre todo este alboroto aparece un hombre lobo que se carga a un par de estudiantes. En consecuencia, unos muchachuelos intentarán eliminarlo. La identidad del hombre lobo en su forma humana es una de las sorpresas del final.
Se trata de una película incompetente de principio a fin, que parece concebida con una única finalidad: Que el espectador sea testigo de la transformación de baratillo directamente inspirada (por no decir plagiada) de la de “Un hombre lobo americano en Londres”. Una secuencia que llama la atención porque es una versión cutre de aquella, pero que deja a uno pasmado porque, aún siendo más pobre, cutre y chabacana, no acaba de estar mal del todo y hasta se parece un poco a la de Rick Baker. Y es que tras los efectos especiales de “Lobo solitario” se encuentra Ted A. Bohus, productor de “Night Beast” o “Criaturas asesinas”, y director ocasional, que también le daba a los F/X y al maquillaje de vez en cuando en películas de su competencia. En ningún caso, el licántropo que vemos en pantalla es tan aterrador y espeluznante como el que luce el póster.
Nada nuevo en el horizonte más allá de esta escena de transformación; se trata de la típica mala película zetosa de finales de los 80, rodada en algo parecido a los 16 mm y tan aburrida, tan tomada en serio y tan serena, que —por suerte— no ha generado un inmerecido culto después. Que se jodan todos esos alelados que solo disfrutan de la serie Z cuando es posmoderna o, en su defecto, cuando es tan mala que les hace reír. Esto es genuino cine malo del que provoca sufrimiento, pero con cierto encanto.
“Lobo solitario” es una producción de Michael Krueger, quien fuera en su momento uno de los editores de la revista "Fantastic Films", fan del cine de terror absoluto que, en cuanto reunió tres o cuatro perras las invirtió en hacer películas como esta, la más "popular" "Transformator" (donde dirigía) o “La casa maldita ” (a.k.a “Amityville 5: La maldición de Amityville”) con las que, no mucho, pero ganaría algunos dinerillos. Contrató los servicios en funciones de director de un currela del cine como era John Callas, dando resultado a esta película de hombres lobo un tanto deslavazada. Pero ahí queda.
“Lobo solitario” llegó a nuestro país en formato vídeo en aquella maravillosa época en la que cualquier cosa que os podáis imaginar llegaba a las estanterías del vídeo-club.
lunes, 10 de mayo de 2021
808
La Roland T-R 808 Rhytm Composer —popularmente conocida sencillamente como la 808— fue una caja de ritmos fabricada por Roland Corporation a principios de los años 80 que, sin pretenderlo, se convirtió en uno de los instrumentos musicales más influyentes y revolucionarios de la historia de la música.
La 808, caja de ritmos funcional y rudimentaria, fue concebida como complemento para los músicos callejeros que desearan llevar percusión como acompañamiento. Si un guitarrista necesitaba una batería, la principal innovación de esta caja consistía en que podía programar sus propios ritmos de batería. Sin embargo, en sus primeros meses de vida, la caja no gozó de la popularidad deseada ya que los sonidos de batería que creaba eran demasiado electrónicos, raros, grandilocuentes, y parecían todo menos una batería convencional. El bombo resultaba atronador, y las líneas de bajo que se podían conseguir eran poco menos que estridentes.
Sin embargo, el bajo precio con el que se comercializó propició que los viejos popes del Hip-Hop comenzaran a experimentar con ella, a sacarle partido y, así, escribir con este aparato una página de la historia, no ya del Hip-Hop, sino de la música electrónica en general, gracias al “Planet Rock” de Afrika Bambaata & The Soul Sonic Force que utilizaba muy sabiamente las programaciones de la 808, o productores como Rick Rubin que tomaron buena nota de ello. Cuando Marvin Gaye usó 808 en uno de sus más grandes hits, el “Sexual Healing” el mundo de la música supo que esa cajita de ritmos, casi de juguete, había llegado para quedarse.
Generó culto hasta tal punto que, según avanzaba la década, la 808 se convirtió en un aparato esencial en estilos de música tan dispares como pop, Miami bass, acid house, italo disco, tecno… llegando el culto a la maquinita hasta nuestros días que se utiliza en todo tipo de estilos electrónicos contemporáneos como por ejemplo el trap, cuyo patrón consiste básicamente en la utilización de la 808 para construir beats.
El secreto del sonido de la 808, y su consiguiente culto se debe principalmente a dos motivos: Por un lado, para abaratar costes, Roland utilizó en la fabricación de esta caja de ritmos una partida de transistores defectuosos desechados por otros fabricantes, de ahí que el sonido de las baterías proporcionadas por la máquina fueran tan especiales, mientras que, por otro lado, solo se fabricaron 12.000 unidades de la 808 entre 1980 y 1983. Una vez vendidos, jamás puso en marcha la fabricación de más unidades a pesar del éxito obtenido porque, como se fabricaban con transistores defectuosos, no volvieron a poder reabastecerse con ese tipo de transistores. Roland, cuando la fabricó, no tenía ni idea del impacto cultural que supondría su pequeña máquina de acompañamiento.
Cuando Alex Noyer y Alex Dunn, productor y director respectivamente de “808”, se encontraban en 2012 en la Winter Music Conference, coincidieron con el productor musical Arthur Baker, y tras una conversaciones de corte nostálgico a cerca de las bondades de esta caja de ritmos y los clásicos ochenteros que se concibieron a su merced, Noyer decidió que sería una buena idea producir un documental sobre este aparato histórico. Y se pusieron manos a la obra con él.
La película documenta, bajo estructura de cabezas parlantes, la historia de la 808, su influencia en el mundo de la música, los pormenores y pormayores de su fabricación y, en definitiva, lo importante que fue este instrumento musical. Para ello se sirve de las declaraciones de reputados artistas como Phil Collins, Pharrel Williams, Diplo o Goldie que en un momento u otro han utilizado en sus éxitos los patrones de esta caja de ritmos. Por supuesto, la 808 es esencial para el mundo del Hip-Hop, por lo que este ocupa más de un 75% del documental, diciendo lo que tuvieran que decir al respecto gente como Rick Rubin, Beastie Boys, el propio Bambaata, T La Rock o Lil Jon.
El documental es sumamente interesante y ayuda al neófito a comprender —y diferenciar— la idiosincrasia de la Roland, además de hacernos partícipes de indudables clásicos de la música electrónica fabricados con este cacharro y que podemos disfrutar, asimismo, en el álbum “808: The Music” y que fue lanzado paralelamente al documental.
“808” gozó de un estreno limitado en salas de cine de Los Angeles, se proyectó en el SXSW de Austin y, después, gozó del beneplácito de las plataformas de streaming con Itunes y Apple Music a la cabeza, cosechando durante el trasiego, unánimes críticas que posicionan al documental como uno de los mejores que existen de temática musical.
La 808, caja de ritmos funcional y rudimentaria, fue concebida como complemento para los músicos callejeros que desearan llevar percusión como acompañamiento. Si un guitarrista necesitaba una batería, la principal innovación de esta caja consistía en que podía programar sus propios ritmos de batería. Sin embargo, en sus primeros meses de vida, la caja no gozó de la popularidad deseada ya que los sonidos de batería que creaba eran demasiado electrónicos, raros, grandilocuentes, y parecían todo menos una batería convencional. El bombo resultaba atronador, y las líneas de bajo que se podían conseguir eran poco menos que estridentes.
Sin embargo, el bajo precio con el que se comercializó propició que los viejos popes del Hip-Hop comenzaran a experimentar con ella, a sacarle partido y, así, escribir con este aparato una página de la historia, no ya del Hip-Hop, sino de la música electrónica en general, gracias al “Planet Rock” de Afrika Bambaata & The Soul Sonic Force que utilizaba muy sabiamente las programaciones de la 808, o productores como Rick Rubin que tomaron buena nota de ello. Cuando Marvin Gaye usó 808 en uno de sus más grandes hits, el “Sexual Healing” el mundo de la música supo que esa cajita de ritmos, casi de juguete, había llegado para quedarse.
Generó culto hasta tal punto que, según avanzaba la década, la 808 se convirtió en un aparato esencial en estilos de música tan dispares como pop, Miami bass, acid house, italo disco, tecno… llegando el culto a la maquinita hasta nuestros días que se utiliza en todo tipo de estilos electrónicos contemporáneos como por ejemplo el trap, cuyo patrón consiste básicamente en la utilización de la 808 para construir beats.
El secreto del sonido de la 808, y su consiguiente culto se debe principalmente a dos motivos: Por un lado, para abaratar costes, Roland utilizó en la fabricación de esta caja de ritmos una partida de transistores defectuosos desechados por otros fabricantes, de ahí que el sonido de las baterías proporcionadas por la máquina fueran tan especiales, mientras que, por otro lado, solo se fabricaron 12.000 unidades de la 808 entre 1980 y 1983. Una vez vendidos, jamás puso en marcha la fabricación de más unidades a pesar del éxito obtenido porque, como se fabricaban con transistores defectuosos, no volvieron a poder reabastecerse con ese tipo de transistores. Roland, cuando la fabricó, no tenía ni idea del impacto cultural que supondría su pequeña máquina de acompañamiento.
Cuando Alex Noyer y Alex Dunn, productor y director respectivamente de “808”, se encontraban en 2012 en la Winter Music Conference, coincidieron con el productor musical Arthur Baker, y tras una conversaciones de corte nostálgico a cerca de las bondades de esta caja de ritmos y los clásicos ochenteros que se concibieron a su merced, Noyer decidió que sería una buena idea producir un documental sobre este aparato histórico. Y se pusieron manos a la obra con él.
La película documenta, bajo estructura de cabezas parlantes, la historia de la 808, su influencia en el mundo de la música, los pormenores y pormayores de su fabricación y, en definitiva, lo importante que fue este instrumento musical. Para ello se sirve de las declaraciones de reputados artistas como Phil Collins, Pharrel Williams, Diplo o Goldie que en un momento u otro han utilizado en sus éxitos los patrones de esta caja de ritmos. Por supuesto, la 808 es esencial para el mundo del Hip-Hop, por lo que este ocupa más de un 75% del documental, diciendo lo que tuvieran que decir al respecto gente como Rick Rubin, Beastie Boys, el propio Bambaata, T La Rock o Lil Jon.
El documental es sumamente interesante y ayuda al neófito a comprender —y diferenciar— la idiosincrasia de la Roland, además de hacernos partícipes de indudables clásicos de la música electrónica fabricados con este cacharro y que podemos disfrutar, asimismo, en el álbum “808: The Music” y que fue lanzado paralelamente al documental.
“808” gozó de un estreno limitado en salas de cine de Los Angeles, se proyectó en el SXSW de Austin y, después, gozó del beneplácito de las plataformas de streaming con Itunes y Apple Music a la cabeza, cosechando durante el trasiego, unánimes críticas que posicionan al documental como uno de los mejores que existen de temática musical.
sábado, 21 de noviembre de 2020
LA FURIA
No deja de ser paradójico que John Farris escribiera la novela de "La Furia" motivado por el éxito de la precedente "Carrie" de yasabesquien. Y que cuando "La Furia" pasó a las pantallas de cine, la dirigiera Brian De Palma que hizo tres cuartos de lo mismo con el libro de Stephen King. Y encima, para rematar la jugada, la chavala con poderes mentales de "La Furia" está interpretada por Amy Irving, que en "Carrie" daba vida a la única superviviente de la masacre final. Una muestra de carriexploitation infligida por el director de la película que lo originó. Curioso.
Pero "La Furia" queda muy lejos de las excelencias técnicas y artísticas de la estupendísima "Carrie", aunque únicamente las separe un añito. De hecho, en la filmografía de De Palma van correlativas. Yo la recordaré toda la vida por una escena concreta. Una que me horrorizó hasta límites insospechados cuando la vi en vídeo a finales de los ochenta. Entonces andaba adentrándome lenta, precavida pero inexorablemente en el maravilloso mundo del cine de terror, abierto a sorpresas y, sobre todo, dispuesto a pasar miedo. Así que el visionado de "La Furia", que es más un thriller -incluso con sus escenas de acción- que una de miedo propiamente dicha, no estaba resultando excesivamente tortuoso.... al menos hasta el desenlace. No lo voy a destripar aquí, pero los que la han visto saben perfectamente de lo que hablo. Tal fue la impresión, que salí corriendo pasillo abajo, blanco como la lefa, para recuperar oxígeno y que mi corazón rebajara la cantidad desorbitada de palpitaciones. Un auténtico semi-trauma que me acompañará hasta el fin de mis días. Y no es pa menos, revisada ayer noche puedo corroborar que ese momento continúa siendo tremendamente potente, en parte gracias a la intensa partitura que lo acompaña, cortesía de un John Williams que venía de petarlo con "La guerra de las galaxias" y seguiría produciendo lo mejor de su cosecha los años siguientes.
La trama de "La Furia" gira en torno a una agencia secreta interesada en fichar chavales con poderes mentales para usarlos como armas. Con la excusa, se apropian del hijo de un ex agente de la CIA quien, tras escapar de la muerte, se dedicará en cuerpo y alma a recuperar al retoño. Por otro lado, una chavala descubre que dispone de tremendas capacidades telepáticas, tanto como para conectar con el hijo secuestrado y, por tanto, poder ayudar al ex agente en su búsqueda. Al final todo estallará -además de verdad, jur, jur, jur!!- en un dramón salpicado de rojo.
A ver, la historia es interesante y la peli tirando a entretenida, no digo que no, pero es cierto que De Palma se apoya mucho, demasiado, en los diálogos. Hay un exceso de "bla bla" con eventuales pero notables escenas de acción y violencia. Tal vez John Farris no pudo evitar dejarse llevar por su naturaleza escribiente mientras convertía la novela en un guion cinematográfico. Con todo, es perfectamente consumible (en parte gracias a la época que se hizo), aunque no está entre lo mejor de De Palma, desde luego.
El reparto es impresionante. Desde los roles principales, pasando por los secundarios, los muy secundarios e incluso hasta los extras. Ahí va la lista completa (salvo Amy Irving): Kirk Douglas, John Cassavetes, Charles Durning, Carrie Snodgress (anduvo por "El jinete pálido" y dio vida a la mala malísima de "La ley de Murphy"), Fiona Lewis (reconocible por su papel de villana en "El Chip Prodigioso"), Andrew Stevens (cuya prometedora carrera terminó estancada entre productos televisivos y subproductos de género), Rutanya Alda (la madre sufriente de "Amityville 2"), el habitual De Palmero William Finley, un delgado Dennis Franz (que repetiría con el director, pero cuyo rostro se hizo especialmente popular por su papel de policía cabezón en "La jungla 2 (Alerta Roja)"), una jovencita Daryl Hannah y, según "la secretaria", Jim Belushi no acreditado haciendo de vagabundo. Destacar también la presencia de Hilarie Thompson, futura esposa de un habitual de este blog, Alan Ormsby.
En el tema efectos de maquillaje, tres monstruos: Rick Baker + Rob Bottin + Greg Cannom.
Pero "La Furia" queda muy lejos de las excelencias técnicas y artísticas de la estupendísima "Carrie", aunque únicamente las separe un añito. De hecho, en la filmografía de De Palma van correlativas. Yo la recordaré toda la vida por una escena concreta. Una que me horrorizó hasta límites insospechados cuando la vi en vídeo a finales de los ochenta. Entonces andaba adentrándome lenta, precavida pero inexorablemente en el maravilloso mundo del cine de terror, abierto a sorpresas y, sobre todo, dispuesto a pasar miedo. Así que el visionado de "La Furia", que es más un thriller -incluso con sus escenas de acción- que una de miedo propiamente dicha, no estaba resultando excesivamente tortuoso.... al menos hasta el desenlace. No lo voy a destripar aquí, pero los que la han visto saben perfectamente de lo que hablo. Tal fue la impresión, que salí corriendo pasillo abajo, blanco como la lefa, para recuperar oxígeno y que mi corazón rebajara la cantidad desorbitada de palpitaciones. Un auténtico semi-trauma que me acompañará hasta el fin de mis días. Y no es pa menos, revisada ayer noche puedo corroborar que ese momento continúa siendo tremendamente potente, en parte gracias a la intensa partitura que lo acompaña, cortesía de un John Williams que venía de petarlo con "La guerra de las galaxias" y seguiría produciendo lo mejor de su cosecha los años siguientes.
La trama de "La Furia" gira en torno a una agencia secreta interesada en fichar chavales con poderes mentales para usarlos como armas. Con la excusa, se apropian del hijo de un ex agente de la CIA quien, tras escapar de la muerte, se dedicará en cuerpo y alma a recuperar al retoño. Por otro lado, una chavala descubre que dispone de tremendas capacidades telepáticas, tanto como para conectar con el hijo secuestrado y, por tanto, poder ayudar al ex agente en su búsqueda. Al final todo estallará -además de verdad, jur, jur, jur!!- en un dramón salpicado de rojo.
A ver, la historia es interesante y la peli tirando a entretenida, no digo que no, pero es cierto que De Palma se apoya mucho, demasiado, en los diálogos. Hay un exceso de "bla bla" con eventuales pero notables escenas de acción y violencia. Tal vez John Farris no pudo evitar dejarse llevar por su naturaleza escribiente mientras convertía la novela en un guion cinematográfico. Con todo, es perfectamente consumible (en parte gracias a la época que se hizo), aunque no está entre lo mejor de De Palma, desde luego.
El reparto es impresionante. Desde los roles principales, pasando por los secundarios, los muy secundarios e incluso hasta los extras. Ahí va la lista completa (salvo Amy Irving): Kirk Douglas, John Cassavetes, Charles Durning, Carrie Snodgress (anduvo por "El jinete pálido" y dio vida a la mala malísima de "La ley de Murphy"), Fiona Lewis (reconocible por su papel de villana en "El Chip Prodigioso"), Andrew Stevens (cuya prometedora carrera terminó estancada entre productos televisivos y subproductos de género), Rutanya Alda (la madre sufriente de "Amityville 2"), el habitual De Palmero William Finley, un delgado Dennis Franz (que repetiría con el director, pero cuyo rostro se hizo especialmente popular por su papel de policía cabezón en "La jungla 2 (Alerta Roja)"), una jovencita Daryl Hannah y, según "la secretaria", Jim Belushi no acreditado haciendo de vagabundo. Destacar también la presencia de Hilarie Thompson, futura esposa de un habitual de este blog, Alan Ormsby.
En el tema efectos de maquillaje, tres monstruos: Rick Baker + Rob Bottin + Greg Cannom.
sábado, 16 de mayo de 2020
MADE IN U.S.A.
Con "Made in U.S.A.", "The Kentucky Fried Movie" en versión original, hablamos de una de las comedias determinantes de mi adolescencia. Entonces andaba como loco con John Landis y el "spoof" según las artes de Jim Abrahams, Jerry & David Zucker. Fue toda una revelación dscubrir que, antes de sus respectivos grandes "hits", habían colaborado en una película.
Estamos en 1977. Los ZAZ triunfaban con su teatro en el que parodiaban cine, televisión y anuncios (el "Kentucky Fried Theatre"), mientras que Landis llevaba cinco años inactivo tras debutar con "Shlock/El monstruo de las bananas". Fue el productor Robert K. Weiss el que los fusionó para una película que suponía el traslado a la gran pantalla del humor del trío judío (únicos responsables del guion). Sin saberlo, estaban dando el pistoletazo de salida a la nueva comedia norteamericana que tan buenos frutos aportó de ahí en adelante. Aquel sentido del humor, surrealista, provocador, algo transgresor y eminentemente gamberro fue un auténtico revulsivo. Rodada con evidentes pocos medios, funcionó de perlas. Y el resto, como se suele decir, es historia.
Centrarse en su contenido es tan absurdo como ella misma. Básicamente se trata de una sucesión de gags de variada temática y duración, en los que, tal y como solían proceder con el "Kentucky Fried Theatre", hacen mofa de la televisión, la publicidad y el cine. Los hay brillantes y los hay menos inspirados. Aunque la coña estrella es la ya mítica parodia de "Operación Dragón". Dura más que la mayoría e incluye algunas de las mejores ocurrencias (la "sirena humana" todavía consigue hacerme derramar lágrimas de risa), sin desmerecer de esa otra desternillante guasa a costa de las "películas/series de juicios", "Courtroom".
Motivados por el éxito, los ZAZ pensaron en parir una segunda parte de "The Kentucky Fried Movie" que incluiría otra "parodia central" de alguna película popular de la época. Pero el colega Weiss les convenció para que olvidaran el formato de acumulación de gags y se centraran en convertir dicho sketch en un largometraje. Aquel fue el gen de lo que poco después se convertiría en "Aterriza como puedas". Y el resto es... pues eso.
"The Kentucky Fried Movie" llegó a España cortesía de "Weekend Video". Inexplicablemente, la habían desprovisto de algunos sketches (e, irónicamente, una imagen de uno de estos lucía en la parte trasera de la estrambótica caratula). El doblaje interfería mucho, demasiado, con citas a Madrid y al Pisuerga... pero, curiosamente, también contribuía a hacerla más divertida. Imposible no partirse el ojal con aquello de "Entle nosotlos hay un chinito cablón". Cuando fue pésimamente editada en dvd, le quitaron todavía más material. Afortunadamente, la edición yanqui lo lleva absolutamente todo. El film es tratado con la pleitesía que merece y cuenta con un audiocomentario entre Landis, los ZAZ y Weiss, así como entrañables imágenes del rodaje tomadas con una cámara de 8mm.
A pesar de su condición modesta, pueden verse algunos rostros y nombres populares a lo largo de la proyección: Bill Bixby, George Lazenby, Henry Gibson o Donald Shuterland. Forrest J. Ackerman se marca un cameo. Uschi Digard luce sus inmensas ubres. Evan Kim, la versión coñera de Bruce Lee, luego haría de compañero de "Harry Callahan" en "La lista negra". Los propios Zucker, Abrahams, Zucker interpretan a bastantes personajes. Landis aparece protagonizando un "stunt" (cosa a la que se dedicaba en su juventud y también hizo en "Un hombre lobo americano en Londres") y, esta vez, dejó el disfraz de gorila para el colega Rick Baker.
Uno de los aspectos más reconfortantes de "Made in U.S.A." es su humor políticamente incorrecto. Gags como la familia que convive con el hijo muerto a pesar de su avanzado estado de descomposición, ese legendario "Negros de mierdaaaaa!" (que en versión original se reduce a "Niiiigroooos!"), la imagen de una angelical niña junto a un enorme hombre de color en la misma cama ("Catholic High School Girls in Trouble") o la guasa con la manera de hablar de los personajes asiáticos, seguramente hoy día serían pasto de agrias y estúpidas polémicas. También sorprendía la carga erótica, especialmente con el sketch en el que una pareja fornicadora es espiada con gozo desde la televisión por los responsables de un noticiario (tres de los cuales son los mismos ZAZ). En aquella época, me sirvió incluso para darle al manubrio alguna que otra vez.
Con los años, y la inevitable decadencia creativa, Robert K. Weiss con "Amazonas en la luna" y David Zucker con "The Onion Movie" intentaron repetir la jugada. Mientras esta segunda se saldó con resultados algo irregulares, tal y como expuse en su respectiva reseña, la de las "Amazonas..." aún tenía cierta gracia. Además, conservaba casi intacta la estructura de "Made in U.S.A.", con una guasa central a costa de un género, en este caso la ciencia ficción de serie B de los años 50.
Como anécdota personal, dejen que les narre la ocasión en la que, estando un poco de moda a nivel local aquello de programar películas "trash" en un centro cívico y/o bar, un amigo mío decidió proyectar "Made in U.S.A.". Podemos decir que el muchacho no parecía comprender la diferencia entre una película "mala pero divertida", en la que el humor surge de forma involuntaria, y un "spoof" cuya función consiste, salga bien o mal, en provocar la risa de manera expresa. Aquellos pases se caracterizaban porque el público presente, fuese o no numeroso, se pasaba todo el rato increpando a la pantalla, soltando sandeces, tacos, etc. Supuestamente tal actividad debía acompañar a la peli, formar parte de la fiesta, pero muchas veces únicamente se transformaba en una molesta pared de ruido carente de ingenio alguno. Y así ocurrió con la película de Landis que, primero, fue tratada como una basura cuando, a mi juicio, estaba lejos de serlo. Y segundo, la metralleta de hostiles berridos imposibilitaba pillar los muchos gags verbales, por lo que difícilmente iban a entender los presentes que aquello era una genuina buena comedia. Tanto me cabreé, que me piré de allí para no volver. Creo que la experiencia me hizo replantear la validez de esa clase de eventos, cosa que a la larga tendría consecuencias.
Recientemente me animé a revisar este clásico de John Landis + ZAZ. Una parte de mi estaba convencido de que ya no me iba a funcionar igual, que me daría cuenta de que en realidad era bastante mala. Sin embargo, y a pesar de algunos chistes poco acertados, la disfruté mucho, me partí de risa con sus mejores ocurrencias ("Es duro y desdentado") y, vamos, que lo pasé pipa.
"The Kentucky Fried Movie / Made in U.S.A." sigue siendo estupenda en lo suyo.
Estamos en 1977. Los ZAZ triunfaban con su teatro en el que parodiaban cine, televisión y anuncios (el "Kentucky Fried Theatre"), mientras que Landis llevaba cinco años inactivo tras debutar con "Shlock/El monstruo de las bananas". Fue el productor Robert K. Weiss el que los fusionó para una película que suponía el traslado a la gran pantalla del humor del trío judío (únicos responsables del guion). Sin saberlo, estaban dando el pistoletazo de salida a la nueva comedia norteamericana que tan buenos frutos aportó de ahí en adelante. Aquel sentido del humor, surrealista, provocador, algo transgresor y eminentemente gamberro fue un auténtico revulsivo. Rodada con evidentes pocos medios, funcionó de perlas. Y el resto, como se suele decir, es historia.
Centrarse en su contenido es tan absurdo como ella misma. Básicamente se trata de una sucesión de gags de variada temática y duración, en los que, tal y como solían proceder con el "Kentucky Fried Theatre", hacen mofa de la televisión, la publicidad y el cine. Los hay brillantes y los hay menos inspirados. Aunque la coña estrella es la ya mítica parodia de "Operación Dragón". Dura más que la mayoría e incluye algunas de las mejores ocurrencias (la "sirena humana" todavía consigue hacerme derramar lágrimas de risa), sin desmerecer de esa otra desternillante guasa a costa de las "películas/series de juicios", "Courtroom".
Motivados por el éxito, los ZAZ pensaron en parir una segunda parte de "The Kentucky Fried Movie" que incluiría otra "parodia central" de alguna película popular de la época. Pero el colega Weiss les convenció para que olvidaran el formato de acumulación de gags y se centraran en convertir dicho sketch en un largometraje. Aquel fue el gen de lo que poco después se convertiría en "Aterriza como puedas". Y el resto es... pues eso.
"The Kentucky Fried Movie" llegó a España cortesía de "Weekend Video". Inexplicablemente, la habían desprovisto de algunos sketches (e, irónicamente, una imagen de uno de estos lucía en la parte trasera de la estrambótica caratula). El doblaje interfería mucho, demasiado, con citas a Madrid y al Pisuerga... pero, curiosamente, también contribuía a hacerla más divertida. Imposible no partirse el ojal con aquello de "Entle nosotlos hay un chinito cablón". Cuando fue pésimamente editada en dvd, le quitaron todavía más material. Afortunadamente, la edición yanqui lo lleva absolutamente todo. El film es tratado con la pleitesía que merece y cuenta con un audiocomentario entre Landis, los ZAZ y Weiss, así como entrañables imágenes del rodaje tomadas con una cámara de 8mm.
A pesar de su condición modesta, pueden verse algunos rostros y nombres populares a lo largo de la proyección: Bill Bixby, George Lazenby, Henry Gibson o Donald Shuterland. Forrest J. Ackerman se marca un cameo. Uschi Digard luce sus inmensas ubres. Evan Kim, la versión coñera de Bruce Lee, luego haría de compañero de "Harry Callahan" en "La lista negra". Los propios Zucker, Abrahams, Zucker interpretan a bastantes personajes. Landis aparece protagonizando un "stunt" (cosa a la que se dedicaba en su juventud y también hizo en "Un hombre lobo americano en Londres") y, esta vez, dejó el disfraz de gorila para el colega Rick Baker.
Uno de los aspectos más reconfortantes de "Made in U.S.A." es su humor políticamente incorrecto. Gags como la familia que convive con el hijo muerto a pesar de su avanzado estado de descomposición, ese legendario "Negros de mierdaaaaa!" (que en versión original se reduce a "Niiiigroooos!"), la imagen de una angelical niña junto a un enorme hombre de color en la misma cama ("Catholic High School Girls in Trouble") o la guasa con la manera de hablar de los personajes asiáticos, seguramente hoy día serían pasto de agrias y estúpidas polémicas. También sorprendía la carga erótica, especialmente con el sketch en el que una pareja fornicadora es espiada con gozo desde la televisión por los responsables de un noticiario (tres de los cuales son los mismos ZAZ). En aquella época, me sirvió incluso para darle al manubrio alguna que otra vez.
Con los años, y la inevitable decadencia creativa, Robert K. Weiss con "Amazonas en la luna" y David Zucker con "The Onion Movie" intentaron repetir la jugada. Mientras esta segunda se saldó con resultados algo irregulares, tal y como expuse en su respectiva reseña, la de las "Amazonas..." aún tenía cierta gracia. Además, conservaba casi intacta la estructura de "Made in U.S.A.", con una guasa central a costa de un género, en este caso la ciencia ficción de serie B de los años 50.
Como anécdota personal, dejen que les narre la ocasión en la que, estando un poco de moda a nivel local aquello de programar películas "trash" en un centro cívico y/o bar, un amigo mío decidió proyectar "Made in U.S.A.". Podemos decir que el muchacho no parecía comprender la diferencia entre una película "mala pero divertida", en la que el humor surge de forma involuntaria, y un "spoof" cuya función consiste, salga bien o mal, en provocar la risa de manera expresa. Aquellos pases se caracterizaban porque el público presente, fuese o no numeroso, se pasaba todo el rato increpando a la pantalla, soltando sandeces, tacos, etc. Supuestamente tal actividad debía acompañar a la peli, formar parte de la fiesta, pero muchas veces únicamente se transformaba en una molesta pared de ruido carente de ingenio alguno. Y así ocurrió con la película de Landis que, primero, fue tratada como una basura cuando, a mi juicio, estaba lejos de serlo. Y segundo, la metralleta de hostiles berridos imposibilitaba pillar los muchos gags verbales, por lo que difícilmente iban a entender los presentes que aquello era una genuina buena comedia. Tanto me cabreé, que me piré de allí para no volver. Creo que la experiencia me hizo replantear la validez de esa clase de eventos, cosa que a la larga tendría consecuencias.
Recientemente me animé a revisar este clásico de John Landis + ZAZ. Una parte de mi estaba convencido de que ya no me iba a funcionar igual, que me daría cuenta de que en realidad era bastante mala. Sin embargo, y a pesar de algunos chistes poco acertados, la disfruté mucho, me partí de risa con sus mejores ocurrencias ("Es duro y desdentado") y, vamos, que lo pasé pipa.
"The Kentucky Fried Movie / Made in U.S.A." sigue siendo estupenda en lo suyo.
domingo, 11 de diciembre de 2016
LOS FOTOCROMOS DE "EL MONSTRUO DE LAS BANANAS"
Aunque suene trillado, en mis años mozos fui fan de John Landis. Adoraba sus películas más míticas, comenzando por "Made in USA", pasando por "Un hombre lobo americano en Londres" hasta "Granujas a todo ritmo" (la vi con mi padre en el cine Aribau de Barcelona el histórico 23-F, al salir nos encontramos con un amigo suyo pegado a la radio que nos comunicó el percal), sin esquivar "Thriller" (con el que me cagué vivo!!) o "Espías como nosotros", que vi en vídeo junto a unos colegas de clase y nos partimos de risa. Sin embargo "El monstruo de las bananas" era la excepción, no me gustaba.
Se trataba de su primera primerísima película, realizada de modo ultra-independiente, con minúsculo presupuesto y por un Landis que, además de dirigir, interpretaba al gorila protagonista, metido en un traje diseñado por su amigo y genio Rick Baker. Pero me pareció un rollazo muy poco divertido. Y desde entonces no he vuelto a verla. ¿Cómo me sentaría ahora?. Se podría tirar de chiste fácil diciendo aquello de "No puede ser peor que todo lo que Landis ha rodado los últimos años", pero no lo haré, porque resulta que recientemente vi por la tele "Burke & Hare" y me sorprendió gratamente. Vamos, que no creo que John Landis haya perdido del todo su estrella, solo que, en fin, probablemente viva condicionado por quién fue en el pasado. Aunque incluso en esos dorados tiempos pariera una peli de la que no guardo grato recuerdo, pero sí algunos de sus simpáticos fotocromos.
Se trataba de su primera primerísima película, realizada de modo ultra-independiente, con minúsculo presupuesto y por un Landis que, además de dirigir, interpretaba al gorila protagonista, metido en un traje diseñado por su amigo y genio Rick Baker. Pero me pareció un rollazo muy poco divertido. Y desde entonces no he vuelto a verla. ¿Cómo me sentaría ahora?. Se podría tirar de chiste fácil diciendo aquello de "No puede ser peor que todo lo que Landis ha rodado los últimos años", pero no lo haré, porque resulta que recientemente vi por la tele "Burke & Hare" y me sorprendió gratamente. Vamos, que no creo que John Landis haya perdido del todo su estrella, solo que, en fin, probablemente viva condicionado por quién fue en el pasado. Aunque incluso en esos dorados tiempos pariera una peli de la que no guardo grato recuerdo, pero sí algunos de sus simpáticos fotocromos.
viernes, 14 de octubre de 2016
HEARTBEEPS
Andy Kaufman, siempre reticente a hacer el tipo de trabajos
por el que se le requería, no quería en un principio protagonizar una película
como “Heartbeeps”. Cuenta la historia de dos robots androides, uno chico y otro
chica, que debido a un funcionamiento defectuoso son deshabilitados y
almacenados. Allí se conocen, y como son defectuosos, empiezan a sentir
emociones se enamoran, y deciden escaparse juntos con el fin de salir al
exterior y adquirir tantos datos como
puedan. A la escapada se les unirá un tercer androide que cuenta chistes, y un
pequeño robotito de aspecto no humano.
Los encargados humanos de los robots defectuosos, saldrán a
la búsqueda de estos.
El caso es que tras el mega éxito que supuso “La Guerra de
las Galaxias”, gracias a R2 D2 y C3PO, los robots se pusieron muy de moda entre
el público infantil, amén del “Naves Misteriosas” de Douglas Trumbull que
consiguió excelentes críticas que alabaron su estética. Estos dos factores
fueron decisivos a la hora de poner en marcha un proyecto como este
“Heartbeeps”.
Los estudios Universal
pusieron en marcha un proyecto dirigido al público infantil
protagonizado por robots autonomos, y para que hiciera del robot protagonista
querían a Andy Kaufman.
Querían ser los responsables del debut de Kaufman en la gran
pantalla, por lo que tras varias negativas, decidieron ofrecerle al humorista
un cheque en blanco. Conociendo a Kaufman, no sería de extrañar que en ese
cheque en blanco escribiera una cifra absolutamente astronómica que el estudio
estuvo dispuesto a pagarle, por lo tanto, Andy Kaufman protagonizo la película.
Además, llegó a un acuerdo con Universal en el que después de “Heartbeeps”,
Kaufman podría hacer su propia película “The Tony Clifton Story”, una película
centrada en la figura de uno de los personajes creados por Kaufman para
televisión.
Nada más comenzar el rodaje, los ejecutivos de Universal se
dieron cuenta de que Kaufman no era un gran actor. O eso, o quizás estaba
haciendo su trabajo a desgana a juzgar la desidia con la que interpretaba a
Val, el simpático robotito. Al verlo, comenzaron los miedos y los llantos, ya
que aunque en la televisión Kaufman había alcanzado un notable éxito
interpretando a un extranjero que no pronuncia bien el inglés en la serie
“Taxi”, a lo mejor, es que no era tan bueno. No podía saberse porque tan solo
había interpretado un papelito en la película “El hábito no hace al monje”
junto a Marty Feldman, y todo juicio sería prematuro; aún no se podía intuir
como funcionaría un humorista como Kaufman en un film. Por miedo a que no
acabara la película –el mero hecho de su presencia ya era un reclamo- el
estudio no le pidió cuentas a Kaufman, además, se tuvo que paralizar el rodaje
atendiendo a una importante huelga de actores convocada aquél 1980 por el
sindicato de actores, y no era cuestión de marear aún más la perdiz. Una vez
finalizada la huelga, se retomó el rodaje y el estudio dejó tranquilo a
Kaufman, ya que pensaron que su interpretación en realidad no distaba mucho de
las actuaciones confusas y extrañas que ejecutaba en televisión, y si eso en
televisión funcionaba ¿Por qué no en cine? Claro que a Kaufman si no se le
dejaba actuar con libertad, todo lo que hiciese le parecía poco menos que
basura.
La compañera de Kaufman es Bernardette
Peters. No fue la primera opción del estudio. De hecho, el papel estuvo apunto
de interpretarlo Sigourney Weaver, gran fan de Kaufman, que estaba dispuesta a
aparecer en la película solo por pegarse el gustazo de compartir plano con él,
sin embargo, su agente logró disuadirla; ya en la preproducción el ambiente no
era muy saludable ni profesional. Y Sigourney Weaver desechó la idea.
“Heartbeeps” se estrenó en cines de todo USA con gran
expectación por parte de los estudios. Pero al público le importó
tres pimientos, ya que se trata de uno de los mayores fracasos de “Universal
Studios”. De un presupuesto inicial de 10 millones de dólares –una cantidad de
súper producción para ser una comedia- la película apenas recaudó 2 millones,
siendo un fiasco de dimensiones espectaculares.
Y es que la película es una tontería mayúscula, un
batiburrillo de conceptos que no llega a ninguna parte, con un par de robots
supuestamente simpáticos, que en realidad caen bastante antipáticos, además de ser
rematadamente ridículos, ya que a pesar del estupendo maquillaje –obra de Stan
Winston, que vio recompensado su esfuerzo con una nominación al Oscar en tal
categoría en el año 1981, que le fue arrebatado por Rick Baker con su
maquillaje en“Un hombre Lobo Americano en Londres”- se ve claramente que son
señores disfrazados y carecen de toda gracia. El hablar robótico tanto de
Kaufman como de Peters se torna por momentos crispante, así como el ir y venir
de humanos y robots por los escenarios futuristas en los que transcurre. Parece mentira que con su escueto metraje, apenas 75 minutos, le
sobre a la película media hora larga. Un desastre, un aburrimiento absoluto.
Tal fue el fracaso, que no solo se especuló a cerca de las
nefastas consecuencias que traería esta "Heartbeeps" a las carreras de Andy Kaufman
y Bernardette Peters, sino que Universal, se echó para atrás a la hora de
producir el film sobre Tony Clifton. Kaufman se enfureció por eso.
Por otro lado, a Kaufman la película le pareció espantosa,
hasta tal punto que no tuvo inconveniente en anunciar en el show de David Letterman, que devolvería
el dinero de la entrada, de su propio bolsillo, a todo aquél que hubiera osado
ir a verla. Letterman añadió a eso, que con un billete de 20 dólares, podría
pagar a todos los espectadores y que le devolverían el cambio.
Junto a Kaufman y Peters, tenemos a un
jovencito Randy Quaid, lejos de ser algo parecido al fanático loco que es
ahora. Aunque da igual su presencia porque, al igual que todo en la película,
esta es insignificante.
Dirige el truño Allan Arkush, cuyo mayor mérito fue dirigir
el clásico de las “Screwball Comedies” “Rock-n-Roll High School” al servicio de
“Ramones”, o “El Club de los chalados II”. En ambos casos, ninguno de estos
títulos le acreditan como un gran director. Eso si, pasados unos años de
“Heartbeeps”, el director se hizo fuerte en la televisión. Y ahí sigue…
miércoles, 19 de agosto de 2015
LOS FOTOCROMOS DE "UN HOMBRE LOBO AMERICANO EN LONDRES"
Aquí teneis los fotocromos de la obra maestra de John Landis, una de las mejores películas de hombres lobo, y el motivo por el que Rick Baker es famoso y respetado.
También, Naxo reseñó la película hace tiempo,
También, Naxo reseñó la película hace tiempo,
miércoles, 26 de junio de 2013
LA CASA DE LOS HORRORES
No deja de ser reveladoramente divertido que en el póster original de "La casa de los horrores", estupendamente titulada "The Funhouse" en su versión original (es decir, "La casa de la diversión", por lo visto en España éramos más paletos y necesitábamos un título más directo), figure un slogan que dice: "Una buena película de horror a la "vieja escuela"!". ¿Lo ven?, todo es cíclico. Hoy día films como "Hatchet" se anuncian -engañosamente- como "terror del de antes, del bueno", refiriéndose al de los años 80. Y las películas de terror de los 80, esas que actualmente consideramos clásicos intocables e inmejorables, utilizaban la misma táctica, refiriéndose vaya usted a saber a qué época. Los eruditos afirmarían sin rubor (y más teniendo en cuenta el origen de su director) que la cita apunta a los años 70. Pero amigos, en 1981, año de producción de "La casa de los horrores", los 70 aún estaban recientes. No eran "vieja escuela" para nada. Y, después de todo, el film chupa del lenguaje cinematográfico instaurado justamente durante dicha década. Mucho me temo que ese slogan se refiere a los clásicos, los de la "Universal" en blanco y negro, teoría esta corroborada por la continua presencia del monstruo de Frankenstein a lo largo de "The Funhouse", ya sea en un televisor, en formato póster o, ya directamente, como disfraz que, para más señas, luce el monstruo asesino del film (y porque "Universal" es quien produce el pifostio).
Considerada por buena parte del fandom -me incluyo- como una de las mejores películas de Tobe "La matanza de Texas" Hooper (seguramente sea su último título realmente digno, de verdad, sin fisuras), "La casa de los horrores" ha pasado a los anales del género como un "slasher", aunque yo, purista como soy, no creo que encaje con tanta sencillez y celeridad en la etiqueta. Sí, era la época en la que el cine de acuchillamientos vivía su mejor momento. Sí, arranca con un DESCARADO homenaje a "La noche de Halloween" (que a mi, de chaval, me sorprendió y me indignó, casi como si estuviera presenciado un expolio desvergonzado). Y sí, hay adolescentes calenturientos perseguidos y cazados por un tío deforme. Pero, en realidad, la estructura de la película está más cerca del "thriller" que del horror propiamente dicho. Y, siendo más quisquillosos, la verdadera "caza al teenager" no arranca hasta pasados 60 minutos, quedando condensada únicamente en los últimos 30 (tampoco hay muchos adolescentes que matar, solo cuatro). ¿Significa que la hora previa es un tostón y bla, bla?. Para nada, de hecho, casi casi podría decirse que es al revés (pero tampoco).
Unos jovencitos salidos y cargantes van a pasar la noche a la feria que se ha instalado a las afueras de la ciudad. Se suben a las atracciones, se besuquean, se pitorrean de los números de magia, fuman porros, se cachondean de la pitonisa que les lee la fortuna, se magrean, bromean con los animales deformes y, finalmente, deciden concluir la noche en la casa de los horrores (un dato curioso, en la versión que tengo yo, grabada de Tv2 hace un porrón de años, las escenas de drogas y tetas cuentan con un doblaje diferente. Vamos, estaban cortadas. ¿En 1981?, tampoco son tan extremas. A saber...). Cuando todas las luces se han apagado, y los autómatas han dejado de moverse, el misterioso individuo encargado de arrastrar las vagonetas entra en el almacén de la atracción con la pitonisa, a la que ha pagado para que le dé un poco de placer carnal. Pero el baranda se corre rápido y ella, a pesar de cobrar cien pavos, le dice que se acabó. Él entra en cólera y la mata. Su padre, tras echarle una bronca y revelarnos su exageradamente monstruoso rostro real, descubre que nuestros protagonistas adolescentes han sido testigos de toda la refriega, así que decide mandar a su retoño a por ellos con el fin de no dejar ningún testigo vivo.
A diferencia de los "slashers" comunes, en "La casa de los horrores" los "malos" tienen rostro, actitudes más "humanas", sufren, gritan... no son meras máquinas de matar, silenciosas y metódicas. De hecho, el monstruo protagonista da un poco de pena ya que en realidad es su alcohólico padre el que le da mala vida, la pega y le manipula (aunque se siente culpable por ello). Uno de los aspectos más interesantes del film es su decadente atmósfera. Todos los personajes que pululan por la feria son cincuentones con malas pulgas, visiblemente amargados, hastiados de la vida y que sujetan una botella. Ahí es donde radica la verdadera sordidez de la película (el lado "sleaze" que dirían los yankees), algo especialmente incrementado por la secuencia, patética e incómoda, en la que una avejentada y chillona pitonisa la hace una pajilla al desesperado monstruo que babea de placer. Siendo una producción "Universal", no esperéis mucho más. El nivel de violencia anda bajo mínimos, muy poca cosa, algo que ya entonces no era precisamente lo habitual. En la parte buena, ello se traduce en un acabado muy profesional, muy nítido, muy "mainstream", con medios de sobras y formato panorámico. Y aunque a mi también me ponen mucho los 16mm, el grano y la cámara borracha, en este caso lo agradecí.
A la mentada atmósfera decadente hay que sumarle el esfuerzo que hace Hooper por incrementar la sensación de inquietud a base de jugar mucho con las figuras y los autómatas que pueblan la terrorífica atracción, pero no acaba de lograrlo. Sin embargo, estos resultan muy útiles y adecuados en los prometedores títulos de crédito iniciales. Algo es algo. Con todo, y a pesar de la poca sangre, "La casa de los horrores" funciona. Y muy bien. Es entretenida, visualmente atractiva, va cargadita de pequeños elementos de esos que se te graban en la retina de por vida, luce una colección de carteles bien chulos (el peor, justamente, es el que se ha fabricado recientemente para el Blu-Ray) y su condición de clásico del horror de su década lo convierte en una pieza de obligada visión para fans, estudiosos y coleccionistas. Nadie dijo obra maestra, pero tampoco cagarruta.
Del reparto merecen destacarse algunos rostros. La adolescente protagonista, Elizabeth Berridge, unos años después alcanzaría bastante popularidad como la mujer de Mozart en el famoso -y estupendo- biopic "Amadeus", aunque ello no le ayudaría mucho. En su curriculum posterior "destaca" su intervención no acreditada como prostituta de relleno en "Payback", la de Mel Gibson. Desde el 2010 que no ha vuelto a actuar en el cine. Raro. Cooper Huckabee, el actor que interpreta a su novio macarrilla, tiene una carrera de lo más longeva. Recientemente lo has visto en, nada menos, "Django desencadenado". Su colega, Miles Chapin, luce una cara muy reconocible, pero aunque ha salido en pelis como "Howard, un nuevo héroe" o "Man on the moon" y "El escándalo Larry Flint" (otro actor del mismo reparto relacionado con Milos Forman.... ¿será Milos fan de la peli de Hooper?), no logro situar dónde lo había visto yo antes. Kevin Conway es un actor secundario de esos de carácter con una larguísima trayectoria trufada de títulos de toda clase, lo curioso de "La casa de los horrores" es que interpreta a tres personajes distintos, todos ellos responsables de berrear micro mediante con el fin de atraer espectadores a sus respectivas carpas. En la misma casa de los horrores (y, por tanto, como padre del monstruo asesino), en la de los animales deformes y en la de las strippers. ¿Qué pretendía Tobe Hooper con ello?, ¿enrarecer más la atmósfera o darnos a entender que allí todos son familia porque todos follan con todos?. Extraño y efectivo. Herb Robins, que interpreta al director de la feria, tiene en su filmografía un título de lo más atípico, "The Worm Eaters", de la que es prota, guionista y director, con el inefable Ted V. Mikels produciendo. Toma ya!. No podemos cerrar este repaso sin mencionar la genial escena protagonizada por el ya fallecido William "El fantasma del paraíso" Finley, en la que interpreta a un -sí, también- decadente pero carismático mago vestido de Drácula del todo entrañable.
En cuanto al personal oculto tras la cámara, y dejando a Hooper a un lado, merece destacarse al guionista, Lawrence/Larry Block, cuya otra única aportación al séptimo arte fue la historia de base para el "Capitán América" de Albert Pyun (!). En tareas de producción encontramos a Mark Lester, sí, el entonces futuro responsable de "Curso 1984" y la estupenda "Commando". El prestigioso Andrew Laszlo ejerce como director de fotografía. Los efectos de maquillaje y tal corren a cargo de un grande, Rick Baker, asistido por otro nombre de peso, Craig Reardon.
El escritor de terrores Dean R. Koontz se encargó de la versión novelizada de la peli. Tanto le moló la experiencia, que decidió ampliarla (narrando el origen del monstruo y otras trifulcas) y convertirla en obra propia (pero conservando el título).
Eli Roth, padre de los "Hostel", ha comentado en más de una ocasión que le molaría hacer un remake de "La casa de los horrores", y podría salirle algo chulo, aunque todavía no se ha materializado (antes que remakee "Me bebo tu sangre", que le pega más). Sin embargo, podemos decir que ya hay un remake no del todo oficial, "Dark Ride, la casa del terror", la última vez que la revisé la encontré TAN mala que le regalé el consiguiente dvd a un amigo.
"The Funhouse", lista para descubrir o redisfrutar.
Considerada por buena parte del fandom -me incluyo- como una de las mejores películas de Tobe "La matanza de Texas" Hooper (seguramente sea su último título realmente digno, de verdad, sin fisuras), "La casa de los horrores" ha pasado a los anales del género como un "slasher", aunque yo, purista como soy, no creo que encaje con tanta sencillez y celeridad en la etiqueta. Sí, era la época en la que el cine de acuchillamientos vivía su mejor momento. Sí, arranca con un DESCARADO homenaje a "La noche de Halloween" (que a mi, de chaval, me sorprendió y me indignó, casi como si estuviera presenciado un expolio desvergonzado). Y sí, hay adolescentes calenturientos perseguidos y cazados por un tío deforme. Pero, en realidad, la estructura de la película está más cerca del "thriller" que del horror propiamente dicho. Y, siendo más quisquillosos, la verdadera "caza al teenager" no arranca hasta pasados 60 minutos, quedando condensada únicamente en los últimos 30 (tampoco hay muchos adolescentes que matar, solo cuatro). ¿Significa que la hora previa es un tostón y bla, bla?. Para nada, de hecho, casi casi podría decirse que es al revés (pero tampoco).
Unos jovencitos salidos y cargantes van a pasar la noche a la feria que se ha instalado a las afueras de la ciudad. Se suben a las atracciones, se besuquean, se pitorrean de los números de magia, fuman porros, se cachondean de la pitonisa que les lee la fortuna, se magrean, bromean con los animales deformes y, finalmente, deciden concluir la noche en la casa de los horrores (un dato curioso, en la versión que tengo yo, grabada de Tv2 hace un porrón de años, las escenas de drogas y tetas cuentan con un doblaje diferente. Vamos, estaban cortadas. ¿En 1981?, tampoco son tan extremas. A saber...). Cuando todas las luces se han apagado, y los autómatas han dejado de moverse, el misterioso individuo encargado de arrastrar las vagonetas entra en el almacén de la atracción con la pitonisa, a la que ha pagado para que le dé un poco de placer carnal. Pero el baranda se corre rápido y ella, a pesar de cobrar cien pavos, le dice que se acabó. Él entra en cólera y la mata. Su padre, tras echarle una bronca y revelarnos su exageradamente monstruoso rostro real, descubre que nuestros protagonistas adolescentes han sido testigos de toda la refriega, así que decide mandar a su retoño a por ellos con el fin de no dejar ningún testigo vivo.
A diferencia de los "slashers" comunes, en "La casa de los horrores" los "malos" tienen rostro, actitudes más "humanas", sufren, gritan... no son meras máquinas de matar, silenciosas y metódicas. De hecho, el monstruo protagonista da un poco de pena ya que en realidad es su alcohólico padre el que le da mala vida, la pega y le manipula (aunque se siente culpable por ello). Uno de los aspectos más interesantes del film es su decadente atmósfera. Todos los personajes que pululan por la feria son cincuentones con malas pulgas, visiblemente amargados, hastiados de la vida y que sujetan una botella. Ahí es donde radica la verdadera sordidez de la película (el lado "sleaze" que dirían los yankees), algo especialmente incrementado por la secuencia, patética e incómoda, en la que una avejentada y chillona pitonisa la hace una pajilla al desesperado monstruo que babea de placer. Siendo una producción "Universal", no esperéis mucho más. El nivel de violencia anda bajo mínimos, muy poca cosa, algo que ya entonces no era precisamente lo habitual. En la parte buena, ello se traduce en un acabado muy profesional, muy nítido, muy "mainstream", con medios de sobras y formato panorámico. Y aunque a mi también me ponen mucho los 16mm, el grano y la cámara borracha, en este caso lo agradecí.
A la mentada atmósfera decadente hay que sumarle el esfuerzo que hace Hooper por incrementar la sensación de inquietud a base de jugar mucho con las figuras y los autómatas que pueblan la terrorífica atracción, pero no acaba de lograrlo. Sin embargo, estos resultan muy útiles y adecuados en los prometedores títulos de crédito iniciales. Algo es algo. Con todo, y a pesar de la poca sangre, "La casa de los horrores" funciona. Y muy bien. Es entretenida, visualmente atractiva, va cargadita de pequeños elementos de esos que se te graban en la retina de por vida, luce una colección de carteles bien chulos (el peor, justamente, es el que se ha fabricado recientemente para el Blu-Ray) y su condición de clásico del horror de su década lo convierte en una pieza de obligada visión para fans, estudiosos y coleccionistas. Nadie dijo obra maestra, pero tampoco cagarruta.
Del reparto merecen destacarse algunos rostros. La adolescente protagonista, Elizabeth Berridge, unos años después alcanzaría bastante popularidad como la mujer de Mozart en el famoso -y estupendo- biopic "Amadeus", aunque ello no le ayudaría mucho. En su curriculum posterior "destaca" su intervención no acreditada como prostituta de relleno en "Payback", la de Mel Gibson. Desde el 2010 que no ha vuelto a actuar en el cine. Raro. Cooper Huckabee, el actor que interpreta a su novio macarrilla, tiene una carrera de lo más longeva. Recientemente lo has visto en, nada menos, "Django desencadenado". Su colega, Miles Chapin, luce una cara muy reconocible, pero aunque ha salido en pelis como "Howard, un nuevo héroe" o "Man on the moon" y "El escándalo Larry Flint" (otro actor del mismo reparto relacionado con Milos Forman.... ¿será Milos fan de la peli de Hooper?), no logro situar dónde lo había visto yo antes. Kevin Conway es un actor secundario de esos de carácter con una larguísima trayectoria trufada de títulos de toda clase, lo curioso de "La casa de los horrores" es que interpreta a tres personajes distintos, todos ellos responsables de berrear micro mediante con el fin de atraer espectadores a sus respectivas carpas. En la misma casa de los horrores (y, por tanto, como padre del monstruo asesino), en la de los animales deformes y en la de las strippers. ¿Qué pretendía Tobe Hooper con ello?, ¿enrarecer más la atmósfera o darnos a entender que allí todos son familia porque todos follan con todos?. Extraño y efectivo. Herb Robins, que interpreta al director de la feria, tiene en su filmografía un título de lo más atípico, "The Worm Eaters", de la que es prota, guionista y director, con el inefable Ted V. Mikels produciendo. Toma ya!. No podemos cerrar este repaso sin mencionar la genial escena protagonizada por el ya fallecido William "El fantasma del paraíso" Finley, en la que interpreta a un -sí, también- decadente pero carismático mago vestido de Drácula del todo entrañable.
En cuanto al personal oculto tras la cámara, y dejando a Hooper a un lado, merece destacarse al guionista, Lawrence/Larry Block, cuya otra única aportación al séptimo arte fue la historia de base para el "Capitán América" de Albert Pyun (!). En tareas de producción encontramos a Mark Lester, sí, el entonces futuro responsable de "Curso 1984" y la estupenda "Commando". El prestigioso Andrew Laszlo ejerce como director de fotografía. Los efectos de maquillaje y tal corren a cargo de un grande, Rick Baker, asistido por otro nombre de peso, Craig Reardon.
El escritor de terrores Dean R. Koontz se encargó de la versión novelizada de la peli. Tanto le moló la experiencia, que decidió ampliarla (narrando el origen del monstruo y otras trifulcas) y convertirla en obra propia (pero conservando el título).
Eli Roth, padre de los "Hostel", ha comentado en más de una ocasión que le molaría hacer un remake de "La casa de los horrores", y podría salirle algo chulo, aunque todavía no se ha materializado (antes que remakee "Me bebo tu sangre", que le pega más). Sin embargo, podemos decir que ya hay un remake no del todo oficial, "Dark Ride, la casa del terror", la última vez que la revisé la encontré TAN mala que le regalé el consiguiente dvd a un amigo.
"The Funhouse", lista para descubrir o redisfrutar.
viernes, 6 de mayo de 2011
CUANDO LLEGA LA NOCHE
Todos sabemos que tras los terribles incidentes de "En los límites de la realidad", la carrera de John Landis se truncó. No fue de un día para otro, aún le quedaba algun as en la manga ("Espías como nosotros" sería ese as), pero sí es verdad que su cine perdió toda la frescura, el color y el buen hacer previo al mentado accidente. Teniendo eso en cuenta, es muy probable que "Cuando llega la noche" sea la primera de sus películas flojas. Regulares. Las malas de verdad aún quedaban un poco lejos. De hecho, hasta ayer noche esta era la única peli de Landis -etapa buena- que no había visto. Desconozco el motivo, pero mi interés por ella siempre fue nulo... y de hecho, no la hubiera visto de no ser que mi hermano me prestó su copia y pensé "¿Por qué no?".El prota de nuestra historia es un tio que lleva una vida gris. Su mujer le pone los cuernos, se aburre mortalmente en su curro... y tiene insomnio. En un paseo nocturno improvisado, se cruzará en la vida de la chica de turno, centro de una compleja trama policiaca. El muchacho decide ayudarla y, como suele pasar en estas cosas, termina implicado en todo el marrón, algo que devuelve a su vida la emoción por la aventura.
Lástima que dicha emoción no termine de traspasarse a la peli en sí misma. Arranca muy bien, pero en cuanto las cosas comienzan a complicarse, se vuelve monótona y repetitiva. Le falta garra, le falta vibrar... es sosa. Yo bostecé unas cuantas veces, la verdad. Finalmente lo más divertido de todo es ir reconociendo la increíble e interminable galería de caretos más o menos famosos que van cruzando por la pantalla en diferentes roles, algunos más destacados, otros sin frase. Mirando en el Imdb, estos son los más notorios para mi: Dan Aykroyd, David Cronenberg, Richard Franklin, Dedee Pfeiffer, Rick Baker, Paul Mazursky, Paul Bartel, Carl Perkins, Don Siegel, Jim Henson, David Bowie, Jack Arnold, Roger Vadim, Amy Heckerling, Lawrence Kasdan, Vera Miles, Clu Gulager, Jonathan Demme (quien, curiosamente, al año siguiente haría un film de parecida trama, "Algo Salvaje"), Carl Gottlieb y el propio John Landis en un papel de asesino. ¿Impresionante, no?. Junto a todos ellos, Jeff Goldblum y una guapísima Michelle Pfeiffer como absolutos protas de la función.
Da la sensación que con esta peli, Landis pretendía alejarse un poco de su estilo de comedia generalmente desmadrada, apostando por algo un poco más "reposado" y mezclado con unas gotas de "cine negro", a lo que contribuyen no pocas escenas de asesinatos y violencia, especialmente en el notable clímax final. No le salió bien.
Después de verla, comprendo por qué "Cuando llega la noche" es una de las pelis menores de su realizador.
viernes, 11 de febrero de 2011
FANGORIA´S WEEKEND OF HORRORS 1986
¡¿Qué devoto del cine de horror -como yo, vamos- no daría su alma para visitar una de las célebres "Weekend of Horrors" que la revista "Fangoria" organiza en los USA desde hace años?!. Encontrarte con míticos personajes de la farándula, asistir a sus charlas y presentaciones o adquirir toda clase de cachivaches en los numerosos stands. Ahhhhh (esto es un suspiro), amigos, si existe algo hoy día que todavía despierta en mi sensaciones primarias y alegrías infantiles, eso es el cine de terror. Adórolo, a pesar de decepciones y sinsabores. Y sigo en ello. Por ese motivo si un servidor de ustedes tuviera dinero y no fuese una pobre rata, sería el tiparraco más feliz del planeta revoloteando cual mariposilla por los mentados findes del horror fangorianos. Algo que sospechaba desde hace tiempo, y que se ha visto confirmado durante el visionado de este estupendo video-documental.
Y es que claro, háganse una idea, si visitar un "Weekend..." actualmente ya sería molón, ¡imagínense en 1986!, en plena mitad de la década dorada del horror moderno. Ahí tenemos al actor Clu Gulager, de "El regreso de los muertos vivientes" y "Feast", asegurando que los films del momento, como entonces fueron "Re-Animator" o "Pesadilla en Elm Street", serían los clásicos del futuro. ¡¡Tu si que sabías, Clu!!. Al amigo le acompañan nombres tan ilustres como los de Robert Englund (que jovencito!!), Wes Craven, Tom Savini, Dan O´Bannon, Rick Baker o un Tobe Hooper pre-acabado exultante y que protagoniza uno de los más entrañables momentos del vídeo, la entrega de premios a los cortometrajes de la velada (todos paridos en Super 8 o 16mm). Algunos de ellos pintan muy graciosos, y es del todo sorprendente encontrarse con la versión americana, y ochentera, del realizador underground catalán J.C.Gallardo!. Pero la lista de nombres continúa: la sobrevalorada Elvira (yo no lo trago, oiga!, ni siquiera sus melones me ciegan tanto), Forrest J. Ackerman, John Carl Buechler mostrando un cacho de su entonces nuevísima "Troll", Steve Miner (que dice, claramente, dedicarse al horror por dinero), William "Roger Cobb" Katt, Dick Miller, Walter "Star Trek" Koenig e hijo o una imberbe Jennifer Aspinall dando pie al trailer de "El Vengador Tóxico" (en la que ella se curraba los efectos especiales).
A nivel fílmico también saborearemos secuencias de los dos primeros "Pesadilla en Elm Street", de "House, una casa alucinante" o de "Invasores de Marte" versión Hooper/Cannon.
Uno de los elementos más gozables del vídeo, es ver a los putos fans rulando entre stands y hablando de sus pelis favoritas. Mítico, sobre todo por las pintas de jevillarro que algunos gastan. En este apartado destaca el concurso de disfraces, donde asoman toda clase de fermosas aberraciones (me hicieron especialmente gracia los tíos disfrazados de "Cazafantasmas") y la subasta a precios muy módicos. Uno de los items vendidos es, nada menos, un poster promocional de "Commando" que ¡¡yo tengo!!.
En fin. ¿Qué más decir?, pues que cuando terminó de poco no se me saltan las lágrimas. Nostalgia pura, caballeros. Y orgullo, también, orgullo de pertenecer a la comunidad de los horrormaníacos. Y a mucha honra!!!.
En fin. ¿Qué más decir?, pues que cuando terminó de poco no se me saltan las lágrimas. Nostalgia pura, caballeros. Y orgullo, también, orgullo de pertenecer a la comunidad de los horrormaníacos. Y a mucha honra!!!.
lunes, 1 de junio de 2009
AULLIDOS
Hay algo de mágico y maravilloso en esto de repasar un viejo clásico -moderno- del horror. Y también en regodearse escribiendo reseñas como la que sigue.Ayer noche tenía mono de "Aullidos", y me puse a verla. Naturalmente gocé plenamente de ella, me entretuvo, despertó mi lado nostálgico y reafirmó el hecho de que, como el terror de aquella década, no lo ha habido y no lo habrá. Lo digo de entrada: Esta es una gran película. Tu y yo lo sabemos... pero siempre hay despistados y mentes impuras que tal vez no hayan tenido la grandiosa suerte de verla, a ellos va destinado el presente escrito.
"Aullidos" es, junto a la también cojonuda "Un hombre lobo americano en Londres", uno de los mejores films de terror de su década, así como las dos más logradas muestras de cine licántropo producido entonces ya que, entre otros motivos, fueron pieza clave para modernizar el mito del hombre lobo, tanto narrativamente como en los efectos especiales. Sí, la primera mutación mega-gráfica fue invento -justamente Oscarizado- de Rick Baker para "Un hombre lobo americano en Londres". Si "Aullidos" se "adelantó" fue, sencillamente, porque el responsable de estas (un pelín más exageradas que en el film de John Landis), Rob Bottin, era alumno de Baker, quien le aconsejó / ayudó durante el rodaje de la reseñada (como bien indican los créditos finales), para mayor posterior cabreo de Landis.
Ya que hablo de los dos films en cuestión, cabe mencionar que en ocasiones se crean disputas sobre cual es mejor o peor... bien, yo creo que ninguna gana a ninguna... es más, se complementan perfectamente, y en lo que una falla, la otra acierta (y viceversa). Aunque sí es bien cierto que "Aullidos" es un trabajo más "tradicional" que "Un hombre lobo americano en Londres".
Hay un asesino que ronda por la ciudad. Se ha citado con una famosa presentadora televisiva y se monta el consabido tinglado. Durante el encuentro, algo extraño ocurre, la mujer grita horrorizada y la policía abate al criminal. Con el fin de recuperarse del sustazo, será enviada a pasar unos días a una especie de colonia. El problema es que está infestada de hombres lobo y, entre estos, ronda un "viejo amigo" ... supuestamente muerto.
Hay un asesino que ronda por la ciudad. Se ha citado con una famosa presentadora televisiva y se monta el consabido tinglado. Durante el encuentro, algo extraño ocurre, la mujer grita horrorizada y la policía abate al criminal. Con el fin de recuperarse del sustazo, será enviada a pasar unos días a una especie de colonia. El problema es que está infestada de hombres lobo y, entre estos, ronda un "viejo amigo" ... supuestamente muerto.
Joe Dante, director, venía de la factoría Roger Corman (quien se marca un divertido cameo, rebuscando posibles monedas olvidadas en una cabina telefónica) y había dirigido la, también entrañable, "Piraña". Era joven y rebosaba talento, algo que se plasma perfectamente en esta peli. Al guión, John Sayles (quien también se marca un papelito como forense), gran guionista de cine fantástico, mediocre director de pelis más "de autor". En dicha tarea le acompaña Terence H. Winkless, a quien le aguardaba una extensa carrera en los dominios de la "serie B" (su debut en la dirección lo hizo con la curiosa "The Nest"). Ambos adaptan una novela original de Gary Brandner.
El reparto está plagado de maravillosos rostros populares: Una guapísima Dee Wallace (apuntito de ser la madre del mejor amigo humano de "E.T."), Patrick Macnee, Dennis Dugan (hoy director de comedias ultra-mainstream), Kevin McCarthy y Dick Miller (inseparables del mejor cine de Joe Dante), John Carradine, Slim Pickens, Elisabeth Brooks (resulta difícil olvidarse de esta ultra-sexy mujer lobo, tristemente fallecida de cáncer cuando solo tenía 46 tacos), Robert Picardo y más, muchos más. Cómo no, por ahí también rula Forrest J. Ackerman, luciendo entre las manos un ejemplar de su mítico "Famous Monsters". La excelente banda sonora la firma un inconmensurable Pino Donaggio. En el equipo técnico descubrimos a gente tan curiosa como Mark Goldblatt en el montaje (entonces futuro director del primer "Punisher" y montador de grandes films de acción en Hollywood), Robert Burns en la dirección artística (cosa que años antes hiciera en "La matanza de Texas" de donde, by the way, se recupera uno de sus cadáveres momificados para ambientar la tienda regentada por Dick Miller), Doug Beswick, David Allen, Greg Cannom (talentos en el terreno de los efectos especiales y/o la stop-motion) o Peter Manoogian (quien poco después se convertiría en realizador para la factoría de Charles Band).
"Aullidos" es una de aquellas películas que, por mucho que las ves, siempre descubres nuevos detalles, cosillas que le dan color y vida y contribuyen a su condición actual de clásico, desde su guión, hasta su fotografía, pasando por otros apartados técnicos y/o artísticos, va repleta de energía. Cierto que en ocasiones, y por aquello de la época y tal, roza el ridículo (los licántropos en dibujos animados fornicando, el caniche del final....), pero se le perdona muy mucho, y más como está hoy día el panorama. Las transformaciones son retorcidamente deliciosas y los hombres lobo en sí mismos me parecen geniales, con un aspecto fiero y una agilidad sorprendente... en eso, creo yo, le ganaron la partida al yanki desubicado en Londres.
El film fue un éxito y, como bien sabéis, generó una ristra de interminables secuelas, todas bastante chusqueras -aunque curiosas-, que alcanzarían hasta el número ocho.
El reparto está plagado de maravillosos rostros populares: Una guapísima Dee Wallace (apuntito de ser la madre del mejor amigo humano de "E.T."), Patrick Macnee, Dennis Dugan (hoy director de comedias ultra-mainstream), Kevin McCarthy y Dick Miller (inseparables del mejor cine de Joe Dante), John Carradine, Slim Pickens, Elisabeth Brooks (resulta difícil olvidarse de esta ultra-sexy mujer lobo, tristemente fallecida de cáncer cuando solo tenía 46 tacos), Robert Picardo y más, muchos más. Cómo no, por ahí también rula Forrest J. Ackerman, luciendo entre las manos un ejemplar de su mítico "Famous Monsters". La excelente banda sonora la firma un inconmensurable Pino Donaggio. En el equipo técnico descubrimos a gente tan curiosa como Mark Goldblatt en el montaje (entonces futuro director del primer "Punisher" y montador de grandes films de acción en Hollywood), Robert Burns en la dirección artística (cosa que años antes hiciera en "La matanza de Texas" de donde, by the way, se recupera uno de sus cadáveres momificados para ambientar la tienda regentada por Dick Miller), Doug Beswick, David Allen, Greg Cannom (talentos en el terreno de los efectos especiales y/o la stop-motion) o Peter Manoogian (quien poco después se convertiría en realizador para la factoría de Charles Band).
"Aullidos" es una de aquellas películas que, por mucho que las ves, siempre descubres nuevos detalles, cosillas que le dan color y vida y contribuyen a su condición actual de clásico, desde su guión, hasta su fotografía, pasando por otros apartados técnicos y/o artísticos, va repleta de energía. Cierto que en ocasiones, y por aquello de la época y tal, roza el ridículo (los licántropos en dibujos animados fornicando, el caniche del final....), pero se le perdona muy mucho, y más como está hoy día el panorama. Las transformaciones son retorcidamente deliciosas y los hombres lobo en sí mismos me parecen geniales, con un aspecto fiero y una agilidad sorprendente... en eso, creo yo, le ganaron la partida al yanki desubicado en Londres.
El film fue un éxito y, como bien sabéis, generó una ristra de interminables secuelas, todas bastante chusqueras -aunque curiosas-, que alcanzarían hasta el número ocho.
De obligada visión. Espero que a nadie se le ocurra hacer un remake de esta, ¡por dios!.
jueves, 25 de septiembre de 2008
UN HOMBRE LOBO AMERICANO EN LONDRES
Recuerdo que hace unos años un amigo y yo debatimos cual era mejor film de licántropos, "Un hombre lobo americano en Londres" o "Aullidos". Yo defendí la de Joe Dante con uñas y dientes. Pero ese mismo día, o al siguiente, me puse la de John Landis y tuve que reconocer la verdad: era, es, mucho mejor, a pesar del cariño que le pueda tener, y le tengo, a la del Sr.Dante. Y con el aún muy reciente visionado de ayer noche, lo confirmo.
Lo que más me sorprendió de "Un hombre lobo americano..." es el elemento pesadillas. De chaval me dieron mucho miedo, y es que aún hoy los malos sueños de un David Naughton todavía no consciente de su condición animal son muy inquietantes y, lo mejor, están introducidos en la peli como cualquier otra escena, quiero decir, no se ve primero al tipo durmiendo, o están rodadas con un look distinto... para nada, aparecen y desaparecen sin más, y en algunos casos no sabes que son eso, pesadillas, hasta que han pasado unos segundos (como la terrorífica y muy original masacre familiar). Cojonudo (aunque Landis reconoce que ese elemento está muy inspirado en Buñuel... en fin, ¡nada es perfecto!).
El resto de la peli es igual de redonda. Esa fotografía hiper-realista, la cámara que se toma las cosas con calma, y el mismo hombre lobo, al que vemos bastante menos de lo que hoy día sería normal (¡y es de látex!, bendito sea). "Un hombre lobo americano en Londres" es tremendamente entretenida, casi ni me di cuenta de que se acababa, me dije "¿Ya?". Tiene un ritmo tranquilo, pero no perezoso, y las secuencias en las que aparece la criatura son, en su mayoría, muy acojonantes, destacando el ataque en los páramos, puro cine de miedo (idem con el del metro).
Por otro lado, sorprende la inaudita (sobre todo para los tiempos que corren) mala hostia de John Landis, cebándose a conciencia con un personaje la mar de simpático y agradable (el mentado Naughton), que termina como todo hombre lobo debería. El desenlace es terriblemente trágico, pero magistralmente sobrio y conciso.
De los oscarizados efectos especiales de Rick Baker no hace falta hablar, todos los conocemos y admiramos. Son, junto a los de "La Cosa", de aquellos a los que el tiempo no hace excesiva mella, y demuestran que donde esté el látex y demás cachivaches, que se quite el resto.
Resulta curioso que David Naughton quedara para el resto de su carrera relegado a pelis segundonas (ese delirante "Hot Dog"), televisión o cameos por, justamente, el film comentado. También tenemos a Jenny Agutter, que además de muy buena actriz, es tremendamente guapa. Y por ahí pulula un Rik Mayall pre-"The Young Ones".
Lástima que la carrera de John Landis acabara yéndose a tomar por culo a causa del infame accidente durante el rodaje de "En los límites de la realidad", pues sus primeros films hacían presagiar que estábamos ante un cineasta repleto de talento y personalidad. Por todo eso, nunca pudo hacer SU segunda parte, sin embargo, algún listo produjo una de horripilante recuerdo, "Un hombre lobo americano en París".
¡Aaaay los grandes clásicos modernos del horror!.
Lo que más me sorprendió de "Un hombre lobo americano..." es el elemento pesadillas. De chaval me dieron mucho miedo, y es que aún hoy los malos sueños de un David Naughton todavía no consciente de su condición animal son muy inquietantes y, lo mejor, están introducidos en la peli como cualquier otra escena, quiero decir, no se ve primero al tipo durmiendo, o están rodadas con un look distinto... para nada, aparecen y desaparecen sin más, y en algunos casos no sabes que son eso, pesadillas, hasta que han pasado unos segundos (como la terrorífica y muy original masacre familiar). Cojonudo (aunque Landis reconoce que ese elemento está muy inspirado en Buñuel... en fin, ¡nada es perfecto!).
El resto de la peli es igual de redonda. Esa fotografía hiper-realista, la cámara que se toma las cosas con calma, y el mismo hombre lobo, al que vemos bastante menos de lo que hoy día sería normal (¡y es de látex!, bendito sea). "Un hombre lobo americano en Londres" es tremendamente entretenida, casi ni me di cuenta de que se acababa, me dije "¿Ya?". Tiene un ritmo tranquilo, pero no perezoso, y las secuencias en las que aparece la criatura son, en su mayoría, muy acojonantes, destacando el ataque en los páramos, puro cine de miedo (idem con el del metro).
Por otro lado, sorprende la inaudita (sobre todo para los tiempos que corren) mala hostia de John Landis, cebándose a conciencia con un personaje la mar de simpático y agradable (el mentado Naughton), que termina como todo hombre lobo debería. El desenlace es terriblemente trágico, pero magistralmente sobrio y conciso.
De los oscarizados efectos especiales de Rick Baker no hace falta hablar, todos los conocemos y admiramos. Son, junto a los de "La Cosa", de aquellos a los que el tiempo no hace excesiva mella, y demuestran que donde esté el látex y demás cachivaches, que se quite el resto.
Resulta curioso que David Naughton quedara para el resto de su carrera relegado a pelis segundonas (ese delirante "Hot Dog"), televisión o cameos por, justamente, el film comentado. También tenemos a Jenny Agutter, que además de muy buena actriz, es tremendamente guapa. Y por ahí pulula un Rik Mayall pre-"The Young Ones".
Lástima que la carrera de John Landis acabara yéndose a tomar por culo a causa del infame accidente durante el rodaje de "En los límites de la realidad", pues sus primeros films hacían presagiar que estábamos ante un cineasta repleto de talento y personalidad. Por todo eso, nunca pudo hacer SU segunda parte, sin embargo, algún listo produjo una de horripilante recuerdo, "Un hombre lobo americano en París".
¡Aaaay los grandes clásicos modernos del horror!.
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