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sábado, 24 de enero de 2009

LOS DEPREDADORES DE LA NOCHE

Un día me dio la neura de revisar cuantas eran las películas de Jesús Franco que había tenido la suerte o desgracia de consumir -creedme, son muchas-. La dificultad no consistía únicamente en rememorar todos los títulos, sino en sacar la conclusión de "¿Cual de todas me gusta más?". Tras debatirlo durante días y horas, sentado en la taza del váter y de pie, lo tuve claro: "Los depredadores de la noche". Escribir una reseña para este blog era el lógico paso siguiente.
¿Por qué "Los depredadores..." es una de las mejores pelis de Jesús Franco?. Fácil, porque es un mero encargo de los franchutes que nuestro cineasta se limita a realizar del modo más profesional posible. Salvo la obvia referencia al universo del "Dr.Orloff" (encarnado por el habitual Howard Vernon quien, por cierto, sale acompañado por Lina Romay en un papel minúsculo), un personaje muy apegado a la filmo del director de "Bloody Moon / Colegialas Violadas" (otra de sus obras más tragables), el resto no tiene nada de su cine... no hay zooms a mansalva (aunque los hay), no abundan los absurdos delirios surreales y en general, la estética es muy comedida, intentando acercarse al máximo al "look" del cine americano. Naturalmente no lo consigue, dando como resultado una cosa muy fría y acartonada, pero el esfuerzo bien merece un visionado.
Helmut Berger (super soso... cosa que beneficia a su personaje) es el doctor "Flamand", director de un respetado hospital dedicado a rejuvenecer a viejas ricachonas. Una de estas, descontenta, le ataca lanzándole ácido a la cara. El doc logra esquivar el líquido, que acaba estampado en la faz de su querida hermanita, con los desfigurantes resultados esperables. A partir de aquí empieza la obsesión de "Flamand" por encontrar una mujer atractiva a la que extraerle la piel del rostro y pegársela a su igual. Cosa que hará con ayuda de su enfermera (la más que sexy, y actriz porno según el día, Brigitte Lahaie) y un médico ex-nazi. Una de las secuestradas será una modelo farlopera (Caroline Munro), cuya desaparición alertará a su señor padre (Telly Savalas, cuya actuación se limita a cuatro paredes y poner caras de póker), quien recurrirá a las artes de un duro detective (Chris Mitchum) para que la localice.
Berger, Vernon, Lahaie, Munro, Savalas, Mitchum... sí, ustedes lo han dicho, el reparto es de lo más interesante y exótico. Muy "euro-trash". Por lo demás, "Los depredadores de la noche" se erige como un film razonablemente entretenido, con bastante ritmo, y que no decepciona en cuanto a erotismo y, sobre todo, gore, muy gráfico y generalmente facturado por un matón de inquietante aspecto a las órdenes del Doctor "Flamand".
En Francia se dio mucho bombo a esta peli, sobre todo en la prensa especializada, y es que el verdadero astro de la misma es su productor, René Chateau, también guionista bajo el alias de "Fred Castle". Un tipo que se dedicaba a la distribución y un buen día decidió tirar la casa por la ventana produciendo este film. El que no repitiera la experiencia probablemente se deba a que la cosa no acabó de funcionar.
Al final, lo más odioso son las horterísimas canciones pop que suenan... en especial la de los créditos iniciales, que además de horripilante, se repite al menos como 4 o 5 veces a lo largo del metraje. ¡Cristo!, ni "Hostel" oiga.

jueves, 2 de julio de 2009

NO ABRIR HASTA NAVIDAD

El verdadero -o único- interés de "No abrir hasta Navidad" reside en sus dos productores, Stephen Minasian y Rick Randall (también actor ocasional). Ambos, mano con mano, son los responsables de tres slashers muy míticos de los 80, aunque en la categoría de "tan malos que son buenos". Y encima uno de ellos es todo un clásico del "trash". Os hablo de "Mil gritos tiene la noche" (con Randall también colaborando en el guión), este que reseño ahora y la temible "El día de los inocentes" (no confundir con la otra, la de Fred Walton recientemente remakeada). Todas ellas tienen en común el fin de satisfacer nuestros más bajos instintos, es decir, tetas y sangre... eso si, hecho con bastante mala folla. Encima, Minasian estuvo ligado, muuuuy de aquella manera, al primer "Viernes 13", lo que es explotado de sobremanera ultra-gratuita en los posters de "El día de los inocentes" y, justamente, este "No abrir hasta Navidad".
Londres anda acojonada. Un tipo se dedica a asesinar a todo aquel pobre pringao que decida alegrarse el día disfrazándose de Papa Noel. Los crímenes varían, algunos son tirando a gore (lanza atravesando cabeza, castración ridícula...) y otros de lo más anodino (disparos o simples puñaladas estomacales). Edmund Purdom, actor que curró en algunos productos de cierta categoría en sus años mozos pero acabaría en cosas del calibre de "Ator, el poderoso" o "2019, tras la caída de Nueva York", interpreta al policía que investiga el caso... y además, es el inesperado director del cotarro. Purdom fue el decano de la universidad en "Mil gritos tiene la noche" y supongo que se llevaría bien con el tandem de productores, de ahí que le dieran las riendas de este film. También aparece, en un breve cameo, Caroline Munro, quien repetiría con Minasian/Randall en "El día de los inocentes". Una gran familia feliz.
"No abrir hasta Navidad" está repleta de momentos descojonablemente ridículos e inverosímiles, algunos de ellos con el único fin de dar la carnaza esperada al paciente espectador. Destaca la escena en la que un tipo, apesadumbrado, confiesa a una chica que él no es el auténtico Papa Noel, y lo hace sufriente, como si el tipo del "oh, oh, oh" existiera de verdad. Pero quitando esos instantes para la risotada (y la secuencia rodada en el espeluznante museo de los horrores "The London Dungeon") la verdad es que la peli es notablemente coñazo.
Atención al desenlace, chorramente impactante.

martes, 28 de diciembre de 2010

EL DÍA DE LOS INOCENTES

Se tiende a confundir esta película con otra de idéntico título adscrita, también, al slasher y dirigida por Fred "Llama un extraño" Walton (víctima a si mismo de un horripilante remake), sin embargo, son bastante distintas, siendo la que nos ocupa la que merece aquellos adjetivos que tanto valora el acólito del género, a saber: gore, exceso, cutrismo y diversión.
Muchas veces me he preguntado cómo era posible que una peli tan jodidamente mala necesitara nada menos que tres directores y, de paso, qué coño pintan varios posters de películas de Juan Piquer Simón en el despacho de un personaje que se supone es productor de cine. Mientras a la primera cuestión nunca le he encontrado respuesta (ni lo haré jamás), el caso de la segunda es bien distinto. Resulta que el productor de "El día de los inocentes", Steve Minasian (junto a su socio Dick Randall), es el mismo que se encargó de perpetrar "Mil gritos tiene la noche", pieza clave del cine de Piquer Simón (y de "No abrir hasta Navidad", por cierto).
Pero todo eso da igual, en "El día de los inocentes" una vez más se suple la falta de ideas y talento con dos valores seguros, sangre (atención a la cerveza explosiva) y unos cuantos senos bailarines. ¿Que de qué va esta peli?, ¡¡¿es una broma?!!, ¿has visto "El tren del terror"?, pues lo mismo. Un pajillero anormal e inadaptado francamente odioso ("A este le haría putadas hasta yo" llegas a pensar) es blanco de una broma que termina en accidente de la que son culpables la panda "guay" del insti, todos ellos con pinta de haber hecho la mili hace tiempo y superado la menopausia (en especial Caroline Munro, "scream queen" en horas bajas). Obviamente el chaval se pondrá una careta y se tomará la revancha a lo bruto y sin escatimar en mala leche, siempre al son de la partitura compuesta por Harry Manfredini, sí, el mismo de la música de los primeros "Viernes 13".
Lo dicho, diversión asegurada... aunque no precisamente gracias a los estúpidos e innecesarios momentos de comicidad voluntaria (o voluntariosa). El cartel mola mazo.

martes, 19 de enero de 2010

EL AULLIDO DEL DIABLO

Una absoluta marcianada con la que se pretendía sacar a Paul Naschy del olvido en el que estuvo sumergido a finales de los 80. Un producto que le devolvería el prestigio ganado con los años y le pondría de nuevo en primera línea. Ahora, yo me pregunto: ¿Desde cuando una jodida "serie Z" de lo más chabacana sirve para eso? Es lógico que la película fracasara. Estamos en 1988, con títulos como "Noche de miedo", "Robocop" y tantas otras petándolo. La platea ha perdido la ingenuidad y la manera de consumir producto "fantástico" hace ya tiempo que ha cambiado. Lo que ofrecía Naschy con "El aullido del diablo" era de todo menos atractivo. No en vano, es la película menos taquillera del cine español, que recaudó la friolera de 2.324 pesetas (el equivalente a 13 euros), datos estos no contrastados pero creíbles (más considerando que una de las muchas películas que he visto completamente solo en una sala de cine fue "Rojo Sangre", también con Paul Naschy, esta vez en los tiempos en los que su figura se reivindicaba, con lo cual llego a la conclusión de que sus fans de boquilla son legión... pero una minoría a la hora de llenar salas de cine comerciales) y que motivan que veamos la peli con más morbo si cabe.
A ver, a mí me ha gustado muchísimo, pero eso no quita el reconocer que estamos ante una cosa mala de pelotas. A todo aquel que diga que “esto” es un producto de calidad, es para no tomarle en serio jamás de los jamases… pero como buen degustador de cine malo, "El aullido del diablo" resulta una delicatessen.
Un actor con mucha pasta, y muy mala hostia (Naschy), vive en la montaña con su sobrino (Sergio Molina) y su criado (Howard Vernon), al que de vez en cuando envía a que le busque alguna chavalita (que una no prostituta acepte dinero a cambio de sexo con total normalidad es, en este film, una cosa del día a día) con la que practicar mete-saca violento vestido de algún torturador célebre, como Rasputín o Barba Azul. Por otro lado, tenemos al cura y al tonto del pueblo hablando mal de todos ellos y, además, descubrimos que el primero anduvo liado con la asistenta del actor (Caroline Munro, más guapa de lo que ya de por sí era), quien planea matarla si no accede a volver a su lado. Pero ella está enamorada del personaje de Paul Naschy, con la que ocasionalmente, no sin resistencia, se pega algún que otro restregón (en el que Paul pone cara muy lasciva…) Y, por fin, tenemos al sobrino del actor con mala hostia, quien fue hijo del ya fallecido hermano de aquel, otro actor, solo que este era buena persona y dedicó toda su vida al cine de terror, pero fracasó… ¿les suena? El sobrino se tira toda la peli charlando con sus amigos imaginarios que son los monstruos clásicos, interpretados todos, como no podía ser de otra manera, 
por Naschy quien, igualmente, sabiendo que el slasher es el género del momento, lo incorpora también en la trama.
Bien, "El aullido del diablo" es entretenida, pero más allá de que la disfrutamos por su condición de “película de cuarta categoría”, porque eso nos gusta mucho, no vale absolutamente nada.
En cuanto eso que dicen los estudiosos, fans a muerte de Paul, de que es “la peli más personal de Naschy” simplemente porque en ella se habla de lo grande que fue y se le echa la culpa a otros de su fracaso, decirles entonces que t
odo el cine de Naschy es personal, porque no ha sabido hacer otra cosa que despotricar, prácticamente hasta que ha muerto.
Se dice por ahí que el guión en realidad no es de Naschy, si no que lo escribió Salvador Sainz, y el otro se lo robó. Bien, a mi me cuadra que sea un guión de Jacinto Molina por la temática y la auto-complacencia, pero me gusta creer a Salvador Sainz, así que otorguémosle el beneficio de la duda. No obstante ¿qué mas da? El dichoso guión no ha proporcionado nada a nadie y es una absoluta mierda.
Y después de cebarme un poquito, decir lo mucho que me he divertido viendo esta peli, por marciana, delirante, chabacana y mala. Todo eso es sinónimo de diversión y pocas la ganan.
A destacar (y agradecer) los diálogos más misóginos, machistas y sexistas que se han escuchado en una película (- "A las putas se las usa y después se las tira. Que se vaya de aquí, esto no es un hotel para putas"- sale de la boca de Naschy y, dicho esto, deja en mitad del campo a una jovencita con la que acaba de hacer el amor y con la que dice haberse sentido como en sus mejores tiempos, ¡¡!!)
En definitiva, una de las películas de Paul Naschy con las que mejor me lo he pasado, pero, eso sí, por su condición de absoluto despropósito, absoluto mojón cinematográfico, y no por todo lo contrario, que a muchos escribientes se les va la pinza y acaban diciéndote que esto es una obra maestra. Mis cojones 33.

sábado, 14 de octubre de 2023

IN SEARCH OF DARKNESS PART 3

No debería ser necesario introducir "In Search of Darkness" a estas alturas. En su momento reseñé las entregas precedentes (la UNO y la DOS). Sin embargo, considerando su escasa memoria y nulo interés, les diré que son una serie de documentales en torno al cine de horror facturado en los años ochenta. Todos a base de duraciones mastodónticas de cuatro horas o más... pero siempre extrañamente entretenidos (si te gusta la materia, claro...). ¿Siempre, siempre?... bueno, justo esta tercera y última dosis es el único cuyas casi seis insanas horas pesan un poco. Solo un poco.
Claro, el elemento ameno funciona o no en base a los títulos retratados. El problema con "In search... 3" es que el material disponible ya no brilla tanto como en las dos anteriores. Lo que queda son las sobras, por así decirlo. Ciertamente, podría molar mucho ver a los culpables de películas oscuras, costrosas y generalmente olvidadas hablar de sus pecados, sin embargo los realizadores del documental hacen la elección en función de las "personalidades" disponibles, y no son muchas. Ni acumulan títulos demasiado lustrosos. A lo mejor uno o, siendo generosos, dos. No más. Caroline Munro o Geretta Geretta (más conocida como "la negra de Demons") serían un ejemplo. ¡Pero no importa! ya que están ahí, que cuenten batallitas incluso de ñordos sin mucho donde rascar, en contraposición a tantos otros que darían más juego. Y es que, encima, a los que hay tampoco le sacan todo el jugo disponible. Mentar "Amityville 2" sin regodearse en su sordidez -así como la escena plagiando "Evil Dead"- o "Transylvania 6-5000" ignorando la paternidad de Rudy DeLuca, chirría. Tanto como muchas de las sandeces y morralla Woke esputada por una ristra de "especialistas" con tufo hipster que es pa matarlos. Afortunadamente, por ahí ronda peña del calibre de Joe Bob Briggs, quien suelta un "speech" final sobre el cine de los ochenta, la descontrolada sobrevaloracion y, muy especialmente, las gilipolleces academicistas de mucho flipao, digno de enmarcar. ¡Chapeau!.
La "elección en función de las personalidades disponibles" antes mentada se amplía también a películas difícilmente clatalogables de terror, como "Relentless", más cercana al thriller policial y sin ser un título especialmente representativo de la década, pero, claro... William Lustig, director, andaba por ahí... y de "Maniac" y "Maniac Cop" habíamos hablado ya en los docus previos.
Al final, los personajes más curiosos y simpáticos de ver y escuchar son Rubén Galindo Jr. (a raíz de "Cementerio del terror", "Ladrones de tumbas" y "El secreto de la Ouija". Siendo hoy un feliz realizador televisivo, el hombre habla de ellas tomándoselas a chufla), Harry Bromley Davenport, Frank Dietz -actor y  ex-socio de John Fasano (lo que significa que repasan de pe a pa su terrible filmografía, incluidas "Zombie Nightmare" y "Al filo del infierno")- y Frank LaLoggia.
Completan el lío los habituales mini-reportajes sobre tendencias (el heavy metal en el horror... ¿otra vez? La llegada de los video-clubs... ¿otra vez?) y personalidades (Dee Wallace, Adrienne Barbeau, Screaming Mad George). Por cierto, en las dosis precedentes eché de menos a Bruce Campbell y John Landis, muy habituales en esta clase de documentos audiovisuales. Bien, olvídense de ellos. Pal caso aquello de "a la tercera va la vencida" no se cumple. Raro, raro.
Tampoco diré que "In Search of Darkness part 3" no merezca la pena. Ni que sea un tocho. Porque se disfruta... solo que menos intensamente. La cuestión es que, con esta, se cierra el círculo. Y me alegra. Más cuando, durante los créditos finales, vamos viendo vídeos de fans de la saga, el terror de los ochenta e, intuyo, inversores del extenso clan de "crowdfounders", soltando sandeces y, sí, la mayoría dan grima.
David A. Weiner, director del trío, acaba de terminar un nuevo documental girando en torno al horror de... los 90. ¡¡Glups!! va a ser toda una hazaña sacar algo potable de ahí.

sábado, 23 de mayo de 2026

DRÁCULA 73

A principios de los setenta, "Hammer Films" veía como el pote de habichuelas se vaciaba a velocidad alarmante. Su formula, infalible durante muchos años, ya no funcionaba igual. Tocaba renovarse o morir. Así pues, la adaptaron a los "tiempos corrientes" con el fin de atraer nuevas generaciones. ¿Y en qué consistían estas? pues jovenzuelos surgidos del "Swinging London" en su versión más mediatizada, establecida, asumida y reducida a un puñado de estereotipos. Así las cosas, y tirando un poco de los todavía recientes crímenes del Clan Manson, se inventan la mandanga de que un acólito de Drácula -de nombre "Johnny Alucard", ¡cof cof!-, situado en plenos años setenta, convence a un grupo de irritantes, estridentes, ridículos, insolentes y "enrollados" mozalbetes "greñudos", ataviados con chillones ropajes y aficionados al rock, para practicar una misa negra, por aquello de invocar al demonio. Aunque en realidad la cosa va de despertar al vampiro bañando sus cenizas con sangre. Y así proceden. Superado el susto inicial, Drácula comenzará a exigir muchachas con las que ponerse hasta el culo... aunque siente predilección por una descendiente de la casta de los Van Helsing y, de hecho, su abuelo se parece mucho a como era aquel en épocas victorianas, además de practicar idénticos hobbies. Así, cuando el chupasangre logre atrapar a la muchacha (que sí, que muy rebelde, moderna y tal pero, como ella misma le cuenta al abue, en realidad todavía es virgen y no ha probado la droga... vamos, una poseur) el Van Helsing de los setenta se pondrá manos a la obra -con una leve ayuda de "Scotland Yard"- para acabar con la criatura del averno.
Y bueno, "Drácula 73" (que en v.o. responde al título de "Dracula A.D. 1972". Sí, tardó un año en estrenarse por acá) arranca bastante bien y mantiene el interés hasta la escena de la misa negra, tal vez porque es donde más se estira el chicle del contraste generacional / cultural, lo que resulta novedoso e hilarante (me encantaría ver qué hubiesen hecho con un improbable "Drácula 77"). Sin embargo, una vez el vampiro se eleva y comienza a matar, nos metemos de lleno en lo de siempre, todo muy rutinario, sin sorpresas y un pelo aburrido. Vamos, que más allá del asunto del "moderneo", el guionista, Don Houghton, tampoco se exprimió las meninges. A pesar de ello, pues te comes la película enterita, sin más. Funcional y olvidable entretenimiento. Tal vez contribuyan las siempre agradecidas y estimulantes presencias de Christopher Lee (aunque sale poco, aparece el primero en los créditos) y el gran Peter Cushing. Les acompañan una novatilla Caroline Munro como moza descocada y, por supuesto, la descendiente de Van Helsing (Stephanie Beacham, quien anduvo por algunas películas de Pete Walker y en "Inseminoid"), que está como un quesito y se pasa media peli bamboleando unas peras tremendas casi manoseadas accidentalmente por Cushing en más de una ocasión. No pongo comillas en accidentalmente porque sabemos sin atisbo de duda que el actor era todo un gentleman (muy al contrario, Marlon Brando sí magreó a la actriz en "Los últimos juegos prohibidos"  según san Michael Winner
Pocos gallifantes para el director de carrera básicamente invisible, Alan Gibson, quien reincidiría en la materia con una especie de secuela titulada "Los ritos satánicos de Drácula", donde esta vez apostaba por otros géneros o subgéneros de moda entonces. Pero nada, los intentos de modernizarse de "Hammer Films" no dieron los frutos deseados y terminaron chapando... al menos hasta mediados de los 2000, pero esa es otra historia.

lunes, 9 de diciembre de 2013

EL HOMBRE QUE VIO LLORAR A FRANKENSTEIN

“El hombre que vio llorar a Frankenstein”, más que un documental sobre la figura de Paul Naschy, es, al igual que el libro que se editó por las fechas en las que se rodó el documental, un sentido homenaje a un hombre que, efectivamente, había hecho mucho por el cine fantástico en nuestro país, y que, además,  acababa de morir. Lo que se traduce, hablando “barriobajeramente”, en una monumental “comida de polla”. Me parece bien, sobretodo porque en ningún momento se hace alusión a la posible calidad de sus películas y, aunque tampoco se dice lo contrario, se trata de un documental tremendamente honesto.
Y funciona a la perfección, porque si, de cualquier forma, como fan de Naschy que me considero, el hecho de que fuera un documental de cabezotes parlantes en el que dinosaurios de nuestro cine fantástico aparecen parloteando sobre las bondades de Jacinto Molina, ya me hubiera bastado, imagínense la impresión que me llevo de este que, además, cuenta con la presencia de fans yankies, y celebres, de los que yo también puedo, o no, ser fan.
Así,  presentado –muy bien, además- por Mick Garris, el documental cuenta con la presencia de gente como Don Glut, que dirigió la primera película americana de Naschy, la horrorosa, pero curiosa “Countness´s Drácula Orgy of Blood” que afirma que cuando se enteró de que a Naschy se le homenajeaba en los USA, corrió a contratarle para pegarse el gustazo de dirigirle en una película, o dos de los directores cuyas películas sobre hombres lobo, son las mejores que se han rodado en la historia,  Jonh Landis (“Unhombre lobo americano en Londres”) y Joe Dante (“Aullidos"). Mientras que el primero comenta que era un gran fan del hombre lobo español, y cuenta curiosidades sobre los estrenos yankies de sus películas – “La marca del hombre lobo” se estrenó en USA con el engañoso título de “Frankenstein bloody horror”- el segundo nos indica que uno de los hombres lobo de “Aullidos”, que lleva por nombre Jack Molina,  se llama así en homenaje a Jacinto Molina, uno de los hombres lobo mas queridos por él.
Así mismo, Caroline Munro, discreta como ella sola, cuenta, como siempre, la gran profesionalidad de su partenaire en “El Aullido del diablo” y Del Howison nos cuenta el encontronazo de Naschy con  Forrest Ackerman.
Por lo demás, declaraciones de Javier Aguirre, Miguel Iglesias Bonns, Ángel Sala, Jack Taylor, María José Cantudo, Antonio Mayans, así como de distintos familiares de Naschy, que entre lo que cuentan, las imágenes de archivo y el repaso, no ya a la filmografía del actor/guionista/director, si no a su propia vida, convierten el documental en una cosa harto entretenida, y en una obra imprescindible para completistas de la obra de Naschy.
Produce el asunto  “Sci Fi World” (si, la revista), y  dirige Ángel Agudo, el mismo que se encargó de escribir la ultima biografía de Naschy en salir al mercado.
Atentos a los títulos de crédito iniciales, calcados en cuanto a estilo, a los de la serie “Masters of horror”. Claro que eso, quizás sea porque está Mick Garris de por medio.
Recomendable.

sábado, 19 de agosto de 2023

THE COMIC

No han sido pocas las veces que en este blog, y otros medios, hemos lamentado la incursión de herramientas digitales en el "séptimo arte". Somos conscientes que, actuando de tal modo, parecemos un par de viejas amargadas y llenas de manías. Pero es que, por mucho que lo intentemos, y por muy abierta que tengamos la mente, los ejemplos que nos van llegando de lo que podría denominarse "cine digital" no hacen más que demostrar lo justificado de dicha tirria. Dejando a un lado todos aquellos jovenzuelos pringadillos con más ansias de autodenominarse "filmmaker" que de facturar algo mínimamente decente o interesante con su jodido móvil, lo más crispante afecta a los veteranos. Directores de cine que activaron sus respectivas carreras en tiempos de celuloide, de un coste mínimo + un empeño máximo, de cuando facturar largometrajes era un pelo, y digo un pelo, más difícil, y no se hacía con la chorra. De cuando la etiqueta "trash" o "mala pero divertida" tenía sentido porque el esfuerzo, tanto humano como creativo, obligaba a dar lo mejor de uno mismo... si lo había. Si no lo había, era ya una cuestión de ADN. Pero desde luego, nada impostado. Dicho de otro modo, los años más "gloriosos" de Ted V Mikels, Doris Wishman, Ray Dennis Steckler, Herschell Gordon Lewis, Jesús Franco o Ulli Lommel. Cineastas que, llegado cierto momento, se quedaron sin montante. Nadie quería prestarles un chavo para llevar adelante sus delirios. Y se vieron obligados al retiro (o al frenazo, caso de Franco). Hasta la nefasta aparición de las herramientas digitales, descubriendo así que, no solo podían volver a hacer películas invirtiendo cantidades irrisorias -incluso facturarlas desde su puta casa, montando con el ordenata-, además eran totalmente libres. Sin dar cuentas a nadie, a ningún productor o distribuidor. Iban a hacer literalmente lo que les diera la santísima gana, demostrando al mundo -por fin- su genialidad. ¡Ouch! fatídico día aquel. Porque muchos de ellos -¿todos?- eran en realidad unos patatas. Siempre lo fueron. Y solo la intervención de un productor que les frenaba los desmanes de ego descontrolado o, por contra, un montador profesional dispuesto a repararles sus muchas cagadas, daban como resultado películas malísimas... pero con encanto, y "algo" que las hacía medianamente digeribles. Bien, la tecnología digital lo mató. Lo destruyó. Defecó en ello.
Lo sé, lo sé, no es esta una teoría muy popular. Pero, oiga, dejémonos de monsergas. Es así. Vale ya de romanticismo barato. Vale ya de dárselas de "cool" por adorar a incapaces con una cámara. Las obras de todos estos señores eran basurilla, lo que hizo la herrumbre digital fue aumentar el pestufo.
Por supuesto estoy hablando de "películas" de naturaleza "exploitation", cuyo fin es hacernos picar a través de un póster y una trama totalmente engañosos/as. Cine comercial en el sentido más puro del término. Destinado a complacer los bajos instintos de una audiencia. Si esos caballeros querían dárselas de artistas y hacerse video-pajas, pues que tuvieran la decencia de no tomar el pelo a nadie, asumiendo su condición "experimentosa" y, por tanto, minoritaria o directamente marginal. Un poco de honestidad, porfaplis.
Y ese es, exactamente, el caso de Richard Driscoll. Británico que debutó como director en el sagrado año 1985 con una cosa rarísima titulada "The Comic". Tras un par de films más, abandonó el cine. No hizo prácticamente nada durante los 90. Retomándolo en los 2000 gracias al despuntar de las nuevas tecnologías. Entonces, se puso a producir frenéticamente auténticas vasuras, con v de vídeo, innombrables e insoportables en su negación. Absolutamente deprimentes. Como esa secuela ilegal de "Grindhouse" titulada "Grindhouse 2wo" en la que una Linnea Quigley dolorosamente patética, situada frente a un croma, horriblemente maquillada de enfermera loca y leyendo muy descaradamente sus frases de una cartulina fuera de foco, introduce historias que no hay quien salve. Cuando los productores del "Grindhouse" original se enteraron, advirtieron a Driscoll que cambiara el título o le caía una demanda, de ahí que luego existiera otra versión (o a-versión) titulada "Grindhouse Nightmares". También tenemos "Eldorado 3D", batiburrillo protagonizado por un alcohólico y muy acabado Michael Madsen (porque resulta que Driscoll es mmmmuuuuyyyy fan de Tarantino, llegando a imitarle y parodiarle obsesivamente) que llevó a su director a la cárcel por evasión de impuestos. Salió un poco antes acompañado de un tío que se vendía como productor. Malas compañías. O compañías de inexplicable origen. Nadie comprende como Driscoll ha logrado, a lo largo de su carrera digital, contar con Peter O´Toole (ya muy maltrecho, y grabado en plan plano fijo + croma), Daryl Hannah, David Carradine, Jeff Fahey, Patrick Bergin, Brigitte Nielsen, Steve Guttenberg, Bill Moseley, Caroline Munro o el genial cómico Rik Mayall. Es decir, sí se comprende porque en la mayoría de los casos son gente que estaba ya muy pocha (de hecho, Moseley vivió una experiencia semejante -o peor!!- con "Mugworth"), y sus papeles se reducen casi a cameos (o a la voz, caso de Christopher Walken, y a saber si no estaba mangada de otro sitio). Pero es que el nivel de Richard Driscoll es TAN BAJO, que incluso estos nombres desentonan. Parece mentira que disponga de películas reales en su filmografía, con cara y ojos, rodadas en celuloide, haciendo gala de cierto esforzado estilismo. Lo que lleva pariendo los últimos años es más propio de un debutante sin muchas luces, ni muchas ideas, que se limita a seguir tendencias como una oveja inculta + descarriada, desesperada por sumar el mayor número posible de "clicks" en las plataformas de rigor, y deben toda su existencia a la economía de lo digital (vamos, un Dustin Ferguson cualquiera).
"The Comic" 
ya daba pistas de lo que estaba por venir. Driscoll hace gala de una auténtica negación a la hora de contarnos una historia. De entretenernos, darle algo de ritmo y lustre a su epopeya. Viéndola no te enteras de mucho. Y de lo que te enteras, tampoco merece demasiado la pena.
Digamos que estamos en un futuro Orwelliano. Hay un cómico de "stand up" que lo peta en los locales de moda. Y luego otro que se muere de envidia. Tanta como para provocar un asesinato. El cómico aspirante se carga al cómico de éxito y le quita el puesto. Afortunadamente algo de talento tiene, por lo que el público le adora y todo comienza a coger mejor color. Aparece una chavala que termina liada con él. Se aman, tanto como para tener una hija. Sin embargo, nos hacen saber que en realidad todo es el plan de una mano oculta para que la pava manipule al protagonista una vez lo tenga bien agarrado. Solo que no procede. Y aquel es detenido por una policía de tintes fascistoides -suponemos que por el asesinato del cómico famoso-, llevado a prisión y torturado. Entonces, la mujer se da a las drogas y la mala vida. Y... er.... ¿¿qué demonios me estás contando??...
De las muchísimas batallitas hilarantes protagonizadas por Richard Driscoll, ahí va mi favorita: Fue invitado a proyectar "The Comic" en una maratón de películas de terror. Llegado su momento, el público presente comenzó a aullar tan mosqueado y con tal fuerza, que el director se vio obligado a detener la proyección y salir por patas con las latas bajo el brazo. En su lugar pusieron "Terroríficamente muertos". No me sorprende lo más mínimo, "The Comic" queda lejos de ser terror. En realidad, es una especie de thriller con ribetes "artys", o de autor, tirando a indigentes. Muy "ochens" -como dicen los modernos- en lo estético (niebla a porrillo, luces de colores...) y en "tics" tan propios de la época como ese especie de video-clip que nos cuelan en medio de la película.
Lo cierto es que muchos de estos "filmmakers" provocan antipatía. Si fuesen seres humanos humildes y sin ínfulas, podríamos incluso disfrutar de sus cagadas audiovisuales por bien intencionadas, simpáticas, apasionadas, etc (por ejemplo, H.G.Lewis. Es cierto que le podía más el vil metal que nada, pero al menos sabía lo que hacía y no se tomaba en serio a sí mismo). Desafortunadamente, la mayoría gastaban un ego que espanta. Les perdía la soberbia. Se creían grandes artistas, genios incomprendidos. Y el caso de Richard Driscoll roza lo tolerable. "The Comic" es hasta pretenciosa. Y eso, cuando el talento está al nivel del cero absoluto, no se perdona. Para muestra, un botón: al concluir el aborto, el tipo da las gracias a aquellos que le ayudaron a finiquitarlo. El tamaño de las letras de su nombre -además subrayado- en comparación a las del mensaje, lo delatan.

sábado, 13 de septiembre de 2025

IL GATTO NERO

Siempre pensé que "La madre del mal", última aportación de Dario Argento a su particular saga de las progenitoras cabronas (ya saben, precedida por "Suspiria" e "Inferno"), era lo que normalmente llamamos un "final deslucido". El fandom -y nuestro Víctor- flipó con ella, pero por la cantidad insalubre de gore bruto y desaforado. Sin embargo, tras la hemoglobina, no había nada. Y lo que había, tampoco valía mucho. De hecho, en mi más reciente revisión, no pude ni terminarla y me fui a dormir pensando aquello de "¿Podría haber un cierre peor que este?". Pues sí, podría. Tal y como descubrí con horror hace unas cuantas lunas.
Dicha joya comporta, además, una serie de problemas extra. De entrada, la ensalada de títulos. Me decantaré por el más "oficioso", "Il gatto nero" (tengan en cuenta que en algunos países llegó a estrenarse como ¡¡la sexta entrega de "Demons"!!). El otro problema es su director, el entrañable Luigi Cozzi / Lewis Coates. Me cae bien, la verdad, y duele admitir que su película es un truño inconmensurable.
Al mentado empacho de títulos debemos añadir un origen "caotizante". De primeras el proyecto nació como esa tercera parte oficial -mucho antes de "La madre del mal"- con guion de Daria Nicolodi y supuesta dirección de Dario Argento. Sin embargo, el asunto se fue al agua y, años después, la Nicolodi cedió su libreto a Cozzi quien, al no querer asumir la responsabilidad de poner fin a una franquicia tan respetada, se sacó de la manga un seudo homenaje, incluyendo en la trama referencias directas a "Suspiria", a Argento y reciclando la famosa banda sonora de "Goblin" para sendos pasajes (también hay guiño a "Seis mujeres para el asesino", recreando a su famoso psycho-killer, cosa que repetirá en el futuro). A Daria Nicolodi no le gustó el desaguisado y se apartó. Entonces, entra en escena Menahem Golan con su nueva y flamante "21st Century" dispuesto a adquirir la cinta. El hombre se había comprometido a rodar una adaptación de "El gato negro" según Edgar Allan Poe (muy de moda entre gerifaltes del subproducto por ahí finales de los ochenta) y, a falta de nada concluso, decide que la peli de Cozzi, con oportunos cambios y añadidos, daría el pego. Así, le pide al director que meta alguna referencia al relato de Poe y filme sendas escenas de un felino negro andando por ahí. El italiano accede (¡faltaría!), dando como resultado el esputo del que ahora les hablo. La presencia de la obra literaria es nula. Se justifica como la película dentro de la película que anda protagonizado la protagonista, ¿suena a galimatías?... pues eso no es nada. Como resultado obtenemos el gag más simpático de "It gatto nero", el director de dicha película dentro de la película no es otro que Michele Soavi, quien por la misma época rodaría "El engendro del diablo" -nacida de primeras como el "Demons 3" oficial. Sin embargo, trifulcas legales desestimarían su pertenencia a la saga... aunque en algunos mercados así es como se vendió, esta vez de manera no oficial. ¡¡Menudas paradojas pajeras!!-.
El caso es que la mentada actriz es pareja de un director de éxito especializado en horrores, quien anda preparando su nuevo gran proyecto, nada menos que un film basado en la existencia de otra de las terribles brujas de Thomas De Quincey (al que ya estrujaron Argento y la Nicolodi en su día), "Levana". Al ser mentada la invocan y despierta muy cabreada, con ganas de reencarnarse en el bebé de la protagonista... o eso creo. Por ello, se pasa el rato atormentándola a base de visiones propias de un mal refrito de "Pesadilla en Elm Street", mientras va despachando al resto del reparto en secuencias de licuosa y divertida truculencia, destacando ese estómago estallando al que tanto partido había sacado ya Cozzi en su "Contaminación: Alien invade la tierra".
Sentadas las bases, lo que queda es jolgorio narrativo y aburrimiento al peso.  Efectivamente, NO estamos ante la tercera de la saga, pero PODRÍA haberlo sido y eso provoca cagarrinas. Como parte del asunto "tributoso", Cozzi procura imitar las maneras de Argento recurriendo a luces de colorines y un inadecuadísimo rock duro -cortesía del grupo de tercera "Bang Tango"- ambientando sonoramente los momentos intensos, aunque luego se expanda a casi toda clase de situaciones. Por supuesto, el afán mimetizador no garantiza nada, porque lo que queda va trufado de muchas incongruencias + momentos absurdos y ridiculizables (con especial fijación en el careto de patata rancia que gasta la temible "Levana", así como esa desconcertante escena en la que todo se revela un disfraz, pero no, pero sí, pero tampoco...)
El reparto viene compuesto por una galería de nombres condenados a participar en esta clase de simpáticos furruños. Florence Guérin (con cierta retirada a Rose Byrne), Urbano Barberini (prota masculino del "Demons" original), Brett Halsey (de impresionante filmografía en la que no falta nadie: Antonio Margheriti, Lucio Fulci, Bruno Mattei, Jesús Franco o ¡Francis Ford Coppola!), Luisa Maneri ("Vicios Pequeños", "Body Count") y, por supuesto, una madurita Caroline Munro haciendo lo que puede.
Me da penica, de verdad, pero esto no hay dios que lo soporte.