sábado, 30 de mayo de 2026

SANGRE PARA DRÁCULA

Y seguimos con el rey de los vampiros, matando dos plumíferos de un tiro porque, así, cumplimos con la cuenta pendiente de reseñar al film que, en doble sesión, acompaña/ba a aquel simpático y bizarro hito que fue "Carne para Frankenstein". "Sangre para Drácula" la hicieron básicamente los mismos, pero el resultado es algo distinto. Justo, hace unas semanas leí en las páginas de "Fangoria" una entrevista de por ahí los dosmiles con el director de ambas, Paul Morrissey. Comentaba que con la reseñada ahora pretendía hacer algo un poco más serio. Contenido. Menos demencial. Y, efectivamente, el mejor y más cómodo modo de definirla sería diciendo aquello de: "Coge "Carne para Frankenstein" y despréndela de todos sus excesos, especialmente los sanguinolentos, pero también los delirantes y obtendrás "Sangre para Drácula"". Considerando que la del "Moderno PrometeDo" únicamente funciona y entretiene gracias a esos mismos elementos tan llamativos, lo que quedará será un rollo patatero, tanto como para que los censores británicos no lo incluyeran en la lista de "Video Nasties", lo opuesto a lo ocurrido con su coetánea.
Drácula está en las últimas. Se muere de hambre porque no localiza vírgenes en Rumanía a las que churrupetear la hemoglobina. Su Renfield particular -Anton- le convence para trasladarse a Italia (país co-productor, obvio es) en busca de muchachas de himen intacto. Y proceden. Terminarán instalados en el casoplón de una familia aristócrata al borde la ruina compuesta por padre y madre + sendas hijas jóvenes y... ¿vírgenes? No todas, algunas se lían entre ellas o con el atractivo leñador que tienen empleado. A Drácula le costará dios y ayuda (y alguna indigestión) echarse un trago.
La idea de un Conde decadente se ha visto ya varias veces en el cine, aunque desconozco si este fue el primer caso, una decisión lógica viniendo de creadores tan subversivos como Morrissey y los suyos. Pero funciona. Lo cierto es que el personaje, y sus vivencias, son lo mejor de todo el film, en parte gracias a un grandioso, y muy adecuado, Udo Kier, quien tuvo que someterse a un régimen severo con el fin de quedarse en los huesos. Molan también esos paralelismos con la adicción a la heroína y Drácula sufriendo tremendos tembleques o vomitando la sangre de las víctimas equivocadas, imágenes estas que han devenido medianamente icónicas con respecto a la película y, un poco también, al fantástico de los setenta. PERO, ese temible pero, ahí quedan los méritos de "Sangre para Drácula". Bueno, vale, lo olvidaba, y el desenlace, que es cuando, por fin, recuperamos el gran guiñol truculento de "Carne para Frankenstein", con furia y crueldad. Lástima que la cosa se reduzca a diez minutos, porque lo demás es... pues eso, pura chapa. Diálogos y más diálogos, repetición de ideas (cuando el vampiro seduce y chupa a las hijas golfas para luego descubrir con horror que la ha cagado, son dos escenas básicamente idénticas que se suceden seguidas), una especie de metáfora sobre la guerra de clases, por aquello de aportar su granito intelectual, y poco más de llamativo, gracioso e ingenioso. Por supuesto definir "Sangre para Drácula" como terror es ser muy generoso. Supongo que lo más abundante acá es el drama. Cierto culebrón. Y unas gotitas de comedia. En fin, todo muy de los setenta.
Otros que regresan de "Carne para Frankenstein" son el histriónico "Igor" de aquella (extrañísimo Arno Jürging), aquí como el sirviente de Drácula y sin aparcar ni por un momento su tendencia a la mueca desaforada. En radical contraste está Joe Dallesandro y su guapo rostro inmóvil, soltando las frases que le dicta el guion como quien recita la lista de la compra. Complementan el elenco actoral dos nombres de peso, Vittorio De Sica como padre de familia y nada menos que Roman Polanski interpretando a un pueblerino. La guinda viene por parte las chavalillas, que actúan igualmente con sosería y, aunque un par de ellas se pasan media peli en pelotas y fornicando, gastan unos aspectos bastante anoréxicos capaces de asesinar la libido de un muerto de hambre -sexualmente hablando... bueno, y también en el otro sentido- de mi porte.
Tras la cámara, Andy Warhol poniéndose medallas que no le pertocan y Carlo Rambaldi ocupándose de los efectos especiales. Dada su escasez, supongo que el hombre se aburrió tanto como nosotros.

miércoles, 27 de mayo de 2026

MINUTOS MUSICALES 45: LA LIGA

Cuando me da por hablar de bandas punk inglesas de los ochenta, un periodo especialmente destacado por la ausencia de imaginación, personalidad, ideas frescas y diferencia, me suelo decantar más por aquellos grupos que se salían un poco, solo un poco, de lo genérico. A veces más ("Macc Lads", "Toy Dolls", "Crass", "The Abs") a veces menos ("The Blood", "Chaos U.K." -en este caso el menos se reduce a "mucho menos"-), pero rara vez recurro a lo estándar. Y el grupo de hoy no es manco. También se salía un poco del molde. Sus estéticas (especialmente el carismático cantante, ahí con los pelos a lo Kurt Russell), sus sonidos (afín a las maneras del 77 en versión un poquito más ensuciada), sus letras (ni politiqueo brasas -que detestaban-, ni cachondeo lerdo, algo intermedio) y provocación facilona y búsqueda desesperada del shock / escándalo (cosa que lograron). Incluso el nombre era extraño, "Anti-Nowhere League"... ¿¿hein?? Tal vez la respuesta al enigma la obtendremos al escuchar el tema "Nowhere Man" de su primer disco, un canto contra el individuo mundano y conformista. Los "ANL" (que así gustaban de llamarse) odiaban a esa clase de personal y no se cortaban un pelo en airearlo alegremente, como bien refleja la brutal y brillante cubierta del que fue su disco de regreso en los noventa...


En general es un grupo que no cae demasiado bien en algunos sectores del punkismo, sobre todo aquel que tiende más a lo políticamente correcto. Y no me extraña. En sus inicios, el cantante, apodado muy consecuentemente Animal, salía al escenario luciendo una camiseta con esvástica. Ya, ya... no te lo puedes tomar tan a pecho porque era la inevitable influencia de lo que hicieron algunas bandas de finales de los setenta. Pero llegados los ochenta tal provocación ya no caía en gracia. Luego, sus letras extremadamente ofensivas. El "hit" de indudable y merecido reconocimiento fue/es "So What", que acompañaron con un vídeo-clip igualmente tocapelotas (salen por ahí enseñando la minga y todo) y sí, despertó las iras de la Inglaterra bien pensante del periodo. Años después entró a formar parte de las versiones de nada menos que los vendidos de "Metallica", quienes incluso invitaron a Animal a subirse al escenario a canturrearla. Esa proyección tardía pero notoria provocó su rejuntamiento tras la disolución. Una que vino motivada por un segundo LP absolutamente horrible titulado (muy consecuentemente) "The perfect crime".
Sobre el primero no hay queja. "We are... the league" va trufado de temas enérgicos, dinámicos, cafres, etc... personalmente destacaría la misma copla que da título al LP, "Animal", "Woman" (un auténtico canto a la misoginia que hoy suena casi cual himno),"Streets of London" (versión de un curioso tema folk de Ralph Mc Tell), "I hate.. people" (versionada años después por "New Bomb Turks"), en el apartado "bonus tracks", "For You" y la que les dejo como muestrario sonoro: "Rocker".

Pero entonces, pasó lo que pasó. Ya hablé una vez de los "cambios estilísticos" en el gremio punkista puntualmente acertados o, cuanto menos, curiosos. Pero, desde luego, no es ese el caso de los "Anti-Nowhere League" y su "The perfect crime". Habrá quien lo achaque a la madurez. Al deseo de buscar nuevas vías. Ampliar mercado. Aceptación. O las drogas. De hecho, el propio Animal reconoce que la cocaína tuvo mucho que ver con el descalabro. Pero digamos que el mentado disco suena tan AOR, limpio y reposado que da asquito. Hasta el nombre del combo se reduce a las siglas de modo oficial y la estética es toda ella más elegante y "bonita". ¡¡UF!!. Animal trató de reparar el putiferio diciendo que, después de todo, ellos no eran punk, les habían metido en el saco por causalidades y su origen tiraba más hacia lo motero. Vale, eso es cierto... aunque la versión del abuso de farla me parece más convincente. Póngolo en duda porque, tal y como comentaba más arriba, los "ANL" regresaron años después y, ¡oh, casualidad!, esta vez se preocuparon de sonar lo más parecido posible a su primer disco. Incluso han osado parir alguna copla sobre las maravillas de ese punk del que, llegado un momento, semi-renegaron. ¡Aaaaaay que malos son los vicios! y la falta de honestidad... y de ganas de apuntarse a tendencias... y de epatar... y de seguir los dogmas... y de, y de, y de...
No obstante, "Anti-Nowhere League" entran de cabeza en esa clase de combos que, si no te tomas en serio, pueden disfrutarse... aunque, pal caso, centrando tus atenciones en sus primeras grabaciones. El resto, boñiga de toro.

sábado, 23 de mayo de 2026

DRÁCULA 73

A principios de los setenta, "Hammer Films" veía como el pote de habichuelas se vaciaba a velocidad alarmante. Su formula, infalible durante muchos años, ya no funcionaba igual. Tocaba renovarse o morir. Así pues, la adaptaron a los "tiempos corrientes" con el fin de atraer nuevas generaciones. ¿Y en qué consistían estas? pues jovenzuelos surgidos del "Swinging London" en su versión más mediatizada, establecida, asumida y reducida a un puñado de estereotipos. Así las cosas, y tirando un poco de los todavía recientes crímenes del Clan Manson, se inventan la mandanga de que un acólito de Drácula -de nombre "Johnny Alucard", ¡cof cof!-, situado en plenos años setenta, convence a un grupo de irritantes, estridentes, ridículos, insolentes y "enrollados" mozalbetes "greñudos", ataviados con chillones ropajes y aficionados al rock, para practicar una misa negra, por aquello de invocar al demonio. Aunque en realidad la cosa va de despertar al vampiro bañando sus cenizas con sangre. Y así proceden. Superado el susto inicial, Drácula comenzará a exigir muchachas con las que ponerse hasta el culo... aunque siente predilección por una descendiente de la casta de los Van Helsing y, de hecho, su abuelo se parece mucho a como era aquel en épocas victorianas, además de practicar idénticos hobbies. Así, cuando el chupasangre logre atrapar a la muchacha (que sí, que muy rebelde, moderna y tal pero, como ella misma le cuenta al abue, en realidad todavía es virgen y no ha probado la droga... vamos, una poseur) el Van Helsing de los setenta se pondrá manos a la obra -con una leve ayuda de "Scotland Yard"- para acabar con la criatura del averno.
Y bueno, "Drácula 73" (que en v.o. responde al título de "Dracula A.D. 1972". Sí, tardó un año en estrenarse por acá) arranca bastante bien y mantiene el interés hasta la escena de la misa negra, tal vez porque es donde más se estira el chicle del contraste generacional / cultural, lo que resulta novedoso e hilarante (me encantaría ver qué hubiesen hecho con un improbable "Drácula 77"). Sin embargo, una vez el vampiro se eleva y comienza a matar, nos metemos de lleno en lo de siempre, todo muy rutinario, sin sorpresas y un pelo aburrido. Vamos, que más allá del asunto del "moderneo", el guionista, Don Houghton, tampoco se exprimió las meninges. A pesar de ello, pues te comes la película enterita, sin más. Funcional y olvidable entretenimiento. Tal vez contribuyan las siempre agradecidas y estimulantes presencias de Christopher Lee (aunque sale poco, aparece el primero en los créditos) y el gran Peter Cushing. Les acompañan una novatilla Caroline Munro como moza descocada y, por supuesto, la descendiente de Van Helsing (Stephanie Beacham, quien anduvo por algunas películas de Pete Walker y en "Inseminoid"), que está como un quesito y se pasa media peli bamboleando unas peras tremendas casi manoseadas accidentalmente por Cushing en más de una ocasión. No pongo comillas en accidentalmente porque sabemos sin atisbo de duda que el actor era todo un gentleman (muy al contrario, Marlon Brando sí magreó a la actriz en "Los últimos juegos prohibidos"  según san Michael Winner
Pocos gallifantes para el director de carrera básicamente invisible, Alan Gibson, quien reincidiría en la materia con una especie de secuela titulada "Los ritos satánicos de Drácula", donde esta vez apostaba por otros géneros o subgéneros de moda entonces. Pero nada, los intentos de modernizarse de "Hammer Films" no dieron los frutos deseados y terminaron chapando... al menos hasta mediados de los 2000, pero esa es otra historia.

martes, 19 de mayo de 2026

LANDA

Haciéndolo coincidir con la reedición de las memorias de Alfredo Landa, "Alfredo, el grande", Miguel Olid, esta vez acompañado de Gracia Querejeta, vuelve a ahondar en las figuras clásicas de nuestro cine, como ya lo hiciera en "Summers, el rebelde", centrando la temática de este documental en la vida y obra del actor (e icono pop desde hace ya mucho tiempo) Alfredo Landa.
De este modo, y sin ninguna innovación en la estructura —es un documental formal a más no poder, con abundante archivo y entrevistas—, pero con una narración veloz y dinámica, en poco más de una hora y cuarto se repasan más de 50 años de carrera actoral de Landa a través de declaraciones de todo tipo. Ergo, aquí se opina desde que el landismo era lo peor de lo peor hasta que no era para tanto, llegando incluso a la etapa de "El Crack" o "Los santos inocentes", en la que se acabó reconociendo su calidad como intérprete.
Asimismo, ha pasado suficiente tiempo desde el fallecimiento de Landa como para que los intervinientes tomen cierta distancia y, gracias a eso, el documental no sea la habitual lamida de culo que suelen ser este tipo de homenajes. Gente que trabajó con él cuenta anécdotas sobre la, por todos conocida, mala leche del actor, o sobre sus polémicas memorias, fantásticas en lo literario, pero en las que ponía a casi todos sus amigos y compañeros a caer de un burro.
Al mismo tiempo, hay algo que me llama poderosamente la atención, y es la narración en off en la que oímos contar la historia al propio Alfredo Landa en primera persona. Aquí me quedo un poco a cuadros y, mea culpa, puede que no prestara suficiente atención a los créditos y ahí lo aclarasen, pero el caso es que la voz de Landa suena o bien a un imitador asombroso, o bien a algún tipo de recreación por inteligencia artificial. De ser así, no creo que sea un mal uso de la misma.
En definitiva, no hay cosa más entretenida hoy en día que este documental, se sea fan o no de Alfredo Landa. Es probablemente uno de los trabajos más completos y con más archivo que se le pueda dedicar a uno de nuestros actores clásicos.
En las entrevistas aparecen familiares, amigos como Pepe Sacristán, Miguel Rellán o Resines, además de críticos e historiadores.
Mu majo.

sábado, 16 de mayo de 2026

MANHATTAN BABY

"Manhattan Baby" luce igualita que todas las películas del periodo de oro en la carrera de Lucio Fulci, básicamente porque está facturada a la par que el resto. ¿Y a qué periodo me refiero? ¿de verdad son tan ingenuos? pues ya saben: "Nueva York bajo el terror de los zombi", "Miedo en la ciudad de los muertos vivientes", "El más allá", "Aquella casa al lado del cementerio" y "El destripador de Nueva York". Teniendo ello en consideración, y el hecho de que muchos de los individuos presentes en aquellas (delante y detrás de la cámara) repiten aquí (véanse la pareja de guionistas Elisa Briganti + Dardano Sacchetti, el productor Fabrizio De Angelis, el compositor Fabio Frizzi quien, por cierto, recicla bastantes temas de "El más allá" o el niño cabezón de "Aquella casa al lado del cementerio", Giovanni Frezza, del que, curiosamente, rulan fotos promocionales luciendo un escorpión negro en su interminable cabolo, aunque aluego no veamos nada parecido en el film), ¿Cómo es posible que "Manhattan Baby" sea menos popular, peor, y "la fea" del pack según las artes del José Frade distribuidor? aquella que, aún luciendo el inconfundible diseño de la caratula propia del periodo -incluido ese cutroso L.Fulzy-, y un dibujo del gran E.Sciotti, rara vez alquilamos. Y si lo hicimos, la devolvimos raudos al día siguiente suplicando a nuestro cerebro un pronto borrado. Pues porque a "Manhattan Baby" le falta una cosa muy importante, esencial: las generosas, retorcidas y exageradas sanguinolencias propias de aquel Fulci. O, como lo llamaban los franchustes, el hard-gore. Y así, una vez más, se demuestra que sin semejante elemento, el cine del italiano carece de ningún otro atractivo e interés (venga va, voy a ser generoso, añadan cierta capacidad de crear atmósferas macabras... ausente también en el caso que nos ocupa) y, claro, sus muchas limitaciones (sobre todo la falta de ritmo, dinamismo y progresión) pesa más que agarrar a Sergi López por la cintura para elevarlo un palmo del sucio suelo. Por ello "Manhattan Baby" es la más olvidable, prescindible y aburrida película de horror de Fulci, a la altura de furruños posteriores como "Aenigma" o -la abominosa- "Murderock" (queda pendiente revisar otra incorporable al mismo espacio-tiempo, "El gato negro", pero, según recuerdo, tampoco mejoraría mucho el panorama).
Yendo de exploraciones por Egipto, la hija de un arqueólogo (Christopher Connelly, todo un astro del exploit italianini al que han visto en indigestiones de Enzo G. Castellari, Ruggero Deodato o Bruno Mattei, ¡¡menudo máquina!!) recibe un medallón chungo por parte de una autóctona ciega y malrollera, uno con forma de ojo, lo que dará alas a Fulci para saturar su película de primeros planos de los globos oculares del reparto al completo, pero hasta la náusea, justo al ladito de los zooms y los paneos indiscriminados. El caso es que la familia regresa a Nueva York y la niña pues comienza a comportarse raro. Aquellos que investiguen el origen de sus berrinches, terminarán palmando... aunque, como avisaba hace unas líneas, no esperen nada granguiñolesco. Quizás el final-final, y aún así, tampoco tanto.
El resultado, pues eso, un tostón tremendo, anti-recomendable y que incluye la desagradable muerte real de una cobra frente a la cámara... panda de sucios bastardos desalmados... ya saben como las gastaban entonces. Prefiero quedarme con tonteridas y fricadillas como ese mítico póster de Mordillo decorando una pared, los churumbeles leyendo "Crazy" (una de las imitaciones más célebres de "Mad Magazine") y el enfermero (asistiendo a Fulci en su inevitable cameo), que se parece mucho a mí.... o al yo de hace quince años.
¿El resto? habas con diarrea de mono.

sábado, 9 de mayo de 2026

COHEN & TATE

En 1988 Eric Red, por entonces prestigioso guionista ("Carretera al infierno", "Los viajeros de la noche", "Acero Azul") debutaba en la dirección de largometrajes con el thriller "Cohen & Tate", sobre un par de sicarios -los del título- cuya misión consiste en secuestrar al testigo del asesinato de un mafioso para llevarlo allá ande toque interrogarlo. Este resulta ser en realidad un crío de nueve años. Y Cohen y Tate dos profesionales muy distintos. El primero mayor, formal y con su punto de humanidad. El segundo joven, impulsivo y de tendencias psicóticas. Vamos, que están destinados a llevarse fatal, y así será durante todo el trayecto sobre ruedas (es decir, estamos ante una "road movie"), cuando el chaval, muy sagaz él, hará lo posible para aumentar la hostilidad entre ambos y, asín, terminen matándose o, cuanto menos, el mayor -con el que mantiene una ambigua relación semi-afectuosa- se cargue al joven.
Con semejantes elementos, y un protagonista del nivel de Roy Scheider dando vida al asesino veterano, la película estaba destinada a triunfar.... pues no tanto. Y lo digo lamentándome, porque podría haber sido otra vibrante muestra del género en los dorados ochenta, pero se queda a medio gas. Parece que Eric Red no sepa cómo sacarle suco a los personajes, cuyos diálogos despiertan escaso interés. Hay bastantes momentos muertos que no llevan a nada. Y la a priori excelente idea del churumbel jugando con sus raptores para provocar un estallido, tampoco es aprovechada en todo su potencial. No ayuda, desde luego, Adam Baldwin interpretando a Tate en plan histrionismo por un tubo. Al raptado, Harley Cross, veníamos de verlo en títulos tan bien considerados como "Los Creyentes" o "La sombra del testigo", y tras la reseñada seguiría haciendo cosillas del calibre de "La mosca 2", "El niño que gritó puta" o "Perdita Durango". Patinaría un poco al firmar para intervenir en "Me parece que ... sé lo que gritasteis el último viernes 13", aunque lo arreglaría seguidamente con "Kinsey", su última actuación. Dejó el cine para dedicarse a otros quehaceres bien provechosos, hasta que hace poco anunció su reincorporación a las filas de la interpretación.
Vale, sí, "Cohen & Tate" tampoco va coja de momentos decentes. La matanza inicial. Los asesinos zafándose de un control policial. Algunos tiroteos. Y el final, absolutamente despiadado. Pero así, en conjunto, notas que algo falta. Algo falla. Y la peli termina resultado relleno pa una tarde remolona, sin más.
La siguiente de Eric Red -como director y guionista- fue la más o menos valorada / valorable "Cuerpo Maldito". Pero a partir de ahí, las cosas se irían desinflando progresivamente, primero con una de hombre lobo directa al vídeo-club ("Luna Maldita"), segundo, un thriller sobrenatural que, mal augurio, terminó en las zarpas de "The Asylum" (para su distribución en el mercado USA), "Arresto Domiciliario / Acoso del más allá" y, tercero, un último telefilm, nuevamente sobre licántropos, destinado a poner fin a sus peripecias tras la cámara.... o al menos hasta hace poco, ya que -como Harley Cross- anuncia nueva película. Güil si.

martes, 5 de mayo de 2026

THE FIRST VCR

Dwayne Buckle, cuya principal ocupación tiene que ver con la grabación de sonido para cine y vídeo, es un erudito del tema y un apasionado divulgador sobre la técnica de la grabación en general. Por otro lado, se dedica a realizar documentales muy amateuroides sobre estos temas, siempre desde una óptica muy técnica e industrial. Así, escribe un libro sobre el VXR1000, o lo que es lo mismo, el primer reproductor de vídeo de la historia y, poco después, materializa todos esos conocimientos en un documental sobre exactamente lo mismo, con la particularidad de que lo hace en casa sin filmar ni un solo plano. Entonces, este documental, "The First VCR", viene a contarnos la historia de cómo se creó ese primer vídeo, que era un armatoste tan grande como un coche, que hacía un ruido atronador y usaba cintas de bobina. La empresa que lo creó se llamaba "Ampex" y el genio que estuvo dándole vueltas al invento Charles Gimsbug (con la ayuda de Ray Dolby, ya saben, el inventor del sonido Dolby). Consiguió algo impensable en la época, que era registrar imagen y audio en cinta magnética, nada menos que el año 1956. El VXR1000 era caro y, por sus características, su uso se hizo exclusivo de la televisión, por lo que el título del documental en cierto modo es engañoso, porque el aparato no estaba destinado a hogares corrientes y molientes, en realidad no es un VCR (Video Casette Recording). Eso no llegaría hasta el año 1972 de la mano del mastodonte "Philips" con el N1500, un sistema de vídeo doméstico que no funcionó porque era caro y apenas lograba tener 15 minutos de grabación, y en un par de años -1975- se vio desbancado por el eficiente Betamax de "Sony" que, a su vez, compitió hasta finales de los 80 con el formato de vídeo más popular de la historia, que es el VHS de "JVC", creado en 1976.
Como fuere, aunque el VXR1000 no era un vídeo doméstico, sí era el papá de los auténticos VCR y el documental lo que trata es reivindicar la importancia de este aparato, porque, de lo contrario, el mundo del cine, la informática y el HD, 4K y cristo que lo fundó, no habría sido posible de ninguna manera.
El documental es agradable e informativo, por lo que aprueba con creces.
Sin embargo, resulta muy curioso el "hate" recibido en redes sociales. Como se trata de un docu austero, construido a partir de fotografías e imágenes de archivo, sin mucho alarde en el montaje y una voz en off que nos va narrando la historia, muchos usuarios se han tomado la existencia del mismo como una ofensa, destacando la baja calidad del mismo y su manera guerrillera de sustraer imágenes y vídeos de "Archive.org" o "Wikipedia" (que luego el señor Buckle acredita sin tapujos en los títulos de crédito). Vamos, que lo que ha hecho el experto en grabaciones no contiene ni una sola grabación de vídeo original...
No estoy de acuerdo con esa peña, yo creo que no está mal usar todo ese material y montarlo convenientemente, porque al final va a ser la única forma de que veamos algo relacionado con ese vídeo arcaico y primigenio sin que el individuo en cuestión tenga que remover Roma con Santiago y levantar una producción.
Como fuere, Dwayne Buckle lo lanzó en blu-ray en alguno de los sellos asociados de "Vinegar Syndrome", en programa doble con otro documental del mismo palo dedicado a la musicassette, la cinta de toda la puta vida de dios. Asimismo, el documental está disponible en plataformas que alojan vídeos, como "Plex", y hasta creo que "YouTube".
Y permanezco atento, porque el tipo también ha hecho un par de documentales sobre las gafas 3D... y curiosidad tengo.

sábado, 2 de mayo de 2026

PESADILLA (WITCH STORY)

En 1989 el cine de terror italiano, sobre todo aquel de baja estofa (es decir, saquen a Dario Argento y Michele Soavi de la ecuación. Tal vez también a Pupi Avati), llevaba casi una década intentando que sus productos pasaran por norteamericanos, generalmente a base de pseudónimos anglófilos, actores yankis en horas bajas, salidas narrativas propias de aquel cine, etc, etc (habrá quien considere que eso no ocurría con las de caníbales... y yo digo, ok, pero es que, para mí, esas eran de aventuras, de supervivencia, pero ni mucho menos terror en el sentido estricto) Normalmente nunca colaba. La cosa cantaba como una almeja. Sin embargo, poco a poco, y a base de intentarlo, al final lograron su objetivo. Al final, final. Ello coincidió, no por casualidad, con la decadencia de su respectiva micro-industria. Y el mejor ejemplo es esta "Witch Story" -título internacional, lo de "Pesadilla" para su versión patria obedecerá, supongo, a que por entonces el fenómeno "Freddy" comenzaba a despuntar con mucha fuerza-. Es la peli italiana más yanki concebible... el problema es que, para lograrlo, el "fetuccini horror" tuvo que deshacerse de todas y cada una de sus señas de identidad. Cero delirio, cero tetas, escasísima truculencia (¿se pueden creer que en un momento dado alguien utiliza una sierra mecánica para agredir y el asunto se desarrolla fuera de cuadro?) y todo cocinado casi a la manera de un telefilm, uno de esos entonces, que eran especialmente insulsos y muermos. Visto así, entiendo que el grifo dejara de chorrear porque el resultado es, ¿Cómo decirlo, diáfanamente? Espantoso. "Pesadilla" no es una película, es un generador de bostezos, y de gama alta. Mira que hace relativamente poco hablaba de otra de las producciones de tan gris periodo, "Specters", pero es que, comparándola a la ahora reseñada, y con todas sus carencias, aquella parecía un dechado de virtudes e imaginación, porque lo que es "Pesadilla"... en fin, no he visto cosa más muerta, genérica, plana, desalmada, perezosa y aburrrrrrrrrrida en mi puta vida. La odio.
Una turba descontrolada de pueblerinos cabreados prenden fuego a la bruja local. Esta, como no podía ser de otro modo, manda una maldición antes de fenecer y les asegura que sus parientes futuros pagarán el pato. Damos un salto de sesenta años. El ¿nieto? del dueño de la casa llega dispuesto a adecentarla con ayuda de unos amigos. Ello despertará las iras de la bruja en, primero, formato de niña chunga con camisón y pelotita (inevitablemente retrotrayendo a la cría fantasmagórica del capítulo que Federico Fellini rodó como parte de esa -pretenciosa y plasta- antología titulada "Historias extraordinarias") y, aluego, la posesión de algunos de los presentes, lo que les permitirá regodearse en sobreactuaciones descojonables. El problema está en que estos son una panda de adolescentes estereotipados, típicamente yankis de los ochenta, absolutamente insufribles. Detestables. Lo tenemos todo, la prota virginal, la golfa del grupo (se marca un bailecito sensual, sí, pero en ningún momento asoma una triste ubre), el mazas posesivo.... incluso el puto gordo gracioso que solo piensa en comer y se pasa media peli recibiendo toda clase de bromas crueles y desprecios. Si fuese una película actual habría un "friki" con camiseta de "La noche de Halloween", pero, afortunadamente, por entonces todavía no era algo recurrente. En cualquier caso, la chica virginal y su noviete, conscientes del cristo, deciden pedir ayuda... ¿a quién? la salida más recurrente y previsible, un cura.
Por lo visto en los USA este furruño se vende como una secuela de "Superstición" y, oiga, aquella tampoco es que fuese una joya, pero ya le gustaría a la que nos ocupa poder disponer de algunos de sus atributos (graciosamente, en Alemania pasa por segunda entrega de ¡¿"La bruja de mi madre?!"). ¿Y a quién tenemos que culpar? pues a unos cuantos, aunque comenzaremos por el padre del todo ello, el co-guionista, co-productor y director debutante, un señor que responde al gracioso nombre de Alessandro Capone. Sí, en serio, ¡Al Capone!. La cosa daría para unos cuantos chistes ("¡deja el cine y vuelve al contrabando de alcohol, desgraciao!"), pero no hace falta, él mismo se encarga de proporcionarnos materia cuando, al terminar el film, se lo dedica "a su familia". Da que pensar. Según declaraciones de la época para la añorada revista "Impact", se vendía como fan del género, pero enemigo del gore por el gore y, sobre todo, la escuela "exploit" italiana previa aunque, curiosamente, confesaba simpatías hacia "Evil Clutch"... ¡¿ma cosa dicce?!... sin embargo, para parafraseos absurdos, cuando asegura que su intención quedaba lejos de intentar mimetizar el cine yanki. ¡¡Aaaaaaro!!.
La consiguiente carrera del muchacho se desarrollaría de la misma poco emocionante manera a base de comedias, thrillers.... en fin, todo muy genérico. Tal vez únicamente destacaría, por la curiosidad implícita, la serie televisiva "El maxipolicía" a mayor gloria de un desubicado Bud Spencer. No es baladí porque, justo, el hijo de este, Giuseppe Pedersoli, ejerce de co-productor en "Witch Story". ¿¿Cómo se dice "¡enchufe!" en italiano??.
El otro único nombre destacable es el del compositor de la banda sonora, Carlo Maria Cordio, un habitual de ese "ítaloexploit" (con especial predilección por la factoría de Aristide Massaccesi) que tanto detestaba Al.
Decía que a la hora de culpar de semejante desaguisado tocaba señalar a más individuos que al mismo director (y a Spencer Junior). Pues bien, ahí va: primero a los señores de "Vinegard Syndrome", quienes tomaron la absurda decisión de sacar "Pesadilla" en blu-ray previa restauración en ¡¡4K!! ¡¡¿¿PARA ESTO??!! De verdad, lo de los yankis es preocupante. Y, justo, esta edición ha sido la culpable de que un puñado de mongolos la descubrieran tardíamente (como siempre) y reseñaran en sus redes sociales (ahí tenemos al resto de conspiradores). Claro, echando a la paella las gotas de nostalgia, el aparente exotismo (lo de su procedencia italiana, por mucho que no se note en ninguno de los fotogrumos) y la indulgencia + tragaderas propias del atontado fandom moderno del horror -más el de esos lares-, pues te encuentras que incluso la dejan medianamente bien. MEDIANAMENTE BIEN. ¡¡¿¿A ESTO??!!. De verdad, compañeros, algo no funciona en nuestro planeta. Maldigo el día que el cine de terror, incluido aquel de naturaleza más "anómala", pasó a ser materia aceptada y normalizada. Algo murió en ese fatídico momento.. y, por desgracia, no fue Alessandro Capone.