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sábado, 24 de enero de 2026

ÁREA 51

Siempre he creído que los devotos del fenómeno Ovni, esos convencidos de que existen los alienígenas y nos visitan con regularidad o lo han hecho en el pasado ("los partidarios de la teoría de los antiguos astronautas" según "DMAX".... me encanta el término, si militase en una banda de punk rock nos llamaríamos así), tienen muy poca fe en la raza humana, porque, según ellos, todos los grandes logros perpetrados por los habitantes del planeta tierra desde que salimos de las grutas no son cosa nuestra, son los marcianos que nos echaron un cable (e incluyo a inventores visionarios de esos de peso. En tal caso, significa que eran unos personajes muy poco honestos, bastante jetas, atribuyéndose las respectivas invenciones en lugar de reconocer su origen intergaláctico). Vamos, que sin ellos no habríamos hecho la O con un canuto y, supongo, todavía viviríamos en las grutas sacándonos piojos y comiéndolos con delectación. Ahora imagínense que a tres de estos elementos les dan un equipo de cámaras de vídeo y los mandan a la famosa Área 51, allá en el desierto de los USA, una base secreta inexpugnable (a menos que seas el protagonista de una película llamada, errrr, "Área 51") que los "partidarios de la teoría de los antiguos astronautas" están convencidos oculta platillos volantes, marcianos en tarros y mil movidas más.
De eso va esto de lo que les estoy hablando, y digo "esto" con total consciencia del término.
Lo de Oren Peli es un caso peculiar. Alguien que nunca se había planteado hacer cine como una prioridad o pasión en su vida -a pesar de lo premonitorio de semejante apellido, ¡chas-pun!-, simplemente un día agarra varias vídeo-cámaras y decide currarse un largometraje sobre una pareja atusada por un fantasma diabólico invirtiendo poco montante y sacándole chorreante partido a las maneras del "found footage". Luego lo estrena y resulta un bombazo tremendo que acumula un montón de pasta y genera secuelas e imitaciones hasta nuestros días (justo, ya tenemos nueva dosis en camino). Estoy hablando de "Paranormal Activity", claro. Lo curioso del caso es que, no fue ni mucho menos la primera muestra de "material encontrado", antes estuvo la cacareada "The Blair witch project" (y antes "The last boradcast", pero esa es otra historia), sin embargo, se considera la de Oren Peli tan esencial, tan iniciadora, como aquella. Pasa un poco como con.... mmmmh, Bruce Lee y Jackie Chan. No, no desvarío. Tras la muerte de Lee hubo chorromil intentos de buscarle un sustituto. Sin éxito. El problema era que todos los aspirantes se limitaban a imitarle, y mal. No fue hasta que apareció uno con personalidad propia, y maneras propias, que comenzó a existir la posibilidad de considerarlo un sucesor. Hablo de Jackie Chan, por supuesto. Pues aquí pasa lo mismo. "Blair witch..." generó un montón de imitaciones. Ninguna cuajó hasta que llegó "Paranormal Activity" con un enfoque un pelo distinto, un punto de vista algo original, ni que fuesen esos ya clásicos planos eternos de la pareja durmiente mientras a su alrededor se producen toda una serie de fenómenos paranormales. O el hecho de no tener que sufrir al grupito de adolescentes irritantes hacer toda una serie de mongoladas frente a sus cámaras antes de entrar en materia.
Como decía, a Oren Peli "Paranormal Activity" le salió un poco de chiripa. Seguramente por eso, cuando cegados por el éxito, los señores del dinero le encargaron un nuevo "found footage", el recién estrenado director supongo que lo abordó sin mucha convicción. Quizás jamás hubiese dirigido una segunda película porque, aliviada la curiosidad, ¿pa qué reincidir? Pero claro, casi sin quererlo aquella fue un pepinazo y ahora le ofrecían mucho montante para "repetir" la jugada. Y a lo mejor, por eso el resultado, este "Área 51", es tan, tan lamentable.
Sí, amigos, si nunca han oído hablar demasiado de ella es porque estamos ante un auténtico chuzo inaguantable. ¿Cómo decirlo? Para comenzar Oren Peli echa mano de todas aquellas convenciones del "found footage" ausentes en su debut y por lo que terminó resultando medianamente novedoso. Es decir, incontables minutos de jovenzuelos irritantes haciendo el subnormal en espera del arranque del verdadero mondongo. Y una vez este comienza, resulta que carece de suspense, misterio, progresión, interés... ni tan siquiera incorpora sobresaltos... y mira que lo intentan. Amigos, no he presenciado una película más MUERTA, más inútil. Aburre desde el minuto uno. Y no deja de hacerlo hasta su conclusión.
¿Exagero? Díganselo a los distribuidores, que la situaron en un estante nomás verla y ahí anduvo SEIS años, esperando, hasta que tragaron saliva y osaron lanzarla... eso sí, en plan estreno ultra-limitado y directa a mercados menores. O, mejor aún, díganselo a Oren Peli, que desde entonces no ha vuelto a dirigir, limitando su presencia a la de productor ejecutivo de las entregas consiguientes a "Paranormal Activity", claro, pero también de "Insidious" (y secuelas), "The Lords of Salem" de Rob Zombie o aquella curiosidad titulada "The Bay", en la que un director de prestigio como Barry Levinson probaba esa cosa nueva del "found footage". Y, oiga, me parece un gesto sabio. Honesto. Sobre todo considerando que, igualmente, se habrá llenado los bolsillos y, esta vez, sin tener que dar la cara ni pasar la vergüenza que genera algo como "Área 51".

sábado, 27 de septiembre de 2025

MUTACIÓN ASESINA

El caso de John McNaughton es ya todo un clásico. Cineasta comienza la casa por el tejado rodando como debut una -dicen- obra maestra, "Henry, retrato de un asesino" -para mi algo sobrevalorada-, que se verá incapaz de igualar el resto de su trayectoria, inclumpliendo así el rol prometido de nuevo super talento.
Entre la realización de la susodicha y su posterior descubrimiento, pasó el suficiente tiempo para que el muchacho tuviese que buscarse las habichuelas dirigiendo un mero encargo. Las consiguientes obligaciones contractuales de la respectiva promoción le llevaron a ciertos festivales y eventos... justo cuando su primera película comenzaba a petarlo. Claro, así las cosas, McNaughton se encontró en la tesitura de tener que justificarse. ¿Cómo era posible que el tipo responsable de rodar las desventuras criminales de Henry Lee Lucas, con todos sus -supuestos- buenos resultados, firmara ahora una cosa tan costrosa como "Mutación Asesina" ("The Borrower" en versión original, algo así como "El que toma prestado" o "El prestatario")?. Es por ello que, en su visita al Festival de Sitges de la época, el cineasta reconociera sin remilgos la escasa calidad de su segunda obra y explicara que la hizo por dinero. Eso, sin duda, aclararía el descalabro. Y si no lo digo reviento cual supernova: en esa misma edición fue donde conseguí su autógrafo... aunque, irónicamente, todavía no había visto nada suyo. Lo que ocurrió es que estábamos en la puerta del hotel esperando a nuestros verdaderos héroes, Bruce Campbell y Ted Raimi, al salir antes McNaughton le reconocí y me dije aquello de "¿por qué no aprovechar la ocasión?", de ahí que le pidiésemos su firma, con las mismas pocas ganas, convicción y entusiasmo con las que él cumplió y las mismas que invirtió en dirigir esta "Mutación Asesina".
Hay un marciano tan tan malo que los de su especie castigan abandonándolo en la tierra, previa conversión a aspecto de ser humano. El problema es que el disfraz dura un tiempo limitado y, llegado el momento, se verá obligado a sustituir la cabeza, arrancándosela al primer pobre diablo con el que se cruce. Y, básicamente, esa es toda la trama de "Mutación Asesina", el alienígena andando de acá para allá, sustrayendo perolos, interactuando con el "lumpen".... y, por aquello de darle un poco más de color al asunto, pues la historia paralela de la policía que investiga las muertes y cierto drama personal con un criminal que se le escapó y cuyo jeto, inevitablemente, será mangado por el visitante, cerrando así el círculo en plan cabriola. Y digo cerrar "entrecomilladamente", porque el desenlace es tan abrupto como tontaina y precipitado.
Es hasta curioso lo, ¿cómo decirlo?, desganada e insulsa que es una película yanki rodada a finales de los ochenta (aunque lanzada ya en los noventa por retrasos de la distribuidora y demás zarandajas legales) con justo pero tampoco ultra-escaso montante, protagonizada por Rae Dawn Chong y con efectos especiales "old school" del talentoso Kevin Yagher. Quiero decir que, ni vista hoy, con toda la nostalgia y bla, bla, se salva. La carencia de absolutamente todo, suspense, emoción, miedo, acción, risas (se supone en parte comedia, pero está tan mal aplicada que más bien se asemeja a simple incapacidad) contribuyen a que la experiencia se torne tremendamente aburrida. De verdad, es inaudito. Se nota el absoluto desinterés de John McNaughton, se transmite y traspasa, incluso contagia. Tal vez unas manos más adecuadas podrían haber aportado algo, ni que fuese ínfimo, porque elementos hay (aunque, obviamente, lo más llamativo son las escenas de látex en ebullición), pero nada, que no. Tampoco vamos ahora a decir que el guion de Mason Nage, sin duda posteriormente retocado por Richard Fire -responsable del de "Henry, retrato de una asesino"-, fuese una maravilla. Así que en parte es igualmente culpable.
Acompañan a la Dawn Chong, Tom Towles (justo salido de "Henry...", donde interpretó a un memorable y repugnante "Otis"), el eterno poli del cine Don Gordon, Antonio Fargas y Tony Amendola. Kevin Yagher viene asistido por la "KNB Group" al completo, para la ocasión reducidos a un inhabitual segundo -o tercer- lugar.
En la banda sonora suena bastante y decente punkismo, sin embargo no he reconocido a ninguno de los combos correspondientes.

sábado, 7 de junio de 2025

EL INNOMBRABLE 2

Señalaba en la reseña de "El Innombrable 1" su condición de truño insufrible, capaz de generar el sopor más truculento imaginable, pero cuyo éxito por parámetros videocluberos había generado una secuela que, aseguraban ciertas lenguas, mejoraba mucho a su precedente. Y yo, que cinéfagamente soy incurablemente curiosón, "me moría" por echarle el guante a ese "Innombrable 2", aún a sabiendas que terminaría arrepintiéndome tras el dolor ocasionado por la primera dosis, debut de su ignoto director Jean-Paul Ouellette. Y aunque la espera se ha prolongado años, finalmente ocurrió.
Ya lo dijo el sabio: cuidado con lo que deseas.
Así de primeras, lo que desconcierta de "The Unnamable II: The Statement of Randolph Carter" -extenso título original-, es que comienza exactamente donde termina la anterior. Con los mismos actores. Y, claro, después de lo comentado, comprenderán que mi cerebro había borrado todo rastro de "El Innombrable", por lo que me resultó imposible efectuar una conexión entre ambas películas. No sé si dicha continuidad es genuina o se la han sacado de la manga. Sea como fuere, la cosa queda del siguiente modo...
Los supervivientes a la noche de horror se obcecan en dar a conocer al mundo la existencia real del monstruo que no puede nombrarse. Armados con el legendario "Necronomicón" (recordemos que ambos productos se suponen inspirados en la obra de H.P.Lovecraft), dan con una gruta, localizan al bicho, lo liberan de la maldición, convirtiéndose así en una pava sexy (el "innombrable" es señora, más mosqueada y rabiosa de lo normal) y se la llevan con ellos. Lo que desconocen es que hay otra "innombrable" que les seguirá, dispuesta a recuperar a la primera, dejando un reguero de cadáveres a su paso.
Pos no. "El Innombrable 2" sigue siendo tan aburrida y olvidable como lo era su precedente y el resto de películas de terror baratuchas del periodo, esos temibles inicios de los 90. Lo sospechaba. Es decir, sabía que todos esos rumores de que era mejor y bla, bla serían papel mojado. Calderilla. Pudin. Y eso es exactamente. Un film perfectamente evitable, sosaina, sin alma, con estética de telefilm, la dosis justa de chicha pero que sabe a nada, momentos de comedia voluntaria vergonzante y... en fin, que es una basura innombrable (chiste fácil, pero inevitable y necesario).
Del reparto destacan algunos rostros curiosos como el de John Rhys-Davies dando vida a un experto en monstruos antediluvianos, cosa que se convertiría en su rutina laboral a partir de ese momento, sumergiéndose sin descanso en toda suerte de subproductos de idéntica catadura. O el gran David Warner, en un papel minúsculo y absurdo que no aporta casi nada a la trama y únicamente está ahí para dar algo de "caché" al descalabro.
Las dos innombrables vienen interpretadas por "scream queens" de cierta solera. Por un lado Maria Ford quien, una vez desprovista del maquillaje, se pasa un cacho de la peli como dios la trajo al mundo -pueden verla en este documental echado pestes del gremio y amargadísima porque solo la explotaban sexualmente.... paradójico que terminara con el cuerpo recauchutado a base de horribles operaciones- y la ya fallecida Julie Strain, a la que toca acarrear el látex durante todo el fuckin´ largometraje (y, a diferencia de su compañera, gozaba como una perra haciendo papeles sexys para basuras videocluberas). En ambos casos se puso las botas aplicándolo Christopher Biggs.
"El innombrable 2" destruyó la carrera de Jean-Paul Ouellette, y con justicia (lo mismo podemos decir respecto a un "El innombrable 3" que jamás existió... gracias a dios). Seguidamente entró como profesor en el "Emerson College", donde produjo y dirigió algunos cortos estudiantiles. Actualmente ronda por "Linkedin". Ni falta hace señalar que en su currículum NO figuran NINGUNO de sus escarce
os con el cine de género. Ni "El innombrable 1", ni "El innombrable 2", ni esa aportación a la acción de aspecto grimoso titulada "Chinatown Connection" (con protagonismo de ¡¡ Bruce Ly y Lee Majors II !! Distribuida por estos lares vía "Filmax Video") ¡¡Traidor!! así te pudras en el infierno. Tú y tu filmografía al completo.

sábado, 17 de mayo de 2025

NUEVA YORK, AÑO 2012

Año 2012. Una plaga ha arrasado con la civilización. Pequeños grupúsculos humanos sobreviven atrincherados entre rascacielos formando comunas medio hippies. Los hay que se lo montan bien, plantando tomates y respetando al prójimo. Y los hay que van de cabrones, matando y robando por doquier. Justamente, uno de estos, comandados por William Smith, se ha encabezonado en afanarle los alimentos a la pandi "chachi" del barrio, gobernada por Max Von Sydow. En eso que de por medio aparece un tipo que se "alquila" como guerrero y protector, el "skinhead" -que decían "Toy Dolls"- Yul Brynner. Así, se rejuntará con los "chachis", ya en las últimas, y Sydow le pedirá que salve a su hija preñada, y unas semillas para futuros huertos, llevándolas a una isla paradisíaca donde vivir felices y repoblar el planeta.
Estamos en 1975, hace dos años Robert Clouse lo petó con "Operación Dragón", y tiene un nuevo proyecto para que el prota de aquella, Bruce Lee, se luzca nuevamente, "The Ultimate Warrior". Pero el astro de las yoyas muere antes de poder tirarlo adelante y queda aparcado en los archivos de la "Warner" hasta que deciden rodarlo, cambiando a Lee por Brynner y al en principio previsto George Lazenby por Von Sydow, cosa que tendría que haber beneficiado al pifostio cuanto menos a nivel interpretativo. Sin embargo, no contar con el valor seguro del "pequeño dragón" motivó que "Warner" evitara jugársela, invirtiendo menos capital. Así, el resultado se resiente en cuanto a espectacularidad (no la hay por ningún lado), ritmo (bramar farragoso es quedarse corto) y unos combates desangelados y muy poco emocionantes... salvo el del final, donde se enfrentan héroe y villano. Ese está bien. Pero, claro, pa cuando llega es tanto el sopor acumulado que la movida concluye con una inevitable nota baja, bajísima.
Igual que ocurre con todas las décadas y su respectivo cine, existen una serie de "tics" estéticos y narrativos que, si se hacen bien, molan que te cagas. Pero si se hacen mal, resultan bastante irritantes y agotadores. Por desgracia, "Nueva York, año 2012" es setentera hasta las trancas... en el sentido malo, o peor.

sábado, 30 de noviembre de 2024

TIMECOP: POLICÍA EN EL TIEMPO

Una de las desventajas de llevar acumulados ya diecisiete años de reseñas es que, inevitablemente, tiendes a repetirte. No digo películas concretas, serían más bien apreciaciones. Comentarios. Ya, en realidad importa poco, dada la nula capacidad que tienen hoy día los humanos, y mucho menos ustedes, de retener absolutamente nada. Así pues, tampoco se acaba el mundo si vuelvo a aclarar, antes de comenzar, que me pirro por las historias de viajes temporales y demás paradojas. Y ello contribuye, muchas veces, al disfrute de las respectivas películas. Por eso, seguramente, "Timecop: Policía en el tiempo" me cae tan bien. Me gusta. Un perfecto divertimento para pasar el rato la mar de agradablemente, más si lo acompañas con una bolsa de patatas "chips", aunque sufras hipertensión. ¿Qué quieren que les diga? en ocasiones merece la pena jugarse la salud. Esta fue una de ellas.
Los viajes en el tiempo son una realidad, aunque tampoco es que tengan verdadera utilidad... salvo si eres un político corrupto dispuesto a financiar tu campaña para la presidencia enviando asesinos al pasado, en busca de tesoros de incalculable valor, o alterando los acontecimientos en tu favor. Es por eso que el gobierno de los USA crea un cuerpo de policías dedicado a evitarlo. El más mejor de ellos, y más "cool", es Walker (nombre de héroe por antonomasia), quien vive atormentado al no haber logrado impedir la muerte de su queridísima mujer en manos de unos villanos con un gusto horrible a la hora de elegir vestuario y peluquero. Lo que desconoce aún es que tal acontecimiento guarda mucha relación con su actual condición de policía del tiempo, y no solo dispondrá de una oportunidad para impedirlo, también la de detener al político malísimo que todo lo enmierda con sus feos actos.
Estamos en 1994, hace un año que Jean-Claude Van Damme lo petó con "Blanco Humano" y las puertas de Hollywood se le han abierto de par en par. Así, los estudios "Universal" deciden ficharle y crearle este vehículo de lucimiento, contando de nuevo con Sam Raimi y Robert Tapert para la producción (es decir, "Renaissance Pictures", quienes también apadrinaron "Blanco Humano") y al entrañable artesano -dicho sin tono peyorativo- Peter Hyams en la dirección. La materia de base es, nada menos, un comic editado por "Dark Horse" y serán algunos de sus propios responsables quienes se encarguen del guion. Así ya tenemos alguien a quien aplaudir los muchos aciertos, pero también señalar por algunas cagadillas. "Timecop" se desarrolla en un futuro ya por entonces no muy lejano, 2004 y, en fin, aunque los adelantos tecnológicos no son demasiados, los que se muestran dejan bastante que desear. Especialmente esos feísimos + aparatosos automóviles con supuesta autonomía. Y hablando de vehículos, no acabo de entender por qué los viajeros del tiempo se suben a uno para partir, pero cuando llegan a su destino, van a pata. ¿Dónde han aparcado? Tiene que haber sido en algún sitio porque, a la hora de regresar al presente, vuelven a echar mano del vehículo. Aunque para paradojas inexplicables, la teoría de los mismos viajes temporales. Según la película, ir al futuro es imposible porque todavía no ha ocurrido. Bien, en realidad es justo lo contrario. O al menos eso dicen los astrofísicos, con el añadido de que, una vez en marcha, jamás podríamos regresar al punto de partida. Ténganlo en cuenta por si algún día se les presenta la ocasión.
Pero nada de todo eso importa, solo son apreciaciones pajilleras. Cuando una historia es interesante, y viene cargada de secuencias resultonas de acción, yoyas por doquier, diálogos chispeantes, un héroe simpático y un malo odioso -como es el caso- se le perdona todo, incluidos esos costrosos efectos CGI, especialmente en lo referente al poco aciago destino del villano, tan espectacular como chirriante.
A Van Damme lo acompañan Ron Silver dando vida al carismático político corrupto, la guapa Mia Sara enseñando brevemente las ubres y el gran Bruce McGill como jefazo de los polis viajeros.
A diferencia de lo que he creído durante todo este tiempo, "Timecop" fue un éxito. De hecho, es la película de Van Damme que más pasta ha recaudado en toda su carrera, una que comenzó a hacer aguas justo después. Hasta el culo de divismo, drogas y bebercio, el belga se convirtió en un apestado, algo a lo que contribuyó su fracasadísima siguiente película, "Street Fighter: La última batalla". No obstante, aún tendría tiempo de protagonizar algunas cosas potables y volver a colaborar con Peter Hyams en la poco inspirada "Muerte Súbita" (retomando dicha asociación un puñado de añacos después con "Cerco al enemigo"). Supongo que esa caída al vacío impidió la existencia de un "Timecop 2"... es decir, uno financiado generosamente y con Van Damme de prota. Lo que hubo en su lugar fue una serie de televisión de la que nadie se acuerda y una secuela tardía -año 2003- directa pal mercado del dvd con el sosainas de Jason Scott Lee en plan héroe y el hoy recuperado Thomas Ian Griffith (de "Karate Kid 3" / "Cobra Kai") en plan villano. También hubo más comics, algún vídeo-juego y se habló de un remake jamás materializado.

viernes, 12 de abril de 2024

ENTER THE CLONES OF BRUCE

David Gregory, señor que se ha especializado en  realizar estupendos documentales sobre los más variopintos fenómenos cinematográficos (suyos son “Lost Soul: El viaje maldito de Richard Stanley a la isla del dr. Moreau” o “Blood and flesh: The real life and ghastly death of Al Adamson”), ataca ahora (como si del dragón se tratase) con “Enter the clones of Bruce”, en lo que podíamos denominar el auténtico y definitivo documental sobre uno de los fenómenos exploit más interesantes en la historia de la cara dura cinematográfica. Ya saben ustedes: tan grande era la demanda de películas de Bruce Lee que, una vez este falleció, el público se negó a no seguir disfrutando de su cine, por lo que, para contentarlo, un montón de estudios cinematográficos comenzaron a rodar películas con clones, artistas marciales que, más o menos, se parecían al pequeño dragón, y durante un montón de años estuvieron vomitando producciones de muy mal gusto en las que se explotaba la presencia de Bruce Lee, o lo que es peor, su muerte. Eso sería el “brucexploitation” oficial, pero también existió otro por parte de los distribuidores de medio mundo, que compraban películas de kung-fu sin conexión alguna con Bruce Lee, pero se estrenaban como si fueran legítimas (los casos de Bronson Lee o Bruce Lo).
“Enter The Clones of Bruce”, con mogollón de imágenes de archivo, extractos de películas y entrevistas a las principales estrellas del fenómeno (es decir, Bruce Le, Bruce Li, Dragón Lee o Bruce Liang), así como a directores productores y actores secundarios de aquellas películas, profundiza en las cloacas del subgénero y nos explica todos los entresijos y artimañas con dinamismo y brío.
Además lo hace de una forma muy acertada, incluyendo un prólogo precréditos en el que se nos explica el modo de operar de Bruce Lee (el de verdad), hace hincapié en sus manías y megalomanía, para, después de los créditos, darle una patada porque en realidad no es el foco del interés del documental, y centrarse única y exclusivamente en todo ese universo de clones, imágenes del funeral del auténtico Bruce, jornadas de trabajo infrahumanas, sueldos bajos y todos los desastres que traían de serie las películas adscritas al “brucexploitation”.
Por otro lado es sorprendente que, si bien podemos tener localizadas en España sesenta o setenta títulos protagonizados por cualquiera de estos impersonators (más o menos, qué se yo), el documental avisa que están catalogadas más de doscientas y que nunca dejan de aparecer títulos, con lo que hacer un listado de todas y cada una de ellas —que además hay clones de Bruce en todo el mundo, no solo en Asia, aunque no estén oficializados— es una tarea ardua, por no decir imposible (aunque los franchutes, principal fandom del fenómeno, tienen gran parte del trabajo hecho).
Resulta súper interesante ver los distintos caminos que han tomado en la vida los distintos clones, e, indirectamente, como todos tienen algo en común: los nudillos destrozados.
También se incide en cual puede que fuera el primer título oficial del “brucexploitation” y la manera ilegal y despiadada de publicitarlo por parte de los distribuidores, así como vemos una buena colección de pósters y títulos raros (o perdidos) que han pululado a lo largo de los años dentro de esta corriente tan rara que sacaba beneficio (y, en ocasiones, mucho) de la imagen y muerte de un mito de la cultura pop. Fue durante mediados de los setenta y los ochenta, cuando estas películas estuvieron en auge, pero lo acojonante del asunto es que, todavía hoy, quizás de manera menos descarnada que entonces, se sigue explotando a Bruce Lee y siempre es sinónimo de generar pasta.
Como ya digo, un documental estupendo, entretenido a más no poder, revelador y curioso sobre la estratagema comercial más inhumana y carroñera de la historia del cine.

lunes, 8 de abril de 2024

EMMANUELLE'S SUPERNATURAL SEXUAL ACTIVITY

Me declaro fan de la franquicia “Emmanuelle” y de todas sus variantes y explotaciones. Los italianos lograron cambiar la raza de esta diva del erotismo de origen franchute y hacerla viajar por el mundo hasta llegar incluso a ser poseída —sexualmente— por caníbales en “Emanuelle y los últimos caníbales”. Es cosmopolita y se ha acostado con toda suerte de hombres y mujeres en las más exóticas situaciones. Incluso Jess Franco la puso a presidir orgías (pese a que en su película el personaje aparecía solamente en el título) en “Las orgías inconfesables de Emmanuelle” del mismo modo que Ignacio F. Iquino le buscó una amiguita casi tan atrevida como ella en “Emmanuelle y Carol”, por no hablar de que los chinos la metieron dentro de un desbarajuste en el que aparecían Clint Eastwood, Bruce Lee, James Bond o Popeye en “El Dragón Ataca”
Pero lo más importante de Emmanuelle, es como creó tendencia en el erotismo hasta tal punto de convertirse en una marca. De hecho, una marca que lleva 50 años activa.
Curiosamente, el personaje-marca, pasó de ser una cosa sofisticada para pajilleros de alto copete (el primer “Emmanuelle” es un alarde estético y erótico. Un film para que se hicieran pajas los ricos y las gentes de buen gusto), a ser lo más chabacano, tosco y cutre del mundo. A partir de los dosmiles la marca empieza a operar en las programaciones nocturnas de la televisión por cable, perdiendo, en cualquier caso, el toque de calidad y sofisticación, convirtiéndose el producto en una majadería con toques autoparódicos (o directamente paródicos) adscrito al peor subgénero que hay en el mundo, que es el soft del nuevo milenio.
Tras la saga principal de películas, y los innumerables exploits (que podemos distinguir por la variación de consonantes en el nombre de Emmanuelle), la franquicia original comenzó a ser explotada en televisión o directa a vídeo, en series de TV Movies de baja estofa que, con actrices porno de tercera, iban reduciendo la calidad de producción en cosas como “Emmanuelle in Space”, “Emmanuelle 2000” y, ya en manos de los americanos, la serie en la que se encuentra la película que nos ocupa, que es “Emmanuelle Trougth Time” (“Emmanuelle a través del tiempo” ) de 2011. Una serie de películas soft grabadas en videaco de la época para su explotación directa a vídeo, que con dirección del infame Rolfe Kanefsky (que comenzó metido en el terror salchichero con cosas como “El libro del mal” o “Nightmare man” para terminar en el porno soft más inicuo). Nos muestra a Emmanuelle, esta vez interpretada por Allie Haze, viajando a través del tiempo en una nave espacial desde la que vivirá las aventuras eróticas más desangeladas que se puedan imaginar. Básicamente esta serie de telefilmes se reducen a argumentos endebles para filmar en espantosos cromas a actores y actrices porno fingiendo follar ante la cámara, para aburrimiento y escarnio de los espectadores, dando igual si estos buscan pajearse o si estos, como es mi caso, son seguidores del fenómeno Emmanuelle (que para pajearme buscaría cosas más duras que esto, aunque nada me pone más cachondo que el primer “Emmanuelle”). Como fuera, fue sonado el momento en el que en el festival de Cannes de 2011 se anunció que Alli Haze, actriz porno medio principiante, iba a ser la nueva Emmanuelle. Claro, en círculos eruditos, más allá del interés antropológico que pueda suscitar la película inicial, poco puede aportar una vuelta del personaje en telefilms directos a vídeo, pero lo desconcertante es que los productores tuvieran la poca vergüenza de promocionar esto en Cannes, teniendo en cuenta que el resultado de estas películas es más pobre que el de cualquier porno de hace unos años.
Con todo, me hizo gracia que una de esas películas, la que nos ocupa, “Emmanuelle’s Supernatural Sexual Activity”, mezclara el mito de Emmanuelle con la maneras del found footage en plena eclosión en el año del rodaje de este subproducto, 2011. Por supuesto, parodiaba la franquicia de “Paranormal Activity”. Y es lo de siempre… una vez tenemos el concepto, la película importa un carajo, por lo que nos cuenta como en la nave donde Emmanuelle viaja por el tiempo, se han colado una serie de espíritus cachondos, que mantienen sexo con toda la tripulación; así Emmanuelle y el resto, se convierten en pícaros fantasmas. Lo curioso del invento es que se insinúa que el fantasma del primer “Paranormal Activity”, en realidad eran Emmanuelle y dos amigos intentando tener sexo con los protagonistas, y que los portazos y quitadas de sábana que tantos escalofríos nos provocaban no eran más que los fantasmas de Emmanuel y sus amigos folleteando, entrando y saliendo de la habitación en su afán swinger de tener sexo hasta con los vivos, a los que también vemos follando, como no.
Por supuesto, salvo por un par de planos que nos trasladan al universo “Paranormal Activity”, no se hace uso de las maneras del found footage, que se queda en mera anécdota y sirve como excusa para tener un endeble argumento bajo el que ambientar los polvos toscos, falsos, anti libido que han de pegar delante del croma los protagonistas de la cinta. Algo de lo más frío y desalentador. No se dejen engañar por la posible gracia del crossover, “Emmanuelle’s Supernatural Sexual Activity” no tiene ningún interés, ninguna gracia y además es un insulto para la franquicia, el personaje y lo que hizo con él Just Jaeckin. Entonces, ver al mito reducido a esto, lo más bajo de lo más bajo, da mucha pena y es totalmente desesperanzador en lo que a cine eminentemente erótico se refiere.
Para que se hagan cargo de que esto es más un capricho de la gentuza del porno que una continuidad del clásico, se le da un papel, además cómico, a Ron Jeremy que está por ahí en la nave espacial tomando contacto con un fantasma.
Asimismo, la nave en la que transcurre todo, está decorada con posters de las anteriores películas de Emmanuelle de a partir del 2000 y con el mítico sillón de mimbre sobre el que se recostaba Silvya Kristel en los 70, y que decoró los salones de toda una generación de matrimonios poco conservadores.
Como les digo, una auténtica mierda lo que hicieron en los últimos años con Emmanuelle. Ahora para 2024 se ha anunciado un reboot cinematográfico de la primera película. Veremos en qué acaba aquello.

lunes, 30 de octubre de 2023

BACALHAU

Parodia brasileña a cargo del director de corte popular que más espectadores ha llevado a las salas de su país con las películas de la saga de “Os Trapalhoes”, Adriano Stuart, que, rodada corriendo y a toda prisa, trataba de capitalizar el éxito internacional de “Tiburón” de Steven Spielberg. Apenas hay unos meses de diferencia entre los estrenos de una y otra. Y, por supuesto, un cachondeo brasileiro como este se saldó con un mega éxito de taquilla en el país de la pornochanchada.
La cosa no dista mucho del argumento de la película de la que se mofa: Un extraño pez anda suelto por la playa comiéndose a los bañistas. Un experto llega a la conclusión de que se trata de un bacalao de Guinea, una especie voraz y carnicera, así que las autoridades contratan a un pescador cojonudo con el fin de que se cargue al maldito pescado. Aunque no todo saldrá según lo previsto…
“Bacalhau” es tan oscura y sórdida como cualquier porno brasileño de la época. Teniendo en cuenta eso, la película se compone de una sucesión de gags de carácter muy local, donde predominan las presencias de mariquitas enloquecidos (que les encantaban a los brasileños en los 70 y 80), chistes verbales incomprensibles para el hispanohablante y, al igual que en la de Spielberg, a la hora de mostrarnos a la bestia se sugiere más que se enseña. Entonces, el bacalao que da título al film aparece en contadas ocasiones, eso sí, cuando lo hace, vemos un muñecajo de porexpan al que se le ve la etiqueta de “Made in Ribeirao Preto” —recóndita localidad costera sita al sur de Sao Paulo— y que, cuando ataca a sus víctimas, devuelve un esqueleto totalmente limpio, como sacado del aula de anatomía. Y ese es el cenit del humor de “Bacalhau”. El resto, un vodevil con toquecito picante de los de toda la vida, y excesivo mal gusto.
Con casi dos horas de duración, el visionado se torna poco menos que insoportable, pero se entiende totalmente el éxito de la cinta en su país de origen, porque ese tipo de explotación es de un carácter muy latino. Los italianos lo hacían constantemente y nosotros, los españoles, también (sirva como muestra, por ejemplo, “El E.T.E y el Oto” de los Hermanos Calatrava). El film estaba concebido para sacar los cuartos de los espectadores durante el tiempo que durase el tirón de “Tiburón”. Después de hacer caja, el producto era lo de menos. Quizás por eso durante lustros “Bacalhau” fue una película ignota y difícil de localizar, por la poca distribución que hubiera podido tener después de su estreno, pero, en pleno 2023, todo, hasta lo más oscuro, acaba apareciendo siendo compartido en Internet, y “Bacalhau”, no puede ser una excepción. Aunque sea en un ripeo de VHS costroso en el que no se ve absolutamente nada si es de noche.
En cuanto al director de la película, Adriano Stuart, es ya un viejo conocido de "Aquí Vale Todo"; hablamos de él en las reseñas de “Fofao, a nave sim rumo” y “Bruce Lee vs. Gay Power”. Un artesano brasileño especializado en películas infantiles y comedias que, sin ser en absoluto un virtuoso, daba con la clave del éxito. Ejerció las veces de guionista para el mítico José Mojica Maríns en “Exorcismo negro”, y participó como actor tanto en esta como en “Encarnacao do Demonio”. Al margen, su nombre aparece acreditado en distintos oficios del cine en infinidad de productos locales. Tiene también papelito en la misma “Bacalhau”.
No puedo recomendar bajo ningún concepto esta película, a no ser que sea por motivos arqueológicos y/o antropológicos. Además, el portugués, aunque se entiende bastante bien, es uno de los idiomas más feos que se pueden escuchar. Hace daño a los oídos.
El cartel, no obstante, es de lo más cachondo y "salao".
¡Y poco más!.

sábado, 30 de septiembre de 2023

THE PHANTOM (EL HOMBRE ENMASCARADO)

Según este humilde reseñador, el super-bombazo del "Batman" de Tim Burton en 1989 puso de moda el cine de superhéroes a lo largo de los primeros 90. Un poco como ocurrió con el despuntar de Marvel Studios, pero bastante menos febrilmente. De hecho, la mayoría de esas adaptaciones serían sonoros fracasos, de ahí que la cosa muriera pronto. Curiosamente, algunas se inspiraban en héroes añejos y, por ello, sus versiones fílmicas también se situaban en épocas tan distantes para el jovenzuelo medio (es decir, la audiencia potencial de esta clase de productos) como los años 30 o 40. Cosa que, supongo, contribuyó al respectivo descalabro. Uno de esos títulos fue la mediocre traslación a la gran pantalla de "La Sombra", de la que hablamos profusamente en formato podcast. Dos años después, se estrenaría otra con la que tenía muchísimos puntos en común, "The Phantom", más conocido por estos lares en formato viñetil como "El hombre enmascarado". Y cuando digo "puntos en común" no me refiero únicamente a que ambas se desarrollan en décadas pasadas, o que se inspiraban en superhéroes primigenios, hablo también de lo plano, aburrido y poco lustroso del resultado. Y su respectivo hostiazo taquillero. Así mismo, fui a ver ambas en su estreno y, en fin, la tremenda decepción es otra conexión que comparten.
A "The Phantom" lo parió Lee Falk en 1936. No fue el primer enmascarado (antes estaba El Zorro, por ejemplo), pero sí el primero que llevaba un disfraz completo. Así que, en cierto modo, se ganó la medalla de ser el superhéroe original, tal y como los conocemos hoy. Siendo chaval, leí algunos de sus tebeos, pero eran demasiado retro para mí, aunque las portadas hechas al óleo en plan super-realista me flipaban mucho. Supongo que eso fue lo que me animó a acudir al cine a ver esta adaptación de 1996 que, en realidad, apuntaba más al rollo "Indiana Jones".
Aunque no puedo estar seguro, diría que "El hombre enmascarado" era más serio y sombrío que como el pizpireto Billy Zane lo interpreta. Fue su gran oportunidad perdida...o, mejor, totalmente destruida. Lo mismo podemos decir de su partenaire, la guapísima Kristy Swanson. Llevaba años intentándolo, pero la suerte nunca le sonrió. Recordemos que fue la primera "Buffy", así como la "Amiga Mortal" de Wes Craven. Incluso llegó a hacer realidad el sueño húmedo de un servidor cuando en 1995 compartió escena de amor lésbico con otra de mis debilidades, la Jennifer Connelly joven y carnosa. También a esta le costó lo suyo ser considerada para roles serios y lograr cierto estatus (incluido papel en otra de superhéroes del periodo, igualmente ambientada en los años 30 y fracasada, "Rocketeer"), pero lo consiguió, cosa que nunca ocurrió con la Swanson. Aquí el único rostro que sí tuvo una carrera posterior de éxitos fue Catherine Zeta-Jones, haciendo de una villana que se pasa al lado de los buenos tras escuchar un simple comentario. Eso es persuasión, oiga. El resto del reparto estaba acostumbrado a nadar entre mediocridades, como Treat Williams, James Remar, Cary-Hiroyuki Tagawa, David Proval, John Capodice, Patrick McGoohan o una fugaz Samantha Eggar. El director, Simon Wincer, nació en Australia ("The Phantom" lo es en un 50%) y venía de dirigir cosas como "D.A.R.Y.L.", "Liberad a Willy!", "Dos duros sobre ruedas", "Relámpago Jack", "Cocodrilo Dundee en Los Angeles", "Operación Elefante" y varios capítulos de la serie de "Las aventuras del joven Indiana Jones" que, supongo, le valdrían como garantía a la hora de ser fichado. El guionista, Jeffrey Boam, había firmado los libretos de "La zona muerta", "Arma Letal", "El chip prodigioso", "Jóvenes ocultos" e "Indiana Jones y la última cruzada", lo que confirmaría la vinculación de este "Hombre Enmascarado" con el tono propio del famoso personaje del látigo. By the way, Boam fue el creador de "Las aventuras de Brisco County", serie protagonizada por Bruce Campbell, de ahí que se le considerase momentáneamente como posible "Phantom" antes de que el papel recayera en Billy Zane. ¿Se imaginan cómo podría haber sido la peli con Campbell oculto tras el antifaz?
"The Phanom (El hombre enmascarado)" nos presenta a un malvado magnate interesado en hacerse con tres calaveras místicas capaces de convertirse en un arma super poderosa. El "Hombre Enmascarado" se pondrá manos al asunto para impedirlo.
A ver, en su día, consumida en el cine, me pareció una película rematadamente insulsa, previsible y hasta aburrida. Vista ayer, pues.... bueno, puedo entender esas apreciaciones originales, pero también comprendo a los gacetilleros esnobs de la época que la defendían alegando su encanto, su recuperación de un espíritu más "pulp", más inocentón que, por entonces, ya se consideraba demodé. Es una peli regulera, con sus buenas escenas de acción, entretenida por los pelos, un poco ridícula, pero saludable y simpática. Cuesta detestarla, así que, si quieren pasar un rato tonto, rozando el retraso mental, "The Phantom (el hombre enmascarado)" es una opción más que razonable.
Como dato curioso, añadir que el personaje fue readaptado para la pequeña pantalla en 2009 con una serie donde se apostaba por un tono más "high-tech". Las respectivas imágenes dan bastante grima.

miércoles, 29 de junio de 2022

GALERÍA DE ESCANEOS BONITOS 11: MAGIC LONDON + VOODOO SOUP

Imágenes extraídas de las fermosas páginas de "Mad Movies", "L´Ecran Fantastique" y otras revistas franchutes que me alegraron la adolescencia por ahí los años 80/90....


Encontrar a finales de los ochenta en las páginas de "Mad Movies" (concretamente, número 62, Noviembre 1989) un recuadro dedicado a una de las, entonces, agradecidamente escasas muestras de cine fantástico partio, era una absoluta rareza. Teniendo en cuenta que esta venía dirigida por nuestro "king of trash" particular, Germán Monzó, entonces hablamos ya de marcianada pura. Nos estamos refiriendo a la obra más legendaria, y delirante, de su realizador: "Magic London" que, como sabrán algunos, fue posteriormente rebautizada "El Anticristo 2" (y el nombre de Monzó ocultado tras el absurdo alias de Sergio Argento) Pal caso, resulta altamente gracioso descubrir que en realidad el redactor no tenía ni la más mínima pajolera idea de lo que escribía. Básicamente se inventa el argumento. Según él, la cosa va de un director de cine adicto al sadomasoquismo y las películas "snuff". Incluso se atreve a afirmar que es un remake encubierto de "El fotógrafo del pánico". Los que han tenido el dudoso gusto de consumirla saben que, en realidad, "Magic London" gira en torno a los desmanes de una secta satánica comandada por un sobreactuador nato y el rockero que, para combatirla, se hace ninja. Vamos, ¡¡igualito!!
Citan "El poder de la venganza" y su peculiar condición de pionera en cuanto a cine de artes marciales rodado en tierras catalanas se refiere (Llordi Puyol estaría orgulloso), así como 
la relación de Monzó con Jackie Chan. Mientras este es un dato cien por cien genuino, nos entra la duda cuando lo extienden a... ¡¿Bruce Lee?!


Nada más posar mis ojos en este recuadro, quedé absolutamente prendado. Y no lo digo por la tipa siliconada, sino por el hombre lobo con jodida careta de Todo a Cien. Lo crean o no, esta cosa existe. Es real. Se trata de un interminable largometraje de dos horas rodado íntegramente en Súper 8 por Greg Lewolt. Un señor más habituado a la interpretación (participó en algunos títulos de Kevin Tenney) y que en "Voodoo Soup" se reserva el papel de un chef de cocina dedicado en cuerpo y alma a evitar que vampiros, hombres lobo y caníbales se coman entre ellos, a base de servirles deliciosos manjares. ¡Su puta madre! Para compensar el sufrimiento, Lewolt trufa su película de tipas en pelotas, rubias plastificadas sacadas de sendas revistas pajilleras. ¿Verla? Complicado. Probablemente me arrepentiría a los tres minutos. Pero, cojones, de chaval les aseguro que flipé ante tanta demencia y cutrismo juntos.
"Voodoo Soup" fue parida a inicios de los 90 (la noticia salió publicada en el número 80 de Noviembre del 92, hagan cálculos). Luego, su director siguió dedicándose a lo suyo, actuando en películas costrosas. En 2005 le entró la vena de dirigir otra vez, y se puso con varias cosas -mayormente de espíritu pajero- hasta que el 2008 lanza "Kid Wolf" a la que califica de ¡¿drama?! En 2020 anuncia la confección de una web-serie titulada "The Maker" que, visto lo visto, no ha prosperado mucho.

lunes, 24 de enero de 2022

WEREWOLF IN BANGKOK

“Werewolf in Bankok” es la película más exótica a la que me he enfrentado a los últimos años y la que me ha dejado claro lo poco que conozco cualquier cultura asiática  y lo extraño que resulta conectar con su cine.
Y no es que sea un neófito del todo; he visto películas procedentes de muchas partes de Asia y de distinta índole, solo que en su mayoría han sido películas de Kung-Fu o acción a las que me terminé acostumbrando y las que me hicieron creer que el cine asiático, a grandes rasgos, era así. Amén de que todo el cine asiático que yo he consumido es de los años 70, 80 o 90, muy poquito, o nada, de décadas posteriores.
“Werewolf in Bankok” es una película tailandesa del año 2005, una comedia con ramalazos de cine fantástico y rodada con poquísimo presupuesto, que amén de lo esperpéntica que es de por sí tanto su trama como sus personajes, me deja un poco descolocado porque, en toda ella, sin que en ningún momento se haga mención, me da la sensación que estamos ante una película de ambiente post-apocalíptico. Y cuando termina la peli y se reflexiona sobre ella, uno llega a la conclusión de que, de era post-apocalíptica, nada, que esa película está ambientada en la Tailandia de 2005 cuando se rodó, y que ese enrarecido ambiente responde a la idiosincrasia tailandesa y no a un argumento o a una propuesta estética. Como fuere, una manera de concebir al cine y una personalidad muy distintas a la europea o a la americana a la que ya estamos acostumbrados. Una vez asumido eso, ya le pillamos el rollo.
Estamos en una sociedad en la que, por un lado, tenemos a los carroñeros, una especie de sociedad secreta que viven de la basura, y por otro tenemos a Frank, un chatarrero que va con una niña que usa un chándal amarillo similar al que vestía Bruce Lee en “Juego con la muerte” (con lo cual queda omnipresente Bruce Lee en la cultura asiática) y que, asimismo, también rebuscan por la basura. Un día mientras realizan sus  quehaceres diarios, estos dos tienen que huir de la banda de los carroñeros, y acaban escondiéndose en una misteriosa mansión. Mientras inspeccionan el lugar, aparece el dueño de la casa, un hombre lobo que acaba mordiendo a Frank. En consecuencia, cuando llega la luna llena, Frank se transforma en un hombre lobo, con la mala suerte de que, en lugar de convertirse en un lobo violento y aterrador, se convierte en una suerte de perrillo callejero y sarnoso, medio calvo y feo de pelotas. Así que el resto de la película el hombre lobo-perro, y la repipi de la niña que va con él, se la pasaran para arriba para abajo viviendo situaciones cómicas y escapando de las garras de la banda de los carroñeros, del hombre lobo dueño de la mansión en la que se escondieron y de una banda de cazadores de hombres lobo que tienen como misión acabar con los licántropos.
Se trata de una comedia con un humor propio de los asiáticos tirando a infantil, y donde predominan los chistes sobre pises, cacas e incluso acoso sexual, con interpretaciones exageradísimas y situaciones surrealistas que no casan demasiado con la línea argumental. Lo normal. Sin embargo me gusta que siendo una película con un presupuesto notablemente bajo, se las ingenian para que los efectos especiales den más o menos el pego, al tiempo que los maquillajes de los hombres lobo resultan hilarantes: cuando los vemos de cuerpo entero resultan feroces y dan el pego, pero cuando vemos a cualquiera de los lobos la cara, comprobamos que llevan unas prótesis estáticas a las que podíamos tildar casi de caretas.
Así, “Werewolf in Bangkok” resulta una película muy tonta y, en consecuencia, simpática, que con momentos más cuesta arriba que otros finalmente se disfruta sin mayor problema, precisamente por lo exótico y extraño de la propuesta, mostrado todo de unas formas que yo ya no estoy acostumbrado a ver en una película, por lo que, en resumidas cuentas, me resulta, al menos, interesante.
Por otro lado, se trata de una película para el completo lucimiento de su protagonista, Nong Cha Cha Cha, que por lo visto es un cómico muy popular en Tailandia. Orondo y de rasgos casi cartoonescos,  me ha caído bien este señor.
Por lo demás, disculpen mi total desconocimiento sobre el cine asiático en general y sobre el tailandés en particular, y disculpen también, si en algún momento de la película he metido la pata respecto a algo y tómense esta reseña como lo que es, la reseña de un neófito.

miércoles, 26 de mayo de 2021

EL BAÚL DE TÍO VICENTE - 6

Por lo visto, a finales de los 80 los integrantes de la revista "Shows" todavía desconocían que Bruce Lee llevaba unos años muerto y que las pantallas más apestosas del planeta primero, y los video-clubs después, se habían llenado de imitadores, naciendo así ese fenómeno tan fascinante conocido como "brucexploitation". O eso hace sospechar leer el comentario que acompaña al cartel de "La venganza de Shao-Lin", protagonizada por uno de los mentados copietas, Bruce Le, pero que "Shows" confunde con el genuino. Remarcando, además, que fue la última peli de aquel. Tras investigarlo, parece ser que en realidad la cosa se titula "Da mo tie zhi gong", concebida el año 1977 y dirigida por dos caballeros, James Nam y Gung-FanCho Seong. Incluso tuvo secuela un año después. Pero ya saben que las sombras del exploitation kung-fuista -o karatequista o ninjaista, ya me entienden- son jodidamente alargadas y uno no debe fiarse mucho de los datos disponibles.
Claro, por lo frío, genérico e impersonal del texto, podríamos culpar a la distribuidora, que mandaría el material promocional a prensa, pero ¿de verdad serían tan jetas de engañar así a la plebe, máxime si en el mismo cartel se lee claramente el nombre del clon? Sabemos que esa gente eran unos sinvergüenzas sin dignidad.... pero ¿tanto?. Como suele decir el vendemotos, filibustero y lameculos de Iker Jiménez: ¿Qué piensan ustedes? Hasta dentro de siete días, hijosputa.
Griten todos al unísono: ¡Graaaaacias tío Vicenteeee!


lunes, 22 de marzo de 2021

THE DEADLY ART OF SURVIVAL

Charlie Ahearn, artista de galería y director de cine con cierto culto a sus espaldas, es popular, sobre todo, por haber realizado esa obra maestra del underground neoyorquino que es "Wild Style", uno de los hitos del Hip-Hop y pieza clave del movimiento para entender su idiosincrasia.
En sus excursiones a los bajos fondos con el fin de filmar y fotografiar todos los graffitis que se cruzaran en su camino, Ahearn, tenía a los jóvenes del gueto como aliados a la hora de llevar a cabo sus películas. Iba allí, les hablaba de graffiti y de otros asuntos que los jóvenes marginales entendían y, siendo burgués, blanco y sofisticado, se supo ganar la confianza de todos ellos.
En sus conversaciones con ellos sobre cine, se dio cuenta rápidamente de que a todos estos jóvenes, negros y puertoriqueños en su mayoría, se volvían locos con las películas de Kung Fu y, como máximo ídolo solían tener, de manera casi unánime, a Bruce Lee.
Ni corto ni perezoso, y teniendo en cuenta los gustos de los chavales, un día se plantó en el gueto con su sofisticada cámara de Súper 8 y rodó allí con ellos esta película, “The deadly art of survival”.
Se trata de una genuina película amateur rodada sobre la marcha, montada en cámara, cruda, sin música incidental de ningún tipo, donde abundan los desenfoques, los malos encuadres, donde el sonido directo es a veces inaudible y donde los actores improvisan de manera muy tosca y chabacana. Sin más escenarios que los naturales, ni más atrezzo que el que hubiera a mano en el lugar donde rodasen, Ahearn, se marca una película de artes marciales a la blaxploitation a base de planos secuencia y gente improvisando. Los cortes son abruptos, la iluminación la que exista en el lugar y, el guion, inexistente. Con lo cual, no hay un argumento definido, solo una sucesión de escenas cuya finalidad es, en un momento u otro, que los jóvenes se peleen entre ellos y demostrarnos los bien (o mal) que se les dan las artes marciales. Así, un maestro de kung fu resolverá, a base de mamporros, sus diferencias con los traficantes de drogas mientras se enfrenta a la escuela rival, una banda de ninjas discotequeros que combinan las artes marciales con la música disco, y una mujer blanca que se pone de mala hostia porque se encarga de resolverle la manutención a nuestro protagonista y está harta de soltar la pasta.
Una cinta blanca, inocente y llena de encanto, que recordará a aquellas películas caseras que todos hemos hecho con los amigos en la adolescencia… sólo que aquí es un señor adulto quien las lleva a cabo, junto a un grupo de jóvenes marginales.
Ahearn, con la película finalizada, se dedicó  transportar su proyector de súper 8 hasta los barrios para organizar estrenos allá donde le dejasen, en un gimnasio del Bronx o en un salón de actos del Lower East Side. Los chavales corrían a los lugares de proyección a verse actuar, o a ver actuar a sus amigos, sentándose en el suelo y formando gran alboroto en las improvisadas salas de proyección en lo que parece ser una muestra de verdadero underground sin ínfulas artísticas y ejecutado como puro y duro entretenimiento para Ahearn, y para los chavales. Es cine amateur en su total y absoluta esencia.
Naturalmente, Charlie Ahearn unos años después rodó “Wild Style” y todo el cine que venía haciendo hasta ahora se enmierdó de arte. “The deadly art of survival” se proyectaba de forma casera en cuchitriles en el Bronx, pero, a día de hoy es una reputada pieza cuyas proyecciones tienen lugar, con todos los honores,  en el MOMA (Museum Of Modern Art) de Nueva York. Una película como esta, hecha entre un artista de galería y un grupo de chavalillos sin más intención que la de divertirse, pasó a ser punto de mira de sesudos -e impostados- análisis que la tildan de “estudio de una sociedad capitalista en desorden”, cuando en realidad la película es lo que es; una sencilla película casera concebida para entretenerse. Otra vida hubiera tenido de no ser Charlie Ahearn quien la dirigiese.
Por supuesto, todo esto nos la trae floja una vez vemos la película y la honestidad que desprende en cada fotograma. Cae hiper-simpática. Eso sí… por mucho buen rollo que desprenda, por mucho que nos podamos identificar con ella, una vez saciada la curiosidad inicial, “The deadly art of survival” es un ladrillo.
Con todo, es tan genuina, desperada y bienintencionada, que con los años ha generado culto y la curiosidad de propios (que la miran con una sonrisilla en los labios) y extraños (que la exponen como si se tratara de una gran obra de arte), que bien merece, al menos, ser descubierta.
Los trabajos cinematográficos de Charlie Ahearn se pueden contar con los dedos de una mano, pero en verdad, lo indispensable sería “Wild Style” y esta. Al margen, el tipo es un artista más que un cineasta, y si en esta estamos viendo una película amateur con todas sus consecuencias, lo de “Wild Style” intuimos que le ha salido de chorra.

lunes, 21 de diciembre de 2020

BRUCE LEE VS THE GAY POWER

Dentro del subgénero del brucexploitation, siempre se dudó de la existencia de dos títulos que, a fuerza de estar durante un par de décadas inencontrables, acabaron volviéndose terriblemente populares. Una de ellas es “Ilsa meets Bruce Lee in the devil’s Triangle” y la otra “Bruce Lee vs Gay Power”. La primera de ellas, al igual que sucedía con “Las noches del hombre lobo” de Paul Naschy, no está claro del todo que exista. Hay reseñas en la red de individuos que aseguran haberla viso e incluso existe un célebre cartel promocional, pero lo cierto es que no hay una constancia tangible de que la película que reunía en loco tándem a Bruce Lee y la loba de las SS, exista. O al menos, yo no he encontrado pruebas. Sin embargo, la otra, de propuesta aún más loca si cabe, hace ya años que circula por la red y yo he tenido la desgracia de verla hace un ratillo.
“Bruce Lee vs Gay Power” en realidad no es un brucexploitation genuino, sino, más bien, una parodia  brasileña de serie Z con intenciones cómicas de por medio que, no centrándose únicamente en la figura del pequeño Dragón, hace mofa de todo el cine de artes marciales y, sobre todo, de la serie “Kung Fu”. De hecho su título original es “Kung Fu contra as bonecas”, no hay ninguna referencia hacia Bruce Lee en el mismo, y  su único elemento bruceliniano reconocible es el clon protagonista, que ni siquiera se parece.
La cosa va de unos bandidos un tanto afeminados que violan y matan a la familia de este Bruce Lee de baratillo. Y entre chascarrillo de mariquitas y coreografías diseñadas por un individuo que no había visto una película de Kung Fu en su vida, transcurre un film de fotografía aceitosa, cierto mal gusto y humor para deficientes mentales.
Por otro lado, la referencia al “Gay Power” del título, se la sacan de la manga, porque lo cierto es que estos bandoleros tan malvados, aunque a veces aparecen con rulos en la cabeza y gestos amanerados —que parecen puestos ahí solo para justificar su título—, no tienen el más mínimo problema a la hora de violar de manera heterosexual a cuanta chiquilla se ponga en su camino. Vamos, que de gay, solo tienen el movimiento de manos. La otra referencia que tiene al homosexualismo es la camisetilla rosa que lleva puesta el Bruce Lee de rigor que, si leemos entre líneas, y haciéndonos una paja mental muy grande, podemos sacar la conclusión de que este Bruce es homosexual. Pero ni por esas; El título original es “Kung Fu Contra As Bonecas”, Bonecas quiere decir mariquitas, y, supongo, que poner la palabra mariquita en un título, es un gag en sí mismo. Pero nada. Bruce Lee no se enfrenta a hordas de sodomitas como implica el título.
Por lo demás, mucho aburrimiento y muy poca gracia, en una sucesión de secuencias y un estilo que, curiosamente, recuerda mucho a las películas de Redford White. Es más, podía haber estado perfectamente protagonizada por el albino filipino.
Adriano Stuart, director que además hace las veces de Bruce Lee, es un viejo conocido del cine costroso brasileño. Relacionado de algún modo con el grupo cómico “Os Traplhoes”, es el responsable de varias de las incursiones de los cómicos en el cine (“A rei e Os Trapalhoes”, “Os Trapalhoes na guerra dos planetas”) y de esa película sobre un muñecajo horrible, “Fofao, a nave sem rumo”, del que corría la leyenda urbana que en su versión merchadising, este, llevaba una daga oculta en su interior con la que unos cuantos niños asesinaron a otros. Pura falacia.
Poco más.
Quitando un par de momentos de sobreatuación de Stuart (como esa escena en la que pone sus muñecas en el fuego y, aguantando, este pega un berrido enorme al quemarse que me ha parecido muy gracioso), esto es material de muy baja estofa, un film decepcionante que era mucho más atractivo cuando uno se cuestionaba su existencia. Como siempre decimos por aquí, lo realmente interesante es el concepto.

miércoles, 2 de diciembre de 2020

POSTERS HUÉRFANOS (5)











"La patrulla chiflada", "La más loca aventura de la jungla", "El recomendado", "Los bárbaros", "Mi querido Hitler", "La última casa a la izquierda", "Chop-Suey La huella de Bruce Lee", "El príncipe de Zamunda", "El puño ciego de Bruce"

sábado, 16 de mayo de 2020

MADE IN U.S.A.

Con "Made in U.S.A.", "The Kentucky Fried Movie" en versión original, hablamos de una de las comedias determinantes de mi adolescencia. Entonces andaba como loco con John Landis y el "spoof" según las artes de Jim Abrahams, Jerry & David Zucker. Fue toda una revelación dscubrir que, antes de sus respectivos grandes "hits", habían colaborado en una película.
Estamos en 1977. Los
ZAZ triunfaban con su teatro en el que parodiaban cine, televisión y anuncios (el "Kentucky Fried Theatre"), mientras que Landis llevaba cinco años inactivo tras debutar con "Shlock/El monstruo de las bananas". Fue el productor Robert K. Weiss el que los fusionó para una película que suponía el traslado a la gran pantalla del humor del trío judío (únicos responsables del guion). Sin saberlo, estaban dando el pistoletazo de salida a la nueva comedia norteamericana que tan buenos frutos aportó de ahí en adelante. Aquel sentido del humor, surrealista, provocador, algo transgresor y eminentemente gamberro fue un auténtico revulsivo. Rodada con evidentes pocos medios, funcionó de perlas. Y el resto, como se suele decir, es historia.
Centrarse en su contenido es tan absurdo como ella misma. Básicamente se trata de una sucesión de gags de variada temática y duración, en los que, tal y como solían proceder con el "Kentucky Fried Theatre", hacen mofa de la televisión, la publicidad y el cine. Los hay brillantes y los hay menos inspirados. Aunque la coña estrella es la ya mítica parodia de "Operación Dragón". Dura más que la mayoría e incluye algunas de las mejores ocurrencias (la "sirena humana" todavía consigue hacerme derramar lágrimas de risa), sin desmerecer de esa otra desternillante guasa a costa de las "películas/series de juicios", "Courtroom".
Motivados por el éxito, los ZAZ pensaron en parir una segunda parte de "The Kentucky Fried Movie" que incluiría otra "parodia central" de alguna película popular de la época. Pero el colega Weiss les convenció para que olvidaran el formato de acumulación de gags y se centraran en convertir dicho sketch en un largometraje. Aquel fue el gen de lo que poco después se convertiría en "Aterriza como puedas". Y el resto es... pues eso.
"The Kentucky Fried Movie" llegó a España cortesía de "Weekend Video". Inexplicablemente, la habían desprovisto de algunos sketches (e, irónicamente, una imagen de uno de estos lucía en la parte trasera de la estrambótica caratula). El doblaje interfería mucho, demasiado, con citas a Madrid y al Pisuerga... pero, curiosamente, también contribuía a hacerla más divertida. Imposible no partirse el ojal con aquello de "Entle nosotlos hay un chinito cablón". Cuando fue pésimamente editada en dvd, le quitaron todavía más material. Afortunadamente, la edición yanqui lo lleva absolutamente todo. El film es tratado con la pleitesía que merece y cuenta con un audiocomentario entre Landis, los ZAZ y Weiss, así como entrañables imágenes del rodaje tomadas con una cámara de 8mm.
A pesar de su condición modesta, pueden verse algunos rostros y nombres populares a lo largo de la proyección: Bill Bixby, George Lazenby, Henry Gibson o Donald Shuterland. Forrest J. Ackerman se marca un cameo. Uschi Digard luce sus inmensas ubres. Evan Kim, la versión coñera de Bruce Lee, luego haría de compañero de "Harry Callahan" en "La lista negra". Los propios Zucker, Abrahams, Zucker interpretan a bastantes personajes. Landis aparece protagonizando un "stunt" (cosa a la que se dedicaba en su juventud y también hizo en "Un hombre lobo americano en Londres") y, esta vez, dejó el disfraz de gorila para el colega Rick Baker.
Uno de los aspectos más reconfortantes de "Made in U.S.A." es su humor políticamente incorrecto. Gags como la familia que convive con el hijo muerto a pesar de su avanzado estado de descomposición, ese legendario "Negros de mierdaaaaa!" (que en versión original se reduce a "Niiiigroooos!"), la imagen de una angelical niña junto a un enorme hombre de color en la misma cama ("Catholic High School Girls in Trouble") o la guasa con la manera de hablar de los personajes asiáticos, seguramente hoy día serían pasto de agrias y estúpidas polémicas. También sorprendía la carga erótica, especialmente con el sketch en el que una pareja fornicadora es espiada con gozo desde la televisión por los responsables de un noticiario (tres de los cuales son los mismos ZAZ). En aquella época, me sirvió incluso para darle al manubrio alguna que otra vez.
Con los años, y la inevitable decadencia creativa, Robert K. Weiss con "Amazonas en la luna" y David Zucker con "The Onion Movie" intentaron repetir la jugada. Mientras esta segunda se saldó con resultados algo irregulares, tal y como expuse en su respectiva reseña, la de las "Amazonas..." aún tenía cierta gracia. Además, conservaba casi intacta la estructura de "Made in U.S.A.", con una guasa central a costa de un género, en este caso la ciencia ficción de serie B de los años 50.
Como anécdota personal, dejen que les narre la ocasión en la que, estando un poco de moda a nivel local aquello de programar películas "trash" en un centro cívico y/o bar, un amigo mío decidió proyectar "Made in U.S.A.". Podemos decir que el muchacho no parecía comprender la diferencia entre una película "mala pero divertida", en la que el humor surge de forma involuntaria, y un "spoof" cuya función consiste, salga bien o mal, en provocar la risa de manera expresa. Aquellos pases se caracterizaban porque el público presente, fuese o no numeroso, se pasaba todo el rato increpando a la pantalla, soltando sandeces, tacos, etc. Supuestamente tal actividad debía acompañar a la peli, formar parte de la fiesta, pero muchas veces únicamente se transformaba en una molesta pared de ruido carente de ingenio alguno. Y así ocurrió con la película de Landis que, primero, fue tratada como una basura cuando, a mi juicio, estaba lejos de serlo. Y segundo, la metralleta de hostiles berridos imposibilitaba pillar los muchos gags verbales, por lo que difícilmente iban a entender los presentes que aquello era una genuina buena comedia. Tanto me cabreé, que me piré de allí para no volver. Creo que la experiencia me hizo replantear la validez de esa clase de eventos, cosa que a la larga tendría consecuencias.
Recientemente me animé a revisar este clásico de John Landis + ZAZ. Una parte de mi estaba convencido de que ya no me iba a funcionar igual, que me daría cuenta de que en realidad era bastante mala. Sin embargo, y a pesar de algunos chistes poco acertados, la disfruté mucho, me partí de risa con sus mejores ocurrencias ("Es duro y desdentado") y, vamos, que lo pasé pipa.
"The Kentucky Fried Movie / Made in U.S.A." sigue siendo estupenda en lo suyo.

miércoles, 25 de diciembre de 2019

LOS FOTOCROMOS DE "LA VERDADERA HISTORIA DE BRUCE LEE"

“La verdadera historia de Bruce Lee”, protagonizada en realidad por Bruce Li, es uno de los títulos cumbre del brucexploitation y uno de los más populares en nuestro país, que llegó a aglutinar en salas nada menos que 576.000 espectadores, cantidad esta que teniendo en cuenta la naturaleza de la película está muy, pero que muy bien, en tanto que muchos films mainstream alcanzaban esas mismas cantidades de culos en butacas.
Claro que la sociedad de entonces era un poco más imbécil que la de ahora y habría que ver cuantos de esos espectadores fueron pensando que se trataba de una película del auténtico Bruce Lee. Lo cierto es que “La verdadera historia de Bruce Lee” se nos presenta como un biopic del artista marcial, aunque en realidad es una historia donde se han sacado acontecimientos de la manga, y donde vemos al bueno de Li aprendiendo un arte marcial  que no es el que dominaba.
Mala a rabiar, pero con el encanto de cualquier brucexploitation, aquí les dejamos los fotocromos que se exhibieron en las marquesinas de aquellos cines donde se estrenó.  Interesados en saber más sobre el fenómeno, que le echen un ojo a
este enlace.