Esto va a sonar fatal, pero siempre que pienso en Wes Craven no puedo evitar acompañarlo de una sensación lastimera. Tal vez sea por esa eterna mueca de tristeza que gastaba... o, más probable, la causa esté entre las páginas del libro "Sesión Sangrienta", donde se le dedicaba un buen pasaje narrando sus arranques como hippie aspirante a pintor y/o poeta. Luego se encoñó, tuvo hijos y, aunque intentó dejarlos de lado para seguir sus elevadas inclinaciones artísticas, al final le tocó pringar. Y de ahí, pues ya saben, a rodar porno y luego terror ultra-violento, donde quedó encasillado de por vida gracias a su éxito y, por ende, una posterior integración en el mainstream (incluido fracasado intento de pasarse al drama de alto standing) que le iría desprendiendo progresivamente de gracia y espíritu. Es decir, la fama y las riquezas hicieron aflorar, ya de modo total y definitivo, al hombre de negocios oculto tras el "auteur", y no digamos "el artista". Por eso, seguramente, sus películas iban sumando elevadas dosis de mediocridad a medida que acumulaba años de profesión, porque el interés invertido iría de casi cero a casi menos cien. Y eso, amigos, se nota. Si a todo este cocktail amargo añadimos un rodaje super-caótico y problemático con los terribles gerifaltes Weinstein y su "Dimension Films" al frente (subproductora destinada a confeccionar cine puramente de género, considerado basura por los hermanos), que acabó de traumar a Craven hasta el punto de decidir no aceptar ningún proyecto más únicamente motivado por el montante (promesa, opino, incumplida), pues apaga y vámonos.
Y eso es "La maldición (Cursed)" una película que hacía honor a su título. Se suponía una nueva y llamativa colaboración entre el director de "Pesadilla en Elm Street" y Kevin Williamson, sobrevalorado guionista de "Scream, vigila quien llama", desde la primera secuela de esta última. De hecho, diría que intentaron repetir un poco la jugada. Es decir, aplicar a los hombres lobo en "Cursed" lo aplicado al slasher en "Scream". Porque sí, de eso va el film reseñado, de licántropos. En realidad nada nuevo bajo el sol. La trama es super-trillada y convencional. Dos hermanos son atacados por un enorme lobo. Ambos comenzarán a notar sus respectivas y progresivas mutaciones, obteniendo mayores capacidades físicas, sensoriales y un desarmante sex appeal. Todo esto a la par que el licántropo original anda por ahí jodiendo la marrana. Los protagonistas deberán detenerle para, así, acabar con su propia maldición.
Ahora imaginen todo ello narrado a lo Kevin Williamson, con adolescentes como eje central (de esos sin familia e inadaptados que habitan enormes casoplones -instalados en medio de suburbios llenos de gente bien pálida- y cuya estabilidad económica resulta todo un misterio ), altas dosis de posmodernismo (aunque eso ya lo hiciera, y mucho mejor, Joe Dante en "Aullidos"), referencias cinéfagas (por ahí vemos figuras de "Pinhead", "Jason" y, claro, "Freddy") y unos toques de humor absolutamente patéticos y fuera de lugar (lo de provocar a un licántropo citando sus defectos físicos -en forma humana- y que este responda haciéndote una peineta, da vergüenza ajena), coronados con el peor desenlace imaginable. Lo que comúnmente llamamos un final de mierda.
Desde el momento de su gestación a mediados de los 2000, "Cursed" no arrastró más que mala prensa. El rodaje fue eterno, repleto de refilmaciones, cambios bruscos en el guion y personal entrando y saliendo con pasmosa facilidad. Sorprende descubrir qué actores de renombre participaron para, finalmente, ser borrados de un plumazo (consulten "Imdb", bitches). Lo mismo que los efectos especiales. Primero se fichó al grande y adecuadísimo Rick Baker, luego sustituido por los no menos talentosos Howard Berger y Greg Nicotero. Todos ellos se habían currado sendos hombres lobo a base de látex y animatronic, además de unas cuantas buenas dosis de gore salpicante. Sin embargo, los Weinstein decidieron que preferían CGI y una peli apta para jovencitos. De esta manera, eliminaron la mayoría de escenas de trucos prácticos (dejando solo unos cuantos primeros planos, o planos medios, del monstruo, realmente logrados, sustituyéndolos por auténtica incompetencia. Los retoques informáticos son pura y dura basura), así como toda las mutilaciones y zarandajas truculentas. Con decirles que hubo hasta TRES versiones completas y listas de "Cursed" se lo digo todo, siendo la última y, según testigos, la peor aquella finalmente elegida / estrenada y, obvio es, fracasada a la hora de recolectar billetes verdes. No era pa menos, y no es pa menos. Sin embargo, asumido todo ello, y sabiendo a lo que uno se expone, la película termina siendo una mediocridad tontuna lo suficientemente dinámica y amena como pa rellenar un ratete estulto.
Los actores que sí asoman en el largometraje son una Christina Ricci cada vez menos "chubby" -y, por ende, menos apetecible-, el insufrible Jesse Eisenberg (mira que me cae mal este tío, lo siento), Joshua Jackson, Judy Greer, Shannon Elizabeth, Derek Mears -futuro "Jason" oculto bajo el disfraz de hombre lobo- y Scott Baio como Scott Baio.
Por supuesto, la carrera de Wes Craven seguiría haciendo aguas ya de forma irremediable. Lo intentaría con un thriller convencional de espíritu telefílmico -"Vuelo Nocturno"-, otra de terror con frustradísimas y dolorosas aspiraciones a nueva franquicia -"Almas Condenadas"- y, en un desarmante caso de cierre circular y puesta en evidencia, la tardía y cuarta entrega de "Scream". En el fondo, su epitafio ideal.
sábado, 10 de enero de 2026
martes, 6 de enero de 2026
ROSAS BLANCAS PARA MI HERMANA NEGRA
Tremendo melodrama mexicano de corte sensacionalista, que, con los ojos puestos, sin ninguna duda, en el cine de Douglas Sirk, hubiera enloquecido a Almodóvar de haberla visto. Claro, que a lo mejor sí lo ha visto y, claramente, ha influenciado en su cine.
Como fuera, nos encontramos ante una producción de Abel Salazar, director de la cinta, que además de haber dirigido títulos tan delirantes del cine mexicano como pueda ser “Ya nunca más”, aquella locura enfebrecida para lucimiento del cantante Luis Miguel, o el “Tootsie” mexicano con “Quisiera ser hombre”, venía con una larga trayectoria como productor del más granado cine de terror de la época dando luz verde a films como “El barón del terror”, “La venganza de La Llorona” o el clásico “El Vampiro” entre otras.
Se trata de una película que, en su afán por hacer un alegato anti-racista, al final, de aquella manera y por los pelos, acaba siendo lo contrario. Además de tratarse de un film morboso y explícito, muy a la mexicana.
Cuenta la historia de Laura, una mujer que durante años ha tenido una excelente relación de amistad con Angustias, una sirvienta negra, y con su hija Roberta. A la mujer se le llena la boca diciendo que no pasa nada por ser negro, que la sociedad ya no es racista, e incluso apoya la relación de Roberta con un hombre blanco. Pero Laura también tiene una hija, Alicia, que llega un día a casa a presentar a su novio, un brillante médico (y parece que hasta cirujano del corazón) que, mira tú por donde, resulta ser negro. Ahí cambia todo el rollo porque, a pesar de ser una mujer anti-racista, Laura no quiere tener un negro en la familia. Y comienza el conflicto.
La cosa se complicará cuando la hija, Alicia, cae enferma de gravedad y con una única solución para continuar viva: Un transplante de corazón. El resto se lo pueden imaginar (si no quieren que les haga spoiler).
La película, datada en 1970, es claramente un artefacto de naturaleza exploit camuflado de panfleto cargado de buenas intenciones, además de un drama de padre y muy señor mío —he de reconocer que hasta se me saltaron los lagrimones en alguna secuencia especialmente desgarradora—. Sin embargo, estilísticamente, me parece una pasada. No solo está dirigida con solvencia, sino que la manera de iluminar de Salazar en las escenas de mayor dramatismo, o según el estado de ánimo de la protagonista, Laura, son todo un alarde “marcapaquete”, dicho en el buen sentido. Entre eso, y que la película no se corta en mostrarnos, como mandan los cánones mexicanos, una operación a corazón abierto real con todo lujo de detalles, “Rosas blancas para mi hermana negra” se convierte en una de las películas más bizarras que he visto últimamente.
Pero lo más importante de todo es que, a pesar de que por momentos el argumento está trillado y es previsible a más no poder (supongo que en 1970 no lo sería tanto), la película es condenadamente entretenida. Y como los buenos culebrones, engancha, hasta tal punto, que en todo momento quieres saber que pasará. Vamos, que me ha gustado horrores.
El reparto está compuesto por artistas más o menos reconocidos de la época; como Laura tenemos a Libertad Lamarque, cantante de tangos argentina y toda una estrella en Latinoamérica; Roberta sería la cantante Robertha, peruana de cierto éxito en México en los años 60, cuyo estilo se asemeja curiosamente al de nuestro Raphael; Eusebia Cosme, reputada poetisa y actriz de los caminos en su Cuba natal, o Steve Flanagan, cantante de soul sin suerte tanto en su profesión como en el cine: esta sería su única incursión.
Y a continuación, una anécdota: tras la absolución por parte del jurado a los cuatro agentes de policía que asesinaron usando la fuerza bruta a Rodney King, un asesinato absolutamente racial, el 29 de abril de 1992 el pueblo de Los Angeles se levantó en señal de protesta por este veredicto en lo que se llamó “Los disturbios de Los Angeles”. Fueron más de seis días de incendios provocados, revueltas y saqueos, que se concentraron en la zona de South Central L.A. Por supuesto, el suceso se convirtió en una noticia de nivel internacional con gran revuelo popular. El 3 de mayo, justo con los disturbios a punto de finalizar, pero con la sensibilidad a flor de piel, "Antena 3" TV emitió “Rosas blancas para mi hermana negra” en horario de medio día. Desde luego, no fue una elección muy adecuada teniendo en cuenta lo acontecido. El crítico del diario "El País", ofuscado por la situación, publicó lo siguiente el día de la emisión de la película: «Antena 3 debería puntualizar que este título estaba programado antes de los levantamientos de Los Ángeles. Y esto no es demagogia. En este insulso folletín, una chica blanca y una chica negra comparten una amistad incomprendida. Premonitoria».
No se a ustedes, pero a mí esta anécdota me hace cierta gracia...
Como fuera, nos encontramos ante una producción de Abel Salazar, director de la cinta, que además de haber dirigido títulos tan delirantes del cine mexicano como pueda ser “Ya nunca más”, aquella locura enfebrecida para lucimiento del cantante Luis Miguel, o el “Tootsie” mexicano con “Quisiera ser hombre”, venía con una larga trayectoria como productor del más granado cine de terror de la época dando luz verde a films como “El barón del terror”, “La venganza de La Llorona” o el clásico “El Vampiro” entre otras.
Se trata de una película que, en su afán por hacer un alegato anti-racista, al final, de aquella manera y por los pelos, acaba siendo lo contrario. Además de tratarse de un film morboso y explícito, muy a la mexicana.
Cuenta la historia de Laura, una mujer que durante años ha tenido una excelente relación de amistad con Angustias, una sirvienta negra, y con su hija Roberta. A la mujer se le llena la boca diciendo que no pasa nada por ser negro, que la sociedad ya no es racista, e incluso apoya la relación de Roberta con un hombre blanco. Pero Laura también tiene una hija, Alicia, que llega un día a casa a presentar a su novio, un brillante médico (y parece que hasta cirujano del corazón) que, mira tú por donde, resulta ser negro. Ahí cambia todo el rollo porque, a pesar de ser una mujer anti-racista, Laura no quiere tener un negro en la familia. Y comienza el conflicto.
La cosa se complicará cuando la hija, Alicia, cae enferma de gravedad y con una única solución para continuar viva: Un transplante de corazón. El resto se lo pueden imaginar (si no quieren que les haga spoiler).
La película, datada en 1970, es claramente un artefacto de naturaleza exploit camuflado de panfleto cargado de buenas intenciones, además de un drama de padre y muy señor mío —he de reconocer que hasta se me saltaron los lagrimones en alguna secuencia especialmente desgarradora—. Sin embargo, estilísticamente, me parece una pasada. No solo está dirigida con solvencia, sino que la manera de iluminar de Salazar en las escenas de mayor dramatismo, o según el estado de ánimo de la protagonista, Laura, son todo un alarde “marcapaquete”, dicho en el buen sentido. Entre eso, y que la película no se corta en mostrarnos, como mandan los cánones mexicanos, una operación a corazón abierto real con todo lujo de detalles, “Rosas blancas para mi hermana negra” se convierte en una de las películas más bizarras que he visto últimamente.
Pero lo más importante de todo es que, a pesar de que por momentos el argumento está trillado y es previsible a más no poder (supongo que en 1970 no lo sería tanto), la película es condenadamente entretenida. Y como los buenos culebrones, engancha, hasta tal punto, que en todo momento quieres saber que pasará. Vamos, que me ha gustado horrores.
El reparto está compuesto por artistas más o menos reconocidos de la época; como Laura tenemos a Libertad Lamarque, cantante de tangos argentina y toda una estrella en Latinoamérica; Roberta sería la cantante Robertha, peruana de cierto éxito en México en los años 60, cuyo estilo se asemeja curiosamente al de nuestro Raphael; Eusebia Cosme, reputada poetisa y actriz de los caminos en su Cuba natal, o Steve Flanagan, cantante de soul sin suerte tanto en su profesión como en el cine: esta sería su única incursión.
Y a continuación, una anécdota: tras la absolución por parte del jurado a los cuatro agentes de policía que asesinaron usando la fuerza bruta a Rodney King, un asesinato absolutamente racial, el 29 de abril de 1992 el pueblo de Los Angeles se levantó en señal de protesta por este veredicto en lo que se llamó “Los disturbios de Los Angeles”. Fueron más de seis días de incendios provocados, revueltas y saqueos, que se concentraron en la zona de South Central L.A. Por supuesto, el suceso se convirtió en una noticia de nivel internacional con gran revuelo popular. El 3 de mayo, justo con los disturbios a punto de finalizar, pero con la sensibilidad a flor de piel, "Antena 3" TV emitió “Rosas blancas para mi hermana negra” en horario de medio día. Desde luego, no fue una elección muy adecuada teniendo en cuenta lo acontecido. El crítico del diario "El País", ofuscado por la situación, publicó lo siguiente el día de la emisión de la película: «Antena 3 debería puntualizar que este título estaba programado antes de los levantamientos de Los Ángeles. Y esto no es demagogia. En este insulso folletín, una chica blanca y una chica negra comparten una amistad incomprendida. Premonitoria».
No se a ustedes, pero a mí esta anécdota me hace cierta gracia...
sábado, 3 de enero de 2026
EL MISTERIO DE LA PIRÁMIDE DE ORO
¿Recuerdan cuando en España nos tiraba tanto eso de poner títulos mega-absurdos al cine llegado de fuera, especialmente el norteamericano? Pues aquí tenemos un ejemplo morrocotudo: "El misterio de la pirámide de oro" es el rebautismo que le dieron a... ¡"Vibes"!, es decir, vibraciones (un caso no tan distinto al de "The Tomb / El misterio de la pirámide"). Y vibraciones (o "vibras", como dice la juventud de hoy) es lo que siente el protagonista cada vez que sujeta un objeto en sus manos, porque dispone de la capacidad de saber dónde ha estado, a quien pertenecía y el diámetro de su ojete... todo. Él y una chavala capaz de mantener coloridas charlas con una presencia espiritual que la acompaña a todas partes, son requeridos por un tipo para dirigirse a Ecuador donde, dice este, se ha perdido su hijo y, así, localizarlo. Por supuesto que es mentira, y la finalidad del engatusamiento consiste en dar con oro que luego no es tal, es más que eso. Ahora cojan semejante argumento y añádanle mucha comedia y algo de romanticismo, con lo que el resultado sería, tal y como dijo la crítica de su época -la de 1988-, una combinación de "Indiana Jones y el templo maldito", "Los Cazafantasmas" (nada más iniciarse, en ambas presenciamos un experimento psíquico mediante cartas Zener) y "Tras el corazón verde". Considerando que esta última ya era de por sí una copia -con calidad y estilo, sí, pero copia al fin y al cabo- de las aventuras del arqueólogo del látigo, lo dejamos en las dos primeras. Una "romcom" de aventuras fantásticas cuya función consistía en lanzar al estrellato cinematográfico a una exitosa cantante pop, más ochentera que los quilos de laca que solía ponerse por encima de las cejas, Cyndi Lauper... síiii, la de la canción de los "Goonies". Su partenaire no es otro que un Jeff Goldblum en plena forma (y mira que tenía un método peculiar el hombre, pero mola, conectas), el bueno de Peter Falk, el malogrado Julian Sands, otro grande, Michael Lerner, y en papeles de quita y pon, Steve Buscemi y Elizabeth Peña.
Así pues, nos encontramos con otra consecuencia más del tremendo pepinazo que supusieron las películas del aventurero "Indy" en su momento, solo que esta respaldada por toda una "Paramount", efectos especiales del respetado Richard "Star Wars" Edlund y dirección de Ken Kwapis (¡wapi!) , un señor que venía de la tele, hizo algunos intentos destinados a la gran pantalla ("Barrio Sésamo: Sigue a ese pájaro", "Él dijo, ella dijo" con Kevin Bacon, "Hasta que el cura nos separe" con Fernando Est.... no, con Robin Williams) que, presupongo, no funcionaron muy bien, así que volvió a la caja lerda y ahí se quedó (donde tampoco le fue demasiado mal, llegó a dirigir un capítulo de "Cuentos Asombrosos", por ejemplo). Ello explicaría pues que "Vibes" no sea ultra-popular, y Cyndi Lauper tampoco se convirtiera en la siguiente ¿Cher?. La cosa arranca bien, con ritmo y chispa, pero a medida que avanza, y cuando el asunto aventurero debería chorrear por los fotogramas, va perdiendo gas, a pesar de que aparque un poco la coña y apueste por un mayor dramatismo. Demasiado "bla, bla" que la supuesta química entre Lauper y Goldblum no sostiene. Y el clímax, cuando los efectos especiales estallan a base de luces, rayos y brillos, se nota contenido y demasiado poco espectacular.
Resumiendo, para ver así un rato tonto a base de compartir pantallas (la del televisor, la del móvil) y luego devolver al estante en el que estaba, el de las justamente olvidadas.
Así pues, nos encontramos con otra consecuencia más del tremendo pepinazo que supusieron las películas del aventurero "Indy" en su momento, solo que esta respaldada por toda una "Paramount", efectos especiales del respetado Richard "Star Wars" Edlund y dirección de Ken Kwapis (¡wapi!) , un señor que venía de la tele, hizo algunos intentos destinados a la gran pantalla ("Barrio Sésamo: Sigue a ese pájaro", "Él dijo, ella dijo" con Kevin Bacon, "Hasta que el cura nos separe" con Fernando Est.... no, con Robin Williams) que, presupongo, no funcionaron muy bien, así que volvió a la caja lerda y ahí se quedó (donde tampoco le fue demasiado mal, llegó a dirigir un capítulo de "Cuentos Asombrosos", por ejemplo). Ello explicaría pues que "Vibes" no sea ultra-popular, y Cyndi Lauper tampoco se convirtiera en la siguiente ¿Cher?. La cosa arranca bien, con ritmo y chispa, pero a medida que avanza, y cuando el asunto aventurero debería chorrear por los fotogramas, va perdiendo gas, a pesar de que aparque un poco la coña y apueste por un mayor dramatismo. Demasiado "bla, bla" que la supuesta química entre Lauper y Goldblum no sostiene. Y el clímax, cuando los efectos especiales estallan a base de luces, rayos y brillos, se nota contenido y demasiado poco espectacular.
Resumiendo, para ver así un rato tonto a base de compartir pantallas (la del televisor, la del móvil) y luego devolver al estante en el que estaba, el de las justamente olvidadas.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)


