lunes, 14 de octubre de 2019

EL CRACK CERO

De un tiempo a esta parte, el cine de José Luis Garci —un cine bien rodado, con personalidad, absolutamente respetable— ha sido tomado a chufla muchas veces simplemente por el contenido de los trailers (a los que sí que les falta algo de habilidad)  o, sencillamente, por que se imposta una actitud festiva ante una serie de películas que no se presta a la fiesta… Vamos, por el gilipolleo. El fandom posmoderno, quería reírse de “Holmes & Watson, Madrid days” cuando no hay nada de que reírse en esa película estupenda. Aunque entiendo que se quisiera convertir a uno de nuestros mejores directores en una mofa, tras un par de películas fallidas y una mala elección de los actores y ciertas chapucillas con respecto al doblaje y esa manía que tiene Garci de doblar a sus actores y ponerles voces de profesionales del medio. Pero en verdad no hay nada de que reírse; Garci es un director clásico con unos encuadres reconocibles a poco que los miremos y una manera de narrar lenta, que se toma su tiempo, que se recrea en los silencios, deliciosa.
Al margen de esta pataleta, por suerte, llega Garci con esta precuela de “El Crack” y tapa bocas. “El Crack cero” en su primera semana de exhibición, ha sido un éxito de taquilla y de crítica, compitiendo con un mastodonte como es el “Joker” de Tod Phillips que se estrenó el mismo día. Y yo me alegro mucho de que al “El Crack cero” le vaya bien, y que los medios se hayan rendido ante el trabajo de un director que, ninguneado como está en la industria de nuestro cine sencillamente por sus preferencias a la hora de ir a la urnas, ha demostrado que una buena película de corte clásico, sin artificios y con material reciclado (todos los exteriores, ese Madrid de los años setenta,  pertenecen a descartes de otras películas de Garci), puede interesar al público de 2019. También es cierto que en la sala de cine en la que la vi, llena de parejas casi octogenarias y cincuentones medio conservadores, yo era el espectador más joven. Y es tan buena, que todos esos subnormales posmodernos que estaban afilando el cuchillo cuando supieron que Garci volvía al ruedo, tuvieron que guardárselo. Estaba oxidado. Su chiste ya no les hacia gracia ni a sí mismos.
Pero es que “El Crack cero” es una estupenda película. Muy Garci, con sus encadenados, sus fundidos a negro y su lentitud maravillosa.
Recrear los tiempos más o menos mozos de esos grandes personajes que son Germán “El Piojo” Areta y  “El Moro”, era una  tarea difícil porque había que suplantar a Alfredo Landa y a Miguel Rellán. En un principio se contó con Víctor Clavijo para el papel de Areta, pero pronto fue sustituido por un actor que tampoco me decía mucho como es Carlos Santos. Y “El Moro” está interpretado por Miguel Ángel Muñoz. Menudo peso sobre los hombros de estos dos actores. Sin embargo, dan los dos el tipo de sobra. Carlos Santos está correcto, es un Areta más que digno, mientras que la gran sorpresa me la he llevado con Muñoz que está esplendido. Y es que hay mucho prejuicio porque este chaval, no creo que sea un mal actor, simplemente que está estigmatizado por haber trabajado durante años en aquella serie vil que fue “Un paso adelante”. Y aquí lo demuestra porque, no imita a Miguel Rellán, pero claramente se ha empapado del personaje, y lo hace muy bien.
Así, la acción nos traslada a unos años antes del primer “Crack” y tenemos la toma de contacto entre Areta y el Moro, que se sumergirán juntos en el primer caso conjunto, el supuesto suicidio de un afamado sastre. La amante de este contrata los servicios de Areta Investigaciones, ya que esta considera que el suicidio no fue tal, sino que fue un asesinato. Así de simple y sencillo, la película se compone de la investigación y los interrogatorios a los que nuestros detectives someterán a los distintos personajes. Estupenda.
En blanco y negro, “El Crack cero” es una película nostálgica para los setentones que añoran los tiempos de la transición y, por ende, las películas de “El Crack”. Y así como el primer “Crack” era más deudor del cine de justicieros de los 70 (con toquecitos noir) esta lo es más del cine negro americano de los años 50 al cual Garci dedica un bonito homenaje. Como fuere, y con tantos años de diferencia y tratándose de una precuela, “El Crack cero” es un agradable colofón, autoral, cinéfilo, garciano, para una de las sagas de cine de género español más cojonudas que ha dado nuestra cinematografía. A ver si la racha en taquilla sigue en sucesivas semanas.
Como curiosidad les dejo aquí con lo que llaman un “deepfake” que rula por Youtube y en el que han sustituido infograficamente a Carlos Santos por un Alfredo Landa notablemente rejuvenecido para la ocasión. Como curiosidad está bien, pero los avances de la tecnología, me producen escalofríos. No quiero ver películas protagonizadas por actores muertos.


sábado, 12 de octubre de 2019

WE ARE MONSTERS

Sonny Laguna y Tommy Wiklund son ya viejos conocidos de este blog. Después de que el primero dirigiera en solitario el "slasher" "Blood Runs Cold", comenzaron a currar juntos con "Wither", descarada imitación -rozando lo legal- de "Posesión Infernal" (y por lo visto les va el tema, porque ya han anunciado un nuevo proyecto titulado "Haunted Evil Dead" con cabañas habitadas por entes malignos. ¡Eh! nada que objetar, ¡les comprendo!). El momento álgido de su carrera compartida fue cuando dieron el salto al mercado norteamericano con la simpática "Puppet Master: The Littlest Reich". Pero antes de eso estuvo esta "We are monsters", otro de sus refritos de subgéneros propios del cine de terror o exploitation. 
Si ves una peli de Laguna + Wiklund en la que una mujer es secuestrada por unos tipos, encerrada en una cabaña y sometida a toda suerte de abusos, incluidos los de índole sexual, ¿qué es lo que puedes esperar? Muy sencillo, su versión/aportación del/al famoso e infame "rape and revenge", películas de violación y venganza a las que pertenecen títulos tan populares como "La última casa a la izquierda" o sobre todo "La violencia del sexo".
Sigamos con el cuestionario. Dejando de lado la "rape", ¿qué es lo que más destaca en esta clase de productos? pues muy sencillo: la "revenge". Sabes que, antes de llegar al the end, la víctima de turno logrará zafarse de sus agresores y acometer la esperada, deliciosa, merecida y necesaria venganza. Y por lo general, esta suele ser casi más regocijantemente brutal y truculenta que la misma violación. Viniendo de estos dos chavales, que ya han demostrado con anterioridad su tendencia a regodearse en el material más gore de sus películas, pues imaginaos el clímax de "We are monsters", una auténtica burrada en la que no faltan genitales castigados.
Por lo demás, pues los actores cumplen bastante bien y el acabado técnico, a nivel general, está decente.
Que la movida dure menos de 80 minutos contribuye a que sea aún más soportable. Y no me estoy refiriendo a las escenas extremas (cualquiera que haya consumido esta clase de cine, las aguantará sin demasiados problemas), sino al aburrimiento, que afortunadamente nunca termina de imponerse del todo.
Bien.

miércoles, 9 de octubre de 2019

LOS FOTOCROMOS (Y EL POSTER) DE "ANGUSTIA" / "ANGOIXA"

Está claro que "Angustia" es una rareza. Lo fue en su día, y lo sigue siendo. Una peli española de terror dirigida por un cineasta no especialmente afín al género -el reputado Bigas Luna- en una época -1987- en la que producir este tipo de material en nuestro país era algo prácticamente marginal (¡y como lo echo de menos!). Fichar actores yankis y rodar en inglés, por aquello de hacerse un hueco en el mercado internacional, no era una táctica nueva (lo mismo intentaron a su manera "Descanse en piezas", "Al filo del hacha" o "Slugs, muerte viscosa"), sin embargo, a diferencia de Juan Piquer o José Ramón Larraz, las aspiraciones de "Angustia" eran más elevadas, ambiciosas e incluso artísticas. En cualquier caso, recuerdo cuando la televisión dedicó unos minutos al rodaje, mostrando el decorado de una calle típicamente norteamericana construido en algún polígono a las afueras de la Ciudad Condal. Se estrenó poco después y fui a verla al "Palacio Balañá" de Barcelona. La sala estaba medio vacía, lo que en cierto momento resultaba ideal para pasar algo de acojone echando la vista atrás (los que hayan visto la peli, me entenderán). Sin embargo, no dejó huella en mí. No volví a verla, ni me la compré en formato doméstico. ¿Por qué?.
Tener acceso a los fotocromos y al póster era la excusa perfecta para revisarla todos estos años después. Y entonces lo entendí. Salvo un arranque bastante sólido, y algunas ideas muy potables (en parte robadas a Buñuel y Dalí, algo muy propio de Bigas Luna), la verdad es que me aburrí un rato. Sí, amigos, "Angustia" (o "Angoixa" para los que son de mi tierra) es un poco coñazo. Más admirable y aplaudible por las intenciones que por los resultados.
Al poco tiempo el cineasta lograría el respeto de la crítica y el apoyo del público, labrándose una carrera repleta de éxitos -ninguno perteneciente al terror- que, poco a poco, iría languideciendo hasta su fallecimiento.
Cuando vi "Angustia" en su día, me medio enamoré de la protagonista adolescente, Talia Paul. El otro día busqué en Imdb y vi que había hecho cuatro cosas. Luego husmeé en redes sociales y la localicé. Por lo visto ha dejado la interpretación y se dedica íntegramente, aunque sin mucho éxito, a la música. Curioso. Aunque más lo es la puta casualidad que hizo un papel enano en "Nacida Salvaje" dirigida por John Gray, responsable a su vez de "Glimmer Man", film cuya reseña he escrito justo antes de ponerme con estas líneas.










lunes, 7 de octubre de 2019

EL NIÑO ES NUESTRO

Tras el éxito que obtuvo “Adiós, cigüeña, adiós”, lo más normal era que se rodara una secuela. Así que retomamos la acción justo dónde acaba la primera película para ver como la pandilla protagonista está sacando adelante al bebé de Paloma y Arturo, encargándose por turnos de su cuidado, e incluso ejerciendo de curas en una improvisada ceremonia de bautizo. Sin embargo, un día el bebé enferma y tienen que llevarle al médico, por lo que no les queda más remedio que confesar que el bebé es fruto de la unión sexual de los dos adolescentes. Ante la ira de los conservadores padres de los muchachos, enviarán al niño a un hospicio y, a la madre, la internarán en un colegio.
No contenta la pandilla con el devenir de los acontecimientos, decidirán, por su cuenta y riesgo, recuperar al bebé por todos los medios.
Al igual que “Adiós, cigüeña, adiós” el final de “El niño es nuestro” no queda del todo cerrado, quizás, con la idea ya preconcebida de continuar haciendo películas con estos personajes. Sin embargo, y aunque la película metió en las salas un millón setecientos mil espectadores, la cosa ya no era como en el primer título, que metió casi cuatro, y ya no se rodó una tercera parte.
El principal problema de “El niño es nuestro” es que es reiterativa con respecto a la anterior y se alarga una situación que ya no da más de sí, por lo que se nos plantean unos hechos durante el primer tercio de la película, para luego alargar el chicle hasta el máximo durante más de la mitad del film. Está entretenida, es divertida —a día de hoy completamente antigua y desfasada— pero es ligeramente inferior a su predecesora.
Por supuesto, el trabajo de los niños actores es el principal soporte de la película, y Currito Summers, sabedor su tío Manolo del gancho que tenía con el público, acapara los mejores momentos, los mejores chistes, e incluso se le hace protagonizar una subtrama en la que el muy granujilla se enamora de una niña dentona y con coletas.
Se deja ver, pero queda claro que es un trabajo que Summers realizó por explotar el filón de su anterior película. La historia que quería contar, ya estaba contada.
Me quedo con sus películas más morbosas y sensacionalistas, como por ejemplo “Charlie and the hooker”, es decir, “El primer pecado”.
Para completistas.

sábado, 5 de octubre de 2019

GLIMMER MAN

Lo divertido de estar consumiendo una película de Steven Seagal por semana, es que notas con mayor claridad los distintos cambios de tono de un film a otro. Y no me refiero al producto en sí, sino más bien al propio Seagal. De tipo duro y frío en "Señalado por la muerte", pasamos al intento de humanizarlo con "Buscando Justicia". Pues bien, algo me dice que la productora haría un estudio de mercado para ver qué opinaba el público sobre él. Recibiría algunas críticas descontentas calificándolo de macarra y bruto, por lo que decidieron "suavizar" su imagen. ¿Y cómo? Pues rebajando el sadismo de la violencia y, sobre todo, recurriendo al humor. Todo apuntaba a que Steven Seagal no sería demasiado convincente en ese terreno, por lo que habría que ponerle a un comediante de comparsa.
Solo son conjeturas mías, pero me encanta pensar que así es como fue. En parte ello explicaría el irritante tonito bufo de "Glimmer Man" y, claro está, la presencia de uno de los hermanos Wayans, en concreto Keenen Ivory (director de las dos pelis que harían de oro a la familia, "Scary Movie 1 y 2"). A lo largo de "Glimmer Man", Seagal, ya del todo metido en su rol místico y budista repartidor de galletas (luce un horrible collar jipi y se pasa el rato con las manos juntas, en plan gurú. ¡Ah! y ya comienza a dejarse ver con unos quilos de más), no solo es blanco de chistes, también los hace sin mucha fortuna (salvo uno, ojo a la escena del taquígrafo). Y por si fuera poco, sonríe más que en ninguna otra de sus aventuras cinematográficas. ¡Ay!.
Pero no termina ahí la cosa. Resulta que, comedia aparte, "Glimmer Man" también se apunta a dos subgéneros. Uno recurrente y consecuente -las "buddy movies", historias de polis/compañeros antagonistas obligados a llevarse bien- y el otro muy de moda gracias al entonces reciente exitazo de "Seven": el psycho-thriller con asesino en serie perpetrador de espectaculares crímenes rituales.
De entrada eso es lo que nos venden. Hay un psicópata en la ciudad que se dedica a machacar parejas católicas, a las que crucifica. Del caso se encarga un policía negro que, a regañadientes, debe compartir labores con ya sabéis quién. Pero no debemos olvidar que esto es una película de Steven Seagal, así que pronto descubrimos que lo del asesino loco solo es una tapadera para confundir a la policía, detrás se oculta lo habitual: Mafia, en este caso de procedencia rusa. Y tiene máximo sentido, porque de otro modo no habría mucha peña a la que ahostiar. ¿Solo un criminal? ¡que aburrido!. Resuelto el problema, ya tenemos la agradecida ración de piños y la inevitable escena de macarrismo desaforado en la que el gordo Seagal parte huesos por doquier.
Acompañan a la pareja de polis una ristra de rostros carismáticos y estupendos en lo suyo como los de Bob Gunton, Brian Cox, Peter Jason y Stephen Tobolowsky.
Dirige el impersonal y televisivo John Gray.
"Glimmer Man" es un poco chorras, sí, pero entretiene lo suficiente. Nada que objetar.

miércoles, 2 de octubre de 2019

LOS FOTOCROMOS DE "ELVIRA, MISTRESS OF THE DARK"

Nunca me ha gustado Elvira. Me cae mal. Ni siquiera sus apretujadas tetas me dicen nada. Y, por supuesto, en su día consumí esta "Elvira, mistress of the dark" que tampoco me dijo nada. Tal vez lo más gracioso sea ver a Daniel Greene rulando por ahí.
No obstante, disponemos de los fotocromos. Y además completos. Así que hacemos de tripas corazón y los subimos al blog. Ni que sea como guiño a José Frade.
Disfruten... si es que tienen tan mal gusto.












lunes, 30 de septiembre de 2019

TONIGHT FOR SURE

Uno de los primeros films de Francis Ford Coppola. Un extraño y curioso nudie etapa pre-Roger Corman que sirvió al afamado director para reciclar algunos de sus trabajos anteriores y, todo mezclado, estrenarlo en el circuito de cine para adultos.
Así, Coppola rueda unas pocas tetas y numeritos de "burlesque", y luego se las apaña para encajar ese material con un cortometraje anterior titulado “The Peeper” que, además, mezclará con parte de una película olvidada que tenía en propiedad titulada “The Wide Open Spaces”. El resultado es este “Tonight for sure”, un corta y pega que ríete tú de Jess Franco o de Tomas Tang, en el que un minero paleto llega a "Sunset Strip" montado en burro y  conoce a un señor de la alta sociedad. Ambos acuden a un club de alterne y al ver a las señoritas bailar y contonearse, darán rienda suelta a sus fantasías eróticas que suceden, entre otros escenarios, en el lejano oeste. Y estas locas situaciones de las que el espectador es testigo, no son más que una excusa para colar unas cuantas escenas eróticas y el material reciclado.
Desde luego, se trata de una mierdecilla a duras penas soportable. Un producto muy de aquella época —los 60— destinado a autocines y salas de baja alcurnia cuya única razón de ser es ganar unos cuantos dólares rápidos.
No hay mucho que destacar, la verdad…
El interés de esta película radica en quién es su director y en lo curioso que resulta ver como previamente a “El Padrino”, Coppola no era más que un artesanal director de géneros y categorías menores. Sin embargo, la película es infinitamente inferior a otras muestras del subgénero como puedan ser, por poner un par de ejemplos de corte popular, “The Adventures of LuckyPierre” de Herschell Gordon Lewis o “La vida sexual de Frankenstein” de Peter Perry Jr. mucho más originales y divertidas (dentro de lo poco divertido que es, por lo general, el nudie). “Tonight for sure” es, amén de una chorrada sin sentido, un rollete bastante exasperante.
También, esta película, supondría una atípica colaboración entre Coppola y algunos de sus compañeros de escuela, por ejemplo, Jack Hill (“Foxy Brown”) hizo las veces de director de fotografía, antes de convertirse en un productor y director de naturaleza eminentemente "exploit2 y, Jerry Schafer, director de “Fist of steel”, se atribuye junto a Coppola un crédito como guionista del engendro.
Por supuesto, de los tres amigos aspirantes a cineastas, al que mejor le ha ido, ha sido a Coppola como pueden deducir.
“Tonight for sure” es lo que es, pero como solo dura una hora, se puede ver sin resoplar mucho siempre y cuando tengamos a mano nuestro teléfono móvil para revisar e-mails o mirar redes sociales. Y es una peli de Coppola… que eso da morbo.

miércoles, 25 de septiembre de 2019

LOS FOTOCROMOS DE "EL FASCISTA, LA BEATA Y SU HIJA DESVIRGADA"

Si quieren saber más de la peli que hoy ilustra nuestros fotocromos, les dejo aquí mismo el enlace a la reseña que tan sabiamente escribió Don Víctor en su momento.









lunes, 23 de septiembre de 2019

DRÁCULA BARCELONA

Curioso documental de Carles Prats que reutiliza material ya filmado con anterioridad —material descartado de otro documental suyo, “Llámale Jess”— y material filmado ex profeso, para construir un raro documento en el que se nos contarán los tejemanejes y los pormenores de dos producciones que se filmaron en el mismo set y al mismo tiempo; “El Conde Drácula” de Jess Franco y “Vampyr Cuadecuc” de Pere Portabella. La primera, una adaptación más de la novela de Bram Stoker barata y descuidada y, la segunda, un film vanguardista que retrataba los entresijos de la primera, un producto totalmente artístico, curioso y atípico.
De la manera más formal posible, que es a base de entrevistas a propios y ajenos, Carles Prats nos muestra las interioridades de esas dos películas al igual que desglosa los puntos de conexión entre dos realizadores tan opuestos como Franco y Portabella, que además eran buenos amigos. Miembros del equipo de filmación de ambas películas, así como estudiosos del cine con veneración hacia ambos directores, dan sus impresiones, cuentan sus anécdotas y, en definitiva, nos explican como se realizaron esas dos películas. Así, tenemos declaraciones de, por ejemplo, Jack Taylor, Jordi Costa, Caglos Aguilag, Teresa Gimpera, Álex Zinéfilo, Esteve Rimbau o Jeannine Mestre, pero, lo verdaderamente bueno es que también podemos escuchar las versiones que dan sobre el asunto los propios Christopher Lee y Jess Franco, aunque ya no se encuentren entre nosotros, y Pere Portabella.
El resultado es una película amena, agradable y, sobre todo, interesante, que por otro lado, puede carecer de todo esto si el que se enfrente a “Drácula Barcelona”, se la traen floja los desvaríos pop de Franco o los experimentales de Portabella. Da la casualidad que por la parte que me toca, me interesan ambos.
Por otro lado, ya que Jess Franco ha muerto, algunos de los entrevistados no dudan en desmitificar  al director, no solo hablando “mal” de él, sino asegurando que nadie que le conociera personalmente, podría hablar bien de él.
Por lo demás, absolutamente funcional. Para completistas.

sábado, 21 de septiembre de 2019

BUSCANDO JUSTICIA

La primera vez que tuve conocimiento de "Buscando Justicia" fue en la contraportada de un tebeo de importación. Nada más ver el chanante cartel, y la memorable frase ("Es policía. Es un trabajo sucio... Pero alguien tiene que sacar la basura"), me cagué patas abajo. El día que se estrenó corrí a deglutirla. Aún saboreaba los placeres que me otorgara en su momento "Señalado por la muerte". Sin embargo, esta vez no coló. De hecho, "Buscando Justicia" me aburrió muchísimo. ¿Por qué?, ¿cómo era posible?.
Ahora que la he revisado más canoso y experimentado, lo he entendido a la perfección: Steven Seagal se encontraba en la cresta de la ola, podía exigir. Imagino que a esas alturas querría que, de una vez por todas, se le reconociera como algo más que una máquina de repartir yoyas. Así que, aprovechando su poder, enfocó la nueva aventura cinematográfica como escaparate para mostrar sus "dotes interpretativas". De esta guisa, entre las contundentes y notables escenas de acción, hostias y tiroteos -cojonudas todas-, tenemos a un Seagal soltando soporíferos e incluso patéticos soliloquios pseudo sentimentales que no solo no aportan nada a la historia, es que de hecho se cargan la puñetera película.
De lo que Seagal no se preocupó tanto fue de buscarse una trama un poco menos trillada. Aquí, por enésima vez, el muchacho se venga. La nota "de color" la pone que esté ambientada en Brooklyn y que todo gire en torno a viejos camaradas que la vida ha llevado por caminos distintos: Unos son polis, los otros mafiosos. Mucho rollo italianini a lo Scorsese y muchos besos en las mejillas, pero de nada sirve cuando lo que cuentas es estructuralmente tan monótono y sin interés: Seagal va de aquí para allá buscando al malo porque se lo quiere cargar. Pregunta a uno, pregunta al otro, y va tirando. Sin más. William Forshyte da vida al personaje en cuestión y logra resultar genuinamente odioso (sus escenas fueron reducidas cuando Seagal se percató de que podía hacerle sombra, así andaba el hombre con su ego y sus ganas de figurar). John Flynn, que años antes había "Encerrado" a Sylvester Stallone, se encarga de la dirección.
Destacan por méritos propios la escena del billar, probablemente el momento más exageradamente macarra de toda la carrera de Steven Seagal, y la mini subtrama del perrito.
Algo no debió de ir muy bien con "Buscando Justicia", porque el actor decidió retomar el rollo "hostias a tutiplen y pocas palabras" en sus siguientes pelis. Gracias a dios. Eso sí, el ego le siguió creciendo cual polla adolescente, no olvidemos su posterior -y comprensiblemente única- incursión en la dirección con "En tierra peligrosa", un producto que contaba con medios (y Michael Caine) y acabó convertido en un tochete mediocre y aburrido rebañado en panfeltismo ecológico y misticismo de chichinabo.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

LOS FOTOCROMOS DE "A PUÑO LIMPIO"












lunes, 16 de septiembre de 2019

ADIOS, EMMANUELLE

Si hay que oficializar hasta lo purista la saga de “Emmanuelle”, esta “Adiós Emmanuelle” sería la ultima película oficial de lo que podríamos considerar una trilogía  con Sylvia Kristel a la cabeza (a partir de la cuarta película, “Emmanuel IV”, la Kristel aparece de manera testimonial, en pequeños cameos, nunca más como protagonista).
Para ese año de producción 1977, el personaje de Emmanuelle ya era un fenómeno del erotismo que encontró en las pequeñas salas de barrio de medio mundo y en el subproducto (las “Emanuelles negras” y derivados) su campo de acción, por lo que ante el erotismo rancio, violento y a la italiana de los apócrifos italoparlantes, la saga original no era más que un producto de escaso interés para el pajillero. Ante los objetivos aceitosos de esos productos, la sofisticación —y la superioridad moral— swinger del personaje creado teóricamente por Emmaniuelle Arsan, no era más que morralla soft para ancianos aburguesados que continuaban masturbándose ante la visión de una ya ajada y contrahecha Sylvia Kristel.
Pero al margen de su público natural, lo verdadero es que, no me tiembla la voz al aseverar que, probablemente, “Adiós Emmanuelle” se encuentre entre las dos o tres peores películas de la saga, incluidas las apócrifas. Está a la altura, incluso, de la de Jess Franco. Nada. Ni puta gracia. Celuloide desechable.
Y es que en esta ocasión, lo que cambia es el escenario dónde Emmanuelle se pasa por la piedra todo lo que se mueve; nos plantamos en las islas Seychelle y, venga, a follisquear.  Sin embargo, esas islas Seychelle salen muy mal paradas en la película, porque salvo por algunos planos de recurso exteriores, la integridad de la película sucede en interiores. Con lo cual tenemos un folletín tremendamente aburrido donde las parejas hablan y hablan y, de vez en cuando, echan algún polvete muy soft y recortado —dicen que existe una versión X de la cinta cuyos derechos pertenecieron al mítico exploiter Jerry Gross, quien en su momento exhibiera cintas tan célebres como “Me bebo tu sangre/ Perros rabiosos” o llevara el Mondo a salas americanas—. Un pestiño de los de padre y muy señor mío.
En esta ocasión, Emmanuelle, casada, suponemos, que por enésima vez, hace uso de su sexualidad acompañada por su marido en las Islas Seychelle. Económicamente bien posicionados, no dudan en montárselo con el servicio, o con otros matrimonios afines mientras se les llena la boca con discursos trasnochados (a día de hoy) sobre la libertad sexual. Lo malo es que un director de cine acude a la zona en busca de localizaciones para su próxima película, una película de folleteo y de temática, como no, swinger, del que Emmanuelle acabará encaprichándose y al que, lógicamente, se tirará sin atisbo de culpa. Por supuesto, el lío se montará cuando el marido, al cual se le ha llenado la boca con lo de la libertad cuando se ha puesto las botas con su mujer y la criada negra, le entran unos celos terribles al ver que el del cine se la trajina mejor que él,  por lo que Emmanuelle, querrá poner pies en polvorosa.
“Adiós Emmanuelle” debía ser rancia incluso para los estándares de 1977.
Nada, una película muerta cuya única razón de ser consiste en ser parte de una saga mítica. Más allá de eso, es una película muerta. Fílmica y eróticamente.
Dirige la película, poniendo, eso sí, mucho empeño en la fotografía que es muy bonita, el franchute Françoise Leterrier, conocido por ser el protagonista del clásico de Robert Bresson “Un condenado a muerte se ha escapado” y que posteriormente se granjeó una carrera como director en la que su película más popular, sin duda, es la que nos ocupa.
Como anécdota contar que en año 1980, dos individuos desaliñados con unos pocos dólares en el bolsillo, se paseaban por el mercado de films del festival de Cannes de 1980 buscando alguna película que distribuir en los Estados Unidos. Compraron “Adiós Emmanuelle” pasa su exhibición en las américas y la estrenaron en circuitos reducidos, pero supieron sacarle beneficio a la película con las ventas a las televisiones, que la programaban en pases de madrugada. Estos individuos eran Bob y Harvey Weinstein y su compañía, se llamaba Miramax. Ergo, la primera película que distribuiría la Miramax en su tortuosa existencia, fue esta “Adiós Emmanuelle” que, por supuesto, les reportaría unos buenos cuartos.

sábado, 14 de septiembre de 2019

SEÑALADO POR LA MUERTE

Steven Seagal lleva 30 largos años interpretando al mismo personaje, algo que resulta incluso fascinante. Salvo casos muy muy concretos, y atípicos, siempre ha hecho de duro poli, agente, militar, guerrillero, loquesea y sin moverse del cine de acción/thriller. Creo que es un caso único en la historia del séptimo arte. Claro que hace ya tiempo que la filmografía del pétreo actor anda estancada de mierda en mierda. Mucha. Ahora se anuncia una absurda y tardía secuela de su film de debut, "Por encima de la ley", pero ya veremos si fructifica. De momento centrémonos en los años durante los que Seagal se encontraba en pleno despegue, ganándose a pulso un puesto de honor entre los "action heroes" de toda la vida. "Por encima de la ley" y "Difícil de matar" no acababan de convencer. Faltaba LA PELÍCULA de Steven Seagal, y a mi juicio llegó con "Señalado por la muerte".
Narrativamente no cuenta nada que no hayamos visto mil veces. Incluso en la época de su estreno: Un agente de la D.E.A, harto de ver que su lucha contra el crimen no sirve para nada, se retira. Vuelve a la tierra natal y se instala con su querida familia. Pero ¡ah amigo!, resulta que la zona está dominada por un clan de rastafaris malvados que osan vender drogas a los buenos chicos blancos norteamericanos de barrio residencial. Encima, su jefe es un psicópata de ojos verdes obsesionado con el vudú y la magia negra. No hace falta decir que, aunque a regañadientes, Seagal terminará enfrentado con todos ellos. Su familia sufrirá, lo que la liará más parda y será motivo suficiente para que nuestro héroe duro, y chulesco hasta lo desagradable, no deje ni una sola rasta derecha.
En su época fui a ver "Señalado por la muerte" entusiasmado. Era fan de Steven Seagal. Y me flipó. Me encantó. Básicamente por ser su película más truculenta -con fugaces pero contundentes destellos gore- y lidiar tímidamente con el terror, lo que le daba un rollo un poco distinto.
Steven Seagal es el único "action heroe" que logra hacerme empatizar con los villanos, porque las hostias que les mete DUELEN. Pero de verdad. Hacen auténtico daño. Son retorcidas y sádicas. Todavía me da escalofríos ese plano dedicado a demostrar, con todo detalle, cómo Seagal le rompe el brazo a uno de los rastafaris. Ay!. ¿Y qué me dicen de la manera en la que despacha al jefe de los malos? Creo que ningún pillastre del cine ha sufrido una muerte más burra, cito (spoilers!): Seagal usa sus pulgares para hundirle los ojos en primerísimo primer plano (agh!), luego lo levanta por el aire y lo lanza contra su rodilla, partiéndole la espina dorsal (uff!). Una vez el pobre individuo se ha convertido en un muñequito inerte, lo lanza por el hueco del ascensor para terminar ensartado en un puntiagudo hierro (toma!). ¿Quién da más?.
El reparto de "Señalado por la muerte" va cargadito de rostros reconocibles, Keith David, Joanna Pacula, la "scream queen" Danielle Harris, Kevin Dunn, Peter Jason, el inevitable Danny Trejo, la actriz porno Teri Weigel (que sale en pelotas, claro. Interpreta a la concubina de un mafioso, exactamente el mismo papel que hizo en "Depredador 2") y el entrañable casi figurante de color Jeffrey Anderson-Gunter. Los guionistas son los mismos de "Poltergeist". El director es un personaje no exento de interés, Dwight H. Little, que comenzó en los ochenta dirigiendo subproductos de acción y aventuras para pasar luego al terror con  "Halloween 4: El regreso de Michael Myers" (donde conoció a Danielle Harris) o el "Fantasma de la ópera" con Robert Englund. Luego de "Señalado por la muerte" dirigió a Brandon Lee en "Rapid Fire". Le siguieron "Liberad a Willy 2" y "Murder at 1600 (Asesinato en la Casa Blanca)", un vehículo de lucimiento para Wesley Snipes que fracasó, lo que acabó condenando a Dwight H. Little a currar en televisión.
"Señalado por la muerte" es de 1990, pero podemos decir que, a su manera, todavía conserva parte del espíritu del buen cine de acción de la década previa, aquel que ya no se hace, lo que contribuye a que, sin ser un peliculón en lo suyo, entretenga un buen rato.

viernes, 13 de septiembre de 2019

TAMAÑO NATURAL

“Tamaño natural” es la película que salvó a Luis García Berlanga del ostracismo tras el descalabro artístico y económico de sus dos anteriores películas, “La Boutique” y “¡Vivan los novios!”. Llevaba cuatro años sin rodar, y se presentó el productor Christian Ferry dándole la oportunidad de hacer una película para explotar en el mercado internacional y, en concreto, en el mercado europeo, por lo que proporcionó a Berlanga, que estaba acostumbrado a trabajar en condiciones más precarias, todo un despliegue de medios para que rodase una película que, en su condición de película francesa,  tuviera la mayor libertad posible. Así, y con la ayuda del imprescindible Rafael Azcona al guion, Berlanga concibe la que por un lado es su película más extraña, fascinante, siniestra e inquietante, y por otro, la menos berlanguiana. Incluso, y quizás solo sea por el europeismo que destila toda ella, diría que parece una película de Marco Ferreri. Digamos que se salta la estructura habitual de planos secuencia y muchos actores en cuadro hablando a la vez hasta la recta final de la película y, paradójicamente, esta funciona a las mil perfecciones como el drama bizarro y loco que es, justo hasta que llegan las pinceladas cómico-esperpénticas a la Berlanga en su último tramo. Vamos que es mejor cuanto menos berlangiana es. Con todo, se trata de una película rara, misteriosa y desperada, que califico como una de las mejores de su filmografía —el propio Berlanga así lo creía también— incluso por encima de alguno de sus clásicos incontestables.
Cuenta la historia de un dentista de destacada posición social que hastiado de una vida sexual junto a su mujer, que incluso le consiente que tenga ciertas aventurillas, se compra una muñeca hinchable. Con el uso de esta y, al comprobar que no habla, no se queja y no molesta, acaba enamorándose de ella. No solo este queda encoñado de la muñecaja, sino que su familia acaba aceptando a la muñeca como a su novia. Pero, a posteriori, del uso, acaba cogiendo manía a esta, lo que acarreará funestas consecuencias para ella.
Rara y surrealista, tiene la capacidad de incomodar al espectador, de producirle desasosiego y al mismo tiempo fascinarle ya que, no solo nunca llegamos a aprobar esa relación, sino que la condenamos y se nos antoja antipática, el dentista nos resulta aún más antipático y casi sentimos lástima de la esposa de este, pero queremos seguir sabiendo que pasa con la muñeca y deseando que continúe la irracionalidad del dentista; se casa con ella, pero al igual que algunas de sus amistades, queremos verles tener hijos, y en última instancia, porque, como el personaje, el espectador también coge manía a la muñeca, queremos que por fin la mate y se deshaga de ella.
En definitiva, una extraña película de lo más interesante.
En el momento de su estreno la película pasó sin pena ni gloria en España, y quizás para estar Franco aún vivo, no se trataba de una película muy oportuna. En Europa si funcionó bien. Aquí, 452.000 espectadores la situaban en la taquilla como una película del montón. Se quejaba Berlanga en sus memorias contadas a Jess Franco, que pudiera ser que la película no funcionara todo lo bien que debía, a nivel crítico,  porque a Luis Buñuel le pareció una porquería. La tachó de pornográfica y, en consecuencia, con la opinión de Buñuel muy presente, los estudiantes de cine y los críticos la hicieron de menos. Berlanga se preguntaba que como podía ser posible que Buñuel viera la película de aquella manera, cuando probablemente era la película más buñuelesca que Berlanga había hecho. Y yo digo que quizás por eso mismo le cogió manía.
Después de “Tamaño Natural”, Berlanga retomaría su estructura habitual en “La Escopeta Nacional”, y la elevaría a otra categoría dejando bien marcado, en lo sucesivo, el estilo Berlanga. Pero para mí, esta “rara avis”, es lo mejor de su estupenda filmografía.
En el reparto, enorme, Michel Piccolí, —quizás sea su presencia la que hace parecer a esta película como si fuera una de Ferreri—, Valentine Tessier, Queta Claver, Manuel Alexandre, Julieta Serrano, Luis Ciges, Amparo Soler Leal (luciendo unas estupendas tetas, quien lo diría, de una mujer de su edad…) Rada Rasimov…

miércoles, 11 de septiembre de 2019

MIS FOTOGRUMOS FAVORITOS 2 - "CREEPSHOW" (o "CREPSHWOW")

Ya saben que amo, adoro y venero a "Creepshow", el clásico de George A. Romero a puntito de renacer de la mano de una nueva serie comandada por Greg Nicotero y que, aunque dudo que esté a la altura, por lo menos parece que le han puesto mucho cariño. Y eso ya es algo.
He hablado de "Creepshow" mil veces, he mostrado mi colección de cosas, los fotocromos... En fin. Todo. Así pues, hoy, en este viaje retro hasta los tiempos en los que "Fotogramas" era una revista que molaba, y cuya cantidad de publicidad estaba dentro de lo razonable (lo mismo que el lameculismo hacia mucho del producto nasioná), recuperamos un pequeño y completito artículo firmado por el ilustrado especialista Javier Coma (incluido error ortográfico en el título del film, que pasa a ser ¡¡¡¡"Crepshwow"!!!!), y un par de anuncios del lanzamiento en vídeo de tan insigne película.
Desconozco si para entonces ya la había visto, o estaba apuntísimo de hacerlo (en esa misma edición de Polygram que aún conservo y que mis amados y generosos padres me regalaron por Navidad), pero no cabe duda de que material como este me hacía vibrar. Aprovecho para reivindicar el poco difundido dibujo que ilustraba las imágenes dos y tres, incluso a pesar de la torpeza con la que se había diseñado el título. Me encantaba de crío y me sigue encantando ahora. De hecho, acabó formando parte de la decoración de mis carpetas escolares.
Disfruten.




lunes, 9 de septiembre de 2019

CRUMB

Ya había visto tiempo atrás este documental que quizás me dejó frío en su momento, pero que llega en plena vorágine crumbiana para mí. Porque a Robert Crumb, cualquiera que  ha leído un tebeo en su vida, le conoce de sobras, sabe que es uno de los padres del cómic underground y, probablemente, el historietista más importante de la historia del tebeo. ¿Pero le había leído? De manera superficial si acaso, por encima, y sin prestarle demasiada atención. Digamos que soy un absoluto neófito en Robert Crumb. Pero estos días en los que, para ir variando, combino mis tiempos de lectura entre libros y tebeos y, al ser testigo de la más absoluta veneración que tienen mis amistades del mundo del cómic hacia el amigo Crumb, decido que es un buen momento para comenzar a leerlo y me empapo (e inicio) con el recientemente editado “Sexo Majara”, algunos tomos de “Mr Natural” y el aclamado “Mis problemas con las mujeres” dentro de esa colección de obras completas que entre los 80 y 90 se editó en España. Y digamos que, a título personal, lo encuentro un autor un tanto irregular. Pero siempre dentro de que está claro que es el mejor de su calaña, no me malinterpreten. A lo que voy es que lo que hace bueno, es una jodida obra maestra (sin ir más lejos, el mentado “Mis problemas con las mujeres” o todas esas historietas en torno al blues y el jazz de los años 30 y 40), pero lo que hace menos bueno, me deja frío (gran parte de los de “Mr Natural”) o incluso muy frío. Pero lo bueno es tan, tan, tan bueno, que hace que lo que no lo es tanto no sean más que minucias. Si hacemos, según mi criterio, una media de lo que he podido leer de Crumb, mi sentencia es que es lo mejor de lo mejor.
Dicho esto también añadiré, que me crispa enormemente que Crumb en sí mismo, es un producto concebido para un tipo de lector concreto, que es el típico hombre tímido y retraído, que no encaja en la sociedad y para el que el sexo es un misterio. Incluso, en el documental del que ahora les hablaré, “Crumb”, el propio Robert cuenta que es consciente del tipo de lectores que tiene; estos de los que les hablo. Y entonces leen a Crumb única y exclusivamente porque se sienten identificados con el autor. Y es que Crumb era eso, un virgen retraído y marginal que sublimaba sus carencias de todo tipo con el cómic… pero su lector, el que se siente identificado con él, no cae en la cuenta de que fue así hasta que se hizo famoso, rompió a follar y nos los contó a través de las viñetas. Entonces cambió todo para él y, por eso, sus lectores retraidos pueden leerle, pero él ya no es como ellos. Si no hubiera espabilado en la era hippie y no se hubiera hecho famoso, probablemente esta gente no tendría un líder espiritual con el que sentirse identificados. Entonces, a Robert Crumb, el follar le genera una creatividad absoluta, versátil, ingeniosa y genuina y, asimismo, es follar lo que le hace desarrollar esa misoginia que tanto les gusta a sus lectores tipo y que a mí, por supuesto, me maravilla. Y es ese cambio de vida  sexual el que convierte a Robert Crumb en la leyenda que es hoy. No quiero decir que lo anterior no fuera bueno, pero es mejor lo que hizo a partir de meter la picha en adobo.
Me crispa también ese otro lector de Crumb, el esnob de turno que lee a Crumb porque es lo que toca, que quizás no le comprende y justifica de alguna manera sus arrebatos misóginos y hasta racistas, cuando en realidad no hay nada que justificar. El propio Robert Crumb en ningún momento ha tratado de justificarse por lo que hace. Entonces, me crispa sobre manera ese tipo de lector que visita las galerías de arte y cuando hay que leer algún cómic lee a Crumb porque es lo artística y socialmente —en sus círculos— aceptable.
En definitiva, me crispan los lectores medios de Robert Crumb, a los que seguramente les crisparé yo, que le he descubierto, como quién dice, en pleno 2019.
Y metido de lleno en sus lecturas, fascinado y entusiasmado con este descubrimiento, decido revisar el documental “Crumb” de otro viejo conocido del underground  como  es Terry Zwigoff, amigo personal de Robert Crumb y del que, dicen, que consiguió que este aceptara hacer esta película porque estuvo amenazándole constantemente con volarse la tapa de los sesos en su presencia si no aceptaba ser filmado.
“Crumb” es, asimismo, más que un documental, una película fascinante que para ser disfrutada en su esplendor, es necesario conocer un poco el trabajo del personaje al cual retrata. Cuando la vi por primera vez años atrás, quizás su sordidez me llamaba la atención, pero no era consciente de lo que Zwigoff nos estaba ofreciendo. “Crumb” es un retrato absolutamente desgarrador sobre una familia disfuncional cuyas consecuencias no son otras que las enfermedades mentales. Y como tal, nos muestra también parte del trabajo y trayectoria del miembro de esa familia menos enfermo —es decir, Robert Crumb— al que salvó del ostracismo social su talento y la fama. Entonces los que esperaran un documental al uso, lo llevan claro.
Así, un equipo de filmación capitaneado por Zwigoff sigue a nuestro protagonista entre viñetas, explicaciones de historietas controvertidas, la asistencia de Robert Crumb a sesiones de fotos o exposiciones de su obra, se explica su relación con la también historietista Aline Kominsky, pero lo que en realidad se nos cuenta es la historia de un padre de familia totalitarista y maltratador, cuyos abusos propiciaron que sus tres talentosos hijos (las dos hermanas de Crumb no quisieron aparecer en la película) acabaran, literalmente, chalados. Ver sudando como un pollo a Charles, el hermano mayor de Robert, viviendo en casa con su madre entre libros antiguos que relee compulsivamente  y luchando contra sus tendencias suicidas a base de medicación, es acongojante. También lo es ver el estado en el que se encuentra el hermano menor, Maxon, que se dedica a molestar a las mujeres en la vía pública y  sentarse en una cama de pinchos a cambio de limosna. Y le echan los dos un sentido del humor a tan deplorable estado de salud que deja al espectador anonadado. Perplejos nos quedamos, también, al ver algunas de las obras de estos dos señores, y comprobamos que de casta le viene al galgo y le da a uno por pensar que hubiera sido  de estos señores de no haber sido alcanzados por la enfermedad. Como fuere, ya sean las pinturas de Maxon o esos cómics que hacía Charles Crumb, cuya enfermedad los fue tornando a una cosa extrañísima llena de rayas  (tebeos estos que al final derivarían al exceso de texto y de ahí, a la hipergrafía), son obras estupendas y llenas de talento. Por supuesto, Charles se suicidó a poco de rodar sus escenas, en 1992, y Maxon, sigue estando como unas maracas.
Por otro lado, Zwigoff nos ofrece una forma de filmar cruda y feista con la que se limita a seguir por aquí y por allá a nuestro amigo Crumb, sin florituras y con la garantía que ofrece el ser un amigo íntimo quién realiza este retrato, y ante un par de declaraciones de los críticos de turno, las feministas de rigor y un par de formalismos mínimos y acertados que inserta en el metraje, el mérito de la cinta consiste en una buena manipulación del material filmado y  una buena selección de lo que se incluye en el corte final. Así, este trabajo magistral, le valió a Zwigoff todo tipo de reconocimientos —son varios los críticos que citan “Crumb” como una de las mejores películas de la historia—, premios, proyecciones… aunque por motivos que a todo el mundo se le escapan, no consiguió tan siquiera ser seleccionada en los Oscars de Hollywood en la categoría documental. Y es que ni le hace falta, ni deja de ser un producto marginal que no entra dentro de los parámetros de lo que Hollywood quiere (de hecho, los académicos que la visionaron dejaron de ver la cinta a los 20 minutos del inicio).
Y yo quiero darle un especial valor a esta película porque creo que con un personaje interesante al que filmar, las cosas salen solas y, Robert Crumb, es una perita en dulce; Sin embargo, por un lado creo que Crumb no es precisamente fácil y, por otro, considero que Crumb es un artista único e irrepetible, lleno de manías, neuras y toda clase de delirios provenientes del ego propio, pero aquí, lo que verdaderamente pasa, es que Robert Crumb es lo de menos; lo verdaderamente genial es la película de Terry Zwigoff. Crumb solamente facilita la labor a un cineasta tan genial como distinto, no es más que un vehículo.
Por supuesto, la carrera posterior de Zwigoff, fue para abajo y tras un par de adaptaciones de cómics como “Ghost World” o “El arte de estrangular” o esa gran comedia que era “Bad Santa”, la verdad es que no ha hecho nada más después. Por lo que fue un aspirante a director interesante cuya carrera fue efímera. Pero solo por poder ver “Crumb”, ya merece la pena que este hombre se metiera a cineasta. Incluso ha propiciado que quiera seguir leyendo a Crumb. Y eso que el retrato que presenta, no es el de una persona que caiga especialmente bien. Es más, yo le daría dos hostias.