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jueves, 14 de agosto de 2014

¿Y SI NOS COMEMOS A RAUL?

Tras pasarse una temporada como realizador netamente "exploitation" bajo mandato del imperio Corman (suyas son la jodidamente aburrida "Neurosis asesina" -que produjo el hermano Gene-, la simpática y entrañable "La carrera de la muerte del año 2000" y la planísima "Cannonball") el director y actor Paul Bartel se encuentra sin curro ni posibilidades de dirigir. Transcurridos varios años opta por una estrategia desesperada: idear un proyecto sencillo, buscar financiación entre amigos y familia y parirlo desde la más rutilante independencia a base de culos de celuloide desechado y un año y pico de rodaje. El resultado es este "Eating Raoul", "¿Y si nos comemos a Raul?" en España, que contra todo pronóstico acabó convertido en un hito del cine "cult" de su época, inicios de los 80, y dio nuevos bríos a la carrera de su director, que a partir de entonces se especializó en comedia, género al que, esencialmente, pertenece "Eating Raoul"... eso sí, una comedia tirando a excéntrica, o eso pretendía el muchacho, aunque vista hoy resulte de lo más normalita a pesar de sus notables remalazos de humor negro.
Un matrimonio de lo más inocente y casto sueña con inaugurar un restaurante, pero las cosas no les van demasiado bien. Además de ir escasos de capital, resulta que la gente que les rodea es ruda y pervertida, cosa esta que los tiene hartos. Un día, y de modo totalmente accidental, asesinan a un indeseable y le roban, descubriendo así un modo ideal de ganar dinero fácil. Después de todo, hacen un favor a la sociedad borrando gentuza del mapa.
Con semejante actitud en mente, organizan un especie de servicio sexual como gancho para cazar viciosos. Todo va de perlas hasta que entra en juego un hispano que les descubre y se ofrece a ayudarles para ampliar las ganancias y repartírselas. ¿Cómo?, vendiendo los cadáveres resultantes a una empresa que los convierte en comida para perro, nada menos. Pero el pendejo no se contenta con eso, quiere más, quiere a la esposa del protagonista, a la que poco a poco va convirtiendo en aquello que más odian. Como era de esperar, las cosas se complicarán cacho ante tan retorcida situación.
Dadas las peculiares condiciones en las que se rodó "Eating Raoul" no hace falta decir que el resultado dista mucho de ser espectacular o aparatoso. Bartel se decanta por una puesta en escena hiper-sencilla y básica y, sobre todo, por los diálogos, el "efecto más barato del cine", como decía aquel. Y sí, la cosa tiene su gracia, pero tampoco es que sean chispeantes o tremendamente ingeniosos.
A pesar de la trama criminal y canibalística,
el nivel de violencia está bajo mínimos, ni gota de sangre, todo es como muy de “cartoon”. Sí que veremos un par de tetillas y algún momento inspirado (como el asesinato en grupo del jacuzzi, previo topetazo con la cámara), pero en general la verdad es que "Eating Raoul" no termina de funcionar. Se me hizo algo pesadita y no puedo decir que me riera mucho. Tal vez en su momento se trataba de algo fresco y rompedor, aunque solo fuese por su origen genuinamente “indie” (de cuando aún no estaba de moda el término y este tipo de cine era realmente independiente), pero desde luego no ha envejecido demasiado bien, en ningún sentido. Aún así, el culto que arrastra es innegable y años después incluso llegó a generar una versión teatral en formato musical. ¡Estupendo!.
Ese mismo éxito contribuyó a que Paul Bartel pudiese seguir rodando películas, como "Prohibida su publicación", la famosa pero fallida "Lust in the dust" (un homenaje al cine del mangante John Waters pasado por el tamiz del western), "Contra todo pronóstico", su paso por la serie "Cuentos asombrosos" y otro de sus títulos populares, "Escenas de la lucha de sexos en Beverly Hills". Las cosas no deberían irle demasiado bien cuando lo intentó de nuevo en plan super-indie con "Shelf Life", pero casi nadie se enteró de su existencia.
La compañera femenina del actor/director en "Eating Raoul" no era otra que Mary Woronov, una actriz de culto para el cine de culto. Su carrera arrancó en la factory de Andy Warhol. Seguidamente se adentró en los pantanosos parámetros del "exploitation" más puro, participando en toda suerte de productos, algunos tan legendarios como "Noche silenciosa, noche sangrienta" o “Terrorvision”. Visita Imdb si te corroe la curiosidad.
Bartel y la Woronov llevaban tiempo compartiendo créditos, como actores estuvieron juntos en "Rock n´roll high school", pero a partir del éxito de "Eating Raoul" se oficializaría su condición de pareja en la ficción y saldrían como tal en algún que otro film más, como "Kill Bots" de Jim Wynorski donde, literalmente y por nombre y apellido, retoman sus personajes del título reseñado. Curioso. Hoy día Mary Woronov sigue saliendo en películas zetosas y rimbombantes, pero también en cosas más potentes como "La casa del diablo" o "Los renegados del diablo". Muchos diablos.
Al hispano calentorro le da vida Robert Beltran, de longeva, activa y televisiva carrera. Volvería a verse con Mary Woronov en la mediocrísima "La noche del cometa", y con ella y Bartel en "Escenas de la lucha de sexos en Beverly Hills". También le podéis localizar en esa hiper-chunguez grabada en vídeo por Alex Cox el año 2009 titulada "Repo Chick".
Otras curiosidades del reparto son:  Buck Henry (reputado actor, guionista y amigo de George Kuchar), Ed Begley Jr., Edie McClurg (notoria actriz cómica –lucía una permanente traga lápices en “Todo en un día”-), Don Steele (famoso disc jockey de hiperbólica personalidad que ya había trabajado para Paul Bartel en "La carrera de la muerte del año 2000" -interpretando, cómo no, al agotador locutor de televisión-. Saldría en "Gremlins" haciendo de, pos sí, DJ). Para finalizar, y si no pestañeamos demasiado, podremos ver los cameos de John Landis y Charles Griffith (incansable guionista de la factoría Corman -suyo es el libreto de, entre muchas otras, "La pequeña tienda de los horrores" y "La carrera de la muerte bla, bla"- y director de notables basuras como "Up from the depths", que el propio Corman consideraba una mierda, o "Wizards of the Lost Kingdom II").
En la banda sonora suena una versión muy simpática, y en castellano, de "Devil With a Blue Dress On" cortesía de "Los Lobos".
El misterioso productor y co-guionista de "Eating Raoul" se llama Richard Blackburn. Como director dispone únicamente de un capítulo para la serie "Historias del más allá" y del rarísimo largometraje de terror "Lemora", de la que yo misma hablé en una ocasión. Otro proyecto que Bartel y Blackburn tenían entre manos, desafortunadamente nunca realizado, era una comedia horrorífica titulada "Frankencar", sobre un tipo que, desprovisto de sus extremidades, controla mentalmente un super-buga como arma vengadora contra aquellos que le agredieron y le dejaron inválido. Tremendo.
Paul Bartel llegó a idear una secuela directa de "Eating Raoul" titulada "Blind Ambition" y en la que iba a salir Chevy Chase como el villano de la función. Tenía el dinero, la confirmación de Mary Woronov y las ganas, pero desafortunadamente su inesperado fallecimiento el año 2000 truncó cualquier posibilidad de materializarla.
Perra vida esta.

viernes, 9 de marzo de 2012

LA NOCHE DEL COMETA

Los que saben dicen que la felicidad no es un estado permanente, sino un seguido de pequeños momentos. Aceptando esa teoría, ayer noche tuve un pequeño momento de felicidad compuesto por los siguientes elementos: copia original en VHS de película "de terror" ochentera (1984, para ser exactos). Bol con palomitas recién hechas. Vaso de refresco. Sofa. Tele. Vídeo puesto en "play". El refresco era cocacola, las palomitas popitas y la peli "La noche del cometa". Obviamente, el momento de suma felicidad se produjo cuando todo el proceso se inició (hacer las palomitas, llenar el vaso, poner la cinta)... porque a los 25 minutos, ya se había esfumado. Sí, tenían razón, la felicidad es efímera.
¿Hubiera sido más extenso con una peli mejor?, es probable... pero ya sabía a lo que me exponía. Vi "La noche del cometa" hace unos cuantos muchos años, y desde entonces que nunca tuve intención de repetir. ¿Motivo?, que en aquellos tiempos me pareció una mierda insufrible. Pero hace un par de días mi buen amigo Pajarillo me cedió amablemente unas cuantas pelis en vídeo, VHS y Beta (y que irán saliendo por aquí poco a poco) y una de ellas era "La noche del cometa". Una vocecilla interior me dijo: "Ya irá siendo hora de que le des una segunda oportunidad". Pues venga, palante.
La idea de partida es cojonuda: Un cometa se acerca a la tierra, no es que se vaya a estrellar contra ella, solo que cruzará tan cerca que en nuestro planeta se supone todo un acontecimiento, así que aquella noche la peña sale a la calle dispuesta a gozar del espectáculo. De pronto el cielo se tiñe de rojo y la gente comienza a sentirse mal. Al día siguiente, con el cielo aún enrojecido, la mitad de la población se ha convertido en polvo, y la otra mitad en zombies caníbales (pero que hablan y piensan... también corren, solo que eso ha dejado de ser raro). Un par de chavalas, hermanas, y un camionero a los que el cometa no les afectó por motivos varios, lucharán por sobrevivir mientras un grupo de científicos les hacen la puñeta.
Que sí, que suena guay... el problema en este caso es el cómo juegan con los elementos, y ahí no atinan. Las hermanitas protas son genuinamente irritantes y odiosas. Especialmente la más jovencita, que por rica que esté, parece gilipollas. Retrasada diría yo. Han presenciado el fin de la humanidad y salvo un susto inicial, están tan contentas y lo único que les preocupa es quién se follará al camionero. Vale, me podrían decir ustedes que la peli es en parte comedia, algo -se supone que- muy propio del cine de terror de la década (idea esta que no apruebo/comparto del todo), pero si esa era la intención de los responsables, entonces su sentido de la comedia deja mucho que desear, ya que está fatalmente integrado y no hace puta gracia. Encima, en un esforzado intento por sacarse de la manga un producto básicamente destinado a adolescentes, más de la mitad de la banda sonora son aborrecibles canciones horteras de la década (la más conocida, y soportable, es "Girls just want to have fun" de Cyndi Lauper) que suenan incluso en momentos de tensión, por lo que se cepillan todo posible dramatismo. El gore es totalmente nulo y olvídate de desnudos o copulajes. El final, directamente es una pedazo de mierda gigantesca en la que, en apenas 15 minutos, cometen otra vez todos los errores que han ido cometiendo a lo largo de la peli entera, por lo que es pa pillar al director y ahostiarle gustosamente.
Este responde al nombre de Thom Eberhardt (también guionista) y en su curriculum damos con títulos como "Capitán Ron", la más que potable "Sin Pistas", varios episodios de la simpática serie "Parker Lewis nunca pierde" o la interesante "Único Superviviente". Resumiendo: que se dedique a la comedia o al terror, que se le dan bien, pero que no vuelva a juntar ambos porque... no, ahí la cosa se tambalea. Uno de los productores del film es nada menos que el polifacético hombre de cine Wayne Crawford. Y en el reparto, junto a dos actores de culto como Mary Woronov y Geoffrey Lewis, tenemos a Catherine Mary Stewart (la chica de "Este muerto está muy vivo") y Kelli Maroney (que se convertiría en una especie de "scream queen" gracias a su pelo rubio, sus tetazas y sus labios -de arriba- carnosos saliendo en pelis como "The Zero Boys", "Killbots", "Vampiro del espacio" y otras de Jim Wynorski. Puedes verla en tetas contorneándose lista para un pajote en "Scream Queen Hot Tub Party"). Junto a ellas, Robert Beltran, que yo había visto previamente en "¿Y si nos comemos a Raul?" junto a la Woronov.
Tal vez "La noche del cometa" no sea la mega-ñorda que parece tras leer este texto (de hecho, se la considera un cult-film), pero sí se trata de una cosa muy mediocre, de ver y olvidar a velocidad de la luz y otra prueba fehaciente de que en los 80 no todo el cine fantástico que se hacía molaba.

jueves, 13 de diciembre de 2012

NOCHE SILENCIOSA... NOCHE SANGRIENTA

Después de intentarlo con "Terror en la funeraria", me entraron ganas de recuperar el otro vistoso lanzamiento terrorífico de la no menos apabullante "Chock Video", "Noche silenciosa... noche sangrienta", y gracias a mi buen amigo Pajarillo pude agenciarme una copia VHS y consumirla ayer noche. Y me sorprendió... de verdad os lo digo. Imaginaos cuanto que, al ver que el sueño me acuciaba (ya que me la puse muy tarde), preferí darle al "stop" y concluirla al día siguiente con todos mis sentidos puestos.
Como "Terror en la funeraria", "Noche silenciosa... noche sangrienta" (traducción literal del título en v.o.), es otro producto típicamente setentero distribuido por una incipiente "Cannon" que mezcla los terrores clásicos de la década previa con las modernidades que entonces ya comenzaban a ser demandadas por la audiencia (solo que con resultados mucho mejores). Así pues tenemos una historia de terror gótico, con misteriosos asesinatos en familia, noches siniestras y caserones antiguos en la que, de vez en cuando, irrumpe una secuencia más o menos truculenta, destacando un crimen en la cama, a base de hachazos, bastante notable y gratificante. Vamos, yo no me lo esperaba y cumplió su función. Y, si lo miramos detenidamente, también encontraremos en ella lo que, más adelante, serían elementos típicos del género "slasher", destacando los paseos en cámara subjetiva que se marca el asesino de turno (y que hasta ahora yo atribuía a "Navidades Negras", parida cuatro años después).
La movida, que es bastante culebronesca, gira en torno al capitoste de una mansión de renombre que inexplicablemente fallece en llamas. Unos años después, su nieto, heredero de la casa, pretende venderla, pero un loco peligroso se escapa del manicomio con intención de dirigirse al lugar armado con un hacha y matar a los intrusos y a todos aquellos que esconden un oscuro secreto. Será el nieto quien encuentre un diario y se entere de todo, parte esta muy interesante por un par de aspectos. Por un lado, su estética, de cine mudo y colores sepia, que le otorga un rollo fantasmagórico notorio (más si tenemos en cuenta que lo narrado es especialmente inquietante), por otro, que en ella hacen su aparición varios estetas de lo que unos años antes fue el llamado cine "underground", concretamente el de la "Factory" de Andy Warhol, gente como la actriz Candy Darling o el singular Jack Smith (director de la famosa "Flaming Creatures") entre otros. ¿Qué coño pinta gente del "underground" originario en una peli de terror?, porque no se limita a roles secundarios, sin ir más lejos, la co-protagonisma es una jovencita Mary Woronov, auténtica actriz de culto también habitual de los ambientes Warholianos. Tan curioso como misterioso.
No menos interesantes son las apariciones del mítico John Carradine y la intervención off-camera de, ¡oh!, Lloyd Kaufman, el cansino capitoste de "Troma", aquí en novatillas funciones de productor asociado. Del director, Theodore Gershuny, poco sabía yo, pero tras recurrir al socorrido Imdb descubro que es también responsable de un film de culto titulado "Sugar Cookies" (en España "Lesbianismo Asesino", ¡¡JUAS!!), de nuevo con la Woronov de por medio (por lo visto era entonces su pareja), y que hizo de narrador en "The Battle of Love's Return", ¡el largo de debut del mismo Kaufman!.
"Noche silenciosa... noche sangrienta" no está nada mal, y lo dice alguien que se suele aburrir horrores con la mayoría de productos terroríficos de los 70. La historia se sigue con interés, la atmósfera está bien lograda, esconde algunos pequeños momentos de genuina inquietud y, estéticamente, tampoco va del todo coja en cuanto a aciertos.
Un pequeño título menor a reivindicar.

lunes, 18 de abril de 2022

ACADEMIA MORTUORIA

Enésimo exploit de “Loca academia de Policía” solo que esta vez no está perpetrado por unos cualesquiera, sino por el séquito de Paul Bartel que, dándole una vuelta a la estructura de las tan afamadas películas de policías, deciden ambientar la historia en una funeraria. Más allá de eso, con todo el descaro del mundo, copian el esqueleto  argumental del film de Hugh Wilson con un protagonista que tiene que estudiar en la academia mortuoria contra su voluntad, unos profesores que están como una puta cabra, y una serie de personajes con una personalidad muy marcada.
Dos hermanos —que para mayor cachondeo se apellidan Grimm— heredan una academia mortuoria valorada en dos millones de dólares, pero es voluntad de su tío que, para acceder a la propiedad de la academia, antes tendrán que licenciarse como funerarios. A los hermanos no les hace puñetera gracia ponerse a estudiar una carrera tan macabra, pero no les quedará más remedio si quieren acceder a la herencia. Así pues se matriculan en la misma, y el director actual les advierte que como no se gradúen, la academia pasará a ser de su propiedad, por lo que se las ingeniará toda la película para que estos fracasen en el intento. Por el camino se irán desarrollando la ristra de gags protagonizados por la excéntrica galería de personajes de la que se compone la academia y que destacan por tener que ver en su mayoría con la necrofilia y tener un humor negrísimo.
Sin embargo, la película es fallida en todos los aspectos y sentidos. Quizá la presencia de la eterna pareja formada, en el reparto, por Paul Bartel y Mary Woronov, que dan vida al director y profesora de la academia respectivamente, haga brillar a la película con pequeños destellos, pero por lo demás, esta se hunde en un mar de mediocridad. El personaje de Bartel es un necrófilo consumado que encuentra el amor en el cadáver de una adolescente a la que recita, según se va descomponiendo, tremendos soliloquios sobre el amor, mientras que la Woronov es una especie de profesora sexy y ninfómana (al estilo de la Sargento Callahan de la película a la que expolia). Desde luego, lo mejor de “Academia Mortuoria”. El resto, chistes de sal no demasiado gruesa, destacando también una secuencia de créditos inicial a base de animaciones artesanales que recuerdan sospechosamente a las que hacía Terry Gilliam para Monty Python.
También resulta curioso encontrarse en los papeles protagonistas a Christopher Atkins que después de “El lago azúl”, con esa cara de niñato y esos rizos rubios a lo Shirley Temple, se encasilló tanto que no logró levantar cabeza y aquí se encuentra en plena decadencia, a Perry Lang, estupendo Anthony James (le has visto en “Sin perdón”, “Wacko” o “El trueno azúl” siempre en calidad de secundario), Tracey Walter (“El asesino de la máscara”, “Batman”, “Conan, El destructor”, etc, etc, etc… sale en mogollón de películas segundonas, a veces como extra), Stoney Jackson (el negro gracioso de mogollón de films graciosos de los 90… sin ir más lejos, era Wacky Dee en “CB-4”), Wolfman Jack, excentrico y popular DJ y presentador de televisión estadounidense que se hizo popular presentando el programa musical “The Midnight Special” y hasta, en un papel minúsculo, Cesar Romero, el Joker de la serie de “Batman” de los 60.
El guion es cosa del propio Bartel en colaboración con William Kelman y la dirección corre a cargo de todo un director de culto como es Michael Schroeder, responsable de la segunda unidad  de “Siniestra oscuridad” de Tom McLoughlin, y principal artífice de   la anteriormente citada “El asesino de la máscara” y las dos secuelas chunguísimas de “Cyborg”.
El caso es que no es peor película que cualquier comedia de serie B de los ochenta, ni peor que cualquiera de los exploits de “Loca academia de policía”, pero con semejante plantel, sí que le exigía a priori que fuese un poquito, poquito mejor.

jueves, 14 de noviembre de 2013

KILL BOTS

Sin duda, la mejor etapa del amigo Jim Wynorski, fueron los ochenta, valga el tópico y la nostalgia, y mi película favorita de su extensa filmografía es esta “Kill Bots”.
A nuestro país llegó en vídeo gracias a la franquicia española de la “Vestron Vídeo” que al igual que “Lightning Vídeo”, nos abasteció, en territorio bastardo, de muchos clásicos de serie B, hoy imprescindibles históricamente hablando.
Se la conoce también como “Choping Mall”, ya que por lo visto, en el momento de su estreno con “Kill Bots” en el póster, no captó muchos espectadores, por lo que deprisa y corriendo se cambió el título por el de “Choping Mall”, que traducido sería algo así como “centro comercial chungo”, que era más acorde con los tiempos que corrían, dónde lo que de verdad estaba de moda en 1986 era ir al centro comercial. Y así lograron recaudar algo de pasta. No obstante, son muchos los países Europeos a los que la película llegó como “Kill Bots”, el nuestro incluido, y cada póster promocional era más engañoso…en la edición española, vemos una mano zombie robotizada sujetando una bolsa con partes del cuerpo humano en su interior. Bien, pues jamás llegamos a ver esos zombies robotizados en la película,  puesto que los robots asesinos que aparecen, son pequeños robotitos de corte clásico, a lo “Nono” de “Ulises 31” o el robotito de la serie animada de “Los 4 Fantásticos”. No obstante, el resto de carteles son igual de engañosos, variando únicamente la mano robotizada que sujeta la bolsa de partes humanas pero, jamás, apareciendo las pinzas que usan los robots auténticos para sujetar las cosas.
Que el engaño “caratulil” no sea óbice para dejar de ver la película. Con todas sus carencias, sin robots monstruosos, ni partes humanas en bolsas, es harto disfrutable.
La tecnología ha conseguido que se diseñen unos robots para un centro comercial que detendrán a los cacos gracias a un súper ordenador que los controla y que hace distinguir a los trabajadores de los ladrones. La mala suerte quiere que la noche en que debutan estos policías mecanizados, una tormenta joda el ordenador, por lo que los robots fallan, convirtiéndose en asesinos en potencia. Un grupo de jóvenes que se queda dentro del centro comercial celebrando una fiesta, tomará las armas y se enfrentará a ellos, antes de que se cobren más víctimas.
Un divertimento fuera de todo precedente, con un ritmo endiablado y buenos efectos especiales en según que momentos – el reventamiento de cabeza de una de las jovencitas protagonistas, no tiene mucho que envidiar ni a los de “Scanners” ni al de “Maniac”- que además de una duración escueta, como era habitual en estos productos, proporcionan entretenimiento inofensivo y eficaz. No existe película menos pretenciosa que esta.
Desde luego, si Wynorsky es lo que es, es por películas como esta, por la ingenuidad (a la hora de rodar, que no en el resto de los aspectos que supone hacer una película… de hecho decía que si se metió a esto del cine era para hacer pasta y follar… y vaya si lo consiguió) que destila, por lo que hoy es lo que es este hombre, porque lo cierto es que con sus películas actuales, no solo se le ve el plumero, sino que además, las carencias están ahí de forma expresa, por lo que su cine actual ya carece de sentido. Tomen como ejemplo “Pirañaconda”. No así con este “Kill Bots”.
Como curiosidad frikosa, decir que la película entera está llena de pósteres de las films de aquella época en las que Wynorsky o Corman tenían algo que ver, como, reconocibles por mi, “Los Rompecocos”, “La reina de barbaria”, etc, etc…
En el reparto destaca la “Scream Queen” por antonomasia Barbara Crampton, que está especialmente histérica en esta peli, y que nos regala un destete –que era por lo que, primordialmente, se la contrataba- de lo más edificante. Aunque la prota femenina es otra "Scream Queen" de segunda, Kelly Maroney, que actuaba en esta cosa. Así mismo, asoman el careto otros personajes tan cormanianos (no en balde la peli la produce Julie Corman) como Paul Bartel, Mary Woronov, Dick Miller y Mel Welles. También están el gran Gerrit Graham y nada menos que Angus Scrimm. La banda sonora la firma todo un clásico de la serie B/Z, Chuck Cirino.
Muy buena para pasar el rato.

lunes, 12 de octubre de 2015

WARLOCK, EL BRUJO

Steve Miner dirige un guión de David Twohy que le saca buen partido  a “Terminator” porque, con las variaciones pertinentes, se trata del mismo argumento: Un brujo que anda haciendo putaditas y cosas de brujo en el siglo 17 (no se como se escribe en números romanos) viaja en el tiempo hasta nuestros días (en este caso nuestros días son los ochenta) y se pone a hacer cosas de brujo mientras trata de encontrar unas páginas que están desperdigadas y con las que podrá destruir el universo. Por otro lado, también llegará a nuestros días un “Cazabrujos” que con la ayuda de una muchacha contemporánea, interactuará intentando detener a Warlock mientras este les esquiva.
“Warlock, el brujo” es una de esas películas con cierto tirón popular (y hasta algo de culto) que, sea por el motivo que sea, yo a estas alturas todavía no había visto. Una vez visionada por primera vez, para mí, resulta ser condenadamente entretenida, y a su vez, un ejemplo de cómo mantener el ritmo en una película. Con el paso de los años, las películas ochenteras tienden a  resentirse, “Warlock, el brujo” aguanta el tipo perfectamente, y si la ves de primeras y sin saber de que época es, tendríamos dificultades para saber de que año data esta cinta, y si nos dicen que es de 2000, puede hasta colar. Solo “puede” porque los efectos pobretones de hilos y Chromas, cantan por soleares a ochenterismo.
Sea como fuere, la película funciona perfectamente. Una combinación de fantasía y terror que, a pesar de que al final se queda a medio camino de cada género quedándose muy aséptica en uno, y excesiva en el otro, funciona a la perfección porque al fin y al cabo está todo muy bien combinado.
Aunque se rodó en 1989, la película no vio la luz hasta bien entrado 1991, porque, con esta ya terminada, su productora, la “New World”, quebró, con lo que se quedó sin estrenar hasta que , más modesta,  “Trimark” se hizo con los derechos de explotación y la estrenó, convirtiéndose en un pequeño éxito y en una cinta de culto. En nuestro país, apenas congregó a 150.000 espectadores de la época en los cines, pero si que funcionó, siendo un bombazo, en los videoclubes, convirtiéndose esta en un clásico del cine alquilado.
De hecho, generó dos secuelas “Warlock: the Argameddon” de 1992, también con Julian Sands de protagonista –como en esta- y dirigida por el simpático Anthony Hickox, y “Warlock III”, bastante tardía, de 1999, sin Julian Sands que sería sustituido como Warlock por Bruce Payne (¿), y que en nuestro país al menos (y en los USA en el caso de la tercera) saldrían directas para el mercado del vídeo.
Junto a Sands (Visto en “Mi obsesión por Helena” o “Leaving Las Vegas”) tenemos en el reparto a gente de la calaña de Lori Singer (sobretodo, reconocible por su papel en la serie “Fama” y luego ya por cosas como “Footloose” o “El hombre del zapato rojo” para luego no hacer nada más destacable), Richard Grant (con muuuuchos papeles secundarios en su carrera, por ejemplo, “Spice World” (Je¡)) o Mary Woronov .
A Steve Miner ustedes ya le conocen de sobra, quiero creer; además de la dos y la tres de Viernes 13, también dirigió “Harvard: Movida Americana”, “Eternamente Joven” y hasta “Mi padre ¡que ligue!” entre otras cosas que descubrirán sin pinchan al enlace al que lleva su nombre.
Para terminar, decir como anécdota que “Warlock, el brujo” es una de esas películas que en los USA les cuelgan el San Benito de “peligrosas” porque algún loco comete algún asesinato tras verla; en este caso, dos niños despellejaron a otro para, al igual que Warlock, poder volar consumiendo su grasa. Cosas que pasan.
Muy maja.

jueves, 17 de junio de 2010

DÍAS DE GLORIA

La primera vez que vi el cartel (o la portada del soundtrack) de esta peli, me llamó poderosamente la atención. Ben Affleck, con cresta punkera y camiseta del "Hate" de Peter Bagge en un film cuya banda sonora contenía temas de bandas como "The New Bomb Turks", "Circle Jerks", "Bad Religion" u otras era, no se, algo poco habitual. Muy interesante, desde luego. Pero en aquellos "tiempos" no logré localizarla, así que me quedé con las ganas. Poco después la echaron por la tele, pero yo, que ni lo sabía, únicamente pillé los últimos minutos, justo antes del "The End". ¡Vaya por dios!, ¿es que nunca podría llegar a verla íntegra?, porque además, y a pesar de su prota -y reparto-, "Días de gloria", o "Glory Daze" en su país de origen, era un film algo oscuro, del que no solían hablar mucho ni tener demasiado en cuenta. Finalmente, ayer me la pude tragar entera, cual prostituta, y oye, no puedo decir que me defraudara.
Bien, hasta cierto punto podemos decir que esta es la peli oficial, el retrato generacional, del revival punk de los 90... o mejor, del boom punk-pop/Hardcore melódico que asoló las listas de éxitos (¿indies?) en aquellos tiempos. El punk de "Epitaph" o, mejor, el punk de MTV. Sus protas, especialmente el personaje de Affleck, son fiel reflejo de aquella tendencia, punkito universitario de clase media que habita los suburbios y luce camisetas/gorras con los emblemas de "Alternative Tentacles", "NOFX" o "Nomeansno". Sin contar que, como decía, la banda sonora está repleta de grupos del momento (no olvidemos que, por fuera de lugar que parezcan estar "The New Bomb Turks", eran parte del catálogo de "Epitaph") y, sí, su director, Rich Wilkes, luce orgulloso su cresta azúl en IMDB y, como guionista, es reponsable de otros films con el punk, o alguna clase de rock de tirón enérgico, en su trama, como son "Cabezas Huecas", "The Jerky Boys" o "Punk like me" (documental que se desarrolla en un sitio tan común para esa clase de música como eran las Warped Tours!). Curioso.
A pesar de las comparaciones con "Desmadre a la americana", "Días de gloria" no es exactamente una comedia... y si tiene algo de ello, no se puede decir que sea muy desmadrada. En realidad se trata más de un drama, de cómo un grupo de estudiantes apunto de graduarse entran en pánico cuando ven que van a tener que enfrentarse al mundo real. Comienzan a dudar, a comerse la olla y a intentar recuperar el pasado. Todo ello sin una trama propiamente dicha, sin una historia en el sentido estricto del término, más bien a base de retazos de vivencias varias. Por cierto, dos cosas curiosas, uno de los personajes es dibujante de comics y aunque hay mucha birra, y algún símbolo propio de porreros, en realidad el consumo de drogas es totalmente ignorado durante toda la peli. No es que me parezca ni mal ni bien, pero me llama la atención.
Sin embargo, lo realmente "fuerte" de este film es su reparto, repleto de nombres hoy conocidos pero que, entonces, comenzaban a despegar. A un Ben Affleck pre-"Mallrats"/"Persiguiendo a Amy" podemos sumarle a Sam Rockwell, Alyssa Milano, John Rhys-Davies (que para variar, no se enfrenta a ningun animal mutante), la cult-star Mary Woronov, a Matthew McConaughey y Brendan Fraser en papeles enanos, Matt Damon directamente sin frase alguna, la guapa y desaprovechada Meredith Salenger (la viste en "El Beso" y "El pueblo de los malditos") y, esta sí que es curiosa, Alfred Sole, director de "Alice Sweet Alice" y "Pandemonium", en un cameo muy bizarro. Lo que yo os decía, un reparto inusual.
El caso es que la peli me gustó, sí señores, me entretuvo, me identifiqué con algunas de las dudas existenciales que plantea y me recordó al Kevin Smith de los "buenos tiempos". Merece verse.

viernes, 20 de noviembre de 2009

THE HOUSE OF THE DEVIL / LA CASA DEL DIABLO

Compañeros, hoy arranco con disculpas... sinceras disculpas a aquellos que me recomendaban "The house of the devil"... disculpas a su director, Ti West.... disculpas a todos ellos por negarme a creer que tras un trailer tan soso y una estrategia aparentemente -solo aparentemente- tan cansina como el homenaje al cine de los 70 (y un poco los 80), podía esconderse una buena película. ¿Buena?... no.... ¿muy buena?... tampoco... yo diría que excelente, y uno de los mejores films que he visto en este último año.
Sí, "The house of the devil" es un tributo a esas décadas que decía... por su maravilloso póster, su título, su trama (el satanismo era algo muy de moda en los 70), sus créditos, su música, su ambientación, su atrezo, su tempo... ¡¡TODO!!... la gran diferencia entre, por ejemplo, Ti West y "Grindhouse" es que el primero no necesita recargadas parafernalias ni efectos digitales para lograrlo... West consigue su propósito de modo honesto, recreando aquel cine desde el corazón, sin reírse de el, sin verlo como "algo raro y nostálgico"... simplemente adopta sus señas de identidad del modo más natural. ¿El truco?, desprender de estridencias narrativas y estéticas a su película, dejarse de enrevesadas monsergas, giros retorcidos o efectos llamativos y limitarse a contar una historia del modo más simple, sencillo, básico y directo del mundo... sin importarle una mierda que el público impaciente se canse, ni si su modo reposado de rodar (olvídense de la estética videoclipera o, por supuesto, de efectos digitales) está pasado de moda. Ti West no pretende quedarse con nadie, ni ir de listo, ni aprovecharse de modas.
Una chica es requerida por una extraña familia para que haga de canguro de una misteriosa anciana. Sobra decir que las intenciones de estos poco tienen de normales, algo que la moza irá descubriendo poco a poco para su mayor horror.
"The house of the devil" hace gala de todas las virtudes del buen terror. La historia se desarrolla en una sola noche. Los personajes, los justos. Todo en ella es muy contenido, muy sobrio y ni sobra ni falta nada. Es regocijante el extenso tramo de metraje dedicado a contarnos lo mucho que se aburre la canguro, y las tonterías que hace para evitarlo. Y lo cojonudo es que, a diferencia de ella, nosotros no perdemos interés ni bostezamos, todo lo contrario, esa tranquilidad nada natural, ese suspense, resulta altamente inquietante y no apartamos los ojos de la pantalla. Eso es saber llevar el tempo con maestría.
Luego, los hechos terroríficos comienzan a sucederse, y lo hacen sin más complicaciones, ni explicaciones innecesarias, sin perder el tiempo, yendo al grano porque tampoco hace falta más. Lo dicho, en su justa medida. Tan justa, y tan perfecta, como el desenlace.
A Ti West (director, guionista y montador. Responsable también de "Cabin Fever 2"), le acompañan el "horror auteur" Larry Fessenden en tareas de producción y un reparto muy "cult", Tom Noonan, Mary Woronov o Dee Wallace, con la guapísima Jocelin Donahue protagonizando el lío.
"The House of the devil" es un auténtico regalo para los fans del horror... una vuelta real (y leal) a un modo de asustarnos que se ha perdido, con sus dosis de gore pero sin excesos, integrado en la trama y necesario, una auténtica joya que desde aquí recomiendo de todo corazón.

sábado, 16 de julio de 2022

ROCK´N´ROLL HIGH SCHOOL

Si existe una lista de genuinas "cult movies", sin duda "Rock´n´Roll High School" entra de cabeza. Me refiero a la época en la que dicha etiqueta se aplicaba de manera justa, lógica y medida. No como ahora, que es de culto hasta el vídeo de tu abuela pelando patatas. Llevaba años deseando verla. Sin éxito. Incluso lo intenté en versión original a pelo, pero claro, fue un fracaso. Imagínense el sorpresón que supuso descubrirla el otro día, subtitulada, en una tele de esas de pago. No tardé nada en ponérmela entera.
¿Y por qué es de culto? Pues por varias razones. Entre ellas, quien está implicado en su creación y, por supuesto, en torno a qué famosa banda de rock and roll gira la trama. La cosa va de una chica llamada "Riff Randell" que es mega-fan de... ¡los "Ramones"! Su fanatismo choca de frente con la mojigatería y autoridad de la nueva directora en el insti, quien trata por todos los medios de poner fin al mismo rock and roll. Lo pagará caro el día que los alumnos se reboten y se hagan con la escuela al completo, para lo que contarán con ayuda de los mismísimos Joey, Johnny, Dee Dee y Marky.... Ramone, claro.
"Rock´n´Roll High School" es una comedia musical. Al estar fechada un año después del mega-hit "Desmadre a la americana", toma buena nota de aquella... especialmente en lo concerniente a ese fabuloso cartel descaradamente copiado -y muy bien- por el ultra talentoso William Stout, diseñador de producción en "El regreso de los muertos vivientes", del que ilustraba el clásico de John Landis. El humor, aunque a ratos estudiantil y gamberro, también se apunta un poco a cierto "spoof", cierto absurdismo (¿podríamos hablar aquí de influencia de "Made in USA"? podríamos... pero no lo creo) Lo que no encontrarán son tetas. Sí porros, sí coñas a costa de mal trato animal... pero el sexo se limita a una subtrama, totalmente prescindible, en la que el chico guapo del insti es un auténtico inútil a la hora de comunicarse con las chicas (giro original) y vive acomplejado + virgen. La historia que realmente nos importa es la de "Riff Randell" y su pasión por el cuarteto neoyorquino. Y son las escenas en las que suenan canciones de estos o, directamente, los vemos a ellos tocarlas (o interpretar fatalmente, con Marky y Dee Dee mirando a cámara en alguna que otra ocasión) cuando realmente disfrutamos. Obviamente, si los "Ramones" no te van, te quedarás frío. Pero si, como yo, los aprecias, pasarás un rato maravilloso canturreando sus clásicos. De hecho, me ha sorprendido lo mucho que los he vuelto a gozar cuando daba por sentado que, al tenerlos tan sobados, no me dirían nada. Craso error. Todo ello envuelto en un tono extremadamente loco, caótico, refrescante y muy divertido. Casi parece una película de los buenos tiempos de la Troma. Y no me extrañaría ni pizca que esta hubiese tomado buena nota de ella, ya que el parecido entre el desmadre de "Rock´n´Roll High School" y el de "Mutantes en la universidad" resulta indiscutible. Ambas parecen una fiesta filmada, antes que una película propiamente dicha.
Y detrás de todo esto encontramos una ristra de nombres que quitan el hipo, comenzando por el productor, Don Roger Corman que, parapetado tras su flamante "New World Pictures", quería hacer una película sobre música disco. Fue el director, Allan Arkush, quien le convenció para apostar por el rock dinámico y cafre de los "Ramones". Arkush dio forma al proyecto con ayuda de su querido amigo Joe Dante, presente en los agradecimientos, como co-autor de la "story" y en formato cameo haciendo de policía, al ladito de su inseparable Dick Miller. La carrera de Arkush -también efectuando su respectivo cameo, como portero de un concierto- ha durado hasta hoy, aunque más focalizada en la televisión. Antes, dirigió cosas tan peculiares como "Hollywood Boulevard" (junto a Dante), "Deathsport / El juego de la muerte", "Heartbeeps" (con Andy Kaufman), "Get Crazy" o "El club de los chalados 2" (su última película-película)
El reparto tampoco tiene desperdicio alguno: P.J.Soles (de "La noche de Halloween", "Carrie", "El pelotón de los chiflados" y "Alienator"), Vincent Van Patten (de "Noche Infernal"), Clint Howard como el listillo/golfo de la escuela, Dey Young (que acabaría haciendo papeles tontos en películas tan curiosas como "Spaceballs", "Perseguido", "La serpiente y el arco iris" o "Ríete como puedas", ese ignoto vehículo para Michael Winslow), los inseparables Mary Woronov + Paul Bartel, ella como la dictatorial directora del insti, él como impagable estirado profe de música clásica mutado a fan de "Ramones" y, finalmente, el DJ Don Steele (de "La carrera de la muerte del año 2000", "Gremlins" y "¿Y si nos comemos a Raul?"). Entre los asistentes al concierto de "Ramones" encontramos gentes del calibre de Arturo Vega (famoso diseñador del logo de la banda, ese que ahora lleva todo dios en la camiseta) o el mismísimo cantante de los "Germs", el monguito Darby Crash. Tras las cámaras también abundan los nombres de peso. El reputadísimo Dean Cundey se encarga de la dirección fotográfica. Y en tareas de asistente o director de segunda unidad tenemos al -entonces- futuro productor de "Piraña", "Aterriza como puedas", "En los límites de la realidad", "Top Secret!", "Robocop" o "Starship Troopers", Jon Davidson. Le acompañan el mismísimo Jerry Zucker de los ZAZ (la conexión entre esta gente y la peli reseñada es indiscutible... habría que ver quien inspiró a quien, cuanto y de qué manera) y el gran Rob Bottin diseñando (y encarnando) a un ratón gigante en uno de los gags más tontos de toda la película (fíjense que muchos de estos caballeros volverían a coincidir en futuros títulos generalmente míticos. No hay nada como hacer buenos amigos. Solo que, en este caso, el amiguismo se compensaba con sobrado talento... casi lo opuesto a lo habitual, sobre todo si hablamos de cine patrio)
Dada la naturaleza musical de "Rock´n´Roll High School" la banda sonora es, obviamente, impepinable (llegué a disponer de ella en vinilo, aunque creo que fue, sobre todo, por la cubierta) Además de muchos temas de "Ramones", destacan otros tantos de Chuck Berry, Alice Cooper, Devo, "Eddie and the Hot Rods", Fleetwood Mac, Nick Lowe, Paul McCartney & the Wings, "MC5", Todd Rundgren y Brian Eno. ¡¡Tremendo!!
Porque Corman es Corman, y no puede evitarlo, llegó a reciclar algunas imágenes del film en "Slumber Party Massacre 2" (donde las protas lo ven por la tele, aunque con unas canciones mucho más ñoñas como fondo sonoro) y en 1991 produjo una secuela directa, "Rock´n´Roll High School Forever". Gracias a su nulidad, se la señala como la razón de que la carrera de su protagonista, Corey Feldman, comenzara un imparable declive.
En definitiva, que tras tanta espera no me he sentido defraudado.  "Rock´n´Roll High School" está un rato simpática, y entretiene sobre todo en su tramo final. Fans y simpatizantes de "Ramones", no perdérsela.