No había yo sufrido todavía la cinematografía Venezolana, escueta e, intuyo, parecida a la Española, con casi total ausencia de cine de género. Así que decidí desvirgarme (e incluso no repetir) con lo más parecido a una película de género de esos andurriales que encontré, esta "Puras Joyitas".Un grupo de delincuentes planea robar la corona de un concurso de belleza, cuyas joyas son reconocidamente falsas, y sustituirlas por materia genuina para, así, sacarlas del país sin que nadie sospeche.
Contado así, no suena ni tan mal, pero la peli al final es la misma bazofia de la que pecamos aquí en España cuando somos medio idiotas y queremos hacer películas de tíos “cool” con pistolas: Intentando imitar a Tarantino, nos sale una de Guy Ritchie. Y no hay nada peor que eso.
Es más, conscientes de ello y de la importancia de los diálogos en las películas del director de "Pulp Fiction", otorgan la función de narrador al protagonista, quien no parará de largar, incluso para contarnos aquello que ya estamos viendo, quedando una cosa artificiosa y hasta pedante, a la par de cutre-salchichera.
Y el colmo de la “Tarantinada / Richiada”, es el poner cartelitos coloridos con la presentación de cada personaje “guay” o momento de importancia.
Todos esto tópicos del cine de “chupas de cuero marrones y camisas de pico”, me repatean como para calificar de mala una buena película. Si los resultados son óptimos lo puedo tolerar, pero si hablamos de una sucesión de escenas en las que no pasa nada, con un tío repelente contándonos todo… apaga y vámonos.
Técnicamente, aunque se le ve con un presupuesto ínfimo, no tiene que envidiar nada a cualquier producción mediana Europea, aunque cuando yo cuando me pongo a ver cine Sudaca, no busco precisamente eso.
Hicieron falta dos aburguesados venezolanos para dirigir esto, Henry Rivero y Cesar Oropeza, ambos con pinta de recién salidos de una escuela de cine.
Otra noche de tiempo perdido.
Es más, conscientes de ello y de la importancia de los diálogos en las películas del director de "Pulp Fiction", otorgan la función de narrador al protagonista, quien no parará de largar, incluso para contarnos aquello que ya estamos viendo, quedando una cosa artificiosa y hasta pedante, a la par de cutre-salchichera.
Y el colmo de la “Tarantinada / Richiada”, es el poner cartelitos coloridos con la presentación de cada personaje “guay” o momento de importancia.
Todos esto tópicos del cine de “chupas de cuero marrones y camisas de pico”, me repatean como para calificar de mala una buena película. Si los resultados son óptimos lo puedo tolerar, pero si hablamos de una sucesión de escenas en las que no pasa nada, con un tío repelente contándonos todo… apaga y vámonos.
Técnicamente, aunque se le ve con un presupuesto ínfimo, no tiene que envidiar nada a cualquier producción mediana Europea, aunque cuando yo cuando me pongo a ver cine Sudaca, no busco precisamente eso.
Hicieron falta dos aburguesados venezolanos para dirigir esto, Henry Rivero y Cesar Oropeza, ambos con pinta de recién salidos de una escuela de cine.
Otra noche de tiempo perdido.

























