En España tenemos a Raphael o Julio Iglesias, cantantes reconocidos internacionalmente que protagonizaron con éxito montones de películas durante los 60 y 70. En Argentina tienen a Leonardo Favio, el equivalente a cualquiera de estos dos a nivel popular.Bien, pues Leonardo Favio, como artista, se caga en los ancestros de esos dos divos Españoles. Si ustedes piensan que Julio Iglesias y Raphael son genios porque cantan, logran agotar las entradas de sus espectáculos meses antes de la fecha y protagonizan películas, que sepan que Favio, además de cantar y agotar localidades, compone y actúa en películas, pero, además, escribe guiones y dirige films de culto. Sí, como lo leen; Según Wikipedo, dos de las consideradas mejores películas Argentinas son obra de este elemento.
En busca de lo exótico (como siempre) topé con "Fuiste mía un verano" y descubrí a Favio, ya que estamos ante un producto meramente comercial fabricado para su exclusivo lucimiento como cantante y actor, aunque está claro que mete baza por todos lados, como verán a continuación.
Mientras que las películas que sirven de vehículo para cantantes españoles al final se traducen como burdas comedietas de resolución facilona, y aptas para todos los públicos, donde las canciones son metidas con calzador, en "Fuiste mía un verano" el núcleo son las canciones de Favio. Por cada una de ellas (suman hasta treinta) de unos cuatro minutos cada una, tenemos dos de argumento, dando paso a otra canción de cuatro minutos más, y así. Se va al grano y nos ofrecen las canciones, que es lo que el publico de Leonardo Favio quiere ver. Con esto, se logra tenerlo contento y, por tanto, el dinero corre.
Por lo demás, de manera natural, se tiene una especie de “carta blanca”. Entre las canciones veremos desgarradoras desventuras amorosas, risas, llantos y crueldad. Pero no un argumento que podamos seguir, sino situaciones.
Porque esto que he visto es algo muy parecido a las películas de Godard. Cine de vanguardia en toda regla, señores. Se que suena a chiste, pero es la verdad. Estéticamente, y con esa iluminación de película de terror, e incluso cuando resuelven numeritos musicales a base de filmar a Favio, a una distancia de 500 metros aproximadamente, caminando en dirección a la cámara. Eso es cine experimental realizado expresamente, pero con la música ligera popular como aliciente para su venta. Es decir, el producto es una mega-estrella, lo que venden son sus canciones, así que usemos esa garantía y con el resto hagamos arte.
Maestría en algunos movimientos de cámara, osadía en todo lo referente a iluminación y ambientación, y dos cojones muy gordos a la hora de hacer una película así.
Una joya incomprendida (intuyo) y desconocida (para muchos), que ha despertado en mí el interés por la obra del cantante, porque mucho me temo que va a ser similar a esta maravilla que acabo de descubrir, aunque no sea de su autoría. Dirige Eduardo Calcagno, con tan solo siete películas en su haber desde 1969 hasta 2007.
Según me informo, Leonardo Favio invertía todo el dinero que sacaba cantando (que era mucho) en hacer sus películas, del todo personales y no para todos los gustos. De ahí salen títulos de prestigio como "Crónica de un niño solo" o "El romance del Aniceto y la Francisca". Sorprendente. Y yo que tan solo me quería echar unas risas…