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sábado, 19 de marzo de 2022

FANGORIA FILMS

Tras años dedicados a promocionar y desmenuzar el cine -de terror- creado por otros, la revista "Fangoria" -a la que, a pesar de sus altibajos, tengo en gran estima- se anima a producir su propia mierda recién inaugurados los años 90. Así, bajo el más que obvio nombre de "Fangoria Films", se casca tres largometrajes que me he tomado la molestia de consumir para comentar (a grosso modo) seguidamente (según la fuente, el año de producción varía. Yo me quedo con este orden porque me mola y lo dice Wikipedo):
ODISEA EN EL TIEMPO ("Mindwarp" en v.o.) fue la primera -1990- y se nota. De entrada todo pintaba estupendo: una de terror producida por "Fangoria" con protagonismo de Bruce Campbell y Angus Scrimm. Luego resultó que, narrativamente, estaba más cerca de "Mad Max 2" y Campbell lejos de su aún reciente rol en "Terroríficamente muertos". Sin embargo, vista ayer, confirmo que no está ni tan mal. Tiene su dinamismo y sus buenas dosis de truculencia (cortesía de KNB Group). La movida se sitúa en un futuro pos-nuclear. Los supervivientes más afortunados viven atados a una máquina que les proporciona fantasías estupendas a todas horas. La prota, aburrida, sedienta de aventuras y dispuesta a saber más de su desaparecido padre, sale al exterior donde conocerá a una especie de guerrero errante, serán capturados por una panda de caníbales mutantes y lucharán contra la sangrienta secta de un misterioso gurú. Ya digo, maja. Tiene su gracejo. Dirige Steve Barnett, un especialista en roña directa al video-club por ahí los 90.
En su año -1991- consideré LOS HIJOS DE LA NOCHE ("Children of the night" en v.o.) la mejor de las "Fangoria movies". Revisada ayer, no alcanzo a comprender qué motivó dicha apreciación. Esta vez la cosa va de vampiros. Dos adolescentes liberan a uno muy chungo que vive bajo el agua con los pulmones fuera del cuerpo -una idea original- y convertirá a todo el pueblo en chupasangre, menos a una de las chavalillas. Será un profe el encargado de salvarla y destruir al monstro. Una de las cosas que me gustaron de "Los hijos de la noche" fue su tendencia a marear mucho la cámara y dotar al conjunto de un aire visualmente grotesco (será porque, pa variar, el dire tenía tablas: Tony Randel, responsable de "Hellraiser 2", "Amityville 1992" y "Ticks"), pero ahí queda todo. En cuanto al resto, podríamos decir que no hay una historia propiamente dicha (solo una combinación de momentos) y el gore es el más escaso de la trilogía. En el reparto, una Karen Black haciendo la vampira (con lo poco que le gustaba que se la asociara al terror, debería estar contentísima), el hijo de Dom DeLuise, la hija de uno de los "Monkees" y Garrett Morris (lo viste en "The Stuff / In-Natural" echando yogur mutante por la boca). Muuuuuuy flojita.
PLASMA MORTAL ("Severed Ties" en v.o.) fue la última -1992-. Supongo que por entonces el dinero y el talento disponibles escaseaban, lo que le pasa mucha factura. Cuenta la historia de un científico que crea un plasma capaz de regenerar piel y carne humanas, lo que le proporcionará un brazo monstruoso con el que vengarse de aquellos que le dieron mala vida, es decir, mamá y su pretendiente. A estos los interpretan un Oliver Reed en horas bajas y una Elke Sommer en horas bajísimas. Del reparto restante destacan Johnny Legend y un reincidente Garrett Morris. ¿La peli? telefílmica y deprimente hasta decir basta. Y aburrida, claro, pero eso lo damos por sentado. Los mediocres trucajes de KNB Group no desentonan. Y el gore, del montón. Lo único chulo es el nombre del director, Damon Santostefano. Lo demás, olvidable hasta la amnesia.
Tal y como habrán deducido, la cosa no funcionó demasiado bien y "Fangoria Films" bajó persiana. Tiempo después se animó a retomar un poco el tema, pero sin implicarse en exceso. Reeditaron títulos ajenos descatalogados, recopilaron cortos de los fans, bla, bla y bla. Hasta que, no hace demasiado (y, supongo, motivados por la fatídica llegada de herramientas digitales capaces de abaratar la confección de peliculismos), se animaron otra vez a producir roña propia, dando como resultado mediocridades nostálgicas ("VFW"), insípidas comedias ("Porno") o absolutas aberraciones inmisericordes (el remake de "Un castillo alucinante". De verdad, espantoso). Vamos, que lo de facturar cine no es lo suyo. Mejor limitarse a la revista (o a la página web, cuanto menos) que de pelis terroríficas en el peor de los sentidos vamos ya sobrados.

lunes, 16 de enero de 2012

WISHMASTER

Si algo bueno tiene "Wishmaster" es que parece... no, parece no, ES una peli hecha por fans del género directa para fans del género. O por lo menos, por gente que lo respeta y sabe perfectamente cómo alimentar a su fiel seguidor. Y yo eso, amiguitos, lo agradezco.
A causa de una serie de variados infortunios, un enorme ópalo de fuego cae en manos de una moza. Resulta que dentro del pedrusco vive atrapado un Djinn o, lo que es lo mismo, un genio cuyo único fin es salir y dominar el planeta. Nuestra prota deberá hacerle frente y pararle los pieses.
Uno de los aciertos de "Wishmaster" (desconozco si realmente original, pero al menos yo entonces aún no lo había visto) es la idea del genio concededor de deseos como ente malvada y que otorga lo que le piden de modo siempre muy mal intencionado y pernicioso. Resulta especialmente divertido ir descubriendo a lo largo de la película cómo el Djinn putea a la peña convirtiendo sus sueños en pesadillas. Este mismo es otro punto a favor del pitote al interpretarlo con mucho gracejo y carisma Andrew Divoff (es tal la coña que incluso en un momento dado, y antes de cometer una fechoría, lanza una mirada directa y cómplice al espectador). Al mejunje hay que añadir unos efectos especiales dignos e imaginativos (en este apartado nos encontramos con el también director Gary J. Tunnicliffe y el mítico Screaming Mad George) y mucho gore bien jugoso, aunque no especialmente traumático gracias a su abierta pátina fantasiosa y exagerada, que lo hace tan disfrutable como inofensivo.
Cuidao, no digo que "Wishmater" sea un joyón del copón, hay numerosos momentos para el ridículo absoluto, sustos baratos a mansalva y no menos ingredientes risibles, como las muecas de la actriz protagonista, algunos gestos del mismo Djinn o mi instante favorito, cuando este exclama con voz cavernosa: "¡Pues a la mierda!". Sin embargo, nada de todo esto molesta realmente, tal vez por lo que decía de que la peli es un regalo para los fans del terror menos exigentes y con más sentido del humor, o simplemente gracias a su espíritu festivo, la absoluta falta de pretensiones y que, ¡coño!, entretiene lo suyo. La historia está lo suficientemente bien hilvanada como para no aburrirnos.
Dirige Robert Kurtzman, antiguo integrante del reputado clan de efectos especiales KNB Group y director de pelis como "Enterrado Vivo" o "The Rage" (quien se marca un cameo como víctima decapitada). Produce/apadrina un Wes Craven en la cresta de la ola -en cuanto a popularidad- de su tormentosa carrera, habiendo dirigido un año antes la exitosa "Scream". Entre actores principales, secundarios y cameos, nos vemos cara a cara con Robert "Freddy" Englund, Kane "Jason" Hodder, Tony "Candyman" Todd, el eterno secundario de culto George Buck Flower, Ted Raimi (hermano de Sam), Angus "El hombre alto" Scrimm (como narrador), Reggie "Phantasma" Bannister, Howard Berger (del grupo KNB), Joseph "El día de los muertos" Pilato y Dan "Terroríficamente muertos" Hicks. El guionista, Peter Atkins, tiene en su haber títulos como "Hellraiser 2, 3 y 4" o "El puño de la estrella del norte". La música la firma Harry "Viernes 13" Manfredini. La canción final es de "Motorhead". Y hay aparición especial para la legendaria publicación "Psychotronic Video"... lo que yo decía, del fan para el fan.
Muy al contrario de lo expuesto hasta el momento, las secuelas dejaron bastante que desear. "Wishmaster 2", más cutre y barata, la dirigió un acabadísimo Jack Sholder y aún tenía la suerte de contar con Andrew Divoff en el rol de genio, algo de lo que no pueden presumir ni la tercera, ni la cuarta entregas, más enfocadas al público adolescente idiotizado por el mismo terror-poppy que, justamente, puso de moda Wes Craven.

sábado, 25 de octubre de 2014

AXE GIANT: THE WRATH OF PAUL BUNYAN

“Axe Giant: The wrath of Paul Bunyan” cuenta la historia de un grupo de ancianos que deciden pasar la tarde en un parque. Una vez allí, un niño con cara de rana surgido de una charca comienza a atacar a aquellos que llevan dentadura postiza y.... no, es broma, lo siento, tenía que hacerlo... en realidad la película gira en torno a un grupo de adolescentes conflictivos que, acompañados de un severo instructor y una trabajadora social, se largan una semana a una cabaña para "enderezarse". Una vez allí, uno de ellos manga el cuerno del esqueleto de un torito bravo, lo que desatará la ira de su propietario, una suerte de troll/ogro gigante y gruñón, casi un troglodita, armado con una mega-hacha que dará buena cuenta de todos ellos.
Lo que aquí tenemos es un slasher puro y duro típicamente moderno, que mezcla elementos propios de los clásicos (el monstruoso asesino se basa en auténtico folklore norteamericano -Paul Bunyan es ese leñador barbudo que moldeó la geografía del país de las barras y estrellas a base de pisotones y hachazos-, el grupo de protagonistas teenagers, la acampada, etc), con ribetes de estulta post-modernidad, como esa tendencia a la exageración -comenzando por el mismo asesino- y al gore brutal que, justamente, de tan llamativo y desacomplejado, se vuelve inofensivo y casi cómico. Cuando un slasher de los "good old days" era ultra-violento, lo hacía con resultados perturbadores. Hoy la cosa se ha convertido en total y absoluta chirigota (véanse los "Hatchet" mismos).
A todo esto, súmenle el que parlamos de una película de producción macro-pobre grabada en un vídeo muy cantoso que le confiere un look muy amateur, igual que esas famosas "backyard movies" ochenteras solo que comedidamente beneficiada por los adelantos tecnológicos. Sin embargo, y a pesar de ello, seguimos encontrando elementos que la delatan, como algunos temibles actores (sobre todo secundarios y extras) y, por encima de todo, los efectos especiales.
Estos se reparten entre látex y CGI... si es que a esto se le puede llamar CGI. Los primeros están dignos (como la caracterización del amigo Paul Bunyan), lo que tiene una explicación que luego desvelaré. El problema es que la claridad y brillantez de la imagen -digital- nos recuerda a la acción real que acompañaba aquel juego de mesa llamado "Atmosfear". Dicho de otro modo, el látex pierde su textura orgánica pa parecer goma de mascar. Los segundos, aquellos puramente digitales, son muy terribles. Tenemos animales animados, un porrón de gore chunguísimo y unos cromas que dan putos escalofríos. Las imágenes fijas retocadas parecen haber sido tratadas con el "Paint".
Todo esto no sería molesto –rima!- si la película no intentara ser más de lo que es. Si no pretendiese encajar como producto de terror standard. Le falta elemento exploitation. Sobran intentonas de facturar algo más legítimo, con personajes cargados de humanidad -que nos importan un puto carajo- y otros rollos del estilo que, pal caso, no hacen falta ni pegan. A una peli de este tipo, que presume de ultra-independencia, le pides cuanto menos algo llamativo, algo diferente. Tratándose como se trata de un slasher al uso, no puedes exigir originalidad, ni un guión rompedor, pero sí unas dosis de truculencia... por desgracia este es el único elemento en el que "Axe Giant" puede aportar “quelque chose”, y digo por desgracia porque son, pues eso, pocas, muy cutres en el peor sentido y no dejan nada satisfecho.
Para rematar la jugada intentan colarnos, ya hacia el clímax final, una subtrama "pseudo-romántica" que dote de elemento trágico al monstruo, pero es demasiado tarde. Más teniendo en cuenta que a lo largo de la peli ha sido tratada muy arbitrariamente y de refilón.
En cuanto al personal implicado, y ahí viene la solución al misterio arriba expuesto de los efectos de maquillaje, encontramos a Robert Kurtzman, antiguo miembro del famoso "KNB Group" y director de cosas como "Wishmaster", "The Rage" o "Enterrado vivo". Él produce y, obvio, le da gusto al látex.
El director se llama Gary Jones y posee un notable historial a base de "Boogeyman 3", "Ghouls", "Planet Raptor" (todo telefilms), "Crocodile 2: Death Swamp", "Mosquito" y algunos capítulos de las series "Hércules" y "Xena, la princesa guerrera". La verdad, nadie diría que tiene tanta experiencia.
Entre los guionistas encontramos a Jeff Miller, implicado en las antologías zetosas de Paul Talbot "Freakshow" y "Hellblock 13". Es también responsable de una cosa reciente de poco prometedor título, "Volcano Zombies".
En el reparto de "Axe Giant: The wrath of Paul Bunyan" únicamente destacan tres rostros. El de Joe Estevez (hermanito de Martin Sheen), un auténtico veterano en las lides de la serie Z y que, pal caso, sobreactúa -e irrita- que da gusto dando excesiva vida a un paleto de las montañas (y pa que él, haciendo un papel secundario, aparezca como prota en Imdb, imaginen cual será el nivel general). Le sigue Dan Haggerty, el famoso "Grizzly Adams" televisivo, auto-parodiándose y sufriendo una muerte salvaje que impactaría mucho si no fuera por lo povera de su CGI. Partido en dos con una sierra. Algo parecido le ocurre a la última persona del reparto a la que voy a citar, aunque sea por los motivos equivocados, Jill Evyn, el personaje de la golfa que se saca las tetas clásica de todo slasher, y que va acorde a lo miserable del conjunto. Da grima en TODOS los sentidos y no se la pondría morcillona ni a un retrasado.
"Axe Giant" es
mismamente como una de la primera época de "Asylum". Rematadamente prescindible.

PD: Gracias a Aratz por pasármela.

sábado, 22 de mayo de 2021

SPAWN

Si hay un fenómeno que pueda catalogarse sin pestañear de "totalmente noventero" ese es "Spawn", personaje de comic creado por Todd McFarlane y publicado por la editorial "Image". No voy ahora a dármelas de experto porque, no, aunque leer comics me gusta, no llega a la devoción que despierta en mi el cine. Sin embargo, si estabas un poco situado en "fricolandia", conocías a "Spawn", te dejabas impresionar por esos barrocos dibujos del tipo sentado con la mega-capa al viento y, sobre todo, babeabas con sus curradísimas y detalladas figuras, cortesía de "McFarlane Toys", un poco antes de que lo acabara de petar -al menos para mí- con la tremenda colección "Movie Maniacs" (y, de paso, cambiara totalmente la faz del mercado de las figuritas). Tienen muestras de ello aquí y aquí. Los 90 fueron años de mucho goticismo de chichinabo. Molaba lo oscuro, lo tormentoso, lo "mal lechado". A nivel cinematográfico, y a nivel superheróico, la culpa de todo la tuvo el "Batman" de Tim Burton. Sin duda. Tendencia a la que se apuntaron otros ilustres como "Flash" (¡al que le quedaba fatal!) y "El Cuervo", mucho más adecuado. Gracias al hombre murciélago, vivíamos entonces una oleada de tipos con mallas -negras-, mucho más modesta que la actual, pero notable. Así que, entre eso y la tendencia al goticismo de la chavalada, llevar "Spawn" a la gran pantalla era lo que se dice una decisión lógica, a la que se apuntó la entonces poderosa "New Line", con producción y -supongo- supervisión de Todd McFarlane himself.
Los habitantes de infernalandia pretenden destruir la tierra, para lo que están organizando un super ejército de "Spawns". Necesitan uno que ejerza de cabecilla, así que convencen al mandamás de una agencia de asesinos para que se cepille al mejor de los suyos y lo mande a los infiernos, donde será convertido en el "Spawn" supremo. Lo logrará, sí, pero de vuelta a la tierra -y removido por el amor a su esposa.... ¡buargh!- el tipo se revotará contra sus diabólicos jefes y pasará de villano a héroe.
La popularidad "subcultural" de "Spawn" motivó que, cuando se anunció -en 1997- que se había hecho una peli e iba a estrenarse en el Festival de Sitges, todos corriéramos a verla entusiasmados. ¿Y qué pasó? Pues la decepción fue tan, tan y tan gorda, que salimos con el rabo entre las piernas y nunca jamás volvimos a hablar de ella. Así ha sido en mi caso hasta que, el otro día, pensé aquello de "¿Cómo me sentará hoy?".
Sí, "Spawn" es bastante terrible toda ella. Sin duda, lo que más impacta al verla es la bajísima, pero bajísima, calidad de sus trucajes visuales. El CGI es tercermundista. Horripilante. Hay momentos en los que incluso vemos el corte del recuadro que enmarca la luzecita verde brillante. Cierto que en los 90 el CGI todavía andaba muy virgen, pero es que hablamos de un producto "mainstream" bajo el sello "New Line". No de una serie Z tipo "The Asylum", entre otras cosas porque el cine barato de esos años no podía permitirse filigranas informáticas. Tal vez piensen que el paso del tiempo ayude a superar el shock, pero no. Especialmente porque en el clímax final estalla a lo bestia, acompañado de unos cromas desconcertantemente mal ejecutados. Demencial, en serio. Los efectos físicos, de látex y tal, están bastante mejor y corren de la mano de la mítica KNB Group que, aunque se lo curran un rato -sobre todo por la versión animatrónica de "Violator"-, no pueden evitar el efecto "Tortuga Ninja" en lo que respecta al traje/look del mismo "Spawn".
Si repasamos el reparto, encontramos a un John Leguizamo la mar de bien caracterizado al que dejaron hacer demasiado y carga bastante (salvo alguna puntilla graciosa. Y esos chistes de pedos). Tampoco convence mucho el héroe de la función, un Michael Jai White que únicamente sabe poner cara y poses de malote, sin aportar mucho más (como producto superheróico de la década, que no falte el maldito plano de "Spawn" apoltronado sobre la cruz de una catedral gotiquísima en plan vigía, acompañado de rimbombante música orquestal. Recurso cansino que llegó a durar demasiado). Una Melinda Clarke recién salida de aquella ñorda infame titulada "La lengua asesina" (precedida unos pocos años antes por "Mortal Zombie", ¡anda que seleccionabas bien tus papeles, niña!) y un Martin Sheen al que, supongo, debería avergonzar soltar todos esos discursos de villano de opereta que quiere dominar el mundo. También rula por ahí Miko Hughes, el niño de "El Cementerio viviente" y "La nueva pesadilla de Wes Craven".
Para añadir más leña noventera al fuego, tenemos una banda sonora trufada de lo que era habitual entonces, grupos de metal gótico y tecno-chunda-cool como "Orbital", "Korn", "Marilyn Manson" o "Prodigy" (alguno de ellos firma el resultón tema que acompaña a los feísimos y agotadores títulos de crédito. Mención también para los del final, muy inspirados en los de "Seven", algo bastante común entonces).
El guionista principal no es otro que Alan B. McElroy, a quien debemos títulos como "Halloween 4: El regreso de Michael Myers" o "Km.666".
El director de discordante nombre, Mark A.Z. Dippé, venía del mundo de los efectos visuales para títulos de relumbrón, lo que aún hace más incomprensible la incapacidad destilada en "Spawn". Habrá quien piense que el dinero invertido terminó destinándose a otras cosas, como cocaína y putas. O será que Dippé es un negado cuando se trata de dirigir. En cualquier caso, perdió la oportunidad brindada y acabó a la riendas de subproductos como "Frankenfish: La criatura del pantano", mucha televisión y películas de "Garfield" destinadas a mercados menores. Bien le deben de ir cuando su film más reciente sigue por esos derroteros, solo que cambiando al gato gordo naranja por el perro "Marmaduke".
"Spawn" podría ser uno de esos extrañísimos productos "mainstream" que alcanzan el renglón de lo involuntaria y puramente "trash", aunque si debo decir algo positivo de ella, por mucho que cueste, es que no es excesivamente aburrida. Tiene su ritmillo y, entre vergüenza ajena y vergüenza ajena, hasta puede verse entera sin morir en el intento.
Un anti-clásico de su década.

domingo, 1 de junio de 2008

EL AVIADOR NOCTURNO

Ahora que Stephen King vuelve a estar en primera plana gracias a títulos como la aburrida "1408" o la muy lograda "The Mist", hay que recordar que durante un tiempo, por ahí los noventa, el escritor de Maine había sido relegado a una segunda, puede que tercera, división. Básicamente, el medio televisivo era el único que abrazaba gustosamente cada nueva intención de convertir sus textos en imágenes. No todo lo resultante era basura, ni mucho menos, cosas como "The Langoliers" o "La tormenta del siglo" tenían su qué, luego venían los tochos ("Red Rose") y, directamente, la caca de vaca ("El resplandor" versión caja tonta). Entre todo ese mogollón destaca por méritos propios "El aviador nocturno", o al menos eso creo yo.
Esta es la extraña historia de un siniestro aviador que a medianoche aterriza en pequeños aeropuertos de pueblo y se carga al primer pobre incauto que se le plante delante. Richard Dees, un ultra-misántropo periodista de la prensa más amarilla, es enviado a investigar los crímenes, creándose una especie de conexión mental entre él y el asesino.
En su momento decían que "El Aviador Nocturno" bebía mucho de la entonces influyente moda "Expediente X", y es posible que así sea, pero dado que yo nunca fui seguidor de las aventuras de Mulder y Scully, es algo que no podría certificar. Vale, a la peli le sobra blabla y le falta algo más de cañeta, aunque de haberla hayla gracias a las artes de la KNB Group que se curra unos efectos gore más que solventes.
En general rezuma una atmósfera inquietante que la favorece mucho, incluso cierta falta de lógica que incomoda (de modo positivo). Sin embargo, y para un servidor de ustedes, la idea que se lleva la palma es la de presentar a un vampiro que ¡¡se cree vampiro!!, y tanto es así, que a pesar de estar a mil kilómetros de distancia de la elegancia señorial de Drácula (este es un chupa sangre bastante bruto y feo), insiste en disfrazarse como lo haría Bela Lugosi y llamarse Dwight Renfield, es decir, el nombre del actor que interpretara al apellido (Renfield, el criado del vampiro) en la versión del Drácula encarnado por el mentado Lugosi. Retorcido, ¿eh?. Encima le vemos mear en un urinario público y lo que saca es, cómo no, sangre. Sí amigos, las criaturas de la noche también orinan.
Protagonizada por un seco Miguel Ferrer (el de "Robocop"), con el ex-socio de George Romero, Richard Rubinstein, en tareas de producción y dirigida por el ignoto Mark Pavia (a la peli comentada le seguiría una cosa titulada "Slice", con protagonismo de Michael Berryman, y luego 8 años de silencio), "El aviador nocturno" es una pequeña peli a tener en cuenta por sus generosos atributos... vale, podría ser mejor, pero también, y visto cómo eran las adaptaciones de King en ésa época, mucho peor.

sábado, 5 de agosto de 2023

POLICÍA DE ACERO

Madre mía, madre mía, de lo que ayer noche fueron testigos mis ojos no tiene nombre. Pero más por el cómo que por el qué. Dejen explayarse a esta sucia boca.
Así de entrada, mirada por encima, "Policía de acero" no sería más que otra imitación de "Robocop" parida en plenos años 90, 1995 para ser exactos. Es decir, ocho después del clásico de Paul Verhoeven. ¿Por qué tan tarde?. Y digo "Robocop" a conciencia, pues no hay ninguno de los restantes referentes expoliados recurrentes en esta clase de subproductos. Es decir, ni "Terminator", ni "Mad Max 2", ni nada semejante. Aquí el hurto comienza y acaba con "Robocop", solo que yendo por la estrategia fácil, cambiemos a Peter Weller por una chica rubia de buen ver. El resto, casi idéntico, con escenas que incluso rozan la línea de lo legal cual un Bruno Mattei cualquiera.
Hay un grupo de moteros malvadísimos comandados por un sobreactuado Richard Grieco de "look" ultra macarra. Entre ellos se ha infiltrado una churri policía. La descubren y se la cepillan (sin hacerle demasiados desperfectos). Un científico convence a la alcaldesa que puede coger el cadáver y revivirlo mediante suero para convertirla en una super-policía. Proyecto "Lázaro" lo llama (¿no había un nombre menos trillado?). Así que proceden. La rubia sufre una crisis de identidad cuando descubre que ha vuelto de la muerte y, tras escenas de drama chusquero, se hace a la idea de que es una "superhéroa", se viste como tal, con mucho negro, incluso lleva una máscara que le cubre la mitad de la faz y, enga, a meter piruetas, matar malos a base de posturitas guapas y, por supuesto, vengarse de Don Grieco, que se hace tarde.
Por una vez los distribuidores patrios tuvieron suficiente ojo para rebautizar al film con fines clarificadores. En inglés se titula, muy farragosamente, "The Demolitionist" (difícil de mentar, "demolishionis", "La demoledora". Hay una escena en la que la califican de "Demo" y queda muy chanin, así tendrían que haber titulado la peli, o "Demo Cop" si me apuran), y en las Españas pues "Policía de acero", en evidentísima referencia a nuestro querido madero de hojalata.
Claro, tras leer todo esto pensarán "Menuda basurilla, ¿Quién osó hacer esto en los noventa? Wynorski, Corman, Band....?" pues no, y ahí radica realmente lo chocante del invento, y motivo por el que la consumí íntegra y sin avance rápido, a pesar de haber tenido un día duro: la gente que asoma por delante y detrás de la cámara son personajes de la farándula horrorífica / fantastique, bien conocidos y queridos por todos nosotros. Muchos con un pasado, y un posterior futuro, bastante más lúcido, impropio de gente a la que asociaríamos con un plagio barato de "Robocop".
La culpa total y absoluta de este desaguisado la tiene Robert Kurtzman, quien aquí debutaba en la dirección. Dos años después se ocupó de la más popular y lograda "Wishmaster" para, a partir de entonces, ir cayendo en picado a base de productos más bien olvidables como "The Rage" o "Enterrados Vivos". Cerraría el círculo en 2010 con una de acción, "Impacto Mortal". Conocen, o deberían, la otra ocupación del caballero, como técnico de efectos especiales en muchos títulos de solera, especialmente al lado de sus queridos Howard Berger y Greg Nicotero, con quienes formó la legendaria "KNB Group". Y sí, no solo estos firman los truquitos -tampoco muy abundantes- de "Policía de acero". En cuestión de cameos, Berger no quiso saber nada, pero Nicotero sí. Gracias a sus greñas y barbas, hace de motero malote.
Visto lo visto, Kurtzman tendría el caprichito de parir su propio "Robocop", deseo compartido con su señora esposa de entonces, que para algo ambos firman la historia (tampoco se esforzaron mucho). Luego, le pasaron el encargo de escribir el guion a un par de mindundis con nombre de mafioso y mucho currele televisivo a sus espaldas, Brian DiMuccio y Dino Vindeni. Lo siguiente fue tirar de lista de colegas, a los que liarían completamente. Me los imagino siendo conscientes de lo marciano de la operación, pensando "tío, esto en una copia de "Robocop"" pero callando like putas, ¿Cómo defraudar a un amigo?. Así que, enga, ponme en la peli, pero no me hagas hablar mucho, cuanto más se reduzca lo mío a cameo, mejor.
Y de esta guisa encontramos a Tom Savini como esbirro del villano (asoma en más planos que muchos de sus compañeros, pero nada excesivo, y apenas habla), Reggie Bannister (el calvito de la saga "Phantasma") como un alcaide visto y no visto, lo mismo que Jack "Cabeza Borradora" Nance en plan cura. A Joseph Pilato le toca lucirse un poquito más gracias a sus excesos interpretativos, le reconocerás como el malvado "Rhodes" de "El día de los muertos". El gran Dan Hicks, paleto en "Terroríficamente muertos" o encargado de supermercado en "Intruso en la noche", muriendo rápido. Sarah Douglas, la villana de "Superman 2", en un vivo ejemplo de cameo irreconocible, dando vida a una cirujana que, si no me falla la memoria, ni se quita la mascarilla. Nada menos que Heather Langenkamp, la prota de "Pesadilla en Elm Street", en un infame papelito de periodista / locutora. Y Derek Mears, futuro "Jason Voorhees" en la película del 2009. Aunque el cameo más curioso, porque ni tan siquiera sale acreditado, se lo debemos a Bruce Campbell en el recurrente rol de motero maloso.
Los papelotes destacados recaen, Grieco aparte, en Peter Jason como policía corrupto (lo has visto en chorrocientas películas de John Carpenter), Susan Tyrrell como alcaldesa (normalmente muy histriónica, desfasaba que daba gusto en "Cry-Baby" o "La zona prohibida / Forbidden Zone") y Bruce Abbott, el "Dan" de "Re-Animator", como el científico que inventa a la policía de acero, es decir, otra vez reviviendo cadáveres mediante suero. Este chico no aprende. Y, a todo esto, el insulso protagonismo de la función se lo lleva Nicole Eggert, vigilanta de la playa.
John Esposito, productor ejecutivo, tuvo la poco fortuna de coproducir ese aborto titulado "Abierto hasta el amanecer" y últimamente ha guionizado para la mediocre serie de tele inspirada en "Creepshow".
Y en una película como esta, con toda la peña mentada, no pueden faltar las citas descaradísimas a "Fangoria" y las "fricadas" a servicio del fan. Nada más comenzar, Richard Grieco y su socio esperan en la celda a que los ejecuten (luego escaparán y bla, bla), mientras ven una peli en plan "kaiju-eiga" por la tele (con un especie de pez espada gigante destruyendo casitas) y se parten de risa. El tipo sujeta un "Fangoria" entre las manos y, por si acaso no han pillado el guiño, tiene la pared de atrás embadurnada de más y más cubiertas. Sutilidad es mi segundo nombre, bro.
En cuanto a la sensación general que deja "Policía de acero" -que, obvio, concluye con una canción metalera de lo más pegadiza y macarra- es de estupor. Como decía, la soporté íntegra. Y me cayó en gracia a pesar de que los momentos dramáticos cortan el rollo. Pero, claro, estoy requeteseguro que fue gracias a la ristra de nombres. Era la mar de gracioso ir reconociéndolos. Como encontrarse con un viejo amigo al que ves haciendo algo de lo que, sabes, luego se avergonzará. Aunque, a tenor de los años transcurridos, no había motivo. Casi nadie parece saber de la existencia de esta película. Bien mirado, al final la fortuna les sonrió.

miércoles, 16 de febrero de 2022

GALERÍA DE ESCANEOS BONITOS 6 (LOS CLÁSICOS, 1ª PARTE)

Imágenes extraídas de las fermosas páginas de "Mad Movies", "L´Ecran Fantastique" y otras revistas franchutes que me alegraron la adolescencia por ahí los años 80/90....


No hemos subtitulado a esta entrada "Los
Clásicos" porque sí. Aquí tenemos al gran Dick Smith, el
rey de los maquillajes horroríficos. Tanto como el de arriba,
perteneciente a "Historia Macabra". Lo crean o no, de 
chaval esta imagen (y todas las que acompañaban al mismo
cadáver en progresivo estado de descomposición) me resultaban
totalmente aterradoras. Y no era para menos.
La de abajo pertenece a aquella alucinada película de Ken
Russell
titulada "Viaje alucinante al fondo de la mente". No sé hasta qué
punto Smith estaba involucrado en lo que vemos, siendo más un
efecto visual... pero vamos, que el resto de materia confeccionada
con látex de la peli era paternidad totalmente suya.
Donde no hay discusión posible es con
la imagen que hace tres, que pal caso forma parte
de los excelentes trucajes de "El Ansia", la ultra-estilizada
epopeya vampírica de Tony Scott.



Dejamos tranquilo a Smith y nos centramos en otros
grandes, la KNB Group y los efectos especiales que
parieron para la fallidísima novena entrega de "Viernes 13"
sobre la que pueden leer a fondo AQUÍ.
En su día, cuando aún estaba pendiente de estreno, estas
imágenes prometían un auténtico espectáculo de gore
desmadrado como hacía siglos no se veía en una de las
aventuras de Jason. Luego, ya saben, no fue pa tanto.
Pero molan un rataco...


sábado, 10 de junio de 2023

SKINNER

Si hubo un subgénero que destacó en los años noventa, fue el dedicado a las hazañas del serial killer, o asesino en serie. Gracias al exitazo de "El silencio de los corderos" no solo los criminales de corte realista se convirtieron en valor seguro de cara a la taquilla, también se dejó de usar la palabra "Horror" para dar paso a la de "Thriller". Era inaceptable que "una de terror" hubiese ganado el Oscar y se llevase toda suerte de buenas críticas, así que tocaba dar un lavado de cara al género. Ya nadie quería asesinos mudos o enmascarados, estos recién llegados tenían carisma, hablaban como cotorras y, en el mejor/peor de los casos, eran medianamente majos. A partir de ahí, la oleada fue imparable, esputando toda suerte de imitaciones, subproductos y una o dos realmente buenas, puesto este que ocupa, y con honores, el "Seven" de David Fincher.
Sin embargo, hoy toca hablar de una de las que caen justo en medio, en la zona crepuscular de las películas de bajo coste y resultados desiguales, "Skinner". Producida el año 93 (dos después de "El silencio de los corderos", dos antes de "Seven") y con un reparto bien curioso. Para empezar tenemos en el rol del asesino al hermano ilustre, Ted Raimi, un registro opuesto al recurrente en él (es decir, tío majo o víctima). Ricky Lake, habitual del mangante + vendido John Waters, y posteriormente personalidad mediática, da vida a una maruja insatisfecha. Y finalmente la ex estrella porno Traci Lords, feliz como una perdiz encarnando a una mujer atormentada y, sobre todo, deformada físicamente, lo que supongo esperaba contribuiría a acabar con su imagen sexy (recordemos que ella y Lake habían coincidido unos años antes en "Cry-Baby" del fucking Waters) Se suma al trío Richard Schiff, uno de esos rostros super-reconocibles gracias a sus intervenciones en toda clase de productos, incluidos unos cuantos de peso. Precisamente, haría de conductor de tren en "Seven".
Dennis Skinner es un asesino en serie al que le encanta despellejar a prostitutas de baja estofa y vestirse con sus pieles, tal y como hacía Ed Gein (referencia a un psycho killer real, cosa muy común entonces). Y sí, ya es mala suerte tener semejante hobby y apellidarse Skinner, que traducido al españolo es, eso, despellejador. No, no ayuda mucho a la hora de evitar sospechas. En cualquier caso, Dennis se instala a vivir junto a una pareja en crisis. Con ella hará buenas migas, demasiado buenas, mientras en su tiempo libre visitará zonas degradadas a por carne fresca. Paralelamente, una de sus primeras víctimas, que logró zafarse de sus garras, anda tras él, clamando venganza.
Más allá de su adscripción al cine de serial killers, "Skinner" es noventera en todos los sentidos. Ese estilismo tan artificial y plano, a base de luces de colores, y una supuesta sordidez que, de tan nítida y forzada, resulta anti-natural y, por tanto, no funciona. Cuesta tragarse que el asesino visite siempre el mismo barrio industrial, hasta las trancas de graffitis, en el que no hay una maldita alma... hasta que, por arte de magia, aparece una prostituta, andando sin rumbo y, casi casi, vestida únicamente con ropa interior, lista para ser asesinada. Además, todas gastan un aspecto muy decente. No hay gordas, no hay yonkis, no hay feas... cojones, que se den una vuelta por mi antiguo barrio y verán lo que son putas de esas que matan la libido.
Claro que, tal vez, toda esa "sordidez de postal", y los detalles poco verosímiles, estaban hechos aposta. Es decir, sin llegar a ser muy evidente o cargante, es cierto que la peli gasta sus intenciones "arty", con imágenes casi poéticas de Ted Raimi caminando por un riachuelo en medio de la urbe. Quizás su director, Ivan Nagy, iba de artista. En cualquier caso, acabó el resto de sus días rodando vídeos softcore y ejerciendo de chulo para Heidi Fleiss, de ahí que todas las prostitutas que asoman por el film sean genuinas. 
Palmó en 2015. 
Paul Hart-Wilden, guionista, también dirigió algunas cosas, pero nada interesante. Aquí el único nombre tras las cámaras que merece ser destacado es el del productor Jeff Pollon, pero por lo gracioso del apellido.
Bueno, ¡miento!, también es justo y necesario mentar a los responsables de los efectos especiales, la "KNB Group" al completo. Suyo es el despliegue de látex y tinte rojo. ¿Generoso? bueno, estamos en 1993 y, como sabrán, no fueron aquellos años muy gloriosos para lo truculento. Sí que hay una escena de despellejamiento bastante gráfica, pero, primero, se realiza a un cuerpo muerto (es decir, la caratula aquí expuesta de la edición argentina miente como una bellaca), por lo que no es tan angustiosa y, segundo, los trucajes, aunque encantadores al ser físicos, tampoco es que destaquen por su eficacia. Vamos, se nota el cartón.
La banda sonora viene compuesta íntegramente por un grupo de esos tecno-raro -"Contagion"-, cosa que también comenzaba a ser muy recurrente entonces.
Finalmente, lo mejor de "Skinner" es que únicamente dura 88 minutos. Pueden meterla en una carpeta, junto a las 350 películas restantes en espera de ser consumidas, y ya la verán algún día. Sin prisa
Gracias al bueno de Enorm por pasármela.

lunes, 7 de septiembre de 2009

INTRUSO EN LA NOCHE

El personal de un supermercado se queda a trabajar de madrugada. El sitio va a cerrar y hay que marcar los productos a mitad de precio. Súbitamente, una silueta negra comienza a cargárselos a todos, uno por uno. ¿Podría ser el ex-novio delincuente de una de las cajeras... u otra persona?. Misterio.
"Intruso en la noche" sería un slasher del montonazo, mas bien aburrido, si no fuese por una serie de factores, comenzando con las mentes creativas que hay tras su concepción y parte del reparto. A eso, que es en lo que nos centraremos en el siguiente párrafo, hay que sumarle una notable dosis de gore. No es que la sangre chorree en cada plano, pero sí es verdad que abunda y, sobre todo, hay un par de crímenes sorprendentemente explícitos y bestias, con el añadido de que la víctima de uno de ellos es el que, en un principio, parece va a ser el chico guapo/bueno de la peli.
Otro de los aspectos curiosos de "Intruso en la noche" va ligado al director y sus amistades. En sendas ocasiones, la cámara rueda desde inéditos puntos de vista, ya sea el interior de un teléfono como por debajo de la pelusa que arrastra una escoba. ¿Inéditos?, eso me suena... son el tipo de cosas que hacía Sam Raimi al inicio de su carrera. ¡Claro!, es que Sam Raimi es uno de los actores secundarios en este film y el director, Scott Spiegel, uno de los integrantes del clan que le rodeaba y le rodea, pariendo cortos en Super 8 durante la adolescencia, co-escribiendo el guión de "Evil Dead 2" o interviniendo como doblador de "actores desaparecidos" durante el rodaje de "Posesión Infernal". De hecho, del grupito era Spiegel el que podía considerarse fan del horror, y fue él quien propuso que el primer largo serio de la pandilla perteneciese a dicho género. Luego sería el director de más cosas (entre ellas, "Abierto hasta el amanecer 2"), co-guionista de "El Principiante" (sí, la de Clint Eastwood), haría buenas migas con Eli Roth (y Tarantino), y terminaría asociado a la producción de films como "Hostel" o "2001 Maniacos" (donde también es actor... cosa que también ha ejercido en algunos subproductos de J.R.Bookwalter", como "Robot Ninja" o "Skinned Alive"). "Intruso en la noche" era su esperado -por él- debut, y el realizador aprovechó para expulsar sus demonios tras varios años currando en un supermercado (motivo por el que no pudo involucrarse más en la creación del primer "Evil Dead"). Otros nombres populares del reparto son Ted Raimi (hermano de), Dan Hicks (co-protagonista de "Evil Dead 2") y ¡Bruce Campbell!, en un escueto papel de policía. En la producción tenemos a Lawrence Bender, entonces futuro organizador de muchas Tarantinadas. De los potentes efectos especiales se encargan los hoy reputados Howard Berger y Greg Nicotero que entonces, asociados a Robert Kurtzman, formaban la "KNB Group".
Ya os digo, "Intruso en la noche" flojea por el lado del ritmo. Aunque lo intenta, Spiegel no logra crear ni el más mínimo suspense, y como todo buen/mal slasher, se limita a rellenar los momentos en los que no vemos crimen alguno con monótona y hueca paja. Aún así, y con un poco de paciencia, la peli puede verse de un tirón, sin avance rápido y con una leve sensación de complicidad.

sábado, 27 de septiembre de 2025

MUTACIÓN ASESINA

El caso de John McNaughton es ya todo un clásico. Cineasta comienza la casa por el tejado rodando como debut una -dicen- obra maestra, "Henry, retrato de un asesino" -para mi algo sobrevalorada-, que se verá incapaz de igualar el resto de su trayectoria, inclumpliendo así el rol prometido de nuevo super talento.
Entre la realización de la susodicha y su posterior descubrimiento, pasó el suficiente tiempo para que el muchacho tuviese que buscarse las habichuelas dirigiendo un mero encargo. Las consiguientes obligaciones contractuales de la respectiva promoción le llevaron a ciertos festivales y eventos... justo cuando su primera película comenzaba a petarlo. Claro, así las cosas, McNaughton se encontró en la tesitura de tener que justificarse. ¿Cómo era posible que el tipo responsable de rodar las desventuras criminales de Henry Lee Lucas, con todos sus -supuestos- buenos resultados, firmara ahora una cosa tan costrosa como "Mutación Asesina" ("The Borrower" en versión original, algo así como "El que toma prestado" o "El prestatario")?. Es por ello que, en su visita al Festival de Sitges de la época, el cineasta reconociera sin remilgos la escasa calidad de su segunda obra y explicara que la hizo por dinero. Eso, sin duda, aclararía el descalabro. Y si no lo digo reviento cual supernova: en esa misma edición fue donde conseguí su autógrafo... aunque, irónicamente, todavía no había visto nada suyo. Lo que ocurrió es que estábamos en la puerta del hotel esperando a nuestros verdaderos héroes, Bruce Campbell y Ted Raimi, al salir antes McNaughton le reconocí y me dije aquello de "¿por qué no aprovechar la ocasión?", de ahí que le pidiésemos su firma, con las mismas pocas ganas, convicción y entusiasmo con las que él cumplió y las mismas que invirtió en dirigir esta "Mutación Asesina".
Hay un marciano tan tan malo que los de su especie castigan abandonándolo en la tierra, previa conversión a aspecto de ser humano. El problema es que el disfraz dura un tiempo limitado y, llegado el momento, se verá obligado a sustituir la cabeza, arrancándosela al primer pobre diablo con el que se cruce. Y, básicamente, esa es toda la trama de "Mutación Asesina", el alienígena andando de acá para allá, sustrayendo perolos, interactuando con el "lumpen".... y, por aquello de darle un poco más de color al asunto, pues la historia paralela de la policía que investiga las muertes y cierto drama personal con un criminal que se le escapó y cuyo jeto, inevitablemente, será mangado por el visitante, cerrando así el círculo en plan cabriola. Y digo cerrar "entrecomilladamente", porque el desenlace es tan abrupto como tontaina y precipitado.
Es hasta curioso lo, ¿cómo decirlo?, desganada e insulsa que es una película yanki rodada a finales de los ochenta (aunque lanzada ya en los noventa por retrasos de la distribuidora y demás zarandajas legales) con justo pero tampoco ultra-escaso montante, protagonizada por Rae Dawn Chong y con efectos especiales "old school" del talentoso Kevin Yagher. Quiero decir que, ni vista hoy, con toda la nostalgia y bla, bla, se salva. La carencia de absolutamente todo, suspense, emoción, miedo, acción, risas (se supone en parte comedia, pero está tan mal aplicada que más bien se asemeja a simple incapacidad) contribuyen a que la experiencia se torne tremendamente aburrida. De verdad, es inaudito. Se nota el absoluto desinterés de John McNaughton, se transmite y traspasa, incluso contagia. Tal vez unas manos más adecuadas podrían haber aportado algo, ni que fuese ínfimo, porque elementos hay (aunque, obviamente, lo más llamativo son las escenas de látex en ebullición), pero nada, que no. Tampoco vamos ahora a decir que el guion de Mason Nage, sin duda posteriormente retocado por Richard Fire -responsable del de "Henry, retrato de una asesino"-, fuese una maravilla. Así que en parte es igualmente culpable.
Acompañan a la Dawn Chong, Tom Towles (justo salido de "Henry...", donde interpretó a un memorable y repugnante "Otis"), el eterno poli del cine Don Gordon, Antonio Fargas y Tony Amendola. Kevin Yagher viene asistido por la "KNB Group" al completo, para la ocasión reducidos a un inhabitual segundo -o tercer- lugar.
En la banda sonora suena bastante y decente punkismo, sin embargo no he reconocido a ninguno de los combos correspondientes.

sábado, 10 de enero de 2015

HOUSE 3

A raíz del fenómeno Freddy Krueger muchos fueron los productores avispados que intentaron subirse al carro del dinero fácil rodando epopeyas horroríficas situadas en el mundo de los sueños y las pesadillas.
De entre todos esos desalmados hombres de negocios destacó Sean S. Cunningham, frustrado / resignado papá de la franquicia "Viernes 13", y no porque su apuesta resultara ni mejor, ni más estimulante, sino por su vinculación previa con Wes Craven, creador de "Pesadilla en Elm Street", con quien durante los setenta se asoció para esputar la epatante y clásica "La última casa a la izquierda". Ya suena un tanto rastrero que Cunningham robara a su ex-partner, pero la cosa empeora si comparamos las tramas de esta "House 3" con "Shocker, 100.000 voltios de terror", película del mismo Wes Craven en la que, auto-plagiándose, intentaba repetir el éxito del de las garras. Son sumamente parecidas y ambas vienen fechadas en el mismo 1989, lo que aún añade más misterio.
Un súper-asesino del copón bendito es capturado y llevado a la silla eléctrica. Una vez sentado y enchufado, tarda un huevo en palmarla. Muerto su cuerpo físico y convertido en una especie de electro-fantasma, se tomará la revancha puteando a conciencia al policía que le detuvo.
Leída la trama de base, además de corroborar el mentado parecido con "Shocker", nos percatamos de que su vinculación con las dos "House" previas es prácticamente nula. Efectivamente, que se la bautizara como la tres fue cosa de los productores, que por algún motivo desconocido pensaron que funcionaría de fábula en el mercado no-yanki. Pal autóctono conservó el original, "The Horror Show", muy "cool"... demasiado incluso para la peli que parapeta. ¿Por qué?, pues porque "House 3" es, ante todo, terriblemente previsible, formuláica y angustiosamente aburrida. Sin alma. Que sí, que está decentemente facturada a un nivel técnico, pero eso a mí ya no me impresiona ni me vale.
Curiosamente estamos ante un producto que sirve de casi perfecto puente entre el terror ochentero, del que toma prestado un gore sorprendente en su gran guiñolismo (cadáveres metidos en trituradoras, cuerpos mutilados por doquier, incluso una niña decapitada) y el terror noventero, como cierto humor mal incorporado –práctica esta que los supuestos expertos otorgan a la década de los 80, pero que yo no comparto- y, obvio, el abuso de sustos baratos (el gato saliendo disparado del interior del armario a ritmo de "marramiau!". Mira que he convivido con felinos muchos años y jamás he visto ninguno que se encerrara dentro del armario y se quedara ahí, esperando en silencio durante horas, a que algún incauto abriera la puerta) o de efectos especiales grotescos que arrasan con toda posible verosimilitud y malrollismo. A pesar de este último dato, "House 3" sufrió los temibles envites de la censura, que se encargó de hacer desaparecer para siempre algunos momentos de puro "shock" (que no "Shocker"), como este mismo que les dejo aquí al ladito, con el protagonista abriéndose el pecho de par en par y mostrando su sufrido corazón.
Viendo "House 3", las deudas que arrastra con la calle Elm saltan a la vista. Dejando a un lado todo el tema de pesadillas y surrealismo de andar por casa, tenemos la inevitable fábrica humeante como guarida del malo, el sótano misterioso con su descontrolada caldera y un asesino que mata desde un plano sobrenatural, puede suplantar personalidades y gasta un nombre tan chanante como el de "Max Jenke". Añádanle al pack una tendencia a hacerse el graciosillo y adoptar formas monstruosas totalmente "kruegerianas". El gran problema aquí es que esa actitud desenfadada no le pega nada siendo como es -sobre todo antes de mutarse a pseudo fantasma- un personaje fundamentalmente desagradable y antipático. Su risa burlona o su estúpida conversión a "monologuista macabro" en uno de los peores gags de toda la puta película, se notan extremadamente y erradamente forzados. Tal vez en ese sentido funcione mejor la mención de Don Johnson como la polla más deseada por la platea adolescente en aquellos tiempos. Claro que ahí entramos en el terreno de la comedia involuntaria.
En el reparto localizamos a peña tan carismática como el eterno Lance Henriksen. Brion James en su salsa -hacer de malo se le daba muy bien- explotando al máximo ese inimitable careto de pervertido. La preciosa Dedee Pfeiffer como teenager desbocada (incluida escena de ducha, aunque la doble de cuerpo canta tanto como esas negras prendas indiscretas que lleva encima de las tetas –¡rima!-). Aron Eisenberg es el bizarro adicto al heavy metal de andrógina sexualidad. El legendario Lawrence Tierney se reserva un rol la mar de escueto. También nos damos de bruces con el televisivo Matt Clark, Terry Alexander (el prota "de color" de "El día de los muertos") y Lewis Arquette (cabecilla del clan Arquette y que llegó a participar en cosas como "Porquis 13" –no confundir con “Porky´s 13 en Vietnam”-).
Y lo que tenemos tras las cámaras es puro culebrón. Aunque el director oficial que aparece en los créditos es el prematuramente fallecido James Isaac (responsable de "Jason X" o "Pig Hunt", después de cambiar el taller de efectos especiales por la silla del dire), en realidad "House 3" arrancó con otro al volante, el Neozelandés David Blyth ("Death-Warmed Up/Experimento Mortal") en una desesperada y fallida intentona por labrarse una carrera hollywoodiense. Desconozco qué motivó su despido, pero probablemente no sea una historia precisamente bonita.
Como tal vez tampoco lo sea el hecho de que uno de los co-guionistas, Allyn Warner (de notable carrera previa en televisión y que después de "House 3" no volvería a hacer nada más), decidiera aparecer acreditado como Alan Smithee... ya saben, el pseudónimo oficial que todo profesional del cine utiliza cuando reniega de su labor, generalmente por intromisión de un ente ajeno. Al otro escribiente, Leslie Bohem, las cosas le fueron mejor. Debutaba con "House 3" y seguiría con la casi ofensivamente lógica quinta parte de "Pesadilla en Elm Street" (imagino que su expolio sería lo suficientemente correcto como para que los productores de la saga original le consideraran una opción válida), "Sin escape (Ganar o morir)" pa luciminto de Van Damme, "Pánico en el túnel" pa lucimiento de Stallone, la risible "Un pueblo llamado Dante´s Peak", el super-batacazo "El Álamo - La leyenda" o la "story" de "La hora más oscura".
De los efectos especiales se responsabiliza la inevitable "KNB Group" y de la música el eterno socio de Sean Cunningham, Harry "Viernes 13" Manfredini. Y ya que hablamos de la famosa saga, también localizamos a Kane Hodder ejerciendo de "stunt". Una gran familia feliz.
Para despedirnos, algo de friquismo (¡¿más?!): No podía pasar por alto el cartel de la película. Aunque suene redundante... que levante la mano el que no haya visto esa misma mano abierta en tropecientos mil posters más. Sí amigos, estamos ante uno de aquellos inolvidables iconos de la subcultura del “jetismo caratulil” que tanto nos pone, muy representativa de los años 90. Algún día dedicaré un artículo/repaso a todo ello, lo mismo que a las secuelas falsas que el mercado italiano se sacó de la manga con "La casa" como palabro recurrente. Aunque esputada a raíz del primer "The Evil Dead", dicha franquicia de mentirijilla afectó también -lógicamente- a los "House" producidos por el Sr. Cunningham, incluida aquí esta tercera parte que en esos lares se lanzó como "La Casa 7", nada más y nada menos.
Pero todo ello lo dejamos para más adelante... de momento quédense con que "The Horror Show" es rematadamente mediocre y recomendable de modo exclusivo a completistas del terror yanki con más moral que el Alcoyano.

jueves, 16 de mayo de 2013

VIERNES 13: EL FINAL, JASON SE VA AL INFIERNO

La lectura de "Making Friday the 13th, The legend of camp blood" (by David Grove) ha sido de lo más apasionante, y me ha animado a repasar algunos de los títulos que integran toda la saga. Especialmente aquellos que por lo general menos me funcionan. Lo intenté con la primera, la original, y ayer llegó el turno de la que, probablemente, más detesto, la nueve, de cuando la franquicia pasó a manos de "New Line" (tras su exitosa pero descendente trayectoria en las oficinas de la "Paramount") y estos pensaron que eran lo suficientemente listos como para facturar algo realmente diferente, original y novedoso con la serie. Bien, eso nos conduce a una pregunta que llevo haciéndome desde hace lustros y nunca nadie me ha sabido responder satisfactoriamente: ¿Por qué los mismos creadores de una obra son los últimos en comprender el verdadero valor de esta?, es decir, ¿cuando demonios entenderá Sean S. Cunningam, padre de "Viernes 13" y, probablemente, a la larga el mayor enemigo de "Jason Voorhees" con permiso de "Tommy Jarvis", que los elementos que más disfrutan/adoran los fans de la franquicia son aquellos que, precisamente, él se encabezonaba en eliminar a cada nueva entrega que producía?. Y cuando digo él, digo cualquier implicado en su confección. "Si hacemos un nuevo "Viernes 13", se acabó el campamento como escenario, se acabaron los adolescentes idiotas y sin personalidad puestos ahí para ser asesinados, se acabó la mera sucesión de crímenes espectaculares sin más y se acabó esa monótona máquina de matar cuadriculada que es "Jason"!". Vale, muy bien, pero es que... ¡¡eso es justo lo que queremos la mayoría de seguidores de "Viernes 13", COPÓN!!. ¿Cuándo coño lo entenderán?. Es un caso que se extiende a muchos otros cineastas y sus títulos de éxito (como Sam Raimi y "Evil Dead", por ejemplo). Claro, ante tales acusaciones podrían salir con un: "Ya lo sé, tío, pero estoy cansado de hacer siempre la misma peli, déjame al menos variar". "Vale, muy bien" sería la respuesta, "Pero entonces no digas que piensas en los fans, y que ellos son el público "target", porque no estás complaciéndoles lo más mínimo". Y oigan, no soy yo que desvarío... a las pruebas me remito: El intento de dar un giro narrativo y estético a las aventuras de "Jason" con la peli ahora comentada, y la simpática "Jason X", se saldó con un notable fracaso. ¿Cuando se recuperó?, pues cuando se recurrió de nuevo a los elementos clásicos, ya sea en "Freddy vs. Jason" (donde a pesar de la sombra de "Krueger", "Jason" se encuentra totalmente en su elemento, una trituradora de adolescentes calenturientos cuya zona de acción vuelve a ser "Crystal Lake") o, sobre todo, el remake oficial de la peli madre.
Sin embargo, hasta que Cunningham comprendió, pasaron años. Y tuvimos que sufrir títulos como este "Viernes 13: el final, Jason se va al infierno" con el apoyo de una "New Line" aún nadando entre las ganancias que le había aportado su propia franquicia, la de "Pesadilla en Elm Street" y, seguramente, mirando el material de partida por encima del hombro, convencidos de que era carnaza para tontos y cualquiera sería capaz de sacarle brillo, especialmente ellos, los padres de "Freddy Krueger". Así pues, lo que aquí tenemos es una trama bastante más liosa y, dato curioso, culebronesca de lo habitual en la franquicia de "Viernes 13". Veamos: La peli arranca muy bien, lo que en principio parece la típica secuencia de "chica bonita en cabaña solitaria que, de noche, se dispone a meterse en la ducha cuando de pronto aparece "Jason" y la persigue" termina derivando en una trampa creada para cazar al asesino (lo que explica por qué la moza en lugar de coger el coche para huir, se mete en el oscuro bosque... gracioso detalle que de entrada despista). "Jason" no solo pica, sino que es totalmente destruido por una granada que lo hace pedazos. Se llevan los restos a la morgue y allí el corazón cobra vida, induciendo a que el forense lo devore y, así, "Jason" se apodere de su cuerpo. De esta guisa decide regresar a "Crystal Lake" en busca de su hermana, personaje este del que no sabíamos absolutamente nada y al que jamás se había mencionado en ninguna de las pelis precedentes. ¿Por qué?, porque solo un "Voorhees" puede ser el recipiente para la reencarnación definitiva. Pero también solo un "Voorhees" puede fulminar a otro y resulta que la hermana de "Jason" tenía una hija que, vaya por dios, acude a "Crystal Lake". Claro que por ahí pulula su ex dispuesto a pararle los pies al psycho-killer quien, a lo largo de la peli, va cambiando de cuerpo (por cierto, ¿por qué antes de meterse en el de un policía bigotudo, se toma la molestia de afeitarle?). Lo que significa que el "Jason Voorhees" que todos amamos, con sus ropas roídas, su carne podrida y su entrañable máscara de hockey (en esta ocasión totalmente fusionada con el rostro) prácticamente solo asoma al principio y al final. Nomás. Aunque todavía hay algo peor: cuando sale del cuerpo de uno de sus poseídos, resulta ser un gusano de aspecto demoníaco. ¿¿Hein??. El caso es que los buenos ganan y, literalmente, "Jason" se va al infierno por efecto de una daga mágica. ¿¿Uh??. Unas manazas surgen de la tierra y lo arrastran para dentro, dando pie a uno de los momentos más comentados de la peli, la aparición de la garra de "Freddy Krueger", detalle este que daba totalmente pie a lo que aún tardaría unos años en llegar, el enfrentamiento de ambos iconos (que espero revisar en breve para comentar aquí).
Cuando se hizo un pase de prueba de "Viernes 13: el final, Jason se va al infierno" previo a su estreno, el público no tuvo una reacción demasiado positiva. De hecho, dijeron que echaban de menos al "Jason" de toda la vida y, sobre todo, que querían verle matar al menos a un par de campistas calientes. Los artífices de la peli no comprendían cómo su audiencia podía ser tan simple, cómo no eran capaces de apreciar esos personajes profundos con conflictos humanos, esa trama "compleja" repleta de elementos sobrenaturales, no podían comprender cómo, después de tanta mandanga, lo único que querían era ver LO DE SIEMPRE. Así que -la pela manda- se pusieron manos a la obra y rodaron una puñetera escena de campamentos. Pero de poco sirvió. Finalmente, y como decía, se estrenó, fue un pequeño fracaso y, en términos generales, nadie quedó demasiado contento con ella. De hecho, a su director, Adam Marcus (cuyo único mérito previo había sido currar de "chico pa todo" en la peli original), no le llovieron las ofertas. Y poco interesante hizo después.
Recuerdo la primera vez que vi el póster de "Jason se va al infierno", con esa máscara plateada y ese gusano que NADA tienen que ver con los que luego aparecen en la película. Flipé. Realmente creí que aquello podía molar mucho. Luego, cuando el film aterrizó en los estantes de los video-clubs (ya que en España no pasó por salas), corrí a alquilarlo y verlo. Lo odié. Y durante muchos años, le he odiado. Puede que sea la entrega que más detesto. Con permiso de la octava... aunque en esta al menos sí sale "Jason". Ayer noche, dispuesto a verle el lado bueno, y hasta los topes de paciencia, fue la primera vez que lograba sacarle algo comedidamente positivo. Sobre todo en su tramo final. Aunque, no nos engañemos, sigo pensando que es muy mala, con unas pretensiones que no casan con lo que se supone que es, como si llevara un traje que le queda grande. Intenté consumirla evitando pensar en "Viernes 13" (algo jodidamente difícil). ¿Cómo sería tratándose de un film de terror noventero sin conexión alguna con una franquicia de tanto peso sentimental para el fandom?. Seguiría siendo mediocre, me temo. Estaban empeñados en otorgar dignidad a algo que, hablando claro, ni lo necesitaba ni lo quería. Ridículo.
Como datos curiosos y fricosos, caben mencionar las apariciones del "Necronomicón" de la saga "Evil Dead" y la caja del episodio del monstruo en "Creepshow", detalles estos puestos ahí para ganarse al fan, pero sin resultados óptimos. Comentar también que, como solía pasar a todas y cada una de las entregas de la saga, esta pseudo-novena parte sufrió los temibles avatares de la censura. Existen imágenes de una tipa desnuda partida por la mitad, verticalmente, durante el polvo de la tienda de campaña que luego no aparece en su debida escena. Aunque no hay que ir tan lejos, la caratula misma del vhs presenta la foto de un tio cocinado que tampoco vemos en el film. Y como funesto colofón, añadir que el doblaje es del todo infernal.
En el reparto nos encontramos con el inevitable Kane Hodder, el supuesto "Jason" oficial (aunque yo, confieso, tampoco le veo mayor mérito a eso de meterse una máscara y agarrar un machete) y a John D. LeMay quien, curiosamente, venía de protagonizar la infame serie de televisión "Misterio para tres", y digo infame por cual era su título original, "Friday the 13th: the series", sin ninguna vinculación con las pelis (solo su productor Frank Mancuso Jr. que pa algo fue el que tuvo la mala idea). De los resultones efectos especiales se ocuparon los chicos de la reputada "KNB Group" y.... poco más, la verdad.
Altamente olvidable (aaay, esos temibles años 90!!!).