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sábado, 17 de septiembre de 2016

CELL

El año 2007 se estrenó una película basada en un relato de Stephen King que, durante una escueta temporada, dio la impresión que iba a devolver el buen nombre como material adaptable al célebre escritor tras su entrañable etapa dorada por allí finales de los 70 e inicios de los 80. Nada, puro espejismo. Estoy hablando de "1408" que recibió la considerable bendición de la taquilla y parte de la crítica. La verdad es que nunca lo entendí, a mi me pareció un mojón aburrido. Sin embargo, desde entonces el film ha ido arrastrando cierto "buen nombre", tal vez por eso, casi diez años después, a alguien se le ocurrió que sería buena idea, y garantía de éxito, rejuntar de nuevo a los dos protagonistas de aquella, John Cusack y Samuel Jackson, en otra adaptación de King. Hablo de "Cell", producto que no habrá copado las expectativas de sus responsables porque a España ha llegado –que yo sepa- directamente vía televisión.
Hacía años que se iba hablando de la traslación a la pantalla de esta especie de "historia de zombies o infectados según la -afectada- visión del padre de "Carrie". Se mentó a Eli Roth como director, pero nada. Y para cuando se pusieron de acuerdo, habían dejado pasar el tren de la irritante y cansina moda zombie, cosa que seguramente les ha perjudicado.
"Cell" no se diferencia nada de cualquier otra peli del estilo. Estalla una plaga que convierte a los seres humanos en muertos vivientes, o infectados rabiosos, o lo que sea, y el protagonista decide cruzar medio país para reencontrarse con su ex y su hijo. Por el camino irá topándose con personajes más o menos carismáticos que se unirán a su aventura. Y, eventualmente, tendrá que enfrentarse a los monstruos de rigor.
El aspecto "original" o diferente reside en el origen de estos últimos. Muy acorde a tiempos modernos, la infección viene vía movil. Una especie de ruido ensordecedor convierte en maníacos incontrolables a todos aquellos que estaban con la oreja pegada al aparato. Un poco también rollo "The Crazies", por aquello de que algunos de ellos ríen histéricamente y se ahostian voluntariamente contra la pared hasta perder los dientes. Además están unidos mentalmente en plan línea telefónica. Se comportan como bandadas de pájaros y abren la boca para soltar graznidos, en plan "La invasión de los ultracuerpos".
Bien, debo reconocer que no encontré "Cell" tan mala como me la pintaron. Sí es cierto que a ratos roza el ridículo (sobre todo en el momento que estalla la infección), en otros se torna trillada (hacia la mitad, cuando los supervivientes se encierran en una taberna británica infestada de peña un tanto peculiar) y al terminar ha dejado algunos cabos sueltos, cerrando la paradita de modo más confuso que clarificador. Todo eso es verdad. Pero también lo es que tiene sus buenos momentos (la brutal incineración del campo repleto de pseudo-zombies en estado catatónico escuchando el famoso "trololo"). Total, que entra más o menos bien, a lo que ayudan sus actores, no ya porque lo hagan de puta madre, sino porque ¿¿a quién no le caen bien Cusack, Jackson y el siempre eficaz Stacy Keach??.
Dirige Tod Williams (responsable también de "Paranormal Activity 2"). En la producción encontramos a Xavier Gens, director de "Frontier(s)" y "Hitman". Stephen King se medio responsabiliza del guión cinematográfico junto a Adam Alleca (autor del libreto del remake de "La última casa a la izquierda"). Y el omnipresente (y omnipesado) Lloyd Kaufman se marca un cameo.
Pasable.

jueves, 27 de noviembre de 2008

NOT QUITE HOLLYWOOD: THE WILD, UNTOLD STORY OF OZPLOITATION!

Hay que ser bastante cinéfago para gozar "Not quite Hollywood: the wild, untold story of ozploiation!" dada su limitada temática (limitada en lo referente a la cantidad de audiencia que pueda interesarle), se trata de un documental que repasa de pe a pa el cine exploitation producido en Australia, desde finales de los 60, con especial énfasis en los 70, y llegando a nuestros días. En general, viene dividido en tres partes, cine de tetas (¡¡y menudas son!!), horror y acción. Se repasan los "clásicos", como "Patrick" o "Mad Max" (y, esa sí es buena, se tocan de refilón sus plagios Italianos), los más segundones (la mítica "El imperio de la muerte". Su realizador, Brian Trenchard-Smith, es casi como la estrella del docu) y cosas ya no tan significativas, pero que, sin embargo, llegaron a estas tierras en su momento, como "En busca del avión perdido", "Los Bicivoladores" o "Sky Pirates" (rebautizada por uno de los entrevistados como "Indiana Jones y el templo de la basura").
Los invitados a parlotear son muchos, y no todos gente del cine Australiano. Obviamente, el que más destaca es Quentin Tarantino, por su verborrea entusiasta, le siguen Jamie Lee Curtis, Dennis Hopper, Stacy Keach, George Lazenby, Steve Railsback o cineastas como Philippe Mora (divertida la parte en la que se dedican a hablar de su -terrible- "Aullidos 3"), Russell Mulcahy (por "Razorback, los colmillos del infierno"), el inevitable George Miller (aunque nada dicen de "Mad Max 2"), Greg Mclean (por su "Wolf Creek" básicamente, aunque también por "Rogue" que tuvo un precedente de suculento aspecto, "Dark Age") Ted Kotcheff (el de "Acorralado"), Richard Franklin ("Patrick" y "Link"), James Wan ("Saw", que confiesa inspirarse muy mucho en una secuencia de "Mad Max" para la esencia del primer film sobre las andanzas de "Jigsaw") y Jamie Blanks (dire de "Leyenda Urbana", de "Storm Warning", que tiene pinta de ser cañera y del inevitable remake de uno de los clásicos del cine Australiano, "Long Weekend").
Precisamente, puede que Blanks no sea un gran realizador... pero desde luego se merece una medalla por ser uno de los montadores del documental, y es que si en algo destaca "Not quite Hollywood..." es en su montaje, su aspecto visual, es innovador, rompedor, muy moderno y, en una palabra, genial. Hasta cierto punto puedo afirmar sin rubor que chupa un poco de la moda odiosa / fascinante nacida a raíz de "Grindhouse" que consiste en jugar con la estética del cine "exploit" de los 70, incluidas sus imperfecciones en el celuloide. Además, las imágenes de los films comentados (por norma, sus escenas más llamativas) pasan a velocidad de vértigo, con los efectos sonoros magnificados y acordes a lo que se habla. Es difícil de explicar, basta decir que es lo mejor de la película.
Altamente recomendable.

sábado, 1 de abril de 2023

2013: RESCATE EN L.A.

Fui a ver la famosa/infame secuela de "1997: Rescate en Nueva York" cuando se estrenó en una sala medio vacía. Al salir, la sensación no era demasiado entusiasta. Aún así, cegado por mi fanatismo juvenil hacia su director, corrí a escribir una reseña muy positiva para un fanzine de naturaleza punk/radikal llamado "Sancocho Metálico", donde me centré en el notable lado subversivo del film, demostrando de esta manera que, ocasionalmente, las películas más comerciales y aparentemente tontunas son las más críticas con el "establishment", las más transgresoras, sin necesidad de dárselas de cine de autor y/o intelectual. No obstante, en mi fuero interno sabía que John Carpenter y su troupe (Debra Hill y el mismo Kurt Russell, los tres autores del guion. Me los puedo imaginar embriagados de nostalgia y echándose unas escandalosas risas entre tecleo y tecleo) me habían fallado. Pero ya saben como es esto del paso del tiempo y la perspectiva. Ayer, aprovechando que la daban por la tele, me animé a verla, sin el peso de todo el trajín emocional.
La hija del presidente de los USA se ha liado con un revolucionario y huido hasta la ciudad de Los Ángeles, convertida ahora en una isla donde deportan a todos los ciudadanos indeseables (que roban, violan, asesinan y estafan, pero también van los que fuman, comen carne roja, beben, dicen tacos y son ateos) En su huida se llevó un aparato capaz de dejar sin electricidad al planeta entero y temen que lo utilice. Una vez más, engañan a Serpiente Plissken -y mira que es lerdo- para que acuda y, en tiempo límite -antes de que le mate un virus inoculado en su sangre-, recupere el trasto y elimine a la niña, al revolucionario y a todo aquel que se ponga a tiro.
Entramos de lleno en la etapa "flojucha" de la filmografía de Carpenter. Dejadas atrás sus aportaciones más o menos dignas de finales de los ochenta ("El príncipe de las tinieblas", "Están Vivos" o "Memorias de un hombre invisible") en los 90 vivió años no demasiado inspirados. Todo lo parido entonces era más bien desangelado y patosillo (salvo "En la boca del miedo", pero por los pelos) Y "2013: Rescate en L.A." le va a la zaga. Lo que ocurre es que es la secuela directa (o más bien remake encubierto) de una peli muy querida. Y un personaje igual de apreciado. Y eso pesa. En una no muy antigua convención visitada por John Carpenter, hubo quien se atrevió a esputar una pregunta mal intencionada sobre el film reseñado, ¿y qué hizo nuestro querido filmmaker? -en una época en la que ya se había vuelto la mar de gruñón-, responderle con un seco y significativo "Fuck you!"
Aceptémoslo, "2013: Rescate en L.A." es malilla. Muy tonta. Además, gasta unos efectos visuales dolorosamente malos. El CGI aún andaba en pañales, sí. Pero es que también los "mate paintings" dejan mucho que desear. A pesar de ello, vista ayer, y consciente de que no podía esperar gran cosa, la disfruté. Me entretuvo. Tanto por sus momentos buenos (el duelo con la oxidada lata de por medio), como patéticos (el famoso surfeo en la cresta de un tsunami. De verdad, ¿qué se habrían fumado Carpenter, Russell y Hill en ese momento?). Y, como decía al principio, por todo ese saludable espíritu crítico -y premonitorio- hacia los Estados Unidos y sus poderes fácticos (con un presidente cobarde que solo sabe rezar, el parafascismo ultra-moral, etc), así como las ideas delirantes (el grupo de deformes adictos a los retoques de cirugía estética. El gang compuesto de niños altamente violentos armados hasta la sobaquera), la aniquilación de algunas convenciones narrativas (evitar cualquier subtrama amorosa acribillando a la chica de la peli cuando menos te lo esperas) y el brutal desenlace. Decir que "2013: Rescate en L.A." es una película mala pero divertida sería excesivo, pero sí es cierto que gasta un sutil tufo a "placer culpable" del todo entrañable.
Estaremos de acuerdo en que su verdadero fuerte es la tremenda galería de rostros que van asomando a lo largo de la función, casi todos habituales "personalidades cult", y acaparan desde el protagonista hasta, casi, los extras. Ahí va el listado completo (Kurt Russell aparte): Stacy Keach, Cliff Robertson, Valeria Golino, Steve Buscemi, George Corraface, Bruce Campbell, Robert Carradine, Peter Fonda, Pam Grier, Paul Bartel, Peter Jason, Leland Orser, Al Leong, Thomas Rosales Jr. y, aunque no aparezca acreditado en ninguna parte, un fugaz Marco Rodríguez (el psycho del supermercado en "Cobra"). Tremendo ¿verdad?, es un auténtico regalo para el aficionado. No obstante, este no respondió con mucho entusiasmo y la peli se estrelló en taquilla. Otro palo gordo para un Carpenter que veía como, poco a poco, su llama se apagaba sin remisión. Desde entonces, el único medio por el que Serpiente Plissken se ha movido ha sido el noveno arte. En lo referente al audiovisual, ha habido rumores de series, secuelas y remakes... pero, hasta ahora, na de na. Si algo de todo eso prospera, seguramente será ya sin un Kurt Russell que anda pensando en retirarse. Francamente, mejor así. Es este uno de esos personajes que solo funcionan con un rostro y unas maneras, las del actor que le dio vida desde buen principio. ¿Se imaginan otro tipo haciendo de "Harry Callahan", "John Rambo", "Indiana Jones" o "John Matrix"? No, no molaría nada.

sábado, 26 de julio de 2025

ICEBREAKER

Lo peor que podía pasar con "Icebraker" es que fuese el anodino producto plano y sin alma que parecía, a pesar de los suculentos elementos ahí dispuestos y que, inevitablemente, me llamaban con la misma insistencia que las sirenas a "Ulises": una imitación videoclubera de "La jungla de cristal" (y su secuela, por aquello de la nieve) en la que, A, Bruce Willis venía sustituido por Sean Astin, quince años después de "Los Goonies" y dos antes de ser rescatado por Peter Jackson para "El señor de los anillos", como poco convincente héroe y, B, el "Hans Gruber" de chichinabo lo encarnaba nada menos que un Bruce Campbell llamativamente rapado al cero. Arropados ambos por Stacy Keach como padre millonario y autoritario que se opone a que su hija pija se case con el personaje de Astin, un "loser" dispuesto a demostrar su valía (ya saben, un rollo muy yanki). Sustituyan al "Nakatomi Plaza" por una estación de esquí y, epa, ya la tenemos liada.
Lo que yo decía, ¡¡tentador!!. Y piqué, y la vi y... en fin, es un puto ascazo tener razón (casi) siempre pero, sí, "Icebreaker" ha resultado ser justo aquello que más temía, la peor forma de arte imaginable: una nadería. Cero. Papel mojado. Ni tan siquiera es útil como producto risible, a pesar de que los papanatas de "RiffTrax" la sometieran a uno de sus ejercicios de humillación arrogante. Deben ser buenos en lo suyo porque, de verdad, no sé qué se puede ridiculizar de esta película. Vale sí, algo hay, aunque sigue siendo demasiado poco. Entre ese poco quizás esté el extraño nombre del guionista... es decir, el que aparece en pantalla, Hasso Wolfe Wuerslin, porque según me informa mi servicio de espionaje (osea, "Imdb") el libreto lo firmó el mismo David Giancola que dirige la película. No sé, tal vez prefería ocultarse tras seudónimo... ¿por vergüenza? dudoso, porque entonces habría hecho lo mismo en su función de director y no es el caso. Ya que hablamos de él, remarcar que comenzó a despuntar en 1989 con el cortometraje "Will Eisner's the Spirit: Ten Minutes" basado en el famoso comic. Ganó premios y tal, pero la cosa no terminó de despegar pues acabaría a los mandos de películas como "Time Chasers" (ciencia ficción barata también ridiculizada a posteriori por "RiffTrax"), "El ojo de la ley" (una de acción con protagonismo de Burt -el "Robin" de los 60- Ward y Miles O'Keeffe según guion nada menos que de Brett Piper, todo un astro del cine de género porculero como verán si le dan al enlace respectivo), una de catástrofes a bajo coste, "Tormenta eléctrica" (con un Jesse Eisenberg aún verde) y la comedia a mayor gloria de Anna Nicole Smith y sus tetas gigantes "Illegal Aliens", cuyo desastroso rodaje dio para un documental-paja del propio David Giancola donde David Giancola nos explica lo jodido que fue para David Giancola hacerla, "Craptastic!" se llama (algo así como "Basurástico!"). ¿¿Una especie de respuesta / justificación por parte del cineasta a las continuas guasas a las que su labor era sometida por los de "RiffTrax"?? Todo es posible en américa.
Una avioneta que transporta plutonio para su venta al mercado negro cae en medio de un monte nevado. El terrorista que iba a adquirir la radioactiva chuche va en su busca. Para hacerlo más "interesante", secuestra al personal de la estación de esquí ahí dispuesta, salvo a uno de sus empleados, quien se encargará de salvar la papeleta, especialmente motivado porque su prometida -y su suegro- anda entre la peña retenida.
Pues eso. Alguna explosión, bastantes escenas de "snowboard" (supongo que era tendencia entonces), mucho tiroteo, una violencia muy tamizada y escuetos intentos de comedia voluntaria de esos que dan vergüenza ajena. De la mayoría se encarga un tal John James como excéntrico y atolondrado "redneck" local. La cuestión es que la película tampoco es un cero absoluto en cuanto a elementos para entretenernos y emocionarnos, sin embargo, la sensación es la de estar viendo un drama telefílmico de domingo por la tarde. ¿Cómo es ello posible? Ni idea, pregúntenle a Hasso Wolfe Wuerslin, tal vez él lo sepa.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

BODY BAGS

Cuando el "Twin Peaks" de David Lynch se convirtió en un fenómeno televisivo, quedó abierta la veda para toda suerte de series y mini-series con elementos bizarros o puramente terroríficos. Concretamente en este campo destacó la adaptación de los famosos comics E.C. con "Tales from the crypt", cuyo éxito inspiró a varios veteranos del fantástico a probar suerte en la caja tonta. Uno de esos experimentos fue "Body Bags", de John Carpenter.
Creada inicialmente como el episodio piloto de una serie que no cuajó, "Body Bags" contaba con una estructura muy próxima a "Tales from the crypt". Las diferentes historias eran introducidas previamente con mucho humor negro por un personaje de aspecto siniestro, en este caso no solo era un muerto revivido en una morgue que se dedicaba a jugar con los cadáveres, sino que estaba interpretado, y muy bien, por el propio Carpenter.
Lástima que las historias fueran tan desiguales. De las tres destaca la firmada por el papá de "Michael Myers", que nos presenta a un Stacy Keach obsesionado con sus problemas de calvicie. Ello le llevará a probar un suero milagroso tras el que se oculta toda una invasión extraterrestre. También de Carpenter es la primera del pack, demasiado atada a fórmulas y, por tanto, algo aburrida, sobre el acoso que sufre por obra y gracia de un psicópata una chica que trabaja en el turno de noche de una gasolinera.
Y finalmente tenemos la tercera historia, firmada por el mismísimo Tobe Hooper, el de "La matanza de Texas", y que hace gala de una absoluta falta de originalidad. En ella se nos cuenta el drama de un siniestro trasplante de funestas consecuencias. Está claro que el fuerte de "Body Bags" no es la improbable calidad de sus tres historias, lo mejor de ella es que se trata de un verdadero regalo para el aficionado, en el que, durante más de 90 minutos, desfilan toda clase de nombres vinculados al género. La lista de invitados es larga: Sam Raimi, Roger Corman, John Agar, Wes Craven, el protagonista de "Un hombre lobo americano en Londres" David Naughton, Charles Napier, Robert Carradine, la ex "Blondie" Deborah Harry, Mark Hamill alias "Luke Skywalker" o David Warner son algunos de ellos, y no cabe duda que gozaron
 rodando, tanto como nosotros viéndolo.

martes, 17 de junio de 2025

LA NOVENA CONFIGURACIÓN

Manda cojones la desfachatez de William Peter Blatty. El muy cretino iba a los cines a reírse de “Exorcista II (El Hereje)” y la ponía de vuelta y media. Y encima tuvo la jeta de decir que "La novena configuración", su debut como director en 1980, era la verdadera secuela de “El Exorcista”. Obviamente, todo eso se lo sacó de la manga, porque lo cierto es que “La novena configuración”, basada en la novela anterior a “El Exorcista” del propio Blatty, “Twinkle, Twinkle  Killer Kane!” (título con el que también se conoce a la película en algunos países), se ambienta en el mismo universo de “El exorcista” con pequeñas e imperceptibles conexiones que, a no ser que vivas obsesionado con la película de William Friedkin, tampoco localizarás. Y es tan mala que hace parecer a la secuela perpetrada por John Boorman una obra maestra. De ahí la desfachatez del escritor/director. Pero al margen de los lazos que la unen con “El Exorcista” o las posibles rabietas que en un momento dado se pudiera llevar Blatty, lo primero que me llama la atención de "La novena configuración" es que, si bien técnicamente estamos ante una película verdaderamente competente, por todo lo demás es verdaderamente chapucera y bobalicona, resuelta con un planteamiento excesivamente largo (una hora completa de metraje) y un nudo y desenlace que ocurren en un santiamén.
Y le pasa como a “The Room”, que es tan estúpida e inenarrable que, a posteriori, Blatty divulgó que en realidad se trataba de una comedia de humor negro, así como lo había sido la novela previa en la que se inspira (y que por lo que fuera escribió y reeditó dos veces). Mis cojones.
Entonces tenemos una especie de hospital psiquiátrico para soldados con problemas mentales. Lo que sucede es que las autoridades se están planteando si esos problemas mentales son reales o si los soldados se los inventan para irse (o no combatir) en la guerra de Vietnam. De este modo, llega al lugar un psiquiatra militar que los irá entrevistando para delimitar quién miente y quién no. También acabará cubriendo necesidades de los locos en torno a sus excentricidades. Al mismo tiempo, tendremos una violenta banda de moteros que la liarán parda, un impactante giro final y muchas, muchas, muchas conversaciones, eternas, sobre el bien y el mal o la existencia de dios y el diablo. Además de chistes de vodevil, violencia descarnada que no viene muy a cuento y hasta unas pequeñas dosis de surrealismo.
Viéndola, da la sensación de que Blatty, ante la imposibilidad de William Friedkin a realizar este guion, se tomó la dirección de su primera película con la finalidad de convertirse en una especie de nuevo Stanley Kubrick (toda esa secuencia del hombre en la luna ante la presencia de un cristo crucificado...), pero es obvio que el hombre no llega y, lejos de salirle una obra maestra, le sale esta patochada.
Ahora, como Blatty no quería trabajar con "Warner Brothers" porque le debían dinero, ofreció el proyecto de “La novena configuración” a "Universal" y "Columbia", que algo raro verían cuando ambas decidieron descartar la posibilidad y apostar sus dineros en otras producciones. Así que el futuro cineasta puso unos milloncejos de su bolsillo, además de convencer a "Pepsi" para añadir otro par, siempre y cuando, por motivos que tenían que ver con la burocracia y economía de la marca de refrescos, el film se rodase en Hungría.
Posteriormente, el karma castigó a Blatty, porque, para su estreno, cedió los derechos de distribución a "United Film Distribution" que, muy sabiamente, los vendió a "Warner Brothers" quienes la distribuyeron de aquella manera. Los resultados económicos fueron tan pobres durante la apertura  que, finalmente, "Warner" le dijo a Blatty: “Toma chaval, aquí tienes tu película y haz con ella lo que quieras”.  Así que cineasta / escritor, todavía con mucha fe, se tomó un tiempo para retocarla y pasó a formar parte del catálogo de la "New World" de Roger Corman, quien la relanzaría en 1985 con resultados similares.
El paso de los años, los distintos estrenos y ediciones videográficas, han convertido esta película en una de culto, máxime si tenemos en cuenta que, para cada movimiento de distribución hay una versión distinta. Es por eso que, a lo largo y ancho del globo, existen una ensalada de cortes de “La novena configuración” (o “Tinkle, Twinkle Killer Kane!”, lo que prefieran), por lo que es muy difícil saber a ciencia cierta cual es la que dio por buena el director —aunque probablemente ni él mismo lo supiera—. Una de ellas con un póster bastante llamativo, porque sin ningún tipo de coherencia utiliza a uno de los moteros que aparecen en una de las escenas para efectuar una especie de plagio del póster de “La naranja mecánica”, motivo este que me deja aún más claro que Blatty pretendía ser una suerte de Kubrick.
Como fuere, se trata de una de las películas más chapuceras y demenciales que he tenido la suerte de ver, además, también, una de las más aburridas, y solo por eso yo creo que ya es digna de consideración. Pero, madre de dios, que dos horas más infernales…
En el reparto tenemos auténticos pepinos completamente desatados y mal dirigidos: Stacy Keach, Robert Loggia, Jason Miller, Tom Atkins, Joe Spinell, Richard Lynch…
William Peter Blatty, que toda su vida a defendido la calidad de su película y su puesto como auténtica secuela de “El Exorcista”, diez años después aprendería a dirigir y lo pondría en práctica con “El Exorcista III” que, paradójicamente y visto lo visto, está muy bien.

viernes, 1 de mayo de 2009

LOCADEMIA DE CONDUCTORES

Comedia inconfundiblemente ochentera surgida en pleno boom de la serie "Loca academia de policía" (que nuestro amigo Víctor tan bien diseccionó hace un tiempo en este mismo blog). De hecho, el director (Neal Israel) y el guionista (Pat Proft) habían currado (y seguirían haciéndolo) en dicha franquicia (en concreto, Proft también llegó a ser un colaborador infatigable del clan ZAZ -Zuckers & Abrahams-, sobre todo en lo que se refiere a la creación de "Agárralo como puedas" y lo que la siguió). Supongo que, por ese motivo, el título Español es del todo justificable, aunque nada tenga que ver con el original ("Moving Violations"). De chavales todos nos referíamos a ella como "Loca academia de conductores", y tardamos un poco en descubrir y asumir la extraña mutación de las dos primeras palabras.
Otro aspecto muy curioso del film lo encontramos en su reparto. El prota es John Murray... hermano de Bill Murray. No solo se parecen mucho, sino que actúan casi igual y dan vida al mismo tipo de personaje, el golferas/perdedor simpático de buen corazón. Le sigue otro hermano ilustre en el rol opuesto, el del poli malo, James Keach, familia de Stacy "Mike Hammer" Keach, con quien también guarda mucho parecido físico. Seguimos mirando y descubrimos dos coincidencias curiosas, por un lado tenemos a Brian Backer interpretando a un tipo que se enamora de una punk muy new wave (¡era la época!) y se deja cresta. Este tipo era el "nerd" protagonista de "La Quema". Pero ahí no acaba la cosa, resulta que uno de los personajes secundarios de aquella, de los que moría en la famosa y cruenta secuencia de la balsa, Ned Eisenberg, también actúa en "Locademia de conductores", y encima interpreta a un fan del cine de terror y la violencia que, en cierta escena, se pone una máscara de hockey y empuña una sierra mecánica. El resto de actores son secundarios populares del cine de aquella década, resaltando a Jennifer Tilly haciendo de "tonta buenorra", papel este que, creo, solía repetir muy a menudo.
Si a todo eso añadimos que la peli funciona como entretenimiento puro, sanamente tonto y divertido, pues oye, como que es para alegrarse ¿no?. La historia va muy en la línea de aquellos tiempos, grupo de personajes variopintos, mas bien torpes pero buena gente, se ven obligados a volver a la escuela de conducción o perderán sus permisos y autos. Los responsables de esta tienen un plan maléfico para el cual piensan lograr que nadie apruebe. Todo ello da pie a un montón de gags y situaciones delirantes (muy buenos los chistes de la mujer anciana escasa de visión) que concluirán a lo grande (el desenlace recuerda a una mezcla entre los de "Desmadre a la americana" y "Granujas a todo ritmo", ni más, ni menos).
Para pasar el rato y ponerse nostálgico.

domingo, 8 de diciembre de 2013

YO, EL JURADO

Durante la primera mitad de los 90, cuando andaba totalmente volcado en mi amor obsesivo por las películas de justicieros y polis duros, "Yo, el jurado" se ganó un puesto de vital importancia entre mis títulos de preferencia... sin haberla alquilado todavía. Bastaba con ver la carátula de su edición videográfica, cortesía de "Warner Home Video", para comenzar a salivar. El primer detective realmente duro y cabrón de la literatura popular, "Mike Hammer" (no olvidemos que una de sus primeras aventuras llevaba por título un contundente "La venganza es mía!" que habría puesto de buen humor incluso a "Paul Kersey"), posando todo chulo, pistola en ristre, rodeado de jacas de buen ver y todo ello metido dentro del cañón de un arma cualquiera con regusto "jamesbondiano". Fascinante. Alquilada la cinta y puesta en mi reproductor de vídeo, la cosa no podía arrancar mejor. "Hammer" recibe el encargo de seguir a la atractiva mujer de un acaudalado hombre de negocios porque cree que le está poniendo los cuernos. ¿Y qué hace nuestro detective?, pues informar al cliente de que sus sospechas eran infundadas, mientras él mismo se la está beneficiando. Brutal. Aunque nada comparado con lo que sigue, los títulos de crédito más macarras y molones que he visto en toda mi vida, a base de constantes imágenes estilizadas, color sepia, del amigo "Hammer" en posturitas chanantes. Encima, acompañadas de un tema maravillosamente vigoroso y dinámico de Bill Conti (sí señora, el de "Rocky"). Hay peña que afirma con contundencia que lo mejor de "Yo, el jurado" es su prota femenina, la guapa y semi-desaparecida/retirada Barbara Carrera (pero lo dicen porque, obvio, se marca un despelote generoso a media peli... ¡¡putos salidos!!). Yo no entro en ese grupo, para mi lo mejor de "Yo, el jurado" son los títulos de crédito del inicio..... y si no, ahí va la prueba de fuego (versión franchute, donde se la conoce como "J'aurai ta peau", que traducido se parecería a "Voy a tener tu piel" y también tiene su qué):


Hasta aquí las buenas noticias. Luego vienen las malas, que es que, con semejante arranque/subidón, después todo es cuesta abajo. En ningún momento a lo largo de los, aproximadamete, 100 minutos que quedan, consiguen repetir la hazaña. Ni tan siquiera en las escenas de acción, que tampoco son muchas. Es más, la historia que nos cuentan resulta liante y confusa. El espectador no logra meterse en ella, ni enterarse demasiado bien de qué demonios pasa. Pero yo, que soy un tio aplicado, me he informado a fondo y sería algo así: "Jack", un detective manco que combatió en Vietnam junto a "Mike Hammer", al que salvó la vida (motivo por el que perdió el brazo), es asesinado de un disparo. Nuestro prota, lógicamente afligido y "en deuda", decide investigar y encontrar al culpable. Ello le llevará hasta una inquietante clínica dedicada a resolver toda suerte de problemas sexuales, regentada por la mentada Barbara Carrera, a la que "Hammer" echa el ojo. El caso es que comienzan a sucederse cruentos crímenes, propios de todo un psicópata desviado y los que mueren son, oh casualidad, personas que podrían echar luz sobre el caso. Total, que al final resulta que el gobierno recluta a asesinos salidos de la mentada clínica para cometer crímenes como tirando a "políticos", pero disfrazados de homicidios mundanos y callejeros. Algo así.
Bien, si uno lee a conciencia los créditos de "Yo, el jurado" descubrirá que su guionista no es otro que el reputado Larry Cohen, sí amiguitos, el mismo que dirigió en su momento películas como "Estoy Vivo", "La serpiente voladora" o "The Stuff (In-Natural)", entre muchas otras. Ese Cohen que, paralelamente a una carrera como director, se gana las garrofas explotando su faceta de guionista, bastante más sólida. Suyos son los guiones de "Maniac cop" (y secuelas), "Best Seller", "Muerto el 4 de Julio", "El abogado del diablo", "Última llamada" o "Cellular". Bien, ¿¿y cómo es posible que la trama de "Yo, el jurado" resulte tan torpe y caótica con todo un Cohen tecleando??, pues ya os lo podéis imaginar, gracias a la inadecuada intervención de manos ajenas.
En realidad, y desde buen principio, Larry Cohen fue contratado no únicamente para escribir, también dirigir. Sin embargo, problemas de diversa índole terminaron por excluirle del trabajo tras seis únicos días a los mandos. ¿Qué problemas?, los productores decían que en tan solo una semana de rodaje, el presupuesto ya se había disparado. El mismo Cohen cuenta que la productora tuvo un porrón de problemas financieros que mandaron todo al traste. Sea como fuese, el caso es que el poco material rodado por el amigo Larry fue descartado (aunque se mantuvo gran parte del casting y las localizaciones, cosa suya. Destaca en ese sentido que la oficina de "Mike Hammer" esté instalada en la famosa "Time Square" de New York, entonces centro neurálgico de las mitificadas "grindhouses"). Contrataron a otro menda, Richard T. Heffron, de origen televisivo (aunque entre sus trabajos previos no exclusivamente catódicos estaba la mediocre pero simpática "Mundo futuro", secuela de "Almas de metal") y este comenzó de cero. Aún así, y a pesar de tó, se mantuvo el crédito como guionista de Cohen.
¿En qué salimos perdiendo?, pues en que la versión Cohen iba a ser bastante más truculenta. "Yo, el jurado" (de la que incluso llegué a comprarme un no menos chanante press-book, hoy día tristemente perdido) era una de esas "películas peligrosas" con fama de extremadamente violenta y erótica. Bien, luego resultó no serlo tanto. ¿O tal vez sí?, en cuestiones sexuales (y pal momento de su confección, 1982), pues hombre, iba bien cargadita. Al desarrollarse en una clínica pa salidos mentales, la cosa daba juego. La escena más memorable es cuando se organiza una orgía en la que los comensales lo pasan pipa, mientras los médicos toman nota de lo que ven (??). En lo violento, el tema flojea. Hay chichilla, pero es poca cosa. Sin embargo, la prueba de que no era ese el plan inicial la tenemos en el testimonio de Carl Fullerton, responsable de los efectos especiales y de maquillaje con un

curriculum notorio (has visto sus esfuerzos en títulos como "Viernes 13, 2ª y 3ª partes", "Lobos humanos", "Historia macabra", "El ansia", "F/X Efectos mortales", "El silencio de los corderos" o la recientísima "2 Guns"), que había fabricado varios trucajes finalmente desechados. El más llamativo de ellos era una mano mecánica que iba a ser reventada por efecto de un disparo (tienen la prueba gráfica por aquí cerca, cortesía de las páginas de "Mad Movies").
Desafortunadamente, Richard T. Heffron aplicó toda su discutible pericia cajatontil pariendo un material mucho más "light" de lo que habría sido deseable. Es más, diríase que luego el resultado final pasó por las manos de la censura (o, como hacía "Paramount", la auto-censura), porque hay secuencias violentas abruptamente y caóticamente montadas. La más llamativa de ellas es aquella en la que un cocinero asiático se carga a una testigo rajándole la garganta con el mismo cuchillo con el que estaba preparando un exquisito manjar. Dejando a un lado lo delirante del momento (aunque podemos suponer que el cocinero loco es un agente encubierto de los malos, no entendemos cómo sabía que justo en ese instante iban a requerir de sus servicios, cosa esta que, al no ser aclarada, adquiere un tono decididamente surrealista, aunque efectivo en su cometido), choca encontrarse con un montaje seco, contundente, que no respeta del todo el tempo y que, en esencia, nos impide "disfrutar" del momento. Muy sospechoso todo ello.

Claro que no solo de violencia nos desproveyó el despido de Larry Cohen, también de ideas ingeniosas y algo mal intencionadas, sobre todo en relación al personaje protagonista. Creado por el hasta entonces guionista de comics Mickey Spillane el año 1947 en la que fuera su novela de debut, justamente "I, the jury", "Mike Hammer" pertenecía a lo que entonces se consideraba literatura barata para el populacho. De hecho, el material fue de lo más escandaloso por su alto contenido de sexo y violencia -para la época, se comprende-. Sin embargo, tuvo un éxito arrollador y "Mike Hammer" pasó a la radio, los tebeos y, finalmente, al cine, con la primera adaptación de su novela de debut, en 1953. A esta seguirían un puñado más, destacando la más conocida y respetada de todas ellas, "El beso mortal", 1955, y la más bizarra, "The girl hunters", 1963, que incorporaba al mismo Spillane en el rol del rudo detective. Aunque seguramente el "Mike Hammer" más famoso sea el que Stacy Keach interpretara para la televisión, en una longeva y famosa serie donde lo que más destacaba era su cabecera y el tema musical que en ella sonaba ("Harlem Nocturne" de Earle Hagen).
Por suerte o por desgracia, nunca he leído una sola novela original de "Mike Hammer", pero me consta que se trataba de un personaje muy amoral, bruto, machista hasta la muerte, amante de las broncas, alcohólico, orgullosamente misántropo, abiertamente patriota y anti-comunista (cuando Mickey Spillante murió el año 2006, para rememorar su creación un periódico lo comparó con mi querido "Harry Callahan"... pero yo creo que era incluso peor). Y no me trago que en el cine de la época, y mucho menos la televisión, fuese retratado como realmente era, ni aunque lo interpretase su propio padre. Lo lógico sería pensar que en una década como la de los 80 sí recibiera un trato justo, pero tampoco. Para esta nueva versión de la novela "Yo, el jurado" (con la que, como era de preveer, guarda muy pocos puntos en común. Por no decir que prácticamente ninguno. De hecho, y según los especialistas, la película mezcla dos novelas, la que le da título y "The Body Lovers"), se contrató a Armand Assante para que diera vida al personaje. Sin embargo, aunque chulesco en sus andares, Assante no terminó de dar la talla, ya no solo por ser bajito, también porque los guionistas (ya fuese Cohen o los que le sustituyeron) le desposeyeron de sus ganas de bronca, de su constante mala leche y de su alcoholismo (en la peli nos hacen entender que lo fue en el pasado, pero que ahora se mantiene al magren del vicio) y redujeron su machismo a lo esencial (es duro con las mozas, pero también es cierto que rechaza más de un ofrecimiento carnal para centrarse únicamente en la piva que le pone de verdad). El propio actor justificó esos cambios en su momento, alegando que aquellos eran otros tiempos y se habían adaptado a la corriente reinante. Es curioso ver cómo, entonces, nadie se lo tomó demasiado mal, mientras que hoy día sería brutalmente criticado por exceso de corrección política. A esos cambios "aceptados" por su condición "humanizante", están los que Larry Cohen escribió con fines desmitificadores. Al director de "Estoy Vivo" no le molaba nada "Mike Hammer", y se nota. En las entrevistas que he consultado, disfruta como un enano comentando cuán de gozoso fue para él hacerle llorar cuando descubre que han asesinado a su amigo (cosa esta que yo, de chaval, encontré lógica y normal) o cómo es manipulado cual monito por los de arriba que aprovechan su propia condición de semi-psicópata adicto al gatillo. Un apunte más, finalmente no respetado en la película conclusa, hacía referencia a que el detective descubría haber sido blanco de los intereses sexuales de su amigo muerto, lo que para un macho de su talla, era algo casi traumático. Curiosamente, los responsables de reescribir el material, decidieron darle a "Hammer" algunas escenas de lucimiento propias de su leyenda, como la del final, que no desvelaré pero que mola mazo (atención a su última frase/respuesta). Qué quieren que les diga, llámenme iluso, pero a mi me gusta así, que los duros ¡lo sean!, nada de ambigüedades ni polladas de esas. Claro que un desenlace tan contundente se cargaba otro que, a su vez, también habría sido de lo más chachi. "Mike Hammer" daba con el asesino de su amigo y ¿cómo lo ajusticiaba?, matándolo a hostias con el brazo ortopédico de aquel (que, les recuerdo, era manco).
El reparto de "Yo, el jurado" también es muy de su época. Junto a Assante (que posteriormente iría dando tumbos por la televisión, hasta su recuperación en "Los reyes del mambo tocan canciones de amor". Desde entonces no para quieto) y la Carrera tenemos a Alan King, Geoffrey Lewis, Paul Sorvino como los más famosos, y a Judson Scott (por increíble que parezca, lo recordaba por su modesto papel en "Star Trek 2, la ira del Kahn") o William G. Schilling (especialmente divertido haciendo de adúltero/putero en "Por favor, maten a mi mujer") como los menos. Merece la pena destacar a la mediocre Laurene Landon, que si siempre hemos visto asociada al cine de Cohen es porque, efectivamente, durante un tiempo fueron pareja. De hecho, en el rodaje de "Yo, el jurado" eran novietes. Él la había enchufado para encarnar a la secretaria de "Mike Hammer" y los productores decidieron mantenerla en el rol a pesar de haberse quitado de encima al maromo. Este, si ya estaba dolido por la experiencia, todavía tenía que tragar más quina cada noche cuando Landon llegaba a casa y le contaba cómo había ido el sarao y cuánto se estaban cargando su guión, a pesar de que los mandamases le pedían que no lo hiciera. ¡Qué cosas!. La amiga Laurene posteriormente desarrolló una carrera en películas de segunda regional (entre ellas "El poder de las armas" de Fred Olen Ray, donde era lo peor de todo el reparto, dolía verla) e incluso pudo gozar de algunos roles protagonistas, como los de (la aburrrrrida) "Hundra" y "Yellow Hair & the Pecos Kid", ambas dirigidas por Matt Cimber (Matt Cimbrel para los amigos), un nombre tan musical y bonito como el de Terry Marcel.
Por su parte, Larry Cohen, acojonado ante la idea de que su despido le proporcionara el nada deseable estigma de director incompetente, corrió a bucar un nuevo proyecto en el que centrarse, y este acabó siendo su mejor película, la altamente recomendable y entrañable "La serpiente voladora". Resulta que, a causa de los continuos problemas logísticos, "Yo, el jurado" terminó de rodarse a la vez que el nuevo film de Cohen y, básicamente, se estrenaron juntas. Es más, lo hicieron en la misma calle (suponemos que "Times Square") y en dos cines que caían uno frente al otro. Es ahí donde el amigo obtuvo su deseada venganza, porque mientras "Yo, el jurado" fracasaba, su peli (bastante más barata, pero también mucho más entretenida e imaginativa) triunfaba como la cocacola. Bien por él.
Y es que no me sorprende. "Yo, el jurado" había nacido ya condenada y, simplemente, las cosas siguieron su curso natural. Podría haber sido una gran película, un gran thriller vibrante, violento y sexy, pero como les he tratado de contar en esta pesadilla de reseña, se queda a medio gas... en todo. Incluso las escasas escenas de acción pura no nos ponen palote, aunque tampoco nos ofenden. Y todo ello envuelto en esa trama confusa y carente de garra.
Es visible, es soportable, pero no es imprescindible. Qué lastimica.

sábado, 6 de febrero de 2021

PESADILLA EN DELMER HOUSE

Mi interés en ver esta película era básicamente antropológico y venía motivado por la vil y más rastrera de las nostalgias. Seguramente los de mi quinta recuerden la llamativa y bellísima caratula y, sobre todo, el descarado título español. Sí, eran los tiempos en los que la primera aventura de Freddy Krueger lo había petado, así que uno de nuestros avispados distribuidores tuvo la descacharrante idea de pillar un telefilm canadiense del año 1982 (dos menos que el clásico de Wes Craven), originalmente bautizado "Till Death Do Us Part" (es decir, "Hasta que la muerte nos seapre"), titularlo "Pesadilla en Delmer House", mangar la tipografía de "Pesadilla en Elm Street" (+ el "elm" de "Delmer", innecesario remarcar que en la peli no se refieren a la "house" en ningún momento con ese nombre) y currarse una ilustración propia de un slasher (el asesino jamás tira de gancho para cometer sus fechorías, por supuestísimo). ¿Picamos? Pues yo no. Supongo que por entonces ya tenía aprendida la lección, y aunque me tiraba mucho la curiosidad, nunca jamás la alquilé, ni la vi, hasta ayer por la tarde, cortesía de la amabilidad y el talento rastreador de mi amigo Enorm.
Tres parejas en permanente conflicto llegan hasta la mansión de un famoso psiquiatra, dispuestas a recuperar el amor a base de terapias bastante extravagantes. Alguien ataviado con unas botas negras comienza a matarlos. Lo normal tras el primer crimen hubiese sido salir pitando de allí, pero no, los pacientes se quedan y el homicida continúa con lo suyo. ¿Quién será el culpable?
Básicamente estamos ante un "whodunit" de manual, con regusto a Agatha Christie rancia, todo lo elemental y desalmado que tocaría por su condición telefílmica, aunque, eso sí, luciendo puntuales arrebatos absurdos que agradeces. Por ejemplo, la pareja de sexagenarios con él soltándole sin cesar crueles e hilarantes insultos a ella. El mismo psiquiatra, en apariencia mucho más tarado que sus pacientes. O sendos escuetos más poco inspirados momentos de humor. Tampoco son moco de pavo los títulos de crédito, a base de recolectar, tal y como si se tratara de un trailer cualquiera, algunos de los momentos de la película que nos disponemos a deglutir ¿¿??
Naturalmente, el recuento de cadáveres es escaso y la sangre prácticamente nula. No la esperen, como tampoco esperen un despliegue de tremebundos efectos especiales porque, ni por el forro.
Y pasa lo que pasa, que al sentarme esperando una pedazo de mierda de proporciones bíblicas, me he encontrado con algo semi-simpático, semi-digerible y semi-entrañable que, desde luego, no es para conservar ni volver a ver. Pero ahí queda. Al menos ahora ya puedo ponerle cuerpo a aquella mítica caratula.
En el reparto destacan algunos rostros reconocibles. Especialmente si hablamos de la tocha de Matt CRAVEN (la coincidencia de apellidos no creo que fuera inspiración para el distribuidor), que le viene ideal al farlopero que interpreta y al que hemos visto en chorrocientas películas, destacando por adecuada "Cumpleaños mortal". También les sonará James Keach, básicamente por ser el hermano de Stacy y encarnar al instructor cabrón de "Locademia de conductores". Y finalmente damos con Jack Creley, el misterioso "Brian O'Blivion" del clásico "Videodrome" y que hace el papel de marido mal hablado (que su personaje se apellide Kroog, leáse "Krug", tampoco creo que fuera inspiración para el distribuidor).
Timothy Bond, director, (podríamos referirnos a él chistosamente como Timothy "Dalton as James" Bond) se pasó media vida currando en la tele. Entre sus pocos largos para cine destaca "Cosecha Mortal", cuya reseña fue escrita por Aratz en nuestro pest-seller.
El guion lo firma Peter Jobin, en cuyo curriculum localizamos un episodio de la serie "Misterio para tres" ("Friday the 13th: the series" en v.o.) y, sobre todo, el libreto completo de "Cumpleaños mortal" en cuyo rodaje, supongo, haría buenas migas con Matt Craven.
A saber...