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domingo, 15 de mayo de 2016

LOS FOTOCROMOS DE "¡¡SANGUINARIO!!" (O "HALLOWEEN 2")

"La noche de Halloween" de John Carpenter puede presumir de arranque estupendo y clímax maravilloso pero.... seamos sinceros, la parte del medio es un poco plasta. ¡Cuidao!, no digo que sea carroña, ni por todo el oro del mundo. Va cargada de pequeños y maestros momentos de suspense, pero en términos generales no es que sea lo más entretenido que he visto en mi vida. Bien, "Halloween 2", absurdamente titulada "¡¡Sanguinario!!" en España, es toda ella, enterita, como la parte central de la primera. Y, encima, sin los momentos maestros de suspense que comentaba. En este caso la sutilidad de aquellos se acabó viendo sustituida por lo que con el tiempo ha sido mandato obligado en todo "slasher" que se precie: asesinatos gráficos, sangre y tetas. Es decir, el efecto "porno" que consiste en pasar a cámara rápida el relleno para ir directamente a la carnaza. Efectivamente, “Halloween 2” se estrenó al año siguiente del primer “Viernes 13” (reclamando el trono, supongo) e, inevitablemente, se vio salpicada por esta.
A su vez, los escasos intentos de suspense de los que goza se mutan en otra característica común del subgénero: la lentitud, a.k.a, el aburrimiento. Sí, amigos, "Halloween 2", que revisé hace unos días, es un puñetero coñazo. Ya, ya, ¿y qué "slasher" no lo es?... cierto, pero es que hablamos de la segunda parte de la madre del cordero (vale que hubo precedentes, pero no se puede negar que el clásico de Carpenter partió la pana) y eso, queridos, tiene un peso.
Para la ocasión las tareas de dirección recayeron en un mindundi, Rick Rosenthal, que no haría nada demasiado destacado el resto de sus días salvo quizás "Bad Boys", "Russkies" y ¡"Los pájaros 2: Resurrección"!. De hecho, tal es así, que llegadas épocas modernas, y viendo que lo único que realmente brillaba en su currículum era, justamente, haber dirigido "Halloween 2", le ficharon para encargarse de la, nada menos, octava parte de lo que ya entonces era una franquicia interminable y muy olvidable (aceptémoslo, Michael Myers tiene menos carisma que un repollo). ¿Contribuyó su participación a elevar el nivel?. Pos no, "Halloween 8", o "Halloween: Resurrection" -su título oficial-, era un rato mediocre. Vale, algo más que esta "Halloween 2", que aún dispone de alguna idea maja (limitadas todas a las escenas de asesinatos, claro, como esa enfermera elevada del suelo haciendo palanca en su espalda con un bisturí o el resbaladizo charco de sangre), pero por los pelos.
En cualquier caso, y como suele ser habitual, los respectivos fotocromos (esta vez creo que están todos) no se ven salpicados por el melodrama expuesto, al contrario, son bien bonitos y gozosos... algunos dignos de enmarcar.... y si no, échenles un ojo y luego me dicen.















viernes, 3 de noviembre de 2017

BAD BOYS

“Bad Boys” a estas alturas es una de esas películas de corte carcelario tan míticas de los ochenta, que obtuvo una buena repercusión en su momento pero que, extrañamente, ha pasado a quedar un poquito olvidada con el tiempo.
A parte de que se trate del primer papel importante de Sean Penn, o de que se trate de una película cuyo modelo a seguir sea, en cierto modo “The Warriors”, yo quiero destacar el hecho, absolutamente casual, del parecido que guarda con películas como “Perros Callejeros” y por ende, con el “Cine Quinqui”. Más que parecérsele, podemos decir que se trata del equivalente americano, si bien, esta vertiente juvenil del drama carcelario, no tuvo una continuidad los suficientemente fluida como para hablar de géneros parejos. Todo esto, por supuesto, guardando las distancias.
Dirigida por Rick Rosenthal, director resultón de la era Reagan que también realizó “Halloween 2: ¡Sanguinario!” (que curiosamente, un cine que aparece en “Bad Boys”, tiene este film en cartelera),  “Ruskies” o “Hallowen: Resurrección” y que acabó dando con sus huesos, como tantos otros, en la televisión, cuenta la historia de un par de bandas juveniles que el día de un atraco se topan en las calles de Chicago, originando un enfrentamiento. Este encontronazo degenera en un tiroteo en el que uno de estos muchachos, mata al hermano pequeño del lider de la banda rival. Es capturado e ingresa en prisión, donde se hace el amo de la misma. Buscando venganza, el hermano del niño muerto, acaba violando  la novia del asesino de su hermano, y por ende, entra también en prisión. El encuentro de estos dos delincuentes, además de conformar el grueso de la película, resulta una bomba de relojería.
Condenadamente entretenida esta “Bad Boys”, amén de tener un trabajo de dirección encomiable, y una ambientación desasosegante, en parte, porque el elenco estaba compuesto por carceleros y reclusos reales. Conocida es la anécdota en la que al pasar por el pasillo, Penn, nada más ingresar su personaje en prisión, es cosido a escupitajos por los reclusos. Esto fue idea del actor, que instó a estos a que lo hicieran, y desde luego se consigue una de las escenas más impactantes del film, por su realismo. Y todo funciona como un reloj en la película, porque se apoya en un excelente guion, que estructura con maestría Richard di Lello (que de lelo no tenía nada), que continuó en esta línea firmando unos años después el libreto e “Colors: Colores de guerra” de Dennis Hooper. Y tanto Sean Penn como Esai Morales —al que hemos podido ver, por ejemplo, en “La Bamba”—, están estupendos.
Penn demostraba ser un actor metódico desde el principio del rodaje, sugiriendo que se le hiciera un prótesis que deformara sus dientes para hacerlos parecer castigados por la vida, o yéndose por la noche a  patrullar con la policía, y el director Rosenthal, a los barrios bajos, donde un buen día fue tomado por un pandillero real y fue asaltado por otros que le suponían del bando contrario. Un entusiasmo que ya no tendría hasta “Yo soy Sam”. No el vano, fue el elegido dentro de un largísimo casting que tenía a Kevin Bacon o a un emergente Tom Cruise como firmes candidatos al papel protagonista.
Otra de las excentricidades de Penn, mientras trabajó en la película, es que no permitió que nadie le llamara Sean; a partir de los ensayos todo el mundo tenía que dirigirse a él con el nombre del personaje, o sea, Mike.
Desde luego, su actuación no pasó inadvertida, por lo que durante aquellos años se le consideró el mejor actor joven de su generación. Incluso, consciente de este estatus, poco después de “Bad Boys”, Penn se permitió el lujo de aconsejarle a Tom Cruise que no hiciera el papel que se le había ofrecido en la “Screwball Comedy” “Ir a perderlo... y perderse”, la comedia tipo “Porky´s” que protagonizó Tom Cruise. Obviamente, este no hizo caso, y más, cuando el propio Sean Penn, se había ganado una reputación protagonizando una cinta de las mismas características: “Aquél excitante curso”.
Por otro lado, Penn actuaba con tanta intensidad, que en una escena en la que se fuga del correccional y corre campo a través, este se cayó, rompiéndose el tobillo en la vida real, motivo este por el cual le escayolaron y el rodaje se tuvo que suspender durante las 8 semanas que estuvo con el tobillo roto.
A la vista de todos está lo que ha sido la carrera de Sean Penn a partir de entonces, pero yo creo, que pocas veces ha estado tan bien como en “Bad Boys”; a posteriori, Penn a tendido a sobreactuar, por no hablar de cuando ha hecho de retrasado mental.
La película es un pequeño clásico moderno, una joyita de los 80 casi olvidada, a la que en nuestro país le fue regular, cuando al ser estrenada tan solo congregó a 423.000 espectadores.
De todas formas, estoy pensando, que igual, “Bad Boys”, mejora con los años.
Muy recomendable.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

LA PRINCESA PROMETIDA

En 1987 Rob Reiner filmo una de esas películas, que no se a vosotros, pero que a mi me marcaron de chaval. Creo recordar que la primera vez que la vi estaba en el colegio, luego ya la he visto todas las veces que la han dado en la televisión y la he pillado empezada. Lo que no supe hasta hace unos años y puede que muchos aun desconozcáis, es que esta basada en un libro. Su escritor es William Goldman que también es guionista de la película y de muchas otras como Dos hombres y un destino o Misery.

Empieza el filme con un jovencisimo Fred Savage (Aquellos Maravillosos Años) y un cascadete Peter Folk (Colombo) nieto y abuelo respectivamente en la película. El abuelo acude a ver a su nieto enfermo, y ya de paso para leerle el cuento de La Princesa Prometida. El joven, que muy malito no esta la verdad, pasa bastante de su señor abuelo y no tiene ganas de oír historias cursis y empalagosas. Pero el abuelo empieza a leer la historia y poco a poco su nieto ira mostrando más y más atención, llegando al punto de querer saber todo lo que ocurre aunque sean escenas de besos, algo que desde el principio deja claro que ni le gusta ni le interesa. La historia que cuenta el abuelo es el argumento en si de la película.

Westley es un joven mozo de cuadra que se enamora de Buttercup, la princesa del reino. El siempre contesta a las ordenes de la princesa con una coletilla, "Como desees" Esta frase aunque inocente sera clave más adelante. Westley decide salir al mundo a conseguir fortuna y así poder casarse con su amada, pero los años pasan y la ultima noticia que Buttercup tiene de su amado es que se topo con el barco del sanguinario pirata Roberts, el cual no deja prisioneros, así que le da por muerto. Por mandato de su padre, el Rey, se prepara la boda real entre Buttercup y el noble de turno. Justo antes de la boda, la princesa es secuestrada por tres delincuentes, entre ellos el mítico Iñigo Montoya (suya es la mejor frase de la película) como fuerza bruta contaron con el luchador de werstling Andre el gigante, y el jefe de estos dos, Vizzinni, el malo de los tres, porque los otros dos son un pedazo de pan. Mientras huyen con la princesa un misterioso hombre vestido de negro ira derrotando a los secuestradores uno a uno. Cuando parece que la princesa ha salido de la sartén para caer en el fuego, los guardias de su prometido la rescatan, pero al oír como el misterioso hombre de negro, al caer por una ladera, repite el "Como desees" Buttercup comprende que es Westley quien se oculta tras el antifaz. Buttercup vuelve en contra de su voluntad al reino y todo sigue su curso para la boda, aunque ahora ya no desee celebrarla, así que Westley, con la ayuda de Iñigo Montoya y el personaje de Andre el Gigante, intentaran rescatar a la princesa aunque eso les lleve (y les traiga) a la muerte.

Es un comedia de tintes románticos, con frases y escenas que se graban en la memoria. Donde los buenos son muy buenos y los malos no son tan malos, salvo el hombre de seis dedos, que ese si, ese es un cabrón. La forma en que se narra la historia, con ese abuelo y ese nieto es un gran acierto, porque eso es lo que esta ocurriendo, nos están contando un cuento. Si bien es cierto que en mi opinión nos pasa al contrario que al nieto, y es que para mi la primera mitad de película es sublime, y la segunda mitad algo mas floja. Aun así, es una película que no me canso de ver, que es limpia, simpática y entretenida. Como curiosidad, decir que los viejos que "curan" a Westley son Carol Kane y Billy Crystal, aunque con la caracterizacion, no se les reconozca. Y para terminar, la frase de la película que seguro no necesitáis ni leer porque os la sabéis de memoria: "Mi nombre es Iñigo Montoya, tu mataste a mi padre, preparate para morir." Que grande por dios, nunca una amenaza de muerte sonó tan bien.

miércoles, 15 de julio de 2009

CYCLOPS

Producido por Roger Corman para el canal de televisión "Sy Fy", estamos ante un telefilm que, nada más comenzar, apunto estuve de quitarlo... aunque al poco me enganché a el como si fuera una botella de "Coca Cola". Y es que resulta ser original y entretenido a más no poder.
En la antigua Roma, un sanguinario cíclope tiene atemorizado al personal, así que el emperador Tiberio envía a uno de sus mejores centuriones para que lo capture. Una vez hecho el trabajo, el centurión reclama su recompensa. Tiberio le asciende y le da un titulo, pero este prefiere tierras a cambio, así que, por listo, se queda sin nada de nada y tremendamente decepcionado.
Tiberio decide echar al cíclope a la arena del circo para que los esclavos peleen con él, pero este se escapa y causa una sangrienta escabechina. Por suerte el centurión anda por ahí para volver a capturarlo.
El telefilm no se anda con florituras, desde el principio va a piñón. Nada más comenzar, vemos como el cíclope da buena cuenta de un buen numero de romanos 
a base de mordiscos y la acción ya no decae durante toda la película. Lo único que tira para atrás es el CGI, de lo malo, lo peor. Se suele decir que cuando un CGI es chungo parecen gráficos de "Playstation"; bien, esto parece de "Playstation 1", sin exagerar. Jamás un bicho ha cantado tanto, pero pronto nos acostumbramos y disfrutamos de sus sanguinolentas maneras de hacer… ¡¡esta peli es súper gore!! Uno de lo mas resultón, cuando no lo generan con ordenador.
Increíble el despliegue de medios en lo que a ambientación histórica se refiere, con lo que no entiendo ese racaneo con la infografía (supongo que serían decorados y vestuarios sacados de otra producción previa de mayor enjundia). 
Interpretando al emperador Tiberio, nada mejor que un excelente y metidísimo en el papel Eric Roberts, que se come la película con patatas y arroz.
El director es Declan O´brien, que ha hecho unos cuantos telefilms más de catadura fantástica y acaba de dirigir la segunda secuela de "Km 666, desvío al infierno".
En definitiva, un entretenimiento muy potente y muy recomendable. Quien lo diría…

lunes, 25 de octubre de 2021

HALLOWEEN KILLS

Más por completismo que por otra cosa, me acerqué al cine este fin de semana a ver la secuela directa de “La noche de Halloween” de 2018 de la factoría Blumhouse, que recuerdo que me gustó.
Esta secuela de las andanzas de Michael Myers directamente conectada con la película madre, venía precedida del éxito de la anterior entrega y con el ¿aliciente? de que además de David Gordon Green repitiendo en la dirección, esta vez el guion lo firmaba junto a una eminencia de la comedia USA de las últimas hornadas como es Danny McBride. Obviamente, por el rango de edad en el que se encuentra McBride, es una víctima nostálgica del fenómeno Michale Myers, pero claro, es sobrada la eficacia de McBride escribiendo comedia pero ¿cómo abordará un slasher mítico? No puede ser más marciana la cosa. También se especuló con que esta secuela y la que vendrá a continuación se rodarían a la vez con la intención de ser estrenadas seguidas en Octubre de este año. Con la pandemia de por medio y la incertidumbre general de cómo irá el cine en las salas próximamente, al final Green y McBride recularon y decidieron hacer solo una película por si acaso, quedando pendiente  la siguiente y rodarla o no en función del rendimiento de esta.
“Halloween Kills” hace aguas de una manera brutal.
La cosa es la siguiente; Al final de la anterior entrega Michael Myers muere quemado gracias al brutal enfrentamiento con Laurie Strode. La acción se sitúa justo donde acaba aquella y resulta que, lógicamente, Michael no está muerto. Y como no lo está, comienza la carnicería. Mata a los bomberos que acuden a apagar el fuego de la casa donde este arde y, de paso, mata a todo aquél que se encuentre por el camino, por lo que la primera parte de la película hace justo honor a su título y parece ser que “Halloween Kills” va a ser simplemente eso, Michael Myers destrozando con facilidad a todo dios, cosa esta que me ha parecido la mar de estupenda. Sin embargo, pasado un rato, entran en escena los habitantes del pueblo donde se sucede la acción que, hartos de los 40 años que Michael lleva cargándose a la peña, y bajo el lema de “El mal muere esta noche”, salen todos con palos y piedras a la búsqueda de este para lincharle. Y ya está, ese es todo el argumento. Entre medias, Laurie permanece convaleciente en el hospital mientras suelta sentencias grandilocuentes sobre la maldad de Michael Myers, un loco que se escapa del manicomio es confundido con Michael para regocijo del pueblo sediento de sangre, y se suceden una serie de flashbacks a los años 70, que solo sirven como excusa para justificar la presencia de algunos personajes secundarios que, aunque nos importan un pimiento, tienen vínculos directos con las víctimas de Michael en la primera película de la franquicia, y, también en “¡¡Sanguinario!!” a la que se tiene en cuenta en esta secuela. Por supuesto, un puñado de secundarios de la película de Carpenter, aparecen aquí repitiendo su papel 43 años después… solo que si no tenemos fresca aquella ¡no no damos cuenta de quienes son! Asimismo la película entera la pasamos viendo guiños a las películas de la saga, incluida la tercera, con la aparición de las tres máscaras ya míticas de la bruja, el esqueleto y la calabaza, que son la seña de identidad de “Halloween III”.
“Halloween Kills” es un pequeño desbarajuste sin apenas argumento que no va a ninguna parte, con un final de lo más tontorrón y en el que lo que impera, a partir de la media hora de metraje, es un sopor abrumador de difícil digestión. Es un coñazo de aúpa y también una chorrada.
En la parte positiva, puede que sea la película de la franquicia más violenta y sangrienta en lustros, los asesinatos son potentes, gráficos, vistosos y la hemoglobina abundante. Pero sucede que, igual porque uno ya ha visto de todo en el cine o bien porque a pesar de esto, quizás los asesinatos no son tan buenos, “Halloween Kills” es incapaz de generar en el espectador sorpresa alguna. Se queda impávido. Y eso, es malo. También salvaría los minutos iniciales del film, con ese flashback a los 70 que no viene muy a cuento, pero que sirve para que veamos a un clon de Donald Pleasence, muy bien maquillado, que nos permite contemplar en pantalla en pleno 2021 de nuevo al Dr. Loomis. Se ve que en producción se percataron de que el director de arte de la película, Tom Jones Jr,  era igualito a Donald Pleasence y se les ocurrió sacarle en la película. Y esto está muy bien. Además se agradece que no hayan tirado de infografía a la hora de resucitar al doctor.
Por lo demás, y como les dije al principio, es verla por completismo, porque a nivel mierdoso, yo diría que está a la altura de la aburridísima sexta parte.
Por otro lado, quizás en un pequeño alarde de postmodernismo, “Halloween Kills” rescata en uno de sus papeles principales a Anthony Michael Hall. Le recordarán porque se trata de aquel jovencito pelirrojillo y simpático de “La mujer explosiva”, o el poli harto del gnomo en “Gnomo Cop”. Pero el tiempo no pasa en balde y está irreconocible, ya que aquél joven pizpireto se ha convertido en un señor cincuentón, orondo, cabezón y feo como el demonio al que, una vez reconocemos, la verdad es que agradecemos ver.
Para Octubre de 2022 se estrenará, también dirigida por David Gordon Green, la tercera y en teoría última película de la franquicia, “Halloween Ends”, que tras esta no presagia nada bueno, y que aún así, iré a ver al cine porque, al margen de si estas secuelas contemporáneas resulten buenas o no, pocas cosas me gusta más que, acercándonos a la festividad de todos los santos, acudir al cine a ver una película de Halloween. Porque, además, a parte de la Navidad, Halloween, que ni siquiera nos pertenece aunque ya llevamos muchos años celebrándolo, es otra de mis festividades favoritas. Y el día 31 de Octubre cae sí o sí, en cine o en casa, una o dos películas de terror mínimo.

sábado, 5 de octubre de 2024

LOS OJOS DEL MAL 2

Las hermanas Jen y Sylvia Soska comenzaron su andadura por estos mundos audiovisuales de dios colaborando interpretativamente en los desmanes de Lucifer Valentine, un tipo que a finales de los dos mil se obcecó en facturar las películas más repulsivas imaginables. De esas nacidas para provocar el mero "shock" a base de acumular imágenes extremas y desagradables sin una trama de base. En algunos casos, con la burda excusa del arte. Concretamente, él y las Soska coincidieron en una titulada "ReGOREgitated Sacrifice", lista para provocar la náusea... pero también el aburrimiento y algo de risa en su empeño por ofendernos.
Corren muchos rumores chungos en torno a Lucifer Valentine. Que si pederasta, abusador y acosador. Seguramente por ese motivo, las Soska decidieron borrarlo de sus filmografías, aunque tampoco ellas se libran de arrastrar un pasado turbio, relacionado con ciertas ideas ultra-derechistas, un jardín en el que no voy a meterme. Si quieren saber más, hurguen por la red.
En cuestiones de dirección, debutaron con "Dead Hooker in a Trunk", a la que siguió el pequeño "hit" "American Mary". Su buena prensa les ayudó a ascender un modesto escalafón, formando así parte del extenso elenco autoral de "The ABCs of Death 2" (inédita para mí como consecuencia de lo insufrible que me me resultó la primera parte). Presupongo que fue este el aval para que "Lionsgate" y "WWE" les confiaran la secuela tardía (con ocho largos años de diferencia), y directa para el mercado del dvd, de "Los ojos del mal".
Era la primera vez que las Soska curraban para un estudio profesional, totalmente alejado de sus primeros escarceos "indies / amateuristas" financiados por los papuchis. ¿Y qué pasa? pues que, o los gerifaltes presionaron mucho para que se ciñeran a lo establecido, o es que en semejantes condiciones las muchachas perdieron su identidad, porque el film resultante podría haberlo dirigido Manolo el del bombo y nadie hubiese notado la diferencia. Y no lo digo por falta de calidad, o cutrismo, o absoluta negación... para nada, cumple perfectamente con los mínimos exigidos. Lo digo porque, en fin, estamos ante un producto desangelado, muerto antes de nacer y que no rezuma ni pasión, ni absolutamente la más mínima característica distintiva.
Danielle Harris, quien se ha ganado un puesto de honor en el género por su intervención en las secuelas menos lustrosas de la saga "Halloween", es la forense encargada de dar un repaso a la ristra de cadáveres salidos de la entrega previa, asesino incluido, Jacob Goodnight (de nuevo encarnado por el wrestler Kane). Ello le obliga a anular su fiesta de cumpleaños, finalmente trasladada hasta la misma morgue por obra y gracia de su panda de colegas (entre los que figura la morbosamente atractiva Katharine Isabelle, adorada por el fandom gracias a su intervención en la saga "Ginger Snaps", así como un papelico secundario en "Freddy vs Jason") lo que nos prepara el escenario perfecto para que el psycho-killer se levante de la camilla y comience la escabechina.
Y sí, mucho me temo que, a rasgos generales, todo es tan previsible y coñazo como suena. Salvo por dos detallitos. Jacob Goodnight dudando de sus actos durante unos segundos (pero, ¿¿no se suponía que le iba sacar ojos de sus cuencas?? a tenor de lo visto en esta secuela, o se le ha olvidado, o ha cambiado de hobby) y el inesperado destino que le tienen reservado a cierto personaje. Por unos momentos parecía que las Soska habían decidido echarle ovarios, ignorando ciertos dogmas narrativos atados a la fórmula. Pero no, todo se queda en meramente anecdótico. Y, oiga, uno se ofusca... se ofusca porque, viniendo de dos pavas abiertamente declaradas fans del terror, y salidas de cierta escena "indie", podría acusarlas de haber desaprovechado la ocasión de aportar entidad y dignidad a un producto de pura naturaleza crematística, de esos que los estudios -y directores en busca de una primera y desesperada oportunidad-, desprecian y en los que invierten cero interés, echando mano de salidas narrativas vergonzantes e insultantes para el espectador / fan, básicamente tratándolo de imbécil (y, créanme, en "Los ojos del mal 2" hay unas cuantas de esas), limitándose a contentar sus supuestas pocas exigencias a base de sangre (encima, escasa), escotes (y digo escotes, porque de tetas, nada) y unos cuantos guiños / homenajes (cierta camisa azul igual a la del "Ash" de "Evil Dead" -no es un delirio mío, las mismas Soska así lo reconocen-) o referencias tan evidentes que duelen (en este caso, por lo de situar un slasher en un hospital donde llega el cadáver del asesino de rigor, tiraríamos de "Viernes 13 - 4" o "Halloween 2 / ¡¡Sanguinario!!") Contrariamente, Jen y Sylvia Soska se limitan a cumplir con la papeleta, sin esforzarse demasiado ni aplicar gota de su supuesta devoción por el formato. Claro que, visto lo visto, casi mejor así, porque cuando han dado libre albedrío a dicha pasión, les han salido 
remakes o secuelas tardías disfrazadas de tributo a pesos pesados como David Cronenberg / "Rabia" o George A. Romero / "La noche de los muertos vivientes". Y, créanme, consumir la primera de ellas fue peor que hundir mis peludas pelotillas en un estanque lleno de barracudas mutadas.
Me he hartado de vomitar a los cuatro vientos que no hay peor director para una película de terror que un auto-indulgente fan del género. Sobre todo los de última hornada, que solo viven por y para esa clase de cine, escasamente interesados en cualquier cosa no etiquetable como tal y nadan en chorreante felicidad acudiendo a las "Cons" para adquirir el muñeco de Freddy que se tira pedos o los mocasines de Chucky. El caso de las Soska vendría a ejercer de ilustrativo y doloroso ejemplo.

sábado, 20 de mayo de 2023

JOHNNY PELIGROSO

Recuerdo cuando "Johnny Peligroso" se estrenó en 1985 y los medios de comunicación le dedicaron unos breves minutos. Al fin y al cabo, solo era otra comedia tonta más para lucimiento de ese actor de comedias tontas llamado Michael Keaton. Las imágenes me llamaron la atención por absurdas, dando a entender que aquello era una "spoof movie" con todas las de la ley. Sin embargo, a pesar de ser devoto del subgénero, no fui a verla. Su ambientación gangsteril rollo años 30 no me llamó -ni me llama- cinematográficamente hablando. Pasaría un tiempo hasta que la consumí en vídeo. Y otras tantas décadas para que se ganara mi simpatía.
Efectivamente, "Johnny Peligroso" es puro "spoof", y de los gordos. En 1984, que es cuando se rodó, el tema aún tenía tirón... aunque por poco tiempo (fue el año de "Top Secret!" y su fracaso en taquilla). Así, como todo buen producto del ramo, el argumento podría servir perfectamente para una película seria: Auge y caída de un gangster. Cómo entra en una poderosa familia, escala puestos, le sale un competidor, aparece una chica de la que se enamora y su hermano se convierte en su mayor perseguidor al ejercer de fiscal. En realidad, nada nuevo. Es el modo de contarlo donde, obvio, reside la gracia. Y, pal caso, dicho más a conciencia que nunca.
De entrada, sorprende, y para bien, que el tema musical central lo canturree Weird Al Yankovic, un nombre perfectamente vinculado al formato de la bufa absurda, quien hizo exactamente lo mismo para "Espía como puedas", además de marcarse un buen puñado de cameos en la saga "Agárralo como puedas". Y, hablando de la reina de Roma, hay un gag en la primera de ellas que lo habíamos visto cuatro años antes en "Johnny Peligroso". ¿Plagio? Mmmmh... no sabría decir, debemos tener en cuenta que en los créditos finales se menciona a Pat Proft y Neal Israel -entonces casado con la directora del film- como "consejeros". Juntos y revueltos, los nombres de esos caballeros se asocian a una ristra de títulos cómicos que quitan el hipo: Varias 
"Locas academias de policía", varios "Agárralos como puedas", "Locademia de conductores" o "Despedida de soltero". Es decir, dos titanes de la nueva comedia yanki asentada en los ochenta.
Por todo ello (y teniendo en cuenta que entre los guionistas de "Johnny Peligroso" localizamos también a Norman Steinberg, quien formó parte de los creadores de "Sillas de montar calientes" nada menos) el humor del film no es solo tonto hasta el tuétano, además de un modo absolutamente orgulloso y abundante. Hay tantísimos gags que la calidad varía, pero desde luego sin llegar jamás a la basura arrastrada de muchas muestras recientes de "spoof" (salvo, quizás, "Weird", justamente apadrinada por Weird Al Yankovic). Entre los mejores, y que me hicieron reír, destacaría la guasa a costa de las antiguas películas sobre higiene sexual, en esta concretamente nos muestran -incluida animación- como el exceso de sexo puede hacer estallar los testículos. El retrato robot de Johnny Peligroso que, según los rasgos del dibujo, es... ¡el jodido Sylvester Stallone! La anciana madre de Johnny, con su pelo blanco y arrugas, que resulta contar únicamente con 29 primaveras, "Espero llegar a los 30", anhela. El polvo entre Johnny y su interés amoroso viene acompañado por la inevitable ristra de fuegos artificiales en los cielos. Al verlos su jefe desde otro lado de la ciudad, exclama: "Yo diría que Johnny está follando". Un titular de la prensa reza así: "Moroni deportado a Suecia. Dice que no es de allí" (con esta me descojoné a gusto). El médico que visita a la madre de Johnny, y siempre le encuentra pupas, afirma con vehemencia: "Es la tiroides", "¿Qué le pasa?" pregunta el hijo,"Que no la encontramos". Un gag muy agradecidamente de la época, por su tono políticamente incorrecto, hace referencia a la sirvienta experta en insultos racistas para todas las etnias imaginables. Tenemos un coche con los frenos manipulados que, al acelerar, acelera también la velocidad de la canción que suena por la radio. Y así seguiría y seguiría, porque quedan un buen montón de coñas más igual de graciosas y que, sin hacer de "Johnny Peligroso" un entretenimiento infalible, sí resulta una comedia loca la mar de simpática que te ayudará tranquilamente a pasar una tarde, o echar algo de claridad a un exceso de negros nubarrones.
Contribuye, y mucho, el amplio reparto, generoso en toda suerte de rostros familiares, algunos en primera fila, otros casi en función de extra. Todos entrañables. Aparte del mismo Michael Keaton, exultante en su momento de gloria como comediante, encontramos a Joe "Estamos muertos... ¿o qué?" Piscopo, seguido de un sensacional Peter Boyle, Griffin Dunne, el gran Dom De Luise en un cameo absolutamente idiota y, por tanto, muy gracioso, un inesperado Danny De Vito (protagonizando un gag surrealista que aún no sé si calificarlo de brillante o ridículo. Él y Keaton coincidirían de nuevo en "Batman Vuelve"), el cómico clásico Ron Carey (como con De Luise, habitual de Mel Brooks), Ray Walston (protagonizando un gag de "vendedor de periódicos agredido" que recuerda mucho a otro visto en "La última locura" de... sí, Mel Brooks). Alan Hale Jr, que menciono únicamente porque en 1975 aparecía en "The giant spider invasion" de Bill Rebane, y eso es motivo suficiente. Scott Thompson, uno de los esbirros del Teniente Harris en "Loca academia de policía". Gary Watkins quien, justo después, protagonizó el "Ruedas de fuego" de Cirio H. Santiago, nada menos. El feo y carismático Hank "El justiciero de la ciudad" Garrett. Jack "Cabeza Borradora" Nance haciendo de cura. Rick Rosenthal, director de "Halloween 2 (Sanguinario)", como juez. Y un titán del calibre de Carl Gottlieb, cuyo nombre va ligado a títulos de variable pero significativo peso como "Cavernícola", "Tiburón", "Un loco anda suelto" o "Amazonas en la luna", dando vida a un médico. Algo menos llamativas son las actrices principales, como Marilu Henner (habitual de la famosa serie "Taxi") y Maureen Stapleton quien, habiendo recibido un Oscar -por otra peli, of course-, debería conocer... pero no es el caso, lo que delata mi ignorancia supina. La lista sigue, no se crean, sin embargo, para ir terminando ya, me centraré en los roles vistos y no vistos de otro gran feo del cine, Vincent Schiavelli (el fantasma del metro en "Ghost" o el director de la cadena televisiva en "Man on the moon", era inseparable de Milos Forman) y un jovencísimo Lukas Haas -con sus enormes orejas- dando vida a la versión infante de Griffin Dunne. ¡¡BUF!! agotado estoy, oiga.
Todo esto lo cocina, en funciones de directora, Amy Heckerling, quien posteriormente alcanzaría una notable relevancia al responsabilizarse de "Las vacaciones europeas de una chiflada familia americana", las dos primeras entregas de "Mira quien habla", "Clueless" y un mogollón de series televisivas, algunas bastante conocidas. Resulta curioso ver cómo la mujer no tuvo manías en materializar muchos de los chistes tirando a machistas y generosamente vulgares. Sí, tal vez solo quería currar y recibir el cheque (de hecho, el fracaso comercial de "Johnny Peligroso" propició que decidiera escribir sus propios libretos, en lugar de filmar los de otros). O, tal vez, entonces estas cosas se tomaban menos a la tremenda que ahora. Buenos tiempos aquellos.
Como colofón simpático, mencionar que, por lo visto, Brian De Palma es muy fan de "Johnny Peligroso". El día del pre-estreno se partía de risa con ella.

miércoles, 9 de octubre de 2024

AL RICO PSYCHO-KILLER SANGUINARIO (UNA REFLEXIÓN)

Me sentí bastante defraudado con "De naturaleza violenta", el reciente fenómeno del llamado "horror indie" que lo estaba petando en festivales. "Es un slasher diferente" se decía. "Narrado en plan cine contemplativo". Podía ser curioso, así que, sí, le tenía ciertas ganas. El otro ingrediente atractivo era, según blogs y redes sociales (siempre extranjeros, válgame cristo), una ingente cantidad de truculencia, brutal y sucosa. Esto último se reafirmó el día que tuve acceso a un vídeo. Ya saben los peligros a los que el cinéfilo medio se enfrenta hoy día en internet. Si no has visto la película "cool" de rigor, ándate con ojo, porque en cuestión de quince jornadas te enterarás de todos sus secretos.
Bien, la secuencia en sí, donde el asesino masacraba a una pobre infeliz, estaba muy bien parida técnicamente. Era todo lo retorcida y exagerada que podías imaginar, pero... completamente inverosímil. Absurda. Imposible. Ello me descuadró levemente, ya que había asumido "De naturaleza violenta" como una película seria, realista, y ese asesinato hubiese encajado más y mejor en los primeros escarceos de Peter Jackson (o, dicho de otro modo, cuando Peter Jackson molaba).
Finalmente, la cacareada obra llegó hasta mis manos. La guardé para aquella misma noche. Me podía la curiosidad, pero procuraba contener las ansias. Los años me han enseñado que éstas únicamente dan pie al inevitable hostiazo. La decepción. Así que comencé y, sí, de entrada me estaba gustando. Ni que fuese por las maneras estéticas que su director, Chris Nash, empleaba para narrar la historia. El verdadero problema venía cuando, superados quince primeros llamativos minutos de largos planos fijos, de la cámara siguiendo al psycho-killer de rigor caminando por el bosque en eternos paseos, etc, etc, me percaté de que, tras tan vistoso envoltorio, simplemente había lo de siempre.
"De naturaleza violenta" no dejaba de ser un slasher del montón, con los ingredientes habituales, las salidas previsibles, los rigurosos clichés... lo único que cambiaba era el modo de mostrártelos. Pero incluso esta elección creativa perdía fuerza a medida que la trama avanzaba (muy lentamente) y dejabas atrás la sorpresa inicial. Me recordó un poco al caso de "Mandy", película que, en su momento, recibió toda suerte de halagos y lameculadas. A mí me aburrió soberanamente. La eterna historia de una venganza, solo que contada a ritmo de tortuga asmática mediante toda suerte de sobre-estilismos (mangados a Nicolas Winding Refn). Y, al final, el cine, por mucho que el acabado visual sea importante, que lo es (y las siguientes palabrejas puedan ofuscar a aspirantes a Brakaghes, Mekass y Angers), consiste en narración. Las luces de colores, los desenfoques, los planos eternos, los destellos... todo eso puede ser muy chulo, muy bonito de ver, pero difícilmente sostendrán noventa minutos de más de lo mismo.
Por supuesto, no olvidemos "el otro elemento" identitario con respecto a "De naturaleza violenta". Aquello por lo que, hasta cierto punto, existía: el gore. Efectivamente este resultaba extremadamente gráfico, brutal e impactante. Curiosamente, la escena que había visto previamente en redes sociales, tan absurda, resultó ser la excepción. El resto eran bastante más terrenales... y desagradables.
Llegamos a la parte en la que me siento obligado a matizar un poco mis palabras. Vale, reconozco que podría ser cosa de la edad. Los años tienden a reblandecerle a uno. Pero lo cierto es que, viendo la película de Chris Nash, me ofendí. La encontré enfermizamente detallada, sádica y cruenta. Impresiones incrementadas gracias a su realismo + excelentes trucajes. Algo se me escapaba ¿En qué consiste la gracia de todo esto, pues? díjeme ¿Ver del modo más realista posible cómo muere un ser humano? ¿recrearse en su sufrimiento y agonía, siendo testigo de hasta el último tendón cercenado? No sé, no lo entendí. Y ahí comenzaron las auto-preguntas.

Estas se multiplicaron cuando, días después, en redes se anunciaba una futura segunda parte de "De naturaleza violenta" (película que, en su espíritu casi "indie-arty", no parece la más adecuada para generar una franquicia, siempre motivada por intereses meramente crematísticos) y en las "Cons" de Estados Unidos ya podías ver al pintamonas de rigor disfrazado del asesino del film jugueteando con el personal. Todo ello me recordó demasiado a otro fenómeno reciente, "Terrifier" y su payaso asesino "Art".
A diferencia de "De naturaleza violenta", las películas de "Art" me funcionan un poco más. Mi preferida es la primera de todas, "La víspera de Halloween", cuando el personaje todavía no se había establecido como icono del horror (y, de hecho, lo interpreta otro actor) Su buena aceptación dio pie a un vehículo para él solo, que funcionó muy bien. Luego se estrenó la segunda parte, sorprendentemente bendecida por un éxito tremendo -para ser lo que es-. Y, más pronto que tarde, llegó la tercera (con una cuarta confirmadísima).
"Terrifier" y, por tanto, "Art", habían logrado aquello que muchos llevaban ya años intentando sin conseguirlo: Crear el nuevo psycho-killer sucesor de "Jason Voorhees" o "Freddy Krueger". Y con razón. El personaje gasta una caracterización cojonuda y chorrea carisma. Además, y como en el caso de "De naturaleza violenta", sus películas son extremadamente gráficas en cuanto a elemento sangriento. Muy salvajes... pero con un punto de fantasía, de gran guiñol, que las hace un pelo -y solo un pelo- más digeribles. Menos ofensivas. Destacan en ese sentido las víctimas de "Terrifier 2", cuya agonía se prolonga tanto en el tiempo que termina resultando casi cómico. Parecen no morir nunca, por mucho que "Art" las trocee, rebane, aplaste o machaque, y uno al final no puede evitar reír, porque casi parecen chotarse de esos mismos excesos, desesperados por alargar el tormento lo máximo con la finalidad de que el público disponga de tiempo suficiente para "disfrutar" recreándose en ello.
Lo que nos lleva a, justo, el asesinato más famoso de toda la franquicia, aquel en el que "Art" cuelga a una chica desnuda por los tobillos y procede a partirla por la mitad, vía coño, mediante una sierra manual oxidada. El truco es aceptable, aunque canta un poco el látex. No obstante, dejó huella y cumplió su función. A partir de ahí, ver no solo a tipos disfrazados de "Art" por las "Cons", sino a espectadorAs que, felices, posaban con él en las fotos, incluso haciendo el pino dispuestas a ser aserradas, se convirtió en una constante. Y todas desplegando una enorme sonrisa. La actriz protagonista de la escena, acorde a estos extraños tiempos que vivimos, escribió un artículo en una web justificando haber aceptado interpretar tal material, que algunas tildarían de misógino, asegurando sentirse orgullosa y, en fin, no sé cómo se lo montó, pero logró convertir su cruento aserramiento en, casi casi, una alegoría en favor de la mujer empoderada.
Retomando el hilo de las "Cons" y las "groupies" de "Art", comencé a sentirme algo desconcertado. Mi lado moralista de señor de mediana edad, afloró. Hasta qué punto tenía sentido celebrar así, de modo tan banal, a un asesino y, muy especialmente, un crimen TAN despiadado. Era como quitarle hierro, tomárselo a guasa. Daba la sensación de que el público parecía olvidar que semejante momento había sido confeccionado para horrorizar, perturbar, resultar desagradable... ¿o no? ¿estaba pecando de ingenuo? Ahí me planteé la posibilidad de que, contra pronóstico, en realidad fuese lo opuesto. Las fabrican para ser aplaudidas y coreadas con fervor por el fan medio, desprendiéndolas de su lado traumatizante.

Teoría esta completamente trasladable a "De naturaleza violenta". Ahora comprendía su popularidad y, muy especialmente, lo retorcido, exagerado e inverosímil del asesinato consumido / explotado en redes sociales. Estaba diseñado no para espantar, sino ser jaleado y convertir en "meme". Lo mismo que su psycho-killer.
El éxito de "Art" posiblemente abrió la veda a la búsqueda de nuevos asesinos del cine explotables como merchandising. Algo que, hasta cierto punto, intentó recientemente Eli Roth con "Thanksgiving" y su "John Carver", quien también cuenta con muñequito, "cosplays" y una secuela en camino, pero parece haber calado menos. ¿Tal vez porque sus asesinatos no son TAN bestias como los de sus dos competidoras? ¿o porque el criminal no tiene una identidad específica? No sé.
Y en mi reflexión, me di cuenta de cómo habían cambiado las tornas. Antaño, la función de los "monstros" de las películas de terror consistía en crearnos zozobra, intimidar, ser temidos. Llámalo "Jason", llámalo "Michael Myers", llámalo "Leatherface", llámalo "Freddy"... o no. Justo, el éxito mediático de este último, su aterrizaje en el mainstream, su conversión a mercadería, a muñeco, a disfraz de Halloween, etc (curiosamente, siendo como era un asesino de niños) hizo más aceptable la figura del psycho-killer cinematográfico. Dejamos de tenerles "miedo", para reírnos con ellos y aplaudir sus fechorías. El siguiente fue "Ghostface" de la saga "Scream", pero, como con "Thanksgiving", cuajó poco al carecer de una identidad. "Art" ha devuelto el río a su cauce. Ya tenemos uno con nombre propio, maneras propias, y que funciona. La diferencia es que ahora ya no nos acojonan. Ahora son "los buenos de la película". Aplaudimos y lanzamos felices vítores de aprobación cada vez que rebanan el cuello a alguien, y cuanto más explícito y real sea, mejor, más chocaremos nuesas palmas y con más fuerza berrearemos.

Sin embargo, aunque me sentía muy orgulloso de haber llegado a tales conclusiones, en mi fuero interno me torturaba la idea de poder estar hablando como uno de esos críticos moralistas, un Roger Ebert cualquiera, ofendido por la violencia en pantalla, lista para escandalizar a "viejunos" como yo. Decidí efectuar un viaje mental en el tiempo e ir hasta los años en los que gozaba viendo truculencia en películas, las de "mi época", y, muy específicamente, slashers. Y me hice otra pregunta más: "¿No es exactamente lo mismo?" De entrada, saqué la conclusión que todo aquel gore, el de "Viernes 13", "El Mutilador", "La quema" o "El asesino de Rosemary", era distinto. Estaba enfocado como algo que indujera a cerrar los ojos, espantado. Algo horrible. En ningún momento listo para complacerte. ¿Seguro? ¿y el "descorchamiento" de globo ocular en el tercer "Viernes 13", efectuado, además, en tres dimensiones para incrementar su condición de truco de feria / efecto gracioso?. Mierda. Aquel pensamiento me descuadró.
Es cierto que el cine de horror, y la violencia, siempre han inspirado a un sector de la audiencia a montar fiesta y cachondeito. La diferencia es que, antes, en los 70 y 80, era algo más propio de la escoria que acudía a los cines de la calle 42, lumpen desatado, muy ajeno a la naturaleza del fan tal y como la entendemos hoy. Pero fue el crecimiento e imposición de este último, la expansión del fandom del horror, su conversión a casi secta religiosa, lo que, poco a poco, ha ido desprendiendo de peligrosidad al cine que tanto les/nos gusta y haciendo de sus elementos más oscuros, y en apariencia reprobables, materia casi de pura comedia, inofensiva y ridiculizable.
No soy el único que se lleva semejantes impresiones. El mismo Rob Zombie en una entrevista comentó no entender aquel modo de tomarse la violencia, alegando que esta quedaba en las antípodas de resultar divertida y, como consecuencia, procuraba mostrarla tan cruda y desagradable en su cine, esperando así dejar mal cuerpo en el espectador, incitándole al rechazo. En ningún momento pretendiendo convertirla en un carnaval.
Terminé el artículo, dispuesto a darle unos cuantos vistazos y pulirlo, cuando me entero que "Terrifier 3" va a pasar por el entonces próximo Festival de Sitges. Y, además, vendrá representada por su director y algunos actores, entre ellos, ¡sí!, David Howard Thornton, el caballero oculto tras el maquillaje del terrorífico "Art". Instantáneamente, comencé a fantasear con lo mucho que molaría poder hacerme una foto junto a él, caracterizado con su llamativo atuendo. Así andaba yo, obsesionadísimo, hasta que súbitamente recordé la existencia del texto que acaban de sufrir. Y me replanteé todo. Tras echar pestes de la peña que posa con "Art", desvirtuando así su condición de sádico asesino, vas tu y casi pierdes los papeles, cual fan histérica adolescente arrodillada ante los atributos colgantes de Harry Styles, al saber que se te presentaba la remota oportunidad de situarte al lado del ínclito en una hipotética instantánea. Patético.
Y, efectivamente, acudí al festival para ver "Terrifier 3"... pero ¿hubo foto? Sobre todo ello, en breve.