En verdad, Jess Franco nunca llegó a concebir en el papel un
exploit de “Emmanuelle” de Just Jaeckin. De hecho, “El último escalofrío” (título real),
rodada prácticamente a la vez que el clásico del erotismo, aprovechó el tirón
de este una vez estaba ya montada y lista para estrenar, lanzándola en algunos países anglo-parlantes como “Tender & Perverse
Emmanuelle”, y dentro de una de las épocas más desquiciadas de Franco —los
ochenta—, dando la casualidad de que la “Emmanuellexploitation” estaba en boga
dejando pingües beneficios a las taquillas de los cines más desprejuiciados de
medio mundo. Laura Gemser se convertía en un mito erótico de serie Z
gracias a su serie de películas de “Emanuelle Negra”, que a su vez suscitaron
toda suerte de copias y plagios de intenciones siempre mercantiles, situando el mito creado por Jaeckin y Kristel en un universo paralelo, menos popular que
sus explotaciones, y totalmente almibarado para lo que el cine europeo había
creado con estas mierdecillas para pajilleros de la era pre-porno. Hacer una
película sobre Emmanuelle, era una garantía de algo.
Con “Las orgías eróticas de Emmanuelle” (título que con sus
dos cojones mantiene las dos emes de “Emmanuelle”, mientras que para esquivar
los derechos, otros le quitaban una eme), Jesús
Franco no trataba más que hacer una comedieta “S” sobre infidelidades y lesbianismo,
meter ahí algún elemento sensacionalista, y una crítica en forma de mofa a la
imagen del macho ibérico. Por otro lado, se marca por boca de Antonio Mayans un moderno discurso sobre
nuestras costumbres sexuales. En definitiva, se trata de una película más de
culos y tetas de Jess Franco.
Cuenta como un hombre de bien (Mayans) está casado con
Emmanuelle. Tras un montón de orgías e infidelidades, este la perdona y vuelve
con ella, hasta que un día, en plena discoteca, ella le humilla acostándose con
una mujer delante de todo el mundo. Comienzan así las idas y venidas, las
violaciones, las combinaciones sexuales entre unos y otros y los chascarrillos humorísticos
made in Franco.
Bastante serena y sosita, no se encuentra entre los títulos
más desmadrados del cineasta en su febril etapa ochentera, cuando operaba en la costa entre hoteles
y parquecillos.
Con todo, es de las entretenidillas.
En el reparto, además de Mayans, tenemos a un
descacharrante Tony Skios cuyas soflamas en off sobre el poder del macho
español, bien hacen a “Las orgías inconfesables de Emmanuelle” merecedora de un
visionado, así como tenemos también a Muriel Montossé, quién a posteriori
tendría una carrera profesional en Francia presentando toda suerte de programas
televisivos.
De espectadores, los 150.000 habituales de la clasificación “S”.
No es de las menos taquilleras del tío Jess.
