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lunes, 1 de abril de 2013

INTERVIEW: TOMMY WISEAU

Me ha hecho mucha ilusión el poder entrevistar al artífice de una de las películas con más culto de los últimos 10 años, la enloquecida (a pesar de lo sereno y dramático que pretende ser su argumento) “The Room”, una de mis pelis chungas de cabecera, dirigida e  interpretada por el carismático e imposible Tommy Wiseau.
Después de lidiar con su administrador John, e intentar buscarles un local en España que se digne en estrenar, no ya su película, sino su Show, John le pasa mi cuestionario a TW (que así es como le gusta que le llamen) y como todas las estrellas de cine, Wiseau responde a las preguntas de la manera más escueta posible.
Señoras y señores, aquí les dejo con la entrevista al gran Tommy Wiseau.



Cuéntanos algo sobre el proceso de creación de “The Room”

“The Room” supuso 12 años de trabajo. En primer lugar, se supone que era una obra de teatro, después un libro, pero al final escribí un guión y se transformó en película.

“The Room” es una película independiente, que, sin embargo goza de un gran culto en USA, llegando su fama incluso al resto del mundo. ¿A que crees que se debe esta conexión con el público?

La razón es porque “The Room” está tratada con humanidad y la gente conecta con ella, y se basa en el comportamiento humano y las relaciones humanas.

La película es dramática, sin embargo, hay muchos toques de humor. ¿Es el humor que hay en “The Room” intencionado?

Todo lo que ves en “The Romm” se hizo intencionadamente y no te creas lo que escriben en artículos basados en suposiciones.

Siendo “The Room” una película independiente en la que invertiste dinero hace ya diez años ¿Has recupero la inversión tras las diversas proyecciones? ¿Has obtenido ganancias?

Estamos contentos de estar donde estamos. En Junio, es el décimo aniversario de “The Room”.

A tu película se le da el mismo trato por parte de los fans que al clásico “The Rocky Horror Picture Show” ¿te gusta que el público interactúe en las proyecciones?

Estoy feliz de que la gente disfrute y se lo pase guay con la peli. Yo siempre digo que puedes reír, puedes llorar, puede expresarte, pero por favor no hos hagáis daño los unos a los otros. ¡Disfrutad con “The Room”!


Tu siguiente película tras “The Room” es “Homeless in america”, un documental sobre vagabundos. ¿Por qué crees que no ha tenido la repercusión que si ha tenido “The Room”?

Fue un proyecto diferente y no se puede comparar naranjas con manzanas.


Eres actor y director ¿En que faceta te encuentras más cómodo?

Disfruto haciendo ambas cosas.




En el corto “The house that drips blood on Alex”, tienes un papel hecho a tu medida ¿Te llamaron para este corto tras ver tu trabajo en “The Room”?

Me contrataron como actor. Soy un actor de teatro.

¿Te gustaría trabajar para los estudios de Hollywood?

Sí. He hecho algunos proyectos y estoy abierto a otros proyectos con estudios de Hollywood.

Después de “Homeless in america” ¿Tienes algún proyecto?


Estamos trabajando en una nueva película llamada “Foreclosure”. Se dará a conocer en breve. Y estoy trabajando en una película de vampiros.


¿Qué le dirías al publico español para que se animase a ver “The Room”?
“The Room” es una experiencia especial como ninguna otra. ¡Espero que lo disfruten y se diviertan con ella!

      Dime tus cinco películas favoritas y otras cinco que no te gusten nada
     
      Pienso positivamente, así que mis películas favoritas son:
      “Ciudadano Kane, “Gigante”, “Cleopatra”, “Entrevista con el Vampiro”,  
      “Harry el sucio” y tantas otras.
       

Cinco directores favoritos y cinco directores que no te gusten.

Mis directores favoritos: Clint Eastwood, Martin Scorsese, Francis Coppola y otros.

¿Algo que añadir? ¿te gustaría decir algo a los lectores de “AQUÍ VALE TODO”?

Me gustaría poder ver “The Room” en un  ambiente de cine y algún día voy a visitar España para un estreno y saludar a todo el mundo.

viernes, 1 de marzo de 2024

MIRACLE VALLEY

Del fenómeno “The Room”, queda nada más que lo que dé de sí la película.
Conscientes sus máximos representantes, Tommy Wiseau y Greg Sestero, que el film que perpetraron allá por 2003 se convirtió en una especie de circo y, 20 años después, todavía les permite viajar por el mundo haciendo presentaciones y ganando algún dinerito, la manera natural de afrontar sus carreras posteriormente es continuando un poco la senda de aquello que les dio éxito. Pero me da la impresión que ni ellos mismos comprenden el por qué “The Room” es única e irrepetible. En su ingenuidad, los intentos de exprimir el fenómeno no les salen ni medianamente bien; ahí está ese binomio titulado “Best F(r)iends” —que algún día aparecerá reseñado por aquí— o la película de tiburones acometida por Wiseau, inconsciente de que “The Room” nada tiene que ver con esa corriente dentro del cine independiente consistente en hacer películas voluntariamente malas y/o bizarras, y más con el subgénero en boga que es el de tiburones asesinos. No van por ahí los tiros de su película más popular, aunque el recibimiento por parte de los seguidores de esos subproductos le han hecho creer al desgraciado que sí. Wiseau y Sestero no logran repetir “The Room” ni aunque lo intenten.
Sin embargo, en ese sentido, si alguno de los dos puede salir ganando, es Wiseau, porque a su infame personalidad hay que sumarle una tremenda ingenuidad derivada de un evidente problema de salud mental. No así Sestero, que es un individuo normal y corriente. Si se adscribe a esta manera de hacer (y ver) cine, es probablemente porque no le queda otra. Entonces, podemos verle acompañando a Wiseau en el reparto de cualquier película independiente y mercenaria, asumiendo el choteo que trae consigo su mera presencia, pero, a las primeras de cambio, para desmarcarse saca un libro contando su experiencia en esa locura que fue “The Room”, el aclamado “The Disaster Artist”, o emprende algún tipo de producción que lo desvincule de todo el universo Wiseau —aunque utilice su nombre con fines promocionales—.
Así llegamos al debut de Greg Sestero como director, que además protagoniza, escribe y produce. Una película barata, normal y corriente esta “Miracle Valley”. En ella, un fotógrafo de aves se va con su pareja a ojear unas especies, cuando, en medio del desierto, topan con una siniestra secta que les complicará la existencia. Trama sencilla, mil veces vista y terriblemente insulsa en manos del novato director.
Sestero con esta película no quiere saber nada del estilo “The Room” ni de la serie Z en la que sobrevive como actor desde hace más de 20 años —recordemos que su primer papel relevante fue como joven André Toulong en una de las más sosas secuelas de “Puppet Master”, “Retro Puppet Master”—, por lo que deja entrever sus influencias que van desde el cine independiente de sectas (al estilo “Red State”, “El Infinito”) hasta el "rape & revenge" (según el director, tiene muy presente “Las colinas tienen ojos”) pasando por, obvia e irritantemente, Quentin Tarantino, al que no copia más porque no sabe y al que detectamos en los posmodernos títulos de crédito de “Miracle Valley”. También hay un poco de gore, porque Setero sabe que la chicha vende.
¿Cuál es el resultado de todo este mejunje? La nada más absoluta. Greg Sestero quiere hacer una película de corte personal, seria y con posibilidades de ser presentada en los diversos festivales de cine fantástico y/o independiente que pueblan el mapamundi. Es un tipo soso e insulso, casi dan ganas de darle una colleja para que espabile, y eso se transmite en una película cuya mayor virtud es que es tan aburrida, que cada 5 minutos nos vemos tentados a dar al stop de nuestro reproductor. Porque no pasa nada. Y aguardamos pacientemente, y sigue sin pasar nada. Y fin.
Sin embargo, es lo que podíamos esperar de un tipo como él. Lo contrario sería encontrarnos con una película vibrante y emocionante, porque eso iría contra natura, del mismo modo que no localizamos película de su colega Tommy Wiseau que, aun comedida, no sea excesiva, porque Wiseau es excesivo.
Lo que nadie puede negar es que, en ese sentido, ambos son auténticos autores.
Como sea, este “Miracle Valley” es lo peor de lo peor. Pero no lo peor de lo peor que hace risa, sino lo peor de lo peor que es inaguantable. Y eso es un handicap con respecto a las otras películas en las que el actor/director ha participado de alguna manera, porque en la sala en la que se proyecte no va a haber chascarrillos ni vítores, solo bostezos.
Sin embargo, y quizás por los tiempos que corren en el que los formatos cinematográficos se han estandarizado, técnicamente resulta bastante competente, por lo que no se la puede considerar una película genuinamente mala o cine "trash". Es sencillamente, un coñazo. Uno de los más grandes.
Por lo demás, Sestero se escribió el guion en tan solo 13 días, y se encarga de parte de la fotografía (que me parece cojonuda, lo que falla es el resto), demostrando que, al final, a rasgos generales no es un completo incapaz.
Durante la producción de “The Disaster Artist” de James Franco, Greg Sestero hizo buenas migas con los hermanos Franco, en concreto con el más desconocido de los tres, Tom, que se atreve a producir íntegramente la película, así como marcarse un cameito.
Insufrible. Véanla solo dependiendo de si su nivel de curiosidad es lo suficientemente alto como para enfrentarse a un collage realizado por los alumnos de educación especial de cualquier colegio concertado de la periferia.

sábado, 15 de abril de 2017

THE EVIL DEAD, TREASURES FROM THE CUTTING ROOM FLOOR

Concebido originalmente como parte de los extras de otra de las macro-ediciones del film homónimo en formato digital vía Anchor Bay, "The Evil Dead, Treasures from the cutting room floor" es un auténtico regalo para los devotos de la franquicia de Sam Raimi pero, muy especialmente, los fans de la original. No ya aquellos que la adoren por ser el clásico moderno que es, si no a los que tengan en cuenta, y lo consideren parte de su inestimable encanto y valor, el cómo se hizo y de qué manera. No sé si el amigo Rubén Pardo tenía eso presente cuando tuvo el detallísimo de enviármelo para que lo gozara, y desde aquí le estoy agradecido de pies a cabeza porque, efectivamente, me lo pasé teta (si quieren tienen el documento audiovisual a cachos en youtube, pero yo prefiero verlo de un tirón y a calidad solvente en la tele).
Decía que el fan del "Posesión Infernal" primigenio disfrutará mucho viendo "The Evil Dead, Treasures from the cutting room floor" y remarcaba que más si valora el film por su condición ultra-independiente, casi amateur y de pura artesanía. Como la labor de unos chavales entusiastas y un poco inocentes. Si es así, deglutir este compendio de tomas falsas, escenas eliminadas, secuencias descartadas y otro material extraído de, como reza el subtítulo, el suelo de la sala de montaje, editado además en orden cronológico, es decir, siguiendo la lógica narrativa de la película (faltan algunas escenas, por desgracia, de ahí que el show se prolongue únicamente una horita), será para el creyente como acceder a la Meca, terminar el camino de Santiago o dejarse chupar la polla por Elena Anaya (no la de ahora, la de hace unos años).
Imagínense el percal: Asistir a la confección de este clásico, rodado en lustrosos y añorados 16 mm, sin música, sin adornos, tal cual, a lo bestia. Ver a todos ejerciendo de claqueta (Sam Raimi, Robert Tapert o una de las actrices). Descubrir que cuando no disponían de la misma por algún descuido, como sustitutivo tiraban de la caja en la que se guarda la cámara, cerrándola violentamente para obtener el "clack" deseado. Encontrarse cara a cara con escenas no incluidas en la versión final (y con toda razón, algunas son genuinamente ridículas, como esa descarga lámpara mediante que “Ash” propina en la barbilla a uno de los poseídos), los actores descojonándose de risa con sus estúpidos diálogos, maldiciendo los momentos incómodos, dándose piños (el mejor de todos se guarda para el final, ¡sublime!) y sufriendo lo indecible, como ese frío cruel que hace notar el continuo vaho de unos intérpretes no lo suficientemente abrigados (al revés que el resto del equipo) y las muy desagradables sustancias que deben deglutir para escupir cuando el joven y pizpireto director grite "Acción!".
Naturalmente lo más divertido es descubrir cómo resolvieron el tema de los efectos especiales. Destacan en este apartado aquellos que salieron mal, tanto como para descartarlos de la peli (el primer tobillo agredido con un lápiz es de risa) o los de la parte final, con todos los poseídos derritiéndose y soltando chorrazos de pus. En ocasiones bastaba el humo del cigarro para fingir pelo quemado. Y es fascinante presenciar cómo parieron las manos demoníacas surgiendo del torso de un endemoniado. Resumiendo, que este "The Evil Dead, Treasures from the cutting room floor" es una puta maravilla. Una puta maravilla que se erige como guiño, como homenaje final a una forma de hacer cine que... bueno, no se ha perdido del todo por fortuna (ahí seguimos muchos aguerridos amateurs luchando por la causa), pero sí está ya al borde de la extinción, sobre todo si hablamos de cine independiente con ambición de labrarse un hueco en el mercado convencional.
Lo que me parece un poco jevi es que el tipo que se ha encargado de compilar el material firme con un "Directed by". No sé, creo que un "Compiled by" sería más lógico. Y es que ese es, justamente, el mal que hoy abunda en el mundo del audiovisual de medio o pequeño alcance, las ganas de hacerse notar, de engordar curriculum con lo que sea y como sea, incluso si es mediante hurto. Mal este que en los tiempos en los que Raimi y amigos se dejaron la salud rodando su insuperable obra maestra no se daba (o se daba menos)... y por eso, entre otras cosas, los añoro tantísimo.

jueves, 19 de abril de 2018

THE DEMOLISHER

Existen como mínimo tres caminos a seguir para todos aquellos realizadores que deseen homenajear en su cine algún género en concreto: por un lado tendríamos a los que asumen con todas las consecuencias las reglas codificadas de un género determinado, representando por desgracia una minoría aquellos que optan por no recurrir ni a posmodernismos ni a demás zarandajas tarantinianas y/o grindhouseras; éste sería, por ejemplo, el caso de S. Craig Zahler, director de las magníficas “Bone Tomahawk” y “Brawl in Cell Block 99”. Por otra parte, estaría la muy extendida alternativa de abordar los géneros, sobre todo aquellos característicos de la década de los 80, desde una perspectiva nostálgico-paródica (“Turbo Kid”, “Hobo with a Shotgun” y derivados), y, ya como última opción, tendríamos aquella que toma como modelo una variante cinematográfica (acción, terror, western, etc…), para, a continuación, ofrecer algo diferente y pretendidamente más elevado a nivel intelectual y/o visual: ésta sería precisamente la filosofía por la que se rige el cine de, entre otros, Nicolas Winding Refn (“Drive”) o Peter Strickland, el responsable de “Berberian Sound Studio”.
Más por intenciones que por talento, en este último grupo podríamos incluir asimismo al responsable (¿o sería mejor decir culpable?) de “The Demolisher”, el canadiense Gabriel Carrer. Carrer ya demostró con su ópera prima, “If a Tree Falls”, ser por encima de todo un pedantuelo que filma con la aspiración de quedar constantemente por encima del género que, según la película, se le ocurra abordar en cada momento. Además, y lo que es aún peor, el director ha evidenciado desde sus inicios ser un exploiter puro y duro, un oportunista que saquea sin el menor reparo hallazgos e ideas ajenas: de este modo, y si ya en su primer film abordaba el género survival, incorporando a su vez toques de ese torture porn que tan en boga estaba hace una década, Carrer dirigiría en lo sucesivo un par de sucedáneos de la saga “Saw” (“Kill” e “In the House of Flies”) para rodar tras “The Demolisher” la demoníaca “Death on Scenic Drive”, una película que, de acuerdo con el alarde de originalidad del que hace gala el director en cada uno de sus trabajos, parece que se mira más en “La casa del diablo”, de su coétaneo Ti West, antes que en ejemplos más representativos del cine satánico de anteriores décadas.
De esta manera, resulta más que evidente que los referentes manejados por el canadiense están muy lejos de ser el exploitation o el grindhouse setenteros: si conoce estas películas, y dudo mucho que lo haga, es única y exclusivamente a través del trabajo de terceros como pudieran ser Ti West o el antes mencionado Winding Refn, al que, por cierto, se llega a citar en los agradecimientos de esta “The Demolisher”. Desafortunadamente, y al contrario que el director de "Bronson", Carrer carece del talento y de la erudición cinéfila necesarias para reinterpretar u ofrecer una visión personal de los géneros de toda la vida, y eso resulta dolorosamente obvio en “The Demolisher”, su particular aproximación al cine de vigilantes y justicieros urbanos.
En ella se nos cuenta la historia de Bruce (el espantoso Ryan Barrett), un técnico informático que decide convertirse en “El demoledor” (una figura vengadora con ecos de El castigador) cuando su mujer, que fue agente de policía, queda paralítica en acto de servicio al intentar impedir que una secta satánica sacrifique a un bebé recién nacido. Por muy atractivo que pueda resultar este punto de partida, y por más simple que sea su argumento, Carrer lo echa todo por la borda al optar por un estilo de cine contemplativo y arty que no encaja en ningún momento con el género y/o con la historia que pretende contarnos: de hecho, este debe ser el único film de justicieros de la historia donde su protagonista no sólo no dispara un solo tiro en toda la película, sino que, además, se pasa más tiempo sentado en el sofá de su casa que patrullando las calles. De este modo, el director no duda a la hora de recurrir a todos los truquitos propios de las películas de prestigio de última hornada para alargar el metraje hasta la náusea y poder alcanzar los noventa minutos de rigor: aquí no faltan el uso indiscriminado de la cámara lenta para las pocas (y mal rodadas) escenas de acción, así como la vacua experimentación con el montaje, la irritante música de sintetizadores o el añadido de una serie de escenas oníricas, no quedando demasiado claro de si éstas últimas son ensoñaciones del poco carismático protagonista o si se tratan simplemente de flashbacks.
En última instancia, “The Demolisher” es un film que se avergüenza tanto de su condición de simple película de género que, de no ser por su título, nos resultaría muy difícil adivinar que nos encontramos ante un film de vigilantes. De hecho, y con el propósito de demostrar que él juega en otra liga diferente del resto, Carrer llega a exhibir en cierto plano, y de forma nada disimulada, un libro del poeta y músico Nick Cave y otro de Chuck Palahniuk, el autor de “El club de la lucha”, para que le quede claro al espectador que sus modelos a seguir no tienen nada que ver con el fascistoide y descerebrado cine de acción. Quizás esta frialdad de la que hace gala Carrer se pueda achacar al hecho de su origen canadiense, pero no creo que debamos caer en el error de confundir contención con inutilidad: “The Demolisher” es una película sin redención posible, un título inaguantable de principio a fín que representaría la antítesis, a pesar de pertenecer en teoría al mismo género, de la infinitamente más honesta “El justiciero” de Eli Roth, estupenda película que, afortunadamente, se encuentra en las antípodas de esta aproximación al cine popular repugnantemente pomposa y hipster.
Y si "The Demolisher" acaba salvándose por los pelos del más absoluto de los desastres es debido al hecho de que Carrer sabe, o, mejor dicho, cree que intuye el aspecto que debe tener una producción respetable, un film festivalero en definitiva, consagrándose con ahínco a la hora de intentar imitar en lo posible su propio concepto de esta idea de cine de prestigio. El canadiense es un director nefasto, pero tampoco creo que sea tonto: sabedor de su incapacidad, intenta disimularla a toda costa con el propósito de que el asunto no se le salga de madre. Básicamente es este control lo que acaba evitando que “The Demolisher” caiga en el más absoluto de los ridículos y llegue a convertirse en un nuevo “The Room”: y es que, por no servir, ni para echarse unas risas sirve… ni para eso vale la hija de la grandísima puta. ¡Ni os acerquéis a ella!

martes, 12 de abril de 2011

THE HOUSE THAT DRIPS BLOOD ON ALEX

Cortometraje cuyo único atractivo radica en quien es el protagonista. Nada menos que Tommy Wiseau, director de la maravillosamente apestosa "The Room" y actor ocasional para los amigotes.
El corto cuenta la historia de un individuo que encuentra una ganga hipotecaria. Le venden un gran chalet a precio de risa. Cuando se instala, cae en la cuenta de que allí por donde camina, el techo gotea sangre sobre el. La cosa se complica cuando un amigo se da cuenta de que no es que solamente la casa se desangre sobre el, si no que está ya bañado en sangre todo el tiempo. Después de un par de absurdas conversaciones, nuestro protagonista subirá al desván a ver que cojones ocurre. El desenlace es tan previsible que es mejor que lo veáis.
Me encanta este corto. Aunque camuflado de cortometraje de terror, en realidad se trata de una comedia. Y pensando mal, incluso diría que es una comedia que solo existe para que los responsables se cachondeen de Wiseau. Quizás si él no estuviera ahí, me gustaría, pero el verlo es algo altamente gozoso. En primer lugar, su actuación. Yo me planteo un par de cosas; ¿Este hombre es así, o está haciendo el papelón a raíz del éxito de "The Room"? Porque si vieron la película de la que Wiseau es responsable, y se deleitaron con su actuación, piensen que en este corto los gestos los exagera al 100%. Y su manera de hablar (y reír) es hasta escalofriante.
De hecho, si obviamos su repugnante aspecto, empeorado esta vez por la edad y las operaciones estéticas, hay momentos en los que se diría que es un autentico retrasado mental. Da gusto verlo.
En cuanto al corto, bueno, simpático, con ritmo y cortito. Una cosa muy agradable.
Dirigen Brock La Borde, chico para todo en diversos productos mainstream ("Las Ruinas", "El novio de mi madre") que, como ya les he dicho, debuta en este corto para reírse del retardado, y Jarerd Richard, con currículum similar al de La Borde.

sábado, 13 de abril de 2024

CYST

Comentaba 
Víctor en la reseña de "Miracle Valley" el caso de Greg Sestero, quien alcanzó cierta popularidad gracias a su participación actoral en ese icono del cine chusco titulado "The Room" (un chiste demasiado largo que deja de ser gracioso tras 20 minutos). Si por un lado ello le otorgó la posibilidad de viajar por festivales de todo el fuckin´ world e incluso codearse con ciertas esferas de una vertiente más respetada del séptimo arte, por otro le condenó a no ser tomado en serio nunca jamás y, por tanto, limitar mayormente sus intervenciones como actor a ñordos estratosféricos, básicamente gestados en el gueto del fandom del horror y aledaños, el único sitio donde el "trash" se valora y "comprende", generalmente de manera errónea. Eso mismo le ocurrió a George Hardy, protagonista de otra de las más notorias mierdas sobrevaloradas por fanes e hipsters, "Troll 2" / "Monster Valley". Desde entonces, le fueron fichando para hacer más películas, dentro del mentado gueto, of course. Sin embargo, mientras que para Hardy todo esto de actuar es un hobby divertido, me temo que a Sestero le debe doler doblemente, ya que lo suyo se pretendía más solemne.
Sea como fuere, que hoy día una de estas pelis digitales con ínfulas de cine genuino, adscrita a las tendencias reinantes en subproductolandia (tiburones, payasos, zombies, amityvilles... whathever...) cuente con Sestero o Hardy en su reparto, es señal de que... tenemos problemas. Denota una obvia intención: "advertir" al espectador que sus responsables son conscientes de la condición "mierder" del mondongo y, así, cubrirse las espaldas. Cojones, ¡¡hemos fichado al de "The Room"... o al de "Troll 2"!! ¿qué más señales necesitas, pinfloi? Pues ahora imaginen ello multiplicado por deux. Una peli de esta naturaleza con ambos compartiendo plano. Encima, en tono de comedia de horror, bufa, excesiva y a base de premisa absurda.
Eso es "Cyst", cosucha del 2020 que, por lo general, evitaría como la peste. Pero al tenerla ahí, tan accesible, con el siempre chispeante doblaje panchito, me dije "Venga, la veré y, si la termino, le dedicaré una reseña encabronada en el blog". Un médico (George Hardy hipersobreactuado... aunque gracioso a ratos) se dedica a reventar quistes enormes provocando chorros de pus. Ha inventado una máquina capaz de extraerlos limpiamente y pretende patentarla. Recibe la visita de unos, er.... ¿patentadores? (Greg Sestero entre ellos) y las cosas se complican. En su empeño, Hardy provocará que un quiste mute a bestia antropomorfa -¡ugh!- y comience a matar. Será una enfermera la que ponga solución al entuerto.
Pues hasta la llegada del bicho, la cosa estaba... er... bien. Sorprendía la atípica ambientación sesentera (que no Sesestera.... ¡chas-pun!). Y, en fin, los tejemanejes entre Hardy y la enfermera, así como unos efectos prácticos a base de líquidos asquerosos salpicando rostros, tenían su coña. Pero en cuanto aparece el quiste mutoso, de aspecto voluntariamente ridículo, entramos de lleno en la rutina absoluta de los personajes humanos enfrentados en piña a criatura letal. Se conocen la fórmula. Con un poco más de humor, sí, puede, pero lo de siempre. Chapa de varios quilates. Si a ello añadimos la antipatía previa que uno -o, bueno, yo- siente ante las intenciones del director (Tyler Russell) fichando a esos dos (des)astros... pues la cosa como que termina dejando un regusto amargo, y no lo digo por los litros de pus, sino por el aburrimiento acumulado y la sensación de estar ante algo inútil e innecesario. Es más, ni tan siquiera creo que "Cyst" funcione en su entorno natural, aquel para el que ha sido concebida y/o diseñada, la "Con" repleta de mastuerzos adictos a la "Nocilla", expertos en repetir cual loritos los diálogos y chascarrillos de "Troll 2", ansiosos y desesperados por jalear la nueva pieza "trash" de turno.
A"Cyst" de crudamente se lo digo (otro ¡chas-pun! Este incluso menos inspirado)
¿Que el póster mola? hombre, ¡faltaría!

domingo, 19 de abril de 2020

VEROTIKA

Como consumidor de punk rock que soy, debo confesar que los "Misfits" nunca me han flipado demasiado. Sí, tienen canciones buenas y disfrutables, sin duda, pero jamás despertaron en mí ese fanatismo que provocan en algunos aficionados. Y tampoco me caían demasiado bien. Siempre asocié el punk al chaval marginado de la clase, víctima de los abusos de los matones de rigor o, como los presentan en las películas yankis, los guaperas, mazas y dedicados en cuerpo y alma a triunfar en el fútbol americano. Pues resulta que los "Misfits", con sus músculos, sus mandíbulas prominentes y su pose chuloputesca, me recordaban más a los abusones que a los marginados. Digamos que les veía encajar mejor en el metal. Por eso no me pareció raro que el líder, Glenn Danzig, decidiera decantarse por esa clase de sonido cuando abandonó su faceta punkera. El primer disco resultante no estaba mal -sobre todo la canción "Mother"- pero tampoco deslumbraba. 
Por todo ello, por su indudable vinculación con el cine de terror (seguramente los "Misfits" no fuesen los creadores del "horror-punk" -siempre hay alguien antes-, pero sí los que le dieron más cancha) y todo lo oscuro y macabro (especialmente en lo que respecta a la carrera metalera de Danzig, no olvidemos que eran el grupo favorito de "Máquina" en "Asesinato en 8mm"), me parecía harto curioso que el musician se lanzara a escribir y dirigir su primer largometraje. "Verotika" fue el resultado, una peli episódica basada en una serie de comics que él mismo había apadrinado y guionizado ocasionalmente. Luego, con la llegada de las primeras impresiones, comenzó a correr el rumor de que la peli era tan ridícula y patética que algunos no dudaron en calificarla como el nuevo "The Room". O el "The Room" del terror. Eso aún añadió más leña al fuego. Me moría por verla.
Verotika es como se llama nuestra "host" y la que nos contará tres historias. La primera gira en torno a una horrible modelo recauchutada (esa boca de pato resultado del exceso de botox) y con ojos en lugar de pezones que, cuando se duerme, confiere vida a una araña antropomorfa a la que le encanta romper el cuello a mujeres guapas (tiene seis brazos, pero solo usa / mueve dos). La siguiente va sobre una stripper con la cara quemada que asesina a otras churris y les arranca la piel de sus rostros. Y la que hace tres, aquella a la que se ha dedicado más medios, mimo y efectos especiales (hasta su llegada, el gore ha sido escaso y funcional). Da la impresión de que esta sería el verdadero gen de la película, y que las otras se hicieron para alcanzar la duración de largometraje. Está ambientada en la edad media y se limita a mostrar las sangrientas correrías de una especie de Condesa Báthory de chichinabo. Tanto esta como la historia previa van ausentes de un desenlace propiamente dicho. También es la más lentorra, aquella que se recrea en incontables momentos muertos, especialmente cuando la Condesa dedica un minuto eterno a hacer toda suerte de cucamonas delante del espejo. Es el único episodio en el que veremos dos rostros medianamente reconocibles, los de Caroline Williams de "Masacre en Texas 2" y Kansas Bowling, una actriz y directora "hipster" la mar de mona -enseña cacho en la peli- que es la sensación ahora mismo entre los de su especie (ya saben, haga lo que haga, por mierdoso que sea, recibirá aplausos y vítores... ¿sería lo mismo tratándose de un gordo purulento?). Eso sí, no sabe hacerse la muerta debidamente.
¿Pero es "Verotika" una peli genuinamente mala pero divertida? Pues no. Es una peli, simplemente, mala. Muy mala. Y te ríes lo menos, en un par o tres de escenas supuestamente dramáticas. Lo que de verdad hace la jodida es aburrirte desesperadamente. E irritarte con esas pretensiones -artísticas- de ser algo más que una olvidable serie Z, una "backyard movie", inspirada en el euro horror setentero. Jean Rollin, Dario Argento o incluso Jesús Franco son algunos de los nombres que te vienen a la mente mientras la sufres. Todos ellos pasados por el tamiz de Andy Milligan, uno de esos "auteurs" del trash que, a pesar de sus muchas incapacidades, disponían de un estilo propio y reconocible, haciendo de ellos algo más que meros artesanos. Añadamos al puré unos actores temibles, que a la hora de soltar muchos de los anodinos e innecesarios diálogos se lo toman con calma, alargándolos a base de estirar las palabras y sumar incómodos silencios. Estéticamente la peli tira de colorines y tal, pero su fotografía digital, fría y excesivamente clara, le da un rollo artificial como de vídeo de karaoke o peli pajillera de "Playboy".
Que James Cullen Bressack ande produciendo, explicaría muchas cosas. Y ninguna buena.
Por todo ello, Glenn Danzig se erige como una especie de versión ultra-trash de Rob Zombie. Y su peli de debut en una cosa tosca, mal parida y zopenca. Pero con un "je ne sais quoi" que la hace resaltar, ni que sea milímetros, por encima de toda esa basura habitual / general incapaz de dejarte la mínima huella. Y supongo que eso es suficiente motivo para que curiosos y enfermos le demos una oportunidad. 
Pero solo una.

jueves, 15 de septiembre de 2022

EL "BALBOA THEATRE" DE SAN FRANCISCO

En una reciente visita a San Francisco, cerca del barrio donde me alojé, se encuentra el mítico Balboa Theatre, un cine de la periferia de la ciudad que se distingue por estar activo desde 1926, por conservar prácticamente el mismo aspecto desde el día de su apertura y por alojar, desde el día de su estreno en 2003, los pases de la película “The Room” en sesión golfa.
Además de esto su programación combina los estrenos de la semana con películas de todos los tiempos que se proyectan en formatos hoy tan locos como el 35 mm o el VHS. Del mismo modo alberga toda suerte de festivales y certámenes convirtiéndose en una refrescante opción de ocio cinematográfica en la ciudad.
Por supuesto, el tiempo que estuve en San Francisco me enamoré de dicho recinto y me volví un asiduo. No solo asistí a un desangelado pase de “The Room” en el que apenas estuvimos 5 personas, sino que también asistí al estreno, aún más desangelado, de la versión extendida de “Spider-Man, No Way Home”.
Ni que decir tiene que lo mejor de este viaje a la ciudad de Harry, el sucio fueron mis visitas a este recinto.
Tomé alguna foto y, de una mesilla contigua a la entrada de una de las dos salas, tomé el programa del mes de Septiembre, todo tipo de folletitos y flyers que anunciaban los próximos eventos que se van a dar allí, y que me llenaron de regocijo porque este cine sigue haciendo las cosas de manera muy artesanal y tirando de fotocopia, cosa que me pareció entrañable y curiosa.
Sin más, aquí les dejo algunas fotos y los escaneados del programa y los flyers.













sábado, 20 de abril de 2019

SESIÓN DOBLE : ELLOS + THE DEAD ROOM

ELLOS : Lucas y Clementine se disponen a pasar un fin de semana relajado en su aislada casa de campo. Sin embargo, esa misma noche comenzarán a ser acosados por unos asaltantes que se ocultan entre las sombras y no traen buenas intenciones.
"Ellos" tiene el honor de encajar en esa escueta era dorada que el terror francés experimentó a mediados de los 2000. La diferencia con respecto a otras películas representativas del momento como "Alta Tensión", "Frontière(s)" y "À l'intérieur", es que en este caso se deja de lado la violencia y el gore desalmado y se apuesta por la atmósfera y el suspense.
La primera mitad se centra en la parte más inquietante y reposada. Con ruidos que despiertan a los protagonistas en plena madrugada y muchos recorridos por la casa. Mientras que la segunda tira de adrenalina, cuando comienza la persecución y ya no termina hasta el contundente desenlace. Dicho de otro modo, según cómo te pille, la mitad uno puede resultar un pelín plomiza. Por el
contrario, la segunda es siempre muy efectiva. Así pues la suma de todo ello da como resultado un film que, sin ser la repanocha, se deja visionar perfectamente.
Tras el éxito de "Ellos", sus directores, David Moreau y Xavier Palud, fueron fichados por Hollywood para encargarse del remake de "The Eye", cosa esta que se convirtió en
costumbre esos años, contratar cineasta franceses -como Alexandre Aja o Eric Valette- para firmar americanizaciones de films asiáticos de terror.
Justamente, durante un tiempo la compañía española "Nostromo Pictures" quiso llevar adelante un remake de "Ellos", pero la cosa no se materializó. Podemos considerarlo buenas noticias si tenemos en cuenta su insulsa versión de la ya mentada "À l'intérieur".


THE DEAD ROOM : Una cabaña y tres personajes.
Parece casi imposible que a estas alturas alguien sea capaz de sacarle jugo a tan parcos elementos y a una trama sobradamente trillada, la de los investigadores paranormales que acuden a un lugar encantado por espíritus donde las cosas se complicarán. Pues eso mismo ha conseguido Jason Stutter con "The Dead Room", una producción de Nueva Zelanda que se mueve entre esos mismos parámetros y sale totalmente airosa de la experiencia.
Atmósfera, momentos de sobrada inquietud, algún leve susto, cero sangre y una calidad técnica más que solvente hacen de ella un producto sencillo, honesto, casi minimalista, y que funciona de maravilla.
Atención al escalofriante plano final.

domingo, 16 de marzo de 2008

LA NIEBLA (2007)

Los nombres de Stephen King y Frank Darabont, siempre que van juntos, suelen dar resultados cojonudos ("Cadena Perpetua"), resultados potables ("La milla verde") y resultados.... resultados que no recuerdo ("The Woman in the room", el corto que Darabont hizo siendo estudiante y que a España llegó como parte de la antología "Stephen King, Pesadillas Nocturnas"). A estas le sigue "The Mist", que por el título y la trama de base (hay algo maligno oculto en la niebla) hace pensar, inevitablemente, en "La Niebla" de Carpenter y, ¿por qué no?, "El Buque Maldito" de Amando De Ossorio. Aunque toda posible conexión queda ahí, porque en lo que respecta al resto de la historia, nada tienen que ver.
Sin contar el citado corto, esta es la primera vez que Darabont y King se acercan juntos al terreno del terror puro, la marca de fábrica del escritor y puedo decir, satisfecho, que por lo que a mi respecta la empresa ha salido bien parada. De entrada, todo recuerda mucho a las últimas adaptaciones del escritor de Maine (no cuenta "1408", peli esta que, por otro lado, me pareció aburridísima), sobre todo las televisivas, por aquello de juntar a una serie de personajes de lo más comunes en una situación límite, y de cómo estos deben enfrentarse no solo a la amenaza en cuestión, sino también a su propia condición humana. Es otra conexión que, afortunadamente, solo se queda en la superficie... y digo afortunadamente porque, salvo puntuales excepciones ("El aviador nocturno", "It" o "La tormenta del siglo") la mayoría de los productos destinados a la caja tonta con el padre de "Carrie" por medio, dan como resultado pestiños como camiones.
El reparto está a la altura, y lo componen esa clase de actores que nunca destacan en roles principales (salvo Thomas Jane, a quien guardo especial afecto desde que lo vi en "The Punisher"), pero que siempre cumplen a la perfección. Ellos, y un puñado más, se ven obligados a encerrarse en un supermercado con el fin de escapar de las monstruosas entidades que se esconden en la susodicha niebla. Darabont logra momentos muy potentes de tensión y suspense y, aunque la primera aparición de un bicho a mi me ha dejado un tanto frío, las siguientes lo compensan de sobras, en especial la secuencia de las arañas... logradísima.
Otro de los aciertos de "The Mist" reside en el personaje de la beata medio loca, que va logrando reunir acólitos, hasta el punto de que ya no sabes quien es más peligroso, si ellos o los que rondan en el exterior. Por cierto, el mentado personaje se hace realmente odioso, hasta el punto de desearle la muerte y, en caso de que llegue, estar convencido de que será motivo de celebración.
Todo eso, unos efectos especiales muy dignos (¡lástima del primer monstruo!), sobre todo los de maquillaje, unas interpretaciones muy solventes y una trama bien llevada y con ritmo (son tan disfrutables las secuencias de horror, como las de interacción entre personajes), dan como resultado una muy estimable peli de terror hollywoodiense que, sin cebarse en el gore, tampoco escatima en asquerosidades.
Ah... ¡y ojo al tremebundo desenlace!.

sábado, 22 de enero de 2022

CREEPSHOW TV (2ª TEMPORADA)

Asumida la poca naturaleza "Creepshowiana" de esta versión para la caja tonta, y que cualquier intento de mandar un guiño al clásico (como la música de los feísimos créditos iniciales) únicamente incrementa la dolorosa comparativa, me agencio las segunda y tercera temporadas completas. Me las veo (no sin cierta ilusión, lo reconozco) y las reseño. Aquí tienen todos los capítulos de la que hace dos. En breve, la otra.

CAPÍTULO 1 - "Model Kid" / "Public Television of the Dead": Rememoremos la historia que introduce y cierra el "Creepshow" de George A. Romero: un crío abroncado por su severo padre, que le tira los tebeos a la basura, recibirá justa venganza cuando se agencie un muñeco vudú. Bien, esa es la base de este "Model Kid". Cambiamos al padre por el tío. Cambiamos al niño morenito por uno rubito (probablemente alter ego del Greg Nicotero infante). Y al muñeco vudú por una figurita de esas de la marca "Aurora" (no en balde es ese un nombre que sale varias veces a lo largo del capítulo). Se agradecen estas movidas de niños fans del terror marginados por adultos o matones en el colegio, y que se toman la revancha. Pero la verdad es que ya comienza a ser un recurso trillado y cansino. Al villano lo interpreta Kevin Dillon. El guionista, John Esposito, tiene una larga experiencia en el género, aunque tal vez su logro más peculiar sea esa cosa de nefasto recuerdo titulada "La sombra del faraón". En cualquier caso, aquí el efecto comparativo es TOTAL y, obviamente, muy dañino.
La siguiente historia, "Public Television of the Dead", debería fliparme porque es un absoluto tributo a "Evil Dead" (y un poco al Sr.Romero y su recurrente Pittsburgh). El mismo Ted Raimi -haciendo de Ted Raimi- acude a un programa de antigüedades a mostrar el "Necronomicón" (ya que, como aclara, pertenece a su familia desde hace muchos años, ¡¡juas!!). Lo leen en directo y se arma la marimorena. Uno de los encargados de poner orden será un relajado pintor televisivo visiblemente basado en otro real redescubierto y reivindicado recientemente -a través de la bufa, algo muy común hoy día-: Bob Ross. Viene aliñado con unas gotillas a lo Mr.Rogers, para quien Romero curró en su época. Precisamente, otro de los héroes de la función es un cámara y realizador regordete de nombre George. Todo muy familiar. Uno de lo momentos más graciosos consiste en el pintor recreando en un lienzo el escenario al completo de "Terroríficamente muertos". Lo demás, puro manual.
Bien, una característica común en la serie a partir de aquí (y que se extenderá a la tercera temporada) es su obsesión por comerle la polla indiscriminadamente al fan medio a base de guiños, homenajes, tributos y lameculadas. Y funciona, según he podido leer muchos pican. A mi me irrita bastante. Lo veo un modo muy ruin de parapetar la falta de buenas ideas propias. En otras palabras, no van a lograr cegarme por mucha rosca que hagan al fan nostálgico que hay en mí. No me vendo tan fácil.
Dirige ambos capítulos el mismo Greg Nicotero.

CAPÍTULO 2 - "Dead and Breakfast" / "Pesticide": "Dead and Breakfast" gira en torno a los nietos de una vieja asesina psicópata que se mueren por convertir la mansión que aquella usó para sus escabechinas como marco turístico. Y forrarse en el camino, claro. Pero el público la ignora, así que invitan a una youtuber especializada en crímenes reales para que pase allí unos días y la promocione. Lo malo es que la chavala comenzará a poner en duda la veracidad de todo ello. Este capítulo es tan entretenido como interesante. Los personajes gastan carisma, la youtuber es genuinamente odiosa y repugnante y, en fin, ¡sale C.Thomas Howell! (compartiendo protagonismo con Ali Larter, superviviente de algunas entregas de "Destino Final"). El desenlace no decepciona. Parte de ello se lo debemos a los guionistas Erik Sandoval y Michael Rousselet (que repetirán en la temporada 3) y a la señora directora, Axelle Carolyn, responsable de la reciente "La mansión", que no funciona tan bien como su aportación al "Creepshow" televisivo, pero se deja ver.
Por desgracia "Pesticide" no repite la hazaña. La idea de que un tipo contrate a un exterminador de plagas para acabar con unos vagabundos que okupan su fábrica está bien. Pero, a partir de ahí, la cosa se torna un caos, un delirio que no entiendo a donde va ni que pretende, a pesar de contar con unos notables efectos especiales. Lástima. Obviamente las referencias, sobre todo sonoras, a la famosa historia de las cucarachas del "Creepshow" original son unas cuantas. Entre el reparto destacan el Carpenteriano Keith David y Ashley ("Hellraiser") Laurence. Dirige Don Nicotero.

CAPÍTULO 3 - "The Right Snuff" / "Sibling Rivalry": "The right snuff" está un rato chula (aunque, eso sí, el "Creepshowismo" sigue brillando por su ausencia). Protagonizan el culebrón unos astronautas en pleno viaje experimental para probar una máquina capaz de juguetear con la gravedad. El inventor de esta recibe todos los laureles, mientras que el piloto vive acomplejado porque su padre, un astronauta famoso, le hace mucha sombra. Dicho complejo se acrecentará cuando les anuncien que han de entrar en contacto con vida alienígena por primera vez y el elegido sea el inventor. La envidia del otro estalla y, en fin, corre la sangre. Pues sí, para estar todo el episodio ambientado en una nave (a base de decorados y efectos bastante potables) y dos personajes, la cosa se aguanta bien gracias a lo interesante de la trama, científicamente (todo el tema de la gravedad artificial) y humanamente hablando (lo de las envidias y frustraciones. Algo que, viviendo como vivimos en este país, nos cae muy cerquita). El único pero que le pongo es el aspecto de los aliens, un poco chungo. Se agradece que estén hechos a mano y, supongo, gasten unas formas voluntariamente "camp", pero no creo que case bien con el tono del capítulo. Protagonizan Breckin Meyer de "Pesadilla final: La muerte de Freddy" y Ryan Kwanten de "Silencio desde el mal". El dire es el normalmente insufrible Joe Lynch.
La historia que sigue desciende unos peldaños. Arranca como una comedia "teen" de pijas histéricas, lo que justifica la presencia de Molly Ringwald como directora de un instituto a la que una adolescente lerda le cuenta que su hermano ha intentado matarla. Las cosas derivarán por derroteros vampíricos. Lo mejor lo tenemos cuando la adolescente comenta que sus únicas experiencias sexuales compartidas consisten en hacer pajas. Lo demás, extremadamente tontuno y olvidable. Guioniza una tipa. Dirige Rusty Cundieff de "Tales from the hood" o "Fear of a Black Hat".

CAPITULO 4 - "Pipe Screams" / "Within the Walls of Madness": Retomamos la movida del "monstruo usado como arma arrojadiza contra un ser humano detestable" -es decir, la historia del bicho de la caja en el "Creepshow" original- y lo hacemos de la mano de la entrañable Barbara Crampton, que pal caso da vida a una casera despiadada y racista (hay incluso un momento que aparece medio borracha con un vaso en la mano, igual que Adrienne Barbeau). La acompañan Eric Edelstein (uno de los nazis malotes de "Green Room") y un bicho no especialmente mal logrado a base de pelos y suciedad que se oculta en las tuberías. Una historia muy tonta, que no aporta nada, pero tampoco ofende. Dirige Joe Lynch.
Con "Within the Walls of Madness" me perdí un poco, resulta algo liosa, pero digamos que gira en torno a un tipo condenado a muerte por una serie de asesinatos que, dice él, fueron cometidos en realidad por un demonio surgido de una dimensión paralela gracias a los esfuerzos de una científica interpretada por Denise Crosby, de "El Cementerio Viviente". Sin más. Dirige todo un VIP del club "Creepshowiano", John Harrison.
Aprovecho el inciso para comentar que las transiciones animadas de esta segunda temporada molan bastante. Se alejan del tono realista de la anterior (y el film original), y evitan el look "flash" que veremos en la siguiente. Las que nos ocupan tiran de rollo caricaturesco y denotan mucho estilo. Un toque original de la serie que, por raro que suene, funciona.

CAPITULO 5 - "Night of the Living Late Show" : A modo de colofón, Nicotero y los suyos cierran la temporada con un capítulo especial de duración doble, donde retoman el "servicio oral para el fandom" pero, al menos, de un modo más inteligente, integrándolo en la trama sin que irrite excesivamente. Y pal caso, además del inevitable guiño con posterior moratón en el ojo al recurrente Señor Romero y sus zombies, tenemos una referencia constante y sangrante nada menos que a nuestra "Pánico en el Transiberiano". Se lo explico.
Justin Long -al que hemos visto en "Jeepers Creepers" o "Arrástrame al infierno"- da vida al inventor de la máquina de realidad virtual definitiva, una que permite al usuario formar parte de sus películas favoritas. En su caso se trata del clásico dirigido por Eugenio Martín. No solo lo disfruta, además anda enamorado del personaje que interpreta ¡¡¡Silvia Tortosa!!!. De esta manera el inventor huye de su mediocre realidad y, muy especialmente, su señora esposa, con la que se casó por dinero y que, obviamente, no luce tampoco muy apetecible (aunque ni mucho menos es el cayo que nos pretenden vender). La cornuda, harta de desprecios e infidelidades -virtuales-, usará la misma máquina para vengarse.
Lo cierto es que, llegado el momento, comencé a pensar aquello de "Me aburroooo", antes de descubrir que consumía un capítulo más extenso de lo habitual. Pero no está demasiado mal. Las escenas en las que Justin Long entra a formar parte de "Pánico en el Transiberiano" e interactúa con Christopher Lee, Peter Cushing o la misma Tortosa, tienen su gracejo, aunque tampoco es que estén estupendamente facturadas. Llama la atención que se busquen a una doble de la actriz catalana cuyo parecido resulta bastante discutible.
El guion corre a cargo de Dana Gould, todo un personaje mediático ligado a cosas tan distintas y curiosas como "Los Simpson", "Mystery Men" o esa rareza titulada "Me levanté temprano el día de mi muerte". Dirige Greg Nicotero.

lunes, 18 de diciembre de 2017

INTERIOR. LEATHER BAR.

Me hace gracia la carrera que lleva James Franco, primera estrella Hollywoodiense que no hace ascos a un drama desgarrador, como tampoco a protagonizar —y guionizar— la comedia más gamberra que se le ponga a tiro, siendo incluso nominado al Oscar por papeles como el que interpretó en “127 horas”.
Todo esto no es óbice para que en su tiempo libre dirija películas que van desde el cine casero más extraño, al arte y ensayo más pedante, pasando por la vanguardia más feroz, en films que muchas veces solo se estrenan en festivales, si es que llegan a hacerlo. De esta vertiente en Internet ya se habla de que una de sus últimas películas, “The Disaster Artist”, inspirada en el libro del mismo título de Greg Sestero del mismo nombre que narra los avatares del rodaje de “The Room”, y que muchos dicen que es cercana a la obra maestra. Habrá que verlo eso.
El caso es que James Franco es un hombre de cine (de TODO el cine) y solo por eso me cae bien, y siempre que puedo, o me entero de su existencia, suelo ver las películas de corte independiente que suele realizar, aunque a sabiendas de que la mayoría de las veces me voy a encontrar con un mojón encorsetado. No es el caso de “Interior. Leather Bar”.
Esta pieza absolutamente vanguardista que deambula entre el documental y el vídeo diario, sin llegar a ser una cosa del otro mundo, sí que resulta de lo más interesante.
El planteamiento es el siguiente: Como a la película “A La Caza” se le cercenaron 40 minutos de metraje para que pasara censura —metraje este que se perdió después— y no le encalomaran una X, Franco y el co-director Travis Mathews, deciden recrear (imaginar más bien) esos 40 minutos que faltan a la película teniendo en cuenta que en ellos solo había escenas de sexo explícito homosexual en los que se sugería que el personaje de Al Pacino, participaba en esas prácticas sexuales. Bien, pues “Interior. Leather Bar” no es el resultado de esa recreación, si no una película que nos muestra el proceso de creación de esa recreación (¿me entienden?), sin duda mucho más interesante.
En él, vemos como Franco y Mathews planean el film, y sobre todo, cómo un amigo actor de Franco, el contratado para hacer el rol de Al Pacino, se plantea si seguir adelante con aquello cuando ve que donde tiene que participar es un festival explícito de pornografía gay, que es en lo que se convierte el set de este experimento, al dejarse llevar los actores con el tema carnal como les indica Franco. Ante esos maricas chupándose las pollas, tragando semen y acariciándose los huevos, el actor no se siente cómodo y se cuestiona si su aparición en este film no truncará su carrera,  por lo que comienza el conflicto ante un James Franco sin miedo a las represalias con tal de llevar a cabo su discurso. “Por el amor de Dios, que vas a rodar una película para Disney”,  le dice el actor al director en un momento de la cinta, para advertirle de que se le está pirando la pinza y eso puede repercutir en su estatus de estrella mainstream.
Como solo dura una hora, y el tema —y sobre todo, el resultado del corte final, casi un making of—, la película se deja ver estupendamente, a pesar de las muchas mamadas masculinas que en ella se suceden, con el reparo que nos da eso a los heterosexuales reprimidos.
No es más que un caprichito de millonario excéntrico que es lo que es James Franco, pero está muy bien que sus caprichos sean de corte creativo, y, por supuesto, sensacionalistas.

sábado, 3 de agosto de 2019

ESCAPE ROOM

Un poquito de "Saw", otro de "Cube" e incluso un chorrito de "Destino Final". Añade a la mezcla un buen puñado de guita, consecuencia de ir apadrinado por una "major", y obtendrás "Escape Room", intento desesperado por arrastrar a las butacas de los cines los culos milenials echando mano de la nueva tonterida de moda, las mentadas escape rooms. 
A una que se anuncia como el copón bendito son invitados un puñado de personajes ultra estereotipados. Los tenemos todos: el yuppie desalmado, el nerd adicto a los vídeo juegos, la chica tímida, el don nadie de mediana edad, etc, etc. El vencedor se llevará un fajo de billetes a casa. Pronto descubren que el juego es más mortal de lo previsto, lo que les obligará a entenderse y unir fuerzas si quieren sobrevivir. Ni falta hace mentar los traumas que todos ellos arrastran, perfectamente aprovechados por los creadores del pasatiempo asesino. Estos últimos son el punto más flojo. Los guionistas no saben cómo terminar la peli y pierden un poco el pedal liando la troca en busca del gran "Cáspita!" final, lo que induce a la aparición de un villano propio del James Bond más "camp".
No es la primera vez que veo una peli en la que se explota el rollo de las escape rooms (¿escaperoomxploitation?), la diferencia es que la otra era una cosa de bajo presupuesto destinada a la tele por cable. La reseñada es más lujosa, y hace gala de un diseño de producción espectacular e imaginativo, además de unos trucajes convincentes. Pero en realidad, ambas cuentan exactamente lo mismo. Solo que "Escape Room" gana en lo que respecta al factor entretenimiento. De Domingo por la tarde, vamos.
El único rostro del reparto que he reconocido es el de Deborah Ann Woll, la "Karen Page" del "Daredevil" según Marvel/Netflix.
El director, Adam Robitel, venía de rodar el pasable found footage "The Taking of Deborah Logan" y la bastante horrible "Insidious : La última llave". Tiene un futuro prometedor en el que asoman una segunda parte de "Escape Room" y un thriller sobrenatural producido por Sam Raimi.

lunes, 31 de enero de 2022

AN AMERICAN HIPPIE IN ISRAEL

Con este tipo de películas tan extrañas, se repite la historia de siempre con respecto a su descubrimiento: “Ha-Trempist” (título original de esta cosa) es una película israelí del año 72 dirigida por un tal Amos Sefer que en su momento, tras un par de pases en cines concertados como todo estreno, y tras comprobar in situ los distribuidores que esta película se escapaba a todo entendimiento, no consiguió una distribución oficial en cines, por lo que la producción jamás consiguió recuperar la inversión, ni la película obtuvo repercusión alguna. Las copias se quedaron en las latas, y a otra cosa mariposa.
Cuando los rastreadores de películas raras e ignotas descubrieron  la existencia de esta película, al no lograr localizarla la dieron por perdida, y durante muchos años “Ha-Trempist” pasó a engrosar las listas de películas extraviadas.
40 años más tarde, en 2012,  Bob Murawski, socio del fallecido Sage Stallone en el sello dedicado a distribuir este tipo de rarezas, Grindhouse Releasing, encuentra unas latas con la película y compra los derechos pasa su exhibición. Murawski se apunta un tanto porque se trata de una de esas películas perdidas que tan solo han visto un grupo muy reducido de espectadores, cosa que a los cinéfilos más sibaritas de la basura les encanta.
Cuando Murawski ve lo que acaba de comprar alucina, y sabe que con un público ávido por descubrir nuevas películas de culto, es el momento de sacarle partido a su nueva adquisición, así que inicia el proceso de restauración del negativo con el fin de hacer un lanzamiento en DVD y Blu-Ray. Por supuesto la traducción del título original “Ha- Trempist”, sería “El Autoestopista”, por lo que decide rebautizarla con un título mucho más comercial. Y, quizás, lanzando un guiño a “Un hombre lobo americano en Londres”, “Ha-Trempist” pasa a titularse “An American Hippie in Israel”.
El argumento gira en torno a un excombatiente de la guerra de Vietnam que se vuelve hippie y que se establece en Israel en busca de la paz y la libertad. Allí toma contacto con otros hippies y, juntos, decidirán hacer un viaje en coche por carretera hacia una isla desierta situada en medio de un lago en un pedregal para montar allí una pequeña comuna lejos de la sociedad y los gobiernos, llevando consigo un cordero, un poco de pan, y unas latas de conserva como únicos víveres. Para acceder a la isla, tienen que atravesar el lago con una pequeña barca. Al día siguiente a su llegada, se dan cuenta de que el cordero se ha escapado, y que su barca ha desaparecido. En consecuencia no pueden ir al otro lado del lago para coger el coche y traer más víveres, por lo que el hippie protagonista decidirá ir a la otra orilla a nado. Cual es su sorpresa cuando, a mitad de camino nadando, tendrá que darse la vuelta a toda prisa porque el lago ¡¡está infestado de tiburones!!
Una vez en tierra, todo se complicará cuando los cuatro hippies se ven atrapados en la isla sin comida ni ningún tipo de ayuda para subsistir. Los machos la tomarán con las mujeres a las que darán una gratuita paliza y, luego, se matarán entre ellos.
A este argumento tan loco hay que añadirle que, por el camino, bailan, follan, gritan a los cuatro vientos su libertad, exaltan la amistad y… esquivan a una pareja de enterradores con frac y las caras pintadas de blanco a lo José Lifante, que se dedican a matar hippies. De hecho, nuestros cuatro protagonistas sobreviven a una matanza de hippies orquestada por estos dos, que sucede al poco de comenzar la película y que poco o nada aporta al resto del argumento.
Se trata de un melodrama que a su director, Amos Sefer, con tan solo un cortometraje anterior como toda filmografía, se le va absolutamente de las manos y nos muestra su propia visión del hippie, al que ve como un hedonista y un asqueroso,  amén de ofrecernos una historia de lo más estúpida y marciana, con un apoteosis final como pocos he visto yo en una película trash. Es lo más violento y descacharrante que he visto en una película en lustros. En serio, la puta película consiguió proporcionarme un agradable dolor de barriga de la puta risa, sobre todo durante su media hora final.
La gracia del asunto está en que, Sefer, al corriente a principios de los setenta, cuando rodó este film, de la contracultura estadounidense post Vietnam y del New Hollywood, trata de hacer una película con intenciones artísticas y contraculturales, una suerte de “Easy Rider” a la israelí que le sale rana y, en lugar de tener una muestra más de ese tipo de cine, tenemos aquí una puta mierda como un templo de las que hay que verlas para creerlas.
Por supuesto, Amos Sefer, tras la falta de interés de los distribuidores, no volvería a rodar.
La consecuencia de todo esto tras ser lanzada la película por Grindhouse Releasing, es que la prensa especializada ya ha encontrado un nuevo título que añadir a su lista de “peores películas de la historia”, motivo este por el que se ha generado un nuevo culto hacia “An American Hippie In Israel” por parte de los aficionados, que asisten a sus proyecciones con el fin de interactuar con la película como sucede con “The Rocky Horror Picture Show”, “The Room” o “Monster Valley”. Sobre todo en Israel, el Tel Aviv, de donde la película es originaria, se le conceden pases mensuales a la cinta, donde es todo un éxito.
La verdad es que se trata de una película ideal para visionar en comandilla, que demuestra que siempre, siempre, siempre, aparecerá de debajo de la mierda una nueva película chunga, y que siempre, cuando uno se cree que ya lo ha visto todo en lo que a cine chungo se refiere, todavía de vez en cuando, puede aparecer algo que le sorprenda, como me ha pasado a mí con “An American Hippie In Israel”, que me dejó ojiplático.
Curiosamente los dos protagonistas masculinos de la película, los actores Asher Tzarfati y Shmuel Wolf, son actores profesionales que ya actuaban antes y después de “An American Hippie In Israel”, recordaban el rodaje de esta película sin más, como un trabajo alimenticio que jamás vio la vida comercial. Al verla tras su nueva vida, dicen sentirse, por un lado, avergonzados se sus actuaciones, pero por otro, orgullosos. A ver, que van a decir…
Tzarfemi incluso pudimos verle años después en películas como “Doble Impacto” Junto a Van- Damme, para luego desarrollar su carrera en el cine de autor israelí. Asimismo, Samuel Wolf continuó su carrera actoral en el cine comercial para acabar igualmente en el cine de autor. Hay que ver como arrastraban a las chavalas contra las piedras al final de esta película…

lunes, 23 de marzo de 2020

JAY Y BOB EL SILENCIOSO (EL REBOOT)

Hace ya mucho tiempo que Kevin Smith dejó de interesarme. Sin embargo, “Clerks”  fue una película importante para mí en su momento, amén de considerarla un hito del cine independiente y, con muchísima diferencia, la mejor película del director.
“Clerks” generó después un universo cinematográfico propio que, obviamente, aun siendo simpático, con el paso de los años se tornó irritante pero, con todo, siempre me acerco a ver una película de Smith dentro del “View Askiwniverse”. Y es que Smith, ya metido en la cincuentena, ha comprendido que fuera de su universo no funciona y, como reza un chiste de la propia película que nos ocupa, “se aferra a su gloria de los 90” como si no hubiera mañana. Así, Smith se pone a rodar su película más de nicho, una broma interna para sí mismo y para sus fans que consiste en hacer un reboot de una de sus películas más flojas, “Jay y Bob el silencioso contraatacan” y lo hace contando, otra vez, la misma película, pero esta vez como un revulsivo donde lo que destaca es un presupuesto mucho más escueto y la auto crítica más feroz, una auto crítica que, paradójicamente, le sirve al director para dejar claro lo mucho que se mola, para que sus detractores vean que sabe reírse de sí mismo, lo cual está muy bien, pero que, finalmente, no deja de parecerme patético.
Con todo, la película está entretenida ya que efectivamente es un reboot de la que hizo hace 20 años. Tenemos a Jay y Bob viajando hasta Hollywood para sabotear una película que se va a hacer sobre sus alter egos Bluntman y Chronich, y que para más inri va a dirigir Kevin Smith, en la película retratado como una suerte de Youtuber cincuentón bastante lamentable. Entonces, durante el periplo, Jay y Bob se las tendrán que ver con mil y unas vicisitudes que ya vivieron  en la película de 2000, y encontrándose con personajes de todas las películas del “View Askeuniverse” con la gracia de que, esta vez, todos esos personajes están ya mayores y ajados. Así, van interactuando con el Brody de “Mallrats” o con el Loki de “Dogma”, llegando hasta el Holden y la Alyssa de “Persiguiendo a Amy”, y vuelta la burra al trigo.
Realmente, la cosa no molesta porque la película es honesta desde el principio y Smith ha rodado la misma chorrada, pero con algunas cositas nuevas —como la aparición de una hija de Jay— si bien ya los chistes no funcionan como sí lo hacían en su época de bonanza. Por otro lado es una película concebida casi en exclusiva para los fans, por lo que, todos aquellos que no estén familiarizados con el universo de Smith no comprenderán absolutamente nada. Pero bueno, insisto, la cosa no está ni tan mal.
“Jay y Bob el silencioso (el Reboot)”, concebida ya pensando directamente en las plataformas digitales, tuvo un estreno reducido en salas, que luego, como si de una rock star se tratara —y basando su exhibición en el modelo que instauró el bueno de Tommy Wiseau con “The Room”—, sacó la película de gira por todo el país en pases únicos que acompañaba de coloquios que se llenaban a su paso por las distintas ciudades en las que se exhibía, por lo que al final ha resultado ser una película altamente rentable en taquilla con ingresos extras a las ventas internacionales, la venta en DVD y lo que saque ahora en su estreno en plataformas, con lo que el experimento no le ha salido mal al colega. Al final tenemos una película para los fans y nada más que para los fans, que por sí solos pueden mantener, sostener, financiar y llenar las salas. Así que, intuimos, que aunque esto huele a despedida de una franquicia que va a cumplir los 30 años, me da a mí que todavía vamos a tener Jay y Bob para rato.
Por supuesto, tenemos cameos de Rosario Dawson, Shannon Elisabeth, Matt Damon, Jason Lee, Joey Lauren Adams y Ben Afleck.
Lo curioso es que, en la preproducción, y teniendo en cuenta el estatus de estrella de Ben Afleck, a Kevin Smith ni se le pasó por la cabeza el llamarle para que hiciera un papel en la película, por lo que a este, en una entrevista, cuando le preguntaron si aparecería en la nueva cinta de Smith, respondió que no sabía por qué, pero que no le había llamado. Smith escuchó la entrevista y rápidamente le llamó por teléfono explicándole que no pensaba que quisiera aparecer en ella, y este dijo que al contrario, que sería un placer, por lo que Smith escribió una escena entera para que Afleck apareciera en la película y, por ende, se luciera.
“Jay y Bob el silencioso (el Reboot)” ya está disponible en plataformas digitales de nuestro país y, creo, que posiciona a Kevin Smith en un lugar privilegiado dentro de la historia del cine, pues siendo un director bastante irregular, supone para el séptimo arte, por un lado, la muerte del cine independiente (“Clerks” puede que sea la última película verdaderamente independiente) y por otro,  un punto y a parte con el concepto de películas para fans, las películas para nicho. Rueda para su público, lo demás importa una mierda, y ese público puede sustentar una película con la que el director puede salir de gira por el país, encontrarse con su público y seguir haciendo lo único que sabe hacer, aunque ni siquiera lo haga tan bien y, además, es un producto que se desenvuelve como pez en el agua en las plataforma de streaming.
Es la era digital, amigos, y, creo, que como esta, van a haber unas cuantas películas en adelante.