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jueves, 30 de octubre de 2025

PARECIDOS (IR)RACIONALES

Estaremos de acuerdo en que Mick Garris nunca ha sido un gran cineasta, pero sí un insuperable organizador de eventos. A mediados de los dos mil impulsó la creación de "Masters of Horror", celebérrima serie cuya "raison d'être" consistía en dar carta blanca a muchos de los más emblemáticos directores del cine de terror para, básicamente, hacer lo que les saliera de la pepitilla. Es cierto que no todos los implicados en las dos temporadas podrían considerarse "Masters". Y que algunos acabaron confeccionando piezas muy poco inspiradas (Don Coscarelli, Tobe Hooper, Stuart Gordon…). Supongo que llevaban tantos años arrastrados por la marea de la mediocridad que no supieron aprovechar la oportunidad. Sin embargo, hubo unos poquísimos que sí. Como Dario Argento y el que nos ocupa hoy, John Carpenter.
El respetado responsable de "La noche de Halloween", "La Cosa" o "El príncipe de las tinieblas" llevaba tiempo anclado en la nadería más absoluta, y terminaría rodando dos capítulos para la serie de Mick Garris. El primero partió la pana. Al instante se consideró el mejor y su genuina resurrección (promesa finalmente incumplida). Cuantos más años pasan, más buena prensa adquiere. Estoy hablando de "Cigarette Burns" o, como la titularon absurdamente por acá, "El fin del mundo en 35 mm". Contaba la interesante epopeya de un buscador de películas raras que recibe el encargo de localizar una con muy muy mala reputación, "La Fin Absolue du Monde", dirigida en los setenta por un tal “Hans Backovic”. Al parecer, durante su paso por el Festival de Sitges de la época, volvió loca a la platea, que comenzó a agredir al prójimo o a sí misma. Y eso es algo que, dice la leyenda, le ocurre a todo aquel que la consume. Según iremos viendo a medida que la trama avanza, "La Fin Absolue du Monde" es, esencialmente, una pretenciosa película de arte y ensayo muy de su década, a base de impactantes imágenes surrealistas y sin genuina trama. Al final del capítulo terminaremos descubriendo que la maldad implícita en sus fotogramas obedece a una única razón, la presencia de un genuino ángel que el director logró capturar y retener.

A una trama tan llamativa y, sí, unos resultados tan estupendos, añadan el hecho de que "Cigarette Burns" no se andaba con mojigaterías a la hora de mostrar chicha. Truculencia. Gore. Cosa que resultó bien llamativa entonces porque, a diferencia de muchos de sus coetáneos, no era ese un elemento habitual en la larga filmografía de John Carpenter. Somos testigos de una decapitación que pone los pelos de punta, situada, además, en un contexto de cine "snuff", que siempre da mu mal rollo. Esto abriría otro melón, el de que "Masters of Horror" permitía a sus realizadores llevar el asunto de la violencia gráfica a los límites, aunque, finalmente, ello acabó pasándole factura a Dario Argento con sus aportaciones y, muy especialmente, a Takashi Miike con la suya. Pero no toca hablar del cineasta japonés, toca hacerlo de otro, uno alemán.
Marian Dora es un personaje sumamente misterioso. Nadie conoce su verdadera identidad. Aunque se ha dejado ver como actor brevemente en una película donde curró de machaca, básicamente su efigie no rula oficialmente por ninguna parte. En las entrevistas se sitúa a contraluz. Y tampoco suele acudir a festivales, básicamente porque le han amenazado de muerte un porrón de veces. Y con razón, añado yo. Es responsable de una serie de películas en las que se tiende a lo extremo. Aunque su verdadera "seña de identidad" consiste en que en muchas de ellas torturan y/o matan animales delante de la cámara, sin truco. Y, ocasionalmente, de modo bastante hijoputesco. Además, incluyen sexo explícito, desviado o no, escatología igualmente genuina, violencia a raudales y, en fin, que la obra de Marian Dora da mucha grima y, lógicamente, no cuenta con amplios canales de distribución. Por su nacionalidad y condición, habrá quien lo emparente con el ultra-gore germano que asoló nuestras retinas en los noventa, pero no. Aquellos eran unos papanatas sin mucho talento que se limitaban a imitar el terror yanki, solo que aumentado las dosis de carnicería. Dora estaría más cerca del Jörg Buttgereit de "Nekromantik", básicamente porque a ambos les perdía cierta pedantería, ciertas maneras "artys" que "justificaban" la brutalidad de sus imágenes, aparentemente desproveyéndolas de una intención "exploitativa" para aproximarlas a cuestiones más "respetables". De hecho, lo de Dora es especialmente exagerado. No digo ya el elemento "shock", me refiero a sus ventosidades intelectuales. Graba en vídeo, pero sacándole bastante más jugo que sus coetáneos (descarten aquí a Buttgereit, que tiraba de 16 mm). El hijo de perra sabe encuadrar, sabe iluminar y, ocasionalmente, lograr extraer belleza a las imágenes. Lástima de... todo lo demás.
En cualquier caso, y aparcando juicios morales, el "Magnus Opus" del tiparraco es una cosa larguísima de casi tres horas con la que lleva todas sus malas maneras hasta el borde del abismo. Pedantería para parar un tren. Sexo y guarradas a cholón. Y, lastimosamente, imágenes de violencia real contra animales en todo su crudo esplendor. Es aquella en la que más pueblos se pasa. La cosa gira en torno a cuatro personajes que se piran hasta un casoplón en plena montaña y allí, básicamente, se dedican a hacer todas las burradas mentadas, entre diálogos profundos y metafísicos. ¿El título? "Melancholie der Engel", es decir, la melancolía del ángel.

Déjenme añadir que, aunque costó muchísimo, finalmente logré verla entera. Fue una experiencia muy intensa y para nada divertida. Lo pasé bastante mal (obviamente, con las barrabasadas acometidas contra pobres criaturas) y sí, me dejó muy mal cuerpo. Enhorabuena Marian, lo conseguiste. La cuestión aquí es que andaba obsesionado con "Melancholie der Engel". Había leído tanto, y daba tanto miedo su mera existencia, que prefería enfrentarme a ella antes que seguir alimentando mi imaginación. Era, en cierto modo, una película legendaria y evitable. Era, por así decirlo, mi "La Fin Absolue du Monde" particular.
Con el tiempo llegué a sospechar que, tal vez, los guionistas de "Cigarette Burns" habían tomado "el clásico" de Marian Dora como fuente de inspiración para la película maldita de su trama. Hay ciertas similitudes, comenzando por el hecho de que todo en "La Fin Absolue du Monde" gira en torno a un ángel real pasándolo putas. Vale, no hay ángeles en "Melancholie..." salvo el del título, su sentido metafórico y el cartel, donde vemos la estatua de uno. Es interesante reseñar que el de la misma "La Fin Absolue du Monde" también incluye uno esculpido en mármol.


Y el de "Cigarette Burns" muestra al de "carne y hueso" que aparece en el capítulo (ver más arriba). Quizás los guionistas ni siquiera llegaron a consumir la peli del alemán torrao, solo leyeron y vieron algunas capturas, haciendo así su propia versión de lo que podría ser una cinta perversa, capaz de generar locura en sus espectadores, a base de imágenes tremebundas. Por otro lado, el director ficticio de "La Fin Absolue du Monde" es tan misterioso, enigmático y, sí, europeo como Marian Dora. Hay, también, cierta relación con la idea del cine "snuff" en "Cigarette Burns", cosa esta que revolotea continuamente en torno a "Melancholie der Engel" porque, aunque no se sesguen las vidas de “seres humanos” sin efectos de por medio -poco les falta-, sí ocurre con animales, por lo que la sensación de estar viendo "snuff" tampoco se diluye del todo.
Dora hizo su película en el año 2009, no obstante siempre menciona la cosecha audiovisual de los setenta como gran influencia, algo muy evidente. Y, ya rizando el rizo, uno de los protagonistas de "Cigarette Burns" es Udo Kier, actor alemán habitual de un cine como tirando a alternativo, radical o, directamente, marginal. Y no lo digo por sus intervenciones en las dos epopeyas de Andy Warhol / Paul Morrissey sobre "Drácula" y "Frankenstein", pal caso me refiero más al cineasta -ya fallecido-, también germano, Christoph Schlingensieff, cuya filmografía viene cargadita de esas películas entre lo "arty" y lo "shock", rodadas en 16mm desde la guerrilla, siendo su peculiar versión de "La matanza de Texas" la más conocida y que, sí, cuenta con Kier como uno de sus rostros principales.
Vivía convencido de que estos paralelismos entre "La Fin Absolue du Monde" y "Melancholie der Engel" eran cosa mía, pero no. Hace ya trece largos años alguien en un foro llegó a la misma conclusión. De hecho, lo explicaba mejor que yo sin necesitar tanta letra, le bastó con decir que la película de Dora "evoca el contenido siniestro y extremo en la elusiva "La Fin Absolue du Monde"". Totalmente. El resto del personal de ese mismo foro, no obstante, se decantaba más por el famoso -y aburrido- "Begotten" de E. Elias Merhige como genuino referente.
En fin, la cuestión aquí era aportar mi versión del asunto. Podríamos acudir a los guionistas de "Cigarette Burns" para preguntarles, pero mola más que toda esta movida siga siendo un misterio. Hoy día no abundan y se agradecen.

lunes, 9 de diciembre de 2013

EL HOMBRE QUE VIO LLORAR A FRANKENSTEIN

“El hombre que vio llorar a Frankenstein”, más que un documental sobre la figura de Paul Naschy, es, al igual que el libro que se editó por las fechas en las que se rodó el documental, un sentido homenaje a un hombre que, efectivamente, había hecho mucho por el cine fantástico en nuestro país, y que, además,  acababa de morir. Lo que se traduce, hablando “barriobajeramente”, en una monumental “comida de polla”. Me parece bien, sobretodo porque en ningún momento se hace alusión a la posible calidad de sus películas y, aunque tampoco se dice lo contrario, se trata de un documental tremendamente honesto.
Y funciona a la perfección, porque si, de cualquier forma, como fan de Naschy que me considero, el hecho de que fuera un documental de cabezotes parlantes en el que dinosaurios de nuestro cine fantástico aparecen parloteando sobre las bondades de Jacinto Molina, ya me hubiera bastado, imagínense la impresión que me llevo de este que, además, cuenta con la presencia de fans yankies, y celebres, de los que yo también puedo, o no, ser fan.
Así,  presentado –muy bien, además- por Mick Garris, el documental cuenta con la presencia de gente como Don Glut, que dirigió la primera película americana de Naschy, la horrorosa, pero curiosa “Countness´s Drácula Orgy of Blood” que afirma que cuando se enteró de que a Naschy se le homenajeaba en los USA, corrió a contratarle para pegarse el gustazo de dirigirle en una película, o dos de los directores cuyas películas sobre hombres lobo, son las mejores que se han rodado en la historia,  Jonh Landis (“Unhombre lobo americano en Londres”) y Joe Dante (“Aullidos"). Mientras que el primero comenta que era un gran fan del hombre lobo español, y cuenta curiosidades sobre los estrenos yankies de sus películas – “La marca del hombre lobo” se estrenó en USA con el engañoso título de “Frankenstein bloody horror”- el segundo nos indica que uno de los hombres lobo de “Aullidos”, que lleva por nombre Jack Molina,  se llama así en homenaje a Jacinto Molina, uno de los hombres lobo mas queridos por él.
Así mismo, Caroline Munro, discreta como ella sola, cuenta, como siempre, la gran profesionalidad de su partenaire en “El Aullido del diablo” y Del Howison nos cuenta el encontronazo de Naschy con  Forrest Ackerman.
Por lo demás, declaraciones de Javier Aguirre, Miguel Iglesias Bonns, Ángel Sala, Jack Taylor, María José Cantudo, Antonio Mayans, así como de distintos familiares de Naschy, que entre lo que cuentan, las imágenes de archivo y el repaso, no ya a la filmografía del actor/guionista/director, si no a su propia vida, convierten el documental en una cosa harto entretenida, y en una obra imprescindible para completistas de la obra de Naschy.
Produce el asunto  “Sci Fi World” (si, la revista), y  dirige Ángel Agudo, el mismo que se encargó de escribir la ultima biografía de Naschy en salir al mercado.
Atentos a los títulos de crédito iniciales, calcados en cuanto a estilo, a los de la serie “Masters of horror”. Claro que eso, quizás sea porque está Mick Garris de por medio.
Recomendable.

miércoles, 2 de febrero de 2011

LA MOSCA 2

Hubo un tiempo en que hacer remakes, o readaptaciones, no estaba tan mal visto como ahora. Fue en aquellos entonces en los que el respetado David Cronenberg volvió a llevar a la pantalla la historia del científico que inventa una máquina teletransportadora con la mala fortuna de, al probarla, combinar su ADN con el de una mosca y que había sido adaptada con muy buena mano por Kurt Neumann en 1958. La versión del canadiense resultó muy distinta. Los que corrimos a verla (yo con mi tía, que se partía de risa ante los excesos truculentos) nos encontramos con un melodrama muy angustioso, a medio camino entre el romance y el horror más desagradable. Esta mosca nada tenía de camp o ingenua, ni tan siquiera había sido parida para satisfacer a los adolescentes devotos del género. Era una peli adulta en todo su significado (aunque la última vez que la visioné, me pareció que no había envejecido demasiado bien). El éxito de la empresa (¡con Mel Brooks en tareas de productor!) empujó a sus responsables a pensar en una secuela. Como era de esperar, Cronenberg se desentendió por completo. ¿Perjudicó tal decisión a "La Mosca 2"?... hombre, según se mire sí, y según se mire, no.
En esta ocasión nuestro protagonista es el hijo del prota/mosca de la primera. En pleno crecimiento, comienza a sentir los síntomas de que algo extraño está despertando en su interior. Cabreado con la corporación que quiere sacarle jugo, el muchacho-monstruo aprovechará su condición para tomarse la revancha.
A ver. Como decía, "La Mosca 1" se apartaba un poco de las convenciones del género, apostando por un tono más serio (y deprimente). "La Mosca 2" es género puro. Terror de palomitas. Obviamente, y como ha pasado con muchas otras secuelas, esta intenta repetir los aciertos de la primera, la historia de amor, el mega-drama, la angustia de la mutación... pero no lo consigue. O no consiguen hacerlo del modo tan punzante como lo pariera Cronenberg en su momento. Aquí todo es menos, menos tragedia, menos asco, menos sufrimiento... vamos, joder, ¡si hasta hay un happy end!. Pero claro, dejando de lado las inevitables comparaciones, ¡¡¿funciona o no "La Mosca 2"?!!. Pues sí. Como peli de género, funciona muy bien. Es entretenida y tiene sus momentos tiernos y de impacto (hay dos efectos gore realmente potentes).
Y es que, claro, ¿cómo pretenden sustituir a todo un auteur como es Cronenberg con Chris Walas y esperar que ambas pelis estén a la misma altura en cuanto a calidades e intenciones?. Walas es un reputado y respetado atífice de maquillajes y trucos de látex que aquí dirigía por primera vez (luego no se prodigó mucho más en el tema). También es notable a quién encontramos en tareas de guión, Mick Garris (dire de "Critters 2", "Sonámbulos" y padre fundador de la serie "Masters of Horror") y Frank Darabont (actualmente triunfando con la serie de "The Walking Dead" y con un currículum bien lustroso, destacando "Sepultado Vivo" y "Cadena Perpetua"). Actuando están Eric Stolz (siempre que le veo, pienso en lo cabreado que debe estar porque le echaron del plató de "Regreso al futuro"!!) y Daphne Zuniga (más conocida como la Princesa Vespa de "Spaceballs". También en el slasher "La iniciación"). John Getz repite de la primera parte, así como Jeff Goldblum, aunque únicamente en formato "imágenes de archivo". El personaje de Geena Davies muere al principio de "La Mosca 2" (la interpreta otra actriz), dato este que da pie a recordar que la muchacha estuvo un tiempo anunciando -cuando aún tenía algo de poder en Hollywood- que ella misma iba a producir una tercera parte centrada en las trifulcas de la madre del monstruo y que iba a ignorar por completo la segunda, intentando recuperar un poco el tono de la uno. Pero nunca jamás llegó a realizarse. Pos me da igual.

lunes, 26 de octubre de 2020

LAS PESADILLAS DE FREDDY

El próximo día 31 es Halloween, festividad a la que no tenemos ninguna manía en "Aquí Vale Todo" (y que pensamos puede convivir perfectamente con la propia). Por ello, esta semanita se la vamos a dedicar estrictamente al género del terror y aledaños, comenzando hoy Lunes con todo un clásico... aunque en vertiente "povera".
Siempre me ha escamado que se incluya la saga de "Pesadilla en Elm Street" en la etiqueta de "slasher" junto a "Viernes 13" o "Scream". Para nada creo yo que encaje, por su generoso elemento sobrenatural y, sobre todo, su asesino, un personaje excesivo y charlatán carente de toda áurea inquietante. Sin embargo, sí hubo una ocasión en la que Freddy Krueger estuvo cerca de considerarse "slasher" y fue en el primer capítulo de la serie de televisión "Las pesadillas de Freddy", lógicamente esputada a partir de su gran éxito.

Al narrar el origen del personaje, antes de su paso a sueñilandia, tenemos un Freddy con toda la carne pegada a los huesos y que mata en el mundo físico, agazapándose en la oscuridad para atacar. A mi, toda esta parte, me encaja perfectamente en los parámetros del cine de acuchillamientos. Pero claro, luego vienen los padres de las víctimas que, enfadados al ver al de las garras librarse de la silla eléctrica, corren hasta su guarida y le prenden fuego. Entonces sí, de ahí pasamos a terreno conocido (externo ya al del "slasher" puro). Los sueños, las visiones surrealistas y un Freddy bocazas e irritante que se toma la revancha.
De este modo, lo que queda es una especie de versión condensada y extremadamente sosa de una típica peli de "Pesadilla en Elm Street". Los elementos truculentos brillan por su ausencia, siendo una época en la que aún no se permitía mostrar sexo y violencia en la caja tonta.
Dirige Tobe Hooper ¿Se imaginan lo que, en otras circunstancias, habría significado que el responsable de "La matanza de Texas" firmara un capítulo de la serie de Freddy Krueger? ¿Sensacional, verdad?. Pues no. El hombre se aburre tanto con la materia, que nos contagia. Y lo que son 45 minutos de duración parecen alcanzar dos horas interminables. Una pena. Y un mal arranque para una serie que, en un principio, pretendía comerme entera e ir comentando capítulo a capítulo. Pero, ciertamente, resultó una experiencia tortuosa. Terrible. No es que fuese mala, más bien lo siguiente. Es horrorosa y todos los episodios, durando esos 45 minutos, se hacen eternos. Tanto aquellos que incluyen a Freddy en la trama (y que se aferran exactamente a la misma premisa: Personaje -normalmente adolescente- sufre las torturas "light" por parte del de las garras a base de surrealismo, situaciones extrañas, ridículas y terriblemente cansinas) como los que únicamente le otorgan el cargo de "host" (igualmente insufribles).
Es cierto que eventualmente encontramos rostros curiosos (Lar "Viernes 13 - 7" Park-Lincoln, Lori Petty, Jill Whitlow, Diane Franklin, George Lazenby, Bill Moseley, Jeffrey Combs, William Butler, Dick Miller, Charles Cyphers, Tracey Walter, Wings Hauser, Sandahl Bergman, John DiSanti y Brad Pitt!!) o firmas igualmente curiosas (Tom "Viernes 13 - 6ª parte" McLoughlin, Mick Garris, Ken Wiederhorn, Tom DeSimone, John Lafia, Dwight H. Little, William Malone), pero no sirve absolutamente de nada. Supongo que las prisas por realizar el producto y agenciarse unos cuantos milloncejos más les pasaron factura a los de "New Line". Por eso he decidido olvidar mi intención inicial de reseñar todos los capítulos limitándome, en plan testimonial, al primero (básicamente porque trata el origen de Freddy).
Mal, mu mal, totalmente desaprovechada.

sábado, 10 de diciembre de 2016

SONÁMBULOS

Como saben de sobras, en este blog no sentimos mucha simpatía por el cine de la década de los 90, especialmente en cuanto a terror y fantástico se refiere. No obstante, eventualmente nos gusta revisar alguno de aquellos productos para ver si nuestras primeras impresiones han cambiado o mejorado con el paso de los años. Es algo que solemos hacer mucho en el podcast. Y en ocasiones resulta que una peli que no teníamos en demasiada buena consideración termina ganándose nuestras simpatías. Una como, por ejemplo, esta de la que les voy a hablar a continuación, "Sonámbulos", "Sleepwalkers" en versión original.
Narra la historia de una madre y su hijo que, bajo una apariencia humana común y corriente, ocultan su condición de criaturas monstruosas, algo así como unos leones sin pelo cuyo fin es alimentarse a base de energía virginal y reproducirse. A poder ser entre ellos, llevando a la práctica las más flagrantes sesiones de incesto imaginable (y que, imagino, en los 90 sería un elemento la mar de transgresor). El benjamín se ha encaprichado de una chavala del colegio con el himen intacto a la que pretenden churrupetear, algo que pone celosa a la progenitora. El intento de zampársela desencadenará el inevitable drama bañado de horrores.
Vi "Sonámbulos" cuando se estrenó. Principalmente vibré con el legendario cameo que se marcan algunos nombres de peso ligados a mi género favorito, Clive Barker, Tobe Hooper, Joe Dante y John Landis, encabezados todos ellos por el mismo Stephen King, autor del guión, reclamo del film y, como de costumbre, interpretando a un palurdo (sin olvidar el papelito que se marca Mark Hamill). El otro elemento que me la puso gorda es el hecho de que los gatos son los mayores enemigos de los monstruos de la función, y resulta que el gato es mi animal favorito. Ello también se tradujo en mucho sufrimiento cuando estos son asesinados no sin cierta crueldad, pero para compensarlo está su incuestionable condición de héroes, en concreto si hablamos del minino de la policía, Clovis, uno de los grandes "héroes animales" olvidados del cine contemporáneo y que posaba junto a Stephen King en una portada de la revista "Fangoria". Y no solo la yankee, también la Española, pues eran los tiempos en los que esta se editaba por acá bajo la tutela de Luis Vigil.
¿¿El resto de la peli??, pues bueno, en su época me pareció de lo más mediocre. De hecho, aunque llegué a disponer del poster en mi dormitorio (supongo que más por lo de los gatos que otra cosa), creo que no la alquilé en vídeo para verla una segunda vez. Y si lo hice, ni me acuerdo.
Vista hoy, y contra todo pronóstico, puedo decirles que me gustó. Me entretuvo. Me pareció muy sencilla, maja y correcta. Nada del otro mundo, pero al menos tampoco me hizo trallar. Dejando de lado a famosos y gatos, me moló que hubiese algo de gore (en unos tiempos en los que, progresivamente, fue desapareciendo de las pantallas) y llamaron mi atención algunos de los actores, destacando a Mädchen Amick (en aquellos tiempos de moda gracias a su papel en la serie del momento, "Twin Peaks"), Alice Krige (el fantasma de "Historia Macabra"), Lyman Ward o Ron Perlman.
Quizás lo peor de ella sea la utilización de un efecto muy feo pero muy común en esa época, el "morphing", realmente chungo. Me complace que fuese algo pasajero y hoy ya no quede rastro del mismo. O, al menos, que lo hayan mejorado tanto como para que ya no resulte ofensivo. También me hizo gracia revivir ese absurdo crimen mediante mazorca que, mientras en 1992 nos pareció ridículo y patético, hoy lo considero hasta medianamente original. Lo que hace el paso del tiempo...
Dirige el cotarro el irregular Mick Garris, lo que explica la aparición de todos esos "Masters of Horror".
Simpática.

miércoles, 22 de agosto de 2007

MASTERS OF HORROR: HUELLA

Como nostálgico del horror de los 70 y 80, tengo una opinión positiva respecto a la serie de televisión "Masters of Horror", aunque solo sea por su loable intención de recuperar a viejas glorias de detrás de las cámaras y darles total y absoluta libertad creativa... o eso se dice. De todos los episodios que he visto, algunos me han parecido muy potentes (John Carpenter), otros potables sin más (Don Coscarelli y Dario Argento), los hay bastante mediocres (Stuart Gordon, Joe Dante) y, directamente, insufribles (Mick Garris, creador de la serie nada menos).
En un producto televisivo que, como decía, alardea de no cortarse un pelo en cuestiones de violencia y desmelene, "choca" que el episodio dirigido por el cineasta asiático Takashi Miike fuese vetado por su contenido altamente perturbador. Bueno, "choca" a medias si tenemos en cuenta la mojigatería puntual que gastan los yankees y que allá donde va Miike, el escándalo le persigue.
Que quede bien claro, no soy fan de Takashi Miike... de hecho, me parece un tipo sobrevaloradísimo y rodeado de fans un poco ciegos que, visto la pasión que demuestran por su ídolo, han visto muy poco cine. La mejor peli del autor nipón es, justamente, una de las menos valoradas por sus seguidores, "Audition". El resto... pssss... mucha basura ("Llamada perdida", "D.O.A", "Izo"), mucha decepción ("Ichi, the killer") y alguna cosa curiosa ("Full Metal Yakuza"), pero poco, muy poco, más.
Mi atracción hacia "Huella", el episodio del tipo para "Masters of horror", era puramente morbosa, pero una vez vista puedo decir que me ha sorprendido gratamente.
La historia es la siguiente: Un americano (el recuperado Billy Drago, que en este caso sobreactúa que da gusto), viaja hasta Japón en busca de un antiguo amor al que prometió sacar de la mala vida. Cuando llega a un prostíbulo, conoce a una puta deforme que en su momento trató con la chica en cuestión y guarda algunas desagradables noticias sobre su paradero.
Lo primero que llama la atención de la peli es que se aleja bastante del tono tradicional y "conservador" que suele manejar "Masters of Horror" con respecto al género. De entrada, Miike tiene la sabia idea de reducir los acontecimientos a dos personajes que dialogan en un único escenario y en tiempo real, lo que provoca cierta desazón y angustia en el espectador. Además, se permite aportar bastantes elementos visuales que incomodan e inquietan, como cierta silueta fantasmagórica que surge en un momento en el que no te lo esperas, pero sin pirotecnia que valga, lo que provoca un notable escalofrío. A parte del aspecto atmosférico o sórdido de la historia está, cómo no, la violencia y la crudeza propias de su autor, destacando la inevitable y brutal secuencia de tortura (que guarda puntos en común con la de "Audition") y ciertos abortos nada delicados que tampoco se quedan cortos.

Sin embargo, cuando llevas 45 minutos y crees estar viendo una muestra muy muy digna de cine de terror del bueno, viene el señor Takashi y... ¡la caga!, y de que manera. Tal metida de pata se la debemos a una "sorpresa final" que no desvelaré aquí pero que, afrontémoslo, roza el ridículo y perjudica muchísimo al tono del resto de un film que, de otro modo, hubiera podido estar muy cerca de la "obra maestra".
Sin embargo, y a pesar del desliz, está muy por encima de los logros de "Masters of Horror" (y del cine de terror moderno en general), por lo que bien merece un visionado.

jueves, 23 de abril de 2009

EL ESTRÉPITO DEL VACÍO

Una de las cosas que más llaman, o llamaron en el momento de su lanzamiento, la atención de la serie "Masters of Horror" es su actitud nada mojigata frente a la truculencia. De hecho, resulta chocante que toda una leyenda del terror como John Carpenter haya tenido que esperar a la televisión para desmadrarse con el gore (su estupenda "El fin del mundo en 35mm"). Sin embargo, y a pesar de las locuras que organiza Dario Argento, no todo en "Masters of Horror" es sangre y vísceras. El propio creador de la serie, Mick Garris, nos lo demostró en su aburridísimo e insufrible episodio, "Chocolat". Después de pasar por tal trance, no me apetecía nada volver a gastar 60 minutos de mi tiempo en otra muestra de actitud "light". Ese es el motivo por el que tardé bastante en zamparme este "El estrépito del vacío". Ayer noche lo hice, y fue toda una sorpresa.
Su director, Brad Anderson, ya demostró estar más que dotado para el terror psicológico, a base de sonido y montaje, en su más que buena película "Session 9". Con su aportación a "Masters of Horror" reincide en el mismo terreno, y sale airoso. Un tipo con la capacidad de escuchar a gran volumen hasta el sonido más insignificante comienza a perder el juicio. A ello contribuye la reciente muerte de su adorado hijo y la verborrea imparable de su mujer, que tampoco está muy fina del coco. Naturalmente, el hombre terminará estallando... lo que precipitará los hechos hasta un final diferente y original.
Básicamente lo que "El estrépito del vacío" (título pretencioso, pero chulo. Nada que ver con el original, "Sounds like") cuenta es, simplemente, el descenso a la locura de un ser humano. Y lo hace de puta madre, jugando -lógicamente- con el sonido, pero dotando a la historia de ritmo, tensión y escenas francamente poderosas a nivel visual, incrementadas por la capacidad de su actor protagonista, Chris Bauer.
No esperéis sangre a cholón... ni monstruos... ni asesinos psicópatas... ni nada de todo eso. Esto es puro terror psicológico, y aunque los elementos antes citados son maravillosos y los gozo como una puta bien remunerada cuando los consumo, de vez en cuando tirar por la otra senda, y más de la mano de alguien tan capacitado como Anderson, es altamente estimulante.

viernes, 25 de enero de 2013

NIGHTMARES IN RED, WHITE AND BLUE

El cine terror, es un género tan viejo como el propio cine, y este documental trata de condensar toda su historia en poco más de noventa minutos.
Y no se dejen engañar por el patriotero título. Este docu es tan agradecido, que dentro de los escasos minutos de metraje, les da tiempo a contar un poco la historia del cine de terror americano, y además nombrar escenas tan importantes como son la Italiana o la española (lo de importantes, es por decir algo).
Narrado por Lance Henricksen, con mogollón de imágenes de películas como telón de fondo, el documental explica la evolución del cine de terror a través de las décadas, de cómo se adaptó este a los cambios que consigo traía la sociedad. Para ello se entrevista a un buen puñado de directores del género tales como Joe Dante, John Carpenter, George A. Romero, LarryCohen, Brian Yuzna, Roger Corman, Mick Garris, Tom Macloughin, Darryl Lynn Bousman…
Etc, que nos dan su punto de vista, y más interesante aún, que películas les marcaron y les decidieron a la hora de decantarse por hacer este tipo de películas.
Especial interés muestra para mí, el descubrir cómo Steven Spielberg se carga un guión a priori aterrador cómo el de “Gremlins”, en el que originariamente, no había cachondeo. Los bichos se comían al perro de Billy y decapitaban a su madre, pero a mitad de camino al rey Midas se le ocurrió meterle humor para venderla de cara al público familiar. Y que conste, que aún así “Gremlins” sigue siendo una película aterradora.
Interesante, pero sin embargo no es un gran documental. Al final,  y esto no se si juega a favor o en contra, se queda corto, y aunque trata de  pasarle factura a todo, tan solo nos muestra las piezas más importantes, sin ahondar lo suficiente en el tema.
Se habla de cine de terror, y eso siempre mola, pero cuando termina, nos quedamos igual.
El documental significa el debut en la dirección del montador Andrew Monument, que por supuesto, tampoco de merece un idem.

jueves, 27 de mayo de 2010

TERROR EN ESTADO PURO: EL CANIBAL

Tras "Masters of Horror", Mick Garris crea otra serie con la misma premisa: "Terror en estado puro" con capítulos independientes dirigidos por distintos directores especializados en el género. Vamos, una nueva temporada de "Masters of Horror", si no fuera porque faltan los grandes (Argento, Carpenter…) y porque los capítulos son esta vez mucho más cortos.
Como no tengo el mas mínimo interés en comerme la serie entera, al menos 
me he preocupado de ver el capítulo del director que más me interesaba, este "El caníbal" de Stuart Gordon.
La policía captura a un tipo que secuestraba personas, las torturaba y, cuando tenía hambre, cortaba alguna parte de sus cuerpos, la cocinaba y después se la comía. Una agente novata, fan del cine de terror, comienza a fascinarse por el personaje. Tras ser elegida junto a dos compañeros para hacer guardia esa noche, se sucederán los actos paranormales.
Pues está muy bien este capítulo. Es como ver un corto de Stuart Gordon en el que la esencia de sus dos estilos mas característicos ha quedado bien reflejada en escasos cuarenta minutos. Tiene la atmosfera agobiante de los últimos trabajos ( "Stuck", "Edmond") y el horror salvaje de los de entre medias ("Re-Sonator", "Dolls"...). Gordon tiene un sello propio,uno con el que te puede marcar como a una res, y por eso siempre merece la pena ver algo en lo que esté implicado.
En el reparto tenemos a un clásico de la factoría Gordon, Stephen Lee. Interpretando al desagradable caníbal de dentadura horrible tenemos a Stephen R. Hart.
Muy majo, muy recomendable, siempre que seas un Gordomaníaco, que yo se que a muchos no les entra tan fácil cómo a mí. Y es que yo soy muy puta.

miércoles, 12 de febrero de 2020

IN SEARCH OF DARKNESS

El cine de terror de los años ochenta. Suspirito. Sí, todos estamos ya un poco cansados de la cantinela. Y de que sea la excusa perfecta para que luego cualquier mamón con una cámara (o vídeo cámara, aunque hoy día la diferencia sea casi inexistente) haga una basurilla que no tenga absolutamente nada que ver con lo que se producía en aquella época dorada, pero luego lo venda como "homenaje", "tributo", "recreación" o cualquier recurrente chuminada. Sin embargo, nada de todo eso enfanga la realidad, que el cine de terror (y de género) parido entre 1980 y 1989 viene repleto de obras cojonudas que han dejado una huella imborrable en la historia del séptimo arte. Desde luego, David A. Weiner no me va a llevar la contraria, porque para algo ha invertido un tiempo generoso (y la pasta que algunos insensatos le cedieron a través de crowdfunding) en rodar desde Inglaterra un documental de ¡¡cuatro horas!! sobre, eso, los horrores cinematográficos de la mentada década, repasando aquellos títulos legendarios (+ alguno segundón) y entrevistando a peña que habla, opina y aporta datos, si es que participaron de algún modo en su confección. Nada demasiado revelador, porque ni tan siquiera cuatro horas dan para profundizar. Así que los speechs en torno a cada título son cortitos, a veces prácticamente reducidos a una frase, y puede que haya quien en eso vea un problema... pero para el medianamente informado (que, entiendo, será la mayor parte del público dispuesto a consumir algo taaaaan elefantiásico como "In search of Darkness") no resultará ningún inconveniente, básicamente porque se conocerá todos los datos más elementales al dedillo.
Sin duda, el plato fuerte del documental está en la presencia de los rostros y talentos de Tom Atkins, Doug Bradley, Lori Cardille, John Carpenter, Larry Cohen, Jeffrey Combs, Barbara Crampton, Sean S. Cunningham, Joe Dante (impagable cuando opina sobre "Aullidos 2"), Mick Garris, Stuart Gordon, Kane Hodder, Tom Holland, el ilustrador Graham Humphreys, Bill Moseley, Alex Winter, Brian Yuzna, el inevitable Lloyd Kaufman y unos cuantos más. Claro, ¿qué pasa? que con semejante plantel, y unas ambiciones tan épicas en plan "documento definitivo sobre la década de los 80", se echa mucho de menos a más gente, especialmente si son de los que se suelen dejar ver en toda suerte de documentos audiovisuales, y que van desde Bruce Campbell a John Landis, pasando por Linnea Quigley o Tom Savini. Aunque nada desentona más que los discursos políticamente correctos pro-feminismo, pro-integración, pro-blablabla y demás mierdas tan engorrosas y tan típicamente yankis (porque eso son el 90% de los entrevistados). Pero no es algo a lo que se recurra en exceso y, teniendo en consideración la duración del mamotreto, los minutos desperdiciados son pocos. Gracias a dios.
Al final, paparruchas aparte, hay que reconocer que la cosa se soporta perfectamente, tiene ritmo y, obviamente, apela a la nostalgia y la ternura de todos aquellos cuarentones (y +) que vivieron esos films de manera intensa y apasionada, así que ¡recomendable!.
Actualmente David A. Weiner trabaja en otro documental de idéntica naturaleza/intenciones, solo que versado en la ciencia ficción.

sábado, 18 de abril de 2015

DIGGING UP THE MARROW

¿Nunca te has preguntado donde van a ir a parar los recién nacidos deformes?. William Dekker, detective retirado, lleva años investigando y lo sabe. Habitan bajo tierra y tiene localizada la entrada de su escondrijo situada en un viejo cementerio. Para documentar la terrible verdad se pone en contacto con el cineasta "cult" especializado en terrores Adam Green, autor de pelis como "Frozen" o la saga "Hatchet", quien decide apuntarse al sarao, sobre todo a partir de la noche en la que ve con sus propios ojos una de esas criaturas. La cosa se va convirtiendo en obsesión, a pesar de que su mujer no anda nada contenta y su equipo le recrimina que pierda el tiempo con chorradas, hasta que un día comienza a sospechar que todo es una estafa, una tomadura de pelo, por lo que decide visitar él solo (y su cámara) la siniestra fosa supuestamente habitada por monstruos. Mala idea.
"Digging up the marrow" es la más reciente película de, sí, ese Adam Green del que hablaba más arriba. Y, como veis, se trata de un concepto muy interesante que recuerda vagamente al de "La nueva pesadilla" de Wes Craven. Cine dentro del cine. Es por ello que Green se interpreta a sí mismo, algo que también hace su (ex) mujer (que pa algo es actriz), el cámara, el montador y algunos rostros populares en sendos cameos muy agradecidos. Por ejemplo, están Don Coscarelli (el otro amigo de Víctor), el inevitable Lloyd Kaufman, Tony Todd y en apartados más destacados Kane Hodder (gracioso verle no-reaccionar frente a las imágenes del primer monstruo. Muy en su línea) y especialmente Tom "Noche de miedo" Holland y Mick "unpocodetodo" Garris, que son quienes más se prestan a la broma. Si algo te preguntas durante el visionado de la película es "¿Por qué el detective no recurre a un director más famoso que Adam Green?". Y ahí está la coña, cuando el cineasta lo comenta con Holland y Garris, estos le tratan de idiota y le cuentan que el tipo ya les vino a ellos (y a Landis, y Carpenter, y Del Toro...) con la misma historia, solo que no le hicieron ni puto caso. Un gag que parece un corto de colegas improvisado (ejem...), algo que me moló mucho, ¿pa qué negarlo?. Por lo demás, y sin salirnos de terreno puramente friquista, tenemos un auténtico festival de camisetas ("Phantasma", "Evil Dead" y muchas de las pelis del mismo Green) y toda la saga de "Viernes 13" en vhs asentada en una estantería.
Cabe decir que estamos ante una combinación bastante curiosa de "found footage" y "mockumentary". Incluso se permiten unas cuantas coñas al respecto, como cuando Adam Green exclama: "¡Esto no es un found footage, es un... footage footage!". O la fobia a los infrarrojos del cámara, que evita usarlos a lo largo de la peli, aunque la oscuridad sea total y absoluta.
La trama se va desarrollando básicamente a base de diálogos y diálogos, centrándose en la relación de Green y el detective, interpretado por el carismático y veterano Ray Wise (especialmente famoso por la serie "Twin Peaks"). Y dadas las circunstancias, no se hace la cosa demasiado pesada, la pareja tiene feeling y se tira bastante del humor sin resultar demasiado cafre. Cuando llegan las pinceladas de terror y monstruosidades, pues bueno, no funcionan demasiado en el apartado miedo/sustos. En cuanto a los efectos especiales, se agradece que tiren más de látex que de CGI, reducido este último a lo mínimo, aunque los monstruos se ven igualmente bastantes cutres. Esto no debería importar por el rollo nostálgico, de que sean trucos físicos y no píxeles, pero el supuesto realismo pseudo-documentalista de la propuesta no casa bien con todo ello. Tal vez el más efectivo sea el "cabeza de payaso", pero pa entender esta parte de la reseña tendréis que ver la película.
El desenlace está a la altura de la mayoría de found footages... te deja un poco en plan "po fale".
En fin, no es una mierda, se aguanta bien y tiene su gracejo, sin ser nada del otro jueves... algo que, a la larga, tampoco es tan malo.