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martes, 23 de diciembre de 2025

LA CASA DE LA FRATERNIDAD

Cargada de buenas intenciones —recuperar el toque gamberro de las “frat movies” ochenteras que se había perdido en el género a raíz de su renovación con “American Pie” en el nuevo milenio —, “La casa de la fraternidad”, también conocida como “Curvas peligrosas” (emitida así en algunos canales autonómicos) probablemente sea una buena muestra de lo incapaz que eran ya este tipo de películas apenas dos años después del resurgir del género.
Toda una serie de clichés sobradamente conocidos por el aficionado de nada sirven en esta comedia almidonada, inepta y trasnochada, una de esas películas que trata de hacer una reivindicación feminista desde un punto de vista totalmente masculino y encima no sale ni medio chistoso; hay una fraternidad femenina llamada F.E.A (en su versión doblada) a la cual se adscriben las chicas menos agraciadas de la facultad. Apaga y vámonos.
La caja de caudales de la fraternidad masculina (llamada Pi- T.O.) ha sido desvalijada y la culpa recae sobre los tres encargados de custodiarla, por lo que son expulsados de la fraternidad hasta que se recupere ese dinero. Con tal firme intención, nuestros lúcidos protagonistas deciden vestirse de mujeres e inscribirse en la fraternidad femenina (y feminista) desde la cual investigarán el caso mientras que, en propias carnes, sufrirán el acoso de los hombres, tratándose sus versiones femeninas de chicas bastante bastorras y poco agraciadas. Esto les hará cambiar el punto de vista con respecto a las mujeres.
Al margen de estos temas peliagudos, “La casa de la fraternidad” es un absoluto insulto a la inteligencia y una de las peores películas de fraternidades de toda la historia del subgénero.
Chistes con consoladores, ventosidades, taras físicas, pechos siliconados y mujeres florero, más que salvarla de la quema la condenan, siendo esos elementos, en esta ocasión, en vez de un aliciente, un lastre dentro del ya de por sí lastrado argumento.
Lo verdaderamente vergonzante (de lo mucho que hay en la cinta), es que no te puedes creer a los protagonistas como mujeres, porque la producción lejos de currarse una apariencia convincente, se limita a poner a los tres protagonistas algo de maquillaje, unos tacones y espantosas pelucas compradas en el más infecto badulaque pakistaní que hubiera cerca del set. Y este aspecto, lejos de divertirnos mínimamente, sonroja al espectador durante el 70% de la película. Para más inri, uno de los protagonistas, Michael Rosembaun, usó pelucas femeninas y masculinas en toda su intervención. El tipo estaba en esos momentos trabajando en una serie de televisión en la que hacía de calvo, por lo que iba completamente rapado al cero. Así, le colocaron una peluca de caballero, la cual era sustituida por la de mujer cuando tocaba. Una chabacanería impropia de una producción hollywoodiense. Espantosa.
Un film de la era Tom Green concebido para que un aspirante a estrella cómica como era Harland Williams se luzca haciendo el mongólico disfrazado de mujer. Williams, al igual que Green y toda su nefasta generación, fue tan solo flor de una primavera.
La gracia más reseñable de la película básicamente radica en que los padres de los universitarios en curso, antiguos miembros de la fraternidad, están interpretados por viejos conocidos del género, así, de manera homenajística, contamos con los cameos de  Stephen Furst, James Daughton y Mark Metcalf,  presentes muchos años atrás en “Desmadre a la americana” en un guiño —estando a años luz— a la misma, algo que ya vimos con más fortuna en la superior “Van Wilder: Animal Party”.
Otra de las características por las que puede destacar este film, es por pertenecer al famoso listado que elaboró el crítico Rogert Ebert, el “Most Hated”, con las películas que más odiaba de cuantas había visto. “La casa de la fraternidad" encabezaba uno de los puestos de honor. Asimismo, encontraremos en esa lista títulos tan evidentes como “¡Este cuerpo no es el mío!” qué también trataba sobre la transmutación de un cuerpo masculino a uno femenino, y que era una más de tantas películas protagonizadas por Rob Schneider presentes en esa lista.
En cuanto al director de la cinta, Wally Wolodarsky, con cierto prestigio en Hollywood por ser uno de los guionistas de “El show de Tracy Ullman” o “Los Simpsons”, dirige la película con el piloto automático y sin ningún cuidado ni ningún amor por el trabajo alimenticio que se le ha encargado, de la misma forma que dirigió los otros dos films intrascendentes que completan su filmografía.
La película recaudó por los pelos los 12 millones de dólares que se invirtieron para su producción. Aquí en España llegó directa en DVD. Y sin más.

martes, 12 de agosto de 2025

PLAY BOY: EL REY DEL MANDO

Atípica producción de la “Happy Madison” del todopoderoso Adam Sandler. Y es atípica porque está concebida para lucimiento de uno de los rostros menos conocidos de su séquito, Allen Covert, mamporrero mayor de Sandler desde que ambos debutaran en el cine en la semi-amateur “Going Overboard” y que desde entonces le acompaña haciendo las veces de productor, co-guionista y actor en casi todas sus películas. En “Play Boy: el Rey del mando” Sandler se gasta la calderilla, el presupuesto que tiene para palillos de dientes en cualquiera de las producciones en las que él es la estrella, y le concede a su amigo el honor de escribir y protagonizar una película hecha a su medida. Cualquiera pensaría que Sandler no tenía ninguna fe en este film y no iría mal encaminado, ya que en el momento de su estreno, durante las siete semanas que estuvo en cartel y las ventas al extranjero, tan solo logró recaudar siete millones de dólares que a duras penas conseguían cubrir el presupuesto dispensado para rodarla.
Sin embargo, y por la gracia de dios, poco a poco fue adquiriendo culto por parte de fans chiflados que la iban descubriendo a posteriori, lo que se tradujo en una recaudación de más de 50 millones por la venta de DVDs. Todo un fenómeno al respecto. Con lo cual la película es a día de hoy una de las más queridas por los fans y la más rentable de la “Happy Madison”.
Se trata de una “stoner comedy” repleta de chistes de fumetas, que además contiene elementos generacionales que son en realidad los verdaderos motores de su éxito; “Play Boy: El Rey del mando” contiene marihuana, vídeo juegos, tetas, gerontofília, retrasados mentales, vírgenes, hechiceros de tribu africana que consumen cannabis y se tiran olorosos cuescos, chimpancés karatekas, leones custodios de droga y diálogos totalmente demenciales. Solo falta Tom Green molestando por ahí.
En definitiva, se trata de una comedia tonta que funciona a las mil perfecciones. Como para no salirle fanáticos.
También se trataría de una de las escasas incursiones que de vez en cuando hace el cine en el mundo de los “jugones”. Hay pocas referencias o tramas que giren en torno a los jugadores de videojuegos, siendo los máximos exponentes en la comedia títulos como “Joysticks” de Greydon Clark y “Porky’s 4” dentro de los parámetros de la "serie B/Z", o “Pixels” en el mainstream. “Play Boy: El Rey del mando”, sería la película más significativa sobre el tema.
Asimismo refleja una realidad social cada día más extendida en todo el mundo, que es la de los treintañeros —casi cuarentones— que todavía viven en casa de sus padres y, por lo tanto, desarrollan cierta inmadurez que les insta a pasarse el día fumando canutos y jugando videojuegos. Nos presenta  al protagonista, Alex, como un buen ejemplo de todo eso.
Alex se dedica a probar videojuegos para una gran empresa del sector. Vive en una casa con su compañero de piso. Este se gasta el dinero del alquiler en prostitutas filipinas y, por tanto, son desahuciados. A Alex no le queda más remedio que irse a vivir con su abuela y sus dos compañeras de piso, igualmente ancianas. Para  no parecer más perdedor de lo que es, a sus compañeros de trabajo les dice que se ha mudado con tres esculturales jovencitas con las que se acuesta cada noche.
Por otro lado, el punto neurálgico del argumento está en una descerebrada fiesta que se celebra en la casa de las tres abuelitas, en la que el desmadre, el destete, y el consumo de drogas blandas se convierten en los protagonistas de la función.
En el argumento vemos que Alex, además de probar videojuegos, está desarrollando un nuevo juego llamado “Demoniac” que pretende proponer a sus jefes con el fin de comercializarlo y cuya idea es robada por JP, el villano de la película, un “retarded” maestro del diseño de videojuegos que se cree un robot y se quiere implantar unas piernas mecánicas. El juego en cuestión es una novedad para la "Xbox 360", consola referenciada —y publicitada— en varias ocasiones, que se estaba desplegando con la idea de que su fabricante, “Terminal Reallity”, lo lanzara a la venta después del estreno de la película. Sin embargo el asunto finalmente se canceló antes de estar completamente acabado el proyecto debido a problemas financieros, y jamás se comercializó ese juego, por lo que las imágenes que vemos del mismo en la película son el único testimonio de su existencia.
Como anécdotas del rodaje, reseñar que hay un momento en el que Alex se masturba sobre una "Barbie" mientras le dice guarrerías. En realidad, en el guion decía que debía proceder sobre una réplica de "Lara Croft", la heroína del “Tomb Raider”, pero no se pudo utilizar su imagen por un problema con las licencias. El cambio de muñeca no resiente el resultado de la escena, pero es cierto que tendría mucha más gracia si hubiese sido la famosa aventurera pechugona.
El personaje de Alex, “loser” donde los haya, conduce una chatarra de coche destrozado que le confiere una imagen de perdedor mayor de la que ya desprende de por sí. No es una maniobra de guion premeditada; la producción se estaba quedando sin dinero para sufragar los gastos. El próximo desembolso era para el vehículo del personaje de Alex y, como no había montante, se le sacó esa porquería de un desguace cualquiera. En este caso, las carencias benefician a la historia y, por ende, al personaje.
La marihuana que se consumía durante el rodaje era obviamente falsa, cosa que en absoluto le parecía bien al actor Peter Dante, quien da vida a un camello que además es fumeta. Como pensó que estando fumado interpretaría mejor a un porrero, decidió llevar al rodaje su propia marihuana, por lo que cada vez que se rodaba una escena en la que este tenía que fumar, y cortaban, le pegaba caladas reales al canuto, motivo por el que el actor se cogía unos colocones de aúpa, teniendo que interrumpir el rodaje en una ocasión para ir al hospital porque decía no sentir las piernas.
En otro orden de cosas, “Play Boy: El Rey del mando” se convirtió en una película de prestigio para la comunidad de consumidores de cannabis recibiendo varios premios “Stony” que concede la revista “High Times” (sobre marihuana y su consumo), que incluían el de mejor película “stoner”, mejor escena de fumada y mejor actor para Allen Covert.
Toda una rara avis dentro del panorama cómico americano de la década de 00, y la película más extraña y transgresora de la “Happy Madison”, que no es nueva en aquello de hacer humor “stoner”; a Adam Sandler le encanta interpretar a fumetas, aunque siempre desde el lado más blanco e inofensivo. A “Play Boy: El Rey del mando” le cuesta un poco menos ofender al personal.
También tenemos en el reparto papeles para un jovencito Jonah Hill, dando ya muestras de su talento y lejos de imaginarse que 10 años después se convertiría en uno de los actores más importantes de Hollywood. También tenemos cameo insulso para un Rob Schneider que estaba a punto de romper peras con Adam Sandler (aunque recientemente se reconciliaron de aquella manera).
En la dirección -lo de menos en las producciones “Happy Madison”- tenemos a Nicholaus Goosen. Un par de años después rodaría la película “The Shortcut”, para seguidamente dedicar su carrera por entero a la televisión.
Por cierto, la traducción española del título original, “Grandma’s Boy” (El niño de la abuela), es absolutamente infame ¿Cómo que “Play Boy: El Rey del mando”? ¿Por qué Play Boy? Acojonante. España.

sábado, 25 de mayo de 2024

FREDDY EL COLGAO

¿En qué momento Hollywood perdió el miedo a la comedia de sal gruesa -gruesísima-? cuando se demostró que podía llenarle las arcas de billetes verdes. Por supuesto, no podía ser de otro modo. Lo mismo ocurrió a finales de los sesenta con la violencia sangrante o el realismo sucio. Y finales de los setenta con el terror truculento. En el caso que nos ocupa, podríamos señalar a "Algo pasa con Mary", "South Park" y "American Pie" como las catalizadoras del fenómeno. De pronto, aunque -curiosamente- mostrar desnudos seguía siendo en parte tabú, regodearse en chistes escatológicos ya no era algo de lo que avergonzarse, muy al contrario. Como consecuencia, "sufrimos" -depende de tus gustos- títulos posteriores como "Scary Movie", el fenómeno "Jackass", "Padre de familia" o la que toca reseñar hoy, "Freddy el colgao". Cada una de ellas intentando llevarlo más hacia los extremos... tanto, tanto como para terminar normalizándolo y destruyéndolo... pero no del todo. A día de hoy aún notamos las consecuencias en productos como, por ejemplo, la exitosa -y disfrutosa- serie "The Boys".
Y Tom Green, comediante de origen canadiense, fue un poco la víctima de semejantes excesos. Alguien tenía que pagar el pato, y le tocó a él. Tal vez por ser uno de los primeros en intentar ese más allá, propasarse tres pueblos enteros. Siempre buscando llamar la atención a través del shock (algo de lo que le acusó, abiertamente, la antes mentada "Padre de familia") Y lo consiguió. Solo que no tuvo en consideración el lado malo de tal estratagema, sus posibles consecuencias. Que cuando las aguas se calman, y Hollywood recupera la compostura, lo primero que hace es quitarse  de encima a los moscardones. Y lo que ayer te encumbró, hoy te hunde en la miseria. Por eso, tras su momento de gloria -incluso anduvo liado sentimentalmente, aunque brevemente, con la estrella de moda entonces, Drew Barrymore-, Tom Green desapareció del firmamento mainstream. Viví convencido durante años de que algo sórdido había ocurrido (a lo que contribuyó verle encarnar un personaje secundario en "Bethany", horripilante película del limitadísimo James Cullen Bressack) Y sí, Green protagonizó sendos escándalos menores... pero nada tan jodido como para terminar en alguna lista negra. De hecho, ha seguido muy activo hasta hoy y no le ha ido tan mal. Simplemente ya no deambula bajo los focos más luminosos y flasheantes, los de Hollywood, los del mainstream, pero sigue ahí. Supongo que pasó de moda. Solo que, siendo esta veloz como un rayo, ni siquiera dio tiempo a percatarnos de ello.
Y, justo, cuando más arriba estaba, el actor fue requerido por los grandes estudios para formar parte de algunas comedias del momento, comenzando por "Road Trip (Viaje de pirados)", pasando por "Los ángeles de Charlie" junto a su querida Drew y terminando con su "opus", un film que, además de protagonizar, escribió y dirigió en 2001, libre como un pájaro y con la confianza ciega del imperio que le respaldó, "20th Century Fox", hablo de "Freddy el colgao" o, en su versión original, "Freddy Got Fingered".
Nunca tuve ninguna intención de verla cuando se estrenó. Y una vez en los estantes de los pocos video-clubs disponibles entonces, la evitaba como la peste. No era muy amigo de esa clase de comedia y, además, un colega me la puso a parir, destacando especialmente un gag sobre crueldad animal -o eso parecía según sus palabras- que, básicamente, frenó en seco la poca curiosidad que pudiera tener. Así, a lo largo de los años, cada vez que leía sobre ella, era para machacarla, confirmándose su mala prensa. Sin embargo, hace unas noches caí en la cuenta de que, tal vez, no le había prestado genuina atención, dejándome confundir por la opinión ajena. Seguramente, deduje yo, la pésima fama se debería más a su capacidad de ofender que a una supuesta baja calidad. Había llegado pues el momento de plantar cara.
La primera de mis ideas preconcebidas totalmente destruidas fue su título. "Freddy el colgao" apesta a intento de franquicia, la creación de un nuevo personaje loco y gracioso destinado a protagonizar muchas películas. Pues no. Lo paradójico es que a Freddy no lo interpreta Tom Green. En realidad vendría a ser un personaje secundario. Si traducimos el título literalmente se parecería a "Le metieron los dedos a Freddy". Y, justo, de ESO trata uno de los muchos gags del film. Es decir, el título hace referencia a un chiste específico, pero para nada es algo central en la trama. ¡Bien! diferente y original. Es más, ni siquiera podemos decir que ese tal Freddy sea un colgao, es un tipo recto y estirado que curra en la banca y hermano del personaje de Tom Green, para más señas. Entonces, ¿acaso los distribuidores de este país de inútiles ni siquiera vieron la peli antes de bautizarla, dando por hecho mis mismas ideas preconcebidas? ¿o es que no sabían cómo cojones titularla y, directamente, pasaron a engañar a la audiencia con tal de llevarla a los cines? Sabemos perfectamente lo mucho que ello se estila en España. Algunos lo llaman picaresca para hacerlo más aceptable y entrañable, pero yo prefiero llamarlo por su nombre: la estafa. La jeta. La engañifa. El acto de un mangante. ¡¡¡Viva la piel de toro!!!
Tom Green es Gord, un aspirante a animador (de dibujos) que quiere triunfar. Para ello acude a Hollywood en busca de una oportunidad. El problema es que está muy zumbado y, en fin, no consigue gran cosa. Así que, para mayor desesperación de su padre, regresa al hogar familiar, donde seguirá haciendo barrabasadas sin descanso y, sobre todo, intentando lograr su sueño de ser animador y, ya puestos, la aceptación de su progenitor (sí, supongo que el film toca otro palo de la comedia muy de entonces, el "adulto niño", el aspirante a inmaduro, pero no me apetece meterme ahí. Otro día quizás)
En fin, esto es lo mejor que he podido sacar de un trama sujeta por cuatro hilos donde lo realmente importante es la inmensa, extensa, interminable y larguísima ristra de gags, que van desde lo sumamente ingenioso, a lo sumamente idiota, pasando por mucha materia desagradable a base de violencia, escatología y algunas escenas genuinamente chocantes para tratarse de un producto mainstream, culpables de esa mala prensa que arrastra. Para no hacer spoiler lo resumiré en que asistimos sin decoro a cierta... mmmmh.... ¿semi-zoofilia? ¿cómo llamarían ustedes a la manipulación -sin truco- de unos genuinos genitales animales -al menos los primeros que aparecen, porque hay más de uno-?
No tan llamativos, pero tampoco menos impactantes, son los sketches donde predomina cierta truculencia, cierto gore, con bebés zarandeados desde sus cordones umbilicales, hasta animales muertos destripados, pasando por heridas sangrantes. Tampoco tienen parangón las escenas donde Tom Green atiza sin descanso las insensibles piernas de su novia paralítica, una que se pirra por hacerle mamadas. En ocasiones el humor es más propio del "spoof", con tintes surrealistas, como ese centro para niños sexualmente abusados donde pasan el rato mirando "La matanza de Texas" por la tele....
¿Les he puesto los dientes largos?
¿Tan mala, tan terrible es "Freddy el colago"? Pues no. La verdad es que últimamente comienza a ser medianamente reivindicada, así que, en cierto modo, me estoy uniendo a la manada hipster y posmoderna. Pero tengo un perdón, ya he dicho que no la había visto hasta ayer. Lo mío queda lejos de ser un oportuno cambio de opinión, es genuino. No me descojoné, pero sí me reí. A veces simplemente por lo absurdamente excesivo de todo, lo increíblemente estúpido y ridículo. Me entretuvo (en parte gracias a su escueta duración de 87 minutos), me pilló con la guardia baja en más de una ocasión... en fin, me gustó.
¿Entonces, a qué viene tanta mandanga? Pues, va a sonar trillado, pero creo que "Freddy el colgao" se adelantó a su tiempo. Fue incomprendida. Hoy sería más aceptada. Ganó todos los "Razzies" habidos y por haber. Parte del público huía horrorizado en plena proyección. Algunos actores (entre ellos Gene Wilder) se negaron a participar por considerar el guion de tremendo mal gusto. Y Tom Green asistía frustrado a los pases de prueba donde nadie parecía pillar su intención, justamente reírse de esa nueva "comedia gruesa" a base de rizar el rizo, llevándola a extremos tan absurdos que superaban toda verosimilitud. Sí, es lo de siempre, el humorista con un estilo muy peculiar, muy suyo -el de Green consistía en descontrolarse a base de soltar chascarrillos tontos sin parar, hasta convertirlos en un ataque sónico a los sentidos- cuyo éxito depende completamente de cómo la plebe lo acepte. Le funcionó a Jim Carrey. Le funcionó a Andy Kaufman (aunque no fue fácil). Pero no tanto a Green, o a alguien como Pauly Shore. Muchas malas críticas basan su bilis, precisamente, en las maneras del Canadiense. Es lo que hay.
Por lo visto, tras la figura del "salvaje" Tom Green se ocultaba un tipo la mar de tranquilo, reposado y, seguramente, respetuoso. Una mente creativa condicionada por esa búsqueda del escándalo. De hecho, en una de las tomas falsas de los créditos finales le vemos en pleno gag truculento, embadurnado de sangre, comentar, no sin aparente frustración, un "¿Pero qué cojones estamos haciendo?" Sabía ande se metía, vamos.
En el reparto, un puñado de curiosos rostros reconocibles. Muy significativa es la presencia de Julie "Aterriza como puedas" Hagerty. Complementan la jugada Anthony Michael Hall y los cameos de Shaquille O'Neal o, en este caso inevitable, Drew Barrymore. Sin embargo, he dejado para el final -a pesar de ser coprotagonista- al más desconcertante: Rip Torn. ¿Qué hace un actor de carácter veterano y semejante porte prestándose a tal desquicie? ¿más cuando, en cierto momento, se queda con el culo el aire ejecutando una especie de baile ridículo? alucinante. A-lu-ci-nan-te. Toda una demostración de talento y profesionalidad. Un diez por semejante valentía.
Para mayor gustirrinín, la banda sonora viene trufada de punk rock variado: "Sex Pistols", "Ramones", "Agent Orange", "Green Day", Iggy Pop, "New York Dolls", "The Adolescents" o "Dead Kennedys" versioneando a "The Clash". Hay quien usaría la palabra coherente. Bueno, sería caer en un cliché facilón pero... aceptamos octópodo.

lunes, 25 de octubre de 2021

HALLOWEEN KILLS

Más por completismo que por otra cosa, me acerqué al cine este fin de semana a ver la secuela directa de “La noche de Halloween” de 2018 de la factoría Blumhouse, que recuerdo que me gustó.
Esta secuela de las andanzas de Michael Myers directamente conectada con la película madre, venía precedida del éxito de la anterior entrega y con el ¿aliciente? de que además de David Gordon Green repitiendo en la dirección, esta vez el guion lo firmaba junto a una eminencia de la comedia USA de las últimas hornadas como es Danny McBride. Obviamente, por el rango de edad en el que se encuentra McBride, es una víctima nostálgica del fenómeno Michale Myers, pero claro, es sobrada la eficacia de McBride escribiendo comedia pero ¿cómo abordará un slasher mítico? No puede ser más marciana la cosa. También se especuló con que esta secuela y la que vendrá a continuación se rodarían a la vez con la intención de ser estrenadas seguidas en Octubre de este año. Con la pandemia de por medio y la incertidumbre general de cómo irá el cine en las salas próximamente, al final Green y McBride recularon y decidieron hacer solo una película por si acaso, quedando pendiente  la siguiente y rodarla o no en función del rendimiento de esta.
“Halloween Kills” hace aguas de una manera brutal.
La cosa es la siguiente; Al final de la anterior entrega Michael Myers muere quemado gracias al brutal enfrentamiento con Laurie Strode. La acción se sitúa justo donde acaba aquella y resulta que, lógicamente, Michael no está muerto. Y como no lo está, comienza la carnicería. Mata a los bomberos que acuden a apagar el fuego de la casa donde este arde y, de paso, mata a todo aquél que se encuentre por el camino, por lo que la primera parte de la película hace justo honor a su título y parece ser que “Halloween Kills” va a ser simplemente eso, Michael Myers destrozando con facilidad a todo dios, cosa esta que me ha parecido la mar de estupenda. Sin embargo, pasado un rato, entran en escena los habitantes del pueblo donde se sucede la acción que, hartos de los 40 años que Michael lleva cargándose a la peña, y bajo el lema de “El mal muere esta noche”, salen todos con palos y piedras a la búsqueda de este para lincharle. Y ya está, ese es todo el argumento. Entre medias, Laurie permanece convaleciente en el hospital mientras suelta sentencias grandilocuentes sobre la maldad de Michael Myers, un loco que se escapa del manicomio es confundido con Michael para regocijo del pueblo sediento de sangre, y se suceden una serie de flashbacks a los años 70, que solo sirven como excusa para justificar la presencia de algunos personajes secundarios que, aunque nos importan un pimiento, tienen vínculos directos con las víctimas de Michael en la primera película de la franquicia, y, también en “¡¡Sanguinario!!” a la que se tiene en cuenta en esta secuela. Por supuesto, un puñado de secundarios de la película de Carpenter, aparecen aquí repitiendo su papel 43 años después… solo que si no tenemos fresca aquella ¡no no damos cuenta de quienes son! Asimismo la película entera la pasamos viendo guiños a las películas de la saga, incluida la tercera, con la aparición de las tres máscaras ya míticas de la bruja, el esqueleto y la calabaza, que son la seña de identidad de “Halloween III”.
“Halloween Kills” es un pequeño desbarajuste sin apenas argumento que no va a ninguna parte, con un final de lo más tontorrón y en el que lo que impera, a partir de la media hora de metraje, es un sopor abrumador de difícil digestión. Es un coñazo de aúpa y también una chorrada.
En la parte positiva, puede que sea la película de la franquicia más violenta y sangrienta en lustros, los asesinatos son potentes, gráficos, vistosos y la hemoglobina abundante. Pero sucede que, igual porque uno ya ha visto de todo en el cine o bien porque a pesar de esto, quizás los asesinatos no son tan buenos, “Halloween Kills” es incapaz de generar en el espectador sorpresa alguna. Se queda impávido. Y eso, es malo. También salvaría los minutos iniciales del film, con ese flashback a los 70 que no viene muy a cuento, pero que sirve para que veamos a un clon de Donald Pleasence, muy bien maquillado, que nos permite contemplar en pantalla en pleno 2021 de nuevo al Dr. Loomis. Se ve que en producción se percataron de que el director de arte de la película, Tom Jones Jr,  era igualito a Donald Pleasence y se les ocurrió sacarle en la película. Y esto está muy bien. Además se agradece que no hayan tirado de infografía a la hora de resucitar al doctor.
Por lo demás, y como les dije al principio, es verla por completismo, porque a nivel mierdoso, yo diría que está a la altura de la aburridísima sexta parte.
Por otro lado, quizás en un pequeño alarde de postmodernismo, “Halloween Kills” rescata en uno de sus papeles principales a Anthony Michael Hall. Le recordarán porque se trata de aquel jovencito pelirrojillo y simpático de “La mujer explosiva”, o el poli harto del gnomo en “Gnomo Cop”. Pero el tiempo no pasa en balde y está irreconocible, ya que aquél joven pizpireto se ha convertido en un señor cincuentón, orondo, cabezón y feo como el demonio al que, una vez reconocemos, la verdad es que agradecemos ver.
Para Octubre de 2022 se estrenará, también dirigida por David Gordon Green, la tercera y en teoría última película de la franquicia, “Halloween Ends”, que tras esta no presagia nada bueno, y que aún así, iré a ver al cine porque, al margen de si estas secuelas contemporáneas resulten buenas o no, pocas cosas me gusta más que, acercándonos a la festividad de todos los santos, acudir al cine a ver una película de Halloween. Porque, además, a parte de la Navidad, Halloween, que ni siquiera nos pertenece aunque ya llevamos muchos años celebrándolo, es otra de mis festividades favoritas. Y el día 31 de Octubre cae sí o sí, en cine o en casa, una o dos películas de terror mínimo.

sábado, 18 de abril de 2015

DIGGING UP THE MARROW

¿Nunca te has preguntado donde van a ir a parar los recién nacidos deformes?. William Dekker, detective retirado, lleva años investigando y lo sabe. Habitan bajo tierra y tiene localizada la entrada de su escondrijo situada en un viejo cementerio. Para documentar la terrible verdad se pone en contacto con el cineasta "cult" especializado en terrores Adam Green, autor de pelis como "Frozen" o la saga "Hatchet", quien decide apuntarse al sarao, sobre todo a partir de la noche en la que ve con sus propios ojos una de esas criaturas. La cosa se va convirtiendo en obsesión, a pesar de que su mujer no anda nada contenta y su equipo le recrimina que pierda el tiempo con chorradas, hasta que un día comienza a sospechar que todo es una estafa, una tomadura de pelo, por lo que decide visitar él solo (y su cámara) la siniestra fosa supuestamente habitada por monstruos. Mala idea.
"Digging up the marrow" es la más reciente película de, sí, ese Adam Green del que hablaba más arriba. Y, como veis, se trata de un concepto muy interesante que recuerda vagamente al de "La nueva pesadilla" de Wes Craven. Cine dentro del cine. Es por ello que Green se interpreta a sí mismo, algo que también hace su (ex) mujer (que pa algo es actriz), el cámara, el montador y algunos rostros populares en sendos cameos muy agradecidos. Por ejemplo, están Don Coscarelli (el otro amigo de Víctor), el inevitable Lloyd Kaufman, Tony Todd y en apartados más destacados Kane Hodder (gracioso verle no-reaccionar frente a las imágenes del primer monstruo. Muy en su línea) y especialmente Tom "Noche de miedo" Holland y Mick "unpocodetodo" Garris, que son quienes más se prestan a la broma. Si algo te preguntas durante el visionado de la película es "¿Por qué el detective no recurre a un director más famoso que Adam Green?". Y ahí está la coña, cuando el cineasta lo comenta con Holland y Garris, estos le tratan de idiota y le cuentan que el tipo ya les vino a ellos (y a Landis, y Carpenter, y Del Toro...) con la misma historia, solo que no le hicieron ni puto caso. Un gag que parece un corto de colegas improvisado (ejem...), algo que me moló mucho, ¿pa qué negarlo?. Por lo demás, y sin salirnos de terreno puramente friquista, tenemos un auténtico festival de camisetas ("Phantasma", "Evil Dead" y muchas de las pelis del mismo Green) y toda la saga de "Viernes 13" en vhs asentada en una estantería.
Cabe decir que estamos ante una combinación bastante curiosa de "found footage" y "mockumentary". Incluso se permiten unas cuantas coñas al respecto, como cuando Adam Green exclama: "¡Esto no es un found footage, es un... footage footage!". O la fobia a los infrarrojos del cámara, que evita usarlos a lo largo de la peli, aunque la oscuridad sea total y absoluta.
La trama se va desarrollando básicamente a base de diálogos y diálogos, centrándose en la relación de Green y el detective, interpretado por el carismático y veterano Ray Wise (especialmente famoso por la serie "Twin Peaks"). Y dadas las circunstancias, no se hace la cosa demasiado pesada, la pareja tiene feeling y se tira bastante del humor sin resultar demasiado cafre. Cuando llegan las pinceladas de terror y monstruosidades, pues bueno, no funcionan demasiado en el apartado miedo/sustos. En cuanto a los efectos especiales, se agradece que tiren más de látex que de CGI, reducido este último a lo mínimo, aunque los monstruos se ven igualmente bastantes cutres. Esto no debería importar por el rollo nostálgico, de que sean trucos físicos y no píxeles, pero el supuesto realismo pseudo-documentalista de la propuesta no casa bien con todo ello. Tal vez el más efectivo sea el "cabeza de payaso", pero pa entender esta parte de la reseña tendréis que ver la película.
El desenlace está a la altura de la mayoría de found footages... te deja un poco en plan "po fale".
En fin, no es una mierda, se aguanta bien y tiene su gracejo, sin ser nada del otro jueves... algo que, a la larga, tampoco es tan malo.

martes, 25 de enero de 2011

HATCHET 2

Del primer "Hatchet" ya hablé en su día. Digamos que, aunque en ningún momento lo consideré una vuelta real y honesta "al horror de la vieja escuela", me pareció una peli simpática con la suficiente ración de gore gran guiñolesco para dejarme contento. Por lo visto esta es una opinión que compartía con bastante gente, cosa que ayudó a que la peli, dentro de su modestia, tuviera una carrera comercial lo suficientemente viable para engendrar una secuela con el mismo cerebro detrás, Adam Green. Claro que si no hubiera habido una segunda parte, el "chiste" sería incompleto tratándose como se trata de un homenaje al "slasher" clásico.
¿Y qué tenemos en "Hatchet 2"?, pues en realidad más de lo mismo (otra convención del "slasher" puro, después de todo) aunque, gracias a dios, con un pelín menos de humor. La historia arranca exactamente en el mismo punto en el que terminaba la peli precedente (eso sí que NO es típico de las secuelas de "slashers", fíjate tu!). La chica prota escapa de las garras del monstruoso Victor Crowley y logra reunir a un grupo de matones con el fin de regresar a los pantanos y darle su escarmiento.
El "problema" que puede tener semejante trama, para algunos, es que se toma su tiempo hasta que arranca la escabechina. Es una queja que he oído de bastantes bocas, sin embargo, yo recuerdo que a "Hatchet 1" le pasaba algo bastante parecido. A mi, por lo menos, no se me ha hecho especialmente pesada, ni esa parte, ni la peli en general.
Luego tenemos el otro aliciente inseparable de la franquicia, el gore. Pues sí, como ocurría en la uno, aquí también hay una buena dosis de truculencia, con algunos crímenes realmente retorcidos y llamativos, llevándose la palma el de la -interminable- sierra mecánica. Hay que decir, que otros -o al menos, uno- se pasan de exagerados, tanto que, en fin, resultan hasta un pelín ridículos (concretamente la muerte del "Reverendo Zombie"). El desenlace está entre estos últimos, pero al tratarse de quien se trata el que recibe, funciona. Por otro lado, señalar lo mucho que molan los créditos iniciales, con la cámara recorriendo el pantano filmando los restos de los crímenes de "Hatchet 1" mientras en el soundtrack oímos a "Ministry" a todo trapo (Y es que a estas pelis les pega mucho el rock cañero y estridente).
Sin embargo, lo verdaderamente llamativo de "Hatchet 2" está en su apreciable y completo reparto. Dejando de lado a Kane "Jason" Hodder, que interpreta de nuevo al asesino y a su padre (en un registro notablemente -y sorprendentemente- dramático. Por cierto, destacar el simpático guiño que dedican al "Sr.Voorhees" himself), recuperamos a Tony "Candyman" Todd y al mítico John Carl Buechler y nos encontramos nada menos que a Tom Holland, director de "Noche de miedo", en un rol destacado (el colega fue actor antes que director) y a R.A. Mihailoff, el "Leatherface" de "La matanza de Texas 3" que, como en esta, se reserva un papel sin diálogos. El protagonismo femenino recae en Danielle Harris, que sustituye a la girl de la primera parte. La has visto previamente en "Halloween 4 y 5", así como los dos remakes de Rob Zombie o "Leyenda Urbana", y la veremos en "Laid to Rest 2". AH!! por supuesto que no falten los cameos, en este caso tenemos los de Lloyd "Troma" Kaufman, Joe "Wrong Turn 2" Lynch y Mike "Los profanadores de tumbas" Mendez.
Pero una de mis coñas favoritas es cuando, acompañando a los créditos de "Written & Directed by Adam Green", vemos a este tumbado en el suelo echando una jugosa y cuantiosa pota.
Cosas así, o gran parte de las mencionadas arriba, son motivo suficiente para apreciar "Hatchet 2" aunque no sea una peli redonda. Es un film de horror parido por fans, para los fans, y esas cosas molan. Vamos, hay que ser agradecido.

martes, 5 de octubre de 2010

CREEPSHOW 2

Tengo muchos, muy buenos y muy gratos recuerdos respecto a esta peli. Y, cual batallitas del abuelo, suelo contarlo cuando se me presenta la ocasión. Como es el caso. Era un Viernes 13, yo hacía 1º de BUP y por las tardes no había clase. Se trataba de un día especial ya que por la tele, y de noche, daban, justamente, "Viernes 13", la de Sean S. Cunningham. Ahora sonará normal, pero entonces no lo era. No solían poner cine de terror moderno en la caja tonta, y menos de tipo sangriento. Para rematar, ese mismo día se estrenaba en salas "Creepshow 2". Yo llevaba ya años siendo un puto fan obsesivo de la primera (¡y lo sigo siendo!), así que imaginaos el acontecimiento que suponía para mi (estaba informado a fondo gracias a mis revistas francesas. Que por cierto, en una de ellas -"Impact"- recuerdo una entrevista a Howard Berger, uno de los responsables de efectos especiales, en la que echaba pestes de otro de los técnicos, ¡el todoterreno Ed French!, llamándolo vago y descuidado -¡¿que esperabas Howie?!, ¡¡Edward venía de la serie Z, amigo!!-... desde entonces, Berger siempre me ha caído un poco mal). Fui a verla al entrañable "Continental", cómo no, y gocé como una furcia. Por la noche el "magic day" se me arruinó un poco cuando, viendo y grabando "Viernes 13", me quedé frito (y es que, hay que asumirlo, ¡la primera es un rollete!).
En fin, después de secarme las lagrimillas, déjenme que me centre en la peli. Pues sí, secuela de ese clásico imborrable de los 80 en el que, una vez más, se nos presentan varias historias deudoras del espíritu "E.C.Comics". A diferencia de la primera entrega, aquí solo son tres (originalmente iban a ser cinco también, pero el escueto presupuesto no dio para más. Una de ellas era "El gato infernal", que acabaría luego siendo parte de la versión cinematográfica de la serie "Tales from the Darkside" -de hecho, era la mejor historia- y dándole título en nuestras tierras). La que hace uno va de un indio de madera que venga el asesinato de sus propietarios. La segunda, y más lograda -opinión esta generalizada-, narra la epopeya de unos chavales que se quedan atrapados en medio de una balsa rodeados por una extraña mancha rugosa dispuesta a papeárselos. Y la última, flojica, la de un autoestopista que muere atropellado y, por mucho que lo revienten, vuelve una y otra vez para atormentar a su asesina. Entre medio, y en formato dibujo animado (muy "cartoon"), las desventuras de un chaval fan/lector del comic "Creepshow" al que unos matones quieren dar una paliza (y para quienes tiene preparada una bonita sorpresa).
Vale, digámoslo ya, "Creepshow 2" no llega a la suela del zapato de su predecesora, pero aún así sigue siendo un film jodidamente disfrutable y entretenido. En esta ocasión George A. Romero se quedó en tareas de guion (adaptando historias de Stephen King, algunas publicadas y otras inéditas, quien se marca un cameo interpretando a un camionero tarugo), dándole las riendas a su habitual director de fotografía Michael Gornick (en principio de ello se iba a encargar Tom Savini, aunque finalmente se limitó a interpretar al narrador de las historias, uno que, a diferencia de la primera parte, guarda un look y unas maneras mucho más deudoras de "Creepy"/Warren que de la "E.C."... no porque sí se hace llamar "The Creep"). Lo triste de Gornick es que detestaba los recursos estéticos/visuales propios de comic presentes en la peli de origen (las luces de colores, los encuadres raros, hojas que pasan, recuadros con texto, etc... justamente, todo aquello que a mi me fascina/ba de "Creepshow 1"), supongo que, habiendo sido dire de foto en aquella, debieron darle mucho por culo, así que decidió ignorarlos para su secuela -aunque la dirección de fotografía recayera en otros mindundis-, lo que acabó otorgándole un aspecto mucho más estándar, más común, y desprendiéndola de su aura especial y mágica (y comiquera, por cierto). Tampoco la banda sonora era tan cojonuda como la de John Harrison para the first one, pero hay algunos temas estupendos (sobre todo el de los créditos iniciales. La música está atribuida a Les Reed, aunque por ahí rula Rick Wakeman, quien también compuso el genial soundtrack de "La Quema"). El gore no abunda (de hecho, en esta secuela es incluso menor a su predecesora, reservándose para detalles muy específicos) y el humor sigue siendo genuinamente negro y sutil, sin astracanadas cantosas. El reparto es entrañable, destacando George Kennedy, Dorothy Lamour, Lois Chiles y el mentado Savini. Del resto, podemos mentar a David Holbrook (hijo del respetado Hal Holbrook, que salía en "Creepshow 1". Ambos intervinieron a la par en ese seudo-slasher de tercera titulado "Creando el terror"), Don Harvey (especializado en papeles de tipo asqueroso, como un par de año después demostraría con "Corazones de hierro"), el guaperas Paul Satterfield (su cara de héroe de comic le llevaría a protagonizar "Arena (el ring de las galaxias)") y la preciosa Jeremy Green -a la que vemos en tetas. Por entonces era la novia del célebre Greg Nicotero, otro de los responsables de los efectos especiales y quien, años después, convertiría "Creepshow" en una serie de tv regulera-, cuya carrera no prosperó.
Un detalle que, aún siendo obvio y chorra, encuentro adorable: La portada del comic de "Creepshow 2" es la que cerraba "Creepshow 1" (es decir, el niño haciéndole vudú a su padre), en un auténtico modelo de secuela con lógica. La pena es que "Creepshow 2" no termina mostrándonos la portada de la tercera parte... algo que quizás explique que esta, finalmente parida con dos euros por gente ajena al universo Romero y Cía, fuese una cagarruta. Simpática tal vez, pero cagarruta a fin de cuentas.
Lo dicho, "Creepshow 2" no es la obra maestra que era la peli-madre, pero sí un plato la mar de rico y jugoso que merece ser devorado, y más de una ocasión.

Y como regalo, un curioso y poco difundido poster alternativo: