Una joven abrumado por las excentricidades de su familia, acude a una especie de coach motivacional llamado “El Maestro” que le convence de que él no es el protagonista de su vida, si no tan solo un extra. Le plantea que filme el día a día de su familia en películas caseras, que se plantee su existencia como si fuera parte de una película y, de este modo, retomará las riendas de su vida y dejará de ser un secundario para convertirse así en el protagonista. De este modo, el muchacho tomará su tomavistas y comenzará a filmar los desmadres de la gente con la que le ha tocado convivir: Un padre adultero que persigue a todas las chicas, una madre histérica y despechada, y un hermano al que siempre se le ha tratado mejor que a él.
Firmada por Brian de Palma, y al margen de que a este no se le da demasiado ben la comedia (“Dos tipos geniales" era horrorosa), “Una familia de locos” no es una película al uso, ni tampoco es exactamente una película de Brian de Palma.
El director, que había estudiado cine en el Sarah Lawrence College, pese a estar ya metido de lleno en el mainstream y con éxitos a sus espaldas, entre “La Furia” y “Vestida para matar”, ejerce como profesor de cine en las aulas de la misma escuela en la que él se formó, y decide, en lugar de dar insustanciales clases con las que poco podrían aprender sus alumnos, orquestar lo que sería el proceso habitual para hacer una película. En lugar de enseñarles cómo se hacen películas, les ofrece la oportunidad de, directamente, hacerla, siguiendo todos los procesos habituales a la hora de afrontar una producción. Esto va desde buscar la financiación hasta exhibir en salas, con lo que los alumnos salieron de esa escuela habiendo aprendido algo mucho más práctico que si tan solo recibieran clase. Así, “Una familia de locos” es, en realidad, una película producida, rodada, montada y distribuida por alumnos del curso que De Palma impartía en el Sarah Lawrence College.
La dirección corre a cargo de muchos alumnos, aunque De Palma llevaba la batuta y, quizás por eso, la película aparece firmada con su nombre. De todas formas no es raro que las películas de escuela las acabe firmando el propio profesor.
Desde luego, Brian de Palma hizo bien su trabajo, pues no fueron pocos los alumnos participantes en esa producción que acabarían dedicándose al cine. Por ejemplo, tenemos a Mark Rosman, que debutaría un par de años después de acabar este ejercicio, con la película “Siete mujeres atrapadas” que es un clásico de "serie B" y por la que se convertiría en un director de culto. También participó en “Una familia de locos”, Charlie Loventhal, que levantaría su primera producción al año siguiente con la sex comedy “The First Time” para unos cuantos años después marcarse la simpatiquísima (y ninguneada) “Mi diabólico amante”. De aquella experiencia salieron más directores, pero estos serían los más reseñables.
Por otro lado, esta producción prácticamente amateur (aunque entre unas cosas y otras su producción se fue inflando hasta pasar del medio millón de presupuesto) se pega la machada de contar en su haber incluso con estrellas, ya que uno de los protagonistas, el que interpreta al gurú “El Maestro”, sería nada más y nada menos que Kirk Douglas que aunque no veía muy claro si aparecer ahí o no, fue convencido por De Palma, al que le unía una gran amistad, y no solo no cobraría ni un duro por su intervención, sino que, además, se convertiría en uno de los principales inversores de la cinta. Por otro lado tenemos a Nancy Allen, que tampoco vería un duro, pero que se vio en la obligación moral de intervenir en la película, ya que por aquel entonces la actriz estaba saliendo con Brian de Palma, por eso aparece en la película como una de las protagonistas principales. Vincent Gardenia sería uno de los actores que vería un dinerillo simbólico del mismo modo que lo vería el principal protagonista, Keith Gordon, que años después sería un habitual de las películas adolescentes de los 80, destacando en su filmo títulos como “Christine” de Carpenter, “Regreso a la escuela” o “Loca academia de combate” y que aparecería en el siguiente film de De Palma, “Vestida para matar”. También tenemos a Gerrit Graham, habitual de De Palma en aquella época, al que tendrán ustedes fichado en películas como “Terrorvision” o “Kill Bots: Robots asesinos”.
Por supuesto, no sin cierto esfuerzo, estos estudiantes lograron distribuir su película, por lo que se exhibió en salas. Eso sí, sin importarle un carajo a nadie su existencia por mucho Brian de Palma que se acreditara como director. No recaudaron ni uno por ciento de lo que se gastaron en hacerla.
Todo esto que les cuento es la mar de interesante, pero, ¿Cómo es la película? Pues una puta mierda pinchada en un palo, naturalmente. Al margen de que se la ve relativamente pobretona (no más que cualquier producción de la Crown International de la época) y tosca, esto es una comedia desfasada en el tiempo (parece una sitcom de los años 50) en la que un puñado de personajes corretean para arriba y para abajo, en un caos argumental de difícil seguimiento. Aburrida y tediosa como ella sola. No obstante, ver a Kirk Douglas haciendo el cafre en una producción de factura tan pequeña —y tomándose la película y a sí mismo más en broma que en serio— es lo suficientemente curioso como para que le dediquemos un visionado. Por lo demás, caca.
Para incluir en el pack junto a “Greetings”, “The Wedding Party” y las películas primerizas de naturaleza amateur de su director.
A nuestro país llegó en VHS y DVD, presentada con unas carátulas que provocan, en primer lugar rechazo, cachondeo en segundo, como pueden ver.
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lunes, 6 de septiembre de 2021
sábado, 21 de noviembre de 2020
LA FURIA
No deja de ser paradójico que John Farris escribiera la novela de "La Furia" motivado por el éxito de la precedente "Carrie" de yasabesquien. Y que cuando "La Furia" pasó a las pantallas de cine, la dirigiera Brian De Palma que hizo tres cuartos de lo mismo con el libro de Stephen King. Y encima, para rematar la jugada, la chavala con poderes mentales de "La Furia" está interpretada por Amy Irving, que en "Carrie" daba vida a la única superviviente de la masacre final. Una muestra de carriexploitation infligida por el director de la película que lo originó. Curioso.
Pero "La Furia" queda muy lejos de las excelencias técnicas y artísticas de la estupendísima "Carrie", aunque únicamente las separe un añito. De hecho, en la filmografía de De Palma van correlativas. Yo la recordaré toda la vida por una escena concreta. Una que me horrorizó hasta límites insospechados cuando la vi en vídeo a finales de los ochenta. Entonces andaba adentrándome lenta, precavida pero inexorablemente en el maravilloso mundo del cine de terror, abierto a sorpresas y, sobre todo, dispuesto a pasar miedo. Así que el visionado de "La Furia", que es más un thriller -incluso con sus escenas de acción- que una de miedo propiamente dicha, no estaba resultando excesivamente tortuoso.... al menos hasta el desenlace. No lo voy a destripar aquí, pero los que la han visto saben perfectamente de lo que hablo. Tal fue la impresión, que salí corriendo pasillo abajo, blanco como la lefa, para recuperar oxígeno y que mi corazón rebajara la cantidad desorbitada de palpitaciones. Un auténtico semi-trauma que me acompañará hasta el fin de mis días. Y no es pa menos, revisada ayer noche puedo corroborar que ese momento continúa siendo tremendamente potente, en parte gracias a la intensa partitura que lo acompaña, cortesía de un John Williams que venía de petarlo con "La guerra de las galaxias" y seguiría produciendo lo mejor de su cosecha los años siguientes.
La trama de "La Furia" gira en torno a una agencia secreta interesada en fichar chavales con poderes mentales para usarlos como armas. Con la excusa, se apropian del hijo de un ex agente de la CIA quien, tras escapar de la muerte, se dedicará en cuerpo y alma a recuperar al retoño. Por otro lado, una chavala descubre que dispone de tremendas capacidades telepáticas, tanto como para conectar con el hijo secuestrado y, por tanto, poder ayudar al ex agente en su búsqueda. Al final todo estallará -además de verdad, jur, jur, jur!!- en un dramón salpicado de rojo.
A ver, la historia es interesante y la peli tirando a entretenida, no digo que no, pero es cierto que De Palma se apoya mucho, demasiado, en los diálogos. Hay un exceso de "bla bla" con eventuales pero notables escenas de acción y violencia. Tal vez John Farris no pudo evitar dejarse llevar por su naturaleza escribiente mientras convertía la novela en un guion cinematográfico. Con todo, es perfectamente consumible (en parte gracias a la época que se hizo), aunque no está entre lo mejor de De Palma, desde luego.
El reparto es impresionante. Desde los roles principales, pasando por los secundarios, los muy secundarios e incluso hasta los extras. Ahí va la lista completa (salvo Amy Irving): Kirk Douglas, John Cassavetes, Charles Durning, Carrie Snodgress (anduvo por "El jinete pálido" y dio vida a la mala malísima de "La ley de Murphy"), Fiona Lewis (reconocible por su papel de villana en "El Chip Prodigioso"), Andrew Stevens (cuya prometedora carrera terminó estancada entre productos televisivos y subproductos de género), Rutanya Alda (la madre sufriente de "Amityville 2"), el habitual De Palmero William Finley, un delgado Dennis Franz (que repetiría con el director, pero cuyo rostro se hizo especialmente popular por su papel de policía cabezón en "La jungla 2 (Alerta Roja)"), una jovencita Daryl Hannah y, según "la secretaria", Jim Belushi no acreditado haciendo de vagabundo. Destacar también la presencia de Hilarie Thompson, futura esposa de un habitual de este blog, Alan Ormsby.
En el tema efectos de maquillaje, tres monstruos: Rick Baker + Rob Bottin + Greg Cannom.
Pero "La Furia" queda muy lejos de las excelencias técnicas y artísticas de la estupendísima "Carrie", aunque únicamente las separe un añito. De hecho, en la filmografía de De Palma van correlativas. Yo la recordaré toda la vida por una escena concreta. Una que me horrorizó hasta límites insospechados cuando la vi en vídeo a finales de los ochenta. Entonces andaba adentrándome lenta, precavida pero inexorablemente en el maravilloso mundo del cine de terror, abierto a sorpresas y, sobre todo, dispuesto a pasar miedo. Así que el visionado de "La Furia", que es más un thriller -incluso con sus escenas de acción- que una de miedo propiamente dicha, no estaba resultando excesivamente tortuoso.... al menos hasta el desenlace. No lo voy a destripar aquí, pero los que la han visto saben perfectamente de lo que hablo. Tal fue la impresión, que salí corriendo pasillo abajo, blanco como la lefa, para recuperar oxígeno y que mi corazón rebajara la cantidad desorbitada de palpitaciones. Un auténtico semi-trauma que me acompañará hasta el fin de mis días. Y no es pa menos, revisada ayer noche puedo corroborar que ese momento continúa siendo tremendamente potente, en parte gracias a la intensa partitura que lo acompaña, cortesía de un John Williams que venía de petarlo con "La guerra de las galaxias" y seguiría produciendo lo mejor de su cosecha los años siguientes.
La trama de "La Furia" gira en torno a una agencia secreta interesada en fichar chavales con poderes mentales para usarlos como armas. Con la excusa, se apropian del hijo de un ex agente de la CIA quien, tras escapar de la muerte, se dedicará en cuerpo y alma a recuperar al retoño. Por otro lado, una chavala descubre que dispone de tremendas capacidades telepáticas, tanto como para conectar con el hijo secuestrado y, por tanto, poder ayudar al ex agente en su búsqueda. Al final todo estallará -además de verdad, jur, jur, jur!!- en un dramón salpicado de rojo.
A ver, la historia es interesante y la peli tirando a entretenida, no digo que no, pero es cierto que De Palma se apoya mucho, demasiado, en los diálogos. Hay un exceso de "bla bla" con eventuales pero notables escenas de acción y violencia. Tal vez John Farris no pudo evitar dejarse llevar por su naturaleza escribiente mientras convertía la novela en un guion cinematográfico. Con todo, es perfectamente consumible (en parte gracias a la época que se hizo), aunque no está entre lo mejor de De Palma, desde luego.
El reparto es impresionante. Desde los roles principales, pasando por los secundarios, los muy secundarios e incluso hasta los extras. Ahí va la lista completa (salvo Amy Irving): Kirk Douglas, John Cassavetes, Charles Durning, Carrie Snodgress (anduvo por "El jinete pálido" y dio vida a la mala malísima de "La ley de Murphy"), Fiona Lewis (reconocible por su papel de villana en "El Chip Prodigioso"), Andrew Stevens (cuya prometedora carrera terminó estancada entre productos televisivos y subproductos de género), Rutanya Alda (la madre sufriente de "Amityville 2"), el habitual De Palmero William Finley, un delgado Dennis Franz (que repetiría con el director, pero cuyo rostro se hizo especialmente popular por su papel de policía cabezón en "La jungla 2 (Alerta Roja)"), una jovencita Daryl Hannah y, según "la secretaria", Jim Belushi no acreditado haciendo de vagabundo. Destacar también la presencia de Hilarie Thompson, futura esposa de un habitual de este blog, Alan Ormsby.
En el tema efectos de maquillaje, tres monstruos: Rick Baker + Rob Bottin + Greg Cannom.
viernes, 29 de octubre de 2010
GREETINGS
Un individuo que no quiere ir a la guerra de Vietnam ni de coña, es aconsejado por dos colegas suyos, que le proponen que, o se haga pasar por mariquita, o finja una enfermedad. Esto da pie a un montón de absurdas conversaciones.La peli, una de las primeras de Brian De Palma y la primera que interpreta Robert De Niro, está considerada, anecdóticamente, como una de las peores películas de la historia. Esta denominación, en absoluto viene a cuento, entre otras cosas, porque el asunto ha venido con el tiempo: En su momento la vieron cuatro gatos, y luego pasó al más vil de los olvidos, pero claro, como es de Brian De Palma, y con Robert De Niro, con los años, y la fama de estos dos, un grupito de críticos, se han tenido que reir de la película (¿Quizás para relanzarla?). Obviamente, se basan en nada, porque el producto es más amateur que profesional, y completamente deudor del Underground que en los USA se hacía en esos años. Y a parte de eso, no creo que la película sea en absoluto mala.
La peli está resuelta a base se conversaciones, una detrás de otra, totalmente surrealistas y no especialmente graciosas, y está envuelta en un alo de “todo vale”, es decir, que se nota mucho que los diálogos están improvisados, y que tampoco importa excesivamente si De Niro mira a cámara compulsivamente. Un par de osadas y (también) surrealistas escenas tórridas, y un montaje con miles de cortes, en planos fijos: las conversaciones, no tienen ni un solo plano contra plano.Quizás, esta peli ha sido vapuleada, porque no es un De Palma al uso. Aquí se aboga por la espontaneidad y, un poco, la chapuza, la historia no es del todo importante, y si lo es la estética (en este caso una estética del todo undergroud, pero porque es una película underground…) y no por todo el espectáculo mainstream que nos ha ofrecido después, con milimetrados montajes y grandiosas escenas llenas de espectáculo. Pero claro, esto es otra historia, nada que ver con el resto del cine de De Palma, este es del De Palma primerizo y hippie, que si sabía algo de técnica cinematográfica, en esta película, hizo todo lo contrario, y a mi eso, me parece muy grande. Por lo que a mi respecta, esta película me ha gustado y mucho.
No obstante, que crean que es una mala película, no es óbice para que las distintas distribuidoras traten de hacer negocio con ella, por eso, de los cientos de posters promocionales que posee esta película, he elegido dos: el original con el que se estrenó la película, en que Robert De Niro ni aparece en los créditos, y lo que se vende es el concepto “película social y sexual”, y el de una reciente edición en DVD, donde no solo se vende la imagen de De Niro, sino que además nos la venden como si fuera una peli de De Niro actual…. Menuda Jeta. ¿Os imagináis el careto del que pique con esto?
lunes, 27 de diciembre de 2021
PRÓXIMAMENTE ÚLTIMOS DÍAS
Como amante del cine que soy, mis gustos y aficiones al respecto van más allá de mero visionado de películas o leer sobre las mismas. Una cosa que me fascina desde que tengo uso de razón y que va unida intrínsecamente al visionado de películas, es el lugar donde se exhiben. Soy un enamorado de los recintos, de los cines. Me he llegado a leer libros de arquitectura solo porque en ellos explicaban como estaban construidos algunos cines de la capital emblemáticos para mí. O al menos me leía las partes concernientes a los cines.
A lo que voy es que el cine en sí mismo, el recinto, es algo que me apasiona y, por supuesto, cuando hacen documentales que giran en torno a lo que es un cine o a la exhibición cinematográfica, corro a verlos, también por la parte que me toca puesto que durante más de media vida fui trabajador de cines en calidad de operador de cabina, pero llegando a vender palomitas, hacer de taquillero o acomodador si era preciso, porque aquello, cuando ya llevas muchos años trabajando en un mismo lugar, toma cariz de negocio familiar.
Entonces, “Próximamente últimos días” tenía un gran interés para mí, máxime cuando indirectamente me veo vinculado con lo que nos cuenta, puesto que el cine del que se habla, pertenece a la cadena de exhibición para la que yo trabajé durante casi 20 años, los míticos Cines Renoir.
En la línea de otro maravilloso documental sobre cines, “Paradiso”, “Próximamente últimos días”, quizás no tan brillante como aquél, parte de una estructura narrativa de ficción y esquiva los clichés del documental convencional para contarnos la siguiente historia.
En 2012, los cines Renoir Palma, en Palma de Mallorca, aquejados por una crisis galopante que llevaría a esa empresa a cerrar varios de sus recintos (incluido el “Roxy B” de Madrid donde trabajé y fui feliz), un grupo de espectadores, alertados porque con el cierre de los Renoir la ciudad de Palma se quedaría sin el único cine que ofrecía versión original con subtítulos y cine de autor, decide formar una cooperativa con la idea de asociarse y, mediante donaciones y cuotas de socio, tratar de salvar el cine de su cierre absoluto. Una idea romántica que saltó a la prensa nacional y que, a priori, por la novedad pareció funcionar. Sin embargo, el documental va a las entrañas para mostrarnos todo el proceso de cómo fue aquello. Obviamente, un cine conlleva una serie de gastos que sin una afluencia de público mínimamente aceptable son difíciles de sufragar. A eso hay que añadirle que los cines ya estaban muy viejos y necesitaban de un caro mantenimiento constante. “Próximamente últimos días” se centra en todo eso, mostrándonos el infierno que supone en realidad tirar para adelante con un cine de asociación que no da beneficios, cuando las deudas te asolan y cuando se va perdiendo a unos socios que se apuntan al proyecto por moda, pero que más adelante, cuando la cosa se va torciendo, dejan la membresía no sin antes poner una y mil pegas porque las cosas no salen como está previsto. La película también nos hace partícipes del sufrimiento y desilusión de los trabajadores del cine, que muchos de ellos empezaron el proyecto con ilusión y ganas, y en un determinado momento deciden acabar con esto de una vez por todas. También se nos muestra la particular fauna de espectadores (o no) que pululan por los alrededores y, en definitiva, mantiene el interés del espectador durante la escasa hora y cuarto de metraje.
La sensación que provoca el visionado es de agobio porque, aunque tiran para adelante durante años todo apunta a que no van a conseguir mantener abierto el cine mucho más tiempo, y el documental queda inconcluso, muy sabiamente, porque durante el transcurso de los años que nos muestra la película, se llega a la pandemia en un momento en el que los responsables se las ingenian para buscar financiación.
Con ese no-desenlace, uno se imagina que el proyecto de esta cooperativa, que rebautizó los viejos cines Renoir con el nombre de CineCiutat, con el coranavirus se verá afectado de pleno como ha ocurrido con un montón de negocios o establecimientos cara al público, sin embargo consultando Internet veo que esta gente le echa cojones y ganas al asunto. Los CineCiutat de Palma de Mallorca continúan operativos tras la pandemia, aunque también es verdad que he visto que, para sobre vivir, necesitan hacer otro tipo de actividades, además de la exhibición de películas, para continuar abiertos. Y yo me he llevado una alegría.
Recomendable y, como documental, curiosa propuesta, que nos ofrece una historia cuanto menos distinta y en torno a una gente que aunque tras verlos en su salsa en el documental he de reconocer que ni tan siquiera me han caído bien, al menos aman el cine lo suficiente como para meterse en un fregado como este. Yo también me metería… pero me temo que yo no tuve la suerte de contar con un puñado de espectadores entusiastas que se quedaran con el cine.
Dirige, con mucha mano, el documentalista sueco-español Miguel Eeck.
A lo que voy es que el cine en sí mismo, el recinto, es algo que me apasiona y, por supuesto, cuando hacen documentales que giran en torno a lo que es un cine o a la exhibición cinematográfica, corro a verlos, también por la parte que me toca puesto que durante más de media vida fui trabajador de cines en calidad de operador de cabina, pero llegando a vender palomitas, hacer de taquillero o acomodador si era preciso, porque aquello, cuando ya llevas muchos años trabajando en un mismo lugar, toma cariz de negocio familiar.
Entonces, “Próximamente últimos días” tenía un gran interés para mí, máxime cuando indirectamente me veo vinculado con lo que nos cuenta, puesto que el cine del que se habla, pertenece a la cadena de exhibición para la que yo trabajé durante casi 20 años, los míticos Cines Renoir.
En la línea de otro maravilloso documental sobre cines, “Paradiso”, “Próximamente últimos días”, quizás no tan brillante como aquél, parte de una estructura narrativa de ficción y esquiva los clichés del documental convencional para contarnos la siguiente historia.
En 2012, los cines Renoir Palma, en Palma de Mallorca, aquejados por una crisis galopante que llevaría a esa empresa a cerrar varios de sus recintos (incluido el “Roxy B” de Madrid donde trabajé y fui feliz), un grupo de espectadores, alertados porque con el cierre de los Renoir la ciudad de Palma se quedaría sin el único cine que ofrecía versión original con subtítulos y cine de autor, decide formar una cooperativa con la idea de asociarse y, mediante donaciones y cuotas de socio, tratar de salvar el cine de su cierre absoluto. Una idea romántica que saltó a la prensa nacional y que, a priori, por la novedad pareció funcionar. Sin embargo, el documental va a las entrañas para mostrarnos todo el proceso de cómo fue aquello. Obviamente, un cine conlleva una serie de gastos que sin una afluencia de público mínimamente aceptable son difíciles de sufragar. A eso hay que añadirle que los cines ya estaban muy viejos y necesitaban de un caro mantenimiento constante. “Próximamente últimos días” se centra en todo eso, mostrándonos el infierno que supone en realidad tirar para adelante con un cine de asociación que no da beneficios, cuando las deudas te asolan y cuando se va perdiendo a unos socios que se apuntan al proyecto por moda, pero que más adelante, cuando la cosa se va torciendo, dejan la membresía no sin antes poner una y mil pegas porque las cosas no salen como está previsto. La película también nos hace partícipes del sufrimiento y desilusión de los trabajadores del cine, que muchos de ellos empezaron el proyecto con ilusión y ganas, y en un determinado momento deciden acabar con esto de una vez por todas. También se nos muestra la particular fauna de espectadores (o no) que pululan por los alrededores y, en definitiva, mantiene el interés del espectador durante la escasa hora y cuarto de metraje.
La sensación que provoca el visionado es de agobio porque, aunque tiran para adelante durante años todo apunta a que no van a conseguir mantener abierto el cine mucho más tiempo, y el documental queda inconcluso, muy sabiamente, porque durante el transcurso de los años que nos muestra la película, se llega a la pandemia en un momento en el que los responsables se las ingenian para buscar financiación.
Con ese no-desenlace, uno se imagina que el proyecto de esta cooperativa, que rebautizó los viejos cines Renoir con el nombre de CineCiutat, con el coranavirus se verá afectado de pleno como ha ocurrido con un montón de negocios o establecimientos cara al público, sin embargo consultando Internet veo que esta gente le echa cojones y ganas al asunto. Los CineCiutat de Palma de Mallorca continúan operativos tras la pandemia, aunque también es verdad que he visto que, para sobre vivir, necesitan hacer otro tipo de actividades, además de la exhibición de películas, para continuar abiertos. Y yo me he llevado una alegría.
Recomendable y, como documental, curiosa propuesta, que nos ofrece una historia cuanto menos distinta y en torno a una gente que aunque tras verlos en su salsa en el documental he de reconocer que ni tan siquiera me han caído bien, al menos aman el cine lo suficiente como para meterse en un fregado como este. Yo también me metería… pero me temo que yo no tuve la suerte de contar con un puñado de espectadores entusiastas que se quedaran con el cine.
Dirige, con mucha mano, el documentalista sueco-español Miguel Eeck.
sábado, 24 de septiembre de 2022
FEMME FATALE + ENTREVISTA A BRIAN DE PALMA (MANGADA, POR SUPUESTO)
Tras dirigir unos cuantos títulos tan correctos y visibles como convencionales ("Atrapado por su pasado", "Misión Imposible", "Snake Eyes" y "Misión a Marte") a Brain De Palma debieron entrarle ganas de hacerse un buen pajote -creativo, digo- recuperando sus desvaríos más hitchcockianos de finales de los 70 / inicios de los 80. La última vez que le había dado al manubrio fue con "En nombre de Caín", justo una década antes. Y ya iba siendo hora de retomarlo. Así que decidió asociarse con los perfectos "partners in crime", los franchutes, y tiró palante todo un ejercicio de estilo en formato thriller.
Un grupo de ladrones de élite se hacen con las valiosas joyas que luce una modelo farlopera durante el Festival de Cannes. La chica del grupo traiciona al resto y escapa con el botín. La casualidad hará que la confundan con otra persona y eso le de la oportunidad de desaparecer, casarse con un futuro embajador y darse a la buena vida. Siete años después, un paparazzi le saca una foto, lo que propiciará ser reconocida y localizada por aquellos a los que traicionó.
Si la trama ya es un pelo retorcida, más lo será a medida que avance. El final, en concreto, es desconcertante y muy arriesgado. Pero mola. No molesta. Al fin y al cabo es Brian De Palma, leñe, quien procurará que "el viaje" sea bien entretenido y, en cierto modo, fascinante gracias a sus peculiares maneras de narrar con imágenes, a base de pantallas partidas, largos travellings complicados, muchos detalles que se te escaparán si no pones atención y una música estupenda, tan barroca y narrativa como suele el De Palma más visual. La sorpresa es que no la firma el habitual y maravilloso Pino Donaggio. Esta vez recae en manos de Ryuichi Sakamoto.
Ayudan a que el visionado sea bien agradable los rostros de la hermosa Rebecca Romijn, nuestro Antoñito Banderas en pleno ascenso hollywoodiense, dos carismáticos segundones del nivel de Peter Coyote y Gregg Henry y, como curiosidad, Jo Prestia, el violador chungo de "Irreversible" que aquí hace más o menos el mismo papel, aunque en versión "soft".
Recomendable.
Un grupo de ladrones de élite se hacen con las valiosas joyas que luce una modelo farlopera durante el Festival de Cannes. La chica del grupo traiciona al resto y escapa con el botín. La casualidad hará que la confundan con otra persona y eso le de la oportunidad de desaparecer, casarse con un futuro embajador y darse a la buena vida. Siete años después, un paparazzi le saca una foto, lo que propiciará ser reconocida y localizada por aquellos a los que traicionó.
Si la trama ya es un pelo retorcida, más lo será a medida que avance. El final, en concreto, es desconcertante y muy arriesgado. Pero mola. No molesta. Al fin y al cabo es Brian De Palma, leñe, quien procurará que "el viaje" sea bien entretenido y, en cierto modo, fascinante gracias a sus peculiares maneras de narrar con imágenes, a base de pantallas partidas, largos travellings complicados, muchos detalles que se te escaparán si no pones atención y una música estupenda, tan barroca y narrativa como suele el De Palma más visual. La sorpresa es que no la firma el habitual y maravilloso Pino Donaggio. Esta vez recae en manos de Ryuichi Sakamoto.
Ayudan a que el visionado sea bien agradable los rostros de la hermosa Rebecca Romijn, nuestro Antoñito Banderas en pleno ascenso hollywoodiense, dos carismáticos segundones del nivel de Peter Coyote y Gregg Henry y, como curiosidad, Jo Prestia, el violador chungo de "Irreversible" que aquí hace más o menos el mismo papel, aunque en versión "soft".
Recomendable.
Antaño no tenía problema en airear reseñas tan escuetas. Pero hoy es algo que, por alguna absurda razón, me incomoda un poco. Así pues, aprovecho la ocasión para completarla con una entrevista a Brian De Palma realizada en Febrero de 1982 y publicada en la revista "Casablanca". Efectivamente, este material estaba destinado en un principio a nuestra sección del "tío Vicente"... pero me ha parecido que quedaría más chulo aquí, junto a la reseña.
sábado, 9 de noviembre de 2013
NUNCA SE MUERE DOS VECES
"Mad Mission" es el título genérico de una saga compuesta de cinco partes y un remake (o reboot). Conocida también por su título internacional, "Aces go places" o por el de su país de origen, Hong Kong, "Zuijia Paidang", a España han ido llegando todas las entregas, salvo la quinta y el recocinado. Así pues tenemos (en riguroso orden) "Mad Mission", "Ases del metal", "007, nuestro hombre de Bond Street" y esta "Nunca se muere dos veces" o, pa entendernos, "Mad Mission 4" (año 1986). El tono general y característico de toda la franquicia es la comedia tonta, casi "slapstick", mezclada con la típica acción del cine asiático, nerviosa y contundente. Desde el primer film la influencia constante es y ha sido "James Bond", solo que, según la época coincidente con la producción, se le han sumado tantas otras, como "Los locos de Cannonball" en la primera o la fiebre "Transformer" en la segunda. La tercera era, directamente, la más Bondiana y la peor. Para el caso que nos ocupa, esta cuarta entrega, dichas influencias paralelas se centran muy notablemente en "En busca del arca perdida" y el cine espectáculo de la factoría Spielberg (seguidos muy de cerca por "El castañazo", nada menos, partido de hockey a hostia pura incluido). Cabe decir también, como dato extra de interés, que "Mad Mission 4" arrastra fama de ser la más cruda, violenta y dramática de todas, hasta el extremo de generar cierta polémica por las intensas secuencias que incluyen a un infante.
Los nombres clásicos asociados a la saga son los de Karl Maka, Sam Hui (de la casta de los Hui Brothers, los de "Mister Boo" y que se erige casi como un Jackie Chan de serie B) y Sylvia Chang. En cuestiones de dirección cada título ha pasado por diferentes manos, pero algunos de los implicados luego han parido films bien reconocidos, siendo el más famoso de ellos el de Tsui Hark (o Hark Tsui), dire de la tercera y responsable, en funciones de director y/o productor, de "Zu, los guerreros de la montaña mágica", "Cole, cole que te como", "En el ojo del huracán" (con Van Damme), "Roboforce" o la saga "Una historia china de fantasmas". Le siguen Eric Tsang o Chia-Liang Liu, que colaborarían con Jackie Chan, y Ringo Lam, el responsable de esta "Nunca se muere dos veces", al que debemos varios films de Jean Claude Van Damme ("Salvaje", "Replicant", "Al límite del riesgo") y, sobre todo, la mítica "City on fire", con protagonismo de Chow Yun-Fat, que ha pasado a la historia al ser la primera película fusilada por Quentin Tarantonto con su sobrevalorada "Reservoir Dogs". Ahí es nada.
"Nunca se muere dos veces" narra los avatares provocados por un prisma capaz de convertir a los hombres en superhombres. Su inventor es asesinado por los inevitables malhechores de turno que buscan el objeto desesperadamente, no sin que antes pueda entregárselo a su amigo Sam (Hui) y pedirle que evite que caiga en malas manos. Finalmente cae, y los villanos secuestran a Karl Maka, llevándoselo a Nueva Zelanda (país co-productor) para usarlo como conejillo de indias. Así las cosas, Sam y la hija del científico muerto parten a su rescate.
Bien, como decía arriba, el tono general de la película es la comedia mezclada con la acción y aventura. Tenemos persecuciones de varias clases (entre una lancha y un helicóptero y entre los clásicos automóviles, todas bien aparatosas y explosivas), numerosos combates de artes marciales y un porrón de disparos. Efectivamente, es la entrega en la que la violencia anda más a sus anchas, incluida una escena bastante intensa en la que se supone que la palma uno de los personajes principales. Aunque entre los ingredientes más llamativos está la aparición del hijo de Maka, de unos cinco años de edad y al que le ocurren toda clase de judiadas, sobre todo cuando queda colgado por una pierna desde lo alto de un edificio (recuerda bastante a aquellos vídeos caseros que se pusieron tan de moda hace años, en los que siempre salían niños asiáticos dándose yoyas tremebundas). Y es que ya sabemos cómo son en esa parte del planeta con esto de los "stunts", se dejan la piel en lograr lo más espectacular de lo más espectacular y muchas veces terminan en el hospital. Ese es el caso de "Mad Mission 4". En las tomas falsas del final -algo muy Jackie Chan- podremos ver alguna que otra mega-leche no deseada por parte de actores y dobles. Sin embargo, el esfuerzo bien valió la pena porque... sí, la verdad es que tanta acción logra dotar al film de un ritmo constante y adrenalinítico que no desciende casi ni un segundo. Me la puse a ver pensando que me aburriría, que no tendría el efecto en mi que tuvo cuando la consumí de chaval (que me fascinó), pero afortunadamente puedo decirles que no fue así, me entretuvo y me hizo sonreír en más de una ocasión. Casi siempre gracias a su humor voluntario, pero también a causa de unos efectos especiales algo chungueros (sobre todo cuando Karl Maka se convierte en superhombre), las típicas interpretaciones desfasadas de los asiáticos, especialmente cuando hacen comedia (efecto que salpica a los actores occidentales, de ahí que las actuaciones de estos en productos de la tierra sean tan extrañas) y con, probablemente, el mejor gag de toda la película: El malo maloso no es otro que Ronald Lacey, retomando sin disimulo alguno el papel que le hizo inmortal, el del mayor "Arnold Toht" de "En busca del arca perdida". Va vestido igual e incluso luce la quemadura en la palma de la mano que se hizo en la peli de Spielberg al intentar agarrar un medallón al rojo vivo, cosa esta de la que no escarmentó, porque en "Nunca se muere dos veces" comete el mismo error. ¡¡Juas!!.
Un último detalle curioso. Fíjense en la caratula de la edición española de vídeo aquí expuesta y nótese que en toda ella, especialmente la parte trasera, no asoma la faz ninguno de sus protagonistas que son, obviamente, asiáticos. Todas las caras visibles son occidentales, incluida una rubia que en la peli tiene un papel minúsculo. Imagino que los distribuidores querrían ocultar la nacionalidad del producto, ya que en aquella época las películas llegadas de esa parte del mundo no tenían tanto prestigio como hoy. Dicha estratagema adopta un tono bizarro cuando hablamos del tipo ilustrado y de Ronlad Lacey. Sí, el actorcillo parece asiático, pero no lo era... aún así, su rostro resultaba lo suficientemente popular como para pasar la censura (incluso una de las imágenes, la del muchacho rodeado de llamas, retrotrae a la escena del medallón de "En busca del arca perdida", por si alguien pica). No dejan de sorprender la de marcianadas que provoca esta caratula, nuestros lectores más asiduos recordarán dos de las que hablé largo y tendido en nuestra apreciada -e imitada- sección dedicada al caratuleo chungo, ESTA y ESTA.
Total, que antes de afirmar que el cuarto "Mad Mission" es el mejor de la saga, debería revisar la primera y agenciarme la quinta, pero algo me dice, viendo lo bien que lo pasé, que no cambiaría de opinión. Especialmente recomendada a fans del cine asiático y peña con ganas de experimentar un buen rato sin mayores complicaciones.
Gracias al amigo Enorm por el ripeo del Beta.
Los nombres clásicos asociados a la saga son los de Karl Maka, Sam Hui (de la casta de los Hui Brothers, los de "Mister Boo" y que se erige casi como un Jackie Chan de serie B) y Sylvia Chang. En cuestiones de dirección cada título ha pasado por diferentes manos, pero algunos de los implicados luego han parido films bien reconocidos, siendo el más famoso de ellos el de Tsui Hark (o Hark Tsui), dire de la tercera y responsable, en funciones de director y/o productor, de "Zu, los guerreros de la montaña mágica", "Cole, cole que te como", "En el ojo del huracán" (con Van Damme), "Roboforce" o la saga "Una historia china de fantasmas". Le siguen Eric Tsang o Chia-Liang Liu, que colaborarían con Jackie Chan, y Ringo Lam, el responsable de esta "Nunca se muere dos veces", al que debemos varios films de Jean Claude Van Damme ("Salvaje", "Replicant", "Al límite del riesgo") y, sobre todo, la mítica "City on fire", con protagonismo de Chow Yun-Fat, que ha pasado a la historia al ser la primera película fusilada por Quentin Tarantonto con su sobrevalorada "Reservoir Dogs". Ahí es nada.
"Nunca se muere dos veces" narra los avatares provocados por un prisma capaz de convertir a los hombres en superhombres. Su inventor es asesinado por los inevitables malhechores de turno que buscan el objeto desesperadamente, no sin que antes pueda entregárselo a su amigo Sam (Hui) y pedirle que evite que caiga en malas manos. Finalmente cae, y los villanos secuestran a Karl Maka, llevándoselo a Nueva Zelanda (país co-productor) para usarlo como conejillo de indias. Así las cosas, Sam y la hija del científico muerto parten a su rescate.
Bien, como decía arriba, el tono general de la película es la comedia mezclada con la acción y aventura. Tenemos persecuciones de varias clases (entre una lancha y un helicóptero y entre los clásicos automóviles, todas bien aparatosas y explosivas), numerosos combates de artes marciales y un porrón de disparos. Efectivamente, es la entrega en la que la violencia anda más a sus anchas, incluida una escena bastante intensa en la que se supone que la palma uno de los personajes principales. Aunque entre los ingredientes más llamativos está la aparición del hijo de Maka, de unos cinco años de edad y al que le ocurren toda clase de judiadas, sobre todo cuando queda colgado por una pierna desde lo alto de un edificio (recuerda bastante a aquellos vídeos caseros que se pusieron tan de moda hace años, en los que siempre salían niños asiáticos dándose yoyas tremebundas). Y es que ya sabemos cómo son en esa parte del planeta con esto de los "stunts", se dejan la piel en lograr lo más espectacular de lo más espectacular y muchas veces terminan en el hospital. Ese es el caso de "Mad Mission 4". En las tomas falsas del final -algo muy Jackie Chan- podremos ver alguna que otra mega-leche no deseada por parte de actores y dobles. Sin embargo, el esfuerzo bien valió la pena porque... sí, la verdad es que tanta acción logra dotar al film de un ritmo constante y adrenalinítico que no desciende casi ni un segundo. Me la puse a ver pensando que me aburriría, que no tendría el efecto en mi que tuvo cuando la consumí de chaval (que me fascinó), pero afortunadamente puedo decirles que no fue así, me entretuvo y me hizo sonreír en más de una ocasión. Casi siempre gracias a su humor voluntario, pero también a causa de unos efectos especiales algo chungueros (sobre todo cuando Karl Maka se convierte en superhombre), las típicas interpretaciones desfasadas de los asiáticos, especialmente cuando hacen comedia (efecto que salpica a los actores occidentales, de ahí que las actuaciones de estos en productos de la tierra sean tan extrañas) y con, probablemente, el mejor gag de toda la película: El malo maloso no es otro que Ronald Lacey, retomando sin disimulo alguno el papel que le hizo inmortal, el del mayor "Arnold Toht" de "En busca del arca perdida". Va vestido igual e incluso luce la quemadura en la palma de la mano que se hizo en la peli de Spielberg al intentar agarrar un medallón al rojo vivo, cosa esta de la que no escarmentó, porque en "Nunca se muere dos veces" comete el mismo error. ¡¡Juas!!.
Un último detalle curioso. Fíjense en la caratula de la edición española de vídeo aquí expuesta y nótese que en toda ella, especialmente la parte trasera, no asoma la faz ninguno de sus protagonistas que son, obviamente, asiáticos. Todas las caras visibles son occidentales, incluida una rubia que en la peli tiene un papel minúsculo. Imagino que los distribuidores querrían ocultar la nacionalidad del producto, ya que en aquella época las películas llegadas de esa parte del mundo no tenían tanto prestigio como hoy. Dicha estratagema adopta un tono bizarro cuando hablamos del tipo ilustrado y de Ronlad Lacey. Sí, el actorcillo parece asiático, pero no lo era... aún así, su rostro resultaba lo suficientemente popular como para pasar la censura (incluso una de las imágenes, la del muchacho rodeado de llamas, retrotrae a la escena del medallón de "En busca del arca perdida", por si alguien pica). No dejan de sorprender la de marcianadas que provoca esta caratula, nuestros lectores más asiduos recordarán dos de las que hablé largo y tendido en nuestra apreciada -e imitada- sección dedicada al caratuleo chungo, ESTA y ESTA.
Total, que antes de afirmar que el cuarto "Mad Mission" es el mejor de la saga, debería revisar la primera y agenciarme la quinta, pero algo me dice, viendo lo bien que lo pasé, que no cambiaría de opinión. Especialmente recomendada a fans del cine asiático y peña con ganas de experimentar un buen rato sin mayores complicaciones.
Gracias al amigo Enorm por el ripeo del Beta.
lunes, 13 de enero de 2014
CARRIE (2013)
Otro de esos remakes u adaptaciones de un material ya
existente a los nuevos tiempos, que, con todas las de perder en sus alforjas,
se gana la dignidad y mi respeto.
Claro, que hay una novela de por medio- de Stephen King- con
la que es respetuosa, según he leído, incluso más que la de Brian de Palma. Y
no es mejor que la de de Palma, es distinta (pero igual), y al igual que esta,
se trata de una película muy buena.
Si las comparamos, lo único que se le puede poner como pega
a esta, es la estética. La de los años
setenta, sórdida, decadente y granulosa, ayuda a que la historia sea más terrorífica
que en esta ocasión, plagada de efectos especiales infográficos y con las
nuevas tecnologías y lo digital por bandera, apostando, en los tiempos que
corren no puede ser de otra manera, por un aspecto limpio.
Ya saben: Una muchacha, Carrie, alienada por los fanatismos
religiosos de su madre, es víctima del más cruel de los “buying” en el
instituto, el día que en las duchas del gimnasio le llega su primera
menstruación, no sabe que es lo que le ocurre y naturalmente se asusta, mientras sus compañeras se ríen de ella, humillándola
y tirándole tampones. Para más inrri, esto lo graban con sus teléfonos móviles
y lo suben a la red –Esto es consecuencia de los tiempos que corren,
obviamente, no está en la novela-.
Esto provocará que castiguen a las agresoras, impidiéndoles acudir
al baile de graduación, lo que no les hará ni pizca de gracia. Una de las
agresoras, arrepentida, le pide a su pareja que invite a Carrie al baile de
graduación, y así limpiar su conciencia.
Mientras, Carrie descubre que tiene poderes telequinéticos y las cosas se
complicarán.
Se ve, que aunque Stephen King en un principio no entendió
el por qué se rodaba una nueva versión, cuando vio el cheque que le
correspondía, puso menos pegas, e incluso sugirió, para el papel de Carrie a
Lindsay Lohan. Supongo que al viejo le pondría cachondo, porque la Lohan, para
interpretar a una puta vieja adicta al crack pase, pero para interpretar a una
adolescente a la que le viene la regla por primera vez, como que no pega mucho.
Gracias a dios, la producción no le hizo mucho caso y el
papel recayó en una joven que dará mucho que hablar y que es para comérsela, la
dulce Clöe Grace Moretz ,que aunque tremendamente guapa, es tan buena actriz
que ya no te imaginas una Carrie que no sea ella. Nada que ver con la Sissy
Spacek de la de Brian de Palma, pero es que estamos con otra cosa.
Al final este remake, se prodiga como una película harto
interesante, una puesta al día más que competente, que sin embargo, cayendo el
peso de toda la película sobre la Moretz, llegamos incluso a pensar, que lo
bueno no es la peli, sino ella, y que sin ella, quizás este “Carrie (2013)” no
sería tan buena ni interesante.
Sea como fuere, la película tiene momentos verdaderamente
escalofriantes, y si ya hemos dicho que Clöe Grace Moretz, está genial, no
mucho peor está la mala de la función, Portia Doubleday, que aún teniendo diez
años más que el personaje que interpreta (y sin dar el pego), si que convierte
a su Chris Hargersen, en una psicópata hija de puta con gran convicción. Después
de Moretz, lo mejor de la película.
Junto a ellas, una Julianne Moore que le está sacando un
gran partido a la edad y que sustituye a una mucho menos eficiente Jodie Foster
que en un principio iba a hacer su papel – el de la loca madre de Carrie- y que también hace una interpretación de
antología.
“Carrie (2013)” es un gran remake, y la prueba de que no
todos los remakes son tan malos, ni tan buenos, ni mejores o peores que las
predecesoras. Simplemente, son otra cosa.
Además, hay que recordar que no es el primer remake del
“Carrie” de los setenta: en los odiosos 90, hicieron uno que se vendió como
secuela oficial de “Carrie”, que era espantoso y que se llamó “La Ira: Carrie
2”. Ese era todo lo contrario a este y al original. Un oloroso saco de mierda.
Dirige esta nueva versión, una mujer, Kimberly Peirce, que
después del éxito independiente que supuso en su carrera aquella estupidez que
se llamaba “Boys Don´t Cry”, rodó un par de productos para zorras de la gran
manzana, sin relevancia ninguna, hasta que la Metro Goldwin Meyer, le ofreció
hacerse con las riendas de este “Carrie 2013” Y la verdad, es que ha pasado la
prueba con notable.
lunes, 16 de octubre de 2023
BANDAS CALLEJERAS
“Deadbeat at Dawn”, de Jim Van Bebber, es un film al que siempre tuve mucha manía, quizás, más que por la película en sí misma, por lo que representaba al ser una de las elegidas por el sello "Gorgon Vídeo", para darle cancha a aquella moda del cine gore que se estiló durante apenas dos o tres años en los 90, y cuya consecuencia es todo ese posmodernismo y culto a lo cafre y que, aunque hace tiempo que dio sus últimos coletazos, tanto nos irrita en "Aquí Vale Todo".
“Deatbeat at Dawn” asimismo fue rebautizada para su edición en VHS bajo el oportunista título de “Gore en las calles”, que es con el que se la conoce en nuestro país, y con el que miles de chavalitos granudos se engancharon al género, pero lo cierto es que se editó genuinamente en VHS al poco de distribuirse en USA —se ve que el bueno de Van Bebber consiguió algunas ventas al extranjero— y lo hizo con un título más común de las estanterías de los 80 como es “Bandas callejeras” y con el que vamos a ilustrar esta reseña (el de “Gore en las calles” pues, que se quede en mera anécdota).
Vista hoy, libre de prejuicios, y aprovechando el master que rula por ahí perteneciente a la lujosa edición en blu-ray que tuvo a bien sacar la gente de "Arrow Video", mi opinión dista levemente de la que tenía previamente, pero levemente, porque al final “Bandas callejeras” es lo que es: un mojoncillo amateur con el exceso por bandera, rodado, eso sí, con muchísima afición.
La cosa va de una par de, eso, bandas callejeras que se odian y se dan de hostias por los inhóspitos parajes de un desolado Ohio. Cuando el jefe de una decide que es el momento de retirarse de las calles y llevar una existencia tranquila al lado de su novia, todo se complicará para que no pueda dejar la vida criminal y continuar lo que queda de película dándose de hostias con la banda contraria.
Naturalmente la trama brilla por su ausencia, pero hay que reconocerle a Van Bebber el haberse adelantado unos años al argumento de “Atrapado por su pasado” de Brian de Palma, salvando inmensamente las distancias (Naxo: Y el hecho de que la peli de De Palma se basa en una novela escrita doce años antes que el film de Van Bebber). Por lo demás, nos encontramos ante un folletín largo y tedioso donde destaca un fuerte componente dramático, con desangeladas peleas que sirven para mostrarnos las pocas cualidades de Van Bebber (que protagoniza la cinta) con las artes marciales. Durante el trasiego de peleas y venganzas, la violencia mostrada es exagerada y vemos navajazos salpicosos, desmembramientos varios y hasta un despellejamiento con cuchillo, con su correspondiente extracción de cerebro por apertura de cráneo. Nada que a estas alturas pueda sorprendernos.
La historia de “Bandas callejeras” es por todos conocida; el joven Van Bebber, cursando sus estudios en la Universidad, obtuvo una beca de 100.000 dólares para sufragar su segundo curso y, en lugar de emplear ese dinero en costearse los estudios, decidió gastárselo en película de 16 mm para rodar su ópera prima, empleando una cámara prestada por uno de los actores a tales efectos. Rodó estilo guerrilla, en plena calle y sin permisos, lo que propició que la policía lo expulsara de varios de los sets elegidos para la ocasión, o que los transeúntes intervengan sin si quiera saberlo. Se tiró cuatro años de su vida filmándola y, cuando la completó, tuvo cierto renombre dentro del mundillo del gore y aledaños, siendo presentada en infinidad de festivales. A día de hoy es un pequeño clásico del cine costroso y un título celebre para sectores “finos” del cine de género.
No obstante, Jim Van Bebber nunca salió de la marginalidad; estuvo un montón de años rodando cortos como puedan ser “Roadkill” o “Sweet Satan” y pasándolas canutas, haciendo de actor para otros directores más o menos losers, intentado concluir un biobic sobre una de sus obsesiones, Charles Manson, siendo, en definitiva, un personaje curioso, pero no tanto como para dedicarle un seguimiento en profundidad.
Su última incursión en el cine fue en 2013, con un cortometraje sobre un cocodrilo comiéndose los restos de unos veteranos de Vietnam, financiado a través de crowdfunding y titulado “Gator Green”.
Cuando se editó "Deadbeat at dawn" en España como “Gore en las calles”, recuerdo cierto sector del fandom endiosándola y asegurando fliparlo con un artefacto que en realidad era (es) un pequeño rollo que no pasa de curioso. Más tarde, esos mismos fans devinieron adictos a Tarantino y, hoy, mientras cambian pañales, no recuerdan ni por lo más remoto quien fue Jim Van Bebber.
Pero no debemos echar la culpa a la película, ajena a toda aquella moda. En realidad es una cinta amateur ochentera que obtuvo cierta popularidad entre los extraños fans del cine de horror sureño y que, en un suspiro, traspasó fronteras. Lo suficientemente singular como para que la tengamos en cuenta y le dediquemos un visionado libres de prejuicios, más allá de eso, sigue siendo una caquita con cierta gracia.... en pequeñas dosis.
“Deatbeat at Dawn” asimismo fue rebautizada para su edición en VHS bajo el oportunista título de “Gore en las calles”, que es con el que se la conoce en nuestro país, y con el que miles de chavalitos granudos se engancharon al género, pero lo cierto es que se editó genuinamente en VHS al poco de distribuirse en USA —se ve que el bueno de Van Bebber consiguió algunas ventas al extranjero— y lo hizo con un título más común de las estanterías de los 80 como es “Bandas callejeras” y con el que vamos a ilustrar esta reseña (el de “Gore en las calles” pues, que se quede en mera anécdota).
Vista hoy, libre de prejuicios, y aprovechando el master que rula por ahí perteneciente a la lujosa edición en blu-ray que tuvo a bien sacar la gente de "Arrow Video", mi opinión dista levemente de la que tenía previamente, pero levemente, porque al final “Bandas callejeras” es lo que es: un mojoncillo amateur con el exceso por bandera, rodado, eso sí, con muchísima afición.
La cosa va de una par de, eso, bandas callejeras que se odian y se dan de hostias por los inhóspitos parajes de un desolado Ohio. Cuando el jefe de una decide que es el momento de retirarse de las calles y llevar una existencia tranquila al lado de su novia, todo se complicará para que no pueda dejar la vida criminal y continuar lo que queda de película dándose de hostias con la banda contraria.
Naturalmente la trama brilla por su ausencia, pero hay que reconocerle a Van Bebber el haberse adelantado unos años al argumento de “Atrapado por su pasado” de Brian de Palma, salvando inmensamente las distancias (Naxo: Y el hecho de que la peli de De Palma se basa en una novela escrita doce años antes que el film de Van Bebber). Por lo demás, nos encontramos ante un folletín largo y tedioso donde destaca un fuerte componente dramático, con desangeladas peleas que sirven para mostrarnos las pocas cualidades de Van Bebber (que protagoniza la cinta) con las artes marciales. Durante el trasiego de peleas y venganzas, la violencia mostrada es exagerada y vemos navajazos salpicosos, desmembramientos varios y hasta un despellejamiento con cuchillo, con su correspondiente extracción de cerebro por apertura de cráneo. Nada que a estas alturas pueda sorprendernos.
La historia de “Bandas callejeras” es por todos conocida; el joven Van Bebber, cursando sus estudios en la Universidad, obtuvo una beca de 100.000 dólares para sufragar su segundo curso y, en lugar de emplear ese dinero en costearse los estudios, decidió gastárselo en película de 16 mm para rodar su ópera prima, empleando una cámara prestada por uno de los actores a tales efectos. Rodó estilo guerrilla, en plena calle y sin permisos, lo que propició que la policía lo expulsara de varios de los sets elegidos para la ocasión, o que los transeúntes intervengan sin si quiera saberlo. Se tiró cuatro años de su vida filmándola y, cuando la completó, tuvo cierto renombre dentro del mundillo del gore y aledaños, siendo presentada en infinidad de festivales. A día de hoy es un pequeño clásico del cine costroso y un título celebre para sectores “finos” del cine de género.
No obstante, Jim Van Bebber nunca salió de la marginalidad; estuvo un montón de años rodando cortos como puedan ser “Roadkill” o “Sweet Satan” y pasándolas canutas, haciendo de actor para otros directores más o menos losers, intentado concluir un biobic sobre una de sus obsesiones, Charles Manson, siendo, en definitiva, un personaje curioso, pero no tanto como para dedicarle un seguimiento en profundidad.
Su última incursión en el cine fue en 2013, con un cortometraje sobre un cocodrilo comiéndose los restos de unos veteranos de Vietnam, financiado a través de crowdfunding y titulado “Gator Green”.
Cuando se editó "Deadbeat at dawn" en España como “Gore en las calles”, recuerdo cierto sector del fandom endiosándola y asegurando fliparlo con un artefacto que en realidad era (es) un pequeño rollo que no pasa de curioso. Más tarde, esos mismos fans devinieron adictos a Tarantino y, hoy, mientras cambian pañales, no recuerdan ni por lo más remoto quien fue Jim Van Bebber.
Pero no debemos echar la culpa a la película, ajena a toda aquella moda. En realidad es una cinta amateur ochentera que obtuvo cierta popularidad entre los extraños fans del cine de horror sureño y que, en un suspiro, traspasó fronteras. Lo suficientemente singular como para que la tengamos en cuenta y le dediquemos un visionado libres de prejuicios, más allá de eso, sigue siendo una caquita con cierta gracia.... en pequeñas dosis.
viernes, 26 de noviembre de 2021
HEE-MAN: MASTER OF NONE
Al margen de las condiciones exóticas de estas películas, y que muchos de los masters de las mismas se perdieron siendo las copias de VHS españolas de la época, la única constancia audiovisual que justifica su existencia —amén de todos los posters, fotocromos y fotografías—, poco más se puede decir de las parodias de Redford White (de cuya historia ya dimos buena cuenta en el especial que desde "Neon Maniacs" dedicamos a su figura). Son todas malísimas, tercermundistas y con olor a orina. Sin embargo, y en justicia, lo que nos llegó a España es lo mejor de su cosecha, las de “Rambo” y “Rocky”, o la de “Los Intocables de Redford White” —la parodia al film de Brian De Palma, que solo existe en la traducción al castellano— son cojonudas si las comparamos con lo que no nos llegó. Sin ir más lejos, esta “Hee-Man: Master Of None”, el "spoof" no oficial que Redford White dedica a la línea de juguetes “Masters del Universo” de "Mattel". En búsqueda de contenidos para sus películas, White se dio cuenta de que su hijo pequeño jugaba con los dichosos muñequitos y eso fue más que suficiente para comprobar el tirón que en el país tenían los mismos. Para documentarse se vio un par de episodios de la serie de la "Filmation" de la que tomó nota cómo se transforma el príncipe "Adam" en "He-Man" y zumbando. Acto seguido, y en la ejecución de la película, la producción entera se pasa por los huevos la historia, orígenes e idiosincrasia de los juguetes o su serie televisiva.
Esto es una auténtica basura de dimensiones estratosféricas como bien sabía cuando me senté ante la televisión antes de darle al "play", con la osadía de tragármela de la única manera existente: En filipino tagalo sin subtítulos ni nada. La comprensión de los diálogos en este caso da un poco lo mismo porque toda la película técnica o artísticamente es insustancial e intrascendente, y tampoco hay mucho que rascar tras consultar las escasas sinopsis que rulan por Internet —y que ayudan a la comprensión de lo que uno está viendo—.
La cosa va de una aldea en algún lugar del tercer mundo donde tenemos, en una mano, a una serie de "Masters del Universo" comandados por un "Skeletor" al que resuelven la papeleta poniéndole una careta de lo más cutre que representa media calavera y debieron comprar en cualquier tienda de disfraces. Al resto de "Masters" se les pone una especie de armadura fabricada con plástico y papel maché que se basa en los diseños originales de las que usan los muñecos, pero en chabacano, y por eso sabemos que son ellos, porque, al no haber presupuesto para más, estos "Masters del Universo" no llevan el casco que les sirva para ser identificados. Identificamos a "Tri-Klops", pero en lugar del casco de los tres ojos que suele usar en otras adaptaciones, lleva enormes orejas de goma y una cresta (!!!). Y así con todos.
En la otra mano tenemos a Redford White dando vida a un tal príncipe "Herman" que, lejos de vestir como el "príncipe Adam" de los dibujos animados, lleva puesta una suerte de pieles marrones que lo mismo le servirían para interpretar a "Pablo Mármol". Cuando las cosas van mal, saca la espada del poder y se transforma en un "He-Man" escuálido. El resto de la película es un ir y venir de los personajes haciendo chistes de cocaína y de discapacidad, de homosexualismo —con la refrescante presencia de uno de los habituales secundarios de las películas de White, Roderick Paulate, el "Margarito Pirulí" de “Rocky Tan-Go”, que siempre hace de maricón— y el típico humor filipino propio de estas películas que deja picueto al espectador. Añadan a eso mucho, mucho combate de espada. Y aquí ya no hay más que rascar.
No obstante, lo realmente reseñable, es que este pedazo de mierda, esta bazofia sin nombre, estrenada única y exclusivamente en cines de todo Filipinas el día de Navidad de 1985, consiguió ser la película más taquillera de ese año, por encima de "blockbusters" americanos de la época tales como “Regreso al futuro”, “Rocky IV” o “Los Goonies”. Y eso tiene un mérito que te cagas, como no.
Por otro lado, y con la cantidad de elementos para la hilaridad que contiene esta película, ya soy demasiado viejo y he visto la suficiente mierda como para que cualquier cosa desmadrada o improbable me sorprenda. Pero, eso sí, la curiosidad ha quedado saciada.
Dirige Tony Y. Reyes, popular artesano del cine filipino responsable de, entre otras muchas, “Las Locas Aventuras de Batman y Robin”.
Esto es una auténtica basura de dimensiones estratosféricas como bien sabía cuando me senté ante la televisión antes de darle al "play", con la osadía de tragármela de la única manera existente: En filipino tagalo sin subtítulos ni nada. La comprensión de los diálogos en este caso da un poco lo mismo porque toda la película técnica o artísticamente es insustancial e intrascendente, y tampoco hay mucho que rascar tras consultar las escasas sinopsis que rulan por Internet —y que ayudan a la comprensión de lo que uno está viendo—.
La cosa va de una aldea en algún lugar del tercer mundo donde tenemos, en una mano, a una serie de "Masters del Universo" comandados por un "Skeletor" al que resuelven la papeleta poniéndole una careta de lo más cutre que representa media calavera y debieron comprar en cualquier tienda de disfraces. Al resto de "Masters" se les pone una especie de armadura fabricada con plástico y papel maché que se basa en los diseños originales de las que usan los muñecos, pero en chabacano, y por eso sabemos que son ellos, porque, al no haber presupuesto para más, estos "Masters del Universo" no llevan el casco que les sirva para ser identificados. Identificamos a "Tri-Klops", pero en lugar del casco de los tres ojos que suele usar en otras adaptaciones, lleva enormes orejas de goma y una cresta (!!!). Y así con todos.
En la otra mano tenemos a Redford White dando vida a un tal príncipe "Herman" que, lejos de vestir como el "príncipe Adam" de los dibujos animados, lleva puesta una suerte de pieles marrones que lo mismo le servirían para interpretar a "Pablo Mármol". Cuando las cosas van mal, saca la espada del poder y se transforma en un "He-Man" escuálido. El resto de la película es un ir y venir de los personajes haciendo chistes de cocaína y de discapacidad, de homosexualismo —con la refrescante presencia de uno de los habituales secundarios de las películas de White, Roderick Paulate, el "Margarito Pirulí" de “Rocky Tan-Go”, que siempre hace de maricón— y el típico humor filipino propio de estas películas que deja picueto al espectador. Añadan a eso mucho, mucho combate de espada. Y aquí ya no hay más que rascar.
No obstante, lo realmente reseñable, es que este pedazo de mierda, esta bazofia sin nombre, estrenada única y exclusivamente en cines de todo Filipinas el día de Navidad de 1985, consiguió ser la película más taquillera de ese año, por encima de "blockbusters" americanos de la época tales como “Regreso al futuro”, “Rocky IV” o “Los Goonies”. Y eso tiene un mérito que te cagas, como no.
Por otro lado, y con la cantidad de elementos para la hilaridad que contiene esta película, ya soy demasiado viejo y he visto la suficiente mierda como para que cualquier cosa desmadrada o improbable me sorprenda. Pero, eso sí, la curiosidad ha quedado saciada.
Dirige Tony Y. Reyes, popular artesano del cine filipino responsable de, entre otras muchas, “Las Locas Aventuras de Batman y Robin”.
sábado, 20 de mayo de 2023
JOHNNY PELIGROSO
Recuerdo cuando "Johnny Peligroso" se estrenó en 1985 y los medios de comunicación le dedicaron unos breves minutos. Al fin y al cabo, solo era otra comedia tonta más para lucimiento de ese actor de comedias tontas llamado Michael Keaton. Las imágenes me llamaron la atención por absurdas, dando a entender que aquello era una "spoof movie" con todas las de la ley. Sin embargo, a pesar de ser devoto del subgénero, no fui a verla. Su ambientación gangsteril rollo años 30 no me llamó -ni me llama- cinematográficamente hablando. Pasaría un tiempo hasta que la consumí en vídeo. Y otras tantas décadas para que se ganara mi simpatía.
Efectivamente, "Johnny Peligroso" es puro "spoof", y de los gordos. En 1984, que es cuando se rodó, el tema aún tenía tirón... aunque por poco tiempo (fue el año de "Top Secret!" y su fracaso en taquilla). Así, como todo buen producto del ramo, el argumento podría servir perfectamente para una película seria: Auge y caída de un gangster. Cómo entra en una poderosa familia, escala puestos, le sale un competidor, aparece una chica de la que se enamora y su hermano se convierte en su mayor perseguidor al ejercer de fiscal. En realidad, nada nuevo. Es el modo de contarlo donde, obvio, reside la gracia. Y, pal caso, dicho más a conciencia que nunca.
De entrada, sorprende, y para bien, que el tema musical central lo canturree Weird Al Yankovic, un nombre perfectamente vinculado al formato de la bufa absurda, quien hizo exactamente lo mismo para "Espía como puedas", además de marcarse un buen puñado de cameos en la saga "Agárralo como puedas". Y, hablando de la reina de Roma, hay un gag en la primera de ellas que lo habíamos visto cuatro años antes en "Johnny Peligroso". ¿Plagio? Mmmmh... no sabría decir, debemos tener en cuenta que en los créditos finales se menciona a Pat Proft y Neal Israel -entonces casado con la directora del film- como "consejeros". Juntos y revueltos, los nombres de esos caballeros se asocian a una ristra de títulos cómicos que quitan el hipo: Varias "Locas academias de policía", varios "Agárralos como puedas", "Locademia de conductores" o "Despedida de soltero". Es decir, dos titanes de la nueva comedia yanki asentada en los ochenta.
Efectivamente, "Johnny Peligroso" es puro "spoof", y de los gordos. En 1984, que es cuando se rodó, el tema aún tenía tirón... aunque por poco tiempo (fue el año de "Top Secret!" y su fracaso en taquilla). Así, como todo buen producto del ramo, el argumento podría servir perfectamente para una película seria: Auge y caída de un gangster. Cómo entra en una poderosa familia, escala puestos, le sale un competidor, aparece una chica de la que se enamora y su hermano se convierte en su mayor perseguidor al ejercer de fiscal. En realidad, nada nuevo. Es el modo de contarlo donde, obvio, reside la gracia. Y, pal caso, dicho más a conciencia que nunca.
De entrada, sorprende, y para bien, que el tema musical central lo canturree Weird Al Yankovic, un nombre perfectamente vinculado al formato de la bufa absurda, quien hizo exactamente lo mismo para "Espía como puedas", además de marcarse un buen puñado de cameos en la saga "Agárralo como puedas". Y, hablando de la reina de Roma, hay un gag en la primera de ellas que lo habíamos visto cuatro años antes en "Johnny Peligroso". ¿Plagio? Mmmmh... no sabría decir, debemos tener en cuenta que en los créditos finales se menciona a Pat Proft y Neal Israel -entonces casado con la directora del film- como "consejeros". Juntos y revueltos, los nombres de esos caballeros se asocian a una ristra de títulos cómicos que quitan el hipo: Varias "Locas academias de policía", varios "Agárralos como puedas", "Locademia de conductores" o "Despedida de soltero". Es decir, dos titanes de la nueva comedia yanki asentada en los ochenta.
Por todo ello (y teniendo en cuenta que entre los guionistas de "Johnny Peligroso" localizamos también a Norman Steinberg, quien formó parte de los creadores de "Sillas de montar calientes" nada menos) el humor del film no es solo tonto hasta el tuétano, además de un modo absolutamente orgulloso y abundante. Hay tantísimos gags que la calidad varía, pero desde luego sin llegar jamás a la basura arrastrada de muchas muestras recientes de "spoof" (salvo, quizás, "Weird", justamente apadrinada por Weird Al Yankovic). Entre los mejores, y que me hicieron reír, destacaría la guasa a costa de las antiguas películas sobre higiene sexual, en esta concretamente nos muestran -incluida animación- como el exceso de sexo puede hacer estallar los testículos. El retrato robot de Johnny Peligroso que, según los rasgos del dibujo, es... ¡el jodido Sylvester Stallone! La anciana madre de Johnny, con su pelo blanco y arrugas, que resulta contar únicamente con 29 primaveras, "Espero llegar a los 30", anhela. El polvo entre Johnny y su interés amoroso viene acompañado por la inevitable ristra de fuegos artificiales en los cielos. Al verlos su jefe desde otro lado de la ciudad, exclama: "Yo diría que Johnny está follando". Un titular de la prensa reza así: "Moroni deportado a Suecia. Dice que no es de allí" (con esta me descojoné a gusto). El médico que visita a la madre de Johnny, y siempre le encuentra pupas, afirma con vehemencia: "Es la tiroides", "¿Qué le pasa?" pregunta el hijo,"Que no la encontramos". Un gag muy agradecidamente de la época, por su tono políticamente incorrecto, hace referencia a la sirvienta experta en insultos racistas para todas las etnias imaginables. Tenemos un coche con los frenos manipulados que, al acelerar, acelera también la velocidad de la canción que suena por la radio. Y así seguiría y seguiría, porque quedan un buen montón de coñas más igual de graciosas y que, sin hacer de "Johnny Peligroso" un entretenimiento infalible, sí resulta una comedia loca la mar de simpática que te ayudará tranquilamente a pasar una tarde, o echar algo de claridad a un exceso de negros nubarrones.
Contribuye, y mucho, el amplio reparto, generoso en toda suerte de rostros familiares, algunos en primera fila, otros casi en función de extra. Todos entrañables. Aparte del mismo Michael Keaton, exultante en su momento de gloria como comediante, encontramos a Joe "Estamos muertos... ¿o qué?" Piscopo, seguido de un sensacional Peter Boyle, Griffin Dunne, el gran Dom De Luise en un cameo absolutamente idiota y, por tanto, muy gracioso, un inesperado Danny De Vito (protagonizando un gag surrealista que aún no sé si calificarlo de brillante o ridículo. Él y Keaton coincidirían de nuevo en "Batman Vuelve"), el cómico clásico Ron Carey (como con De Luise, habitual de Mel Brooks), Ray Walston (protagonizando un gag de "vendedor de periódicos agredido" que recuerda mucho a otro visto en "La última locura" de... sí, Mel Brooks). Alan Hale Jr, que menciono únicamente porque en 1975 aparecía en "The giant spider invasion" de Bill Rebane, y eso es motivo suficiente. Scott Thompson, uno de los esbirros del Teniente Harris en "Loca academia de policía". Gary Watkins quien, justo después, protagonizó el "Ruedas de fuego" de Cirio H. Santiago, nada menos. El feo y carismático Hank "El justiciero de la ciudad" Garrett. Jack "Cabeza Borradora" Nance haciendo de cura. Rick Rosenthal, director de "Halloween 2 (Sanguinario)", como juez. Y un titán del calibre de Carl Gottlieb, cuyo nombre va ligado a títulos de variable pero significativo peso como "Cavernícola", "Tiburón", "Un loco anda suelto" o "Amazonas en la luna", dando vida a un médico. Algo menos llamativas son las actrices principales, como Marilu Henner (habitual de la famosa serie "Taxi") y Maureen Stapleton quien, habiendo recibido un Oscar -por otra peli, of course-, debería conocer... pero no es el caso, lo que delata mi ignorancia supina. La lista sigue, no se crean, sin embargo, para ir terminando ya, me centraré en los roles vistos y no vistos de otro gran feo del cine, Vincent Schiavelli (el fantasma del metro en "Ghost" o el director de la cadena televisiva en "Man on the moon", era inseparable de Milos Forman) y un jovencísimo Lukas Haas -con sus enormes orejas- dando vida a la versión infante de Griffin Dunne. ¡¡BUF!! agotado estoy, oiga.
Todo esto lo cocina, en funciones de directora, Amy Heckerling, quien posteriormente alcanzaría una notable relevancia al responsabilizarse de "Las vacaciones europeas de una chiflada familia americana", las dos primeras entregas de "Mira quien habla", "Clueless" y un mogollón de series televisivas, algunas bastante conocidas. Resulta curioso ver cómo la mujer no tuvo manías en materializar muchos de los chistes tirando a machistas y generosamente vulgares. Sí, tal vez solo quería currar y recibir el cheque (de hecho, el fracaso comercial de "Johnny Peligroso" propició que decidiera escribir sus propios libretos, en lugar de filmar los de otros). O, tal vez, entonces estas cosas se tomaban menos a la tremenda que ahora. Buenos tiempos aquellos.
Como colofón simpático, mencionar que, por lo visto, Brian De Palma es muy fan de "Johnny Peligroso". El día del pre-estreno se partía de risa con ella.
Todo esto lo cocina, en funciones de directora, Amy Heckerling, quien posteriormente alcanzaría una notable relevancia al responsabilizarse de "Las vacaciones europeas de una chiflada familia americana", las dos primeras entregas de "Mira quien habla", "Clueless" y un mogollón de series televisivas, algunas bastante conocidas. Resulta curioso ver cómo la mujer no tuvo manías en materializar muchos de los chistes tirando a machistas y generosamente vulgares. Sí, tal vez solo quería currar y recibir el cheque (de hecho, el fracaso comercial de "Johnny Peligroso" propició que decidiera escribir sus propios libretos, en lugar de filmar los de otros). O, tal vez, entonces estas cosas se tomaban menos a la tremenda que ahora. Buenos tiempos aquellos.
Como colofón simpático, mencionar que, por lo visto, Brian De Palma es muy fan de "Johnny Peligroso". El día del pre-estreno se partía de risa con ella.
sábado, 31 de enero de 2026
SESIÓN DOBLE: ¿QUIÉN ES HARRY CRUMB? + DOS TIPOS GENIALES
Ya de chaval, y por proximidad de fechas y temática, vivía convencido que "¿Quién es Harry Crumb?" se parió intentando aprovechar el pepino que supuso "Agárralo como puedas". Podría decirse que estamos ante una observación injusta, ya que también "Frank Drebin" chupaba de la misma fuente que "Harry Crumb", es decir, el "Inspector Clouseau": detective/poli patoso, algo imbécil y arrogante, que allá donde va crea caos y destrucción pero, al final, y sin saber muy bien como, termina resolviendo el entuerto de rigor. Bien, sí, ok... pero es que "¿Quien es Harry Crumb?" dispone que algunos gags EXACTAMENTE iguales a los del clásico de los ZAZ, en especial uno que implica cierto pez. El resto no tira tanto de "spoof", apostando más por el "slapstick" puro, a base de algunas "set pieces" bastante graciosas y potentes, siendo la del aire acondicionado la que mejor funciona.
Por supuesto estamos ante un vehículo de lucimiento para el bueno de John Candy, quien interpreta al peor de una saga de brillantes detectives. El villano, con el fin de ocultar su culpa (lo siguiente podría considerarse un poco "spoiler" pero, vamos, se ve venir a los diez minutos), le ficha convencido de que su incapacidad será beneficiosa para las pérfidas triquiñuelas que se lleva entre manos. Tal vez el toque más original sea que la trama principal, la del secuestro de una niña rica, se mezcla con la de un intento de asesinato, dando pie así a algunas simpáticas confusiones.
Candy se rodea de rostros carismáticos como el caidísimo en desgracia Jeffrey Jones, Annie Potts (la secre de "Los Cazafantasmas" en un inesperado rol de "femme fatal"), el bueno de Tim Thomerson, Shawnee Smith (la heroína de "El terror no tiene forma") y cameo coleguero para Jim Belushi, dando pie a una coña sobre la "Cherry Coke" que en España se nos escapó porque todavía no había llegado a este país (y el doblaje lo resuelve como puede). El director, Paul Flaherty, básicamente se ha movido en el mundo de la comedia, televisiva o cinematográfica, firmando otras cosillas como "Plantón al cielo", "Clifford" o la serie oficial de la revista "Mad".
"¿Quién es Harry Crumb?" fue un fracaso en salas norteamericanas, por lo que acá llegó directamente en vídeo. O así fue en Barcelona. ¿Sorprende? Nah... se puede consumir, sin más, pero queda lejos de ser brillante y, por supuesto, muy muy muy por debajo de su modelo a imitar.
Por supuesto estamos ante un vehículo de lucimiento para el bueno de John Candy, quien interpreta al peor de una saga de brillantes detectives. El villano, con el fin de ocultar su culpa (lo siguiente podría considerarse un poco "spoiler" pero, vamos, se ve venir a los diez minutos), le ficha convencido de que su incapacidad será beneficiosa para las pérfidas triquiñuelas que se lleva entre manos. Tal vez el toque más original sea que la trama principal, la del secuestro de una niña rica, se mezcla con la de un intento de asesinato, dando pie así a algunas simpáticas confusiones.
Candy se rodea de rostros carismáticos como el caidísimo en desgracia Jeffrey Jones, Annie Potts (la secre de "Los Cazafantasmas" en un inesperado rol de "femme fatal"), el bueno de Tim Thomerson, Shawnee Smith (la heroína de "El terror no tiene forma") y cameo coleguero para Jim Belushi, dando pie a una coña sobre la "Cherry Coke" que en España se nos escapó porque todavía no había llegado a este país (y el doblaje lo resuelve como puede). El director, Paul Flaherty, básicamente se ha movido en el mundo de la comedia, televisiva o cinematográfica, firmando otras cosillas como "Plantón al cielo", "Clifford" o la serie oficial de la revista "Mad".
"¿Quién es Harry Crumb?" fue un fracaso en salas norteamericanas, por lo que acá llegó directamente en vídeo. O así fue en Barcelona. ¿Sorprende? Nah... se puede consumir, sin más, pero queda lejos de ser brillante y, por supuesto, muy muy muy por debajo de su modelo a imitar.
Que en plenos años ochenta a Brian De Palma, petándolo entonces como especialista en thriller intenso, le diera por estrenar una comedia pura y dura al servicio de Danny De Vito y Joe Piscopo, "Dos tipos geniales", podría sonar raro. Pero no olvidemos que ya había jugado con el género -de la risa- unas cuantas veces en sus inicios, así que tampoco era nada tan nuevo. Lo llamativo, tal vez, es que a diferencia de aquellas, esta era muy mainstream, muy convencional.
Harry y Moe son dos mafiosetes venidos a menos, despreciados por sus compañeros del hampa. Un día intentan estafar al jefazo, pero sale mal. Apunto de ser ejecutados, ambos demuestran lealtad hacia su compinche, confesándose únicos responsables del asunto y exculpando al otro, cosa que sorprende al Capo, quien, un poco por ponerlos a prueba, decide ordenarles que se ejecuten mutuamente. Harry y Moe huirán e intentarán arreglar las cosas, con los consiguientes dolores de cabeza.
Un ritmo frenético, sobre todo a base de verborrea altiva y en continuo efecto de "pisada", muchos enredos, escasa violencia dada la naturaleza del film y, bueno, poco De Palma en todos los sentidos, especialmente aquellos de orden visual. Años después, él mismo la calificaría de "pequeña buena comedia". Yo me quedo con "llevadera".
Por supuesto, el plantel de actores que acompañan a De Vito y Piscopo es bastante espectacular, imperando sobre todo un reparto masculino a base de Harvey Keitel, Dan Hedaya y un montón de rostros típicos de todo el cine de mafiosos que se preciara de serlo. La marcianada la ponen el cameo de los papás de Martin Scorsese y un papelillo para Maria Pitillo, la futura negada protagonista femenina del "Godzilla" de Roland Emmerich.
Harry y Moe son dos mafiosetes venidos a menos, despreciados por sus compañeros del hampa. Un día intentan estafar al jefazo, pero sale mal. Apunto de ser ejecutados, ambos demuestran lealtad hacia su compinche, confesándose únicos responsables del asunto y exculpando al otro, cosa que sorprende al Capo, quien, un poco por ponerlos a prueba, decide ordenarles que se ejecuten mutuamente. Harry y Moe huirán e intentarán arreglar las cosas, con los consiguientes dolores de cabeza.
Un ritmo frenético, sobre todo a base de verborrea altiva y en continuo efecto de "pisada", muchos enredos, escasa violencia dada la naturaleza del film y, bueno, poco De Palma en todos los sentidos, especialmente aquellos de orden visual. Años después, él mismo la calificaría de "pequeña buena comedia". Yo me quedo con "llevadera".
Por supuesto, el plantel de actores que acompañan a De Vito y Piscopo es bastante espectacular, imperando sobre todo un reparto masculino a base de Harvey Keitel, Dan Hedaya y un montón de rostros típicos de todo el cine de mafiosos que se preciara de serlo. La marcianada la ponen el cameo de los papás de Martin Scorsese y un papelillo para Maria Pitillo, la futura negada protagonista femenina del "Godzilla" de Roland Emmerich.
domingo, 16 de diciembre de 2012
MONSTROSITY
La primera vez que tuve conocimiento del tan legendario como insufrible Andy Milligan fue siendo yo muy chaval a través de las páginas de un viejo número del "Fangoria" americano (y, más concretamente, de la mano de Bill Landis, editor del mítico fanzine "Sleazoid Express"). Recuerdo quedar totalmente fascinado por los carteles de sus películas y algunas de sus declaraciones. Ya tenía otro cineasta bizarro que sumar a mi lista de monstruosidades y sobre el que investigar. Y claro, como suele ocurrir en estos casos, la imagen que me había formado de Andy Milligan distaba bastante de cómo era en realidad. En mi universo, respondía al perfil de realizador de películas zetosas de horror repletas de gore y elementos "camp". De entrada tuve cierta suerte, porque las primeras obras suyas que vi fueron las únicas disponibles en los vídeo-clubs españoles, y que en cierto modo sí encajaban en esa idea preconcebida, hablo de "Sangre" y la mitiquísima "Matanza". Con la llegada de sellos especializados en cine raro y sus correspondientes tiendas, pude acceder a más material perteneciente a su etapa clásica... vamos, la que se suponía mejor, y vi "The Ghastly Ones", "Seeds", "Bloodthirsty Butchers" y la insufrible "The rats are coming, the werewolves are here". ¿Resultado?. Todas una puta mierda insoportable. Fui incrementando mis conocimientos sobre Andy Milligan a la vez que él se iba ganando (post-mortem) una fama de auténtico artista atormentado e incomprendido. Sí, ya, mis cojones. La culpa de semejante gilipollez la tuvo un libro, leído y reseñado en este blog (bueno, y el hecho de que Milligan fuera homosexual, eso siempre aporta una pátina de respetabilidad). Y fue leyendo dicho libro que vi la luz: Durante finales de los 70, pero especialmente en los 80, Andy Milligan vivía medio retirado del cine y con un pie en la indigencia. Fue entonces cuando su imagen se "revalorizó" y, como ha ocurrido con otros estetas de la serie Z primigenia, le salio la oportunidad de retomar sus actividades cinematográficas. Y como buen "exploiter" que era (y no artista), decidió hacer el tipo de películas que él pensaba contentarían a su nueva prole de "fans", ¿y qué clase de supuestos "fans" eran esos?, pues los seguidores del terror y lectores de "Fangoria". A ninguno de ellos le importaban un carajo los melodramas trágicos de la etapa clásica del amigo Andy (ni a mi!!)... esos mismos que ahora incluso son reivindicados por cineastas de prestigio como Nicolas Winding Refn, director de "Drive", y editados en dvd por el "British Film Institute". Los nuevos descubridores de Milligan querían al que quise yo siendo adolescente, es decir, el director de cine "trash"/"camp" especializado en terror y gore. Así pues el caballero comenzó a gestar películas para esa audiencia, que son las que pululan por la década de los 80 y por las que yo equivocadamente comencé, pelis risibles, ridículas pero, por eso mismo, gozables a su manera. ¿Qué pasa?, pues que son muy muy poquitas, y un servidor de ustedes aún no había podido ver la más llamativa de todas, este "Monstrosity" (donde Milligan volvía a currar con la familia de productores rastreros Mishkin, con quienes siempre mantuvo una relación de puro amor/odio). Recuerdo un viejo número de la revista francesa "Impact" que dedicaba un lustroso dossier a dos monstruos del cine chusco, por un lado Ted V. Mikels, y por otro, el colega Milligan. Y dicho reportaje basaba casi todo su contenido visual en el rodaje de, precisamente, "Monstrosity", cuyas fotos se prometían excelentes. Y desde entonces (y os hablo posiblemente de 1989), que andaba "deseando" verla... hasta que hace unas semanas, revoloteando por casa de mi "Conseguidor" personal -Pajarillo- la localicé en dvd (edición yankee, se comprende) y tras vibrar y saltar de alegría, la agarré de los estantes y esperé al momento adecuado para sentarme a verla, dispuesto a tener la más mayor paciencia del mundo mundial, y ese día llegó... ayer."Monstrosity" arranca muy seria ella. Muy seria según el filtro del Andy Milligan de los ochenta (concretamente del 87), pero seria al fin y al cabo. Una panda de matones se dedica a recorrer las calles de la gran manzana y, simplemente, hacer el mal. Matar y destruir. Aquello que se cuelan en casa de la novia del prota, la violan y le meten una paliza (y cómo le ponía a Milligan todo eso!). La chica es ingresada en el hospital y, mientras pasa allí las horas, uno de los asaltantes, disfrazado de médico, se cuela y la asesina... y además se toma muchas molestias, porque pudiendo extrangularla o algo así rápido, le abre el estómago y le saca las tripas en un efecto mejor que de costumbre en el cine del abuelo Andy. El novio entra en cólera y decide vengarla. Y aquí la peli da un absurdo giro y se torna directamente una comedia.
¿Y qué clase de venganza?, pues decide construir un Frankenstein a partir de cadáveres de personas y animales y dotarle de vida para que castigue a los culpables. Lo normal, vamos. Y lo hace con ayuda de un par de colegas tan retrasados como él. La criatura resultante (Haal Borske, habitual del cine de Milligan, juntos en la foto) tiene un aspecto ridículo.... y cuando despierta, se comporta de un modo rídiculo. Peor, patético. Casi de llorar, porque a su "look", y sus maneras de subnormal, hay que añadir el elemento "humor voluntario", nivel escolapio. Total, que el monstruo resulta ser de lo más majo y se niega a matar por mucho que sus creadores intenten motivarle mostrándole carteles de Stallone ("Acorralado") y Schwarzenegger (la maravillosa "Commando"). Lo raro es que, a pesar de su negación, en la escena que sigue le vemos actuar sin problema, cuchillo en mano, cargándose a uno de los integrantes de la banda (o eso creo) que estaban atacando/asesinando a un grupo de punkitos... pero, vamos, tendriáis que ver cual
es el concepto que Andy Milligan tenía de lo que eran punkitos... ¿cómo describirlo sin recurrir de nuevo a ridículo y patético?, mejor lo véis en formato imagen. El caso es que la criatura salva a una de las punkitas, medio retarded ella, y se la lleva a su refugio donde nacerá una infame historia de amor en la que el cineasta básicamente se centrará por completo, casi olvidando el resto de la trama. De hecho, si no me despisté demasiado, o no me perdí del todo, diría que el asesino de la novia del prota no aparece más en toda la peli y, claro, no paga por sus crímenes (a saber, probablemente sería un actor descontento que se largó del miserable rodaje... ahora entiendo la escena que se viste de médico y no se quita la mascarilla en todo el rato). Aún así, el monstruo tiene tiempo de actuar y matar a unos cuantos delincuentes más, en escenas de un gore tercermundista muy clásico del cine de Milligan (los inevitables acuchillamientos de cráneo en los que la víctima sujeta descaradamente el tubo para la sangre o vaya usted a saber qué). Al final, y sin conocer todavía el motivo, uno de los creadores del bicho le da una jeringuilla repleta de dronga a la novia de este, que tras meterse el pico de rigor, la palma. Muy enfadado, el monstruo la emprende a tiros con sus padres y se los carga a todos (y ojo al efecto de la llamarada en la metralleta, ¡de alucine!). Lo mejor para el final. Sentado en un banco junto a una alchólica, el monstruo filosofa sobre la vida... la cámara asciende, enfoca el cielo y, justo cuando esperas el "The End", baja velozmente y vemos cómo entra en cuadro el equipo de rodaje, cómo Haal Borske se quita su disfraz mientras la gente desde sus coches se detiene a mirar con curiosidad. Un brochazo de oro, sin duda, a mi me encantó.Y después de todas estas disquisiciones, viene la parte divertida: Con todo lo mierdosa y bastante aburrida que es "Monstrosity", resulta que se trata de una de las películas más llevaderas y potables de Andy Milligan, una que encaja perfectamente en lo que yo hubiese querido ver después de "Matanza", ahí a finales de los 80, con su "look" ultra-pobre, crudo y tosco, sus necesarias dosis de zetismo y descerebre, sus elementos "camp" y su gore llamativo y resultón. Todo esto sumado a las señas de identidad propias de su autor, es decir: Unos cuantos desenfoques, fotografía oscura, alguna mirada a cámara por parte de unos actores bastante horripilantes (tanto si van en serio como en broma), cadáveres que respiran, trucajes que apestan (el monstruo lleva un ojo falso que, en una secuencia, vemos perfectamente que es de cartulina y se le sale de la cuenca), movimientos de cámara torpes, el celuloide en mal estado víctima de un revelado pobre, el montaje en plan carnicero (y es que Milligan nunca dejó de montar directamente en cámara, incluso si trabajaba en 35mm, por aquello de ahorrarse dineros) o el eterno truco del actor que aparece y desaparece deteniendo la acción para parar de rodar (en este caso, el absurdo personaje de un ángel de la guarda).
Gracias a que por entonces Andy Milligan era ya toda una leyenda, fueron unos cuantos los fans jovenzuelos los que entraron a formar parte del rodaje con las mejores intenciones y que, esencialmente, estaban más dotados de lo habitual para sus responsabilidades, como Rod Matsui, quien se encargó del maquillaje y que tiene un curriculum muy interesante en el que encontramos pelis rodadas en vídeo por él mismo en funciones de director o productor (como "Dark Romances" o "Zombie Party"), o trucajes para títulos bien reconocibles como "Freaked: la disparatada parada de los monstruos", "Semilla Negra" (producción Charles Band), "Carnosaurio" (producción Roger Corman), "El cortador de césped", la sexta de "Pesadilla en Elm Street" o incluso "Quien ama a Gilbert Grape?". Por allí también pululaba en funciones de producción Jimmy McDonough, es decir, el autor del libro sobre Milligan.
Al final de todo se anuncia alegremente un "Monstrosity 2", pero jamás llegó. De hecho, poco más pudo rodar Andy pues la acabó palmando de Sida y desde entonces su leyenda crece y crece. Pero yo, como decía, nunca me tragaré el rollo ese del gran creador bizarro que era... para mi siempre será el cineasta zetoso, incapaz y fácilmente ridiculizable que obras maestras de la infamia como "Matanza" y este "Monstrosity" demuestran que era. Y oiga, así lo prefiero.
lunes, 26 de diciembre de 2016
INTERVIEW: MARTÍN GARRIDO RAMIS
Nacido en Palma de Mallorca en 1952, Martín Garrido Ramis,
un hombre de teatro que cuando se ha embarcado en la empresa cinematográfica,
lo ha hecho desde la más absoluta independencia, y desde ese lado Outsider, que
al que suscribe tanto le agrada.
Responsable de ser el primer director Mallorquín que
consigue rodar una película para su distribución comercial en salas (“¡Que Puñetera Familia!”), también lo es de la película más extraña y lúgubre del
cine español de los últimos años “El hijo Bastardo de Dios”, amén de tener una
dilatada carrera con títulos de absoluto culto como puedan ser “Mordiendo la
vida” o “Héroes de Cartón”.
Padre del también director Martín Garrido Barón (“H6, Diario
de un asesino”), nos concede unos minutos de su tiempo para hablar de los dimes
y diretes en torno a su carrera, de sus próximos proyectos y de sus
preferencias.
Martín Garrido Ramis, el último director independiente.
Comienzas en el cine con una serie de cortometrajes en 35
mm. para luego convertirte en el director de la primera película de corte
comercial realizada en las Islas Baleares, “¡Qué Puñetera Familia!” ¿Cómo surge
la oportunidad de realizarla?
Había hecho dos
cortometrajes: “… Pero no ahoga” y “La Rosario y el Pinzas”. Este último me lo
seleccionaron en 1983 en el festival de Cine de San Sebastián y viajé allí
invitado por el festival. Tengo críticas que lo clasifican como una pequeña
obra maestra. Cuando volví a Palma conocí a un empresario de cine (Joan Olives)
que me propuso alargar mi primer corto y convertirlo en un largo. Y así lo
hice. Costó 6 millones de pesetas y dio como 32. Aunque la película la
considero mala porque me daba igual hacer cine, pero ahí está como la primera
película comercial mallorquina de la historia.
Así que la consideras malísima…
Sólo mala. Escribía
cada día lo que iba a rodar, no había guión. Pero te diré una cosa que me han
dicho muchas veces pero de la que yo nunca he hablado; Es una primicia. Estoy
seguro que mi película la vio el joven Almodóvar y me copió una escena, la de
la meada. Yo soy el primer director que rodé una meada auténtica, luego lo hizo
él. Y como la película se vio en toda España… Y ya que estamos te diré dos
copias más que me han hecho. Mota me ha copiado el final de un corto que está
en Youtube y se llama “Muerte y resurrección de Pedro Navaja”, y un famoso
cómico inglés me acaba de plagiar otro corto mío de Youtube. Mi corto se llama
“Am not Becham” y él me ha plagiado para hacer un spot de calzoncillos de
Beckam. A partir de ahora registraré lo que cuelgue en Youtube.
Rodaste “¡Qué puñetera familia!” con equipo técnico
proveniente de Barcelona ¿No había en Mallorca equipo técnico cualificado para
acometer el rodaje de un largometraje?
En Mallorca no había
nada, por no haber ni había una cámara de 35 mm. La película la rodé en cinco fines de
semana, y cada fin semana traía a un equipo de siete personas, y el material alquilado,
pagándo todos los gastos y el sueldo. El director de fotografía es Joseph Gusi
de TV3, pero un fin de semana no pudo venir y lo sustituyó Carles Gusi, que
después haría películas con Almodóvar y en Hollywood.
¿Cuánto le debe “¡Qué Puñetera Familia!” al cine de John
Waters?
Waters es sexo, yo
siempre he sido crítico social. Mis películas son esencialmente de humor negro.
En la película cuentas con la presencia de un actor
clásico de la escena Mallorquina como es Xecs Forteza. ¿Cómo fue dirigirle?
Xesc Forteza era un
cachondo que estaba detrás de todo lo que llevara faldas. La escena que tiene
muriéndose con Lynn Anderson encima,
para él fue la releche. “Repítela todas las veces que quieras”, me dijo. En la
escena aparece él muriéndose tocándole los pechos a la actriz porno. Fue muy
divertido dirigirlo.
Cuéntanos algo sobre la distribución. ¿Costó mover la
película en la península?
Todas mis películas
se han distribuido en la península, menos una que se titulaba “Simpáticos
degenerados” protagonizada por Florinda Chico. No se distribuyó porque la
compró la Warner Bros para estrenarla en vídeo directamente. La distribución
para los que hacen cine en la isla es muy complicada y difícil, de hecho no
conozco a ningún director mallorquín al que le hayan distribuido su película.
También tengo que decir que los únicos que hacemos cine en Mallorca somos mi
hijo y yo.
“El último Penalti” y “Simpáticos Degenerados son tus
únicas películas que aún no he visto. ¿Qué me puedes decir de ellas?
Las dos son comedias
divertidas y poco más. Cuando las rodé estaba más por otras cosas más
divertidas. En las dos películas lo importante eran las fiestas que
organizábamos. No perdía nada de tiempo en escribir los guiones, lo hacía de
cualquier forma. Pero te voy a contar una cosa que tampoco he contado nunca a
nivel prensa; “El último penalti” se llamaba en realidad “La eterna España de
charanga y pandereta” y me lo iba a producir nada más y nada menos que José
Esteban Alenda, el primer productor español que ganó un Oscar. Yo era íntimo amigo
de él porque me distribuyó cinco cortometrajes e incluso me hizo ganar dinero.
Pues bien, él leyó el guion en el que me había esforzado un poco, y me dijo que
me lo producía si esperaba seis meses a que se recuperara del fracaso de
“Volver a empezar”, que le había costado 200 millones. Le dije que me lo pensaría. Y de repente surgió
en mi vida, desgraciadamente, Ricard Reguant, actualmente director de musicales
(“Grease”, “Chicago”), y me dijo que si le metía mano al guión haciéndolo más
hortera y con más sexo, me traía todo un equipo de Barcelona a precio tirado, y
que luego me presentaba a Antonio Llorens (Lauren Films). Yo, como en aquel
tiempo era joven, guapo y gilipollas, accedí y dirigí una mierda de película.
Al año siguiente la película fue seleccionada en el Festival de Cine de Comedia
de La Coruña, y el gran Berlanga me dijo: “Es una pena, Martín. Has hecho una
película mala pero hubiera podido ser muy buena.” Así es la vida, una mala
compañía puede cambiarte la vida.
En “Héroes de Cartón” ruedas en 35 mm. en unos años en
los que el vídeo ya se imponía en las producciones profesionales independientes.
¿Por qué decides rodar en 35 mm?
“Héroes de cartón”
existe por mi hijo que quería ser director de cine. Puedo decir que es mi
primer guión pensado y bien escrito. Aunque yo salgo como director y mi hijo
Martín Garrido dirigió la mitad de la película con tan solo 15 años.
¿Tuvo algún tipo de distribución esta película? Tanto
dentro como fuera de Mallorca.
La distribuyó Lauren
Films, la distribuidora que en aquel momento distribuía en exclusiva todas las
películas de Woody Allen. Parece mentira con las películas malas que hacía y la
suerte que tenía con las distribuidoras. No sé que debían ver en ellas.
En ella cuentas con la presencia de Antonio Mayans y
Ricardo Palacios. Ambos habían trabajado con anterioridad con Jesús Franco ¿Encuentras algún paralelismo
entre tu obra y la de Jesús Franco?
Ni por asomo.
Antonio y Ricardo hicieron sus papeles muy bien. Yo siempre he hecho un cine
malo hasta “El hijo bastardo de Dios”, porque me surgía el dinero para hacerlo,
ni más ni menos. Es increíble pero es cierto. Hacer cine, para mí, era
solucionarme un año con el dinero que ganaba. Y eso era lo importante.
¿Cómo fue la experiencia de rodar con un hombre con la
experiencia con la que cuenta Mayans, tanto como actor, como de jefe de
producción?
Antonio Mayans es el
clásico ejemplo del actor que podía haber sido muy importante en el cine en
español. Quizá el asociarse con Franco le perjudicó su carrera. La experiencia
con Mayans fue buena como lo es siempre. Es un actor muy intuitivo que no hace
falta decirle mucho para que lo haga muy bien.
Sin embargo, y a pesar de tu larga trayectoria
cinematográfica, tú siempre has realizado teatro.
Desde que tengo 19
años no he dejado de hacer teatro. Entre función y función era cuando hacía
cine. Fui a la escuela de Arte Dramático de Trino Trives y después ya no dejé
de hacer teatro. En estos momentos estoy montando “Un invierno en Mallorca”. El
teatro para mí es la vida, el cine es la parte cachonda del arte de crear. De
todas formas ahora, que en las redes me tachan como el último director
independiente de este país, me tomo el cine en serio. Desde “El hijo bastardo
de Dios”, me esfuerzo. Tengo por estrenar “Turbulencia Zombi” y “Una función
para olvidar” en la que Fernando Esteso hace un pequeño papel. Las dos
películas son tragicomedias, lo que me gusta.
“H6, diario de un asesino” en mi opinión es una de las
películas españolas de psycho-Killers más infravaloradas del cine de terror
español, dirigida por tu hijo Martín Garrido Barón y con guion tuyo. ¿Qué
opinas de la película? ¿Tú la hubieras
rodado de manera diferente?
Me alegra que me
digas esto porque si antes podía tener dudas de si entendías de cine, ahora
estoy seguro de que entiendes. Por primera vez en mi vida me comí el coco de
mala manera para escribir el guión de lo que sería el primer largometraje de mi
hijo Martín. Me lo comí de verdad, y el resultado fue un guion genial (no soy
humilde pero sí terriblemente objetivo). Y mi hijo con 21 años hizo una
película de puta madre. Y ahora te voy a contar otra cosa que nunca he contado
públicamente; “H6, diario de un asesino” se terminó y todos dábamos saltos de
alegría. La película había salido genial y nos fuimos a La Columbia para que la
viera su director, James Armstrong. El americano quedó flipado y dijo que la
estrenaba en Gran Vía y tiraba ciento veinte copias. Lo habíamos conseguido,
pensamos mi hijo y yo. Cuando salimos de la productora nos fuimos a comer una
mariscada los cuatro. Mi hijo y yo, y los productores de Kanzaman Mark y Denis.
Por la noche volvimos a Mallorca más contentos que unas castañuelas. Mi hijo
iba a conseguirlo con 21 años. La leche. Al día siguiente, a última hora de la
tarde nos llamó Samuel Gómez, el montador, para decirnos que los productores
habían cortado cuarenta minutos de metraje. Casi nos da algo. Al día siguiente
volvimos a Madrid y les dijimos a los productores de todo menos guapos. Pero no
hubo manera, querían que la película durara noventa minutos. Al quitarle a la
película tanto metraje, se quitó la esencia de la historia. La película fue un
fracaso comercial y las críticas la devastaron. Hay tanto inepto en el cine que
uno no se lo puede creer.
Vuelves a hacer cine años después, en 2015, con “El Hijo
Bastardo de Dios” ¿Qué te motiva volver? ¿Es el cine de tu hijo una inspiración
para esta película?
Simplemente tenía ganas de hacer un cine que siempre he
sabido hacer y que nunca he hecho. Increíble pero cierto. Hasta “El hijo
bastardo de Dios” mis películas no me gustan. Hablo de las que yo he dirigido.
¿No crees que el tener un presupuesto escueto puede
beneficiar de algún modo a esta película en concreto?
Repito: como dicen
en las redes soy el último director independiente de este país. Yo nunca he
pretendido hacer un cine convencional. A mí siempre me ha gustado el cine
independiente. Siempre. ¿Por qué? Porque haces lo que te sale de los cojones y
ningún productor gilipollas te puede cortar tu obra. “El hijo bastardo de Dios”
es una película que quería hacer, y sé, que con el tiempo será de culto. Ya lo
han dicho muchos, no sólo yo. De todas formas no es el cine que quiero hacer,
lo mío es la tragicomedia. Adoro a Berlanga.
¿Por qué “El hijo Bastardo de Dios” es tan sórdida y
lúgubre? ¿No crees que es demasiado extraña para un público que acude en manada
a ver “8 Apellidos Vascos”?
Tienes toda la
razón, pero yo prefiero que me recuerden como el director de “El hijo bastardo
de Dios” que como el de “8 Apellidos Vascos”.
“El Hijo Bastardo de Dios” se estrena en cines, sin
embargo, no cuenta con una edición en DVD. Pero ahora que lo pienso, tampoco
tus películas anteriores cuentan con distribución en DVD ¿Por qué ocurre esto? En
el caso de “El hijo Bastardo de Dios” en particular, y con el resto en general.
Lauren Films editó
la película en VHS, las demás no han salido en DVD. La razón no la sé porque
estaba de juerga. “El hijo bastardo de Dios” si va a salir en DVD.
Tus dos últimas películas son “Turbulencia Zombi” y “Una
función para olvidar”. ¿Por qué una
película de Zombies? ¿No te parece que el mercado esté sobresaturado de cine Zombie?
“Turbulencia Zombi”
es una tragicomedia en la que no sale ningún zombie. Es un grupo de parados de
un pueblo que decide grabar una película de zombies para Youtube y ganar
dinero, el problema es que no tienen ni idea de cómo hacerlo.
“Una función para olvidar” cuenta además con la presencia
de un grande de la escena cómica como es Fernando Esteso, además en un rol
dramático. ¿Cómo decides integrar a Esteso en el casting?
Esteso y Pajares son
grandes actores. Es más, todos los grandes cómicos son grandes actores
dramáticos. Lo conocí en una fiesta en Madrid, y años después le dije que me
gustaría trabajar con él. Leyó el guion y dijo que sí.
¿Podremos ver estas películas en cines o DVD, o el tema de
la distribución esta jodido en exceso?
Claro que sí.
Además, ya tengo distribución para las dos.
¿Eres consciente de que haces un cine muy distinto en
maneras y formas al del resto de cineastas españoles? Eres especialmente
antiacadémico. ¿Por qué crees que si no sigues las pautas marcadas por los
academicismos, las películas no encuentran un público?
Yo soy escorpión. ¿Sabes lo del escorpión que le pidió a la
rana que le cruzara el río? La rana le dijo que no porque le picaría. El
escorpión le juró que no lo haría, y la rana se fió. Y cuando estaban en la
mitad del río el escorpión le pico. “¿Eres imbécil? –le dijo la rana- “Nos
vamos ahogar los dos.” “Lo sé” –le contestó el escorpión-, “¿pero quién frena
mi personalidad?” Mi padre era de la FAI
y yo he salido a él: anarquista.
¿Qué cine ve habitualmente Martín Garrido?
El mejor cine que te puedas imaginar. Soy un cinéfilo de
cojones. Una película, por ejemplo: “Sed del mal” o “Matrix”.
Dime cinco películas que adores
Rufufú
Plácido
La Escopeta Nacional
Divorcio a la Italiana
La Jauría Humana
Cinco Películas que odies
No odio a ninguna
película porque sé lo que cuesta hacerlas.
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