Mostrando las entradas para la consulta Corman ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Corman ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

sábado, 23 de septiembre de 2023

EL JUEGO DE LA MUERTE / DEPORTE MORTAL

Cuando Roger Corman requería de nuevos cachorros a los que explotar en sus rodajes, con la excusa de una primera oportunidad laboral, corría a las aulas universitarias en busca de hambrientos estudiantes de cine. Rara vez confió un curre, especialmente la dirección de un largometraje, a un creador puramente autodidacta. O surgido de movimientos contra-culturales (por mucho que el cineasta se subió al carro de estos cuando el mercado lo demandaba, claro). Es lógico, Corman siempre ha sido un tipo bastante conservador, por lo menos en lo creativo, y no querría fichar a peña dispuesta a salirse del camino recto (la única vez que dio una oportunidad a alguien surgido del underground, se decantó por el más moldeable, menos arriesgado y rompedor de todos, Curtis Harrington) Era su manera de asegurarse el tiro. De no liarse con gente problemática, rebotona y que gastase ínfulas autorales, especialmente porque solía confiarles trillados y despersonalizados productos de género destinados a contentar a toda suerte de audiencias, les gustara o no. Aunque a veces la fórmula fallaba.
Ahí tenemos el sonado caso de Nicholas Niciphor. Cuando Corman vio sus cortos universitarios, se enamoró de él y raudo lo puso a las riendas de "Deathsport", "El juego de la muerte" en España (conocida también como "Deporte Mortal"), una especie de secuela en espíritu de uno de sus mayores éxitos setenteros, "La carrera de la muerte del año 2000". De hecho, contaba con el mismo protagonista, David Carradine.
Sin embargo, el rodaje fue un desastre. Niciphor se veía incapaz de controlar nada, probablemente por la imposibilidad de conectar con lo que estaba contando. No tenía puesto el corazón en el proyecto, incluso tal vez lo detestara... a él y al género al que pertenecía. Se sabe que, antes de aceptarlo, nunca jamás había oído hablar de Roger Corman y desconocía lo que significaba el término "serie B". Todo su conocimiento se limitaba a David Lean y Akira Kurosawa, algo muy propio de un graduado de la Universidad de Califronia.
Sus peleas con el elenco principal eran tal que Carradine llegó romperle la napia de un certero piño (aunque hay quien lo desmiente). Tras 21 días de rodaje, una barbaridad para los estándares habituales de Corman, este echó al aspirante (al que ocultó en los créditos bajo seudónimo de Henry Suso) y puso a su pupilo Allan Arkush como cabeza de buque. Pero "Deathsport" ya estaba condenada, a lo que no ayudaban mucho los excesos porreros de David Carradine y los cocaino-alcohólicos de la actriz, Claudia Jennings, quien palmaría muy poco después en un accidente automovilístico. Y hablando de accidentes, de estos hubo unos cuantos durante la confección de la película. Si la consumen atentos, serán testigos del más impactante, cuando un doble en llamas cruza demasiado cerca de otro figurante y, básicamente, le prende fuego. Este corre como un loco, se tumba frente a la cámara y llegamos a ver el humo del extintor entrar en el cuadro antes del corte. Jevi, jevi.
La cosa va de un futuro pos-nuclear. Los villanos de turno quieren entrar en guerra con la ciudad vecina, para lo que inventan unas "máquinas de la muerte" que no son más que jodidas motos mal tuneadas. La idea es convencer a la atontada plebe de su eficacia, así que se sacan de la manga unos juegos en los que se caza a "criminales" condenados. 
Pa  la ocasión, se han agenciado como presas a dos guerreros místicos que, claro está, les harán la puñeta. Escaparán pero serán perseguidos, en una carrera que no termina nunca y con la que acabas hasta el gorro de ver motos subir y bajar colinas.
Teniendo en cuenta que el mega-hit "La guerra de las galaxias" lo había petado apenas un par de años antes, Corman quiso incorporar pequeñas cositas de este a su "Deathsport" (fechada en 1979), tanto ideas (la fuerza mística de la que se valen los guerreros), como estéticas (esas ropas blancas, esas espadas que, a falta de ser láser, son como de cristal) y sonoras (literalmente llegamos a oír la respiración de Darth Vader y los zumbidos de algunos cazas intergalácticos) Y el resultado pues.... bueno, es lo que es. Una cosilla muy cutrona, como muy dejada, en la que a ratos asoma la risa involuntaria y cierto tedio, pero tampoco nos induce al suicidio. Con un poco de paciencia, se deja ver y hasta resulta medianamente entrañable. En el momento de su estreno fue un batacazo tremendo y nunca pudo dar pie a la continuación que Roger Corman tenía en mente. Casi mejor. Aquello no lo iban a salvar ni Arkush (que se avergüenza de ella) ni un milagro.
Al villano le pone -quemado- rostro nuestro querido Richard Lynch. Una jovencísima Linnea Quigley corretea por ahí -no acreditadamente- haciendo de cortesana. El todoterreno Gary Graver se encarga de la fotografía. Y nada menos que Jerry Garcia de "The Grateful Dead" colabora en la banda sonora, gracias a la conexión de Allan Arkush con la música rock. Sin embargo, según he leído, su trabajo queda diluido entre sintetizadores.
En cuanto al patata de Nicholas Niciphor, lo intentó de nuevo poco después con una comedia ("Adiós mundo loco"), pero fue sustituido a medio rodaje, ¡¡gafe!!. No volvió a probar suerte como director nunca más, centrando el resto de su carrera en escribir guiones (
entre los más curiosos el "Tusk" de Alejandro Jodorowsky) muchos de ellos destinados al mercado Germano. Supongo que ya no le querían en suelo norteamericano y tuvo que buscarse alternativas... algo así como Brian Yuzna... ¡chas-pun!

A continuación, les dejo la caratula del VHS editado por Icaro. Obviamente, los dos barandas motorizados que posan al pie NO aparecen en la película (deben pertenecer a alguno de los muchísimos seudo-exploits de "Mad Max 2" paridos en Italia o Filipinas) Y, si se fijan, casi se diría que a la hora de escribir el apellido Carradine, han cambiado la C por una G, lo que nos trae a la memoria aquel célebre sketch de "Martes y 13" donde rebautizaban al actor como Guarradine. Probablemente solo sea un efecto visual... ¿o no?


lunes, 18 de octubre de 2010

SHARKTOPUS

Podría soltar aquí la trola de que me he zampado "Sharktopus" en Sitges 2010, presentada por su flamante productor, Roger Corman. Pero no, la verdad es que solo es coincidencia que la haya visionado justo ahora, aún calentito su pase por el festival (by the way... si me equivoco que me corrijan, pero en teoría Corman -maestro- y Joe Dante -pupilo- se han encontrado este año en Sitges, ¿nadie lo ha documentado?, ¿nadie dice nada?, ¿acaso hay mal rollo entre ambos?... AVT, ¡la prensa rosa del fandom!). De todos modos, lo realmente interesante de este películo no está en sí mismo, sino en lo que representa, lo que le rodea, lo que significa.
Es evidente que el mercado del cine de género de bajo presupuesto, llámenle "serie B o Z", está repleto de buitres. Buitres con corbata que esperan la mínima oportunidad para beneficiarse. Para sacar tajada. Si todo dios echaba pestes de "The Asylum" porque plagiaban a los grandes -y no tan grandes- estudios, las tornas dieron un giro completo cuando estos tuvieron un HIT con la cacareada "Megashark vs Giant Octpus". A partir de ese instante, todas las compañías de parecido nivel adquisitivo se percataron de que, si producir mierdecillas de tiburones y otros bichos agigantados ya era beneficioso, más lo sería adornarlas con una buena dosis de delirio. Exagerando el tono al máximo. Así pues, al poco de que el mega-tiburón y el pulpo gigante la armaran en el media, comenzaron a surgir una imparable ralea de films de temática parecida, todos ellos con títulos igual de llamativos y rimbombantes y con el padre de los "exploiters" modernos a la sombra, Roger Corman (¿quieren más?, "Dinoshark", "Dinocroc vs. Supergator", etc...).
Así pues, "Sharktopus" nos presenta la historia de un tiburón creado genéticamente cuya mitad son los tentáculos de un pulpo. El bicho, controlado desde un ordenador por sus padres, se libera del encierro y se las pira a la playa de México, donde es barato rodar y hay un montón de bañistas dispuestos a ser devorados (aunque la peli tiene sus dosis de gore, este resulta altamente artificial -¡ese CGI!- e inofensivo). La hija del científico -¡noooo!- y el guaperas de turno -¡noooo!- le harán frente. Pongan a un rostro tan televisivo como el de Eric Roberts en el reparto y, ¡alehop!, tienen el plato perfecto.
Todo es típico de una producción "Syfy Channel" en "Sharktopus", su estética plana, sus efectos especiales informáticos ultra-cutres y cagadas varias (¡¡chica que grita con la boca cerrada!!). Hay un cameo impagable del mismo Corman, en el que le vemos observando el culo a una bañista. Esta, que previamente ha encontrado una vieja moneda con un detector de metales, es devorada por sharktopus... ¿y que hace el amigo Roger?, mirar tranquilamente cómo se la zampan, coger la moneda, morderla y guardársela todo feliz, ¡ja ja ja!, maravillosa auto-coña, que, como pasaba en su cameo de "Aullidos", vuelve a jugar con su fama de pesetero. Ahí tenemos una de las cosas buenas de "Sharktopus", que no se toma en serio a si misma, sin por ello recurrir al humor fácil y obvio. El director intenta dotar a su peli de mucho colorido, alegría y ritmo, y aunque apunto está de conseguirlo, finalmente se queda en "una más"... aunque, eso sí, quizás un pelín menos aburrida que de costumbre.
Detalle fricoso: Accidentalmente he descubierto a Brent Huff en un papel minúsculo. Este señor protagonizó a finales de los 80 algunas películas de Vincent Dawn / Bruno Mattei, tales como "Cop Game" o "Serpiente Sam", ¡ahí es nada!.
En su pase por Sitges 2010, hubo dos cosas que llamaron mi atención. La propia organización del festival, mediante su periódico oficial, otorgaba a "Sharktopus" unos atributos auto-paródicos y delirantemente conscientes que, opino yo, no tenían sentido (aparte de que es evidente que productos de esta calaña no suelen pasarse a lo grande por festivales de cine, y en este caso hicieron una excepción por la presencia de Corman, porque de otro modo "Sharktopus" hubiese ido directo a "Brigadoon", el apartado vídeo del festival). Sí es verdad que, como decía antes, hay cierto sentido del humor y que Corman sabe donde se mete, pero el modo en que lo hace/n queda bien lejos de los guiños, auto-homenajes o referencias "cool" propias de, por ejemplo, Tarantino / Rodriguez. Porque, antes que satisfacer egos o a una audiencia selecta de fans, el verdadero interés de los perpetradores de "Sharktopus" es contentar al público más básico, más masivo, y sacar tajada en el proceso. No se intenta regalar los ojos al aficionado a las "cult-movies", sino al señor que pone "Sharktopus" como podría haber puesto cualquier otra cosa, y al que le dan igual Corman, las "monster movies" de los 50 o si los efectos son CGI o no. Es decir, no estamos ante cineastas que juegan a ser directores de "serie B" y "exploitation", estamos antes cineastas genuinamente de "serie B" y "exploitation" que ni pueden, ni quieren, perder tiempo con homenajes o referencias, van a lo que van.
Esto me lleva a la "otra cosa" que llamó mi atención durante el festival, y es que un chaval, un aficionado al cine de terror y etc, se quejaba de que la peli era aburrida y que le hubiera gustado ver, al menos, un tentáculo de goma, algún elemento "camp" o "retro". Por un lado decirle al colega que la próxima vez se fije más, porque, aunque los FX en la peli son un 95% de ordenador, sí hay leves apariciones del elemento látex. Por otro, animarle a que vea más productos del estilo y se percate de que TODOS SON ASÍ. Podemos aplicar a esto la misma teoría antes expuesta. A ningún productor moderno le interesa recurrir al efecto "camp" retro-cutre del monstruo que huele a disfraz de caucho, él busca el máximo parecido posible -con sus medios- a los efectos que se gastan en Hollywood. Es decir, la exacta filosofía que tenían esos mismos perpetradores de "B-Movies" en los años 50. Es el paso del tiempo y la frivolidad de la platea moderna la que otorga a esa clase de cine su rollo socarrón, entrañable y risible, pero en aquellos tiempos, como ocurre hoy día, los productores de segunda / tercera no buscan el chascarrillo referencial y el guiño de complicidad aposta. Son más honestos y peseteros que eso.
¿A que nunca hubierais pensado que un film como "Sharktopus" diera para deliberar tanto?... esa es la grandeza de AVT, amiguitos.
Por cierto, que podéis verla si no tenéis nada mejor que hacer... pero vamos, sin prisas.

sábado, 24 de junio de 2023

EL INTERNADO

"Pesadilla en Elm Street" y su respectivo exitazo en 1984 marcaron el inicio de un nuevo tipo de cine slasher. Uno de tirón más sobrenatural. Menos aposentado en rutinas y "realismo". Tal es así que, personalmente, no suelo situar las aventuras de Freddy junto a las de Jason o Michael. Igual que tampoco coloco en el mismo saco a Leatherface. Claro que yo soy muy purista. En cualquier caso, el pirata de Roger Corman, siempre atento a las nuevas tendencias del mercado, especialmente aquel de tirón "exploitativo", algo habría oído sobre el fenómeno y mandaría a uno de sus exprimidos currantes a ver la película y tomar nota (siempre he dudado mucho que Corman consumiese esa clase de cine en su tiempo libre, seguro que es un "cinéfilo de gustos exquisitos" cuando no lleva la gorra de empresario) Este le contó no se qué sobre pesadillas e imágenes oníricas y surrealistas. Pero hablamos de mediados de los 80, cuando Freddy aún no había mutado a fenómeno social, así que, sin entenderlo del todo, Roger Corman acabó encargando a sus mataos la perfecta combinación entre aquel "nuevo slasher" con el de toda la vida. De este modo nace "El Internado", sosísimo título español para "Sorority House Massacre" (sorprende mucho que, viendo la cantidad de imaginación que los distribuidores patrios invertían a la hora de echar adelante sus chanchullos y triquiñuelas, dedicaran tan poca a poner títulos a las películas, no me digan que "Masacre en el internado" no habría molado más) En ella se nos narra la historia de una fraternidad habitada por chicas muy dispuestas al despelote (obvio) que, una década y pico atrás, fue escenario de un cruento asesinato. El hijo mayor de una familia masacró a esta por completo... bueno, salvo a la hermana pequeña. Bien, dicho demente consigue escapar del manicomio donde anda encerrado y dirigirse raudo a su antiguo hogar, dispuesto a seguir asesinando por doquier.
Vale, hasta aquí nada nuevo bajo el sol. Los esquemas del slasher de toda la vida, con "La noche de Halloween" por montera. La novedad es que la chica de la película tiene algo así como premoniciones y sufre pesadillas muy extrañas y surrealistas en las que el psycho killer la persigue, materia de la que se abusa más de lo habitual en esta clase de productos. Y, de este modo, obtenemos el perfecto equilibrio arriba comentado. En cuanto la Freddymanía petó a lo bestia, Corman corrió a repetir la jugada, pero esta vez logrando un mimetismo mucho mayor. Estoy hablando, claro está, de la "célebre" "Slumber Party Massacre 2", para la que el mercenario productor se valió de un previo slasher mucho más clásico -auspiciado por él- al que dio la vuelta por completo. Ya sabemos los pocos escrúpulos y la generosa jeta que gastaba.
El caso es que me puse a ver "El Internado" con muchas ganas y voluntad. Seguramente porque aquella había sido una buena jornada para mí, y arrastraba una actitud positiva. Y sí, debo reconocer que me sentó muy bien. Mucho mejor de lo que es habitual. Logró su objetivo de entretenerme. Los personajes no son tan odiosos como de costumbre (sobre todo ellas) y el asesino, que no lleva disfraz ni máscara alguna, funciona. Hay una dosis justa pero agradable de tetillas (atención a las de Nicole Rio) y algo de sangre. Nada muy extremo, pero bien. La banda sonora de sintetizador y toda la amalgama de tics ochentosos (esos posters de Sting a mansalva, -y otro del barbudo Dan Haggerty ¡las mozas de entonces sí sabían lo que era un hombre!-, el colorido vestuario...) contribuyen al disfrute.

Viniendo de Roger Corman, era imposible que "Sorority House Massacre" no esputara secuelas. Claro que, menudas son. Firmó ambas el desvergonzado Jim Wynorski el año 1990. "Sorority House Massacre 2" fue rodada a toda pastilla en escasos días, reutilizando decorados de otras producciones Corman previas y, ¡cuidao!, a espaldas de este. Únicamente con el consentimiento de su esposa Julie. Cuando Roger vio el resultado y, sobre todo, se percató de lo poco que había costado, quedó encantado. Claro que, de entrada, el film no tenía ninguna conexión con "Sorority House Massacre". Sin embargo, el sagaz productor pensó que se vendería mejor como secuela. Para la tercera parte, Wynorski sí repitió actores y personajes de la segunda, enfocándolo esta vez más hacia el thriller, así lo que en principio iba a titularse "Sorority House Massacre 3: Hard to Die" terminó como "Hard to Die" a secas. De esta guisa, lo de considerarla una tercera entrega real queda así como un poco diluido.
Retomando al personal de "Sorority 1", pues encontramos algunos nombres reconocibles como los del ya fallecido Robert Axelrod (interpretando a un enfermero. En sus buenos tiempos llegó a ser rostro habitual -muy muy secundario, casi figurante- en varias producciones "Cannon" para mayor lucimiento de Charles Bronson. Acabaría especializándose muy mucho en doblaje) o Deborah Brock perdida entre el equipo de producción, es decir, la mujer que poco después se encargaría de firmar la mismísima "Slumber Party Massacre 2", todo queda en casa. El protagonismo de "Sorority House Massacre" recae en la muy guapa Angela O´Neill, que tras ver como su carrera interpretativa no terminaba de despegar, se pasó a la del atrezzo, donde logró créditos en pelis mucho más gordas y respetadas. Obviamente, a la hora de desglosar su currículum, evita citar la existencia del film reseñado.
Escribe el guion y dirige -por primera y única vez- doña Carol Frank. Venía bien preparada, habiendo ejercido de asistenta de dirección nada menos que en el primigenio "Slumber Party Massacre". ¿Fascinante no? Su puesto de responsabilidad explicaría que en "Sorority 1" no solo veamos chicas en cueros, también el culo de uno de los varones.
Buena mierda.

lunes, 1 de noviembre de 2010

SLUMBER PARTY MASSACRE

A estas alturas de la vida ya sabéis que soy un incondicional del slasher. Especialmente el original, de los 70 hasta mediados/finales de los 80. Incluso me molan aquellos fácilmente etiquetables de "malos" (algún golfo podría decir "¿Y qué slasher no lo es?"). Me gustan los slashers aburridos, los slashers en los que no se ven los crímenes... o así pensaba yo hasta que hace unos días me vi "Slumber Party Massacre" y, en fin, todos mis esquemas comenzaron a temblar.
"Slumber Party Massacre" es de 1982. Lleva el sello Roger Corman (su inevitable aportación al boom del subgenero). Está repleto de tópicos. Hay mujeres desnudas y crímenes explícitos (tampoco demasiado) cortesía -no acreditada- de Mark Shostrom ("Evil Dead 2", "Pesadilla en Elm Street 3"). Entonces, ¡¡¿cómo es posible que la haya encontrado tan jodidamente aburrida e insoportable?!!. Mira que el efecto coñazo es parte indispensable de esta clase de cine... pero el caso que nos ocupa supera a todas. Dios, que puta agonía. Sin embargo la mía no es una opinión generalizada, en los USA -¿ande si nó?- hay un absurdo culto hacia "Slumber Party Massacre" y sus secuelas (de las que luego hablaremos)
. En fin.
Lo realmente interesante de este film (que en el documental "Going to pieces" figura como el primero de los slashers genuinamente malos... menos mal, ya me siento más persona) es la historia que hay tras su realización, algo que ya suele pasar. Por lo visto, y hasta su combativo coño del supuesto machismo imperante en este tipo de películas, la feminista y activista Rita Mae Brown escribió originalmente el guión de una -relativa- parodia. Pero tuvo la mala suerte de que este cayó en manos del tipo más pirata del universo cinematográfico, Roger Corman, quien rápidamente se pasó por el forro la intención didáctica original, convirtiéndolo en un "genuino slasher machista".
El problema es que algunos de los elementos paródicos se quedaron en el guión, por lo que, al mezclarlos con los elementos serios, salió una cosa bastante indigesta en la que las acciones voluntariamente cómicas se volvían ridículas, como ese momento en que, a pesar de encontrarse al pizzero muerto, una de las mozas no se está de comerse la pizza antes de que se enfríe. O el tipo que, para dar un susto al espectador, recorre el jardín matando caracoles a cuchillazos (¿?). Imaginaos algo así en medio de "Viernes 13" o "La Quema"... claro, te quedas bastante alucinado.
A pesar del lavado de cara de maese Corman, el "mensaje feminista" queda bastante patente cuando la prota es una chavala viviendo el tránsito de niña a mujer, su hermana pequeña no tiene reparos en confesar que se masturba leyendo revistas de tios buenos en pelotas (¡con Sylvester Stallone en la portada!) y, más significativo si cabe, el asesino usa un taladro muy fálico que, antes de morir, es cortado por la mitad de un hachazo... ¡¡OUCH!! (hay un plano descarao, en que, mientras vemos a la chica de turno en segundo término, en el primero están las piernas del criminal y la punta de la herramienta colocada justo en medio!). Ya que hablamos del asesino, está claro que resulta uno de sus mayores problemas. Es un tio de aspecto normal (le vemos la cara desde el principio), que corre para que la poli no le pille y hasta se permite el lujo de hablar y soltar tacos, ¿quéeeee?, ¡¡no, caca!!.
Tal vez para tener la conciencia tranquila, Corman fichó a una chica en tareas de dirección, Amy Jones, aunque ello no impidiera una recreación malsana en el cuerpo desnudo de algunas féminas, como esa que se está duchando y a la que la cámara filma con delectación, tomándose incluso la molestia de descender únicamente para lograr un primer plano del culo, y luego volver a subir (a pesar de lo cual, la muy zorra sale en el documental "Serie B: La cara oculta de Hollywood", rajando de Corman y del machismo imperante en el cine de terror.... ¡niña, al menos primero aprende a dirigir!). La propia Jones asegura que en su trasfondo la peli habla del temor al sexo por parte de una chica virgen. Ah....
Rogelio es Rogelio, a él le da igual el estatus de sus productos si estos dan pelas, así que aprovechando la prensa de "Slumber Party Massacre" -aunque en realidad sea de "tan mala, que es buena"-, en 1987 se sacó de la manga una segunda parte protagonizada por la hermana pequeña de la prota de la primens (es decir, la que se hace pajas con fotos de Rocky Balboa) y esta vez inspirada en el fenómeno de la época, Freddy Krueger. De la segunda hablaremos algún día no muy lejano, porque basta decir que es la primera de la saga que yo vi y en su momento me flipó bastante, es mucho más cómica -voluntariamente- y el asesino... en fin, está al extremo opuesto en cuanto a carisma y "realismo" que el de la primera parte. Unos años después (1990), y esperando aún sacar más tajada del mini-fenómeno, Corman encarga a otra fémina una tercera parte (dicen que más gore) a la que le sigue una cuarta (titulada "Cheerleader Massacre", 2003) dirigida por Don Jim Wynorski (curiosamente, en el reparto tenemos a la "scream queen" Brinke Stevens, quien en el film original debutaba como actriz con frase -hasta entonces sus intervenciones eran mudas- y, obvio, se despelotaba).
A lo tonto, he olvidado contaros el ultra-básico argumento. Pero, vamos, no hay truco alguno... chavalas pasando finde en casa (que por cierto, visto lo visto, las "slumber partys" resultan de lo más aburridas!) son atacadas por demente asesino.
Caca de vaca.

viernes, 25 de agosto de 2023

UN CUBO DE SANGRE

Rodada bajo el título provisional de “The living dead”, “Un cubo de sangre”, encargo de la "American Internacional Pictures" para Roger Corman, es el paradigma del “cine de culto”, no solo porque existe un nutrido grupo de fans que la reivindican desde hace años, sino también porque se trata de una película que, aunque resultó rentable, no supuso un éxito de taquilla ni mucho menos, recaudando en su carrera teatral poco más de 180.000 dólares. Lo que sucede es que como sus gastos de producción apenas rozaron los 50.000, esta película, rodada en tan solo 5 días reaprovechando los decorados del film “The diary of a High School Bride”, generó algo de dinero.
Lo que convierte en especial “Un cubo de sangre”, es que probablemente sea una de las mejores de cuantas dirigió Roger Corman —con permiso de “El hombre con rayos X en los ojos”— y una de las dos o tres películas en las que Dick Miller es el principal protagonista. Casi parece concebida para su lucimiento.
Por otro lado, muy inteligentemente, el film se mofa de la cultura "beatnik", muy en boga en la California de finales de los 50, así como del mundo del arte en general, retratando a todos estos hipsters del pasado como ignorantes poseurs sin criterio que, en realidad, no se enteran de nada. Una película totalmente atemporal y de la que deberían aprender muchos hipsters malasañeros a los que a día de hoy les sucede lo mismo que a los "beatniks" que nos muestra "Un cubo de sangre": Que son retrasados mentales.
Cuenta la historia de Walter Paisley (luego, a modo de guiño, Miller interpretaría a un montón de personajes con este nombre en infinidad de títulos: “Aullidos”, “Kill Bots” o “En los límites de la realidad”), un camarero bastante inepto que se gana la vida en una cafetería de "beatniks" donde se suele recitar poesía o algunos artistas exponen sus obras. En esa tesitura, Walter anhela ser artista y que le adulen, pero sus acercamientos al mundo de la escultura nunca son fructíferos. Accidentalmente, mata al gato de su casera, así pues, para esconder el cuerpo lo recubre con arcilla. De este modo, se lo lleva a la cafetería haciéndolo pasar por una obra suya. Todos quedan asombrados ante el talento de Walter y el realismo de su escultura y le exigen la creación de más obras. Como este es un tanto inútil, decide seguir haciendo más creaciones de similar índole… para las que se verá obligado a matar a unas cuantas personas.
Con guion de Charles B Griffith, “Un cubo de sangre” hace alarde de un sentido del humor negrísimo y una cordura a prueba de balas, que la convierten en una película de bajo presupuesto sin demasiado que envidiar a propuestas mainstream del mismo periodo. De hecho, Corman, que tampoco tenía el proyecto como propio, cuando vio los resultados y la rentabilidad en taquilla a poco que fuera la gente a verla, continuó haciendo películas del mismo estilo para AIP, siendo la siguiente, bastante inferior a esta, una de sus más queridas y populares: “La pequeña tienda de los horrores”.
Por otro lado Dick Miller, mientras rodaba, tuvo siempre la sensación de estar haciendo una película maravillosa, pero se le llevaban los demonios cuando comprobaba que en era en realidad todo funcionaba bajo mínimos y eso perjudicaría mucho el resultado. Durante años se estuvo lamentando de ello, pese a que se trata de una de sus películas más recordadas.
“Un cubo de sangre” es estupenda, altamente entretenida, con algunos gags de morirse de risa y una prueba viviente de que Roger Corman, cuando le apetecía, a parte de uno de los mejores hombres de negocios de la historia, también era un gran director que sabía sacar provecho a cuatro pesetas. Y sí, muy por encima de otras, podríamos decir que sería mi película favorita de Corman.
A lo largo de los años “Un cubo de sangre” generó un culto sonadísimo que propició un remake en forma de telefilm titulado “The death artist”, dirigido por Mike McDonald y protagonizado por Anthony Michael Hall en 1995, así como un musical laureado con buenas críticas en su momento.

sábado, 1 de noviembre de 2008

DEATH RACE : LA CARRERA DE LA MUERTE

Fui el primero en afirmar con contundencia que el trailer tenía una pinta horrorosa. Y sigo pensando que la peli hace gala de ese tufo a producto destinado a cholos y adolescentes adictos a los vídeo-juegos. Peeeeero, decir que no disfruté el visionado de ayer noche, sería una vil mentira. Si algo ofrece "Death Race" es diversión por un tubo. Puro cine palomitero elevado a la máxima potencia. Está claro que lo mejor que puedes hacer al sentarte frente a la pantalla es olvidarte por completo de "La carrera de la muerte del año 2000", la producción Corman con Paul Bartel a los mandos, supuestamente remakeada por el tan -incomprensiblemente- detestado Paul Anderson (es el autor de la más que buena "Horizonte Final", y por norma todas sus pelis son cositas con las que pasar un buen ratillo, por lo que a mi es un cineasta que no me desagrada especialmente). Está bien que los remakes varíen la idea de base, vamos, que no sean meras fotocopias... pero el problema de este "Death Race" es que olvida por completo todos los elementos atípicos que hicieron de la original un título de culto (eso si, tampoco era para tirar cohetes, ¿eh?). Humor negro hay, pero a cuentagotas. Sátira político-social... no, quizás un poco de crítica, pero del montón. Hay delirio, pero a ratos. Y gore, menos que el film de Bartel, aunque satisfactorio. ¿Que es lo que falta pues?, la mala leche propia de los 70, tristemente domesticada hoy día. Una vez asumimos eso, y si nos dejamos llevar por "Death Race", podemos llegar a pasárnoslo pipa. El siempre solvente Jason Statham interpreta a un ex-piloto de carreras encerrado en la cárcel porque a la alcaidesa le interesa encontrar alguien lo suficientemente bueno que sustituya al fenecido rey de la carrera de la muerte, el enmascarado Frankenstein. Para ello, hace que asesinen a su mujer y le den las culpas a él. De entrada, Statham jugará al juego, pero su verdadero plan es escapar y vengarse (o al revés). El film está contado a toda pastilla. Su ritmo es frenético. El montaje está plagado de efectillos videocliperos que aún le meten más velocidad a lo narrado, pero en este caso no molesta, es más, por temática incluso le pega. Claro que lo mejor de "Death Race" son las carreras de coches, bastante descerebradas y capaces de dispararte la adrenalina, con momentos estrella como el auto lanzado por los aires gracias a un cohete (y su piloto posteriormente hecho papilla) o el mega-camión armado con varias metralletas. Francamente divertido. Además, extrañamente no se abusa de los efectos infográficos, y eso mola, la sensación de estar viendo acero real chocando y ardiendo es mayor, y por tanto, más emocionante. También hay momentos para el ridículo, con la llegada de las tías buenas que harán de copiloto o el desenlace, políticamente correcto y más predecible que lo que fue el final absurdamente feliz (aunque en esencia despiadado) del film de Paul Bartel. Leí por ahí alguna crítica que se escandalizaba porque Roger Corman era también co-productor de esta versión, como si no pudieran creerse que el maestro contribuyese a cargarse su propia producción de los 70. Está claro que dichos críticos no están muy puestos en el tema, porque si hubiese visto los remakes que Corman produjo no hace tanto de "Piraña" y "Humanoides del abismo", verían que, al menos en esta ocasión, el resultado está bastante por encima de la media. Además, joder, Corman es Corman... y fijo que en el momento de su estreno, "La carrera de la muerte del año 2000" fue vapuleada por la crítica que hoy tanto la respeta. Resumiendo: No me equivoqué con "Death Race", sabía lo que iba a ser... y lo es, solo que mejor orquestado de lo que esperaba. Diversión asegurada.

jueves, 7 de agosto de 2014

SLUMBER PARTY MASSACRE 2

Durante la segunda mitad de los 80 "Freddy Krueger" y sus andanzas por la calle Elm se habían impuesto totalitariamente en el cine de terror. Todos los exploiters que hicieran honor a la etiqueta se sumaban a la tendencia reinante en busca de billetes verdes. Y el legendario oportunista Roger Corman no podía -ni debía- ser menos. Me lo puedo imaginar diciendo: "¿Pa qué molestarnos en crear una franquicia a lo "Elm Street" si ya la tenemos?". "¿Cual Sr.Corman?". "Hombre, aquella de "Slumber Party Massacre"". "Pero, jefe, eso era un "slasher" en plan "Viernes 13", no tiene nada que ver con el rollo "Freddy" y tampoco tuvo buenas críticas, ni mucho éxito". "¡¿Y qué más da, pringao?!, convierte a esa peli en un "Pesadilla en Elm Street" reduciendo las conexiones argumentales a un mínimo, mete pesadillas, mete sangre, mete tetas y mete a un asesino carismático, de look chanante y que suelte todo el rato chascarrillos y gracietas. O te vas a la puta calle". "OK, Boss, usted manda y yo obedezco". Dicho y hecho. Si el psycho-killer del "Slumber Party Massacre" original era un tipo de aspecto bastante mundano, sin ninguna característica demasiado sobresaliente, el hecho de que muriera en aquella era la excusa perfecta para hacer de él un personaje sobrenatural situado en el espectro opuesto, vestido de "Rocker from hell", cambiando su taladro convencional por uno en forma de guitarra eléctrica (que, imagino, se comería buena parte del presupuesto), muy llamativo, muy sobreactuado y muy aficionado a soltarse la lengua con chispeantes frasecillas graciosas cargadas de humor negro, la mayoría de ellas esputadas justo antes de cometer homicidio. Olé y olé.
Vi "Slumber Party Massacre 2" (1987) cuando llegó cual novedoso producto a nuesos video-prostíbulos cortesía de "Lax Vídeo" (gracias Enorm!). Me encantó, sobre todo por cierta secuencia de la que aluego hablaremos más extensamente. De hecho, me copié la puta peli. Con los años terminó ripeada en un dvd-r, que es el que revisé la otra noche, convencido de que mis impresiones iban a descender un porrón de peldaños.
Algo que no deja de sorprenderme es que aterrizara en nuestras fronteras con el título original intacto, más si tenemos en cuenta que, entonces -y aún ahora-, la primera no se había estrenado por aquí. Pero, ciertamente, ¿a quién cojones podía importarle?, en la época en la que los video-clubs dominaban la tierra, poco le preocupaban esos detalles al consumidor medio (y ahora, aún le preocuparían menos). De dicha entrega precedente ya hablé trágica y extensamente en su momento, así que nos ahorraremos esa parte.
La hermana de la única superviviente de la slumber party anterior va a cumplir años, así que montan otra. Poco a poco comenzará a tener pesadillas y visiones espeluznantes en las que el asesino del taladro la acosa. Finalmente, todo devendrá aterradora realidad cuando este se presente en la fiesta y monte la consiguiente escabechina. Como ven, un dechado de creatividad esplendorosa.
Para complementar el expolio del universo Elm Street, y aparcando el aspecto del asesino protagonista, podemos destacar sendas ideas y conceptos, por ejemplo las pesadillas, que se alternan de modo muy tonto y arbitrario con la realidad. Ahora duermo y me despierto gritando, ahora digo "Buenos días", salgo por la puerta y cortamos a mi otra vez durmiendo, etc, etc. Igual la intención de los filmmakers fuese inquietarnos, crearnos zozobra ante la duda de qué pertenecía al mundo de los sueños y qué a nuestro aburrido universo. Pero no lo consiguieron, logrando únicamente confundirnos y dar llamativas muestras de su incapacidad. Otros detalles bien deudores del amigo "Krueger" son las alucinaciones macabras, destacando esa en la que un pollo despellejado cobra vida y ataca a la chavala prota o, mejor aún, la famosa/infame secuencia en la que una de sus amigas luce un grano enorme en la faz que, al estallar, le echa litros de pus directos a la boca. De órdago. Incluso tenemos una escena en la que la protagonista se queda sobada mientras se da un jabonoso baño. Aquí no sale ninguna mano del agua, pero sí mucha pintura roja.
Ya sea por sus propios indudables conocimientos, o porque han leído a fondo mi respectiva reseña, sabrán que tras "Slumber Party Massacre 1" había toda una ridícula historia de feminismo panfletario, cosa por la cual Roger Corman contrató a un director con vagina (y que adaptaba el guión de un escritor con vagina). Bien, digamos que ahora la tontería vuelve a repetirse... aunque con matices. Vamos, que el rollo feminista creo que, en esta ocasión, es parte del entramado "exploitation" del business, que está ahí porque los posibles fans lo esperan. Digo yo. El caso es que también es una jaca la que se encarga de dirigir "Slumber 2", cuya trama puede entenderse como una metáfora del miedo al sexo. Nuestra protagonista es una virgen locamente enamorada de un jugador de futbol americano todo cachas, guapo y encantador. Cada vez que sueña con él y sus músculos, el asesino del taladro le interrumpe la polución nocturna para decirle que quiere hacerle el amor. Llegado su momento, este se convierte en algo físico y real justo cuando la niña se dispone a perder su himen y mutarse en mujer. Por lo visto la idea inicial era que el actor que daba vida al guaperas encarnara también al asesino, por aquello de -según palabras de la directora- "Mostrar dos caras de la misma moneda", y aunque finalmente la cosa no se materializó, algo quedó como bien prueba el "susto final" que no desvelaré por si alguno de ustedes tiene intención de verla. Curioso, sí, pero no deja de ser una enorme chorrada propia de mentes estrechas y almidonadas.
Pesadillas e hímenes a un lado, hay otra cosa que tiene una presencia constante en la película, y es la música. El rock. Supongo que impuesto ahí por maese Corman como parte del reclamo hacia la platea juvenil. El caso es que la prota toca en un poco verosímil conjunto de pop-rock. Y la excusa para liar la party es ensayar. De este modo, nos trufan la banda sonora de cancioncillas y hasta se marcan una especie de secuencia video-clipera en la que las girls bailotean al son de la canción de una película que echan por la tele, la excusa perfecta para que Corman pueda reciclar algo de su extensa filmoteca, en este caso "Rock and roll high school", célebre comedia estudiantil a mayor gloria de los "Ramones" (vilmente sustituidos por algo con unos royalties más asequibles, claro). A todo esto hay que sumar, como decía arriba, que el propio asesino le da al rockanró y de hecho -¡ahora sí!- hasta interpreta su propia canción. Lo han adivinado, amigos, este es el “magic moment” que me encandiló de chaval. Justo cuando se dispone a cazar a las chavalillas, aparecen unas luces de colores y el "driller killer" nos regala toda una actuación mientras canturrea una simpática tonadilla muy apropiadamente titulada "Let´s Buzz". Si "Slumber Party Massacre 2" merece ser recordada por algo, es por este material (que, seguro, localizan en youtube sin problemas). Y no acaba aquí la cosa, hasta la llegada del "The End" todavía nos comeremos más canciones, algunas de ellas en formato rockabilly y bien majas. Las hay que incluso suenan como acompañamiento de acosos y crímenes, nada menos. Sobra decir que, en el proceso, y acorde a la filosofía "Freddy", nuestro simpático asesino nos dedica unas cuantas miraditas, incluso nos habla directamente como parte del cachondeito.
¿Y qué más les puedo decir?, bueno, pues que la "muerte" del "driller killer" es una auténtica chufla. Que hay una coñeta final en los créditos, justo cuando dan la brasa con lo del copyright. Que los personajes lucen apellidos míticos ligados al cine de terror (sin ir más lejos, dos policías que aparecen se hacen llamar "Krueger" y "Voorhees", ¿alguien da más?). Y que el pifostio casi no alcanza los 80 minutos (¡¡fascinante!!).
En cuanto a recursos humanos, merece la pena que le echemos un ojo al reparto y demás.
Crystal Bernard interpreta a la angelical protagonista y a lo largo de su carrera no ha hecho gran cosa más (mucha televisión), salvo por una puta marcianada, "Welcome to paradise", un dramón de contenido abiertamente cristiano que no sería digno de mencionar si no fuese por su director y co-guionista, Brent Huff, "action hero" de serie Z en cuyo curriculum uno encuentra los directores y títulos más asombrosos, destacando entre ellos Bruno Mattei (para quien protagonizó "Serpiente Sam, nacido para luchar" o "Cop Game"), Fred Olen Ray (en "El poder de las armas") o Worth Keeter (en "Scorpio One"). También compartió protagonismo con Sho Kosugi en "Las nueve muertes de ninja", nada menos. Y como director posee varios films, destacando, además del citado, uno titulado "Mercenarios de élite", con protagonismo de Robert Davi y Roddy Piper y que se presentaba como todo un precedente de –lo han adivinado- "Los mercenarios/The expendables". ¡Qué pazote!.
Kimberly McArthur sobresale por sexy tanto como esos generosos pechotes que oculta tras un biquini y que, desgraciadamente, no nos muestra. Pero que no cunda el pánico, la chavala venía de la factoría "Playboy", donde se dejó fotografiar y filmar en pelota picada un porrón de veces (y, créeme, merece la pena que busques en Google). Volvería a hacerlo en películas de categoría como "Los locos del bisturí" (tremendo despliegue de glándulas mamarias), "Quien tiene una suegra tiene un tesoro" o "Malibu Express" del inevitable Andy Sidaris (el Russ Meyer del cine de acción de serie Z). Según Imdb, cuando firmó el contrato para actuar en "Slumber Party Massacre 2", impuso una condición: que no se desnudaría. Resulta fácil deducir que, pa entonces, la pobre estaría ya hasta el coño de enseñar las tetas. No se lo tenemos en cuenta.
Tampoco son mancas Juliette Cummins y Heidi Kozak. De la primera ya hablé cuando la reseña de "Viernes 13, 5ª parte", allí era la hermosa pelirroja de tetillas escuetas, las mismas que también muestra en "Slumber 2" (y que se erige como el único top-less de toda la puta peli), volveríamos a verla en otra secuela horrorífica de renombre, "Psicosis III". A la segunda también podemos localizarla en un "Viernes 13", el séptimo, además de otras cosillas como "Society" (la de Brian Yuzna). Dos chicas con "pedigree".
La directora, Deborah Brock, tiene un currículo bastante curioso. Todavía dentro de parámetros Cormanianos, se encargó de llevar las riendas de un producto infantil, "Las aventuras de Andy Colby", y de la tardía secuela de, nada menos, "Rock and roll high school", titulada "Rock and roll high school forever" y con protagonismo de Corey Feldman, de cuando vivía obsesionado con ser Michael Jackson. En funciones productiles la Brock ha puesto su contundente apellido a títulos tan curiosos como "Cariño, he agrandado al niño", "Frío como el acero. Buscando venganza" (secuela de aquella, protagonizadas ambas por el olvidado Brian Bosworth) y, esta sí es rara, la tragicomedia indie a mayor gloria de Vincent Gallo (que pa algo es prota, dire y co-guionista) "Buffalo '66".
Los resultones efectos de maquillaje (no hay mucha truculencia, solo unas ajustadas dosis) corren a cargo del ya fallecido James Cummins (sin aparente vinculación familiar con Juliette Cummins) de lustrosísima trayectoria, repleta de títulos bien reconocibles como "Extraños invasores", "Cosmos mortal" (aquella chunguez producida por Carlos Aured), "House, una casa alucinante", "Profundidad seis" e incluso anduvo por "El exterminador", "La cosa" y "Muertos y enterrados". También dirigió (y guionizó) sus propias películas, todas ellas destinadas al rincón más lúgubre del mercado videográfico, como "The Boneyard" que posee cierto culto (sobre niños zombie y caniches mutantes), "Dark: 30" (ni puta idea) o "Harbinger" (ni puta idea).
En cuanto a la saga “Slumber Party Massacre”, conoció una tercera entrega justo cuando el “slasher” renacía de la mano de “Scream” (¡¡que casualidad!!), dirigida y escrita por otro par de chatis, encabezonadas en mantener el rollo feminista (aquí el asesino del taladro es impotente) y que retomaba el tema realista, sin sueños ni polladas (las modas mandan, amigo). Curiosamente tiene “buena prensa” y por lo visto es bastante generosa en cuanto a sanguinolencias, pero debería verlo para creerlo.  Se comenta la existencia de una cuarta parte titulada “Cheerleader Massacre”, firmada por el temible Jim Wynorski, pero los expertos niegan que tal costrosa cosilla pertenezca a la franquicia. Expertos que decidieron formar piña y crear un absurdo culto hacia “Slumber Party Massacre”, sus secuelas, sus spin-offs y sus loquecojonessea. Tremendo.
Cuando decidí revisar "Slumber Party Massacre 2" llevaba varias noches dedicadas al visionado de películas prestigiosas (justificado especialmente en el caso de la muy notoria "12 años de esclavitud") y el cuerpo me pedía mierda. Pero de la güena.
No hace falta decir que la elección resultó ser mano de Santo.

miércoles, 6 de julio de 2022

EL OTRO BAÚL DE TÍO VICENTE 13 - ROGER CORMAN

Pues hacía ya tiempo que no rescatábamos una de las entrevistas que la revista "Casablanca" solía publicar en sus páginas. Y para retomarlo, vamos a lo grande. Nada menos que Roger Corman. Es decir, el Roger Corman que en 1983 visitaba el ya desaparecido festival "Imagfic". El Roger Corman que llevaba las riendas de "New World Pictures", seguramente en su época de mayor esplendor creativo.
Las preguntas son algo típicas (supongo que en el 83 no lo eran tanto), pero leer al veterano exploiter es siempre un placer. Para ello, bastará con que le den a la tecla Ctrl + botón izquierdo del ratón y farfulleen con entusiasmo aquello de: ¡Graaaaacias ooootra veeeez tío Vicenteeee!





jueves, 24 de marzo de 2011

DINOCROC VS. SUPERGATOR

La gran aceptación popular de la asylada "Megashark Vs. Giant octopus", hecho inédito hasta entonces en el mundillo del cine producido para el mercado del video/dvd y la tele por cable, rápidamente puso en alerta a todos los mercachifles que se mueven por terrenos tan pantanosos. La idea de unir en una misma trama, y un mismo título, a dos criaturas agigantadas era, visto lo visto, sinónimo de éxito. Lo que se traduce en ganancias. No deja de ser curioso confirmar cuán de buitres son esta gente del "exploitation", que no les basta con devorar a los grandes, también los peques, los que están a su mismo nivel, pueden ser un plato digno de gourmet si las circunstancias son las adecuadas. Y en el caso que nos ocupa, lo eran. Estando el rey de los tacaños y jetas en primera posición, es decir, Roger Corman, resultaba del todo inevitable que llegara a producirse un film como "Dinocroc vs. Supergator". Se abrió la veda de los films voluntariamente delirantes de título llamativo... porque tanto Asylum como Corman, y su "New Horizons", ya se han sacado de la manga unos cuantos más. Y los que vendrán, siempre y cuando la cosa responda bien.
La trama no tiene secretos, y es tan trillada y tópica como cabría esperar. Un cocodrilo y un caimán mutados genéticamente escapan de su encierro y comienzan a devorar a todo aquel que se cruza en su camino. O debería decir aquella, dada la predilección que los reptiles tienen por las mozas tetudas. La maquinaria se pone en marcha y varios personajes, entre ellos un cazador digno de tebeo, irán en busca de los bichos con el fin de pararles los pies. O las zarpas.
Que Roger Corman esté en la producción es sinónimo de varias cosas (no todas buenas). Y que Jim Wynorski esté en la dirección (y guión) escudado tras su "alias habitual como director de pelis de monstruos gigantes" Jay Andrews, es sinónimo de varias cosas (no todas buenas, aunque sí algunos chistes privados bien majos, como citar "She Gods of Shark Reef" -peli de Corman fechada en 1958- en un diálogo). ¿Por dónde arranco?... no se, pues eso, estética plana, fría y estéril. Efectos especiales un poco más dignos de lo habitual, pero tampoco demasiado. Diálogos chorras (la escena inicial de la pareja de bañistas es de juzgado de guardia). Situaciones tronchantes. Desenlace tontaina y final tan previsible como todo el conjunto hacía suponer. En fin... lo de siempre y mas allá que has visto en todas las pelis del estilo, ya sean "Asylum", "New Horizon" o "Syfy Channel". Da igual. Y el caso es que, honestamente, "Dinocroc vs. Supergator" se aguanta bien. No, en serio, es menos chapas de lo que uno puede suponer en un principio. Ideal para la tarde del Domingo.
Más detalles: es una de las últimas intervenciones de David Carradine antes de su muerte ¿accidental?. Entre los responsables del soundtrack está el gran Chuck Cirino. La frase publicitaria del cartel ("Whoever wins... we lose") es exactamente la misma que la de "Megashark vs. Crocosaurus", la secuela del clásico de Asylum (quien roba a un ladrón...). Jim Wynorski tiene un breve papel como granjero... ¡que mal le sienta no llevar barba!, ¿y este cabrón se folló a Monique Gabrielle en sus mejores tiempos?, ¡la vida es injusta, amigos!.

jueves, 22 de octubre de 2009

ANOCHECER ROJO

Ayer noche vi esta película, y desde entonces, entre las horas previas al sueño y las que han seguido a mi despertar hoy, no he parado de darle vueltas al tarro intentando indagar el por qué de su mera existencia. ¿A quien se le pudo ocurrir semejante idea tan ridícula?... el Barón Rojo vuelve del mas allá reencarnándose en un muñeco para aniquilar al tipo que lo mató en la guerra.... no se... El caso es que hay una pista clarificadora, produce Roger Corman con su flamante "New Horizons" en cabeza, y todos sabemos lo mucho que a Rogelio le tira eso de reciclar y rereciclar sus propias pelis. Si echamos un vistazo a su currículum como director, veremos que uno de los últimos films del menda era, precisamente, un biopic sobre Manfred von Richthofen, es decir, el Barón Rojo, famoso piloto Alemán que lucía un avión de tres alas del color de la sangre. Pa mi que un día se dijo "Coño, aún no he reutilizado este film... tengo que hacer algo", así que ni corto ni perezoso llamó a algún amigo suyo y le encargó un guión sobre el personaje, solo que adaptado a las plateas más lerdas de los 90... combinándolo con un rollo a lo "Muñeco Diabólico". Me imagino al guionista cagándose en la madre de Corman.
Y la historia está ahí... un chaval conflictivo es enviado a vivir con su padre y abuelo. Este segundo es el tipo que de joven mató al temido Barón y, como decía arriba, sufrirá en sus carnes la venganza en formato juguete. Naturalmente, será el chaval quien repare el entuerto.
Si hasta aquí todo lo leído os ha parecido marciano, esperad a conocer el reparto protagonista: un jovencísimo Tobey Maguire pre-"Spiderman", un desatado y super-sobreactuado Mickey Rooney de yayo y el acabado Cliff De Young (canturreaba en "Shock Treatment", la secuela de "The rocky horror picture show" y la última vez que lo vi fue en una producción "Asylum".... RIP). ¿Impresionados?. No es para menos. "Revenge of the Red Baron" o "Plane Fear" (sus dos títulos originales a elegir) es en realidad "terror juvenil", no hay casi nada de sangre, de hecho, lo que más abunda es la vergüenza ajena. La movida empieza más en serio, y poco a poco va derivando al cachondeo, con un Barón en formato monigote de aspecto muy gracioso soltando puyitas, mi favorita viene cuando, tras aniquilar al progenitor de Maguire, exclama: "¿De que te quejas?, te he ahorrado un montón de pasta el día del padre", ¡chapeau!.
El caso es que, a pesar de lo estúpido de la premisa, de sus diálogos chorras a matar, de un montón de incoherencias y, en definitiva, de lo jodidamente mala que es, "Anochecer Rojo" entretiene razonablemente y despierta nuestro lado más compasivo.
Si hay que hacer caso de lo que rula por la red (de la que no hay que fiarse mucho), el director, Robert Gordon (nada que ver con el cantante de rockabilly), suele ejercer más como montador (de hecho, ésta es su única peli en la silla del dire) y como tal, podemos verlo en títulos tan dispares como "El regreso de los muertos vivientes" o "Toy Story" (¿?).
Años después Roger Corman relanza la película y la disfraza de producto infantil / familiar, evitando en la caratula cualquier elemento terrorífico y sustituyendo la imagen de Tobey Maguire por la de un niño cualquiera. Acojonante... puro Corman.

miércoles, 6 de junio de 2012

LA RESURRECCIÓN DE FRANKENSTEIN

Esta peli, originalmente nacida "Frankenstein Unbound", recibió mucho bombo y platillo en su momento (1990) porque suponía el regreso a la silla del director del amigo Roger Corman, tras casi 20 años únicamente ejerciendo de producer. Además, lo hizo a lo grande, dirigiendo, produciendo y co-guionizando (según la novela de un mindundi). Desafortunadamente (para Rogelio) el invento fracasó estrepitosamente, a España llegó directamente en vídeo y el amigo no volvió a dirigir nunca más.
El problema de "La resurrección de Frankenstein" (o uno de ellos) es que, pretendiendo ser super-original, se queda en terreno de nadie y, sobre todo, se la ve anticuada. Si en 1990 ya lo parecía, ahora no te digo nada. Corman retoma temáticas góticas ya que, se supone, eran su especialidad a rebufo del éxito que tuvo con sus célebres adaptaciones de Edgar Allan Poe, e incluso se repite -supongo que conscientemente- cuando rueda pesadillas, utilizando los mismos efectos (imagen deformada, humo...). Todo ello, sumado al rollito ci-fi de serie B algo descocada, los elementos casi Spielbergianos (coche futurista que habla en plan super-simpa) y otros propios del horror de la época (pequeños momentos de jugosa truculencia sangrienta) hacen que el mejunje se resienta y no logre satisfacer a ninguno de sus posibles espectadores potenciales.
Y es que la historia ya de por si es una chorrada como un camión: Un inventor del futuro ha creado el arma definitiva que desintegra aquello que toca, aunque lo que en realidad hace es mandar el blanco a otra época y/o dimensión. Sin embargo, la cosa tiene efectos secundarios, y tanto experimentar con átomos y tal ha formado una puerta temporal en el cielo de la que sale hasta un primo de Gengis Khan (este momento da un poco de vergüenza ajena y todo). Total, que la puerta interdimensional se lleva al científico a la época en la que Mary Shelley comenzaba a escribir su novela de "Frankenstein". Sin embargo, resulta que la muy golfa se basa en hechos reales, ya que el amigo Franken existe y ha creado, efectivamente, un monstruo que va matando peña. El científico intentará detener un ajusticiamiento equivocado (acusan a una niña de los crímenes del monstro) y se meterá en un montón de líos del copón.
No sé que pensarán ustedes, pero a mi este refrito me resultó algo indigesto. Casi hubiera preferido que Mary Shelley y Lord Byron se quedaran fuera de la historia, y todo se desarrollara dentro de la ficción pura, en un universo paralelo en el que Frankenstein y su monstruo existieron de verdad, por así decirlo. Hay algunos momentos sumamente ridículos, como cuando el prota (un cincuentón John Hurt) se folla a una Mary Shelley (Bridget Fonda) casi adolescente. O el mismo monstruo (by the way, creado por un convincente Raul Julia como Doctor F.), que probablemente sea lo más cutre del pack. Físicamente se parece al propio Roger Corman, luce un absurdo dedo de más en cada mano y, aunque a nivel estético lo de la "pupila del ojo cosida" queda muy bien, su función es absolutamente inútil (ya me veo a Frankenstein dejándose la paciencia ahí cosiendo tres o cuatro ojos distintos pa crear uno solo... ¿¿??). Aunque más inútil es el bicho, que cuando actúa, gesticula o habla, provoca una notoria risotada.
Al final la cosa se alarga y se alarga y se torna soporífera. En fin, la intención era buena y de entrada, la peli cuanto menos resulta curiosa, incluso simpática, pero a medida que avanza la cruda realidad se va imponiendo. Ya en 1990, Corman estaba -como director- más fuera de su tiempo que el propio protagonista de su epopeya, e hizo bien volviendo a terrenos productiles para parir pelis de tiburones con tentáculos, anacondas con dientes de piraña, vacas tocando el xilofón o lo que sea.

viernes, 10 de julio de 2020

EL VIAJE

Película de Roger Corman adscrita al drugsploitation que, en cierto modo, es un pequeño antecedente de “Easy Rider”. Por un lado, porque esta tiene en su haber media plantilla de aquella. Jack Nicholson escribe el guion —con toques autobiográficos basados en sus experiencias y en su ruptura marital—, Peter Fonda y Dennis Hooper, la protagonizan. También tenemos por ahí a Bruce Dern. Y por otro, porque,  indiscutiblemente, esta película le sirvió a Hooper y Fonda de espejo en el que mirarse. Es obvio que tomaron buena nota de esta serie B en la que trabajaron para luego plasmar su locura en “Easy Rider”… Solo que si aquella es una película que pasó a los anales como uno de los pilares del cine de los setenta, esta es bastante mala, tediosa y ridícula.
La cosa va de un individuo que se da a las drogas, concretamente el LSD, en el momento que se entera que su mujer le ha puesto los cuernos. Empieza a frecuentar ambientes de hippies y drogadictos, y comenzará a consumir drogas con ellos. Así, tendrá buenos y agradables colocones a la vez que los tendrá malrolleros; sirvan ambos tipos de colocón para mostrarnos escenas psicodélicas y experimentaloides que compondrán el grueso de la película. Imágenes calidoscópicas, proyecciones psicodélicas sobre los actores que simulan hacer el amor, y toda suerte de efectos baratos para conseguir recrear algo bastante parecido a lo que es un viaje de tripi. Y de verdad, Corman, lo consigue. No es gratuito; durante la preproducción de la cinta, tanto Corman como su séquito de futuras estrellas consumirían LSD con el fin de saber cuáles eran sus efectos para poder plasmarlos en imágenes de la manera más rigurosa posible.  Bruce Dern no, Bruce Dern no quería saber nada del asunto.
El guion fue concebido por Nicholson para hacer él mismo uno de los papeles protagonistas (el de Bruce Dern), pero tras estudiarlo concienzudamente, Corman sugirió que mejor él no apareciera en la película. Y como buen discípulo, Nicholson obedeció.
Pese a que la película abre con unos créditos que, para curarse en salud, advierten al espectador sobre los efectos nocivos de esta droga (cuando lo que pretende en realidad es mostrarnos a gente tomándola sin ningún motivo y pegándose un buen viaje), en Reino Unido, el BBFC consideró que se trataba de una obra de corte sensacionalista y una apología del consumo de LSD, por lo que la película quedó prohibida en Inglaterra hasta 2002 que por fin se pudo comercializar. Claro que en Inglaterra eran muy dados a prohibir todo lo que se alejara un mínimo de lo políticamente correcto. No obstante, aunque estuvo casi 40 años prohibida, durante lustros la película circuló de mano en mano de manera clandestina y pirata.
El film es bastante chungo, puede dar la sensación de que estamos ante una película más o menos cuidada porque su fotografía es estupenda, pero luego el montaje es un amasijo de conceptos e ideas soltadas a su ser a modo de máquina de gotelé. Por otro lado,  hay escenarios y vestuario del medievo que se cuelan en algunos de los momentos oníricos en los que Fonda se come un tripi. No he podido contrastarlo pero es fácil deducir que esos escenarios y vestuario fueron reaprovechados de otra película en ciernes. No sería descabellado.
También tenemos por ahí el cameo imprescindible de Dick Miller… y poco más. Mucha lucecita, mucho colorín, y millones de planos para una trama casi inexistente y que, en el fondo, da bastante lo mismo. La gracia está en ver a toda esa tropa pasándoselo de puta madre en el rodaje y, curiosamente, actuando espantosamente, sin plantearse siquiera lo que les sucedería años después.
Para matar el gusanillo y poco más.

lunes, 16 de mayo de 2022

CONFESIONES DE UN ASESINO

“Confesiones de un asesino” narra  las correrías de Henry Lee Lucas y sus amiguitos en una de las primeras películas sobre el tema. Se trata de un film de naturaleza independiente inspirado en los asesinatos del anteriormente citado asesino en serie que, con un aspecto telefílmico y una narración pausada, se encontró en su momento con el pesado lastre de tener que competir con “Henry, retrato de un asesino” de John McNaughton que se estrenó poco antes de que esta se lo planteara siquiera, en 1985.
Resulta que Roger Corman, que hasta entonces tan solo había distribuido películas de su propia factoría, crea su distribuidora New Horizons / Concorde y descubre una pequeña película de aspecto bastante sórdido e impactante, esta “Confesiones de un asesino”, con la que inaugura su catálogo de distribución ajena. Pero Corman era bastante vivaz y, con los derechos de explotación en sus arcas, decidió que no sería una buena idea estrenarla justo en el momento que lo hacía la de McNaughton, que aunque tampoco era una cosa para nada comercial, sí venía acompañada del beneplácito de la crítica. Así que Corman decidió no estrenar la película en los USA para que no se solapase con el estreno de una cinta que iba a fulminar la suya. Tan solo vendió la explotación de la misma para algunos países del extranjero —entre ellos el nuestro—, pero la dejó en las latas hasta que en 1992 la lanzó al mercado de una manera totalmente fraudulenta con una caratula que proponía a un asesino con una máscara facial exacta a la que lució el año anterior Hannibal Lecter en “El silencio de los corderos”. Una tomadura de pelo absoluta.
La cosa no cuajó ni se distribuyó en condiciones, por lo que el film quedó relegado al ostracismo a fin de cuentas.
Sin embargo, y con el paso de los años, ha ido adquiriendo culto y durante mucho tiempo las copias piratas fueron rulando de mano en mano hasta el punto de que existe un nutrido grupo de fans que la reivindican y que dicen que “Henry, retrato de un asesino” es una buena película, pero que “Confesiones de un asesino” es aun mejor, cosa esta que no se creen ni ellos.
Como fuere, con el paso de los años los derechos de explotación prescribieron y como Corman no tuvo ningún interés en renovarlos, la película cayó recientemente en manos de sus autores que la vuelven a ofrecer, no ya solo para su distribución internacional, sino que le hacen un corte del director y la remasterizan en 2K para su lanzamiento en Blu Ray. Así pues, goza de una nueva vida.
Por supuesto, la versión que yo he visto es el costroso ripeo del VHS que en su momento se distribuyó en alquiler en nuestro país, con una imagen que parece directamente vomitada desde la pantalla y que nos ofrece una película, efectivamente, muy parecida a “Henry: retrato de un asesino”, pero sustancialmente peor, con un argumento más flojo y bastante menos gráfica en lo que a violencia se refiere.
La cosa comienza cuando la policía detiene al personaje inspirado en Henry llamado para la ocasión Daniel Ray, y en el calabozo, cuando le interrogan, este pasa a confesar varios de sus 200 asesinatos. Y según se los va contando a las autoridades se recrean para el espectador. No hay un hilo argumental, es casi una película de sketchs, pero con momentos muy interesantes como cuando nos muestran la forma en la que se relaciona románticamente la madre de Daniel Ray o cuando los policías le preguntan que cómo es posible que nunca le hayan descubierto en ninguno de sus asesinatos y este responde que es porque no los comete en un sitio fijo, sino que se mantiene en la carretera y que, cuando alguien puede llegar a sospechar algo sobre él, ya se encuentra a miles de kilómetros de donde cometió esa fechoría.
Y poco más, la película nos ofrece, tal y como el título dice, las confesiones de un asesino. No está mal, un poco aburrida, pero en general se sigue con interés.
Al director, Mark Blair, no se le conoce ninguna película a parte de esta. Esto tiene explicación, y es que Mark Blair es el seudónimo que utilizó John Dwyer para firmarla, ya que en el momento de estrenarla estaba trabajando en el guion de una película para Disney, “Capitán Ron” con Kurt Russell, y no quería que se le relacionase con esta cosa sórdida y misógina que acababa de rodar. Claro, que si nos vamos a la ficha de IMDB de John Dwyer fliparemos cuando veamos que bajo su nombre real, tampoco hay más películas acreditadas como director a parte de “Confesiones de un asesino”, así que, para el caso…

sábado, 15 de julio de 2023

DD5: ESPACIO MUERTO

Ya he alegado en muchas ocasiones que Roger Corman tenía todo el derecho a lanzar explotaciones de "Alien, el 8º pasajero" considerando que esta tomó mucho prestado de la ciencia ficción horrorífica de los 50, en la que Corman estuvo más que activo. Ocasionalmente dicho mangoneo no era tanto, y la peli resultante hasta disponía de personalidad propia, como ocurre con "La galaxia del terror". Pero otras veces -y más entrados los 90- al Corman perezoso le bastaba con repetir el esquema del grupo de individuos encerrados en un espacio limitado enfrentados a un monstruo terrible, algo bien presente en, por ejemplo, "Galaxia Prohibida" del 82 (de la que, esencialmente, la reseñada vendría a ser un remake no confeso) o "Regen, regeneración mortal" del 89. Dos años después, Rogelio lanza "DD5: Espacio Muerto" ("Dead Space" en v.o.)
Un comandante galáctico, acompañado de su comparsa robótica, acuden a una llamada de auxilio desde un laboratorio -aislado en un planeta de esos con muchas rocas y cielo azul- donde han surgido problemas a causa de sendos experimentos genéticos. El resultado de estos es un temible monstruo dispuesto a zamparse al reparto entero.
Pues sí, lo de siempre. Y ello incluye el enésimo reciclaje de las escenas de batallitas espaciales de "Los siete magníficos del espacio". Algún día alguien debería hacer un recuento oficial, podría ser divertido. Luego toca chupar decorado hasta el final. Eso sí, ambientado con una sutil neblina para darle algo de textura. Y entre charla de manual y charla de manual, pues un poco de folleteo y algo de truculencia resultona y, a su manera, efectiva, sobre todo cuando el monstruo surge del interior de un cuerpo como... en fin, ya saben cual. Hablando de surgir, hay que aplaudir UN momento muy efectivo, en concreto un sustazo que funciona, y muy bien. Algo es algo. Aunque si rememoro el visionado, se me ocurre otro. El desenlace. Uno la mar de ambiguo y poco complaciente, que viene a confirmar la imposibilidad del supuesto e inevitable romance entre los dos protagonistas. O así lo entendí yo.
De los efectos potables (el bicho no está ni tan mal) se encarga todo un jefe en lo suyo, Gabe Bartalos, que pa la ocasión aparece en los créditos como BartaLLos. En el reparto destaca la curiosa presencia de un joven Bryan Cranston, bastantes años antes de convertirse en el reputado y valorado actor que es hoy. Algo así como el espectro opuesto al estatus del protagonista del film, Marc Singer y su eterna cara de palo. Del resto de la peña, poco hay donde rascar. El director de gracioso nombre, Fred Gallo, debutaba en el largometraje con esta película. Luego siguió pariendo roña, más o menos olvidable, como "Drácula, el renacer" o "Terminator Man". La guionista, Catherine Cyran, firmó también los libretos de otras Corman-costras como "Slumber Party Massacre 3", "Bloodfist 2" o "Kickboxer 2025". Decidió pasarse a la dirección, especializándose en telefilms navideños o ñoñadas románticas de princesas y demás.
Hecha actualmente, a base de fotografía digital y monstruos en CGI, "DD5: Espacio Muerto" sería insoportable. Pero facturada a la manera de los 90... bueno, aún tiene un pase. ¿Por qué no?

sábado, 30 de octubre de 2021

HUMANOIDES DEL ABISMO

Soy el orgulloso poseedor de una hermosa camiseta de "Humanoides del abismo", "Humanoids from the deep" o "Monster" en su tierra. Un día, iba yo luciéndola caminando por el centro, cuando un turista la vio y reaccionó entusiasmado, mandándome un afectuoso saludo. Desconozco si fue porque le gustó el diseño (básicamente el que tienen aquí al ladito) o porque conocía la película y la tenía en gran consideración... pero me quedo con esto último, que es más bonito y, obvio, bien cierto.
El viejo pirata de Roger Corman se animó a producir en 1980 -bajo su flamante New World Pictures- esta puesta al día, MUY puesta al día, de lo que eran las viejas películas de monstruos que él mismo firmó en los años cincuenta. Alguien diría que, igual que con "Piraña", siguió explotando la moda "Tiburón". Y es posible, pero también muy justo, porque después de todo la magnífica peli de Spielberg era un versión high-tech, y de gran presupuesto, del cine que hicieron Corman y sus contemporáneos. En cualquier caso, la movida va de unos peces mutados por productos químicos que han cogido apariencia humanoide y salen del agua para hacer trizas a los varones y preñar a las damas. Los habitantes del típico y siempre bonito pueblo pesquero de rigor (y mira que me gustan estos escenarios) se pondrán manos a la obra para detenerlos. Sin más.
Ahora, añadan a todo ello un montón de sangre a chorretones, gráfica truculencia y, por supuesto, unas cuantas tetas de infarto, pegadas a cuerpos de infarto, y tendrán... un jodido clásico, así de simple.
Sí, sí, sí. Lo digo: Ya no se hacen pelis como esta. Ya no. Ni se harán, porque por mucho que los haya que intenten recrearlas, siempre se nota el pegote, el rollo forzado. Antes se facturaban así de modo natural, y eso es lo que les confiere la magia indiscutible que títulos como este, como "Superstición" o incluso como la cafre "Demons" poseen. Y cito estas tres porque las he consumido recientemente y todas me han funcionado de maravilla, arreglándome una jornada de visionados mediocres hasta que les llegó el turno de entrar en mi reproductor de dvd.
Muchos ya sabrán lo que se dice de "Humanoides del abismo", que su directora, Barbara Peeters (sin nada más destacable en el curriculum), se negaba a meter todos los elementos "exploitation" que demandaba Corman -especialmente los de tirón sexy, que la señora era una feminista declarada-, así que, ni corto ni perezoso, el productor pilló a otro equipo (comandado por Jimmy T. Murakami, responsable de "Los siete magníficos del espacio". En otras fuentes se cita/culpa a James "Deathstalker" Sbardellati) para que rodaran los momentos en los que vemos a los peces mutantes perseguir y violar muchachuelas, algunas tan impresionantes como la que se despelota en la tienda de campaña (Lisa Glaser). Ver para creer. Naturalmente a Barbara Peeters no le moló nada y se cabreó como una mona, hasta que, años después, cambió de opinión.
¿Que si los monstruos y demás efectos son cutres? Hombre, a ver, los diseños están estupendos, y los bichos gastan un look cojonudo, pero eventualmente sí hay instantes para la risa y el regocijo, aunque poquitos, nada que ofenda y en ningún momento se vuelva contra la peli, muy al contrario, la dotan de muchísimo más encanto.
Como siempre, si damos un repasito al personal, encontramos nombres muy cucos. Actores que andaban un poco de capa caída como Doug McClure o el pobre Vic Morrow. Otros como la prota femenina, Ann Turkel, que luego veríamos en una de Fred Olen Ray. La neumática Linda Shayne, también presente en "Los Rompecocos" o "El día de la graduación" (básicamente, es la que sale en la caratula del vhs patrio). Actualmente se ha reciclado en "reputada" directora, renegando así esos primeros papeles.
En el apartado técnico, localizamos novatillos de actual prestigio -más o menos-  como el compositor James Horner, Mark Goldblatt montando (ya saben, cortó y pegó "Rambo", "Commando" o "Terminator 2", e intentó dirigir con "Vengador (Punisher)"), Gale Anne Hurd (la famosa mano derecha de James Cameron, profesional y pajeramente hablando) en plan chica de los recados, Chris Walas, Rob Bottin y Steve Johnson en los efectos especiales -estos dos últimos interpretando a sendos humanoides. Johnson disfrutaba como un enano contado en redes sociales sus batallitas durante el rodaje- o Peter Manoogian (futuro director en el imperio Charles Band, que terminó firmando cosas como "Eliminators", "Arena, ring de las galaxias" o "Demonic Toys")
Decir que, ya de lleno en los 90, Roger Corman produjo un remake de "Humanoides del abismo" y otro de "Piraña", reseñado en su día, destinados a la caja tonta y 
altamente olvidables. Ya conocen lo jeta que era/es el hombre. La mitad del material estaba sacado directamente del film original, solo cambiaban los actores y algunas ideas horribles añadidas que intentaban adaptarse a los gustos de la década. En el caso de "Humanoides...", recuerdo un especie de huevo, capullo o larva enorme de donde salían los bichos. Todo muy ridículo.
Hace ahora ocho años, Víctor ya se curró su propia reseña del "Humanoides del abismo" primigenio, en la que, básicamente, venía a decir lo mismo que yo: que es una auténtica delicia altamente recomendable.

viernes, 27 de octubre de 2017

EL TREN DE BERTHA

“El tren de Bertha”, o más bien dicho, sus críticas son un claro ejemplo de la hipocresía (y en el peor de los casos, de la ignorancia) de aquellos que ven cine de calidad –y solo cine de calidad- cuando calibran la película de la que van a hablar según el rasero que más les conviene.
“El tren de Bertha”, no es más que un “Exploitation” de serie B que se aprovechaba del tirón que tenía “Bonny & Clyde” y una consecuencia directa de “Mamá Sangrienta” dirigida, precisamente, por el productor de esta, Roger Corman. Lo que pasa, es que la dirige un asalariado Martin Scorsese, y solo por eso, para esos plumillas, esta película es un ejercicio de estilo, una película a tener en cuenta. Me gustaría saber que pensarían de ella esos mismos, si la hubiera dirigido cualquier otro. Scorsese aborda su segunda película bajo la batuta del productor, Roger Corman, que le pide unos mínimos comerciales que no son de su cosecha (esto es, dosis ingentes de violencia y sexo, aunque luego, Scorsese, convertiría la violencia en un recurso habitual en su filmografía) y se limita a rodar lo que sus jefes le piden, pero obviamente, salvo por algunas cositas que sí serían su sello, aquí no vemos a Scorsese por ningún lado. Sin embargo, está claro que esta película le sirvió de aprendizaje. Al margen de Scorsese, “El tren de Bertha”, es una película interesante.
Basada en las memorias novelizadas de la tal “Boxcar Bertha” que da nombre a la película en su versión original, cuenta la historia de una joven huérfana que  durante la gran depresión”, se asocia a un sindicalista del sector ferroviario. Los avatares del destino propician que ante los problemas con las huelgas y los sindicatos, el sindicalista, Bertha, y un par de hombres más que se encuentran por el camino, formen una banda criminal que se dedica a asaltar trenes con el fin de donar este dinero al fondo para huelgas, sin embargo, ya se les busca por comunistas y criminales. Durante la travesía que nuestros protagonistas atravesarán, seremos testigos de varios baños de sangre.
El principal atractivo de esta película, que al final no deja de ser una peliculita de bajo presupuesto, es el poder ver como se maneja Martin Scorsese con pocos duros y con tan solo tres semanas para rodar. Y no se apaña mal, no crean, pero no mejor que otros directores de películas baratas. Cuando se escribe sobre “El tren de Bertha”, nadie se quiere dar cuenta de la cantidad de desenfoques con los que cuenta la cinta –no por una cuestión estética, sino por incompetencia-, ni de lo mal montada que está, o de ese raccord criminal que no pocas veces provoca la hilaridad del cinéfilo más puñetero y avispado. Por otro lado, el verdadero interés de esta película, radica en ver las carencias y chapuzas de las que hace alarde, y jamás lo contrario. Porque no. Porque “El tren de Bertha” está entretenida, y es curiosa, pero es una película muy mal hecha. Casi Amateur.
Un tal Miguel Ángel Palomo, decía en la prensa: "Un filme comprometido, contestatario, (...) rodado con furia, con dominio visual, y apoyado por una Barbara Hershey que desprende a la par dureza y sensualidad".
Yo me pregunto si vimos la misma película, porque que eso de que es un filme comprometido… Amigo mío, esto es un puto filme comercial cuyo único afán es el de llenar los bolsillos del productor. Que nuestro prota sea un sindicalista no es más que un matiz. Toda esa furia y dominio visual, lo dice usted porque es Scorsese, porque la única verdad es que esta película está rodada con el culo, es una chapuza. Eso si, Barbara Hershey está muy rica, y la vemos hasta las amígdalas en esta película.  Así que lo de la dureza vendrá por las erecciones que provoca la actriz rebosante de juventud y toda ternesca, y la sensualidad por la de veces que sale follando ¿no? Cómo se les ve el plumero. En fin.
Al margen de esto, ciertamente es una película entretenida, con sus altibajos, curiosa y visible. Pero en ningún caso es esa obra revolucionaria que nos quieren hacer creer que es, solo por ser de quien es. Ah, y el guion es flojito.
Como anécdota, decir que cuando Scorsese acabó la película, se la puso a John Cassavetes, quién le dijo que había empleado un año de su vida en hacer una pedazo de mierda y que se alejara del “Exploitation”. Scorsese le hizo caso y se puso a hacer pelis de mafiosos.
En los papeles protagonistas tenemos a la ya mencionada Barbara Hershey que, insisto, no es normal lo buena que está esta mujer (pajilleros, preparados para darle a la pausa y al zoom en la escena en la que ella juega a los dados), incluso en su vejez. Hershey, no quedó muy contenta con la película, y arremete contra Corman diciendo que lo que habia rodado Scorsese estaba muy bien, pero que el film quedó defenestrado por el montaje de Corman que se excede en escenas de sexo y violencia, y que en consecuencia, el público solo vio eso. Yo le digo que, hija mía, si a esta peli le quitas las tetas y la violencia, no solo lo que cuenta importa un bledo al espectador, sino que además sería un coñazo.
También tenemos, en el papel de sindicalista,  a David Carradine, muy joven y totalmente incapacitado para el arte de la actuación, que por aquél entonces salía con la Hershey (con lo feo que era, anda que no tuvo suerte), y que tiene la suerte de hacer una escena en el film junto a su padre John Carradine, que ya estaba mayor el hombre… pero no era consciente de lo mucho que la serie B/Z explotaría todavía su vejez.
Barry Primus y Bernie Casey, habituales en los repartos independientes (e incluso underground) de fuera de Hollywood del momento, completan el reparto.
Está bien. Una curiosidad.