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jueves, 20 de diciembre de 2018

D.O.A.

La diferencia vende. Los anuncios -especialmente los de coches- se pasan el día dándonos la murga con lo guay que es ser diferente de los demás. Y en los realitys de la televisión vemos auténticos esperpentos obsesionados con "no ser como el resto" a base de vestimentas y peinados ridículos o poses vergonzantes que no ocultan su verdadera condición. Muchos olvidan que la diferencia no está en el disfraz que luzcas, está dentro de uno. Lo eres o no lo eres. Punto. Y eso no tiene nada que ver con hacerse el extravagante. Total, después de todo formar parte de la normalidad tampoco es tan malo. Y es este un drama que, sobre todo, cala en la juventud, siempre tan perdida y confusa, buscando donde encajar y destacar. Parece un mal muy de los tiempos tecnológicos que vivimos, pero la verdad es que ha sido así desde que el hombre es hombre. Y el documental del que hablaré a continuación lo atestigua.
Su director, Lech Kowalski, seguramente es el único documentalista que guarda una genuina sensibilidad punk, por llamarla de alguna manera. Algunos de sus trabajos lo demuestran: "Hey! Is Dee Dee Home?" (sobre Dee Dee Ramone), "The Boot Factory" (sobre una fábrica de botas comandada por punks), "Born to Lose: The Last Rock and Roll Movie" (sobre Johnny Thunders) e "Historia de un junkie", docuficción explotada de forma equivocada -para variar- por Troma y que llegó a nuestro país vídeo mediante.
A finales de los 70, Kowalski estaba fascinado con aquella explosión de color, actitudes provocativas y rock and roll crudo a la que llamaban punk. Y quería inmortalizarla. Así que pilló varias cámaras de 16mm y, con el apadrinamiento de la revista para porreros "High Times", decidió seguir al grupo estrella del "movimiento" durante un tour por Estados Unidos -y que sería el de su despedida-, los "Sex Pistols". No solo filmaría a estos en acción, también a sus fans. Una puntual visita al supuesto origen del fenómeno -Londres- pondría la guinda. Lástima que, por lo visto, en esos tiempos el estadounidense Kowalski no considerara el hecho histórico de que el gen del punk se había originado en su propia tierra. Los ingleses simplemente lo habían adoptado, hecho más grande, más llamativo, pero también menos honesto, puro y genuino. Para cuando se rodó "D.O.A." (nada que ver con el legendario combo Canadiense), el punk era ya una moda totalmente impuesta a la que cualquier jovencito se apuntaba. ¿Por qué?, porque era lo "cool", era lo que había que hacer si pretendías personificar la ansiada y deseada diferencia de la que hablaba antes, aunque la compartieras con miles de chavales igual de ¿diferentes? que tu. Todos luciendo la misma estética, haciendo la misma música y soltando las mismas proclamas. Si has visto tantos documentales sobre punk como yo, te sabrás los tópicos recurrentes de memoria: La fanfarria pseudo profunda que esputan los intelectuales, la verborrea fácilmente ofendida de adultos, el lloriqueo de los jóvenes sin trabajo, sin rumbo y mucho tiempo libre y una interminable ristra de bandas mediocres encabezonadas en imitar a los "Sex Pistols". Porque aquello del "hazlo tú mismo" o "cualquiera puede, no necesitas ser un virtuoso" está muy guay, pero solo un rato. Al final las bandas que suenan como mierda son, eso, mierda. Y en "D.O.A." hay unas cuantas de ellas, destacando sin duda ese terrible grupo de melenudos caóticos luciendo un imperdible gigantesco o aquel otro con el cantante disfrazado de monja. Eso era el punk para los ignorantes que se habían subido al carro esperando alguna clase de beneficio: Hacer el payaso y escandalizar ingenua y patéticamente.
Y es que no hay documento visual sobre el punk que no desperdicie película contando las vivencias de un "punk cualquiera", un chavalillo que pasea por descampados, gasta una actitud apática, dice que no hay futuro y se sabe de carrerilla y sin pestañear el manual del buen punki. Tal y como yo lo veo, esos tipos solo son poseurs, hypsters del momento, peña que se apuntaba a la tendencia porque era la que más ruido hacía y salía en los medios sensacionalistas. Superada la moda, desaparecen sin dejar rastro.
Si algo abunda en "D.O.A." es pose. Muuuucha pose. Raro es el chaval que no se sitúa frente a las cámaras de Kowalski para poner la mueca de rigor, lucir el disfraz, escupir, insultar e ir de chungo, todos siguiendo a rajatabla los dogmas de esa nueva tendencia en la que encajar a cualquier precio. Incluso sacrificando dignidad y personalidad. Un auténtico festival de patetismo cuyo cenit lo pone el caricato de Sid Vicious, el monito de feria oficial del punk que protagoniza junto a su pareja Nancy las imágenes que han dado algo de inmortalidad a "D.O.A.", aquellas en las que les vemos pasados de rosca, totalmente ciegos e incapaces de -en el caso del bajista- articular palabra sin quedarse sopa.
En el aspecto positivo destacar las puntuales actuaciones de "X-Ray Spex", "Generation X", "Dead Boys", unos curiosos "Sham 69" y que los "Sex Pistols" suenan más crudos e intensos que nunca (no es una banda que me guste especialmente, pero debo reconocer que aquí molan más de lo habitual). Inevitablemente, los 16mm, la cámara tambaleante que no para quieta y el tufo "retro" de todo ello le otorga un encanto extra a "D.O.A.". Lech Kowalski logra aproximarnos al punk como moda insustancial más que ningún otro documento, consigue que formemos parte de ello, lo entendamos, y también que nos demos cuenta del poco sentido que tuvo una vez superado su auge. El punk murió cuando le tocaba morir y ahí tendría que haberse quedado. Todo lo que vino después es y ha sido un chiste alargado y mal contado. Divertido, sí. Disfrutable, también. Pero lejos del verdadero espíritu con el que nació.
Como dato final, comentar que la tipografía de los créditos se la debemos a un "viejo conocido", John Holmstrom, co-fundador de la mítica "Punk Magazine".

miércoles, 1 de noviembre de 2023

MINUTOS MUSICALES 16: MELODÍA VITAMÍNICA

No se vayan a creer que me paso las 24 horas del día consumiendo punk rock. Sería terriblemente aburrido. Tampoco que mi dieta cinéfaga se limite a terror o películas chusqueras. Imagínense el nivel de desesperación (sobre todo teniendo en cuenta cómo anda el género últimamente). Mis apetencias son más variadas. Incluso podrían considerarse incoherentes. Contradictorias. No obstante, sí es un hecho que, a la hora de sentarse ante el ordenador para darle a las teclas, el punk en lo musical, y el terror (+ el trash) en lo cinematográfico, son mucho más divertidos, estimulantes, amenos y permiten una buena dosis de cachondeo. Incluso sano desprecio. De ahí la preferencia por ambos temas. Y ya que hablamos de punk rock...

PRIVATE FUNCTION
Soy de esa calaña que, a la hora de meterse música vía intravenosa, únicamente acudo al pasado. Mayormente. Sobre todo en cuestiones de géneros específicos... como, sí, el punk. Prácticamente jamás escucho bandas actuales. Ni tengo idea de su mera existencia. Salvo que, accidentalmente, una de ellas llegue a mis peludos oídos y me sorprenda. Y así ocurrió recientemente con un combo australiano llamado "Private Function". No solo escuché una canción suya que me gustó, es que, directamente se ha ganado un puesto entre mis favoritas. Raro, raro, raro.
La interfecta se titula "Don't Wanna Go Out On The Weekend", pertenece al lp graciosamente titulado "370HSSV 0773H" (pónganse bocabajo para leerlo correctamente, se llevarán una sorpresa), y la podrán escuchar a continuación. Respecto al resto de la discografía de "Private Function", pues no está mal. Se deja oír. Entretiene. Sin embargo, ninguna de sus restantes canciones está a la altura pegajosa y gozosa de lo que sigue...


THE BOYS
Bien, superada la marcianada de recurrir a un tema reciente, vayamos a lo habitual, hurgar en el pasado... y de qué manera. Damos un salto atrás en el tiempo hasta el Londres del 77, es decir, en plena macro-eclosión del punk como moda, como tendencia capaz de llenar los bolsillos de empresarios sin escrúpulos. Y, hurgando, rescatamos a uno de los muchos grupos surgidos justo con su despuntar, "The Boys". Estos pertenecen, claramente y con honores, a la llamada segunda división. No lo petaron como "Sex Pistols" o "Damned", pero sí dejaron cierta huella. Sobre todo durante el periodo. Su especialidad era una cosa más melódica que el resto de sus coetáneos. Digamos que estaban más cerca del "power pop" que del punk propiamente dicho. Y tienen algunos temas bien majos, aunque la mayoría resultan algo pastelosos. Sonando como artificiales, a laboratorio. Graciosamente, sí fueron rompedores en una cosa: reivindicar su adoración por los "Beatles", entonces considerados el gran enemigo del punkismo (junto a "Rolling Stones"). Es decir, en ese sentido los "Boys" fueron de lo más punk, yendo a la contra de su propio gremio. Tal admiración dio como resultado una de mis canciones favoritas del rollo 77 o, directamente, una de las mejores versiones punk jamás grabadas, justamente se trata de "I Call Your Name", composición Lennon-McCartney llevada al terreno del imperdible, acelerada hasta el delirio, pero sin perder su esencia poppy... y suena así de irresistible...


WHITE FLAG
Seguimos nadando en el pasado, pero ahora centrados en plenos años ochenta. Terreno yanki. Escena punk/hardcore de Los Angeles. Entran en el plano "White Flag", un combo de chavales con ganas de cachondeo. Ya su nombre es una coña a costa de los muy respetados "Black Flag". Gustan de salir al escenario vestidos con atuendos heavy-metal-moñarra. Y, ocasionalmente, provocan a su público mostrándose a favor de causas consideradas anti-punkas. Mi tipo de peña. Sus primeros arranques fueron todo lo acelerados, gritones y ruidistas que cabría esperar. Pero, poco a poco, comenzaron a desarrollar una vena más melódica. Más "power pop". Cosa que les relaciona en parte con el mentado caso de "The Boys", hasta el punto de versionear también a los "Beatles". Con los años romperían filas, pero volverían a rejuntarse animados por uno de sus mayores fanes, Ken "The Posies" Stringfellow. Para entonces sonaban totalmente a pop vitamínico, incluso ocasionalmente un pelo AOR, y así llegaron hasta Barcelona, donde pude verlos en un concierto majete (sala "Magic") pero que tampoco me cambió la vida. Tiempo después palmó su carismático frontman Pat Fear (caracterizado por un notable mostacho setentero), aunque la banda siguió.
A la hora de rescatar alguno de sus temas, la verdad es que hay unos cuantos entre los que elegir. Pero, dadas las circunstancias, procuro siempre decantarme por los más escuetos y enérgicos, así que aparcaré los otros (como "Everything means nothing" o "Face Down") quedándome con "Instant Breakfast" que, creo, combina muy bien las dos etapas más remarcables de la carrera de los bandera blanca, un mucho de energía y un algo -ni que sea sutilmente- de melodía.


THE CARPETTES
El plan inicial consistía en finiquitar este repaso con una banda opuesta a las maneras de las tres comentadas hasta ahora. Es decir, una con preferencia por el ruidismo extremo y la velocidad desbocada. No a la manera de "White Flag", sino mucho más agresivamente. Sin embargo, y por lo visto hasta el momento, opino que es más lógico seguir tirando de energía con ribetes melódicos. Y nadie encaja mejor en ese término de "The Carpettes".
Si "The Boys" eran la "serie B" del punk británico de los setenta, "The Carpettes" vendrían a ser la "serie C". No tanto por calidad como por categoría. El típico ejemplo de combo señalado por el infortunio. Por mucho que lo intentaron, jamás lograron destacar. Ni hacerse un nombre. Y, para cuando ocurrió, era ya tarde y en un lugar tan lejano como Japón. "The Carpettes" lo intentaron sonando primero a punk rock cafre, sin éxito. Luego vino su "etapa de oro", amoldándose a una cosilla más aceptable, o "new wave", posando en plan niños buenos/guapos en las fotos y lanzando dos lp´s que, en mayor o menor medida, han acabado resultando su legado más preciado por el personal, "Fight Amongst Yourselves" y "Frustration Paradise", sin duda gracias a que fue el respetable sello "Beggars Banquet" quien los sacó a la luz. Merece destacarse el tema "Youth Rebellion", perteneciente al primero de ellos.
Enterrados los "Carpettes" -temporalmente-, y en pleno "boom" del segundo (o tercer) punk, aquel a base de crestas, gritos y tachuelas, el frontman intenta poner en marcha una banda afín a los sonidos de "GBH" o "Discharge". Y acude a la discográfica especializada del momento a mostrarle la respectiva maqueta. Sin embargo, reciben un feo rechazo y.... bueno, el resto ya se lo he contado. Hoy día los "Carpettes" siguen recorriendo escenarios segundones o nostálgicos, recordando sus modestos clásicos. Ya se conocen el percal, les sobra grasa y les chorrea desencanto, pero, en fin, mejor eso que nada.
De todo su legado, inevitablemente me he decantado por uno de los temas de su etapa más primigenia, por potente y extremadamente gustoso, "Small Wonder"....

sábado, 2 de junio de 2007

NO FOCUS, PUNK ON FILM

Casi por casualidad me enteré de que el experto en cine underground Jack Sargeant (autor también de obras como "Deathtripping" o "Cinema contra Cinema") y Chris Barber habían sacado un libro (vía la interesantísima editorial/revista "Headpress") dedicado al punk en el cine, ¿su título?, "No Focus".
De entrada, y a pesar de esa feísima portada en la que, cómo no, salen Sid Vicious y Johnny Rotten (¿se puede ser más previsible?), la obra pinta muy muy interesante, sobre todo por la macro-interviu dedicada a Billy Childish y su casi desconocida faceta de cineasta. El problema viene cuando vemos que, como casi el 90% de ensayos en torno al punk, el libro peca de intelectualoide y algo arty. Se saltan muchas demostraciones evidentes de cine-punk y resaltan otras que, sin dejar de serlo, se centran excesivamente en conceptos muy artísticos y pretenciosos (de hecho, según el libro, Jean-Luc Gordard vendría a ser el cineasta punk por excelencia... ugh!!). A ver, que Derek Jarman sea considerado uno de los cineastas-punk más genuinos no me parece mal del todo, cuando le seguía la pista ahí en los 90 ya me lo parecía a mi, pero tampoco es como para dedicarle tres capítulos. La parte de Childish es la más interesante, aunque este es el Childish del siglo XXI, el que va sobrado de cierta pretenciosidad y dice algunas de esas chorradas contradictorias que es pa matarle... aunque siempre le prefiero a él que a la oportunista y falsa de la Penelope Spheeris, quien hizo algunas películas con el punk como tema base en los 80 y luego se puso a hacer comedias hollywoodienses como "Wayne´s World", para volver al punk ahora que su carrera está en declive, rajar de sus pelis de gran presupuesto y hablar de lo que es punk y qué no... ¡¡hay que tener morro!!.
Como es de ley, del punk inglés de los 80 apenas se dice nada, sólo un escueto capítulo dedicado a "Jettizounds Video", aquel mítico sello que editó montones de conciertos de bandas de la época, pero que gira más en torno al psychobilly. Y lo peor viene al final, cuando se suben por las ramas hablando de otros movimientos contra-culturales que a mi, personalmente, no me interesan ni lo más mínimo.
Aunque al libro le falte algo de desparpajo, cachondeo y le sobre pedantería, resulta una lectura interesante y, al fin y al cabo, se agradece que alguien se decidiera a editar como dios manda un ensayo sobre el tema.

jueves, 1 de febrero de 2018

PALOS PUNTIAGUDOS

Cualquier banda de rock que para bautizarse tome prestada una palabra, o dos, de un gag de los Monty Python merece todos mis respetos. Es el caso de los "Pointed Sticks", lo que traducido al castellano sería "Palos Puntiagudos" y pertenece al sketch en el que John Clesee da una clase de defensa personal a unos cadetes donde vale como arma hasta un plátano. Es Eric Idle quien esputa el mentado término.
Los "Pointed Sticks" son una relativamente oscura banda Canadiense nacida por ahí 1978 cuando el boom del punk rock comenzaba a declinar, pero aún estaba caliente. No hay duda de que su sonido bebe de esa fuente, pero los "Pointed" suenan más melódicos que otra cosa. En realidad encajarían mejor en el llamado power pop (o punk pop, aunque el sonido "a lá Fat Wreck" que se entiende hoy por punk pop es altamente odioso). Sin embargo sus dos "hits" son, por velocidad y dinamismo, genuino punk rock. Hablo de "Out of luck" y "Somebody´s Mom", dos pildorazos de pura energía pegajosa, pogebale y perfectamente coreable. Un par de auténticas joyas.






Justamente, gracias a estas supe de su existencia, lo que no tendría nada de raro si no fuese por el cómo. Una anécdota la mar de bonita y que adoro rememorar.
Situémonos a mediados de los 90, cuando andaba yo a tope con el punk tras un primer intento infructuoso justo una década antes. En aquellos entonces consumía casi cualquier cosa que tuviese que ver con el tema, de ahí que decidiera alquilar la película "Caído del cielo / Out of Blue" tras leer no sé dónde que narraba la historia de una chavala ansiosa por formar parte del punk tras sentirse marginada entre los suyos. La peli venía firmada, y co-protagonizada, por Dennis Hopper, y no dudaba que sería un poco chapas, pero la localicé en mi video-club habitual y la vi. Efectivamente me pareció un rollete, y no me gustó lo que era moneda común en casi todas las pelis sobre/con punk/s, retratar la movida como algo esencialmente negativo. Sin embargo, hubo una cosa que me atrapó. Y mucho. La inevitable escena en la que la protagonista acude a un concierto. Aluciné con las dos canciones que tocaba la banda del escenario, que justamente eran -una versión acortada de- "Out of luck" y "Somebody´s Mom". Quedé tan prendado que corrí a juntar mis dos vídeos y copiarme aquel material. Esa escena concreta. Solo había un problema, el nombre del combo en cuestión no salía por ningún lado, ni siquiera al final de los títulos de crédito. ¡¡Demonios!!.

Actualización (25-02-2021): Revisada recientemente, pude corroborar que sí, el nombre sale, un poco a escondidas, pero sale. No entiendo por qué cojones no me di cuenta entonces (¿la mala calidad de la copia, tal vez?). De paso, comentar que también se menciona a "Teenage Head" y "The Subhumans" (los Canadienses). En cuanto a la peli, puede que vista ahora la considere algo más interesante... pero tampoco es como para echar cohetes. Y, sí, la imagen que da del punk sigue siendo negativa e inevitablemente salpicada por ideas propias del cine mainstream.



Pasó algo de tiempo. Puntualmente rememoraba aquel sonido revisando el material de la cinta VHS, pero era casi imposible saber más al respecto. En esa época tenía un amigo nuevo con más o menos gustos afines y solía prestarme cintas. Cierto día puse en el radio-casete una. Era un punk melódico muy de finales de los 70 bastante chulo. De pronto, ¡arrea!, ahí estaba "Somebody´s Mom". ¡¡No es posible!!. ¿Había dado con la misteriosa banda?. Escuchar "Out of luck" me lo acabó de confirmar. ¡Eran ellos!, ¿y cómo se llamaban?. Pues como ponía escrito en la respectiva pegata: "The Pointed Sticks".
Me volví adicto a la cinta que llevaba siempre en el walkman. Cierto que las dos canciones que sonaban en la película eran básicamente lo mejor de su repertorio, pero el resto estaba a la altura. Y así tiré durante largo tiempo, hasta que apareció internet. Busqué en el emule y di con un disco recopilatorio llamado "Part of the noise". Era el mismo material del casete, solo que ahora ya podía escucharlo en el mp3. Y procedí.
Este es un culebrón con varios saltos temporales de longitud considerable, porque mi relación con los "palos puntiagudos" ha sido así hasta la llegada de las redes sociales y "Spotify". Justamente, fue hurgando ahí que me acordé de ellos, tecleé su nombre y cuál fue mi sorpresa al encontrarme con, no solo un par de trabajos clásicos, también discos nuevos. ¡¿Mande?!. Sí amiguitos, los "Pointed" habían resurgido del retiro dispuestos a seguir rockeando. Y yo con estos pelos.
Pero antes de llegar a esa parte, demos un leve repaso en plan "revista oficiosa" a la trayectoria del grupo (cortesía de "Wikipedo", por supuesto).
Los "Pointed Sticks" fueron la primera (¿y única?) banda Canadiense fichada por el seminal sello británico "Stiff Records", cantera de muchas y míticas punk-bands. Sin embargo se encontraba en plena movida financiera y el LP resultante, "Perfect Youth", nunca vio la luz (ese es también el título de mi tercera canción favorita de los muchachos). Estamos en 1980. Naturalmente un palo de tales dimensiones desanimó por completo al combo que, poco a poco, fueron perdiendo el contacto entre ellos hasta que "Pointed Sticks" desapareció del mapa.



En 1995 se publicó la recopilación de la que hablaba antes, "Part of the noise". Y una década después ve la luz el LP perdido, cortesía de "Sudden Death", sello que regenta nada menos que Joey Keithley/Shithead, frontman de los míticos "D.O.A." que también son Canadienses y muy colegas de los "Pointed" (habiendo tocado juntos en alguna ocasión a pesar de la diferente intensidad de sus sonidos). De igual manera, "Sudden Death" edita al año siguiente una recopilación de singles y rarezas titulado "Waiting for the real thing" (donde "Out of luck" y "Somebody´s Mom" suenan mejor que nunca). Por lo visto este material se vendería bien en Japón, donde tira mucho el punk melódico y saltarín (allí también funcionan guapamente peña como "The Carpettes", que guardan ciertos parecidos sonoros con los "Pointed Sticks"), y en 2006 el combo parte para allá, llevándose la sorpresa de su vida ante el notable éxito obtenido. Animados, se fueron juntando y rejuntando esporádicamente hasta que pasó lo inevitable, en 2009 graban un nuevo LP, "Three Lefts Make A Right". ¿Y qué tal?. Hombre, pues lógicamente el sonido se relaja un pelín. El pop gana terreno al punk y cuenta con algunos temazos muy dignos. De hecho, si hablamos concretamente de "All Night" estamos, simple y llanamente, ante una auténtica delicia que en un mundo justo sería un total y absoluto "hit" a nivel masivo. Vamos, que el disco está chulo y se disfruta. Contentos con esta dinámica, en 2015 lanzan otro LP de título evidente: "Pointed Sticks". Aunque el sonido se sigue pareciendo a "Three Lefts Make A Right", y tiene algunas canciones bien majas y agradables, también se cascan de esas que te saltas cuando lo estás escuchando. Pero hace gala de algo afín a todas las composiciones de los "Pointed", y es que muchas de sus melodías, incluso las que en principio te parecían del montón, se te quedan impresas a fuego en la mente y te van absorbiendo poco a poco, hasta que un día, casi sin darte cuenta, comienzas a tararearlas obsesivamente. No obstante, y tal cual ocurre con casi cualquier grupo del mundo, como el primer disco, ninguno.
Actualmente los "Pointed Sticks" gozan más que nunca de lo que hacen porque, según declaraban en una reciente entrevista, se trata de un auténtico hobby sin presiones de ninguna clase. Cada uno de sus miembros, ya con pinta de señores respetables, más arrugas y menos pelo (sobre todo en el caso del cantante, que no lo lleva nada bien disimulándolo con un sombrerito), curran en otras movidas (sin alejarse mucho de su pasión). Uno es profe de música, el otro se encarga del merchandising en macro-conciertos, etc, etc. Van tirando. Y la banda es aquella cosilla con la que disfrutan juntos cuando hay tiempo libre. Y eso es hermoso.

Como guinda, dos canciones de su más reciente repertorio:






miércoles, 18 de marzo de 2026

MINUTOS MUSICALES 44: VERY SHOCKING

Que este blog se llame como se llama, lo mismo que el fanzine que lo precedió, no es casual. En una ocasión le pregunté al cantante de "Nuevo Catecismo Católico" (seguramente lo mejor del gremio que ha dado ssspaña) cómo definiría el punk, y soltó un "aquí vale todo" de lo más conciso y certero. Caló. Porque, aceptémoslo, el punk es pura paradoja. Es género y anti-género. Es dogma y anti-dogma. Va en contra de lo que representa una tribu urbana, y sin embargo, es considerada como tal al lado de tantas otras muchísimo más limitantes y limitadas. Punk significa muchas cosas, muchas maneras, muchos estilos... pero, en teoría, solo hay una característica que aúna desde los garajeros a los pies negros: Actitud. Y no me refiero a poner morritos, escupir a las viejas y elevar el dedo corazón, me refiero a puro individualismo y el ser obscenamente libre. Cosa que, creativamente, significa producir aquella materia que te plazca sin considerar ni por un instante lo que piense el público, especialmente TU público (naturalmente estamos ante las típicas pajas subjetivas tan afines al punkismo. Igual que Billy Childish lo definía como "hacer cosas en tu casa" -algo completamente válido y aplaudible-, yo las defino asín, el punto de vista del punk-de-sillón que, de serlo, sería) 
Por todo lo expuesto, aplaudo los cambios sonoros radicales de ciertas bandas, sobre todo esas asociadas al momento que el dogma-punk estaba en su apogeo. El caso más legendario es el de los "Blitz", que tras triunfar con su disco correspondiente, de sonido bien berreante y contundente, sacaron otro aspirando a ser los nuevos "Duran Duran". El escándalo fue apoteósico. Recibieron incluso amenazas de muerte e, inevitablemente, se separaron. Sin embargo, tal y como yo lo veo, con ese disco "maldito", alienando a su audiencia más acomodaticia y destruyendo toda previsibilidad respecto a sus capacidades, los "Blitz" habían sido más punk que cuando se suponía lo eran y recibían amor incondicional por parte de sus fieles. Un caso parecido al segundo disco de "Bad Religion", a las consiguientes carreras de "One Way System", "Abrasive Wheels" y tantos otros que intentaron nuevas vías de expresión, acordes a la supuesta libertad creativa propia del punk y, ante la respuesta negativa, se vieron obligados a chapar o retroceder con el rabo entre las piernas (vale, habría que separar a aquellos que procedieron por auténticas y honestas inquietudes creativas de los que buscaban una mayor aceptación y el éxito comercial... pero eso ya es meterse en berenjenales más complejos. Otro día, quizás).
Dentro de esta dinámica, y en uno de los "giros estilísticos" más desconcertantes experimentados por mis oídos, están "Slaughter and the dogs", banda seminal -aunque segundona- del punk británico del 77. Sus primeros singles y LP debutante, "Do It Dog Style", rozan la absoluta perfección en lo suyo. Algo que nadie podría rebatir. No obstante, tras el auge del imperdible, el cantante, Wayne Barrett, abandona y, dicen los sabihondos, ello condena al resto, que tras un año de parón decide seguir adelante, aunque con las capacidades seriamente mermadas. Estoy de acuerdo... pero no tanto. Creo que algunos de los tabajos consiguientes a "Do It Dog Style" tienen miga. Ninguno es una maravilla, ni está a la altura de la materia original (como con el 99% del punkismo), pero no es tan desdeñable y, al menos en un caso, desde luego te deja ojiplático (u orejiplático) y eso, amigos, es muuuuuy punk. Veámoslo.


Con "Bite-back", la banda (ahora, y por aquello de sonar más serios, sin el "and the dogs"... curioso sabiendo que, tiempo después, irían a juicio en una encarnizada batalla por asegurarse el uso legal del nombre original) se adentra en los años ochenta limpiando un poco su sonido (incorporando instrumentos como el saxo, los teclados y marcándose guitarreos bien macarras), su imagen (más acorde a la "new wave", en auge entonces), pero para nada renegando del rock and roll, lo que no deja de ser un punto a su favor. De hecho, "Bite-back" suena guapamente, a un rock bastante ortodoxo. Nunca le habría prestado atención (sabiendo como sabía que, por estadística, sus trabajos continuistas tendrían que apestufar) si no llega a ser por un recopilatorio de singles y descubrir con asombro que aquellas coplas extraídas del consiguiente disco sonaban tan bien como "What's Wrong Boy?", "All over Now", "It's In The Mind", "Don't Wanna Die" (otra de las estupendas) y, por supuesto, el que he elegido como muestrario, "Now I know"...

Todos los que hubiesen puesto objeciones a "Bite-back" se iban a quedar de pasta de boniato con el siguiente giro de los "Slaughter and the dogs" (para entonces ya habían recuperado el resto de su nombre), uno de per-fect-to título, "Shocking". Así de entrada, y por su feísima/molona cubierta propia de un grupo heavy metal de tres al cuarto, la cosa parece encajar muy mucho a mediados de los ochenta. Pero no, lo parieron en 1991. ¿Y a qué/cómo suena? Eso es lo grande. Mmmmmh... mis conocimientos musicales son demasiado limitados como para saber etiquetar esto, o buscarle paralelismos con otras bandas. Digamos que a ¿¿electro-rock??. Resumiendo, los "Slaughter and the dogs", tal vez convencidos de que aquel iba a ser el futuro del rock and roll, exprimen todas las maquinitas a disposición. Hasta la guitarra parece tan de mentira como la batería. En cualquier caso, "Shocking" suena dolorosamente artificial y hortera. Les aseguro que sentó como un plato de habas bañado en diarrea de burra a sus fans (si es que les quedaba alguno) y a la comunidad punk en general. Lo que, por supuesto, mola mucho. Sí, lo reconozco, el "Shocking" de "Slaughter and the dogs" no me parece tan terrible. Tiene su gracejo, ni que sea como "placer culpable".
A la hora de elegir un tema representativo no sabía si decantarme por el decente ("Shocking"), el "peor" ("Strange Fruits"), el hortera ("For U", en seria competencia con "Me" gracias a estrofas del calibre de "creo en dios, creo en el amor, creo en mí... pero nena, no creo en ti"), el facilón -por cañero- ("Cocaine Smile"), el vergonzante -de mensaje ecologista rollo maternales- "Stop Playing With Mother Earth" o la marcianada. Finalmente ha sido esta la que ha ganado la partida y se titula "That's Life"...

La carrera de los "Slaughter and the dogs" prosiguió, llegando hasta nuestros días. Es óbice señalar que jamás recuperaron sus mejores momentos, pero sí un sonido más acorde a lo que la audiencia punk podría esperar de ellos. Como nota curiosa destacar al único miembro que ha seguido al pie del cañón todos estos años, Mick Rossi, y sus actividades paralelas en funciones de actor y guionista, metiendo mano en películas como "Jugando sucio", "2:22" o "A Kiss and a Promise".

jueves, 28 de abril de 2011

SUBURBIA

Por algun extraño motivo que desconozco, Penelope Spheeris es una realizadora a la que, desde el inicio de su carrera, se ha asociado con el punk como algo positivo. Su primer film fue "The decline of western civilization", un documental dedicado a la movida punkarra que se cocía por Los Angeles ahí a inicios de los 80. Sin embargo, y según dicen, la muchacha solo eligió a los grupos más llamativos y escandalosos, a sabiendas de que estos atraerían culos a las butacas. Cuando decidió rodar su primer largometraje de ficción -esta "Suburbia"-, se decantó de nuevo por el punk como narrativa de base, explicando el día a día de una panda de crestudos. Desde mi punto de vista, Spheeris es a los punks lo que José Antonio De La Loma era a los quinquis con sus pelis de "Perros Callejeros", es decir: una explotadora. Sí, cierto que rodó otro film más con punkitos de protagonistas (la mediocre "Dudes"), pero si nos aferramos a los hechos, cuando decidió parir la secuela de su venerado "The decline of western civilization", se decantó por el heavy metal (de ahí que lo subtitulara "The Metal Years"), tal vez porque en esos tiempos los greñudos estaban más de moda que los crestudos (al que siguió otro dedicado esta vez al rap, "Rap's Most Wanted"). Lo que vino después termina por delatarla. La realizadora firma "Wayne´s World" (básicamente centrada en el mundo del metal) y logra el éxito, lo que la integra del todo en el sistema de los estudios donde rodará un montón de comedias insulsas, ninguna de las cuales logrará funcionar en taquilla. De nuevo sin curre, ¿qué hace doña Pe?, renegar de sus pelis hollywoodienses y rodar "The decline of western civilization 3" dedicado esta vez... ¡¡al punk!!, justo -oportunamente- cuando vivía su segunda época de auge gracias al exitazo de "Green Day", "Offspring", "NOFX" y tantos otros. Si después de leer todo esto aún no comprendes por qué dudo de que la asociación de la Spheeris con el punk sea honesta, entonces cómprate un diccionario. Como mucho podríamos hablar de su interés en "movimientos musicales muy relativamente alternativos", pero ahí acaba todo.
El caso es que "Suburbia", co-producida por Roger Corman, pretendía ser algo así como un retrato generacional de los punks de la época. Básicamente se dedica a retratar sus rutinas y las movidas que tienen allá donde van, incluidas tres actuaciones, "DI", "TSOL" (¡que canciones más horrorosas, por dios!) y "The Vandals" (uno de los grupos renacidos durante el boom del punk-de-MTV). A ver, partamos de la base de que el punk y los punks que retrata Spheeris no me molan nada. De hecho, no los considero parte del punk. Para mi, y esto es algo que ya he dicho otras veces, el punk nació en Nueva York a mediados de los 70 y murió cuando se convirtió en un fenómeno mediático en la Inglaterra del 77. Lo que vino después puede ser divertido, puede ser molón... pero no es punk, es una caricatura deformada del mismo. Y sobre todo, mal entendida. Los punks de "Suburbia" son niños con problemas familiares que se refugian en casas abandonadas (okupas, en esencia... ¡argh!) y no dan un palo al agua, solo miran la tele todo el día. Spheeris intenta no pecar de paternalista ni dejarse llevar por favoritismos pintándolos bastante golfos, racistas, homófobos, sexistas, algo violentos y sin ideología de ninguna clase. Roban para comer, OK, pero también joroban por el simple placer de joder. Vale... bien... sin embargo, a medida que avanza la peli, se le termina por ver el plumero cuando, deteniéndonos en los hechos, nos percatamos de que los malos de la historia son siempre "los demás". Las clases medias que viven obsesionadas por las armas y tomarse la justicia por su mano, o los greñudos (oh!!) que disfrutan pegando punks y son los que, en un concierto, sacan una navaja y hieren a un segurata. Claro, los crestudos no... aparte de que se tocan las drogas de refilón, solo uno de ellos es adicto y, encima, es el culpable indirecto de la muerte de otro. Y ya no digamos la patética secuencia babosa en la que una chica le lee el cuento de "Hansel y Gretel" a un punkito crestudo de ocho años. Ejem.
Pero si dejamos de lado cuestiones estrictamente punkistas y nos centramos en la peli, como peli que es, sería injusto decir que "Suburbia" es mala porque no sería cierto. Tiene buen ritmo y termina resultando notablemente entretenida, que es, a fin de cuentas, lo que yo busco en una peli.

jueves, 2 de febrero de 2012

TENEMOS LA BOMBA DE NEUTRONES

Tengo una teoría según la cual el punk posterior a la escena originaria de Nueva York, evolucionó de modo completamente equivocado gracias a los medios que, supuestamente, el mismo punk tanto despreciaba. Es decir, las revistas y las televisiones, viendo en aquella cosa tan rara y tan nueva un filón, le dedicaban reportajes sensacionalistas, especialmente interesados en exagerar los conceptos negativos (ya sabemos que la mierda vende). Los chavales idiotas que veían ese material, se lo tragaban sin pestañear, creían realmente que el punk era ESO, aplicaban lo aprendido y ala, a la calle. Y así el circulo vicioso se amplificaba, los nuevos punks eran peores que los precedentes, los medios lo registraban, volvían a aplicar su pátina de mentiras y la siguiente tanda de niñatos aún sería peor, y peor, y peor. Y así, con los años, el punk se fue deformando y perdiendo su sentido. Por ese motivo siempre he creído que la escena original, la neoyorquina, era punk de verdad, honesto y sin dogmatismo alguno, ¿por qué?, porque aquellos ni tan siquiera sabían qué era ser punk y no se esforzaban en actuar como tales.
Bien, esta teoría mía, refutada incluso por testigos de la época, explicaría fenómenos como las escenas posteriores a la de Nueva York, especialmente la de Los Angeles, quienes envidiaban lo que ocurría en la ciudad de los rascacielos y se esforzaban en competir con aquellos. De eso trata "Tenemos la bomba de neutrones", la historia de dicha escena contada por Marc Spitz y Brendan Mullen siguiendo el mismo sistema que el célebre "Por favor, mátame", el de declaraciones de los implicados (es curioso, tantos años después y hasta en cosas como esa los angelinos siguen copiando de los neoyorquinos! jajaja). Y lo que tenemos aquí es un poco lo que decía al principio. Los punks de Los Angeles ya sabían en qué -se supone que- consistía esto del punk gracias a lo que ocurrió en Nueva York y, sobre todo, a lo que ocurrió en Londres durante el 77, así pues, y coherentes con lo que suele ser Hollywood, el punk de Los Angeles era todo pose, pantomima, disfraz, actitud de pega, tópicos y, claro está, ir por el camino fácil de la subnormalidad impuesta antes que elegir la creatividad y la diversión inteligente. Eh, yo no estaba allí... pero para eso existe este libro, ¿no?, para que sepa cómo fue aquello... y según leo, el punk de Los Angeles era un cúmulo de gilipolleces con tan solo tres o cuatro cosas realmente positivas.
Estaban los "Weirdos", un grupo por el que siento especial simpatía (y con grandes canciones), las "Runnaways", "X" (con únicamente UNA canción buena), "Black Flag" (que molaban bastante hasta que entró en juego Henry Rollins), las famosos "Germs" (siempre lo pensé, pero el libro lo aclara: Darby Cash era un pobre idiota sin personalidad), los "Dickies" (curiosa su historia, no sabía que Leonard Phillips era un puto yonqui) o los "Screamers" (¡malos!). La cosa poco a poco fue evolucionando al hardcore de altos vuelos y de ahí al éxito comercial con las "Go Go´s". El libro, además de mucha pose barata, y mucha justificación no menos barata cuyo fin es demostrar lo super-punki que era cada cual, tiende a "romantificar" los aspectos más chungos, igual que hiciera "Por favor, mátame".
Con "Tenemos la bomba de neutrones" descubriremos y afirmaremos que Jack Grisham era un puto imbécil/poseur (con razón los "TSOL" nunca me acabaron de gustar), que Penelope Spheeris explotó y manipuló a los grupos de su entorno para sacar lo peor de ellos en su sensacionalista "The decline of western civilization" o que, como decía arriba, Darby Cash tenía menos personalidad que un repollo. El tocho se lee más o menos bien y tiene momentos de sumo interés, aunque las partes dedicadas a profundizar en escenas paralelas (como la rockabilly) aburren un poco bastante. A nivel personal, me mola cuando se tratan los fanzines y, por cierto, Javier Escovedo de los "Zeros" habla de un concierto que dieron en el año 95 en Barcelona, con la participación del fallecido escritor/fanzinero Claude Bessy. Bueno, este dato me hizo especialmente gracia porque ¡¡yo estuve allí!!.
Edita "Munster Books" y, en fin, puedo recomendar su lectura a curiosos y estudiosos... pero, francamente, no se si volvería a pillarme otro libro del estilo (¡sí, lo compré!), porque la verdad es que a mi todo esto de las "escenas" siempre me ha parecido una estupidez. Yo en una "escena" solo veo mafietas, grupúsculos de amigotes, dogmas y poses... y, en fin, como que a mi todo esto ya me tiene frito y dejó de interesarme y apetecerme hace mucho tiempo.

lunes, 8 de mayo de 2023

LOS TACHUELAS

Parece ser que Penelope Spheeris se convirtió en los 80 en la abanderada del cine punk, gracias a la repercusión obtenida con los documentales sobre el tema “The Decline of Western Civilization” o la película “Suburbia” (Naxo: mejor digamos el cine sobre punks, que es otra cosa) Pronto pasaría factura a otra suerte de géneros musicales como el rap y, sobre todo, el heavy metal para en 1992 convertirse en una reputada directora de comedia con “Wayne’s World: ¡Qué desparrame!” a mayor gloria del comediante Mike Myers.
Por eso no es de extrañar que cuando el productor Miguel Tejada-Flores (asimismo, guionista de “La revancha de los novatos” o “Beyond Re-Animator”) tuvo entre manos un guion sobre dos punk rockers que hacen un viaje en coche desde Nueva York a California y que previamente Ridley Scott había rechazado, pensara en la directora que, además, tenía buenos contactos dentro del mundo de la música. Spheeris además aseguraba poder rodar el film con un presupuesto más que ajustado.
Así, con un elenco encabezado por Jon Cryer, por aquél entonces estrella adolescente emergente, Daniel Roebuck y Flea de "Red Hot Chilli Pepers", y con pequeños papeles para destacados músicos y artistas del punk y rock de la época como puedan ser John Desmore de "The Doors", Lee Ving de "Fear", el ilustrador de portadas de discos Mad Marc Rude o  la banda "The Vandals", la Spheeris (en esos años asistida por Modi, entonces futura e interesante cortometrajista) se rueda esta “Los Tachuelas”, que por sus características se convertiría a posteriori en un título de culto en la era del VHS dentro de la comunidad punk, pero que en realidad es tan rematadamente mala que no consiguió distribución teatral más allá de un par de festivales. A día de hoy que la película cuenta con su edición en Blu Ray de lujo y el beneplácito de los fans, sus artífices especulan con cual pudiera ser el motivo del fracaso en su momento. Es sencillo, fracasó por aburrida y deslavazada.
La cosa va de tres punk rockers de la escena neoyorquina que, hastiados por la ciudad en la que se encuentran deciden irse en coche hasta California. Por el camino se toparán con una banda de rednecks que asesinará a uno de los punks. Los dos que quedan vivos se pasarán el resto de la película buscando a los asesinos de su amigo, pasando una cosa muy curiosa; el argumento y la película van mutando hasta que en su recta final se convierte en un western con Jon Cryer vestido de cowboy y Daniel Roebuck de indio dando sentido a la enorme, ridícula y poco creíble cresta que luce desde el principio.
A la Spheeris se le llenaba la boca diciendo que “Los Tachuelas”, “Dudes” en su versión original, es un “western punk”, vamos, que se saca una etiqueta de la manga y achaca el fracaso de la película a lo extraño de la propuesta y al hecho de que decidió combinar en la banda sonora temas de punk rock con otros de heavy metal y que, quizás eso, fue lo que desorientó a las audiencias.
“Los Tachuelas” es probablemente una de las comedias más aburridas que existen, está tan mal rodada que muchas veces el espectador se desorienta, el humor no funciona a ningún nivel y, efectivamente, es tan rara que uno finalmente acaba saturado y opta por quitar la película antes de que acabe. Un autentico despropósito.
Lo que no comprendo es cómo en Estados Unidos —o mejor dicho, los tres o cuatro gatos que rinden pleitesía a esta mierda— se le tiene en estima y está considerada una muestra de cine punk, cuando el look de los protagonistas quizás no ande muy mal traído en el caso de Jon Cryer y Flea, pero Daniel Roebuck y su cresta enorme, gigantesca, raya el estereotipo. En cuanto a estética, casi parece que se esté haciendo la enésima parodia del punk en lugar de introducir a tres punks como protagonistas en una trama de ficción. Y viniendo todo esto de una -supuesta- entendida en el tema como es la Spheeris, llama más todavía la atención.
“Los Tachuelas” llegó a nuestro país en formato vídeo de alquiler distribuida por Virgin Vídeo. Y a día de hoy, no existen más ediciones de la película.

miércoles, 3 de abril de 2024

MINUTOS MUSICALES 24: ANTI-CRASS, 2ª PARTE / SPECIAL DUTIES

Han sido miles las ocasiones en las que he hablado con dolor de la triste evolución que sufrió el punk desde sus inicios, por ahí mediados de los setenta, hasta nuestros días. Deteniéndome con honores en la década de los ochenta y, muy especialmente, Inglaterra. Dicho de otro modo, cuando la libertad creativa, ideológica y humana inherente al punk primigenio mutó a moda y fue adoptada por los medios amarillistas, centrados en exagerar su lado provocador a la búsqueda de titulares llamativos y ventas, e influyendo en el público joven e impresionable quien, ansioso de encontrar esa "diferencia" que uno busca a tales mongólicas edades, lo adoptó y auto aplicó cual evangelio. Y, ahí, el punk prostituyó todo aquello que significó en su momento para mutar a submovimiento dogmático, uno donde se exigían sonidos específicos, estéticas específicas, actitudes e ideas específicas, todo rebañado en una estultez + facilón efecto "shock" absolutamente deplorables. Y, salvo casos muy concretos y minoritarios, así ha sido la cosa desde entonces.
Bien. Pues si hay un grupo que lo ejemplifica de manera magistral, rozando la parodia involuntaria, ese es... no, "Exploited" no -aunque se aproximan-, hablo de "Special Duties", cuyo primer disco respondía al nada sutil nombre de "77 in 82". Cuando oportunamente reaparecieron en los noventa motivados por un reinterés mediático en el punk -de la mano del "boom" "Green Day"-, además de grasa, traían un disco nuevo bajo el brazo. ¿Y cómo se llamaba? "77 in 97". Con eso, está dicho todo.
En realidad no, digamos un poco más.
Semejante obsesión con las maneras del 77 quedaba algo descuadrada cuando, escuchándolos, descubrías que los "Duties" sonaban exactamente igual a muchas de las bandas de su periodo (el llamado UK Punk 82, la versión "cartoon" de lo ocurrido cinco años antes), sin conexión alguna con, no sé, "Buzzcocks", "Chelsea" o "Slaughter and the dogs". Carecían de ideas propias, originales o, cuanto menos, frescas en sus letras, composiciones, portadas, títulos y absolutamente todo lo que les definía. Eran un mazacote. Un ladrillo. Imaginación, estilo y personalidad cero.
Eso no significa que no pudieras consumirlos con la misma actitud que se consume la comida basura, por supuesto. En especial su "hit" -por así llamarlo-, "Violent Society" (ya les dije, imaginación al poder), que suena de este tan previsible pero gozoso modo...

Resulta irónico que, cuanto más apestufaba el cadáver, más se mosqueaban aquellos integrantes -culpables de su fenecimiento, sin duda- al leer o escuchar aquello de "Punk is Dead". Y, justo, ese era el chinchante título de uno de los primeros temas de "Crass", que sentó como una patada en el orto a "los otros". Así pues, tocaba rajar del combo anarquista, valiéndose de un insulto tan poco creativo como los repertorios musicales de los insultadores: viejos hippies. Actuando de tal modo, otorgaban a "Crass" la medalla a lo más punk de su década, ofendiendo a los que se pretendían "ofendedores" y defendían + practicaban una idea del punk tradicional, conservadora, complaciente y dogmática.
Los "Special Duties" se curraron el contraataque más llamativo: una canción que comenzaba sonando estilo "Crass", coronando un EP cuya portada jugaba a "imitar" sus mismas estéticas. Dicho aparente ingenio se iba a tomar viento cuando decidían bautizar la tonadilla como "Bullshit Crass" y adornarla a base de lírica igualmente elemental, chabacana y tosca...


La guasa fue tan lejos, que el propio voceras se hacía llamar Steve Arrogant, en una directa y nada sutil puya a Steve Ignorant.
¿Hubo consecuencias? Pues sí. Los "Dead Kennedys" se negaron a compartir escenario con "Special Duties" por ello. Su distribuidora les dio la espalda y sus siguientes trabajos tuvieron unas ventas tan paupérrimas como para que, finalmente, el grupo decidiera separarse.
Ya en los noventa, y dispuestos a retomar los instrumentos con la desgana propia de aquellos señores de mediana edad movidos únicamente por cierto reconocimiento tardío (no hay más que ver vídeos del periodo), los "Duties" osan afirmar, sin vergüenza alguna, que ellos han trascendido mientras hoy día nadie se acuerda ya de "Crass". ¿En serio? Hay que tener cojones y ser.... ¿punk? no, más bien un poco mameluco.

miércoles, 27 de marzo de 2024

MINUTOS MUSICALES 23: ANTI-CRASS, 1ª PARTE / ARTLESS

Habrán notado, a lo largo y ancho de todas las respectivas entradas de minutos musicales,  que la formación anarco-punk "Crass" dispone de cierto peso entre mis apetencias punkistas. Bien. Sí, pero no. Steve Ignorant, Penny Rimbaud, Gee Vaucher, Phil Free, Eve Libertine, Joy De Vivre, Mick Duffield, John Loder y los demás fueron de vital importancia en cierto momento de mi existir. Aunque, entre lo radical de su perorata panfletaria (me hacían sentir culpable cada vez que disfrutaba de una "McBurger", jaleaba a "Paul Kersey" o miraba con exclusivos intereses carnales a las féminas de mi entorno) y lo "poco accesible" de sus maneras compositivas, acabé algo harto de ellos. Volcándome mucho más feliz en un punk rock despreocupado, cafre y tan aficionado como yo al lado más "ignominioso" de la cultura popular. Rara es la ocasión en la que, a día de hoy, los escucho.
Aún así, les seguí / sigo respetando. Incluso estimando. Después de todo, siempre admiré y defenderé su concepción del punk. Lo más genuino ocurrido durante los ochenta. No solo en lo político, también lo creativo y... hum, "operativo". Su dedicación al D.I.Y. y la auto gestión pura eran reverenciables. A los "Crass" o los amabas con locura, o los odiabas. Y de estos últimos los hubo, a porrillo. También se lo buscaban, chinchando sin descanso al personal. Sobre todo aquel situado en el espectro más comercialucho, teatrero y complaciente del punk. La mayoría callaban. Otros hacían lo imposible por llevarse bien (como "The Business", reyes del "Oi!", quienes incluso les dedicaron una voluntariosa versión). Los había que devolvían la pelota desde la prensa escrita (como Wattie de "Exploited"). Y, por supuesto, también están aquellos que contraatacaron usando las mismas armas: instrumentos musicales.
Los ejemplos más sonados (o los únicos que yo conozco) son dos, cuyo grado de mala uva e inteligencia varía según la banda. Mi plan original consistía en rejuntar ambos aquí, pero el rollo ha dado pa tanto que he preferido partirlo.
Ahí va la primera dosis: "Artless".

Hablar de "Artless" significa hacerlo de Mykel Board, un personaje de esos irrepetibles que llevan pululando por el underground y la contra-cultura desde tiempos inmemoriales. Y al que le mola más provocar que a un tonto una piruleta. Ya en los primeros fanzines ochenteros de un John Holmstrom post-"Punk Magazine" (especialmente la simpatiquísima "Stop! Magazine") encontrábamos anuncios del colega, promocionando su banda paródica arty-punk "Art" (compuesta por él al micro y un metrónomo como único instrumento) a base de imágenes abiertamente pornográficas. Luego, añadió un "less" a la palabra, dando vida así a un grupo que dejó cierta huella en la respectiva década.
Board era, como digo, un tocacojones nato. De ideología libertaria, bla, bla (es decir, tirando más a políticamente correcta), se planteó qué pasaría si una panda de republicanos, conservadores y derechosos se animaran a dar forma a su propia formación punk rockera. Y a la hora de componer, hiciesen como todos, defender sus causas políticas... solo que estas eran más del gusto de, digamos, un Reagan. O un Trump. Así, el resultado se convertía en veneno de cara a las audiencias punk más elementales y cuadriculadas, incapaces de pensar por cuenta propia y, más importante aún, pillar el sarcasmo de todo ello. El humor.
Y es por eso que, durante las actuaciones de "Artless", había broncas. Tanto como para que el guitarra luciera una camiseta con "Yo no escribo las letras de las canciones" estampado. Y el mismo Board terminara en más de una ocasión dentro del container sito al lado de la sala de conciertos. Aún así, el hombre estuvo un largo tiempo dedicado a su combo. Llegó a editar un LP compartido con -como no- G.G.Allin, de cuya portada -la de "Artless"- se encargó su viejo colega Holmstrom.


Bien, entre toda la ralea de temas paridos por Mykel Board y los suyos -honestamente, nada del otro jueves- destaca uno titulado "Crassdriver". Lo hilarante aquí es que la primera vez que lo escuché fue gracias a un CD-R pirata editado y vendido por una famosa tienda barcelonesa de desacomplejada ideología anarquista. Es más, ilustraban la cubierta con el -así de primeras- famoso logotipo de "Crass" y, dentro, encontrabas tanto canciones de "Artless" en su inglés nativo como otras en... ¿alemán? Bien, tenía truco. Resulta que en las germanias existía otro grupo de idéntico nombre, e ideología mucho más afín a los de la tienda. O a lo que se esperaría de un supuesto grupo punk underground. Dicho de otro modo, los responsables en ningún momento prestaron atención, ni entendieron la jugada. De lo contrario, se habrían dado cuenta que, A, eran dos combos distintos, B, el yanki gastaba una naturaleza ideológicamente opuesta a ellos, C, en concreto el tema que daba nombre al mismo CD-R, "Crassdriver", era un PALO ENORME a la famosa e intocable formación anarquista y D, el mentado logo de "Crass" en la portada hacía gala de una pequeña peculiaridad. Justo en la parte intermedia, veías un destornillador. Si traducimos la palabreja al inglés, obtenemos "screwdriver". Y, yes!, tal vez sepan que "Skrewdriver" es el nombre de la más famosa e infame banda nazi de la historia de la música. Pero cuando digo nazi, lo digo a conciencia. Sin florituras. Está claro que los del local... es decir, la tienda, no hicieron los deberes (e ignorantes hay en todos los bandos)

Así pues, en su canción, "Artless" emparentan a los nazis "Skrewdriver" con los anarquistas "Crass". De ahí la mezcla, "Crassdriver". Preguntando en un contagioso estribillo aquello de "¿no sabes que es lo mismo?", a tenor de que ambas comparten un logo, un uniforme y unas ideas cuadriculadas y dogmáticas que pobre de ti rechaces (son legendarias las historietas de los "Crass" imponiendo ciertas decisiones musicales y estéticas a las bandas que apadrinaban). Terminan la tonadilla afirmando burlonamente que los anarquistas han "dado mal nombre al punk".
Bien. Los más devotos de "Crass" se estarán tirando de los pelos. Sin embargo, y aunque hasta cierto punto Board y sus "Artless" no van escasos de razón (siempre he dicho que los "ismos" se tocan, y lo sigo pensando), es verdad que había algo de guasa en ello. No olviden que el cantante estaba más próximo a Steve Ignorant y cía en actitudes e ideas que a los supuestos republicanos con instrumentos que eran, y ya no digamos Ian Stuart, líder de los temibles "Skrewdriver". Tampoco afirmo que soltara trolas, simplemente -opino- lo exageraba, sin genuina malicia. Todo lo contrario que el caso que verán y oirán en la próxima entrada. De momento, cierro el tochete con, obviamente, "Crassdriver" de los "Artless".

Y si se lo preguntan, aunque la carrera del combo llegó a su final por ahí los noventa -con alguna puntual resurrección pillada con pinzas-, Mykel Board siguió dándole a la provocación, esta vez por escrito. Se convirtió en un polémico columnista en la insigne "Maximum Rocknroll". Publicó algunos libros (uno con portada de, nuevamente, John Holmstrom). Viajó mucho (era declarado fan de la cultura Japonesa aunque, decía, no podía sufrir su devoción por el trabajo). Y, ahí sigue, pululando en redes sociales y escribiendo en sus blogs, sin descanso. Un aplauso para el caballero.

sábado, 12 de septiembre de 2020

MY CAREER AS A JERK

“My career as a Jerk” es un documental de noventa minutos de duración dedicado a un grupo de punk rock / hardcore por el que siempre he sentido mucho afecto: “Circle Jerks”. Su responsable directo no es un mindundi cualquiera sin puñetera idea de lo que está hablando, muy al contrario, David Markey lleva metido a fondo en la escena punkera de Los Angeles desde los albores de la década de 1980. Se dedicó a tocar la batería en algunos grupos y editar un fanzine llamado “We got power!”. Aunque donde realmente destacó fue en el terreno audiovisual. Solía pillar la cámara de Super 8 y hacer cortos (que tuve ocasión de ver en un dvd editado años después y, ciertamente, no me dijeron nada). Un día quiso ir más allá y se curró un largometraje contando con la participación de todos sus colegas. El resultado fue “Desperate Teenage Lovedolls”, una especie de comedia transgresora sobre el ascenso y caída de un grupo punk rock formado por chicas. Se le dio cancha y funcionó de perlas, tanto como para parir una segunda parte, “Lovedolls Superstar”. Sin embargo, el verdadero mérito de David Markey residía en su círculo social, compuesto de auténticos astros del mundillo punk / HC que, con los años, han terminado granjeándose un respeto y una admiración que, de rebote, ha salpicado al cineasta. Así, cuando el post-punk lo petó a principios de los 90, seguido muy de cerca por el grunge, él estaba ahí para facturarle video-clips a “Sonic Youth” y grabar un documental que generó bastante ruido gracias a la notable presencia de "Nirvana" -alias, el grupo que lo jodió todo-, “1991: The Year Punk Broke”. Markey siguió haciendo sus cositas, viviendo un poco de los residuos que dejaban por el camino sus colegas músicos y, hoy por hoy, vive de otra clase de residuo: la nostalgia. Regodeándose sin descanso en todo aquello que el punk / HC aportó durante su juventud, tan venerado por las nuevas e impresionables generaciones.
Y ahí es donde entra “My career as a jerk”, que narra la trayectoria de la banda en cuestión, a base de imágenes de archivo y entrevistas con todos aquellos que formaron parte de sus filas a lo largo de los años, destacando los más constantes, el voceras Keith Morris y el guitarra Greg Hetson. Quizás lo curioso de esa escena es que estaba en buena parte integrada por chavales salidos de los suburbios, un poco en contraste con el punk original, de ahí que entre los padres de algunos “Jerks” encontremos un abogado y un miembro del ayuntamiento. También entra en el apartado curiosidad cómo ha sido realizado el documental. Markey sabe obtener buenos planos y sonido decente usando cámaras de consumo casero. Incluso me parece que un móvil. Y yo, por supuesto, lo celebro. 
Es jodidamente difícil seguir la carrera al completo de cualquier creador, sea del medio que sea, y no encontrar errores. Todos los tienen (y todos los tenemos). De lejos pueden parecernos cagadas inmensas, pero si nos situamos en el contexto, comprendemos que tenían razón de ser y son perfectamente excusables. Los “Circle Jerks” pueden presumir de tres primeros discos muy decentes. “Group Sex”, “Wild in the streets” y “Golden Shower of Hits”. Luego, las cosas comienzan a torcerse. Durante muchos años viví convencido de que derivaron al heavy metal, que era “la norma” en la época. Pero no, es cierto -tal y como dice el guitarrista- que optaron por un rock más estándar. Sin embargo, y a pesar de no ser heavy metal, tampoco era el sonido que les había identificado en sus primeras grabaciones. De esta guisa parieron su peor trabajo, “Wonderful” (aunque la canción que le da nombre está muy potable), y uno que, sin ser demasiado estupendo, no me desagrada del todo, “VI”. Fue en medio del periodo de cambios cuando conocieron a Alex Cox y se apuntaron al rodaje de “Repo Man”, aportando canciones y presencia, en una divertida escena en la que fingen ser una banda insulsa de esas que tocan en bodas. Pasan los años y, ¡pumba!, llega el “nuevo punk” gracias al éxito de “Green Day”. Los “Jerks” piensan aquello de “nosotros merecemos sacar tajada de esta moda, estábamos antes” y se apuntan con resultados decentes aunque no deslumbrantes: “Oddities, Abnormalities and Curiosities”.
El documental parece concluir con la absoluta, total y completa disolución de la banda, y de la amistad entre sus integrantes, pero a día de hoy los “Circle Jerks” continúan activos y siguen viviendo de los viejos éxitos.

Aunque la parte dedicada a sus años gloriosos está muy interesante, con todas las típicas batallitas, la que más disfruté es aquella centrada en su “decadencia” . Suelo encontrar apasionantes estas historias, porque es “fácil” gozar de un buen momento, pero no tanto cuando llegan las vacas flacas, ahí es donde realmente reside la verdadera verdad de todo, y el genuino valor y mérito de un creador, tirar palante a pesar de las inclemencias. Por algo estas partes suelen ignorarse.
“My career as a jerk” es material exclusivo para fans del grupo e interesados en el punk y todas sus vertientes. Pueden localizarlo en YouTube con subtítulos en castellano.

domingo, 12 de septiembre de 2010

CHAOS U.K.

Aclaremos de entrada que no me tomo muy en serio la llamada "second wave" del punk británico surgida a inicios de los 80. Pienso seriamente que si la movida inglesa del 77 ya era un poco una caricatura de la escena original neoyorquina (ya sabéis, Richard Hell, "Ramones", "New York Dolls", "Blondie", "Suicide"...), la de los 80 era ya el cachondeo absoluto. NADA tenía de genuino punk. El mensaje, la estética, el sonido y la forma eran lo menos punk del mundo... pero, si obviamos todas estas cosas, y nos centramos en lo estrictamente musical, aunque se parió mucha mierda, mucha patraña, también se dio cancha a algunas bandas con canciones cojonudas, y de todas ellas destaco a "Chaos UK" como mi absoluta favorita, seguramente porque siempre demostraron tener bastante más personalidad que la mayoría.
Nacieron en Bristol, en 1979, y de entrada eran de esa facción del segundo punk especialmente interesada en el ruido y la velocidad (tipo "Disorder"). Así lo confirman algunos de sus clásicos de la época como "No Security", "Kill your baby" o "Victimised". Para cuando pasados varios singles sacaron su primer larga duración, "Chaos UK LP", un pepinazo estridente maravillosamente crudo, ya habían comenzado los cambios de formación, algo que sería una constante en el grupo. Hablar de "Chaos UK" significa hablar de Chaos (o Kaos), su característico voceras calvo y barrigón que, antes de agarrar el micro, se dedicaba al bajo. Él ha sido, desde siempre, el único miembro constante.
El siguiente que dejaría huella fue Mower, quien se puso al frente del conjunto cuando la "second wave" ya comenzaba a declinar. La mayoría de las bandas famosas habían perdido los papeles y se dedicaban al heavy metal o al rock más AOR. También el Oi! arrasaba, y nuestros chicos nunca acabaron de congeniar con esta escena cuyas normas, en esencia, creó el periodista Gary Bushell.
Ellos, ajenos a todo, a modas, a desvaríos y a tendencias incluso dentro del mismo punk/hardcore, optaron por seguir a su rollo, tocando allí donde les llamaban (squats incluidos, claro) y exprimiendo la manzana podrida del ruido. Si en algo destacan los "Chaos UK" de esta etapa es en su aún mayor estridencia, algo a lo que contribuían de sobra los berridos casi agónicos de Mower. De mientras, K/Chaos, el calvo, seguía dándole al bajo. También es en este periodo cuando comienzan a hacerse un nombre en Japón, país especialmente interesado en los sonidos extremos y editan un famoso split-LP con los otrora interesantes "Extreme Noise Terror" (volverían a verse las caras en el recopilatorio "Punks not dread" y compartirían de nuevo larga duración con otra banda del vocalista de "ENT", "Raw Noise").
Da la casualidad de que, probablemente, uno de mis discos favoritos del combo, por no decir el mejor, cuenta con Mower al micro, "The Chipping Sodbury Bonfire Tapes", un trallazo cojonudo, con temas de esos ultra-follaos pero muy adictivos en el que se dan la mano en perfecto equilibrio velocidad, ruido y furia pero sin resultar inaudible, todo lo contrario. Destaco el tema "Indecision", ¡genial!.
Ya en este disco tenemos a otro de los miembros indivisibles de "Chaos UK" junto al de la alopecia, hablo de Gabba, guitarrista entregado a la causa. Es un hecho conocido que a esta gente les iba más la priva que a un tonto una piruleta. Famosa es su canción-en-coña sobre el tema, "Cider" y que, a cada nuevo disco, rehacían riéndose de la música de moda del momento. Lo mismo ocurre con la famosa "Farmyard Boogie", que es inseparable de su repertorio y la han tocado de todas las formas y colores, con regusto noise, y con tirón country. El caso es que, tanto les va el bebercio a esta peña, que a veces les ha dado problemas. Sin ir más lejos, Mower fue expulsado del clan por sus excesos etílicos, lo que le impedía cumplir un mínimo con sus responsabilidades cara a la formación. Es aquí donde entra Chaos y arranca la tercera y última etapa de su carrera, por otro lado, aquella en la que gozan de más popularidad y en esencia se alejan de su tendencia más ruidista y super acelerada para sonar más... no se, ¿más "punk rock" a secas?... haciendo uso de acordes mínimos pero pegadizos, coros que animan al berreo y ritmos que no se duermen pero se pueden seguir perfectamente.
Con Chaos y Gabba como miembros reconocibles, el grupo se dedica a tocar por todo el mundo (en España no me consta que hayan venido nunca, aunque podría estar equivocado. Si sé que K/Chaos vino como bajista de unos renacidos "The Lurkers" en un concierto en el que también actuaron "999" y "The Exploited" celebrado hace ya años en la Ciudad Condal), editar discos (bastantes splits) e incrementar su leyenda de gente con ganas de reír y pasarlo bien. De esta etapa posiblemente su mejor trabajo sea "100% Two Fingers in the Air Punk Rock", donde a base de doble guitarra suenan realmente poderosos y adictivos. Intentan seguir esta línea de sonido con "Morning After the Night Before" o el curioso "Heard it, Seen it, Done it", un cd de versiones de bandas punk tan variadas como Ian Dury, "The Mob", GG Allin o "Antiseen", de quien por lo visto son muy seguidores.
Su último trabajo oficial y reconocido es, ni más ni menos, que un split con "Fuk". ¿Que tiene de especial?, pues "Fuk" es un grupo que hasta cierto punto recoge el testigo de los "Chaos UK", ya que, además de un sonido parecido, incluso la misma tipografía en el logo, cuenta con algunos ex-miembros en sus filas, destacando por encima de todos ellos Gabba.
Según entrevistas, K/Chaos llevaba años sintiéndose culpable de seguir con la banda a pesar de tener ya sus cuarentaytantos. Pero era demasiado difícil dejarlo. Hasta que, volviendo de un tour por Estados Unidos, sin un duro ni un techo bajo el que cobijarse, decidió que había llegado el momento de bajarse del carro. Al ver el resto de la formación que unos "Chaos UK" sin el calvo en sus filas era algo impensable, prefirieron empezar de cero con otro grupo. He oído varios temas de "Fuk" y sí, no están nada nada mal, algo de "Chaos UK" hay en ellos, pero la inconfundible voz de K/Chaos se echa de menos.
Como decía arriba, uno de los aspectos que más admiro de esta banda es su demostrada individualidad. El que jamás hayan intentado recuperar el pasado (lo que les ha evitado parecer patéticos) y, lo mejor, aunque se hayan separado y vuelto a unir en alguna ocasión, nunca reaparecieran en el momento oportuno en el que toooodas las bandas del "second wave" del punk británico volvieron a juntarse (cuando el punk estuvo de moda ahí en los 90), cosa que les confiere un aurea de auténticos y genuinos que nunca nadie podrá arrebatarles.

Actualización (19 - Septiembre - 2014)
Finalmente, mis peores pesadillas se han hecho realidad. Por lo visto con "Fuk" las cosas no iban demasiado bien y Gabba ha impulsado este mismo año la reunión de unos nuevos "Chaos U.K." sin K/Chaos como frontman. En su lugar tenemos a un aumentado -de peso- Mower, es decir, que los "Chaos U.K." del 2014 retoman el sonido ultra-agresivo de la época en la que aquel le daba al micro.

Actualización (12 - Marzo - 2021)
En el 2019, K/Chaos se junta con otros punkos veteranos y se saca de la manga un nuevo grupo, "Fear of the Know" o "F.O.T.K.", donde retoma la caña burra. Es un proyecto peculiar, porque todos graban su parte desde sus hogares y luego uno se limita a hacer la mezcla. En cualquier caso, es un gusto volver a escuchar los berridos del calvo... solo que, sinceramente, prefiero a los "Chaos U.K." de toda la vida, que duda cabe. Aún así, bienvenido sea.

Actualización (14 - Julio - 2021)
Más agradables sorpresas. Tras largo silencio, se publica una entrevista con K/Chaos, quien habla de su pasado, de su presente (llevando una vida saludable), de su querido gato (un punto más a favor del caballero) y, ojo al dato, anuncia autobiografía que me pienso pillar en cuanto salga. AQUÍ el enlace.
Curiosamente, ya hubo otra interviu no muy lejana, que se complementa perfectamente con esta y pueden degustar por ACÁ

Actualización (09 - Marzo - 2026)
 Tal día como hoy se anuncia el triste fallecimiento de Gabba. No tengo ni idea de si los "Chaos U.K." seguían activos estos últimos tiempos, pero de ser así, veremos qué ocurre ahora, si Mower decide continuar con otro guitarra o pone fin de una vez por todas a la banda y, por fin, la deja descansar tan en paz como, espero y deseo, repose el señor Gabba.

miércoles, 23 de marzo de 2022

MINUTOS MUSICALES 2: STRATFORD MERCENARIES

Aunque tarde, volvemos con una nueva dosis de excitantes minutos musicales (aquí pueden saborear la primera) y la intención de que se convierta en una sección habitual (de hecho, ya les puedo garantizar unas cuantas entregas más) Preferentemente, la cosa girará en torno al punk y sus numerosas variantes sonoras, estéticas e ideológicas. Muchas discutibles, casi todas altamente consumibles. Pero hoy, los elegidos para la gloria son los "Stratford Mercenaries".

A su manera, dentro de circuitos punkistas y marginales, los "Stratford Mercenaries" eran todo un super-grupo. Gran parte de sus componentes habían comulgado en las filas de sendas bandas muy prestigiosas y queridas por la platea adecuada, a saber: Phil Barker, que por entonces tocaba con los clásicos "Buzzcocks". Gary "Gazzer" Buckley de los "Dirt". Y especialmente Steve Ignorant de los "Crass", una de las bandas más notorias del punk inglés de los ochenta en su vertiente genuinamente politizada, lejos de la más acomodaticia e inimaginativa afín al resto del punk de las islas. Los "Crass" eran anarco-punks, eran DIY hasta extremos delirantes, eran anti-sistema convencidos. Tanto como para poner nervioso al gobierno británico. Eran la alternativa de la alternativa e hicieron historia (eso no quiere decir que su currículum fuese impoluto... pero comparado con el resto, poco faltaba)
Otra de sus características, motivo por el que tampoco resultaban muy comerciales -en ningún sentido, pero, muy especialmente, punkeramente hablando- y todavía hoy provocan urticaria en mucho aficionado, es que su sonido quedaba lejos de ser previsible y encajar en el molde de lo que se supone era punk estándar. A veces tanto, que se volvían estrictamente inaudibles. No por ruidosos, sino por raros o aburridos. En ese sentido, representaban al punk + genuino, si consideramos este como la libertad creativa total y absoluta, el huir de aquello ya asumido y alienar a tu misma audiencia.
Los siguientes proyectos sonoros en los que se embarcó Steve Ignorant destacaban por mantener viva esa esencia creativa. Como por ejemplo "Schwartzeneggar", con quienes no conseguí congeniar por mucho que lo intenté (aunque una reciente escucha podría hacer cambiar tal percepción) Sin embargo, el caso que nos ocupa, los "Stratford Mercenaries", es levemente distinto. ¿Por qué?, porque se trata de la perfecta simbiosis entre el rarismo libre herencia de los "Crass" y el sonido más común que entendemos por punk (cortesía, supongo, del resto de componentes). Así, sus grabaciones no son ni demasiado chapas por aburridas, ni demasiado monótonas por repetitivas. Gastan un sonido fresco, original y disfrutable.
La primera vez que los escuché fue en "Live in the U.S.A. 1997", un vinilo con varios temas grabados en directo. Flipé por la intensidad y lo guarrindongos que sonaban. Tiempo después, hurgando en mis tiendas de discos habituales, di con "Sense of solitude", su LP de bella, misteriosa y algo "Crass"-iana portada. Nada más reproducirlo, quedé absolutamente prendado por el primer tema (que tienen al final del texto), "No more running". Una intensa pieza de punk rock en el sentido más estricto del término a base de zumbante guitarra. Arrebatador. En seguida se ganó un puesto de honor en mi top ten particular (además la letra mola mucho, de cuando descubres que vives rodeado únicamente por gilipollas, lo que te hace sentir tremendamente solo).
Con semejante arranque, era difícil mantener el tipo. Lo que sigue no está a la altura de ese inicio brillante, pero resulta perfectamente gozable. Destacaría, por atípicas, dos canciones de tempo reposado, "Dispossessed" y "Sunday Morning Neighbours". La primera a base de caja de ritmos (con aceleración incluida hacia el final). La segunda, extensa, con unas variaciones de tono e instrumentación que desconciertan. Ambas muy cojonudas. Y perfecto ejemplo de ese "otro punk" tan afín a la carrera de Steve Ignorant. En definitiva, un buen disco.
El resto de su discografía (se separaron poco después de "Sense of solitude") la compone un e.p. llamado "No Sighing Strains of Violins" (en realidad su primera grabación oficial) donde suenan todos los temas de "Live in the U.S.A. 1997" pero más calmados y limpios, lo que les resta algo de poderío. Siguen siendo buenas canciones, aunque menos que las de "Sense of solitude". En "No Sighing Strains of Violins" el espíritu "Crass"/Ignorant manda más, echándose de menos el toque punkista tradicional de su última y muy recomendable creación.

miércoles, 21 de junio de 2023

MINUTOS MUSICALES 14: UNA ENTRE MUCHAS

Hoy vengo con varias bandas que comparten una misma característica: todas surgieron oportunamente durante el respectivo auge de su respectivo "movimiento". Fueron una más del montonazo, y tampoco hicieron mucho ni por destacar, ni por durar... salvo una canción o dos o tres. En el caso de "The Members", combo número un millar aparecido a consecuencia del bombazo punk inglés del 77, hablamos de "The Sound of the Suburbs", su clásico, "Solitary Confinement" -también muy potable- y la no tan popular pero, a mi juicio superior, "GLC"...

Si una tendencia destacó durante la eclosión del punk británico de los ochenta más estándar (no cabe aquí el anarco-punk), fue la absoluta despersonalización de los respectivos grupos. Todos sonaban igual, de machacones, monocordes, elementales, tirando de las mismas temáticas para sus letras, etc, etc. Unos parecían clones de otros (básicamente vestían y peinaban igual) y, en general, aburrían hasta las cabras. De entre la morralla, y sin salirse de lo predecible, destacaría a los "English Dogs". Tan dogmáticos en su "nada" que, superada la fiebre del punk crestudo, hicieron lo que muchos otros, pasarse al metal. Dicen que para mejor, pero no sabría yo.

Puede que sus éxitos más reconocibles sean "The Fall of Max" y "Left me for dead", pero yo prefiero "Never Die", perteneciente a su primer lp de gracioso nombre -y graciosa cubierta- "Invasion of the porky men"...

Seguimos con "más de lo mismo". En pleno boom de la escena punk USA situada entre finales de los setenta e inicios de los ochenta, aparecen bandas como setas. Ninguna sobresale demasiado, salvo por un acierto. Y, en este caso, ese acierto se titula "Hightime", canción de los "Zero Boys" localizable en su primer lp, "Vicious Circle". Dicen que se formaron tras escuchar a "Germs" -combo al que aborrezco-, y dijeron "Queremos sonar así". Por suerte suenan mejor... ahí va la prueba...

"The Lewd" fueron la primera banda punk rock -conocida- surgida de la hoy mitificada Seattle, a finales de los 70, a la par con el auge del imperdible. Sacaron sendas grabaciones, tocaron en sendos escenarios, pero nunca abandonaron la oscura segunda, incluso tercera división. Y como muchos de aquellos, escuchados hoy suenan casi perfectos. Ni una velocidad desbocada, ni ruido ensordecedor, simplemente crudos, intensos, rockanroleros, honestos y molones. Disponen de un puñado de muy buenas canciones pero, a gusto personal, entre todas ellas sobresale "Trash Can Baby", de -según creo entender- despiadada letra (sobre un bebé que acaba abandonado en el cubo de la basura), algo muy propio del estereotipo punk impuesto por el amarillista y elemental Media...

sábado, 13 de diciembre de 2008

NEW WAVE & POST-PUNK (LIBRO)

Si hay algo que me gusta casi tanto como leer sobre cine, es leer sobre música. En ambos casos no es necesario que se toquen mis gustos, a veces empaparte de otras movidas ajenas es casi igual de interesante, o más. Hace poco, entré en la biblioteca para devolver un dvd, y cual fue mi sorpresa al encontrarme encima de la mesa este "New Wave & Post-Punk". Pregunté si me lo podía llevar, me dijeron que si y, hala, pa casa.
Hace años en España ya era difícil encontrar un libro que hablara en profundidad sobre estilos musicales como el punk, por decir uno, así que imaginaos lo imposible de hallar otro dedicado a lo que vino después del punk, materia esta, en algunos casos, mucho más oscura y anti-comercial. Pero este país ha cambiado mucho, y ahora localizar ese tipo de lecturas ya no es un sueño absurdo, gracias a dios.
Y digo gracias a dios porque, en términos generales, "New Wave y Post-Punk", de la editorial T&B es un tochico altamente recomendable a poco que te interese el tema que trata. Juan Manuel Corral, editor, recopila escritos de varios especialistas que se dedican a desplumar, con sentido del ritmo y el buen hacer, todo lo que dieron de sí historias como el No Wave, los Siniestros, la música Industrial, los Nuevos Románticos... incluso el Tecno-Pop más ñoño. Algunos grupos reciben especial atención (así de memoria puedo hablar de "The Specials", "Spandau Ballet" o "The Cure") y otros son mencionados más de pasada... pero se agradece, porque en ningún momento te aburres, y la ingestión de información es constante. Destaco en este aspecto la parte dedicada a la escena punk ORIGINAL y originaria del New York de mediados de los 70. Ideal para profanos.
¿Cuando se tambalea "New Wave & Post-Punk"?, pues cuando entramos en terrenos más actuales, en el momento en que comienzan a mencionarse combos a los que soy totalmente ajeno, y sobre los que no tengo ni puta idea. Seguidamente, se le dedica un escueto espacio a cómo toda esta historia influyó en tierras hispánicas, y aunque deteste a Alaska, y no me apasione el tema de la Movida, la verdad es que se lee con franco interés, aunque se echen muuuucho de menos nombres básicos del momento como, por ejemplo, "Esplendor Geométrico" (que para algo fueron los reyes de la música industrial española en su momento) o "Vagina Dentata Organ". Lo que no comprendo es por qué sí le dedican generosas líneas a la movida musical americana e inglesa de los 90 y el nuevo siglo, y no tocan ese aspecto en la escena española. Seamos realistas, por mucho que aborrezca el boom alternativo que vivió este país en la década pasada, hay que reconocer que tuvo mucho, muchísimo peso, nacieron miles de grupos, que en algunos casos abrieron las puertas para tantos otros que vendrían después. El hecho de que se ignore un momento tan importante para la "cultura" de nuestra piel de toro, creo que es un error considerable.
Sea como fuere, y si te va el rollo, estás ante una lectura casi obligada.