lunes, 1 de agosto de 2011

EL REFUGIO DEL MIEDO

Al igual que LA HORA INCOGNITA, EL REFUGIO DEL MIEDO, forma parte de esas “Raras Avis” que pululan tímidamente por la cinematografía patria, y que dedican su metraje al rollete post-apocalíptico (o pre-apocalíptico en el caso de la de Ozores), y que sin duda, tienen un lugar de honor en nuestro cine fantástico. Pero si en AVT, pecamos de algo, es de ser soberanamente serios; EL REFUGIO DEL MIEDO, es una película bien considerada, respetada por el fandom mas enteradillo y sabiondo, por el mero hecho de ser una película de corte post-apocalíptico de procedencia española. Es decir, el único rasero por el que se mide la película, es por el género que cultiva, exótico para según que nacionalidad. Bien: EL REFUGIO DEL MIEDO, en realidad, ¡ES UN COÑAZO DE TRES PARES DE COJONES!
Parece mentira que se reivindique esta mierda por el mero hecho de ser española y de un género específico. Cuando esta porquería se estrenó, siendo, no obstante, un fracaso estrepitoso (y merecido, si el publico le hubiera dado una oportunidad), los americanos ya habían hecho películas de calidad, adaptaciones de las novelas de Richard Matheson como EL ULTIMO HOMBRE VIVO o CUANDO EL DESTINO NOS ALCANCE, que efectivamente eran películas buenas. ¿Quién quería ver una piltrafilla española teniendo las americanas, que estaban repletas de ritmo y visualmente eran (son) espectaculares?
Bien, aclarado esto, ahora sí, decir que particularmente, EL REFUGIO DEL MIEDO es una película que me ha caído simpática.
Dos matrimonios y el hijo de uno de ellos, se encuentran en un piso que en realidad es un refugio atómico. Los dos “cabezas de familia” son militares y aguardan ahí hasta que la radiación nuclear desaparezca y entonces poder continuar con sus despreciables vidas fuera. Pero mientras aguardan se suceden los problemas. Las golfas de las mujeres, actúan como lo que son y una de ellas, se folla al hijo de la otra pareja, lo que acarreará conyugales consecuencias en un entorno hostil… y post-apocalíptico.
La principal intención de la película, es que no se note que es española, por eso está ambientada en Nueva York, y eso nos lo aclaran durante los títulos de créditos, en los que ya nos insertan planos de la ciudad a cascoporro. ¿Lo consigue? A medias. Los peinados de los actores, así como algunos objetos del entorno inmobiliario del piso donde transcurre el 90% de la peli, le hacen cantar la Traviata en algunos planos. No obstante, la fotografía, los colores chillones y el ambiente setentero, si que podrían hacerla pasar por Yankie en un momento dado.
Y si, está simpática, hay un par de momentos que por delirantes o por estúpidos hacen que nos centremos plenamente y que lleguemos a disfrutar de lo que vemos, pero el tempo tedioso y el aburrimiento imponente, al final hacen mella en este curioso producto. ¡Bah!, Minucias, nada que no solucione el “Fast Fordward”.
Con todo, se puede ver, pero como curiosidad, como rareza, como frikada si queréis, pero JAMÁS, como una gran película del cine español, porque en realidad es una mierda.
En el reparto Craig Hill, Patty Shephard, Fernando Hilbeck, Teresa Gimpera y Pedro Mari Sánchez, el entrañable Críspulo de LA GRAN FAMILIA, y doblador habitual de José Luis Manzano (y que paradójicamente, aquí, aparece doblado), que se prodiga como un poderoso galán, clónico de Ashton Kutcher (¡joder, si parecía que estaba viendo una peli de el¡) y le da el toque de gracia a la película.
En la dirección, otro director que me cae muy simpático también, José Ulloa, que además de generar culto por esta película, lo genera también por otra de palo muy diferente, pero en todos los sentidos, infinitamente mejor (¿O quizás infinitamente peor?) que esta: ANDALUCÍA CHICA, película que protagonizó en cantante de copla Antonio Molina, en plena decadencia de su decadencia.