Cuando la Cannon, de puro resultona, consiguió que una potente major como Metro Goldwin Mayer se hiciera cargo de la distribución en cines de su catálogo en ciernes, era de esperar que, tarde o temprano, Menahem Golan y Yoran Globus la cagasen por el camino. Y es que los entrañables israelíes ponían sobre la mesa los cojones y las excentricidades por encima de la razón. Ahora, tampoco perdamos de vista el matrimonio formado por John Derek y Bo Derek cuyo modus operandi no era otro que el exhibicionismo y el retraso mental —no hay que olvidarse de que Bo Derek es a día de hoy un icono del cine, pero lo es por guapa, no por talentosa—, atributos estos con los que se rodaron cuatro películas que vistas hoy, sin duda resultan obras maestras del descerebre. Cualquiera diría que estaban dirigidas por un orangután en celo y protagonizadas por tres kilos de ternera. “Bolero” es el máximo exponente de todo esto que digo y el motivo por el que Frank Yablans de Metro Goldwin Mayer rescindió su importante contrato de distribución con Cannon, al querer mantener el nombre de su compañía bien alejado de esta caterva de deficientes mentales con ínfulas artísticas.
“Bolero” en sí misma es un despropósito. Se trata de un drama de aventuras de corte erótico, con los ojos puestos en los clásicos de los 70 (“Emmanuelle” y demás) que, ambientado en los años 20, cuenta una historia que realmente importa un pijo; Una mujer adinerada, víctima de la más pura represión en su educación, se despendola al graduarse y emprenderá, junto a una amiga y su chófer, un viaje por el mundo con el fin de encontrar al maromo que habrá de desvirgarla, siendo los principales aspirantes un jeque árabe —que la embadurna en miel y, teniéndola cachonda perdida, se queda dormido antes de penetrarla—, y un torero andaluz con muchas propiedades que se la folla al amanecer e incluso llega a enamorarla, sin embargo cuando mejor van las cosas, le coge un toro y le deja impedido de cintura para abajo, lo que hará plantearse a nuestra protagonista si merece la pena estar con un hombre que no puede darle placer. En lo sucesivo, intentará seducirle montando a caballo en pelotas para ver si así se le endereza la cosa al hombre. Mientras, el jeque árabe intentará secuestrarla y llevársela consigo con el fin de penetrarla, pero no lo conseguirá porque el chófer de nuestra protagonista es más bruto que un arado y detiene con sus manos desnudas el avión donde el jeque pretende llevarse a nuestra amiga. ¿Suena bien, eh? Pues vista es todavía mejor.
Se trata de una de las películas más ridículas de la historia, con los diálogos más estúpidos escritos por mano humana, pero además de todo eso, y de su ostentosa pompa, el contenido erótico roza el porno soft. La mera excusa de la existencia de la película, además, es eso, mostrar el palmito de Bo Derek y poder verla hacer el amor con galanes latinos buscados ex profeso para que hagan juego con la diva. Quizás a día de hoy esas secuencias resulten más horteras que pornográficas, pero en 1984 quizás si eran motivo de algarabía.
El caso es que durante la concepción de la cinta, Menahem Golan no paraba de sugerir tanto al director John Derek, como a su esposa, que rodaran escenas eróticas más explícitas, cosa esta a la que los Derek se negaron porque, ir más lejos de lo que habían rodado era ya entrar en terrenos de porno hardcore, por lo que se negaron a meter más folleteo a una película que ya era todo el rato eso. Como fuere, antes de su exhibición en cines, se le preparó un pase de prueba de la película a Frank Yablans que al verla quedó horrorizado, no solo por el alto contenido erótico, sino por la gilipollez que en sí era. Además, la junta de censores otorgaría a la película una “X” como una catedral, lo que reduciría la exhibición de esta a cines porno. Yablans sugirió así a Golan que cortara material erótico para poder exhibirla en cines normales, cosa a la que este se negó y, en consecuencia, Metro Goldwin Mayer se negó a distribuir la película.
Menahem Golan no se amilanó con la decisión de Yablans y la solución que tomó fue estrenarla él mismo bajo distribución de la propia Cannon, como ya había hecho antes del acuerdo con metro, y para que no le encasquetasen una X, decidió estrenarla sin calificación alguna. Haciendo esto, incumplía partes de las cláusulas del contrato de distribución con Metro, por lo que Yablans se acogió a eso para rescindir su contrato y, ya de paso, quitarse a esta puta gente de encima. Cannon siguió después operando por su cuenta y riesgo.
“Bolero”, que tuvo una campaña de promoción brutal para ser una película sin calificar, a duras penas consiguió recuperar sus costes, siendo un fracaso total y absoluto no solo de público, sino también de crítica, consiguiendo en su carrera nueve nominaciones a los premios razzie de los cuales se llevó seis. Asimismo, a día de hoy es una película de absoluto culto, como pueden serlo todas las ejecutadas por los Derek.
El caso es que, estúpida y vergonzante como es, está un rato entretenida precisamente por estúpida y vergonzante, y resulta imposible no descoyuntarse de la risa en escenas como la del jeque árabe lamiendo el cuerpo embadurnado de miel de Bo Derek, que más que provocar excitación provoca asco, o cuando el personaje del pobre George Kennedy intenta parar una avioneta que va a despegar con sus propias manos. Lo cierto es que cada cinco minutos viene algo, ya sea una escena risible, ya sea un dialogo subnormal, que convierten “Bolero” en una cinta altamente disfrutable. Y los pajilleros que no sean excesivamente tontos, obtendrán el doble de disfrute, si es que son capaces de centrarse un poquito en la película y tener las manos quietas.
Otro de los disparates es contar con la presencia de Olivia d’Abo, que se despelota cada dos por tres teniendo en el momento del rodaje ¡¡13 años de edad!!
Como parte de la película se desarrolla en España, el reparto tiene una gran presencia española, así que, junto a Bo Derek y el anteriormente mentado George Kennedy, tenemos a una jovencita Ana Obregón que se buscaba la vida en los USA como buenamente podía —y que participó en una serie de películas, durante su carrera como actriz, a mi juicio estupendas— y a la que también se le concede una escena erótica, así como tenemos pequeños papeles para Mirta Miller, que se encargará de meterse en la cama con el bueno de Kennedy o la perra Mary, esa perrita deliciosa que salía en todas las películas españolas de la época y que dio vida al perro Superman en las películas de Parchís.
En un principio el papel de Ángel, el galán andaluz, estaba previsto que lo interpretara Fabio Testi, pero tenía una especie de afección cutánea muy visible que era difícil de camuflar con el maquillaje, por lo que pronto fue sustituido por Andrea Occhipinti, galán italiano que tiene cierta retirada a Hugh Jackman y al que hemos podido ver en cosas tan populares como “El destripador de Nueva York” o “Cuchillos en la oscuridad”.
John Derek, después del fracaso, rodaría alguna película más al servicio de su esposa, quizás más descerebrada incluso que esta, pero de eso ya hablaremos en otra ocasión, porque pienso verme toda la filmografía de este matrimonio que permaneció unido, no obstante, hasta el fallecimiento de él en 1998.
“Bolero” es una película que en su momento era “muy de padres”, porque estaba destinada mayormente al público adulto. Bien; recuerdo a la perfección a mis señores padres viniendo del cine y echando pestes de la película tras verla. A mí, me encanta.
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viernes, 10 de junio de 2022
viernes, 16 de mayo de 2008
EL RETORNO DEL JUSTICIERO
Una auténtica ensalada de títulos en nuestro país para la que es la peor, con inmensa diferencia, de la saga: "Yo soy la justicia 5", "Yo soy la justicia 3", "Justicia Callejera 5", "El rostro de la muerte" o aquel por el que yo me he decantado, "El retorno del justiciero".Un triste final para una de las franquicias más salvajes y divertidas de la historia del cine, con un Charles Bronson de 73 años perdiendo, como no, a su novia de treinta y pocos a manos de su ex marido y, por consecuencia, la venganza de Paul Kersey.
Es muy mala, muy indigna, demasiado telefilmesca.
La "Cannon" en 1994 ya estaba muerta y enterrada, pero Menahem Golan, ya sin Yoram Globus, creó una productora que seguía los pasos de aquella, aunque no facturaba más que mierda, "21st Century Film Corporation". Y en su afán por ganar pasta, a Golan no se le ocurrió otra idea que resucitar a Paul Kersey en esta innecesaria secuela, que está a años luz de cualquiera de sus antecesoras. Para ello, encargó al director Allan A. Goldstein su realización. Este hombre es un artesano cuya mayor virtud es la negación absoluta, y si os digo que es el director de ponzoñas como "Snake Man" o "2001: Despega como puedas", os podéis imaginar el tipo de factura que tiene esta peli.
Obviamente, en los noventa ni Charles Bronson, ni los justicieros, estaban de moda. Aunque da igual. La peli transcurre de manera hiper aburrida, dan ganas incluso de quitarla, pero es el cariño por el personaje lo que te impulsa a sufrirla hasta el final. Además, bien hecho, porque este lo único destacable, con Kersey dando cuenta de los malos de mil maneras diferentes. Boquiabierto me quedé al ver a uno de los malos en una trituradora, convertido a continuación en carne picada (como en "El Exterminador", pero con menos gracejo).
Es muy mala, muy indigna, demasiado telefilmesca.
La "Cannon" en 1994 ya estaba muerta y enterrada, pero Menahem Golan, ya sin Yoram Globus, creó una productora que seguía los pasos de aquella, aunque no facturaba más que mierda, "21st Century Film Corporation". Y en su afán por ganar pasta, a Golan no se le ocurrió otra idea que resucitar a Paul Kersey en esta innecesaria secuela, que está a años luz de cualquiera de sus antecesoras. Para ello, encargó al director Allan A. Goldstein su realización. Este hombre es un artesano cuya mayor virtud es la negación absoluta, y si os digo que es el director de ponzoñas como "Snake Man" o "2001: Despega como puedas", os podéis imaginar el tipo de factura que tiene esta peli.
Obviamente, en los noventa ni Charles Bronson, ni los justicieros, estaban de moda. Aunque da igual. La peli transcurre de manera hiper aburrida, dan ganas incluso de quitarla, pero es el cariño por el personaje lo que te impulsa a sufrirla hasta el final. Además, bien hecho, porque este lo único destacable, con Kersey dando cuenta de los malos de mil maneras diferentes. Boquiabierto me quedé al ver a uno de los malos en una trituradora, convertido a continuación en carne picada (como en "El Exterminador", pero con menos gracejo).
Como ocurría en las entregas precedentes, el final queda abierto... sin embargo, esta es la fue la ultima aparición real de Paul Kersey. Charles Bronson moriría 9 años después, durante los que le dio tiempo de protagonizar las tres entregas de los telefilms "Familia de policías". Que buen puñado de pelis nos dejó este hombre (salvo la reseñada, claro).
Como nota discordante, ni tan siquiera la muerte del astro impidió que, en su delirio, Menahem Golan se planteara una sexta entrega protagonizada por ¡¡el hijo de Paul Kersey!! Afortunadamente, la cosa quedó solo en una (mala) idea.
Como nota discordante, ni tan siquiera la muerte del astro impidió que, en su delirio, Menahem Golan se planteara una sexta entrega protagonizada por ¡¡el hijo de Paul Kersey!! Afortunadamente, la cosa quedó solo en una (mala) idea.
lunes, 6 de junio de 2022
UNA BALA PARA EL NÚMERO UNO
“Una bala para el número uno” tiene un asombroso parecido argumental y estético con una de las buddy movies más populares de los 80, “Arma letal”, y mientras la veía recientemente por primera vez, llegó a pasárseme por la cabeza que esta película no era más que un vulgar exploit tratando de canibalizar el éxito de la película de Richard Donner. Sin embargo, a no ser que el guion se filtrase en los despachos de la Cannon previamente a rodar “Arma letal” (tal y como ocurriera con "Rambo" - "Desaparecido en combate"), no puede ser más que una más de tantas coincidencias existentes en el mundo del cine, teniendo en cuenta que “Una bala para el número uno” se estrenó en las salas de USA a finales de febrero, mientras que “Arma letal” lo hizo un par de semanas después en Marzo de 1987.
Pero mientras que “Arma letal” es buena, “Una bala para el número uno” es más bien ratonera. Y es que, al que se le ocurrió que Robert Carradine podría ser un buen candidato a héroe de acción, habría que matarle. Tampoco tiene química alguna con su partenaire Billy Dee Williams, el poli negro que responde a todos los estereotipos del poli negro en las buddy movies de segunda regional.
Cuenta la historia de un policía violento, irracional y excesivo, Nick Barzack (Carradine), que anda tras la pista de un poderoso narcotraficante llamado Da Costa, en un caso que nunca se acaba de cerrar. En la otra mano tenemos a su compañero Hazeltine, cabal, culto, seductor y músico de jazz en sus ratos libres (Dee Williams). El primero está traumado tras su separación matrimonial y en consecuencia hace la vida imposible a su ex y espanta todos los ligues del segundo.
Un buen día su departamento les encarga resolver un caso de drogas y nuestros hombres comenzarán con la investigación jugándose el pellejo en un buen montón de situaciones, hasta que, lo que descubren, no les hará demasiada gracia…
Todo esto a ritmo de disparos de escopeta, persecuciones aéreas o a pie de calle, mientras en la mejor tradición buddy movie sueltan chascarrillos en los momentos más inoportunos. Casi parece una película concebida para James Belushi. ¿Coincidencia? En absoluto. Tras “El Rector” la Cannon le había echado el ojo a Belushi ya que el tipo de películas que él estaba protagonizando para los estudios encajaba como anillo al dedo en el tipo de productos que, como churros, facturaba la Cannon. Golan y Globus contrataron al actor con la idea de fabricarle una película a la medida, así que se pusieron manos a la obra dejándose asesorar por Belushi que, como se trataba de una película con la que colaboraría estrechamente, metería mano en el guion adaptando los diálogos a su propia manera de actuar, por lo que firmaría un crédito por el guion junto a los demás guionistas. Sin embargo, pronto los estudios llamarían de nuevo a la puerta del actor ofreciéndole un pastelito que no podía rechazar, un co-protagonista junto a Arnold Schwarzenegger en “Danko: Calor rojo” que, a posteriori, resultaría uno de los títulos gordos de su filmografía, así que dejó tirados a los chicos de Cannon con un proyecto concebido a su medida en el que él no estaría. Esto no amilanó a Menahem Golan que continuó adelante contratando a un director del Hollywood clásico, Jack Smight, también reputado realizador televisivo que en décadas anteriores había rodado películas tan célebres como “Harper, detective privado” o “El hombre ilustrado”. Smight tenía idea de hacer esta película con un joven actor que le parecía muy bueno llamado Denzel Washington, pero Golan rechazó la incorporación de este por ser un completo desconocido, ya que quería estrellas para la película. Así, las más asequibles eran Billy Dee Williams, que venía de interpretar a Lando Calrissian en la franquicia de “Star Wars”, y Robert Carradine, que venía de otra franquicia, la de “La revancha de los novatos”. Según Golan, estos actores eran los ideales por sus asumibles cachés y porque ambos eran reconocibles para el gran público. Sin embargo, Robert Carradine, con esa pinta de tontorrón, esa nariz y esa dentadura enorme y descolocada, es la antítesis del héroe de acción, vamos, que no pega ni con cola en una película de persecuciones y tiros. Obviamente, nadie peor para hacer de tipo duro y por momentos roza lo ridículo. Como decía alguien en alguna opinión de las que he leído en Internet, parece que estemos viendo al Lewis de “La revancha de los novatos” estando muy cabreado.
Billy Dee Williams es mucho más solvente y queda bastante mejor en su papel, pero asimismo está desangelado y como con ganas de cobrar el cheque y largarse de allí lo antes posible. Del resultado de “Una bala para el número uno”, dice su director, que es una película muerta al nacer. Y se convirtió en una de las más ninguneadas y menos vistas de Cannon, que en nuestro país se estrenaría directamente en vídeo. No fue una cosa que dejara temblando a la factoría ya que, aunque no la vio demasiada gente, contó con un presupuesto nimio de 410.000 dólares… así que los comido por lo servido.
Sin embargo, se trata de una película que sin llegar a ser mala del todo (cutre sí, barata también, exagerada, poco creíble…), a mí me ha caído en gracia porque, en resumidas cuentas, está entretenidilla, y uno no puede parar de reírse en secuencias como cuando van nuestros protagonistas en avioneta para trasladar a un delincuente y un helicóptero les derriba, tomando Robert Carradine los mandos de la avioneta y haciéndola aterrizar sin ningún tipo de problemas, pese a ser su personaje policía y no piloto… o cuando este se infiltra en una feria mexicana y lo hace vestido de mujer con la intención de cazar a un delincuente que también está vestido de mujer. El resultado hace que, más que una película de acción, parezca que estemos viendo un sketch de Martes y 13. Así que, sí, pasamos hora y media bien hilarante.
Por cierto, el título original reza “Number one with a bullet”, cuya traducción literal sería “Número uno con una bala”. Esta es una especie de frase hecha yankie, una expresión muy utilizada en la calle y que vendría a identificar a alguien que destaca por encima de los demás en algo concreto. Algo así como llamar a alguien “el puto amo”. Como esa expresión tiene difícil traducción, los señores de Izaro Films, que se encargaban de la distribución de películas Cannon en España, le pusieron un título que anula todo el sentido a la frase hecha, pero que queda de lo más fardón: “Una bala para el número uno”, vamos, que coloquialmente podríamos entender que al mejor de todos, el número uno, se lo van a cargar de un disparo. También mola.
Pero mientras que “Arma letal” es buena, “Una bala para el número uno” es más bien ratonera. Y es que, al que se le ocurrió que Robert Carradine podría ser un buen candidato a héroe de acción, habría que matarle. Tampoco tiene química alguna con su partenaire Billy Dee Williams, el poli negro que responde a todos los estereotipos del poli negro en las buddy movies de segunda regional.
Cuenta la historia de un policía violento, irracional y excesivo, Nick Barzack (Carradine), que anda tras la pista de un poderoso narcotraficante llamado Da Costa, en un caso que nunca se acaba de cerrar. En la otra mano tenemos a su compañero Hazeltine, cabal, culto, seductor y músico de jazz en sus ratos libres (Dee Williams). El primero está traumado tras su separación matrimonial y en consecuencia hace la vida imposible a su ex y espanta todos los ligues del segundo.
Un buen día su departamento les encarga resolver un caso de drogas y nuestros hombres comenzarán con la investigación jugándose el pellejo en un buen montón de situaciones, hasta que, lo que descubren, no les hará demasiada gracia…
Todo esto a ritmo de disparos de escopeta, persecuciones aéreas o a pie de calle, mientras en la mejor tradición buddy movie sueltan chascarrillos en los momentos más inoportunos. Casi parece una película concebida para James Belushi. ¿Coincidencia? En absoluto. Tras “El Rector” la Cannon le había echado el ojo a Belushi ya que el tipo de películas que él estaba protagonizando para los estudios encajaba como anillo al dedo en el tipo de productos que, como churros, facturaba la Cannon. Golan y Globus contrataron al actor con la idea de fabricarle una película a la medida, así que se pusieron manos a la obra dejándose asesorar por Belushi que, como se trataba de una película con la que colaboraría estrechamente, metería mano en el guion adaptando los diálogos a su propia manera de actuar, por lo que firmaría un crédito por el guion junto a los demás guionistas. Sin embargo, pronto los estudios llamarían de nuevo a la puerta del actor ofreciéndole un pastelito que no podía rechazar, un co-protagonista junto a Arnold Schwarzenegger en “Danko: Calor rojo” que, a posteriori, resultaría uno de los títulos gordos de su filmografía, así que dejó tirados a los chicos de Cannon con un proyecto concebido a su medida en el que él no estaría. Esto no amilanó a Menahem Golan que continuó adelante contratando a un director del Hollywood clásico, Jack Smight, también reputado realizador televisivo que en décadas anteriores había rodado películas tan célebres como “Harper, detective privado” o “El hombre ilustrado”. Smight tenía idea de hacer esta película con un joven actor que le parecía muy bueno llamado Denzel Washington, pero Golan rechazó la incorporación de este por ser un completo desconocido, ya que quería estrellas para la película. Así, las más asequibles eran Billy Dee Williams, que venía de interpretar a Lando Calrissian en la franquicia de “Star Wars”, y Robert Carradine, que venía de otra franquicia, la de “La revancha de los novatos”. Según Golan, estos actores eran los ideales por sus asumibles cachés y porque ambos eran reconocibles para el gran público. Sin embargo, Robert Carradine, con esa pinta de tontorrón, esa nariz y esa dentadura enorme y descolocada, es la antítesis del héroe de acción, vamos, que no pega ni con cola en una película de persecuciones y tiros. Obviamente, nadie peor para hacer de tipo duro y por momentos roza lo ridículo. Como decía alguien en alguna opinión de las que he leído en Internet, parece que estemos viendo al Lewis de “La revancha de los novatos” estando muy cabreado.
Billy Dee Williams es mucho más solvente y queda bastante mejor en su papel, pero asimismo está desangelado y como con ganas de cobrar el cheque y largarse de allí lo antes posible. Del resultado de “Una bala para el número uno”, dice su director, que es una película muerta al nacer. Y se convirtió en una de las más ninguneadas y menos vistas de Cannon, que en nuestro país se estrenaría directamente en vídeo. No fue una cosa que dejara temblando a la factoría ya que, aunque no la vio demasiada gente, contó con un presupuesto nimio de 410.000 dólares… así que los comido por lo servido.
Sin embargo, se trata de una película que sin llegar a ser mala del todo (cutre sí, barata también, exagerada, poco creíble…), a mí me ha caído en gracia porque, en resumidas cuentas, está entretenidilla, y uno no puede parar de reírse en secuencias como cuando van nuestros protagonistas en avioneta para trasladar a un delincuente y un helicóptero les derriba, tomando Robert Carradine los mandos de la avioneta y haciéndola aterrizar sin ningún tipo de problemas, pese a ser su personaje policía y no piloto… o cuando este se infiltra en una feria mexicana y lo hace vestido de mujer con la intención de cazar a un delincuente que también está vestido de mujer. El resultado hace que, más que una película de acción, parezca que estemos viendo un sketch de Martes y 13. Así que, sí, pasamos hora y media bien hilarante.
Por cierto, el título original reza “Number one with a bullet”, cuya traducción literal sería “Número uno con una bala”. Esta es una especie de frase hecha yankie, una expresión muy utilizada en la calle y que vendría a identificar a alguien que destaca por encima de los demás en algo concreto. Algo así como llamar a alguien “el puto amo”. Como esa expresión tiene difícil traducción, los señores de Izaro Films, que se encargaban de la distribución de películas Cannon en España, le pusieron un título que anula todo el sentido a la frase hecha, pero que queda de lo más fardón: “Una bala para el número uno”, vamos, que coloquialmente podríamos entender que al mejor de todos, el número uno, se lo van a cargar de un disparo. También mola.
miércoles, 21 de abril de 2021
CUATRO FOTOCROMOS DE "EL MAGO DE LUBLIN"
"El mago de Lublin", del año 1979, se vende como un auténtico drama de pretensiones artísticas basado en la novela de un premio Nobel que, según he mirado, arrastra una buena prensa considerable. Cosas estas que no tendrían nada de raro si no fuese porque su director y guionista no es otro que Menahem Golan, personaje que no debería necesitar presentación si eres asiduo de este blog. Debemos sumar a tal marcianada la presencia de Maurice Jarre componiendo y un reparto que incluye nombres clásicos como los de Alan Arkin o Shelley Winters en una peli que, visto lo visto, goza de un contenido erótico notable. Detalle que daría algo más de sentido a la presencia de Golan.
En cualquier caso no he visto "El mago de Lublin", ni creo que lo haga nunca... pero pueden pajearse a gusto con el escaso aunque llamativo material promocional del que disponemos.
En cualquier caso no he visto "El mago de Lublin", ni creo que lo haga nunca... pero pueden pajearse a gusto con el escaso aunque llamativo material promocional del que disponemos.
sábado, 10 de agosto de 2013
MASTERS DEL UNIVERSO
Durante la segunda mitad de los ochenta, la todopoderosa "Cannon" comenzaba su lenta pero inexorable decadencia que terminaría llevándola al inevitable finiquitamiento. En plena convulsión, decidieron apostar fuerte por dos películas con, aparentemente, todas las de ganar, "Superman 4" y este "Masters del universo". Ninguna de las dos funcionó en taquilla y, finalmente, el imperio de Menahem Golan y Yoram Globus se fue al garete. Ya durante la confección de "Masters..." la cosa de los dineros no andaba muy boyante, lo que complicó mucho el rodaje, de hecho, tuvieron que detenerlo y esperar varios meses para terminar. Muchas de las ideas previstas se abandonaron por falta de presupuesto, incluida una secuela que iba a dirigir Albert Pyun y que, poco a poco, terminó derivando en "Cyborg". Dolph Lundgren, que se alzó con el papel de la estrella de "Masters del universo", "He-Man", declaró poco después que aquel había sido el punto más bajo de su carrera (en esa época seguro... poco sabía él los varios años de vacas flacas que le esperaban tras el firmamento, a base de telefilms y productos directos pal vídeo club).
Pero en 1987 todo eso importaba un carajo. Como cuarentón que soy, viví el lanzamiento de la colección de juguetes de los "Masters del universo", cortesía de "Mattel", y lo recuerdo como una auténtica locura. Retengo perfectamente en mi cerebelo el día que vi por primera vez el espectacular anuncio televisivo, con ese "He-Man" animado levantando su espada y el orgásmico castillo de "Greyskull". Quedé totalmente hipnotizado por aquello, como -imagino- el 90% de los niños de mi edad.
Siempre atenta al olor del dinero, "Cannon" aceptó el proyecto de llevar la creación de "Mattel" al terreno de la acción real (por parte del singular productor Edward R. Pressman), antes incluso de que existiera la primera serie de animación (lo que llevó a pensar que la peli era una adaptación de esta, pero no, el modelo a seguir fueron siempre los juguetes) y para ello contrató al legendario y multi-dotado artista William Stout que rediseñó todo cuanto pudo, intentando ser fiel a los muñecos, pero también aportando un rollo más realista y high-tech. Por época, el tono Spielbergiano/Lucasiano de la empresa, a lo que contribuye una banda sonora de Bill Conti totalmente johnwilliamsiana, resulta tan evidente como inevitable.
La cosa va así: "Skeletor" ha logrado conquistar "Eternia" y necesita una llave mágica para proclamarse master del universo. Sin embargo, "He-Man" y su panda la mangan y se escapan al planeta tierra, donde les seguirá el cara de calavera y su troupe. Con ayuda de un par de terrícolas lograrán regresar a "Eternia", pararle los pies al malo y dedicar la noche al baile y la ingestión de jabalíes. Fin.
La gran decepción de "Masters del universo", the movie, fue que prescindieran de muchos de los personajes y complementos de la colección de juguetes, y que cambiaran excesivamente aquellos que terminaron trasladando a la pantalla, comenzando por el castillo de "Greyskull". Con lo chulo que era el juguete, ¡¿pa qué variarlo tanto, concho?!. La otra gran decepción, muy propia de las tácticas de "Cannon", sus prisas y su espíritu ahorrativo, fue situar el 80% de la acción en tiempos actuales, modernos y terrenales -los de 1987, se entiende-, cuando lo que todo chaval se moría por ver era el reino de "Eternia", los monstruos, los parajes maravillosos y la magia. Estoy seguro que eso hizo mucho daño. No me jodas, no es lo mismo presenciar un colosal enfrentamiento entre malos y buenos en un supuesto emplazamiento de fantasía que en una puta tienda de instrumentos musicales, que es dónde esta se desarrolla en el film.
A pesar de las carencias, no falta la imagen de "He-Man" levantando su espada y gritando aquello de "Yo tengo el podeeeer!!", con resultados invevitablemente un tanto ridículos, cosa esta a la que también contribuye el traje galáctico que luce "Skeletor" al final, su aparición post-créditos y algunas de sus interminables parrafadas de villano de tebeo. Nada nuevo, ya que, lógicamente, "Masters del universo" no ha superado demasiado bien el paso de los años (ni de los meses al poco del estreno). Sus efectos especiales, sin ser caca (supervisados por Richard "Star Wars" Edlund), sí se notan algo chusqueros y en general la limitación de TODO acaba pasando factura. Es menos espectacular de lo que debería.
Otros detalles destacables en el reverso tenebroso: lo cansino que resulta el personaje de "Gwildor", lo irritante de la pareja protagonista y sus ñoñadas (y el trillado hecho de que toquen en un grupo de rock), los nada adecuados momentos de humor y, fricada al canto, ¿¡para qué coño quieren espadas pudiendo disponer de armas láser?!, no parece que "He-man" esté muy cómodo acarreando su aparatoso armamento, la verdad.
Dejando de lado a Lundgren, Stout, Pressman, Edlund, Golan y Globus, encontramos los siguientes nombres: Frank Langella disfrutando como un mono en su papel de "Skeletor" (que aceptó para contentar a su hijo pequeño). Entre el maquillaje y el doblaje español, casi parece Jack Palance, pero mola, seguramente esté entre lo mejor de la peli. Le siguen Meg Foster, Billy Party (el enano que se tiraba pedos sin parar en "Patrulla de noche") y una jovencísima y guapísima Courtney Cox (¡que mala son la vejez y las operaciones de estética!).
El dire se llama Gary Goddard (irónico apellido el suyo) y "Masters del universo" es la única peli en el sentido más convencional del término que ha dirigido, ya que su especialidad son movidas interactivas para parques temáticos y tal. Como guionista tiene en su haber el "Tarzán" de Bo Derek o el famoso corto "Terminator 2 3D: Battle across time", una de las atracciones más populares del parque de los estudios "Universal". Sin embargo, en España lo más reconocible que lleva la firma de Goddard (como productor y guionista) es la serie "Capitán Power y los soldados del futuro" que a estos lares llegó en formato vídeo. David Odell, guionista, también tecleó los libretos de "Cristal oscuro" y "Supergirl".
Por aquello de aprovechar el tirón, la "Mattel" decidió fabricar muñecos inspirados en algunos de los personajes originales del film (como el cansino "Gwildor"), pero por entonces el juguete ya no estaba tan de moda y fracasaron. Eso, unido al hostión de la peli, terminó de enterrar a los "Masters del universo". Pasados los años, se habló de otra adaptación y salio una nueva serie de juguetes actualizados, más al gusto de la chavalada de ahora, pero según leí, tampoco funcionó. Nuevos tiempos, distintas mentalidades, distintos juguetes.
Mirada compasivamente, conociendo su origen y etc, etc, la peli puede soportarse bien con la actitud adecuada y la edad adecuada... que pal caso sirve tanto ser un crío, como un cuarentón inmaduro enfermo de nostalgia.
Pero en 1987 todo eso importaba un carajo. Como cuarentón que soy, viví el lanzamiento de la colección de juguetes de los "Masters del universo", cortesía de "Mattel", y lo recuerdo como una auténtica locura. Retengo perfectamente en mi cerebelo el día que vi por primera vez el espectacular anuncio televisivo, con ese "He-Man" animado levantando su espada y el orgásmico castillo de "Greyskull". Quedé totalmente hipnotizado por aquello, como -imagino- el 90% de los niños de mi edad.
Siempre atenta al olor del dinero, "Cannon" aceptó el proyecto de llevar la creación de "Mattel" al terreno de la acción real (por parte del singular productor Edward R. Pressman), antes incluso de que existiera la primera serie de animación (lo que llevó a pensar que la peli era una adaptación de esta, pero no, el modelo a seguir fueron siempre los juguetes) y para ello contrató al legendario y multi-dotado artista William Stout que rediseñó todo cuanto pudo, intentando ser fiel a los muñecos, pero también aportando un rollo más realista y high-tech. Por época, el tono Spielbergiano/Lucasiano de la empresa, a lo que contribuye una banda sonora de Bill Conti totalmente johnwilliamsiana, resulta tan evidente como inevitable.
La cosa va así: "Skeletor" ha logrado conquistar "Eternia" y necesita una llave mágica para proclamarse master del universo. Sin embargo, "He-Man" y su panda la mangan y se escapan al planeta tierra, donde les seguirá el cara de calavera y su troupe. Con ayuda de un par de terrícolas lograrán regresar a "Eternia", pararle los pies al malo y dedicar la noche al baile y la ingestión de jabalíes. Fin.
La gran decepción de "Masters del universo", the movie, fue que prescindieran de muchos de los personajes y complementos de la colección de juguetes, y que cambiaran excesivamente aquellos que terminaron trasladando a la pantalla, comenzando por el castillo de "Greyskull". Con lo chulo que era el juguete, ¡¿pa qué variarlo tanto, concho?!. La otra gran decepción, muy propia de las tácticas de "Cannon", sus prisas y su espíritu ahorrativo, fue situar el 80% de la acción en tiempos actuales, modernos y terrenales -los de 1987, se entiende-, cuando lo que todo chaval se moría por ver era el reino de "Eternia", los monstruos, los parajes maravillosos y la magia. Estoy seguro que eso hizo mucho daño. No me jodas, no es lo mismo presenciar un colosal enfrentamiento entre malos y buenos en un supuesto emplazamiento de fantasía que en una puta tienda de instrumentos musicales, que es dónde esta se desarrolla en el film.
A pesar de las carencias, no falta la imagen de "He-Man" levantando su espada y gritando aquello de "Yo tengo el podeeeer!!", con resultados invevitablemente un tanto ridículos, cosa esta a la que también contribuye el traje galáctico que luce "Skeletor" al final, su aparición post-créditos y algunas de sus interminables parrafadas de villano de tebeo. Nada nuevo, ya que, lógicamente, "Masters del universo" no ha superado demasiado bien el paso de los años (ni de los meses al poco del estreno). Sus efectos especiales, sin ser caca (supervisados por Richard "Star Wars" Edlund), sí se notan algo chusqueros y en general la limitación de TODO acaba pasando factura. Es menos espectacular de lo que debería.
Otros detalles destacables en el reverso tenebroso: lo cansino que resulta el personaje de "Gwildor", lo irritante de la pareja protagonista y sus ñoñadas (y el trillado hecho de que toquen en un grupo de rock), los nada adecuados momentos de humor y, fricada al canto, ¿¡para qué coño quieren espadas pudiendo disponer de armas láser?!, no parece que "He-man" esté muy cómodo acarreando su aparatoso armamento, la verdad.
Dejando de lado a Lundgren, Stout, Pressman, Edlund, Golan y Globus, encontramos los siguientes nombres: Frank Langella disfrutando como un mono en su papel de "Skeletor" (que aceptó para contentar a su hijo pequeño). Entre el maquillaje y el doblaje español, casi parece Jack Palance, pero mola, seguramente esté entre lo mejor de la peli. Le siguen Meg Foster, Billy Party (el enano que se tiraba pedos sin parar en "Patrulla de noche") y una jovencísima y guapísima Courtney Cox (¡que mala son la vejez y las operaciones de estética!).
El dire se llama Gary Goddard (irónico apellido el suyo) y "Masters del universo" es la única peli en el sentido más convencional del término que ha dirigido, ya que su especialidad son movidas interactivas para parques temáticos y tal. Como guionista tiene en su haber el "Tarzán" de Bo Derek o el famoso corto "Terminator 2 3D: Battle across time", una de las atracciones más populares del parque de los estudios "Universal". Sin embargo, en España lo más reconocible que lleva la firma de Goddard (como productor y guionista) es la serie "Capitán Power y los soldados del futuro" que a estos lares llegó en formato vídeo. David Odell, guionista, también tecleó los libretos de "Cristal oscuro" y "Supergirl".
Por aquello de aprovechar el tirón, la "Mattel" decidió fabricar muñecos inspirados en algunos de los personajes originales del film (como el cansino "Gwildor"), pero por entonces el juguete ya no estaba tan de moda y fracasaron. Eso, unido al hostión de la peli, terminó de enterrar a los "Masters del universo". Pasados los años, se habló de otra adaptación y salio una nueva serie de juguetes actualizados, más al gusto de la chavalada de ahora, pero según leí, tampoco funcionó. Nuevos tiempos, distintas mentalidades, distintos juguetes.
Mirada compasivamente, conociendo su origen y etc, etc, la peli puede soportarse bien con la actitud adecuada y la edad adecuada... que pal caso sirve tanto ser un crío, como un cuarentón inmaduro enfermo de nostalgia.
martes, 3 de febrero de 2009
LAS MINAS DEL REY SALOMÓN
Cuando la productora especializada en plagios, The Asylum, quiso aprovecharse del entonces cercano estreno de la mega-decepcionante "Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal", no necesitaron crear otro héroe semejante al del látigo, corrieron a la fuente original, la novela que lo empezó todo, "Las minas del rey Salomón" (que, supongo, hace años perdió los derechos de autor, de modo que cualquier pazguato con una cámara puede "adaptarla" a su puta bola) y pillaron a su aventurero protagonista, el machacado Allan Quatermain (dice en imdb un colega de los responsables de ese film, que se rodó en 9 días, con 10.000 dólares, en Sudáfrica y con un equipo de diez personas, ¡contando actores y técnicos!). Bien, el resultado a tal desaguisado se tituló "Allan Quatermain and the Temple of Skulls", y el que niegue su condición de exploitation, merece una paliza (los mismos de Asylum tuvieron el morro de poner en el cartel que Quatermain inspiró la creación de Indiana Jones!, con dos cojones!!). Pues oiga, ellos no fueron los primeros en usar tal estratagema... antes estuvieron los chicos de la añorada "Cannon".
En 1985 la creación de Lucas & Spielberg era ya todo un icono. Por entonces se habían estrenado "En busca del arca perdida" e "Indiana Jones y el templo maldito" (concretamente, esta segunda un año antes). Yoram Globus y Menahem Golan vivían su época de mayor esplendor, y pensaron que no estaría mal subirse al carro de esa nueva moda, la aventura de aire clasicote (todo un fenómeno que bien merecería un estudio, pues no solo engendró películas, también productos televisivos y hasta ¡juegos de mesa!, ¿alguien se acuerda de “El templo de cristal”?). Le encargaron el guión a Gene Quintano (guionista de algunas entregas de “Loca academia de policía”, director de "Con el arma a punto" y, ojo al dato, ¡autor del libreto de “El tesoro de las cuatro coronas”! ) que, usando la novela de H.Rider Haggard como mera excusa, se sacó de la manga una imitación descarada de Indiana Jones, pero con el aliciente de que tenía mucho más humor... de hecho, no sé si es voluntario o no, pero casi parece una parodia de las movidas del tipo del látigo. Para el reparto, se buscaron a su Harrison Ford particular, que acabaría siendo Richard Chamberlain, a la chica de turno, la por entonces aún verde, pero guapísima, Sharon Stone (que interpreta, sin disimulo alguno, a una genuina rubia tonta), al eterno John Rhys-Davies (que había interpretado un papel destacado en "En busca del arca perdida" y que, a pesar de su "traición", volvería en "Indiana Jones y la última cruzada") y a otro grande, Herbert Lom. No hay que olvidarse de la música, necesitaban algo grandilocuente y colorista, que sonara a John Williams, y nadie era mejor para eso que el todoterreno Jerry Goldsmith, que facturó un soundtrack maravilloso, con una tonadilla casi tan pegadiza como la que ya sabéis. Todo eso, y un buen pellizco (sorprende ver que, a pesar de su condición de copia, la peli cuenta con medios bastante generosos), se lo pasaron al director que se encargaría de darle forma, el inmortal J.Lee Thompson, entonces en la nómina de la "Cannon" y especializado en vehículos para Charles Bronson.
Ojo al parche que a mi esta peli en su momento me marcó mucho. Lo más divertido es recordar quien me la recomendó... ¡mi profe de castellano!. Sí, estaba yo entonces cursando estudios en EGB y, no recuerdo a santo de qué, el Sr.Seguín (así se llamaba) se puso a hablar de las pelis que había visto recientemente... comentó "Regreso al futuro" y esta de la que os hablo ahora, reseñando que era mejor que las de Indiana Jones. El finde siguiente cogí a mi madre, y juntos fuimos a verla. La verdad es que lo pasamos bomba!!!, y durante un tiempo, Allan Quatermain robó el puesto de honor al Doctor Jones en mi lista de héroes.
La historia no tiene truco, una chica contrata los servicios de un aventurero para localizar a su desaparecido padre, un arqueólogo que busca las minas del rey Salomón y que está en manos de los Turcos y los Alemanes, los malos de la función. Por el viaje habrán mil peligros, explosiones, animales salvajes, caníbales, incluso una araña gigante y un... hipopótamo mutante o algo parecido.
Como decía arriba, si algo hace destacar a esta producción "Cannon" entre el aluvión de plagios de las pelis de Indy (como en "Indiana Jones y el templo maldito" hay un habitáculo que, al cerrar la puerta, activa un techo repleto de pinchos que va descendiendo lentamente... tal cual. Aunque, para compensar, señalaremos que al menos Quatermain pierde su sombrero a los 25 minutos de peli y no lo recupera... en eso resulta ser bastante más realista que el famoso arqueólogo, ¿que no?) es su sentido del humor. Por ejemplo, hay una secuencia que fotocopia sin rubor el momento de "En busca del arca perdida" en la que Harrison Ford es arrastrado por un camión. La diferencia es que aquí es un tren, y Chamberlain se permite el lujazo de hacer surf colocando los pies en los raíles!!!. Otra escena maravillosa es aquella en la que, durante un duelo en avioneta, el aventurero queda colgando del ala de su aparato y, accidentalmente, golpea con los pies la cabeza del piloto alemán, cuyo aeroplano está justo debajo, dejándolo ko!!. Todo eso, más muchas ideas locas (el alemán gay que prefiere al padre de Sharon Stone antes que a ella) y muchas frases graciosas y chascarrillos hacen de este film una verdadera montaña rusa, entretenidísima, divertidísima y muy recomendable para pasar un muy buen rato.
Naturalmente fue vilipendiada por la crítica (los mismos que ahora dicen que Patrick Swayze es un gran actor porque está a punto de morir de cáncer... ¡hipócritas!, por cierto, que interpretó a Allan Quatermain en una adaptación televisiva de la novela) y parte del público (que en estos momentos seguramente la reivindique dada su condición ochentosa), pero eso se la trajo floja a los señores Golan y Globus, que tras llenarse los bolsillos de billetes verdes, produjeron una segunda parte prácticamente con el mismo equipo, "Allan Quatermain en la ciudad perdida del oro", que se tomaba demasiado en serio a si misma y, por ende, resultaba muy aburrida.
Nota curiosa: Con el fin de aprovechar los decorados construidos para la ocasión, y la moda, la "Cannon" estrenó "El templo del oro", protagonizada por Chuck Norris y Louis Gossett Jr., peli esta que, tal vez, algún día aparezca en este blog (y, una vez más, dirigida por el incombustible J.Lee Thompson).
En 1985 la creación de Lucas & Spielberg era ya todo un icono. Por entonces se habían estrenado "En busca del arca perdida" e "Indiana Jones y el templo maldito" (concretamente, esta segunda un año antes). Yoram Globus y Menahem Golan vivían su época de mayor esplendor, y pensaron que no estaría mal subirse al carro de esa nueva moda, la aventura de aire clasicote (todo un fenómeno que bien merecería un estudio, pues no solo engendró películas, también productos televisivos y hasta ¡juegos de mesa!, ¿alguien se acuerda de “El templo de cristal”?). Le encargaron el guión a Gene Quintano (guionista de algunas entregas de “Loca academia de policía”, director de "Con el arma a punto" y, ojo al dato, ¡autor del libreto de “El tesoro de las cuatro coronas”! ) que, usando la novela de H.Rider Haggard como mera excusa, se sacó de la manga una imitación descarada de Indiana Jones, pero con el aliciente de que tenía mucho más humor... de hecho, no sé si es voluntario o no, pero casi parece una parodia de las movidas del tipo del látigo. Para el reparto, se buscaron a su Harrison Ford particular, que acabaría siendo Richard Chamberlain, a la chica de turno, la por entonces aún verde, pero guapísima, Sharon Stone (que interpreta, sin disimulo alguno, a una genuina rubia tonta), al eterno John Rhys-Davies (que había interpretado un papel destacado en "En busca del arca perdida" y que, a pesar de su "traición", volvería en "Indiana Jones y la última cruzada") y a otro grande, Herbert Lom. No hay que olvidarse de la música, necesitaban algo grandilocuente y colorista, que sonara a John Williams, y nadie era mejor para eso que el todoterreno Jerry Goldsmith, que facturó un soundtrack maravilloso, con una tonadilla casi tan pegadiza como la que ya sabéis. Todo eso, y un buen pellizco (sorprende ver que, a pesar de su condición de copia, la peli cuenta con medios bastante generosos), se lo pasaron al director que se encargaría de darle forma, el inmortal J.Lee Thompson, entonces en la nómina de la "Cannon" y especializado en vehículos para Charles Bronson.
Ojo al parche que a mi esta peli en su momento me marcó mucho. Lo más divertido es recordar quien me la recomendó... ¡mi profe de castellano!. Sí, estaba yo entonces cursando estudios en EGB y, no recuerdo a santo de qué, el Sr.Seguín (así se llamaba) se puso a hablar de las pelis que había visto recientemente... comentó "Regreso al futuro" y esta de la que os hablo ahora, reseñando que era mejor que las de Indiana Jones. El finde siguiente cogí a mi madre, y juntos fuimos a verla. La verdad es que lo pasamos bomba!!!, y durante un tiempo, Allan Quatermain robó el puesto de honor al Doctor Jones en mi lista de héroes.
La historia no tiene truco, una chica contrata los servicios de un aventurero para localizar a su desaparecido padre, un arqueólogo que busca las minas del rey Salomón y que está en manos de los Turcos y los Alemanes, los malos de la función. Por el viaje habrán mil peligros, explosiones, animales salvajes, caníbales, incluso una araña gigante y un... hipopótamo mutante o algo parecido.
Como decía arriba, si algo hace destacar a esta producción "Cannon" entre el aluvión de plagios de las pelis de Indy (como en "Indiana Jones y el templo maldito" hay un habitáculo que, al cerrar la puerta, activa un techo repleto de pinchos que va descendiendo lentamente... tal cual. Aunque, para compensar, señalaremos que al menos Quatermain pierde su sombrero a los 25 minutos de peli y no lo recupera... en eso resulta ser bastante más realista que el famoso arqueólogo, ¿que no?) es su sentido del humor. Por ejemplo, hay una secuencia que fotocopia sin rubor el momento de "En busca del arca perdida" en la que Harrison Ford es arrastrado por un camión. La diferencia es que aquí es un tren, y Chamberlain se permite el lujazo de hacer surf colocando los pies en los raíles!!!. Otra escena maravillosa es aquella en la que, durante un duelo en avioneta, el aventurero queda colgando del ala de su aparato y, accidentalmente, golpea con los pies la cabeza del piloto alemán, cuyo aeroplano está justo debajo, dejándolo ko!!. Todo eso, más muchas ideas locas (el alemán gay que prefiere al padre de Sharon Stone antes que a ella) y muchas frases graciosas y chascarrillos hacen de este film una verdadera montaña rusa, entretenidísima, divertidísima y muy recomendable para pasar un muy buen rato.
Naturalmente fue vilipendiada por la crítica (los mismos que ahora dicen que Patrick Swayze es un gran actor porque está a punto de morir de cáncer... ¡hipócritas!, por cierto, que interpretó a Allan Quatermain en una adaptación televisiva de la novela) y parte del público (que en estos momentos seguramente la reivindique dada su condición ochentosa), pero eso se la trajo floja a los señores Golan y Globus, que tras llenarse los bolsillos de billetes verdes, produjeron una segunda parte prácticamente con el mismo equipo, "Allan Quatermain en la ciudad perdida del oro", que se tomaba demasiado en serio a si misma y, por ende, resultaba muy aburrida.
Nota curiosa: Con el fin de aprovechar los decorados construidos para la ocasión, y la moda, la "Cannon" estrenó "El templo del oro", protagonizada por Chuck Norris y Louis Gossett Jr., peli esta que, tal vez, algún día aparezca en este blog (y, una vez más, dirigida por el incombustible J.Lee Thompson).
sábado, 13 de septiembre de 2025
IL GATTO NERO
Siempre pensé que "La madre del mal", última aportación de Dario Argento a su particular saga de las progenitoras cabronas (ya saben, precedida por "Suspiria" e "Inferno"), era lo que normalmente llamamos un "final deslucido". El fandom -y nuestro Víctor- flipó con ella, pero por la cantidad insalubre de gore bruto y desaforado. Sin embargo, tras la hemoglobina, no había nada. Y lo que había, tampoco valía mucho. De hecho, en mi más reciente revisión, no pude ni terminarla y me fui a dormir pensando aquello de "¿Podría haber un cierre peor que este?". Pues sí, podría. Tal y como descubrí con horror hace unas cuantas lunas.
Dicha joya comporta, además, una serie de problemas extra. De entrada, la ensalada de títulos. Me decantaré por el más "oficioso", "Il gatto nero" (tengan en cuenta que en algunos países llegó a estrenarse como ¡¡la sexta entrega de "Demons"!!). El otro problema es su director, el entrañable Luigi Cozzi / Lewis Coates. Me cae bien, la verdad, y duele admitir que su película es un truño inconmensurable.
Al mentado empacho de títulos debemos añadir un origen "caotizante". De primeras el proyecto nació como esa tercera parte oficial -mucho antes de "La madre del mal"- con guion de Daria Nicolodi y supuesta dirección de Dario Argento. Sin embargo, el asunto se fue al agua y, años después, la Nicolodi cedió su libreto a Cozzi quien, al no querer asumir la responsabilidad de poner fin a una franquicia tan respetada, se sacó de la manga un seudo homenaje, incluyendo en la trama referencias directas a "Suspiria", a Argento y reciclando la famosa banda sonora de "Goblin" para sendos pasajes (también hay guiño a "Seis mujeres para el asesino", recreando a su famoso psycho-killer, cosa que repetirá en el futuro). A Daria Nicolodi no le gustó el desaguisado y se apartó. Entonces, entra en escena Menahem Golan con su nueva y flamante "21st Century" dispuesto a adquirir la cinta. El hombre se había comprometido a rodar una adaptación de "El gato negro" según Edgar Allan Poe (muy de moda entre gerifaltes del subproducto por ahí finales de los ochenta) y, a falta de nada concluso, decide que la peli de Cozzi, con oportunos cambios y añadidos, daría el pego. Así, le pide al director que meta alguna referencia al relato de Poe y filme sendas escenas de un felino negro andando por ahí. El italiano accede (¡faltaría!), dando como resultado el esputo del que ahora les hablo. La presencia de la obra literaria es nula. Se justifica como la película dentro de la película que anda protagonizado la protagonista, ¿suena a galimatías?... pues eso no es nada. Como resultado obtenemos el gag más simpático de "It gatto nero", el director de dicha película dentro de la película no es otro que Michele Soavi, quien por la misma época rodaría "El engendro del diablo" -nacida de primeras como el "Demons 3" oficial. Sin embargo, trifulcas legales desestimarían su pertenencia a la saga... aunque en algunos mercados así es como se vendió, esta vez de manera no oficial. ¡¡Menudas paradojas pajeras!!-.
El caso es que la mentada actriz es pareja de un director de éxito especializado en horrores, quien anda preparando su nuevo gran proyecto, nada menos que un film basado en la existencia de otra de las terribles brujas de Thomas De Quincey (al que ya estrujaron Argento y la Nicolodi en su día), "Levana". Al ser mentada la invocan y despierta muy cabreada, con ganas de reencarnarse en el bebé de la protagonista... o eso creo. Por ello, se pasa el rato atormentándola a base de visiones propias de un mal refrito de "Pesadilla en Elm Street", mientras va despachando al resto del reparto en secuencias de licuosa y divertida truculencia, destacando ese estómago estallando al que tanto partido había sacado ya Cozzi en su "Contaminación: Alien invade la tierra".
Sentadas las bases, lo que queda es jolgorio narrativo y aburrimiento al peso. Efectivamente, NO estamos ante la tercera de la saga, pero PODRÍA haberlo sido y eso provoca cagarrinas. Como parte del asunto "tributoso", Cozzi procura imitar las maneras de Argento recurriendo a luces de colorines y un inadecuadísimo rock duro -cortesía del grupo de tercera "Bang Tango"- ambientando sonoramente los momentos intensos, aunque luego se expanda a casi toda clase de situaciones. Por supuesto, el afán mimetizador no garantiza nada, porque lo que queda va trufado de muchas incongruencias + momentos absurdos y ridiculizables (con especial fijación en el careto de patata rancia que gasta la temible "Levana", así como esa desconcertante escena en la que todo se revela un disfraz, pero no, pero sí, pero tampoco...)
El reparto viene compuesto por una galería de nombres condenados a participar en esta clase de simpáticos furruños. Florence Guérin (con cierta retirada a Rose Byrne), Urbano Barberini (prota masculino del "Demons" original), Brett Halsey (de impresionante filmografía en la que no falta nadie: Antonio Margheriti, Lucio Fulci, Bruno Mattei, Jesús Franco o ¡Francis Ford Coppola!), Luisa Maneri ("Vicios Pequeños", "Body Count") y, por supuesto, una madurita Caroline Munro haciendo lo que puede.
Me da penica, de verdad, pero esto no hay dios que lo soporte.
Dicha joya comporta, además, una serie de problemas extra. De entrada, la ensalada de títulos. Me decantaré por el más "oficioso", "Il gatto nero" (tengan en cuenta que en algunos países llegó a estrenarse como ¡¡la sexta entrega de "Demons"!!). El otro problema es su director, el entrañable Luigi Cozzi / Lewis Coates. Me cae bien, la verdad, y duele admitir que su película es un truño inconmensurable.
Al mentado empacho de títulos debemos añadir un origen "caotizante". De primeras el proyecto nació como esa tercera parte oficial -mucho antes de "La madre del mal"- con guion de Daria Nicolodi y supuesta dirección de Dario Argento. Sin embargo, el asunto se fue al agua y, años después, la Nicolodi cedió su libreto a Cozzi quien, al no querer asumir la responsabilidad de poner fin a una franquicia tan respetada, se sacó de la manga un seudo homenaje, incluyendo en la trama referencias directas a "Suspiria", a Argento y reciclando la famosa banda sonora de "Goblin" para sendos pasajes (también hay guiño a "Seis mujeres para el asesino", recreando a su famoso psycho-killer, cosa que repetirá en el futuro). A Daria Nicolodi no le gustó el desaguisado y se apartó. Entonces, entra en escena Menahem Golan con su nueva y flamante "21st Century" dispuesto a adquirir la cinta. El hombre se había comprometido a rodar una adaptación de "El gato negro" según Edgar Allan Poe (muy de moda entre gerifaltes del subproducto por ahí finales de los ochenta) y, a falta de nada concluso, decide que la peli de Cozzi, con oportunos cambios y añadidos, daría el pego. Así, le pide al director que meta alguna referencia al relato de Poe y filme sendas escenas de un felino negro andando por ahí. El italiano accede (¡faltaría!), dando como resultado el esputo del que ahora les hablo. La presencia de la obra literaria es nula. Se justifica como la película dentro de la película que anda protagonizado la protagonista, ¿suena a galimatías?... pues eso no es nada. Como resultado obtenemos el gag más simpático de "It gatto nero", el director de dicha película dentro de la película no es otro que Michele Soavi, quien por la misma época rodaría "El engendro del diablo" -nacida de primeras como el "Demons 3" oficial. Sin embargo, trifulcas legales desestimarían su pertenencia a la saga... aunque en algunos mercados así es como se vendió, esta vez de manera no oficial. ¡¡Menudas paradojas pajeras!!-.
El caso es que la mentada actriz es pareja de un director de éxito especializado en horrores, quien anda preparando su nuevo gran proyecto, nada menos que un film basado en la existencia de otra de las terribles brujas de Thomas De Quincey (al que ya estrujaron Argento y la Nicolodi en su día), "Levana". Al ser mentada la invocan y despierta muy cabreada, con ganas de reencarnarse en el bebé de la protagonista... o eso creo. Por ello, se pasa el rato atormentándola a base de visiones propias de un mal refrito de "Pesadilla en Elm Street", mientras va despachando al resto del reparto en secuencias de licuosa y divertida truculencia, destacando ese estómago estallando al que tanto partido había sacado ya Cozzi en su "Contaminación: Alien invade la tierra".
Sentadas las bases, lo que queda es jolgorio narrativo y aburrimiento al peso. Efectivamente, NO estamos ante la tercera de la saga, pero PODRÍA haberlo sido y eso provoca cagarrinas. Como parte del asunto "tributoso", Cozzi procura imitar las maneras de Argento recurriendo a luces de colorines y un inadecuadísimo rock duro -cortesía del grupo de tercera "Bang Tango"- ambientando sonoramente los momentos intensos, aunque luego se expanda a casi toda clase de situaciones. Por supuesto, el afán mimetizador no garantiza nada, porque lo que queda va trufado de muchas incongruencias + momentos absurdos y ridiculizables (con especial fijación en el careto de patata rancia que gasta la temible "Levana", así como esa desconcertante escena en la que todo se revela un disfraz, pero no, pero sí, pero tampoco...)
El reparto viene compuesto por una galería de nombres condenados a participar en esta clase de simpáticos furruños. Florence Guérin (con cierta retirada a Rose Byrne), Urbano Barberini (prota masculino del "Demons" original), Brett Halsey (de impresionante filmografía en la que no falta nadie: Antonio Margheriti, Lucio Fulci, Bruno Mattei, Jesús Franco o ¡Francis Ford Coppola!), Luisa Maneri ("Vicios Pequeños", "Body Count") y, por supuesto, una madurita Caroline Munro haciendo lo que puede.
Me da penica, de verdad, pero esto no hay dios que lo soporte.
lunes, 6 de febrero de 2012
EL FANTASMA DE LA ÓPERA (1989)
No contento con ensuciar la memoria de Edgar Allan Poe a base de infra-adaptaciones videocluberas, el legendario exploiter Harry Alan Towers (ayudado por Menahem Golan desde su flamante/fugaz "21th Century"), decidió que tocaba echarle el guante a otro clásico y someterlo a un baño de modernez. El elegido fue Gaston Leroux. Robert Englund, entonces en la cresta de la ola e imagino que hasta los cojones de tener que actuar con la cara llena de potingues, interpreta al fantasma (¿¿"Freddy goes to the opera"??).En fin, la trama ya os la sabéis: Compositor brillante pero condenado por su rostro deforme, se oculta en las catacumbas de una ópera. Enamorado de la aspirante a protagonista en la función que se estrena en ese momento, relegada a sustituta de la odiosa diva de turno, hace lo que está en su mano -es decir, aniquilar- para que la chica escale puestos. Por aquello de darle un toque distinto, a la narración se le añaden elementos extraídos de "Fausto" (este fantasma no sufre los avatares de un ataque con ácido, sino que vende el alma al diablo para que su música sea eterna) y Jack, el destripador (el mozo corretea por las callejuelas de la ciudad, con capa y sombrero, matando incautos viandantes a los que despelleja). De hecho, también podríamos añadir en el pack a "La matanza de Texas", ya que el fantasma cubre su horrible faz con la piel humana que extrae en sus fechorías. Justamente, la única escena genuinamente potable es aquella en la que procede al cambio con todo detalle (minuto 56).
Y digo "la única escena..." porque mucho me temo que "El fantasma de la ópera", versión Englund, no funciona. Sus artífices intentan dotarla de un rollo moderno, con un poco de gore, un malvado más agresivo y cabrón, en definitiva, un tono más pensado para las plateas adolescentes. Sin embargo, al mismo tiempo lo mezclan todo con un rollo clasicorro, pretendidamente elegante y estéticamente barroco. Intenta ser muy bonita visualmente, y tal vez lo sea, pero ambos lenguajes no casan bien. Ninguno de los dos manda sobre el otro, y el resultado se resiente. Es imposible que esta peli, con todo el paripé de época, las escenas de ópera y los mariconismos forzados, pudiera satisfacer al aficionado jovenzuelo medio, más acostumbrado a cosas video-cliperas y truculentas. Probablemente ese fue el motivo de su fracaso (y dolió, porque sin ser una superproducción, se nota que hay bastante guita invertida en el asunto). Contribuyen a ello el aburrimiento, el que no logre interesarte en ningún momento (salvo la secuencia comentada del "desmaquillado"), el inicio y el final situados en tiempos "actuales" carentes de sentido, y el desenlace, una gilipollez interminable.
Acompaña a un sobreactuado Englund, Jill Schoelen, que has visto en muchas pelis-mierdas como "Curse 2: the bite", "Clase sangrienta" o la secuela telefílmica de "Cuando llama un extraño". Dirige Dwight H. Little, que venía de facturar la cuarta parte de "Halloween" y luego hizo "Señalado por la muerte" para Steven Seagal y "Rapid Fire" para Brandon Lee. Al muchacho no debió irle muy bien porque acabó prisionero de la caja tonta (hasta hoy).
Muy olvidable. Se nota que fue parida un año antes de arrancar los horribles 90.
lunes, 20 de enero de 2014
PSICÓPATA
Está claro que si por algo pasará a la historia David Paulsen, será por su vinculación a dos series televisivas tan longevas como clásicas y famosas, "Dallas" y "Dinastía". En ellas ejerció de director, productor y guionista, nada menos. Vamos, que no creo que actualmente el hombre viva en una chabola. Pero Paulsen tiene un pasado y, tal y como ocurre con muchos profesionales en esto del cine, está directamente ligado al género de mis amores.
Aunque como guionista su nombre aparece previamente en los créditos de "Golpe de mil millones de dólares" (dirigida y co-escrita por Menahem Golan, uno de los dos afamados capitostes de la mítica "Cannon", productores del film ahora reseñado) y "La conspiración del uranio", su carrera como director arrancó en 1976 con "The killer behind the mask", poco conocido pre-"slasher" que anduvo bajo llave durante cinco largos años y fue finalmente lanzado como "Savage Weekend", aunque a España llegó con su primer título literalmente traducido a "El asesino tras la máscara". Un año antes de que eso ocurriera, David Paulsen estrenaba un segundo largometraje, este "Psicópata", conocida en su país de origen como "Schizoid".
De "El asesino tras la máscara" ya hablaré más adelante (cortesía de mi buen amigo Enorm, lo mismo que la comentada) pues hace escasos días que la revisé, pero permítanme rememorar la ocasión en la que localicé ambas en un video-club de lo más cutre que había en la esquina de mi calle (hoy convertido en dentista, muy adecuado) y me las vi casi seguidas en un intento de saciar mi entonces ardiente "davidpaulsenismo" (poco sabía yo lo de su vinculación con culebrones televisivos). Ninguna me gustó, me parecieron jodidamente aburridas y, peor aún, muy escasas en cuestiones hemoglobiníacas (algo primordial para el menda en esos tiempos). Lo que sí me moló entonces, y aún ahora, era el aspecto de los psycho-killers que las protagonizaban. Concretamente, en "Psicópata", el idem luce todo de negro, con sombrero, guantes y unas enormes tijeras plateadas como arma criminal. Un concepto muy "giallo" y que no desentona nada con el resto del film (incluido su inquietante cartel). Se trata básicamente de un "thriller" cargado de pasiones, un sutil erotismo, algo de aparente misoginia, remalazos de "whodunnit" y... joder, ¡Klaus Kinski!, encarnando a uno de sus recurrentes personajes extraños y perturbadores. Muy "giallo" todo, sí.
La responsable de una de esas consultas dedicadas a aconsejar sobre problemas personales, formato prensa, recibe cartas amenazantes a la vez que alguien comienza a asesinar a las amigas con las que comparte -o compartió- un grupo de terapia conducido por un atormentado psicólogo germano -ya saben quién- con el que mantiene un apasionado romance, a pesar de que la hija de este se muera de celos y el ex-marido de ella, y jefe, ronde por ahí obsesionado con recuperarla. Muy culebrón todo, ¿verdad?, visto así la posterior evolución de la carrera de Paulsen resulta coherente.
Asumido que no iba a ver un festival de truculencia y diversión, la verdad es que esta vez "Psicópata" me entró mejor, al borde incluso del entretenimiento. Seguí la trama con relativo interés (pa lo poco que suelo seguirlas a la que se retuercen mínimamente), en parte gracias al innegable carisma del Sr.Kinski (aunque sigo sin creerme lo de su "sex appeal", ¡tampoco nos pasemos!) y la siempre agradecida estética ochentosa de la cinta. Los crímenes eran tan poco salpicantes como los recordaba, pero alguno tiene su gracia, entre ellos la tipa agredida en el yacuzzi. Eso sí, el asesino luce mucho más aterrador en el poster que en la peli. Con todo, no me dormí, me pareció simpática y tampoco me costó demasiado descubrir al malo, tarea esta bastante sencilla.
Como dato fricoso cabe mencionar una escena en la que vemos al remitente de las cartas amenazantes currarse una de estas a base de recortar palabrejas de aquí y allí. Casualmente, el vocablo "murder" (asesinato) lo extrae del eslogan de un aparente cartel cinematográfico del que divisamos la mitad de un título que termina con "... behind the mask". ¿Sería el de la primera peli de Paulsen, marcándose ahí un auto-guiño?. De entrada dudamos porque, como decía antes, se estrenó como "Savage Weekend". Pero lo hizo un año después de "Psicópata", así que es del todo factible que existiera un primer poster con el título desechado.
El reparto es del todo entrañable. Dejando a Kinski a un lado, nos encontramos con Craig ("Doble cuerpo", "Historia macabra", "Pesadilla en Elm Street 3") Wasson, el siempre agradable de ver Christopher ("Regreso al futuro") Lloyd, Donna Wilkes (a la que yo recordaba por su papel en "Tiburón 2", aunque también protagonizó la célebre "Ángel" de Robert Vincent O'Neil. Remarcar que en "Psicópata" pueden verle las tetillas al inicio del film) y a un entrecejudo Joe Regalbuto (el mejor amigo de "El halcón callejero").
En cuanto a David Paulsen, "El asesino tras la máscara" y "Psicópata" figuran como sus únicas incursiones en el rol de director estrictamente cinematográfico, antes de liarse en movidas televisivas para no abandonarlas nunca jamás. Seguramente hoy reniegue de ellas, aunque no debería, al menos en lo que respecta a "Psicópata", porque sin ser nada especial, está un rato maja.
Aunque como guionista su nombre aparece previamente en los créditos de "Golpe de mil millones de dólares" (dirigida y co-escrita por Menahem Golan, uno de los dos afamados capitostes de la mítica "Cannon", productores del film ahora reseñado) y "La conspiración del uranio", su carrera como director arrancó en 1976 con "The killer behind the mask", poco conocido pre-"slasher" que anduvo bajo llave durante cinco largos años y fue finalmente lanzado como "Savage Weekend", aunque a España llegó con su primer título literalmente traducido a "El asesino tras la máscara". Un año antes de que eso ocurriera, David Paulsen estrenaba un segundo largometraje, este "Psicópata", conocida en su país de origen como "Schizoid".
De "El asesino tras la máscara" ya hablaré más adelante (cortesía de mi buen amigo Enorm, lo mismo que la comentada) pues hace escasos días que la revisé, pero permítanme rememorar la ocasión en la que localicé ambas en un video-club de lo más cutre que había en la esquina de mi calle (hoy convertido en dentista, muy adecuado) y me las vi casi seguidas en un intento de saciar mi entonces ardiente "davidpaulsenismo" (poco sabía yo lo de su vinculación con culebrones televisivos). Ninguna me gustó, me parecieron jodidamente aburridas y, peor aún, muy escasas en cuestiones hemoglobiníacas (algo primordial para el menda en esos tiempos). Lo que sí me moló entonces, y aún ahora, era el aspecto de los psycho-killers que las protagonizaban. Concretamente, en "Psicópata", el idem luce todo de negro, con sombrero, guantes y unas enormes tijeras plateadas como arma criminal. Un concepto muy "giallo" y que no desentona nada con el resto del film (incluido su inquietante cartel). Se trata básicamente de un "thriller" cargado de pasiones, un sutil erotismo, algo de aparente misoginia, remalazos de "whodunnit" y... joder, ¡Klaus Kinski!, encarnando a uno de sus recurrentes personajes extraños y perturbadores. Muy "giallo" todo, sí.
La responsable de una de esas consultas dedicadas a aconsejar sobre problemas personales, formato prensa, recibe cartas amenazantes a la vez que alguien comienza a asesinar a las amigas con las que comparte -o compartió- un grupo de terapia conducido por un atormentado psicólogo germano -ya saben quién- con el que mantiene un apasionado romance, a pesar de que la hija de este se muera de celos y el ex-marido de ella, y jefe, ronde por ahí obsesionado con recuperarla. Muy culebrón todo, ¿verdad?, visto así la posterior evolución de la carrera de Paulsen resulta coherente.
Asumido que no iba a ver un festival de truculencia y diversión, la verdad es que esta vez "Psicópata" me entró mejor, al borde incluso del entretenimiento. Seguí la trama con relativo interés (pa lo poco que suelo seguirlas a la que se retuercen mínimamente), en parte gracias al innegable carisma del Sr.Kinski (aunque sigo sin creerme lo de su "sex appeal", ¡tampoco nos pasemos!) y la siempre agradecida estética ochentosa de la cinta. Los crímenes eran tan poco salpicantes como los recordaba, pero alguno tiene su gracia, entre ellos la tipa agredida en el yacuzzi. Eso sí, el asesino luce mucho más aterrador en el poster que en la peli. Con todo, no me dormí, me pareció simpática y tampoco me costó demasiado descubrir al malo, tarea esta bastante sencilla.
Como dato fricoso cabe mencionar una escena en la que vemos al remitente de las cartas amenazantes currarse una de estas a base de recortar palabrejas de aquí y allí. Casualmente, el vocablo "murder" (asesinato) lo extrae del eslogan de un aparente cartel cinematográfico del que divisamos la mitad de un título que termina con "... behind the mask". ¿Sería el de la primera peli de Paulsen, marcándose ahí un auto-guiño?. De entrada dudamos porque, como decía antes, se estrenó como "Savage Weekend". Pero lo hizo un año después de "Psicópata", así que es del todo factible que existiera un primer poster con el título desechado.
El reparto es del todo entrañable. Dejando a Kinski a un lado, nos encontramos con Craig ("Doble cuerpo", "Historia macabra", "Pesadilla en Elm Street 3") Wasson, el siempre agradable de ver Christopher ("Regreso al futuro") Lloyd, Donna Wilkes (a la que yo recordaba por su papel en "Tiburón 2", aunque también protagonizó la célebre "Ángel" de Robert Vincent O'Neil. Remarcar que en "Psicópata" pueden verle las tetillas al inicio del film) y a un entrecejudo Joe Regalbuto (el mejor amigo de "El halcón callejero").
En cuanto a David Paulsen, "El asesino tras la máscara" y "Psicópata" figuran como sus únicas incursiones en el rol de director estrictamente cinematográfico, antes de liarse en movidas televisivas para no abandonarlas nunca jamás. Seguramente hoy reniegue de ellas, aunque no debería, al menos en lo que respecta a "Psicópata", porque sin ser nada especial, está un rato maja.
viernes, 30 de noviembre de 2018
VAYA PAR DE CANGUROS
Los gemelos Paul, dos culturistas dispuestos a convertirse
en Arnold Schwarzenegger por partida doble, más conocidos con el sobrenombre de “The
Barbarian Brothers”, irrumpen en el séptimo arte con un papelito prácticamente
anecdótico en la película de Joel
Schumacher “Los locos del Taxi”. Al margen de este título mainstream, hicieron
alguna que otra aparición en cine y televisión, que sirvió para que Menahem
Golan y Yoram Globus se fijasen en ellos y confeccionasen, bajo la dirección de Ruggero Deodato, una película "Cannon" para su lucimiento
muscular e “interpretativo”. Nació así “Los Bárbaros”. A este “exploitation” de “Conan, el bárbaro” le acompañó
cierto éxito, el suficiente para que los
dos trozos de carne tuvieran su propia carrera cinematográfica. Así, ya en la
década de los 90, protagonizan una triada de títulos —este entre ellos— que los
catapultaría como las entrañables estrellas de "serie B" que siempre han sido. Y
es que sus películas, infames, baratas, jamás obtuvieron recaudaciones
millonarias, ni mucho menos buenas críticas y tampoco gozan de un fandom que las revindiquen. Al contrario, han sido condenados casi
al ostracismo.
Ese triunvirato de pelis noventeras a su servicio lo
conforman comedias, paradójicamente, y están encabezadas por “Pasándolo en
grande”, donde interpretan a dos rudos camioneros, “Double trouble” donde son
policías, y la última del pack, esta “Vaya
par de canguros” que nos ocupa.
Y es que en pleno 1994, ya era más que patente, y gracias a
“Poli de guardería”, que la combinación de tío forzudo con niños era un éxito,
por lo que, ya disuelta la "Cannon", Yoram Globus, desde su flamante "Global
pictures", que duró menos que un suspiro (y no me extraña) se asocia a los
hermanos Paul para meterse de lleno en una película de estas características,
adelantándose así a The Rock, Vin Diesel o Jackie Chan en hacer un film de
forzudos con niño desde la de Schwarzenegger, pasando el resultado, eso sí, inadvertido en todo el mundo.
Sin embargo, y pese al despropósito, no es del todo aburrida.
Tras salvar a un nutrido grupo de niños tras un tiroteo en
un parque, dos hermanos gemelos y
culturistas son contratados por un hombre con pasta para que sean los guardaespaldas
de sus dos sobrinos mientras este acude a un juicio contra la mafia en el que
ha de testificar, así que se trasladan a la lujosa mansión dónde moran los
niños, que resulta que son gemelos también — con lo que tenemos la ensalada
aliñada— y se las hacen pasar canutas, al tiempo que los sacan de no pocos
conflictos violentos. Sin más. A, e, i, o, u.
Para terminar de hacerla más graciosa todavía, y para que se
parezca aún más a “Poli de guardería”, estos dos gemelos, un poco más
creciditos, serían los gemelos Cousins, Christian y Joseph, los mismos que
darían vida a Dominic, el niño al cual Schwarzenegger debe proteger de su
propio padre en su propia película. Como es lógico,
todo saldrá a pedir de boca para nuestros protagonistas, pero, sin embargo,
“Vaya par de canguros” sería el film que pondría fin a su carrera como pareja
cómico-humoristica. No interesó a nadie. Y no volvieron a hacer más como “The Barbarian Brothers”.
Para echar un ratillo
tonto mientras ojeamos el "Facebook" en el móvil, la cinta tiene momentos para
las risas y momentos para la vergüenza ajena, como aquel en el que los dos niños no
se quieren duchar, y en represalia, los gemelos bárbaros los lanzan desde
un balconcillo a una piscina, vaciando, posteriormente y desde lo alto, un tambor
de detergente para que haga espuma y los niños salgan de allí
limpios.
Dirige el cretino de John Paragon, que venía del mundo de la
tele, hizo “Vaya par de canguros” y se
volvió a la tele.
El film permaneció inédito en varias partes del mundo, no
así en España donde desconozco si llegó a editarse en vídeo (juraría que no),
pero fue estrenada en televisión, nada menos que en "Tele 5",
la cual dedicó a su emisión una estupenda campaña publicitaria.
martes, 10 de noviembre de 2015
ON THE CHEAP: MY LIFE IN LOW BUDGET FILMMAKING (DE GREYDON CLARK)
Alumno aventajado nada menos que de Al Adamson, y cineasta genuinamente exploiter e independiente, Greydon Clark, ya anciano, pensó que lo que tenía que contar era lo suficientemente interesante como para auto editarse un libro que recopilase datos y anécdotas de su carrera en esto del séptimo arte de baja estofa. A Clark debemos un puñado de películas, algunas de las cuales, por no decir todas, se han ganado justificada fama de “malas pero divertidas”, aunque también las tiene directamente insufribles. Por ejemplo, quizás su título más popular sea “Llegan sin avisar”, que se adelantó por completo a “Depredador” (en el libro, Clark asegura que Schwarzenegger reconoció abiertamente esa deuda), seguido del más “mainstream”, “Lambada, el baile prohibido”. Entre medias localizamos muchas otras cosuchas como la insalubre “El regreso de los extraterrestres”, comedias insufribles como “Waco” (un spoof de terror que no funciona la agarres por donde la agarres... como puedas) o “Joysticks” (esta ni la terminé), historias de cabezas rapadas malos (“Skinhead”) o más de bichos purulentos, destacando “Uninvited”.
Todas ellas, y algunas otras, son diseccionadas en un libro que Clark construye como si fuese el guión de una peli, diálogos incluidos (¡que portentosa memoria tiene el hombre!, ¡o cómo se lo inventa todo!). Estructura esta que pronto se vuelve monótona y cansina, con un nivel cero de imaginación. Lo extraño es que el cineasta parece sentir predilección por contar las anécdotas más chorras y con menos enjundia antes de ofrecernos algo realmente jugoso. O realmente divertido. Que se centre en cómo explica a sus jóvenes e ignorantes ayudantes para qué sirve el montaje, es de un evidente y una inutilidad que asombran. Y es que en realidad el fin de estas memorias es mostrarnos a nosotros, incrédulos e irrespetuosos espectadores, cómo se jugaba el cuello (y la casa, y la salud...) financiando sus películas independientes (en algunos casos a un paso de ser caseras). Tal vez crea que sabiéndolo vamos a ser más benevolentes juzgando los resultados… pero no creo que sirva de mucho. A mi no me cuentes milongas, la peli me gustará o no, pero saber cómo se hizo y los problemas que tuvo puede ser interesante, desde luego, sin embargo no influirá en mi parecer.
También se pasa más de la mitad del libro demostrando lo buen tipo, paciente, comprensivo, buencha, majete, amable, generoso, afectuoso, respetuoso y progresista que era y es (¡y qué malos e inútiles todos los demás!). Un auténtico ángel a juzgar por sus palabras. Además, la peña que le rodeaba le tenía en gran consideración y alababan continuamente su arte y su capacidad de dirigir y resolver pifostios. ¡¡Que seria del mundo del cine sin el talento de Greydon Clark, por dios!!. Ejecuta esa práctica tan fea de tirar la piedra, esconder la mano y disculparse después poniendo cara de perrito apaleado. ¡Mal, feo!.
Si superamos tan irritante y constante práctica, encontraremos un puñado de curiosos personajes bien populares que cruzaron por la vida del cineasta, siempre asociándose a ellos en el peor momento de sus carreras. El mismo Al Adamson, que como todo exploiter del periodo era un auténtico hijo de puta. Martin Landau, George Kennedy, Tony Curtis, Chuck Connors, Joe Don Baker o, muy especialmente, un Menahem Golan post-“Cannon” cuyo único fin en la vida era competir con su hermano y ganarle. Produjo “Lambada, el baile prohibido” justamente por eso, porque Yoram Globus andaba pariendo su propia peli del tema. Y si contrató a Clark sin haber visto nada de su autoría fue, simplemente, porque le contaron que era muy rápido y quería estrenar el resultado antes que el otro. En resumen, la peli le importaba un huevo. Y sí, Clark era un fenómeno en cuestión de velocidad, aspecto que lograba acudiendo a las salidas estéticas y narrativas más simples, bobaliconas y visualmente elementales. Basando su única técnica de dirección de actores -a tenor de sus propias palabras- en decirles “Estás sobreactuando, rebájalo un poco” (cosa esta a la que alude en dos ocasiones diferentes, como si hubiese olvidado que ya lo había explicado en un capítulo previo). Pero no solo de viejas glorias se nutren las memorias de Greydon Clark, también aparecen Dean Cundey, Cibbyl Shepherd, Robert Englund o Michael Moore (sí, ese) en los inicios o mejores momentos de sus trayectorias artísticas.
La única vez que el tipo echa un poco de mierda sobre su propio tejado es cuando habla del fallecimiento del "stunt" Vic Rivers en el rodaje de su película "Hi-Riders (Los intrépidos salvajes)". Se confiesa responsable... eso sí, tras dejar claro que, legalmente y según el juez -y el resto de "stunts" presentes-, estaba libre de culpa.
Tampoco pasarán a la historia de la literatura cinematográfica todas las partes dedicadas a cuestiones monetarias, a cómo negociaba con inversores privados o con el banco. A los consejos legales de abogados. En fin, a todo aquello que, aunque en el universo de un cineasta súper-comercial y artesano como Clark encajan con lógica, a mi me importan un huevo. Son aburridas y me confirman que ese es el tipo de director/hombre de negocios que nunca estará en mi lista de favoritos. También Juan Piquer era un astuto empresario, pero luego ya ven lo que paría el pobre.
En un momento dado, y tras rodar un thriller "hitchcockiano" de lo más convencional originalmente destinado a la caja tonta, el autor confiesa que se sentía especialmente satisfecho de aquella película porque evitaba los típicos elementos propios del cine de explotación. Ni efectismos, ni violencia, ni tetas. Sin embargo fue su único fracaso real, así que pa la siguiente volvió al redil. No es nada nuevo, ningún exploiter lo era por placer (salvo Michael Findlay), ni disfrutaba haciendo lo que hacía, pero siempre me resultará triste leerlo.
La única parte de la obra que transmite alguna clase de emoción real, de humanidad y sentimiento, es aquella centrada en el fallecimiento prematuro de su abnegada esposa. Lo que justifica el que cada vez que le dedica algunas líneas en las páginas previas exagere sus atributos de entregada y sacrificada ama de casa que nunca jamás da un "no" por respuesta. Su fallecimiento fue lo que puso fin a la carrera de Clark.
Otra parte que me llegó es aquella en la que el hombre explica cómo en el cine de bajo presupuesto se suelen crear fuertes lazos de unión y afecto entre el equipo implicado durante el tiempo que dura el rodaje, sean ya actores o técnicos, pero que, del mismo modo, todo se desvanece sin remisión cuando concluye la experiencia. Uno puede pensar que ha hecho nuevos amigos/hermanos... y luego, plof!, nada de nada. Es algo que yo mismo viví cuando formé parte de "Al Pereira vs the Alligator Ladies" y nunca acabé de entenderlo. Leer en el libro que, por lo visto, es algo normal y extrapolable a todas las culturas me reconforta y me consuela.
Greydon Clark es un director que jamás ha destacado por su imaginación e inventiva. Sus películas suelen ser planas, monótonas, insulsas, funcionales, correctas pero desencantadas y sin brizna de personalidad. Bien, pues sus memorias son exactamente así. Solo se las recomendaría a aquellos curiosos que, como yo, quieran saber qué se oculta tras la realización de un producto netamente "exploitation”, pero que estén dispuestos a llegar al final sin ver colmadas sus expectativas.
Todas ellas, y algunas otras, son diseccionadas en un libro que Clark construye como si fuese el guión de una peli, diálogos incluidos (¡que portentosa memoria tiene el hombre!, ¡o cómo se lo inventa todo!). Estructura esta que pronto se vuelve monótona y cansina, con un nivel cero de imaginación. Lo extraño es que el cineasta parece sentir predilección por contar las anécdotas más chorras y con menos enjundia antes de ofrecernos algo realmente jugoso. O realmente divertido. Que se centre en cómo explica a sus jóvenes e ignorantes ayudantes para qué sirve el montaje, es de un evidente y una inutilidad que asombran. Y es que en realidad el fin de estas memorias es mostrarnos a nosotros, incrédulos e irrespetuosos espectadores, cómo se jugaba el cuello (y la casa, y la salud...) financiando sus películas independientes (en algunos casos a un paso de ser caseras). Tal vez crea que sabiéndolo vamos a ser más benevolentes juzgando los resultados… pero no creo que sirva de mucho. A mi no me cuentes milongas, la peli me gustará o no, pero saber cómo se hizo y los problemas que tuvo puede ser interesante, desde luego, sin embargo no influirá en mi parecer.
También se pasa más de la mitad del libro demostrando lo buen tipo, paciente, comprensivo, buencha, majete, amable, generoso, afectuoso, respetuoso y progresista que era y es (¡y qué malos e inútiles todos los demás!). Un auténtico ángel a juzgar por sus palabras. Además, la peña que le rodeaba le tenía en gran consideración y alababan continuamente su arte y su capacidad de dirigir y resolver pifostios. ¡¡Que seria del mundo del cine sin el talento de Greydon Clark, por dios!!. Ejecuta esa práctica tan fea de tirar la piedra, esconder la mano y disculparse después poniendo cara de perrito apaleado. ¡Mal, feo!.
Si superamos tan irritante y constante práctica, encontraremos un puñado de curiosos personajes bien populares que cruzaron por la vida del cineasta, siempre asociándose a ellos en el peor momento de sus carreras. El mismo Al Adamson, que como todo exploiter del periodo era un auténtico hijo de puta. Martin Landau, George Kennedy, Tony Curtis, Chuck Connors, Joe Don Baker o, muy especialmente, un Menahem Golan post-“Cannon” cuyo único fin en la vida era competir con su hermano y ganarle. Produjo “Lambada, el baile prohibido” justamente por eso, porque Yoram Globus andaba pariendo su propia peli del tema. Y si contrató a Clark sin haber visto nada de su autoría fue, simplemente, porque le contaron que era muy rápido y quería estrenar el resultado antes que el otro. En resumen, la peli le importaba un huevo. Y sí, Clark era un fenómeno en cuestión de velocidad, aspecto que lograba acudiendo a las salidas estéticas y narrativas más simples, bobaliconas y visualmente elementales. Basando su única técnica de dirección de actores -a tenor de sus propias palabras- en decirles “Estás sobreactuando, rebájalo un poco” (cosa esta a la que alude en dos ocasiones diferentes, como si hubiese olvidado que ya lo había explicado en un capítulo previo). Pero no solo de viejas glorias se nutren las memorias de Greydon Clark, también aparecen Dean Cundey, Cibbyl Shepherd, Robert Englund o Michael Moore (sí, ese) en los inicios o mejores momentos de sus trayectorias artísticas.
La única vez que el tipo echa un poco de mierda sobre su propio tejado es cuando habla del fallecimiento del "stunt" Vic Rivers en el rodaje de su película "Hi-Riders (Los intrépidos salvajes)". Se confiesa responsable... eso sí, tras dejar claro que, legalmente y según el juez -y el resto de "stunts" presentes-, estaba libre de culpa.
Tampoco pasarán a la historia de la literatura cinematográfica todas las partes dedicadas a cuestiones monetarias, a cómo negociaba con inversores privados o con el banco. A los consejos legales de abogados. En fin, a todo aquello que, aunque en el universo de un cineasta súper-comercial y artesano como Clark encajan con lógica, a mi me importan un huevo. Son aburridas y me confirman que ese es el tipo de director/hombre de negocios que nunca estará en mi lista de favoritos. También Juan Piquer era un astuto empresario, pero luego ya ven lo que paría el pobre.
En un momento dado, y tras rodar un thriller "hitchcockiano" de lo más convencional originalmente destinado a la caja tonta, el autor confiesa que se sentía especialmente satisfecho de aquella película porque evitaba los típicos elementos propios del cine de explotación. Ni efectismos, ni violencia, ni tetas. Sin embargo fue su único fracaso real, así que pa la siguiente volvió al redil. No es nada nuevo, ningún exploiter lo era por placer (salvo Michael Findlay), ni disfrutaba haciendo lo que hacía, pero siempre me resultará triste leerlo.
La única parte de la obra que transmite alguna clase de emoción real, de humanidad y sentimiento, es aquella centrada en el fallecimiento prematuro de su abnegada esposa. Lo que justifica el que cada vez que le dedica algunas líneas en las páginas previas exagere sus atributos de entregada y sacrificada ama de casa que nunca jamás da un "no" por respuesta. Su fallecimiento fue lo que puso fin a la carrera de Clark.
Otra parte que me llegó es aquella en la que el hombre explica cómo en el cine de bajo presupuesto se suelen crear fuertes lazos de unión y afecto entre el equipo implicado durante el tiempo que dura el rodaje, sean ya actores o técnicos, pero que, del mismo modo, todo se desvanece sin remisión cuando concluye la experiencia. Uno puede pensar que ha hecho nuevos amigos/hermanos... y luego, plof!, nada de nada. Es algo que yo mismo viví cuando formé parte de "Al Pereira vs the Alligator Ladies" y nunca acabé de entenderlo. Leer en el libro que, por lo visto, es algo normal y extrapolable a todas las culturas me reconforta y me consuela.
Greydon Clark es un director que jamás ha destacado por su imaginación e inventiva. Sus películas suelen ser planas, monótonas, insulsas, funcionales, correctas pero desencantadas y sin brizna de personalidad. Bien, pues sus memorias son exactamente así. Solo se las recomendaría a aquellos curiosos que, como yo, quieran saber qué se oculta tras la realización de un producto netamente "exploitation”, pero que estén dispuestos a llegar al final sin ver colmadas sus expectativas.
lunes, 12 de mayo de 2008
YO SOY LA JUSTICIA
Segunda entrega de la saga, donde De Lauretiis pasa el relevo de la producción a los Israelitas Menahem Golan y Yoran Globus con su flamante "Cannon", que aun no se había prodigado mucho, y nos trae a la pantalla a un Charles Bronson más envejecido, pero mucho más duro y violento que el anterior. De hecho, aquí Paul Kersey se estrena soltando hostias -cosa que no hace en la previa-, y se le da tan bien como apuntar y disparar.
Después de ser trasladado a Chicago y hacer de las suyas, Kersey mueve el culo a Los Ángeles, donde un grupo de delincuentes vuelven a violar a su catatónica hija. Así pues el arquitecto de día, justiciero de noche, tiene que volver a actuar como es debido.
Inferior a su predecesora pero igual de entretenida, en esta Kersey ya se pone un uniforme para salir de caza, a base de gorrillo de lana y guantes.
Con un final de los de saltar de la butaca (¡¡¡que emocionante por dios!!!), esto es un tío vivo solo superado por la alocada tercera parte, de la que Naxo ya dio buena cuenta en los orígenes de este blog (por eso no la voy a reseñar a continuación, pero sí les digo que me parece la mejor de toda la saga y con diferencia. Es salvaje y desmesurada).
Genial el plano final de esta "Yo soy la justicia", donde vemos la sombra de Paul Kersey reflejada a tamaño gigante en un edificio....¡¡¡¡UNO DE LOS MEJORES PLANOS DE LA HISTORIA DEL CINE!!!! Y que se joda quien piense lo contrario (que fueron legión, en su época recibió muchos palos por -decían- amoral, ruin y sucia).
Después de ser trasladado a Chicago y hacer de las suyas, Kersey mueve el culo a Los Ángeles, donde un grupo de delincuentes vuelven a violar a su catatónica hija. Así pues el arquitecto de día, justiciero de noche, tiene que volver a actuar como es debido.
Inferior a su predecesora pero igual de entretenida, en esta Kersey ya se pone un uniforme para salir de caza, a base de gorrillo de lana y guantes.
Con un final de los de saltar de la butaca (¡¡¡que emocionante por dios!!!), esto es un tío vivo solo superado por la alocada tercera parte, de la que Naxo ya dio buena cuenta en los orígenes de este blog (por eso no la voy a reseñar a continuación, pero sí les digo que me parece la mejor de toda la saga y con diferencia. Es salvaje y desmesurada).
Genial el plano final de esta "Yo soy la justicia", donde vemos la sombra de Paul Kersey reflejada a tamaño gigante en un edificio....¡¡¡¡UNO DE LOS MEJORES PLANOS DE LA HISTORIA DEL CINE!!!! Y que se joda quien piense lo contrario (que fueron legión, en su época recibió muchos palos por -decían- amoral, ruin y sucia).
sábado, 7 de enero de 2017
JÓVENES GUERREROS
Con deliciosa escoria ochentera hemos topado, amiguitos.
"Jóvenes Guerreros", “Young Warriors” in the USA, daba lustro a los estantes de muchos de los video-clubs que solíamos alternar siendo jovenzuelos (cortesía de "CB Films"). Una película dirigida nada menos que por el tipo que tuvo la maravillosa osadía de parir ese icono del "trash" que es "No vayas cerca del parque", Lawrence D. Foldes, el típico filmmaker que solo podía existir en los 70 y 80, cuando el cine de baratillo abiertamente costroso tenía su propia parcela. ¡¿Se podía pedir más?!. Sí, que la distribuyera la "Cannon". Y así fue, una excusa perfecta para que Menahem Golan y Yoran Globus situaran su nombre bien gordo antes del fucking título. Ya estamos todos.
En su intento por aferrarse a las modas propias del cine juvenil de su década, "Jóvenes Guerreros" arranca como una puta comedia "teen" estilo "Porky´s", con chistes malos, humor cafre y novatadas y, de pronto, se convierte en una peli de justicieros. De hecho, el momento es increíblemente corta-rollos, porque muta mediante cruda violación. ¡Hala, toma!. Una vez esta se ha producido, el humor voluntario que no hacía gracia desaparece y entra en escena el humor involuntario, que sí hace gracia. Y no poca.
Sí compañeros, "Jóvenes Guerreros" es "mala pero divertida". Y es otra cosa más, una historia moral pero con espíritu exploitation. Un dramón con intenciones sermoneadoras pero que usa las mismas tácticas que un "El Exterminador", un "Calles Salvajes" o un "El justiciero de la noche". Pura y descojonable contradicción. Como si a "John Matrix" le hubiese entrado el telele después de arrasar con los malos en "Commando" y se sintiera culpable, lo que obligaría a Schwarzenegger a mostrar un registro dramático que, en fin, no era su fuerte.
Para comenzar el grupo de protagonistas son unos chavalotes sanos, fornidos, guapos y rubios. Es decir, lo que generalmente serían los malos en una comedia universitaria, solo que estos resultan ser mega-majos y "buenchas", incluso se preocupan por las posibles consecuencias dañinas de sus novatadas. Encima, tienen un perro al que le ponen un pañuelo en el cuello y gafas de sol. El líder de todos ellos es el más atípico, básicamente porque, a pesar de su aspecto, de su -mal- gusto vistiendo (acorde a las peores modas del momento) y de lo poco que encaja en el rol, gasta aspiraciones artísticas. Hace... ¡cortos de animación experimental!. Toma geroma. Y no demasiado malos. De hecho, estas obras son fiel reflejo de lo que hay en su escueta mente. Desde el momento en que asistimos a la violación de la que es su inocente hermana pequeña, el pimpollo comienza a obsesionarse con la venganza, de modo que sus cortos se van volviendo más y más agresivos, para mayor ofuscación de su profe.
Pues eso, que el chaval solo vive para localizar a los agresores y exterminarlos a todos. Estos, claro está, son lo opuesto a él y su clan: sucios, gordos y vestidos según los cánones de alguna tribu urbana de esas con gusto por el “color” negro y las calaveras.
Pero ¿qué pasa?, que mientras no los encuentran, los chicos rubios y de ojos claros pasan el rato haciendo el justiciero por las calles de la urbe a puñetazo limpio primero y a tiros después. Uno de ellos se agencia material militar, armas incluidas. Así que salen a patrullar juntos vestidos de caqui y armados hasta la sobaquera. Joder, si incluso atavían al perro adecuadamente con su pañuelo militar y demás.
De mientras, la novia del prota se amarga mucho la vida, sobre todo cuando él la rechaza con violencia y le dice que se busque a otro para que la monte. Un momento francamente hilarante... de los muchos que hay.
Total, que el comando amateur pierde los papeles y un día acuden a un atraco en un establecimiento y vacían los cargadores sobre dos manguis. Pero vamos, que los cadáveres ya están en el suelo y nuestros muchachos siguen dándole al gatillo y gritando como locos. Eso sí, todo a cámara lenta, que chana mucho. Sin embargo, resulta que los fiambres eran dos teenagers con inofensivas pistolas de plástico. La culpa comienza a atormentar al clan, así que su líder hace lo lógico... ¡se va de putas!. Es justo entonces cuando aparecen los violadores, y se arma una escabechina muy divertida y espectacular a base de tiros en la que muere hasta el apuntador.
Bueno, casi... que queda sitio para una última lección de moral. Muy explosiva.
En el reparto destacan unos cuantos nombres bien curiosos. Los veteranos y prestigiosos, cuya función es secundaria, por caché salen los primeros, Ernest Borgnine y Richard Roundtree. Al prota le da vida nada menos que James Van Patten, perteneciente al infinito clan de los Van Patten (con su famoso padre Dick, de "Con 8 basta", su hermano Timothy, el malo de "Curso 1984" -hoy respetado director de series- y el otro hermano, Vincent, que actuaba en "Noche Infernal") y que gasta un careto de "Ken" de la "Barbie" tan gracioso, ahí con mandíbula cuadrada, que cuesta mucho tomarse en serio sus sollozos y crisis existenciales. Hoy sigue bien activo y le hemos visto en otros títulos como "Loca academia de maleantes" de Jackie Kong y varias secuelas de la saga "Saw". Le siguen la que hace de su novia, Anne Lockhart (entre la ingente cantidad de mierda que ha hecho, destaca con luz propia "Troll"), Lynda Day George (la histérica protagonista femenina de "Mil gritos tiene la noche"), la inevitable Linnea Quigley mostrando inevitable cacho (recordemos que también actuó para Lawrence D. Foldes en la mentada "No vayas cerca del parque") y Mike Norris, hijo de Chuck.
Por ahí rula Ted Nicolaou, montando.
En cuanto a Foldes, luego lo intentó con tres pelis más (una de ellas también habitual en los video-clubs de mis años mozos, "Nightforce", distribuida por "Vestron") y desapareció del mapa.
En fin, que sí señores, "Jóvenes Guerreros" es un fucking delirio absurdo pero, al mismo tiempo, muy entretenido. No aburre nada, lo que suele ser raro en movidas de este calibre. Muy recomendable… si se la toman como hay que tomársela.
"Jóvenes Guerreros", “Young Warriors” in the USA, daba lustro a los estantes de muchos de los video-clubs que solíamos alternar siendo jovenzuelos (cortesía de "CB Films"). Una película dirigida nada menos que por el tipo que tuvo la maravillosa osadía de parir ese icono del "trash" que es "No vayas cerca del parque", Lawrence D. Foldes, el típico filmmaker que solo podía existir en los 70 y 80, cuando el cine de baratillo abiertamente costroso tenía su propia parcela. ¡¿Se podía pedir más?!. Sí, que la distribuyera la "Cannon". Y así fue, una excusa perfecta para que Menahem Golan y Yoran Globus situaran su nombre bien gordo antes del fucking título. Ya estamos todos.
En su intento por aferrarse a las modas propias del cine juvenil de su década, "Jóvenes Guerreros" arranca como una puta comedia "teen" estilo "Porky´s", con chistes malos, humor cafre y novatadas y, de pronto, se convierte en una peli de justicieros. De hecho, el momento es increíblemente corta-rollos, porque muta mediante cruda violación. ¡Hala, toma!. Una vez esta se ha producido, el humor voluntario que no hacía gracia desaparece y entra en escena el humor involuntario, que sí hace gracia. Y no poca.
Sí compañeros, "Jóvenes Guerreros" es "mala pero divertida". Y es otra cosa más, una historia moral pero con espíritu exploitation. Un dramón con intenciones sermoneadoras pero que usa las mismas tácticas que un "El Exterminador", un "Calles Salvajes" o un "El justiciero de la noche". Pura y descojonable contradicción. Como si a "John Matrix" le hubiese entrado el telele después de arrasar con los malos en "Commando" y se sintiera culpable, lo que obligaría a Schwarzenegger a mostrar un registro dramático que, en fin, no era su fuerte.
Para comenzar el grupo de protagonistas son unos chavalotes sanos, fornidos, guapos y rubios. Es decir, lo que generalmente serían los malos en una comedia universitaria, solo que estos resultan ser mega-majos y "buenchas", incluso se preocupan por las posibles consecuencias dañinas de sus novatadas. Encima, tienen un perro al que le ponen un pañuelo en el cuello y gafas de sol. El líder de todos ellos es el más atípico, básicamente porque, a pesar de su aspecto, de su -mal- gusto vistiendo (acorde a las peores modas del momento) y de lo poco que encaja en el rol, gasta aspiraciones artísticas. Hace... ¡cortos de animación experimental!. Toma geroma. Y no demasiado malos. De hecho, estas obras son fiel reflejo de lo que hay en su escueta mente. Desde el momento en que asistimos a la violación de la que es su inocente hermana pequeña, el pimpollo comienza a obsesionarse con la venganza, de modo que sus cortos se van volviendo más y más agresivos, para mayor ofuscación de su profe.
Pues eso, que el chaval solo vive para localizar a los agresores y exterminarlos a todos. Estos, claro está, son lo opuesto a él y su clan: sucios, gordos y vestidos según los cánones de alguna tribu urbana de esas con gusto por el “color” negro y las calaveras.
Pero ¿qué pasa?, que mientras no los encuentran, los chicos rubios y de ojos claros pasan el rato haciendo el justiciero por las calles de la urbe a puñetazo limpio primero y a tiros después. Uno de ellos se agencia material militar, armas incluidas. Así que salen a patrullar juntos vestidos de caqui y armados hasta la sobaquera. Joder, si incluso atavían al perro adecuadamente con su pañuelo militar y demás.
De mientras, la novia del prota se amarga mucho la vida, sobre todo cuando él la rechaza con violencia y le dice que se busque a otro para que la monte. Un momento francamente hilarante... de los muchos que hay.
Total, que el comando amateur pierde los papeles y un día acuden a un atraco en un establecimiento y vacían los cargadores sobre dos manguis. Pero vamos, que los cadáveres ya están en el suelo y nuestros muchachos siguen dándole al gatillo y gritando como locos. Eso sí, todo a cámara lenta, que chana mucho. Sin embargo, resulta que los fiambres eran dos teenagers con inofensivas pistolas de plástico. La culpa comienza a atormentar al clan, así que su líder hace lo lógico... ¡se va de putas!. Es justo entonces cuando aparecen los violadores, y se arma una escabechina muy divertida y espectacular a base de tiros en la que muere hasta el apuntador.
Bueno, casi... que queda sitio para una última lección de moral. Muy explosiva.
En el reparto destacan unos cuantos nombres bien curiosos. Los veteranos y prestigiosos, cuya función es secundaria, por caché salen los primeros, Ernest Borgnine y Richard Roundtree. Al prota le da vida nada menos que James Van Patten, perteneciente al infinito clan de los Van Patten (con su famoso padre Dick, de "Con 8 basta", su hermano Timothy, el malo de "Curso 1984" -hoy respetado director de series- y el otro hermano, Vincent, que actuaba en "Noche Infernal") y que gasta un careto de "Ken" de la "Barbie" tan gracioso, ahí con mandíbula cuadrada, que cuesta mucho tomarse en serio sus sollozos y crisis existenciales. Hoy sigue bien activo y le hemos visto en otros títulos como "Loca academia de maleantes" de Jackie Kong y varias secuelas de la saga "Saw". Le siguen la que hace de su novia, Anne Lockhart (entre la ingente cantidad de mierda que ha hecho, destaca con luz propia "Troll"), Lynda Day George (la histérica protagonista femenina de "Mil gritos tiene la noche"), la inevitable Linnea Quigley mostrando inevitable cacho (recordemos que también actuó para Lawrence D. Foldes en la mentada "No vayas cerca del parque") y Mike Norris, hijo de Chuck.
Por ahí rula Ted Nicolaou, montando.
En cuanto a Foldes, luego lo intentó con tres pelis más (una de ellas también habitual en los video-clubs de mis años mozos, "Nightforce", distribuida por "Vestron") y desapareció del mapa.
En fin, que sí señores, "Jóvenes Guerreros" es un fucking delirio absurdo pero, al mismo tiempo, muy entretenido. No aburre nada, lo que suele ser raro en movidas de este calibre. Muy recomendable… si se la toman como hay que tomársela.
martes, 12 de julio de 2011
CAPITÁN AMÉRICA
Ahora que el estreno de la nueva y apetecible versión del "Capitán América" está a la vuelta de la esquina, es el momento idóneo para recuperar y recordar este otro intento, facturado en el año 1990.En realidad lo que pueda decir de ella, lo dije hace poco. Ya saben, mi teoría de que hay pelis que, para bien o para mal, necesitan hacerse con dinero, mucho dinero. Las de superhéroes entran en ese pack. Y es evidente que este "Capi" no contaba precisamente con un excesivo presupuesto. De hecho, su director, el mítico Albert Pyun (padre también de "Sueños Radiocativos", "Cyborg" o "Cromwell, el rey de los bárbaros"), argumentaba que había ocasiones durante el rodaje en las que, literalmente, la cuenta bancaria estaba a cero. Y claro, en esas condiciones, poca cosa podía hacerse. Así pues, el resultado final se asemeja al de "Robot Jox", es decir, "ha quedado mejor de lo que uno podría esperar dadas sus limitaciones, pero aún así sigue sabiendo a poco. Da la sensación de que todo el rato el film está al borde del descalabro absoluto y del cutrismo más sangrante... pero se salva por los pelos de un calvo".
Ya saben, eran otros tiempos. Todavía no se habían estrenado ni "Blade", ni "Spider-man", ni "Iron Man" y tampoco "Thor". Marvel llevaba años y años viendo cómo sus personajes eran arrastrados a la pantalla de modo miserable y burdo, mientras "DC" se lo comía todo. Y lo triste es que, en aquel momento, "Capitán América" se suponía su primer producto cinematográfico con "cara y ojos". Incluso Stan Lee, que estaba metido en la producción, se dejaba las pestañas para defender el trabajo del Sr.Pyun. De poco sirvió tanta patraña.
Pero vayamos a por la peli. El origen del personaje nos lo resumen en unos acelerados y renqueantes 20 minutos. Steve Rogers es un mindundi que se presta a un experimento del ejército para crear supersoldados. El primero de ellos es, obvio, el "Capi". No asistimos ni al entrenamiento, ni a las prácticas con el escudo, directamente lo vemos en un avión bromeando sobre su traje y lo poco útil que resulta para el camuflaje (¡buen intento!). De ahí a los aposentos de su archienemigo Cráneo Rojo (no excesivamente mal caracterizado después de todo), donde no le cuesta nada perder y acabar atado a un misil que aterrizará en Alaska y se congelará. En los años 90 despierta y decide terminar su misión.
En realidad el "Capitán América" de esta versión resulta poco superheróico y bastante incapaz. No es hasta el desenlace que hace algo propio de su supuesta condición, y tampoco es que se luzca mucho. El traje resulta algo ridículo, especialmente esas cacareadas -en su época- orejas de plástico. Al final se lleva algunos buenos primeros planos, y el simpático detalle de echarle una mirada al espectador... pero poco más.
Como decía antes, los problemas logísticos y monetarios durante el parimiento del film fueron constantes, y le pasaron factura. No me sorprende teniendo en cuenta que de todo ello se encargaba el ex-"Cannon" Menahem Golan, con su entonces nuevo invento, "21st Century Film Corporation". Al parecer se hicieron varias versiones distintas esperando obtener una que fuese satisfactoria, de ahí los innumerables retrasos y malos rollos, y de ahí la torpeza de ciertas secuencias que, curiosamente, contrastan con otras en las que el montador se luce a base de bien (especialmente en los momentos de acción -por pocos que sean-).
En definitiva, que como peli de superhéroes deja mucho que desear, es sosilla, tirando a aburrida y estéticamente algo telefílmica. No se puede negar que Albert Pyun se esfuerza en salir airoso, sin conseguirlo. No obstante, enfrentarse a ella sabiendo lo que hay, y dispuesto a ser misericorde, ayuda.
El reparto no está ni tan mal, Ronny Cox, Ned Beatty, Darren McGavin... y una apetitosa Francesca Neri.
Menos es nada.
domingo, 13 de diciembre de 2015
LOS FOTOCROMOS DE "LA NOCHE DE LOS MUERTOS VIVIENTES (1990)"
En 1990 el efecto shock que supuso en su día -1968- "La noche de los muertos vivientes" ya estaba más que asimilado. Parecía absurdo, tras tantas imitaciones y las secuelas del propio padre de la original, George A. Romero, intentar superarla, especialmente en crudeza. Así que a la hora de parir el primer remake del clásico se optó por algo radical y muy valiente, olvidarse el máximo posible de ello. Apuesta esta que aún resultaba más llamativa y desconcertante si tenemos en cuenta quien se iba a encargar de tan jodidísima tarea, Tom Savini. Personaje que había pasado a los anales del cine, como bien sabéis todos, por sus hemoglobiníacos efectos de maquillaje en pelis como "Viernes 13", "Maniac" o la misma "Dawn of the dead". Vamos, que Savini dio alas al gore, lo convirtió en algo escalofriantemente verosímil y enfermizamente detallista. Teniendo todo eso en cuenta, encontrarse con una versión de "La noche de los muertos vivientes" que llevaba su firma pero era incluso menos sangrienta y "sucia" que la primera, fue algo que no acabó de encajar bien el fandom, especialmente el más extremo, que era el público potencial de semejante propuesta, una que reunía de nuevo a los padres fundadores, Romero, John Russo y Russell Streiner con fines legitimizadores y se encargó de producir el mismísimo Menahem Golan desde su nueva y flamante empresa, la "21st Century Film". Claro que a lo mejor la ausencia de gore, y el fracaso del film, fueron más consecuencia de la época, del arranque de una década plagada de horrores mediocres y poco dados a exponer alegremente los interiores del cuerpo humano. O tal vez hemos de culpar al mismo Savini, que quería quitarse de encima la etiqueta de rey del "splatter" y apostó por dar más cancha al elemento "miedo" -sin conseguirlo- que al visceral. No sé.
Pero una cosa es eso, y la otra es concretar si esta nueva epopeya de zombies, parida en un momento en que estos aún no habían alcanzado los cansinos niveles de popularidad actuales, funciona o no. Bien, la revisé hace unos días y puedo decir que sí, funciona. En realidad me parece bastante más entretenida y dinámica que la original. No es un peliculón, pero tampoco ofende.
Después del batacazo, Tom Savini se apartó de la dirección hasta que la retomó años después participando en un par de antologías de escaso presupuesto (una de ellas es esta) y el reciente regreso en formato televisivo de "Creepshow".
¿Y qué aportaciones novedosas hace esta versión con respecto a la antigua, además del color y la mejora de efectos especiales?, pues una protagonista femenina más activa y guerrillera (lo que no tardó nada en provocar los típicos comentarios de que si "Rambo" y tal), un final igualmente inesperado e impactante (y ya tiene mérito si tenemos presente el de la versión del 68) y un puñado de divertidos sustos que juegan con las expectativas de la audiencia bien informada (ejemplo: la primera aparición de un zombie... o dos).
El reparto es de lo más simpático, con algunos rostros bien reconocibles adscritos al género, a saber: Tony "Candyman" Todd, Patricia Tallman (habitual del clan Romero, y que intervino en el "Pegado a ti" ¡de la Troma!), Tom "Henry, retrato de un asesino" Towles, William Butler (habitual de subproductolandia como actor y director) o Bill "Masacre en Texas 2" Moseley. Entre los zombies hay varios cameos, destacando el de Dyrk Ashton, fricazo con pedigree.
Los fotocromos que siguen a continuación no son demasiado chulos ni, seguramente, están completos... pero ya que Alex Gardés me los cedió amablemente, los dejo aquí y asíN cumplen su función: la de excusa para hablar un poco de la peli.
Pero una cosa es eso, y la otra es concretar si esta nueva epopeya de zombies, parida en un momento en que estos aún no habían alcanzado los cansinos niveles de popularidad actuales, funciona o no. Bien, la revisé hace unos días y puedo decir que sí, funciona. En realidad me parece bastante más entretenida y dinámica que la original. No es un peliculón, pero tampoco ofende.
Después del batacazo, Tom Savini se apartó de la dirección hasta que la retomó años después participando en un par de antologías de escaso presupuesto (una de ellas es esta) y el reciente regreso en formato televisivo de "Creepshow".
¿Y qué aportaciones novedosas hace esta versión con respecto a la antigua, además del color y la mejora de efectos especiales?, pues una protagonista femenina más activa y guerrillera (lo que no tardó nada en provocar los típicos comentarios de que si "Rambo" y tal), un final igualmente inesperado e impactante (y ya tiene mérito si tenemos presente el de la versión del 68) y un puñado de divertidos sustos que juegan con las expectativas de la audiencia bien informada (ejemplo: la primera aparición de un zombie... o dos).
El reparto es de lo más simpático, con algunos rostros bien reconocibles adscritos al género, a saber: Tony "Candyman" Todd, Patricia Tallman (habitual del clan Romero, y que intervino en el "Pegado a ti" ¡de la Troma!), Tom "Henry, retrato de un asesino" Towles, William Butler (habitual de subproductolandia como actor y director) o Bill "Masacre en Texas 2" Moseley. Entre los zombies hay varios cameos, destacando el de Dyrk Ashton, fricazo con pedigree.
Los fotocromos que siguen a continuación no son demasiado chulos ni, seguramente, están completos... pero ya que Alex Gardés me los cedió amablemente, los dejo aquí y asíN cumplen su función: la de excusa para hablar un poco de la peli.
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